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Tasca 1 Teoría

La pieza musical analizada es la Sonata para piano n. 21 de Franz Schubert, compuesta en 1828 antes de su muerte. Schubert compuso esta obra en un período de gran agonía personal debido a su enfermedad y salud mental frágil. A pesar de su estilo clásico en el papel, la sonata demuestra una riqueza expresiva romántica. La pieza y la vida de Schubert ofrecen la oportunidad de explorar valores culturales y emocionales con los estudiantes.

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Tasca 1 Teoría

La pieza musical analizada es la Sonata para piano n. 21 de Franz Schubert, compuesta en 1828 antes de su muerte. Schubert compuso esta obra en un período de gran agonía personal debido a su enfermedad y salud mental frágil. A pesar de su estilo clásico en el papel, la sonata demuestra una riqueza expresiva romántica. La pieza y la vida de Schubert ofrecen la oportunidad de explorar valores culturales y emocionales con los estudiantes.

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Partitura para instrumentos escolares

Teoría musical para la etapa secundaria


Curso 2022-2023

Mario Squarzanti
Justificación
La pieza que he seleccionado para ser adaptada es la Sonata para piano n. 21 op. 960 de
Franz Schubert. En concreto, he adaptado el segundo tema, o tema B. Esta adaptación está
pensada para ser interpretada por tres xilófonos, unas claves, un triángulo y una viola.

Para tratar el contexto de esta pieza, nos apoyaremos en el texto La vida de Schubert,
escrito por C. Gibbs (2002).

Hablar es hablar de una historia dramática, así como hablar de una época convulsa y de
transición. La sonata está compuesta por Franz Schubert en 1828, año en que el compositor
moriría. Si bien la muerte de Schubert fue relativamente repentina, ya que algunos meses
antes parecía haber vivido una cierta mejora, era un hecho que todos, el propio Schubert el
que más, sabían que acontecería tarde o temprano. Desde que, en 1823, fuera
diagnosticado con sífilis, Schubert había vivido con la congoja propia de quien se enfrenta a
una muerte inminente o una vida marcada por la enfermedad. Fueron años donde vivió en
una constante agonía. Esta agonía estaba, además, acrecentada por una salud mental frágil
y una más que posible bipolaridad. Schubert pasará de las hedonistas Schubertiadas a la
eterna soledad de su cuarto, lo que le hace vivir todo un proceso de duelo de gran
intensidad que se verá culminado con una agria resignación. Si otros autores, como Mahler
o Brahms, pudieron acabar sus años con cierta aceptación, Schubert no llegó a superar la
sublimidad de un mundo bello y homicida. Tal y como muestra en la famosa carta, será el
“entusiasmo por las cosas bellas” lo único que le aportará un mínimo de esperanza, una
oportunidad de sobrellevar un día más: “así ahora puedo cantar todos los días, pues todas
las noches, cuando me voy a dormir, confío en no despertar ya nunca, y cada mañana me
anuncia sólo la misma pena del día anterior.” (Gibbs, 2002, p.98). Será en uno de estos
cantares, melancólicos, en una de esas plegarias consagradas a las cosas bellas, donde nazca
esta sonata.

Dentro de la obra de Schubert, esta sonata rompe con el carácter poderoso y agitado de sus
anteriores sonatas. El carácter pausado cándido del primer movimiento podría acercarse
mucho más al tono estético de sus impromptus, sobre todo de sus op. Póstumos. Este
reencuentro con la belleza pausada parece estar relacionado con los últimos meses de vida
del compositor, pues podemos encontrarlo en el quinteto en Do mayor, así como en la
colección de Lieder Schwang gesang, obras compuestas en 1828. Es una sonata compuesta
en Sib M y sigue una forma sonata bastante estándar, principalmente teniendo en cuenta
algunas trasgresiones que podemos encontrar en su repertorio anterior de dicha forma; en
general esta sonata, la última que escribe, resulta muy sorprendente porque (quitando los
trinos graves, muy descriptivos y ‘modernos’) posee un regusto extremadamente clásico,
contrastando con sus obras anteriores.

De alguna forma Schubert consigue componer una sonata que, sobre el papel, nos
recordará a sus primeras obras de estudiante, en un estilo extremadamente clásico, pero
que al ser interpretada demuestra una riqueza de perspectiva y una expresividad
puramente romántica; se trata de una obra clara, con estructura y muy equilibrada. Será en
el desarrollo motívico donde más podamos encontrar al Schubert de vanguardia. Es
remarcable la elección de una tonalidad con bemoles, pues podemos observar cierta
relación entre la tonalidad con bemoles y el estado emocional mencionado con
anterioridad. Tratando de nuevo a Mahler y a Brahms como compositores que vivieron un
estado emocional y estético similar, podemos señalar la decisión de ambos de finalizar sus
repertorios entorno a la idea del bemol: Mahler dará por finalizada su sinfonía 9º con un
sorprendente Reb M (pues comienza en Re M), Brahms, por su parte compondrá su última
sonata en Mib M y su última pieza, el último preludio coral, estará en Fa M cuya armadura
tendrá, de nuevo, un bemol.

Esta pieza, al igual que la mayor parte del repertorio de Schubert, nace en un periodo
histórico convulso, marcado por la figura Goethe y, en el mundo de la música, por
Beethoven. La importancia de Beethoven radica en la ruptura estética que supone frente a
la tradición germana musical. Esta ruptura supondrá un viraje en los valores artísticos de la
música y se verá influenciada enormemente por la literatura, que en este momento se
encontraba ya sumergida en el periodo romántico. Beethoven fue el precursor del
romanticismo musical, si bien no conseguirá alcanzarlo con plenitud. Schubert, en ese
sentido, imitará a Beethoven en muchos aspectos, ofreciéndonos una versión ( debido a su
juventud y rebeldía) mucho más acabada de lo que sería el romanticismo. Podríamos hablar
en Beethoven de un protoromanticismo y en Schubert de un paleoromanticismo. La de
Schubert es una música con formas clásicas que encierra una estética absolutamente
romántica. Si se dice que la verdadera psicodelia muere en 1967, con la llegada del verano
del amor, el verdadero romanticismo morirá con Schubert.

Esta pieza será perfecta, por la dialéctica que encierra, para el trabajo y desarrollo de
competencias emocionales. Hablar del contexto de esta pieza y hacer una audición de la
misma será una experiencia enriquecedora emocionalmente por el contraste que encierra.
Si bien para los adultos será más o menos fácil entender la posición desde la que Schubert
escribe estas pausadas líneas, lo cierto es que, para el alumnado, representará un contraste
digno del estilo galante que Gluck derrocha en su Orfeo y Eurídice. Este contraste no dejará
indiferente a ningún aluno y nos dará pie para trabajar la sublimidad y dialéctica de la
música, desde lo vivencial hasta lo abstracto. Aunque este no sea un contenido a desarrollar
en una sola sesión, ni en un solo curso, lo cierto es que puede ser un gran punto de partida.
Se trata de una pieza cuyos aspectos formales son de gran sencillez y que posee elementos
muy plásticos y descriptivos, casi tangibles. Esto nos será de gran ayuda a la hora de trabajar
cuestiones estéticas y emocionales con los alumnos. Dentro de estas cuestiones
emocionales, dada la biografía de Schubert (muy atractiva para los jóvenes) y el enorme
contraste que presenta el discurso de la obra con la emocionalidad del compositor,
podríamos trabajar con los alumnos la empatía y la regulación emocional. Evidentemente,
como hemos señalado antes, tan solo como un comienzo o unas primeras pinceladas.

Valores culturales y sociales

Como hemos señalado antes, uno de los principales valores que posee esta pieza, así como
casi toda la obra de Schubert, es haber marcado la estética de la música posterior. Schubert
es el primer (o último) romántico. Y por ello su repertorio, principalmente en los últimos
años de vida, serán un referente para posteriores compositores. Podemos señalar el interés
que desarrollarán Schumann, Mendelssohn y Liszt por la música de Schubert. Un ejemplo de
la gran influencia de Schubert en sus posteriores lo podemos encontrar en Liszt, padre del
poema sinfónico, quien afirmará que Schubert es el compositor más poético que jamás ha
existido (Liszt, 1989). Podríamos decir que la influencia de Schubert en el mundo de la
música se extiende hasta límites casi atonales, puesto que podemos encontrar sus huellas
en Mahler, quien, a su vez, influenció enormemente a Schönberg : “Pero la Sinfonía
inacabada y especialmente la Grande en do mayor son asombrosas. La última allana el
camino para Bruckner y presagia a Mahler.” (Tommasini, 2004)

Si bien la influencia que supone Schubert para el mundo occidental podría limitarse al plano
puramente musical, lo cierto es que la figura de Schubert ha influenciado enormemente la
cultura general de este periodo. Podríamos afirmar que Schubert es el primer romántico, un
romántico que no pudo alcanzar con plenitud sus valores estéticos. Esto le convierte en uno
de los primeros héroes románticos por excelencia. En un momento donde el mundo de las
artes tiene puesta su atención en la música, como arte absoluto que supera toda disciplina,
una figura surge de las tinieblas, como una leyenda rodeada de misterio y miseria. Schubert
pasará desapercibido en vida, pero tras su muerte, empezará a ser ampliamente
reconocido. Esta figura, casi poética, del artista despreciado, que crea desde la pureza del
anonimato y soportando el peso de una sociedad que lo rechaza por mantenerse fiel a sus
valores, parece sentar las bases en la vida de Schubert. Beethoven fue reconocido, en vida,
como una figura pura del romanticismo, un Fausto de carne y hueso; tras la muerte de
ambos (con muy poco tiempo de diferencia), Schubert comenzará a hacerse más conocido, y
con su música, se conocerá su historia y, si bien nunca desbancara a Beethoven en su
grandiosidad, la penosidad de su historia hará que, poco a poco, se entendiera la belleza e
importancia de su figura. Este arquetipo romántico seguirá vigente hoy en día y hará que,
una figura como Kennedy Toole o Pessoa nos sigan conmoviendo: “Tienes que amar al tipo,
que murió a los 31 años, enfermo, empobrecido y descuidado, excepto por un círculo de
amigos que estaban asombrados de su genio”. ( Tommasini, 2004). Pero Schubert es más
que un héroe romántico, se trata de un poeta maldito. Schubert será uno de los primeros
Bohemios. Debemos sumar en su biografía un fuerte hedonismo, traducido en adicciones
que le procuraban experiencias que resultaban el motor de su creación, así como un
desinterés por lo establecido que le convierten en un personaje con valores
contraculturales. Si bien no será de orígenes burgueses, como la mayoría de estos artistas,
la vida de Schubert es Rimbaud en el contenido y Baudelaire en la forma.

Pero Schubert no solo es un artista cuya figura ha influenciado enormemente la cultura


occidental, también es un artista cuyas obras hablan, en cierto sentido, de resiliencia. Este
término, que hoy en día tiene un gran peso, parece cobrar un cariz especial en la música de
Schubert. La sonata escogida para el arreglo es un gran ejemplo de ello; se trata de una
sonata compuesta en una fecha cercana a su muerte, en un momento de profunda
desesperación y, sin embargo, trabaja una cosmovisión estética y personal de gran dulzura y
luminosidad. Schubert crea una sonata que promete un reposo tras la tormenta, una
iluminación tras la oscuridad. Esta pieza no es solo una de las mayores expresiones de la
forma sonata, también se trata de la materialización de un gran amor por la existencia y una
fe descarnada por la belleza del mundo.

Adaptaciones para el alumnado

La adaptación realizada para el alumnado está pensada para ser interpretada por un
conjunto de 3 xilófonos, un triángulo o claves y un instrumento melódico como una viola o
un violín. Se trata de una adaptación de sencillez con una textura de melodía acompañada.
Todas las partes presentan cierta dificultad, pero son superables, siendo la parte rítmica la
que podría suponer un problema. Se trata de una adaptación de la melodía del tema b de la
sonata n21 de Schubert, primero acompañada dentro de su propio estilo, y por otra parte,
estará adaptada a estilo latín y a estilo vals.

Competencias y contenidos en relación a la pieza

Tal y como recoge la competencia específica n1 de la asignatura de música de la nueva ley


educativa (LOMLOE), los alumnos deberán ‘valorar el patrimonio musical y dancístico como
fuente de disfrute y enriquecimiento personal’. Esta pieza se trata de una importante
contribución al patrimonio cultural europeo, así como su compositor, tal y como hemos
visto en el apartado anterior. Además, esta pieza contiene algunos elementos que
promueven el enriquecimiento personal, estando dotada de unos valores profundos y
rodeada por unas circunstancias de las que podemos extraer conclusiones muy
enriquecedoras. Estos valores estarán muy relacionados con la competencia n3, en la que se
nos menciona la importancia de gestionar las emociones adecuadamente. La sonata
poseerá el poder de transmitir la resiliencia necesaria dentro del proceso de gestión de las
emociones, por lo que será de gran interés esta pieza para trabajar la gestión y regulación
emocional.
Además de estas competencias que trabajaremos con la pieza, existen numerosos saberes
que podrían trabajarse con la sonata n21 de Schubert. Debido a su forma y lenguaje clásico,
es una obra que permite ser analizada (en referencia al saber “Obras musicales y
dancísticas: análisis, descripción y valoración de sus características básicas. Géneros de la
música y la danza.”) a diferentes niveles de complejidad, pudiendo utilizarse como ejemplo
de conceptos sencillos como notación básica, hasta conceptos complejos como tonalidad,
modulación o forma (en relación al saber “La partitura: identificación y aplicación de grafías,
lectura y escritura musical”). Por otra parte, está compuesta por F. Schubert, un compositor
de gran influencia, desde el cual podríamos tratar a muchos otros compositores, así como
grabaciones e intérpretes de sus obras (en referencia al saber “Compositores y compositoras,
artistas e intérpretes internacionales, nacionales, regionales y locales.” y “Conciertos, actuaciones

musicales y otras manifestaciones artístico-musicales en vivo y registradas”). Se trata de una


sonata, una forma musical que puede considerarse como uno de los principales géneros musicales
propios de gran parte de la tradición musical solística europea (en referencia al saber “Principales
géneros musicales y escénicos del patrimonio cultural.”) Además, esta pieza, indiscutiblemente,
forma parte del patrimonio cultural de la música culta europea (en relación al saber “Repertorio
vocal, instrumental o corporal individual o grupal de distintos tipos de música del patrimonio musical
propio y de otras culturas.” De esta forma, por el propio contexto de creación de la pieza, se trata de
una pieza con la que podríamos trabajar y plantear formas o recursos para la regulación y control de
las emociones, siendo esta una base teórica (en relación al saber “Técnicas básicas para la
interpretación: técnicas vocales, instrumentales y corporales, técnicas de estudio y de control de
emociones.”). Además, por las características de la pieza, realizar un ejercicio de escucha activa será
necesario y fundamental (en referencia al saber “Normas de comportamiento y participación en
actividades musicales.”) Por último, tratándose de una pieza histórica, nos permitiría trabajar temas
relacionados con historia de la música (en relación al saber “Historia de la música y de la danza
occidental: periodos, características, géneros, voces, instrumentos y agrupaciones.”

Referencias
Gibbs, C. H. (2002). Vida de Schubert. Ediciones AKAL.

LISZT, Franz (1989). An Artist's Journey: Lettres D'un Bachelier ès Musique, 1835–1841. University of Chicago
Press.

Tommasini, A ( 2004) «The Greatest Composers – A Top 10 List». The New York Times.

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