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El Suicidado: Drama en Moscú 1928

El documento presenta el primer acto de la obra de teatro "El suicidado" de Nicolai Erdman. Simón despierta a su esposa María en medio de la noche porque quiere comer salchichón, lo que lleva a una discusión. Luego Simón desaparece de la cama, asustando a María y su madre Serafina, quienes temen que Simón se haya suicidado e intentan encontrarlo en la oscuridad.

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El Suicidado: Drama en Moscú 1928

El documento presenta el primer acto de la obra de teatro "El suicidado" de Nicolai Erdman. Simón despierta a su esposa María en medio de la noche porque quiere comer salchichón, lo que lleva a una discusión. Luego Simón desaparece de la cama, asustando a María y su madre Serafina, quienes temen que Simón se haya suicidado e intentan encontrarlo en la oscuridad.

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1

SAMO OUBITSA
(El suicidado)

de Nicolai Erdman
adaptación: Michel Vinaver
traducción: Laura Pouso
2

SAMOUBITSA

Moscú, 1928. Simón Podesekalnikov es un desocupado. Vive en un apartamento


comunitario con su mujer María y su suegra Serafina. Una noche, martirizado por el
antojo repentino de comerse un salchichón, despierta a su mujer, discuten y Simón
desaparece bruscamente. María piensa que se fue, aterrada comienza a pensar que
Simón salió para suicidarse y alerta a algunos vecinos. Sin embargo a Simón la idea
del suicidio no se le había pasado por cabeza e intenta en un principio disuadirlos para
después convencerse que esta puede ser una solución para todos sus problemas.
A partir de ese momento, se va a convertir en un símbolo para todos los funcionarios
del régimen. Tiene que suicidarse en nombre de los intelectuales, de los carniceros,
de los escritores, de las mujeres…no da a basto con tantos pedidos. El
reconocimiento, al fin! Pero para disfrutar de la dolce vita hay que pasar al acto.
Imposible.

Samoubitsa (El suicidado) es la segunda y última obra del dramaturgo ruso Nicolai
Erdman (1902 – 1970), escrita en los años veinte.
3

PRIMER ACTO

Un cuarto en el apartamento comunitario ocupado por la familia Podsekalnikov. Es de


noche.

SIMON: María…María…¿Estás dormida?

MARIA: Aaaah….

SIMON: Bueno, movete. Soy yo.

MARIA: ¿Qué pasa, Simón?

SIMON: María, te quería preguntar una cosa…María…¿Te dormiste otra vez?


¿María?

MARIA: Aaaah….

SIMON: Ya te dije que soy yo.

MARIA: ¿Simón?

SIMON: Pero sí, soy yo.

MARíA: ¿Qué es lo que pasa?

SIMON: Te quería preguntar una cosa….

MARIA: ¿Qué pasa, Simón?

SIMON: ¿Quedó algún pedazo de salchichón de la cena?

MARIA: Qué?
4

SIMON: Si quedó un poco de salchichón...

MARIA: ¡Esto es el colmo! Hubiera esperado cualquier cosa de tu parte pero que
despiertes en plena madrugada a una pobre mujer muerta de cansancio..para hablarle
de un salchichón. Es de una falta de sensibilidad. Trabajo todo el día como una burra,
como un caballo, y en lugar de darme un respiro en plena madrugada venís a
destrozarme los nervios, mis pobres nervios. ¿Sabés qué, Simón? Me destruiste, me
aniliquilaste con tu salchichón. ¿En serio no te das cuenta, Simón? Como el señor no
tiene sueño, no deja que los demás…. ¡te estoy hablando! ¿Te dormiste, o qué?
¡Simón!

SIMON: Aaaah….

MARIA: ¿Qué? Soy yo.

SIMON: ¿María?

MARIA: ¡Pero sí, soy yo!

SIMON: ¿Y ahora, qué querés?

MARIA: Digo que si no podés dormir dejes que por lo menos los demás duerman.

SIMON: Escuchame, María…

MARIA: No, vos vas a escuchar. ¿No podías haber comido y llenarte cuando era el
momento? Me parece que mamá y yo nos ocupamos bien de vos, estás mejor
atendido que cualquiera, pensá en las exquisiteces que te hacemos de comer.

SIMON: ¡Las exquisiteces! ¿Y te creés que no me imagino porque vos y tu madre me


preparan esas exquisiteces? ¡No es por casualidad, no señor! Quieren dejar bien
subrayadito a todo el mundo que Simón no tiene trabajo y que a pesar de no tener
trabajo, se le preparan exquisiteces. Ya entendí. Hacen todo eso para humilllarme.
5

MARIA: ¡Escuchame Simón!

SIMON: ¡No! ¡Vos me vas a escuchar! Porque cuando estoy acostadito en la cama
contigo, tapadito con la misma frazada, sin testigos, agonizando de hambre en plena
madrugada, me negás un pedazo de salchichón….

MARIA: ¿Yo te lo niego? Querido, comé, por favor. Te lo traigo enseguida (Sale de la
cama, prendre una vela y descalza con la vela en la mano se dirige hacia la puerta)
Dios mío, ¿qué tiene en la cabeza? ¡Lo que hay que aguantar! (Sale de la pieza)

Oscuridad. Simón está acostado en la cama. Silencioso. María vuelve al cuarto, la


vela en una mano y en la otra un plato con unas rebanadas de pan y salchichón.

MARIA: Simoncito querido, ¿cómo querés que te lo prepare? ¿Con pan negro o con
pan blanco?

SIMON: El color no tiene ninguna clase de importancia para mí porque ahora no quiero
comer.

MARIA: ¿Cómo que no querés?

SIMON: Antes reviento. Guardate tu salchichón.

MARIA: ¿Y ahora qué te pasa?

SIMON: Que ya sé con qué me lo vas a preparar. Con un sermón interminable. Me


vas a rellenar las orejas por un salchichón que no vale la pena.

MARIA: Bueno, muy bien. ¿Sabés qué, Simón?

SIMON: Sí, ya sé. Acostate.

MARIA: ¿Qué?
6

SIMON: ¡Que te acuestes!

MARIA: Te preparo el refuercito y me acuesto.

SIMON: No, no preparás nada.

MARIA: Sí, preparo….

SIMON: ¿Pero quién es al fin de cuentas el marido acá? ¿Sos vos o soy yo? ¿Te
creés a lo mejor que como no cobro un sueldo vas a hacer conmigo lo que se te
antoje? ¿No te das cuenta lo que me cuesta esta vida, el daño que me hace? ¿No
pensás nunca en eso? Mirá, mirá bien adónde me estás empujando… (Simón se
sienta en la cama, corre la frazada, cruza las piernas y con la palma de la mano se
da un golpe en la rodilla. Su pierna salta.) ¿Ves?

MARIA: ¿Y eso qué quiere decir Simón?

SIMON: Síntoma nervioso. (Simón se acuesta y se tapa)

MARIA: No podemos seguir viviendo así, Simón. Hacer payasadas como en un circo,
sí. Pero seguir viviendo así, no.

SIMON: ¿Cómo que no podemos? ¿Entonces querés que reviente? ¿Que reviente?
¿Sí? Ya veo adónde querés llegar con todo esto. ¿Me estás empujando hasta el
último suspiro? ¿Eso es lo que querés? Mirá lo que te digo: sos una porquería.

MARIA:…

SIMON: Una yegua. Una basura.

A María se le cae la vela de la mano, se cae y se rompe. Oscuridad. Pausa. En la


obscuridad absoluta Serafina entra en el cuarto y se choca contra María.

MARIA: ¡Aaahhh!
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SERAFINA: ¿Pero qué pasa?

MARIA: ¿Sos vos, mamá?

SERAFINA: ¿Me querés decir por qué, María, por qué las cosas se caen en el cuarto
de ustedes de noche? ¿Eh? ¿Van a despertar a todo el mundo, María! ¿María? ¿Estás
llorando o qué? Simón, ¿qué significa esto? ¡María! ¡Te estoy hablando, María! ¿Estás
llorando? ¿Por qué estáscallada? María!

MARIA: Cuestión de principios.

SERAFINA: Qué misterio!

MARIA: Que hable Simón, yo no pienso hablar.

SERAFINA: ¿Y? ¿Por qué no habla?

MARIA: Porque es un insolente, mamá.

SERAFINA: ¿Qué es toda esta payasada, Simón?

MARIA: Simón!

SERAFINA: Simón!

Pausa

MARIA: A lo mejor le dio un ataque, mamá!

SERAFINA: ¿A lo mejor, qué? ¿De dónde sacás una cosa así? Simón!

MARIA: Voy a ver, mamá. (Se escucha en la oscuridad el paso precavido de María)
Simón! Simón , mi amor! Simoncito! Mamá!
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SERAFINA: ¿Qué pasa?

MARIA: Prendré la vela!

SERAFINA: Dios mío, ¿qué le pasa?

MARIA: Que prendas la vela, te digo.

SERAFINA: ¿Pero dónde está la vela? ¿Dónde?

MARIA: En en piso, mamá, buscala. Simón mi amorcito, no me asustes por favor! ¿Y,
mamá?

SIMON: Estoy gateando, María, estoy en cuatro patas.

MARIA: Por ese lado, no, mamá. Gateá del otro lado, donde estan las plantas.
(Silencio) Dios mío, ¿qué es esto?

SERAFINA: Las plantas, las plantas.

MARIA: Me voy a volver loca.

SERAFINA: Esperá todavía no me fijé del otro lado. La Santa Virgen nos protege. Acá
está!

MARIA: Prendela, así vemos algo, prendela!

SERAFINA: Esperá, ya voy. (Prende un fósforo)

MARIA: No puedo más, mamá. ¡Me voy a volver loca!

SERAFINA (con la vela en la mano) ¿Y ? ¿Qué pasa? ¿Qué?


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MARIA: (corriendo la frazada) ¿Ves?

SERAFINA: No.

MARIA: Yo tampoco. No está, mamá. La cama está fría. Simón, se fue!

SERAFINA: ¿Cómo que se fue?

MARIA: Sí, se fue (Corre de un lado a otro de la habitación) Simón! Simón! Simoncito!

SERAFINA: (con la vela en la mano mira en el cuarto de al lado) Simón!

MARIA:(corriendo hacia la cama) ¡La vela! ¡La vela por acá! (arranca la vela de las
manos de su madre, la pone en el piso, se pone de rodillas y mira abajo de la cama)
Acá está! (se pone los zapatos) ¡Dame la pollera, mamá! (Serafina se dirige a la
cómoda) ¡La vela, dejá la vela! (Serafina va hasta la cama, apoya la vela y vuelve a
dirigirse hacia la cómoda)Esperá, dejame que lo hago yo. (detiene a Serafina, va hacia
la pared,descuelga la pollera de un clavo)

SERAFINA: ¿Pero dónde vas, María?

MARIA: Hay que irlo a buscar. Estaba rarísimo... Incluso me llegó a mostrar un
síntoma en la cama.

SERAFINA: ¡Virgen Santa!

MARIA: ¿Sabés que?

SERAFINA: No. ¿Qué?

MARIA: ¿Y si se mata?

SERAFINA: ¿Matarse? ¿Y te quedás ahí parada? Ponete los zapatos, rápido. Los
zapatos!
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MARIA: Pasame la camisa.

SERAFINA: ¡Aleluya, el pantalón!

MARIA: ¿Qué pasa con el pantalón?

SERAFINA: Está acá. A partir del momento en que el pantalón está acá, quiere decir
que él muy lejos no puede estar.

MARIA: ¿Y si se fue sin pantalón? Estaba rarísimo..

SERAFINA: Un hombre sin pantalón es como si no tuviera ojos en la cara. ¿Dónde va


a ir?

MARIA: ¿Dónde puede haber ido mamá?

SERAFINA: A hacer sus necesidades.

MARIA: ¿Te parece? Ah! ¡Se fue al baño a pegarse un tiro!

SERAFINA: ¿Cómo? ¿Qué estás diciendo?

MARIA: Es muy sencillo. Paf y ya está.

SERAFINA: Virgen Santa!

MARIA: ¿Ahora qué hacemos? Y si de golpe…

SERAFINA: Callate. ¿Oís algo?

MARIA: No. ¿Vos?

SERAFINA: Tampoco.
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MARIA: Voy a ir a golpearle la puerta del baño, pase lo que pase…

María sale. Serafina mira un icono y se persigna.

SERAFINA: Santa madre de Sviatogorosk, de Venok, de Svensk, de Iversk, de


Smolenk, de Abalatsk, de Brats, de Kiev, de Pimenovosk, de Ispansk, de Kazansk,
intervengan en favor de mi yerno (se santigua una y otra vez, se pone de rodillas)
Virgen santa ábrenos la puerta de la misericordia.

María entra, corriendo.

MARIA: El baño está cerrado con llave.

SERAFINA: ¿Hablaste con él?

MARIA: Le hablé.

SERAFINA: ¿Y? ¿Qué dijo?

MARIA: No contesta las preguntas. No hace ruido.

SERAFINA: ¿Qué hacemos, María? ¿Eh?

MARIA: Voy a despertar a Alexander, mamá, para que fuerce la puerta.

SERAFINA: No podemos molestar a Alexander.

MARIA: ¿Cómo que no podemos?

SERAFINA: Alexander es un hombre quebrado por la pena. Acaba de enterrar a su


mujer la semana pasada.
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MARIA: Justamente, es perfecto. Quiere decir que es sensible a este tipo de cosas.
Nos va a entender.

Se va corriendo hasta la parte de la casa ocupada por Alexander Pétrovich


Kalabouchkin

SERAFINA: Pero si se enoja va a ser peor.

MARIA: Y si es peor, es peor, necesitamos un hombre. Sin hombre, mamá, no somos


nada. (Golpea la puerta) ¿ No pensás mamá que…?

SERAFINA: ¿Qué?

MARIA: ¿Qué, qué? Yo qué sé qué. Andá a pararte delante de la puerta,mamá y


escuchá por si…por si…(María golpea otra vez) Alexander! Camarada Kalabouchkin!
Camarada Kalabouchkin!

ALEXANDER: (detrás de la puerta) ¿Quién es?

MARIA: No vaya a pensar por favor que estoy haciendo esto para molestarlo,
camarada Kalabouchkin.

ALEXANDER (detrás de la puerta): ¡Ah!

MARIA: Soy yo. María Podsekalnikova. No es mi estilo, usted sabe.

ALEXANDER: (detrás de la puerta) ¿Quién dice que es?

MARIA: Podsekalnikovna, María. Hola.

ALEXANDER (detrás de la puerta) ¿Qué?

MARIA: Usted me es muy indispensable, camarada Kalabouchkin.


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ALEXANDER (detrás de la puerta): ¿Indispensable, cómo?

MARIA: Como hombre.

ALEXANDER: (detrás de la puerta) ¡Sh, Sh! No lo diga tan fuerte, señora María.

MARIA: Seguro que a usted le importa un pito pero tenga en cuenta, camarada
Kalabouchkin, que estoy sola, completamente sola. ¿Qué puedo hacer yo sola, sin
hombre, camarada Kalabouchkin?

ALEXANDER: (detrás de la puerta) Vuelquese un vaso de agua fría en la cabeza,


señora María.

MARIA: ¿Qué? ¿Qué dice camarada Kalabouchkin?

ALEXANDER (detrás de la puerta) Grite menos fuerte, ¿quiere?

MARIA: Me veo obligada a forzar la puerta camarada Kalabouchkin.

ALEXANDER: Por amor de dios! Un segundo. Espere! Espere!

La puerta se abre de un golpe. Aparece Margarita Ivannovna, una mujer enorme


vestida ligeramente.

MARGARITA: ¿Así que forzar la puerta? Un pasatiempo interesante para una


muchachita! No, pero qué atrevida, disculpeme la expresión.

MARIA: ¿Cómo? Por favor, señor Alexander!

MARGARITA: ¿Me gustaría saber a título de qué usted viene a tirarsele encima al
señor Alexander? Estamos los dos, atravesando un duelo profundo, evocando la
memoria de la difunta …. ¿a usted le parece que es el momento de venir a tirar la
puerta abajo?
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MARIA: ¿Pero quién le dijo que es esta puerta la que quiero tirar abajo? Yo no soy
ninguna ladrona!

MARGARITA: Las mujeres hoy en día son mucho más que ladronas, que dios me
perdone, tienen una idea fija: ir a acostarse donde se acuestan las demás. Ah, pero…

ALEXANDER (asomando la cabeza por la puerta) Margarita!!

MARGARITA: ¿Qué querés?

ALEXANDER: Si tiene intenciones de agarrarla de los pelos, no se lo aconsejo, porque


usted no está registrada en esta casa. (esconde la cabeza)

MARIA: Perdón pero…¿qué le pasa conmigo?

MARGARITA:¿ Con qué derecho anda atrás de un hombre que no es suyo?

MARIA: Usted no me entendió bien. Se lo aseguro. Soy una mujer casada.

MARGARITA: No hay nada que entender. Yo también soy casada.

MARIA: ¿No entiende que se quiere pegar un tiro?

ALEXANDER: ¿Quién quiere pegarse un tiro?

MARIA: Simón.

ALEXANDER: ¿Dónde?

MARIA: En el baño. No se imagine cualquier cosa, Alexander. (la cabeza desaparece)

MARGARITA: Perdoneme, pero ¿quién quiere pegarse un tiro en el baño?

MARIA: ¿Y dónde quiere que un desocupado vaya a pegarse un tiro?


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Sale de su cuarto Alexander, en pantalón y camisa, galochas

ALEXANDER: Hablan, hablan y el tiempo pasa. ¡Hay que actuar, María!

MARIA: Es por eso que lo vine a buscar Alexander. Usted tiene un puesto de tiro al
blanco, este tipo de cosas son de su ramo. Ayúdenos, a mamá y a mí a forzar la
puerta!

ALEXANDER: ¿Y por qué no me lo dijo antes? ¡Hubiera empezado por ahí!

MARIA: ¿Y qué está esperando ahora?

ALEXANDER: Vamos, María.

MARIA: Tengo miedo de que si intentamos forzar la puerta, se pegue un tiro.

ALEXANDER: Vamos en punta de pie y de un tirón boum. Sin hacer ruido. Así, en
puntita de pie.

Alexander se saca las galochas y se desliza hacia la puerta, seguido por María y
Margarita.

TODOS: Sh!

Se oye un grio estridente: Aaahhh!!!!

TODOS: (reculando) ¡Oh!

SERAFINA: (se precipita hacia el baño) ¡No entren!

MARIA: ¡Dios!

ALEXANDER: ¿Qué pasa?


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SERAFINA: Fíjese que no es Simón el que está ahí adentro sino la abuelita Volodia,
la que vive del otro lado del casa.

MARIA: ¿Qué estás diciendo?

SERAFINA: Palabra de honor, la ví con mis propios ojos cuando salió. Quedé muy
distinguida, plantada delante de la puerta escuchando.

ALEXANDER: Un lapsus, María.

MARIA: Es tu culpa, mamá yo te dije que se había ido a la calle. Alexander hay que
rastrear las calles vecinas.

SERAFINA: ¿Cómo? ¿Sin pantalón y en la calle?

MARIA: ¿Un hombre al borde de la muerte necesita un pantalón?

ALEXANDER: ¿Y ya buscaron por toda la casa?

MARIA: Por toda la casa.

SERAFINA: ¿En la cocina también?

MARIA: Ah, no! En la cocina, no! Vamos corriendo a ver si está en la cocina, camarada
Kalabouchkin!

Se van corriendo. Margarita corre detrás de ellos.

ALEXANDER: Basta de seguirme por todos lados, Margarita. Es preferible que yo


vaya solo con María.

Serafina y Margarita se quedan solas.


17

MARGARITA: Siempre en pareja! Siempre tiene que andar en pareja! Es como una
psicosis que tiene. No aguanto más. Vamos, corramos a ver nosotras también.

SERAFINA (corriendo tras ella) No, espere! ¿Para qué? Escucheme. ¿Qué le pasa?

(En ese momento y viniendo de la cocina se escucha BASTA, es la voz de Alexander.


Se oye el ruido de una puerta que se cierra de golpe, el grito de Simón y el sonido de
un cuerpo al piso. Después de eso, silencio total.)

MARGARITA: ¿Qué pasó? Virgen del cielo!

SERAFINA: Ya está. Se pegó un tiro. Estaba segura.

MARGARITA: ¿Y ahora, qué será de nosotros?

SERAFINA: Yo me voy a desmayar ahora mismo.

MARGARITA: Por favor no lo haga.

SERAFINA: Estoy muerta.

MARGARITA: Y yo.

SERAFINA: Oh! Ahí vienen!

MARGARITA: ¿Quiénes vienen?

SERAFINA: Lo traen.

MARGARITA: ¿A quién traen?

SERAFINA: A él lo traen.

MARGARITA: Para aquí lo traen.


18

SERAFINA: Sin duda. Lo traen.

MARGARITA: Oh!

SERAFINA: Lo traen.

MARGARITA: Lo traen.

SERAFINA: ¿Y ahora qué pasa? ¿Y ahora qué pasa?

Entra Alexander empujando a un Simón duro de miedo

SIMON: ¿Qué pasa, qué pasa?

ALEXANDER: Mantenga la calma, Simón.

SIMON: ¿Pero, por que me agarra así? ¿Por qué? Suelteme! Pero suelteme…

SERAFINA: No lo suelte!

MARGARITA: Agarrelo, agarrelo…

SIMON: ¿Dónde está María? ¿Dónde está?

ALEXANDER: ¿María? En el piso. En la cocina. Acostada boca arriba.

SERAFINA: ¿Cómo acostada?

ALEXANDER: Desmayada, desmayadísima señora Serafina.

SERAFINA: Dios me libre, ¿y ahora qué hacemos?

Sale corriendo, Margarita la sigue. Se quedan Alexander y Simón.


19

SIMON: Perdoneme, ¿qué está buscando en mi bolsillo? Ah, ¿ya terminó de


revisarme? Déjeme, por favor!

ALEXANDER: Empiece por devolverme el aparato.

SIMON: ¿De qué aparato me habla? No tengo nada en el bolsillo. ¿Me entiende?
Nada.

ALEXANDER: Vi cómo se lo introdujo en la boca.

SIMON: ¿Introduje? Yo no me introduje nada. Suélteme, suélteme inmediatamente.

ALEXANDER: Bueno, lo suelto señor Simón. Pero antes me tiene que dar su palabra
de honor, jurar que no hará nada contra usted mismo hasta que no me haya
escuchado hasta el final lo que tengo para decirle. Es un amigo el que se lo pide.
Escucheme hasta el final.

SIMON: Hable. Lo escucho.

ALEXANDER: Gracias. Siéntese. (Lo instala y se pone delante de él, en pose)


Ciudadano Podsekalnikov…ah, un momentito. (Corre hacia la ventana, abre la cortina.
La luz de la mañana en la ciudad ilumina la cama deshecha, la planta quebrada y el
lugubre decorado del dormitorio) Ciudadano Podsekalnikov: la vida es maravillosa.

SIMON: Sí. ¿Y?

ALEXANDER: ¿Cómo, y? Ciudadano Podekalnikov: ¿en qué época vive usted? Usted
vive en el siglo XX, la edad de las luces, la edad de la electricidad!

SIMON: ¿Y cuándo vienen y le cortan a uno la luz porque no la pudo pagar en qué
edad lo precipitan? ¿La edad de piedra?
20

ALEXANDER: La edad de piedra, efectivamente. ¿Hace cuánto tiempo que vivimos


en una caverna? Cómo para no sacarle a uno las ganas de vivir! ¿Pero qué estoy
diciendo? ¿Cómo para no sacarle a uno…? Usted está intentando desviarme el
discurso. Ciudadano Podsekalnikov, la vida es maravillosa.

SIMON: Leí eso, yo también. En la Pravda. Pero pienso que van a sacar un
desmentido.

ALEJANDDRO: Usted no tiene que pensar. No piense. Trabaje.

SIMON: Cuando uno no tiene trabajo no tiene derecho a trabajar.

ALEXANDER: Usted espera que el derecho le caiga del cielo. Hay que apropiarse de
la vida. Hay que luchar.

SIMON: ¿Y a usted le parece que yo no lucho, camarada Kalabouchkin? Mire! (Saca


un libro debajo de la almohada)

ALEXANDER: ¿Qué es?

SIMON: Un manual. Cómo aprender a tocar el helicón en veinte lecciones.

ALEXANDER: ¿Cómo? ¿El qué?

SIMON: El helicón. Instrumento de viento. Se puede aprender en veinte lecciones. Y


partir de allí empieza una nueva vida. Una mina de oro. Hice el cálculo. (Muestra una
hoja de papel) En un año más o menos normal, veinte conciertos por mes a cinco
rublos con cincuenta, le deja por año una ganancia de mil trescientos veinte rublos.
Como ve, camarada Kalabouchkin, ya tengo todo programado. Todo pronto para
lanzarme a la aventura del helicón. El deseo. El cálculo. El manual. Solo falta el
helicón.

ALEXANDER: Es el destino de todos nosotros, ciudadano Podsekalnikov. ¿Qué le


vamos a hacer? Hay que vivir, de todas maneras.
21

SIMON: Sin ninguna duda.

ALEXANDER: ¿Está de acuerdo?

SIMON: ¿Acaso se puede elegir?

ALEXANDER: Lo convencí! Gracias! Viva! Ahora deme el revolver, ciudadano


Podsekalnikov.

SIMON: Pero, ¿qué revolver?

ALEXANDER: No siga con todo este circo. Vi perfectamente como se lo estaba


introduciendo en la boca.

SIMON: ¿Yo?

ALEXANDER: Usted.

SIMON: Dios mío,¿yo? Y, digame una cosa: ¿para qué iba a hacer eso?

ALEXANDER: ¿Se cree que soy estúpido? Todo el mundo sabe que usted se quiere
matar.

SIMON: ¿Matarme?

ALEXANDER: Suicidarse.

SIMON: ¿Yo?

ALEXANDER: Usted.

SIMON: Un momento. ¿Yo, personalmente?


22

ALEXANDER: Usted, personalmente, ciudadano Podsekalnikov.

SIMON: ¿Y por qué me iba a suicidar yo, dígamelo, por favor?

ALEXANDER: Cómo si no lo supiera!

SIMON: ¿Puedo preguntarle por qué?

ALEXANDER: ¿Por qué? Porque hace un año que está sin trabajo y porque le da
vergüenza que lo tenga que mantener su mujer. Bastante feíto, reconozcalo.

SIMON: Un momento. ¿Quién dijo eso?

ALEXANDER: ¿Quién dijo eso? María lo dijo, a ella también le parece bastante feíto

SIMON: Ah! Váyase de una buena vez! Déjeme tranquilo! Fuera!

ALEXANDER: No me voy hasta que no me dé el revolver.

SIMON: Haga el esfuerzo de reflexionar, camarada Kalabouchkin. ¿De dónde iba a


sacar yo un revólver?

ALEXANDER: En los tiempos que corren no hay nada más fácil que conseguir un
revolver, salga un poco a la calle y va a ver; en lo de Panfidovicht le cambian una
afeitadora por un revolver.

SIMON: ¿En serio? ¿Una afeitadora?

ALEXANDER: Seguro. Ya sabe como son las cosas. Y lo que le pasa a la gente que
no tiene permiso para portar armas. Bueno. Un buen día cae la policía. Seis meses
de trabajos forzados. Basta de pavadas, deme ese revolver, Simón.

SIMON: No se lo doy nada.


23

ALEXANDER: Bueno, ya que no me lo quiere dar se lo voy a tener que sacar a la


fuerza. (Agarrandolo del brazo) Así no se me escapa…

SIMON: ¿Ah, sí? Le advierto, camarada Kalabouchkin, que si no se retita


inmediamente me pego un tiro en su propia cara. Está avisado.

ALEXANDER: No va a hacer eso.

SIMON: No me cree? Bueno. Cuento hasta tres! Uno…

ALEXANDER: Sí lo va a hacer!

SIMON: Dos

ALEXANDER: Mejor me voy (sale corriendo, se mete en su cuarto)

SIMON: Tres! (saca del bolsillo el salchichón) ¿Dónde lo pongo? Dónde está el plato?
(pone el salchichón en el plato) Todo está igual que antes, sin embargo….Se van a
quedar con la duda hasta que se mueran. María, esperá…dejame que te demuestre
(corre hacia la mesa de luz, busca en el cajón) Te voy a demostrar que ….vergüenza
de que lo tenga que mantener su mujer! ¿Ah, si? Esperá y vas a ver. Ya te voy a
demostrar quién soy yo!
Ah, acá está! (Saca la afeitadora) Auténtico acero importado de Suecia! La heredé de
mi padre! Y después…y después? Ya no va a haber después! Ya no voy a necesitar
afeitarme! (sale corriendo)

Aparece Alexander saliendo de su cuarto, Entran Serafina y Margarita arrastrando el


cuerpo de María que sigue desmayada.

SERAFINA: ¿Pero qué hace? ¡Arrastrela de los pies por lo menos!

MARGARITA: ¡Cuidado!
24

ALEXANDER: ¿Están locas? La están arrastrando como si fuera una bolsa de papas!
Acuestenla en el diván.

SERAFINA: Desabrochele toda la ropa.

ALEXANDER: Con mucho gusto.

MARIA: ¿Quién es?

ALEXANDER: Somos nosotros, no se preocupe María.

MARIA: ¿Está muerto? ¿Está muerto camarada Kalabouchkin?

ALEXANDER: ¿Muerto? No, pero tengo que decirle honestamente que está punto de
caramelo.

MARIA: Rápido, vamos al cuarto!

ALEXANDER: Ni lo sueñe! Eso precipitaría los acontecimientos. El mismo me lo dijo.


Si usted pisa mi cuarto, me pego un tiro en su propia cara.

SERAFINA: ¿Y usted que hizo?

ALEXANDER: Esto y aquello. Argumenté, supliqué, nada que hacer.

MARGARITA: En un caso como éste, hay que dar órdenes no suplicar. Vaya a
denunciarlo a la policía, que lo metan preso, lo condenen y no se hable más.

ALEXANDER: No hay leyes en contra de eso, Margarita. Un tribunal no puede


condenar a vida. A muerte, se puede. Pero a vida, no.

SERAFINA: ¿Cuál es la solución?

ALEXANDER: El helicón.
25

SERAFINA: ¿El qué?

ALEXANDER: El helicón. Un instrumento de viento. La solución es ese instrumento.

MARIA: ¿Y qué va a hacer con eso?

ALEXANDER: Ganarse el pan, señora. Si lográramos conseguirle uno, le aseguro


que no se pega un tiro.

SERAFINA: ¿Y cuánto cuesta un aparato de esos?

ALEXANDER: Por lo menos quinientos rublos.

MARIA: ¿Quinientos rublos? El día que tengamos quinientos rublos no se pega un


tiro, con helicón o sin helicón.

ALEXANDER: En ese punto me veo obligado a darle la razón, María.

MARGARITA: Voy a tener que pedirle a mis músicos que le consigan un helicón para
alquilar.

SERAFINA: ¿En serio? ¿En serio tiene músicos usted?

ALEXANDER: ¿Cómo? ¿No lo sabía, señora? En el restaurant donde ella trabaja hay
una orquesta sinfónica absolutamente maravillosa.

MARGARITA: El Trío de los Artistas Libres.

SERAFINA: Por amor de dios vaya entonces y habla con sus artistas! Rápido!

MARIA: Pídaselos!

SERAFINA: Enseguida!
26

MARIA: La vamos a esperar en el cuarto, Margarita! Vamos!


Vístase!

Margarita y María entran en el cuarto de Alexander. Quedan Serafina y Alexander.

SERAFINA: Tengo miedo de que no aguante hasta el helicón.

ALEXANDER: Sí. ¿Por qué no va a distraerlo? Hasta que traigan el helicón.

SERAFINA: ¿A distraerlo? ¿Y con qué?

ALEXANDER: Le propongo lo siguiente señora Serafina. Entre directo en su cuarto,


como si no pasara nada, como si tal cosa y empiece a contarle.

SERAFINA: ¿Contarle, qué?

ALEXANDER: Algo abstracto. Algo que tenga que ver con la felicidad de la vida. Casos
jocosos. Situaciones humorísticas en general.

SERAFINA: No tengo conocimiento en ese ramo, camarada Kalabouchkin.

ALEXANDER: Invente. El destino de su yerno está en peligro, señora Serafina, no es


un asuntito cualquiera. Cuéntele anécdotas picantes, chistes verdes o simplemente
historias divertidas para que se distienda, se distraiga, mientras tanto nosotros le
traemos el helicón y lo salvamos. Vamos, no tenga miedo, cuente. (se mete en su
cuarto)

Serafina se detiene delante de la puerta.

SERAFINA: Caridad divina, contar….¿Qué le voy a contar yo? (sale)

Simon entra, recorre la pieza con cara circunspecta, saca el revolver del bolsillo, se
sienta a la mesa, abra el tintero, toma una hoja de papel.
27

SIMO (escribiendo) Mi muerte no es culpa de…

Entra Serafina

SERAFINA:No está…(descubre la presencia de Simón) Dios misericordioso! Buenos


días, Simón! Ah, mire, justamente tengo un historia para contarle…Una historia…Para
morirse de risa. Una de alemanes, ¿la conoce?

SIMON: No. ¿De qué se trata?

SERAFINA: Los alemanes se comieron un basset vivo.

SIMON: ¿Qué alemanes?

SERAFINA: ¿Qué alemanes? No me acuerdo, pero se lo comieron. Mi difunto esposo


me la contaba siempre. Mucho antes de la guerra, Simón. Todos nos reímos, nos
reímos como locos. (Silencio) Un basset….un perro, señor Simón.

SIMON: ¿Y ?

SERAFINA: La gente no come perros.

SIMON: ¿Y?

SERAFINA: Y bueno, los alemanes se lo comieron.

SIMON: ¿Y?

SERAFINA: Es todo.

SIMON:¿ Es todo?

SERAFINA: Ay dios mío y ¿ahora qué le cuento? Ah, tengo otra , del mismo estilo.
28

SIMON: ¿Por qué no se va para su cuarto Serafina?

SERAFINA: Se va a morir de risa señor Simón.

SIMON: No me moleste, no ve que estoy ocupado.

SERAFINA: Mejor escúcheme. Imagínese, durante la guerra había en nuestro pueblo


un turco como prisionero de guerra. Había recibido un impacto grande. Nuestro
ejército lo había contusionado. La cabecita se le movía todo el tiempo. Era para
morirse de risa. ¿Qué íbamos a hacer? Se nos ocurrió una idea. Cuando se hizo de
noche la gente se reunió, agarramos un pedazo de pan y fuimos hasta donde estaba
el turco, le mostramos el paté de hígado y el pan y le dijimos: ¿Querés comer?“ El
turco tenía un hambre terrible, quería comerse el paté pero no sabía ni una palabra
de ruso. Se levantó motivado por el hambre y la cabeza se le empezó a mover como
si dijera „no“ Era justamente eso lo que la gente estaba esperando. Entonces
envolvieron la comida y la guardaron. „Bueno, no querés, no tenés hambre, bueno“ Y
se fueron. Cómo nos reímos con ese turco! Y, ¿qué le pareció? ¿Eh?

SIMON: Vayase de una buena vez! ¿No entiende?

SERAFINA: Vamos! Me acuerdo también de algo que pasó en el momento de la


coronación. (Simon se levanta precipitadamente, llevándose la pluma, el papel y el
tintero) Espere, espere! ¿Dónde va? (lo sigue) Alejandro 1° también llamado Alejandro
el bendito ….(Simón se escapa por la escalera)

SERAFINA (sola delante de la puerta) No se distrajo. ¿Dónde voy a encontrar otras


situaciones humorísticas en general para él? Dios mio! (corre tras él)

Del cuarto de Alexander aparecen Alexander, María y Margarita

ALEXANDER: Vamos, rápido, Margarita!

MARIA: ¿Pero no será peligroso dejarlo solo?


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ALEXANDER: Está acompañado por la suegra, María. Nada que temer. Le dí las
instrucciones necesarias.

Simón sale rápido de su cuarto, con el tintero, la pluma y la hoja en la mano.

SIMON (gritando hacia la puerta) Atrévase a contarme una vez más la historia del
basset y la destripo! La despellejo viva! Le prohibo terminantemente que me siga.
Vieja chiflada! (se acerca a la mesa y termina de escribir) Mi muerte no es culpa de
nadie. Podsekalnikov.
30

SEGUNDO ACTO

El mismo cuarto que en el primer acto, ahora ordenado. Simón sentado como un rey
sobre un taburete, helicón en mano. Abierto ante sus ojos, el manual. Sentadas en
dos sillas a ambos lados María y Serafina.

SIMON (leyendo) Capítulo Uno. Título: Cómo tocar. Para tocar el helicón se utiliza una
combinación de tres dedos. El primer dedo en la primera tecla. El segundo en la
segunda tecla. El tercero en la tercera tecla. Bien. Al soplar obtenemos la nota SI.
(sopla, sopla otra vez) Bueno, esto sí que es una sorpresa. El aire pasó pero no hay
sonido.

SERAFINA: María, tenemos que prepararnos…si se llega a decepcionar del aparato


ese..

SIMON: No tan rápido. No nos enloquezcamos. Acá tenemos un capítulo enteramente


dedicado a la expulsión del aire, que lleva como título: Cómo soplar. Para soplar
correctamente, yo Teodoro Hugo Schultz, artista del sonido mundialmente conocido,
preconizo un medio simple y económico. Arrancar un pedacito de papel de diario y
apoyarlo sobre la punta de la lengua“

SERAFINA: ¿En la lengua?

SIMON: Está escrito. Bueno, pásenme la Pravda. (Serafina corre a traerle el diario)
Arranque un pedazo.

MARIA: Un pedacito más chiquito. Más chiquito.

SIMON: ¿Qué está esperando? Depositelo inmediatamente!

SERAFINA: (colocandolo) Y, le ayuda, ¿no?

SIMON: -i-an –e-en-o


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MARIA: ¿Qué?

SIMON: iii-aaan-eeen-oooo

MARIA: ¿Qué?

SIMON: iii-aaan-eeen-oooo

MARIA/ Pero Simón mi amor, ¿qué decís?

Simón escupe el papel

SIMON: Pobre bruta, escuchá lo que digo. ¿Ahora entendés? Les decía: sigan
leyendo.“Arrrancar un pedazo de diario y colocarlo sobre la punta de la lengua.“ ¿Qué
dice después?

MARIA: Después, Simoncito mi amor, después dice:“Escupa el papel en el piso,


intente recordar mientras lo escupe la posición de la lengua al hacerlo. Habiendo
registrado esta posición, sople como si estuviera escupiendo.“ Es todo.

SIMON: Pido silencio y concentración. (arranca un pedazo de papel) Córrase un


poquito, señora Serafina. (coloca el pedazo de papel sobre la lengua, escupe y sopla)
Nada. Qué mierda.

SERAFINA: Se terminó la fiesta, ya está perdiendo la ilusión…

Simón escupe otra vez y se dispone a soplar

MARIA: Dios mío si en verdad existís concedele un sonido….

En ese preciso instante, el cuarto se estremece con el rugido atroz del instrumento.

SERAFINA: Existe! Existe!


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SIMON: Bueno, María ya podés ir renunciando al trabajo, no vas más a la oficina…

MARIA: ¿Cómo?

SERAFINA: ¿Y de qué vamos a vivir?

SIMON: Ya hice todos los cálculos, miren. Veinte conciertos por mes a cinco rublos
con cincuenta la canción…da un total de ….un minuto (busca en el bolsillo) En algún
lado, tengo la suma. (saca un papel) Acá está. Escuchen. (abre el papel y lee)“Mi
muerte no es culpa…“Ah, no no es este. (dobla y guarda el papel y saca otro) Acá
está:“gano por año la suma de mil trescientos veinte rublos“ Bueno, y usted me
pregunta de qué vamos a vivir...

SERAFINA: Pero usted ni siquiera sabe tocar todavía.

SIMON: Aprender ahora, señora Serafina va a ser un suspiro. (toma un pedazo de


papel de diario, sopla, el helicon suena) ¿Escuchó? Gracias a este helicón, señora
Serafina, el encanto de la vida vuelve al galope. María, pensá un poco cómo va a ser
todo a partir de ahora. Volver del concierto con los bolsillos llenos de rublos, sentarse
en el sillón rodeado de toda la familia…. Pasaron los lustradores de parquet hoy? Por
supuesto que pasaron señor Podsekalnikov. Y aquel adorno que me gustó tanto, lo
compraron? Por supuesto, señor Podsekalnikov. Perfecto, por favor sírvanme un poco
de leche con yema quemada… A propósito, a partir de este preciso instante quiero
que me sirvan cada día leche con yema quemada como dije anteriormente. En primer
lugar porque la leche con yema quemada es buena para los bronquios. En segundo
lugar porque me gusta. ¿Entendido?

MARIA: Los huevos, Simoncito mi amor, cuestan caros.

SIMON: ¿Caros? ¿Para quién? Eso no le tiene que importar a nadie salvo a mí!
¿Quién trae la plata a esta casa, vos o yo?

SERAFINA: Lo que pasa ….


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SIMON: Cuándo va a parar, señora, de interrumpirme? Antes de opinar, cállese la


boca y escuche. Escuche la música (sopla) En términos generales les ruego que en
los momentos de actividad creadora guarden silencio.(lee)“Las escalas. Las escalas
son el cordón umbilical de la música. Cuando uno domina ese cordón umbilical puede
considerarse un músico completo.“ Bueno, ahora queda eso para aprender de una
vez por todas y ya está.“Para aprender las escalas de la manera más correcta posible.
Yo, Teodoro Hugo Schultz, artista del sonido mundialmente conocido, preconizo un
medio simple y económico. Comprar el pi…(da vuelta la página)…ano. ¿Cómo un
piano?

SERAFINA Y MARIA: ¿Cómo un piano?

SIMON: Esperen. No puede ser.“Preconizo un medio simple y económico. Comprar el


piano más barato posible…(verifica que no haya dos páginas pegadas) Y esto qué
quiere decir? Por qué un piano? A pie de página, indican cómo se toca una escala
(lee)“Tocarla en el piano y reproducir los sonidos con el helicón“ No, pero…¿Qué
tenemos que pensar de esto, camaradas? ¡Qué estafa! Crápula, asesino. Oigame
una cosa artista del sonido…Usted no es un artista, Teodoro, usted es un crápula, un
cerdo, un ladrón con cordón umbilical! (rompe el manual en pedazos) María! María!
¿Tengo con qué comprar un piano, yo? Me agarré de esto como si fuera una tabla de
salvación…a través de este helicón veía dibujado todo nuestro futuro…

SERAFINA: Cálmese. No se ponga así.

SIMON: ¿De qué vamos a vivir, señora Serafina? María, ¿cómo nos vamos a ganar
el pan?
MARIA: No pienses en eso, mi amor, no te preocupes. Lo voy a ganar yo sola.

SERAFINA: Con el tiempo que hace que subsistimos gracias al sueldo de María…las
cosas seguirán siendo así, no es un problema …

SIMON: ¿Ah, no es un problema? Así que, según usted, vivimos del sueldo de María?
Lo que quiere decir que que yo no sirvo para nada, señora Serafina. Lo que pasa es
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que usted se olvida de que ella se le dio todo en bandeja. Estas tazas ¿quién las
compró? Yo la compré, señora Serafina! Y estos platos ¿quién los compró? Yo los
compré! Y cuando los platos se rompan, ¿vas a ganar suficiente como para comprar
otros, María?

MARIA: Sí, voy a ganar suficiente, mi amor.

SIMON: ¿Suficiente?

MARIA: Suficiente.

SIMON (agarra los platos, los tira al piso y los rompe) Bueno, vamos a ver. ¿Y cuando
se rompan las tazas vas a ganar suficiente como para comprar otras?

MARIA: Ah, no, no voy a ganar suficiente.

MARIA: ¿No vas a ganar suficiente?

SIMON: ¿No vas a ganar suficiente? Vayanse!!!!

MARIA: Matame, si querés, yo no me voy!

SIMON: ¿Ah, sí?….vamos a ver! (agarra un jarrón y lo rompe)

MARIA: Mi amor,¿vas a romper todo?

SIMON: Todo!

MARIA: Bueno, eso está por verse! (agarra un esejo y lo rompe)

SIMON: ¿Cómo te atreves en mi presencia…? ¿En presencia del jefe? ¿Será posible,
dios mío? Dios! Por amor de dios, dejenme solo! Se los pido, por favor. Déjenme! Por
favor.
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María y Serafina salen. Simon cierra la puerta.

SIMON (solo) Todo se rompe, los platos, las tazas, la vida…humana. La vida está rota
y nadie la llora. El mundo! El universo! La humanidad! Un ataud, dos personas detrás,
eso es toda la humanidad. (se acerca a la mesa) Hace tiempo que subsistimos con el
sueldo de María, seguiremos subsistiendo entonces. Seguiremos (saca un papel del
bolsillo, lo apoya en la mesa) O no. (saca el revolver lo apoya en la mesa) No, no
seguiremos. (se para sobresaltado, se lleva el revolver a la sien) Tomate tu leche con
yema quemada, Simón. (cierra los ojos. En ese preciso instante llaman a la puerta.
Simon esconde el revolver en la espalda) ¿Quién es? (la puerta se abre bruscamente;
entra Aristarco)

ARISTARCO: Ah, perdón…¿lo molesto, a lo mejor? Sí, veo que estaba ocupado, siga
por favor.

SIMON: No tiene ninguna importancia. No tengo apuro. Disculpeme pero en qué


puedo…

ARISTARCO: Disculpeme…¿con quién tengo el honor..?

SIMON: Mi nombre es Podsekalnikov.

ARISTARCO: Mucho gusto. Disculpeme, ¿usted no será por casualidad el


Podsekalnikov que está por matarse?

SIMON: ¿Quién le dijo eso? Pero no, nada que ver…(aparte) Ya está, me van a meter
preso, posesión ilegal de armas. (alto) No soy ése. Le doy mi palabra.

ARISTARCO: ¿En serio? ¿Cómo es posible? Me dieron esta dirección (revisa un


pedazo de papel) Un momento. (agarra la hoja que está sobre el escritorio) Acá está
escrito: Mi muerte no es culpa de nadie. Y firma: Podsekalnikov. ¿No es usted
Podsekalnikov?

SIMON: Soy yo (aparte) Seis meses de trabajos fozados.


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ARISTARCO: Escuche. Es impensable, es inconcebible ciudadano Podsekalnikov.


¿Cómo no es culpa de nadie? ¿Para qué sirve todo esto si no acusa a nadie? Al
contrario, hay que acusar, hay que denunciar. Usted se suicida. Bien. No tengo nada
que decir. A su salud. Pero suicídese como miembro de la colectividad. No pierda de
vista que usted no está solo en el mundo, ciudadano Podsekalnikov. Mire alrededor
de usted. Considere nuestra élite cultural. ¿Qué ve? Muchas cosas. ¿Qué escucha?
Nada. ¿Por qué no escucha nada? Porque la élite cultural se calla. ¿Por qué se calla?
Porque la obligan a callarse. Pero a un muerto, señor Pdsekalnikov nadie lo puede
obligar a callarse, ciudadano Podsekalnikov, sobre todo si el muerto quiere hablar. En
los tiempos que corren lo que un vivo piensa solo un muerto lo puede decir. Lo vine a
ver como muerto, ciudadano Podsekalnikov. Lo vine a ver de parte de la élite cultural
rusa. Toda entera.

SIMON: Encantado de conocerlo. Siéntese, por favor.

ARISTARCO: Quiere tomarse vacaciones de la vida, ciudadano Podsekalnikov, y


tiene razón, en efecto, ya no se puede vivir así. Pero es necesario que sea la culpa de
alguien. Si yo no puedo dar testimonio ciudadano Podsekalnikov, usted, sí, usted
puede. Usted no tiene nada que perder. Nada que temer. Usted es libre ahora.
Entonces dígalo abiertamente, honestamente, valientemente.¿A quién acusa?

SIMON: ¿Yo?

ARISTARCO: Sí.

SIMON : A Teodoro Hugo Schultz.

ARISTARCO: Uno de los cabecillas del Komitern, sin duda? Seguro que él también
es culpable. Pero no es el único ciudadano Podsekalnikov. Acúselos a todos! Tengo
miedo de que usted no comprenda todavía por qué quiere suicidarse. Permítame, se
lo voy a explicar.

SIMON: Hágalo. Por favor.


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ARISTARCO: Usted va a inmolarse para que estalle la verdad, ciudadano


Podsekalnikov. Solo que la verdad no espera. Inmólese ahora mismo. Rompa esta
declaración y redacte otra. Escriba sinceramente todo lo que convendría poner. Sea
nuestro portavoz. Exalte la élite cultural y plantee al gobierno la pregunta que más
teme: por qué no se ha llamado para la construcción de esta nación a los hombres
más valiosos y competentes, a Aristarco Dominikovich Grand-Skoubnik por citar un
ejemplo.

SIMON: ¿Quién?

ARISTARCO: Aristarco Dominikovich Grand- Skoubnik, con un guión en el medio.

SIMON: ¿Quién es?

ARISTARCO: Soy yo. Pero hay otros. Y después de haber escrito una declaración
semejante, ciudadano Podsekalnikov, ya podrá suicidarse y su disparo resonará en
toda Rusia. Despertará la conciencia dormida del país. Servirá de símbolo para unir
al conjunto de la comunidad nacional. Su nombre circulará de boca en boca. Su
muerte será el tema de todos los debates. Todos los diarios publicarán su foto, su cara
será conocida hasta en los hogares más humildes, camarada Podsekalnikov.

SIMON: ¿Y qué más? ¿Qué más, Aristarco Dominikovicht??

ARISTARCO: La élite cultural rusa completa rodeará su ataud, ciudadano


Podsekalnikov. La flor y nata de este país lo llevará al hombro desde aquí hasta la
calle. Repleto de coronas de flores. Unos caballos magníficos con monturas blancas
lo guiarán hasta el cementerio.

SIMON: ¿Está seguro?

ARISTARCO: Yo mismo me hubiera suicidado, ciudadano Podsekalnikov, pero


desgraciadamente no puedo. Por principio. (mira el reloj) Quiere que nos pongamos
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de acuerdo en esto: usted haga un borrador de su última declaración. O sino yo mismo


se lo escribo y usted solo tiene que firmarla y matarse.

SIMON: No, ¿por qué? La puedo hacer yo solo.

ARISTARCO: Usted es un héroe! Un titán! Permítame abrazarlo en nombre de la élite


cultural rusa. (lo abraza) No lloré cuando falleció mi madre, mi pobre madre. Y
ahora…ahora…(sale llorando)

Entran corriendo María y Serafina.

MARIA: ¿Dónde vas?

SIMON: A comprar papel. Para exponer la verdad. Hoja de oficio. El sombrero y el


monedero, señora Serafina! Ah, te tengo que decir algo, María. Mirá lo que parecés!
Cómo estás arreglada! No es posible, realmente. La gente viene a visitarme. La élite
cultural. Tenemos que estar presentables.

MARIA: ¿Qué es lo que yo tendría que hacer en tu opinión, Simoncito mi amor?

SIMON: Ponerte un prendedor, unas caravanas. O lavarte el pelo. No te olvides que


llevás el apellido Podsekalnikov. (Serafina le da el monedero y el sombrero) Vamos,
vuelvan a la cocina!

Simón se pone el sombrero, recoge un pedazo de espejo y se mira.

SIMON (solo) Un héroe, un titán…

SERAFINA (asomando la cabeza) Una señora pregunta por usted…

SIMON: Hágala pasar.

Entra Cleopatra Maximovna


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CLEOPATRA: ¿Usted es el señor Podsekalnikov?

SIMON: Sí, señora, soy yo, en persona.

CLEOPATRA: Me presento. Cleopatra Maximovna. Pero me puede decir Cleo.

SIMON: Encan…

CLEOPATRA: Y ahora que ya nos conocemos quiero pedirle un favorcito…

SIMON: Usted dirá. ¿En qué puedo ayudarla?

CLEOPATRA: Señor Podsekalnikov, ya que piensa suicidarse por favor, hágalo por
mí.

SIMON: Pero…¿cómo por usted?

CLEOPATRA: No sea egoísta, señor Podsekalnikov.

SIMON: Lo lamento pero no puedo, ya estoy comprometido.

CLEOPATRA: ¿Con quién? Con Raissa Filipovna! Ah, no. Escucheme, señor
Podsekalnikov. Si usted se llega a suicidar por esa flacuchenta, seguro que Oleg
Leonidovcht me deja! En el acto! Hágalo por mí, así Oleg Leonidovcht la deja a ella.
Instantáneamente. Porque Oleg Leonidovcht es un esteta y Raissa Filipovna es una
puta. Lisa y llanamente. Se lo aseguro yo, que soy fundamentalmente una romántica.
Ella es capaz de comer vidrio. Por puro apetito sexual. Quiere que él le bese todo el
cuerpo, ella misma quiere besar todas y cada una de las partes de su cuerpo.El
cuerpo, el cuerpo y nada más que el cuerpo. A mí, es el alma lo que me interesa,
adoro su alma. Quiero que él adore mi alma. El alma y nada más. Intervenga en favor
del alma, ciudadano Podsekalnikov. Suicídese por mí. Haga renacer el amor! Haga
renacer el romanticismo y verá! Miles y miles de mujeres van a rodear su ataúd, señor
Podsekalnikov. Los jóvenes se pelearán para llevarlo sobre los hombros…
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SIMON: Con monturas blancas…

CLEOPATRA: ¿Qué?

SIMON: Perdóneme. Me dejé llevar, Cleopatra Maximovna.

CLEOPATRA: ¿Cómo?...Ya está…usted sí que no pierde tiempo. Qué pícaro que es!
No, no, no. No me bese por favor, no!

SIMON: Le juro que…

CLEOPATRA: Le creo! Le creo! Pero espero que comprenda que tiene que dejar a
Raissa Filipovna.

SIMON: Nunca ví a esa persona.

CLEOPATRA: ¿En serio? No va a tardar en conocerla. No me extrañaría que en


cualquier momento caiga por acá. Seguro que le dice que a todos les parece que tiene
un vientre magnífico. Solo habla de eso y con todo el mundo. Lástima que no sea
verdad, señor Podsekalnikov. Ella tiene un vientre absolutamente banal. Se lo
aseguro. Además, el vientre no es la cara. Acérquese. Más. ¿No nota nada?

SIMON: No.

CLEOPATRA: ¿Cómo no? Si usted no se da cuenta de que mi cara es una belleza,


venga a mi casa y va a ver. Abajo de mi cama tengo una foto. Cuando la vea, se va a
caer de espaldas. Y enseguida escribirá: „Cleopatra Maximovna es una belleza“.

SIMON: No.

CLEOPATRA: Se lo aseguro. Es irresistible. Venga, nos tomamos un cafecito y usted


escribe.

SIMON: ¿Qué?
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CLEOPATRA: Todo lo que siente. Que yo lo subyugué y que no pudiendo esperar


recibir mis favores por eso se suicida. Es raro que tenga que ser yo la que le coloque
las palabras en la boca, señor Podsekalnikov…después de todo, usted es un esteta.
Un romántico, eso es lo que es. Por qué seguir esperando?(Entra María con una
palangana, agua, jabón y una esponja) De todas maneras, va a tener que irse de acá
parece que van a lavar el piso.

MARIA: El piso, no. La cabeza.

CLEOPATRA: No estoy hablando con usted, señorita. Quién es esta mujer tan
ordinaria?

SIMON: Es mi …mi (María pasa al cuarto de al lado)…mi sirvienta!


Entra Serafina, escoba y pala en mano.

SERAFINA: ¿Dónde va? Ya está todo listo. ¿La señorita quisiera tomar un té?

SIMON: (aparte) Que la parta un rayo. (alto) Serafina, limpie el cuarto. Salgo con la
señora a tomar un café…Es la…es la…la madre de la sirvienta, Cleopatra Maximovna.
Bueno, vamos!

Simón y Cleopatra salen. Serafina se arrodilla y barre los restos de las tazas y el
espejo. Los barre para abajo de la mesa. Entra Igor, mira alrededor. Ne ve a nadie.
Escucha el ruido del agua viniendo del cuarto de al lado, donde está María. Se dirige
en puntas de pie hasta la puerta y se pone a mirar por la cerradura. Serafina sale de
abajo de la mesa.

SERAFINA: ¿Pero qué es esta pornografía, muchachito? Del otro lado una mujer se
lava la cabeza y a lo mejor algo peor y usted mira por el agujerito?

IGOR: La miro, señora Serafina, desde un punto de vista marxista. Y desde ese punto
de vista no puede haber pornografía.
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SERAFINA: ¿Así que según usted desde ese punto de vista uno ve algo diferente de
lo que ve?

IGOR: No solo algo diferente, sino el contrario. Tuve la ocasión de verificarlo unas
cuantas veces. Usted va caminando por la calle y de repente se cruza con una
señorita. Y por supuesto, esa señorita posee una serie de formas redondeadas. Una
belleza sumamente irresistible emana de ella y solo podemos cerrar los ojos y
contener la respiración. Cuando estamos más tranquilos, pensamos:“y si la
mirásemos de un punto de vista marxista?“ Entonces uno la mira y es como si todo se
borrara, con solo mirarla la rechazamos hasta un punto difícil de explicar con palabras.
Ahora ya no siento deseo por ninguna cosa de este mundo. Puedo permitirme mirar
todo desde ese punto de vista. Mire, señora Serafina, la voy a mirar a usted, por
ejemplo.

SERAFINA: Dios me libre y me guarde!

IGOR: Nadie me lo puede impedir.

SERAFINA: Socorro!!

Entra María secándose el pelo.

MARIA: Qué pasa?

SERAFINA: Es Igor. Con su punto de vista.

MARIA: ¿Qué decís? ¿Qué punto de vista?

IGOR: Marxista, señora. Buenos días.

MARÍA: Ah, bueno. ¿Vino por algo en especial?

IGOR: Por un asunto de coma.


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MARÍA: ¿Qué?

IGOR: Voy a mandar una carta a un diario pero no sé dónde colocar la coma.

MARIA: Felicitaciones! ¿Cuándo se casa?

IGOR: ¿Por qué?

MARIA: Si se puso a escribir es que está enamorado. Seguro que encontró una musa
inspiradora, Igor.

IGOR: Exactamente.

MARIA: ¿Quién es? ¿Cómo se llama?

IGOR: Alexander Petrovic Kalabouchkin.

SERAFINA: ¿Está mal de la cabeza?

IGOR: Nunca pensé en convertirme en escritor. Pero desde que lo ví sobándose en


un restaurant, lo supe todo. Este hombre me inspira, señora María, a tal punto que la
mano agarra la pluma y solita escribe, escribe y escribe.

SERAFINA: ¿En qué sentido lo inspira, Igor?

IGOR: En sentido erótico. Lo escribí para la Pravda.

MARIA: ¿Qué escribió?

IGOR: Si pudiera por favor colocarme la coma. (lee) Un cartero de la administración


Soviética al ciudadano redactor de la Pravda. Los sabios han demostrado que existen
manchas sobre el sol. Una mancha semejante desde el punto de vista sexual ha
aparecido sobre Alexandre Pétrovich Kalabouchkin, encargado del puesto de tiro al
blanco del Jardín de Verano, situado al lado del restaurant Hermoso mundo rojo. El
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puesto está cerrado, no abre durante todo el verano. El puesto está cerrado y los
carteros quieren entrar. Sin embargo, Alexandre Petrovich Kalabouchkin, el
encargado, se la pasa sentado en el restaurant maquinando como un macho impúdico
con Margarita Ivanovna Peresvetova. Que el redactor en jefe tome medidas con mano
dura. Firma: Treinta y cinco mil carteros.

MARIA: ¿En serio firmaron treinta y cinco mil carteros?

IGOR: No, firmé solo yo.

SERAFINA: ¿Entonces por qué pone treinta y cinco mil carteros?

IGOR: Es mi seudónimo, señora Serafina.

SERAFINA: Usted está loco de remate, Igor. ¿No le da vergüenza? Sin ningún motivo
usted lo coloca en una situación delicada.

Entran Alexander y Margarita

MARIA: Justo. Mire, camarada Kalabouchkin, acá está el joven Igor. Examine este
asunto con él directamente.

ALEXANDER: ¿De qué se trata, señor Igor?

IGOR: Es un asunto de coma. Se trata, camarada Kalabouchkine, de la frase: „se la


pasa maquinando como un macho impúdico“, la coma, según usted, dónde hay que
ponerla?

ALEXANDER: Antes de ¨como un macho impúdico“

IGOR: ¿Antes de como un macho impúdico“? Gracias. Salgo para la redacción. (sale)
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MARIA:¿Pero qué hizo? ¿Qué hizo? Acaba de liquidar el analfabetismo del hombre.
¿Y para qué? Para su propia desgracia, Alexander. ¿Sabe quién es el macho
impúdico sentado en el restaurant?

ALEXANDER: No. ¿Quién?

MARIA: Usted y nadie más que usted.

ALEXANDER: ¿Yo?

MARGARITA: Por favor, no lo niegues. Confesá : con qué puta estabas sentado?

ALEXANDER: Probablemente contigo Margarita.

SERAFINA: Con usted! Con usted!

MARIA: Todo eso quedó por escrito! Habla de usted Margarita y del puesto de tiro al
blanco!

ALEXANDER: Agarrenlo, corran! Díganle que el puesto de tiro va a estar abierto día
y noche! Corran! Corran!

María y Serafina salen corriendo. Alexander y Margarita se retiran al cuarto de


Kalabouchkine. Entra Nikifor Arsenievicht Pougatchov, carnicero.

POUTGACHOV: Bueno. No hay nadie.

Entra Victor Victorovich, escritor

VICTOR: ¿Usted es el ciudadano Podsekalnikov?

POUTGACHOV: No, yo también lo estoy esperando.

VICTOR: Ahí viene!


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Entra el Reverendo padre Elpidi, cura

ELPIDI: ¿Perdón, Podsekalnikov, es usted?

VICTOR: No.

ELPIDI: ¿Es usted, entonces?

POUGATCHOV: Tampoco.

Entra Aristarco Dominikovicht Grand –Skoubnik

ELPIDI: Tiene que ser él. ¿Usted es Podsekalnikov?

ARISTARCO: No.

Alexander sale de su cuarto y todos se precipitan sobre él.

ARISTARCO: Ah, Alexander Pretrovich!

POUGATCHOV: Ah, camarada Kalabouchkin!

Entra corriendo Raissa Filipovna. Se le tira encima.

RAISSA: Ah, lo tengo camarada Kalabouchkin, lo agarré! No lo voy a soltar!


Devuélvame mis quince rublos, inmediatemente!

ALEXANDER: Adelante de todo el mundo, no Raissa Filipovna, por favor…

RAISSA: Usted abusó de mí, camarada Kalabouchkin! Usted me engatuzó con el


asunto de Podsekalnikov! ¿Para qué pagué quince rublos? ¿Para que se suicide por
esa puta? ¿Usted, qué me prometió? Que lo iba a hacer por mí y ahora veo que es
esa Cleopatra Maximovna que saca partido.
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VICTOR: Perdón! ¿Quién es esa Cleopatra Maximovna? Usted me lo prometió a mí,


camarada Kalabouchkin!

ELPIDI: ¿En serio se lo prometió camarada? ¿Entonces para qué pagué yo?

ALEXANDER: Díganme, camaradas, ¿para qué pagan cuando compran un número


de lotería? Para tentar a la fortuna, para correr un riesgo. Con Podsekalnikov, es lo
mismo. El malogrado difunto todavía está vivo. Y tengo varias bolsas llenas de últimas
declaraciones. No solo ustedes, otros aspirantes también pagaron. Miren, miren mis
bolsillos! (saca papeles de sus bolsillos, toma algunos al azar y los lee) „Muero víctima
de los judíos“ „Ya no tengo fuerzas para vivir por causa de la escasez de inspectores
de tránsito“ „Por favor no acusen a nadie de mi muerte salvo a nuestro adorado poder
soviético“. Todas estas última declaraciones le serán entregadas en mano propia.
Ahora, ¿cuál va a elegir? No les puedo granatizar nada .

ARISTARCO: Me veo en la obligación de informarles camaradas, que ya elegió. Se


suicida en nombre de la élite cultural rusa, acabo de tener una entrevista personal con
él.

ALEXANDER: No me parece que eso entre dentro de las reglas, señor Aristarco.
Usted tiene que pasar por mí como los otros clientes.

ARISTARCO: Busque otro muerto para sus clientes. Que esperen!

ALEXANDER: Usted también podría esperar!

ARISTARCO: La élite cultural rusa no tiene fuerzas suficientes para seguir esperando!

POUGATCHOV: ¿Y el comercio, a usted le parece que tiene fuerzas suficientes,


camarada?

ELPIDI: ¿Y nuestra santa religión?


48

VICTOR: ¿Y el arte?

POUGATCHOV: El arte! El arte! Hoy por hoy el comercio también es un arte. Hoy en
día para ejercer el comercio…

VICTOR: El comercio! El comercio! El arte en los tiempos que corren también es un


comercio. A nosotros, los escritores, nos pusieron en fila sobre un estrado, para que
hagamos un carnaval. Actuamos para glorificar a nuestros invitados, a nuestros
maestros. Quisiera ser Tolstoï, pero soy el tambor.

ELPIDI: La iglesia, camaradas, la iglesia! No sienten cómo se sofoca? Ella reclama


este muerto. El nos lavará nuestra herida…

POUGATCHOV: La nuestra, querrá decir…

VICTOR: La suya, no, la nuestra!!!

ARISTARCO: ¿Por qué la suya y no la nuestra?

VICTOR: Porque es la nuestra y no la suya.

ELPIDI: No, la nuestra.

POUGATCHOV: No, la nuestra.

ALEXANDER: Paz, camaradas! Esa herida es la misma para todos, no se peleen!


Harían mejor en buscar la manera de explotarla en común!

RAISSA: Un solo muerto para todos nosotros no alcanza para mucho.

VICTOR: El muerto en sí importa poco, lo que cuenta es ese algo que sobrevive.

POUGATCHOV: Cuando uno está muerto, está muerto. ¿Qué sobrevive?


49

VICTOR: Algo.

POUGATCHOV: Pero qué?

VICTOR: Un gusano. En eso radica la fuerza del muerto. En ese eterno trabajador, el
gusanito. Una vez muerto el muerto, el gusano empieza enseguida su trabajo de
destrucción.

POUGATCHOV: ¿Y qué destruye?

VICTOR: Empieza por la parte que ofrece menos resistencia. ¿Usted no conoce por
casualidad a Fenia Petounin?

ARISTARCO: ¿Quién es?

VICTOR: Un tipo maravilloso. Un tipo positivo. Pero con un toque de melancolía,


camaradas. Sería el candidato ideal si hubiera que poner al gusano a trabajar. Un solo
gusanito. ¿Ustedes saben cómo se reproducen los gusanos?

Entra Simón

SIMON: ¿Ustedes vienen a verme a mí?

ARISTARCO: Esta gente se ha enterado de su excelente decisión, ciudadano


Podsekalnikov y han venido para transmitirle su entusiasmo.

POUGATCHOV: Usted es nuestra última esperanza, Simón Simonovicht!

ELPIDI: Un mártir!

VICTOR: Un héroe!

SIMON: Pero no!


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RAISSA: No sea modesto, estoy loca por usted! Usted es mi ídolo contemporáneo
preferido!

ARISTARCO: Ya decidió en qué momento va a pegarse un tiro, Simón Simonovicht?

SIMON: Todavía no lo decidí.

ARISTARCO: ¿Qué le parece si decimos mañana al mediodía? Le queda bien?

SIMON: ¿Mañana?

ARISTARCO: Sí, déjelo para mañana, es mejor.

ELPIDI: El tiempo necesario para los preparativos.

POUGATCHOV: Pensamos en hacer un banquete en su honor, Simón Simonovicht.

VICTOR: Una fiesta.

ARISTARCO: ¿Mañana a las diez, le parece bien?

SIMON: ¿Mañana a las diez?

ARISTARCO: El banquete.

SIMON: Ah, el banquete. Sí….me parece bien.

ARISTARCO: Asunto arreglado, entonces. Mañana empezamos a las diez y después


a las doce en punto, se embarca.

SIMON: ¿Hacia dónde?

ARISTARCO: Me resulta difícil precisarlo. Hacia ninguna parte.


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SIMON: No conozco el camino, queridos camaradas.

ARISTARCO: Nosotros lo escoltaremos.

Salen todos. Simón se queda solo.

SIMON: Mañana, vamos! Tengo que preparar mis cosas. La tabaquera…se la voy a
mandar a mi hermano…a Yeletz. Y el sobretodo…también para mi hermano…también
para mi hermano la chaqueta de media estación…y el pantalón a rayas…no, el
pantalón, no…me lo voy a poner yo…Para el banquete. Es exactamente lo que
necesito para el banquete.

Entran María y Serafina, agotadas.

MARIA: Cómo transpiramos! Pero al final lo atrapamos!

SIMON: Planche el pantalón y cosa el agujerito. Me lo voy a poner mañana, señora


Serafina.

SERAFINA: ¿Para qué quiere este pantalón? ¿Dónde va a ir señor Simón?

SIMON: Encontré…encontré….un trabajo!

MARIA: ¿En serio, es posible, mi amor? ¿Cuándo empezás?

SIMON: Mañana a las doce en punto.

MARIA: ¿Qué trabajo? ¿Zafral?

SIMON: No, aparentemente definitivo.

MARIA: Rápido, mamá! La plancha! Te lo vamos a coser y planchar enseguida!

María y Serafina salen corriendo enseguida con el pantalón en la mano.


52

SIMON (solo): Mañana a las doce en punto. Si es a las doce en punto, ¿qué será de
mí a las doce y media? Incluso a las doce y cinco? ¿Quién me puede contestar esta
pregunta? ¿Quién?

Entra una vieja y un muchacho con una valija.

VIEJA: ¿Le molesta que se quede un ratito acá con usted?

SIMON: ¿Quién?

VIEJA: Es el sobrino de Anissa que se viene a vivir con la tía. Es de afuera. Y la puerta
del cuarto de Anissa la puerta está cerrada con llave. Que se quede acá unos
minutitos, corro a buscar a la tía. No lo va a molestar, señor Simón. No es muy
conversador. Es de afuera.

SIMON: Que se quede.

La vieja sale, el muchacho se sienta. Silencio.

SIMON: Vamos a ver qué le parece esto… No, por favor, no me interrumpa! Primero,
reflexione. Imagínese que mañana a las doce en punto usted agarra un revolver.
Sobre todo no me interrumpa! Admitamos que usted lo agarra… y que se lo pone en
la boca. Se lo hunde en la boca. Bueno. Admitamos que usted se lo hunde en la boca.
Bien hundido.Y cuando se lo hunde en la boca pasa un segundo. Consideremos este
segundo filosóficamente. ¿Qué es un segundo? Tic-Tac. Sí, tic-tac. Y entre el tic y el
tac se levanta un muro. Sí, un muro, quiero decir el cañón del revolver. ¿Entiende?
Acá está el cañón! Este es el tic. Este es el tac. Este el tic, , todavía está todo y este
es el tac, ya no hay nada. Na-da. ¿Entiende? ¿Por qué? Por el gatillo. Considere el
gatillo filosóficamente. Bueno! Considérelo! En eso estamos. Apriete. Y ahora se
escucha un pif-paf. Este es el pif –todavía es el tic- y ahora el paf –ya es el tac-Bueno!
Todo lo que tiene que ver con el tic y el pif lo entiendo, todo lo que tiene que ver con
el tac y el paf no lo entiendo en absoluto. El tic- todavía estoy yo conmigo mismo y
con mi mujer y con mi suegra y con el sol, el aire, el agua, todo eso yo lo entiendo. El
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tac- estoy yo sin mi mujer…bueno, sin mi mujer lo entiendo también, sin suegra, lo
entiendo mucho mejor todavía pero yo sin mí, no lo entiendo en absoluto. ¿Cómo seré
yo sin yo? ¿Entiende? Yo. Yo personalmente. Podsekalnikov. Hom-bre.
Consideremos al hombre filosóficamente. Darwin nos demostró con cifras que el
hombre no es más que una jaula. En esa jaula se aburre un alma. Eso yo lo entiendo.
Usted tira y tirando destruye la jaula, y de la jaula sale volando el alma. Vuela. Vuela
y grita: Hossana! Hossana! Y por supuesto, es convocada por Dios. -¿Quién es tu
dueño? –Podsekalnikov- ¿Sufriste?-Sufrí. Ahora, a bailar! Y el alma se pone a bailar
y a cantar! (canta) Gloria a dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres,
misericordia a los hombres…Eso yo lo entiendo. ¿Y después? ¿Qué piensa? ¿Existe
una vida después de la muerte o no? (lo sacude) ¿Le pregunto si existe o no?
Contésteme! Contésteme!

Entra la vieja

VIEJA: Bueno, bueno…Gracias, señor Simón, muy amable. Ya tengo la llave de la


pieza, porque es sordomudo el muchacho…llegar acá llegó…pero no habla una
palabra. Gracias de nuevo! Gracias!

Salen los dos

SIMON: Mañana, a las doce..


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TERCER ACTO

Restaurant Hermoso mundo rojo, al aire libre en el Jardín de Verano. Alrededor de la


gran mesa: Alexander, Aristarco, Pougatchov, Victor, Elpidi, Margarita, Cleopatra,
Raissa y otros. En unos bancos adelante del puesto de tiro al blanco un coro de
gitanos. Simón está cubierto de serpentinas y papel picado. El coro canta un tema en
honor de Podesekalnikov.

CORO
Aquí está por fin
Nuestro amado y adorado
Héroe sin igual
Simón Simonovicht
Simón Simonovicht
Simón Simonovicht
Brindemos, brindemos
A su salud

Una gitana tiende a Simón un vaso de vino apoyado en una guitarra. Todo el mundo
se para alzando su copa. Simón se toma el vino de un trago y tira el vaso al piso. El
vaso se rompe, los invitados aplauden.

POUGATCHOV: Ese sí que es un hussard! Un auténtico!

MARGARITA: Después la gente no entiende por qué yo lo quiero tanto, señor Simón.
(se acerca al mozo) Anotá veinte kopeks por el vaso! Canten! Tomen! ¿Y, señor
Simón?

SIMON: ¿Qué hora es, eh?

MARGARITA: Falta mucho para el mediodía todavía, señor Simón.

SIMON: ¿Mucho?
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MARGARITA: Mucho.No piense en eso, tome un poco de vino!

ELPIDI (acercándose a Grounia) Un día Pouchkin fue a un baño público…

GROUNIA: Ah, no. No quiero cuentos de Pouchkin, no me gustan las ordinarieces!

SIMON: Mozo!

KOSTIA: ¿Qué desea, señor?

SIMON: ¿Qué hora es, eh?

KOSTIA: Casi las doce, me parece.

SIMON: ¿Casi?

KOSTIA: Casi, señor Simón.

ELPIDI (acercándose a Raissa) Un día Pouchkin fue a un baño público…

RAISSA: Puaj!! No le da vergüenza? Ah, no puedo más! Me lo imagino….y…

ELPIDI: Entonces Pouchkin entra en el baño…

ARISTARCO: Señoras y señores… Estamos aquí reunidos para acompañar al


estimado Simón Simonovicht a un mundo mejor, por así decirlo…Un mundo del que
no se vuelve.

ESTEBAN: ¿Se va al extranjero?

ARISTARCO: Más lejos todavía, Esteban.

ESTEBAN: Le deseo buen viaje.


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ARISTARCO: ¿Por qué me interrumpe ciudadano?

VOCES: Silencio, silencio!!!

Silencio

ELPIDI: Entonces Pouchkin se saca el calzoncillo…

RAISSA: Me lo imagino…¿y?

ARISTARCO: Querido Simón Simonovicht! Usted elegió un camino excelente, el


camino correcto! Camine valientemente por este camino y otros lo seguirán.

ELPIDI: Su bastón de poeta apuntando al cielo….

RAISSA: ¿Y entonces? ¿Qué fue lo que le hizo la masajista esa?

ARISTARCO: Muchas cabezas jóvenes y brillantes van a seguir las huellas que deja
usted, los padres van a llorar y las madres se van a retorcer de dolor delante de sus
tumbas. La patria entera, nuestra patria grande, temblará, las puertas del Kremlim se
abrirán de par en par, nuestro gobierno, completo saldrá, todos, en persona…el jefe
supremo le dará la mano al comerciante, el comerciante le dará la mano al obrero, el
obrero le dará la mano al industrial, el industrial le dará la mano al campesino, el
campesino le dará la mano al latifundista, el latifundista le dará la mano a su
propiedad, su propiedad…Bueno, vamos a dejarla en la propiedad.

ELPIDI: Entonces Pouchkin le contesta con una rima que le hunde en su jardincito…

ARISTARCO: Honor y gloria a usted, querido Simón Simonovicht! Hurra!

TODOS: Hurra Simón Simonovicht!

SIMON: Queridos amigos…


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VOCES: Sh!!!

ALEXANDER: Les pido que hagan silencio y presten atención. (silencio) Simón
Simonovicht está pidiendo la palabra.

SIMON: ¿Qué hora es? ¿Eh?

MARGARITA: No piense! Tome!

POUGATCHOV: Yo no soy un gran conocedor por decirlo de alguna manera, Aristarco


Dominikovicht. Soy un carnicero. Pero vengo observando que usted sabe hablar.
Considero que sería una buena cosa si nuestro gobierno tiende la mano.

ARISTARCO: Mejor sería que nuestro gobierno tienda el cuello.

POUGATCHOV: Abajo de la guillotina! Ja, ja, ja!

ESTEBAN: Disculpeme, no lo sabía, ¿usted se suicida hoy? ¿A las doce? Lo felicito.


Salud!

SIMON: ¿Y ahora qué hora es?

MARGARITA: No piense! Tome!

ZINKA: Vamos, caballeros! Un poco de alegría!

ELPIDI: Propongo que todos gritemos: Viva Simon Simonovicht!

ALEXANDER: Mozo! Champaña!

POUGATCHOV: Música! Ofrezco diez rublos por persona!


(Le da un billete de diez rublos a cada gitana)

CORO (canta)
58

Mamita me siento tan solo


Mamita me siento tan triste

ELPIDI: Eso!

ALEXANDER: Muy bien!

VICTOR: Qué bueno!

ELPIDI: Es realmente muy…(se seca las lágrimas)

POUGATCHOV: Me van a hacer llorar, camaradas…

ARISTARCO: No lloré cuando falleció mi madre, mi pobre madre, queridos


camaradas. Pero ahora…pero ahora….

RAISSA: Me lo imagino perfectamente! Dictadura, república, revolución…Para qué?


Por favor!

VICTOR: ¿Cómo para qué? Cómo se puede hacer semejante pregunta? No puedo
imaginarme sin la República Soviética. Estoy de acuerdo en casi todo lo que pasa
aquí, en nuestro país. Quisiera solamente un pequeño suplemento. Quisiera estar
cubierto hasta los pies, el sombrero para atrás, en plena estepa, en un trineo,
escuchando sonar las campanas con mi perro preferido a mi lado, quisiera contar las
kilómetros de nuestra patria devastada. Quisiera que estallen las cuerdas de las
guitarras, que el campanero llore envuelto en el abrigo de lana tejido por su mujer…tiro
mi sombrero y que la nieve lo sepulte. Y ruego, y juro y digo ordinarieces, me confieso,
tomo un trago, vacío la botella, silbo, grito para que la tierra entera me escuche y
vuele….A nuestro modo, a la rusa, para el alma se arranque el envoltorio y se vaya al
diablo, para que la tierra gire como una veleta, para que los caballos galopen por los
campos! Ah, los caballos, qué caballos! Y ahí está la troika, no, no es la troika, es
Rusia, Rusia que se nos escapa a una velocidad sideral. ¿Rusia, adónde vas?
Decinos adónde!
59

Entró Igor

IGOR: A la policía, derechito. Tan simple como eso.

VICTOR: ¿Por qué a la policía, por qué?

IGOR: Exceso de velocidad. El reglamento dice: máximo cincuenta kilómetros por


hora.

VICTOR: Pero era solo una metáfora. Una explosión de la imaginación.

IGOR: Un consejo. Explote de acuerdo al reglamento. Y, lo del puesto de tiro es para


hoy o para mañana?

ALEXANDER: Solo faltaba usted Igor Timofeievicht, ya estábamos perdiendo las


esperanzas.

IGOR: ¿Las esperanzas?

ALEXANDER: De que viniera! ¿Quiere tirar al blanco? Ahora mismo!

MARGARITA: Pero antes, una copita, señor Igor!

IGOR: No tomo alcohol.

ALEXANDER: ¿Por qué?

IGOR: Miedo de acostumbrarme.

ALEXANDER: Qué pavada! Qué ideas que tiene! Tome.

IGOR: No, tengo miedo.

ALEXANDER: ¿Pero de qué?


60

IGOR: Cuando uno agarra la costumbre, llega el socialismo. Y con el socialismo, no


habrá vino.

MARGARITA: Un vaso! Uno solo! Un brindis por las mujeres!

IGOR: A propósito, con el socialismo no habrá mujeres tampoco.

POUGATCHOV: Qué pavada! ¿Cómo podría vivir un hombre sin mujeres?

IGOR: A propósito, con el socialismo no habrá hombres tampoco.

VICTOR: ¿Cómo? ¿Y qué habrá?

IGOR: Masas. Masas y más masas. Una enorme masa de masas.

ALEXANDER: Brindo por las masas!

IGOR: Bueno, está bien: por las masas.

POUGATCHOV: Llenele el vaso!

ELPIDI: Hasta el tope!

ALEXANDER: Música! Música!

CORO - (canta) aquí está por fin


entre nosostros
nuestro querido
nuestro bien amado
nuestro inigualable
muy considerable
Igot Timofeievich
61

Igor Igor Igor


Igor Igor Igor
Brindemos, brindemos
a su salud!

ALEXANDER - ¿Cómo se siente mi amigo?

IGOR - Bastante bien. Me gusta cuando me glorifican. Cambia un poco las cosas
con respecto a todo lo que escuchamos glorificar en los tiempos que corren y a lo
largo del día. A próposito, dígame una cosa escritor, usted, sobre qué escribe?

VICTOR - Sobre todo

IGOR - Yo, soy un cartero y sólo quiero leer sobre carteros, ¿me entiende?

VICTOR – Una de mis obras trata sobre un mecánico.

IGOR - Entonces que lo lean los mecánicos. Porque a los carteros las historias de
mecánicos no nos apasionan. Declaro nuevamente que soy un cartero y que quiero
leer sobre carteros. ¿Me sigue?

SIMON - Igorcito, usted que parece saberlo todo, según usted: ¿la vida después de
la muerte existe o no existe?

IGOR – Hoy en día puede ser que exista todavía. Pero bajo el socialismo no va a
existir más. Garantido.

CLEOPATRA - Me presento: Cleopatra Maximovna, pero me puede decir Cleo.Usted


es joven, no sabe lo que es la vida, Igor, la verdadera vida...

RAISSA – (a su vecino de mesa) No sabe... no sabe lo que me dijo Oleg Leonidovich:


“Ah, su pancita, Raissa Filipovna -me dijo- su pancita me vuelve loco, me calienta la
cabeza.”
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CLEOPATRA – La vida. Existe otra vida, maravillosa. Una vida con lencería, con
muebles, con productos de belleza. En París.

IGOR - Si. Yo ya estoy empezando a ahorrar.

CLEOPATRA - ¿ Para ir?

IGOR – A la torre.

CLEOPATRA - ¿Qué torre?

Igor – Muy alto.

CLEOPATTRA – ¿Me llevaría?

IGOR – ¿Para qué? Imagínese que me subo a esa torre.... y me pongo a mirar París,
Cleopatra, de un punto de vista marxista.

CLEOPATRA - ¿Y?

IGOR – Se me van las ganas de vivir ahí.

CLEOPATRA .- ¿Por qué?

IGOR. - Nunca me va a entender, señora Cleopatra, porque usted es una mujer de


una clase superior.

ARISTARCO – ¿Quién habla de una clase superior? Ya no hay más clases.


Permítame preguntarle, Igor Timofeievich: ¿quién hizo, entonces, la revolución?

IGOR - ¿La revolución? Yo. Quiero decir, nosotros.

ARISTARCO - Usted mira las cosas desde un ángulo muy reducido. Permitame, voy
a ilustrar mi pensamiento con una parábola.
63

RAISSA – Me hacía avanzar y retroceder, darme vuelta para un lado y para el otro.
Quería mirar mi pancita de frente, de perfil, y de espalda.

MARGARITA – No escuche, mejor tome, señor Simón.

ARISTARCO – Bajo una gallina complaciente, se pusieron huevos de pato. Durante


largos años, la gallina los empolló. Por mucho tiempo, les dió el calor de su cuerpo y
finalmente el gran día llegó. Los patitos saltaron de los huevos, se deslizaron con
éxtasis bajo la gallina, la agarraron del cuello y la arrastraron hasta el río. “ Soy su
mamá, gritaba la gallina, los empollé, ¿qué me están haciendo?” Y los patos se
pusieron a chillar: A nadar!” ¿Entienden la parábola?

MARGARITA - Tome, le digo!

ARISTARCO – ¿Quién es esta gallina, según ustedes? Es nuestra élite cultural.


¿Quienes son los huevos, según ustedes? Es el proletariado. Durante largos años, la
élite cultural se sentó arriba del proletariado. Lo empolló, lo empolló, y finalmente los
proletarios rompieron el cascarón, agarraron a la élite cultural y la arrastraron hasta el
río. “Soy su mamá, los empollé, ¿qué me están haciendo? A nadar. No sé nadar. ¿Ah
sí? Entonces, a volar. Pero la gallina no es un pájaro. Bueno entonces reventá en tu
gallinero. “Efectivamente, la pusieron entre rejas. Mi cuñado ya lleva cinco años, en la
cárcel. ¿Entiende la parábola?

ZIMKA – ¿Qué es lo que hay que entender? Seguramente dilapidó las arcas del
estado.

ARISTARCO – El dinero es un detalle menor. ¿Para qué haberlos empollado? Si


hubieramos sabido... ¿Qué hubiera hecho usted con esos huevos, ciudadano
Podsekalnikov?

SIMON – ¿Yo? Leche con yema quemada.


64

ARISTARCO – Leche con yema quemada! Qué buena idea! Usted es un genio.
Efectivamente, leche de gallina! (se arrolla de la risa). Eso es lo que habría que haber
hecho.

GROUNIA – ¿Por qué tiene esa carita tan triste, ciudadano Podsekalnikov? ¿Algo no
anda bien?

SIMON – Dígame, a lo mejor usted está al tanto : ¿existe vida después de la muerte?

ALEXANDER - De esas cosas mejor hable con el cura, es su especialidad.

ELPIDI - ¿Qué respuesta quiere, hijo mío? ¿La respuesta que da la religión? ¿O la
que da la conciencia? También puedo darle la respuesta que da la ciencia.

SIMON - Deme la verdadera respuesta, padre.

ELPIDI - Según la religión, existe.- Según la ciencia, no existe. Y según la conciencia,


existe o no.

SIMON – ¿Nadie lo sabe?

PUGATCHOV – ¿Y para qué preguntar? Dentro de media hora se va a enterar.

SIMON - Dentro de media hora? Ya son y media?

MARGARITA – No piense en eso. Tome, señor Simón.

SIMON - ¿En serio son y media? Las once y media... Cántenme algo, queridos
camaradas.

CORO – (canta ) A nuestro querido


nuestro bien amado
el corazón apretado
nuestro inigualable
65

muy considerado
Simón Simonovich
lleno de coraje
Simón, Simón, Simón
Simón, Simón, Simón
Por qué tiene que morir
Brindemos, brindemos

SIMON - Me sacrifico por todos! Por todos!

CORO .- Un brindis! Un brindis!

SIMON - Por qué la vida tiene que empezar treinta minutos antes de la muerte?

IGOR – A la salud de las masas.

CORO – Otro brindis!

TODOS – Para las masas!

SIMON - Masas, escúchenme, masas. Escuchen a Podsekalmikov! Muero. ¿Quién


tiene la culpa? Los que nos gobiernan. ¿Qué hicieron por Podsekalmikov?
Pregúntenles, no les van a contestar. Porque ni siquiera saben que existe un
Podsekalmikov en la Unión Soviética. Sin embargo, Podsekalnikov existe, señores. Y
esta aquí, aquí mismo. ¿Acaso no me ven desde lo alto del Kremlin? Esperen un
poco y van a ver, creceré con una dimension tal que me veran de todas partes.
Muerto, empezaré a hablar y los que nos gobiernan me escucharán. Les diré todo,
abiertamente, en nombre de todos ustedes. Les diré que muero por.... por.....que
muero por..... por..... esperen! ¿Qué les voy a decir? ¿Por qué muero, camaradas?
¿Lo sé? Todavía no me pusieran al tanto de mi última declaracion....

ARISTARCO:Vamos a arreglar eso enseguida, Simón Simonovich. Haga que traigan


una mesa, Margarita Ivanovna. Una mesa y una silla.
66

MARGARITA : Kostia, una mesa.

ARISTARCO : Tome conciencia, ciudadano Podsekalmikov.

SIMON : ¿De qué?

ARISTARCO - Está escrito.


SIMON -(leyendo) “Por qué ya no tengo fuerzas para vivir?” Exactamente lo que me
interesa.

ARISTARCO – Entonces, siéntese y cópielo. Nadie lo va a molestar. Maestro, por


favor, un vals suave. (música)

SIMON : (copiando) “¿Por qué ya no tengo fuerzas para vivir”? “Hombres y miembros
del partido, miren la historia de frente” Qué bien que está escrito,eh! “Miren la Historia
de frente” con H mayusculaª Qué belleza! “ Porque......”

POUGATCHOV : La belleza, la belleza a la que aspiro.... la belleza que me devora....

ZINKA : ¿Nikifor, vas a vomitar? Arriba de mi vestido, no!

PUGATCHOV : ¿Yo? La belleza, Zinka, es una cosa terrible. Por favor....

SIMON ( leyendo) “Porque cada uno de nosotros ha sido recogido por la tempestad
purificadora de la revolución” Signo de exclamación. Al otro renglón. (Sigue copiando)

CLEOPATRA: Esta vida me da náuseas. Gris. Triste. Quiero disonancias, Igor


Timofeievich.

IGOR : Mozo.

KOSTIA : Señor.

IGOR : Disonancias. Dos. Para mí y la señorita.


67

KOSTIA :Enseguida.

SIMON (leyendo) “Pero sepan, que si desapareciera la élite cultural, si la dejaran


desaparecer, a ella, a la sal de la nación, entonces ya no podrían seguir salando los
platos de lentejas que se van a comer. Entonces: ciudado.” (sigue copiando)

VICTOR : El gusano ya está , Aristarco Dominicovich

ARISTARCO : ¿De quién habla?

VICTOR : Ya se lo dije ayer, de Fedia Petunin. Un tipo maravilloso, un tipo positivo,


pero que ya tiene un gusanito, Aristarco Dominicovich.

RAISSA : ¿Me dijeron que usted estuvo en el exterior?

VICTOR : En Francia, visitando los barrios obreros.

RAISSA : ¿Dígame una cosa: en esta época del año las parisinas usan las tetas más
bien grandes o más bien chicas?

VICTOR : Cada una como puede, de acuerdo a sus posibilidades.

CLEOPATRA : Aquí, incluso una dama con posibilidades, no tiene la posibilidad.

SIMON : “Otorguen a la élite cultural la libertad….”

PUGATCHOV: Una bañera, Margarita, que traigan una bañera!

MARGARITA: Kostia, una bañera!

PUGATCHOV : Al agua, putas!

SIMON: Signo de exclamación. “Por eso muero camaradas.” Firma.


68

Pougatchov se seca una lágrima.

ZINKA: ¿Nikifor, estás llorando? ¿Estás bien?

PUGATCHOV: Me duele. Me duele el país.

ARISTARCO : ¿Pero usted de que nacionalidad es?

PUGATCHOV : Ruso, camarada.

SIMON: Queridos ciudadanos, ¿qué puedo hacer?

VOCES: ¿Qué dice?

SIMON: ¿Saben lo que puedo hacer? ¿Lo saben? Puedo....puedo.....no tenerle miedo
a nadie, camaradas. A nadie. Si quiero, puedo. De todas formas, me voy. ¿Entienden?
Puedo hacer todo lo que quiero. Dios mio, puedo todo. Dios mio, no le tengo miedo a
nadie. Por primera vez en mi vida, no le tengo miedo a nadie. Si quiero, voy a una
reunión, a cualquier reunión, a cualquier reunión, camaradas, y le saco la lengua al
presidente.... le saco la lengua. ¿No puedo? Sí que puedo! ¿Captan? No le tengo
miedo a nadie. Ustedes son 140 millones, ciudadanos, teniendole miedo a alguien. Y
yo, uno solo, no le tengo miedo a nadie. A nadie. De todas formas, me voy. De todas
formas. Ah, retengan esto, me voy a poner a bailar. Hoy, yo domino el mundo. Soy un
dictador. Soy el Zar, queridos camaradas. Puedo todo. Puedo hacer todo lo que
quiero. ¿Qué tengo que hacer? ¿Qué tengo que hacer con esta loca potencia,
camaradas, qué hacer por la humanidad? Ya sé, ya sé, tengo una idea! Va a se
inaudito. Voy a llamar al Kremlin, camaradas. Directamente al Kremlin. Directamente
al corazón de la República Soviética. Lo voy a llamar por teléfono y le voy a decir lo
que tiene que hacer.... o si no que se vaya a la putísima madre que lo parió. ¿Qué les
parece? (levanta el tubo del teléfono)

ARISTARCO – Por amor de Dios!


69

CLEOPATRA – No, Simón Simonovich.

ELPIDI - ¿Pero, qué está haciendo?

MARGARITA – Socorro!

SIMON – Silencio! Todos se callan cuando un coloso habla a otro coloso. ¿Por favor
me comunica con el Kremlin? No tenga miedo, no tenga miedo, camarada de la
centralita, pásemelo. ¿Quién habla? ¿El Kremlin? Acá Podsekalmikov. Pod-se-kal-ni-
kov. Un particular. Un par- ti- cu- lar. Llame a alguien. Me da igual, llame a alguien del
más alto nivel. ¿No tiene? Entonces transmítale de mi parte, por favor, que Marx ...no
me interrumpa...que leí Marx y que Marx no me gusta, transmítaselo. Transmítale que
todos se pueden ir yendo a la mismísima...¿me entiende? (queda petrificado. Se le
cae el telëfono de la mano)

ARISTARCO – ¿Qué pasó?

SIMON - Cortaron.

VICTOR – ¿Cómo?

ELPIDI - ¿Quién?

SIMON – El que escuchaba. Tuvieron miedo de mí. El Kremlin- yo. Qué representa
eso, camaradas? No me atrevo ni siquiera a analizarlo. Piensen. ¿Para qué viví? Para
las estadísticas. ¿Vida, cuántos años te burlaste de mi? ¿Cuántos años me insultaste?
Ahora es mi momento. Vida, te exijo reparación.

Suenan las doce. Silencio de muerte

MARGARITA - Vamos. En marcha, señor Simón.

SIMON . - ¿No adelanta este reloj?


70

MARGARITA – Está en hora, señor Simón.

ALEXANDER -Bueno, ahora, siguiendo la tradición, sentémonos unos


instantes...como se debe.

Todos se sientan, silencio. Es una tradición rusa sentarse un momento en silencio


cuando hay una partida

SIMON – Y bien, adiós camaradas! (Se dirige hacia la salida. Vuelve atrás. Agarra
una botella y sela mete en el bolsillo) Perdonen, es para darme coraje. (Se dirige hacia
la salida)

KOSTIA - Vuelva a visitarnos, Simón Simonovich.

SIMON – No, ahora le toca a usted venir a visitarme a mí.


71

ACTO CUARTO

Cuarto de los Podsekalmikov. Serafina bate la leche con yema quemada. Esta sola.
Canta.

SERAFINA – La tormenta rugía


la lluvia tamborileaba
en las tinieblas rayos y centellas
sin descanso el trueno crepitaba
en el bosque los árboles murmuraban

MARIA – (desde afuera)


sin descanso el trueno crepitaba
en el bosque los árboles murmuraban

SERAFINA –( cantando )
Ustedes jóvenes que duermen profundamente

MARIA –( desde afuera) ¡Mamá!

SERAFINA – ¿Qué pasa?

(María aparece con una lámpara de petroleo. Y los ruleros en la mano)

MARIA .- ¿Qué te parece? ¿Qué te parece que le gustaría más a Simón? ¿Unos
bucles chiquititos o unos rulos grandes?

SERAFINA – Nunca se sabe, María.

MARIA – ¿Cómo puedo saber?

SERAFINA – Te aconsejo que te hagas unos bucles chiquititos adelante y atrás rulos
grandes. Así vas a estar segura de no equivocarte. (canta) Ustedes jóvenes que
duermen....
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MARIA - Ya está por llegar, mamá, hay que apurarse.

SERAFINA – En eso estoy. Hago lo que puedo. Ya batí un vaso entero con dos yemas
de huevo.

MARIA – Cómo le gusta eso, la leche con yema quemada. Una pasión que tiene.

SERAFINA – Vamos a mimarlo un poco, pobre, por una vez.

MARIA – ¿Qué te parece, mamá, le van a dar ese trabajo o no?

SERAFINA – Seguro, se lo van a dar.

MARIA – Pero todavía le pueden decir que no hay trabajo, y se acabó el sueño.

SERAFINA - ¿Cómo no va a haber trabajo en Rusia? Acá hay trabajo suficiente para
toda la humanidad. Simplemente hay que hacerlo venir.

MARIA - ¿Y por qué no tenemos trabajo entonces?

SERAFINA - Por una cuestión de acomodo.

MARIA - ¿Cómo?

SERAFINA – Porque hay tanto trabajo en Rusia, que no les da el tiempo de acomodar
a todo el mundo. Supongamos que un trabajo está disponible, pero que no hay
acomodo, entonces el lugar debe quedar vacío.Admitamos que Simón encuentra
alguien que lo acomode, entonces va a tener trabajo sin problema.

MARIA – ¿Vamos a tener suerte, mamá, a empezar a vivir otra vez?

SERAFINA – Vamos a empezar otra vez, por supuesto.


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(Cantan)

MARIA: ¿Y esta carta, qué es?

SERAFINA: Vamos a tirarla. Está ahí hace tiempo.

MARIA: No, está sellada….a nombre tuyo.

SERAFINA: Abrila, entonces!

MARIA (lee) “Querida señora Serafina, cuando lea esta carta yo ya no voy a
pertenecer más a este mundo. Avisale a María con precaución.”

SERAFINA: Aaaah!

MARIA: Un segundo (lee) “Manden mi sobretodo y mi cigarrera a mi hermano en Yalta”


Aaah( se tira a llorar sobre la cama)

SERAFINA: María, María, mi amor. No llores! No llores!

Se abre la puerta. Entran Aristarco, el padre Elpidi, Alexander acompañados de una


modista y una costurera que trae Margarita.

ELPIDI: Llore, llore viuda de Pdsekalnikov! Abrace a sus hijos y grite : “¿Dónde está
papito? Ya no hay más papito! Nunca más papito!”

ALEXANDER: Nunca hubo.

ELPIDI: ¿Cómo?

ALEXANDER: Lo que digo.

ELPIDI: ¿Por qué?


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ALEXANDER: Porque no tenía hijos.

ELPIDI: ¿No tenía? Bueno, ya que no había…no hay papito, nunca hubo. Llore, lore
viuda Podsekalnikov.

ARISTARCO: Es mejor que me deje actuar a mi reverendo. Estimada Maria


Loukianovna, permítame abordarla presentando un pequeño mensaje de la élite
cultural rusa. Su marido está muerto, pero su cadaver vive, vive entre nosotros como
un hecho social. Unamos nuestras fuerzas para mantenerlo en vida. Ya terminé. Y
ahora Henriette Stépanovna, haga lo que corresponde.

LA MODISTA: Perdón , señora. ¿Qué tipo de tela le gustaría a la señora un lino


sencillo o uno bordado? ¿A lo mejor la señora prefiere el paño? Acá tengo justo un
sombrero muy elegante para un entierro.

MARIA: No necesito nada! …¿Qué es todo este circo?

MARGARITA: ¿Por qué tiene esa actitud señora María? Se está equivocando. Este
va a ser un entierro muy distinguido, ¿por qué quiere ser la más fea de todas?

SERAFINA: ¿Cómo “distinguido”? ¿Con qué plata?

ALEXANDER: Por eso no se haga problema, señora Serafina. Todos los gastos están
pagos, desde el cajón hasta la ropa para el entierro.

LA MODISTA: ¿Podemos tomarle las medidas, señora?

MARIA: No quiero. No me toquen.

ARISTARCO: Séquese las lágrimas viuda de Podsekalnikov, su marido murió como


un héroe.

MARIA: ¿Pero qué va a ser de mí? ¿Cómo voy a vivir?


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ARISTARCO: No es difícil. Viva como él murió. Su muerte es un ejemplo que merece


ser imitado.

LA MODISTA (tomando medidas) 41 de largo.

ARISTARCO: Solo, con un revolver en la mano, emprendió la ruta hacia el más allá.

LA MODISTA: Espalda : 65

ARISTARCO: Cayó de cara al asfalto. Y ahí quedó, acostado.

SERAFINA: ¿Acostado? ¿Dónde?

ALEXANDER: En la ruta de la Historia, señora Serafina.

SERAFINA: ¿Y eso queda lejos de acá?

ALEXANDER: Sí, bastante.

ARISTARCO: Así yace anclado como una roca altiva ante al abatimiento general.

LA MODISTA: ¿A lo mejor prefiere un tocado en tul?

ARISTARCO: Que aquel que toma esa ruta tropiece con los restos de Podsekalnikov.

LA MODISTA: Acá tengo un sombrerito divino tipo fantasía. Lo podemos hacer en


crepe con los bordes con voladitos.

ARISTARCO: Y, cuando tropiece, la mirada naturalmente se detendrá en sus pies y a


sus pies estaremos nosotros y le diremos…

LA MODISTA: ¿Me deja que se lo pruebe?


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ARISTARCO: Usted que avanza sobre la ruta de la Historia, hombre de estado,


arquitecto de la vida, contemple el cadaver de Podsekalnikov.

SERAFINA: Más abajo, más abajo.

MARGARITA: Y de dostado.

LA MODISTA: Así, qué divino!

ARISTARCO: Entonces lo contemplará y nos preguntará: ¿“Qué significa ese


cadaver?” Y nosotros le contestaremos: “con este cadaver se de destapó nuestro
porvenir”

LA MODISTA: ¿Con tul, voladitos o solo crepe?

ARISTARCO: Y de esta manera, María Loukianovna, su esposo se marchó como un


héroe.

MARIA: ¿No se puede combinar el tul con el crepe?

ARISTARCO: Honor y gloria al esposo de la viuda de Podsekalnikov! Honor y gloria a


la esposa del estimado difunto!

SERAFINA: ¿Y dónde está ahora?

ARISTARCO: Para eso hay que llamar a la comisaría. Ahora nos vamos, pero
volveremos. No las vamos a abandonar en medio de su pena. No lloré cuando murió
mi madre, mi pobre madre, Maria Lokianovna, pero ahora… Permítame besarla en
nombre de todos los presentes.

ALEXANDER: Permítame a mi también.

MARGARITA: Alexander!
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Salen todos salvo Maria y Serafina.

SERAFINA: Qué gente bien! Todavía existe la gente como uno!

MARIA: La gente, sí. Pero Simón, no.

SERAFINA: Simón, no, nuestro Simón. Cuándo tenemos que ir a lo de la modi sta?

MARIA: Hoy a la tres de la tarde. Acá tengo la tarjeta con la dirección.

SERAFINA: Sofía, alta costura. Caro, probablemente.

MARIA: Barato seguro que no es. Solo con ver cómo hablaba…

SERAFINA: Mejor sacate el sombrero, para que no se estropee.

MARIA: Que se estropee! Me da igual, todo me da igual ahora. No puedo vivir


así…¿para qué? ¿Por qué uno nunca puede ser feliz? Cuando estaba Simón, no
había sombrero. Ahora hay sombrero, pero no está Simón. ¿Por qué el buen Dios
cuando nos da una cosa nos saca otra? (llaman a la puerta)

SERAFINA: ¿Quién es?

Dos individuos con aire sospechoso traen el cuerpo inerte de Simón.

MARIA: Mamá!

SERAFINA: Señor! Por aquí! Déjenlo ahí!

MARIA: ¿Pero qué hiciste, mi amor?

INDIVIDUO 1: No hay nada qué hacer, una fatalidad.

INDIVIDUO 2: Unos segundos y…


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SERAFINA: ¿Ustedes lo vieron hacerlo?

INDIVIDUO 2: Así es la vida.

INDIVIDUO 1: Al princpio no le hicimos caso. Después nos dijo “llévenme a esta


dirección” Dimos tres pasos, se escondió atrás de un árbol y se pegó un tiro.
Reaccionamos demasiado tarde. El pobre quedó tirado ahí…

María llora

INDIVIDUO 1: ¿Qué te parece? ¿Va a seguir llorando mucho rato?

INDIVIDUO 2: Un año o dos.

INDIVIDUO: ¿Un año o dos? Es mucho tiempo. Mejor nos vamos.

Salen

MARIA: Simón, Simón, mamá y yo no supimos cuidarte. Acá está, tu leche con yema
quemada…y ahora estás muerto….

SIMON: Muerto…quién está muerto. Yo, yo estoy muerto…ah! Reténganme!

MARIA Y SERAFINA (juntas) Socorro!!!

SIMON: Reténganme! Me vuelo! Hosana, hosana!!!

MARIA: Simón!

SERAFINA: Señor Simón.

SIMON: ¿Quién me llama?


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MARIA: Yo, María.

SIMON: ¿María? ¿Qué María?

MARIA: Mi amor, soy yo, que dios te bendiga.

SIMON: ¿Que dios me bendiga? Perdón, no la había reconocido. Permítanme


presentarme: soy el alma de Podsekalnikov.

MARIA: Está loco, mamá.

SERAFINA: ¿Dónde estaba Simón? ¿Qué hizo?

SIMON: Estaba convaleciente.

SERAFINA: ¿Convaleciente?

SIMON: Señor, no me rechaces! Tengo todos los papeles en regla…para entrar al


reino de los cielos… a sus órdenes señor voy a bailar, cantar! (canta) Gloria dios en
las alturas y en la tierra paz a los hombres…

SERAFINA: Vuelva!

SIMON: Señor, ten piedad!

SERAFINA: No soy el Señor, soy su suegra señor Simón!

SIMON: ¿Quién?

SERAFINA: Su suegra. Vuelva en sí!

SIMON: ¿Mi suegra? Qué increíble. ¿Y cómo es que está en el más allá?

MARIA: Está delirando. A lo mejor está herido. Simón estás herido….aahhhh!!!


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SERAFINA: ¿Qué pasa?

MARIA: Olelo, por favor.

SERAFINA: Lo felicito. Está borracho.

SIMON: ¿Para inscribirse en el santoral dónde hay que ir?

MARIA: ¿Qué? Empieza otra vez con ese circo!

SERAFINA : Hay que traer una jarra de agua fria y volcarsela en la cabeza. Más!
Todo!

SIMON: ¿Dónde estoy? ¿En este mundo? ¿O en el otro?

SERAFINA: En éste.

MARIA: Malo! ¿Qué inventaste ahora para hacerme sufrir? Dejaste un mensaje
diciendo que te ibas a suicidar, y en lugar de hacerlo te emborrachaste! Tengo los
nervios destrozados. Desconsiderado! Estoy acá llorando como una magdalena con
la anemia que tengo…

SIMON: Escuchame!

MARIA: No, ahora vos me vas a escuchar! Te lloré con la anemia que tengo, viví la
angustia de una viuda inconsolable y no solo que no te moriste sino que además te
emborrachaste. ¿Qué pretendés de mí? ¿Enterrarme viva? ¿Ah, no decís nada?
Contestá lo que se te pregunta!

SIMON: Esperá…

MARIA: ¿Y?
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SIMON: ¿Qué hora es?

MARIA: Qué hora. Las dos.

SIMON: Las dos! ¿Qué pudo haber pasado? ¿Cuándo llegué acá?

SERAFINA: No llegó, lo trajeron.

SIMON: ¿Quién?

SERAFINA: Dos invividuos bastante sospechosos.

SIMON: Dos individuos…claro…ahora me acuerdo…me hablaron cuando estaba


caminando por el boulevard…la botella los atrajo…juntos, tomamos del pico….

MARIA: Qué ordinario! ¿Así que ahora tomás directamente del pico?

SIMON: Para darme coraje, María. Para darme coraje. Con la botella me puse atrás
de un árbol y pensé: tomo y voy. Tomé y no pude.

MARIA: ¿Para qué todo esto? ¿Hay algo que no andaba bien?

SIMON: ¿Vino alguien?

SERAFINA: Una gente finísima, se lo juro.

SIMON: ¿Qué dijeron?

SERAFINA: Cosas sobre usted, todo tipo de cosas maravillosas.

MARIA: Y que iban a pagar todos los gastos porque, dijeron, su marido es un héroe,
María Loukianovna.

SERAFINA: ¿Y ahora, qué van a pensar de nosotros?


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MARIA: Van a exigirnos que los rembolsemos.

SERAFINA: En este preciso instante le están cosiendo el vestido de duelo. Y qué


modista! Madame Sophie, una artista. Esto le va a costar los ojos de la cara, señor
Simón.

MARIA: A lo mejor tenemos suerte y todavía no empezaron a cortar la tela! Vamos


corriendo, corriendo a lo de Sophie, mamá!

SIMON: Esperen! No todo está perdido, todavía puedo…no hay nada terminado…

MARIA: Basta de pavadas. Vamos, mamá, vamos a lo de Sophie.

SIMON: Me voy a suicidar, ya van a ver! Me voy a suicidar!

SERAFINA: Déjenos en paz con lo de suicidio, señor Simón. ¿Por qué mejor no pone
a calentar el agua?

Las dos mujeres salen

SIMON: Estas no me creen, no me creen. Ni siquiera María me cree. Bueno. Ya te


vas a arrepentir, María. ¿Dónde lo puse? Acá está (saca el revolver) De pronto, sin
pensar, directo al corazón, una muerte instantánea. (se pone el revolver en el pecho)
No. Mejor en la boca. En la boca va a ser más rápido. (se introduce el revolver en la
boca, lo saca) Voy a contar hasta tres. (de nuevo en la boca) Uno..os es…(lo saca)
Mejor voy a contar hasta mil. Un..os ..es…(lo saca) No, si hay que contar mejor el
corazón (se lo pone en el pecho) Uno dos tres cuatro cinco seis siete ocho
nueve…hasta mil? Es una cobardía. Vamos. Hasta cien y se acabó. No! Hasta quince.
Sí…enseguida. (se pone de nuevo el revolver en el pecho) Uno dos tres cuatro cinco
seis siete ocho….nueve….diez….once….doce…trece…catorce…O puede ser…Lo
mejor es no contar y hacerlo por la boca. (se lo pone en la boca y se lo vuelve a sacar)
¿En la boca? ¿Y dónde va a ir la bala? Acá…a la cabeza…lástima por la cabeza. La
cara forma parte de la cabeza, queridos camaradas. Mejor el corazón. Solo que hay
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que saber ubicarlo bien. Sentir donde late. Acá! Es acá. Pero acá también, late. Y
late acá también. Un gran corazón! Por donde toques, late. Y cómo late! Va a explotar.
De pronto, explotar….dios mío! Si me muero porque me revienta el corazón no voy a
tener tiempo de suicidarme. No me puedo morir! Tengo que vivir! Vivir, vivir! Para
poderme suicidar. No me va a dar le tiempo….no me va a dar el tiempo…ah, me
ahogo. Un minuto más, un minuto…. ( a su corazón) Latí, sorete! Latí, de cualquier
manera pero latí! (el revolver se le cae de las manos) Demasiado tarde, se
paró….pero, ¿qué es eso?
Dos muchachos, traen unas enormes coronas envueltas en papel.

MUCHACHO 1: ¿Aquí vive el difunto?

SIMON: ¿Quién?

MUCHACHO 1: El difunto. ¿Es aquí?

SIMON: ¿Quiénes son ustedes? ¿De dónde vienen?

MUCHACHO 2: De “La eternidad”

SIMON: Cómo de la eternidad?

MUCHACHO 2: De la Funeraria La Eternidad. ¿Me firma el recibo?

Los muchachos abren las coronas. Podsekalnikov lee las incripciones en las cintas:
“Descansa en paz Simon Simonovicht, como un héroe”, “Los admiradores de tu
muerte” “Al inolvidable Simon, muchador y yerno. Tu suegra muerta de pena”

MUCHACHO 1: ¿Las coronas son para usted?

SIMON: Para mí….sí, son para nosotros.

MUCHACHO 1: Firme el recibo. No, aquí.


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SIMON (lee) Recibo seis coronas mortuorias.(firma)

LOS DOS MUCHACHOS: Que tenga buen día (salen)

Simon se acerca a una de las coronas, lee la inscripción que hay en la cinta.

SIMON: “No digan que está muerto. El vive. Tu Raissa” Qué hija de puta, ¿cómo
adivinó? Rápido, el revolver! (recoge el revolver) ¿Dicen que está vivo? Miren qué vivo
que está! ( se pone el revolver en la sien) Descansá tranquilo Simon Podsekalnikov,
como un héroe. Un héroe. Un héroe. A dormir, Podsekalnikov. Lo de héroe, está bien.
Pero lo de dormir no me convence mucho. No me convence para nada. A o mejor es
porque estoy cansado. Muy. Terriblemente cansado. Hay que sentarse un poco y
descansar. … y después otra vez con más fuerza…( se sienta, agarra el diario, lee)
“Situación internacional…” Qué insignificante suena en comparación con la situación
de un solo hombre. (sigue leyendo) “ en la esquina de calle Alta y de la calle Tres el
tranvía 304 atropelló a un ciudadano no identificado. El cadaver del desconocido fue
transportado a la morgue del hospital Filatov” Bueno, por lomenos uno que tuvo
suerte! Escuchen esto. Iba caminando, sin pensar en nada y de pronto eso le cae
encima. Mientras yo no paro de pensar y no me cae nada encima. Ya sé, ya entendí!
Hay que distraerse, pensar en otra cosa, dejarse llevar por un humor agradable y
después como con el tran…Sí! Imaginarse que todo es perfecto, maravilloso,
caminando sin pensar en nada de nada, cantando, incluso. Cantando…
No, no puedo. Qué mierda! No puedo!

UNA VOZ : Delo vuelta así, ahora levántelo!

Entran tres hombres cargando un ataud

HOMBRE 1: Cuidado, cuidado. Vamos a ponerlo arriba de esa mesa. Ya está.


Entregado.

SIMON: Gracias, muchas gracias.

HOMBRE 1: ¿Dónde está?


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SIMON: ¿Quién?

HOMBRE 1: El fiambre.

SIMON: Acá está.

HOMBRE 1: ¿Dónde?

SIMON: Enseguida viene…

HOMBRE 1: ¿Lo quería mucho?

SIMON; Ah, si usted supiera…

HOMBRE: Sí, siempre cuesta aceptarlo…no se olvide de la propina.

SIMON:Tome

HOMBRE 1: Que termine bien el día.

Los tres hombres salen. Simon sigue probando con el revolver. Cierra los ojos.
Escucha. Abre los ojos. Se acerca del péndulo del reloj, lo detiene. Se lleva el revolver
a la sien. Silencio.

SIMON: Los sabios. ¿Por qué todavía no encontraron una manera en la que el hombre
pueda matarse sin sentir? Por ejemplo, pegarse un tiro bajo anestesia. Idiotas. Y Dios.
Dios que das la vida, dame la fuerza para terminar con todo esto. Ya te diste cuenta
de que no puedo……

Vuelve Maria y Serafina corriendo

MARIA: Ahí vienen!


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SIMON: ¿Quiénes?

SERAFINA: Todo el mundo

Ellas salen otra vez corriendo. Simon da vueltas en el cuarto. Se escucha el ruido de
la gente.

SIMON: Dios mío, dios mío, dios mío! (salta y se mete en el ataud) Voy a esperar y
cuando se vayan, el fin. Un tiro y todo terminado (se acuesta en el ataud)

Las puertas se abren. Entran Aristarco, Pougatchov, Alexander, Margarita, Raissa,


Elpidi, Igor, Zinka, el coro de la iglesia. Todos de negro. Muchos llevan flores. María y
Serafina de espaldas al ataud, aterrorizada intentan que la gente no avance.

MARIA: Pónganse en su lugar! ¿Quién quiere morirse? Nadie tiene ganas de morir.
No es culpa mía!

ARISTARCO: Tampoco es culpa nuestra Maria Loukianovna. Es culpa de otros.

SERAFINA: Perdónenos, no fuimos nosotras. Ni siquiera sabíamos…

MARÍA: Piedad! Camaradas, ¿qué van a hacer conmigo después de lo que pasó con
mi marido?

ARISTARCO: Con el tiempo, se lo remplazaremos Maria Loukianovna. Vamos a


trabajar todos juntos para eso!

MARIA: ¿Peró cómo podíamos prever algo así? El mismo se los confirmará. Simón!
Simmm…. (se da cuenta de que Simón está en el ataud)

ARISTARCO: Una silla para la viuda! Rápido Igor!

SERAFINA (corriendo hacia María) ¿Qué pasa? (viendo a Simón en el ataud) Santa
virgen misericordiosa!
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POUGATCHOV: Otra silla para el culo de la suegra.

Igor trae dos sillas. Un grupo se acerca al ataud

MARGARITA: Parece que estuviera vivo.

GROUNIA: Es verdad.

ZINKA: Bueno, la nariz la tiene más puntiaguda.

MARIA: Aaahhh! Pero si no está muerto, se dio un golpe en la nariz, es todo. Cuando
se le vaya la borrachera que tiene, se va a levantar.

IGOR: Tranquila…nunca más se va a levantar María Loukianovna.

MARIA: Está vivo, está vivo, se los juro!

RAISSA: Cómo grita!

GROUNIA: Se volvió loca!

ARISTARCO: Llevenla a otro cuarto!

MARIA: Simón! Simón!

SERAFINA: Despiértese, Simón!

ZINKA: La vieja está afectada también!

ALEXANDER: Llévese a la suegra también, Igor.

MARIA: Está vivo, está vivo!


Igor las saca.
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GROUNIA: Pobrecita.

MARGARITA: La pena se le subió al cerebro.

MARIA (desde afuera) Está vivo, está vivo!

RAISSA: Como sufre!

ALEXANDER: Cuando uno no está acostumbrado a este tipo de cosas Raissa


Filipovna, siempre es así hasta que pasa. Yo también acabo de enterrar a mi mujer.
Noches enteras sin dormir, pregúntele a Margarita Ivanovna.

MARGARITA: Alexander, por favor!

MARIA: Simón, Simón! Despertate.

GROUNIA: Está completamente chiflada.

ZINKA: Completamente! Mujeres, vamos a ver el espectáculo! (salen todas las


mujeres)

ALEXANDER: Un momento! Permítanme hacerles una pregunta indiscreta: ¿cuándo


tienen la intención de pagar?

POUGATCHOV: ¿Qué?

ALEXANDER: ¿Cómo, que? Lo que se debe, se debe. (señala el ataud) El hombre


adentro, la plata arriba de la mesa. La aritmética es simple.

ARISTARCO: La plata, la plata…¿no tiene otra en qué pensar camarada


Kalabouchkin? ¿Y la idea, la idea, la idea no existe para usted?

ALEXANDER: Las ideas son buenas cuando alimentan, Aristarco Dominikovich.


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ARISTARCO: Solo alimentan las ideas que transforman al mundo. Deje que nuestra
idea tome impuslo y verá cómo nos va a alimentar, camarada Kalabouchkin.

VICTOR: La lucha por la idea es la lucha por el pan.

ALEXANDER: Más vale menos ideas y más pan. Saquen las monedas, camaradas.

ARISTARCO: Escucheme, usted no cumplió con todo lo acordado.

ALEXANDER: ¿Cómo?

ARISTARCO: Tenía que hacernos unas copias de su última declaración.

ALEXANDER: La dactilógrafa está en eso, Aristarco Dominikovich.

ARISTARCO: En ese caso, vamos a esperar a la distribución de las copias. Que todo
el mundo esté al tanto!

ELPIDI: ¿Preveen una gran repercusión?

ARISTACO: Preveo, preveo…en realidad, tengo un poco de miedo…hay que admitir,


queridos camaradas, que nuestro difunto no es de primera calidad. Si en su lugar y en
las mismas condiciones se hubiera suicidado una gran figura pública, un Gorki, por
ejemplo, o un diputado, la repecusión sería mucho mayor.

SIMON ( en el ataud) Hubiera sido absolutamente perfecto, en mi opinión.

VICTOR: Se equivoca. Poco importa el difunto como tal. Lo que importa es cómo va
a estar condimentado. El acompanãmiento, Aristarco Dominikovich. Se lo serví ayer –
a nuestro Podesekalnikov- se lo serví a Fedia Petounin. Y Fedia Petounin estaba
encantado. ¿Qué cree que el difunto pueda decir? Lo importante está en la
presentación. La muerte en sí misma no significa nada. Lo que nos interesa a nosotros
es el motivo de la muerte. Hay que elegirlo bien.
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ARISTARCO: Hay que activar el gran murmullo, camaradas, el murmullo de las


masas.

ELPIDI: Vamos a dejarlo en la capilla durante dos o tres días y a organizarlo todo.

ARISTARCO: Es lo que hay que hacer. Vayan a buscar a los de la funeraria…

ELPIDI: Manos a la obra!

CORO: Amén!

MARIA: ¿Cómo? Pero si está vivo! ¿Qué están haciendo? Déjenme!

SERAFINA: Socorro!

Un grupo de gente se precipita en la habitación, entre ellos el joven sordomudo.

MARIA: ¿Pero por qué no se levanta, mamá? A lo mejor está muerto en serio. Aahhh!

VOCES: Rápido, se siente mal. Agua!

Todos van hacia María, solo el sordo se queda al lado del ataud. El coro canta. El
sordomudo con un cirio en la mano se pone de rodillas. Simon se sienta en el ataud,
busca un pañuelo en el bolsillo. En ese momento, el sordomudo se para y ve al muerto
sentado en el cajón secándose las lágrimas. Pega un grito y se desmaya. Simón se
acuesta otra vez.

VOCES: ¿Qué pasa? ¿Otro más? (van a donde está el sordomudo)

Entra Alexander con los de la funeraria

ARISTARCO: Ya pueden llevarlo.


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Sacan el ataud, el coro canta.

MARIA: Está muerto! Muerto! (el sordomudo va hacia ella, petrificado por lo que ha
visto) ¿Le da lástima? ¿Está llorando? Y la lástima que me da a mí! No se imagina (lo
abraza, el coro canta)
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ACTO V

El cementerio. Un montón de tierra cerca de una fosa que acaba de ser cavada.
Alexander, Aristarco y Victor.

ALEXANDER: Desde aquí. Miren, desde aquí, camaradas. ¿Qué les parece?

ARISTARCO: Encuentro que el lugar es bastante adecuado.

ALEXANDER: Por supuesto, Alexander Dominikovicht, lo elegí como si fuera para mí.

ARISTARCO: ¿Y las invitaciones? ¿Mandaron las invitaciones?

ALEXANDER: Por supuesto.

VICTOR: No. Hay gente no las recibió.

ARISTARCO: ¿Cómo?

VICTOR: Se olvidaron de Fedia Petounin. Tendrían que haberlo puesto en la lista.

ARISTARCO: Le puede decir que venga igual.

VICTOR: Desgraciadamente hace dos días que no lo veo. Eso me preocupa.

ARISTARCO: ¿Le parece tan importante?

VICTOR: Tenga la amabilidad de decirme: ¿qué es lo que le parece a usted


importante?

ARISTARCO: Lo importante es que la opinión pública empiece a moverse.


Dos viejitas pasan delante de la fosa.

VIEJA 1: Ay, qué boba que soy…


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VIEJA 2: ¿Por qué?

VIEJA 1: ¿Cómo pude perderme esto? Una fresca, recién cavada.

VIEJA 2: Yo me dí cuenta de madrugada, cuando iba para la iglesia.

VIEJA 1: ¿Quién se murió?

VIEJA 2: ¿En serio no lo sabe? Un miembro de nuestra parroquia, el yerno de


Serafina. Se llamaba Podsekalnikov.

VIEJA 1: Incomprensible. ¿Cómo no estaba al tanto?

VIEJA 2: Hace dos días que lo están velando en la capilla, yo misma lo fui a ver ayer
con la Josefina.

VIEJA 1: ¿Y Josefina lo vio?

VIEJA 2: Y cómo! No sabe lo que lloramos.

VIEJA 1: ¿Cómo me perdí eso? ¿Y de qué se murió?

VIEJA 2: Atentó contra su vida, él mismo!

VIEJA 1: Incomprensible. ¿Cómo me pude perder eso? ¿Y por qué atentó?

VIEJA 2 : ¿Por qué? Está muy claro por qué.

VIEJA 2: Ah sí, es verdad que está muy claro. ¿Qué me dice? Bueno, bueno, bueno…

Salen

ARISTARCO: La opinión pública empieza a moverse.


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Los tres hombres salen. Entra Cleopatra arrastrando de la mano a Oleg Leonidovich.

CLEOPATRA: Acá.

OLEG: ¿Qué?

CLEOPATRA: Es acá.

OLEG: ¿Acá, qué?

CLEOPATRA: Es acá que lo van a enterrar.

OLEG: ¿A quién?

CLEOPATRA: Oleg, tengo que hacerle una confesión…soy una asesina! Yo lo maté!
Abráceme, Oleg. Tengo miedo.

OLEG: Pero Cleopatra Maximovna, cálmese.

CLEOPATRA: Oleg, usted no es como los demás, usted no me va a juzgar! Oleg, yo


lo maté!

OLEG: ¿A quién?

CLEOPATRA: El deseaba mi cuerpo, me quería toda entera y yo dije : no. Oleg, soy
una asesina! Tengo miedo, Oleg! Lléveme con usted a su casa!

OLEG: Es mejor que la lleve a su casa, Cleopatra Maximovna.

ELPIDI (desde afuera) Y conservaremos de él un recuerdo eterno.

CORO (de afuera) Recuerdo eterno! Recuerdo eterno!


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CLEOPATRA: Ahora entiendo todo! Callate la boca! Raissa está en tu casa!

OLEG: Le juro, Cleopatra Maximovna, que justo hoy no me viene muy bien.

CORO (desde afuera) Recuerdo eterno!

CLEOPATRA: En ese caso, ya sé muy bien lo que tengo que hacer! (sale corriendo)

OLEG: Cleopatra Maximovna! Cleo! (idem)

CORO (desde afuera) Recuerdo eterno! Recuerdo eterno! Recuerdo eterno!

Procesión fúnebre. El atado, seguido del padre Elpidi, del coro, luego: María, Serafina,
Margarita llevando la torta de arroz tradicional rusa, Aristarco, Alexander, Victor,
Pougatchov, Igor, Raissa, gente del barrio, prostitutas, viejas, curiosos…

ARISTARCO: Atención, atención!

ALEXANDER: Ciudadanos, no empujen a la viuda!

MARGARITA: Despacio, despacio…cuidado con la torta…

IGOR: ¿Ya terminaron de empujar?

VIEJA 1: Nenito, a ver si deja pasar a las abuelas.

IGOR: ¿Es la abuela del difunto?

VIEJA 1: No exactamente.

POUGATCHOV: Deposítenlo!

VICTOR: ¿Quién toma la palabra en nombre de las masas?


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ARISTARCO: Igor Timofeievicht. Usted, Igor!

IGOR: No me animo.

ALEXANDER: No tenga miedo. Una palabra, es todo, y no hablamos más.

IGOR: Una palabra no es un pájaro, uno lo suelta y no lo agarra más. Pero por culpa
de eso a mí me van a agarrar y no me van a soltar más.

ARISTARCO: Pero nos habíamos puesto de acuerdo.

IGOR: Poco importa, me niego. Además ni siquiera sé por donde empezar.

VICTOR: Le puedo sugerir un principio. Empiece así: Algo huele mal en Dinamarca.“

IGOR: ¿Quién dijo eso?

VICTOR: Marcelus.

IGOR: Ah, bueno, muy bien (se dirige hacia el montón de tierra) Dejen pasar al orador.
(se sube al montículo) Ciudadanos, permítanme anunciarles una buena noticia. Hace
un minuto, nos enteramos por el camarada Marcelus que algo olía mal en Dinamarca.
Podemos felicitarnos. Era previsible. La podedrumbre del sistema capitalista aparece
en pleno día. ¿Quién me tironea?

VICTOR: ¿Qué estupideces está diciendo? Le di eso como punto de partida, ¿me
entiende? Después tiene que bifurcar enseguida sobre el difunto.

IGOR: No moleste al orador. Vamos a bifurcar. Entonces, camaradas, en desmedro


del desarrollo internacional, uno de nosotros, aquí en Rusia, ha muerto. Sequen sus
lágrimas, camaradas y desfilen con coraje a lo largo del difunto. Pero volvamos a
Dinamarca, camaradas. ¿Me está tironeando otra vez? Dinamarca es… (Aristarco,
Alexander y Victor lo bajan del montículo)
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VOCES: ¿Qué pasa? ¿Qué sucede?

ALEXANDER: Amigos, nuestro camarada se siente mal, no puede seguir hablando.


La herida es muy profunda, la pérdida muy dolorosa.

Victor sube sobre el montículo.

MARIA: ¿Para qué vivo? ¿Para qué? Díganme para qué.

MARGARITA: Después, después! No hable tan fuerte señora María. Está molestando
al orador!

VICTOR (declamando)
Todo empezó como una historia de amor
Aunque ya nos haya abandonado en pleno candor
Ahora nuestra vida es una traición
Oh, habrá que encontrar la razón!
Por hoy, por ayer y por mañana
No hay ventana, la muerte es la ventana
Si lo hubiéramos sabido antes de nacer
Pero oh cuántos han abandonado
El camino del deber

RAISSA: Muy finamente observado.

IGOR: Camaradas, quisiera…

ALEXANDER: Pero él ya habló!

IGOR: No me lo van a impedir! (accede al montículo)


Le voy a leer un poema sobre la muerte con participación de las masas en acción.
Usted, María Lukianovna, dése vuelta, míreme y observe mi brazo. Cuando haga un
gesto con el brazo, diga quién. ¿Quién? ¿Entiende? ¿Está lista? Empezamos. Poema
sobre la muerte, de mi autoría, con participación de las masas en acción.
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UNA VOZ: Silencio!

IGOR: (declamando)
Si estuviera aún sobre la tierra en rotación
Si fuera empleado de la administración
Sería el mejor de los jefes, lo amaríamos con devoción!

(Hace un gesto con el brazo) ¿Quién?

MARIA (llorando) Simon Simonovicht Podsekalnikov.

IGOR: ¿No está mal, eh?

VICTOR: Aristarco Dominikovich, tome la palabra, enseguida. Hay que borrar esta
mala impresión.

ARISTARCO: Señoras y señores, queridos camaradas. Simón Podsekalnikov ha


fallecido. Tengan en cuenta que la muerte de Podsekalnikov es la primera señal con
la que la élite cultural rusa expresa su habilidad y aspiraciones. Es solo la primera
señal, y nadie sabe mejor que yo que una golondrina no hace verano. Pero hoy es él,
y mañana seré yo. Sí, yo. Los convoco a todos, ciudadanos! Defiendan esta señal!
Hagan oir sus voces! Exclamen como un solo hombre…

Cleopatra entra como un trombo, Oleg corre detrás de ella

OELG: Cleo!

RAISSA: Oleg!

OLEG: Raissa!

CLEOPATRA: Dejenme pasar! Dejenme ir con él!


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VOCES: ¿Quién es? Una pariente! Una loca!

CLEOPATRA: No vine para decirte adios sino para unirme contigo!

VOCES: Una loca, sí.

CLEOPATRA: Por mi te fuiste de esta vida…

MARIA: Perdoneme, pero debe haber un error. Es mi marido, mío.

CLEOPATRA: El me quería toda entera, yo le dije que no.

RAISSA: ¿Qué dice? Soy yo la que dije que no.

CLEOPATRA: Usted? Se miró al espejo?

RAISSA: Me pidió todo.

CLEOPATRA: Quería mi cuerpo.

RAISSA: Ese cuerpo, por favor!

ARISTARCO: Tranquilos, camaradas. No se trata de una drama privado sino de una


señal de alarma que atraiga la atención del mundo entero sobre la sitiación crítica de
la élite cultural rusa…

VICTOR: Se trata de un drama artístico. El difunto tocaba el helicón. Se moría por


aprender a tocar el helicón.

CLEOPATRA: Quería mi cuerpo.

POUGATCHOV: Carne, sí, carne camaradas, soy carnicero y no puedo seguir


ejerciendo ese oficio, no tengo nada que esconder, abrí mis libros, pero ya nadie le
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tiene confianza a los comerciantes que intentan ganarse la vida honestamente,


entonces no me sorprende que…

ARISTARCO: Nadie se suicida por eso.

SERAFINA: Por un salchichón.

POUGATCHOV: ¿Un salchichón? Camaradas, soy carniecero yo…

RAISSA: Por mí! Se mató por….

CLEOPATRA: Mi cuerpo! Mi cuerpo!

ELPIDI: La santa religión…

POUGATCHOV: La carne…

ARISTARCO: Camaradas…

POUGATCHOV: Un salchichón…

VICTOR: Los ideales…

ARISTARCO: La élite cultural…

MARIA: Simón! Simoncito!

SERAFINA: No se olviden del difunto!

CORO: Lo lamentaremos eternamente! Lo lamentaremos eternamente!

Todos se ponen de rodillas, salvo Igor. Victor sale.

MARGARITA: ¿Igor, usted no reza?


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IGOR: En la época actual, rezar es un pecado…

ELPIDI: Un pensamiento piadoso para el difunto…

ARISTARCO (se arrodilla delante del ataud) Perdónme Simon Podsekalnikov. (lo besa
en la frente)

SIMON (besa a Aristarco) Perdoneme, Aristarco Dominkovich Grand-Skoubnik,


perdoneme usted también.

ARISTARCO: Aaahhh!

TODOS: Socorro!

SIMON (saliendo del ataud) Les pido perdón a todos, a todos!

MARIA: Simón mi amor!

SIMON: Señora Margarita (se tira encima de ella)

MARGARITA: (con la torta tradicional entre las manos) Atrás, Satán! Que es lo que
quiere?

SIMON: La torta, señora Margarita. Deme la torta! (se la arranca de las manos)
Camaradas, quiero comer. Dos noches y dos días enteros me quedé en ese ataud.
Solo una vez pude escaparme de la capilla para comprarle dos pancitos. Camaradas,
quiero comer. Pero sobre todo, quiero vivir.

ARISTARCO; Disculpeme…¿cómo, vivir?

SIMON: No importa cómo, pero vivir. Cuando le cortan la cabeza a una gallina corre
para todos lados, sin cabeza. Me da igual, como una gallina…Con o sin cabeza, pero
vivir. Camaradas, no quiero morirme. Ni por ustedes, ni por ellos, ni por la clase obrera,
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ni por la humanidad, ni por María Loukianovna. En la vida pueden ser mis amigos, mis
conocidos, la gente que quiero. Pero, frente a la muerte, ¿qué puede haber más
conocido y querido que su propia mano, su pierna, su propia barriga? Estoy
enamorado de mi barriga, camaradas. Estoy completamente enamorado de mi
barriga!

ELPIDI: ¿Qué me dice María Loukianovna?

ARISTARCO: Cobarde! Usted es un cobarde, ciudadano Podsekalnikov! La


vergüenza debería ahogarlo! Usted pone el interés público por abajo del interés
privado! Usted se burla de la colectividad, de todos nosotros!

SIMON: ¿Qué es la colectividad? Una usina de slogans. No le estoy hablando de una


usina, le estoy hablando de una persona que está viva. Cuando le dicen a un hombre
„la guerra está declarada“ El hombre pregunta: ¿contra quién, en nombre de qué
ideal? No, el hombre pregunta: ¿a qué grupo llamaron?“ Y el hombre tiene razón.

ARISTARCO: ¿Está negando que existen héroes sobre esta tierra?

SIMON: Qué no hay sobre esta tierra, camarada! Pero si hay hasta mujeres barbudas;
pero yo no le estoy hablando de lo que puede haber, le hablo de lo que es. Y lo que
es, es que cada hombre sobre esta tierra tiene más miedo de la muerte que de
cualquier otra cosa.

ARISTARCO: ¿Qué quiere decir con eso?

ALEXANDER: Usted nos aseguró…

SIMON: Sí, aseguré! Porque la idea del suicidio me facilitaba la vida, Aristarco
Dominikovich. Mi vida insoportable. Mi vida inhumana. Escuchen! Había un hombre,
había un trabajo. Ese hombre era. Y de golpe ese hombre dejó de ser. No más trabajo.
No más ser. ¿Y por qué? ¿Acaso intenté escapar a la suerte común? ¿Me fugué
cuando la Revolución de Octubre? Durante todo el mes de octubre no asomé la nariz.
Tengo testigos. Aquí estoy, delante de ustedes, yo, el hombre que no es más, al que
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disolvieron en la masa, y quiero decirle dos palabras a mi revolución: ¿por qué me


hiciste esto? ¿Qué es lo que no te dí? Levanté mi brazo en tu nombre y mi puño
cerrado, Revolución, mi brazo derecho y ahora veo que tu brazo te sirve para
golpearme. ¿Por qué? ¿Qué me diste, Revolución? Nada. Las proclamas oficiales de
nuestro gobierno, las convocatorias, a todos, a todos! Ya no las leo más porque sé
que se dirigen a todos salvo a mí. Y sin embargo, yo no pido demasiado. Todas
nuestras construcciones grandiosas, nuestras realizaciones geniales, los fuegos que
encendemos a escala mundial, pueden guardarselos. Yo, camaradas, todo lo que yo
pido es una vida tranquila y un salario decente.

ELPIDI: Usted es su suegra Serafina Ilinichna, hagalo callar.

ALEXANDER: Impidanle continuar, camaradas!

ARISTARCO: Lo que dice es propaganda antirrevolucionaria!

SIMON: Para nada. ¿Nosotros hacemos algo en contra de la Revolución? ¿Desde el


primer día de la Revolución qué hacemos nosotros? Nada. Todo lo que hacemos es
ir a la casa de uno y de otro a quejarnos de lo dura que está la vida. Porque la vida se
vuelve más dulce cuando decimos que es dura. Por amor de dios, no nos quiten
nuestro último medio de existencia, déjennos decir que la vida es dura. Aunque más
no sea en voz baja, susurrando: „la vida es dura“. Camaradas! Se los suplico, en
nombre de millones de personas, concédannos el derecho de susurrar. Ustedes, en
medio del estrépito de sus construcciones, ni siquiera lo van a escuchar. Se los
aseguro. Vamos a vivir nuestra vida susurrando.

POUGATCHOV: Qué infame! Estafador! Renegado! Me callé pero ahora voy a hablar!
¿Vivir? ¿Pero qué estamos escuchando? ¿Te tuvimos confianza y resulta que ahora
querés vivir? ¿Y qué más? Y bien, yo digo que te mueras, basura! Aunque me costara
la vida te haría fusilar!

RAISSA: Muerte!

VOCES: Muerte! Muerte!


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SIMON: María, María! Serafina! ¿Qué gritan? ¿Cómo pueden…? ¿Perdón y por qué?
¿De qué soy culpable? Todo lo que gastaron por mí, se los devolveré. Hasta el último
centavo, sin falta! Si es necesario venderé lo que sea…dejaré de comer…pondré a
María a trabajar para pagarles…mandaré a mi suegra a la mina…¿Eso es lo que
quieren? Mendigaré por la calle…por ustedes! Solo déjenme vivir!

ARISTARCO: Qué personaje repugnante! Puaj!

SIMON: El que haya pronunciado ese ¨puaj¨ que de un paso adelante. (saca el
revolver) Acá está el revolver! Por favor, agarrelo! Uselo! Se lo pido!

ARISTARCO: Déjese de jueguitos estúpidos Simón Simnovich! Deje ese revolver, le


digo!

SIMON: ¿Miedo?...Les da miedo amigos! ¿Entonces de qué me acusan? ¿Dónde está


mi crimen? ¿Solamente en el hecho de que estoy vivo? Vivo y no impido a los demás
hacer lo mismo, camaradas. Nunca causé la muerte de nadie. Nunca le hice mal a
una mosca. Si hay alguien al que le haya causado la muerte, que dé un paso adelante.

Se escucha una marcha fúnebre. Victor entra corriendo.

VICTOR: Fedia Petounin se suicidó. (Silencio) Dejó una declaración.

ARISTARCO: ¿Qué declaración?

VICTOR (leyendo) Podsekalnikov tiene razón. Vivir no vale la pena.

FIN
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