Resúmen Fundamentos Psicopedagógicos de la Educación - 2015
Carla Wainsztok Capítulo 2: “Simón Rodríguez y nuestras pedagogías”
Simón Rodríguez nació en Venezuela en 1769 y murió en Perú en 1854.
Simón Bolívar nació en Venezuela en 1783 y murió en Colombia en 1830.
1. Introducción
Simón Rodríguez afirma que leer es resucitar ideas, volver a conversar con lo ya acontecido, con autores del
pasado. La lectura es también colectiva, ya que es en comunidad y siendo así, se pluralizan los sentidos.
Según la autora, para aportar en la construcción de las pedagogías nuestroamericanas, es necesario revisar
su historia, resucitar las ideas de Rodríguez, buscar nuestra identidad, nombrar las prácticas pedagógicas.
2. Nuestras pedagogías
Nuestras definiciones son construcciones colectivas. Leemos para conocer. Observamos, reflexionamos y
narramos para transformar (nos). Imaginamos para proyectar nuevas pedagogías.
Según García Molina, a la pedagogía le corresponde generar y consolidar nuevas modalidades, y explicar,
enseñar, transmitir conocimientos y saberes que la época y el lugar donde se desarrolla consideren valiosos.
Lo pedagógico como volver a pensar, desde una orientación diferente a la hegemónica, el pensamiento
pedagógico de nuestros días, para generar nuevas orientaciones para la praxis educativa. El discurso teórico
debe llamar a la acción, a una materialización del mismo. Su tensión lo hace existir en una imaginaria
intersección entre lo escrito, lo hecho y lo que queda por hacer.
La pedagogía, entonces, entre la transmisión y la creación; entre lo viejo y lo nuevo; entre los legados, las
herencias y las apropiaciones.
Según Terigi, la idea de transmisión habitualmente aparece cargada de un sentido ligado a la repetición
irreflexiva, a la reproducción de modelos de saber y autoridad. Es necesario retomar el concepto para
vincularlo con el papel que tiene la escuela en la transmisión cultural.
La enseñanza y la reflexión sobre la transmisión es una promesa con las nuevas generaciones. La pedagogía
nuestroamericana como diálogo intergeneracional; donde generación y transmisión van de la mano. Se trata
de que pasado y presente se junten para construir una constelación, que permita que la transmisión no sea
algo mecánico, sino la posibilidad de compartir relatos. Relatar significa unir lazos. Unir lazos de escritura y
de lectura nos permite construir una comunidad.
Transmitir es crear, inventar, es esperar con alegría que lxs estudiantes sueñen nuevos sueños. Para soñar lo
nuevo se necesita de relatos. En éste presente-futuro juega un papel importante la transmisión de
contenidos, de creencias, convicciones, apuestas (de cosmovisiones) Ideas/semillas que transmite un
maestro. La enseñanza, entonces, como una promesa.
Nuestras pedagogías propias deben ser construidas, creadas, inventadas, apropiadas. Nuestra pedagogía
latinoamericana no lo es por un tema geográfico, sino por su interpretación en su clave geopolítica. Según
Santos De Sousa, se deben buscar conocimientos y criterios de validez de dichos conocimientos de las
clases, pueblos y grupos sociales que han sido históricamente victimizados, explotados y oprimidos por el
colonialismo y el capitalismo globales.
Una de las características de nuestras pedagogías es que nada de lo humano nos es ajeno. Las pedagogías
emancipatorias nuestroamericanas tienen como puntos nodales las ideas de: igualdad y diferencias; trabajo;
alegría; esperanza; autonomía; “soberanía cognitiva”; ciudadanx y pueblo; patria y humanidad; hoy y
mañana; formación y trabajo docente; creación.
Tanto en Freire, Martí o Rodríguez existe una idea persistente de igualdad, y ese nombre pedagógicamente
se llama educación popular.
3. Simón Rodríguez, precursor de las pedagogías nuestroamericanas.
Para Rodríguez, la idea de igualdad incluye la formación de los pueblos y los ciudadanos. La idea de
ciudadanía presume la idea de derechos. “Debe haber escuelas en las repúblicas (…) para todos, porque
todos son ciudadanos” (Rodríguez) La idea de pueblo lleva implícita la de comunidad. “Nada importa como
el tener pueblo, formarlo debe ser la única ocupación de los que se apersonan por la causa social”
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(Rodríguez) El pueblo, lo popular, como motor y motivo social y como base de las naciones. “Sin Educación
Popular no habrá verdadera sociedad”. Formar ciudadanos, educar pueblos, va de la mano con el proyecto
de Patria Grande. Patria Grande, según Bolívar es “formar (…) una sola nación con un solo vínculo que ligue
sus partes entre si y con el todo”. Hacer de la República, una república de iguales y diversxs. Según Dussel,
“La Patria es la referencia de una identidad procesal, que se va construyendo en la historia, y cuya fidelidad
al “acontecimiento fundacional” es necesario renovar continuamente”.
Simón Rodríguez es parte de nuestro proceso identitario y bandera de las batallas pedagógico-culturales que
se dan en nuestras escuelas, barrios e intentos de construir pedagogías latinoamericanas (propias).
4. Formar para el trabajo; la autonomía; la justicia social y cognitiva.
Los proyectos sociales tienen que ver con las necesidades indispensables que se realizan por medio del
trabajo, del pan, la justicia y la enseñanza. Los hombres están en el mundo para “entreayudarse”, no a
satisfacer sus necesidades, sino sus deseos. La institución que permite la entreayuda y la sociabilidad es la
escuela. Según Rodríguez, “saber las obligaciones es el primer deber de un republicano y su primer
obligación es vivir en una industria que no le perjudique, ni a él ni a otro, ni directa o indirectamente”. La
escuela popular es la responsable de enseñar la sociabilidad y el valor del trabajo. Lxs maestrxs forman para
la autonomía. “La soberanía cognitiva de los sujetos se forma en función de su participación activa,
razonada, comprometida en el pensar, el decir, el hacer y el sentir, como parte de un proyecto colectivo”.
Junto a la soberanía cognitiva se erige la justicia cognitiva.
Para crear la república “debemos emplear medios nuevos”. Los nuevos medios presumen una pedagogía
para el trabajo y la autonomía; donde se enseñe castellano y quichua en lugar del latín y se instruya en física,
química e historia nacional (suplantando a la teología, el derecho y la medicina). También habrá que
establecer fábricas y crear una maestranza de albañilería, carpintería y herrería (oficios). Una pedagogía,
entonces, de los trabajos manuales e intelectuales; de la inclusión y la igualdad; para inventar y no errar.
5. Viejos y nuevos docentes.
Todos podemos ser maestrxs, todos tenemos la posibilidad de enseñar; pero no todos elegimos ese camino.
En la tarea del maestro radican responsabilidades como enseñar, formarse, reflexionar sobre la práctica.
Recuperar derechos nos alegra, nos da esperanzas, anhelamos que se repartan las riquezas, los relatos, las
palabras. En cambio, aquel que pierde privilegios odia.
Favorecer las potencias de nuestros pueblos es una de las grandes tareas de estos tiempos. Nuestros
pueblos fueron condenados varias veces al dolor, a la fragmentación. Sin embargo, está guiado por los
grandes sentimientos de amor.
En la época de Rodríguez también hubo una batalla entre los viejos portadores de privilegios y los nuevos
constructores de derechos. Rodríguez sugiere la importancia de la tarea del docente de las primeras letras,
ya que éstas derivan de las primeras ideas.
Bolívar, alumno de Rodríguez, además de patriota y estratega, fue un gran escritor. Según Rodríguez, el
discípulo no solo se hace presente en el campo de batalla, sino en el campo de las ideas. Las ideas, la
escritura, como otra forma de intervención.
El título de maestro se da a aquel que enseña a aprender y ayuda a comprender. La docencia como una
promesa, una apuesta, una ventana abierta hacia el porvenir. La importancia de enseñar es que hace
comprender lo que se dice. Comprender como sinónimo de preguntar y antónimo de repetir.
La escuela de vapor como una máquina, poco sustanciosa, donde no se enseña y no se aprende, no se
comprende y no se pregunta (que tiene el método lancasteriano). Rodríguez está en contra de dicha
escuela. Sin embargo, Bolívar apoya el método lancasteriano. Esto se debe a que los tiempos de Bolívar son
los de la “real política”.
Los tiempos de Rodríguez son los tiempos de “lo pedagógico”, del porvenir, del futuro (no solo se enseña
para hoy). Aquí se da la tensión pedagógica donde se convoca a pensar lo nuevo y lo viejo. Las maestras y
maestros que hoy forman, lo hacen para otros tiempos. Rodríguez se refería con los viejos maestros a los de
la sociedad colonial y, con los nuevos maestros, a los de la república. Él busca una descolonización
pedagógica, al decir que los viejos maestros deben sujetarse a la nueva enseñanza (la de los nuevos
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maestros). Un nuevo maestro debe formar para la igualdad, para la justicia (se les debe, además, pagar
bien). Rodríguez exige que “el Gobierno debe ser un maestro y, (…) formar el pueblo hacia la república”
6. Las escuelas.
Rodríguez tiene un proyecto pedagógico-político que a la vez refiere a la conformación de la Patria Grande
(él la nombra ‘América’). No sólo escribe sobre educación y autonomía, enseñar y aprender, sobre
formación docente, conocimiento; sino que incluso escribe sobre la escuela y lleva todas sus palabras a la
acción. Utilizó el tiempo de la acción de dos maneras complementarias: la escritura como intervención y la
creación de escuelas donde implementar sus ideas, sus textos, sus palabras. En éste contexto, el maestro
piensa el lugar que habita. La escuela como lugar donde se enseña a los niños a preguntar; es un “pequeño
edificio que conserva el alimento de la vida: las ideas sociales” (Rodríguez). Entonces, la escuela como lugar
de la construcción de la sociabilidad y de la autonomía, ciudadanía y pueblos, debe ser una tarea a
emprender por la república. Deben diferenciarse de las viejas escuelas coloniales, que obedecen a la
autoridad personal y no a la razón. La escuela popular, de la patria produce una “autoridad pública”. Todavía
se encuentran en tensión estas dos escuelas en Nuestra América. Todavía hay aspectos de lo colonial en las
escuelas de la república, según José Martí.
7. América y Europa.
Rodríguez se refiere a Europa como un “simulacro de vida social”. El Viejo Mundo, de donde vienen los
maestros a América, es el del catolicismo, la Enciclopedia y la colonización pedagógica.
América no debe imitar, debe ser original. “La sabiduría de Europa y la prosperidad de EEUU como dos
enemigos de la libertad de pensar de América” (Rodríguez). Para ser originales, para no imitar ni errar,
Rodríguez sostiene que hay que enseñar. “Imiten la originalidad, ya que tratan de imitar todo” (Rodríguez),
teniendo en cuenta el suelo, la índole de sus gentes, las costumbres y los conocimientos.
Rodríguez crea, inventa nuevas instituciones pedagógicas.
8. Una República de las letras.
La república imaginaria debe dar lugar a la “república de las letras”. La república de letras es el país de la
igualdad. Según Rodríguez, un país libre debe pensar en la unión, en la lógica, en la enseñanza, en organizar
e instruir a la sociedad.
Patria y lengua: nación y narración. Leer también como un acto pedagógico-cultural que no se limita a la
interpretación, sino a la comprensión. Leer es compartir un relato, es una tarea intergeneracional
(transmisión). Según Hassoun, “apropiarse de la narración para hacer de ella un nuevo relato”.
Paulo Freire afirma “toda lectura de la palabra presupone una lectura anterior del mundo, (…) implica volver
sobre la lectura del mundo (…) Leer el mundo y leer la palabra en el mundo, significan reescribir el mundo,
(…) trasformarlo.”
Leer es una obra política (conocer y reconocer, develar, reflexionar). Hay que hacer una lectura crítica, en el
sentido en que hay que examinar en los textos si articulan o no relaciones de dependencia, ideológicamente
fijadas, pero con posibilidad de cambio. La crítica como desnaturalización. La crítica también como praxis
que vincula reflexión y acción, pronunciar la palabra y transformar, reescribir el mundo.
La palabra y el trabajo como motores de la emancipación. Según Rodríguez, leer será darle vida a los
conceptos. El docente tiene un papel fundamental para que esto pase ya que, según Larrosa, cuando un
maestro lee un texto lo hace hacia fuera, hacia adentro y hacia los oyentes (sus alumnos).
Rodríguez distingue entre Independencia y Libertad ya que, si la independencia exige la guerra en contra de
los españoles, la libertad requiere el ejercicio de la educación (armar con las plumas).
La república de letras como una verdadera política, como proyecto pedagógico-cultural. Una república
formadora y formativa que rueda en los textos que se escribieron y en los que se están escribiendo. Dicha
república exige más textos y más palabras. Los conocimientos como propiedad pública de las generaciones.
La educación como derecho inalienable.
Según Zemelman, la potencialidad de las pedagogías latinoamericanas tiene como “principal desafío romper
(…) las convenciones que impiden vernos a nosotros mismos en todas nuestras posibilidades”.