COLECCIÓN
DE POESÍA
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
or Juana
Inés de la Cruz
Poesía selecta
or Juana
Inés de la Cruz
Poesía selecta
or Juana
Inés de la Cruz
Poesía selecta
Itzcóatl Tonatiuh Bravo Padilla
Rectoría General
Miguel Ángel Navarro Navarro
Vicerrectoría Ejecutiva
José Alfredo Peña Ramos
Secretaría General
Sonia Reynaga Obregón
Coordinación General Académica
Patricia Rosas Chávez
Dirección de Letras para Volar
Sayri Karp Mitastein
Dirección de la Editorial Universitaria
Primera edición electrónica, 2016
Director de la colección
Hugo Gutiérrez Vega
Coordinadora de la colección
Lucinda Ruiz Posada
Autor
Sor Juana Inés de la Cruz
Selección y presentación
Jorge Souza Jauffred
D.R. © 2016, Universidad de Guadalajara
Editorial Universitaria
José Bonifacio Andrada 2679
Colonia Lomas de Guevara Se prohíbe la reproducción, el registro o
44657, Guadalajara, Jalisco la transmisión parcial o total de esta obra
[Link] por cualquier sistema de recuperación de
información, existente o por existir, sin el
Abril de 2016
permiso previo por escrito del titular de los
ISBN 978-607-742-498-7 derechos correspondientes.
Estimado universitario:
Los resultados poco satisfactorios que se han obteni-
do en las pruebas pisa y enlace ponen de manifiesto
que los estudiantes de nivel medio y superior en todo el
país tienen dificultades con la comprensión lectora. La
Universidad de Guadalajara, no ajena a esta realidad,
decidió crear desde 2010 el Programa Universitario de
Fomento a la Lectura “Letras para volar”.
Este programa promueve el gusto por la lectura a
la par que se propone el desarrollo de la competencia
lectora en estudiantes de diversos niveles educativos.
Esta labor se realiza desde la función sustantiva de
extensión en la que prestadores de servicio social de
nuestra casa de estudios acuden semanalmente a es-
cuelas primarias y secundarias para fomentar el gusto
por la lectura, gracias a lo cual un total de 123,598 ni-
ños y jóvenes se han visto beneficiados con el progra-
ma desde su creación.
Desde las funciones de investigación y docencia, la
Universidad de Guadalajara trabaja en favor de los jóve-
nes de nivel medio y superior para consolidar la com-
petencia lectora y poner al alcance de los estudiantes la
lectura, por tanto, hemos invitado a tres universitarios
distinguidos a integrarse a este proyecto y seleccionar
títulos para las tres colecciones que llevan su nombre:
| 5
• Colección Caminante Fernando del Paso
• Colección Hugo Gutiérrez Vega
• Colección Fernando Carlos Vevia Romero
Desarrollar la competencia lectora está no sólo en
la base de la educación, sino en el apoyo mismo de lo
que somos como sociedad. Leer en la universidad no
se debe limitar a los textos escolares; por ello, ponemos
a disposición de nuestros jóvenes tirajes masivos para
que desarrollen el entusiasmo por la lectura y la incor-
poren a su vida cotidiana.
¡Que ningún universitario se quede sin leer!
Itzcóatl Tonatiuh Bravo Padilla
Rector General
Universidad de Guadalajara
6 |
Índice
11 Sor Juana, luz de las letras novohispanas
19 Contiene una fantasía
contenta con amar decente
20 Arguye de inconsecuencia el gusto
y la censura de los hombres, que
en las mujeres acusan lo que acusan
24 En que satisface un recelo
con la retórica del llanto
25 A su retrato
26 Que consuela un celoso epilogando la serie
de los amores
27 Enseña modo con que la Hermosura,
solicitada de amor importuno, pueda
quedarse fuera de él, con entereza
tan cortés que haga bienquisto hasta
el mismo desaire
30 Quéjase de la suerte: insinúa su aversión
a los vicios y justifica su divertimiento
a las Musas
| 7
31 De una reflexión cuerda con que mitiga
el dolor de una pasión
32 De amor, puesto antes en sujeto indigno,
es enmienda blasonar del arrepentimiento
33 En que describe racionalmente los efectos
irracionales del Amor
38 Bello compuesto en Laura dividido
39 Cítara de carmín que amaneciste
40 Nacimiento de Cristo, en que se discurrió
la abeja
43 No quiero pasar por olvido lo descuidado
44 ¡Oh, famosa Lucrecia, gentil dama
45 Alma que al fin se rinde al amor resistido,
en alegoría a la ruina de Troya
48 Correspondencias entre amar o aborrecer
49 Resuelve la cuestión de cuál sea pesar más
molesto en encontradas correspondencias:
amar o aborrecer
8 |
50 Prosigue el mismo asunto y determina
que prevalezca la razón contra el gusto
51 Romance que en sentidos afectos produce
el dolor de una ausencia
56 Aunque en vano, quiere reducir a método
racional el pesar de un celoso
57 En la muerte de la Excelentísima Señora
Marquesa de Mancera
58 Para explicar la causa a la rebeldía…
59 Aplaude la ciencia astronómica del padre
Francisco Kino
60 Alaba con especial acierto
el de un músico primoroso
61 Acusa la hidropesía de mucha ciencia,
que teme inútil, aun para saber,
y nociva para vivir
68 Sólo con aguda ingeniosidad esfuerza el
dictamen de que sea la ausencia mayor
mal que los celos
69 Soneto a Martín de Olivas
| 9
70 Cadena por crueldad disimulada el alivio
que la esperanza da
71 Encarece de animosidad la elección
de estado durable hasta la muerte
72 Dime vencedor rapaz
74 Muestra sentir que la baldonen por los
aplausos de su habilidad
75 Pues estoy condenada
77 En que da moral censura a una rosa y en
ella a sus semejantes
78 Estos versos, lector mío
81 A la esperanza, escrito en uno
de sus retratos
82 Mientras la gracia me excita
84 Refiere con ajuste la tragedia de Príamo
y Tisbe
85 Inés, cuando te riñen por Bellaca
86 Aunque eres (Teresilla) tan muchacha
10 |
Sor Juana, luz de las letras
novohispanas
JORGE SOUZA JAUFFRED
Mujer genial, estupenda escritora, brillante y portento-
sa defensora del derecho de acceder al conocimiento,
Sor Juana Inés de la Cruz, llamada también “La Décima
Musa” y “Fénix de las Américas”, es la gran figura de las
letras novohispanas del siglo XVII. Su obra literaria, lo-
grada con perfección técnica y profundidad asombro-
sa, es considerada como uno de los mayores legados de
la lengua española.
Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana nació
el 12 de noviembre de 1651, en San Miguel Nepantla,
en Nueva España, ahora Estado de México. Algunos
datos sobre su infancia y su adolescencia son inciertos,
incluso su fecha de nacimiento, que algunos investiga-
dores sitúan en 1648, a pesar de que nuevos documen-
tos parecen demostrar que la fecha correcta es 1651.
Tampoco hay muchos datos sobre la vida de sus padres,
Pedro Manuel de Asbaje —un militar español— e Isa-
bel Ramírez de Santillana, quienes procrearon tres hi-
jas, sin unirse en matrimonio. Más tarde, la madre se se-
paró y se unió con Diego Ruiz Lozano, con quien tuvo
tres hijos más, también sin casarse.
| 11
La niña, dotada de belleza y de inteligencia excep-
cional, aprendió a leer a los tres años, gracias a las ense-
ñanzas de su hermana mayor; a los cinco ya escribía, y
devoraba la biblioteca de la hacienda de su abuelo, que
visitaba con frecuencia. En 1656, el abuelo falleció y dejó
sus propiedades a la madre de Juana, quien se encargó
de administrarlas. En aquellos libros, la futura escritora
conoció a los clásicos griegos y romanos, se acercó a los
estudios teológicos y leyó libros de astronomía y física,
así como todo lo relacionado con la música.
La sed de conocimiento era innata en la pequeña
Juana. Quería saber más. Ella escribió, años después,
que cortaba un mechón de su pelo cuando no recorda-
ba una lección o una lectura, esperando aprenderla an-
tes de que el cabello otra vez creciera. A los ocho años
ganó un premio por una loa que escribió dedicada al
Santísimo Sacramento y con ello la fama de niña pro-
digio. A partir de entonces, escribiría “por encargo” la
mayoría de sus obras poéticas. Otro dato que habla de
su interés por el estudio es que, muy joven aún, intentó
convencer a su madre de que la enviara a la universidad
disfrazada de varón.
Tenía tal vez trece años cuando, gracias a su bri-
llantez y belleza, ingresó a la corte del virrey Antonio
Sebastián de Toledo, como dama de compañía de la
virreina, Leonor de Carreto marquesa de Mancera, a
quien más tarde dedicó varios sonetos. La marquesa,
a su vez, se convirtió en su protectora y mecenas. El vi-
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rrey reunió un grupo de 40 letrados para examinar a la
joven en todas las materias y ella asombró a todos al
responder con gran destreza aquel examen. Desde esa
posición, Juana tuvo acceso a la biblioteca virreinal,
cultivó el contacto con los intelectuales de la época y
comenzó a brillar en la corte.
La falta de datos no permite establecer con clari-
dad por qué Juana decidió alejarse de un medio que
le era tan favorable para ingresar al convento. Algunos
biógrafos creen ver en esta decisión una reacción de la
joven ante una decepción amorosa. Otros, ante la aten-
ción que seguramente despertaba en los caballeros de
la corte. Ella escribiría posteriormente que, “para la to-
tal negación que tenía al matrimonio (ingresar a la vida
religiosa) era lo más decente que podía elegir en mate-
ria de la seguridad de mi salvación”. Fue el confesor de
los virreyes, el padre Núñez de Miranda, quien, al saber
que Juana no tenía intención de casarse, le propuso que
ingresara a un convento. La joven aceptó y eligió el de
San José, de las Carmelitas Descalzas; pero la rigidez
de la regla, al parecer, perjudicó su salud y debió regre-
sar al lado de los virreyes. No obstante, tres meses más
tarde, accedió al convento de Santa Paula, de la orden
de San Jerónimo, donde la disciplina era más flexible.
Encontró que en su amplia celda de dos pisos podía
celebrar reuniones —a las que concurrían filósofos,
teólogos, matemáticos—, dedicarse a los estudios y re-
cibir visitas, además de tener ayudantes de cámara. En
| 13
aquel recinto reunió más de cuatro mil libros —tal vez
la biblioteca más grande de la Nueva España—, instru-
mentos musicales, aparatos de medición, mapas y otros
implementos científicos.
La Décima Musa hizo sus votos religiosos el 24 de
febrero de 1669 y adoptó el nombre de Sor Juana Inés
de la Cruz. Con las jerónimas permanecería hasta el fin
de sus días.
A los veinte años enfermó de tifus, pero logró ven-
cer a la infección que, años más tarde, la mataría. En
1674, los virreyes fueron relevados de su cargo, lo que
lamentó la joven monja, quien se despidió de su protec-
tora con gran pesar. Pasaron seis años. En 1680, arribó
a la silla virreinal Tomás de la Cerda y Aragón con su
esposa María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga mar-
quesa de Paredes. A Sor Juana se le encomendó la con-
fección de un arco triunfal para adornar la entrada de
los virreyes a la capital, y para ello escribió su Neptuno
alegórico, que impresionó vivamente a los mandatarios,
quienes le ofrecieron apoyo y amistad, una amistad que,
entre la marquesa y la escritora, perduraría siempre.
En la Colonia, prevalecían muchas limitantes que
impedían a la mujer acceder al conocimiento. La filo-
sofía, la literatura y el saber académico eran, exclusiva-
mente, para los varones. Universidad, libros y discipli-
nas científicas eran patrimonio del sexo masculino. Sor
Juana supo sortear esta desventaja para convertirse en
una conocedora, no sólo de las letras, sino también de
14 |
la astronomía, la música, la teología, la filosofía, la quí-
mica, la biología y otras disciplinas, en un mundo ad-
verso al desarrollo intelectual de la mujer. El apoyo que
le brindaron las dos virreinas y otros personajes pode-
rosos de la corte fue importante para que ella pudiera
ahondar en sus estudios y continuar su obra.
La genial jerónima, pese a los obstáculos de la épo-
ca, dominó la poesía, el teatro y la prosa, y en los tres
campos destacó. Es la mayor figura literaria del siglo
XVII, al lado de Juan Ruiz de Alarcón. Defendió la sabi-
duría profana y el derecho de la mujer de acceder a ella,
así como su propio interés por el estudio y la ciencia.
Una muestra de su postura decidida fue que despidió a
su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, lue-
go de que éste la criticara varias veces en público por
dedicar su tiempo a las letras y al conocimiento.
En poesía, siguió la ruta marcada por los autores
del Siglo se Oro, principalmente por Góngora y Queve-
do. Su primer libro, Inundación Castálida, se publicó en
1689 en España. Escribió villancicos, sonetos, redon-
dillas, églogas, décimas, y dejó en claro que conocía
los secretos de la pasión amorosa y de sus desengaños,
como lo refleja con profunda sensibilidad en sus poe-
mas amorosos. ¿Cómo es que Sor Juana plasma con tal
nitidez los sentimientos amorosos si no conoció nunca
el amor? ¿Cómo es que expone la pasión, los celos, el
rechazo, el acoso y los pequeños males que se derivan
| 15
de una relación, si no tuvo nunca un romance? Esa pre-
gunta, hasta ahora, no tiene respuesta.
A juicio de algunos estudiosos de su obra, entre
ellos el Nobel mexicano Octavio Paz, Primero sueño,
publicado en 1692, es la obra fundamental de la poesía
de la monja jerónima. Otros autores interesados en sus
trabajos literarios han sido Amado Nervo, Alfonso Re-
yes, Xavier Villaurrutia, José Gorostiza, Gonzalo Celo-
rio y Sara Poot, por citar unos cuantos.
Escribió, además, autos sacramentales (El Divino
Narciso, El cetro de José y El mártir del sacramento) y dos
comedias (Los empeños de una casa y Amor es más labe-
rinto) que se siguen representando. Fue también admi-
nistradora del convento, cargo que cubrió con eficacia,
y realizó diversos experimentos científicos.
Entre 1690 y 1691 rompió su vida apacible una dis-
puta teológica que surgió tras escribir una crítica privada
(muy inteligente y justificada) a un sermón del famoso
jesuita Antonio Vieyra, sobre el tema de las finezas de
Cristo. El obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa
Cruz, publicó el texto de Sor Juana bajo el título de Carta
Atenagórica, con un prólogo suyo que firmó como “Sor
Filotea”, donde recomienda a la autora alejarse de las le-
tras humanas y dedicarse a las divinas. La poetisa, ante
aquella publicación, responde con el escrito Respuesta a
Sor Filotea, donde, con argumentos irrebatibles, que de-
jan mal parado ante la historia al obispo de Puebla, de-
fiende el derecho de la mujer a la educación.
16 |
Los años siguientes fueron difíciles para Sor Juana.
Gonzalo Celorio lo narra así:
“Diversos acontecimientos acaecidos entre los años
de 1692 y 1693, cambiaron radicalmente la vida de
sor Juana […]: lluvias constantes afectaron las cose-
chas, escasearon los granos, sobrevinieron el acapa-
ramiento y la especulación, el pueblo se amotinó, la
turba hambrienta incendió el palacio virreinal y las
casas del Ayuntamiento, se desató la represión, el vi-
rrey, conde de Galve, se debilitó en la misma medida
en que se fortaleció el arzobispo Francisco Aguiar y
Seijas, […] aquel prelado iracundo, misógino y justi-
ciero que, obviamente, detestaba la fama y el talento
de la monja jerónima y hubiese querido que Sor Juana
se tragara, una a una de las palabras de la Respuesta a
sor Filotea de la Cruz con la que la monja había defen-
dido y justificado su vocación literaria y su dedicación
a las letras profanas”.
Sor Juana, presionada tal vez por este contexto,
dejó de escribir a partir de 1693 y pareció centrarse
más en labores religiosas. Vendió sus libros e instru-
mentos musicales e hizo llegar el dinero a los pobres.
El tiempo había cambiado. Muchos de sus amigos y
protectores habían muerto; la época era aciaga. En
1695, una epidemia se propagó en la capital y alcanzó
al convento, en donde enfermaron de gravedad muchas
| 17
monjas. Sor Juana cuidaba de sus hermanas cuando se
contagió mortalmente de tifus. El 17 de abril a las 4:00
de la mañana, finalmente, falleció y, con ella, se apagó
el esplendor de la mayor escritora novohispana y una
de las voces más grandes y luminosas de la poesía en
lengua española.
La selección de textos que se incluyen en este libro
es una muestra de una de las obras más bellas y perfecta
de toda la literatura de nuestra lengua.
18 |
Contiene una fantasía
contenta con amar decente
Detente, sombra de mi bien esquivo
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
Si al imán de tus gracias atractivo
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero,
si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes satisfecho
de que triunfa de mí tu tiranía;
que aunque dejas burlado el lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.
| 19
Arguye de inconsecuencia
el gusto y la censura de los
hombres, que en las mujeres
acusan lo que acusan
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
20 |
Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?
poesía selecta | 21
Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y queja enhorabuena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
22 | sor juana inés de la cruz
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
poesía selecta | 23
En que satisface un recelo
con la retórica del llanto
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba.
Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste
con sombras necias, con indicios vanos:
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.
24 |
A su retrato
Este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;
éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,
es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
| 25
Que consuela un celoso
epilogando la serie
de los amores
Amor empieza por desasosiego,
solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos;
susténtase de llantos y de ruego.
Doctrínanle tibiezas y despego,
conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
apaga con sus lágrimas su fuego.
Su principio, su medio y fin es éste:
¿pues por qué, Alcino, sientes el desvío
de Celia, que otro tiempo bien te quiso?
¿Qué razón hay de que dolor te cueste?
Pues no te engaño amor, Alcino mío,
sino que llegó el término preciso.
26 |
Enseña modo con que la
Hermosura, solicitada de amor
importuno, pueda quedarse
fuera de él, con entereza tan
cortés que haga bienquisto
hasta el mismo desaire
Dos dudas en que escoger
tengo y no sé a cuál prefiera,
pues vos sentís que no quiera
y yo sintiera querer.
Con que si a cualquier lado
quiero inclinarme, es forzoso,
quedando el uno gustoso,
que otro quede disgustado.
Si daros gusto me ordena
la obligación, es injusto
que por daros a vos gusto
haya yo de tener pena.
Y no juzgo que habrá quien
apruebe sentencia tal
| 27
como que me trate mal
por trataros a vos bien.
Mas por otra parte siento
que es también mucho rigor
que lo que os debo en amor
pague en aborrecimiento.
Y aun irracional parece
este rigor, pues se infiere,
si aborrezco a quien me quiere,
¿qué haré con quien aborrezco?
No sé cómo despacharos,
pues hallo al determinarme
que amaros es disgustarme
y no amaros disgustaros.
Pero dar un medio justo
en estas dudas pretendo,
pues no queriendo os ofendo
y queriéndoos me disgusto.
Y sea ésta la sentencia,
porque no os podáis quejar:
que entre aborrecer y amar
se parta la diferencia.
28 | sor juana inés de la cruz
De modo que entre el rigor
y el llegar a querer bien
ni vos encontréis desdén
ni yo pueda hallar amor.
Esto el discurso aconseja,
pues con esta conveniencia
ni yo quedo con violencia
ni vos partís con queja.
Y que estaremos infiero
gustosos con lo que ofrezco,
vos, de ver que no aborrezco,
yo, de saber que no quiero.
Sólo este medio es bastante
a ajustarnos, si os contenta:
que vos me logréis atenta
sin que yo pase a lo amante.
Y así quedo, en mi entender,
esta vez bien con los dos:
con agradecer, con vos;
conmigo, con no querer.
Que aunque a nadie llegue a darse
en esto gusto cumplido
ver que es igual el partido
servirá de resignarse.
poesía selecta | 29
Quéjase de la suerte: insinúa
su aversión a los vicios y
justifica su divertimiento
a las Musas
¿En perseguirme, mundo, qué interesas?
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?
Yo no estimo tesoros ni riquezas,
y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi entendimiento
que no mi entendimiento en las riquezas.
Yo no estimo hermosura que vencida
es despojo civil de las edades
ni riqueza me agrada fementida,
teniendo por mejor en mis verdades
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades.
30 |
De una reflexión cuerda
con que mitiga el dolor
de una pasión
Con el dolor de la mortal herida,
de un agravio de amor me lamentaba,
y por ver si la muerte se llegaba
procuraba que fuese más crecida.
Toda en su mal el alma divertida,
pena por pena su dolor sumaba,
y en cada circunstancia ponderaba
que sobraban mil muertes a una vida.
Y cuando, al golpe de uno y otro tiro
rendido el corazón, daba penoso
señas de dar el último suspiro.
no sé por qué destino prodigioso
volví a mi acuerdo y dije: ¿qué me admiro?
¿Quién en amor ha sido más dichoso?
| 31
De amor, puesto antes en
sujeto indigno, es enmienda
blasonar del arrepentimiento
Cuando mi error y tu vileza veo,
contemplo, Silvio, de mi amor errado,
cuán grave es la malicia del pecado,
cuán violenta la fuerza de un deseo.
A mi misma memoria apenas creo
que pudiese caber en mi cuidado
la última línea de lo despreciado,
el término final de un mal empleo.
Yo bien quisiera, cuando llego a verte,
viendo mi infame amor poder negarlo;
mas luego la razón justa me advierte
que sólo me remedia en publicarlo;
porque del gran delito de quererte
sólo es bastante pena confesarlo.
32 |
En que describe
racionalmente los efectos
irracionales del Amor
Este amoroso tormento
que en mi corazón se ve,
sé que lo siento, y no sé
la causa por que lo siento.
Siento una grave agonía
por lograr un devaneo
que empieza como deseo
y para en melancolía.
Y cuando con más terneza
mi infeliz estado lloro,
sé que estoy triste e ignoro
la causa de mi tristeza.
Siento un anhelo tirano
por la ocasión a que aspiro
y cuando cerca la miro
yo misma aparto la mano.
| 33
Porque si acaso se ofrece
después de tanto desvelo,
la desazona el recelo
o el susto la desvanece.
Y si alguna vez sin susto
consigo tal posesión,
cualquiera leve ocasión
me malogra todo el gusto.
Siento mal del mismo bien
con receloso temor,
y me obliga el mismo amor
tal vez a mostrar desdén.
Cualquier leve ocasión labra
en mi pecho de manera
que el que imposibles venciera
se irrita de una palabra.
Con poca causa ofendida
suelo en mitad de mi amor
negar un leve favor
a quien le diera la vida.
Ya sufrida, ya irritada,
con contrarias penas lucho,
que por él sufriré mucho
y con él sufriré nada.
34 | sor juana inés de la cruz
No sé en qué lógica cabe
el que tal cuestión se pruebe,
que por él lo grave es leve
y con él lo leve es grave.
Sin bastantes fundamentos
forman mis tristes cuidados,
de conceptos engañados,
un monte de sentimientos.
Y en aquel fiero conjunto
hallo, cuando se derriba,
que aquella máquina altiva
sólo estribaba en un punto.
Tal vez el dolor me engaña,
y presumo sin razón
que no habrá satisfacción
que pueda templar mi saña.
Y cuando a averiguar llego
el agravio por que riño,
es como espanto de niño
que para en burlas y juego.
Y aunque el desengaño toco,
con la misma pena lucho
de ver que padezco mucho
padeciendo por tan poco.
poesía selecta | 35
A vengarse se abalanza
tal vez el alma ofendida
y después arrepentida
toma de mí otra venganza.
Y si al desdén satisfago
es con tan ambiguo error
que yo pienso que es rigor
y se remata en halago.
Hasta el labio desatento
suele equívoco tal vez,
por usar de la altivez,
encontrar el rendimiento.
Cuando por soñada culpa
con más enojo me incito,
yo le acrimino el delito
y le busco la disculpa.
No huyo el mal ni busco el bien,
porque en mi confuso error
ni me asegura el amor
ni me despecha el desdén.
En mi ciego devaneo,
bien hallada con mi engaño,
solicito el desengaño
y no encontrarlo deseo.
36 | sor juana inés de la cruz
Si alguno mis quejas oye,
más a decirlas me obliga,
porque me las contradiga,
que no porque las apoye.
Porque si con la pasión
algo contra mi amor digo,
es mi mayor enemigo
quien me concede razón.
Y si acaso en mi provecho
hallo la razón propicia,
me embaraza la injusticia
y ando cediendo el derecho.
Nunca hallo gusto cumplido,
porque entre alivio y dolor
hallo culpa en el amor
y disculpa en el olvido.
Esto de mi pena dura
es algo del dolor fiero
y mucho más no refiero
porque pasa de locura.
Si acaso me contradigo
en este confuso error,
aquel que tuviese amor
entenderá lo que digo.
poesía selecta | 37
Bello compuesto en Laura
dividido
Bello compuesto en Laura dividido
alma inmortal, espíritu glorioso,
¿por qué dejaste cuerpo tan hermoso?
¿Y para qué tal alma has despedido?
Pero ya ha penetrado en mi sentido
que sufres el divorcio riguroso
porque el día final puedas gozoso
volver a ser enteramente unido.
Alza tú, alma dichosa, el presto vuelo,
y de tu hermosa cárcel desatada,
dejando vuelto su arrebol en hielo,
sube a ser de luceros coronada:
que bien es necesario todo el cielo
porque no eches de menos tu morada.
38 |
Cítara de carmín
que amaneciste
Cítara de carmín que amaneciste
trinando endechas a tu amada esposa
y, paciéndole el ámbar a la rosa,
el pico de oro, de coral teñiste;
dulce jilguero, pajarito triste,
que apenas el aurora viste hermosa
cuando el tono primero de una glosa
la muerte hallaste y el compás perdiste:
no hay en la vida, no, segura suerte;
tu misma voz al cazador convida
para que el golpe cuando tire acierte.
¡Oh fortuna buscada aunque temida!
¿Quién pensara que cómplice en tu muerte
fuera, por no callar, tu propia vida?
| 39
Nacimiento de Cristo,
en que se discurrió la abeja
De la más fragante Rosa
nació la Abeja más bella,
a quien el limpio rocío
dio purísima materia.
Nace, pues, y apenas nace,
cuando en la misma moneda,
lo que en perlas recibió,
empieza a pagar en perlas.
Que llore el Alba, no es mucho,
que es costumbre en su belleza;
mas quién hay que no se admire
de que el Sol lágrimas vierta?
Si es por fecundar la Rosa,
es ociosa diligencia,
pues no es menester rocío
después de nacer la Abeja;
y más, cuando en la clausura
de su virginal pureza,
ni antecedente haber pudo
ni puede haber quien suceda.
40 |
Pues a ¿qué fin es el llanto
que dulcemente le riega?
Quien no puede dar más Fruto,
¿qué importa que estéril sea?
Mas ¡ay! que la Abeja tiene
tan íntima dependencia
siempre con la Rosa, que
depende su vida de ella;
pues dándole el néctar puro
que sus fragancias engendran,
no sólo antes la concibe,
pero después la alimenta.
Hijo y madre, en tan divinas
peregrinas competencias,
ninguno queda deudor
y ambos obligados quedan.
La Abeja paga el rocío
de que la Rosa la engendra,
y ella vuelve a retornarle
con lo mismo que la alienta.
Ayudando el uno al otro
con mutua correspondencia,
la Abeja a la Flor fecunda,
y ella a la Abeja sustenta.
poesía selecta | 41
Pues si por eso es el llanto,
llore Jesús, norabuena,
que lo que expende en rocío
cobrará después en néctar.
42 | sor juana inés de la cruz
No quiero pasar por olvido
lo descuidado
Dices que yo te olvido, Celio, y mientes,
en decir que me acuerdo de olvidarte,
pues no hay en mi memoria alguna parte
en que, aun como olvidado, te presentes.
Mis pensamientos son tan diferentes
y en todo tan ajenos de tratarte,
que ni saben ni pueden olvidarte,
ni si te olvidan saben si lo sientes.
Si tú fueras capaz de ser querido,
fueras capaz de olvido; y ya era gloria
al menos la potencia de haber sido.
Mas tan lejos estás de esa victoria,
que aqueste no acordarme no es olvido
sino una negación de la memoria.
| 43
¡Oh, famosa Lucrecia,
gentil dama
¡Oh, famosa Lucrecia, gentil dama,
de cuyo ensangrentado noble pecho
salió la sangre que extinguió a despecho
del rey injusto la lasciva llama!
¡Oh, con cuánta razón el mundo aclama
tu virtud, pues por premio de tal hecho
aún es para tus sienes cerco estrecho
la amplísima corona de tu fama!
Pero si el modo de tu fin violento
puedes borrar del tiempo y sus anales,
quita la punta del puñal sangriento
con que pusiste fin a tantos males;
que es mengua de tu honrado sentimiento
decir que te ayudaste de puñales.
44 |
Alma que al fin se rinde al
amor resistido, en alegoría
a la ruina de Troya
Cogióme sin prevención
Amor, astuto y tirano:
con capa de cortesano
se me entró en el corazón.
Descuidada la razón
y sin armas los sentidos,
dieron puerta inadvertidos;
y él, por lograr sus enojos,
mientras suspendió los ojos
me salteó los oídos.
Disfrazado entró y mañoso;
mas ya que dentro se vio
del Paladión, salió
de aquel disfraz engañoso;
y, con ánimo furioso,
tomando las armas luego,
se descubrió astuto Griego
que, iras brotando y furores,
matando los defensores,
puso a toda el Alma fuego.
| 45
Y buscando sus violencias
en ella al príamo fuerte,
dio al Entendimiento muerte,
que era Rey de las potencias;
y sin hacer diferencias
de real o plebeya grey,
haciendo general ley
murieron a sus puñales
los discursos racionales
porque eran hijos del Rey.
A Casandra su fiereza
buscó, y con modos tiranos,
ató a la Razón las manos,
que era del Alma princesa.
En prisiones su belleza
de soldados atrevidos,
lamenta los no creídos
desastres que adivinó,
pues por más voces que dio
no la oyeron los sentidos.
Todo el palacio abrasado
se ve, todo destruido;
Deifobo allí mal herido,
aquí Paris maltratado.
Prende también su cuidado
la modestia en Polixena;
46 | sor juana inés de la cruz
y en medio de tanta pena,
tanta muerte y confusión,
a la ilícita afición
sólo reserva en Elena.
Ya la Ciudad, que vecina
fue al Cielo, con tanto arder,
sólo guarda de su ser
vestigios, en su ruina.
Todo el amor lo extermina;
y con ardiente furor,
sólo se oye, entre el rumor
con que su crueldad apoya:
“Aquí yace un Alma Troya
¡Victoria por el Amor!»
poesía selecta | 47
Correspondencias entre
amar o aborrecer
Feliciano me adora y le aborrezco;
Lisardo me aborrece y yo le adoro;
por quien no me apetece ingrato, lloro,
y al que me llora tierno no apetezco.
A quien más me desdora, el alma ofrezco;
a quien me ofrece víctimas, desdoro;
desprecio al que enriquece mi decoro,
y al que le hace desprecios, enriquezco.
Si con mi ofensa al uno reconvengo,
me reconviene el otro a mí ofendido;
y a padecer de todos modos vengo,
pues ambos atormentan mi sentido:
aqueste con pedir lo que no tengo,
y aquél con no tener lo que le pido.
48 |
Resuelve la cuestión de cuál
sea pesar más molesto en
encontradas correspondencias:
amar o aborrecer
Que no me quiera Fabio al verse amado
es dolor sin igual, en mi sentido;
mas que me quiera Silvio aborrecido
es menor mal, mas no menor enfado.
¿Qué sufrimiento no estará cansado,
si siempre le resuenan al oído,
tras la vana arrogancia de un querido,
el cansado gemir de un desdeñado?
Si de Silvio me cansa el rendimiento,
a Fabio canso con estar rendida:
si de éste busco el agradecimiento,
a mí me busca el otro agradecida:
por activa y pasiva es mi tormento,
pues padezco en querer y ser querida.
| 49
Prosigue el mismo asunto y
determina que prevalezca la
razón contra el gusto
Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.
Al que trato de amor hallo diamante;
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata
y mato a quien me quiere ver triunfante.
Si a éste pago, padece mi deseo:
si ruego aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.
Pero yo por mejor partido escojo
de quien no quiero, ser violento empleo,
que de quien no me quiere, vil despojo.
50 |
Romance que en sentidos
afectos produce el dolor
de una ausencia
Ya que para despedirme,
dulce idolatrado dueño,
ni me da licencia el llanto
ni me da lugar el tiempo,
háblente los tristes rasgos,
entre lastimeros ecos,
de mi triste pluma, nunca
con más justa causa negros.
Y aún ésta te hablará torpe
con las lágrimas que vierto;
porque va borrando el agua
lo que va dictando el fuego.
Hablar me impiden mis ojos,
y es que se anticipan ellos
viendo lo que he de decirte,
a decírtelo primero.
| 51
Oye la elocuencia muda
que hay en mi dolor, sirviendo
los suspiros, de palabras,
las lágrimas, de conceptos.
Mira la fiera borrasca
que pasa en el mar del pecho,
donde zozobras turbados
mis confusos pensamientos.
Mira cómo ya el vivir
me sirve de afán grosero,
que se avergüenza la vida
de durarme tanto tiempo.
Mira la muerte, que esquiva
huye, porque la deseo;
que aun la muerte, si es buscada,
se quiere subir de precio.
Mira cómo el cuerpo amante,
rendido a tanto tormento,
siendo en lo demás cadáver,
sólo en el sentir es cuerpo.
Mira cómo el alma misma
aún teme, en su ser exento,
que quiera el dolor violar
la inmunidad de lo eterno.
52 | sor juana inés de la cruz
En lágrimas y suspiros,
alma y corazón a un tiempo,
aquél se convierte en agua
y ésta se resuelve en viento.
Ya no me sirve la vida,
esta vida que poseo,
sino de condición sola
necesaria al sentimiento.
¿Mas por qué gasto razones
en contar mi pena, y dejo
de decir lo que es preciso
por decir lo que estás viendo?
En fin, te vas: ¡ay de mí!,
dudosamente lo pienso;
pues si es verdad, no estoy viva,
y si viva, no lo creo.
¿Posible es que ha de haber día
tan infausto, tan funesto,
en que sin ver yo las tuyas
esparza sus luces Febo?
¿Posible es que ha de llegar
el rigor a tan severo
que no ha de darle tu vista
a mis pesares aliento?
poesía selecta | 53
¿Que no he de ver tu semblante?
¿Que no he de escuchar tus ecos?
¿Que no he de gozar tus brazos?
¿Ni me ha de animar tu aliento?
¡Ay, mi bien! ¡Ay, prenda mía!
¡Dulce fin de mis deseos!
¿Por qué me llevas el alma,
dejándome el sentimiento?
Mira que es contradicción
que no cabe en un sujeto
tanta muerte en una vida
tanto dolor en un muerto.
Mas ya que es preciso (¡ay triste!)
en mi infelice suceso
ni vivir con la esperanza
ni morir con el tormento,
dame algún consuelo tú
en el dolor que padezco,
y quien en el suyo muere
viva siquiera en tu pecho.
No te olvides que te adoro,
y sírvante de recuerdo
las finezas que me debes,
si no las prendas que tengo.
54 | sor juana inés de la cruz
Acuérdate que mi amor,
haciendo gala del riesgo,
sólo por atropellarlo
se alegraba de tenerlo.
Y si mi amor no es bastante,
el tuyo mismo te acuerdo,
que no es poco empeño haber
empezado ya en empeño.
Acuérdate, señor mío,
de tus nobles juramentos,
y lo que juró tu boca
no lo desmienten tus hechos.
Y perdona si en temer
mi agravio, mi bien, te ofendo,
que no es dolor el dolor
que se contiene en lo atento.
Y adiós, que con el ahogo
que me embarca los alientos
ni sé ya lo que te digo
ni lo que te escribo leo.
poesía selecta | 55
Aunque en vano, quiere
reducir a método racional
el pesar de un celoso
¿Qué es esto, Alcino, cómo tu cordura
se deja así vencer de un mal celoso,
haciendo con extremos de furioso
demostraciones más que de locura?
¿En qué te ofendió Celia? si se apura;
o porque al amor culpas de engañoso,
si no aseguró nunca poderoso
la eterna posesión de su hermosura?
La posesión de cosas temporales
temporales, Alcino, y es abuso
el querer conservarlas siempre iguales.
Con que tu error, o tu ignorancia acuso,
pues Fortunas, y Amor de cosas tales
la propiedad no han dado, sino el uso.
56 |
En la muerte de la
Excelentísima Señora
Marquesa de Mancera
De la beldad de Laura enamorados
los Cielos, le robaron a su altura,
porque no era decente a su luz pura,
ilustrar estos valles desdichados.
O porque los Mortales engañados,
de su cuerpo en la hermosa arquitectura,
admirados de ver tanta hermosura,
no se juzgasen bienaventurados,
Nació donde el Oriente el rojo velo
corre al nacer el Astro rubicundo,
y murió, donde con ardiente anhelo
da sepulcro a su luz el mar profundo,
que fue preciso a su divino vuelo,
que diese como Sol la vuelta al Mundo.
| 57
Para explicar la causa
a la rebeldía…
Probable opinión es, que conservarse
la forma celestial en su fijeza,
no es porque en lo material hay más nobleza,
sino por la manera de informarse.
Porque aquel apetito de mudarse,
la sacia de la forma, la Nobleza,
con que cesando el apetito, cesa
la ocasión, que tuvieran de apartarse.
Así tu amor, con vínculo terrible,
el alma que te adora, Celia informa,
con que su corrupción es imposible.
Ni aducir otra con quien no conforma,
no por ser la materia incorruptible,
más por lo inadmisible de la forma.
58 |
Aplaude la ciencia astronómica
del padre Francisco Kino
Aunque es clara del Cielo la luz pura
clara la Luna, y claras las Estrellas,
y clara las efímeras centellas,
que el aire eleva, y el incendio apura.
Aunque es el rayo claro, cuya dura
producción, cuesta al viento mi querellas,
y el relámpago, que hizo de su huellas
medrosa luz en la tiniebla oscura.
Todo el conocimiento torpe humano,
se estuvo oscuro, sin que los mortales,
plumas pudiesen ser, con vuelo ufano.
Ícaros de discursos racionales,
hasta que al tuyo, Eusebio soberano,
les dio a las luces, luces celestiales.
| 59
Alaba con especial acierto
el de un músico primoroso
Dulce deidad del viento armoniosa,
suspensión del sentido deseada,
donde gustosamente aprisionada
se mira la atención más bulliciosa;
perdona a mi zampoña licenciosa
si al escuchar tu lira delicada
canta con ruda voz desentonada
prodigios de la tuya milagrosa.
Pause su lira el Tracio, que aunque calma
puso a las negras sombras del olvido,
cederte debe más gloriosa palma,
pues más que a ciencia el arte has reducido
haciendo suspensión de toda un alma
el que sólo era objeto de un sentido.
60 |
Acusa la hidropesía de mucha
ciencia, que teme inútil,
aun para saber, y nociva
para vivir
Finjamos que soy feliz,
triste pensamiento, un rato;
quizá prodréis persuadirme,
aunque yo sé lo contrario,
que pues sólo en la aprehensión
dicen que estriban los daños,
si os imagináis dichoso
no seréis tan desdichado.
Sírvame el entendimiento
alguna vez de descanso,
y no siempre esté el ingenio
con el provecho encontrado.
Todo el mundo es opiniones
de pareceres tan varios,
que lo que el uno que es negro
el otro prueba que es blanco.
A unos sirve de atractivo
lo que otro concibe enfado;
| 61
y lo que éste por alivio,
aquél tiene por trabajo.
El que está triste, censura
al alegre de liviano;
y el que está alegre se burla
de ver al triste penando.
Los dos filósofos griegos
bien esta verdad probaron:
pues lo que en el uno risa,
causaba en el otro llanto.
Célebre su oposición
ha sido por siglos tantos,
sin que cuál acertó, esté
hasta agora averiguado.
Antes, en sus dos banderas
el mundo todo alistado,
conforme el humor le dicta,
sigue cada cual el bando.
Uno dice que de risa
sólo es digno el mundo vario;
y otro, que sus infortunios
son sólo para llorados.
62 | sor juana inés de la cruz
Para todo se halla prueba
y razón en qué fundarlo;
y no hay razón para nada,
de haber razón para tanto.
Todos son iguales jueces;
y siendo iguales y varios,
no hay quien pueda decidir
cuál es lo más acertado.
Pues, si no hay quien lo sentencie,
¿por qué pensáis, vos, errado,
que os cometió Dios a vos
la decisión de los casos?
O ¿por qué, contra vos mismo,
severamente inhumano,
entre lo amargo y lo dulce,
queréis elegir lo amargo?
Si es mío mi entendimiento,
¿por qué siempre he de encontrarlo
tan torpe para el alivio,
tan agudo para el daño?
El discurso es un acero
que sirve para ambos cabos:
de dar muerte, por la punta,
por el pomo, de resguardo.
poesía selecta | 63
Si vos, sabiendo el peligro
queréis por la punta usarlo,
¿qué culpa tiene el acero
del mal uso de la mano?
No es saber, saber hacer
discursos sutiles, vanos;
que el saber consiste sólo
en elegir lo más sano.
Especular las desdichas
y examinar los presagios,
sólo sirve de que el mal
crezca con anticiparlo.
En los trabajos futuros,
la atención, sutilizando,
más formidable que el riesgo
suele fingir el amago.
Qué feliz es la ignorancia
del que, indoctamente sabio,
halla de lo que padece,
en lo que ignora, sagrado!
No siempre suben seguros
vuelos del ingenio osados,
que buscan trono en el fuego
y hallan sepulcro en el llanto.
64 | sor juana inés de la cruz
También es vicio el saber,
que si no se va atajando,
cuando menos se conoce
es más nocivo el estrago;
y si el vuelo no le abaten,
en sutilezas cebado,
por cuidar de lo curioso
olvida lo necesario.
Si culta mano no impide
crecer al árbol copado,
quita la sustancia al fruto
la locura de los ramos.
Si andar a nave ligera
no estorba lastre pesado,
sirve el vuelo de que sea
el precipicio más alto.
En amenidad inútil,
¿qué importa al florido campo,
si no halla fruto el otoño,
que ostente flores el mayo?
¿De qué sirve al ingenio
el producir muchos partos,
si a la multitud se sigue
el malogro de abortarlos?
poesía selecta | 65
Y a esta desdicha por fuerza
ha de seguirse el fracaso
de quedar el que produce,
si no muerto, lastimado.
El ingenio es como el fuego,
que, con la materia ingrato,
tanto la consume más
cuando él se ostenta más claro.
Es de su propio Señor
tan rebelado vasallo,
que convierte en sus ofensas
las armas de su resguardo.
Este pésimo ejercicio,
este duro afán pesado,
a los ojos de los hombres
dio Dios para ejercitarlos.
¿Qué loca ambición nos lleva
de nosotros olvidados?
Si es para vivir tan poco,
¿de qué sirve saber tanto?
¡Oh, si como hay de saber,
hubiera algún seminario
o escuela donde a ignorar
se enseñaran los trabajos!
66 | sor juana inés de la cruz
¡Qué felizmente viviera
el que, flojamente cauto,
burlara las amenazas
del influjo de los astros!
Aprendamos a ignorar,
pensamiento, pues hallamos
que cuanto añado al discurso,
tanto le usurpo a los años.
poesía selecta | 67
Sólo con aguda ingeniosidad
esfuerza el dictamen de que
sea la ausencia mayor mal
que los celos
El ausente, el celoso, se provoca,
aquél con sentimiento, éste con ira;
presume éste la ofensa que no mira
y siente aquél la realidad que toca.
Éste templa tal vez su furia loca
cuando el discurso en su favor delira;
y sin intermisión aquél suspira,
pues nada a su dolor la fuerza apoca.
Éste aflige dudoso su paciencia
y aquél padece ciertos sus desvelos;
éste al dolor opone resistencia;
aquél, sin ella, sufre desconsuelos:
y si es pena de daño, al fin, la ausencia,
luego es mayor tormento que los celos.
68 |
Soneto a Martín de Olivas
Máquinas primas de su ingenio agudo
a Arquímedes, artífice famoso,
raro nombre dieron de ingenioso;
¡tanto el afán y tanto el arte pudo!
Invención rara, que en el mármol rudo
no sin arte grabó, maravilloso,
de su mano, su nombre prodigioso,
entretejido en flores el escudo.
¡Oh! Así permita el Cielo que se entregue
lince tal mi atención en imitarte,
en el mar de la ciencia así se anegue
Vajel, que —al discurrir por alcanzarte—
alcance que el que a ver la hechura llegue,
sepa tu nombre del primor del Arte.
| 69
Cadena por crueldad
disimulada el alivio
que la esperanza da
Diuturna enfermedad de la esperanza
que así entretienes mis cansados años
y en el fiel de los bienes y los daños
tienes en equilibrio la balanza;
que siempre suspendida en la tardanza
de inclinarse, no dejan tus engaños
que lleguen a excederse en los tamaños
la desesperación o la confianza:
¿quién te ha quitado el nombre de homicida
pues lo eres más severa, si se advierte
que suspendes el alma entretenida
y entre la infausta o la felice suerte
no lo haces tú por conservar la vida
sino por dar más dilatada muerte?
70 |
Encarece de animosidad la
elección de estado durable
hasta la muerte
Si los riesgos del mar considerara
ninguno se embarcara, si antes viera
bien su peligro, nadie se atreviera,
ni al bravo toro osado provocara.
Si del fogoso bruto ponderara
la furia desbocada en la carrera,
el jinete prudente, nunca hubiera,
quien con discreta mano le enfrenara.
Pero si hubiera algo tan osado,
que, no obstante el peligro, al mismo Apolo
quisiera gobernar con atrevida
mano, el rápido carro en luz bañado
todo lo hiciera, y no tomara sólo
estado, que ha de ser toda la vida.
| 71
Dime vencedor rapaz
Dime vencedor Rapaz,
vencido de mi constancia,
¿Qué ha sacado tu arrogancia
de alterar mi firme paz?
Que aunque de vencer capaz
es la punta de tu arpón,
¿qué importa el tiro violento,
si a pesar del vencimiento
queda viva la razón?
Tienes grande señorío;
pero tu jurisdicción
domina la inclinación,
mas no pasa el albedrío.
Y así librarme confío
de tu loco atrevimiento,
pues aunque rendida siento
y presa la libertad,
se rinde la voluntad
pero no el consentimiento.
En dos partes dividida
tengo el alma en confusión:
una, esclava a la pasión,
72 |
y otra, a la razón medida.
Guerra civil, encendida,
aflige el pecho importuna:
quiere vencer cada una,
y entre fortunas tan varias,
morirán ambas contrarias
pero vencerá ninguna.
Cuando fuera, Amor, te vía,
no merecí de ti palma;
y hoy, que estás dentro del alma,
es resistir valentía.
Córrase, pues, tu porfía,
de los triunfos que te gano:
pues cuando ocupas, tirano,
el alma, sin resistillo,
tienes vencido el Castillo
e invencible el Castellano.
Invicta razón alienta
armas contra tu vil saña,
y el pecho es corta campaña
a batalla tan sangrienta.
Y así, Amor, en vano intenta
tu esfuerzo loco ofenderme:
pues podré decir, al verme
expirar sin entregarme,
que conseguiste matarme
mas no pudiste vencerme.
poesía selecta | 73
Muestra sentir que la
baldonen por los aplausos
de su habilidad
¿Tan grande, ¡ay, hado!, mi delito ha sido
que por castigo de él o por tormento
no basta el que adelanta el pensamiento
sino el que le previenes al oído?
Tan severo en mi contra has procedido,
que me persuado de tu duro intento,
a que sólo me diste entendimiento
porque fuese mi daño más crecido.
Dísteme aplausos para más baldones,
subir me hiciste, para penas tales;
y aun pienso que me dieron tus traiciones
penas a mi desdicha desiguales
porque viéndome rica de tus dones
nadie tuviese lástima a mis males.
74 |
Pues estoy condenada
Pues estoy condenada,
Fabio, a la muerte, por decreto tuyo,
y la sentencia airada
ni la apelo, resisto ni la huyo,
óyeme, que no hay reo tan culpado
a quien el confesar le sea negado.
Porque te han informado,
dices, de que mi pecho te ha ofendido,
me has, fiero, condenado.
¿Y pueden, en tu pecho endurecido
más la noticia incierta, que no es ciencia,
que de tantas verdades la experiencia?
Si a otros crédito has dado,
Fabio, ¿por qué a tus ojos se lo niegas,
y el sentido trocado
de la ley, al cordel mi cuello entregas,
pues liberal me amplías los rigores
y avaro me restringes los favores?
Si a otros ojos he visto,
mátenme, Fabio, tus airados ojos;
si a otro cariño asisto,
| 75
asístanme implacables tus enojos;
y si otro amor del tuyo me divierte,
tú, que has sido mi vida, me des muerte.
Si a otro, alegre, he mirado,
nunca alegre me mires ni te vea;
si le hablé con agrado,
eterno desagrado en ti posea;
y si otro amor inquieta mi sentido,
sáqueseme el alma tú, que mi alma has sido.
Mas, supuesto que muero,
sin resistir a mi infeliz suerte,
que me des sólo quiero
licencia de que escoja yo mi muerte;
deja la muerte a mi elección medida,
pues en la tuya pongo yo la vida.
76 | sor juana inés de la cruz
En que da moral censura
a una rosa y en ella a sus
semejantes
Rosa divina que en gentil cultura
eres con tu fragante sutileza
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura;
amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura:
¡cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas;
y luego, desmayada y encogida,
de tu caduco ser das mustias señas!
¡Conque, con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!
| 77
Estos versos, lector mío
Estos versos, lector mío,
que a tu deleite consagro,
y sólo tienen de buenos
conocer yo que son malos,
ni disputártelos quiero,
ni quiero recomendarlos,
porque eso fuera querer
hacer de ellos mucho caso.
No agradecido te busco:
pues no debes, bien mirado,
estimar lo que yo nunca
juzgué que fuera a tus manos.
En tu libertad te pongo,
si quisieres censurarlos;
pues de que, al cabo, te estás
en ella, estoy muy al cabo.
No hay cosa más libre que
el entendimiento humano;
pues lo que Dios no violenta,
por qué yo he de violentarlo?
78 |
Di cuanto quisieres de ellos,
que, cuanto más inhumano
me los mordieres, entonces
me quedas más obligado,
pues le debes a mi musa
el más sazonado plato
(que es el murmurar), según
un adagio cortesano.
Y siempre te sirvo, pues,
o te agrado, o no te agrado:
si te agrado, te diviertes;
murmuras, si no te cuadro.
Bien pudiera yo decirte
por disculpa, que no ha dado
lugar para corregirlos
la priesa de los traslados;
que van de diversas letras,
y que algunos, de muchachos,
matan de suerte el sentido
que es cadáver el vocablo;
y que, cuando los he hecho,
ha sido en el corto espacio
que ferian al ocio las
precisiones de mi estado;
que tengo poca salud
y continuos embarazos,
tales, que aun diciendo esto,
poesía selecta | 79
llevo la pluma trotando.
Pero todo eso no sirve,
pues pensarás que me jacto
de que quizá fueran buenos
a haberlos hecho despacio;
y no quiero que tal creas,
sino sólo que es el darlos
a la luz, tan sólo por
obedecer un mandato.
Esto es, si gustas creerlo,
que sobre eso no me mato,
pues al cabo harás lo que
se te pusiere en los cascos.
Y adiós, que esto no es más de
darte la muestra del paño:
si no te agrada la pieza,
no desenvuelvas el fardo.
80 | sor juana inés de la cruz
A la esperanza, escrito en uno
de sus retratos
Verde embeleso de la vida humana,
loca esperanza, frenesí dorado,
sueño de los despiertos intrincado,
como de sueños, de tesoros vana;
alma del mundo, senectud lozana,
decrépito verdor imaginado;
el hoy de los dichosos esperado,
y de los desdichados el mañana:
sigan tu sombra en busca de tu día
los que, con verdes vidrios por anteojos,
todo lo ven pintado a su deseo;
que yo, más cuerda en la fortuna mía,
tengo en entrambas manos ambos ojos
y solamente lo que toco veo.
| 81
Mientras la gracia me excita
Mientras la gracia me excita
por elevarse a la esfera,
más me abate a lo profundo
el peso de mis miserias.
La virtud y la costumbre
en el corazón pelean
y el corazón agoniza
en tanto que lidian ellas.
Y aunque es la virtud tan fuerte,
temo que tal vez la venzan.
que es muy grande la costumbre
y está la virtud muy tierna.
Obscurécense el discurso
entre confusas tinieblas
pues ¿quién podrá darme luz
si está la razón a ciegas?
De mí misma soy verdugo
y soy cárcel de mí mesma.
¿quién vio que pena y penante
una propia cosa sean?
82 |
Hago disgusto a lo mismo
que más agradar quisiera;
y del disgusto que doy,
en mí resulta la pena.
Amo a Dios y siento en Dios,
y hace mi voluntad mesma
de lo que es alivio, cruz;
del mismo puerto, tormenta.
Padezca, pues Dios lo manda,
mas de tal manera sea
que si son penas las culpas,
que no sean culpas las penas.
poesía selecta | 83
Refiere con ajuste la tragedia
de Príamo y Tisbe
De un funesto moral la negra sombra,
de horrores mil y confusiones llena,
en cuyo hueco tronco aun hoy resuena
el eco que doliente a Tisbe nombra.
Cubrió la verde matizada alfombra
en que Píramo amante abrió la vena
del corazón, y Tisbe de su pena
dio la señal, que aun hoy el mundo asombra.
Mas viendo del amor tanto despecho,
la muerte, entonces de ellos lastimada,
sus dos pechos juntó con lazo estrecho.
Mas ¡ay de la infeliz y desdichada,
que a su Píramo dar no puede el pecho
ni aun por los duros filos de su espada!
84 |
Inés, cuando te riñen
por Bellaca
Inés, cuando te riñen por Bellaca,
para disculpas, no te falta Achaque
porque dices, que traque, y que Barraque
con que sabes muy bien tapar la Caca.
Si coges la palabra, no hay Urraca,
que así la gorja de mal año Saques
y con tronidos, más que un triqui Traque,
a todo el Mundo aturdes, cual Matraca.
Este bullicio todo lo Trabuca,
este embeleco todo lo Embeleca,
más, aunque eres (Inés) tan mala Cuca,
sabe mi amor muy bien lo que se Peca,
y así con tu afición no se Embabuca,
aunque eres Zancarrón, y yo de Meca.
| 85
Aunque eres (Teresilla)
tan muchacha
Aunque eres (Teresilla) tan Muchacha,
le das que hacer al pobre de Camacho,
porque dará tu disimulo un Chacho,
a aquel que se pintase más sin Tacha.
De los empleos que tu Amor Despacha,
anda el triste cargado como un Macho
y tienen tan crecido ya el Penacho,
que ya no puede entrar, sino se Agacha.
Estás ha hacerle burlas ya tan Ducha,
y a salir de ellas bien estás tan Hecha,
que, de lo que tu vientre Desembucha,
sabes darle a entender, cuando Sospecha,
que has hecho, por hacer su hacienda Mucha,
de ajena siembra suya la Cosecha.
86 |
Sor Juana
Inés de la Cruz
Poesía selecta
se terminó de editar en abril de 2016
en las oficinas de la Editorial
Universitaria, José Bonifacio Andrada
2679, Lomas de Guevara, 44657
Guadalajara, Jalisco
Jorge Orendáin
Jorge Souza
Cuidado editorial
Sol Ortega Ruelas
Paola E. Vázquez Murillo
Diseño y diagramación