Sacramento de Penitencia y Reconciliación
Sacramento de Penitencia y Reconciliación
SACRAMENTO DE LA PENITENCIA
1. CANTO INICIAL:
2. ORACIÓN
4. CONVERSACIÓN
a. ¿Qué haces cuando la casa la limpias y después vas y revisas y nuevamente
está sucia?
b. ¿Cuál es tu actitud frente a las faltas de los demás?
c. La familia es un gran don, ¿Qué haces cuando tienes conflictos en tu familia?
d. ¿Qué hacer para crear una cultura de la reconciliación y el perdón?
e. ¿Quién es responsable de la preparación sacramental al Sacramento de la
Penitencia?
(Posibles respuestas) Toda la comunidad cristiana
El obispo es el catequista principal
Los padres de familia (Insistir en este punto)
Toda persona que enseña la fe a niños, jóvenes,
o adultos
Catequistas laicos
El clero
f. ¿Desea tener una relación personal con Cristo, para ti y para tu hijo?
5. REFLEXIÓN
La relación de los padres con los hijos no abarca solo un determinado tiempo. Esta se
inicia en el momento de la concepción, por ello es importante que desde que está en el
vientre la creatura debe escuchar la voz del padre e igualmente, aunque los vínculos
son más estrechos, la voz de la madre. Y esta dura hasta la eternidad, pues aunque la
madre o el padre dejen este mundo, siguen siendo padre y madre, con otro tipo de
relación de parte de los hijos hacia ellos.
Cada día estas relaciones deben buscar mejorarse a través del dialogo, del compartir,
sacando tiempo para estar con los hijos y compartir con ellos, desde las tareas
escolares hasta los gustos y anhelos de los hijos, igualmente que los hijos sean
conocedores de las situaciones económicas que se puedan estar dando en el hogar y
pedir su colaboración, aunque sea ahorrando o cuidando lo poco que se posea.
En el camino de la fe, los padres deben buscar compartir la relación de sus hijos con
Dios. Una relación personal con Cristo NO ES formado en uno o dos años escolares.
Se embarca en una JORNADA de TODA LA VIDA para profundizar la relación con
Cristo. Siente CONVERSIÓN y desea RESTABLECIMIENTO de la relación con Cristo
cuando el pecado ha quebrantado dicha relación.
En esta tarea los primeros responsables son los padres. El día que llevaron el hijo al
bautizar, después de solicitar el sacramento, el Sacerdote les pregunto: ¿Son
conscientes de la obligación de educar en la fe a su hijo…? A la que respondieron
afirmativamente. Esta educación no es solo de hacer consciente al hijo sobre el don de
la fe, es llevarlos a una buena relación con Dios. Una relación que se puede romper por
dejarnos llevar de las debilidades humanas, que se cae en las tentaciones y dejarse
llevar por el maligno. Por eso en nombre del infante los padres y padrinos hacen unas
renuncias en el momento de los compromisos bautismales.
Vamos hoy a recibir una información que nos llevará a una transformación y ayudar a
nuestro hijos a vivirla, sólo cuando el CORAZÓN este abierto a tener un
ENCUENTRO con DIOS.
El ENCUENTRO con DIOS requiere:
• Reconocimiento del amor fiel de Dios.
• Reconocimiento de la existencia del pecado y de la capacidad de cometer
pecado.
• Reconocimiento del poder de Dios de perdonar el pecado y reconciliar al pecador
con él mismo y con la Iglesia.
• El plan de Dios para la santidad y la salvación de todos.
• El amor y misericordia infinitos de Dios.
• Es preciso darse cuenta de la grandeza del don de Dios que se nos hace en los
sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Eucaristía y confirmación), para
comprender hasta qué punto el pecado es algo que no cabe en aquel que "se ha
revestido de Cristo" (Ga 3,27). Pero el apóstol san Juan dice también: "Si
decimos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros"
(1 Jn 1,8). Y el Señor mismo nos enseñó a orar: "Perdona nuestras ofensas" ( Lc
11,4) uniendo el perdón mutuo de nuestras ofensas al perdón que Dios concederá
a nuestros pecados.
• El pecado es rechazar a Dios y no amar como se debe
• Los Diez Mandamientos nos enseñan cómo debemos amar a Dios y al prójimo.
• Los pecados mortales: materia grave, pleno conocimiento, consentimiento
deliberado.
• Algunos factores disminuyen la responsabilidad y culpabilidad de acciones
cometidas.
6. LLAMADO A LA ACCIÓN
Los frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones de quien
recibe el sacramento. Para el Sacramento de la Penitencia hay que cumplir con
cada una de las partes de la Confesión:
a) Examen de Conciencia
b) Dolor de corazón
c) Propósito de enmienda
d) Confesión al sacerdote
e) Cumplir la Penitencia
Para el Examen de Conciencia debemos mirar:
Mis actitudes para con Dios
¿Amo en verdad a Dios con todo mi corazón o vivo más pegado a las cosas materiales?
¿Me he preocupado por renovar mi fe cristiana a través de la oración, la participación
activa y atenta en la misa dominical, la lectura de la Palabra de Dios, etc.? ¿Guardo los
domingos y días de fiesta de la Iglesia? ¿He cumplido con el precepto anual de la
confesión y la comunión pascual?
¿Tengo una relación de confianza y amistad con Dios, o cumplo solamente con ritos
externos?
¿He profesado siempre, con vigor y sin temores mi fe en Dios? ¿He manifestado mi
condición de cristiano en la vida pública y privada?
¿Ofrezco al Señor mis trabajos y alegrías? Recurro a Él constantemente, o ¿sólo lo
busco cuando lo necesito?
¿Tengo reverencia y amor hacia el nombre de Dios o le ofendo con blasfemias, falsos
juramentos o usando su nombre en vano?
Mis actitudes para conmigo mismo
¿Soy soberbio y vanidoso? ¿Me considero superior a los demás?
¿Busco aparentar algo que no soy para ser valorado por otros? ¿Me acepto a mí mismo,
o vivo en la mentira y el engaño? ¿Soy esclavo de mis complejos?
¿Qué uso he hecho del tiempo y de los talentos que Dios me dio? ¿Me esfuerzo por
superar los vicios e inclinaciones malas como la pereza, la avaricia, la gula, la bebida, la
droga?
¿He caído en la lujuria con palabra y pensamientos impuros, con deseos o acciones
impuras?
¿He realizado lecturas o asistido a espectáculos que reducen la sexualidad a un mero
objeto de placer?
¿He caído en la masturbación o la fornicación? ¿He cometido adulterio?
¿He recurrido a métodos artificiales para el control de la natalidad?
Mis actitudes para con mis hermanos y con la creación
¿Amo de corazón a mi prójimo como a mí mismo y como el Señor Jesús me pide que lo
ame?
¿En mi familia colaboro en crear un clima de reconciliación con paciencia y espíritu de
servicio? ¿Han sido los hijos obedientes a sus padres, prestándoles respeto y ayuda en
todo momento? ¿Se preocupan los padres de educar cristianamente a sus hijos y de
alentarlos en su compromiso de vida con el Señor Jesús?
¿He abusado de mis hermanos más débiles, usándolos para mis fines?
¿He insultado a mi prójimo? ¿Lo he escandalizado gravemente con palabras o con
acciones?
Si me han ofendido, ¿sé perdonar, o guardo rencor y deseo de venganza?
¿Comparto mis bienes y mi tiempo con los más pobres, o soy egoísta e indiferente al
dolor de los demás? ¿Participo de las obras de evangelización y promoción humana de la
Iglesia?
¿Me preocupado por el bien y la prosperidad de la comunidad humana en la que vivo o
me paso la vida preocupado tan sólo de mí mismo? ¿He cumplido con mis deberes
cívicos? ¿He pagado mis tributos?
¿Soy envidioso? ¿Soy chismoso y charlatán? ¿He difamado o calumniado a alguien? ¿He
violado secretos? ¿He hecho juicios temerarios sobre otros?
¿Soy mentiroso?
¿He hecho algún daño físico o moral a otros? ¿Me he enemistado con odios, ofensas o
peleas con mi prójimo? ¿He sido violento?
¿He procurado o inducido al aborto?
¿He sido honesto en mi trabajo? ¿He usado rectamente de la creación o he abusado de
ella con fines egoístas? ¿He robado? ¿He sido justo en la relación con mis subordinados
tratándolos como yo quisiera ser tratado por ellos? ¿He participado en el negocio o
consumo de drogas? ¿He caído en la estafa o el fraude? ¿He recibido dinero ilícito?
Para reflexionar:
Lucas 18, 35-43
• ¿Qué dice este pasaje acerca del encuentro entre el hombre ciego con
Cristo?
• ¿Qué le pregunta Jesús al ciego en el versículo 41 y qué nos dice esta
pregunta acerca de la disposición del ciego?
• ¿Hay algo más en este pasaje que es significativo para usted?
• ¿De qué manera puede ayudarle este pasaje en la preparación de quienes
van a encontrar a Cristo en el Sacramento of Reconciliación?
• Tratamos de hacer lo mejor posible –Nos esmeramos en ofrecer la
preparación correcta, verdad?
• Pero… es posible que aquellos, a quienes hemos preparado, no practican la
fe... ¿En dónde estarán en los meses o años después de recibir los
sacramentos?
2. ORACIÓN
4. CONVERSACIÓN
a. ¿Qué es lo que más le reclaman sus hijos en el hogar?
b. ¿Cuál es la mayor inversión de esfuerzos y recursos que hacen en sus hijos?
c. Sus hijos van a recibir la Primera Comunión: ¿Qué os ha motivado a traerles y
acompañarles?
Posibles respuestas:
o La fiesta familiar y social propia de la primera comunión;
o porque es lo que toca pues es lo que hacen la mayoría de los niños a su edad;
o el que vuestro hijo deseaba hacer la comunión y vosotros habéis querido
colaborar en ello;
o el buen recuerdo que vosotros guardáis del día de vuestra primera comunión y
deseáis que vuestro hijo viva algo parecido;
o vuestro interés en que vuestro hijo conozca más a Jesús…
o Pero más allá de la fiesta de un día concreto lo que hemos pretendido como
parroquia es que los niños aprendieran a querer a Jesús como Amigo, a
conocer y vivir a su nivel la Eucaristía y desearan y se esforzaran por acudir
los domingos a esta cita con Jesús que es la misa.
Presentar la película ―El Gran Milagro‖
5. REFLEXIÓN
El guía debe exponer vivencialmente algunos significados fundamentales del
sacramento de la eucaristía.
a) La importancia de la eucaristía: Tomad y comed, tomad y bebed
- La Iglesia sigue empleando muchos esfuerzos para acercar a los niños a la Eucaristía.
¿Sabes por qué la Iglesia le da tanta importancia a la misa? Porque entre todas las
presencias de Jesús en nuestra vida, su presencia en la eucaristía es
particularmente significativa como Amigo, como Alimento, como Salvador… La gran
dificultad es que los padres de familia y sus representantes no le dan importancia a
este sacramento y creen que con cumplir con sus hijos llevándolos a la Primera
Comunión ya basta y se convierte en la última.
Le damos importancia a buscar el alimento diario para la familia, el alimentar el cuerpo
y se nos olvida alimentar el espíritu, de cumplir con el compromiso de Educar en la Fe
que se hizo el día del Bautismo y la fe se alimenta con el encuentro frecuente con el
Señor en la oración y la Eucaristía
- Así lo quiso Jesús y lo hizo posible en la última cena antes de su pasión y muerte.
―Cuando llegó la hora se puso a la mesa y los apóstoles con él y les dijo: ‗He deseado
ardientemente comer esta pascua con vosotros antes de padecer‘… Tomando el pan, dio
gracias, lo partió y se lo dio diciendo: ‗Esto es mi cuerpo que es entregado por
vosotros. Haced esto en memoria mía‘.
Y del mismo modo tomó el cáliz, después de haber cenado, diciendo: ‗Este cáliz es la
nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros‘‖ (Lc 22,14-15.19-20).
* Pistas para comentar este relato evangélico:
o Para Jesús comer con la gente era algo habitual y a lo que daba mucha importancia.
En el texto que acabamos de leer nos encontramos con Jesús que -siendo
consciente de que llegaba el final de su vida- ―desea ardientemente‖, necesita
cenar con sus amigos para despedirse de ellos.
En esta cena –que es una celebración de amistad- Jesús les dice a sus discípulos
que el pan y el vino se convertirán en su cuerpo y sangre. Esta presencia de Jesús
haciendo del pan y del vino su cuerpo y su sangre no es algo meramente
simbólico sino que sucede realmente. Ciertamente no es algo que podamos
comprobar con nuestros sentidos. Para aceptarlo hemos de confiar en las palabras
de Jesús.
Jesús sabe que los hombres necesitamos una presencia física, algo que ver, que
tocar. Esta presencia nos la ofrece en el pan y el vino de la eucaristía. Una
Presencia misteriosa, pero real: ―Esto es mi Cuerpo, esta es mi Sangre‖… es decir,
―Este soy Yo, que he prometido quedarme siempre con vosotros‖. A esta Presencia
puedo acercarme para hablar, contar mis cosas, escuchar… Santa Teresa decía que
se reía de los que decían que quisieran haber vivido en tiempos de Jesús cuando le
tenemos tan real en el sagrario.
Esta Presencia sacramental está con nosotros, a nuestra disposición. Muchas
personas se acercan a pasar un rato con Él en el sagrario y experimentan que
realmente está.
Para evitar complicaciones, Jesús tomo los elementos más comunes y sencillos de
la vida cotidiana de su época: Pan y Vino, para hacernos más asequible su cercanía y
poner disculpas.
o ¿Y cómo se encuentra Jesús en la eucaristía? Está entregándose a nosotros y
por nosotros: ―Esto es mi cuerpo que es entregado por vosotros‖. Si tuviéramos
unas gafas especiales para ver a Jesús en la eucaristía le veríamos diciéndonos:
―Toma y come. Déjame que te alimente y sacie tu sed de cariño, de amor, de vida
verdadera‖.
Jesús sabe también que para vivir necesitamos alimentarnos. ―Yo soy el Pan de
vida‖ (cf. Jn 6,35) Pero un Pan muy especial pues el que lo coma no tendrá más
hambre, quedará saciado. Por tanto, un pan que sana y salva, que da la vida eterna.
¿Necesito a Jesús-eucaristía como Alimento para mi vida? ¿Qué es lo que
realmente alimenta mi vida?
También dijo: ―Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por
vosotros‖ que es como si nos dijera: ―Toma y bebe. Acoge la nueva alianza de
amistad que quiero hacer contigo y a través de la cual quiero hacerte semejante a
mí‖.
Él había invitado a los que quisieran ser sus discípulos a beber su cáliz (cf. Mt
20,22). ¿Valoro la alianza de amistad de Jesús hasta dar su vida por mí y
trato de corresponderle? ¿En qué y en quiénes gasto yo realmente mi vida?
―Por vosotros y para vuestra salvación‖. Está ahí por nosotros y para nosotros.
Carne entregada y sangre derramada.
o ―Haced esto en memoria mía‖. Jesús desea que esa cena siga realizándose entre
nosotros en memoria suya. Por eso, la Iglesia –haciendo suyo este deseo de Jesús-
ha celebrado, celebra y celebrará la entrega de Jesús en la eucaristía.
Los que celebramos la eucaristía no debemos estar como meros espectadores de la
entrega de Jesús sino que estamos llamados a hacer nuestra esa entrega. A decir
y hacer con nuestra vida lo mismo que Él: ―Toma y come. Toma y bebe‖.
¿Soy yo alimento para los que me rodean: esposo, esposa, hijos, amigos,
compañeros…? ¿Ofrezco a los demás una amistad que les ayude a crecer como
personas y seguidores de Jesús?
b) Los cristianos nos reunimos los domingos para celebrar la eucaristía
- Para celebrar la última cena del Señor los cristianos nos reunimos porque una
buena mesa se saborea mejor en compañía. Y lo hacemos particularmente los
domingos. ¿Por qué el domingo y no el lunes, el viernes u otro día? Porque es el
día del Señor. La misma palabra domingo viene del latín ―Dominus‖, que significa
Señor, es decir: el domingo es el día del Señor, el día de la resurrección de
Jesús, en el que la Vida en Jesús fue más fuerte que la muerte.
- Ese día Dios, nuestro Padre, quiere reunirnos en familia, a todos los que
somos sus hijos. ¿Para qué? Para que juntos escuchemos su Palabra y nos
dejemos por el amor de Jesús que llegó hasta dar la vida por nosotros. Para que
tengamos una experiencia semejante a la de las ascuas: cuando se separan de la
hoguera se apagan pero si se acercan a las otras vuelven a arder.
- Y es aquí donde los padres tenéis una gran responsabilidad pues los planes del
domingo los hacéis vosotros y porque el ambiente social en el que vivimos no
anima ni favorece el dedicarle un tiempo a Dios.
¿Por qué os empeñáis en que vuestro hijo estudie?, ¿por qué os empeñáis en que
coja buenos hábitos de limpieza, de orden, desde bien pequeño, cuando él
todavía no entiende ni le parece importante? Porque estáis convencidos de que
es algo importante en su educación. Aunque os digan: ―¡Qué pesada o que pesado!
¡Siempre con lo mismo!‖ seguís insistiendo.
Sin embargo, no suele pasar lo mismo cuando se trata de la misa de los
domingos. Cuesta descubrir su importancia, valorar la participación en ella y
poner los medios adecuados para hacerlo posible.
c) Dificultades que experimentamos para participar en la eucaristía
- ¿Algo de lo que hemos señalado hasta aquí es lo que te empuja para participar en
la misa? Y si no es así, ¿por qué vas a misa o por qué no vas a misa? ¿Te sientes
identificado con algunas de las siguientes dificultades para participar en la
misa?
1. La misa me aburre
Algunos dicen:
- ―Tú no sabes lo infumables que son algunas eucaristías: oír a un buen señor que
lee oraciones y más oraciones a toda prisa, como si tuviera que terminar
rápidamente para marcharse a no sé dónde; escuchar luego consejos que nunca
son para mí y además -entre canciones y más canciones aburridas- rezar y más
rezar… Quizá es que no entiendo nada, quizá es que no se me ha explicado con
claridad, con palabras de andar por casa, o quizá es que tengo poca fe‖.
- ―La eucaristía me parece un rollo: nos sentamos, nos ponemos de pie, una oración
por aquí, otra lectura por allá… Siempre es lo mismo. Cuando voy, lo único que
hago es soportar lo que el cura hace‖.
Pistas para superar la dificultad:
o Hay que aceptar que hay muchas misas grises, celebradas sin vigor ni gracia,
donde la participación y el interés son mínimos, las lecturas son mal leídas, las
predicaciones resultan insulsas, ubicadas en el reino de lo etéreo, con unas
comunidades mortecinas donde cada uno va a cumplir con su religiosidad
particular… Por tanto, hay mucho que mejorar en las celebraciones de la
eucaristía y poner mi granito de arena para que así sea. ¿Qué estás dispuesto
hacer?
o No hay que ir a misa buscando un espectáculo entretenido sino un encuentro
con Jesucristo y los otros cristianos. Para ello puede ayudar mucho no
conformándose con ser un mero espectador sino esforzándose por participar
activamente: preparando el corazón mientras uno va hacia la iglesia (―Voy a
encontrarme con el Señor y con un grupo de hermanos en la fe; voy a escuchar a
Jesús que hoy quiere decirme algo. ¿De qué voy a darle gracias a Dios? ¿Qué
llevo en mis manos para presentarle hoy?‖); poniéndose en los bancos cercanos al
altar y junto a otros; participando en la celebración: cantando, prestando
atención a las lecturas y predicación para descubrir lo que Dios quiere decir,
hablando con Dios sobre todo después de la comunión, sacando algún pequeño
compromiso para vivir durante la semana…
o Ser conscientes de que detrás de eucaristías insulsas, detrás de comunidades
defectuosas en las que uno se siente un extraño… está la Presencia del
Resucitado. ―En la asamblea, lo que importa ver y contemplar es lo invisible‖. Y,
por tanto, no hay que privarse de celebrar la cena del Señor.
o Además, hay bastante gente que va a misa con gusto, algunos incluso todos los
días. Eso tiene que ser porque ven algo que a otros se les escapa. La solución
será descubrir qué tiene la misa para que la Iglesia la considere tan
importante.
2. Voy a misa cuando me apetece
―No quiero ir a misa por pura obligación o porque alguien me lo diga. Me parece que ir a
misa tiene que salir de dentro de cada uno. No por rutina sino cuando lo pide el corazón
o se tenga necesidad de estar con Dios‖.
Pistas para superar la dificultad:
o Hemos de participar en la eucaristía porque somos cristianos y los cristianos se
reúnen el domingo (día de la resurrección). El motor de nuestra vida no pueden
ser exclusivamente los sentimientos o apetencias personales. Básicamente,
han de ser las convicciones profundas. Si no fuera así muchos días no iríamos
al colegio o a trabajar, ni siquiera practicaríamos nuestra afición favorita ni nos
encontraríamos con los amigos.
o Muchas veces la relación con Dios se entiende desde uno mismo (lo que yo creo,
lo que a mí me va…) sin ver las cosas desde Dios (¿Cómo le gusta a Él
encontrarse conmigo y con nosotros? ¿Puede agradarle que su hijo hable con Él
y no desee relacionarse con los hermanos?)
o Tener presente que cuanto menos se practica algo, menos apetece volver a
practicarlo. Necesitamos practicar nuestra fe para que se vaya revitalizando
(―La fe se fortalece dándola‖).
Es algo semejante a lo que sucede con la anorexia: uno se siente desganado, sin
hambre. El proceso de curación ha de comenzar por un tratamiento psicológico o
de mentalización; luego, con la ayuda de un experto, habrá que seguir una dieta
personalizada y dar pequeños pasos en la alimentación (que pueden parecer
insignificantes pero que resultan en realidad muy eficaces para lograr el
objetivo último).
3. ¿No vale con rezar a solas?
―Yo rezo casi todos los días por la noche. Con frecuencia entro en alguna iglesia para
pasar un rato. Me gusta estar allí. Encuentro paz. Yo creo que Dios tiene que estar
contento conmigo‖.
Pistas para superar la dificultad:
o No se puede ser cristiano por libre, yo con Dios y Dios conmigo. Va contra la
psicología moderna y la de todos los tiempos. Y contra la voluntad expresa de
Jesús que quiso que sus discípulos se reuniesen, rezasen y alimentasen su fe en
grupo. En otras palabras, la eucaristía es algo distinto de una mera relación
personal que uno puede establecer con Dios. Es la reunión más importante de los
discípulos de Jesús que se encuentran para ahondar y afianzar su
identidad. Es una pausa en la vida cotidiana para ponerse en contacto como
grupo con el Padre común.
o La misa es una fiesta de la comunidad cristiana, no un mero encuentro de
devoción individual. Hemos de pensar que Dios ha preparado su mesa de familia y
nos espera; que la comunidad necesita de nuestra presencia activa. En la
eucaristía la familia de Dios (la Iglesia) escucha la palabra de Dios, le da
gracias, le pide ayuda, come del pan que le regala y fortalece para emprender su
tarea en la vida cotidiana.
o En el piano hay teclas blancas y negras. Si se usan sólo las blancas o las negras
el resultado es muy pobre. Si, en cambio, se utilizan tanto las blancas como las
negras puede expresarse mejor la armonía y belleza de la composición. Algo
semejante ocurre con la eucaristía: el encuentro de los diversos miembros de
la Iglesia (niños, jóvenes, mayores, ancianos, unos grupos y otros…) expresa la
riqueza de la familia de Dios que se reúne en torno a la mesa de la eucaristía.
4. No voy a misa porque soy un cristiano no practicante
―Yo trato de comportarme como una buena persona. Además suelo ir un día a la semana
como voluntario a una residencia de ancianos próxima a mi casa. No me digas que eso no
es suficiente para ser buen cristiano. ¿Qué me añade la misa? ¿Por qué tengo que ir?‖.
―Ha habido momentos de mi vida que me han hecho enfadarme con Dios: la muerte de
mi madre cuando más la necesitaba, la pérdida de trabajo cuando estaba empeñado con
el piso. Si Él no ha impedido estas cosas ¿por qué voy a ir yo a la misa?‖.
Pistas para superar la dificultad:
o Es verdad que hay gente que no va a misa y hace mucho bien y es cierto que hay
que va a misa y luego se porta mal; sin embargo, los primeros no son buenos por
no ir a misa ni los segundos actúan mal por participar en la misa. Por su propia
naturaleza nos hace bien. Si entramos en su lógica cada día seremos mejores,
convirtiéndonos en alimento que da vida a los demás al estilo de Jesús.
o Es una incoherencia decir que se es cristiano no practicante como lo es afirmar
que se es un novio o esposo no practicante (y que, por tanto, no cuida su relación
con su novia o esposa). Sería más exacto hablar de un cristiano inconsecuente
con su fe, un cristiano abandonado y con necesidad de convertirse o un cristiano
en búsqueda.
o No se puede ser plenamente cristiano sin la eucaristía porque Jesús nos pidió
que celebrásemos la eucaristía: ―Haced esto en memoria mía‖. Así lo entendieron
los primeros cristianos que llegaron incluso a dar la vida por transgredir la
orden del emperador que prohibía asistir a la eucaristía.
o No tiene sentido vivir enfadados con Dios cuando Él nos quiere y ha dado su vida
por nosotros. Ciertamente hay momentos en que parece indiferente ante
nuestro sufrimiento y el de nuestros seres queridos pero en realidad no es así.
El mismo Jesús en algunas situaciones parece abandonado de Dios pero con la
resurrección se puso de manifiesto que no era así.
5. No tengo tiempo para ir a misa
―Me gustaría ir a misa pero no encuentro el momento por todas las cosas que tengo que
hacer: en casa, con los hijos, en el trabajo. Cuando me queda un rato libre estoy
agotado y lo único que me apetece es descansar un poco. Estoy convencida de que Dios
lo entiende‖.
Pistas para superar la dificultad:
o Hay que aceptar que esta sociedad cruelmente competitiva nos deja poco tiempo
libre. Pero no parece que sea excesivo dedicarle a la misa del domingo menos
de una hora (de las 168 que tiene la semana).
o Darse cuenta de que en el fondo de la expresión ―no tengo tiempo para ir a misa‖
subyace el que ir a misa es una pérdida de tiempo o, al menos, no es importante.
Siempre se tiene tiempo para lo que realmente se quiere y valora como
importante. En otras palabras: ―Dime en que empleas tu tiempo y te diré que es
para ti lo más importante‖.
En consecuencia, habrá que preguntarse: ¿Por qué no tengo tiempo para Dios,
para encontrarme con Jesucristo, para estar con mi comunidad cristiana, para
fortalecer mi fe, para renovar mi vida y ponerla a tono tras los agobios de la
semana?
o La fe es una débil planta que si no la riego y mimo constantemente, como
cuido y mimo mi familia o mi grupo de amigos, va agostándose y termina por
morir. ¡Cuántas amistades y relaciones se pierden por no cuidarlas!
6. ¿Por qué tengo que ir a misa todos los domingos?
―El domingo –después de los madrugones de la semana- es mi día libre, cuando puedo
dormir, descansar, hacer lo que me apetece y la Iglesia me fastidia con la obligación de
ir a misa. ¿Por qué no da lo mismo ir a misa otro día de la semana?‖.
Pistas para superar la dificultad:
o Los primeros cristianos no se planteaban si tenían que ir a misa los domingos.
Les parecía algo de sentido común porque era el día del Señor Resucitado.
o La eucaristía no puede ser una obligación molesta a cumplir a regañadientes sino
la respuesta libre y personal a la invitación que nos dirige Jesucristo.
6. LLAMADO A LA ACCIÓN
Para poder conocer y vivir la grandeza de la Eucaristía vamos a compartir en grupo lo que
es la estructura de la Eucaristía. Al leerlo descifremos como participar en ello y cuando
se va hacer comunicárselo al sacerdote celebrante.
Hacer una hoja que se entregue a los padres
¿CÓMO ESTÁ ESTRUCTURADA LA EUCARISTÍA?
A) Reunirse como asamblea y prepararse para la celebración
o Habiendo sido convocados por el Dios amor (Padre, Hijo y Espíritu Santo) los
cristianos dejan el propio hogar para reunirse fraternalmente como comunidad
creyente en la casa paterna (la iglesia).
o Invocado el Dios trinitario, se toma conciencia de la misericordia divina como
respuesta a la condición pecadora propia de todo hombre.
B) Escuchar la palabra de Dios
o Se hace memoria de la actuación de Dios a través de la historia, no del pensamiento de
una persona concreta, por muy ejemplar que sea, por muy buenos que sean sus poemas
o relatos.
o La lectura del evangelio debe ocupar siempre un lugar privilegiado por ser Cristo la
última y definitiva Palabra de Dios.
o La homilía ha de ser una actualización de la palabra de Dios escuchada, exhortando a
acoger lo que se ha escuchado como lo que verdaderamente es, palabra de Dios, y a
ponerla en práctica. No se trata tanto de iluminar las mentes como de mover los
corazones, para que los oyentes de la Palabra se sientan impulsados a actuar conforme
a ella. Por tanto, ha de presentar la palabra de Dios proclamada como fermento de un
estilo de vida cristiano.
o La llamada oración de los fieles consiste en hacer llegar a Dios algunas peticiones a
favor de la Iglesia, de nuestro mundo y de todo tipo de necesidades personales y de
los demás. Al mismo tiempo es preciso comprometerse en poner remedio a todas esas
necesidades, pero no como seres autosuficientes, sino sostenidos por la fuerza de
Dios.
C) Orar con la plegaria eucarística: preparar el pan y el vino; dar gracias a Dios;
hacer memoria (memorial) de la cena del Señor.
o Ofertorio: momento para preparar el pan y el vino que, por la acción del Espíritu
Santo, se transformarán en el cuerpo y sangre de Cristo. Está bien que, con medida,
se hagan ofrendas de aspectos de la propia vida pero sin que falten nunca el pan y el
vino, que son los elementos esenciales. SE OFRENDAN ELEMENTOS QUE VA A
DEJAR EN EL TEMPLO PARROQUIAL Y NO ES UN ODORNO DE LA
CELEBRACIÓN.
o Plegaria eucarística: conduce a valorar la vida y a trabajar para que todos puedan dar
gracias a Dios por el don de la vida.
o Memorial de Cristo: empuja a luchar para que la vida que brota de la pasión-muerte-
resurrección de Jesucristo triunfe constantemente sobre todos los factores de
muerte-destrucción.
D) Comer de la cena del Señor: prepararse; comulgar; dar gracias por la comunión.
Recibir el cuerpo de Cristo es un gran acontecimiento y como tal hay que prepararlo y
celebrarlo.
o Se prepara: orando con el Padrenuestro (pidiéndole al Padre que se predisponga para
acoger adecuadamente a su Hijo, que perdone los pecados y que se sea capaz de
perdonar a los que ofenden, que la comunión sea la fuerza para luchar por la causa del
reino de Dios…); intercambiándose un signo de paz; reconociendo la condición de
pecadores (―Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros‖
y ―Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para
sanarme‖), acercándose en un clima de fe, agradecimiento y alegría para recibir la
comunión.
o Se recibe: comulgando con fe el alimento de la vida (Amén: creo en la presencia real
de Jesucristo y la hago mía).
o Se prolonga en unos momentos de oración: agradeciendo el don recibido, presentando
al Señor los proyectos e inquietudes, dejando la vida en sus manos, proponiéndose
cómo vivir la eucaristía celebrada cuando se acabe la misa.
E) Ser despedidos y enviados por el sacerdote que preside
o Se recibe la bendición de Dios y el sacerdote, en nombre de la Iglesia, nos envía a
construir la paz, la justicia, la fraternidad…, es decir, el reino de Dios, desde la
práctica de Jesús. Se sale de la eucaristía con la bendición de Dios, es decir, con la
fuerza del Señor que acompaña, para construir la paz y para dejar entre la gente lo
que se ha recordado y actualizado en la misa.
o Los cristianos se reúnen y –concluida la celebración- se dispersan. Rezan a Dios que les
da la paz y les envía a sus quehaceres para ser otros ―cristos‖, para hacer presentes
en el mundo las mismas realidades que han vivido, de una manera simbólica y
sacramental, en la celebración.
6. LLAMADO A LA ACCIÓN
Los padres tienen la tarea de hacer feliz a sus hijos, pero tenga en cuenta que los
hijos no son una especie rara, todos los seres humanos somos moldeables y
enseñables. Lo único que se requiere son padres dedicados; ellos no cambian de la
noche a la mañana, no es tres años de dedicación, es toda su vida dedicada a la
formación de los hijos.
Cuando no se tiene la vocación de ser padres, los hijos se vuelven una carga, un
problema, un dolor de cabeza, algo que no se puede aguantar, ya le pagan las
vacaciones, le buscan un curso de algo. Los padres no quieren tener la
responsabilidad de los hijos, no hay comunicación entre ellos, no se conocen las
amistades; sólo cuando hay problemas es cuando se habla con ellos.
Los hijos son como un diamante en bruto que necesita ser pulido, como esa piedra
que necesita ser tallada para obtener una obra de arte, para que al final, sean
nuestra recompensa y ser una familia feliz.
¿Qué es ser feliz? El diccionario señala que la felicidad es un estado de ánimo que
se complace en la posesión de un bien. Saber que estamos haciendo lo correcto en
la familia, aunque nos cueste todo, fuerzas, tiempo y dinero, y al ver el resultado en
el matrimonio y los hijos, esto trae gran satisfacción. Esta es la verdadera
felicidad.
Tales de Mileto decía: ―El hombre feliz era el sabio que sabía vivir la vida.‖
Hay una gran diferencia entre ser padre y ser esposo; hay una gran diferencia
entre la vocación matrimonial y la vocación paternal. Es importante que usted tenga
un equilibrio y sea un experto en ambas, y nuestro mayor deseo es que usted sea
muy dedicado en su matrimonio y con sus hijos.
7. PARA FRELEXIONAR
a. ¿Quieres la felicidad de tu hijo?
b. ¿Qué haces para ello?
c. ¿Cuál es tu comportamiento para llevar a tu hijo a la felicidad?
ENCUENTRO 15 CON REPRESENTANTES
EDUCACIÓN PARA LA VOCACIÓN DEL HIJO
(SACRAMENTO DEL ORDEN)
1. CANTO INICIAL:
2. ORACIÓN
3. TEXTO BIBLICO: 1 Cor 7, 1-11.17.25-40
4. CONVERSACIÓN
a. En el encuentro anterior hablamos sobre la vocación al matrimonio y a ser padre
de familia, ¿haz descubierto en tu hijo dicha tendencia?
b. ¿Descubres en tus hijos otras cualidades que puede desarrollar mejor en otro
campo de la vida o estilo de vida?
c. ¿Qué haces para fomentarle estas cualidades?
5. REFLEXIÓN
Robos, asaltos, secuestros... Todos esos desmanes hoy están al orden del día. Y me apena
comprobar que gracias ellos nuestras sociedades se estén construyendo sobre la
desconfianza, la incertidumbre y el miedo. Se contratan guardaespaldas, se refuerzan los
cerrojos de las casas, se instalan alarmas en los negocios, se blindan los automóviles. Pero
se da algo aún peor que todo eso: se acorazan las almas y se amurallan los corazones en
una ausencia casi total de seguridad y de confianza en los demás. Y así, nuestro mundo,
¿cómo no va a ser cada día más inhabitable?
En esta marcada inestabilidad social vamos a traer a colación precisamente un secuestro.
Uno -con todo y los que hoy se dan- fuera de lo normal.
La vocación es un don divino completamente inmerecido para cualquier persona; y para
los padres, que Dios llame a sus hijos supone una caricia muy especial de Dios. Cuando Dios
llama a un hijo para que se entregue plenamente a su servicio (en cualquiera de sus
formas: en el sacerdocio, en la vida religiosa, en la entrega plena en medio del mundo,
etc.), inmediatamente brota en el alma un acto de acción de gracias, pues supone un
verdadero privilegio. "Los padres deben acoger y respetar con alegría y acción de gracias
el llamamiento del Señor a uno de sus hijos" (Catecismo Iglesia Católica, n. 2233).
Los padres cristianos que han entendido la vocación misionera de la Iglesia se esfuerzan
por crear en sus hogares un clima en el que pueda germinar la llamada a una entrega total
a Dios.
Dice San Juan Pablo II: "La familia debe formar a los hijos para la vida, de manera que
cada uno cumpla con plenitud su cometido, de acuerdo con la vocación recibida de Dios.
Efectivamente, la familia que está abierta a los valores trascendentes, que sirve a los
hermanos con alegría, que cumple con generosa fidelidad sus obligaciones y es consciente
de su participación en el misterio de la Cruz gloriosa de Cristo, se convierte en el primero
y mejor semillero de vocaciones a la vida consagrada al Reino de Dios" (Juan Pablo II,
Familiaris Consortio, n. 53).
Sin embargo hay padres de familia que ante la realidad de la vocación a la vida ministerial
en el sacerdocio o vida religiosa de sus hijos se alarman y hasta se oponen, lo le brindan
apoyo, y se dicen creyentes en Dios. Esperan en sus hijos otras realidades que no van de
acuerdo a aquellas cualidades extraordinarias.
Dios capacita para realizar una misión particular, una tarea individual, a favor de la
humanidad. Y en la medida que va descubriéndolas debe ir descubriendo en que campo de
la vida puede desarrollarla mejor. Para ello se requiere tener presente que al venir al
mundo no se vino de vago, tiene una tarea a cumplir a favor de la humanidad.
Una gran ayuda para ello es colocar todas las empresas en manos de Dios. Pues dice el
profeta Isaías: ―‖Yahvé tu nos pondrás a salvo, que también llevas a cabo todas nuestras
obras.‖ (Is 26, 12).Dios nos da la paz, la serenidad, la tranquilidad, la prosperidad, cuando
tenemos la valentía de confiar en Dios todas nuestras empresas, nuestros anhelos, las
tareas a realizar. Ello exige convertirnos verdaderamente a Dios. Debemos llevar a los
hijos también a esta primera área: Convertirse.
El apóstol Pablo, en la primera Carta a los Corintios, recomienda que, al convertirse a
Cristo, cada uno debería permanecer en el estado en que se encontraba. Y esto debe
aplicarse a cualquier relación humana. Pablo amplió la aplicación de este principio a otras
relaciones de la vida. Si alguien que estaba circuncidado, es decir un israelita, se
convertía a Cristo, no debía tratar de comportarse como un no judío. Y si el convertido a
Cristo era un no judío, no debía tratar de convertirse en un israelita. La circuncisión o el
estado de no circuncidado ya no eran importantes. El asunto importante había pasado a
ser la obediencia a Cristo. Porque tanto el israelita como el no judío eran uno, unidos a
Cristo. Lo importante era que cada uno debía permanecer en el estado en que se
encontraba en el momento de aceptar a Cristo.
En esa época había personas esclavas y libres. Si alguien era el siervo de un hombre, no
debía tratar de salir de esa situación, intentando liberarse, pensado que eso era lo que
Dios quería que hiciese. Por ello, al convertirse, no debía preocuparse de su posición
social. Su llamamiento cristiano consistía en servir a Dios donde se encontrara. Claro que
esta norma no excluía que, si podía ganar su libertad legítimamente, así lo hiciese. Pero la
relación con el Señor lo alteraba todo desde un punto de vista espiritual. Cuando un
esclavo se convertía en un cristiano, era libertado de la esclavitud del pecado y de la
muerte. Y cuando alguien que no era esclavo, se hacía cristiano, se transformaba en
esclavo de Cristo, es decir que como creyente le debía a Él, que se había convertido en su
Señor, completa lealtad y servicio.
Cuando una persona se convierte, indiferentemente de la actividad que esté llevando a
cabo, de su ocupación profesional y del lugar en que se encuentre u ocupe en la sociedad,
deberá quedarse en esa posición, siempre y cuando sea libre para vivir plenamente su
relación con Dios. Dios debe ocupar el primer lugar en la vida del creyente, y esto se
expresa directamente en la frase final del versículo 20 del capítulo 7 de la primera carta
a los Corintios, cuando Pablo dijo: "así permanezca con Dios". Ahora, si su situación o
circunstancias no permiten que Dios ocupe el primer lugar en su vida, entonces sí, deberá
cambiar la situación. Y ése será un paso de fe. Y Dios, que honra la fe, le proporcionará un
lugar mejor, junto con todo lo necesario para vivir y agradarle.
El texto que hemos leído constituye una respuesta a una pregunta que los Corintios le
habían formulado a Pablo, relacionada con las hijas adultas, en edad para contraer
matrimonio. Recordemos que todo esto deber ser interpretado a la luz de las
circunstancias locales de Corinto en los días de Pablo, y después puede ser aplicado a los
días en que vivimos, según nuestras propias circunstancias. Corinto era un lugar muy
corrupto, y especialmente los hombres, se corrompían en esa ciudad. En cualquier ocasión
en que la mujer llega a corromperse, el hombre descenderá a un bajo nivel moral.
Pablo dijo específicamente que en cuanto a estas jóvenes vírgenes, no tenía mandamiento
del Señor. Pero iba a dar su opinión como un juez digno de confianza por haber obtenido la
gracia y misericordia de Dios, y quería ser fiel a Dios. Por el testimonio del Espíritu, él
estaba seguro de que su opinión era acorde con el pensamiento de Dios. Aunque era
consciente de sus debilidades humanas, Pablo afirmó que por la misericordia del Señor él
podía hablar con autoridad. Ésa era la base que él tenía para decir que nosotros debemos
dejar que los creyentes juzguen nuestros asuntos, porque ellos conocen la misericordia de
Dios, ellos la han obtenido. En otras palabras, Pablo poseía las cualificaciones que un juez
debía tener, tal como les había dicho en el capítulo 6. Y después les dijo en los versículos
26 y 27 de este capítulo 7 de la Primera Epístola a los Corintios: "Tengo, pues, esto por
bueno a causa de las dificultades del tiempo presente: que hará bien el hombre en
quedarse como está. ¿Estás unido a mujer? No trates de separarte. ¿Estás libre de
mujer? No trates de casarte".
Ahora, esta necesidad que apremiaba era la terrible situación que reinaba en Corinto y
que Pablo sabía que no iba durar. Alguien quizás pregunte: ¿Cree usted que esta excesiva
inmoralidad, que este desacato a las leyes continuará? No puede continuar, estimado
oyente, porque si continuase, acabaría con nuestros hogares y destruiría totalmente
nuestros pueblos. Y entonces sí que todo llegaría a su fin.
¿Y qué dijo después? Que en el contexto de la difícil situación de aquellos días, teniendo
en cuenta que habían conocido a Cristo en un período tan difícil, si un hombre estaba unido
a una mujer, debía quedarse con ella. Si ella no era salva, tendría que quedar a su lado el
mayor tiempo posible. Al que no estuviera casado, entonces, a causa de la aflicción
ocasionada por la tremenda inmoralidad de aquel lugar, le sería mejor no casarse. Y Pablo
aclaró que aquella era su opinión. Y continuó diciendo en el versículo 28: "Ahora bien, si te
casas, no pecas; y si la joven se casa, no peca; pero los que se casan tendrán problemas en
esta vida, y yo os los quisiera evitar".
Por supuesto, no era un pecado casarse. Pero lo que quería decir era que el mar del
matrimonio era un mar encrespado, aun en las circunstancias más favorables. Y él estaba
tratando de librarles de muchas dificultades. El quedarse soltero evitaba muchas
aflicciones terrenales; esto podía ser también una referencia a los cuidados y problemas
que, inevitablemente, están involucrados en la vida familiar. En nuestros días estamos
presenciando el naufragio de un creciente número de matrimonios, incluso entre los
creyentes, cada vez se presentan más casos. Esto revela que nosotros también nos
encontramos en una necesidad que apremia, porque los métodos o consejos humanos
pueden ayudar a suavizar por un tiempo algunos de los problemas de la convivencia, pero
resultan insuficientes a la hora de sanar las heridas emocionales y provocar una actitud
de perdón. Sólo la acción conjunta de la Palabra y el Espíritu puede transformar la
situación, siempre y cuando los miembros de la pareja deseen sinceramente que Dios
actúe para restaurar la unidad familiar perdida.
Después, Pablo pasó a tratar otros asuntos con sus lectores, todos ellos a la luz de los
problemas de la época, la brevedad del tiempo, la urgencia y la proximidad de los
acontecimientos. Entonces procedió a mencionar cinco cosas necesarias, todas inevitables,
y que constituye la experiencia común de los seres humanos en este mundo. Y las
mencionemos a continuación: el matrimonio, el dolor, la alegría, el comercio y el mundo en
general.
El matrimonio fue el primer tema que trató. Pablo dijo que estaba bien que se casaran,
pero debían recordar que iban a tener problemas. Y eso es algo que uno trata de
mencionar siempre que tiene oportunidad de aconsejar a los jóvenes. La fase romántica
del matrimonio pasará. Y cuando se deba hacer frente a ciertos gastos necesarios, y no
haya suficiente dinero en la cuenta, entonces el aspecto romántico comenzará a
esfumarse. Notemos ahora, lo que dijo el apóstol aquí en el versículo 29, de este capítulo
7, de la Primera carta a los Corintios: "Pero esto digo, hermanos: que el tiempo ha sido
acortado. De modo que de ahora en adelante los que tienen esposa sean como si no la
tuvieran"
En otras palabras, Pablo decía que a pesar de la presión de aquellos momentos, debían
colocar a Dios en primer lugar. Aparte de la angustia a causa de la situación local que,
evidentemente, presionaba a los corintios, algunos expositores ven en la frase "el tiempo
se ha acortado" una referencia a la inminencia del retorno del Señor. Es decir que, si
estaban casados, ¿podían actuar como si no estuvieran casados y darle la prioridad a
Dios? Luego él continuó hablando de otros asuntos. Leamos el versículo 30: "Los que
lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran,
como si no poseyeran"
Por lo tanto, desde aquel momento en adelante, ellos no deberían preocuparse más por
todo lo que normalmente absorbía su atención, ya fueran sus relaciones terrenales con sus
esposas, o las experiencias cotidianas como llorar, alegrarse y comprar. Este versículo nos
enfrenta con algunas preguntas muy personales. ¿Va usted a permitir que alguna aflicción,
alguna tragedia en su vida, le impida servir a Dios? ¿Va usted a permitir que el placer
ocupe el lugar de su relación con Dios, como es el caso de muchos? ¿Permitiría usted que
sus negocios ocuparan el lugar de Dios? Muchos han convertido a sus actividades
comerciales en su dios. Y continuó luego el apóstol Pablo diciendo en el versículo 31: "y los
que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutaran, porque la apariencia de este
mundo es pasajera".
Estamos en el mundo, pero no debemos pertenecer al sistema que opera en este mundo.
Pero esto no quiere decir que nosotros vamos a andar por el mundo con una actitud de no
tocar, no probar, y de no asumir responsabilidades. Debemos disfrutar de todo lo hermoso
que Dios ha creado en esta tierra. Cuando uno viaja puede contemplar en algunos lugares
hermosos bosques con gigantescos árboles, ríos caudalosos, lagos y la inmensidad del mar.
Éstas son experiencias que reaniman nuestros corazones. Uno puede admirar estas
maravillas de la naturaleza, pero sin olvidarnos del que las creó, y a quien únicamente
debemos atribuir todo el honor y la gloria de la creación. Y es bueno recordar esto en una
época en que la gente tiende cada vez más a ensalzar el orden creado y a la sabiduría
humana, y a rechazar al Creador. Dijo el apóstol; "porque la apariencia de este mundo es
pasajera". O sea, que este mundo es transitorio, se ha de terminar. La frase como si no lo
disfrutaran (refiriéndose al mundo) podría expresarse mejor, como lo traduce otra
versión, "como si no lo aprovecharan plenamente", es decir, no disfrutándolo al máximo, es
decir, no siendo absorbidos por sus cosas. Estimado oyente, ¿quién controla su vida, las
cosas de esta vida, o Cristo? Estas son las opciones que planteó Pablo en este párrafo
Después, el apóstol volvió a tratar el asunto del matrimonio. Leamos el versículo 32:
"Quisiera, pues, que estuvierais libres de preocupación. El soltero se preocupa por las
cosas del Señor, de cómo agradar al Señor"
Aquí Pablo presentó algunas observaciones prácticas. El soltero no tiene por qué
preocuparse de tareas como la provisión de alimentos para una familia, o del cuidado de
los niños. Él, o ella, pueden dedicar más tiempo a los asuntos del reino de Dios. De esa
manera, su ocupación será agradable para ellos y para el Señor. Leemos el versículo 33:
"pero el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer".
Y eso es algo normal, natural. Pablo no estaba diciendo que estuviera mal. Sólo que sus
intereses estaban divididos. Es decir, que como buen esposo deseaba agradar a su esposa,
y como buen cristiano, quería agradar a su Señor. Y en el próximo versículo leemos que la
mujer confronta una situación similar, en los versículos 34 y 35: "Hay asimismo diferencia
entre la casada y la que no se casó. La que no se casó se preocupa por las cosas del Señor,
para ser santa tanto en cuerpo como en espíritu; pero la casada se preocupa por las cosas
del mundo, de cómo agradar a su marido. Esto lo digo para vuestro provecho; no para
poneros una restricción, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os
acerquéis al Señor".
O sea, que si la mujer era soltera, podía servir al Señor de todo corazón y sin las
distracciones de una familia, aun cuando en sí mismas, fueran legítimas. Podía dedicarse a
la santidad personal o a la consagración plena. Como dice el escritor, tanto en cuerpo como
en espíritu. Pablo estaba dejando bien en claro que lo más importante era colocar a Dios
en primer lugar. Ése debía ser el factor determinante para cada uno de los miembros de la
relación matrimonial, indiferentemente de quienes sean, y del nivel espiritual que tengan.
Si cada uno de los cónyuges no le da la prioridad a Dios en el matrimonio, entonces, ése no
es un matrimonio cristiano ideal.
Leamos ahora los versículos 36 al 38, de este capítulo 7 de 1 Corintios: "Pero si alguno
piensa que es impropio que a su hija virgen se le pase la edad, y que es necesario casarla,
haga lo que quiera, no peca: que se case. Pero el que está firme en su corazón, sin tener
compromiso que lo obligue, sino que, dueño de su propia voluntad, ha resuelto en su
corazón guardar virgen a su hija, bien hace. De manera que el que la da en casamiento
hace bien, pero el que no la da en casamiento hace mejor".
La Iglesia pide a los sacerdotes que, para dedicarse totalmente a su ministerio, renuncien
a mantener relaciones sexuales, a tener una pareja, lo que se llama el celibato. Algunas
personas cuestionan que eso sea posible y ante las caídas de algunos curas denuncian
hipocresía. ¿Es posible realmente que los sacerdotes nunca practiquen sexo?
El celibato no es el arte de no amar a nadie, es el arte de amar a todos sin poseer
a nadie. Es posible, y muchísimos sacerdotes han vivido y viven con fidelidad este ideal.
Los célibes hemos sido llamados por el Señor Jesús a darle al mundo una visión que
sobrepasa lo puramente fisiológico, ayudarle a re-comprender aquella opción que nos
presentan los que viven en la carne y han vendido la idea de que no es posible vivir sin
pareja o que todos, absolutamente todos los seres humanos están llamados a procrear y
engendrar.
El celibato es un estado de permanente compañía en el Señor, de gozo y plenitud de
la existencia, un llamado del Señor, que da toda las fuerza del mundo para trabajar
por una causa que nos supera a nosotros mismos y que es más grande que la existencia
misma.
En la vida de cada día ¿cómo logran los curas vivir estos objetivos? Es importante la
experiencia de Jesús en el corazón pues sólo en Él se entiende este estado de vida, sólo
en Él dejamos de ser presa voluble de las pasiones desordenadas, de la angustia de
la soledad.
Un célibe verdadero nunca es una persona en soledad puesto que conoce perfectamente
quién es su Señor, su compañía, aquel a quien ha entregado su vida y con quien siembra
una nueva semilla para erigir el reino de los cielos entre los hombres.
El celibato nunca es un estado de abandono, de no oportunidad, de asexualidad, de
indiferencia ante el otro, de descompromiso con los demás, de incapacidad de
entrega; justo lo contario, en él nos hacemos ―todo con todos para ganar a los que más
pueda‖ (1 Cor. 9, 19) y aunque no se sea propiamente una persona consagrada como
religioso o sacerdote, sí se es un esposo en Cristo, esposo-célibe.
El celibato también es un reto: Existen muchas presiones contra el celibato en nuestra
sociedad altamente sexualizada.
El acceso y la aceptación del ―sexo libre‖ hacen que el celibato parezca muy extraño en
este contexto. Además de esto, con la disminución de las vocaciones sacerdotales, más
sacerdotes viven el peso creciente de la soledad; y con la esperanza de vida aumentando,
la perspectiva de un voto de celibato por el resto de la vida se vuelve una dificultad mayor
aún.
Para vivir el celibato, es necesario vivir con intensidad, con ilusión y pasión la propia
vocación, mantener la vida de oración y la dirección espiritual, es necesario saberse
abstener, y también los padres y madres de familia tienen que vivir la castidad, la
fidelidad.
Hay padre que le dicen a su hijo: ―si te vas de sacerdote, para mí es como si ya no
existieses, ya no te consideres hijo mío‖. Y madres que le gritan a su hija: ―prefiero que
seas una mujer de mala vida a que te alejes de mí para ser monja‖. Y hay padres que
desheredan, marginan, rechazan y olvidan a sus hijos por idénticos motivos... y puede
darse el caso de padre hoy día que pudiese perpetrar el secuestro de su propia hija, para
hacerla desistir de su vocación y obligarle a hacer algo que ella no quiere. No permiten la
opción de la vocación sacerdotal o religiosa entre las distintas vocaciones.
El que a un padre o a una madre le duela en el alma la partida de un hijo que decide
consagrase a Dios, me parece lo más normal del mundo. A cualquiera le cuesta
desprenderse de un hijo a quien ama. Sin embargo, la oposición rotunda de los padres a la
vocación religiosa o sacerdotal de su hijo o hija, me parece algo tristísimo. Porque es señal
de que esos padres padecen una miopía avanzada ante el don maravilloso de Dios que es
toda vocación. Dios escoge lo mejor de su cosecha, y el que un padre llegue a usar la
fuerza y la coacción física para impedir que uno de sus hijos siga el llamado de Dios, ya
parece demasiado. Creo que es un verdadero atropello, manifestación de un egoísmo
sobresaliente y, a la vez, una ceguera total para las cosas de Dios.
Ningún padre o madre tiene derecho alguno de oposición sobre su hijo cuando lo que está
de por medio es el querer infinito y los intereses de Dios sobre él. Porque de eso se trata
en la vocación: de seguir la voluntad de Dios. Y si Dios llama a un hijo, ningún padre o
madre puede arrogarse el derecho de rechazar, obstaculizar o impedir el cumplimiento de
su santísima voluntad por parte del propio hijo. Ninguno. Porque nadie está por encima de
Dios y su voluntad.
Además, cabe preguntarse si el padre o la madre que rechaza y combate la vocación del
hijo, se da cuenta del dolor, de la aflicción, del tormento que puede estar causando en el
alma de aquel por su obstinada actitud. Muchas veces no se dan cuenta. No se fijan más
que en sí mismos y sus intereses egoístas. Y ni se imaginan siquiera la pesadumbre interior
del hijo que, tratando de hacer la voluntad de Dios (que ya es de suyo muchas veces difícil
y hasta heroico), tiene que cargar además con el peso y la amargura de la incomprensión y
resistencia de sus mismos padres. Con el desconocimiento y rechazo de qué es su
vocación. No es justo, ni cristiano, ni humano. Ningún padre, ni ninguna madre, tienen
derecho de causar ese sufrimiento al propio hijo.
Menos mal que, por el contrario, hay otros padres y madres (muchos gracias a Dios) que
ante el don de una o más vocaciones entre su prole, sin dejar de sentir el dolor de
entregarle a Dios alguno de sus hijos, lo hacen con gran fe, amor y desprendimiento. Y
aunque con el corazón sangrando y lágrimas en los ojos le devuelven a Dios lo que Él les dio
antes y ahora reclama para sí; y lo dejan partir, disimulando con una sonrisa sincera lo que
sienten por dentro.
¡Qué hermoso el testimonio de tantos padres de familia que aceptan, agradecen, apoyan y
sostienen con sus oraciones y sacrificios la vocación de alguno de sus hijos! Sepan, todos
ellos, que a ese hijo le tocó la mejor parte, que así están agradando a Dios, mereciendo
ante Él, dando fecundidad al propio sufrimiento y soledad. Y, además, están haciendo más
llevadero y feliz, para el propio hijo, el seguimiento del Señor, que tantas alegrías y
satisfacciones traerá consigo para él y para ustedes también.
Entregarles a Dios a los hijos con gran fe, amor y desprendimiento, se trata de seguir la
voluntad de Dios.
Los padres no sólo deben respetar esa llamada, sino cultivarla y favorecerla, como
enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: "A la par que el hijo crece hacia una
madurez y autonomía humanas y espirituales, la vocación singular que viene de Dios se
afirma con más claridad y fuerza. Los padres deben respetar esta llamada y favorecer la
respuesta de sus hijos para seguirla. Es preciso convencerse de que la vocación primera
del cristiano es seguir a Jesús (cfr. Mt 16, 25)." (Catecismo de la Iglesia Católica, n.
2232).
Es una tradición cristiana recibir la vocación de un hijo como lo que es: un don
gozoso. Tantas veces esa vocación es el fruto de la entrega sin condiciones de sus padres.
Así oraba San Agustín hablando sobre su madre, Santa Mónica: "Tu mano, Dios mío, en el
secreto de tu providencia, no abandonaba mi alma. Día y noche, mi madre te ofrecía en
sacrificio por mí la sangre de su corazón y las lágrimas de sus ojos" (San Agustín,
Confesiones, V, 10-13).
Las últimas palabras de Santa Mónica antes de morir sintetizan admirablemente la tarea
esencial de unos padres cristianos: "Sólo una cosa me hacía desear la vida todavía algún
tiempo aquí abajo. Deseaba verte cristiano católico antes de morir. Dios me lo ha
concedido con creces" (San Agustín, Confesiones, IX, 26).
El Espíritu Santo suscita vocaciones para la Iglesia habitualmente en el seno de las
familias cristianas, aunque no necesariamente. Se sirve, muchas veces, de un afán bueno:
del afán de mies de esos padres cristianos, que aspiran a salvar miles de almas gracias al
apostolado de sus hijos, muchas veces en lugares a donde ellos habían soñado llegar. Será
un motivo particular de gozo para esos padres ver cómo la nueva evangelización que
necesita el mundo es fruto de su respuesta generosa.
Gracias a esa respuesta generosa, de los padres y de los hijos, se hace realidad la nueva
evangelización: la Iglesia está presente en nuevos países, se revitaliza la vida cristiana en
muchos ambientes, y se aprecian signos esperanzadores, como el florecimiento de
seminarios diocesanos, etc.
Muchos padres de familia se quejan de tantos males como aquejan al mundo: de la falta de
recursos morales en la sociedad; de la falta de personas que puedan regenerar
determinados ambientes; de la falta de ideales grandes en la vida de tantos chicos
jóvenes; etc. La solución a esas faltas está, en gran medida, en la mano de los padres
cristianos con verdadero afán misionero y apostólico, que se esfuerzan por dar a sus hijos
una verdadera educación cristiana; por sembrar en su alma ideales de santidad; por
ensanchar su corazón con las obras de misericordia, creando en torno a sí un ambiente de
sobriedad y de trabajo. Las grandes crisis son crisis de santos: faltan padres e hijos
santos.
Dios tiene sus tiempos, que no siempre coinciden con los nuestros. Y hay ideales que si no
prenden en la primera juventud, se pierden para siempre. Es algo que sucede en el
noviazgo, en la entrega a Dios y en muchos otros ámbitos. Hay proyectos que sólo pueden
emprenderse en la juventud. Es en la juventud cuando surgen los grandes ideales de
entrega, los deseos de ayudar a otros con la propia vida, de cambiar el mundo, de
mejorarlo. Por esa razón, cuando una persona joven se plantea grandes ideales de santidad
y de apostolado, las familias cristianas lo reciben con un orgullo santo.
Dios concede a los padres tantas veces una gracia pedida durante años en su oración. Esa
decisión es un acto de libertad que germina en el seno de una educación cristiana. La
familia cristiana se convierte así, gracias a la respuesta generosa de los padres, en una
verdadera Iglesia doméstica, donde el Espíritu Santo suscita todo tipo de carismas y
santifica así a toda la Iglesia.
Dios llama por caminos muy diversos, no siempre los previstos por los padres
El Papa San Juan Pablo II decía: "Queridos jóvenes, quisiera deciros a cada uno: si tal
llamada llega a tu corazón, no la acalles (...) Hay —lo sabéis bien— una gran necesidad de
vocaciones (...) de laicos comprometidos que sigan más de cerca de Jesús (...) La Iglesia se
dirige a vosotros, jóvenes, y si el fruto de esta oración de la Iglesia llega a nacer en lo
íntimo de vuestro corazón, escuchad al Maestro que os dice: Sígueme. No tengáis miedo y
dadle, si os lo pide, vuestro corazón y vuestra vida entera" (Juan Pablo II, Cochabamba,
Bolivia, 11.V.1988).
Cuando se conoce la llamada de Dios, se conoce el sentido de la propia existencia. Con la
llamada, se descubren los planes que Dios tiene para cada uno: para los hijos y para los
padres. La felicidad, de los padres y de los hijos, depende del cumplimiento de los planes
de Dios, que nunca encadenan, sino que potencian al hombre, lo desarrollan, lo dignifican,
ensanchan su libertad, lo hacen feliz.
Dios no se deja ganar en generosidad
Dios premia a los que le siguen, de nuevo, tanto a los padres como a los hijos, con el ciento
por uno en esta vida y, después, con la vida eterna. Sólo en el Cielo podrán ver los padres
los frutos que, a través de sus hijos, producirán en tantas almas a lo largo de los siglos su
oración y su siembra generosa. Por otra parte, no le damos nada a Dios, que nos lo ha dado
todo.
Una persona fiel a su vocación es instrumento en sus manos para la salvación de miles de
almas (y se deberá, en mayor o menor medida, a esa generosidad previa de sus padres):
personas de todo tipo a las que habrá ayudado a formarse, a ser mejores; familias en las
que habrá más paz y más alegría gracias, en buena parte, a su celo apostólico; etc. Aunque
lo más importante no es eso que se ve, sino, sobre todo, que esa persona ha correspondido
al querer de Dios.
Es natural que los hijos sean un tema constante en la oración de los padres. Desde la
primitiva cristiandad, los padres sueñan con que sus hijos respondan generosamente al
querer de Dios.
Aunque los padres cristianos deseen que no haya nada en su hogar que separe a sus hijos
de Dios, no siempre lo logran plenamente, porque sus hijos, además de ser hijos de sus
padres, son también hijos de su tiempo, de su formación escolar, de su ambiente cultural,
de su entorno de amistades, etc.; y sobre todo, son hijos de su propia libertad. Por eso
hay padres que sufren la cruz, como Santa Mónica durante tantos años, de ver como sus
hijos, a los que han procurado educar cristianamente, están lejos de Dios.
Hay estilos de vida que facilitan el encuentro de los hijos con Dios, y otros que lo
dificultan. Es lógico que los padres cristianos procuren que sus hijos tengan una cabeza y
un corazón cristianos, y pongan los medios para que su familia sea una escuela de virtudes
donde sus hijos, uno a uno, puedan tomar sus propias decisiones con madurez humana y
espiritual, de forma adecuada a su edad.
El noventa por ciento de la vocación de los hijos se debe a los padres , porque una
respuesta generosa germina habitualmente sólo en un ambiente de libertad y de virtud.
Algunos padres se encuentran hoy con que sus hijos retrasan durante años determinadas
decisiones (por ejemplo, casarse y formar una familia, abrirse camino en lo profesional,
etc.). Otros padres se lamentan de que sus hijos ya mayores se resisten a dejar el hogar
paterno porque encuentran allí todas las comodidades sin apenas responsabilidad.
Una buena formación cristiana se orienta hacia la decisión y el compromiso, y logra que los
hijos sean capaces de administrar rectamente su libertad y asumir pronto
responsabilidades y compromisos que suponen esfuerzo. Eso es siempre una muestra de
madurez.
Los buenos padres desean ideales altos para sus hijos: en lo profesional, en lo cultural,
etc. Se comprende que los padres cristianos deseen, además, que sus hijos aspiren a la
santidad y no se queden en la mediocridad espiritual. En ese sentido, desean que sus hijos
respondan plenamente a lo que Dios espera de ellos. Recordaba Juan Pablo II: "Estad
abiertos a las vocaciones que surjan entre vosotros. Orad para que, como señal de su amor
especial, el Señor se digne llamar a uno o más miembros de vuestras familias a servirle.
Vivid vuestra fe con una alegría y un fervor que sean capaces de alentar dichas
vocaciones. Sed generosos cuando vuestro hijo o vuestra hija, vuestro hermano o vuestra
hermana decidan seguir a Cristo por este camino especial. Dejad que su vocación vaya
creciendo y fortaleciéndose. Prestad todo vuestro apoyo a una elección hecha con
libertad" (Juan Pablo II, Nagasaki, Japón, [Link].1981).
La elección de Dios constituye un motivo de un orgullo santo no sólo para los padres: es
también un motivo de alegría para los abuelos, hermanos, tíos, etc., y también para esos
matrimonios a los que Dios no concede hijos pero son verdaderos padres espirituales de
tantas almas entregadas a Dios.
Con su oración y su cariño, los padres cristianos deben secundar la entrega generosa de
sus hijos. A veces, esa entrega supondrá la entrega de los planes y proyectos personales
que los padres habían hecho. No es un simple imprevisto: es parte de su vocación de
padres.
Los padres cristianos siguen, al actuar así, el ejemplo de la Virgen y San José. Jesús a los
doce años ya da a conocer que ha venido a cumplir la divina Voluntad. María y José le
habían buscado con angustia, y en aquel momento no comprendieron la respuesta que
Jesús les dio. ¡Qué dolor tan profundo en el corazón de los padres! ¡Cuántas madres
conocen dolores semejantes! A veces porque no se entiende que un hijo joven siga la
llamada de Dios; una llamada que los mismos padres, con su generosidad y espíritu de
sacrificio, seguramente contribuyeron a suscitar. Ese dolor, ofrecido a Dios por medio de
María, será después fuente de un gozo incomparable para los padres y para los hijos.
Es ley de vida que los hijos tiendan a organizar su vida por su cuenta. A algunos padres les
gustaría tener a los hijos continuamente a su lado, hasta que comprenden que esto no es
posible. Muchos, buscando su bien, les proporcionan una formación académica que les
exige un distanciamiento físico (facilitándoles que estudien en otra ciudad, o que vayan al
extranjero para que aprendan un idioma, por ejemplo). En otras ocasiones, son los hijos los
que se separan físicamente de sus padres por razones académicas, de trabajo, amistad,
noviazgo, etc. Y cuando Dios bendice un hogar con la vocación de un hijo, a veces también
les pide a los padres una cierta separación física.
Sería ingenuo pensar que si esos hijos no se hubieran entregado a Dios estarían todo el
día junto a sus padres. La mayoría de los chicos de edades adolescentes y juveniles buscan
de modo natural un alto nivel de independencia. Por eso a veces pueden confundirse las
exigencias de la entrega con el natural distanciamiento de los padres que suele traer
consigo el desarrollo adolescente. A veces se comprueba en la vida de otros chicos de su
edad, cuando se niegan por motivos egoístas, o por simple deseo de independencia, a
participar en algunos planes familiares.
Con el tiempo se comprueba que la entrega a Dios no separa a los hijos de los padres,
aunque a veces exija una cierta separación física: les quieren más, porque Dios no separa,
siempre une.
Con frecuencia la entrega a Dios (y no sólo en el sacerdocio o la vida religiosa) supone en
determinado momento dejar el hogar paterno. Es natural que a los padres les cueste ese
paso, y sería extraño que esa separación no costara, y a veces mucho. También aquí se
manifiesta el verdadero espíritu cristiano de toda una familia.
En esos momentos, los padres no deben olvidar que también a los hijos les cuesta esa
separación; y que puede resultarles tanto o más dolorosa que a ellos. Sin darles excesivas
facilidades, no harían bien en ponérselo difícil. Santa Teresa ofrece en esto el testimonio
de su propia vida: "Cuando salí de casa de mi padre, no creo será más el sentimiento
cuando me muera; porque me parece cada hueso se me apartaba por sí; que, como no había
amor de Dios que quitase el amor del padre y parientes, era todo haciéndome una fuerza
tan grande, que si el Señor no me ayudara, no bastaran mis consideraciones para ir
adelante. Aquí me dio ánimo contra mí, de manera que lo puse por obra" (Santa Teresa de
Ávila, Libro de la Vida, cap. 4, 1).
También es natural que los padres tiendan a pensar que sus hijos, tengan la edad que
tengan, son demasiado pequeños para tomar decisiones. Y que les parezca siempre que es
demasiado pronto. Lo confirman los comentarios habituales de los padres cuando sus hijos
se casan a edades normales: ¡son tan jóvenes!
Dios llama a las almas en diversas etapas de la vida: en la niñez, en la adolescencia, en la
juventud... A veces llama en la niñez.
Un niño es capaz de responder a una vocación: como niño. Y esa respuesta la tendrá que
traducir a una respuesta adolescente y a una respuesta madura cuando llegue el momento.
Hay que respetar mucho esas vocaciones y esas respuestas: por amor al Evangelio y por
exigencias del Evangelio. La Iglesia lo ha entendido siempre así y las ha cuidado mucho. Lo
demás es una concepción demasiado prepotente: ¡la madurez personal!
¿Cuándo está uno maduro? Pues no lo sé. Naturalmente, se requiere un desarrollo biológico
previo. Pero, ¿la madurez espiritual? ¿La madurez delante de Dios? ¿La capacidad de
entrega? La puede tener un niño de una forma mucho más limpia, noble y total que una
persona mayor.
Los padres que aman de verdad, que buscan sinceramente el bien de sus hijos, después de
los consejos y de las consideraciones oportunas, han de retirarse con delicadeza para que
nada perjudique el gran bien de la libertad, que hace al hombre capaz de amar y de servir
a Dios. Deben recordar que Dios mismo ha querido que se le ame y se le sirva en libertad,
y respeta siempre nuestras decisiones personales: dejó Dios al hombre —nos dice la
Escritura— en manos de su albedrío (Eclo 15, 14).
Cuando unos padres católicos no comprenden esa vocación, pienso que han fracasado en su
misión de formar una familia cristiana, que ni siquiera son conscientes de la dignidad que
el Cristianismo da a su propia vocación matrimonial
6. LLAMADO A LA ACCIÓN
Cuando Dios llama, los padres deben actuar con mucho sentido común y sentido
sobrenatural. No pueden hacer una valoración exclusivamente terrena del misterio de la
llamada divina; ni pensar por principio que cuando una persona joven toma una decisión de
entrega a Dios lo hace por desconocimiento de la realidad o ignorancia del mundo.
El discernimiento de la llamada no es cuestión de experiencia humana o de conocimiento
de otras realidades del mundo, sino, sobre todo, de madurez en el trato con Dios. Además,
en la actualidad, para bien o para mal, lo habitual es que cualquier persona joven haya
conocido ya, y no siempre positivamente, bastante de ese mundo al que se refieren esos
padres. Los jóvenes deben afrontar hoy toda una serie de difíciles dilemas morales con
los que la anterior generación no se enfrentó.
Lo importante es decir a Dios que sí cuando pasa a nuestro lado, como hizo el apóstol San
Juan, que era muy joven, un adolescente. Dios llama habitualmente en la juventud, aunque
también puede llamar en la ancianidad. Son significativas algunas actitudes ante la
entrega que recoge el Evangelio: la de San Juan y la del joven rico.
Además, la vocación no es programable: Dios llama como y cuando quiere. El cristiano no
puede imponer a Dios su propio calendario. El mismo Señor nos habla en el Evangelio de las
distintas llamadas a distintas horas del día, cada cual en el momento previsto desde la
eternidad. Si fuera un simple "apuntarse" a una realidad humana (como sucede a la hora
de elegir un club deportivo o una carrera universitaria, por ejemplo), sería natural
estudiar las distintas posibilidades de elección, y programar los tiempos oportunos. Pero
sólo Dios decide el momento de luz y de gracia.
No debe existir ningún temor en proponer directamente a una persona joven o menos
joven la llamada del Señor. Es un acto de estima y confianza. Puede ser un momento de luz
y de gracia.
En unos casos, Dios llama a persona con una larga experiencia humana; en otros no. Por
ejemplo, para un joven no hace falta haber salido con muchas chicas y haber tenido varias
novias para decidirse por Dios; igual que no hace falta haber tenido muchas novias para
encontrar la mujer con que uno debe casarse.
Es bueno que tengan los pies en el suelo; pero no sería sensato desorbitar ese afán de que
conozcan mundo poniéndoles en situaciones límite, desproporcionadas para su edad. Al
tallo que crece no se le puede pedir que tenga la solidez del tronco, ni probarlo con
hachazos.
Si, por la razón que sea, unos padres piensan que su hijo carece de la madurez necesaria
para la entrega, lo normal será comentarlo con confianza a las personas que lo conocen. En
estas edades de continuo cambio, es arriesgado pensar que uno mismo es el único que lo
conoce bien. Es mejor contrastar opiniones.
Hay que discernir en cada caso concreto, sin presuponer por principio que el deseo de
entrega de un hijo es un ímpetu juvenil, pasajero y superficial. En la actualidad es tan
fuerte la presión que reciben en contra de la entrega, que una persona joven sabe bien
que entregarse le supondrá mucha renuncia y mucho sacrificio. Por tanto, cuando un hijo
está decidido a entregarse a Dios, lo habitual será que sus padres piensen por principio
que es reflejo de una actitud generosa, madura, y no de un arranque infantil.
Los padres deben evitar la tentación de querer proyectarse indebidamente en los hijos.
Cuando un hijo se entrega a Dios, los padres tienen por delante una tarea que no acaba
nunca. No deben desentenderse de su educación, pensando que en otras instancias ya se
ocupan de él, sino al revés: tienen la responsabilidad bendita de afianzar y sostener su
entrega, especialmente cuando es aún joven. Han de seguir exigiéndole y ayudándole a
desarrollar las virtudes humanas, a obtener buenas calificaciones, a ser ejemplares, etc.
Deben acoger con una estima grande esa actitud generosa de su hijo, y apoyarle con su
oración y su cariño, esté cerca o lejos.
Para terminar estas reflexiones sobre el Sacramento del Orden y los Ministerios Laicales
es necesario animar a la comunidad cristiana en la promoción de las vocaciones
sacerdotales. Todos somos necesarios en la Iglesia, pero el sacerdote es imprescindible
porque es el ministro de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía y la Confesión. Es
evidente que sin Eucaristía no hay comunidad y sin sacerdote no hay Eucaristía.
Todos tenemos una vocación específica, una llamada. En primer lugar a la existencia como
ser humano. Es decir, como alguien que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, con
inteligencia y voluntad, libre y capaz de amar. Cada uno es responsable de darle un sentido
realmente humano a su vida en sus facetas materiales y espirituales, siguiendo esas
cualidades divinas con las que está dotado.
Además, cada uno tiene unos proyectos que se expresan cuando se dice: ―Yo quisiera
ser…‖ Para que esos deseos se lleven a cabo es necesario tener unas cualidades y realizar
un esfuerzo para desarrollarlas y llegar a conseguir ser aquello que se pretende. Dios nos
llama a todos para ser signo vivo de su Amor y cada uno de forma específica en la vida,
pero nunca sólo para sí mismo, sino para los demás. Todos los oficios, vocaciones y
trabajos son para los demás. Es donde se condensa el amor a Dios y al prójimo.
La vocación al Sacramento del Orden, es decir al servicio de Dios y de los hermanos, es
entre todas las vocaciones, una llamada extraordinaria, de predilección por parte de Dios.
Todos los miembros de la comunidad cristiana debemos promoverlas, porque la vida de los
ministros sagrados repercute decisivamente en la existencia y marcha de las comunidades
cristianas.
La promoción de vocaciones al Sacramento del Orden comienza en las familias cristianas
que viven con sinceridad su fe religiosa. El caldo de cultivo para que Dios llame es la vida
de amor entre los esposos, que son generosos para engendrar hijos y ponerlos al servicio
de la sociedad y de la Iglesia, si Dios los llama. La semilla de la llamada a este ministerio
está en el corazón de la familia donde los padres desean que alguno de sus hijos sea
llamado para servir a la comunidad. No hace falta hablar, sino dar buen ejemplo y rezar.
Los ejemplos de caridad dentro y fuera del hogar, la vivencia de las virtudes domésticas y
sobre todo la piedad son el ambiente donde nacen las vocaciones al Ministerio del Orden.
Acudir toda la familia unida a la misa dominical y rezar en casa suele ser definitivo para
que Dios regale a la familia una vocación ministerial (al sacerdocio o al diaconado).
La familia, que es la primera escuela de vida, enseña como por ósmosis y ejemplaridad los
grandes valores humanos y cristianos. Donde se viven las virtudes estas se viven de forma
empática en todos los miembros de la familia. Los hijos buscan orientación y se preguntan:
¿qué quiero ser en la vida, qué quiere el Señor que yo sea para desarrollar mis cualidades
y ser feliz? Entonces los padres han de ser capaces de dar una orientación justa, con unas
motivaciones y unas miras altas sobre todo de orden espiritual, en el camino de madurez
de la persona. Cuando apuntan hacia una entrega generosa a los demás es posible que esté
naciendo la vocación al ministerio sacerdotal o diaconal. Es el momento en que los jóvenes
necesitan una orientación y formación específica por medio de quienes se dedican a la
pastoral vocacional.
La comunidad cristiana ora, da buen ejemplo, anima y mima a quienes llegarán a ser sus
servidores. Apoyan las actividades pastorales de promoción de vocaciones y al Seminario,
que es el corazón de la Iglesia. En una comunidad cristiana que vive realmente la fe nunca
faltarán personas para su servicio. Dice el Señor: ―Os daré pastores según mi corazón‖
(Jr., 3, 15).
7. PARA LA REFLEXIÓN
a. Como padre de familia, ¿qué actitud tengo frente a la Iglesia?
b. ¿Qué pienso sobre el celibato de los sacerdotes?
c. Si piensas que los sacerdotes deben tener esposa e hijos, ¿cómo les ayudarías
a mantener la familia para que no descuiden las tareas ministeriales de su
sacerdocio?
d. ¿Cómo reaccionas antes la posible vocación al sacerdocio de un hijo o la vida
religiosa de una hija?
e. ¿Consideras a tu familia un plantío de vocaciones a la vida matrimonial bien
fundamentada para toda la vida, a la vida sacerdotal o religiosa?
ENCUENTRO 16 CON REPRESENTANTES
MANDAMIENTOS PARA DARLE SENTIDO A LA VIDA
1. CANTO INICIAL:
2. ORACIÓN
3. TEXTO BIBLICO: Deut. 30,15-20
4. CONVERSACIÓN
a. En su casa ¿Tienen normas?
b. ¿Para qué ponen normas en su casa?
c. Las normas traen sanciones, ¿para que las sanciones?
d. ¿Qué sentido le tienes a la vida y cómo guías a tus hijos para que le den
sentido a su vida?
5. REFLEXIÓN
Leer Deut. 30,15-20, nos presenta un camino para darle sentido a la vida e inicia
diciendo: ―Mira". Este imperativo invita a "poner mucha atención a", a la propuesta y
da libertad para escoger: "yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la
muerte y el mal" ¡Nuestras decisiones muestran quiénes somos! ¡La manera en que
respondemos a los "pormenores" revela nuestra orientación espiritual!
Deut 30,16-18 son un resumen de las condiciones del pacto y sus consecuencias:
1. la responsabilidad de amar a Dios, atender a su Palabra y seguirle.
2. Ello trae como consecuencias de la obediencia la vida, la riqueza de descendencia
y bienestar.
3. las condiciones son no apartarse y oír, y las consecuencias de la desobediencia es
la desaparición.
Dios ha dado a los humanos el derecho y responsabilidad de tomar decisiones morales.
Deuteronomio característicamente hace énfasis en la necesidad de transmitir la
historia del pacto y las responsabilidades a las generaciones posteriores. Nuestros
hijos se ven afectados por nuestras decisiones de estilo de vida e instrucción (véase
Ez 18,30-32; Deut. 5,9-10; 7,9).
Hablar hoy de los diez mandamientos parece ser anticuado, pues se cree que a lo
mejor están pasados de moda y hay que inventar otros mandamientos. Lo que esta
pasado es el incumplimiento de ellos. Los pasamos para el cajón del olvido y ¿Qué
hemos tenido? ¿Por qué lo hemos reemplazado?
El Decálogo es brújula que siempre marca el norte del bien, son necesarios para que no
sólo no te pierdas en el camino de tu vida, sino sobre todo llegues a Dios, a tu
realización completa y a tu felicidad verdadera y auténtica.
¿Qué son los diez mandamientos?
Los diez Mandamientos son un proyecto sobre cuanto el amor da sentido a tu vida,
sobre el arte de vivir a través de los diez Mandamientos que Dios dio no solo a Moisés,
sino también a nosotros, a los hombres y mujeres de todos los tiempos.
¿Qué sentido tiene para nosotros estas diez frases? ¿Qué dicen a nuestro tiempo
inquieto y confundido que parece querer prescindir de Dios?
Los diez Mandamientos son un don de Dios y la palabra ―Mandamiento‖ no está de
moda; al hombre de hoy le recuerda algo negativo, la voluntad de alguien que impone
límites, que pone obstáculos en la vida.
Lamentablemente la historia, incluso reciente, está marcada por tiranías, por
ideologías, por lógicas que han impuesto y oprimido, que no han buscado el bien del
hombre, sino el poder, el éxito, el beneficio. Pero los diez Mandamientos vienen de un
Dios que nos ha creado por amor, de un Dios que ha establecido una alianza con la
humanidad, un Dios que quiere solo el bien del hombre.
Los diez Mandamientos nos indican un camino a seguir, y constituyen también una
especie de ―código ético‖ para la construcción de las sociedades justas, a medida del
hombre. Son diez Palabras que iluminan y orientan a quien busca paz, justicia y
dignidad.
Los diez Mandamientos indican un camino de libertad, que encuentro plenitud en la ley
del Espíritu escrita no en palabras de piedra, sino en el corazón (cf. 2Cor 3, 3).
Es fundamental recordar cuando Dios da al pueblo de Israel, por medio de Moisés, los
diez Mandamientos. En el Mar Rojo el pueblo había experimentado la gran liberación;
había tocado con su mano el poder y la fidelidad de Dios, del Dios que hace libres.
Ahora, Dios mismo, en el Monte Sinaí indica a su pueblo y a todos nosotros el itinerario
para permanecer libres., un camino que está grabado en el corazón del hombre, como
una ley moral universal (cf. Ex 20, 1-17; Deut 5, 1-22).
No debemos ver los Mandamientos como limitaciones a la libertad, no, no es esto, sino
que debemos verlos como indicaciones para la libertad. No son limitaciones, sino
¡indicaciones para la libertad! Ellos nos enseñan a evitar la esclavitud a la que nos
reducen tantos ídolos que construimos nosotros mismo.
Ellos nos enseñan a abrirnos a una dimensión más amplia que la material, a vivir el
respeto por las personas, venciendo la codicia de poder, de posesión, de dinero, , a ser
honestos y sinceros en nuestras relaciones, a custodiar toda la creación y nutrir
nuestro planeta de ideales altos, nobles, espirituales.
Seguir los diez Mandamientos significa ser fiel a nosotros mismos, a nuestra
naturaleza más auténtica y caminar hacia la libertad auténtica que Cristo enseñó en las
Bienaventuranzas (cf. Mt 5, 3 12-17; Lc 6, 20-23).
Los diez mandamientos son una ley de amor. Moisés subió al monte para recibir de Dios
las tablas de la ley. Jesús realiza el camino opuesto: el Hijo de Dios se abaja,
desciende en nuestra humanidad para indicarnos el sentido profundo de estas diez
Palabras: Ama al Señor con todo el corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y al
prójimo como a ti mismo (cf. Lc 10, 27).
Este es el sentido más profundo de los diez Mandamientos: el mandamiento de Jesús
que lleva consigo todos los mandamientos, el Mandamiento del amor. Por ello, los diez
Mandamientos son Mandamientos de amor. Aquí está el corazón de los diez
Mandamientos: el Amor que viene de Dios y que da sentido a la vida, amor que nos hace
vivir no como esclavos, sino como verdaderos hijos; amor que anima todas las
relaciones: con Dios, con nosotros mismos –a menudo lo olvidamos- y con los demás.
La verdadera libertad no es seguir nuestro egoísmo, nuestras ciegas pasiones, sino la
de amar, escoger aquello que es un bien en cada situación. Los diez Mandamientos no
son un himno al ―no‖, se refieren al ―sí‖. Un ―sí‖ a Dios, el ―sí‖ al Amor, digo ―no‖ al no
Amor, pero el ―no‖ es una consecuencia de ese ―sí‖ que viene de Dios y nos hace amar.
La Biblia es la carta que Dios escribió a sus hijos: ―Y ahora, Israel, esto es lo único que
te pide el Señor, tu Dios: que le temas y sigas todos sus caminos, que ames y sirvas al
Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, observando sus mandamientos
y sus preceptos, que hoy te prescribo para tu bien‖ (Deut. 10, 12-13).
Los diez mandamientos son diez recetas que Dios te ha dado para tu bien, para la
verdadera felicidad, aquí abajo, y sobre todo diez recetas para conseguir la felicidad
allá arriba.
Las leyes ponen limitaciones a tus caprichos, pero no a tu libertad, que la encauza y la
cuida.
Los diez mandamientos no son diez caprichos que Dios te ha impuesto para salvarte.
Son, por el contrario, el resumen de las diez grandes aspiraciones de la naturaleza
humana, las diez condiciones que son necesarias para la plena realización de tu
naturaleza y para el logro de tu felicidad.
La ley del Señor es suave para los humildes y los que aman con corazón abierto y
sencillo.
El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la ley natural, esa ley que ha puesto
Dios en el corazón de cada hombre, de todo hombre; y, por lo mismo, en tu corazón. El
corazón humano ha sido esa piedra donde Dios quiso grabar los diez mandamientos. Por
tanto, aunque han sido revelados por Dios a Moisés, sin embargo, son accesibles a la
sola razón. Todos podemos conocerlos, pues nacemos con ellos grabados en el corazón.
Basta que tengas inteligencia y los captarás perfectamente.
¿Quieres ser feliz? Cumple los diez mandamientos. ¿Quieres que tu hijo sea feliz?
Vive los diez mandamientos, con mucho amor, y enséñalos a tu hijo (a).
Los mandamientos son semáforos que en tu camino hacia Dios te marcan lo que debes
hacer y lo que debes evitar; te señalan luz verde, luz roja, luz ámbar. ¿Quieres darte
un cacharrazo? Tú sabes lo que pasa cuando no se respetan las señales de tráfico:
accidentes mortales, caos, lágrimas, muchas lágrimas. Pero si respetas las señales, te
irá bien y llegarás a tu destino, sano y salvo.
Tú me dirás si es o no oportuno hablar hoy día, en pleno siglo XXI sobre los diez
mandamientos. ¿Crees que están pasados de moda?
Algunos han pensado que el Decálogo que dio Dios a Moisés está ya desfasado, porque
hiere las sensibilidades de quienes no creen en Dios y han propuesto crear otro
decálogo, en el que se haga la transición de la idea del hombre como rey de la
naturaleza a la convicción que el hombre forma parte de ella y esos nuevos conceptos
se deben aplicar a todo el sistema de ideas, a la moral y a la ética, y constituir un
nuevo modo de vida descartando a Dios. Y se vino unos atropellos al hombre
promoviendo: asesinato del feto denominándolo eufemísticamente ―selección sexual
prenatal‖, como si la trampa del lenguaje pudiera dulcificar la barbarie; antes ya
habían logrado que todo el mundo hablase de eutanasia, de buena muerte, de ―muerte
dulce‖ al referirse a la ―aséptica‖ liquidación de un enfermo terminal.
¡Cómo no va a ser oportuno y necesario hablar o escribir sobre los diez mandamientos
cuando hoy llaman al crimen abominable del aborto ―interrupción del embarazo‖!
Digamos si es o no necesario y oportuno hablar o escribir sobre los diez mandamientos
hoy, cuando ha aumentado el número de gente que cree en supersticiones, horóscopos,
magia, consulta a adivinos... en vez de creer y confiar en Dios nuestro Padre; cuando
hay gente a quien le da lo mismo venir o no venir a misa... y no le pasa nada; cuando hay
niños que protestan, insultan a sus padres o maltratan a sus profesores, faltan el
respeto a sus mayores; cuando se están introduciendo leyes nuevas en las naciones
contrarias a la ley de Dios: ley de salud reproductiva, que no es otra cosa que ―vía
libre‖ al aborto, a la promiscuidad, al sexo libre; la ley civil y religiosa del casamiento
de homosexuales; la ley de la eutanasia y otros desmanes más.
Es necesario y urgente hablar y escribir sobre los diez mandamientos de la ley de
Dios, aunque no guste a algunos. Porque, ¿quién va a parar esa ola de relativismo,
escepticismo, agnosticismo ante las cosas de Dios? ¿Quién va a parar esa ola de
corrupción, degeneración, malversación de fondos, mentiras, fraudes electorales,
deshonestidades... olas que pretenden ahogarnos? ¿Quién va a parar esa ola de
libertinaje, desenfreno, descaro pornográfico e indecencia en las películas?
Si no hablamos o escribimos sobre los diez mandamientos, ¿quién va a parar a esos
médicos asesinos, a esos políticos inescrupulosos, a esos abogados comprados, a esos
maestros y sacerdotes -pocos gracias a Dios- pedófilos?
¿Quién va a parar a esas parejas, padre-hija; abuelo-nieta, tío o tía con sobrina o
sobrino, que sin estar casadas, ya están juntadas, viviendo bajo el mismo techo, en la
misma cama, como si fueran esposo y esposa, y no se ruborizan, y no les importa lo que
de ellos digan, pues ―todos lo hacen‖?
¿Quién va a parar a esas parejas ya casadas, que ante la primera dificultad y cambio
de aire, ya prefieren dejar su pareja, sus hijos... y buscar otro compañero sentimental
y afectivo, que le llene esa carencia que necesita, o lo cambian por persona del mismo
sexo?
¿Quién va a parar esa ola de narcotráfico, mafias, guerras, robos?
¿Urge o no urge hablar de los diez mandamientos?
Los diez mandamientos son camino de felicidad, de paz, de armonía, de serenidad, de
amor, de limpieza, de honradez. Y sobre todo, son el modo de demostrar a Dios que de
verdad le amas, le pones contento, y demuestras que eres su hijo bueno.
Hoy debe volver a resonar fuerte la voz de Dios que dice: ―No tendrás otros dioses
que yo‖. ―Amaras al Señor, tu Dios, con todo el corazón, toda tu alma y todas tus
fuerzas y a Él sólo servirás‖ y ―Amarás a tu prójimo como a ti mismo‖.
―Maestro, -le preguntaba el joven del Evangelio a Cristo- ¿Qué he de hacer yo de
bueno para conseguir la vida eterna?‖. Y Jesús le responde: ―Si quieres entrar en la
vida, guarda los mandamientos‖ (Mateo 19, 16-17).
Es necesario que vuelvan a resonar los diez mandamientos de Dios:
―Amarás a Dios sobre todas las cosas‖.
―No tomarás el Nombre de Dios en vano‖.
· ―Santificarás las fiestas‖.
―Honra a tu padre y a tu madre‖.
―No matarás‖.
―No cometerás actos impuros‖.
―No robarás‖.
―No dirás falsos testimonios ni mentirás‖.
―No desearás la mujer o el varón que no te pertenece...No consentirás
pensamientos ni deseos impuros‖.
―No codiciarás los bienes ajenos‖.
PARA ENTENDER Y VIVIR LOS MANDAMIENTOS
1.- Yo soy el Señor tu Dios; no tendrás otro Dios más que a mí. Amarás a Dios sobre
todas las cosas.
Existe un sólo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios ha creado
todas las cosas. Sólo a Él hay que adorar. ¿Y qué significa adorar? Reconocerlo como
ser supremo y dueño de todo. Él tiene en sus manos todo el poder. Sólo Él puede
darnos la felicidad.
Cuando uno piensa que el dinero, el sexo o el poder son lo más importante comete
pecado de idolatría, igualmente cuando uno pone cualquier otra cosa como más
importante que Dios (TV, alcohol, drogas, deporte, la pareja, el trabajo, el estudio,
etc.), o si uno piensa que una imagen o estatua tiene el poder de Dios para ayudarnos,
pues ellas son sólo representaciones, nada más.
También es pecado atribuir poder especial a las cosas materiales (piedra, imán, ojo de
venado, muñecos, herradura de caballo, amuletos, talismanes, etc.) o a los animales
(tecolote, gallina negra, gato negro, etc.) o a los ritos (limpias, lectura de cartas, de la
mano y del café, uso de la guija y del tarot, etc.).
Hay que saber que sólo Dios tiene el poder y nosotros dependemos de Él y no de las
cosas, los animales o los ritos. Así que nadie puede hacernos daño, si estamos con Dios
ni la brujería ni los animales ni los objetos ni el mismo demonio. Éste tiene poder
solamente para aquéllos que se entregan a él voluntariamente y viven lejos de Dios en
pecado.
Si queremos seguir este mandamiento tenemos que renunciar a creer en el espiritismo,
las supersticiones, horóscopos, la suerte y las brujerías, pues no tienen poder sobre un
cristiano.
El Primer Mandamiento: contrarresta ese deseo de curiosidad ante el futuro, de
poseer las cosas materiales, nuestro descanso, nuestro gozo, nuestros dioses. Encauza
nuestro deseo religioso para que no caigamos en supersticiones, magias, adivinaciones...
y tengamos a Dios como Único Señor y Dios, en quien creer, en quien confiar y a quien
amar.
2.- No tomarás el nombre de Dios en vano.
El nombre de Dios es santo. Por lo tanto hay que pronunciarlo con todo respeto, para
alabarlo y bendecirlo, nunca sin respeto y por costumbre. Pero ¿cuál es el nombre de
Dios? El antiguo testamento lo llama Yahvé (YO SOY). Pero Jesús nos enseña a llamar
a Dios ―Abba‖ (Padre). Pero cualquier referencia a Dios debe ser hecha con todo
respeto. Lo mismo sucede con el juramento, que consiste en poner a Dios como testigo
de la verdad de lo que se dice.
¿Cuántas veces hemos mencionado el nombre de Dios sin respeto? ¿Cuántas veces
hemos tomado el nombre de Dios por testigo de algo falso?
El Segundo Mandamiento: contrarresta esa tendencia que el hombre tiene a jurar sin
necesidad, sin reflexionar, a tomarse a la ligera sus compromisos y promesas que
libremente hizo al Señor, a pronunciar el nombre de Dios sin conciencia y respeto, a
blasfemar y protestar contra Dios, cuando le salen mal las cosas o Dios le prueba.
3.- Santificarás los días festivos.
¿Cuáles son los días festivos? Todos los domingos, más los días declarados de
precepto. ¿Qué hay que hacer en los días festivos? Descansar de los trabajos
normales de la semana, convivir sanamente, hacer obras de misericordia (visitar
enfermos, ayuda a necesitados, etc.). Instruirse en la religión, alabar a Dios.
Donde hay misa es obligación participar en ella con fe y devoción; donde no hay misa,
hay que tratar de participar en un encuentro de oración. No podemos ser verdaderos
cristianos si vamos a la iglesia sólo de vez en cuando, con ocasión de una fiesta, una
quinceañera, un bautizo. Tenemos que hacer el esfuerzo por conocer nuestra fe y
vivirla.
Hasta ahora ¿qué hemos hecho? ¿Hemos cumplido con nuestras obligaciones religiosas
o nos hemos olvidado?
El Tercer Mandamiento: contrarresta la tendencia a la pereza, a la desidia, a la
ingratitud con Dios, a olvidarnos de Dios... a ese querer dar culto a Dios a tu manera,
sin necesidad de venir a misa, por no saber qué celebras en cada misa.
4.- Honraras a tu padre y a tu madre.
Este mandamiento obliga a los hijos respetar a sus padres, obedecer sus órdenes
(siempre no estén en contra de Dios) y ayudarlos en sus necesidades.
Al mismo tiempo, obliga a los padres a preocuparse por el bien de sus hijos,
ayudándolos a crecer física, moral e intelectualmente. En la medida en que los hijos
van creciendo, va aumentando su responsabilidad hasta que puedan tomar verdaderas
decisiones.
Es Dios quien llama a unos al matrimonio y a otros hacia su entrega total para su
servicio. Por lo tanto ningún padre tiene el derecho de mandar a los hijos, oponiéndose
a los planes de Dios. Lo que tienen que hacer es ayudar a los hijos a descubrir la propia
vocación para aceptarla y vivirla con fe y entusiasmo.
Ni pueden obligar a los hijos a casarse con tal o cual persona, escoger una carrera en
lugar de otra. Cuanto más grandes se hacen los hijos, tanto más se hacen responsables
de su destino. Entonces los papás se vuelven en los primeros consejeros de sus hijos.
Cada uno examine su conciencia para ver en qué ha fallado como padre, madre, hijo o
hija.
¿Te has preocupado por escuchar los consejos de tus padres? ¿Has tratado de
platicar con ellos y ayudarlos en sus necesidades?
Como padre o madre, ¿Te has preocupado por el bien de tus hijos?, ¿Cuántas veces te
has metido en la vida privada de ellos, provocando disgustos y divisiones?, ¿Te has
preocupado por dar buenos ejemplos a tus hijos y ayudarlos a madurar en la fe?
El Cuarto Mandamiento: contrarresta la tendencia a la ingratitud con quienes nos han
dado la vida o nos han formado, la tendencia a la soberbia para con la autoridad, la
insumisión y falta de humildad. Esto, para los hijos. Y para los papás, esa tendencia o a
dejar hacer todo a sus hijos, o por el contrario, a estar encima todo el tiempo, sin
educarle a la verdadera libertad y elección.
5.- No matarás.
Para cumplir con este mandamiento, hay que evitar todo lo que puede hacer daño a la
propia salud, como son las drogas, borracheras, excesos en la comida, etc.
Y por lo que se refiere a los demás hay que evitar los pleitos, los insultos, los odios, los
rencores, las envidias, los chismes en fin todo lo que puede casar daño al prójimo. Hay
que recordar que el aborto es una forma de homicidio y por lo tanto constituye un
grave pecado. Además los métodos anticonceptivos contribuyen otro tanto a crecer los
abortos anónimos.
Otra manera de causar daño a los demás, está representada por el escándalo.
Escandalizar a un inocente es algo grave en cuanto lo induce al pecado que causa la
muerte espiritual.
Al mismo tiempo este mandamiento nos ordena querer a todos, perdonar las ofensas.
Si queremos que Dios nos perdone, no tenemos otro camino que perdonar al prójimo las
ofensas que nos ha causado. Jesús ha dicho que si guardamos algún odio o rencor o
alguna ofensa recibida no recibiremos el perdón de Dios. Así que de nosotros mismos
depende.
El Quinto Mandamiento: contrarresta la tendencia al odio, a la malquerencia, a la
envidia, a la crítica, egoísmo, a la revancha y venganza, a la violencia.
6.- No cometerás adulterio ni otras acciones impuras.
El adulterio consiste en las relaciones sexuales entre una persona casada y otra que no
es el esposo o la esposa. Este mandamiento prohíbe también las relaciones sexuales
entre personas que viven sin casarse por la Iglesia, entre novios, con prostitutas,
entre personas del mismo sexo o con animales. Es pecado también provocarse uno
mismo satisfacción sexual (masturbación) ya que representa un acto egoísta, pues el
amor debe ser compartido.
Para cumplir con este mandamiento, hay que evitar las conversaciones con fondo
sexual, chistes colorados, pornografía y bailes desordenados.
Es cierto el impulso sexual es muy fuerte y es fuente de muchas tentaciones. Sin
embargo tenemos que estar convencidos de que con la ayuda de Dios y a buena
voluntad se puede vencer. Acordémonos de que el que se pone en la tentación cae con
facilidad.
El Sexto Mandamiento: contrarresta la tendencia a disfrutar de la sexualidad sin
norma, sin medida, sin la finalidad para la que Dios destinó el sexo. ¿Para qué nos dio
Dios el sexo? Es un don de Dios para que los esposos, dentro de un matrimonio maduro,
fiel y estable, crezcan en el amor y traigan hijos a este mundo.
7.- No robarás.
Este mandamiento prohíbe quitar, dañar y destruir lo ajeno. Los fraudes, las
falsificaciones, las trampas en los negocios, el uso de moneda falsa, van en contra de
este mandamiento.
Para que Dios perdone hay que devolver cuanto antes lo robado y en la medida de lo
posible.
El Séptimo Mandamiento: contrarresta la tendencia a quedarnos con lo que no es
nuestro, y a tomar la justicia por nuestra propia mano. Y al mismo tiempo nos ayuda a
regular el derecho a la propiedad privada.
8.- No levantarás falsos testimonios contra tu prójimo ni mentirás.
Este mandamiento obliga no calumniar al prójimo, ni mentir, ni contar los defectos de
los demás sin necesidad, ni pensar mal de la gente. Todo esto puede provocar graves
daños al prójimo. Por lo tanto, si queremos que Dios nos perdone tenemos que tratar
reparar hasta donde sea posible el daño hecho en los demás.
El Octavo Mandamiento: contrarresta la tendencia a mentir, consciente o
inconscientemente, para salir al paso, llamar la atención, para evitar males mayores,
por respeto humano; esa tendencia a curiosear secretos, a meterse en la vida de
otros, a hacer juicios precipitados de los demás.
9.- No desearás la mujer de tu prójimo ni consentirás pensamientos ni deseos
impuros.
Este mandamiento completa el sexto y se refiere a los pecados internos con la relación
al sexo. No sólo es pecado cometer el desorden sexual sino también desearlo.
El Noveno Mandamiento: contrarresta la tendencia a pensar cosas impuras, hacer
castillos en el aire con estas cosas, a mirar y desear a la mujer o al varón que no te
pertenece.
10.- No codiciarás las cosas ajenas.
Este mandamiento completa el séptimo y consiste en no desear tomar lo ajeno. Dios
quiere que luchemos para superarnos, pero no quiere que seamos egoístas y envidiosos.
El ansia del dinero puede llegar a esclavizarnos, con graves peligros para nosotros y el
prójimo.
El Décimo Mandamiento: contrarresta la tendencia a la avaricia, a los apegos a las
cosas terrenas, a la envidia por las cosas de los demás.
Y estos mandamientos dicen todo con claridad. ―No matarás‖. No dice: ―No
interrumpirás el embarazo‖ o ―No harás una selección sexual prenatal‖. ―No mentirás‖.
No dice: ―No mentirás en algunas ocasiones‖. ―No cometerás adulterio‖. No dice:
―Cuando no te vaya bien con tu mujer, búscate otra‖. ―No robarás‖. No dice: ―No
robarás al que no te roba‖.
CARACTERÍSTICAS DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS
Los diez mandamientos tienen estas características:
1° Son inmutables: no pueden cambiarse. Nadie puede cambiarlos, pues los ha
establecido Dios. Y cuando Dios dice una cosa, no la cambia por nada, pues es
infinitamente sabio y perfecto. Son inmutables; perdurarán en el siglo XXI, XXX, LX,
etc. Dios no cambia de opinión fácilmente; cuando da una norma, es tan perfecta que
no puede cambiarla. Sería una contradicción en Dios. ¿Te puedes imaginar a un Dios
arbitrario que juega con nosotros, a costa de sus caprichos y conveniencias? Con la
venida de Nuestro Señor Jesucristo no quedó derogado el Decálogo, sino que debemos
observarlo con una conciencia más delicada todavía aún, porque ayudando Él adquirimos
fuerzas para cumplirlo. Por eso agrega el Señor a la frase anterior: ―Con toda verdad
os digo que antes faltarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse perfectamente
cuanto contiene la ley, hasta una sola jota o ápice de ella‖ (Mateo 5, 18-19).
¿Cómo completó Jesús el Decálogo?
No tanto en nuevos mandatos, sino en la profundidad de lo que significaban dichos
mandatos. Si quisiera resumirte lo que Jesús añade y perfecciona como ley nueva,
siguiendo al doctor Isidro Gomá cuando comenta el evangelio según san Mateo, te diría
lo siguiente:
De ―no matar‖ del Decálogo antiguo, Jesús pide ―no tener rencor‖ (Mateo 5, 21-
26). ¡Vaya avance!
De ―no cometer adulterio‖, Jesús apunta e invita a la castidad de corazón
(Mateo 5, 27-30). Jesús afina y apunta al sagrario de la interioridad.
De la reglamentación de la práctica del ―repudio‖, Jesús llama a la indisolubilidad
del matrimonio (Mateo 5, 31-32), como fue el plan de Dios al inicio de la
creación.
Del respeto a los juramentos, a la absoluta sinceridad del lenguaje cristiano
(Mateo 5, 33-37): o si o no; todo lo que no sea esto, procede del mal.
Del rigor justiciero frente a las injurias, a la abnegación positiva y generosa en
aceptarlas (Mateo 5, 38-42), alegrarse y poner la otra mejilla.
Y de un amor al prójimo bajo condiciones, a la caridad universal, para imitar a
Dios (Mateo 5, 43-48) que ama a malos y buenos, justos e injustos.
Dice el Catecismo de la Iglesia católica en el número 1968: ―La Ley evangélica lleva a
plenitud los mandamientos de la Ley. El sermón de la montaña, lejos de abolir o
devaluar los preceptos morales de la Ley antigua, extrae de ella sus virtualidades
ocultas y hace surgir de ella nuevas exigencias: revela toda su verdad divina y humana.
No añade preceptos exteriores nuevos, pero llega a reformar la raíz de los actos, el
corazón, donde el hombre elige entre lo puro y los impuros…, donde se forman la fe, la
esperanza y la caridad, y con ellas las demás virtudes. El Evangelio conduce así la Ley a
su plenitud mediante la imitación de la perfección del Padre celestial, mediante el
perdón de los enemigos y la oración por los perseguidores, según el modelo de la
generosidad divina‖.
2° Son absolutos: tienen carácter absoluto, no dan pie a ningún relativismo, ni a
ningún tipo de ética de la situación. El relativismo es la doctrina que dice que todo es
relativo y depende del punto de vista de cada uno. No se puede aceptar esta doctrina,
pues hay cosas y valores fundamentales, innegables y absolutos. Los mandamientos no
se pueden recortar, aminorar, rebajar. Otra cosa es ver si es materia grave o materia
leve. Lo que fue pecado y estuvo mal ayer, será pecado hoy y mañana y siempre.
3° Son universales: es decir, valen para todos los hombres. Ningún hombre está
exento de cumplirlos. Valen para el hombre de campo y de la ciudad, para el hombre
instruido o menos instruido; para el niño, el joven y el adulto; para el europeo,
africano, asiático, americano y para el hombre de Oceanía; para el que se encuentra en
una isla perdida del Pacífico, como para quien vive en una gran metrópoli.
4° Son actuales: son para ayer, para hoy, para mañana. Son de ayer, de hoy y de
siempre. Aunque los reveló Dios hace más de tres mil quinientos años, sin embargo
siguen vigentes, actuales. Son para ti y para mí. No han pasado de moda. Nunca pasan
de moda.
Dificultades y frutos
Resuena en nuestros oídos la pregunta del joven rico: Maestro, ¿qué he de hacer para
conseguir la vida eterna? Marcos 10, 17.
Le contestó Cristo: Cumple los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no
robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre.
¿POR QUÉ TE CUESTAN?
Te cuestan por una sencilla razón: porque por culpa del pecado original estás inclinado
al mal, a lo más fácil, placentero, cómodo. Y los mandamientos ciertamente no
estimulan a nada de esto. Los mandamientos apuntan a lo más noble que hay en ti: el
superarte, el subir la montaña de la perfección y felicidad.
Los diez mandamientos nos marcan una vereda por la que debemos caminar para llegar
a la felicidad verdadera, a la realización personal, y esta vereda es estrecha, por
momentos fatigosa, y siempre cuesta arriba. ¿Te atreverás a subir por ella? Sólo los
que aman y tienen voluntad se deciden a subir esta cuesta.
¿QUÉ FRUTOS EXPERIMENTARÁS AL CUMPLIRLOS?
Quienes los viven, experimentan estos frutos suculentos:
Te hacen libre y te liberan de tantas ataduras y esclavitudes.
Limpian tu corazón de deseos innobles.
Te permiten dar a Dios lo que es de Dios, y a los demás lo que es de ellos.
Quita fardo innecesario de tu mochila para caminar ágil hacia Dios.
Gracias a los mandamientos puedes crear la civilización del amor, de la fidelidad,
del respeto, de la justicia.
Te llevan a la realización humana y cristiana.
Tanta paz proporcionan al alma.
Y te hacen vivir la fraternidad entre todos.
Pero sobre todo, pones contento a Dios tu Padre, tu Señor, tu el pecado no es, en
absoluto, el centro de la religión cristiana. Es, para los creyentes, lo que las vallas
para el corredor de obstáculos, lo que el trampolín para el saltador en piscina,
algo que hay que conocer y superar. Nosotros no somos sólo gente que huye del
mal y del infierno. Somos gente que sube y camina hacia Cristo. Es Él quien nos
interesa. Es Él nuestro centro.
Te invito, pues, a simplificar tu vida en el amor. Entonces sí tiene sentido la frase de
san Agustín, que algunos malinterpretaron: ―Ama, y haz lo que quieras‖. Sí, haz lo que
quieras, pero primero ama, con el amor que nos trajo Jesús del cielo, con ese amor de
caridad. Si tienes en tu corazón el amor de Dios, entonces todo lo que hagas, lo harás
motivado por ese amor. Y el amor verdadero es puro, recto, sincero, desinteresado,
generoso, sacrificado.
Si amas, serás capaz de cosas como ésta que te cuento.
Esa fuerza del amor te llevará a hacer cosas como ésta que hizo una misionera de la
caridad.
El amor nos hace realizar cosas que nos parecen imposibles. El amor tiene que ser
sincero.
6. LLAMADO A LA ACCIÓN
Dijo Jesús en el Evangelio: ―Haz esto y vivirás‖, es decir, cumple estos mandamientos y
vivirás, serás feliz, te realizarás como persona y como cristiano…y construirás un
mundo mejor, donde reinará el amor, la paz, la honestidad y todos los valores humanos
y morales. ¿Cuestan? Es cierto. Pero, lo que cuesta es porque vale.
¿Se pueden practicar y vivir o son una utopía? Por supuesto, con tu esfuerzo y con la
ayuda de Dios.
Cuando falta el amor cristiano en el mundo, se alzan las grandes dictaduras ateas y el
mundo salta en pedazos. Sin la fuerza del amor cristiano, la humanidad se encuentra
como un gran barco después de chocar contra un iceberg, dando bandazos y
afrontando enormes riesgos para poder sobrevivir.
Si tú eres cristiano, debes vivir el amor. Y con el amor se cumplen todos los
mandamientos más fácilmente.
Si tú amas a Dios, rezarás con fe, con esperanza, en tu casa, en familia, en tu Iglesia.
Si tú amas a Dios, no tendrás necesidad de consultar a adivinos, cartas, horóscopos,
pues has puesto tu confianza en Dios, y punto.
Si tú amas a Dios, hablarás bien de Dios, de la Virgen, de los Santos, del Papa, de los
Obispos, de los sacerdotes, de las religiosas y monjas.
Si tú amas a Dios, vendrás con gusto a misa no sólo los domingos y fiestas, sino entre
semana. Y harás de la oración diaria tu alimento y tu sostén.
Si tú amas a Dios, sabrás defender tu fe y no la expondrás por nada del mundo, con
libros o espectáculos que atenten contra ese tesoro que es tu fe. Es más, si tú amas a
Dios, cultivarás cada día más tu fe con buenos cursos, conferencias, lecturas
apropiadas.
Si tú amas a Dios, sabrás cumplir con amor y fidelidad tus promesas hechas a Él.
Si tú amas a Dios, el acudir a la confesión para pedirle perdón por tus faltas y pecados
será una necesidad de tu corazón filial arrepentido por el mal que hiciste a tu Padre
Dios.
Si tú amas a Dios, no protestarás ante el sacrificio, sino que sabrás ofrecerlo con
gusto a Dios.
Y si tú amas a tu prójimo, respetarás, obedecerás, amarás a tus papás, sin jamás
entristecerlos, mentirles, sin avergonzarte de ellos. Les darás alegrías, gustos,
contento.
Si amas a tu prójimo, por supuesto que nunca le insultarás, ni le alzarás la mano o el
tono de tu voz, ni le criticarás, ni le tendrás odio, ni le matarás de palabra o de obra.
Al contrario, sabrás comprenderle, brindarte a él, perdonarle, hablar bien de él,
acercarte con bondad a quienes más te cuestan. ¿Por qué? Porque tienes amor en tu
corazón. Sólo el amor es digno de fe.
Si tú amas al prójimo, entonces sabrás controlarte en la bebida, pues si estás
borracho, no sólo te haces mal a ti, sino también le puedes herir al otro con tu
comportamiento indecente y tal vez brusco.
Si tú amas al prójimo, sabrás respetar a tu novio o a tu novia, y serás fiel a tu esposo o
a tu esposa, y sabrás educar a tus hijos.
Si amas al prójimo, jamás te permitirás robarle, ni cosa pequeña ni grande, porque es
tu hermano.
Si amas al prójimo, ¿acaso le mentirías? Nunca. Él merece oír siempre la verdad.
Si amas al prójimo, le ayudarás en sus necesidades, especialmente al más pobre.
Si amas al prójimo, no le harás ninguna injusticia, ni soborno, ni fraude, pues el amor
busca siempre el bien del otro.
¿Ves? Todo se reduce y se resume en el amor.
Los que han vivido o tratan de vivir los Mandamientos de la Ley de Dios son personas
libres, radiantes de alegría. Van por el mundo con la frente bien alta, con la conciencia
tranquila y son ejemplo que arrastra y estimula a imitarlos.
¿Por qué no tratas de meditarlos diariamente para que puedas comprender la
motivación profunda de cada mandamiento? Y al final del día, antes de acostarte,
repásalos para ver cuál de todos has cumplido y cuál has dejado de cumplir, y así
superarte el día siguiente.
Vívelos siempre y en todas partes. Al estudiar, al trabajar, al relacionarte con las
personas, al ir de vacaciones…recuerda siempre los Mandamientos de la Ley de Dios y
llévalos en tu mente y en tu corazón. Vívelos siempre. Cuando estás de novio o cuando
te cases, informa tu vida con los preceptos del Decálogo. Si estás sano o enfermo,
repasa sereno estos diez secretos para tu felicidad. Si estás casado y tienes hijos,
enséñales el sentido y el porqué de la Ley de Dios.
Los Mandamientos, te repito, son camino de felicidad, de realización, de paz y
serenidad del alma. Son brújula en el camino de tu vida que siempre marca el norte.
Y sobre todo, quien cumple los Mandamientos va camino del cielo que Dios nos ha
prometido a todos. Es más, el Decálogo es camino para llegar al cielo, y poder
disfrutar de la compañía de Dios y de los santos, que lo vivieron en su paso por la
tierra. Si ellos pudieron llegar, ¿por qué tú no?
Vívelos con amor, con conciencia. Y ayuda a vivirlos a tus seres queridos.
Y no te desanimes si ves que a tu alrededor avanza más el bien que el mal. Nosotros,
los cristianos, sabemos que el mundo está siempre en manos de Dios. Aun cuando el
hombre se alejara de Dios hasta el punto de abocarse a la destrucción al final de los
tiempos, Dios volverá a establecer un nuevo comienzo. Nosotros hacemos las cosas con
la fe puesta en Dios, para que el hombre no se aleje de Él y el mundo sea, en la medida
en que nosotros podamos, una nueva creación suya, que el hombre pueda vivir una nueva
vida como criatura suya.
Tú, siembra el bien, y cosecharás el bien.
7. PARA LA REFLEXIÓN
1. ¿Cuál de los mandamientos crees que es el que más cuesta cumplir en la actualidad que
estamos viviendo?
2. ¿Por qué siguen siendo actuales a pesar de que Dios los reveló hace más de tres mil
quinientos años?
3. ¿Por qué con el amor se cumplen todos los mandamientos más fácilmente?
4. Lee todo el sermón de la montaña, que encontrarás en san Mateo, capítulos 5, 6 y 7. Son
las ocho bienaventuranzas, proclamadas también desde una montaña santa. Jesús
reafirma el Decálogo y lo completa y perfecciona con el ―nuevo Decálogo‖ ¿Cómo
relacionas estos dos "Decálogos"?
5. Proponer la siguiente LECTURA (Transcribirla y darles copia ara que lleven para la
casa): Extraída del libro ―Imitación de Cristo‖ de Tomás de Kempis, libro III,
capítulo V: Del maravilloso afecto del divino amor.
3. Gran cosa es el amor, y bien sobremanera grande; él solo hace ligero todo lo pesado, y
lleva con igualdad todo lo desigual. Pues lleva la carga sin carga, y hace dulce y sabroso
todo lo amargo. El amor noble de Jesús nos anima a hacer grandes cosas, y mueve a
desear siempre lo más perfecto.
El amor quiere estar en lo más alto, y no ser detenido de ninguna cosa baja.
El amor quiere ser libre, y ajeno de toda afición mundana; porque no se impida su vista, ni
se embarace en ocupaciones de provecho temporal, o caiga por algún daño.
No hay cosa más dulce que el amor; nada más fuerte, nada más alto, nada más ancho, nada
más alegre, nada más lleno, ni mejor en el cielo ni en la tierra; porque el amor nació de
Dios, y no puede aquietarse con todo lo criado, sino con el mismo Dios.
4. El que ama, vuela, corre y se alegra, es libre y no embarazado. Todo lo da por todo; y
todo lo tiene en todo; porque descansa en un Sumo bien sobre todas las cosas, del cual
mana y procede todo bien. No mira a los dones, sino que se vuelve al dador sobre todos los
bienes.
El amor muchas veces no guarda modo, más se enardece sobre todo modo. El amor no
siente la carga, ni hace caso de los trabajos; desea más de lo que puede: no se queja que
le manden lo imposible; porque cree que todo lo puede y le conviene.
Pues para todos es bueno, y muchas cosas ejecuta y pone por obra, en las cuales el que no
ama, desfallece y cae.
5. El amor siempre vela, y durmiendo no duerme. Fatigado no se cansa; angustiado no se
angustia; espantado no se espanta: sino, como viva llama y ardiente luz, sube a lo alto y se
remonta con seguridad.
Si alguno ama, conoce lo que dice esta voz: Grande clamor es en los oídos de Dios el
abrasado afecto del alma que dice: Dios mío, amor mío, Tú todo mío, y yo todo tuyo.
6. Dilátame en el amor, para que aprenda a gustar con la boca interior del corazón cuán
suave es amar y derretirse y nadar en el amor.
Sea yo cautivo del amor, saliendo de mí por él grande fervor y admiración. Cante yo
cánticos de amor: sígale, amado mío, a lo alto, y desfallezca mi alma en tu alabanza,
alegrándome por el amor. Ámate yo más que a mí, y no me ame a mí sino por Ti, y en Ti a
todos los que de verdad te aman como manda la ley del amor, que emana de Ti como un
resplandor de tu divinidad.
7. El amor es diligente, sincero, piadoso, alegre y deleitable, fuerte, sufrido, fiel,
prudente, magnánimo, varonil y nunca se busca a sí mismo; porque cuando alguno se busca
a sí mismo, luego cae del amor. El amor es muy mirado, humilde y recto; no es regalón,
liviano, ni entiende en cosas vanas; es sombrío, casto, firme, quieto y recatado contra
todos los sentidos.
El amor es sumiso y obediente a los superiores, vil y despreciado para sí; para Dios devoto
y agradecido, confiando y esperando siempre en El, aun cuando no le regala, porque no vive
ninguno en amor sin dolor.
8. El que no está dispuesto a sufrirlo todo, y a hacer la voluntad del amado, no es digno de
llamarse amante.
Conviene al que ama abrazar de buena voluntad por el amado todo lo duro y amargo, y no
apartarse de El por cosa contraria que acaezca.
ENCUENTRO 17 CON REPRESENTANTES
EVANGELIZACION CASERA: PIEDAD POPULAR
1. CANTO INICIAL:
2. ORACIÓN
3. TEXTO BIBLICO: Ex. 12,21-28
4. CONVERSACIÓN
a. ¿Cómo quieren que sus hijos sean?
b. ¿Qué hacen en su vida diaria para alcanzar dicha meta?
5. REFLEXIÓN
La Orquídea es una planta de flores muy hermosas, pero difícil de cultivar, pues
para lograrlo hay que controlar la temperatura y la iluminación y tener en cuenta
el tamaño de la maceta. Además, esta planta es sensible al suelo y a los
fertilizantes, y resulta un blanco fácil de enfermedades e insectos. Por eso,
no es nada extraño que el primer intento de cultivar una orquídea fracase.
Educar a los hijos es mucho más difícil y complejo que cultivar una planta, y
también exige considerables atenciones. De ahí que los padres suelan dudar
respecto al tipo de crianza que deben dar a sus hijos. Muchos sienten que
necesitan ayuda, tal como la persona que quiere cultivar orquídeas necesita el
asesoramiento de un experto. Sin duda todos los padres desean la mejor guía.
Los padres hoy procuran que los hijos tengan la mayor educación posible y los
llevan a la escuela, donde estudian voluminosos libros de texto llenos de colores
y de escritura de los niños. Pero muchos padres quieren, además, que sus hijos
mejoren el inglés con unas clases de refuerzo, que mejoren sus aptitudes físicas
y van a gimnasia, o sus conocimientos musicales y van a clases de música y tocan
un instrumento, o mejorar en habilidades manuales… y un largo etcétera. Al final
del día los niños están agotados. Y en todo este tiempo ¿alguien les sugiere que
se acuerden de Dios? ¿En qué orden de prioridades está Dios?
En la propia familia se forja el carácter, la personalidad, las costumbres... y
también se aprende a tratar a Dios. Una tarea que cada día resulta más
necesaria
Las Escrituras destacan el valor de cultivar buenas cualidades, algo que, en
opinión de muchos, suele pasarse por alto (Ef. 4,20-24). En este sentido, en la
Biblia encontramos consejos que representan un elemento esencial de una
educación equilibrada. Dichos consejos han beneficiado ya a miles de personas
que los han aplicado, sin importar la época en que hayan vivido o sus
antecedentes culturales. Por ello, seguir las recomendaciones divinas puede
ayudarle a tener éxito en la crianza de sus hijos.
Dice la Sagrada Escritura en Eclesiástico 30, 1-2: ―El que ama a su hijo no deja
de castigarlo, y al final encontrará en él su alegría. El que educa a su hijo
quedará satisfecho, y ante sus conocidos estará orgulloso de él.‖
En el texto Ex 12,21-28 (leerlo), se nos narran las instrucciones que Dios le da
a Moisés para celebrar la Pascua, fiesta que también se denomina la festividad
de la Libertad, y este aspecto de la celebración se enfatiza en los rituales y las
oraciones: el éxodo de la esclavitud a la libertad simboliza la redención física y
espiritual, y la aspiración del ser humano de ser libre.
En la comida pascual era costumbre que el más joven preguntara cuatro veces al
cabeza de familia ―¿qué significa esto?‖, en relación con la comida, el cordero,
los panes sin levadura y las hierbas amargas (cf. Ex 12,26; 13,8.14). El padre
tenía que responder con los siguientes textos de la Escritura: Deut. 26; Ex. 13;
12,29; 1,14.
De esta manera, Dios instruía al padre de familia sobre la formación de los hijos
en el campo de la fe, en el temor a Dios.
Cada hijo es una muestra de confianza de Dios con los padres, que les
encomienda el cuidado y la guía de una criatura llamada a la felicidad eterna. La
fe es el mejor legado que se les puede transmitir; más aún: es lo único
verdaderamente importante, pues es lo que da sentido último a la existencia.
Dios, por lo demás, nunca encarga una misión sin dar los medios imprescindibles
para llevarla a cabo; y así, ninguna comunidad humana está tan bien dotada como
la familia para facilitar que la fe arraigue en los corazones.
Así también, en Deut. 6,7 se les recomienda: ―Tienes que [inculcar los
mandamientos de Dios] en tu hijo y hablar de [ellos] cuando te sientes en tu
casa y cuando andes por el camino y cuando te acuestes y cuando te levantes.‖
Existe una tendencia creciente a trabajar horas extraordinarias. Cuando tanto
el padre como la madre tienen un empleo, las consecuencias se dejan sentir.
Muchos padres pasan cada vez menos tiempo con sus hijos. Mientras están en
casa, tienen que encargarse de los quehaceres domésticos y de otras tareas, y
es probable que terminen agotados. En esas circunstancias, ¿cómo se logra
mantener una buena comunicación con los hijos? Suelen presentarse
oportunidades de hablar con ellos si se realizan los quehaceres juntos.
Es importante que los hijos se acostumbren a comunicarse con los padres desde
tierna edad. De lo contrario, cuando sean adolescentes y quizás afronten
problemas, no verán a sus padres como amigos con quienes hablar. ¿Cómo se
puede ayudar a los hijos a que abran su corazón? Prov. 20,5 dice: ―El consejo en
el corazón del hombre es como aguas profundas, pero el hombre de
discernimiento es el que lo sacará‖. Una forma de lograr que los hijos expresen
sus opiniones y sentimientos es utilizar preguntas de punto de vista, como por
ejemplo: ―¿Qué opinas tú?‖. ―¿Qué haría si su amigo comete una falta grave?‖
Dice Ef. 6,4: ―Ustedes, padres, no estén irritando a sus hijos, sino sigan
criándolos en la disciplina y regulación mental del Señor.‖
Para obtener buenos resultados, es importante que se administre disciplina
amorosa de la manera adecuada. ¿Cómo podrían los padres ‗irritar a sus hijos‘?
Si la disciplina no se corresponde con la gravedad del mal o se administra de
forma muy crítica, los hijos se resistirán a aceptarla. La disciplina siempre debe
darse con amor (Prov. 13,24). Si usted razona con sus hijos, ellos comprenderán
que los disciplina porque los ama (Prov. 22,15; 29,19).
En la enseñanza de la Ley de Dios se incluye la disciplina y en la disciplina está
inserta la corrección o castigo: ―Escucha, hijo mío, recibe mis palabras, y se
alargarán los años de tu vida: Te instruyo sobre el camino de la sensatez, te
encamino por la senda recta. Al caminar no serán torpes tus pasos; al correr no
tropezarás. Agárrate a la corrección, no la sueltes; consérvala, porque te va la
vida‖ (Prov. 4,10-13; Cf. Hb 12,7-9; Ef. 6,4)
En la Biblia se anima a los padres a educar a los hijos en la disciplina. Se trata
de una disciplina que va unida a lo terrenal y a lo divino.
Para que esta realidad se haga de manera sólida, las leyes civiles pueden dar
herramientas, pero en la corrupción que contamina la sociedad también las leyes
se pasan por debajo del escritorio. Es necesario darles a los hijos un elemento
más sólido, donde la corrupción no tiene lugar. Es necesario educar en la fe.
La educación de la fe no es una mera enseñanza, sino la transmisión de un
mensaje de vida. Aunque la palabra de Dios es eficaz en sí misma, para
difundirla el Señor ha querido servirse del testimonio y de la mediación de los
hombres: el Evangelio resulta convincente cuando se ve encarnado.
Esto vale de manera particular cuando nos referimos a los niños, que distinguen
con dificultad entre lo que se dice y quién lo dice; y adquiere aún más fuerza
cuando pensamos en los propios hijos, pues no diferencian claramente entre la
madre o el padre que reza y la oración misma: más aún, la oración tiene valor
especial, es amable y significativa, porque quien reza es su madre o su padre.
Esto hace que los padres tengan todo a su favor para comunicar la fe a sus
hijos: lo que Dios espera de ellos, más que palabras, es que sean piadosos,
coherentes. Su testimonio personal debe estar presente ante los hijos en todo
momento, con naturalidad, sin pretender dar lecciones constantemente.
A veces, basta con que los hijos vean la alegría de sus padres al confesarse, para
que la fe se haga fuerte en sus corazones. No cabe minusvalorar la perspicacia
de los niños, aunque parezcan ingenuos: en realidad, conocen a sus padres, en lo
bueno y en lo menos bueno, y todo lo que éstos hacen –u omiten– es para ellos un
mensaje que ayuda a formarlos o los deforma.
Hay que pensar en cuál es el modo más pedagógico de transmitir la fe, y
formarse para ser buenos educadores; pero lo decisivo es el empeño de los
padres por querer ser santos. Es la santidad personal la que permitirá acertar
con la mejor pedagogía.
En todos los ambientes cristianos se sabe, por experiencia, qué buenos
resultados de esa natural y sobrenatural iniciación a la vida de piedad, hecha en
el calor del hogar. El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros
y más fundamentales afectos; aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen
como Madre; aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se
comprende eso, se ve la gran tarea apostólica que pueden realizar los padres, y
cómo están obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir –más
que enseñar– esa piedad a los hijos.
Por otra parte, vemos que muchos chicos y chicas –sobre todo, en la juventud y
adolescencia– acaban flaqueando en la fe que han recibido cuando sufren algún
tipo de prueba. El origen de estas crisis puede ser muy diverso: la presión de un
ambiente paganizado, unos amigos que ridiculizan las convicciones religiosas, un
profesor que da sus lecciones desde una perspectiva atea o que pone a Dios
entre paréntesis, pero estas crisis cobran fuerza sólo cuando quienes las sufren
no aciertan a plantear a las personas adecuadas lo que les pasa.
Es importante facilitar la confianza con los hijos, y que éstos encuentren
siempre disponibles a sus padres para dedicarles tiempo.
Los chicos, aun los que parecen más díscolos y despegados, desean siempre ese
acercamiento, esa fraternidad con sus padres. La clave suele estar en la
confianza: que los padres sepan educar en un clima de familiaridad, que no den
jamás la impresión de que desconfían, que den libertad y que enseñen a
administrarla con responsabilidad personal. Es preferible que se dejen engañar
alguna vez: la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se
avergüencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si no tienen libertad, si
ven que no se confía en ellos, se sentirán movidos a engañar. No hay que esperar
a la adolescencia para poner en práctica estos consejos: se puede propiciar
desde edades muy tempranas.
Hablar con los hijos es de las cosas más gratas que existen, y la puerta más
directa para entablar una profunda amistad con ellos. Cuando una persona
adquiere confianza con otra, se establece un puente de mutua satisfacción, y
pocas veces desaprovechará la oportunidad de conversar sobre sus inquietudes
y sus sentimientos; que es, por otra parte, una manera de conocerse mejor a uno
mismo. Aunque hay edades más difíciles que otras para lograr esa cercanía, los
padres no deben cejar en su ilusión por llegar a ser amigable con los hijos: a los
que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los
que se espera una ayuda eficaz y amable.
En ese ambiente de amistad, los hijos oyen hablar de Dios de un modo grato y
atrayente. Todo esto requiere que los padres encuentren tiempo para estar con
sus hijos, y un tiempo que sea ―de calidad": el hijo debe percibir que sus cosas
nos interesan más que el resto de nuestras ocupaciones. Esto implica acciones
concretas, que las circunstancias no pueden llevar a omitir o retrasar una y otra
vez: apagar la televisión o el ordenador –o dejar, claramente, de prestarle
atención– cuando la chica o el chico pregunta por nosotros y se nota que quiere
hablar; recortar la dedicación al trabajo; buscar formas de recreo y
entretenimiento que faciliten la conversación y vida familiar, etc.
Algunos padres de familia, frente a la religión piensan que hay que darle
libertad, ellos sabrán que creen, se les escucha decir a otros. En nombre de la
libertad religiosa, la sociedad busca ser construida sin Dios.
Cuando está por medio la libertad personal, no siempre las personas hacen lo que
más les conviene, o lo que parecería previsible en virtud de los medios que hemos
puesto. A veces las cosas se hacen bien pero salen mal, al menos,
aparentemente, y sirve de poco culpabilizarse, o echar la culpa a otros, de esos
resultados.
Lo más sensato es pensar cómo educar cada vez mejor, y cómo ayudar a otros a
hacer lo mismo; no hay, en este ámbito, fórmulas mágicas. Cada uno tiene un
modo propio de ser, que le lleva a explicar y plantear las cosas de un modo
diverso; y lo mismo puede decirse de los educandos que, aunque vivan en un
ambiente semejante, poseen intereses y sensibilidades diversas.
Tal variedad no es, sin embargo, un obstáculo. Más aún, amplia los horizontes
educativos: por una parte, posibilita que la educación se encuadre, realmente,
dentro de una relación única, ajena a estereotipos; por otra, la relación con los
temperamentos y caracteres de los diversos hijos favorece la pluralidad de
situaciones educativas.
Por eso, si bien el camino de la fe es el más personal que existe, pues hace
referencia a lo más íntimo de la persona, su relación con Dios, podemos ayudar a
recorrerlo: eso es la educación. Si consideramos despacio en nuestra oración
personal el modo de ser de cada persona, Dios nos dará luces para acertar.
Transmitir la fe no es tanto una cuestión de estrategia o de programación, como
de facilitar que cada uno descubra el designio de Dios para su vida. Ayudarle a
que vea por sí mismo que debe mejorar, y en qué, porque nosotros propiamente
no cambiamos a nadie: cambian ellos porque quieren.
Podrían señalarse diversos aspectos que tienen gran importancia para transmitir
la fe. Uno primero es quizá la vida de piedad en la familia, la cercanía a Dios en
la oración y los sacramentos. Cuando los padres no la ―esconden", a veces
involuntariamente, ese trato con Dios se manifiesta en acciones que lo hacen
presente en la familia, de un modo natural y que respeta la autonomía de los
hijos. Bendecir la mesa, o rezar con los hijos pequeños las oraciones de la
mañana o la noche, o enseñarles a recurrir a los Ángeles Custodios o a tener
detalles de cariño con la Virgen, son modos concretos de favorecer la virtud de
la piedad en los niños, tantas veces dándoles recursos que les acompañarán toda
la vida.
Otro medio es la doctrina: una piedad sin doctrina es muy vulnerable ante el
acoso intelectual que sufren o sufrirán los hijos a lo largo de su vida; necesitan
una formación apologética profunda y, al mismo tiempo, práctica.
Lógicamente, también en este campo es importante saber respetar las
peculiaridades propias de cada edad. Muchas veces, hablar sobre un tema de
actualidad o un libro podrá ser una ocasión de enseñar la doctrina a los hijos
mayores (esto, cuando no sean ellos mismos los que se dirijan a nosotros para
preguntarnos).
Con los pequeños, la formación catequética que pueden recibir en la parroquia o
en la escuela es una ocasión ideal. Repasar con ellos las lecciones que han
recibido o enseñarles de un modo sugerente aspectos del catecismo que tal vez
se han omitido, hacen que los niños entiendan la importancia del estudio de la
doctrina de Jesús, gracias al cariño que muestran los padres por ella.
Otro aspecto relevante es la educación en las virtudes, porque si hay piedad y
hay doctrina, pero poca virtud, esos chicos o chicas acabarán pensando y
sintiendo como viven, no como les dicte la razón iluminada por la fe, o la fe
asumida porque pensada. Formar las virtudes requiere resaltar la importancia de
la exigencia personal, del empeño en el trabajo, de la generosidad y de la
templanza.
Educar en esos bienes impulsa al hombre por encima de las apetencias
materiales; le hace más lúcido, más apto para entender las realidades del
espíritu. Quienes educan a sus hijos con poca exigencia –nunca les dicen que ―no"
a nada y buscan satisfacer todos sus deseos–, ciegan con eso las puertas del
espíritu.
Es una condescendencia que puede nacer del cariño, pero también del querer
ahorrarse el esfuerzo que supone educar mejor, poner límites a los apetitos,
enseñar a obedecer o a esperar. Y como la dinámica del consumismo es de por sí
insaciable, caer en ese error lleva a las personas a estilos de vida caprichosos y
antojadizos, y les introducen en una espiral de búsqueda de comodidad que
supone siempre un déficit de virtudes humanas y de interés por los asuntos de
los demás.
Por la noche hacer rezar a los niños a veces les cuesta cuando lo perciben como
una obligación más, como ir a misa los domingos, porque nadie les ha enseñado el
sentido de la Santa Misa, donde se desborda el amor de Dios, un Dios bueno y
misericordioso. Los niños rezan al principio y al final del día al Dios
Todopoderoso y a su Madre la Virgen María, toda dulzura para conseguir un
mundo que ame la verdad, la justicia y la misericordia.
Al comenzar el día todo son prisas para no llegar tarde al colegio, y el padre o la
madre que los acompañan van pensando más en el trabajo profesional que les
viene después que cuidar la vida espiritual de los pequeños. Piensan que ya se lo
enseñarán en el colegio o cuando hagan a la Primera Comunión, o cuando… Es
decir que alguien les dará esta formación descuidando que es obligación propia
de los padres, del padre y de la madre.
Y así van pasando los primeros años de la vida de los niños, los cuales tienen un
sinfín de interrogantes que esperan respuesta de los padres y no la tienen. Y es
hasta cierto punto comprensible porque los padres llegan al final del día
cansados de un estresante trabajo, donde tal vez han tenido que hacer
muchos kilómetros para ir y volver, y/o ha tenido que trabajar a una velocidad
de vértigo como se les ha exigido, o han recibido reprimendas de sus jefes o
jefas, o simplemente no le han salido bien las cosas, o también porque buscan
trabajo y no lo encuentran y cuando lo encuentran tienen que trabajar muchas
horas y a veces por turnos diurnos y nocturnos, los fines de semana, o cuando el
padre o la madre han tenido que emigrar y sufren el dolor de vivir fuera de su
familia, etc.
El papel de los abuelos en la educación en la fe de los nietos, no les coloca como
los principales educadores, sustrayendo de esta función esencial a los padres,
pero sí serán un complemento y donde los padres no lleguen pueden llegar los
abuelos.
La Iglesia siempre ha enseñado que los padres deben ser, y no ha cambiado esta
obligación, los primeros transmisores de la fe a sus hijos, una fe que ya
recibieron de sus padres.
Como ya se dijo antes, el cultivo de la piedad popular en el hogar, es un camino
evangelizador, trasmisor de la fe a los hijos.
La piedad popular se refiere a las más variadas prácticas y expresiones
católicas "de culto privado (personal o comunitario) prestado a Dios, a los
santos, a las cosas santas" y a la Virgen María.
Este tipo de culto católico se fue desarrollando a lo largo de los tiempos, al
margen de la iglesia oficial, por eso está muchas veces asociado al llamado
catolicismo popular. Más concretamente, la piedad popular es el resultado de la
fe y "de la cultura de un pueblo o grupo social".
La piedad popular es diferente del culto litúrgico, que es "el culto oficial
prestado por la iglesia católica con Cristo y por Cristo a Dios". Sin embargo, a
pesar de esa diferencia, "ha sucedido a lo largo de los siglos que ciertas
expresiones de la piedad popular pasaran a la liturgia (fiestas de navidad, del
Sagrado Corazón de Jesús, del Inmaculado Corazón de María, etc.)".
Sin embargo, la piedad popular no es contradictoria con la liturgia, siendo
aceptada e incluso, en muchos casos, recomendada por la iglesia. Hay que
destacar que ella no puede sustituir a la liturgia ya toda la gente que lo práctica
debe recordar siempre que todo el culto católico es en última instancia, dirigido
y entregado a la Santísima Trinidad.
En otras palabras, la liturgia es el criterio, el culto oficial, la forma de vida de la
iglesia en su conjunto alimentada directamente por el evangelio.
La piedad popular o religiosidad significa que la fe se arraiga en los corazones
de los diversos pueblos, para entrar en el mundo de la vida cotidiana. La piedad
popular es la primera y fundamental forma de inculturación de la fe, que
continuamente debe dejarse guiar por las indicaciones de la liturgia, pero que, a
su vez, la fecunda a partir del corazón.
Sus riesgos y su importancia
Debido al riesgo potencial de "desviarse a formas supersticiosas", la piedad
popular "debe estar siempre bajo la lúcida vigilancia" de la jerarquía
eclesiástica. Más específicamente, los clérigos católicos "deben corregir y
valorizar" las distintas expresiones de la piedad popular, "buscando que ellas se
inspiren en las Escrituras, estén en sintonía con la liturgia y respeten la
ortodoxia doctrinal, aunque teniendo en cuenta las tradiciones y las formas
auténticas de sentir y vivir del pueblo o del grupo social".
Sus diversas expresiones y tipos
Las diferentes expresiones de la piedad popular tienen el nombre de "ejercicios
de piedad", que puede ser inspirados, bajo la recomendación y autorización de la
santa sede y de los obispos, de la liturgia o también a partir de la "devoción o
aspectos formales." entre otras cosas, la devoción puede ser expresada en
"fórmulas de oración" a Dios, a Jesús, a la Virgen María y a los santos (novenas,
trecena, santo rosario...)", en peregrinaciones a los lugares sagrados", en la
veneración de medallas, estatuas, reliquias e imágenes sagradas y benditas, en
procesión, y otras "costumbres populares".
En el ámbito de sus muchos ejercicios de piedad, hay esencialmente dos tipos de
religiosidad popular:
el culto privado de la veneración, que está orientado a los santos (se llama
dulía), siendo especial la veneración a la Virgen María llamada hiperdulía.
el culto privado de adoración o latría, que es el único dirigido y entregado a
la Santísima Trinidad (Dios).
Cabe señalar que la piedad popular, más concretamente, las diferentes
expresiones de devoción, no es igual a la idolatría, que es el culto de adoración
que se presta a una criatura, grabándole la honra que es debida solo a Dios. A
pesar de que la iglesia católica insista en diferenciar la adoración y la
veneración, varios grupos religiosos, incluidos los protestantes, acusan al culto
de veneración y devoción como un acto de idolatría.
El Concilio Plenario de Venezuela, aprobado en el año 2007, en el documento
conciliar Nº 10 ―la celebración de los misterios de la fe‖, nos presenta en la
introducción: ―la Iglesia, pueblo de Dios, congregada por Cristo mediante su
Palabra, su misterio pascual y el don del Espíritu Santo, es como un sacramento
al servicio del Reino de Dios y para la salvación de todos. En la celebración
litúrgica del misterio salvador de Cristo, ella encuentra la cumbre a la cual
tiende toda su actividad y la fuente de donde mana toda su fuerza (cf. SC 10),
para cumplir su misión en la historia. En la vida de las comunidades eclesiales, la
liturgia y las manifestaciones de religiosidad popular de nuestro pueblo creyente
inspiradas en ella ocupan un puesto preponderante. Por ello, el Concilio Plenario
de Venezuela quiere iluminar y orientar a los fieles para que la celebración de
los misterios de la fe redunde cada vez más en la edificación de una iglesia de
comunión y solidaridad, capaz de responder a los desafíos de la evangelización y
santificación de Venezuela en los inicios del tercer milenio. Exhortamos, pues, al
pueblo creyente a vivir, celebrar y testimoniar la fe, ―mientras esperamos la
gloriosa venida de nuestro salvador Jesucristo‖ (CPV 1.)
La piedad popular y catequesis son dos realidades complementarias en la iglesia.
Por un lado, la piedad popular sin el kerigma, con su llamado a la conversión,
puede detener el crecimiento espiritual y reducirse a una mera expresión
folklórica. Por otro, la catequesis, si es ajena a la piedad popular, carece de
arraigo en la cultura y corre el riesgo de ser sólo adoctrinamiento.
Es necesario valorar la piedad popular como espacios y tiempos que nos permiten
evidenciar la iniciativa de un Dios que se hace cercano y que ofrece la salvación
a toda persona.
La mayor parte de los fieles, sean niños o adultos, incultos o instruidos, pobres o
ricos, viven plenamente inmersos en este clima de devoción popular
6. Llamado a la acción
Hoy cuando se dice de promover los valores, a través de la piedad popular o
religiosidad popular, podemos hacer una promoción de valores en los hijos.
Desde el hogar, los padres, con la práctica de la Piedad Popular, bien orientada
pueden promover los valores:
• La religiosidad popular es ocasión de socialización (encuentro, convivencia,
unión, asociación, participación, conciencia de pertenencia...) y de
expresión de la dimensión festiva de la vida.
• La fe es una experiencia gozosa de comunión con Jesucristo resucitado
que se vive en el seno del pueblo de Dios. Todo aquello que exprese y
eduque la dimensión comunitaria y festiva del hombre es una ayuda al
anuncio y vivencia de la fe cristiana.
La religiosidad popular desarrolla las dimensiones estética y simbólica de
la vida, necesarias para una vida plenamente humana y necesaria para la
comprensión y transmisión de la fe de la iglesia.
• La religiosidad popular recuerda de modo gráfico que el ser humano es
naturalmente religioso, tiene sed de dios, necesita creer, aspira a
comunicarse con lo transcendente.
• la religiosidad popular corrige prácticamente la corriente de pensamiento
que afirma que lo religioso es un estadio ya superado del desarrollo
humano. si se quiere borrar la dimensión religiosa del hombre, vuelve a
brotar por un lugar u otro.
• La religiosidad popular de la semana santa ha centrado preferentemente
su atención en las escenas de la pasión del señor, en detrimento de las
escenas de la resurrección. este desequilibrio se va corrigiendo algo en los
últimos años.
• La religiosidad popular siempre ha mostrado gran sensibilidad ante la
desgracia humana (los nazarenos, cristos flagelados, atados a la columna,
con la cruz a cuestas, crucificados agonizantes, yacentes, en manos de la
Madre Dolorosa...).
• En la actualidad se están ensayando nuevas concreciones de esa
sensibilidad social, muy marcada en los orígenes de muchas hermandades y
cofradías.
• La religiosidad popular permite el cultivo de valores evangélicos: perdón,
generosidad, sacrificio, respeto a dios, silencio, servicio, colaboración,
amistad, compartir...
• La religiosidad popular está protagonizada y animada en la mayoría de los
casos por laicos organizados. estos laicos han comenzado a ser actores y
no sólo receptores en la iglesia; el hacer les va ayudando a crecer como
personas y a muchos, sin duda, como cristianos.
• La religiosidad popular, expresión pública y compartida de la fe
cristiana, reivindica una y otra vez que lo religioso no puede ser reducido
al ámbito de lo privado, de lo meramente intimista. la fe tiende a
expresarse, necesita expresarse públicamente, influye en la configuración
de la convivencia de la sociedad.
CPV 101-152, nos presenta a todos, padres, representantes, catequistas y Clero
en general, los desafíos de propiciar la celebración viva, creativa y fructuosa de
sacramentos y sacramentales; promover la vivencia de los tiempos litúrgicos y
de la oración; favorecer una liturgia participativa; promover el cuidado de los
lugares, la música y el arte sagrados; fomentar una mayor educación litúrgica en
los ministros y en todo el Pueblo de Dios; incentivar medios para lograr una
liturgia inculturada; evangelizar la religiosidad popular y dejarnos evangelizar
por ella.
Cada familia cristiana es una ―comunidad de vida y de amor‖ que recibe la misión
―de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real
del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su
esposa‖ (Juan Pablo II, ―Familiaris Consortio‖ n. 17). Es una comunidad que busca
vivir según el Evangelio, que vibra con la Iglesia, que reza, que ama.
Para vivir el amor hace falta fundarlo todo en la experiencia de Cristo, en la vida
de la Iglesia, en la fe y la esperanza que nos sostienen como católicos.
En estas líneas, los padres tienen la responsabilidad del cultivo de la fe en la
propia familia. No sólo respecto de los hijos, sino como pareja, pueden ayudarse
cada día a conocer, vivir y transmitir la fe que madura en el amor y lleva a la
esperanza, a través de la oración en familia, el estudio de todos, tanto de los
padres como de los hijos, para conocer a fondo el gran regalo de la fe católica;
sabe vivir aquello que ha llevado a la oración, busca aplicar lo que ha conocido
gracias a la bondad del Padre que nos ha hablado en su Hijo.
Tengamos presente 10 Principios para educar correctamente
— Tres consejos de primer orden.
1) La primera cosa que los padres necesitan para educar es un verdadero y
cabal amor a sus hijos: El arte de educar a los muchachos de hoy, la educación
requiere, además de un poco de ciencia y de experiencia, mucho sentido común y,
sobre todo, mucho amor.
2) La primera cosa que el hijo necesita para ser educado es que sus padres
se quieran entre sí: El cariño mutuo de los padres es el que ha hecho que los
hijos vengan al mundo. Y ese mismo afecto recíproco debe completar la tarea
comenzada, ayudando al niño a alcanzar la plenitud y la felicidad a que se
encuentra llamado.
3) Enseñar a querer: que los hijos, a su vez, vayan aprendiendo a querer, a
amar.
— Siete recomendaciones más.
4) El mejor educador es el ejemplo: Los niños tienden a imitar las actitudes
de los adultos, en especial de los que quieren o admiran. Jamás pierden de vista
a los padres, los observan de continuo, sobre todo en los primeros años. Ven
también cuando no miran y escuchan incluso cuando están super-ocupados
jugando. Poseen una especie de radar, que intercepta todos los actos y las
palabras de su entorno.
5) Animar y recompensar: El niño es muy receptivo. Si se le repite con
frecuencia que es un maleducado, un egoísta, que no sirve para nada, se creerá y
será verdaderamente maleducado, egoísta, e incapaz de realizar tarea alguna. Es
mejor que tenga un poco de excesiva confianza en sí mismo, que demasiado poca.
Y si lo vemos recaer en algún defecto, resultará más eficaz una palabra de
ánimo que echárselo en cara y humillarlo. Mostrar al hijo que confiamos en sus
posibilidades es para él un gran incentivo; en efecto, el pequeño se encuentra
impulsado a llevar a la práctica la opinión positiva o negativa que de él se tiene y
a no defraudar nuestras expectativas al respecto.
6) Ejercer la autoridad, sin forzarla ni malograrla: Por lo mismo, para educar
no son suficientes el cariño, el buen ejemplo y los ánimos; es preciso también
ejercer la autoridad, explicando siempre, en la medida de lo posible, las razones
que nos llevan a aconsejar, imponer, reprobar o prohibir una conducta
determinada.
7) Saber regañar y castigar: Los ánimos y las recompensas no son
normalmente suficientes para una sana educación. Un reproche o una punición,
dados de la manera oportuna, proporcionada y sin arrepentimientos
injustificados, contribuirá a formar el criterio moral del muchacho. Sensata e
inteligente debe ser la dosificación de las reprimendas y de los castigos.
8) Formar la conciencia: En nuestra sociedad, los niños resultan bombardeados
por un conjunto de eslóganes y de frases que transmiten ideales no siempre
acordes con una visión adecuada del ser humano, e incapaces por tanto de
hacerlos dichosos. La solución no es un régimen policial, compuesto de controles
y de castigos. Es menester que los hijos interioricen y hagan propios los
criterios correctos, que formen su conciencia, aprendiendo a distinguir
claramente lo bueno de lo malo.
9) No malcriar a los niños: Se malcría a un niño con desproporcionadas o muy
frecuentes alabanzas, con indulgencia y condescendencia respecto a sus antojos.
Se lo maleduca también convirtiéndolo a menudo en el centro del interés de
todos, y dejando que sea él quien determine las decisiones familiares. Un
pequeño rodeado de excesiva atención y de concesiones inoportunas, una vez
fuera del ámbito de la familia se convertirá, si posee un temperamento débil, en
una persona tímida e incapaz de desenvolverse por sí misma. Si, por el contrario,
tiene un fuerte temperamento, se transformará en un egoísta, capaz de servirse
de los otros o de llevárselos por delante. Por eso, frente a los caprichos de los
niños no se debe ceder: habrá simplemente que esperar a que pase la pataleta,
sin nerviosismos, manteniendo una actitud serena, casi de desatención, y, al
mismo tiempo, firme.
10) Educar la libertad: En este ámbito, la tarea del educador es doble: hacer
que el educando tome conciencia del valor de la propia libertad, y enseñarle a
ejercerla correctamente.
—…Y la clave de las claves.
11) Recurrir a la ayuda de Dios: El conjunto de sugerencias ofrecidas hasta
el momento estarían incompletas si no dejáramos constancia de este último y
fundamentalísimo precepto, que debe acompañar a todos y cada uno de los
precedentes. Educar procede de e-ducere, ex-traer, hacer surgir. El agente
principal e insustituible es siempre el propio niño. De una manera todavía más
profunda, Dios, en el ámbito natural o por medio de su gracia, interviene en lo
más íntimo de la persona de nuestros hijos, haciendo posible su
perfeccionamiento.
Ningún hijo es propiedad de los padres; se pertenece a sí mismo y, en última
instancia, a Dios. Por tanto, y como apuntaba, no tenemos ningún derecho a
hacerlos a «nuestra imagen y semejanza». Nuestra tarea consiste en
«desaparecer» en beneficio del ser querido, poniéndonos plenamente a su
servicio para que puedan alcanzar la plenitud que a cada uno le corresponde: ¡la
suya!, única e irrepetible.
7. PARA REFLEXIONAR
1. ¿Cómo asumo mi responsabilidad por vivir y transmitir la fe en mi familia?
2. ¿Promuevo momentos de oración en mi familia? ¿Participo en la Liturgia de
la Iglesia con mi familia?
3. ¿De qué forma puedo promover la formación en la fe en mi
familia? ¿Conocemos el Catecismo de la Iglesia Católica en mi familia?
4. ¿Qué obras de caridad realizamos en mi familia? ¿Mi familia da testimonio
del Evangelio con sus actos y formas de actuar? ¿Qué puedo hacer para
ayudar a que mi familia viva aún más la fe?
ENCUENTRO 18 CON REPRESENTANTES
LA SANTISIMA VIRGEN MARIA
(Propuesta: Sea para Mes dedicado a la Virgen María)
1. CANTO INICIAL:
2. ORACIÓN
3. TEXTO BIBLICO: Gal. 4,4-5
4. REFLEXIÓN
¿Quién es la Virgen María? Es la pregunta que se hacen muchos cristianos y no
cristianos. Aún entre católicos practicantes llega el momento que esta pregunta
llega a la mente. En resumen podemos decir que María fue y es una mujer
sencilla y humilde de Nazaret. Una mujer que aunque con estas cualidades
anteriores supo con valentía llevar su santo hogar. Una mujer con determinación
ante lo que creía que era justo y necesario. El mejor ejemplo de esto lo podemos
apreciar en la Boda de Caná (Jn. 2, 1 – 12).
María, que en hebreo quiere decir ―Señora‖ y según otros ―Mar amargo‖, es la
mujer con la cual se abre la promesa en la antigua alianza (Gn. 3:15) y con la cual
cierra Simeón la antigua profecía (Lc. 2, 25-35).
Es la Mujer que ha tenido el mayor contacto con la Santísima Trinidad en la
historia. El Padre la escoge entre todas las mujeres para ser madre de su hijo
unigénito, el Espíritu Santo engendro un hijo en sus entrañas y la segunda
persona tomo carne y sangre en su vientre. Si por Eva entró el pecado en el
mundo, por la Virgen María entró la salvación. Tiene la misión de combatir contra
el ―dragón‖ y la ―bestia‖ del mal en los tiempos finales según el Apocalipsis.
5. CONVERSANDO
Vamos a mostrar nuestro conocimiento de verdaderos hijos de la Madre
Celestial. Pues nos decimos querer a la Virgen María y nos colocamos bajo
su protección. Lo hacemos a través de un juego.
Juego para conocer a María
1. Anotaciones pedagógicas
Destinatarios
Adolescentes y jóvenes (aunque no se descarta el juego con adultos) en
parroquias (catequesis) colegios e institutos (preferiblemente en clase de
Religión).
Objetivos
- Conocimiento teórico de la vida de la Virgen María.
- ―Conocer para poder amar.‖ Suscitar en los jóvenes sentimientos de amor y
devoción hacia María.
Participantes
No hay un número limitado. Se juega en grupo (dos equipos). Puede ser entre 10
y 20.
Materiales
- Conociendo a María (Doc. 1).
- Piropeando a María (Doc. 2).
- Biblia (al menos dos ejemplares)
- Postales con la imagen de la Virgen (tantas como participantes)
- Algún texto evangélico o alguna oración sobre la Virgen María y alguna canción
mariana que conozcan los jóvenes.
- Algún libro dirigido para jóvenes sobre la Virgen María.
Tiempo
Aproximadamente 60 minutos
Desarrollo
Primer momento
- Disposición del lugar: Se divide el aula o el lugar escogido en dos partes (cada
una con sus mesas y sillas respectivas) de manera que cada equipo tenga su
propia zona de trabajo.
- Acción: El grupo se dividirá en dos equipos (se pueden utilizar diversas
cualidades o aspectos de María para nombrar a los equipos). El juego comenzará
pidiendo la ayuda de la Virgen, cantando una canción, rezando una oración o
escuchando un texto evangélico relacionado con el tema. Seguidamente el
animador se valdrá de la tabla: Conociendo a María (Doc. 1) para iniciar el
campeonato. El animador se dirige a un equipo (elegido al azar) de la siguiente
manera: Empieza por la letra A, y a continuación la pista correspondiente. Deja
15 segundos para que los integrantes del equipo puedan dialogar entre ellos y
dar con la respuesta correcta (la dice en alto un portavoz del equipo). Ahora
bien, después de escuchar la respuesta, hay varias posibilidades:
- Si aciertan, continua el animador leyéndoles la siguiente letra, y así
sucesivamente.
- Si la respuesta es errónea, la misma pregunta pasa al otro equipo que tendrá la
oportunidad de responder. Si responden correctamente, entonces siguen ellos
jugando. Si no acierta ninguno de los dos equipos, el animador les comunica la
respuesta intentando, brevemente, disipar posibles dudas.
- Si un equipo no está muy convencido al dar una respuesta, puede ayudarse de
los comodines (cada equipo dispondrá de tres). Se procede de la siguiente
manera: El portavoz dice, después del tiempo estipulado para cada letra, la
palabra: Pasamaría. Entonces, el animador les da un minuto y medio para poder
consultar, bien en la Biblia, bien en algún otro libro. Si consiguen dar con la
respuesta acertada, ese equipo sigue el turno, si no, cambiará al otro equipo
según las normas del juego.
- Por cada respuesta acertada el equipo consigue 5 puntos. Al finalizar la tabla
se sumarán los puntos de uno y otro equipo.
- Duración: 30 minutos.
Segundo momento
- Disposición del lugar: De la misma forma que en el primer momento.
- Acción: El juego transcurrirá exactamente igual que en el primer momento,
aunque el animador utilizará en esta ocasión la tabla: Piropeando a María (DOC
2). Y en esta tabla ya no hay comodines.
- Duración: 15 minutos.
Al final se suman los puntos de las tres tablas y se conocerá al campeón. Entre
los diferentes grupos o clases se puede establecer el record.
Tercer momento
- Disposición del lugar: Si existe la posibilidad se acabará el juego en una capilla
o en torno a una imagen de la Virgen.
- Acción: Se empezará cantando entre todos una canción sobre María y a
continuación se les dará a cada participante una postal. En cinco minutos y en
silencio, cada uno deberá escribir en el anverso de la postal una frase de la
Virgen, una cualidad que ellos admiran de ella, una pequeña acción de gracias a la
Madre... Finalmente cada postal irá pasando por cada participante que las irán
firmando.
- Duración: 15 minutos.
Documento 1
Conociendo a María (primera parte)
Empieza por A: Fiesta mariana que se celebra el 25 de Marzo (Anunciación)
Empieza por B: María asistió a la celebración y, ante el apuro de los novios, pide
a su hijo ayuda (boda)
Empieza por C: Lugar donde María guardaba y meditaba tantos recuerdos en
torno a la vida de su hijo (corazón)
Empieza por D: A esa edad Jesús da ―un disgustillo‖ a sus padres, cuando
fueron a Jerusalén a celebrar la Pascua (doce)
Empieza por E: Calificativo que utiliza María para ponerse al servicio de Dios
(esclava)
Empieza por F: María tuvo que tener mucha para seguir adelante con los planes
que Dios tenía sobre ella (fe)
Empieza por G: Cuando el ángel entró donde estaba María a anunciarla el
Nacimiento del Mesias, la saludó con estas palabras: ―Dios te salve, llena de..., el
Señor está contigo‖ (gracia)
Empieza por H: Cuando María en una ocasión pide a Jesús un favor, pues unos
novios se habían quedado sin vino, Jesús le contesta que todavía no había llegado
su... (hora)
Empieza por I: Fiesta dedicada a María, que se celebra el 8 de Diciembre
(Inmaculada)
Empieza por J: Esposo de María (José)
Contiene la L: Oración mariana que suele cantarse, con mucha devoción, en las
ermitas y en los santuarios dedicados a María (Salve)
Empieza por M: Cántico con el que María responde al saludo de su prima Isabel.
Se ha convertido en la oración de los pobres, un cántico realmente
revolucionario (Magnificat)
Empieza por N: Localidad donde María nació y pasó gran parte de su vida
(Nazaret)
Empieza por O: En las ermitas y santuarios dedicados a la Virgen es muy bonita
la que se realiza mediante flores (ofrenda)
Empieza por P: Al presentar a Jesús en el templo, María y José ofrecieron en
sacrificio, como dice la ley del Señor... (palomas)
Empieza por R: Oración que repasa los misterios de Jesús, vistos desde el
corazón de María (rosario)
Empieza por S: Cuando María y José fueron al templo a presentar al Niño
Jesús, un anciano tomó al niño en brazos... (Simeón)
Contiene la T: Fiesta que conmemora la venida del Espíritu Santo sobre María y
los discípulos cuando estos se encontraban reunidos (Pentecostés)
Contiene la U: Nombre del padre de María (Joaquín)
Empieza por V: Fiesta mariana que se celebra el 31 de Mayo (Visitación)
Empieza por Z: María se puso en camino y fue a casa de Isabel y de su esposo...
(Zacarías.)
Documento 2
Piropeando a María
Empieza por A: Los tristes, los que están cabizbajos pueden encontrar en
María su mayor júbilo (alegría).
Empieza por B: Así la saludó el ángel Gabriel cuando la anunció el plan que Dios
tenía sobre ella, entre todas las mujeres (bendita).
Empieza por C: Los afligidos, los desanimados, los ―depre‖ acuden a Ella a
encontrar un poco de alivio (consuelo)
Empieza por D: Si estás cansado, si tu cuerpo no aguanta ni un paso más,
entonces María te dará un respiro (descanso).
Empieza por E: En María se refleja el rostro amoroso de Dios... ¿Por qué no nos
paramos a pensarlo mientras nos acicalamos, nos engominamos o, nos pintamos
los labios? (espejo).
Empieza por F: En tiempos ―chungos‖ en que nos sentimos perseguidos,
insultados, infravalorados, María puede convertirse en un auténtico fortín
(fortaleza).
Empieza por G: María es el broche para nuestro pastel; podemos pasar sin ella,
pero embellece y adorna tanto nuestras vidas que... (guinda).
Empieza por H: En el testamento Dios nos ha dejado el mayor legado: Su Madre
y también la nuestra... ¿Qué más podemos pedir? (herencia).
Empieza por I: Si nos acercamos, Ella nos atraerá con una fuerza sublime para
llevarnos al Padre (imán).
Empieza por J: María es nuestro tesoro más preciado, una bella perla que
podemos lucir todos los días de nuestra vida (joya).
Empieza por L: En los momentos más oscuros de nuestra vida, cuando nuestros
ojos y nuestro corazón se nublan, entonces aparece María como el Faro que nos
ilumina (luz).
Empieza por M: Somos sus hijos y nos lleva a todos en su corazón (madre).
Contiene la N: A veces nos encontramos con varias direcciones y no sabemos
cuál seguir. María es la Senda que nos conduce al Padre (camino).
Contiene la O: María quería con locura a José y siempre permaneció a su lado
(esposa).
Empieza por P: María es ―la enchufada‖ de Dios, su mano derecha, su preferida,
su... (predilecta).
Empieza por R: Ella nos gobierna, mas su corona y sus vestiduras están hechas
de los harapos de los más pobres (reina).
Empieza por S: María está a la puerta de cada hospital, en el lecho de cada
enfermo, en las manos de cada cirujano... (salud).
Empieza por T: Con ella venceremos ―el combate de la vida‖ pues ella salió
airosa del pecado y de la muerte (triunfadora).
Contiene la U: María está dispuesta a aliviar siempre nuestra sed, Ella nos
espera en medio del desierto con sus aguas purificadoras (fuente).
Empieza por V: Cuántas ermitas, cuántos santuarios, cuántos peregrinos
veneran a María bajo ciento de advocaciones ¿cuál es la de tu pueblo o ciudad?
(Virgen).
Contiene la Z: María guardaba y meditaba todos los recuerdos de su Hijo ¿Por
qué no la imitamos si tenemos uno como el de ella? (corazón).
CONCLUSIÓN:
Como hemos visto en la actividad. La Virgen María es la madre de Jesús la
esposa de José el carpintero de Nazaret. La Santa Iglesia nos enseña que Dios
la preservó libre de pecado desde el momento de su concepción. María fue quien
hizo partícipe a la Iglesia Primitiva los secretos de la concepción Jesús. Virgen
debía ser aquella que, desde el comienzo, fue elegida por Dios para recibir a su
propio Hijo en un acto de fe perfecta. María había entendido el mensaje de la
Anunciación y sabía decirse así misma que Jesús era el Hijo de Dios. Un Ángel
Gabriel fue enviado por Dios a la ciudad de Nazaret y comunica a María cual es
el plan de Dios para con su vida.
Alégrate… es el llamado gozoso que los profetas a la ―hija de Sión‖ es decir a los
―anawim‖ o pobres del Señor o sea esa comunidad de humildes que se mantenían
a la espera del Salvador.
Llena de gracia… la palabra usada en los evangelios significa en forma más
precisa; la amada y favorecida. Otros habían sido favorecidos y amados; pero
aquí lo vemos como nombres propios de la Virgen María. Llamamos gracia al
poder que tiene Dios para sanar nuestro espíritu, para infundir en él lo que
conocemos como fe (creer). María es llena de gracia, y Jesús nació de ella (de la
gracia) como nace del Padre.
María quedo conmovida al oír estas palabras… no se habla de miedo como en el
caso de Zacarías (Lc. 1, 12) Una vez que el espíritu de María despertó era
constante la presencia de Dios. Por ende, la decisión de María fue una sin
titubeos.
Concebirás en tu seno… tal como lo anunció el Profeta Isaías presentándonos al
Emmanuel que quiere decir Dios-con-nosotros. María le puso por nombre Jesús
que significa Salvador.
Yo soy la seguidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho... esta fue
la marca o sello indeleble que quedó grabada en todo el ser de María para
siempre. No es mucho lo que nos narra la Biblia sobre María. Esto es sin duda
una huella de ese constante hacer y realizar la voluntad de Dios desde el
silencio.
La Iglesia desde sus comienzos ha reconocido que María ocupa un lugar único en
la obra de salvación. Al lado de Cristo el nuevo Adán, como nos dice San Pablo
(Rom. 5, 4) (1Cor 15, 45) María es la verdadera madre de los hombres, que se
contrapone a la Eva pecadora. Por eso la Iglesia reconoce en María como esa
nueva Eva que intercede por nosotros como lo hizo un día en las Bodas de Cana.
Hoy nos sigue diciendo ―Hagan lo que él les diga‖ solo nos toca discernir como
hemos de responder a esa llamada.
El mensaje del ángel no dejo a María aislada de su medio ambiente. La vida tenía
que continuar su paso de día a día. María llega ante su prima Isabel a compartir
su alegría y su secreto. María sabría cumplir con sus tareas de madre y esposa.
Es cuido de su familia sería sin duda un asunto muy serio. El sello del
compromiso con Dios había de reflejarse en todos los aspectos de su vida.
El cántico de María expresó ayer, expresa hoy y expresará mañana los
sentimientos profundos del alma al mantener una aptitud orante. Hay un tiempo
para la verdad, para descubrir en Dios nuestras responsabilidades. Hay un
tiempo para implorar a Dios y servirle. Al final comprenderemos que todo es
gracia de Dios, de ese Dios que busca lo que es pobre y marginado para el
mundo, para colmarlo y exaltarlo.
En la cruz de Cristo contemplamos a María tan fiel como lo fue en el pesebre de
Belén. Es desde la cruz que el mismo Jesús nos deja a María como madre. Aún en
dolor podemos notar la devoción y fidelidad en María hacia su amado Hijo. Al
igual que Juan un día la recibió en su casa, nos toca a los cristianos también
recibirla en nuestra casa. Yo la recibo en mi casa o sea en mi corazón cuando
asumo la fidelidad incondicional a Dios. Cuando cumplo la voluntad de Dios,
recibo a María en mi casa porque se cumple en mí su exhortación de la Boda de
Cana.
CUÁLES SON LOS DOGMAS MARIANOS
Los dogmas marianos proclamados por la Iglesia Católica Apostólica Romana son
cuatro:
A) En el año 431, el Concilio de Efeso declaró a María Madre de Dios,
Theotokos. María es Madre de Jesús quien es Dios y Hombre. Si negáramos su
maternidad divina entonces también negaríamos que Jesucristo, su hijo, sea
Dios. Esta expresión, Madre de Dios, no dice que sea María quien por su
engendramiento ha dado a Jesús su divinidad, sino que dice que María ha
engendrado según la carne a aquel que es eternamente engendrado por Dios.
B) En el año 649 (dos siglos después) el Papa Martin I declaró su Virginidad
Perpetua (antes, durante y después del parto). La Iglesia afirma la doctrina
de la virginidad perpetua de María Santísima. Esto significa que ella fue siempre
virgen: antes, durante y después de dar a luz a Jesucristo. La virginidad de
María antes del parto está firmemente atestiguada por los evangelios de san
Mateo y de san Lucas. Este último en su relato de la Anunciación insiste en que
―el ángel Gabriel fue enviado por Dios… a una virgen… y el nombre de la virgen
era María‖ (Lc 1,26-27). Mateo dice que en la concepción de Jesús se cumplió la
profecía de Is 7,14 sobre la concepción virginal del Mesías (Mt 1,22-23) y que
José no conoció a María ―hasta que dio a luz un hijo‖ (Mt 1,25) con lo cual queda
excluida cualquier relación carnal antes del nacimiento de Jesús.
C) Más de mil años después se proclamó el próximo dogma: la Inmaculada
Concepción (1854), por el Papa Pío IX. Este dogma enseña que María fue siempre
libre de pecado. No tuvo pecado original. ¿Cómo mantener la realidad pecadora
de una madre, marcada como todo ser humano por el pecado original, y la
realidad no pecadora de un niño como Jesús?
El 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX definió la fe de la Iglesia católica
sobre la Inmaculada Concepción: ―Desde el primer instante de su concepción, por
la gracia y el privilegio de Dios todopoderoso, y en consideración de los méritos
de Jesucristo, Salvador del género humano, la Virgen María fue preservada
intacta de mancha de pecado original‖. Por consiguiente, no solamente María no
ha cometido pecado, sino que no ha sido alcanzada por el pecado original.
D) Un siglo después, el Papa Pio XII proclamó la Asunción de María (1950): Al
final de su vida terrenal, la Madre de Jesús fue llevada a la gloria del cielo en
cuerpo y alma. ¿Cómo se terminó la vida terrestre de María?. El 1º de noviembre
de 1950 el Papa Pío XII definió solemnemente, después de consulta a todos los
obispos, que «la Inmaculada Madre de Dios, María siempre virgen, después de
haber acabado el curso de su vida terrestre, ha sido elevada en cuerpo y alma a
la gloria celestial.
Nada se dice sobre si María murió o no antes de haber sido elevada al cielo. Lo
que se afirma es que su cuerpo no ha conocido la corrupción, no se ha degradado,
sino que ha sido elevado a la gloria celestial.
Nótese también la diferencia entre la Ascensión, en la que Jesucristo
resucitado de entre los muertos sube al cielo (Él es el actor de la acción), y la
Asunción, en la que María es elevada al cielo por Dios (ella es pasiva, es Dios
quien actúa).
Otros elementos de la doctrina cristiana referidos a María son:
A) MARIA REINA
El pueblo cristiano siempre ha reconocido a María Reina por ser madre del Rey
de reyes y Señor de Señores. Su poder y sus atributos los recibe del
Todopoderoso: Su Hijo, Jesucristo. Es El quien la constituye Reina y Señora de
todo lo creado, de los hombres, de los ángeles y para vencer a satanás. María
Santísima es Reina por ser la madre de Dios hecho hombre, El Mesías, El Rey
universal. Por ser la perfecta discípula que acompañó a Su Hijo desde el
principio hasta el final, Cristo le otorga la corona.
El papa Juan Pablo II, en la audiencia del 23-7-97 dijo que ―María es Reina no
sólo porque es Madre de Dios, sino también porque (…) cooperó en la obra de la
redención del género humano. (…). Asunta al cielo, María es asociada al poder de
su Hijo y se dedica a la extensión del Reino, participando en la difusión de la
gracia divina en el mundo‖.
B) MARÍA COOPERA EN NUESTRA SALVACIÓN
Esta cuestión divide a católicos y protestantes. Los católicos dicen que María, al
convertirse en Madre de Dios, ha cooperado a la realización de nuestra salvación
(por su escucha, su servicio de intercesión como en Caná, etc.).
Pero eso no significa sin embargo que María sea una segunda mediadora al lado
de Cristo, como si añadiera alguna cosa a la obra de Él. María está en efecto,
como nosotros, del lado de los salvados.
C) MARIA CORREDENTORA
Actualmente hay un movimiento que propone al Papa la aprobación del 5º dogma
de María Corredentora. El título Mariano ―Corredentora‖, se refiera a la
participación única de María en la obra de nuestra redención llevada a cabo por
Jesucristo. Es un paso más a su carácter de cooperadora en la salvación.
El término como ha sido usado por la Iglesia nunca pone a María en nivel de
igualdad con Jesucristo, el divino redentor. Sin embargo, la libre y activa
cooperación humana de la Madre de Jesús en la redención, particularmente en la
Anunciación y en el Calvario, es correctamente reconocida por el magisterio y
las enseñanzas papales del Concilio Vaticano Segundo –Ver ―Lumen Gentium‖
Nos. 56, 57, 58 y 61– y se convierte en un ejemplo preeminente de cómo el
Cristiano está llamado a hacerse un ―co-trabajador con Dios‖.
D) MARÍA MADRE DE LA FE, DE LA ESPERANZA Y DE LOS CREYENTES
María es mujer de fe, de esperanza y de caridad como ninguna otra criatura
había sido antes ni jamás lo ha de ser.
En estos tiempos de general apostasía y de consecuente destrucción del
hombre, la Madre de Dios nos asegura con su presencia el favor del cielo, la
victoria de nuestro Señor sobre el pecado, sobre la muerte y sobre satanás. Ella
viene a traernos la luz de Cristo. Ella viene a llevarnos a Cristo, Ella viene a
defender a la Iglesia y a su Pastor. Su presencia continua reaviva y fortalece
nuestra esperanza e ilumina nuestra fe.
E) MADRE DE LA IGLESIA
Los primeros cristianos han concedido mucho valor a la presencia de María al pie
de la cruz de su hijo, Jesús. Se acuerdan de estas palabras dichas a Juan: ―He
ahí a tu madre‖ (Jn. 19,27). La expresión Madre de la Iglesia no ha visto la luz
hasta el fin del concilio Vaticano II. El Papa Pablo VI proclamó entonces a María
Madre de la Iglesia, es decir Madre de sus fieles y de sus pastores.
F) MARÍA MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS
Todas las Gracias vienen a través de María porque Jesucristo El Salvador del
mundo viene a través de ella. No hay mayor Gracia aparte de Jesús. Todas las
gracias vienen a nosotros a través de María porque su intercesión es un
preámbulo a todas las gracias.
Ahora vamos a escuchar sobre una realidad que nuestros hermanos separados o
protestante le formulan a los católicos: ¿TUVO MARIA MÁS HIJOS?
En el evangelio de San Marcos, se mencionan cuatro hermanos de Jesús,
Santiago, José, Judas y Simón los cuales nunca son llamados hijos de María.
La palabra hebrea ―Aha‖ se utiliza como hermano, tío, primo, pariente; por
ejemplo en Génesis 13, 8 se menciona a Lot como hermano de Abraham, sin
embargo son tío y sobrino (Gen 12, 5). En el mismo evangelio de Marcos 15, 40 se
nombran a José y Santiago hijos de María que en Juan 19, 25 se aclara que esta
María era hermana (Aha) de la Madre de Jesús. En Hechos 1, 13 se mencionan a
Simón y Judas como seguidores del Maestro.
MARIA ES CENTRO DE ATAQUE HOY EN DIA
Desde el Génesis fue profetizada ―enemistad entre la Mujer y el demonio‖ (Gen.
12, 13-18). También está escrito que el demonio les hará la guerra a los hijos de
la Mujer. Esta es la razón por la cual María es centro de división entre los
cristianos y los hijos de las tinieblas. La gran promesa en Gen. 3, 15 dice que
quienes vencerán a la descendencia de la serpiente son los hijos o descendencia
de la Mujer. Nosotros somos la descendencia de la Mujer, esta Mujer es la
Virgen María.
Los ataques a María provienen también desde dentro de la Iglesia Católica a
través del ―minimismo mariano‖, que puede apreciarse cuando no se resalta a
María como Reina ni los privilegios concedidos a la Santísima Virgen por haber
sido creada para ser la Madre de Dios y asociada a Cristo para la obra de
redención de la humanidad, y por el contrario, se la minimiza cuando se la relega
solamente como madre fiel, acompañante de los discípulos, con gran capacidad
orante, intercesora.
POR QUE LOS CATÓLICOS LE ORAN A MARIA
Realmente, toda oración cristiana no se dirige más que a Dios: sea al Padre, o a
Jesucristo o al Espíritu Santo, o incluso a la Trinidad en cuanto tal. Si
recurrimos a María y a los santos en nuestra oración, es para pedirles ayuda, su
intercesión ante Dios, su oración. Es lo que hacemos al pedir en el ―Ave María‖
que ―ruega por nosotros pecadores‖.
Nuestras oraciones dirigidas a María son en realidad oraciones dirigidas a Dios
que es el único que puede escucharlas. Siempre podemos alabar a María como lo
han hecho antes de nosotros Lutero y otros reformadores. María decía en su
Magníficat: ―Todas las generaciones me felicitarán‖ (Lc. 1,48). Nosotros la
veneramos, alabando a Dios por ella y con ella. Como lo hizo el ángel en la
Anunciación e Isabel en la Visitación.
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
Nos consagramos al Inmaculado Corazón de María, porque Dios nos ha entregado
a María como Madre y nos ha confiado a ella. Ella es pues responsable de velar
por la salvación de todos sus hijos, de hacer que se acerquen a Jesús, que
escuchen su Palabra, que vivan como hermanos. Jesús quiere que tengamos un
corazón limpio, sencillo, humilde, inmaculado como el de su madre. Consagrarse a
María significa ponernos en sus manos, a su servicio y disposición. Y Ella nos
guiará hacia Jesús. Consagrarnos a Ella significa dejarse llevar sin condiciones,
sabiendo que Ella conoce mejor el camino y que podemos dormir tranquilos en
sus brazos de madre. Consagrarse a María significa vivir permanentemente en
su Inmaculado Corazón, dentro del Corazón divino de Jesús. Es dejar que Ella
actúe por medio de nosotros. Es como prestarle nuestra lengua para que hable
por nosotros y nuestro corazón para que ame a los demás por nuestro medio.
LOS CATÓLICOS NO ADORAN A MARIA
La Iglesia no se cansa de proclamar que nosotros honramos a María como lo
hacía Jesús y la proclamamos bendita, cumpliendo la profecía bíblica (Lc 1, 48)
pero la adoración es única y propia de Dios y María es criatura. A María se la
venera o se le concede hiperdulía.
POR QUE LOS CATOLICOS REZAN EL ROSARIO SINO ESTA EN LA
BIBLIA
No hay oración más Bíblica que el rosario, todos los misterios están en la Biblia,
el Padrenuestro, también está en la Biblia y la primera parte del Ave María
también. El Rosario es una oración más Bíblica que muchas que se hacen en
algunas iglesias. En cuanto a la repetición dice Mc 14, 39 que Jesús repetía
muchas veces la misma oración, el rosario es una meditación en una oración.
MARÍA SE PRESENTA CON DIFERENTES ROSTROS Y VESTIDOS
Las advocaciones a María son múltiples pero siempre es la misma Virgen María la
que se venera a través de Nuestra Señora del Carmen, la Virgen del Rosario o la
Reina de la Paz de Medjugorje. María presenta en cada advocación un perfil
levemente distinto y a su vez cada advocación crece en un lugar geográfico e
histórico que le da su originalidad.
MARÍA SE ESTA APARECIENDO
La Iglesia Católica y la ortodoxa lo admiten desde el momento que han concluido
que algunos fenómenos se deben a la presencia sobrenatural de la Virgen María
a videntes. La Iglesia Católica distingue entre apariciones públicas (en que
estudia su veracidad) y privadas (en que el vidente así lo expresa), pero en
ningún caso el fiel está obligado a aceptarlas.
El estudio de una aparición puede llevar siglos hasta que la Iglesia aprueba o
desaprueba; en más del 90% de las apariciones estudiadas la Iglesia no se ha
expedido y sólo una ínfima minoría son aprobadas o desaprobadas. El Vaticano no
aprueba las apariciones que están en curso y nunca aprueba los mensajes.
Los Obispos muchas veces permiten oficiar misa en los lugares de las
apariciones, y muchas veces aunque hayan dicho públicamente que no hay
evidencias que sea un fenómeno sobrenatural, con lo cual no niegan su
autenticidad, sino expresan que no tiene pruebas irrefutables de ello.
Las contradicciones y los ataques son inherentes a las apariciones marianas,
porque siempre que se está apareciendo María está actuando el demonio para
destruir su obra.
El punto central para discernir si una aparición viene de María son los frutos que
deja (conversión, obras, sanaciones), su guía hacia Jesús y una catequesis
compatible con la de la Iglesia Católica.
ALGUNAS PERSONAS DICEN QUE LAS APARICIONES DE MARIA SON
COSAS DEL DEMONIO
Falso, María según Apocalipsis 12, tiene la misión de anunciar la segunda venida
de Cristo, en las apariciones María no trae al mundo mensajes propios, trae un
mensaje Evangélico de conversión, arrepentimiento y retorno a las Escrituras.
El demonio no puede predicar conversión a Jesús, y los frutos de Paz, conversión
y alegría que se ven en las personas que asisten a estos eventos no pueden venir
del maligno.
Dice la Escritura que atribuir al demonio las obras de Dios es pecado contra el
Espíritu Santo y este no se perdona (Mt 12, 22-32).
6. LLAMADO A LA ACCIÓN
Después de esa actividad debemos definir ¿Qué vamos hacer? Los cristianos no somos
huérfanos de Madre. María está a nuestro lado con la tarea de llevarnos a Jesús, de
mostrarnos el Cielo y animarnos a obras que contribuyan a nuestra Salvación.
Respondamos ¿Qué vamos hace?
7. PARA REFLEXIONAR
a. ¿Qué le enseño al hijo sobre la Virgen María?
b. ¿Cómo voy a vivir la devoción a la Virgen María?
ENCUENTRO 19 CON REPRESENTANTES
COMO AYUDAR A LOS HIJOS DESPUES DE RECIBIR LA PRIMERA
COMUNIÓN
1. CANTO INICIAL:
2. ORACIÓN
3. TEXTO BIBLICO: Mt 26, 36-46
4. CONVERSACIÓN
¿Qué pienso hacer después que mi hijo haga la primera comunión?
5. REFLEXIÓN
Jesús después de la Ultima Cena y de dar instrucciones a los discípulos, ¿Qué
hace? Leer Mt 26, 36-46
Jesús que hizo expiación por los pecados de la humanidad, se sometió en un
jardín del sufrimiento, a la voluntad de Dios, de la que el hombre se había
revelado en un jardín del placer. Cristo llevó con él en esa parte del jardín donde
sufrió su agonía, sólo los que habían sido testigos de su gloria en su
transfiguración. Esos son mejor preparados para sufrir con Cristo, el cual tiene
por fe contemplado su gloria. Las palabras usadas denotan más todo el
abatimiento, el asombro, la angustia y el horror de la mente; el estado de uno
rodeado de penas, abrumado por las miserias, y casi devorada por el terror y la
consternación. Fue a orar, acompañado solo por Pedro, Santiago y Juan. Así nos
enseña, después de compartir la vida cotidiana, la vida sacramental, no puede
separarse la vivencia de oración y hacer una vida de lucha contra las tentaciones
del día a día.
Es realmente increíble la gran bendición no sólo para los niños, niñas y
adolescentes, sino para toda la familia que se ve renovada y grandemente
bendecida por los sacramentos. La Primera Comunión, para un niño, es uno de los
momentos más importantes en el período de su infancia, ya que espiritualmente
está preparado para recibir el sacramento de la Eucaristía, ese pan y vino que
anhela probar para sentirse envuelto por la gracia divina de Dios, luego de
atravesar un período de preparación de por los menos dos años.
Sin embargo esto también representa un reto increíble para la Iglesia y para
cada uno de nosotros. ¿Por qué un reto? Porque de estos miles muy pocos
mantienen una práctica y una formación constante de su fe. Para la gran
mayoría, luego de la primera comunión o la confirmación ya no vuelven a tener
una profundización o formación en su fe y esto nos lleva a que de una manera
muy fácil puedan dejar de practicar la religión o peor aún pierdan por completo
su fe.
Muchas personas se conforman con que sus hijos reciban la formación para los
sacramentos y hasta allí llegan, esto es como pensar que un ser humano pueda
vivir toda su vida alimentándose solamente de comida para bebé. Al tiempo que
vamos creciendo, nuestro cuerpo requiere que la dieta se vaya incrementando y
vayamos comiendo de acuerdo con las demandas de nuestro desarrollo, de lo
contrario una desnutrición será muy probable. De igual forma muchos de
nosotros suspendemos nuestra formación en la fe a los ocho o 15 años y
debemos recordar que la educación que recibimos fue de acuerdo a esa edad,
por ello al ir creciendo nuestras vidas cambian, los problemas se acentúan, las
responsabilidades aumentan y sobre todo nuestra forma de ver la vida puede
tomar otra perspectiva luego de la secundaria y sobre todo de la universidad y
si todo lo que tenemos para todo esto en nuestra vida espiritual y de fe es la
formación de un niño de ocho años, es normal que caigamos en dudas de fe y un
enfriamiento espiritual y en el peor de los casos perdamos todos los valores que
aprendimos de nuestra familia y de la Iglesia. La fe la tenemos que seguir
alimentando y tenemos que seguir estudiando y profundizando en lo que es y lo
que enseña la Iglesia, para mantener nuestra relación con Cristo Jesús de
acuerdo a la etapa de nuestra vida y que la misma sea siempre fuerte y madura y
no sólo de tradición e infantil.
Más de la mitad (75%) abandona la catequesis después de recibir la primera
comunión y, probablemente, no vuelva a tener un contacto con la Iglesia hasta
que, años más tarde, decide casarse, si es que lo hace frente al altar.
La familia, principalmente padres y madres, deberían asumir el compromiso de
acompañar a sus hijos en la fe, y no convertir el momento de la Primera
comunión en tan sólo un acto social, que en muchos de los casos culminaría con
una celebración en la que se incurren en gastos exagerados.
Para la comunidad católica, ese acontecimiento es una bendición que recibe la
familia y que debe ser vista como la gran fiesta de la fe, pero a la vez, se debe
trabajar para que los niños refuercen ese compromiso.
6. LLAMADO A LA ACCIÓN
Los padres después de este acontecimiento deben trabajar como familia, para
que sus hijos conserven esa ilusión de poder siempre recibir a Jesús en la
Eucaristía. ¿Cómo podemos lograr esto? Pues manteniendo a nuestros hijos en
los programas de formación religiosa, apoyando a nuestras parroquias para que
puedan tener programas para los jóvenes y adolescentes, así como formación
para adultos. Adquirir el Catecismo de la Iglesia Católica, allí podemos encontrar
muy explicadas las verdades fundamentales de nuestra fe y comentarios muy
prácticos para nuestra vida y para dialogarlos en familia.
Los padres, como cabeza de familia, tienen una gran tarea, es el no descuidar de
llevarles, de encaminarles por el camino de la fe, porque ellos no irían por sí
mismos, hay que llevarlos a la iglesia.
Este camino de la fe alimentado con la participación en la vida de la Iglesia y los
sacramentos, son una fuerza para que los hijos vivan en valores, que a su vez
deben ellos recibir educación.
Nos preguntamos muchas veces por qué es importante y necesario que
eduquemos a nuestros hijos a través de los valores. Educar a nuestros hijos para
que aprendan a dar valor a algunas conductas y comportamientos les ayudará a
convivir de mejor manera y a sentirse bien en el ambiente en que se encuentren.
Valores como la amistad, la comprensión, la tolerancia, la paciencia, la
solidaridad y el respeto, son esenciales para un sano desarrollo de los niños.
Un niño que conoce el límite del otro, podrá vivir una vida sana y saludable, sea
en su entorno familiar o escolar. Un niño que sabe respetar a los demás, será
más fácilmente respetado, y así con todo.
Los valores son las reglas de conducta y actitudes según las cuales nos
comportarnos y que están de acuerdo con aquello que consideramos correcto. Al
nacer, los niños no son ni buenos ni malos. Con la ayuda de sus padres,
educadores y de los que conviven con ellos, aprenderán lo que está bien y lo que
está mal decir, hacer, actuar, vivir.
Pero, ¿cómo educar a los hijos en valores? Primero, conociendo cada uno de los
valores y luego se los enseñen en el día a día a sus hijos, y con ejemplos. Los
valores en que debemos insistir en los hijos son: Amabilidad, El respeto a la
diversidad, Obediencia, Amor a la Naturaleza, Amistad, Tolerancia, Bondad,
Perseverancia, Respeto al bien común, Generosidad, Solidaridad, Honestidad,
Gratitud, Confianza, Compartir, Colaboración, Coherencia, el Ejemplo,
Responsabilidad, Compasión, Organización, Paciencia, Empatía, Optimismo,
Caridad, Perdón, Piedad, Fidelidad, Puntualidad, Coraje, Comprensión.
Es preciso recordaros que los niños aprenden con el ejemplo. El ejemplo que dan
sus padres en su forma de relacionarse con los demás, de pedir las cosas, de
compartir mesa, asiento, de cooperar, de ayudar a los demás, de defender, de
reclamar, de tolerar y aceptar. Si los padres no tienen paciencia con su hijo,
¿qué creen que el niño va a aprender? La responsabilidad que tienen los padres
en la transmisión de los valores a sus hijos es crucial.
La familia debe entender como una bendición que sus hijos puedan acercarse al
sacramento, pues es el mismo Jesús hecho hombre, presente en ese misterio, el
que viene a la vida de los niños, por ende a la vida de la familia.
El que ellos participen del sacramento, de una manera están haciendo presente a
Jesús en el seno de su familia, por lo tanto, es importante que la familia
entienda eso y que sienta que ha sido una bendición, porque es una bendición el
que puedan participar sus pequeños del sacramento, y quien sabe si también los
adultos le acompañan y puedan buscar la manera de que sea toda la familia la que
esté presente siempre en la asamblea y participe siempre en la Eucaristía que es
donde está presente Jesús el hijo de Dios.
La Primera Comunión es una fiesta que hay que vivirla con alegría y que si los
padres se las hacen vivir en grande a sus hijos, no olvidarán nunca ese momento,
por lo que siempre podrán responder a la fe, a la consagración de los
sacramentos, sobre todo, la Confirmación que será el sacramento que continuará
para completar lo que llama Sacramentos de la Iniciación Cristiana para creer en
Dios.
La Primera Comunión hay que vivirla en la más íntima espiritualidad familiar.
La Eucaristía es la fiesta del amor, de ese amor que Jesús nos profesó al
entregar su vida por salvar a la humanidad, y dejar como legado el pan y el vino.
La comunidad católica lo recibe consagrado.
En los momentos difíciles que puede atravesar la familia, la Eucaristía se ha
convertido en una fortaleza espiritual y unificadora. Por ello es importante que
como familia traten de acercarse a la iglesia a buscar de Dios, a tratar de tener
ese encuentro de la Eucaristía con el Señor, que es lo más importante en la vida
de una persona.
La familia que no tiene a Jesús como norte, en un mundo tan convulsionado como
el que se vive en la actualidad, no puede tener las fuerzas suficientes para
enfrentar las situaciones que puedan presentarse en la crianza de los hijos.
7. PARA RELFEXIONAR
a. ¿Qué voy a practicar con mi hijo después de la primera comunión?
b. Elaborar un plan de acciones, desde las ausencias de vivencia de valores
en el hogar.
ENCUENTRO 20 CON REPRESENTANTES
LA FIESTA: UNA CELEBRACIÓN PARA COMPARTIR
1. CANTO INICIAL:
2. ORACIÓN
3. TEXTO BIBLICO: 1 Cor. 11,17-34
4. CONVERSACIÓN
a. ¿Qué tienen preparado para la celebración de la Primera Comunión de su hijo?
b. ¿En qué tienen involucrado a su hijo para preparar dicha celebración?
5. REFLEXIÓN
La Primera Comunión es una de las celebraciones religiosas más esperadas por las niñas y
niños católicos de entre 7 y 12 años de edad. Para recibir la primera comunión es necesario
que hayan recibido el bautismo y que hayan acudido a un curso de catequesis que duró dos
años. El curso es ofrecido por la iglesia y se llevó a cabo en comunión con la parroquia.
En el curso, los niños aprenden los valores y las normas de la iglesia, y además conocen las
oraciones básicas como el Padrenuestro, el Ave María y el Credo. Concluido el curso, los niños
recibirán el sacramento de la confesión o penitencia, y así estarán preparados para participar
de la eucaristía, es decir, comulgar en misa.
La Primera Comunión constituye, además de un acto religioso, una recepción social, en donde
se congregan amigos y familiares a festejar la entrada del nuevo miembro de la familia a la
comunidad cristiana.
Para esa ocasión, el niño o la niña visten trajes y atuendos que identificarán siempre ese
momento de su vida.
La demanda de ese tipo de vestimentas y accesorios, ha hecho que algunas tiendas se
especialicen en preparar a los anfitriones de esa fiesta.
Para esa fecha especial, las niñas visten completamente de blanco: vestido, medias, guantes,
bolso, zapatos, accesorios para el pelo, entre otros; mientras que los varones exhiben
pantalones de color negro, camisa blanca y chalina o corbatín.
Tanto hembras como varones, llevan como complemento, accesorios como la vela, rosario, y el
libro de la Primera Comunión.
Para los niños y su familia, así como para la iglesia, la Primera Comunión es un motivo de
fiesta a celebrar con los familiares y amigos de los niños.
En algunas familias, la Primera Comunión se rodea de vestuarios y festejos tan elaborados y
complicados que llegan a confundir con los de la celebración de una boda. En realidad, y de eso
no se puede olvidar, este es el momento de festejar, sobretodo, el encuentro de los niños con
Jesús. Entre la vestimenta, el banquete, los recordatorios, los regalos y otros detalles, en una
Primera Comunión realizan altos costos
La iglesia, por su parte, pide sencillez y moderación en la ceremonia de la Primera Comunión.
Lo que más encarece la celebración de una primera comunión es el banquete, la comida que se
ofrece a los invitados. Al contrario del bautismo, celebración que aún mantiene su carácter
íntimo, la Primera Comunión se ha convertido en todo un acto social. Tras la ceremonia de la
iglesia, se suele ofrecer algún pequeño tentempié o una comida a los invitados a modo de
celebración. Muchas familias tienen el privilegio y la alternativa de hacerlo en casa o en un
local acondicionado para la celebración. Sin embargo, las familias que no tienen otra elección
que hacerlo en un restaurante, tendrán que pagar el menú/persona.
Regalos, recordatorios y reportaje fotográfico de la Primera Comunión
Es muy común en las celebraciones, repartir tarjetas de recordatorio y/o algún otro detalle a
los invitados, en las que indican el nombre del niño o niña comulgante, la fecha y el lugar de la
celebración. Es también frecuente ofrecer regalos a los niños. Regalos como un reloj, un
rosario, una biblia, un álbum para las fotos, una cadena de oro, un crucifijo, máquinas
fotográficas, o un diario, son los más demandados. Y no podemos olvidar del reportaje
fotográfico. Las fotos y el video de la celebración son un buen recuerdo de este día tan
importante para los niños.
Aunque en algunos casos la celebración de la Primera Comunión salga de tono, no se puede
olvidar que la idea es que el niño disfrute de su fiel unión con Cristo. Una Primera Comunión es
fructuosa si fortalece la relación de amistad personal entre el niño y Jesús. Como lo predica
la iglesia, la Primera comunión es comulgar y compartir las actitudes de Jesús.
San Pablo en 1 Cor 11, 17-34 (leerlo), al llegar al tema de la Cena del Señor, la Eucaristía, se
pasó de un extremo a otro, es decir, de hablar del cabello y la ropa, a la Cena del Señor. Y
este tema es de una relevancia fundamental, y probablemente sea la parte más sagrada de
nuestra relación de comunión y compañerismo con Dios en el día de hoy, no sólo desde un
punto de vista individual, o vertical con el Señor, sino también como miembros de una
comunidad de creyentes. Es posible que muchos creyentes no hayan tomado verdaderamente
en serio las implicaciones de este encuentro espiritual. Y Pablo va a advertir aquí que Dios
juzgará por la manera en que usted participa de la Cena del Señor, por la forma en que
estaban observando la Cena del Señor, donde se le da más importancia a las celebraciones
mundanas, mundanizando la Primera Comunión, o cualquier motivo de aniversario o sacramento,
con el cual programamos una celebración Eucarística. Los Corintios no discernían la realidad
del cuerpo de Cristo y debiéramos preguntarnos como vivimos hoy la realidad del cuerpo de
Cristo. La mayoría concentra su atención en el método de celebrar esta cena del Señor, así
como en los detalles externos del ritual.
La Cena del Señor constituye la más elevada expresión y práctica de la adoración cristiana. En
Corinto, esta celebración había descendido un nivel secular tan bajo que, prácticamente, los
creyentes estaban blasfemando.
Quizás nosotros habríamos incluido esta sección en la división "espiritual" de esta epístola,
solo que hay que considerar que Pablo estaba tratando con una situación muy mala en Corinto.
Lo interesante que debemos notar es que los cuatro evangelios mencionan la institución de la
Cena del Señor, y se vuelve a repetir en esta carta. Es significativo que en ninguna parte se
nos mandó recordar el día del nacimiento del Señor, pero a los que le pertenecemos se nos ha
pedido expresamente que recordáramos el día de Su muerte.
Y Pablo le dio a este asunto suma importancia. En el versículo 23, del capítulo 11, dijo lo
siguiente: "Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la
noche que fue entregado, tomó pan". Ahora, Pablo recibió esta enseñanza por una revelación
directa. Pablo la colocó en el mismo nivel que el evangelio, porque en el capítulo 15, de esta
Primera carta a los Corintios, versículo 3, dijo: "Porque primeramente os he enseñado lo que
asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras". O sea
que Pablo recibió la revelación directa del evangelio, y también la revelación directa de la
Cena del Señor. El Señor le dio a él instrucciones especiales en cuanto a la Cena del Señor. En
ese sentido, recordemos que Pablo no estuvo presente en esa celebración primera de la Cena
del Señor en el aposento alto. Sin embargo, después él puede decir: os he enseñado aquello
que he recibido del Señor.
Admitimos que es un poco difícil ver la conexión de lo que Pablo estaba diciendo a la Iglesia
de Corinto, con la forma en que nosotros celebramos en la actualidad la Cena del Señor.
En el libro de los Hechos de los apóstoles, capítulo 2, versículo 46 y 47, se nos dijo lo
siguiente: "Perseveraban unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas
comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y teniendo favor con todo el
pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que iban siendo salvos".
En el día de hoy nosotros tenemos una costumbre. Es la costumbre de los clubes,
asociaciones, fraternidades y empresas comerciales, de tener en ciertas ocasiones comidas
juntos para disfrutar de momentos de compañerismo. En la Iglesia nosotros nos reunimos
para una cena, para una comida, que no debiera estar centrada sólo en la parte material. En la
Iglesia primitiva ellos lo celebraban y lo llamaban - ágape - o una fiesta de amor. Y eso era
parte de la koinonia, o sea del compañerismo, de la comunión de la Iglesia. Y en aquellos
tiempos, la reunión social era la antesala, por decirlo así, que conducía directamente a la
celebración de la Cena del Señor. Ambos encuentros se mantenían separados, pero el ágape
siempre precedía a la Eucaristía. Esas fiestas fueron finalmente separadas completamente.
Al estar separados ambos eventos, no se debe reproducir entre nosotros la situación de
tensión que se producía en la iglesia de Corinto. Sin embargo, hay aquí ciertas lecciones que
podemos aplicar a nuestra propia situación. Vamos a volver a nuestro texto y leer el versículo
17 de este capítulo 11, de la Primera Epístola a los Corintios, que dice:
"Al anunciaros esto que sigue, no os alabo, porque no os congregáis para lo mejor, sino
para lo peor". Ahora, esa palabra anunciaros es una orden y debería ser: "Pero al ordenarles
esto que sigue". Y el apóstol no les podía felicitar ante esa situación. Porque ellos tendrían que
haberse reunido para recibir una gran bendición espiritual. Pero ese no era el caso.
Y Pablo continuó diciendo en el versículo 18:
"En primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y
en parte lo creo". Al referirse a la iglesia, él no estaba hablando de un edificio. Pablo estaba
hablando de cuando los creyentes se reúnen juntos, y ese encuentro constituye la verdadera
iglesia. Nosotros solemos identificar siempre a la iglesia con un edificio. Pero el edificio no es
realmente la iglesia, sino sólo el lugar de reunión de los creyentes. La iglesia es, pues, el
conjunto de los creyentes, donde quiera que ellos se encuentren. Pero es difícil para nosotros
pensar de esa manera.
Ahora, cuando los creyentes de Corinto se reunían, el espíritu partidista que enfatizaba la
diversidad, que vimos en el capítulo 1, se trasladó a la celebración de la Cena del Señor. Allí se
puso en evidencia la división que existía entre ellos. Así es que se nos dice aquí en el versículo
19:
"Es preciso que entre vosotros haya divisiones, para que se pongan de manifiesto entre
vosotros los que son aprobados". Esto explica todos los cultos y las sectas que existen
actualmente, ¿por qué los permite Dios? Podríamos ilustrarlo sencillamente con una acción
propia del ama de casa cuando se encuentra cocinando algo, y se acumula alguna materia en la
superficie. Habremos observado que ella toma una cuchara o una espumadera y lo quita. Y eso
es lo que Dios hace. Debemos ser realistas y reconocer que en la Iglesia hay personas que no
son creyentes. Un gran porcentaje de las personas que asisten a las Iglesias en estos días, en
realidad, son simplemente miembros de la Iglesia. Y, como hacía el ama de casa de nuestra
ilustración, el Señor los quita de la superficie en la que se encuentran, ¿Cómo? De alguna
manera, ellos van a parar a esos cultos y sectas. Eso es lo que dijo aquí claramente el apóstol.
Otra versión traduce esta primera parte del versículo así: "Sin duda, tiene que haber grupos
sectarios entre vosotros (es decir herejías) para que se demuestre quienes contáis con la
aprobación de Dios". La herejía llega junto con los cultos y las sectas, y muchas personas de
las Iglesias, atraídas por lo novedoso, se dirigen hacia ellos. Así que Dios está limpiando la
superficie de la Iglesia; es decir, para que se pueda reconocer a aquellos que realmente son
creyentes genuinos. Y ahora, dice aquí en el versículo 20, de este capítulo 11 de la Primera
Epístola a los Corintios:
"Cuando, pues, os reunís vosotros, eso ya no es comer la cena del Señor". Es decir, que
era imposible para ellos celebrar la Cena del Señor de la manera en que se estaban
comportando en la fiesta que la precedía. Y bajo esas circunstancias ellos no podían celebrar
la Cena del Señor. Y continuó Pablo diciendo en el versículo 21:
"Al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y mientras uno tiene hambre,
otro se embriaga". Aquí tenemos una declaración que nos llama mucho la atención. Tenemos a
una persona que no tenía nada para traer a la fiesta, porque era pobre, y estaba pasando
hambre. Y a su lado se sentaba una persona rica que tenía toda clase de manjares, pero éste
no le ofrecía nada al hombre pobre que tenía a su lado. Podemos apreciar, entonces, que su
relación de compañerismo y comunión allí estaba rota. No podía existir tal relación en esas
circunstancias. Como resultado, tenemos una situación humillante en la que un hombre pobre,
hambriento, no tenía quien le diera algo de comer. Y aquí en el versículo 22, vemos la enérgica
reacción del apóstol:
"Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios,
y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os
alabo". O sea que, si no estaban dispuestos a compartir lo que tenían en un gesto de
compañerismo y solidaridad, tendrían que haber comido cada uno en su propia casa. Lo que
estaba ocurriendo era simplemente esto; ellos estaban fracturando, quebrando la unidad de la
Iglesia. Incluso había algunos que se estaban embriagando en esta fiesta de ?ágape?, de
amor. Y, por supuesto que no estaban en condiciones de recordar la muerte de Cristo. Para
ellos todo quedaría en un recuerdo vago y confuso. Y ahora vemos en el versículo 23 de este
capítulo 11 de la Primera carta a los Corintios,
La Eucaristía es mucho más que un símbolo. Vayamos por un momento al camino de Emaús, que
encontraremos en el relato de Lucas 24. Y allí veremos lo que significa alimentarnos el cuerpo
de Cristo y Su muerte.
Dos discípulos de Jesús estaban regresando a su casa después de haber presenciado la
terrible crucifixión en Jerusalén, así como los eventos que siguieron. Se sentían deprimidos y
mientras repasaban los acontecimientos, el Señor resucitado se unió a ellos y les preguntó por
el motivo de su tristeza. Pensando que era un extranjero, le contaron todo sobre Jesús y su
muerte en la cruz, y sobre el informe de las mujeres que habían ido a la tumba, encontrándola
vacía. El Señor les reprochó su falta de comprensión y de fe, para creer el mensaje de los
profetas. Les expuso entonces la enseñanza del Antiguo Testamento y al pasar por el pueblo,
se quedó con ellos. Allí celebró la Cena del Señor, después de haber resucitado. Y al partir el
pan, a aquellos discípulos les fueron abiertos los ojos y reconocieron a Jesús, pero Él
desapareció. Lo que hizo entonces fue revelarse a sí mismo. Ésa es realmente la Cena del
Señor. Por ello, cuando celebramos la Cena, Él está presente. Más allá de los símbolos, la
fiesta significa que discernimos el cuerpo de Cristo. Tendremos el pan en nuestra boca, pero
sentiremos la presencia de Cristo en nuestro corazón. La persona de Cristo es en nosotros,
una presencia real. Es mucho más que un ritual o una ceremonia.
6. LLAMADO A LA ACCIÓN
Así, al recordar el pan partido, contempla en la cruz a Jesús muriendo por cada uno. Y
entonces, por la fe, se acepte como Salvador. Entonces, por la acción del Espíritu Santo,
sentir su presencia como una realidad en la vida, y como un anticipo de la vida eterna.
Por tanto, seamos creativos en la celebración de la Primera Comunión de nuestros hijos y no
hagamos de la celebración importante de nuestros hijos un desorden en la economía familiar,
en la vida moral, y en la vida de comunidad. Convirtiendo una celebración de fe en una
mundaneidad de licor y desordenes que trae dificultades y problemas.
7. PARA LA RELFEXIÓN
¿Cómo voy a celebrar la Primera Comunión del hijo, para engrandecer el acontecimiento
de fe, sin actuar contrario a lo que recibe en su corazón el hijo?