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Amelia Earhart: Pionera de la Aviación

Este documento resume la vida y logros de la aviadora estadounidense Amelia Earhart. Detalla que tuvo una infancia inquieta y le gustaban las actividades consideradas para niños. Estudió en universidades de EE.UU. y sirvió como enfermera en la Primera Guerra Mundial. Se convirtió en la primera mujer en cruzar en avión el Atlántico en 1928 y en volar sola ese trayecto en 1932. En 1937 intentó dar la vuelta al mundo pero desapareció sobre el Pacífico. Fue pionera en
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Amelia Earhart: Pionera de la Aviación

Este documento resume la vida y logros de la aviadora estadounidense Amelia Earhart. Detalla que tuvo una infancia inquieta y le gustaban las actividades consideradas para niños. Estudió en universidades de EE.UU. y sirvió como enfermera en la Primera Guerra Mundial. Se convirtió en la primera mujer en cruzar en avión el Atlántico en 1928 y en volar sola ese trayecto en 1932. En 1937 intentó dar la vuelta al mundo pero desapareció sobre el Pacífico. Fue pionera en
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ESCUELA SECUNDARIA FEDERAL “EMILIANO ZAPATA No.

13”
CLAVE ES 354-13C.T. 15DES0013W ZONA ESCOLAR 7
lee el siguiente texto y completa el organizador gráfico como corresponde.
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Mujeres que inspiran mi caminar – “Amelia Eckhart”

Amelia Mary Earhart fue una aviadora estadounidense y una de las mujeres
que inspira mi caminar.
Pasó buena parte de su infancia con sus abuelos maternos, quienes le
proporcionaron un estilo de vida lleno de comodidades. Su abuelo, Alfred
Otis, era un prominente juez retirado, que pensaba que el padre de Amelia,
Edwin Earhart, abogado de empresas del ferrocarril, no estaba en
condiciones de proveer a su familia un estilo de vida lo suficientemente
holgado.

Una niña inquieta


De personalidad inquieta y audaz desde niña, se involucraba en actividades atribuidas a los chicos: escalaba árboles,
se deslizaba en trineo y disparaba a ratas con un rifle. También tenía como pasatiempo reunir recortes de periódicos
de mujeres famosas que sobresalían en actividades tradicionalmente protagonizadas por hombres.

En 1905, se mudó junto a su familia a Des Moines, Iowa, pues su padre había conseguido allí un empleo de ejecutivo,
tras venir a menos su práctica de abogado. Cuando tenía diez años, tuvo la oportunidad de ver su primer aeroplano
en una feria estatal. Expresó en esa oportunidad que el aparato «era una cosa hecha de cables oxidados y madera,
nada interesante».

Cursó estudios superiores en la Universidad de Columbia (Nueva York) y completó su formación en los cursos de
verano de la Universidad de Harvard. Durante la Primera Guerra Mundial sirvió como enfermera en un hospital de
campaña canadiense. También aprovechó la ocasión para visitar un campo del Cuerpo Aéreo Real. En sus propias
palabras, fue allí donde terminó «picada por el gusanillo de la aviación». Posteriormente trabajó como asistente
social en Boston (Massachussetts).

Impulsó la aviación entre las mujeres, tanto que organizó una carrera aérea para féminas a través del país en 1929,
de Los Ángeles a Cleveland, que fue llamada The powder-puff derby. Fundó la organización Las noventa y nueve en
su habitación de hotel en Cleveland con otras pilotos, pues incluía a 99 miembros. Fue su primera presidenta. En
1930 ayudó a formar y fue vicepresidenta de relaciones públicas de una aerolínea entre Nueva York, Filadelfia y
Washington. Su carrera como aviadora no fue interrumpida, pues rompió récords de velocidad para mujeres en su
Lockheed Vega.

En 1931 contrajo matrimonio con el afamado editor y explorador George Palmer Putnam, pero decidió conservar su
apellido de soltera.

De pasajera a piloto
Saltó a la fama cuando, el 17 y 18 de junio de 1928, se convirtió en la primera mujer en realizar como pasajera la
travesía del Atlántico, en un avión comandado por los pilotos Stultz y Gordon que recorrió los 3.200 kilómetros que
distan entre Terranova y Gales.

Entre el 20 y el 21 de mayo de 1932 realizó en solitario la travesía del Atlántico. Fue la primera mujer en completar
sin acompañantes este peligroso viaje, proeza que no había vuelto a producirse desde el histórico vuelo de Charles
A. Lindbergh en 1927. Earhart estableció entonces una nueva marca de velocidad, al alcanzar Irlanda en apenas trece
horas y cincuenta minutos. Fue galardonada por el Congreso de Estados Unidos con la Cruz Distinguida de Vuelo, la
primera otorgada a una mujer.
Los reconocimientos se acumularon. Hizo un tour por Europa; en Nueva York hizo un recorrido bajo una lluvia de
pasquines; el presidente Hoover la condecoró con la medalla dorada especial de la National Geographic Society;
recibió las llaves de varias ciudades; fue votada la mujer más destacada el año. El congreso la condecoró con la
Distinguished Flying Cross, otorgada por primera vez a una mujer.

En los meses siguientes realizó diversos vuelos de costa a costa de Estados Unidos, como el que la llevó de Los
Ángeles a Newark. Su celebridad le permitió promover el uso comercial de la aviación y defender, desde una postura
feminista, la incorporación de las mujeres a este nuevo campo profesional

En enero de 1935 llevó a cabo en solitario la travesía entre Honolulú (Hawaii) y Oakland (California), recorriendo
una distancia superior a la existente entre Estados Unidos y Europa. Fue el primer piloto en completar con éxito este
difícil viaje sobre aguas del Pacífico, ya que los anteriores intentos habían concluido en desastre. A fines de ese mismo
año estableció un nuevo récord de velocidad, volando sin escalas entre Ciudad de México y Nueva York en algo más
de catorce horas.

La vuelta al mundo
En 1937 anunció que intentaría dar la vuelta al mundo utilizando una ruta distinta a la habitual en estas travesías.
En efecto, los viajes en avión alrededor del mundo se habían desarrollado, hasta entonces, en cortas etapas a través
de los cielos del hemisferio norte. Earhart intentaría, junto a su copiloto y navegante, el capitán estadounidense
Frederick J. Noonan, circunvolar el globo siguiendo la línea del ecuador, en un bimotor Lockheed Electra. Iniciaron
el viaje el 1 de junio de 1937, volando desde Miami (Florida) hasta Sudamérica; de allí a África y posteriormente a
las Indias Orientales.

Tras haber completado 33.000 kilómetros en treinta días, más de los dos tercios de la travesía, su avión desapareció
en medio de un temporal el 2 de julio, cuando realizaban la penúltima etapa del viaje, que habría de llevarles desde
Lae (Nueva Guinea) a la isla Howland, junto a Australia.

La desaparición de Amelia Earhart y de su experto copiloto fue motivo de numerosas y a menudo fantásticas
especulaciones, pero hasta hoy día se desconocen las circunstancias del accidente y el lugar exacto donde éste se
produjo, aunque se calcula que pudo ocurrir en un punto a 4113 kilómetros de la isla Howland.

Poco después de su desaparición, su marido publicó un libro basado en el diario de vuelo del último viaje de Amelia.
Por qué preocupa que los polos de la Tierra sean cada vez menos
blancos
• Veronica Smink
• BBC News Mundo

3 noviembre 2021

La temperatura en la península antártica aumentó 2,5°C en los últimos 50 años, pero la región que más se ha calentado
en el mundo es el Ártico.
Seguramente hayas escuchado que una de las consecuencias más graves que está teniendo el calentamiento global es
que se están derritiendo los polos.
Y quizás incluso hayas oído las advertencias de los científicos de que el Ártico y partes de la Antártica se están
calentando entre dos y tres veces más rápido que el resto del planeta.
Pero ¿sabes por qué los polos son importantes -más bien, vitales- para la humanidad?
¿Y por qué las regiones más frías del globo son las que más se están calentando?
Pues, posiblemente intuyas que la función principal de los polos es enfriar la Tierra. Y algo de razón tienes.
Pero no porque actúen como el freezer del planeta.
La razón por la que estas grandes extensiones de hielo enfrían no es que sean heladas. Enfrían sobre todo porque son
blancas. Y ese blanco refleja el calor del Sol.
"El hielo del planeta refleja la cantidad justa de energía solar de regreso al espacio", explica el divulgador naturalista de la
BBC David Attenborough en el documental Breaking Boundaries: The Science of Our Planet ("Rompiendo límites: la ciencia
de nuestro planeta").
"Este efecto de enfriamiento ha sido fundamental para mantener estable la temperatura de la Tierra", remarca en el film
que Netflix estrenó a mediados de este año.
Albedo
Sin los rayos del Sol no podríamos vivir, pero tampoco podríamos hacerlo si la Tierra absorbiera el 100% de la radiación
solar.
Por eso es tan clave la capacidad de nuestro planeta de poder reflejar parte de ese calor, un fenómeno conocido
científicamente como albedo.
Los hielos polares juegan un papel fundamental al reflejar la radiación del Sol.
A través de este mecanismo, nuestro planeta refleja el 30% de la radiación del Sol.
El restante 70% que absorbe nos ha permitido mantener una temperatura ideal para el desarrollo de nuestra civilización.
Pero en las últimas décadas, el mundo ha estado perdiendo su capacidad de reflejar el calor del Sol, haciendo que ese
perfecto equilibrio que duró unos 10.000 años -un período conocido como el Holoceno- se rompiera.
El climatólogo del Instituto Antártico Argentino (IAA) Alpio Costa le dijo a BBC Mundo que, si bien la principal barrera
reflectora de radiación solar es nuestra atmósfera, los polos cumplen una función indispensable como la mayor fuente del
albedo en nuestra superficie.
Costa destacó que los hielos son responsables de cerca de un cuarto del total que es reflejado por nuestro planeta.
Pero en el último medio siglo los polos se han vuelto cada vez menos blancos, reduciendo su efecto reflector.
Y es esta "reducción del albedo" la que está haciendo que estos inmensos hielos se estén calentando unas tres veces más
que el resto del planeta, señaló el experto.
Por qué ocurre
"El problema empezó con la revolución industrial, cuando nosotros como especie comenzamos a tener una influencia
sobre el clima, porque empezamos a ser una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero", explica
Lucas Ruiz, geólogo del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla)
Ruiz fue uno de los autores del último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC), que
concluyó que inequívocamente la quema de combustibles fósiles y otras acciones contaminantes del hombre son las que
están causando que el planeta se caliente a una velocidad nunca antes vista.
La polución que generamos -más de la mitad en los últimos 30 años (ver gráfico arriba)-, no solo elevó la temperatura del
planeta, llevando a que los polos se empezaran a derretir.
También hizo que se tornaran menos blancos, reduciendo su capacidad de reflejar el calor del Sol.
¿Cómo ocurrió esto? La reducción del albedo se dio, por un lado, por los residuos de la combustión de hidrocarburos que
depositaron ollín sobre el hielo y la nieve, indica Ruiz.
Pero el mismo derretimiento también oscureció la superficie de los hielos, generando pequeños cuerpos de agua y
fomentado el crecimiento de algas.
"Si uno mira a Groenlandia desde el aire, en vez de ver blanco ve blanco azul, blanco azul, blanco azul", destaca Ruiz sobre
el casquete polar que más rápidamente se está derritiendo.
Groenlandia está lleno de cuerpos de agua como este, y el hielo refleja cada vez menos.
Los hielos marinos del Ártico -los más extensos del planeta- también están perdiendo masa a velocidades récord,
exponiendo la superficie oceánica.
El problema, dice el experto, es que mientras el hielo refleja el 90% del calor del Sol, el agua solo refleja el 20% y el 80%
es absorbido, elevando sus temperaturas, lo que hace que también se expanda.
La combinación del hielo que se derrite y el agua que se expande está haciendo que se eleve el nivel del mar, lo que
representa una amenaza para las ciudades costeras, entre ellas varias de las capitales del mundo.
Las estimaciones del IPCC son que, incluso si el mundo logra ponerse de acuerdo para que la temperatura del planeta no
supere los 1,5°C por encima de los niveles preindustriales -hoy nos estamos acercando a 1,2°C- el daño ya generado hará
que para 2050 el nivel del mar suba 50cm con respecto a los niveles del 1900.
"Parece poco pero es muy malo, porque cuando lo proyectas en la línea de costa, dependiendo de la pendiente que tiene
la costa, puede llegar a ser kilómetros", afirma Ruiz.
Aunque aclara que recién se dará a conocer en febrero un nuevo trabajo del IPCC detallando cuáles serán los lugares más
afectados, el informe actual prevé que "tanto el nivel del mar como la temperatura del aire aumenten en la mayoría de
los asentamientos costeros".
De más está decir que si la humanidad no lograra ponerse de acuerdo en la próxima Cumbre Climática de Glasgow (COP26)
para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, y la Tierra se calentara aún más, el daño sería mucho más
pronunciado.
Círculo vicioso "irreversible"
En ese sentido, lo que más preocupa sobre el oscurecimiento de los polos es que ha desencadenando un círculo
vicioso que podría resultar catastrófico.
Los científicos lo llaman un "proceso de retroalimentación" y funciona así: a medida que el planeta se calienta las zonas
polares pierden superficie blanca, eso refleja menos, lo que produce un aumento de temperatura, que a su vez genera
mayor pérdida de hielo.
Este fenómeno es lo que explica por qué los polos se están calentando entre dos y tres veces más que el resto del planeta,
afirma Costa del IAA.
"Tiene un nombre: se llama amplificación polar", señala a BBC Mundo.
Aunque la Antártida es "mucho más resistente" al cambio climático que el Ártico, la región occidental también se está
derritiendo, advierte Alpio Costa del Instituto Antártico Argentino.
La mala noticia es que, una vez que se desencadena este proceso, no alcanza con mantener las temperaturas actuales
para frenarlo. Tendríamos que encontrar la manera de enfriar la atmósfera, algo que hoy está fuera de nuestro alcance.
Es por esto que los científicos afirman que el derretimiento del casquete polar ártico (Groenlandia) es irreversible a escala
de tiempo humana.
Costa advierte que también la región occidental de Antártida se está derritiendo.
Y entre ambos, tienen suficiente agua para elevar los niveles del mar más de 12 metros.
Sin embargo, también hay una "buena" noticia: estos bloques de hielo son tan masivos que incluso si el calentamiento
continuara tardarían decenas de miles de años en derretirse completamente.
En cambio, el peligro más inmediato es la desaparición del hielo marino ártico, que es menos voluminoso -y por ende no
afectará tanto los niveles del mar- pero es clave para proteger a la Tierra de los rayos del Sol, ya que evita que la radiación
solar impacte sobre el océano, que la absorbe, calentándose y expandiéndose.
Según el informe del IPCC, el hielo marino en el Hemisferio Norte durante el período más seco se redujo en promedio cerca
del 25% en las últimas cuatro décadas.
De ahí que muchos científicos creen que es clave limitar la emisión de gases de efecto invernadero para frenar el
calentamiento de la atmósfera y evitar que más hielo marino desaparezca, reduciendo críticamente el albedo.
Lo que más se ha perdido es hielo marino ártico, pero este cambio es reversible si actuamos pronto, advierte Lucas Ruiz.
"La pérdida del hielo marino no es irreversible", resalta Ruiz.
"Si nosotros disminuimos la temperatura, el hielo marino va a aumentar".
La base del clima
La amplificación polar también amenaza con desequilibrar otra función vital de los polos: la climática.
Y es que, como señala el climatólogo Costa, estos grandes hielos que reflejan el Sol son la base de nuestro clima.
"La diferencia de radiación solar entre los polos y los trópicos, que genera una diferencia de temperatura, es el motor que
pone en movimiento a la atmósfera y genera lo que conocemos como clima en todos los rincones del mundo", explica.
Este fenómeno es el que hace que haya "lluvias muy cerca del ecuador, zonas muy secas en latitudes subtropicales y
pasajes de altas y bajas presiones en latitudes medias, que permite que allí haya estaciones diferentes".
Por eso, el derretimiento de los polos y la consecuente reducción del albedo no sólo están aumentando las temperaturas
de la atmósfera y amenazando nuestras costas, sino que, además, podrían provocar caos en el delicado balance climático
de nuestro planeta.
Peng Shuai: la tenista china dice que está a salvo, después de varios
días sin aparecer en público
• Redacción
• BBC News Mundo

21 noviembre 2021

Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional, habló con Peng durante 30 minutos este domingo.
La estrella china de tenis Peng Shuai dijo que estaba sana y salva durante una videollamada este domingo, según dijo
el Comité Olímpico Internacional (COI).
En un comunicado, el COI dijo que su presidente, Thomas Bach, había hablado con Peng durante 30 minutos.
"[Ella] está bien, que era nuestra principal preocupación", dice el mensaje.
Peng, de 35 años, desapareció del ojo público durante casi tres semanas después de acusar de agresión sexual a Zhang
Gaoli, un alto ministro chino.
Su ausencia provocó una preocupación generalizada, y las estrellas del tenis internacional y distintos gobiernos pidieron
a China que proporcionara pruebas de que la deportista estaba a salvo.
"Al comienzo de la llamada de 30 minutos, Peng Shuai agradeció al COI por su preocupación por su bienestar", dijo el
comunicado de la organización.
"Ella dijo que está bien y a salvo, viviendo en su casa en Pekín, pero que le gustaría que se respetara su privacidad en este
momento", agregó.
"Ella prefiere pasar su tiempo con amigos y familiares en este momento", dijo también el comunicado. "Sin embargo,
seguirá participando en el tenis".
La declaración del COI también incluyó una imagen de la videollamada en la que se veía a Peng sonriendo a la cámara.
Videos previos
La preocupación por la aparente desaparición de la tenista de la vida pública llevó a los medios estatales chinos a publicar
una serie de fotografías y videos que parecían mostrar que todo estaba bien.
Peng Shuai no había sido vista en público desde que acusó a un alto funcionario chino.
Más temprano el domingo, un periodista de los medios estatales publicó un video en Twitter que mostraba a Peng
sonriendo mientras estaba de pie con unos funcionarios en un torneo de tenis en Pekín.
La agencia de noticias Reuters informó que los organizadores también publicaron fotos de la jugadora en la página oficial
de WeChat del evento.
Además, este sábado, Hu Xijin, un editor del Global Times, un medio de comunicación chino afiliado al gobierno, publicó
en Twitter dos clips en los que se veía a Peng supuestamente cenando con su entrenador y sus amigos en un restaurante.
Ante la publicación, el presidente de la Asociación de Tenis Femenino (WTA, por sus siglas en inglés), Steve Simon, dijo
que "si bien es positivo verla, no está claro si es libre y capaz de tomar decisiones y actuar por sí misma, sin coerción o
interferencia externa".
Acusación
Peng, ex jugadora de dobles de tenis número uno en el mundo, publicó una acusación sobre el ex viceprimer ministro
Zhang Gaoli en el sitio de redes sociales chino Weibo a principios de noviembre.
La tenista alegó que fue obligada a tener relaciones sexuales con Zhang.
El político, de 75 años, fue viceprimer ministro de China entre 2013 y 2018, época en la que fue uno de los aliados cercanos
al presidente Xi Jinping. No ha hecho comentarios sobre la denuncia de Peng.
La publicación de Peng Shuai fue retirada minutos después.
Es la primera vez que alguien lanza una acusación de este tipo contra uno de los principales líderes políticos de China.
Un día de estos

Gabriel García Márquez

El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis.
Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de
instrumentos que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada
arriba con un botón dorado, y los pantalones sostenidos con cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que
raras veces correspondía a la situación, como la mirada de los sordos.
Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura
postiza. Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se
servía de ella.
Después de las ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol
en el caballete de la casa vecina. Siguió trabajando con la idea de que antes del almuerzo volvería a llover. La voz
destemplada de su hijo de once años lo sacó de su abstracción.
-Papá.
-Qué.
-Dice el alcalde que si le sacas una muela.
-Dile que no estoy aquí.
Estaba puliendo un diente de oro. Lo retiró a la distancia del brazo y lo examinó con los ojos a medio cerrar. En la salita de
espera volvió a gritar su hijo.
-Dice que sí estás porque te está oyendo.
El dentista siguió examinando el diente. Sólo cuando lo puso en la mesa con los trabajos terminados, dijo:
-Mejor.
Volvió a operar la fresa. De una cajita de cartón donde guardaba las cosas por hacer, sacó un puente de varias piezas y
empezó a pulir el oro.
-Papá.
-Qué.
Aún no había cambiado de expresión.
-Dice que si no le sacas la muela te pega un tiro.
Sin apresurarse, con un movimiento extremadamente tranquilo, dejó de pedalear en la fresa, la retiró del sillón y abrió
por completo la gaveta inferior de la mesa. Allí estaba el revólver.
-Bueno -dijo-. Dile que venga a pegármelo.
Hizo girar el sillón hasta quedar de frente a la puerta, la mano apoyada en el borde de la gaveta. El alcalde apareció en el
umbral. Se había afeitado la mejilla izquierda, pero en la otra, hinchada y dolorida, tenía una barba de cinco días. El
dentista vio en sus ojos marchitos muchas noches de desesperación. Cerró la gaveta con la punta de los dedos y dijo
suavemente:
-Siéntese.
-Buenos días -dijo el alcalde.
-Buenos -dijo el dentista.
Mientras hervían los instrumentos, el alcalde apoyó el cráneo en el cabezal de la silla y se sintió mejor. Respiraba un olor
glacial. Era un gabinete pobre: una vieja silla de madera, la fresa de pedal, y una vidriera con pomos de loza. Frente a la
silla, una ventana con un cancel de tela hasta la altura de un hombre. Cuando sintió que el dentista se acercaba, el alcalde
afirmó los talones y abrió la boca.
Don Aurelio Escovar le movió la cara hacia la luz. Después de observar la muela dañada, ajustó la mandíbula con una
cautelosa presión de los dedos.
-Tiene que ser sin anestesia -dijo.
-¿Por qué?
-Porque tiene un absceso.
El alcalde lo miró en los ojos.
-Está bien -dijo, y trató de sonreír. El dentista no le correspondió. Llevó a la mesa de trabajo la cacerola con los
instrumentos hervidos y los sacó del agua con unas pinzas frías, todavía sin apresurarse. Después rodó la escupidera con
la punta del zapato y fue a lavarse las manos en el aguamanil. Hizo todo sin mirar al alcalde. Pero el alcalde no lo perdió
de vista.
Era una cordal inferior. El dentista abrió las piernas y apretó la muela con el gatillo caliente. El alcalde se aferró a las barras
de la silla, descargó toda su fuerza en los pies y sintió un vacío helado en los riñones, pero no soltó un suspiro. El dentista
sólo movió la muñeca. Sin rencor, más bien con una amarga ternura, dijo:
-Aquí nos paga veinte muertos, teniente.
El alcalde sintió un crujido de huesos en la mandíbula y sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero no suspiró hasta que no
sintió salir la muela. Entonces la vio a través de las lágrimas. Le pareció tan extraña a su dolor, que no pudo entender la
tortura de sus cinco noches anteriores. Inclinado sobre la escupidera, sudoroso, jadeante, se desabotonó la guerrera y
buscó a tientas el pañuelo en el bolsillo del pantalón. El dentista le dio un trapo limpio.
-Séquese las lágrimas -dijo.
El alcalde lo hizo. Estaba temblando. Mientras el dentista se lavaba las manos, vio el cielorraso desfondado y una telaraña
polvorienta con huevos de araña e insectos muertos. El dentista regresó secándose las manos. “Acuéstese -dijo- y haga
buches de agua de sal.” El alcalde se puso de pie, se despidió con un displicente saludo militar, y se dirigió a la puerta
estirando las piernas, sin abotonarse la guerrera.
-Me pasa la cuenta -dijo.
-¿A usted o al municipio?
El alcalde no lo miró. Cerró la puerta, y dijo, a través de la red metálica.
-Es la misma vaina.
FIN
Una mujer amaestrada
Juan José Arreola

Hoy me detuve a contemplar este curioso espectáculo: en una plaza de las afueras, un saltimbanqui polvoriento exhibía
una mujer amaestrada. Aunque la función se daba a ras del suelo y en plena calle, el hombre concedía la mayor
importancia al círculo de tiza previamente trazado, según él, con permiso de las autoridades. Una y otra vez hizo
retroceder a los espectadores que rebasaban los límites de esa pista improvisada. La cadena que iba de su mano izquierda
al cuello de la mujer, no pasaba de ser un símbolo, ya que el menor esfuerzo habría bastado para romperla. Mucho más
impresionante resultaba el látigo de seda floja que el saltimbanqui sacudía por los aires, orgulloso, pero sin lograr un
chasquido.
Un pequeño monstruo de edad indefinida completaba el elenco. Golpeando su tamboril daba fondo musical a los actos
de la mujer, que se reducían a caminar en posición erecta, a salvar algunos obstáculos de papel y a resolver cuestiones de
aritmética elemental. Cada vez que una moneda rodaba por el suelo, había un breve paréntesis teatral a cargo del público.
«¡ Besos!», ordenaba el saltimbanqui. «No. A ése no. Al caballero que arrojó la moneda.» La mujer no acertaba, y una
media docena de individuos se dejaba besar, con los pelos de punta, entre risas y aplausos. Un guardia se acercó diciendo
que aquello estaba prohibido. El domador le tendió un papel mugriento con sellos oficiales, y el policía se fue
malhumorado, encogiéndose de hombros.
A decir verdad, las gracias de la mujer no eran cosa del otro mundo. Pero acusaban una paciencia infinita, francamente
anormal, por parte del hombre. Y el público sabe agradecer siempre tales esfuerzos. Paga por ver una pulga vestida; y no
tanto por la belleza del traje, sino por el trabajo que ha costado ponérselo. Yo mismo he quedado largo rato viendo con
admiración a un inválido que hacía con los pies lo que muy pocos podrían hacer con las manos.
Guiado por un ciego impulso de solidaridad, desatendí a la mujer y puse toda mi atención en el hombre. No cabe duda de
que el tipo sufría. Mientras más difíciles eran las suertes, más trabajo le costaba disimular y reír. Cada vez que ella cometía
una torpeza, el hombre temblaba angustiado. Yo comprendí que la mujer no le era del todo indiferente, y que se había
encariñado con ella, tal vez en los años de su tedioso aprendizaje. Entre ambos existía una relación, íntima y degradante,
que iba más allá del domador y la fiera. Quien profundice en ella, llegará indudablemente a una conclusión obscena.
El público, inocente por naturaleza, no se da cuenta de nada y pierde los pormenores que saltan a la vista del observador
destacado. Admira al autor de un prodigio, pero no le importan sus dolores de cabeza ni los detalles monstruosos que
puede haber en su vida privada. Se atiene simplemente a los resultados, y cuando se le da gusto, no escatima su aplauso.
Lo único que yo puedo decir con certeza es que el saltimbanqui, a juzgar por sus reacciones, se sentía orgulloso y culpable.
Evidentemente, nadie podría negarle el mérito de haber amaestrado a la mujer; pero nadie tampoco podría atenuar la
idea de su propia vileza. (En este punto de mi meditación, la mujer daba vueltas de carnero en una angosta alfombra de
terciopelo desvaído.)
El guardián del orden público se acercó nuevamente a hostilizar al saltimbanqui. Según él, estábamos entorpeciendo la
circulación, el ritmo casi, de la vida normal. «¿Una mujer amaestrada? Váyanse todos ustedes al circo.» El acusado
respondió otra vez con argumentos de papel sucio, que el policía leyó de lejos con asco. (La mujer, entre tanto, recogía
monedas en su gorra le lentejuelas. Algunos héroes se dejaban besar; otros se apartaban modestamente, entre dignos y
avergonzados.)
El representante de las autoridades se fue para siempre, mediante la suscripción popular de un soborno. El saltimbanqui,
fingiendo la mayor felicidad, ordenó al enano del tamboril que tocara un ritmo tropical. La mujer, que estaba
preparándose para un número matemático, sacudía como pandero el ábaco de colores. Empezó a bailar con
descompuestos ademanes difícilmente procaces. Su director se sentía defraudado a más no poder, ya que en el fondo de
su corazón cifraba todas sus esperanzas en la cárcel. Abatido y furioso, increpaba la lentitud de la bailarina con adjetivos
sangrientos. El público empezó a contagiarse de su falso entusiasmo, y quien más, quien menos, todos batían palmas y
meneaban el cuerpo.
Para completar el efecto, y queriendo sacar de la situación el mejor partido posible, el hombre se puso a golpear a la mujer
con su látigo de mentiras. Entonces me di cuenta del error que yo estaba cometiendo. Puse mis ojos en ella, sencillamente,
como todos los demás. Dejé de mirarlo a él, cualquiera que fuese su tragedia. (En ese momento, las lágrimas surcaban su
rostro enharinado.)
Resuelto a desmentir ante todos mis ideas de compasión y de crítica, buscando en vano con los ojos la venia del
saltimbanqui, y antes de que otro arrepentido me tomara la delantera, salté por encima de la línea de tiza al círculo de
contorsiones y cabriolas.
Azuzado por su padre, el enano del tamboril dio rienda suelta a su instrumento, en un crescendo de percusiones increíbles.
Alentada por tan espontánea compañía, la mujer se superó a sí misma y obtuvo un éxito estruendoso. Yo acompasé mi
ritmo con el suyo y no perdí pie ni pisada de aquel improvisado movimiento perpetuo, hasta que el niño dejó de tocar.
Como actitud final, nada me pareció más adecuado que caer bruscamente de rodillas.
FIN
Quién fue Michiyo Tsujimura, la innovadora científica japonesa que
descubrió los componentes nutritivos del té verde
• Redacción
• BBC News Mundo

21 noviembre 2021

¿Alguna vez te has preguntado por qué el té verde tiene un sabor amargo?
¿Qué propiedades son las que le dan ese gusto tan particular y distinto del té común?
Originaria de China y Japón, esta bebida milenaria comenzó a ser consumida tan antiguamente como en el año 2.700
antes de Cristo, formando parte fundamental de la cultura de muchos países asiáticos.
Pero no fue hasta mediados de 1920 cuando realmente se estudió y analizó en detalle su composición química que
ayudó a entender, entre otras cosas, de dónde provenía ese sabor amargo.
La científica que está detrás de ese hallazgo se llama Michiyo Tsujimura. Gracias a su curiosidad e increíble capacidad de
desmenuzar las hojas del té, pudo concluir que este tenía elementos curativos y beneficiosos para la salud.
Michiyo Tsujimura fue la primera mujer en obtener un doctorado en agricultura en Japón.
Pero ¿cómo logró liderar este descubrimiento en un mundo científico que por aquel entonces era dominado por
hombres? Aquí te lo contamos.
Una pionera de la ciencia en Japón
Michiyo Tsujimura nació en 1888 en lo que hoy es la ciudad japonesa de Okenawa, en la prefectura de Saitama.
Estudió en la Escuela Normal para Mujeres de Tokio, donde se graduó en 1909.
Más tarde, entró en la División de Ciencias Bioquímicas en la Escuela Superior para Mujeres de Tokio.
El té verde es parte importante de la cultura nipona. En la foto, un hombre vende la infusión en las calles de Japón en la
década de 1950.
Allí, descubrió su interés por la investigación científica, una rama que hasta ese momento estaba mayormente liderada
por hombres.
Y se encontró con otras mujeres que estaban marcando el camino, entre ellas, Kono Yasui, una reconocida bióloga y
bioquímica celular, quien se convirtió en la primera mujer japonesa en doctorarse en ciencias y que inspiró
profundamente a Tsujimura.
Tras graduarse en 1917, Tsujimura se dedicó a dar clases de ciencias en los pioneros institutos femeninos.
Pero su enorme interés por aprender la llevó a dar un paso más allá, incorporándose a la Universidad Imperial de
Hokkaido, donde no se aceptaban alumnas mujeres.
Kono Yasui, una reconocida bióloga y bioquímica celular, se convirtió en la primera mujer japonesa en doctorarse en
ciencias e inspiró profundamente a Tsujimura.
Su manera de entrar, entonces, fue como asistente del Laboratorio de Nutrición y Alimentos del Departamento de
Química Agrícola, trabajo por el que no recibía remuneración.
En este sitio se dedicó al estudio de los gusanos de seda y su nutrición. Y así, poco a poco, comenzó a ganar cierto
reconocimiento.
Vitamina C
Pero su verdadera pasión no la encontraría en los gusanos sino un par de años más tarde, en 1923, cuando se integró
a Riken, el enorme y reputado instituto de investigación de Ciencias Naturales de Japón.
Allí se incorporó al laboratorio en el que se estudiaba química y nutrición en el ámbito de la agricultura, y trabajó de
cerca con Umetaro Suzuki, un científico famoso por descubrir y extraer con éxito la vitamina B1 del salvado de arroz.
La vitamina C se puede encontrar en el té verde y también en alimentos como el limón, naranjas o zanahorias.
A Tsujimura le atrajo particularmente el té verde, una bebida que por ese entonces (y hasta ahora) era muy popular en
Japón, China y otros países asiáticos pero que, increíblemente, se había estudiado poco.
Así, en 1924, gracias a una investigación conjunta con su colega llamado Seitaro Miura, Tsujimura descubrió la fuerte
presencia de vitamina C en las hojas con las que se preparaba la infusión.
Según la Universidad de Ochanimuzu de Japón, este hallazgo generó que al otro lado del mundo, en Occidente, y
particularmente en Estados Unidos, aumentara fuertemente el interés por el té verde.
En las últimas décadas, el interés por el té verde en Occidente ha crecido fuertemente, lo que ha provocado un enorme
aumento de su exportación desde países asiáticos.
Y, con ello, las exportaciones de esta bebida desde Japón a América del Norte.
Doctora en agricultura
Sus investigaciones, sin embargo, no terminarían ahí.
En 1929, la científica japonesa logró aislar y extraer un flavonoide llamado catequina, un poderoso antioxidante natural
que, entre otras cosas, ayuda a prevenir el daño celular, y es responsable del sabor amargo al té.
Michiyo Tsujimura trabajando en el laboratorio.
Al año siguiente, Tsujimura logró extraer la catequina en forma de cristales. Lo mismo hizo con el tanino, otro
componente antioxidante del té verde.
De acuerdo con la Universidad de Ochanomizu, esta investigación requirió de "mucha paciencia" porque necesitaba
hervir una gran cantidad de té verde repetidamente para obtener una pequeña cantidad de cristales.
Pero la científica sabía que la paciencia era un principio clave en su trabajo.
"La química no es adecuada para aquellos que quieren ver resultados en un período de tiempo determinado", dijo en
una ocasión.
Luego, publicó su tesis con ambos descubrimientos (vitamica C y catequina), titulada "Sobre los componentes químicos
del té verde", con la que se convirtió en la primera mujer en obtener un doctorado en agricultura en su país en 1932.
Michiyo Tsujimura junto a otras científicas pioneras en Japón.
No obstante, su interés por el té verde continuó y en 1934 logró aislar galocatequina, otro compuesto flavonoide que
tiene beneficios para la salud.
En 1935 patentó su método para extraer cristales de vitamina C de las plantas. Este procedimiento hoy se utiliza a larga
escala en el mundo y se presenta en forma farmacéutica a través de suplementos nutricionales orales.
Una década más tarde, Tsujimura fue nombrada [Link] de la Universidad de Ochanimuzu, donde terminó siendo la
primera mujer en ocupar el cargo de decana de la Facultad de Economía Doméstica.
China, Japón y Vietnam tienen enormes cultivos de la planta del té verde.
Después de retirarse de la Universidad de Ochanomizu, en 1955, impartió clases en la Universidad de Mujeres de Jissen
hasta mediados de los años 60.
Un año antes de su muerte, en 1968, la científica miró hacia atrás en su carrera como investigadora y les dijo a sus
estudiantes: "Mi trabajo de investigación estaba lleno de dificultades pero fue muy agradable".
"No encontrar arrepentimientos en mi vida fue mi felicidad suprema", agregó.
Tsujimura disfrutó hasta sus últimos días de largas caminatas junto a su perro. Finalmente, murió en Toyohashi el 1 de
junio de 1969 a la edad de 81 años.

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