Historia y evolución de las FARC en Colombia
Historia y evolución de las FARC en Colombia
El origen de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP) encuentra
sus raíces en el crudo enfrentamiento en que se encontraba la sociedad colombiana a mediados del siglo
XX, en medio del periodo conocido como “La violencia”. Esta etapa está comprendida como los
enfrentamientos entre guerrillas liberales y conservadoras, en muchos casos atizadas por la dirigencia
política (los gobiernos nacional y regionales). De estas dinámicas surge en 1964 las FARC como una
guerrilla campesina que inicia como organización de autodefensa, que con los años da un viraje al
comunismo, con el fin de tomar el poder por medio de una lucha revolucionaria del campo a las
ciudades. Con los años, de menos de una centena de combatientes, las FARC se convirtió en una
importante fuerza guerrillera con presencia en distintos sectores rurales de Colombia.
Para 1982 las FARC se propone el ‘Plan estratégico para la toma del poder’ que pretendía cercar a Bogotá
y llegar al poder por la vía armada. Por otra parte, el presidente Belisario Betancur, conservador que
había llegado a la primera magistratura con una propuesta de paz, decretó la amnistía para la
desmovilización de miembros de grupos guerrilleros. En 1984 se suscribió el primer acuerdo de cese al
fuego entre las FARC-EP y el Gobierno Nacional en el municipio de La Uribe (Meta) sobre la idea de una
reestructuración y modernización de las instituciones, el fortalecimiento de la democracia y la
constitución de garantías para ejercer la actividad política por parte de los miembros de las FARC. De
manera paralela a este proceso de paz con el gobierno, en la VII Conferencia las FARC-EP formularon en
su Plan Estratégico Político-Militar los criterios para la Salida Política al Conflicto Social y Armado.
En agosto de 1984, el M-19 había hecho una alianza con el Ejército Popular de Liberación (EPL) para
llevar a cabo negociaciones con el Gobierno de manera conjunta en el Huila y el Cauca (En los municipios
del Hobo y Corinto, respectivamente), lo que concluyó con un acuerdo en el que se estableció un cese al
fuego, que posteriormente se rompió.
En contraste, en 1985 el M-19 protagoniza con el Ejército Nacional una de las confrontaciones armadas
más dramáticas en la historia del país: la toma y retoma del Palacio de Justicia, cuyo trágicos hechos
fueron aprovechados, tanto por los sectores radicales de ultra derecha para criticar los procesos de paz
con las guerrillas, deslegitimando sus demandas políticas y promoviendo de esta manera la salida militar,
como por los grupos guerrilleros, que encontraron en la retoma una expresión de la crudeza de la
Fuerzas Armadas.
Estos años de conversaciones, treguas, acuerdos y de procesos de paz adelantados con los diferentes
grupos guerrilleros llegaron a su fin hacia la segunda mitad de la década de los ochentas. Esto se detonó
por: los incumplimientos a lo pactado entre las partes, la falta de garantías para ejercer la oposición, los
ataques a la población civil y el accionar de los grupos paramilitares. Las FARC-EP tuvo una de las cuotas
más sangrientas, pues la Unión Patriótica padeció una aniquilación en manos los sectores radicales de
ultra derecha, aliados con las élites nacionales y ante la pasividad de la sociedad civil que fue testigo del
asesinato de cerca de 4.000 militantes y simpatizantes de este partido político. Esto generó en las FARC
una profunda desconfianza hacia el establecimiento, acompañada de una radicalización en el plano
militar (García Duran, 2010).
En 1987 se crea la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSM), con la participación de las guerrillas
de la otrora Coordinadora Nacional Guerrillera (CNG) más las FARC-EP, en el marco de la “Primer
Conferencia Bolivariana”, con el fin de alcanzar algunos acuerdos políticos, militares, organizativos entre
las guerrillas que se materializaron en una declaración política sumada a un en el plan de acción
unificado. No obstante, esta iniciativa duró relativamente poco, pues dos años más tarde se iniciaron los
procesos de paz con el M-19, el EPL, las Autodefensas Obreras (ADO), el Quintín Lame y el PRT (Girón
Sierra, 2014, pág. 3).
Segunda mitad de los años ochenta (1986-1990): Algunos acercamientos y proceso de paz con el M-19
(1989-1990)
La fotografía del general Alfredo Duarte Blum entendiéndose con el jefe guerrillero Guadalupe Salcedo,
puede ser una de las más reproducidas de la historia contemporánea de Colombia. El primero era uno de
los oficiales de confianza de Gustavo Rojas Pinilla, quien hacía no mucho tiempo, había accedido a la
Presidencia de la República. El segundo mantuvo en jaque a las fuerzas militares en la región de los
Llanos Orientales, hasta el punto de que algunos oficiales manifestaban que preferían ir a pelear a Corea,
escenario en el que se había comprometido Colombia por obra de los gobiernos conservadores. La razón
de ser de esta rara preferencia nos la explicaba el coronel Arturo España, que había estado en las dos
guerras: “Nos encontrábamos preparados para una confrontación de tipo convencional, pero no para
hacer frente a emboscadas y otro tipo de acciones llevados a cabo por pequeños y ágiles grupos de
hombres armados que conocían el terreno como la palma de su mano”.
Razones de la entrega
El jefe rebelde, llevado al teatro en la obra Guadalupe AñosSincuenta, protagonizó acciones destacadas
como la toma de Orocué y el asalto a la base aérea de Palanquero. Desmovilizado, fue asesinado (1957)
durante el gobierno de la Junta Militar (1957-1958) que sucedió al régimen presidido por Rojas Pinilla
(1953 a 1957). Incógnitas e hipótesis, como de costumbre, son las que hay acerca de ese asesinato.
Izquierda: Septiembre de 1953. Guadalupe Salcedo, máximo comandante de las guerrillas del Llano, lee
la noticia sobre la entrega de armas hecha en Tauramena por Eduardo Fonseca Galán. El Tiempo - Foto
de Constantino Casasbuenas. Centro: 1949. Soldados del Ejército Colombiano. Algunos de ellos, como
Eduardo Fonseca Galán (en cuclillas al pie del cañón, papel y lápiz en mano) se unieron a la guerrilla
liberal, de la que Fonseca fue en los Llanos uno de los más notables comandantes. Foto - Banco
Fotográfico Colombiano. Derecha: 1950. La violencia política de los años cincuenta, que tuvo un carácter
oficial, sembró de cadáveres de liberales los campos colombianos. Aquí, campesinos asesinados cuyos
cuerpos, tirados en la plaza de un pueblo, no provocan sino indiferencia burlona entre los habitantes.
Foto - Banco Fotográfico Colombiano.
El porqué Salcedo y otros subversivos se entregaron hay que hallarlo en las promesas que recibieron del
gobierno; las amenazas de ser arrasados si seguían combatiendo; el bloqueo que afrontaban; la
limitación de armas, drogas y vestuario en que se encontraban a mediados de 1953; la dificultad en
coordinarse de los diferentes frentes; la situación de miseria que los golpeaba más y más; y el abandono
al que llegaron por parte de los directorios políticos que antes estaban con ellos desde las urbes, según
las versiones de algunos historiadores. Junto a Salcedo se entregaron otros jefes guerrilleros: Dumar
Aljure, Eduardo Fonseca, Carlos Perdomo y Jorge González. Algo parecido sucedió en escenarios distintos
a los Llanos: en el Tolima, en Santander y en Antioquia.
En este escenario el Jefe Supremo, como llamaban al General Presidente, se apartó de los gobiernos
conservadores de Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez y Roberto Urdaneta Arbeláez (1946- 1953),
que llamaban a los llaneros alzados en armas “bandoleros” (“delincuentes comunes que actuaban
movidos por odios y pasiones para satisfacer sus deseos personales”), porque los denominó
“guerrilleros”, es decir, delincuentes políticos.
Hay una extensa literatura acerca del porqué de la lucha guerrillera. Estudiosos de ella, como el profesor
Gerardo Molina, aseguran que fue “un caso de legítima defensa”. Para uno de los jefes sublevados,
Eduardo Franco Isaza, se trataba de seguir la huella de los “grandes caudillos populares”, como Rafael
Uribe Uribe y Jorge Eliécer Gaitán o, como escribe en su obra Las guerrillas del llano: para “hacer una
revolución” a nombre del Partido Liberal porque “los godos” estaban empeñados en “barrer de
Colombia con todo un principio de organización y progreso de las masas”.
Con guerrillas o sin ellas, esta dolorosa etapa de la historia nacional pasó a ser llamada la Violencia,
como si no hubieran seguido otras, y se sitúa entre el año de 1946, que es cuando triunfa el Partido
Conservador contra el liberalismo dividido, y 1958, cuando ya el Frente Nacional había remplazado la
gestión castrense (no faltan historiadores que la hacen concluir en 1953, año en que Rojas Pinilla llegó al
poder). Durante esta página de “historia horripilante”, como escribe el colombianólogo estadounidense
David Bushnell, murieron entre 100 y 200 mil personas. Colombia había conocido gobiernos reformistas
como el de Alfonso López Pumarejo, al que se opusieron importantes sectores políticos, sobre todo el
dirigido por el jefe conservador Laureano Gómez. Con la llegada a la Presidencia de Mariano Ospina
Pérez y su gobierno de Unión Nacional, creyó haberse encontrado un entendimiento entre los partidos
tradicionales, pero no fue así porque dicha Unión pronto terminó y el caudillo popular Jorge Eliécer
Gaitán se quejó de la persecución oficial, poco antes de ser ultimado en el centro de Bogotá, lo que
provocó, a su vez, una violenta revuelta. La represión oficial se hizo de forma demasiado severa debido a
que el gobierno empleó la fuerza no sólo recobrar el orden público, sino también para acabar con las
bases sociales que tenía el liberalismo. Entre los liberales, quienes no perecieron en la represión,
huyeron a la vecina Venezuela o se organizaron en forma de guerrillas. Otro tanto hicieron los
comunistas, también perseguidos a muerte.
Izquierda: 1951. Guerrillero liberal, al que se llamó “el Cristo Campesino”, torturado y fusilado por el
ejército. Foto - Banco Fotográfico Colombiano. Derecha: 1952. Esposa de un campesino liberal de
Antioquia señala con un letrero el sitio donde cayó su marido. “Aquí acecinaron a Gregorio”. Foto -
Banco Fotográfico Colombiano.
Significado de la subversión
Para los conservadores, al menos los laureanistas, el significado de esa violencia estaba en el deterioro
moral y el ingreso al país de ideas disociadoras, como el marxismo. Para los liberales y la izquierda, las
esperanzas de cambio social habían tenido la misma suerte que el Caudillo inmolado. Para quienes
tomaron las armas en los campos, alentados inicialmente por la Dirección Liberal, la razón de ser de su
lucha estaba en la rabia y frustración de lo acontecido, una vez que Ospina y luego Gómez, retomaron
con fiereza la conducción nacional, después de sometidos los últimos residuos de la revuelta
“nueveabrileña”.
De su parte, la Dirección Liberal adujo que el gobierno de Ospina se había vuelto ilegítimo, porque el
mandatario clausuró el Congreso Nacional de mayoría contraria, en 1949. La razón de la clausura, según
el vocabulario oficial, estaba en que el legislativo le había declarado la guerra civil al Presidente por su
intento de anticipar las elecciones presidenciales y por los hechos violentos que tuvieron como escenario
al mismo recinto congresional. De todas maneras, las elecciones presidenciales se efectuaron en junio de
ese año, sin que el partido conservador tuviera contrincante, por el retiro de la candidatura de Darío
Echandía, amenazado de muerte. El “ganador” sin rival tuvo que ser, nadie más y nadie menos, que el
radical Laureano Gómez.
Izquierda: 1952. Dumar Aljure, comandante de la guerrilla del Llano, en Upía, imparte instrucciones a sus
oficiales.
Foto - Banco Fotográfico Colombiano. Centro: 1952. Cuatro de los comandantes de las guerrillas del
Llano. De Izquierda a derecha Luis E. Ciandúa, Libardo Rodríguez, Alfonso Guerrero (Cariño) y Guadalupe
Salcedo. Foto - Banco Fotográfico Colombiano. Derecha: Septiembre de 1953. Los seiscientos hombres
de la columna guerrillera liberal comandada en los Llanos por Eduardo Fonseca Galán, en cumplimiento
de la paz pactada con el gobierno del general Rojas Pinilla marchan hacia Tauramena para hacer entrega
de sus armas, “que levantaron para luchar contra la tiranía”, según expresa el diario El Tiempo. El Tiempo
– Foto de Franco.
La corta gestión de quien fue el mayor adalid de la derecha (se incapacitó para seguir gobernando por
razones de salud y luego fue derrocado) significó una violencia todavía mayor puesto que él interpretaba
la problemática nacional como un complot que, según su dialéctica, era en parte liberal y en parte
comunista, desdeñando el componente social. En efecto, Gómez encarnaba la reacción autoritaria y
clerical, ésa que pretendió darle al conservatismo un poder hegemónico, que se ensañó contra los
liberales, pero también contra los protestantes y los masones; la tolerancia religiosa y la libertad de
conciencia, si se enunciaban, eran condenadas. El Designado a la Presidencia, quien se hizo cargo de la
primera magistratura, Roberto Urdaneta Arbeláez, continuó con los métodos del titular.
Más aún, el presidente Gómez, lejos de buscar el entendimiento, trató de legitimar su presencia en el
poder mediante una Constitución que sería elaborada de acuerdo con el modelo español del dictador
Francisco Franco. Su derrocamiento lo impidió, pero en cambio acostumbró a la nación a vivir en
permanente estado de sitio, equivalente a lo que en otros países, como España, se denomina estado de
guerra, consistente en la restricción de las libertades civiles. La historia enseña que esta regulación que
debería ser excepcional, empleada en forma sistemática, engendra rebeldías como las de tipo armado.
Como la libertad y los derechos de las personas resultan inexorablemente recortados, los gobiernos que
la practican quedan, como afirman algunos tratadistas, en condiciones de “dictadura legal”. Otros juristas
están convencidos de que estado de sitio crónico y régimen democrático, son incompatibles. Por eso,
gobiernos como el de Gómez o Urdaneta fueron calificados de dictaduras civiles. De otro lado, la verdad
es la de que a las fuerzas armadas les ayudaron, en su tarea de represión, grupos que hoy llamaríamos
paramilitares, del tipo de los “pájaros” del Valle del Cauca. La policía, ahora de filiación conservadora,
masacró campesinos liberales; por ejemplo, en el departamento de Boyacá; esos agentes asesinos
fueron los tristemente famosos “chulavitas”, así llamados porque buena parte de ellos había nacido en la
vereda de Chulavita, municipio de Boavita.
De los jefes alzados en armas en esos años 40 y 50, los más mentados eran, aparte de Guadalupe
Salcedo, Eduardo Franco Isaza, Eliseo Velásquez, Tulio Bautista y sus cuatro hermanos, Carlos Rodríguez
“el pote”, Bernardo Giraldo “el tuerto”, Rafael Sandoval “failache”, Eduardo Nossa, y muy
destacadamente, Dumar Aljure “el valiente”. En vísperas del advenimiento del régimen militar que
negoció con ellos, el número de guerrilleros se calculaba en unos 3 mil, auxiliados por otras 2 mil
personas. Si se les preguntaba porqué estaban en combate, respondían: “para entregar el poder al
pueblo gaitanista”.
Los sublevados tuvieron alzas y bajas en su acción contra las fuerzas gubernamentales, las que acusaron
al gobierno venezolano de ayudar a los rebeldes. De otro lado, si en un momento dado se produjo la
ruptura entre la Dirección Nacional Liberal y los guerrilleros del Llano, éstos en cambio se comportaron
como gobierno alterno al de Bogotá, con una Constitución que organizaba su propia administración de
justicia y creaba leyes para el campesinado. En vísperas del “golpe de opinión” del general Rojas Pinilla,
el movimiento subversivo expidió una ley relativa a los derechos de las gentes en general y de las
mujeres en particular, y demandó que nadie quedara excluido de la toma de decisiones políticas, todo lo
cual bautizó como “La revolución de los Llanos Orientales de Colombia”.
Esa “revolución” pretendía sustituir el “Estado dictatorial y violento” por un Estado “democrático y
popular”.
Izquierda: 1953. ¿Ha llegado la paz? Los Jefes de la guerrilla liberal del Llano aceptan el llamado del
presidente Rojas Pinilla. Con el general Alfredo Duarte Blum, los comandantes Guadalupe Salcedo
(izquierda) y Dumar Aljure. Foto - Banco Fotográfico Colombiano. Centro: Septiembre de 1953.
Tauramena. Una foto para después de la entrega. De izquierda a derecha Carlos Roa, Eduardo Fonseca
Galán, Eulogio Fonseca Galán, Cosme Álvarez y Pablo Legucedo. El Tiempo – Foto de Franco. Derecha:
Octubre de 1953. Con un cálido apretón de manos sellan la paz el comandante en jefe de la guerrilla
liberal del Llano, Guadalupe Salcedo, y el presidente de la República, Gustavo Rojas Pinilla. Foto - Banco
Fotográfico Colombiano.
Una vez llevada a cabo la llamada pacificación de Rojas Pinilla, los guerrilleros de los Llanos fueron
amnistiados, al igual que quienes se alzaron en Antioquia y el Tolima. (También había habido resistencia
armada en Boyacá, el antiguo Caldas, Cundinamarca, los Santanderes y el Valle del Cauca). De todas
maneras, la Violencia significó, para quienes profundizaron en el problema, el desajuste de las
instituciones fundamentales, la trasformación de las reglas en cuanto a la tenencia de la tierra y una
emigración de los campos hacia las ciudades que el Estado todavía hoy no ha podido enfrentar con
eficiencia. Si la población urbana en 1938, cuando finalizó la administración de Alfonso López Pumarejo,
era del 31%, en 1964, ocho años después de instaurado el sistema del Frente Nacional, era del 52%.
Bueno es recordar aquí que una vez escuchadas las promesas del Jefe Supremo en el sentido de brindar
“Paz, Justicia y Libertad”, fueron los guerrilleros liberales quienes le pidieron perdón por los crímenes
que pudieran haber cometido desde el Bogotazo; además le solicitaron incorporar a la economía
nacional esas regiones donde habían combatido y conceder a los que huyeron de la persecución oficial,
la seguridad de que no serían objeto de represalias.
En el fondo se trataba de brindar los mismos derechos a todos los colombianos. El gobierno militar pactó
con quienes anunciaron que se acogían a la vida civil y conminó a aquéllos que persistían en la rebelión
para que depusieran las armas. Pero la desmovilización no resultó fácil, a pesar de que la propaganda
oficial la presentó de modo triunfalista
A la hora de la verdad
Embriagados por la que consideraban una gran victoria del Régimen de las Fuerzas Armadas, sus
propagandistas no contaron todo lo qué pasó con los desmovilizados. Estos, campesinos que regresaron
a las tierras que ocuparon antaño, confiados en las promesas de Bogotá, las encontraban en manos de
conservadores que, lejos de restituírselas, los expulsaban de nuevo en medio de amenazas. O sea que
los reinsertados liberales no hallaron la prometida paz.
Que no fue tan completa la pacificación del régimen militar pudo comprobarse, asimismo, porque en su
transcurso y según las mismas declaraciones oficiales, estaban en pie de guerra los municipios de
Cabrera; Carmen de Apicalá; Cunday; Icononzo; el mismísimo Melgar, sede de una importante base
militar; Pandi; y Venecia. Con el argumento de acabar con el comunismo, los altos mandos enviaron a
algunas de esas localidades al Batallón Colombia, curtido en Corea, y emplearon hasta bombas de
napalm. Se inició entonces otro de los terribles desplazamientos que han caracterizado al viejo conflicto
armado de Colombia. El pacificador Rojas Pinilla, en 1955, destinó 252 millones de pesos a las fuerzas
armadas y apenas 41 millones a la salud y 62.5 a la educación, pero en honor a la verdad, preciso es
recordar que no gastó más en seguridad que lo que hicieron los ex presidentes Ospina Pérez, Gómez y
Urdaneta. Dos años después de que los civiles recuperaron el poder, todavía quedaban en Colombia 43
cuadrillas de bandoleros en plena actividad con casi 500 integrantes.
Duros momentos
Aparte del 9 de abril de 1948 con todo su significado, estuvo el llamado “autogolpe de Ospina” de 1949
(cierre del Congreso) y la consiguiente abstención liberal. Parecía que la nación se encaminaba a la
guerra civil, a lo cual contribuyó poderosamente la politización de la policía, que fue primero obra de la
segunda administración de Alfonso López Pumarejo y que luego el conservatismo tomó muy en serio,
sobre todo por parte del sector laureanista.
Otra fecha importante en este acontecer que llegó a los máximos horrores de crueldad y sevicia, fue el
intento hecho a finales de 1951 para que se entendieran los partidos políticos, iniciativa de los liberales y
que contó con las alas alzatista (del dirigente Gilberto Alzate Avendaño) y ospinista de la colectividad
contraria, pero saboteada por quienes seguían al presidente Laureano Gómez.
A mediados de 1952 la pugna interpartidista arreció debido a los motines que tuvieron lugar en Bogotá,
después del entierro de unos policías cruelmente asesinados y que se concretó en el incendio de los
diarios El Tiempo y El Espectador, así como de las residencias de los dirigentes liberales Alfonso López
Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo, los cuales tuvieron que exiliarse.
Realidades
Esta primera violencia de los años 40 a los 50, predecesora de las que vendrían luego, ha sido muy
estudiada por politólogos, “violentólogos”, antropólogos e historiadores nacionales y extranjeros.
Se han examinado las conductas de los actores armados; el proceso de acumulación capitalista, que en
este caso tiene que ver con la apropiación de tierras del “enemigo”, argumentando razones políticas y
hasta morales, lo que algunos autores de manera tal vez elemental llaman conflicto de clases;
laconcentración de la propiedad de las tierras; las luchas por ocuparlas de campesinos necesitados de
cultivar para poder sobrevivir; los desplazamientos masivos de población; elbandolerismo social y
político debido a que, a veces, tras la etiqueta política no había sino el afán de enriquecerse a costa de
otros; las denominadas autodefensas campesinas, predecesoras de las futuras guerrillas; el clericalismo,
es decir, la intervención de obispos y sacerdotes en política, tomando partido por uno de los sectores
que se enfrentaban enconadamente.
Carta escrita por los comandos guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Llanos Orientales, el
8 de septiembre de 1953, al presidente Rojas Pinilla, en la que expresan su “determinación sincera y
espontánea de deponer las armas con decoro”. Firman: José Guadalupe Salcedo, Jorge Enrique González,
Humberto Paredes, Dumar Aljure, Rafael Calderón, Marco A. Torres, José Raúl Mogollón, Ignacio
González, Marco A. Parra, Laurentino Rodríguez, Jorge Chaparro, Adán Chaparro, José Vicente Perilla,
Jesús Feliciano, Antonio María Rincón, representante del pueblo civil, Carlos Neira Rodríguez,
representante del pueblo civil, Maximiliano Ortega, Marco A. Torres, Miguel Trujillo. Aparece en blanco
la firma de Eduardo Fonseca Galán, quien se encontraba en Bogotá en el momento de suscribirse la
Carta. Foto - Banco Fotográfico Colombiano.
Si las guerrillas liberales por un lado suelen ser estudiadas dentro del marco general de la violencia, justo
es distinguirlas de otras guerrillas de aquel tiempo, del puro bandolerismo y, desde luego, de la
represión oficial. Pero todo el conjunto de la violencia, además de lo manifestado arriba, también ha sido
objeto de estudios de cariz genético (se ha llegado a afirmar que “los colombianos somos violentos por
naturaleza” o que “tenemos herencias de españoles e indígenas violentos”); para los laureanistas, más
tarde los alvaristas, el comunismo estuvo detrás del tremendo desajuste nacional; para los ideólogos
marxistas y otros afines, las injusticias creadas por la aplicación del modelo capitalista llevaron al pueblo
a adoptar posturas prerrevolucionarias que hubieran desembocado en un cambio profundo y radical,
pero que quedaron truncas por la desaparición de verdaderos líderes como Gaitán y la inexistencia de
conductores de semejante envergadura y así el país presenció formas de subversión limitadas o hechos
de puro bandidaje.
Camilo Torres, que es conocido como “el cura guerrillero”, en sus tesis sociológicas sostuvo que Colombia
vivía dentro de un molde social tradicional y que esa violencia trató de romperlo. Sin éxito, añadieron
algunos. Otros expertos en el tema hallan alguna relación de esa Violencia con las guerras civiles del
siglo XIX o con los conflictos agrarios que tuvieron lugar de 1925 a 1935, pero también ven diferencias,
sobre todo por las formas de organizarse de los contendientes.
Germán Guzmán, uno de los autores de La violencia en Colombia, un clásico del tema, nos dijo una vez
que todos los colombianos eran responsables de “la tragedia”: por acción u omisión; por haber
participado directamente en ella o por insensibilidad social o apatía. Orlando Fals Borda, otro de los
autores del mismo libro, insiste en la responsabilidad de la clase dirigente política, la cual incitó al pueblo
a matarse entre sí mientras ella permanecía tranquila en las ciudades. Para un famoso general de los
años 60 que quiso ser Presidente de la República, Alberto Ruiz Novoa, los responsables del desangre
nacional fueron “los políticos”, básicamente los congresistas; no las fuerzas armadas.
Inclusive el vocabulario relativo a esa etapa de la historia nacional es objeto de análisis, distinguiendo
algunos especialistas las guerrillas propiamente dichas, de la violenciaen general. Si las guerrillas
liberales pueden considerarse como parte de una especie de guerra civil, pero no una guerra civil en
sentido pleno, anotan ciertos historiadores, la violencia en general no fue una guerra, aseguran, en parte
porque afectó apenas a algunas regiones del país y no se dio una coordinación entre ellas.
Descendiendo a consideraciones más precisas, el trágico fenómeno de los 40 y 50 tuvo que ver con estas
importantes realidades, ya abordadas en este trabajo, pero que es bueno resumir:
- el fin de la hegemonía conservadora en 1930, hegemonía que tuvo dos referentes principales:
dictadura ideológica y represión de los opositores,
- la reacción a la modernización liberal de los años 30, más fuerte desde el triunfo conservador de 1946,
teniendo en cuenta que el candidato M. Ospina Pérez fue visto como una esperanza de moderación al
comienzo, pero que la abandonó después, retornando al sistema de imposición política característico de
la Colombia de finales del siglo XIX y las tres primeras décadas del XX,
- el recurso al régimen militar, de buena parte de las élites partidistas, en 1953, asustadas por la violencia
implantada y que no comprendían del todo las tensiones sociales acumuladas en la nación durante el
último cuarto de siglo,
- la tregua y desmovilización de algunos de los insurgentes durante ese régimen, pero que dejó las
secuelas del bandolerismo y, sobre todo, la semilla para futuras guerrillas
Segunda mitad de los años ochenta (1986-1990): Algunos acercamientos y proceso de paz con el M-19
(1989-1990)
Movimiento 19 de Abril, conocido por su acrónimo M-19 o simplemente «El Eme»,234 fue una
organización guerrillera urbana colombiana,5 surgida después de las irregularidades en las elecciones
presidenciales del 19 de abril de 1970 que dieron como ganador al oficialista del Frente Nacional Misael
Pastrana Borrero sobre el candidato opositor Gustavo Rojas Pinilla y que derivaron de un fraude electoral
orquestado por el alto gobierno y los partidos tradicionales.678 El movimiento participó en el Conflicto
armado interno de Colombia desde enero de 1974 hasta su desmovilización en marzo de 1990. El grupo
se especializó como guerrilla urbana, y en los llamados 'golpes de opinión'.910
Las ideologías del movimiento eran el nacionalismo y el socialismo democrático, su objetivo primordial
era instaurar una democracia en Colombia, con diferencias a los otros grupos guerrilleros del país,
actuaron en conjunto con estos, en algunas ocasiones como parte de la Coordinadora Nacional
Guerrillera (creada en 1984) y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (creada en 1987).1112
Desde un principio buscaron crear apoyo popular con sus acciones, ya que asaltaban vehículos con
suministros y los repartían entre los pobres de sus regiones,13 llegando a ser apodados en conjunto
como Robin Hood.9 En enero de 1974 pagaron pautas publicitarias días antes de darse a conocer a la
opinión pública mediante una campaña de intriga, por lo que despertaron la curiosidad de la población
en general.1415
Entre sus acciones armadas más conocidas fueron: el Robo de la espada de Bolívar (con el que se dieron
a conocer) en 1974, el Robo de armas del Cantón Norte en 1979, la Toma de la Embajada de la República
Dominicana en 1980, el hundimiento del barco El Karina, el secuestro al avión de Aeropesca y el
secuestro de Martha Nieves Ochoa en 1981, la Batalla de Yarumales en 1984, la Toma del Palacio de
Justicia en 1985 (que marcó un punto de inflexión en su historia, al ser tomado por este grupo y la
retoma por la Fuerza Pública terminó con el incendio del edificio, la muerte de los magistrados de la
Corte Suprema de Justicia y de varios guerrilleros, militares y civiles, y la desaparición de 11 personas), el
Batallón América en 1986 (con el Movimiento Armado Quintín Lame, Alfaro Vive Carajo de Ecuador y el
Movimiento Revolucionario Tupac Amaru de Perú), la conformación de la Coordinadora Guerrillera
Simón Bolívar en 1987 y realizaron varios secuestros a políticos, diplomáticos, empresarios y periodistas.
Participaron en dos acuerdos de paz: los acuerdos de Corinto en 1984, y el proceso de paz que finalizó
con su desmovilización y dejación de armas en marzo de 1990. El éxito cosechado en éstas
negociaciones de paz también ha sido un referente en la historia de Colombia.16
Luciano Marín Arango, alias Iván Márquez, de largo historial como guerrillero, ha fungido como líder de
las disidencias de las FARC conocidas como la Segunda Marquetalia. El pasado sábado, el gobierno de
Colombia confirmó que investiga informes sobre su supuesta muerte en la frontera con Venezuela.
Hasta la fecha no han sido confirmados los reportes sobre la eventual muerte del líder de la disidencia
de las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) conocida como Segunda
Marquetalia, Luciano Marín Arango, alias Iván Márquez. De ser cierto, habría muerto una pieza clave en
el conflicto armado de más de medio siglo en Colombia.
La guerrilla de las FARC surgió en la década de 1960 inspirada en la revolución cubana que llevó al poder
al fallecido exmandatario Fidel Castro, en 1959. Medio siglo de conflicto en Colombia entre guerrilla y
Estado, al que se sumaron también fuerzas paramilitares, dejó más 260.000 muertos y millones de
desplazados internos.
Márquez, de 67 años de edad, ha estado más de 40 años en la guerrilla. Nació el 16 de junio de 1955 en
Florencia, capital del sureño departamento del Caquetá, y su historial indica que a comienzos de la
década de 1980 se vinculó al Frente 14 de las FARC. Habría caído en Venezuela por enfrentamientos con
miembros de otras disidencias en el intento de controlar las rutas del narcotráfico.
"En estos momentos son informaciones que se están verificando. Estamos trabajando con nuestra
Inteligencia para verificar esa información, y obviamente tan pronto tengamos alguna corroboración,
informaremos oportunamente", dijo el pasado sábado a periodistas el presidente de Colombia, Iván
Duque.
Consultado acerca de dónde habría ocurrido y sobre el paradero de Márquez, Duque dijo: "Él ha estado
en Venezuela, protegido por Nicolás Maduro, eso lo sabe el mundo entero".
Iván Márquez fue uno de los delegados que trabajaron para los acuerdos de paz en La Habana, durante
el gobierno de Juan Manuel Santos, que puso fin a varias décadas de conflicto armado en Colombia.
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Durante el Foro de Sao Paolo en 2019, el presidente de Venezuela Nicolás Maduro, al que el gobierno de
Duque no ha reconocido como legítimo, llamó líderes de paz a Márquez y al fallecido Seuxis Pausias
Hernández Solarte. También afirmó que eran bienvenidos en Venezuela.
"Habían anunciado que venía Iván Márquez y Jesús Santrich, me quedé esperando. Iván Márquez y Jesús
Santrich son bienvenidos a Venezuela y al Foro de Sao Paulo cuando quieran venir, son los dos líderes de
paz", dijo Maduro en la clausura del evento de políticos y activistas de izquierda latinoamericana, a fines
de julio de 2019.
Maduro además dio la bienvenida entonces a otros exlíderes de las FARC, que contrario a Márquez y
Santrich, acataron el acuerdo del 2016, entre ellos a Timoleón Jiménez, alias Timochenko.
Lea también: ¿Qué hay detrás de las relaciones entre Maduro y las disidencias de las FARC?
El gobierno de Colombia ha denunciado por años que Venezuela otorga un puerto seguro a los rebeldes
y criminales, permitiendo el tráfico de cocaína a cambio de una parte de las ganancias.
A finales del 2007, Márquez apareció en Caracas junto al fallecido expresidente de Venezuela Hugo
Chávez en momentos en que se buscaba la liberación de un grupo de rehenes en poder de las FARC,
incluida la excandidata presidencial Ingrid Betancourt.
Los organismos de inteligencia y de seguridad de Colombia dijeron desde entonces que se refugiaba en
Venezuela, aunque el gobierno de Caracas lo negó desde entonces.
Márquez fue el jefe del equipo negociador de las FARC que llegó al histórico acuerdo con el gobierno de
Juan Manuel Santos en 2016. Ese proceso tuvo como garantes a los gobiernos de Cuba y Noruega.
Las negociaciones de La Habana comenzaron en marzo de 2012 con una fase exploratoria y concluyeron
con la firma del acuerdo en diciembre de 2016.
Por más de cuatro años, cada mañana Márquez lideró una conferencia de prensa en la que solía dar
declaraciones a la prensa a través de un comunicado. En algunas ocasiones respondía preguntas de
periodistas en un centro de convenciones de La Habana.
“Podemos proclamar que termina la guerra con las armas y comienza el debate de las ideas. Hemos
concluido la más hermosa de todas las batallas: la de sentar las bases para la paz y la convivencia”, dijo
Iván Márquez en su discurso tras la firma del acuerdo en La Habana, el 24 de agosto de 2016.
Pero en 2018, Márquez cerró la puerta al acuerdo de paz sellado en La Habana durante el gobierno de
Juan Manuel Santos, que tuvo como garantes a los gobiernos de Cuba y Noruega.
En agosto de 2019, Márquez reapareció con un grupo armado y vistiendo traje de color verde oliva. Leyó
un comunicado detrás de un cartel donde se leía: "Mientras haya voluntad de lucha habrá esperanza de
vencer".
En un video divulgado entonces se le escuchó decir: "Una nueva modalidad operativa conocerá el
Estado. Sólo responderemos a la ofensiva. No vamos a seguir matándonos entre hermanos de clase para
que una oligarquía descarada continúe manipulando nuestro destino", afirmó Márquez en el video
publicado a finales de agosto de 2019 y que dura poco más de media hora.
En virtud del acuerdo de La Habana, las FARC se convirtieron en un partido político y con acceso
entonces a 10 escaños en el parlamento. Para argumentar el retorno a las armas, Márquez dijo entonces
que no podía haber paz "con impunidad". Además el comunicado criticó la forma en que fueron
implementados los acuerdos de La Habana.
El líder rebelde de las FARC, Rodrigo Londoño, mejor conocido por su nombre de guerra Timochenko, al
centro, hablan con el pastor Alape, a su izquierda, e Iván Márquez durante la ceremonia de clausura de
un congreso rebelde cerca de El Diamante en los Llanos de Yari, Colombia, el 23 de septiembre de 2016.
El líder rebelde de las FARC, Rodrigo Londoño, mejor conocido por su nombre de guerra Timochenko, al
centro, hablan con el pastor Alape, a su izquierda, e Iván Márquez durante la ceremonia de clausura de
un congreso rebelde cerca de El Diamante en los Llanos de Yari, Colombia, el 23 de septiembre de 2016.
Márquez desapareció desde mediados de 2018 sin posesionarse como congresista, a diferencia de
Santrich, que se posesionó como legislador en junio de ese año luego de recuperar la libertad tras un
proceso en el que se le acusó de estar involucrado en un plan para enviar 10 toneladas de cocaína a
Estados Unidos valoradas en 320 millones de dólares.
Márquez estuvo en la clandestinidad un año antes de anunciar el retorno a las armas en 2019. Entonces
aseguró que buscaría alianzas con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Antes se había graduado como bachiller normalista, que lo habilitó para impartir clases en la enseñanza
primaria. En 1985 se vinculó al Frente 14 de las FARC.
Tras los acuerdos de paz firmados en 1984 durante el gobierno de Belisario Betancur, Márquez y otros se
unieron a la política a través de Unión Patriótica. Fue concejal y en 1986 elegido congresista. Muchos de
los líderes de ese partido fueron asesinados y la fiscalía colombiana reconoció entonces que se trató de
crímenes de lesa humanidad.
Más tarde, Márquez regresó a las armas con las FARC, donde dirigió entre otros el bloque Caribe y del
noroccidental. En 2008 se convirtió en vocero de la guerrilla.
En abril de 2019, tres años después de los acuerdos de La Habana, Márquez anunció que no ocuparía el
curul como senador, argumentando que Santrich estaba detenido bajo cargos de narcotráfico.
"¿Cómo hago yo para ir el 20 de julio a ejercer como senador, como una derivación del acuerdo de La
Habana (...) y que me digan que soy un narcotraficante? Yo no estoy para esas cosas, necesitamos
respeto, prefiero dejar esa joda allá", dijo Márquez.
"Me voy a quedar aquí el tiempo que sea necesario hasta cuando vea que realmente hay garantías, que
esto va en serio, y si no, decirles que no nos molesten, que nos dejen trabajar (...) Es muy duro lo que
estoy diciendo porque esto equivale a decir que fracasó el proceso de paz en Colombia", agregó.
El exjefe de la guerrilla de las FARC, convertido en jefe del partido conocido como COMUNES, después de
los acuerdos de La Habana, Rodrigo Londoño (antes alias Timochenko), desaprobó el regreso a las armas
de parte de las disidencias de las FARC anunciadas por Márquez.
"[Frente a la paz] no puede haber medias tintas: se está o no se está", dijo a medios Londoño en aquella
ocasión.
Hasta el momento, Londoño no ha reaccionado a los informes sobre supuesta muerte de Márquez. Sin
embargo, en junio pasado dijo: "Con dolor profundo reconozco que en nombre de ideas revolucionarias
las desaparecidas FARC-EP cometimos graves crímenes de guerra y lesa humanidad asociados a la
privación de la libertad, faltando a nuestra propia ética revolucionaria".
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha hecho una apuesta total, que para muchos es arriesgada,
para jugársela por la paz del país, a la que ha llamado la "paz total", que consiste en negociar con los
grupos armados que por años han causado la violencia que desangra la nación, con un componente
adicional: volver la búsqueda de la paz una política de Estado e incluir a las comunidades con "diálogos
vinculantes".
Este 26 de octubre el Congreso de Colombia aprobó la ley de Paz Total que autoriza al presidente
Gustavo Petro a buscar la paz con los grupos guerrilleros y las bandas criminales vinculadas con el
narcotráfico, a través de la negociación y procesos de sometimiento a la justicia.
La paz total es un concepto creado por el gobierno de Gustavo Petro con el cual convierte la búsqueda
de la paz en una política de Estado. Esto incluye la negociación de paz con grupos armados ilegales, que
desangran al país con violencia, masacres y narcotráfico, pero también poner a la comunidad en el
centro de esas negociaciones, por ser ellas las que están en medio de la confrontación.
La ley aprobada en octubre le permite a Petro se propone iniciar un proceso de paz con todos los actores
armados y poner fin a un conflicto armado de décadas que ha dejado casi medio millón de muertos y
millones de desplazados.
La ley entrega facultades para negociar con grupos armados como el Ejército de Liberación Nacional
(ELN), y las disidencias de las FARC que rechazó un acuerdo de 2016 y regresó a la lucha armada y otra
que nunca firmó el pacto. También puede iniciar negociaciones de paz con bandas criminales como el
Clan del Golfo cuyos líderes e integrantes podrán recibir beneficios como rebajas de penas y no
extradición a cambio de la delación de rutas para exportar cocaína y la entrega de parte de las fortunas
obtenidas ilegalmente.
La Paz Total también contempla la creación de un fondo para la paz para garantizar la inversión social en
las zonas apartadas golpeadas por la violencia y la presencia de los grupos armados ilegales.
"Es un concepto que no solo implica dialogar simultáneamente con grupos armados ilegales, sino
también, de alguna manera, romper con la lógica de lo que han sido los procesos de paz hasta ahora en
Colombia ... que se entiende como el diálogo entre un gobierno y un grupo armado en una mesa de
conversaciones", dijo el senador Iván Cepeda, el arquitecto de la Paz Total, al diario El Espectador.
A finales de septiembre, el comisionado de Paz de Colombia, informó que diez grupos ilegales que
operan en el país se han sumado al cese del fuego con el fin de alcanzar esa "paz total".
En conferencia de prensa en Bogotá, Rueda dijo que entre ellos figuran las disidencias de las FARC ahora
conocidas como Estado Mayor Central, la Segunda Marquetalia, entre otras.
Representantes del gobierno de Gustavo Petro han mantenido fases exploratorias con grupos armados
para alcanzar lo que han denominado “la paz total”.
"Si hay un Estado que se dedica a ponerle trampas a un proceso de paz que el Estado mismo firmó, pues
está construyendo la violencia. Se trata de ponerle punto final a eso. Ya no más", dijo Petro en
septiembre a Noticias Caracol sobre la propuesta de negociar con grupos armados y el cumplimiento
sobre lo negociado.
El presidente de Colombia Gustavo Petro le apuesta a la negociación con grupos armados para alcanzar
la paz. (Crédito: JOAQUIN SARMIENTO/AFP via Getty Images)
Otro componente es que se ponga la política paz como "prioritaria en los asuntos de Estado" y que esta
sea transversal en todos los asuntos del país, dijo el ministro del Interior de Colombia, Alfonso Prada, al
radicar el proyecto de Ley que establece las reglas de las negociaciones del gobierno con grupos
armados.
"Lo que básicamente hace el proyecto es convertir en política de Estado la política de paz", dijo Prada. Es
decir, según el ministro, que los acuerdos de paz tengan un carácter vinculante para que no sean
interrumpidos durante su implementación, como ocurrió con el acuerdo de paz de La Habana durante el
gobierno de Iván Duque.
"... Que incluso los procesos de paz que están en curso vinculen a los gobiernos siguientes en la
continuidad de lo que es un derecho y un paz constitucional como es la búsqueda de la paz que no es
potestad exclusiva de un gobierno sino una política constitucional y de Estado", agregó Prada.
Venezuela será "país garante" en la negociación del gobierno de Colombia con el ELN
¿Cómo se alcanzará?
Que a través de esos diálogos se pueda alcanzar una solución al conflicto armado, aplicar efectivamente
el Derecho Internacional Humanitario, se respeten los derechos humanos, haya cese de hostilidades y se
reincorpore a la sociedad a los miembros de esas organizaciones violentas.
Una vez inicien los acuerdos se suspenderán las órdenes de captura que se hayan dictado o se dicten en
contra de los miembros representantes de las organizaciones armadas, respetando su integridad y
seguridad.
Los derechos serán los indicadores de la seguridad, en vez de "contar bajas", como se había hecho en
gobiernos anteriores, en las que se premiaba la muerte supuestos guerrilleros muertos en combate, que
dio origen a los llamados falsos positivos.
El servicio militar obligatorio será reemplazado por "servicio social para la paz", en la que los jóvenes
deberán promover la alfabetización digital en zonas rurales o urbanas, apoyar a víctimas del conflicto
armado, y trabajar para la conservación de la naturaleza y la biodiversidad, entre otros.
Petro ha dicho que el enfoque para combatir la violencia es cambiar el enfoque de donde se ataca el
narcotráfico.
"No es ahí donde se cultiva hoja de coca", dijo Petro en Noticias Caracol sobre contra quien debe ir la
lucha contra el narcotráfico. "Es donde la cocaína se vuelve dinero colombiano".
"Esto que llamamos narco son la tropa, los peones, los campesinos que no tienen más que hacer, los
hijos del campesino... pero eso no es el narcotráfico", dijo Petro. "El narcotráfico es de corbata y de
poder, y hay que golpearlos si queremos que realmente haya paz en Colombia".
Paz total
Magen de una pancarta de la guerrilla disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC) en el Catatumbo, departamento de Norte de Santander, Colombia, tomada el 20 de agosto de
2022. (Crédito: RAUL ARBOLEDA/AFP vía Getty Images)
El alto comisionado de paz dijo este miércoles que ya se han sumado al menso 10 grupos armados a un
cese al fuego. Entre ellos:
Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, también conocidas como el Clan del Golfo
"Cada grupo con su propia identidad y naturaleza y motivación está expresando su disposición a ser
parte de la paz total", dijo Rueda.
"En esta fase de exploración se les ha pedido no matar, no desaparecer, no torturar y vamos avanzando”,
agregó Rueda este miércoles en una rueda de prensa.
Para Petro este cese de del fuego "sería el inicio del fin de la violencia”. El mandatario dijo la semana
pasada desde Nueva York que desde su gobierno ya han entablado contacto con miembros de
disidencias. Y sobre las negociaciones de paz con el ELN, el mandatario dijo que “ya estamos en la
antesala”.
Sin embargo, si bien el mandatario ha hecho esta apuesta a la paz hablando de un cambio de enfoque en
la lucha contra las drogas —cuyo planteamiento fue el eje central de su discurso en Naciones Unidas este
año—, ha dicho que para que el narcotráfico —y con ella la violencia— acabe, aún falta tiempo.
"No significa que se va acabar, no soy ingenuo en eso", dijo Petro a Noticias Caracol. ·Solo se acabará
cuando cese la prohibición y manejemos el problema de las drogas como toca manejarlo: como un
problema de salud pública y prevención".
Los grupos armados ilegales, con presencia en apartadas regiones selváticas y montañosas del país,
tienen más de 6.000 combatientes, según fuentes de seguridad citadas por Reuters. Tanto los rebeldes
de izquierda como las bandas criminales participan en la extorsión, el asesinato, el tráfico de drogas y la
extracción ilegal de oro, agregó Reuters.
La renegociación con disidencias de las Farc, que volvieron a armarse después de los acuerdos de paz
firmados durante el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, generó críticas en algunos sectores.
Una de las más llamativas fue la del ex jefe negociador del gobierno en La Habana, Humberto de la Calle,
quien dijo que renegociando con las disidencias se estaría premiando a quien incumplió con la firma de
los acuerdos.
"Reabrir negociaciones con Iván Marquez promueve la cultura del repechaje y envía un mensaje nocivo a
los que sí cumplieron, las comunidades comprometidas y a futuras negociaciones", dijo de la Calle la
semana pasada.
Entre tanto, el partido de oposición, Centro Democrático dijo que la iniciativa de Paz total es una
"apología a la criminalidad".
"La 'Ley de Paz Total' no es nada más que una apología a la criminalidad y la impunidad, el sentido de
otorgamiento de nuestra soberanía a los generadores de la violencia y una burla a nuestro marco legal", ,
en el que señalan como puntos en contra el levantamiento de órdenes de captura contra los miembros
de los grupos armados, y lo que llaman "zonas de despeje" para las negociaciones, que el gobierno
dispondría para adelantar las negociaciones u donde los grupos armados tendrían una especie de
inmunidad durante los diálogos.
Pero organizaciones como Human Rights Watch vieron con buenos ojos la propuesta de paz total de
Petro.
"Su política de “paz total”, si se diseña e implementa adecuadamente, podría contribuir a lograr avances
en materia de derechos humanos en estas y otras regiones de Colombia que durante décadas han
sufrido graves abusos por parte de todos los actores del conflicto armado", dice HRW en su carta
enviada a finales de agosto.
La organización envió una carta al mandatario con algunas recomendaciones para llevar a cabo este
proyecto con éxito