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ALMANDINO

Kevin Corne
ALMANDINO

Cuaderno de antologías literarias / No. 01 / Marzo 2019


©Almandino
Cuaderno de antologías literarias
N° 001
Marzo - 2019
Huancayo

Edita
.

D E
Carlos Alberto Sánchez

R
Kevin Corne, Luis Delao y Carlos Sánchez

I
Yhon León-Chinchilla, Jhoanny Méndez, Carlos Alberto
Sánchez, Elvis Soto, Kevin Corne, Yadira Coz, Luis Delao

D
Yhon León-Chinchilla

@[Link]
Elicia Prólogo
Almandino, cuaderno de antologías literarias
(2018) es un proyecto editorial del grupo Uyay.
Corres por el viento moviendo tus cabellos,
art. En su primer número reúne los poemas de
corres otando y llevando otro aliento junto al tuyo,
poetas jóvenes representativos de la macroregión
te meces bajo las estrellas,
del centro del Perú (Huancavelica, Junín y Cerro
contándolas y pensando qué habrá más allá de ellas
de Pasco y Huánuco). Aunque el mayor número de
te inundas en colores y sueños.
ellos tienen como lugar de enunciación a Huancayo.
Observas por dos corazones
y amas al doble. El cuaderno está dividido en dos secciones.
Cada poema tiene a modo de espejo una ilustración
Aún recuerdo cuando naciste de esos cuentos, que complementa el sentido de lo dicho con
sonreías saltando en voces de campesinos. palabras. Así como con algunos poemas, algunos
dibujos esquematizan el signi cado del artista. Se
Enseñaste a con ar en tus pasos y tu palabra, trata de esquemas grá cos que se “inspiran” en el
enseñaste a sonreír cuando llegaba la primavera, poema que les antecede; quizá esto sea el motivo
a ponerse triste cuando las hojas lloran al caer al piso de su limitación para adquirir autonomía y vida
propia. Como espejo del poema, se constituyen
¡Oh, Elicia! Cantas y sonríes, en la primera interpretación de los mismos. Una
sabes ser libre primera lectura que trasluce aún la presencia del
desatas ese nudo de esclavitud, maestro de cuya perspectiva y hermenéutica el o
que mantiene a la gente atada a la lógica, los discípulos (pues son varios los ilustradores)
¡Oh Elicia! Cantas y sonríes procuran liberarse. Esta falta de autonomía
y enseñas a no soltar la mano del amor. quizá tenga que ver con el acto disidente de los
integrantes de Uyay, quienes decidieron cerrar su
periodo de aprendizaje en la Cofradía En Blanco,
para emprender un proyecto nuevo; aunque, como
36
lo notamos en sus ilustraciones, aún ligados a su
escuela de procedencia.

La primera sección de la antología contiene


los poemas de los integrantes de Uyay. La mayor
parte de los poemas son de aprendizaje que tienen
que cincelarse. El hecho de que se publiquen no
quiere decir que se trate de poemas acabados. Más
bien su publicación es una invitación a la réplica, a
la crítica, a la retroalimentación de parte tanto del
lector entrenado como del novel.

De entre esta sección quisiera centrarme en


dos poemas; más, por motivaciones personales –
quienes conocen mi trabajo identi carán en ellos
mis intereses o líneas de trabajo– que por el valor
inherente de cada poema. “El calor de esta tierra” de
Carlos Sánchez nos habla de la experiencia del yo
poético con el calor, la tierra y la gente que habita la
región selvática del Perú. En su estrofa nal se nos
presenta la perspectiva de quien se ha enraizado en
estas tierras e integrado festivamente su hegemonía,
esto es la actitud celebratoria del colono. El poema
recorre el proceso colonizador sobre la tierra, por lo
que se inicia con el deslumbramiento de este ante
aquel “cerro poblado [que] se deja ver”, la naturaleza y
las costumbres-conocimientos de un poblador que
Fluir antes de la llegada del colono habitaba esta calurosa
tierra. En “No hay madre tierra”, de Yhon León-
Chinchilla, el yo poético desmiti ca la ancestral
Por entre los matorrales asomamos nuestras almas, creencia en la dadivosa y sumisa madre, para
el sol nos miró de reojo, restituirle su potencial caótico, material y entrópico.
y la luna llamada por los celos aprendió a escucharnos, Así desmiti cada, la naturaleza se impone sobre
el viento acompañó nuestros cantos toda pretensión humana de culturizarla.     
y las aves corearon a nuestro lado.
En la segunda sección, la de autores
Los árboles extendieron sus brazos para darnos frescura, invitados, están nueve poetas. Algunos colaboran
de nuestros pasos nacían tiernas ores, con poemas inéditos y otros con versos que ya
trepaban a nuestros hombros, circulan en el formato convencional de poemario.
y nos enseñaban por dónde encontrar tierra fértil, En esta sección encontramos poetas con temáticas
¡Para sembrar! más exploradas, con palabras más medidas, con
¡Para aprender de la tierra! perspectivas más a nadas. Me permito comentar
¡Aprender sus delirios! dos poemas que nos ofrecen dos formas de padecer
¡Aprender sus sueños! ante la realidad; una distópica y la otra utópica.
¡Aprender de sus reclamos, de su alma! En “Piedras gordas o sobre los primeros habitantes de
Champamarca” de Albert Estrella, al sujeto poético
Aprendimos entonces a uir como el mar, le gustaría extraer, junto al minero, algo “brillante”,
uyendo por entre las rocas, no obstante lo único que obtiene pese su esfuerzo
poniendo un poco de nuestro ser a nuestro desorden, para “quitarle toda redundancia, toda minucia…”
¡Fluyendo, uyendo! son “toneladas y toneladas de sílice que infestan”
sus pulmones. Una realidad adversa tanto para el
minero como para el mismo poeta. Por su parte
en “Poema nal” de Gabriel Tiempo, el yo poético
nos declara su acto contemplativo en medio de un
34
apocalipsis en el que “la noche se confunde con los misiles/
Y las ciudades/ Siguen siendo bombardeadas…”. Un acto
que trasciende mediante la hermenéutica de la mirada, Entonces, lo vi volar hacia sol,
de la contemplación a aquella anónima muchacha cuya despedía todo rastro de miedo de su alma,
virtud es la “de ordenar la caída de las hojas en el otoño”. sus alas inundaban de esperanza a los escasos ojos,
¡Su canto era canto de libertad para los hombres!
Cerraos este prólogo augurando nuevos Para poder hacerlos nacer nuevamente en primavera,
cuadernos, nuevos poemas, nuevos escritores. fuera de ese tiempo, fuera de ese sufrimiento,
combatió cual artista con el tiempo,
Huancayo, diciembre de 2018. siempre enemigos uno del otro.

Pasaron muchos días fuera del espacio,


Jorge Yangali pasaron llantos y suplicios para poder volver a verlo,
y después de tanto meditar,
lo inmortalizaron en piedra de oro,
elegante, pícaro como cielo huancaíno.

Fue una noche como está que lo volví a ver,


surcaba el cielo cantando victorias,
contaba sus sueños y ninguna de ellas era de temor,
valiente e imponente se posó en mi ventana,
y comenzó a cantar himnos de nuestra tierra,
lo cogí entre mis brazos y supliqué me enseñe su valentía;
como cometa en otoño nos elevamos hasta los cielos,
y desde ahí zapateamos primaveras,
y devoramos guindales.

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Canto de liberación

Nació entre lágrimas de tierra


gritando libertad a los cielos,
los vientos calmaban su vuelo acariciando sus alas,
nació respirando pólvora y clamando compasión,
la bestia ha renacido y devora toda existencia de vida.

32
La llamada del viento

¡Oh, coca kintucha!


Espíritu de la tierra,
vuela y que el viento sople tu destino,
vuela, soplo divino,
vuela a cada rincón e inunda oídos con cantos de
esperanza;
algún día volverán a ser hijos dignos de la tierra y del sol;
¡Dignos para sentir sus latidos!
Hijos que alcancen la sabiduría su ciente para estar a tu Carlos Sánchez
lado,
ser nobles y ennoblecer corazones, es tu misión.

¡Oh, coca kintucha!


Cántanos una vez más tus alegres historias,
narra cuentos de esa vida de hombres
que maltrataban sus manos bajo el sol
y pulían su alma en la tierra.

¡Cuéntanos coca kintucha!


Cuéntanos que queremos sentir en nuestros corazones la
verdadera vida, el verdadero aliento del viento,
y escuchar la voz del bosque que reclama, volvamos a su
pecho,
¡Vuela cielo de cristal, vuela!

30
Las cometas

—¡Vuela, vuela!
Vuela, que con tus alas conquistarás los cielos,
¡Vuela, que el canto de las águilas proclamen un himno a
tu rebeldía!
No te extrañes si al llegar al sol, éste se ponga a llorar;
tiempo que nadie va a visitarlo.
¡No te extrañes alma!
Ya que no encontrarás más que un pequeño lazo de vida
que te ata a su corazón.
Pensarás en volver y aislarte debajo de la alcoba,
no te asustes pequeña, dinero no les podrás dar.
¡Vuela, vuela!
Que al llegar a los cielos nos esperan,
para contarnos cómo fueron los verdaderos humanos.

29
Mirar al Horizonte

La cuesta lleva un aire no


y un hilo que se tiende en el abrazo inesperado
en los gestos silentes.
Cada gota de brisa es el sudor de la tormenta
no he dejado de alumbrar
los ríos que llevan aquellas ores caídas
¿Después que resbalan sus aromas, a dónde irán?
Me lleva el viento en la ceniza que se levanta
la montaña que no me deja me tiene en cuenta
nunca he de caer si estoy en tierra rme
¡Lo sabe el sol que me ve!
¡Lo sabe el frío que hace hervir mis venas!
Ando saltando en las alturas
y el cielo se hace poco
bien deben saber las aves que siempre me reinvento
en cada cielo.
No me esperes alma, si canto tu regreso,
no quiero dejar de cantar aunque mi lenguaje sea
mudo entre todas mis intenciones
siempre retumba ese canto ante la muerte y después
de ella.
Sigue creciendo luna
acompáñame en las travesías y déjame extrañarte
cuando caiga el día
cuando las calles se abrumen de la soledad inerte

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entre tantos elogios.
Hoy te miro rme en las tapias
la soga que me envuelve me balancea tiernamente
los árboles me tienden sus brazos hasta llegar a su
copa.
¿Desde hace cuánto el horizonte no se dejaba ver
La in nita esfera que hace ver sus esquinas?
dicen que las burbujas se hicieron para que en ellas se
formaran las conciencias
y si la costumbre los atrapa, se quedan en ella para Luis Delao
siempre.
En el universo su extensión es interminable,
pero es más grande la conciencia que la formó.
No soy de esta tierra
nunca he nacido aquí
Si tendría buena memoria
todo estaría perdido, todo.
Nadie necesita ser salvado,
si apenas se da cuenta de haber existido
quién ha de guiarme en algún camino, si apenas
empieza a caminar
la moral destructora de caminos es eterna
así como mi desobediencia se ríe de ella
Yo no les digo que marchen

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yo les digo vuelen de cielo en cielo
de sueño en sueño
el tiempo no falta a nadie
y si me trepa al cuerpo
¡Qué importa!
Lo llevaré al in nito
verá que no tiene donde acabar.
al nal le regalaré mi cuerpo para que abone las cicutas de
mi gran prado
el cementerio orido es parte de las alabanzas lejanas
que tiñen el nuevo regreso
como de las albricias que vienen a este panteonero.

15
El calor de esta tierra

El cerro poblado se deja ver o es que somos espejos tantos que no soporta la soledad.
el calor late como el fuego mismo
me he visto nuevamente en la propia sangre Elevas ese canto de las golondrinas
con la misma pausa al caminar por las calles caminas en la espesa noche solo te ha visto ella
enredadas. tan puntual como otras veces
Conspirar con el incierto destino que no sé queja tan ingenua como dejarse leer en el mínimo transcurrir
ni nosotros con él. de la casa y la chacra grande
La noche cae y el canto nace de nuevo, atraídas por el ni un pelo de miedo le aturde
momento, sigue caminando cual aro desde la montaña.
la juventud que viene, atrapa la fuerza del tiempo en
el compás de la tarde Arroyo de las aguas dulces
nace en ella, la voz que no se calla que escuchaste el campaneo de las llamas en su danza
los caminos indistintos unen y siguen cantando a quiéreme decir por donde ha caminado la oscuridad
donde van. si el feroz animal ha lanzado el golpe permitido
La tierra no solo es un lugar si el molino donde juegas ha conspirado la valentía en el
es también el vientre de los poetas desequilibrado devenir.
que se embriagan en el aliento de la naturaleza
en el velo que sus aguas forman Lanza la furia de las montañas que te enviaron a lidiar cara
en los ríos que navegan sus raíces. a cara con el demonio
El toque del sol muestra gentilmente sus hilos forja la piedra que deambula serena en el camino de vuelta
aguarda la niña una melodía paséala en la boca de tu honda
un canto a los pájaros que van y vienen descubre si el dolor existe en aquel agujero que se asoma
un canto al follaje de sus cerros o simplemente es una costumbre que nos queda
un canto a su alma. para no poder volver a surcar la dimensión del que uno no
La estación no se acaba ha dejado de ser.

16 25
Color natural

el sol ha dejado esparcida su presencia


Le pinto a la soledad como mi abuela a sus ganados en el parque y en los caminos que nos siguen.
si he de mencionarla, siempre sonará a cobijo en el manto La esta acaba de iniciar
envuelto en el humo solo espera bailar
¿Dónde estás abuela? Escondida en el hondo de la cocina con los pies descalzos
peleando con la leña húmeda. la kushma de color café; condensa sus ritos en el masato
¡A beber se ha dicho!
El tiempo de repente se tropieza con tus gestos ¡Piree!
esta prendida en tu piel tal como sucede con la bicharra
que se enciende en el soplo continúo de tus alas que
alimentan el sendero.

Mi voz no te descuida cuando llama el viento


el reír cabe en la agonía de la tarde
en la inocencia discreta de los fantasmas que dan pie a lo
incierto.

El polvo se eleva en la llanura, quiere caer en tus ojos


como la ceniza que se graba en su memoria el fuego
y reaparece en la mirada in nita de la madrugada.

Es como ese charco que comprime cualquier re ejo


se contagia del ser con toda su existencia
nada combate la múltiple expresión que soporta la
continuidad

24 17
La de siempre

Siempre se pierde el vapor de la mañana


y tienen que hervir las venas al correr por las montañas
¿Y si mamacha no está?
No hay que esperar la prisa
hay que intuir la forma de su hacer.

Volverá encender la bicharra


y bailará en sus zapateos como la lluvia haciendo
agujeros
conquistará la sonrisa de quienes con uyeron con su
genio y su ingenio
no habría que temerle al tiempo estando junto a ella
ni mirar desconcertado la extensión de la pampa.

Esa bella mujer alcanza el cielo


se convierte en águila en la tormenta
pocos la vieron alzarse sobre los nevados
y si los años le dijeron que fuera a madurar en su
seriedad
ella no lo hizo
ha continuado cantando cual niña en el jardín
conoce tantas formas posibles de llegar a casa
me cobija con su encanto.

Ella da de beber al forastero desdichado

18
Instintos

Siluetas moradas campanean con el viento nada tiene que detenerle dice
la tierra tiembla en los pasos de la chakitaklla si algún día le faltara algo
cuando el humo atraviesa su piel encontrará la dicha que se la dio
sonríe el verdor de la pampa ancha. todo germina en la tierra
sin que nos haga falta el toque delirante de la naturaleza.
Cuando el universo contraataca a la esperanza
quema la desdicha en el estómago Ven a la cueva
se evapora el vacío en la pura angustia. donde caí desprevenido buscando la machamacha y la papa
del zorro
Al echar las cenizas al campo nadie me ha visto levantar entre los sueños
ríen las raíces con los cosquilleos repentinos del destino. y decir que todo se tendría que desprender de mi
¡Ay la tarde esa!
Si al hambriento le quitaran el hambre Que se vino en un saquito
¿Cuánta brevedad tendría su alcance? llena de algodones para hacer mi propio hilo.
¿Dónde se quedaría mi alma?

Sigo aquí
echando el cadáver de los que penan en la memoria
aguardando está mi instinto salvaje
solo estoy.

Tengo que salir a matar al hombre


solo no puede morir
debo echarle una mano
debo tener piedad por primera vez.

22 19
Sentado junto al jardín

La hoja tiembla con el aire


el chasquido aumenta en los caminos viejos
se abren los brazos de la tierra
siente el temblor de la caída del sol.

La pasión es eterna en el alma


dibuja cantos al otoño
parece extrañar el cauce ahogado del otro mundo.

No será tentación desapercibida del lago


del olvido que brota cuando toda calma estaba hecha.

El son del silencio espera lentamente


como quien aguarda para echar a reír en un solo golpe
aún no llega el momento
el cielo hace correr sus cortinas naranjas
barre las nubes
se deja ver las estrellas
la noche se va tejiendo en el parque
en sus bancas de cemento.

Ladra un perro en el callejón


el día que todos lloren
todo se habrá acabado.

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