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El Arte de La Perseverancia

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EL ARTE DE LA

PERSEVERANCIA
una novela de la guerrilla en

México

ANGEL ESCAMILLA
El arte de la
perseverancia

Ángel Escamilla

1
“Savor what you feel and what you see

Things that may not seem important now

But may be tomorrow”

Chuck Schuldiner

Imagen en portada:

“Aggravation” (1871) de Briton Rivière

2
Una historia que contar

La fila del banco avanzaba tan lenta y las manecillas del reloj
tan rápido. Sus manos exhibían el nerviosismo que intentaba
ocultar. Alerta. Su compañero estaba literalmente armado con
la experiencia y con lo que parecía ser una sonrisa burlona. Él
seguía moviendo las manos, las introducía en los bolsillos y las
sacaba otra vez luego, impaciente acariciaba el papel que
llevaba entre los dedos, luego miró a su compañero, se
preguntaba, si reía o no.

En un intento por tranquilizarse lanzó la pregunta -¿Te gustan


los Beatles?- Cruzando los brazos y girando la cabeza con
tranquilidad, con tanta, que tal vez por ello le llamaban “El
Viejo” se limitó a responder: -No. Me cagan esos maricones. A
mí me gusta Black Sabbath.

La fila del banco seguía moviéndose tan rápido como el trámite


burocrático de quien no tiene para pagar la mordida, una de las
tantas facetas que tiene la corrupción en México, que aunque
dañina es la más sólida de sus instituciones.

Secó el sudor de sus manos e intentó distraerse mirando al


policía que recargado en una columna platicaba con una de las
secretarías a la cual miraba el escote cuando se distraía. Chistes
prefabricados de él y sonrisas tal vez fingidas de ella -¿Qué
pasaría después?- Se preguntaba el fisgón. Tal vez el “azul” la
invitaría a salir y tal vez a ella le gustaban los tipos en
uniforme. Una cena. Una comida o quién sabe qué tan locas se

3
pusieran las cosas y en una de esas irían directo al hotel.
“Tiempos locos” dirían sus madres. La secretaría seguía
escribiendo a máquina mientras el uniformado miraba sus
lindos pechos.

“El Viejo” salió de la fila dejando a su compañero aún más


inquieto acercándose al policía – Disculpe ¿Dónde se
encuentra la otra sucursal?- Al ser interrumpido sus ojos
viajaron desde un escote que enmarcaba unos senos de
interesante tamaño hasta una cara, que tal vez, le sonreía.
Respondió condescendientemente y como un pollo levantó su
brazo como un ala y le señaló la dirección indicada. La sonrisa
sarcástica desapareció y tomó el brazo del policía torciéndole
la muñeca y mientras el agente del orden se doblaba del dolor
le golpeó la cara, tan fuerte, que la sangre le ahogaba al
respirar. Luego fue despojado de su arma. Su compañero con
sudor en las manos y tal vez con orina en los pantalones, arma
en mano, una que seguramente era más peligrosa para él
mismo, corrió hacia las cajas.

Sin embargo podríamos detener el tiempo para explicar un


pequeño detalle, pequeño pero muy importante.

Semanas antes de decidir el día, hora y casi el minuto en el


cual “El Viejo” decidió hacer la expropiación éste notó que el
banco en cuestión era generalmente vigilado por dos policías.
Un banco pequeño pero que se veía con mucha actividad y por
lo tanto debía manejar cantidades interesantes de efectivo –¡Tú
y tus pendejadas¡- Le gritó “Moisés” al escuchar su

4
razonamiento –El que tenga un chingo de gente no implica que
tenga un chingo de dinero- remató.

-Sí, cabrón. Pero está bien ubicado para escapar rápido, la


avenida Tacuba nos queda perfecta. Además esos tres son
nuevos y necesitan foguearse, vienen directo de las repartizas,
y ese chavo ni siquiera ha leído El Capital- Defendió su punto
“El Viejo”.

-¡Y dale otra vez!, entre este pinche mamón y el otro culero no
me dejan en paz- pensó mientras escuchaba a sus verdugos- El
muchacho sin experiencia y de una familia de clase media, de
escuchar a Los Beatles y a Enrique Guzmán -¿Qué pedo
contigo? ¿Cómo que a Enrique Guzmán?- Pasó a un régimen
donde lo tenían, entre “El Viejo” y “Moisés” leyendo a Marx y
a Lenin medio día, la otra mitad practicando tiro y box.
Torturas aplicadas por el mamón de “El Viejo” y el culero de
“Moisés” respectivamente. Apenas 18 primaveras y el
muchacho que estudiaba para economista -¡El primer
licenciado en la familia!- se volvió guerrillero.

-Está bien- continuó “Moisés” –¿Entonces entramos tú y yo


primero? ¿O alguno de los dos conducirá? Porque estaría mejor
que tú y yo estemos con los nuevos y otro nos espere en el
auto-

Las sillas del pequeño comedor estaban distribuidas de tal


forma que al ocuparlas los cinco integrantes del comando
parecían una extraña familia, y en el extremo de dicha mesa se

5
encontraba “Ana”, la única mujer. “El viejo” apuntó hacia ella
con su dedo índice avisándole –Tú vas a manejar-.

En dicha cena se decidió, o mejor dicho, “El Viejo” lo hizo,


secundado por “Moisés” que él y “Luis” -¡Ah Chinga! ¡Te
pareces a Luis Echeverría!- entrarían al banco, se acercarían y
mientras el más experimentado sometía a uno de los policías el
guerrillero que se parecía al monarca sexenal en turno -¡Ah no
mames! ¡Sí se parece! Jajaja- iba a ir directo a las cajas
mientras “Moisés” y “Jesús” ingresarían con metralletas para
desvalijar a las cajeras. “Ana” les estaría esperando en el auto
con el motor listo para volar.

Sin embargo, tal vez un problema hepático, intestinal o simple


y sencillamente por ganas de quedarse en el excusado,
pensando sabe Dios en qué, un policía con treinta años de
servicio se tardó otros treinta minutos en el baño. Se subió los
pantalones y se lavó las manos con la misma calma que
permitió a su compañero, un indisciplinado policía nuevo y, él
no lo sabe pero también su reemplazo, poder platicar a gusto
con la “Yayita”. “El Viejo” y “Luis” esperaron impacientes
durante 25 minutos que apareciera el otro policía. Luego
asumiendo que ese día solo tendrían un solo problema el
responsable de la brigada decidió actuar.

Todavía con agua y olor a jabón en las manos el policía cagón


apenas había terminado de dar su primer paso dentro del banco
cuando vio a un jovencito armado corriendo hacia la caja.
Desenfundó su arma y le disparó. Herido en la espalda baja

6
“Luis” ya no puede ir “Arriba y adelante” y con un inmenso
dolor carcomiéndole se desplomó. Segundos más tarde
“Moisés” y “Jesús” entraron metralletas en mano rafagueando
al impuntual policía. “Jesús” disparaba a no matar pero lo hizo
y como si su cabeza estuviese llena de atole un espeso
remordimiento no le dejaba pensar. “Moisés” lanzó su arma al
“Viejo” que vigilaba a la gente e intentaba tranquilizarla y
luego tomó al herido y como si fuera un costal de papas lo
llevó afuera. “Jesús” depositaba el dinero en bolsas.

La herida de “Luis” se desparramaba en rojo. El dolor le


arrancó llanto ¿Qué iba a pasar? ¿Y si la Federal lo agarraba? -
¡Pónganse a trabajar! ¡Ociosos huevones!- Así se refería su
madre de los estudiantes cuando los veía en manifestaciones.
Miguel intentaba detener la hemorragia –Espérate Luisito,
ahorita te curamos- “El Viejo” y “Jesús” subieron un par de
minutos después. Luego “Ana” frenética piso el acelerador.
Pasaron varias calles. Iban a la máxima velocidad que el auto
les permitía. El semáforo en rojo. Parecía que no pasaban
automóviles. No vieron uno. Chocaron.

7
Simbólico

En el automóvil con los ojos vendados la llevaban. En esas


circunstancias una jovencita de 21 años parecería estar en
peligro, sin embargo, lo cierto era que estaba con desconocidos
y se dirigían a un lugar que, aún, no le tenían permitido
identificar. Aunque todo lo anterior por propia voluntad. La
calidez del auto le daba cierta tranquilidad aunque la inquietud
le invadía –Estás loca, vete. Simplemente di que te has
arrepentido y vete- pero no, no sería así.

El motor se detuvo. Llegaron. Caminando a ciegas percibía la


tierra y algunas piedrillas bajo sus pies. Era guiada por una
mano en su hombro izquierdo. Subió algunas escaleras. Le
indicaron que tomara asiento. Percibió la presencia de otras
personas que intercambiaban palabras hasta que una voz
masculina los interrumpió:

-Ustedes han apoyado al movimiento por el que peleamos. Han


repartido nuestro periódico. Han entregado mensajes o hecho
propaganda…

-Todavía te puedes ir-

… como saben han muerto muchos de nuestros compañeros, la


prensa y la televisión dicen que no existimos. La policía y los
perros de la Federal nos capturan, nos torturan y luego nos
desaparecen…

-¡Por el amor de Dios! ¡Vete!-


8
…asumirán riesgos que con suerte impliquen una muerte
rápida o tal vez lleguen al final de esta Revolución que
comenzó en Chihuahua en 1965 y quizás vean la destrucción
de la burguesía en México, esa que explota y deja caer sobre la
población su apetito voraz. Nosotros simplemente queremos
eliminar a un régimen que se ha escudado en una falsa
revolución. Que asesinó a nuestros compañeros en Tlatelolco,
en el Casco y en el resto del país. Somos el embrión del
ejército revolucionario que destruirá al Capital…

-¿Nada más?-

… como saben no usamos nuestro nombres. Su vida se quedó


allá afuera, su familia, novia o esposa. Ustedes se están
entregando a la Revolución. Si mueren algún compañero
notificará a su familia para que puedan recoger el cuerpo. Por
lo anterior necesitan un seudónimo.

En la penumbra que la venda le mantenía, empañada por la


duda, pudo visualizar perfectamente las palabras y en esa
especie de iniciación, solo pudo ocurrírsele un sobrenombre:
“Ana”. Como el nombre de su hermana.

++++

Los quejidos de “Luis” los regresó de la inconsciencia


provocada por el impacto. El automóvil no podría continuar.
Increíblemente el choque no lastimó a ninguno de ellos sin
embargo la angustia se volvió asfixiante al escuchar que

9
llegaban patrullas. “Moisés” cargo al herido, mientras “El
Viejo” detenía un auto apuntándole con su arma. No dijo nada
al conductor. La metralleta era elocuente. “Ana” y “Jesús”
hicieron los primeros disparos a la policía, las detonaciones
provocaron que los transeúntes se tirasen al suelo. Ambos
guerrilleros fallaban al disparar. Pero la policía logro darle al
hijo de María y José mientras corría. “El Viejo” quiso
recogerlo pues lo tenía a unos cinco o seis angustiosos pasos.
Sus compañeros seguían disparando. Cuando quiso dar el
primer paso un auto llegó frenando a toda velocidad. Era la
Federal. Boca arriba “Jesús” los vio y con pánico no pudo más
que enjugar la mirada, ponerse la pistola en la sien y así evitar
la captura. Sus compañeros lograron huir.

++++

La casa de seguridad daba la bienvenida con un zaguán negro


de metal que reclamaba por aceite con un rechinido. Un
pequeño patio que servía como estacionamiento lucía un poco
de hierba y una que otra flor miraba al sol. Se habían pagado
unos meses de renta por adelantado, el dueño de la casa no
hizo preguntas al ver los billetes y se imaginó todo tipo de
cosas al ver que su casa sería ocupada por estudiantes, pensó
en muchas, pero no que serían guerrilleros. Dicha casa era más
o menos grande en apariencia pero apenas daba abasto para las
actividades. La cocina con su mesa impotente era rodeada por
varias sillas desordenadas, tal vez siete, la ventana permitía al
sol iluminar un fregadero limpio, acompañado por una estufa
que no era muy utilizada que miraba al frente hacia una puerta
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que daba acceso al patio. Se podía ingresar a la cocina vía un
pasillo con un piso color verde que del lado izquierdo llevaba a
una estancia de buen tamaño, que habría podido fácilmente
albergar un comedor y una sala para una familia convencional,
sin embargo, periódicos que llamaban a la revolución, libros,
armas y balas estaban acomodadas tranquilamente. En el
centro sobre la mesa había sobres, planos, libretas y notas que
esperaban por ser revisadas una y otra vez. El pasillo de piso
verde en su costado derecho nos permitía subir unas escaleras,
tal vez con doce o quince escalones, y subir a otro pasillo
donde cuatro puertas, dos del lado izquierdo y dos del derecho,
nos hubieran recibido. El olor a pólvora quemada y otro tanto
de gasolina podían percibirse en el aire. La primera puerta del
lado izquierdo, oscura y solo visible con un foco, estaba
tapizada con gruesas capas de hule espuma, dicho privilegio
era por ser la más grande y donde se practicaba tiro. El
recubrimiento anulaba los sonidos que podían poner en
evidencia a los tiradores. Al fondo de la habitación, en una
hoja grande papel, un muñeco negro, herido, se dolía de las
prácticas.

El zaguán emitió su graznido y el automóvil que llevaba a los


guerrilleros se quedó descansando mientras “Moisés” llevaba
al herido a una de las habitaciones que llena de jeringas,
pastillas y aparatos médicos les esperaba junto a la de tiro. Para
intenciones tan distintas estaban dos puertas juntas: Una con el
fin de herir, la otra para curar.

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“Luis” fue colocado bocarriba mientras “Ana” se ponía guantes
y preparaba la jeringa. “Moisés” intentaba tranquilizar al
muchacho –Tranquilo, te vas a recuperar. Este fue tu bautizo-
le dio unas palmadas en el hombro y salió de la habitación. La
estudiante de medicina le inyectó sedante para que ya no
sintiera dolor, y quizá por el agotamiento o el pánico que había
aderezado su día se quedó callado, con los ojos entreabiertos
miró al techo luego al foco y de repente a los ojos de su
benefactora, tan dulces y tan oscuros como la noche, cuando
ella no lo notaba.

++++

-¡Cómo que no los agarraron! ¡Son unos pendejos!- Gritó con


sus ojos azules encendidos -¿Por qué no los agarraron?-
Cuestionó. Mientras el agente Rivera levantó la vista y sin
amedrentarse le respondió con voz firme: - Los policías que los
persiguieron no pudieron reaccionar adecuadamente ante las
metralletas, pues portan revólveres, y nuestros elementos
tardaron en llegar – se acomodó la corbata, no pudo contener
su incomodidad- pero ubicamos el último vehículo en el que
huyeron.

-¡A mí no me vas hacer pendejo, Rivera. Sabes bien que en


ese pinche carro no había más que sangre del herido. No hay
nada. Solo lo utilizaron para alejarse lo suficiente y luego tal
vez cambiar de auto- El Director de la Federal recuperó la
serenidad, calló un momento cómo esperando una réplica que
lo dejará satisfecho.

12
La noche fría se dejaba sentir y el sueño también. El agente
Rivera confiado puso la mano sobre el cofre del vehículo
policial y recargándose continuó: -Tenemos ubicados puntos
de distribución del periódico y varios contactos que nos están
dando información. Van a caer.

El jefe dio un paso atrás, tomó aire y tranquilamente, pues


estaba con alguien de confianza, continuó: -El asunto es el
periódicazo de mañana, además de darle confianza a esos
perros Gobernación va a presionar. Nosotros tenemos que
hacer ver que esa organización ya no existe, que sus restos se
hunden. Esto no ayuda.

Subió a su auto y mientras encendía el motor se despidió –


Sigue trabajando, Rivera. Ubícalos y si agarras alguno vivo ya
sabes qué hacer- El agente se despidió con un gesto y como
quien se sabe dueño de la ley, y cotidianamente de la vida y la
muerte caminó tranquilamente en la madrugada.

13
El frágil arte de la existencia

La oscuridad de la noche lo aplastó como una losa. Dormía o al


menos así le llamaba al acto acostumbrado de estar alerta hasta
que el sueño lo invadiera o algún sonido, un paso, un crujido o
alguna alerta imaginaria le interrumpiera el sueño, tomase su
arma y mirase a todos lados y ninguno asegurándose que
estuviera fuera de peligro, y luego repetir este proceso hasta
que su cuerpo se sintiera más o menos recuperado para andar a
salto de mata otra vez. Pero esa noche fue aún más inclemente.
Entre sueños, entre cada respiración como siempre podía
escuchar el latir de su corazón y ese suave pero constante
golpeteo de la sangre circulando a través de su oído. Su
vulnerabilidad le sabía amarga, en cualquier momento, en
cualquier instante se podría abrir la puerta permitiéndole a la
policía –esos pinches perros del Estado- como les llama, entrar
y capturarle. Tal vez tendría la oportunidad de hacer dos o tres
disparos, tal vez descargaría completamente su arma, tal vez un
par de aguijones dieran en el blanco, tal vez mataría a alguno
de ellos pero era seguro que no ganaría la batalla ni la guerra.
Pero lo supo desde un principio. Entre la caída en el sueño y
estar alerta, en ese limbo, se veía como agua, como agua en el
mar. Como una marea poderosa que choca contra la roca. La
roca inamovible soportó su embate y la ola murió. Pero
después de él un número infinito de ejércitos acuáticos
continuarían chocando. De forma tan bravía imaginaba la
revolución.

14
Un momento de claridad

-¿Hacer la Revolución?- Enunció conteniendo la risa mientras


acercaba la taza de café a sus labios -¿Quiénes? ¿Tú y los otros
cinco locos del partido con quiénes mejor te entiendes? No sé
cómo no te ha mandado al carajo el Comité Central

El olor a cigarro inundaba la sala. Una densa nube se plantaba


entre los asiduos asistentes a la cafetería. De repente, sin
esfuerzo, podías percibir un ligero aroma a marihuana.

-Están puestas las condiciones, cabrón. En estas elecciones la


oposición no presentará candidatos ¿Comprendes? El
todopoderoso partido en el gobierno será el único. La moneda
se está devaluando. Hay una crisis en las alturas. El régimen ya
no tiene credibilidad

Su interlocutor asentía con la cabeza pero el gesto de


incredulidad que le adornaba cada que hablaba de la
Revolución no le abandonó.

-Sí, chingao. Eso millones lo ven pero solamente a ti, a mí, y a


unos cuantos pendejos nos importa ¿Tú crees que los obreros
después de trabajar o a la ama de casa a la cual su marido le
saca la mierda a putazos todos los días le resulta relevante? No
hagas pendejadas y relájate. Deja de alborotar a los chavos del
Partido y alíneate. No solamente te metes en problemas tú sino
que además nos embarras a todos.

15
-No jodas. El Partido Comunista lleva más de 30 años dándole
las nalgas al gobierno –Aplastó con enojo su cigarro en el
cenicero- De comunista solo tiene la bandera y lo sabes muy
bien

- Ya vas a empezar con tu perorata, pinche trosko.

- El partido está anulado. No existe. La Unión Soviética solo


nos utiliza para espiar a los chingados gringos con su embajada
¿Quieres estar repartiendo volantitos y haciendo pintas? Un
verdadero Partido Comunista debe estar armado y persiguiendo
el poder –hizo una pausa para remarcar- Buscar el poder. La
policía se la pasa partiéndonos la madre mientras nosotros
apenas y sabemos aventar putas piedras ¿Ya se te olvidó la
verguiza que nos dieron en San Cosme? ¿Al albañil que
balacearon cuando les grito asesinos a los Halcones?

-Tienes razón, cabrón- respondió con molestia- ¿Pero cuántos


somos? Y bien lo has dicho: No sabemos ni aventar piedras.
Hermano, termina tu carrera. Tienes mucho futuro como
economista ¿Acaso quieres partirte la madre por millones de
pendejos fanáticos de la virgen y el puto Chavo del Ocho?-
Remató con una sonrisa cómplice que halló respuesta en su
camarada

-Pues a ti como te encanta andarte cogiendo a las compañeras –


se carcajearon por los recuerdos- Prefieres hacerla de
revolucionario de cafetería.

16
-Y dale con eso- Continuó riendo

-En buen pedo -Continuó con una sonrisa burlona- Como tu


mamada de “La Revolución empieza por la liberación sexual.
El sexo libre está al nivel de la Huelga Política o el
enfrentamiento con los aparatos represores del Estado”-
Mientras hacía unas comillas con los dedos de ambas manos.

Otra carcajada compartida.

-Dame otro cigarro

-Sírvete, hermano.

Mientras encendía su cigarro continuó:

-Sabes perfectamente que el Partido se hace pero bien pendejo.


Sus miembros siempre apoyan las revoluciones en China, Cuba
y su puta madre, menos aquí. Cabrón, somos los partidarios de
la revolución en “otro país”. En todos menos en el nuestro. Es
la clara señal de la política de convivencia entre la URSS y los
putos yanquis. Si los rusos realmente fueran comunistas ¿Tú
crees que la convivencia con los gringos sería posible? No. Y
eso ocurre porque la Unión Soviética es un capitalismo de
Estado que se legitima haciéndole a la mamada de que es un
Estado Obrero.

Su interlocutor levantó el puño y se llevó la otra mano a la


boca simulando un megáfono y a manera de consigna se burló:

17
-¡Piolet! ¡Piolet! ¡Piolet! ¡Piolet!

El burlado se cruzó de brazos y levantó la mirada con molestia.

-¿Sabes que tu bromita pendeja es de pésimo gusto, verdad?

-Ok. Ya estuvo. Fue un pequeño chascarrillo que no pude


evitar- Chupó su cigarro.

-Se tiene que iniciar la Revolución Mundial y ya hay


condiciones. Los imperios estadounidense y soviético solo se
distinguen por su demagogia.

-Mira, cabrón. Estoy de acuerdo contigo pero no va a pasar.


Tenemos que adaptarnos. Termina tu carrera y llévate a tu
vieja para pasarla a toda madre viviendo solos ¿Qué necesidad
tienes de pasar madrizas literales y metafóricas? Y escúchame
¿Tú crees que no se sabe que a ti y a los locos con los que te
reúnes están tomando entrenamiento con un ex militar?

-Jubilado y que comparte nuestros objetivos- Interrumpió

-Mis huevos- Exclamó con enojo- ¿Cómo sabes que no es un


infiltrado? ¿Cómo sabes que ahorita no hay un expediente con
tu nombre en Gobernación con toda la información que crees
que no saben?

-Tenemos que trabajar con lo que tenemos. El Capitalismo


tiene que caer.

18
-Sí, cabrón. Lo que tú quieras. Pero no lo tienes que tumbar tú
¿Qué puta necesidad tienes?

- Es simple- Le dijo mirándolo a los ojos- llevar a la práctica


todo lo que hemos leído, platicado y escrito. Otra opción sería
hacerme pendejo.

Se miraron a los ojos. No había enojo ni risas.

-Cuídate, carnal. Se te quiere.

Se despidieron con un abrazo. Nunca más se volvieron a ver.

++++

Martes por la tarde. Cerca del centro de la ciudad. Llevaba la


contraseña en la mano izquierda: tres manzanas en una bolsa.
Dos rojas y una amarilla. Dejando así su mano derecha libre.
Lista para empuñar el arma si el caso lo requería. La cita con
uno de los nuevos militantes era a las dos de la tarde. Faltaban
15 minutos. A lo lejos se distinguía el lugar del encuentro. No
se veía nada extraño. Ni una patrulla. Ningún policía. Nada
peligroso. Se sentó un momento. Para alguien que siempre se
encuentra en movimiento y en vigilancia constante la quietud
es un lujo carísimo. Contra las reglas de la organización sacó
un cigarro. El primero en días. Lo encendió. Comenzó a
disfrutar ese delicioso y mortal sabor amargo. Desde que
ingresó a la organización se enteró que beber alcohol o
consumir drogas estaba prohibido -¿Pero fumar? Ya ni la
chingan- Sentenció dentro de su cabeza –Cuando te correteen
19
los puercos verás que vale la pena dejar de fumar- Le dijo el
entonces responsable de su brigada. Ahora que él estaba a
cargo de varias podía darse el lujo de fumar uno cada semana
sin que nadie lo viese. Tenía que predicar con el ejemplo.

Miraba la gente pasar. Sentado en las escaleras de alguna casa.


Le impresionaba el desconocimiento de esas personas que
desfilaban respecto a la guerra que estaban librando contra el
sistema capitalista. No solo ellos la consideraban una guerra.
El gobierno también –Los perseguiremos como perros-
Exclamó a los periodistas un infame funcionario público. No
solo eran balaceras, secuestros y la impresión del periódico que
repartían con cierta regularidad arriesgando sus vidas en
escuelas y fábricas. En conjunto era su forma de combatir a
una clase que está destinada a desaparecer pero que se
defendería como gato panza arriba y por ello debía ser
eliminada sin contemplaciones. Antes el Estado burgués les
había respondido con violencia. Si ese era el único lenguaje
que comprendían ellos también tenían argumentos para
discutir.

Las campanas de la iglesia anunciaron la hora. Se puso de pie y


camino con tensa tranquilidad hacia el lugar acordado. No
intercambiaría palabras. Él entregaría un sobre con dinero al
contacto y a su vez recibiría informes por escrito.
Posteriormente se verían otra vez para discutir y planear.

Lo miró a la distancia. Cojeaba un poco y su mirada transmitía


temor. Algo no estaba bien. Tenía maquillaje. La policía lo

20
había capturado, lo interrogó y le sacó la información de la cita
¿Correr? Tal vez ¿Salvarlo? De ser cierta la hipótesis habría
por lo menos una docena de drogadictos federales
relamiéndose los colmillos para sacarle información vía secos
chingadazos. Sería imposible.

A unos cuantos pasos rápidamente sacó su arma y la lanzó al


suelo -¡Órale, cabrón! ¡Pélate!- No había terminado de gritar
cuando de la nada detrás de la carnada aparecieron tres
hombres apuntando con sus pistolas. El viejo sacó otro fogón y
les disparo para cubrir la huida. Se parapetaron detrás de un
vocho. Había disparado cinco veces. Tres a la nada. Dos de
ellos en la jeta de uno de los agentes.

-¿Cuántos son?- Preguntó El Viejo

-Solo esos- Respondió agitado “El Güero”- Quisieron lucirse


con el comandante y únicamente vinieron ellos.

-Tienes mucha suerte. Necesitamos irnos. Tenemos que


perderlos y luego hacernos de un carro.

Salieron de su madriguera disparando. Ya se escuchaban


patrullas acercándose. La calle donde se encontraban estaba
llena de vecindades. Se desplazaban a poca distancia el uno del
otro. Se cruzaron con una patrulla que los reconoció y frenó en
seco. Los corredores los recibieron a tiros y cuando los
garantes del orden intentaron responder sus presas se metieron
a un edificio de apartamentos.

21
Un lugar muy tranquilo. Por lo menos para los habitantes de
las viviendas. Parecía que no había nadie. Los pasillos en su
soledad vieron pasar a los perseguidos. Los agentes los
perseguían rezagados. Los guerrilleros subieron cinco pisos a
gran velocidad. Su vida dependía de ello. Llegaron a la azotea.
Tenían que pensar rápido. Saltar a otro edificio no era una
opción. Torpemente se metieron a una ratonera. Solo podían
salir por donde entraron y más patrullas se escuchaban llegar.
Cuando los helicópteros llegaran los ratones serían totalmente
visibles si es que sus predadores no los alcanzaban antes ¿Se
les había acabado la suerte?

-A los tinacos- Dijo el viejo mirando los depósitos de concreto.


Levantaron la tapa de uno de ellos y se introdujeron
manteniendo sus armas y municiones fuera del agua
sosteniéndolas arriba de sus hombros. Luego cerraron el
contenedor. Total oscuridad. El silencio era tal que solamente
prestaban atención a la angustia y al agua helada que les
llegaba al pecho.

Los agentes de la Federal llegaron a la azotea. Ahora se


escuchaban sus pasos y mentadas de madre. El helicóptero su
percibió poco después.

-¿Están seguros que subieron hasta aquí?- Preguntó, tal vez, un


comandante –Es muy probable. Nos llevaban un par de pisos
de distancia- Dejaron de hablar. Algunos de ellos se acercaron
a los tinacos. Los pasos se dirigían al escondite de sus presas

22
cuyas armas estaban listas para intentar escapar otra vez. El
comandante habló y “El viejo” lo percibió casi en su oído:

–Imposible que hayan escapado. Deben estar ocultos en


alguna de las viviendas. Que no salga nadie y revisen todos los
apartamentos. Dejen vigilancia frente a la puerta hasta mañana
a esta hora- Se dio media vuelta y lo siguieron algunos agentes.

La tarde estaba nublada. La lluvia se desató. Tláloc no estaba


de humor. La policía tampoco. A golpes e insultos los policías
revisaron cada domicilio. Las puertas que no se abrían eran
derribadas y las pertenencias se perdían también.

-¡Abran hijos de la chingada!- Se escuchaba por ahí. Los más


amables tocaban la puerta a patadas. Un total de treinta
apartamentos fueron cateados en cuatro horas. Sin mediar
orden judicial sino únicamente con sus placas o “charolas” se
abrieron paso.

Se supo en todo el país de la emboscada que terminó en


rescate. Cómo la federal con una ventaja de tres a uno fue
despojada de su prisionero: “Matan a federal a media calle”,
“Los terroristas asesinan a un agente del orden”, la prensa más
crítica se limitó a enunciar en sus páginas: “Guerrilleros que no
existen le dan la vuelta a la Federal”.

Uno de los ejemplares de dicho periódico era leído por el


Director de la avergonzada institución en su auto. En el asiento
trasero se encontraban los agentes burlados. Sin mirarlos a la

23
cara y con una expresión de molestia les reclamó: -Me ha
citado el Secretario de Gobernación. Y voy a ir con mi acara de
pendejo para que me parta la madre- Arrojó el periódico a la
calle. Preparó un poco de coca que tenía en la bolsa del saco.
Inhaló y después de frotarse la nariz continuó: -Trabajan bien.
Siempre dan resultados pero ahora sí la cagaron en grande. Lo
que resta del año la cuota será doble- Encendió el auto. El
Director calló un momento y luego les espetó -¡Órale. A
chingar a su madre que no soy su chofer. Pendejos-

Ya habían pasado veinticuatro horas del intento de detención


que terminó en rescate.

Los correteados pudieron salir de su escondite con las


precauciones necesarias. Se detuvieron a comer en una fonda.
Cerca de la puerta pero donde no podían ser fácilmente vistos
desde fuera.

-¿Cómo estuvo el interrogatorio?- Inició la plática El Viejo.

-Muy pesado. Las “calientes” son la muerte.

-¿Cuándo te agarraron?-

-Ayer por la mañana. Unas horas antes de la corretiza- miró a


la mesa apenado- por eso no estoy tan madreado. Me hice
pendejo y no les di la dirección de la casa de seguridad-

Su interlocutor hizo una mueca de desconfianza o tal vez de


desaprobación. Elevó un poco la voz:
24
-¿Cómo? ¿En unas pocas horas te sacaron la cita? ¿En menos
de un día te sacaron información?

No se escuchó ninguna respuesta. El Güero no supo qué


responder.

-Es tú primera captura- continuó más tranquilo- son cosas que


pasan. Tienes muy mala suerte. No tenías ni un mes trabajando
en la organización y te capturaron.

Luego la conversación continuó con el informe. Sobre la


formación de círculos de estudio marxistas en preparatorias y
escuelas, el reparto de propaganda y del periódico de la
organización. En orden. El Güero sería vigilado
constantemente.

++++

Una y otra vez. Porque hay una sala en el infierno que se


llama rutina. Días meses, noches y años. Más cansados pero
sin parar de trabajar. Las niñas crecían. Con dos años de
diferencia pero puntuales en el estudio. No podía ser de otra
forma con una madre tan disciplinada y un padre tan estricto e
indiferente a los sentimientos ajenos y con una particular
predilección por dar órdenes.

La casa no había mejorado sus condiciones, el aire seguía


filtrándose, el fogón no había sido reemplazado por una estufa.
Pero había dos novedades: Electricidad y televisión. La
primera no causó tanto alboroto como la segunda. Un par de
25
focos y la caja idiota consumían el total de la energía. El
trabajador decidió no comprarle una plancha a su esposa –
Planchas sin broncas- Cuando llegaba del trabajo lo primero
que hacía era encender su nuevo tesoro el cual sacaba con
cuidado de la caja en la cual estaba cuando lo compró y estaba
prohibido su uso por nadie que no fuese él. Y veía… lo que
fuera dado que no le importaba mucho lo que hubiera. Si
alguien le hubiese preguntado habría respondido –Solo quiero
distraerme- Sin embargo la mujer al terminar su faena diaria
con sumo cuidado tomaba prestado el aparatejo. Con suficiente
precaución para no dejar señales de su transgresión que
provocasen regaños –Que no golpes. A diferencia de la vecina,
mi marido no me pega- Solo gritos e indiferencia –Podría ser
peor- hubiese agregado. La encendía y miraba el tema más
interesante. Materia de conversación en el lavadero y el
mercado: La telenovela: Una historia de sufrimientos y penas –
Como la vida misma- pero con un final justiciero y muy feliz –
Ojalá también como la vida misma- Aderezado de comerciales
interminables con personajes siempre sonrientes de tener el
producto publicitado –Quisiera sentirme así de feliz- Calculaba
el tiempo, el suficiente para que su amo no se diese cuenta.
Guardaba el preciado televisor. Y aparentemente intacto lo
dejaba en su lugar. Una de esas ocasiones sus hijas se le
acercaron. La mayor le preguntó, aunque más que
cuestionamiento se escuchó como una petición, o un aviso, -¿Y
si nos vamos de aquí?- Extrañada la mujer respondió –No hija
¿Cómo podríamos vivir sin tu padre?- La menor aunque
pensaba de manera similar se limitó a escuchar:

26
–Mamá. Tú no eres feliz aquí y nosotras no estamos a gusto.
Podemos trabajar y mi hermana puede seguir estudiando- Para
resumir. Lo obvio. La mujer decidió quedarse. Con 18 años
cumplidos la joven decidió salir del nido dándole la opción a
su hermana de irse con ella cuando quisiera. El jefe de familia
respondió a la situación: -Da igual, ya está grande para tomar
sus decisiones. Hazme de cenar- Luego encendió su tesoro.

No pasó mucho tiempo para que la pequeña notará la brisa de


libertad de la cual disfrutaba su hermana quien les visitaba
cada quince días llevando un poco de luz y de dinero. Apenas
intercambiaba palabra con quien llamaba papá. La minifalda
escandalizaba a su madre.

Uno de esos días su hermana pequeña le dijo –Me voy contigo-


Se despidió y sin mediar muchas palabras tomó sus cosas.
Iniciando así una nueva vida y sus estudios en la Facultad de
Medicina.

++++

Un frío de la chingada y aún falta un buen tramo para llegar.


La caribe gris va vibrando sufriendo las irregularidades del
terreno. La neblina espesa hace aún más incómodo el paseo
clandestino. “El Viejo” va menos tenso que de costumbre.
Colocó varios documentos en el asiento del copiloto. Textos
que se publicarán en el Periódico de la organización. Pertenece
al Consejo de Redacción, el cual, según las autoridades, es el
“cerebro” del grupo armado. Y encima de todos, la cúspide de

27
ese cerrito de papeles fue coronado con un ejemplar de la
Eneida.

El carrito compacto se metió por una vereda y escalaba el


camino con dificultad pero su terco conductor no le permitía
rendirse. Se encontraba en el pequeño pueblo de San Lorenzo
Acopilco donde lo esperan en una casa de seguridad. En las
inmediaciones del Monte de las Cruces la dirección acordada
tiene como entrada un portón de madera. Un par de jóvenes
estaban custodiando discretamente el acceso. Solo podía
reconocer a uno de ellos. Estuvo a su cargo en una de sus
brigadas y al igual que a Luis lo sometió a su entrenamiento de
Box y libros. Descendió del vehículo. –Hola, Maestro- le dijo
su conocido pues cuando lo conoció su nombre de batalla era
el “Maestroca” por maestro y por cabrón.

El viejo asintió y a manera de saludo respondió -Está de perros


el frío ¿No?- Dijo dirigiéndose a los dos. El antiguo alumno
frotó sus brazos asintiendo mientras su compañero aseguraba la
puerta.

Además de la tenaz caribe gris había otros seis vehículos.


Caminó por el patio de la casa. La humedad y el verde intenso
del pasto hacían juego con la temperatura. Sostenía su
portafolio café con la mano izquierda y mientras la derecha
estaba libre para usar su arma. La puerta de la casa le fue
abierta por otro compañero al que conoció en el norte, cuando
intentaron una insurrección popular que fue ahogada por el
ejército en el último momento. Se veía más delgado y su barba

28
de candado le hacía ver mayor. Se saludaron con una sonrisa y
un abrazo.

Era una casa pequeña de dos pisos. A un lado de la entrada se


encontraba un sanitario. Unos pasos adelante a la izquierda una
cocina se apretaba con un espacio donde podía insertarse un
comedor. Una ventana de madera permitía la iluminación en
medio de los muros de ladrillo. Para subir se utilizaban unas
austeras escaleras de herrería y un descanso de madera. La
parte de arriba tenía un techo de madera que permitía
amortiguar las frías temperaturas que durante todo el año
abrumaban. El lugar era más bien pequeño. Tenía una
pequeñísima estancia que apenas podía ser así denominada y
una habitación donde se guardaba propaganda, libros,
esténciles y tinta. También balas y algunas ametralladoras.

En la estancia acomodados en una pequeña mesa de madera se


encontraban ya los otros miembros del consejo de redacción.
Tres varones que se encontraban al final de sus veintes y dos
féminas que aún con rostros que reflejaban el desgaste de la
vida clandestina no parecían tan peligrosas como los periódicos
decían.

“El Viejo” se integró a la mesa. Como los demás colocó su


arma sin seguro sobre la mesa. Lista.

-¿Cuál es el orden del día?- Comenzó “Camila” a quien esa


ocasión tocó presidir la mesa. Pequeñita con un rostro
salpicado de pecas y unos inquietos ojos color chocolate

29
parecía frágil pero sus compañeros respetaban su afilada pluma
y los policías su puntería. Había estudiado Trabajo Social pero
prefirió especializarse en Lenin y Pannekoek graduándose con
un asalto bancario en la Colonia Roma –Tenemos dos puntos
principales: Monterrey y el asunto de los sindicatos.

Las intervenciones de manera estricta se realizaban de


izquierda a derecha con una duración de ocho siempre
insuficientes minutos.

-Tenemos dificultades muy serias en Monterrey. Las brigadas


están siendo desmanteladas una por una y la propaganda está
siendo neutralizada. Los contactos en las siderúrgicas están
siendo vigilados y hostigados. Los burgueses de la zona están
pagando guardias blancas y los sindicatos nos agarran a
periodicazos cada vez que pueden- Dijo con preocupación
“Martín”. Economista regio que participó desde su
adolescencia repartiendo propaganda para el Partido
Comunista. Un católico que parecía más bien un hereje- Lo
anterior nos remite, según los informes de los responsables
directos de las brigadas a solicitar recursos para instalar
imprentas y no estar limitados a la que nuestros enlaces nos
puedan enviar. Requerimos también el traslado de compas que
nos ayuden a nutrir las brigadas que ya están. Tenemos
compañeros con experiencia y capacidad operativa pero no
estamos reclutando al ritmo necesario. De continuar así la
tendencia las brigadas se disolverán- Se detuvo. Sorbió un
poco de agua y continuó- Aún con todo lo anterior hemos
generado actividad dentro algunas fábricas y los burgueses nos
30
temen porque las huelgas que hemos apoyado no se han
atrevido a romperlas por la fuerza sino negociando con los
sindicatos o sembrando aquellos que denominan torpemente
“independientes”. Y les está funcionando porque los obreros
prefieren llevarla tranquila pensando que esos nuevos
sindicatos los van a defender. Y como ustedes saben
compañeros, los distraen del combate.

“Ramón” quien se encontraba a un lado de “Camila” era


responsable en esa ocasión de tomar nota de las intervenciones
sobre las cuales se elaborarían documentos por ello no podía
participar en la discusión, sin embargo se afanaba registrando
el más mínimo detalle de lo dicho con pluma veloz.

“Camila” pidió un momento para bajar a la cocina. La casa ya


había sido invadida por un aroma a café de grano. Encantadora
bajó las escaleras y generosa subió con una olla de café. Uno
de los vigilantes de la puerta le ayudó con las tazas. Sirvió cada
una de ellas y tomó otra vez asiento. Se escuchó un “gracias”
cuatro veces. El aroma acariciaba el olfato. Era sabido entre los
militantes que esas discusiones solían terminar en gritos,
mentadas de madre e incluso con armas desenfundadas
apuntándose mutuamente. Sin embargo desde que la facción a
la que habían pertenecido quienes se encontraban ahora en la
Dirección tomó el control ideológico, las decisiones se
tomaban de manera más sosegada aunque los
arrepentimientos, rompimientos y traiciones habían debilitado
al grupo. Si bien tenían presencia en varios estados del norte y
del centro del país, la situación era penosa en el sureste y el
31
sur, convertidos en páramos que presagiaban la derrota. Su
organización tenía una vocación urbana y estudiantil y aunque
había trabajadores no tenían el arraigo suficiente en las
fábricas. Por ellos después de hacerse de la Dirección política y
militar debían hacerse de la Dirección del proletariado.
Convertirse en su estado mayor. En su Partido y Ejercito
Revolucionario.

-Nosotros estamos en posibilidades de enviar cinco


compañeros que refuercen sus brigadas –Tomó la palabra
“Teresa”- y tal vez algo de dinero para la imprenta. Sin
embargo, lo último tendría que discutirlo con los compañeros
en Chihuahua. Por otro lado nosotros estamos en una situación
no tan complicada –hizo un gesto de molestia por la
redundancia- tenemos capacidad para imprimir propaganda y
los contactos son difícilmente localizados por los cerdos –así
solía llamar desde los policías hasta al presidente de su
bananero país- por fortuna tenemos cierta base de apoyo entre
las trabajadoras de las maquiladoras y los estudiantes. Pero los
pinches sindicatos… disculpen la incorrecta expresión –No
solía decir groserías- nos están echando trabajadores encima.
Parece que donde la policía no nos hostiga los sindicatos son
los encargados. También estamos logrando plantar algunas
brigadas y círculos de estudio en varios municipios, aunque
falta algo de tiempo para su consolidación.

Se podía escuchar la fricción de los lápices con los que se


hacían anotaciones. Alguien se sirvió más café y el pinche frío
no disminuía.
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“Camila” retomó la palabra. Cuando se molestaba tendía a
mirar a la mesa y no a su interlocutor. Tomó suavemente,
como solía hacer las cosas, su lápiz colocándolo entre el dedo
índice y el cordial, comenzó a jugar con él de manera que el
instrumento de escritura golpeaba la superficie de madera
produciendo un sonido que después de un rato debía ser
desesperante.

-El payaso- dijo refiriéndose al mandatario de su


“tercermundista” país- está dándole apoyo a los sindicatos
“independientes”-mientras hacía evidente la ironía con su voz-
para debilitar a la Central principal de trabajadores. El
sindicato de sindicatos que crearon después de su mal llamada
Revolución ya le está metiendo el pie al mandamás y ahora
quieren balancear las cosas. Sin dejar de joderse a los
trabajadores en el proceso –“Camila” calló un momento.
Sorbió su taza de café- Nuestra organización desde su inició ha
repudiado a los sindicatos. Sabemos que desde su
incorporación al sistema capitalista no son más que un
instrumento de control por parte de la burguesía. A ratos
exigiendo aumento de salarios que desaparecen con la
inflación, a ratos protestan para no evidenciar su naturaleza
inofensiva ante el proceso de creación del capital –Otra vez
sorbió su taza. Miró a sus compañeros a los ojos- ya lo he
hablado con cada uno de ustedes y el Comité Militar está de
acuerdo: Tenemos que atacar a los sindicatos militarmente
donde sea necesario. Como si no fuera suficiente con el
ejército, la policía y la Federal estos sindicaleros de porquería

33
también nos provocan molestias –remató con un ademán de
hartazgo.

“El Viejo” intervino interrumpiendo de manera sutil –Así


como en otra ocasión te comenté que estoy totalmente de
acuerdo con el planteamiento sobre los sindicatos también te
he dicho que puede ser un paso equivocado y
contraproducente- la última frase generó molestia entre sus
compañeros.

Eso lo tienes que explicar con claridad –Le espetó


agresivamente “Teresa” mientras el que tomaba notas se
aguataba las ganas de participar-

-Relájense, compañeros. Y creo que es muy claro –Le lanzó


una mirada retadora a “Teresa”. Ese tipo de miradas y actitudes
le habían acarreado una reputación de soberbia y entre los más
rústicos de pedantería. Antes de continuar se dirigió con una
mirada menos agresiva hacia “Camila”- El problema es el
siguiente: Tenemos a todos los medios de comunicación
encima de nosotros tirándonos media tonelada de caca todos
los días…

-Por favor, dirígete con más respeto a la mesa- Le regaño


“Camila”.

-Los periódicos no nos bajan de asesinos y rateros- Luego


volteó hacia “Teresa”- ¿Recuerdas que mientras te partías la
madre en Oaxaca y casi te agarra el libanés dieron el informe

34
de Gobierno dónde nos dijeron retrasados mentales, niños sin
amor y pendejos?

-Y putos- le completó “Martín” provocando unas risas


espontáneas que intentaron ser discretas-

-A ver compañeros. Este es un tema serio. No trivialicen-


Volvió el regaño.

-El caso es- “El Viejo” se hizo hacia adelante colocando los
codos en la mesa- que si de por sí nos dicen terroristas no
teniendo ni puta idea de lo que eso es. Imaginen nuestra
situación ante los trabajadores si nos chingamos a quienes
ahorita son los mártires de la democracia. Una cosa es minar su
influencia por medio de nuestro periódico y que nuestra
política sea consecuente pero no tenemos la influencia
suficiente como para atacarlos sin salir raspados en el proceso.
Considerando lo anterior tomen su decisión –Tomó aire y
preparándose para lo desagradable enunció- Ya saben. Mis
muchachos y yo nos disciplinamos.

-Entiendo perfectamente el punto y tiene sentido- dijo


“Camila”- si bien es comprensible tu preocupación los
sindicatos están tomando las medidas necesarias para lastimar
a nuestra organización. Seguramente para quedar bien con el
presidente. Por otro lado los ataques serán selectivos y precisos
a quienes se compruebe que directamente está atacándonos o
bien sea claro ante los trabajadores, por lo menos de la fábrica
en cuestión, que son repudiados.

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-Me parece viable con esas condiciones. Pero la prensa
oficialista y los oportunistas retorcerán las cosas- Asintió “El
Viejo” recargándose en su asiento.

-En Chihuahua tenemos por lo menos dos que cumplen con las
características- Dijo “Teresa”.

En Monterrey también- Dijo “Martín” sirviéndose más café.

En el Distrito Federal tenemos información confirmada de un


sindicalista que está entregando a nuestros compañeros –Se
dirigió “Camila” al “Viejo”- Es un profesor de preparatoria y
dirigente del sindicato universitario. Deliberadamente acusa
incluso a personas que solamente simpatizan con nosotros. En
este momento se ha convertido en el primer objetivo. Debemos
ajusticiarlo.

-¿En cuál escuela se encuentra?- Preguntó “El Viejo”.

-En la Preparatoria de Tacubaya.

-Y como esa área me corresponde seré el responsable de la


acción ¿Cierto?- Volvió a preguntar.

“Camila” asintió.

Aunque ya lo había visto venir no dejó de sentir molestia.


Simplemente no estaba de acuerdo. No por alguna cuestión
ética respecto a los ajusticiamientos pues él mismo ya era
responsable de varias bajas burguesas. Sino que consideró a la
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organización tan lastimada que dichos golpes les serían
devueltos multiplicados por el número de periódicos, revistas y
merolicos televisivos. Sin embargo no podía echarse para atrás.
No por él mismo sino por sus compañeros que seguían
luchando y por los que habían caído ¿El abandonar el combate
no era en sí una traición?

-Lo haremos y tenemos la posibilidad de matar dos pájaros de


un tiro- Continuó “El Viejo” mientras garabateaba una hoja
blanco –Tenemos un posible infiltrado. O es una rata o es un
muchacho que necesita foguearse. Seguramente ustedes ya lo
conocen. Pasamos una divertida noche juntos en un tinaco
mientras nos escondíamos de los federales.

Ellos no se enteraron entonces pero a partir de tan bochornoso


suceso las fuerzas del orden en cada cateo, sin excepción,
buscaron en los tinacos ¿Cómo lo supieron? La anécdota se
esparció como pólvora en la organización pues los chascos de
la policía solían subir la moral de los militantes y, algunos de
ellos en los interrogatorios a la pregunta ¿Cómo escaparon El
“Viejo” y “El Güero”? Y después de la persuasiva y brutal
tortura coincidieron con la versión.

-Salió en todos los periódicos del país- Comentó “Teresa”- Te


salvaste. Por poco y se les hace agarrarte.

-El caso es- continuó un poco avergonzado el ahora célebre


escapista- que el compañero no duró ni doce horas de
interrogatorio y soltó la cita. Sospecho que lo pudo comprar la

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policía o bien solo le falta madurar como militante. No quiero
arriesgarme a perder un miembro por una sospecha no
confirmada.

-Excelente deducción detectivesca, Compañero- Le


interrumpió “Camila” y se escucharon algunas risas- ¿Pero
cómo se relaciona eso con el particular?

Acomodándose en la silla como si no le hubiese importado el


buscapiés. Con las piernas cruzadas y el brazo izquierdo
extendido sobre su respaldo siguió con su idea: -Quiero que el
compañero se encargué de la tarea. Si no la cumple o encuentra
otro pretexto para fallar yo mismo me encargaré de los dos
¿Me autorizan? Solicito su venia en caso de que sea visible
algún retraso, pero las acciones se harán en el plazo que
acordemos.

Asintieron sus compañeros. La acción se llevaría a cabo en las


siguientes semanas.

++++

38
La carne y el poder que tiene

Damián despertaba todos los días a las cinco de la mañana.


Luchaba en su cama calientita contra el sueño. Ese tortuoso
oasis entre el dulce sueño y el tosco despertar. Daba vueltas
durante algunos minutos hasta que su madre sentenciaba: -
Hijo, llegarás tarde al trabajo.

Ponerse el pantalón, buscar una camisa y colocarse un abrigo


que lograse conservar un poco del calor del hogar. Su madre
cocinaba el desayuno y se preparaba también para salir a su
faena cuidando ancianos. Una enfermera dedicada y empática.

Caminar porque el transporte a esas horas estaba lleno. A


oscuras porque la iluminación era escasa. Y a trabajar ¿por
qué? no se lo había preguntado antes. Sin embargo a diferencia
de sus compañeros en la preparatoria, aunque desmañanado y
en ocasiones somnoliento solía tener sus pesos en la bolsa y
como pequeño dictador en su feudo podía decidir lo que quería
hacer. Entraba a las clases que le gustaban: Historia, Literatura
y Biología. El resto, no lo sabía de cierto, pero calculaba que
podía pasarlas en exámenes extraordinarios con dignos sietes,
ochos y algunos incómodos seises. El tiempo que no ocupaba
en aquellas “molestas e inútiles” materias lo aprovechaba
jugando futbol, leyendo o pasándola con alguna compañerita.

Pero por la mañana era una joda. Vender periódicos en un


crucero. Recogerlos con el distribuidor quien rápida e
impersonalmente los entregaba a los voceadores. No había

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tiempo para platicar o comentar sobre la fría mañana o las
anécdotas de la faena diaria. Caminar entre los automóviles y
el imprudentemente peligroso transporte público. Cuando
alguien lo compraba tenía que ser ágil al contar monedas para
dar el cambio. Uno que otro automovilista cabrón se iba sin
pagar. Sin embargo su juventud, tenía diecisiete años, no
percibía aún el cansancio como sus compañeros lo sufrían a los
cincuenta, sesenta y los había de setenta. Ya para el medio día
Damián había sacado suficiente para disfrutar en la prepa y
llevar algo a casa.

Así pasó cuatro años pues los alegres cálculos sobre las
materias reprobadas le fallaron y por las “aparentemente” más
fáciles: Educación Física y Dibujo. Era algo que a la vez le
avergonzaba y le divertía pues en la asoleada mañana que
presentó el examen, la última oportunidad para aprobar en
deportes, le tocó desplegar sus habilidades en la alberca de la
escuela. Había un problema: No sabía nadar. Así que, no
digamos patética sino divertidamente se desplazaba caminando
intentando nadar. El Profesor lo miró con cierta molestia:

-Oiga usted, joven. Lo voy a reprobar. No está cumpliendo con


lo que he pedido.

El joven en cuestión podía oler la tragedia.

-Le daré una oportunidad- se sonrió maliciosamente el


verdugo- si se lanza del trampolín.

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Confiado Damián se dirigió a la orilla salió del agua. Caminó
al trampolín pero fue interrumpido:

-¿Qué hace?- le cuestionó el Diablo que le aplicaba el examen.

-Voy a saltar como usted me dijo

- Pero no de ese. De aquel- dijo señalando el trampolín más


alto sobre la fosa.

Damián con la resignación del que es enviado al paredón


caminó con temor, ya no por el hecho de lanzarse a una
profundidad que sin las habilidades acuáticas serían de por sí
complicada sino que el vértigo que sentía por las alturas le
provocaba un escalofrío helado.

-Es la última materia- pensó. Caminó al lugar donde sería


ejecutado y sin pensarlo se lanzó a esa oscura fosa. Ya dentro
del agua por las prisas no tomó la precaución de tomar aire y
no sabía que el agua lo sacaría eventualmente. Desesperado
manoteó dentro del agua. No sabía flotar. Así que entre la
desesperación y los manoteos provocó la risa de los presentes –
Culeros, sáquenme- pensó pues su boca estaba tragando mucha
agua. Finalmente otro de los muchachos lo sacó.

-¡Vaya que es usted divertido, joven!- El profesor le dijo


riendo- Ya ha pasado usted su materia. Gracias por la
diversión. Ahora van ustedes- le dijo a otros desafortunados
que habían cometido el pecado de no saber nadar y no aprobar
la respectiva materia.
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-Vaya hijo de puta- pensó mientras salía de la alberca.

Sin embargo aún alcanzaba la posibilidad de escoger la carrera


que él quería pues contaba con pase automático para la
Universidad: Historia.

Ya pasado lo peor aunque no sabía si lo “peor” había sido el


año perdido o lo que el denominaba “El episodio de la alberca”
se dedicó a seguir trabajando y hacer los trámites para su
ingreso a la Universidad. Ahora estaba lejos la regañada que su
madre le dio cuando se enteró que su adorado hijo casi había
naufragado en la preparatoria.

¡Qué diferencia! Ahora entraba a todas las clases e incluso,


aunque a veces de mala gana, hacía la tarea. Eventualmente tal
vez en segundo o tercer semestre consiguió un trabajo dando
clases tres días a la semana en una preparatoria privada cerca
de la universidad. Ahora trabajaba menos horas, menos días y
ganaba lo mismo. Pero si había algo que le hacía un más feliz
el día era ver la alegría de su madre. Todos los días cuando
llegaba por la noche después de su jornada de doce horas con
su uniforme blanco y un chaleco negro a cenar le pedía que le
contara cómo le había ido en el día. Las clases que había
tomado, lo que había aprendido, la gente que había conocido.
Irremediable y felizmente concluía con un –Me siento muy
orgullosa de ti. Gracias, hijo.

Y no era la única mujer que le hacía feliz. Desde su primer día


universitario le echó el ojo a una muchachita. Que le

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encantaba, sí, era como un hechizo embrutecedor. Unas piernas
largas y deliciosas que palidecían ante sus glúteos. Pero lo peor
era su rostro. Hasta ese momento Damián no se había
planteado las proporciones o los ingredientes exactos para una
cara que lo fascinasen como los de esa bruja llamada Sofía.
Una norteñita con pómulos bien puestos rematados con unos
labios que bien podrían acomodarse placenteramente en
cualquier parte de su cuerpo. Era una catástrofe. A diferencia
del resto de sus compañeras por alguna razón, una trágica
paradoja, se sentía irremediablemente atraído hacia ella pero
prefería alejarse como aterrorizado. Lo peor era en el salón de
clases. Hasta su voz era –Jodidamente melodiosa- pensaba.

Por otro lado después de varios años de despertar muy


temprano le era muy difícil permanecer en su envoltorio de
cobijas los días que no daba clases por lo que decidió entrenar
boxeo ¿Qué tan difícil podría ser lanzar golpes?

Si en las clases, tanto en las que daba como en las que tomaba,
no se le complicaba seguir el ritmo y eventualmente destacarse
entre sus compañeros, el instructor de box era lo opuesto, como
ese odioso diablo que lo lanzó de aquella alberca. Le hizo ver
su suerte. Primero correr. Al principio diez sufridos minutos
que con el paso de los días el tiempo obligado subió hasta
cuarenta aburridos y luego reflexivos pedacitos de hora.
Después saltar la cuerda y hacer unas absurdamente
complicadas repeticiones de aeróbicos. Después algunos
ejercicios con pesas los cuales le agradaban más. Y finalmente
golpear el saco y practicar con compañeros.
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Pero por si fuera poco el instructor estaba encima de Damián o
eso pensaba él:

-Mantén los brazos arriba… no, solo los subes y luego los
bajas. A ver si hago esto- Y veloz la mano de Satán le daba
una suave pero molesta bofetada- no tienes defensa y cuando el
otro te quiera pegar te noqueará… cubre la barbilla… que la
cubras te digo…- y otro manotazo en la barbilla de Damián.
Así eran todas las mañanas tres días a la semana durante tres
horas -Oiga pero me duelen las manos porque tengo reventadas
ampollas en los nudillos- le dijo el aprendiz enseñándole el
vendaje de su mano derecha con una mancha de sangre seca. –
Tú sigue dándole. Cuando se te hagan callos ya no te dolerá a ti
sino al otro- Remató Belcebú con una sonrisa.

Damián conservó una costumbre que tenía desde la


preparatoria. Embriagarse durante los viernes con sus
compañeros de la escuela. Una ocasión fue con uno de sus
compañeros a un lugar clandestino frecuentado por sus
compañeros. Después de varias cervezas y con un mareo
manejable andaba Damián entre risas y bromas pero vio a su
peor pesadilla: Sofía en minifalda ¿Habrán sido sus piernas al
descubierto lo que hicieron que nuestro amigo se decidiera?
¿Habrá sido el alcohol? Seguramente ambas cosas.

-Hola, Sofía.

-Hola, Damián.

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Algunas preguntas para iniciar una conversación y luego para
evitar el desperdicio de tiempo el Don Juan se lanzó al abismo.
La mujer en cuestión se encontraba en compañía de un par de
amigos a quienes Damián denominaba “mascotas”. El tipo de
acompañantes que evidentemente quieren algo más pero se
quedan en el querer. Damián se encargó que la conversación
pasara de cuatro a solo dos participantes.

-Desde que te vi me encantas. Es un horror verte por ahí y no


estar contigo. No sé si me mandarás al diablo pero quería
sacarlo.

La tomó del talle sin que Sofía pusiera resistencia acercó su


rostro al de ella le dio un beso en la mejilla y le remató: -Me
gustas. Se abrazaron. Las palabras ya estaban de más. Y como
si se hubiera lanzado a una piscina más profunda y sin saber
nadar, otra vez, la libró.

Sofía era hija de médicos que vivían en el norte del país por lo
cual ella vivía sola –Excelente- aunque ella prefería dedicarse a
la vida social más que a la escolar. Mientras que Damián
estaba al corriente y ya preparaba su tesis su ahora compañera
debía más materias que las que había aprobado. Aún con la
molestia de su madre Damián pasaba los fines de semana en el
cuarto que rentaba Sofía. Con una gran ventana desde la que se
veía la entrada de la Facultad. Entre cervezas y algunos
cigarros de marihuana pasaban las noches. Los sábados por la
mañana desayunaban y pasaban la tarde en el cine o el teatro.
No dejaba de ser hipnótica. Simplemente era todo un

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acontecimiento verla secar su cabello desnuda después de
bañarse. Silueta de siluetas. Encarnados versos de Safo. La
cadencia de sus movimientos se aderezaba con caricias.
Damián se dio a la tarea de besar cada parte su cuerpo.

-¿Pongo a los Beatles?- Preguntó levantándose de la cama. Se


cubrió con una camisa de Damián y se dirigió al mueble donde
tenía acomodados sus vinilos.

-No me gustan. No sé por qué todos los escuchan- Respondió


el enamorado tallándose los ojos y reacomodándose en la cama
aún debilitado por el amor y el sueño.

-Conseguí algo nuevo. Puede que te guste

-Más que tú no creo- Dijo somnoliento con una cobija sobre la


cabeza.

El aparato de sonido comenzó a trabajar. Sofía regresó a la


cama y abrazó a Damián. Él tomó su mano y la besó. Se
quedaron quietecitos. La música comenzó lenta y la guitarra
comenzó contundente y una voz algo aguda comenzó a cantar
en inglés.

-Eso suena muy bien. No como esas puterías hippies de moda.

-Son Black Sabbath. También ingleses.

-¿Cómo se llama la canción?

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-Iron Man

Eso solo fue la señal para comenzar otra vez las caricias y
luego lo que siempre pasa cuando dos amantes tienen
privacidad y deseo. Se bañaron juntos y almorzaron barbacoa.

-Unos amigos me invitaron a un círculo de estudio. Son del


Partido Comunista ¿Vamos?

-Si quieres vamos.

Damián ya había comenzado a leer algunos textos de Marx


desde el inicio de la carrera y participó en marchas protestando
por el dos de octubre y los presos políticos. Sin embargo por
sus actividades no frecuentaba ni participaba en las reuniones.
Le gustaba discutir pero no en maratónicas asambleas que le
desesperaban y le comían tiempo que podía invertir en cosas
más agradables. Por otro lado consideraba a Lenin brillante y
un tipo que como Raskólnikov en Crimen y Castigo se había
atrevido pero que a diferencia del personaje literario había
triunfado ¿Pero la Unión Soviética era un modelo a seguir? Le
tenía admiración pero sentía desconfianza del Partido
Comunista Mexicano al que consideraba autoritario. Los
trotskos eran más flexibles pero idolatraban a un personaje que
había sido incapaz de aprovechar su posición para retener el
poder, y que en su opinión no se habría diferenciado de Stalin
si hubiese sido el sucesor de Lenin. Demasiadas
contradicciones como para comprometerse.

47
La reunión en esa ocasión era en la casa de un profesor pues se
rotaban las sedes ya que la policía bajo cualquier pretexto solía
interrumpirlas o inclusive detener a quienes se dirigían a ellas.
Se discutió sobre la plusvalía y la situación de los trabajadores
en Inglaterra durante el siglo XIX según los planteamientos de
Marx en El Capital. Además a la reunión asistieron militantes
provenientes de Monterrey que de manera, imprudente pero
bien articulada, según Damián, planteaban la organización de
brigadas armadas que protegieran las actividades del Partido
Comunista y anunciaron que lanzarían su propuesta en el
Congreso que tendría el partido en unos días.

-El régimen burgués priísta ya hizo evidente su naturaleza en


1968. Si no nos armamos nos acabarán. El Partido debe
plantearse tomar el poder por las armas.- Planteó uno de los
norteños.

-No hay condiciones, Compañero. Simplemente seríamos un


grupúsculo contra todo el aparato del Estado.

-Es un proceso que tomará tiempo. Y hablo de tal vez décadas.


Tenemos que estar conscientes que la lucha revolucionaria
implica sacrificios de los cuales tal vez nosotros no veamos los
frutos.

La reunión terminó con tensión entre los asistentes. Aunque en


su fuero interno Damián estuvo más de acuerdo con los
“militaristas”, como les empezaron a llamar los que se
inclinaban por la política oficial del Partido.

48
-No tienen muchas posibilidades de ganar. Pero el Partido
Comunista parece más un juguete del PRI. Tienen mi
solidaridad. Yo no me arriesgaría- Le dijo a Sofía mientras la
abrazaba y caminaban por la calle.

-Y las cosas ya son de un modo ¿Qué más da? ¿Quieren hacer


una revolución? Ya hubo una y ve lo que pasó- Planteó Sofía.

-Sí, amor. Pero esa revolución fue burguesa. Con ella se


afianzó el capitalismo en el País. Lo que plantearon los herejes
fue una Revolución Comunista.

-Sigo pensando lo mismo ¿Quieres una cerveza? Ya me aburrí-


Remató.

La respuesta de Sofía le llamó la atención a nuestro amigo. No


se trataba de hacer revoluciones como quien pudiera tener
ganas de jugar futbol y entonces luego decidiera jugar una
cascarita. Se trataba de cambiar las cosas. De mejorarlas y
crear una nueva sociedad. Sin embargo abandonó el hilo de
esos pensamientos y continuaron su fin de semana.

La Facultad estaba efervescente. Se decía que desde antes del 2


de octubre no se sentía un ambiente tan inquieto. Damián lo
percibía también. Las diferentes escuelas de la ciudad habían
decidido marchar el jueves 10 de junio y con Sofía asistiría.

A la altura de la Normal el contingente fue atacado por un


grupo que portaban unos enormes palos que blandían con
destreza. Y aunque había granaderos cerca observando éstos no
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hicieron nada para neutralizar el enfrentamiento. Por el
contrario ellos atacaron también a los manifestantes sin
embargo, una buena parte de ellos en lugar de arrinconarse
contestaron y por momentos lograron replegar a sus
adversarios. Incluso albañiles que se encontraba cerca
trabajando les lanzaban piedras y varillas de metal para que
pudieran defenderse sin embargo, nada pudieron hacer contra
las armas de fuego. Damián intentó proteger a Sofía y tuvo que
agarrarse a golpes contra un par de atacantes. Dejó a uno
inconsciente pero los persiguieron otros tantos Halcones.
Lograron huir entre el desorden y junto con otros compañeros
entraron a un edificio y se guarecieron en la azotea. No fueron
los únicos ahí. Había quince o veinte jóvenes más. A algunos
los reconocieron de la Facultad, a otros del Partido Comunista
y entre ellos los jóvenes de Monterrey. Desde ahí observaron la
respuesta brutal del gobierno contra sus compañeros.
Indiscriminadamente fueron golpeados y asesinados hombres y
mujeres inclusive personas que no tenían nada que ver con la
movilización. Era claro –Tenemos que responder- Se dijo para
sí Damián y junto con Sofía se acercó a los muchachos de
Monterrey.

-Creo que esto lo confirma- No tuvo que especificar a qué se


refería. Ellos asintieron.

No hubo que hablar mucho. Damián simplemente cortó el


contacto con Sofía y dejó la universidad.

++++

50
La Organización llevaba gestándose unos meses. Damián fue
enviado a varios estados como correo para llevar mensajes y
propaganda. El primero de ellos fue Querétaro luego a
distancias más largas como Durango. Después de unos meses
lo enviaron a Sinaloa para apoyar a las brigadas que ya
actuaban en la universidad del estado y tenían influencia
importante. También tenían casas de seguridad. La idea de la
organización era intentar construir brigadas en otros estados y
Damián iba no solo apoyar sino a aprender a dirigir lo que con
suerte se convertiría en su propia brigada. También enseñaría
la teoría que la organización intentaba elaborar y a entrenar a
los bisoños integrantes en defensa personal utilizando sus
conocimientos de boxeo. Sin embargo cometió el error de
aplicar los odiosos métodos de su satánico instructor.

Con acento norteño uno de sus pupilos le espetó: –Ya bájale.


Ni siquiera le has entrado con los fierros y me andas dando de
cachetadas. Tu arma la traes de adorno. Nada más porque te
envió la Regional ya te sientes muy chingón.

-Dos opciones- pensó “El Maestroca”- o me hago respetar o le


parto su madre- la primera opción era la obvia pues la segunda
mientras estuviera en casa ajena era estúpida y además no iba a
lastimar alguno de sus compañeros -¿Pero cómo me hago
respetar?-

-Seguro te regalaron tu pistolita. Solo por aventarte El Capital


¿Podrías conseguir una por ti mismo?- Le siguió echando
limón a la herida el insubordinado alumno. Otros cuatro

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también estaban entrenando pero prefirieron guardar silencio
expectantes. Uno saltaba la cuerda mientras los otros dos
golpeaban el costal. Fingían no reparar en el asunto pero
mirando de reojo hacían más tensa la situación.

Tomó su arma. Una 9 MM. Le puso el seguro y se la dio a su


molesto alumno –Además de bocón puedes estar medio
pendejo y te vayas a disparar en una pata. Te la regalo- luego
pensó –Esto es una estupidez- Salió del improvisado gimnasio
llevándose a sus alumnos. Estuvieron caminando cerca de 20
minutos mientras el retador alumno aún no terminaba de
alegrase por el regalo y los otros cuatro se preguntaban que
ocurría.

La Organización sin recursos materiales ni económicos decidió


hacerse de ellos arrancándoselos a bancos, grandes negocios y
“despistolizando policías” o lo que era lo mismo quitarle el
arma y su vida a algún agente del estado burgués.

El “Maestro Cabrón”, como sus alumnos lo llamaron y luego


sus compañeros en Sinaloa, iba con las manos echas agua. No
había participado en ninguna acción armada aún y con “acción
armada” él se refería a chingarse a algún policía o militar. Tal
vez había apoyado en asaltos o practicado tiro hasta el
cansancio pero aquella arma que de hecho le habían regalado
ni siquiera había atacado al régimen ¿Ahora cómo se haría de
un arma sin estar armado?

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En una esquina se encontraba un patrullero. Regordete y
apático se le figuró –Ustedes tres quédense aquí y tú cúbreme
si se pone pendejo. Más te vale que tengas buena puntería,
cabrón. Solo dispara si yo te lo indico-.

La calle era de un solo sentido y a esa hora el calor era un


castigo que podía sobrellevarse mejor en casa por lo que las
calles estaban solitarias. “El Maestroca” cargando escalofríos
caminó hacia el policía que se encontraba de espaldas. Levantó
el dedo índice y colocó su punta a la mitad de la espalda del
policía –Ya te cargó la chingada, marrano. Levanta las manos-
El oficial intentó tomar su arma pero el Maestroca le dio un
golpe en la nuca que lo derribó sobre el cofre de la patrulla.
Luego lo golpeó en el costado a la altura del riñón y le retiró el
arma. Le quitó el seguro y le apuntó a la cabeza. El policía ya
se encontraba en el suelo semiinconsciente. Lo pensó unos
segundos. Miro atrás luego adelante. No había ninguna persona
–Demasiado fácil- dijo, pero en realidad pensó: –Por la espalda
no-. Bajó el arma. Se asomó por la ventanilla de la patrulla por
si había balas o alguna otra arma a la vista. Solo había una
Coca-Cola pues el oficial estaba a punto de comer antes del
atraco. Tomó el refresco, lo abrió y le dio un trago con
soberbia tranquilidad asegurándose que sus pupilos lo vieran.
El marrano empezaba a recuperar movilidad por lo que el
asaltante lo pateó en el estómago y le dijo –Provecho- y se
retiró. Siguió bebiendo el refresco. “Sus muchachos” no
volvieron a poner objeciones.

++++
53
“El Güero” fue citado a medianoche en un parque cercano al
centro de la Ciudad. Una Caribe llegó al punto de reunión. El
auto era conducido por “Ana”. En el asiento del copiloto se
encontraba “El Viejo” y en el asiento trasero “Moisés”. Le
invitaron a entrar. Al “Güero” se le pidió el reporte de sus
actividades en la entrega de propaganda y en los círculos de
estudios. En lo que dio su informé el automóvil ya se
encontraba cerca de Tacubaya.

-Creo que ya te hemos tenido suficiente tiempo en propaganda


y ya es hora que te integres a nuestra brigada. Tú sabes.
Tenemos mucha rotación de personal –Le guiño un ojo a través
del retrovisor- y tenemos un lugar que bien podrías ocupar.

El candidato no supo si hacer una mueca para dar a entender


que había entendido la broma de mal gusto o decir “lo siento”
por la baja del compañero. Se quedó con cara de palo.

-Pero tengo un problema contigo. Aún me molesta el hecho de


que no hayas aguantado los interrogatorios y me hubieses
prácticamente entregado en bandeja de plata y con moño a los
bastardos de la Federal- Calló unos segundos y volteó el
cuerpo para mirarlo a la cara fija y seriamente- ¿Y sabes qué es
lo peor?- le preguntó.

El Güero no sabía otra vez que responder y se sintió


atemorizado.

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El Viejo se acomodó otra vez en su asiento y otra vez de
manera jovial continuó: -Que ni siquiera me diste las gracias
por salvarte. Por cierto ¿Aún tienes la pistola que te di ese
día?-

-Sí. Aquí la tengo ¿Te la devuelvo?- A veces dudaba y no sabía


si tutearlo o no.

-No te preocupes. Ni siquiera es mía. Se la quité a un policía en


Sinaloa. Pero le tengo cariño. Cuídala.

Dio algunas indicaciones a “Ana” y continuó:

El asunto es que hay alguien que está entregando compañeros a


la Federal. Es un profesor de esa escuela –Dijo mientras
señalaba a su costado izquierdo- Dicha situación no puede
continuar. Una cosa es que no estén de acuerdo con nosotros y
otra que nos quiera chingar. Si quieres ingresar a la
Organización tienes que ajusticiarlo.

“El Güero” ya de por sí nervioso se puso pálido y para ganar


tiempo solo dijo -Entiendo pero primero necesito información
para poder localizarlo- “Moisés” que estaba su lado le extendió
un sobre -Toda la información que necesites se encuentra ahí-
La voz mandante sentenció.

“El Güero” abrió el sobre y contenido especificaba horarios de


salida, rutas de llegada y lugares frecuentados por la presa en
cuestión.

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-Sin embargo no quiero dejarte el paquete a ti solo. Te
acompañaré y ambos lo eliminaremos. En la segunda hoja
aparece la información del lugar y la hora donde nos
reuniremos para eliminar a ese pinche sindicalero. Aquí puedes
bajar.- Ordenó implícitamente la voz nuevamente.

Bajó del vehículo en una esquina. El tiempo se sentía más frío


sin embargo no se inmutó.

-Oye- le llamó otra vez esa autoritaria voz- Esta vez no quiero
que me lleves policías.

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Muerde el dolor

Y ahí estás con la sangre seca y con carne de tu propia boca


entre los dientes. El acto de canibalismo no fue voluntario. Ser
golpeado por puños de concreto durante horas en la cara y el
resto de tu humanidad es ¿Hay alguna palabra para definirlo?
Por lo menos a quienes secuestramos no los torturábamos -Y
ganas no me faltaban, por lo menos a mí- Pero fuese por el
escrúpulo de no rebajarnos al nivel de nuestro enemigo de
clase o para no darle más material a los aparatos de propaganda
del Estado nunca lo hicimos. No somos unos perros como
ustedes. Aquí estoy en la oscuridad. Ni siquiera sé si es de
noche o de día. No sé ni siquiera que he hecho, por lo menos,
lo que dice la declaración que estos puercos policías me han
hecho firmar. Por supuesto: No me arrepiento de nada.

Lo más duro fueron los tres primeros días de interrogatorios


–“Las calientes” les llaman esos putos- Sin embargo, para darle
mayores matices a la escena, te llevan madreado, puteado,
desvergado, tanto que, estoy seguro ni el nazareno maniático,
de haber existido, hubiese soportado. Vaya, ni siquiera podría
haber caminado cargando la puta cruz. Y no tienes idea, te
esperan peores cosas. Pero eso no lo sabes y estás con las
manos amarradas y con la vista anulada por algún trapo o lo
que sea que te hayan puesto para no dejarte ver.

Se te acerca. Escuchas sus pasos. El impacto de sus zapatos


avanza hacia ti en medio del silencio que los Federales hacen

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servilmente a su autoridad. Al que gobierna la vida y la muerte
donde sepa chingados estoy.

-¿Qué te pasó, muchacho?-

Te dice muy tranquilo el cabrón ¿y que le iba a responder?


¿”Tus lamevergas me madrearon”?, ¿”Libéreme por favor, le
diré lo que sea”? o ¿”Si pudiera te mataría, libanés hijo de
puta”?

Sin embargo solo te da el tiempo exacto, los segundos


necesarios para que te angusties pensando en la respuesta y te
sigue diciendo con olímpica tranquilidad:

-Estás muy mal, hijo. Mira…- y el cabrón posa su mano sobre


tu hombro con retorcido paternalismo-…diles a mis
compañeros lo que te están preguntando. No me gusta que los
lastimen pero si no cooperan no les dejas opción ¿Quieres
agua?

¡Y cómo chingados no! No has bebido ni comido desde que te


agarraron hace varias horas. Entre el sudor, la madriza y los
gritos estás seco, hambriento y golpeado como un perro
callejero en matadero.

-Sí- le dices con mansa y entrecortada voz

Golpe en el estómago. Si en algún recoveco de tu roja,


comunista y atea alma se había escondido algún resquicio de
tranquilidad. Ésta se fue con el aliento.
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Has caído al suelo. Te cargan y toscamente te sientan en una
silla. Y como en una película tienes frente a ti una puta luz tan
intensa que sientes que te fríe la frente.

Esos ojos llenos ira te miran fijamente sosteniendo fotografías


mientras te grita -¿Quiénes son?- No te da ni tres segundos y te
golpea en el oído. Das nombres, fechas y lugares falsos. A
veces de manera deliberada pero otras el dolor, la angustia, el
hambre y la sed no te permiten hacer acopio de las fuerzas que
se requieren para elaborar la mentira y las ramificaciones que
le den cierto color creíble.

¿Qué fue peor? ¿Los ahogamientos en “El Pocito”? ¿El


electrocutamiento en los genitales? ¿O que torturasen a
familiares frente a mí?

Con el alma rota y el cuerpo martirizado ¿Hay algún otro


refugio que no sean los pensamientos? Los recuerdos de días
más luminosos. De las mañanas de la infancia, con la familia o
aquella mujer que te enloquecía y cumpliste alguna fantasía.
Hacer acopio de todos ellos en los momentos de la tortura. Por
momentos me gustaría que me mataran ya ¿Pero sabes algo?
Puedo ver en sus ojos la rabia y algo de miedo ante alguien que
debe tantas vidas de policías, tal vez más que ellos de
guerrilleros. Y a diferencia de ellos lo hice porque los ideales
son la única cosa que valen la salud y la vida.

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Sin Juicio

“El Güero” llegó a la cita puntual. Infringir la ley era la menor


de sus preocupaciones sino el imprevisible comportamiento de
“El Viejo”. Si uno se confiase de lo que se decía del líder de
brigadas, cuadro dirigente y temido polemista se podría
definirlo como rígido, inflexible, feroz, disciplinado y por lo
tanto predecible. Por lo menos eso pensaba antes de conocerlo.
“El Viejo” que él había leído en el periódico de la organización
lo habría “purgado” ante la primera sospecha de trabajar con la
Federal. No le habría perdonado su debilidad ante los
interrogatorios. Al conocerlo personalmente lo anterior no era
tan visible. Parecía que esperaba tener todos los elementos para
plena, justificada e indiscutiblemente darle el correctivo
necesario en caso de merecerlo. Por otra parte su cáustico
sentido del humor le atemorizaba.

El Güero se detuvo en una esquina. Atento a todo, mirándolo


todo, temiendo de todo. El día había llegado. “El Viejo” cruzó
la siguiente esquina y caminaba erguido y con paso firme.
Venía vestido según las instrucciones: Con traje, zapatos y
corbata negra. “El Güero” también iba apropiadamente vestido
para un funeral.

La voz autoritaria ni siquiera lo saludo. Solo dijo –Vamos-.


Saco una cajetilla maltratada de cigarros sin filtro, tomo su
encendedor, dio la primer fumada y ante la cara de sorpresa de
“El Güero” continuó –Si me vas a aventar a esos perros de la

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Federal encima por lo menos quiero darme un gusto- y esbozo
una sonrisa que se confundía con la ironía.

-¿Por qué con traje?- Pregunto su compañero.

-¿Tú crees que la policía imagina a los guerrilleros vestidos


así?- Le dio una palmada en la espalda –Mira. Viene nuestro
amigo. Vamos a saludarlo- Se acercaba la presa de sacrificio.

Cruzaron la calle. La gente se arremolinaba en la entrada de la


preparatoria. La hora de la última clase. Según los informantes
de la organización que se encontraban en la escuela el Profesor
“Dedo” tenía una rutina que generalmente seguía. La cual sería
interrumpida por su ejecución si nada se interponía entre los
trajeados guerrilleros.

-¡Hey Profesor!- Le llamó “El Viejo” que se encontraba


algunos pasos atrás de su presa. –Me da mucho gusto
saludarlo- decía esbozando lo que parecía una sonrisa
espontánea –Mi nombre es Juan Pérez. No le miento en serio
me llamo así-

-Buen día. Dígame ¿En qué le puedo ayudar?- Se volvió hacia


sus interlocutores.

-Alguna vez tomé su clase de Historia y me emociona mucho


encontrarlo nuevamente y quería saludarlo.

El Profesor extrañado hizo un recorrido con sus ojos que


denotaba el intento infructuoso de recordar.
61
-Discúlpeme pero no lo recuerdo-

-No se preocupe. Sucede que después de unas clases decidí no


entrar a su materia y mejor aprobé en extraordinario- Sacó otro
de sus cigarros y lo encendió- Sus consideraciones sobre la
Unión Soviética no las comparto.

El Profesor confundido, y algo molesto por el humo del


cigarro, intentó darle la mano en despedida exprés. Pero “El
Viejo” continuó –Le suplico continuemos está conversación.
Me encuentro haciendo mi Tesis de Maestría y su postura me
sería enriquecedora. Como ve tengo que trabajar. Por eso es el
disfraz y en varias semanas esta es la única oportunidad que
tendré para visitar su plantel- Le lanzó una mirada que
suplicaba ayuda- Por favor. Ayúdeme, Profesor. Y explique a
mi compañero sus consideraciones sobre la Unión Soviética-

El interpelado miró su reloj y con resignación respondió –Mire,


Juan. Solo dispongo de unos minutos pero con gusto intentaré
ayudarte-

-No le pido más de 15 minutos- Le disparó El Viejo.

-La Unión Soviética es resultado de una emancipación


revolucionaria de los trabajadores sobre la burguesía. Sin
embargo bajo la dirección de Stalin la patria de los trabajadores
ha degenerado en una burocracia. Si la revolución bolchevique
hubiese continuado en una Revolución Permanente, que no en
tiempo, si no en expansión. Es decir, que la Revolución

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hubiese intentado extenderse más allá de la Unión Soviética
asegurando su supervivencia y propiciando el desarrollo del
gobierno de los trabajadores alrededor del mundo. Trotski lo
habría hecho diferente.

“El Viejo” le dio la última fumada a su cigarro y con marcados


movimientos aplastó su cigarro contra el suelo. Luego miro al
Profesor y amablemente continuó el dialogo:

-Sin embargo, Profesor ¿No era previsible la degeneración de


la URSS independientemente de Lenin o Stalin? Vamos, en el
origen mismo del bolchevismo venía una simiente autoritaria
¿Qué más se le podía pedir a una Rusia zarista, atrasada, pre
moderna y campesina? Pienso que Trotsky habría sido tan
autoritario o aun peor que Stalin. Después de todo él mismo
exterminó a los anarquistas en Ucrania. A veces la única virtud
que le encuentro es el “hubiera” de los troskos.

El Profesor no se encontraba cómodo. Normalmente se


enfrentaba a quienes defendían a Stalin a capa y espada. Ellos
siempre buscaban diferenciarse de quienes admiraban a la
víctima del Piolet. No recordaba haberse visto en la situación
de que lo igualaran a un seguidor del “Padrecito Stalin”

-La Revolución debía defenderse. Ellos representaron una


grieta en la consolidación revolucionaria. Así como lo planteas
pensaría que consideras a la Unión Soviética como fruto de una
revolución burguesa… ¿Es así?

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El Viejo suspiró y respondió –En efecto. La burocracia
soviética cumplió la función de la burguesía: El desarrollo de
las fuerzas productivas. Y tomó también su lugar como clase
explotadora. Por lo cual URSS es un capitalismo de Estado.-

-Vaya, Juan. Creo que no estás considerando las medidas


plenamente revolucionarias que tomaron los bolcheviques…

El Viejo le interrumpió intempestivamente- ¿Cómo cuáles?


¿Quitarle el poder a los Soviets? ¿O reinstalar en la industria a
los Oficiales que en el zarismo explotaban a los trabajadores?

-Tranquilo, Juan. Recuerda que tú me pediste esta charla. No


estás en posición de ser grosero.

-Eso, parece- Respondió el interpelado recuperando una


sonrisa cordial –Discúlpeme, Profesor. Por favor continúe.

El Profesor retomó su explicación- Lenin intentó fortalecer la


industria y no tuvo más remedio que hacer a un lado el
idealismo y tomar las riendas de la economía con rigor y
claridad. La Revolución necesitaba fortalecerse y protegerse.
Lo que paso después de 1925 a su muerte fue la
burocratización y la degeneración de ello.

-A riesgo de salirme del tema, Profesor. Le pido me perdone el


exceso y la digresión. Pero los rusos aunque hayan tenido
hombres como Dostoievski o a Lenin nunca lograran los
absurdos que nuestra población mexicana tan embrutecida
como genial ha logrado: Construir ciudades sobre el agua,
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institucionalizar la Revolución y creo que la peor de todas:
Ponerle chile a los dulces.

El Profesor, sonrió. Tal vez solo por educación sin encontrar


gracia en las enunciaciones de su extraño interlocutor y reviró
–Por ello hay que intentar tomar las instituciones como los
sindicatos y ponerlas a trabajar al servicio de la gente. Dar la
lucha electoral intentando construir un partido revolucionario
que sea de los trabajadores.

“El Viejo” se rio y miró animado al “Güero” que se encontraba


congelado: -Mira, Carnal. Otro jodido absurdo -Regresó su
mirada al esperanzado sindicalista quien continuó -En serio,
me sorprende, Juan. Solo falta que me diga que usted es uno de
esos guerrilleros que con nada se acomodan.

“El Viejo” calló un momento, miró al suelo y se acercó al


Profesor diciéndole al oído –Por favor. Dígame que usted no
ha estado entregando a mis hermanos a la Policía. Por favor le
suplico que sea honesto- El Profesor atemorizado intentó
recuperar un poco de espacio y con enojo alzó un poco la voz:
-Ustedes sabotean la lucha y propician que nos ataque la
policía. Incluso podrían ser de la CIA. Sí. Yo los entregué.

-Bueno, Profesor. Gracias por la confesión- dijo mientras se


llevaba al cinto y dándole la orden con la mirada al “Güero”
sacó su arma- Quien lastima a mis hermanos me lastima. Le
devuelvo los golpes- Los trajeados apuntaron a quemarropa y
con tres disparos cada uno derribaron al Profesor. Le dejaron

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sobre la cara un ejemplar del Periódico de la organización y se
dieron a la fuga.

Corrieron algunas cuadras. Un auto recogería al “Viejo”. “El


Güero” tendría que caminar puesto que, al ser aclarada de facto
su lealtad a la organización, tenía que ser sancionado por
mostrarse débil en los interrogatorios.

Una caribe amarilla, innecesariamente llamativa, se paró a


unos metros de los dos. “El Viejo” sonriendo discretamente
dijo: –Si le hablas a alguien de los cigarros te mato, cabrón-
“El Güero” rió entre nervioso pero un poco aliviado.

Mientras El Viejo subía al vehículo le dijo con voz firme:

- No es broma.

Iztapalapa.
23 de julio de 2016

66
ANGEL ESCAMILLA
(SAN JUAN DEL RÍO, QRO. 1987)

Historiador por la Universidad Autónoma


Metropolitana actualmente estudia el Doctorado en
Humanidades en esa misma institución. Dedicado al
estudio de la violencia política, especialmente de la
Liga Comunista 23 de Septiembre y la Fracción del
Ejército Rojo, presenta su primer trabajo de narrativa
inspirado en algunos hechos reales y en otros tantos
donde es difícil distinguir el archivo y la memoria.
Este texto de narrativa histórica busca ser un aporte
para el estudio de la guerrilla en México durante los
setenta.

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