PREGUNTAS
INTIMAS
Reflexiones
durante
Semana Santa
Rafa Zelaya
Preguntas intimas [Link]
Jesús siempre se caracterizó por buscar a las
personas para tener conversaciones profun-
das e íntimas. A través de su ministerio, esa
fue una constante. Pocas veces (si no ningu-
na) lo vemos respondiendo con un sí o un no
seco. Por lo general lo hacía por medio de pa-
rábolas, historias o más preguntas que siem-
pre buscaban iniciar o desarrollar un diálogo
cercano, íntimo y personal.
Como cristianos necesitamos hacernos más
preguntas. Las interrogaciones son funda-
mentales para desarrollar nuestra fe y nuestras
convicciones. El Maestro fue un claro ejemplo
de hacer preguntas, elevar la interrogación.
Tenemos que hacer no menos que eso.
Esta Semana Santa quiero invitarte a que to-
mes tiempo para conversar: sea solo con Dios,
con algunos en tu familia, con amigos, con
personas de tu comunidad cristiana, que ha-
gas una videollamada con algunos, y que con-
versen alrededor de algunas preguntas e his-
torias sucedidas antes, durante y después del
día de la muerte de Jesús —como está narrado
en la Biblia.
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Separa un tiempo exclusivo cada día para este
momento de reflexión. Baja las revoluciones
del trabajo, para un poco, apaga la TV, olví-
date un rato de las redes sociales o cualquier
otra cosa que ocupe tu tiempo. Que sean mo-
mentos importantes para profundizar en tu fe.
Es un devocional para pensar. Una reflexión
por día. Una conversación íntima en la cual
participar.
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DÍA 1
Amigo, ¿a qué
vienes?
Lucas 22:48
Usualmente le damos el título de “amigo” a
personas particulares, a esos que se han ga-
nado nuestra confianza, que han vivido cerca
nuestro, o han estado en momentos particu-
lares de nuestra vida. Posiblemente eso te ha
llevado a usar esa palabra con algunas pocas
personas únicamente.
Mucho se puede decir acerca de la amistad. Lo
cierto es que todos anhelamos tener amigos
íntimos, profundos, cercanos, reales y leales.
Judas fue uno de ellos para Jesús. Estuvo con
él varios años, lo vio haciendo los milagros,
caminó muchos kilómetros junto a él, reco-
gió una canasta de pan en el milagro de la
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alimentación de los 5 mil, estuvo en el bar-
quito cuando casi se hunden.
Pero esta noche es especial. La Pascua llegó.
Ya era de noche aquella fecha. Hacía rato ha-
bían cenado juntos. Comieron del mismo pla-
to; bebieron de la misma copa; cantaron los
mismos salmos; oraron juntos (posiblemente
hasta tomados de las manos).
Unas horas después se vuelven a encontrar en
dos condiciones diferentes.
• Judas con una bolsa de dinero; Jesús sin
importarle para nada la plata.
• Judas acuerpado por militares; Jesús junto
a varios hombres agotados, somnolientos.
• Judas quizá vestido con ropa contra el frio
de la noche; Jesús con la ropa mojada de
sudor y sangre.
Una noche posiblemente fría y bien oscura. El
ambiente es pesado y tenso. Jesús ha anuncia-
do no solo su muerte sino una traición. Eso no
se digiere fácilmente. Y en medio de esa gama
de sentimientos, Jesús ha pasado horas orando
por los suyos, y se ha despedido de ellos.
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Y entonces viene Judas, liderando un grupo
distinto al que ha tenido durante los últimos
años. Este grupo tiene armas; el otro solo te-
nía esperanzas. Uno cuenta con poder; el otro
solo con fe. El nuevo grupo tiene poder de de-
cisión; el anterior apenas existe.
Judas se acerca a Jesús y lo besa (como era la
costumbre entre los maestros de la ley y sus
discípulos en el siglo I).
“Rabí” (“mi maestro”). Una sola palabra con
un contenido profundo. 4 letras que penetra-
ron el corazón de Jesús en ese momento.
¿Cómo pronunció esa palabra Judas? ¿Con
miedo? ¿Quizá sarcasmo? ¿Le tembló la qui-
jada? ¿Pudo ver a Jesús a la cara mientras de-
cía eso?
Y entonces Jesús le hace una pregunta que de-
bió resonar en la mente de Judas por las si-
guientes horas: “Amigo, ¿a qué vienes?”.
Solo un amigo te puede traicionar. Por defini-
ción, un desconocido no te puede traicionar,
porque la traición solo puede venir de alguien
cercano (amigo, familiar o compañero).
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¿Por qué Jesús le hace esa pregunta, si Él sabe
a qué viene Judas? ¿Sería acaso una forma de
ayudarle a que se diera cuenta de lo que esta-
ba haciendo? ¿Acaso le estaba ayudando en
medio de su pecado?
La pregunta de Jesús es muy íntima. Es para
alguien cercano. Es una pregunta que evoca
una respuesta. Sin embargo, no obtuvo una.
Solo silencio de Judas.
Me gusta Jesús porque en medio de la trai-
ción, da palabras de amor. En medio del dolor
que sabe que va a experimentar, Él sigue reco-
nociendo a Judas como amigo.
Me gusta Jesús porque su lealtad no estuvo
definida por la circunstancia, tampoco por la
acción de la otra persona.
Me gusta Jesús porque se mantiene firme en
sus convicciones a pesar de la presión del
momento.
Y a ti, ¿te gusta Jesús?
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Para pensar y
discutir:
1. ¿Eres una persona leal como Jesús?
2. ¿Has experimentado la lealtad de Jesús en
tu vida? Comenta alguna situación.
3. ¿Podrías colocarte “en los zapatos” de Ju-
das teniendo a Jesús de frente y que te
haga la misma pregunta que a él? ¿Qué le
responderías?
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DÍA 2
¿Recuerdas lo
que te dije?
Lucas 22:61
Se dice que hay miradas que dicen mucho. Las
expresiones faciales pueden tener el poder de
llevarnos a dejar de hacer algo (como las mi-
radas de los padres a los hijos), cuidar lo que
vamos a hacer o decir (en el caso de los espo-
sos), o miradas de complicidad (en el caso de
los amigos).
Lo cierto es que nuestros ojos (y el rostro en
su totalidad) comunican, y mucho. Es posible
que todos conozcamos personas que no nece-
sitan decir muchas palabras porque comuni-
can una idea con solo el lenguaje de su rostro.
Ha sido una noche larga para Jesús. Ha estado
despierto durante muchas horas y ha pasado
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momentos difíciles. Es posible que ya esté
agotado física y emocionalmente.
Horas antes tuvo una conversación con Pedro
(Lucas 22:31-34).
• Jesus: He orado por ti para que no te falle
la fe.
• Pedro: Estoy dispuesto no solo a ir a la cár-
cel sino hasta la muerte por ti.
• Jesús: en unas horas negarás 3 veces que tan
siquiera me conoces.
• Pedro: … (*inserte sonido de grillo de
fondo*).
¿Qué pasó por la mente de Pedro durante
las siguientes horas? ¿Lo atormentó ese pen-
samiento o sería algo que olvidó hasta que
ocurrió?
Horas después, ya en el patio de la casa del
sumo sacerdote, Pedro se encuentra entre la
espada y la pared dos veces en las que niega a
Jesús, pero la tercera es lapidaria:
El Señor se volvió y miró directamente a Pedro.
Entonces Pedro se acordó de lo que el Señor le
había dicho: «Hoy mismo, antes de que el gallo
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cante, me negarás tres veces». Y saliendo de allí,
lloró amargamente. Lucas 22:61
¿Por qué hizo eso Jesús? ¿No podía simple-
mente dejarlo pasar a sabiendas de que iba a
ocurrir? ¿Para qué darle esa mirada tan dura
a Pedro? ¿Por qué volver a verlo directamente
a los ojos en ese instante? ¿Quería castigarlo
con su mirada?
Me atrevo a pensar que Jesús no ve a Pedro
para hacerlo sentir culpable (ese no es su es-
tilo), sino para recordarle que puede confiar
en que su palabra se cumple, no importa con
quién, cuándo ni dónde.
Es posible que este “diálogo sin palabras” haya
durado apenas unos segundos, pero mar-
có la vida de Pedro. Fue muy íntimo. Evocó
una conversación que se sostuvo apenas unas
horas atrás. Ambos sabían que iba a suceder,
pero Pedro no fue consciente sino hasta este
instante.
Jesús lo mira, no para recordarle su mal ac-
tuar sino para reafirmar que lo que Él dice, se
cumple. No se trata de Pedro sino de Jesús.
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Una mirada que le dijo a Pedro: “¿Recuerdas
lo que te dije?”. Y si lo recuerdas, nunca olvi-
des que lo que yo digo, se cumple.
Pero Pedro no lo entendió. Pudo más el peca-
do inmediato. El peso del pecado fue mucho.
El pecado aleja a las personas de Jesús. Pedro
fue un ejemplo de ello ahí mismo. Apenas
pecó al mentir, se alejó de su maestro, dolido.
Lástima que no recordara todas las promesas
y palabras dulces que también le había dicho
a través del tiempo. En ese instante se le olvi-
daron todos los momentos en los que lo abra-
zó, le lavó los pies, y hasta le dio de comer.
¿Por qué lo olvidaste Pedro? Quizá me pasa
igual cada vez que peco y me alejo del Señor.
No somos tan diferentes tú y yo, Pedro. Así
que hoy entiendo tu pecado y tu dolor al dar-
te cuenta de lo que hiciste. Tu pecado te ale-
jó del Creador del universo en ese momento;
pero también me permite reflexionar hoy, mi-
les de años después del suceso. Gracias Pedro,
por dejarte moldear por este momento, por
esa mirada del Maestro clavada, no en tus ojos
sino en tu corazón.
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Para pensar y
discutir:
1. Si Jesús te estuviera mirando en este ins-
tante, ¿qué tipo de mirada te haría? ¿Qué
te comunicaría?
2. ¿En algún momento has tenido que “escon-
der tu fe” o quedarte en silencio respecto
a tu creencia en Jesús? (En medio de tus
compañeros de estudio, de trabajo, ami-
gos, o familiares).
3. ¿Qué tan cerca o lejos estás de Jesús en este
momento?
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DÍA 3
¿Y qué es la
verdad?
Juan 18:38
Al llegar a la juventud todos los seres huma-
nos pasamos por esa etapa de querer descubrir
conceptos filosóficos y responder preguntas
profundas de la vida. ¿Qué es el amor? ¿De
dónde viene la vida? ¿Qué es el cosmos? ¿Hay
vida más allá de la Tierra?
¿Cuáles preguntas te has hecho que has logra-
do encontrar respuestas? ¿Cuáles preguntas
que aún están pendientes de responderse?
La mayoría de los grandes líderes romanos de
la historia eran estudiosos. Creo que Pilatos
fue uno de ellos. Él tiene preguntas profun-
das sin responder. Necesita alguien con quien
conversar de lo profundo. Y entonces tiene la
oportunidad de encontrarse con Jesús.
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Parece ser la primera vez que se ven. Pero no
parece la ocasión ideal. Jesús está cansado.
Pasó una noche intensa. Está desvelado, posi-
blemente no ha comido. Lo han llevado de un
lugar a otro: del huerto de Getsemaní a la casa
de Anás, luego a la de Caifás donde tuvo un
interrogatorio poco amistoso, y de ahí al pa-
lacio de Pilatos. Es ya el siguiente día. El nivel
de agotamiento es máximo.
Y Pilatos se encuentra cara a cara con Él.
• Pilatos: ¿Eres tú el rey de los judíos? (por
el contexto de lo que sucede, Pilatos lo que
realmente le está preguntando es: “¿eres un
rebelde contra el imperio romano?”).
• Jesús: ¿Eso lo preguntas desde tus dudas
personales o alguien más te ha dicho que
me lo preguntes?
• Pilatos: Yo no soy judío. Nadie me tiene que
decir qué hacer. ¿Qué has hecho tú?
• Jesús: Mi reino no es de este mundo.
• Pilatos: ¡Así que eres rey!
• Jesús: Simplemente doy testimonio de la
verdad. Quien ame lo que es verdad, me
escucha.
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• Pilatos: ¿Y qué es la verdad? ¿Qué importa
la verdad? No es fácil hallar la verdad, ¿qué
es?
• ………………..
Jesus no pudo responder la pregunta clave, la
más importante del diálogo. Pilatos lanza su
pregunta y da media vuelta y se va.
Estoy seguro de que Jesús hubiese dicho: “Yo
soy la verdad”.
A pesar del agotamiento físico y emocional,
Jesús es ecuánime. En medio del dolor, Él en-
cuentra las palabras para desafiar el pensa-
miento de Pilatos. Una lástima que no se que-
dó a escuchar la respuesta. Fue la pregunta
más importante y Pilatos no escuchó la res-
puesta. El diálogo iba bien. Se estaban enten-
diendo. Pero se cortó ahí. ¡Pilatos, tuviste al
Creador mismo del universo frente a tus ojos,
y te fuiste!
Jesús es muy versátil. Puede conversar con
un niño, con hombres de negocios, con mi-
llonarios, con mujeres pecadoras, con cobra-
dores de impuestos, también con reyes y go-
bernantes. Y a cada uno lo desafía de acuerdo
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con su propia realidad. Los deja pensando y
meditando.
Todos estamos buscando respuestas. Desde
las básicas hasta las más profundas que poda-
mos elaborar. Estoy seguro de que Jesús po-
dría responderte algunas.
Parece ser al final que Pilatos no vio en Jesús a
alguien que le respondiera sus preguntas exis-
tenciales. Su ropa, su silencio, su posición, el
ruido del pueblo y las acusaciones, no le per-
mitieron a Pilatos ver en Jesús la respuesta a
sus propias preguntas, y menos para los des-
velos de su propia esposa (Mateo 27:19).
Pilatos fue testigo de las preguntas íntimas.
Vivió unos minutos en carne propia lo que es
conversar con la Verdad misma.
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Para pensar y
discutir:
1. Si tuvieras a Jesús frente a frente, ¿cuál es
la pregunta más profunda que le harías?
2. Si tuvieses la oportunidad de responder
la pregunta de Pilatos (¿qué es la verdad),
¿qué le responderías?
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DÍA 4
¿No eres tú el
que salva?
Lucas 23:39
Uno de los momentos más reflexivos de la vida
de las personas, es cuando están en sus últi-
mos momentos antes de partir de este mun-
do. Algunos piden perdón a sus familiares o
amigos cercanos; otros aprovechan para agra-
decer. Cualquiera sea la acción, es posible que
casi todos busquen cerrar los capítulos del li-
bro que llamamos vida. Sin embargo, algunos
ni aún en un momento como ese enternecen
su corazón.
Pilatos se lavó las manos y entregó a Jesús para
que lo crucificaran. Lo azotaron hasta más no
poder. Lo golpearon en cada centímetro de su
cuerpo. Le hicieron perder posiblemente la
mayor parte de la sangre de su cuerpo.
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Colgado ahí de una cruz romana, como un
criminal, junto a 2 bandidos, uno a cada lado.
Uno de ellos es consciente de su momento;
acepta su realidad. Él mismo acepta que esa
es la paga de sus actos. El otro, aun en sus últi-
mos momentos de vida, prefiere usar las pocas
fuerzas que le quedan para increpar a Jesús.
“¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a
nosotros!”. Lucas 23:39
La pregunta es muy personal, muy íntima. Va
directo a su identidad. Este hombre apela a
la divinidad de Jesús. ¿Puedes percibir el sar-
casmo en la pregunta? Este hombre no está
buscando ser salvado, sino exponer a alguien
más. Él no busca misericordia sino hablar
mal de alguien más. Se siente acorralado en
el peor momento de su vida y decide apelar al
señalamiento del otro, del indefenso, del que
no puede decir nada, del que no se defiende.
Jesús pudo en ese momento bajarse de la cruz y
mandar a sus ángeles a terminar lo que estaba
sucediendo. Pero Él entendió la necesidad de
aquella pregunta. Era una pregunta importan-
te. Este hombre plantea una pregunta íntima
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pero no lo hace para quedarse a escuchar la
respuesta. No está listo para esa conversación.
Jesús tiene horas en silencio en medio de pre-
guntas necias. Ha callado frente a los podero-
sos, frente a los cuestionamientos de los pas-
tores, guardó silencio frente a los golpes de los
militares romanos; y sigue guardando silencio
en la cruz.
Me gusta Jesús porque no tiene nada que pro-
barle a los necios. Los deja con sus preguntas.
Los deja que se revuelquen en el polvo de sus
cuestionamientos dañinos. Deja a los altivos
que se arropen con sus vestidos de honra falsa.
Me gusta Jesús porque le responde al sencillo,
y abraza al humilde. No hubo momento de su
tiempo en la tierra que no lo hiciera.
“Yo tampoco te juzgo” le dijo a una mujer a
punto de ser apedreada.
“Sígueme” le dijo a un recaudador de impues-
tos (lo más bajo en la escala social).
“Te aseguro que hoy estarás conmigo en el
paraíso”, le dijo al otro hombre colgado a su
lado en ese momento.
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Los pocos minutos de vida de ese hombre tu-
vieron que ser diferentes. Se encontró con la
Gracia en su último momento. Le regalaron el
último boleto del tren a la eternidad.
Nada de lo que dijera el otro bandido cambia-
ría esa realidad a partir de ese instante, porque
Jesús hizo una promesa, y lo que Él promete,
lo cumple.
Para pensar y
discutir:
1. ¿Con cuál de los dos hombres te identifi-
cas más?
2. ¿Acaso hay algo que te detenga de seguir a
Jesús de todo corazón?
3. ¿Hay alguna promesa hecha por Jesús que
sientes que no se ha cumplido?
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DÍA 5
¿Lama
sabactani?
Mateo 27:46
¿Has visto el nivel de desesperación de los ni-
ños cuando se pierden de sus padres en un
lugar público? ¿Has visto a un padre vivien-
do un tormento en el momento en que se le
pierde un hijo en un lugar muy concurrido?
Se te desmorona el piso, sientes que te traga la
tierra.
• Se te nubla la mente y las emociones te
traicionan.
• El instinto de protección hace que salgas en
búsqueda de tu pequeño.
• Se rompe todo lo que te da seguridad.
• Tu mundo se vuelve oscuro, tu mente se
ensombrece.
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• Te quiebras emocionalmente.
• Y al final, lloras y sientes que ya no puedes
más.
Ahí está Jesús, colgado de un madero. Ha sido
golpeado, lo traspasaron con clavos, lleva es-
pinas clavadas en la cabeza. Tiene hambre y
sed, el rostro desfigurado, y su cuerpo con
poco o nada de sangre. Su corazón ya casi no
da más.
Abajo, algunos pasaban señalándolo. Algunas
mujeres lloraban al pie de la cruz. Los roma-
nos se repartían sus ropas. Y sobre sus hom-
bros el peso de la humanidad entera. El peca-
do de cada una de las personas estaba sobre
Jesús en ese momento.
Y de esa manera Jesús vivió, guardando las
distancias, algo parecido a un hijo perdido.
“Desde el mediodía y hasta la media tarde toda
la tierra quedó en oscuridad”. Mateo 27:45
La naturaleza misma era un reflejo de lo que
estaba viviendo Jesús. Con tantos pecados a
cuesta, se cumplió la profecía de Juan cuando
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dijo: “¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que qui-
ta el pecado del mundo!”. Juan 1:29
Esa decisión de salvar a todos significaba que-
dar desamparado. Implicaba que su mundo se
vendría abajo. Todo quedaría oscuro. La sole-
dad era abrumadora. Su sentido de conexión
con el Padre se había roto por el pecado tuyo
y el mío, y el de la persona que está a tu lado.
Y entonces levantó un grito desgarrador que
solo puede salir de un hijo desesperado por-
que no encuentra a su padre:
—Elí, Elí, ¿lama sabactani? (que signifi-
ca: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has des-
amparado?”). Mateo 27:46
Yo no puedo comprender lo desgarrador que
pudo ser. No puedo dimensionar lo que Je-
sús estaba viviendo allí en ese instante. Está a
punto de morir y su Padre se aleja. Es tanto el
pecado que Dios no puede estar cerca.
El cordero ha llevado el pecado de todo el
pueblo. Ha hecho su labor. Así que Él mismo
pronuncia las últimas palabras:
“Todo se ha cumplido”. Juan 19:30
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Lo que empezó en Génesis 3:15 se comple-
ta en este momento, miles de años después.
Jesus ha cumplido su labor de cordero per-
fecto. Entonces inclinó su cabeza y entregó el
espíritu.
Quienes hacen análisis de movimientos y cau-
sas sociales, dicen que se podría interpretar
que el movimiento de Jesús fue una derrota o
fracaso contundente: el líder muere, los segui-
dores dispersos… hasta ahí llegaría el asun-
to. Muchos vieron a Jesús derrotado, ahí en la
cruz, un cuerpo inerte, sin vida.
No podemos esconder una realidad: todo
apuntaba a ser un día oscuro, un movimiento
libertador llegaba a su fin, una causa que em-
pezó con ímpetu, parecía que se terminaba.
Pero es que todos lo entendieron mal. Jesús
no era el libertador del pueblo judío del yugo
del imperio romano. Nunca se trató de eso.
La tarea de Cristo era liberar al pueblo y a la
humanidad entera de su problema más gran-
de: el pecado y la muerte producto de este.
Preguntas intimas [Link]
Esta conversación intima de Jesús con el Pa-
dre nos recuerda que nuestro pecado personal
ya fue llevado a la cruz. Por lo tanto, podemos
acerarnos a Dios con la confianza de que va-
mos a ser escuchados, perdonados y amados.
Para pensar y
discutir:
1. ¿Te has sentido abandonado por Dios en
algún momento de tu vida?
2. ¿Hay algún pecado en tu vida que necesite
ser traído a la cruz?
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DÍA 6
¿Por qué lloras
mujer?
Juan 20:15
Ir a un velorio o entierro es garantía de ver o
escuchar personas llorando. Usualmente hay
hijos, padres, hermanos, o amigos de la per-
sona que ha partido. El dolor embarga el am-
biente. La mayoría de los presentes están en
una misma sintonía: dolidos porque un ser
querido se ha ido.
Hace unas horas el ambiente entre los discí-
pulos era triste. El dolor los había cubierto
a todos. Su maestro había muerto como un
maldito delincuente. Uno de los del círculo
de los discípulos, escogido personalmente por
Jesús, se había quitado la vida luego de haber-
lo traicionado. Pedro, que se suponía que era
el líder entre ellos, había negado al Maestro.
Preguntas intimas [Link]
¿Cómo llega uno a su casa después de estos
acontecimientos? ¿Cómo era al ambiente en-
tre ellos? ¿Se miraban entre ojos? ¿Hablaron
de estas cosas en las siguientes horas?
Jesús fue bajado de la cruz y puesto en un se-
pulcro; hace varias horas que pusieron una
piedra inmensa en la entrada de este. Pero se
cumple la profecía de que tendría que resu-
citar al tercer día. Ninguna de las conspira-
ciones elaboradas hoy, ni en los últimos 2000
años, ha logrado tirar abajo una de las verda-
des sobre la cual sustentamos el cristianismo:
¡Nuestro Señor ha resucitado! (Léelo de nue-
vo con más emoción).
Pero aquella mañana Jesús tenía otro plan.
María llega al sepulcro y el cuerpo ya no está.
Ella quiere entender qué ha pasado. Ella solo
quiere el cuerpo para ponerle los aromas, pero
no está en el sepulcro. Confunde a Jesús con
el sepulturero:
“Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde
lo ha puesto, y yo iré por él”. Juan 20:15
Jesús le hace a María una pregunta con el
mismo enfoque que a Judas: ¿Por qué lloras,
mujer? ¿A quién buscas? Nosotros podríamos
Preguntas intimas [Link]
pensar: “Jesús, es obvio que llora porque se
murió su maestro, y busca su cuerpo porque
viene a ponerle aromas y especies como es la
costumbre”. Pero como se trataba de Jesús ha-
ciendo esa pregunta, esa no es la respuesta que
Él busca, porque el sentido de la pregunta es
otro.
Las preguntas íntimas de Jesús tienen una res-
puesta distinta. Hay que pensarlas, meditar-
las y entenderlas mejor. Él no busca respues-
tas preelaboradas, de esas que las personas
damos como cuando nos saludan diciendo:
“¿cómo estás?”, y nuestras respuestas automá-
ticas usualmente son: “Bien, todo bien” (aun-
que nuestro mundo se esté derrumbando a
pedazos).
Mi esposa es muy inteligente. En ocasiones
cuando me ha hecho la pregunta de “¿cómo
estás?” y yo contesto “bien”, ella me hace una
pregunta incómoda: “¿Qué significa bien?”.
Y entonces ahí me tengo que poner a pensar
bien qué voy a responder. Darle significado al
“bien” lleva trabajo. Hay que pensar a profun-
didad para dar una respuesta real, humana.
Preguntas intimas [Link]
“¿Por qué lloras, mujer?” …si tienes vida eter-
na; ¿por qué lloras? …si me has conocido; ¿por
qué lloras? …si conoces mi mensaje; ¿por qué
lloras? …si ahora eres amada; ¿por qué lloras?
…si ahora tienes un lugar en la sociedad; ¿por
qué lloras? …si estás siendo la primera en dar-
se cuenta de este milagro; ¿por qué lloras? …
si las próximas generaciones hablarán de este
momento; ¿por qué lloras? …si te has conver-
tido en un pilar en mi ministerio y otras per-
sonas creerán en mí por tu accionar; ¿por qué
lloras? …si te he dicho que iba a resucitar y lo
he hecho. ¿Por qué lloras mujer?
Mis hijos, cuando estaban muy pequeños, llo-
raban cuando les decía que el tiempo de ju-
gar, usar tecnología o ver televisión se había
acabado. Entonces les decía (y aún a veces lo
hago): no se llora porque terminó, sino que se
agradece porque pasó.
Algo similar tiene intrínseco la pregunta de
Jesús. Él no busca la respuesta sencilla; busca
que María reflexione en todo lo que ha suce-
dido que es bueno y que cambiará la historia
de la humanidad.
Preguntas intimas [Link]
Para pensar y
discutir:
1. ¿Por cuáles cosas, sucesos, momentos o
personas estás triste en este momento de
tu vida? ¿Hay algo por agradecer en medio
de eso?
2. ¿Tienen la muerte y la resurrección de Je-
sús algo por lo que puedas agradecer hoy?
Preguntas intimas [Link]
DÍA 7
¿Me amas?
Juan 21:15-17
Para muchas de las parejas de novios y casa-
dos es importante el momento cuando uno de
los dos dice la expresión “te amo” para refe-
rirse al otro por primera vez. Son momentos
que se atesoran. Que uno diga o escriba un
mensaje diciendo “te amo”, y el otro responda
“te quiero”, es motivo de conversación y aná-
lisis de la relación (especialmente si ya tienen
buen tiempo juntos).
Un “te amo” siempre produce cosas en la men-
te y el corazón de una persona, sean estos tus
padres, tus hijos, tus hermanos, o incluso tus
amigos (estos últimos no disfrutan mucho de
este privilegio).
Preguntas intimas [Link]
Pedro ha estado con una espina muy grande
clavada en su pecho por varios días. Desde
aquella noche fatídica cuando negó conocer
a su maestro, es posible que no haya parado
de soltar una lágrima cada día. No se puede
andar feliz luego de algo así. ¿Acaso levanta-
ba la mirada? Quizá sus palabras eran pocas.
¿Hubo reclamos o reproches de los otros dis-
cípulos para él? ¿Acaso fue visto de la misma
manera que Judas, como un traidor?
Luego de resucitar, Jesús se presenta en varias
ocasiones en medio de sus discípulos estan-
do ellos reunidos. ¿Por qué no hay referencias
de cómo Pedro vivió esos momentos? ¿Sería
acaso que lo empezaban a dejar de lado? ¿Se-
ría que no le dirigían mucho la palabra? No
lo sabremos porque las Escrituras no lo men-
cionan, pero creo importante hacernos esas
preguntas porque nos recuerdan de la huma-
nidad y del dolor con el que cargó Pedro du-
rante ese tiempo.
Jesús les dice que se encuentren con Él en Ga-
lilea. Caminan más de 150 km desde Jerusa-
lén para llegar a la región (sumándole algunos
otros km dependiendo del lugar específico
desde donde tenían que llegar). Yo creo que
Preguntas intimas [Link]
ese tiempo en Galilea era un retiro entre Jesús
y los discípulos. Juan y Mateo nos narran dos
historias que ocurrieron en esos días. Mateo
decide cerrar su escrito del Evangelio con una
de ellas (el mensaje de la comisión de hacer
discípulos), mientras que Juan decide rega-
larnos una obra maestra de cómo perdonar a
alguien y levantarlo.
Una mañana, quizá fría, en el lago.
Unos pescados (153 para ser exacto, más el
que Jesús ya tenía en las brasas).
Un pedazo de pan cocinado.
Siete hombres agotados por no haber pescado
nada durante toda la noche, pero sorprendi-
dos por haber pescado un montón en un ins-
tante cuando un desconocido les dijo desde la
orilla que tiraran la red a un lado de la barca.
Un jovencito que reconoció a su maestro al
instante como ningún otro (eso produce la
cercanía, estar recostado en su pecho, y amar-
lo como ninguno de los demás).
Pedro anda medio desnudo, no solo de ropa
sino de sus emociones. Pero Jesús los invita a
comer como solo Él sabe hacerlo. Les recuerda
Preguntas intimas [Link]
que Él siempre proveerá; que no importa el
pecado, siempre se acercará primero para
comer.
Me gusta este Jesús porque entiende la necesi-
dad inmediata de las personas, y comprende
que con cada uno el acercamiento es distin-
to. Con algunos, el perdón llegó luego de una
comida (ejemplo, Mateo). Pedro sería otro
ejemplo de ello. Incluso la oración modelo (el
Padrenuestro) dice:
“…Danos cada día nuestro pan cotidiano. Per-
dónanos nuestros pecados…” (Lucas 11:3-4)
Por alguna razón Jesús menciona la comida y
luego el perdón; con Pedro lo ejemplificó muy
bien.
Y es ahí en la playita, luego de haber comido,
cuando tienen la conversación más íntima que
podemos encontrar entre ellos.
Jesús: ¿Me amas Pedro?
Pedro: Tú lo sabes todo, y sabes que tan solo
te quiero.
Si esa conversación hubiese sido entre una pa-
reja de novios, es posible que alguno de ellos
Preguntas intimas [Link]
hubiese concluido: “Entonces hasta acá llega-
mos. Muchas gracias. Chau”. Pero Jesús hizo
algo que ninguno de los presentes se imaginó:
designó a Pedro como el pastor de la iglesia
en formación (apacienta mis ovejas).
¿No se supone que es el momento donde le
reclama? ¿Acaso no era el lugar propicio para
recordarle lo que sufrió porque Pedro no lo
defendió? ¿Y si le recordaba que Él mismo le
había dicho que lo iba a negar?
Me gusta este Jesús porque se le olvida el peca-
do del otro y restituye, levanta al que se cayó,
reivindica al que no se esperaba ser ayudado.
Ese es nuestro Maestro, ese es nuestro Salva-
dor. Jesús, que decidió convertirse en el cor-
dero de Dios que quita el pecado de la huma-
nidad entera.
Preguntas intimas [Link]
Para pensar y
discutir:
1. ¿Has estado acaso en una posición similar
a la de Pedro?
2. Si Jesús te preguntara, ¿me amas?, ¿cuál se-
ría tu respuesta?
3. ¿Estarías abierto a tener una conversación
íntima con el Maestro, así como la tuvo
Pedro?
Preguntas intimas [Link]
Rafa Zelaya
RafaZelaya
Es pastor de jóvenes con años de experien-
cia. Trabaja con los jóvenes adultos en su
iglesia local. Staff del equipo de e625 Costa
Rica. Es consultor en reclutamiento de re-
cursos humanos para varias corporaciones
multinacionales.
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