TEMA 7. EL EMPIRISMO: LOCKE Y HUME.
► INTRODUCCIÓN.
En el tema anterior, ya hemos analizado la primera gran corriente de la Modernidad:
el racionalismo. Ahora estudiaremos la corriente opuesta, el empirismo, cuyos máximos
representantes son John Locke y David Hume. El empirismo moderno, pues, es una
respuesta al racionalismo cartesiano. Desde el punto de vista de la teoría del
conocimiento, esta respuesta consiste fundamentalmente en negar la existencia de ideas
innatas, mediante la afirmación de que la experiencia es la fuente y el límite del
conocimiento humano.
Sin embargo, Locke y Hume no se limitarán a tratar el problema del conocimiento,
sino que también desarrollarán una teoría ética y política, participando así de los ideales,
intereses y preocupaciones de la Ilustración (siglo XVIII).
1. JOHN LOCKE (1632-1704).
1.1. VIDA Y OBRAS.
Nace en Bristol, dentro de una familia protestante y cercana al puritanismo
(calvinismo conservador). Estudió medicina en Oxford, pero se dedicó a ser profesor de
griego, retórica y filosofía en esa misma universidad. Aunque en un principio su
pensamiento político era conservador, poco a poco se va inclinando hacia el liberalismo.
En 1679, los liberales son perseguidos por la monarquía absolutista, por lo que Locke se
exilia en Holanda en 1683. Durante la Revolución Gloriosa, en 1668, vuelve a Londres
y se convierte en líder intelectual de los liberales.
De sus obras, destacaremos Ensayo sobre el entendimiento humano (1690). En esta
obra, Locke defiende que no se trata de explicar el mundo por medio de la experiencia,
sino de poner los límites del conocimiento en la experiencia misma: más de ella no hay
verdadero conocimiento, porque todo conocimiento procede de ella.
En el fragmento de dicha obra propuesto para la PAU, John Locke plantea tres ideas
básicas:
Todas las ideas, simples o compuestas, provienen de la sensación o de la
reflexión.
Las ideas simples ni se pueden inventar ni se pueden destruir.
La fuente de nuestro conocimiento son los cinco sentidos tradicionales.
1.2. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO: EL PROBLEMA Y LOS
LÍMITES DEL CONOCIMIENTO.
1.2.1. Definición y génesis de las ideas.
El análisis del conocimiento que hace el empirismo es de tipo psicológico. Para
Locke, igual que para Descartes, nuestro conocimiento es conocimiento de ideas y las
ideas representan a las cosas (teoría representacionista). La diferencia es que Locke,
como empirista, sitúa el origen de estas en la experiencia, mientras que el racionalismo
cartesiano defendía su innatismo. Locke se apoyará en una tesis fundamental: la
experiencia impone los límites de nuestro conocimiento porque todos nuestros
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conocimientos provienen de ella y, además, solo podemos tener certeza acerca de lo que
cae dentro de dichos límites de la experiencia. En resumen:
Las ideas son el objeto inmediato de nuestro conocimiento (se incluye todo lo
que conocemos o percibimos, sea un color, un dolor, un recuerdo, etc.).
Las ideas son imágenes o representaciones de la realidad exterior.
En cuanto a su génesis, ¿cómo se originan las ideas, nuestros conocimientos a partir
de la experiencia? En el libro segundo del Ensayo explicará el origen y tipos de ideas.
Todas proceden de la experiencia a través de los sentidos. Distingue dos fuentes de
conocimiento o de obtención de ideas:
Los sentidos externos, que nos informan de los objetos externos y proporcionan
ideas de las cualidades sensibles como las del amarillo, del calor, de lo duro, de
lo amargo, etc. Serían las ideas de sensación –que provienen de las cualidades
de las cosas-.
Los sentidos internos, que nos informan de las operaciones internas de nuestra
propia mente, proporcionando ideas de las diferentes actividades de la misma,
tales como las de percepción, de dudar, conocer, querer, etc. Son las ideas de
reflexión.
Además, según Locke, un hombre empieza a tener ideas cuando tiene la primera
sensación. Las ideas en el entendimiento son simultáneas a la sensación.
1.2.2. Clases de ideas.
Locke distinguirá las ideas en dos grandes grupos: ideas simples (con tres subclases)
e ideas complejas (con tres subclases).
A) IDEAS SIMPLES: no son combinaciones de otras ideas, son como átomos de
conocimiento. Aquellas en las que la mente no puede distinguir ideas diferentes
y que le llegan a través de los sentidos sin mezcla (ejemplos: la frialdad y dureza
de un pedazo de hielo, el perfume de una rosa, etc.). Estas ideas no pueden ser ni
fabricadas ni destruidas por la mente. Se trata de percepciones claras y
distintas (para Descartes, eras ideas claras y distintas). Además, según el modo
como llegan a la mente, las ideas simples se clasifican en:
1. Ideas de sensación: se obtienen a través de los sentidos (colores, ruido, etc.).
Provienen, pues, de la experiencia externa, se obtienen a través de los sentidos
externos. Distinguirá aquí, a su vez, de cualidades primarias (tienen un valor
objetivo, son inseparables de los cuerpos, propias de las cosas: tamaño, figura,
movimiento, extensión, etc.) y de cualidades secundarias (tienen solo significación
subjetiva para el individuo que siente o percibe el olor, el sonido, el color…. No
existen en las cosas, un olor o un sabor no existiría si no existiera alguien que los
pudiese experimentar).
2. Ideas de reflexión: los conceptos del pensar, del querer, del desear, etc.
3. Ideas de sensación y reflexión: de la unión de las dos anteriores, surgen otras como
el placer, el agrado, el desagrado, dolor, etc.
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B) IDEAS COMPLEJAS: surgen de la relación, asociación y combinación de ideas
simples debido a la actividad del entendimiento. Hay tres clases de ideas complejas:
1. De sustancias: una idea de sustancia es una idea de una cosa que puede existir en sí
(árbol, animal, flor, etc.). Ahora bien: lo único que percibimos es el color, el olor, etc.
Así que, por ejemplo, no sabremos qué es la rosa, sino que suponemos que por debajo
de esas cualidades hay algo desconocido que le sirve de soporte. Así que nuestras ideas
de sustancias particulares, por ejemplo, de una rosa, se forman de la siguiente manera:
1) percibimos un conjunto de ideas simples que nos aparecen unidas. 2) Nos referimos
al conjunto de ellas con un único nombre. 3) Tenemos una idea de la sustancia en
general que concebimos como “soporte” de las cualidades sensibles. 4) Aplicamos esta
idea al conjunto de las cualidades sensibles, suponiendo además que proceden de la
estructura interna o esencia de la sustancia.
En resumen, no conocemos la sustancia, no sabemos qué es realmente eso que
denominamos “rosa”. Suponemos que ese trozo de materia habrá de tener una
determinada estructura o esencia en virtud de la cual tiene esas cualidades y no otras.
2. De modos: son las ideas complejas de cosas que no pueden subsistir por sí, sino que
subsisten en otras: los modos son estados y propiedades de cosas que solo se dan en la
sustancia (parecidas a las categorías aristotélicas, “estar sentado”, “estar agradecido”,
etc.).
3. Ideas de relación: resultan de la comparación de una idea con otra (la relación causa-
efecto, por ejemplo).
1.2.3. La realidad distinta de las ideas: Dios, yo y cuerpo o mundo.
Si nuestro conocimiento es conocimiento de ideas, ¿se puede demostrar la existencia
de cosas fuera de nuestra mente? Pues Locke no dudará de la existencia de una realidad
distinta de nuestras ideas. Su misma noción de idea, como representación, implica que
existe una realidad de la cual la idea es representación o imagen. Así que seguirá a
Descartes al distinguir tres grandes ámbitos de la realidad, correspondientes a las tres
sustancias cartesianas: pensante (yo, cogito), extensa (cuerpos, mundo) e infinita (Dios).
De la existencia del yo tenemos certeza intuitiva (“Pienso, luego existo”).
De la existencia de los cuerpos, tenemos certeza sensitiva: nuestras
sensaciones son producidas por ellos.
De la existencia de Dios, certeza demostrativa: podemos demostrar su
existencia utilizando el principio causal (Dios es la causa última de nuestra
existencia).
1.3. TEORÍA POLÍTICA DE LOCKE: EL CONTRATO SOCIAL.
Locke se basará, principalmente, en el concepto de derecho natural. Según Locke, existe
una ley de naturaleza que es la razón misma en cuanto tiene por objeto las relaciones entre los
hombres y que prescribe la reciprocidad perfecta de tales relaciones. Locke, al igual que
Hobbes, vinculará esta regla de reciprocidad con la de la igualdad originaria de todos los
hombres pero, a diferencia de Hobbes, considera que esta regla limita el derecho natural de
cada uno con un derecho igual de los demás: no es el estado natural ni presocial ni premoral,
sino que viven en familia y en un orden social establecido. Pero, además, ni aún en este estado
la libertad consistiría en que cada uno viva como le plazca. El derecho natural del hombre se
limita a la propia persona y, por lo tanto, es derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad en
cuanto ésta es producida por el propio trabajo. Este derecho implica también el de castigar al
ofensor y el de ser ejecutor de la ley de la naturaleza. Pero tampoco este derecho implica el uso
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de una fuerza absoluta o arbitraria, sino sólo aquella reacción que la razón señala como
desproporcionado a la transgresión. Y el estado de naturaleza no es, necesariamente, un estado
de guerra –como quería Hobbes-. Para evitarlo, los hombres se organizan en sociedades y
abandonan el estado de naturaleza, se constituye un poder civil cuya justicia consiste en que se
puedan garantizar a los hombres sus derechos pacíficamente. Así, el poder civil surge de un
consentimiento y un acuerdo entre todos los ciudadanos, es elegido por ellos. De este modo, el
poder civil garantiza la libertad y no es un poder absoluto o tirano.
Por otro lado, el poder legislativo determina el modo de emplear la fuerza de la comunidad
para conservar a la propia comunidad y a sus miembros. A este poder se le exige varias cosas:
1. Las leyes promulgadas no deben variar en ningún caso particular, sino que tienen que
ser iguales para todos.
2. Las leyes tienen que ir dirigidas al bien del pueblo.
3. No se pueden imponer tasas sin consentimiento del propio pueblo.
4. no puede transferir a otros su facultad de legislar.
Junto al poder legislativo, existe un poder ejecutivo al cual se transfiere la ejecución de las
leyes formuladas por el primero. También hay un poder federativo que representa a la
comunidad frente a otras comunidades y al que competen decisiones en torno a la guerra y la
paz, alianzas, etc. Además, los poderes ejecutivo y federativo han de estar en las mismas
manos, pues son prácticamente inseparables.
Después de la constitución de una sociedad política, el pueblo tiene el poder supremo de
suprimir o alterar el poder legislativo. Cada uno tiene el derecho de defenderse contra los
mismos legisladores cuando estos pisotean las libertades y las propiedades de los súbditos.
También puede alterar el pueblo el poder legislativo cuando éste no actúe con el fin del bien
público.
En resumen, Locke es un defensor a ultranza de la libertad, de la libertad religiosa y de
conciencia y de la democracia. Sólo se debe ser intolerante con la intolerancia y el fanatismo.
1.4. LA ÉTICA DE LOCKE.
No ha dejado ningún escrito sobre la moral en sentido estricto. Sabemos que era partidario
del carácter racional o demostrativo de la ética: no se puede proponer ninguna regla moral
de la que no se tenga que dar razón, que la razón de tales reglas debería ser su utilidad para la
conservación de la sociedad y del bienestar público.
En su Ensayo sobre el entendimiento humano afirma que las ideas morales derivan de la
experiencia sensible, pero las relaciones entre éstas son de tal envergadura que “la moralidad
puede ser demostrada, lo mismo que la matemática”. ¿Cuáles son los términos morales claves?
bueno es lo que causa placer o disminuye el dolor; malo lo que causa dolor o disminuye el
placer. El bien moral es la adecuación de nuestras acciones a una ley cuyas sanciones son las
recompensas del placer y los castigos del dolor. Según este punto de vista, los juicios morales
se basan en un examen racional de los conceptos morales.
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2. DAVID HUME (1711-1776).
2.1. VIDA Y OBRAS.
Nace en Edimburgo (Escocia), en una familia acomodada. Estudió derecho pero se
interesó por la Filosofía, la Economía, la Política y la Historia. Fue bibliotecario de la
Facultad de Derecho de Edimburgo, secretario de la Embajada inglesa en París y
subsecretario de Estado.
De sus obras, destacaremos Investigación sobre el entendimiento humano (1748).
Aquí, Hume expondrá las tesis principales de su empirismo: todo conocimiento procede
de la experiencia, de las percepciones, que produce en nosotros impresiones e ideas; así,
de lo que no hay percepción no hay verdadero conocimiento. Las ideas se combinan
siguiendo la ley de asociación de éstas. En el fragmento del texto de la PAU, se analiza
cuál puede ser el fundamento de la idea de causalidad (fuerza o conexión necesaria, se
llama también). Conclusión: tal idea no tiene una validez objetiva, sino que se
fundamenta en la costumbre de unir acontecimientos que se presentan siempre uno a
continuación del otro. De este modo, en dicho texto encontraremos dos nociones
fundamentales:
Conexión necesaria: es algo que no puede no ser, que no puede ser de otra
manera. Una conexión necesaria sería una relación entre dos objetos o ideas que
no pueden no darse. Se refiere, pues, al concepto de causa o a la relación causa-
efecto. Lo que pretende en el texto es encontrar en qué se fundamenta esa
relación.
Relación causa-efecto: el principio de causalidad (“toda causa tiene un efecto”)
es el principio lógico que enuncia la relación causal. Hume, ateniéndose a las
impresiones, quiere averiguar en qué se fundamenta tal relación, más allá de lo
que la experiencia nos muestra: que un suceso va seguido de otro.
En resumen, lo único que se ha podido encontrar es que un suceso sigue a otro, pero
no el vínculo necesario que los une. Por ejemplo, vemos que a un relámpago le sigue
una tormenta. Suponemos que hay una relación entre ellos por nuestra experiencia, lo
asociamos directamente. Así, nuestra mente, por el hábito que surge de esas
percepciones repetidas, tiene la seguridad de que volverá a ocurrir y forma una conexión
necesaria entre ellas. Esa conexión que sentimos en la mente es el sentimiento o
impresión de donde se forma la idea de conexión necesaria. Sólo tras la repetición
continuada del acontecimiento se establece en la imaginación la conexión entre ellos y
que ambos están conectados con suficiente evidencia, y en dicha evidencia se
fundamentan todos nuestros razonamientos sobre las cuestiones de hecho.
Recapitulando:
Toda idea es copia de alguna impresión o sentimiento precedente.
Si no hay impresión, no hay idea.
En sucesos aislados, no existe nada que produzca la impresión de una conexión
necesaria.
Cuando se repite siempre el mismo suceso se establece una conexión en el
pensamiento.
Esa conexión en la mente es lo que produce la idea de causa.
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2.2. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO.
2.2.1. Impresiones e ideas.
Hume acepta que todo nuestro conocimiento depende de la experiencia, pero no
acepta el concepto de idea de Locke por impreciso. Así que para desarrollar su teoría
del conocimiento, Hume partirá de la percepción (todo contenido de nuestra conciencia,
cualquier cosa que pueda presentarse en nuestra mente, a través de la percepción o
ejercitando nuestro pensamiento o reflexión). La diferencia fundamental entre
impresiones e ideas es la intensidad con que las percibimos (las primeras son más
intensas y las ideas contenidos mentales menos intensos). La relación que existe entre
ambas es igual que entre original y copia: las ideas derivan de las impresiones, siendo
las impresiones los elementos originarios del conocimiento. Así:
A) IMPRESIONES: datos inmediatos de la experiencia (sensaciones,
sentimientos: oír, ver, odiar, desear, querer…). Por ejemplo, si escucho una
canción bonita, siento una emoción que es una impresión. Pueden ser, a su
vez:
1. De sensación: las atribuimos a la acción de los sentidos (vemos, oímos,
sentimos…).
2. De reflexión: van asociadas a nuestros estados de conciencia (aversión
ante el frío, placer por comer algo, etc.).
3. Simples: la percepción de un color, de un sonido, etc.
4. Complejas: la percepción de una ciudad, por ejemplo.
B) IDEAS: copias debilitadas de las impresiones en el pensamiento: la idea es
un recuerdo actual de una impresión pasada. Y una idea será verdadera si
podemos mostrar su impresión correspondiente (por ejemplo, si he sentido
frío dentro de un congelador, que es una impresión, tendré la idea de frío en
el congelador porque he tenido esa impresión con anterioridad). Se clasifican
en:
1. Simples: son copias de impresiones simples.
2. Complejas: copias de impresiones complejas.
2.2.2. ¿Qué mecanismos psicológicos asocian ideas?
El sujeto produce ideas complejas agrupando las impresiones o ideas simples,
siguiendo las tres leyes de asociación. Son leyes que no se refieren a los objetos,
sino que describen actividades psicológicas de los sujetos; reflejan que la mente
tiene la costumbre o el hábito de actuar de este modo con las ideas. Por otro lado,
aquí intervienen las facultades de la memoria y de la imaginación:
1. Ley de semejanza: la imagen que vemos representada en un cuadro nos
lleva de modo natural a pensar en el original.
2. Ley de contigüidad: si nombramos la Mezquita, nos viene a la mente la
idea de Córdoba.
3. Ley de causalidad: si nos referimos a un hijo, pensamos naturalmente en los
padres.
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2.2.3. Tipos de conocimiento.
Hay dos formas o tipos de conocimiento válidos:
1. Los conocimientos de relaciones entre ideas: pertenecen al ámbito de las
ciencias (Geometría, Matemáticas, Lógica…). No nos informan acerca de la
realidad. Estos conocimientos son formales y vacíos de contenido empírico.
Dependen exclusivamente de la actividad de la razón. Por ejemplo, la
proposición “el cuadrado de la hipotenusa es igual al cuadrado de los dos
lados de un triángulo rectángulo” expresa simplemente una determinada
relación entre los lados del triángulo, independientemente de que exista o no
un triángulo en el mundo. Pase lo que pase en el mundo, esta proposición
será verdadera.
2. Los conocimientos de hecho o cuestiones de hecho: los logramos a través
de la experiencia, de las impresiones. Así, “en la clase sólo hay cinco
alumnos”. Lo contrario a este enunciado siempre sería posible. Por ejemplo,
si digo “El sol saldrá mañana” y “el sol no saldrá mañana”, tampoco será
contradictorio ni una falsa, porque lo basamos en la relación causa-efecto,
porque la experiencia siempre nos lo ha mostrado así. Surge por la
experiencia y estas causas-efectos solo pueden ser descubiertas por la
experiencia, no por la razón.
2.2.4. La sustancia.
Es más radical que Locke –para éste, la sustancia existía pero era incognoscible-. Sin
embargo, para Hume, la sustancia no existe. Por otra parte, además de criticar la noción de
sustancia extensa como Locke, criticará la idea de “yo” o sustancia pensante. No tenemos
impresiones de las que puedan seguirse la idea del “yo”. Si el “yo” existe nunca es percibido y
no podemos, por tanto, tener ninguna idea simple de él.
La teoría del conocimiento de Hume nos conduce al fenomenismo y al escepticismo.
2.2.5. Crítica a los conceptos de causa y conexión necesaria.
Al distinguir entre impresiones e ideas como elementos del conocimiento, Hume está
radicalizando el empirismo, pues considera que a toda idea le ha de corresponder
siempre una impresión. Cuando no sea posible hallarla, hemos de concluir que estamos
ante una ficción o un concepto sin significado. Así, Hume instaura el criterio de
verdad: si queremos saber si una idea es verdadera, tendremos que hallar la impresión
correspondiente; si no la encontramos, es falsa. Nuestro conocimiento de los hechos
queda reducido a nuestras impresiones actuales (lo que captamos por los sentidos en ese
momento) y a nuestros recuerdos o ideas de impresiones pasadas, pero nunca podremos
tener conocimiento de lo que va a ocurrir en el futuro, porque no tenemos impresiones
de los que aún no ha sucedido.
Hume explica que la certeza que tenemos de que en el futuro se van a producir ciertos
hechos de los que no tenemos aún impresión alguna es porque recurrimos a la inferencia
causal: sabemos que el fuego calienta el agua porque entendemos que el fuego es la
causa que produce el efecto del calentamiento del agua. Inmediatamente, establecemos
entre la causa y el efecto una conexión necesaria. Sin embargo, Hume rechazará la
existencia de una conexión necesaria entre la causa y el efecto porque no tenemos
impresión de ella, porque la idea de conexión necesaria es una idea abstracta, sin
ninguna referencia sensorial. No enuncia una ley de las cosas, sino una ley de nuestro
modo de pensar las cosas, al crear una asociación basada en la costumbre y en el
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hábito. Creemos y suponemos que al poner un cazo de agua en el fuego se calentará,
pero no tenemos un conocimiento riguroso y seguro de hechos futuros, sino una
suposición o creencia.
2.3. EL CONOCIMIENTO DE LA REALIDAD: MUNDO, YO Y DIOS.
Hume lleva hasta sus últimas consecuencias los presupuestos de la filosofía empirista,
desembocando en el fenomenismo (todo es fenómenos, percepción, impresiones) y en el
escepticismo (no creer en nada más allá de los fenómenos).
El mundo: Hume deshecha los argumentos de Locke para demostrar la existencia de
los cuerpos, de la realidad fuera de nuestra mente y de nuestras percepciones.
Creemos que los objetos y las percepciones son una sola cosa: pero las percepciones
nos pertenecen y los objetos no, porque están fuera de nosotros.
El alma, el yo: al haber rechazado la idea de sustancia, no podemos seguir
manteniendo la idea de alma, no tenemos ninguna impresión de la que pueda derivar.
Y no encontramos en nosotros ninguna impresión que origine la idea del yo, sino que
lo que descubrimos son emociones, pensamientos, etc. que aparecen
ininterrumpidamente. Solo la memoria crea nuestra conciencia de identidad: aunamos
nuestras impresiones en torno a un supuesto yo permanente a través del tiempo y
creando en nosotros la confusión de ser un sujeto estable.
Dios: basándose en lo anterior, para este autor no tendrán validez las demostraciones
metafísicas de la existencia de Dios. Además, la idea de cualquier sustancia es falsa.
En resumen, nuestras impresiones no proceden ni de Dios, ni del mundo. En realidad, no
sabemos de dónde vienen, ni podemos saberlo, porque eso nos llevaría a querer conocer más
allá de las impresiones, lo cual es imposible, pues las impresiones son el límite de nuestro
conocimiento. Tal y como hemos señalado con anterioridad, es así como Hume cae en el
fenomenismo (la realidad queda reducida a puros fenómenos, a simples apariencias). No
podemos aceptar la existencia de una realidad exterior como causa de nuestras ideas e
impresiones, ni tampoco la existencia de una mente o un yo que les sirva de soporte.
2.4. POLÍTICA, ÉTICA Y RELIGIÓN.
2.4.1. Política.
Respecto a la teoría del Contrato Social, es verdadera en cuanto afirma que el pueblo es el
origen de todo poder y jurisdicción y que los hombres, voluntariamente y para obtener la paz y
el orden, abandonan la libertad natural y aceptan leyes de sus iguales y compañeros. Pero,
muchas veces, los gobiernos y los Estados nacen de revoluciones, conquistas y usurpaciones.
Para Hume, hay dos clases de deberes:
1. Los que no proceden de una obligación: el hombre es impulsado a éstos por un instinto
natural (amor a los hijos, gratitud con los bienhechores y piedad hacia los
desgraciados).
2. Los que brotan de un sentido de obligación que surge de la necesidad de la sociedad
humana: justicia y respeto a la propiedad de los demás, fidelidad a las promesas,
obediencia política o civil.
Este último deber, el de la obediencia civil, no nace de la obligación de fidelidad al pacto
originario –como sí afirma la doctrina del contrato social- sino que para Hume la única razón
de la obediencia civil es que, sin ella, la sociedad no podría subsistir.
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2.4.2. La ética.
Considera que los conceptos de bien y mal no son racionales, sino que nacen de una
preocupación por la propia felicidad. El supremo bien moral es la, simpatía, la empatía, la
compasión, la solidaridad y la benevolencia, un interés generoso por el bienestar general de la
sociedad.
Su teoría será el emotivismo moral: teoría ética según la cual el fundamento de la
experiencia moral no lo encontramos en la razón, sino en el sentimiento que las acciones y
cualidades de las personas despiertan en nosotros. Así, según Hume:
La razón no puede determinar nuestro comportamiento.
Los juicios morales no se basan en la razón, en el conocimiento de los hechos, sino que
se basan en el sentimiento, un sentimiento que es natural, espontáneo y desinteresado.
Hume le otorga cierto papel a la razón: ésta puede ayudarnos a decidir cuáles son las
consecuencias de cada acción, útiles o perjudiciales, debe tener cierto papel en la experiencia
moral. Pero la razón por sí sola es insuficiente.
La moral descansa fundamentalmente en los sentimientos, el sentimiento moral es universal,
siendo el básico el de “humanidad”: sentimiento positivo por la felicidad del género humano,
y resentimiento por su miseria. Así, llamamos virtuosas a aquellas acciones que despiertan en
nosotros dicho sentimiento y vicios a las que despiertan el sentimiento negativo.
2.4.3. La religión.
Abordará el fenómeno religioso de una manera muy crítica, siendo consecuente con su teoría
del conocimiento: negará la existencia de una religión natural porque la considera inexplicable
e inalcanzable al entendimiento. Por otra parte, afirma que la religión no se fundamenta en la
razón, sino en los sentimientos de ignorancia, de temor y de miedo. La religión es
consecuencia de una suma de instintos y de sentimientos, para los cuales no se encuentra una
explicación satisfactoria, reconociendo que es un misterio inexplicable. De nuevo, Hume
desemboca en la duda y en el escepticismo.