03 Modulo 3 TEA
03 Modulo 3 TEA
Ana Laura Fernández Perrone: Neuropediatra. Hospital Universitario Quirón Salud Madrid.
Complejo Universitario Ruber Juan Bravo. Madrid. España.
Ana Jiménez de Domingo: Neuropediatra. Hospital Universitario Quirón Salud Madrid. Complejo
Universitario Ruber Juan Bravo. Madrid. España.
OBJETIVOS
Conocer el concepto de TEA, su incidencia y las manifestaciones clínicas del TEA en la
infancia.
Comprender la etiología del TEA.
Familiarizarse con los instrumentos diagnósticos de evaluación.
Conocer las comorbilidades.
Reconocer las intervenciones terapéuticas en el TEA, así como el tratamiento farmacológico
de las comorbilidades.
1
Criterios de diagnóstico para TEA
Dada su variabilidad clínica los TEA se consideran en plural como Trastornos Autistas que se
evidencian generalmente en las primeras fases de la vida, pero que pueden pasar desapercibidos
hasta que se demanda una mayor necesidad de autonomía personal. El solapamiento de los
hallazgos genéticos en estos trastornos del neurodesarrollo es consecuencia de la abundante
pleiotropía evidenciada en los mismos, pudiendo una misma variante dar endofenotipos
diferenciados.
2
El TEA afecta con más frecuencia a los hombres que a las mujeres, en una proporción de 3-4 a 1. En
el género femenino se relaciona con una infradetección y retraso en el diagnostico, confundiéndose
frecuentemente con trastornos límite de personalidad. Los problemas emocionales, factores
relacionados con identidad de género, alteraciones alimentarias y síntomas de estrés postraumático
son más frecuentes en el género femenino.
La prevalencia del TEA, según el DSM-5, se estima alrededor del 1% a 2,6% de la población general,
variable según las encuestas consultadas. Afecta tanto a la población infantil como a la adulta, ya
que el trastorno afecta a la persona durante todo su ciclo vital. En el informe de vigilancia más
reciente de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Estados Unidos de
Norteamérica se estima una prevalencia de TEA de 1 cada 44 personas, siendo una de las
condiciones neuropsiquiátricas complejas con más componente genético y hereditario, sin que aún
se sepa cómo esta predisposición genética conduce a la aparición de TEA en los dos primeros años
de vida de un niño.
El TEA también es una condición de por vida asociada con cargas económicas de más de 2,4 millones
de dólares por niño y más de 130 mil millones de dólares por año solo en los EE. UU., la mayoría de
los cuales están relacionados con apoyos en la vida adulta.
Se recomienda enfáticamente la detección precoz universal del TEA en el segundo año de vida
porque la intervención temprana mejora significativamente los resultados e incluso puede
normalizar aspectos de la función cerebral en niños con TEA. La edad promedio de diagnóstico en
España en 2003 era superior a los 4 años, y en los EE. UU. la edad del diagnóstico todavía ronda los
4 años y medio.
Por ello, el diagnóstico temprano de sospecha es el instrumento más valioso para la indicación
terapéutica de Atención Temprana lo más precoz posible, pues condiciona una evolución más
favorable. El diagnóstico de TEA es clínico y el pediatra de atención primaria, como médico más
próximo a la familia y a la vigilancia del desarrollo normal del niño, debe entrenarse en realizar
alguna prueba de cribado, como por ejemplo el cuestionario M-CHAT para derivarlo al
neuropediatra ante la primera sospecha, y a la oportuna atención temprana.
El pediatra además debe valorar el desarrollo normal del niño teniendo presente que lo habitual no
es encontrarse con un retraso característico del lenguaje o un cuadro de tipo regresivo/involutivo,
pues en el 50% de los casos lo único que se aprecia al comienzo es un discreto retraso en su
desarrollo psicomotor. Debe identificar las señales de alarma, tener presente una serie de preguntas
clave en los 2-3 primeros años de vida y estar alerta para el esquema del prediagnóstico.
El TEA es un desafío en el que el pediatra tiene un papel fundamental para iniciar el proceso de
acciones que conduzcan a un diagnóstico precoz y, en consecuencia, a un mejor pronóstico. El
seguimiento del paciente diagnosticado, por su proximidad con el niño y la familia, es de una
relevancia inestimable por parte del pediatra, ya que la evolución puede ser enigmática y
problemática, requiriendo su apoyo cercano hasta la adolescencia.
El pediatra debe mostrar interés por el desarrollo evolutivo del niño con TEA a partir de la aceptación
familiar y de la sociedad, teniendo presente su particular entorno cultural y social, sobre todo la
accesibilidad y derechos, dependiendo del fenotipo clínico, conductual, socioemocional y humano
de esta persona. Es imprescindible su apoyo y consejo para el futuro educacional de su paciente a
3
través del fortalecimiento de programas que le informen y capaciten hacia la mayor y mejor
adaptación futura de su entorno psíquico y social.
En la base de datos SFARI Gene existen unos 1100 genes relacionados con autismo, 207 de ellos con
una puntuación de alto riesgo (sindrómica y categoría 1).
A pesar de su alta heredabilidad, no todo el TEA está explicado por la genética; una gran cantidad
de factores ambientales individuales, todavía en gran parte desconocidos, también contribuyen en
gran medida al riesgo, interaccionando con factores genéticos en el desarrollo del autismo. Por
ejemplo, aunque determinadas adversidades sociales no ejerzan un efecto causal sobre la
prevalencia de TEA en la población, sí tienen importantes efectos sobre otras comorbilidades
psiquiátricas como la depresión observada en pacientes TEA. Por otro lado, la epigenética del ADN
y replegamiento de la cromatina también podría estar relacionada con factores ambientales u otros
factores genéticos que alteran la expresión genética, implicándose de una manera relevante en el
TEA y su gravedad. En la mayoría de los casos, la configuración genética de un individuo, en
combinación con la exposición a factores ambientales, determinará el riesgo de TEA .
4
Se propone el siguiente algoritmo:
1. Estudios genéticos
Estudio del árbol genealógico de tres generaciones.
Evaluación clínico-genética detallada (dismorfología).
Si existe sospecha de algún síndrome genético concreto, se recomienda realizar estudio
dirigido.
Micro-arrays por CGH.
X frágil solo en varones.
Si todo negativo: MECP2 en mujeres (sobre todo si hay regresión en el desarrollo,
microcefalia y/o estereotipias manuales), dupMECP2 en varones, PTEN si perímetro
craneal >2,5 DS.
Secuenciación completa del exoma o del genoma: se debe valorar individualmente,
pudiendo estar indicado en casos de afectación moderada-severa y/o con afectación
multisistémica.
Se debe realizar consejo genético tanto a pacientes con resultados genéticos negativos,
para informar sobre el riesgo de recurrencias, como a pacientes con etiología genética
definida, para información sobre comorbilidades, tratamiento y pronóstico.
2. Neuroimagen
Solo si hay datos clínicos sugestivos de lesión cerebral: focalidad neurológica en la
exploración física, microcefalia, alteraciones severas del tono muscular, regresión
progresiva, epilepsia, alteraciones del nivel de conciencia.
3. Electroencefalograma
Si existen anormalidades eléctricas cerebrales y crisis epilépticas en 20 -25% de los
pacientes. Se recomienda incluir estudio de sueño prolongado si hay crisis epilépticas
con regresión del lenguaje, y en síndromes genéticos asociados a epilepsia.
4. Estudio metabólico
Se recomienda realizar estudio neurometabólico ampliado solo si existe epilepsia
refractaria, afectación multisistémica, acidosis láctica, vómitos recurrentes, anemia
severa, alteraciones cutáneas no filiadas, regresión psicomotora progresiva, trastornos
del movimiento o microcefalia.
La detección precoz permite instaurar el tratamiento temprano en todos los entornos en los que
vive el niño, mejora el pronóstico de los síntomas autistas, las habilidades cognitivas y la adaptación
funcional. Es importante que los pediatras identifiquen signos de forma precoz, apoyándose en el
conocimiento del desarrollo normal, los signos de alerta y los instrumentos de cribado.
Con la publicación del DSM-5 (APA, 2014), la clasificación y criterios en el campo del autismo
quedaron modificados notablemente comparados con las clasificaciones previas (DSM-IV-TR). En el
DSM-5, los diferentes trastornos del espectro autista incluidos en el DSM-IV-TR (trastorno autista,
síndrome de Asperger y trastorno generalizado del desarrollo no especificado, entre otros)
5
desaparecen para quedar todos englobados en una única nomenclatura de TEA. Los dominios
considerados en el diagnóstico son dos: comunicación/interacción social y patrones restringidos y
repetitivos de comportamiento, manteniéndose estos criterios en su versión revisada DSM-5-TR
(APA, 2022).
Cribado y diagnóstico
El cribado permite identificar población de riesgo. En el caso del neurodesarrollo se utilizan
instrumentos estandarizados de fácil aplicación en las visitas de revisión que permiten id entificar
las desviaciones preocupantes.
El cribado de TEA forma parte de la evaluación del programa del niño sano e incluye anamnesis
detallada del desarrollo en cada visita, preguntando a los padres sobre sus preocupaciones en
relación con el desarrollo del niño y observando la conducta del niño durante la visita. La
observación en la consulta no es suficiente para identificar al niño que necesita una evaluación
mayor, ya que, en ocasiones, la conducta peculiar no es evidente en el momento de la visita y los
cuidadores en ocasiones no refieren sus preocupaciones a menos que se pregunte. Las herramientas
de cribado están diseñadas para ayudar a los cuidadores a identificar y referir los síntomas de TEA,
basándose en las manifestaciones tempranas de los síntomas nucleares relacionados con la
comunicación social. Algunos síntomas tempranos que alertan del riesgo de TEA se conocen como
«banderas rojas».
BANDERAS ROJAS
Modificado de [Link]
En general son niños que evitan el contacto visual y prefieren estar solos, les cuesta mostrar empatía
o expresar sus sentimientos, tienen dificultades en el habla y lenguaje, tienen ecolalias, son rígidos
6
y les cuesta aceptar los cambios, tienen intereses restringidos, hacen movimientos repetitivos como
aletear o mecerse o girar en círculos, y tienen intereses y reacciones peculiares en aspectos
sensoriales.
La AAP (Academia Americana de Pediatría) sugiere revisiones de desarrollo a los 9, 18 y entre los
24-30 meses para identificar desviaciones del neurodesarrollo, con especial interés en la visita de
los 18 y 24 meses en la identificación de rasgos de TEA. La AAP recomienda un cribado de TEA a
todos los niños entre 18 y 24 meses y la Academia Americana de Neurología y la Sociedad de
Neurología Infantil recomiendan la evaluación rutinaria de desarrollo en los niños de riesgo y el
cribado de TEA con un cuestionario tipo M-CHAT (Modified Checklist for Autism in Toddlers) o el
Autism Screening Questionnaire, con más frecuencia de revisión en los niños de riesgo neurológico.
Cribado
Los resultados del cribado no son diagnósticos; ayudan al médico de atención primaria a identificar
al niño con riesgo de TEA.
Existen herramientas de cribado generales del desarrollo que evalúan áreas de lenguaje, cognición
y desarrollo motor, pero carecen de la sensibilidad adecuada para identificar los síntomas sociales
asociados a TEA, por lo que se necesitan herramientas de cribado específicas para identificar los
síntomas de TEA. La AAP ofrece en un clinical report de 2020 una lista de herramientas útiles, pero
pocas de ellas están validadas en castellano.
Los cuestionarios para padres son las herramientas más utilizadas en atención primaria ya que
muchos son instrumentos fáciles y rápidos de completar e interpretar sin entrenamiento (M-CHAT,
ASQ), mientras que otros, como es STAT (Screening Tool for Autism in Two-Year-Old, Stone, 2008)
requieren de un profesional entrenado.
Evaluación diagnóstica
Identificado el niño de riesgo debe derivarse a evaluación e intervención precoz (debe iniciarse la
intervención aún antes del diagnóstico definitivo). El diagnóstico clínico inicial puede realizarse
aplicando los criterios del DSM-5-TR. No se disponen de pruebas de laboratorio para el diagnóstico,
por lo que este debe realizarse con una meticulosa historia de la conducta y la observación de los
síntomas. Un abordaje formal del estado sensorial, del lenguaje, la cognición y las habilidades
adaptativas es imprescindible. La anamnesis debe ser precisa con relación a los síntomas y la
7
repercusión de estos en el individuo y el entorno, obteniéndose información del paciente, la familia,
la escuela y demás entornos. Podemos recurrir a cuestionarios como SCQ, que permiten el abordaje
estructurado de los síntomas, pero no son suficientes para el diagnóstico. El ADI-R (Autism
Diagnostic Inventory-Revised) es una entrevista semiestructurada para padres, validada en
castellano, que debe aplicarse por un médico o psicólogo entrenado y con experiencia. Consta de
dos algoritmos diagnósticos: uno para la edad de 4-5 años y otro aplicable a la edad al momento de
la entrevista. La observación estructurada de los síntomas de TEA durante la evaluación clínica es
útil para la aplicación de los criterios del DSM- 5-TR. Entre las herramientas de observación validadas
para confirmar el autismo contamos con el ADOS-2 (Autism Diagnostic Observation Schedule,
Second Edition) con la que el entrevistador (con capacitación y experiencia) a través del juego,
conversación, imágenes y libros, va provocando la evidencia de conductas autistas, que se puntúan
para obtener las puntuaciones de un algoritmo diagnóstico que clasifica al paciente en: no TEA,
autismo o trastorno del espectro autista. Tiene cinco módulos de aplicación (incluyendo el módulo
T para niños no verbales mayores de 12 meses) y algoritmos diagnósticos clasificados según edad y
nivel de lenguaje.
El tratamiento del TEA en niños debe ser: individualizado, precoz, estructurado, intensivo, extensivo
a todos los contextos y con participación familiar y escolar.
El tratamiento en el TEA debe ser precoz, ya que la intervención temprana intensiva ha demostrado
que puede mejorar el pronóstico de estos niños.
Los programas de intervención están dirigidos a potenciar las diferentes áreas del desarrollo del
niño, fomentando una mayor independencia en las actividades de la vida diaria.
8
Objetivos del tratamiento del TEA
Diseñadas para facilitar la comunicación social entre los niños muy pequeños y sus padres, de
manera que los últimos aprendan a responder a las señales de comunicación de sus hijos y fomentar
la comunicación espontánea, creando oportunidades para la atención compartida, la iniciación
social del niño y el juego espontáneo.
Van encaminadas al tratamiento de los síntomas nucleares del TEA, es decir, deficiencias en la
comunicación/interacción social e intereses restringidos, repetitivos, conductas y actividades. Son
las terapias con mayor evidencia disponible.
9
Algunas de las más utilizadas son:
Terapia ABA (Applied Behavior Analysis) o “análisis aplicado del comportamiento” busca
reforzar las conductas deseables y disminuir las conductas indeseables. Las habilidades se
enseñan a través de pruebas repetidas basadas en un sistema de recompensa.
Terapia EIBI (Early intensive behavioral intervention) es un programa ABA altamente
protocolizado e intensivo, que implica de 30 a 40 horas de terapia en el hogar por semana
durante un periodo de dos años o más.
El Modelo Denver del Comienzo Temprano (Early Start Denver Model - ESDM) es uno de los
más conocidos y demuestra mejoras en el desarrollo y la conducta adaptativa.
Modelos de intervención con evidencia más débil:
o Enseñanza ambiental mejorada (Enhanced Milieu Teaching - EMT).
o Enseñanza incidental (Incidental Teaching - IT).
o Tratamiento de respuesta fundamental (Pivotal Response Treatment - PRT).
o Entrenamiento de imitación recíproca (Reciprocal Imitation Training - RIT).
o Comunicación social/regulación emocional/apoyo transaccional (Social
Communication/Emotional Regulations/Transactional Support - SCERTS).
El objetivo es proporcionar a las familias asesoramiento sobre el manejo del comportamiento de los
niños con TEA, con un menor coste. Se ofrece formación para la comprensión de los padres sobre
el TEA, cómo fomentar las habilidades sociales y comunicativas, y cómo gestionar comportamientos
difíciles, como rituales, rabietas y/o agresividad, miedos y fobias, y/o problemas con la alimentación,
dormir y el control de esfínteres. Un ejemplo es el programa denominado Escalones Intermedios
(Stepping Stones - Triple P).
Para muchas personas, especialmente aquellas que tienen bajas capacidades, esto puede implicar
el uso de sistemas alternativos o aumentativos de la comunicación (SAAC), como pueden ser signos,
símbolos o imágenes:
10
Tratamiento y educación de niños con autismo y problemas asociados de la comunicación
(TEACCH).
Historias sociales (Social Stories).
Terapias ocupacionales
Se utilizan ampliamente en muchos entornos para mejorar las competencias para la vida diaria y las
conductas adaptativas de las personas con autismo.
Síntomas gastrointestinales
Es importante en los TEA una buena higiene del sueño. Entre un 44-83% de niños con TEA presentan
o han presentado alteraciones del sueño.
11
Actualmente la FDA y la EMA solo han aprobado un medicamento para el tratamiento del insomnio
en niños con TEA, el Slenyto©, que consiste en melatonina de liberación prolongada, en dosis de 1
y 5 mg. Cualquier medicamento debe iniciarse con una dosis baja y monitorizarse para detectar
efectos adversos. Los problemas de conciliación del sueño se pueden manejar con melatonina a
dosis de 1 a 6 mg y para el mantenimiento del sueño con melatonina de acción prolongada. Los
efectos adversos son poco frecuentes, pero pueden incluir pesadillas o somnolencia diurna. Los
agentes alfa-adrenérgicos (clonidina) y los antihistamínicos (difenhidramina) a menudo se
prescriben para ayudar a conciliar el sueño o para tratar el despertar nocturno en los niños, pero la
literatura proporciona poco respaldo para su uso.
El tratamiento del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en pacientes con
autismo es el mismo que en pacientes sin TEA, teniendo especial cuidado con la dosis de inicio y
efectos secundarios. No obstante, la eficacia de los fármacos es menor que en niños con TDAH sin
TEA.
Los fármacos inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina son la opción terapéutica más
recomendada en niños con TEA y ansiedad junto con las intervenciones psicológicas. La fluoxetina
y el escitalopram tienen indicación por la FDA para la depresión en edad infantil y juvenil.
Alteraciones de conducta
Los comportamientos disruptivos, como la agresión, las autolesiones y las rabietas, pueden
complicar el manejo en el hogar y en el ámbito social del paciente con TEA.
12
Tratamiento farmacológico en el TEA y sus comorbilidades
Moderada evidencia de
efectividad en TDAH y
autismo, sobre todo si existe
asociada ansiedad.
Pueden disminuir la
Risperdal, hiperactividad, pero su
Antipsicóticos
Aripripazol principal indicación es la
atípicos
irritabilidad y la agresividad.
13
Es más efectiva si se combina
con estrategias conductuales
que aborden las causas
ambientales identificadas para
el comportamiento.
Es preciso la monitorización de
Olanzapina
los efectos secundarios.
Quetiapina No tiene una indicación actual
en el prospecto de la FDA para
su uso en niños con TEA
14
Pueden tener mejores perfiles
de efectos adversos que los
antipsicóticos atípicos
Mejora en el comportamiento
repetitivo.
15
Fluoxetina El efecto adverso frecuente
que obliga suspender el
Inhibidores de la Sertralina tratamiento es la
recaptación de la hiperactivación
serotonina Citalopram
Escitalopram
Risperdal
Antipsicóticos
atípicos Aripripazol
Benzodiacepinas
Loracepam Para crisis agudas
de acción corta
16