Devoción a la Hostia en la Baja Edad Media
Devoción a la Hostia en la Baja Edad Media
Recibido: 18-enero-2006
Aprobado: 19-abril-2006
RESUMEN
Inscrita dentro del contexto de las diversas polémicas acerca de la presencia real de Cristo a través de
las especies del pan y vino, la Eucaristía halló en la expresión de la misa durante la Edad Media el modo
de presentar al pueblo las posiciones de la Iglesia con respecto al dogma. La preocupación por eviden-
ciar el milagro de la Transustanciación que se lleva a cabo en el altar, implicó un complicado proceso
de ritualización no sólo de la ceremonia como tal, sino también de los momentos previos a la misma.
Las fuentes para su estudio pueden ser de tipo documental, material o iconográfico y, analizadas en pro-
fundidad, evidencian la creciente importancia que adquirió la hostia consagrada durante la Baja Edad
Media. Al mismo tiempo, las imágenes implican la noción medieval de praesentia y su relación con la
liturgia de la misa queda evidenciada.
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
1
Para ampliar este aspecto, vid. PALAZZO, Eric, Liturgie et societé au Moyen Age, Paris,
Aubier, 2000, pp.152 y ss.
2
La teología católica ha construido una base sólida para afianzar estos conceptos, recurriendo por
un lado los evangelios, con la Última Cena y mediante milagros como los de Caná o la multiplicación
de los panes y los peces. En ambos Cristo demuestra su poder sobre las sustancias. Destaca también
dentro de la doctrina de Pablo la I Carta a los Corintios (11, 23-27), en la que Jesús instaura la
Eucaristía ante sus apóstoles instándoles a que la repitan. Además el propio Cristo llega a decir que es
el pan de la vida (Juan 6, 47-51 y Juan 6, 53-58). También Mateo lo narra, aunque de manera más breve
(Mateo 26, 26-28). En los textos citados se encuentran sin duda las primeras bases sobre la teología tra-
dicional de la Eucaristía. En el s. IX en el Monasterio de Corbie los escritos de Pascasius Radbert (785-
860) entran ya en conflicto con los de otro monje, Ratramnus (+868), que veía en la hostia tan sólo una
imagen espiritual de Cristo, cuya presencia real estaba en otra parte. Esto será retomado por Berengario
de Tours (999-1087) cuya exégesis bíblica y comentarios acerca de la Eucaristía en De sacra coena
alcanzan gran difusión durante todo el s. XII, al tiempo que son condenados con virulencia por la Iglesia
oficial llegando la contrarrespuesta al s. XIII con las doctrinas de Alberto Magno (c.1200-1274), Tomás
de Aquino (c.1225-1274) e incluso San Buenaventura (1221-1274). Para un análisis más detallado del
tema vid. RUBIN, Miri, Corpus Christi. The Eucharist in Late Medieval Culture, Cambridge, 2002,
(1ºed. 1991), pp. 14-34.
3
De ellos da buena cuenta el estudio clásico de RAPP, F., L´Eglise et la vie religieuse en Occident
à la fin du Moyen- Age, Paris, 1980. Conviene recordar aquí como para Ockham (1300-1347), por ejem-
plo, no existía la Transustanciación, sino la «Consustanciación» (el pan conservaba su naturaleza como
pan). Esta doctrina la recupera el inglés John Wycliff (1324-1384) que habla de la «remanencia».
Oriundo de Bohemia, Jean Hus (1370-1415) por su parte se esfuerza en conseguir la comunión bajo las
dos especies para los fieles, eliminando así el aura mistérica del sacerdote cuando consumía únicamen-
te el vino. Las ideas de J. Gerson (1362-1429), ya en pleno s. XV, se estudiarán para explicar la
Eucaristía y la Transustanciación como garante del poder de Dios más allá de la naturaleza de las dos
especies. Para ampliar el tema vid. RUBIN, Miri, op. cit., pp. 14-35.
4
MITRE, Emilio, Las herejías medievales de Oriente y Occidente, Madrid, 2000, pp. 62 y ss.
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Desde finales del s. XIII el grueso de los fieles había empezado a sentir un
fervor por la misa, generalizándose un fenómeno basado en la necesidad de ver
la hostia consagrada8. Este deseo sustituye en muchos casos la comunión en espe-
5
Con respecto a la primera, cabe señalar surgió durante el reinado de Juan II en la villa vizcaína del
mismo nombre y que sus adeptos promulgaban, entre otras cosas, la libertad moral y el desprecio a los
sacramentos. La enérgica intervención del obispo de Calahorra y del propio rey, que acabó con la quema
de herejes en Durango, Valladolid y Santo Domingo de la Calzada, no paso desapercibida a la población
castellana. Figura clave de esta herejía fue el franciscano Fray Alfonso de Mella (o Alonso de Mela), que
consiguió escapar del primer ajusticiamiento junto con otros compañeros, pereciendo finalmente en las lla-
mas de las ciudades de Granada y Sevilla. Pueden consultarse las obras de ARCE, J.B., Los herejes de
Durango,Madrid, 1974; y BAZÁN, Iñaki, «Herejía: Los herejes de Durango», Delincuencia y criminali-
dad en el País Vasco en la transición de la Edad Media a la Moderna, Vitoria-Gasteiz, Departamento de
Interior del Gobierno Vasco, 1995, pp. 386-420 o, más general, la publicación de FERNÁNDEZ MAYO-
RALES, Juan, La España de los herejes, fanáticos y exaltados, Madrid, 2001. La segunda, menos estu-
diada, parece que tuvo una incidencia menor, relacionada en todo caso con la comarca de Briviesca y la
Bureba, en Burgos, extendiéndose tal vez por el área geográfica de la diócesis de Burgos-Palencia. El fun-
damento de la misma fue poner en tela de juicio el dogma eucarístico, y para su extinción se recabó por
parte de las autoridades la ayuda del prior de la Cartuja de Miraflores. Breve noticia de ello da la obra de
SAGREDO FERNÁNDEZ, Félix, La Cartuja de Miraflores, León, 1973, p. 49.
6
Presidido por Inocencio III, da los cinco preceptos fundamentales de la Iglesia, junto con el seña-
lado. Los otros cuatro son: 1) honrar los domingos y días de fiesta, 2) abstenerse de comer carne los
viernes y días de penitencias, 3) celebrar las fiestas, 4) confesarse al menos una vez al año y 5) comul-
gar en Pascua. En lo que respecta a la necesidad de comulgar en Pascua, vid. Constituciones XXI y
XXII recogidas por FOREVILLE, Raimunda, Lateranense IV, Vitoria, Eset, 1973.
7
El esfuerzo de racionalización del rito eucarístico viene desde antiguo, habiendo sido tratado por
los principales comentaristas de la liturgia, sobre todo a partir de Amalario de Metz en el s. IX. En el s.
XII es tratado, entre otros, por Hugo de Saint Victor en su obra De Sacramentis, donde distinguía entre
las cosas (res), las palabras (verba) y las acciones (facta), siendo retomado por Inocencio III en De
sacro altaris mysterio a finales de la centuria siguiente, donde ya distinguía entre personas (celebran-
tes, ministros y asistentes), cosas (ornamentos, instrumentos y elementos), palabras (rezos, cantos y lec-
turas) y acciones (gestos, movimientos y actos). Vid. SCHMITT, Jean-Claude, La raison des gestes
dans l´Occident Médiéval, Paris, 1990, pp. 336-343.
8
Un estudio monográfico del tema lo ofrece DUMOTET, Edouard, Le desir de voir l´Hostie,
Paris, 1926. Para una revision más moderna del tema vid. CASPERS, Charles, «The western church
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cie, que había quedado reducida para aquellos, desde el Laterano IV, exclusiva-
mente al día de Pascua, dando lugar a lo que se ha llamado la «comunión espiri-
tual». Los textos refrendaban desde hacía tiempo esta práctica, que, por otra parte
,pretendía ser una medida para reducir los abusos cometidos producto en muchas
ocasiones de creencias supersticiosas9. Los diferentes teólogos se esfuerzan en
remarcar cómo el alimento que proporciona la Eucaristía es un alimento espiri-
tual, simbólico, y se incide en el hecho de que la comunión tiene sentido en tanto
que el fiel participa de una unión espiritual con Cristo, de modo que la comunión
resulta independiente incluso de la consumición de la propia hostia. Consumirla
es secundario y no tiene nada que hacer a la hora de la verdadera «comunión espi-
ritual» que se produce de modo inmaterial por medio de su contemplación10.
La generalización de esta práctica parece darse a partir de la segunda mitad
del siglo XIII, convirtiéndose en algo común para todos los creyentes y difun-
diéndose con rapidez, primero entre las diócesis de los Países Bajos y luego por
toda la Iglesia Occidental11. Así, frente a la comunión sacramental, la «comunión
espiritual» podía practicarse con libertad por los fieles tantas veces como desea-
sen. Como consecuencia, la misa va, poco a poco, reduciéndose en importancia
al momento del canon y a las palabras de la consagración, hasta el punto de que
los fieles acudan a la iglesia sólo y exclusivamente para participar de este
momento12.
during the late Middle Ages: Augenkommunion or popular misticism?» en CASPERS, Ch. et alius,
Bread of Heaven. Customs and practices surronding Holy Comunion. Essays in the History of Liturgy
and Cultura. Nijmegen, 1995, Col. Liturgia Condenda, 3, pp. 83-97. A este hecho que en alemán reci-
be el nombre de Augenkomunnion (comunión ocular) empiezan a imputarse toda suerte de efectos mági-
cos, como la remisión de los pecados sin pasar por el purgatorio y la seguridad de que uno no morirá
sin salvación. Entre otros estudios que se refieren al tema destacan los de FOWLEY, Edward, From Age
to Age. How Christians have celebrated the Eucharist, Chicago, 1991, pp. 91-111; DUFFY, Edmond,
The Stripping of the Altars. Tradicional Religión in England c. 1400-1580, London, 1992, pp. 95-107,
espec. p. 102.
9
En relación con las prácticas supersticiosas que llevaban a muchos fieles a conservar y llevar
consigo las hostias consagradas durante la Eucarístía a modo de amuleto, puede consultarse el magní-
fico estudio de SNOEK, G. J. C., Medieval Piety from Relics to the Eucharist. A process of mutual inte-
raction, Leiden- New York- Köln, 1995.
10
Guillermo de Saint Thierry (c. 1075-1148) es un buen punto de partida para explicar este con-
cepto. En su libro De Sacramento Altaris Liber trata de manera extensa este sacramento. Recogido por
MIGNE, J. P., Patrología Latina…. CLXXX, cols. 341-366, espec. 355. Según Ch. Caspers, muchos de
los escritos tradicionalmente atribuidos a Bernardo de Claraval pertenecerían a este autor (vid. CAS-
PERS, Ch, op. cit., p. 86). Para más información: BÉRUBÉ, Camille, «Guillaume de Saint-Thierry,
source de la pensée franciscaine», Collectanea Franciscana, 61, 1991, pp. 117-148.
11
CASPERS, Charles, op. cit., p. 88. Para más información acudir al estudio del mismo autor titu-
lado De eucharistiche vroomheid…, Miscellanea Neerlandica, 5, Louvain, 1992, pp. 84-86 y 95-97.
Puede localizarse a través de testimonios incluso de la documentación conciliar, pues en el sínodo dio-
cesano celebrado por el obispo Guiard de Laon entre 1238 y 1247 quedó establecido que aquellos enfer-
mos que pudieran vomitar la hostia recibieran, como sustituto, la comunión espiritual de la misma. (Vid.
BOEREN, P.C., «Les plus anciens statuts du diocèse de Cambrai (13e siècle)», Revue de droit canoni-
que, 3, 1953-1954).
12
Dio lugar también a ciertos abusos al respecto, como el que en determinadas zonas la Elevación
se hacía incluso antes de la consagración, cayendo por lo tanto en la idolatría. Para ver las discusiones
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generadas en torno a la conveniencia de la Elevación son interesantes también los artículos de KEN-
NEDY, V.L., «The moment of Consecration and Elevation of the Host», Medieval Studies, VI, 1944, pp.
121-150; y «The Date of Decree on the Elevation of the Host», Medieval Studies, VIII, 1946, pp. 87-
96. Para ampliar el conocimiento de la devoción a la propia hostia durante el s. XV y los abusos en torno
a ello vid. ZIKA, Charles, «Host, Processions and Pilgrimages: Controlling the Sacred in Fifteenth-
Century Germany», Past & Present, 118, 1998, pp. 25-64. La asociación entre los conceptos de idola-
tría y Elevación la mencionó también, de forma sucinta, en su interesante libro CAMILLE, Michael, El
ídolo gótico: ideología y creación de imágenes en el arte medieval, Madrid, Akal, 2000, p. 235.
13
VITRY, Jacques de, De Historia Occidentalis. Friburgo, 1972, pp. 179-180. Tomado de SCH-
MITT, Jean-Claude, op. cit., p. 343.
14
Antes de las palabras de la consagración, el sacerdote hacía otras elevaciones más pequeñas, no
obstante en el tema que se estudia es ésta la representada. En lo que respecta a la Elevación del cáliz,
tanto en Europa como en España no es frecuente su representación plástica. Desde el s. XII el vino con-
sagrado se fue eliminando de la comunión de los laicos. Ésta no era un hecho habitual, pues en los libros
pastorales y manuales de misa de la época se dan indicaciones a los sacerdotes del peligro que podría
ocasionar que durante la comunión de los fieles cayese algún pedazo de las hostias consagradas o se
derramara un poco de vino. Finalmente el Concilio de Constanza (1414-1418) terminó por prohibir a
los fieles comulgar con vino, amenazando con excomulgar al clero que lo ofreciese. En ocasiones a los
laicos se les ofrecía vino sin consagrar junto con la hostia, mostrando así simetría sobre el altar al tiem-
po que les facilitaba tragar las migajas de la forma (vid. RUBIN, Miri, op. cit., p. 71).
15
Parece que era frecuente quedarse charlando a las puertas de la iglesia, que permanecían abier-
tas, y sólo entrar cuando se oía la campanilla de la Elevación. Ello causaba gran barullo. Vid. TORRES
JIMÉNEZ, Raquel, Formas de organización y práctica religiosa en Castilla la Nueva. Siglos XIII-XVI,
Madrid, U.C.M., 2002. (Tesis doctoral inédita dirigida por M. A. Ladero Quesada), p. 981. Otras repre-
sentaciones en las que la Elevación de la hostia aparece por encima incluso de la cabeza del sacerdote
se encuentran en pinturas del Maestro de Alfajarín localizadas en la propia iglesia de Alfajarín
(Zaragoza) y en la predela del retablo procedente de la iglesia de Pallaruelo de Monegro (Huesca). Una
pintura castellana conservada en la Colección Johnson de Philadelphia correspondiente a finales del s.
XV reproduce también esta actitud, que se traduce en ejemplos escultóricos tan dispares como el frag-
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mento de relieve conservado en las vallisoletanas iglesias parroquiales de Villabáñez y Cabreros del
Montes, de fines del s. XV o principios del s. XVI, y el posterior ejemplar de la parroquial de
Torrelaguna, en Madrid. La excepcional Misa de San Gregorio de Berruguete conservada en el Museo
de Burgos es también un buen exponente de ello.
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El sacerdote cobra importancia en tanto que, tal y como señala el Laterano IV,
él mismo es sacrificio, de modo que a partir del s. XIII se intenta reglar todo lo
relacionado con las labores que ha de realizar, de entre las cuales sobresale la de
ser el encargado de realizar las hostias que serán consagradas en las ceremonias19.
16
LUBAC, Henri de, Corpus Mysticum. L´Eucharistie et l´Eglise au Moyen Âge, Paris, 1949.
17
SNOEK, G. J. C., op. cit. p. 54.
18
vid. FOREVILLE, Raimunda, op. cit, Constitución I.
19
Testimonios de ello aparecían ya en el Rationale divinorum officiorum de Guillermo Durando,
fuente a la que se aludirá en sucesivos epígrafes. En este momento interesa un pasaje del libro en el que
establece quod sacerdotes debeant hostias facere per seipsos vid. DAVRIL, Anselme y THIBODEAU,
Timothy (eds.), Guillelmi Duranti Rationale divinorum officiorum. Turnholt, Brepols, 1995-2000, liber
IV, 30, 6 (60).
20
En el resto de Europa encontramos disposiciones paralelas. Para Francia, dada la gran cantidad
de fuentes conservadas de esta naturaleza, puede consultarse por ejemplo la recopilación de PONTAL,
O. (ed.), Les Status Synodaux Français du XIIIème siècle, (3 vols.), Paris, 1971-1988. Encontramos
referencias como las que siguen Quod hostia sit integra et integrum habeat circulum, (vid. vol. I, c. 6,
p. 142). En Inglaterra, William Russell, obispo de Sodor, dice en 1350: La Hostia de Cristo ha de ser
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del Legado Juan, cardenal y obispo sabinense, que habían sido ratificadas en el
Concilio de Lérida de 1229 y fueron confirmadas en el Concilio de Tarragona del
año 1239. El canon VIII del mismo, titulado de manera singular Como deben
hacerse las hostias dice así.
[…] también establecemos que el sacerdote haga por sí mismo las hostias para
consagrar el Cuerpo del Señor de harina de trigo pulcra y blanca, sin ponerlas sal ni
levadura; y elabórense con extraordinario esmero»21.
Si bien es un ejemplo propio del caso catalán, interesa en tanto que el Legado
Juan no es otro que Juan de Abbeville, enviado por Gregorio IX a España en 1228
con la intención de que los presupuestos del IV Concilio Laterano, que hasta el
momento no habían sido asumidos por algunos lugares, entre ellos las diócesis
hispanas en su conjunto, fuesen respetados22.
limpia, de harina, fina, no grande, sin levadura. Ésta ha de estar grabada, no cocida en agua pero coci-
nada en el fuego ([…] candida, triticea, tenuis, non magna, rotunda, expers fermenti non mista, sit hos-
tia [Link] aqua, non cocta sed igne sit assa), vid. WILKINS, D., Concilia Magnae
Britanniae et Hiberniae ad 446-1718, London, 1737. Consultada esta última referencia a través de
RUBIN, Miri, Op. cit, p. 39.
21
Es cierto que no conservamos los textos de los cánones de todos los concilios celebrados y que,
además, dentro de los que conservamos, no siempre tratan este aspecto, pero sí se encuentra, al menos,
en algunos de capital importancia como los de Peñafiel (1302), Toledo (1323), Cuéllar (1325) o
Tarragona (1329). Los textos completos de estos concilios pueden leerse en latín y castellano en el clá-
sico de TEJADA Y RAMIRO, Juan, Colección de Cánones y de todos los Concilios de la Iglesia de
España y América (en latín y castellano) con notas e ilustraciones. Madrid, 1859, Tomo III, vol. 2. Para
el texto del Sínodo de Cuéllar de 1325, consúltese la constitución XXX del mismo, titulada Que hará
el sacerdote si sólo puso agua en el cáliz, vid. GARCÍA Y GARCÍA, Antonio, Synodicon Hispanum VI.
Ávila y Segovia, Madrid, BAC, 1993, p. 303.
22
Parece ser que El clero español, tal como lo encontró Juan de Abbeville, era incontinente, en
gran parte iletrado y totalmente ajeno a la disciplina de los concilios y sínodos (vid. LINEHAM, La
Iglesia española y el papado en el siglo XIII, Salamanca, Universidad Pontificia, 1975, p. 22). Para
poner orden insta a los obispos a la convocatoria de sínodos, y durante la estancia del legado (1228-
1229) se convocan en casi todas las diócesis. Los presupuestos de aplicación de las normas del Laterano
IV comienzan en este momento en nuestro país, irradiando años más tarde y fijándose a través de suce-
sivos concilios en los que se van a ir tratando también aspectos más prácticos relacionados en muchas
ocasiones con la vida diaria de las comunidades. Como ha señalado Pedro M. Cátedra al estudiar la
posible influencia del IV Laterano en la obra de Berceo, aunque hubo comentaristas hispanos que escri-
bieron en fechas relativamente cercanas a la propia celebración del concilio ecuménico (como
Vincentius Hispanus y Laurentius Hispanus) sólo se conserva en España un códice de las constitucio-
nes del lateranense IV (vid. GARCÍA Y GARCÍA, Antonio, Iglesia, sociedad y derecho, Salamanca,
Universidad Pontificia, 1985, pp. 484-503). y, además, los textos canonísticos de Letrán citados en una
obra tan importante como la Summa septem sacramentorum de Pedro de Albalat no se recogen con la
terminología de 1215, sino con la que Juan de Abbeville transmitió en el concilio de Lérida 1229. En
cambio, fueron muchos los sínodos que, a partir de 1228, recogieron y adaptaron estas constituciones.
La repercusión de la legación alcanzó, sin duda, hasta bien entrado el siglo XIV, más allá, por ejem-
plo, del sínodo de Cuéllar de 1325. Vid. CÁTEDRA, Pedro M., «Del sacrificio de la misa» de Gonzalo
de Berceo. Edición y Comentario», en Isabel Uría (coord.), Obra completa, Madrid: Espasa-Calpe,
1992, pp. 933-1033. Coincide con él LINEHAN, Peter, op. cit., p. 66.
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
Y como que nuestro Seño Jesucristo, que es el pan vivo, que bajó del cielo, se com-
paró con un grano de trigo cuando dijo: «Si el grano de trigo que cae en la tierra no
muriere, permanece él sólo»; por lo tanto, enseñan los decretos de los Santos Padres,
que el pan que haya de consagrarse en el altar sea de harina blanca sacada de granos
de frumento, esto es, de trigo, y amasada con agua limpia y pura. Y como que por la
sencillez de los hombres y por la ignorancia del derecho podría amenazar peligro al
hacer la masa, cuyo pan se convierte en Dios, establecemos y ordenamos, que los sacer-
dotes por sí mismos, si cómodamente pueden y si no por otros ministros idóneos de la
iglesia, pero en presencia de ellos, confeccionen la masa de sola harina de trigo y agua
pura, (sin) levadura, sin mezcla de ninguna otra cosa; y con ella hagan la hostia, que
debe consagrarse en Cuerpo del Señor23.
23
Cfr. Texto en latín de TEJADA Y RAMIRO, Juan, op. cit., Tomo III, vol. 2, p. 440.
24
Juan 12, 23-25. Para intentar una mayor fidelidad con los textos originales, se ha optado por la
traducción española del s. XVIII de la Vulgata realizada por J. M. Petisco (1724-1800) y publicada por
TORRES AMAT, Félix, Sagrada Biblia traducida de la Vulgata Latina teniendo a la vista los textos
originales, Madrid, Apostolado de la Prensa, 1950.
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
25
Siempre se señala la influencia del Rationale de Durando en obras como el Catecismo de Pedro
de Cuéllar, de 1325, pero sin duda los clérigos cultivados manejaban manuales y tratados sobre liturgia
y sacramentos en latín desde mucho antes. Este texto de Juan fue localizado por Boeren en un tratado
eucarístico anónimo del s. XII en el que se describe cómo deben hacerse las hostias y es repetido, a
mediados del mismo siglo, en De sacramentis, del Maestro Simón (c. 1145-60). Para consultar ambos
textos en latín vid. RUBIN, Miri, op. cit, p. 38, en lo que respecta al estudio del manuscrito anónimo,
vid. BOEREN, P., «Un traité eucharistique inédit du XII siècle. Convenientibus vobis in unum (I Cor.
11, 20 », en Archives d´histoire doctrinale et littéraire du moyen âge, nº 45, pp. 181-214. Para los tex-
tos de Durando y Pedro de Cuéllar, vid. más adelante.
26
Existen ciertas disensiones acerca de las lecturas evangélicas de ese día, pues aunque MARTI-
MORT, A. G., La Iglesia en Oración. Introducción a la Liturgia, Barcelona, Herder, 1967, p. 762 hace
referencia a Juan 13, 1, este pasaje no aparece recogido en la edición consultada del misal preconciliar
de MOLINA, Vicente, Misal completo para los fieles, Valencia, Ed. Hispania, 1947.
27
Canon XI del concilio de Tarragona de 1291-129, canon II del Concilio de Lérida de 1293 y
canon IV del Concilio de Lérida de 1294 (vid. TEJADA Y RAMIRO, Juan, op. cit., tomo III, vol. 2, pp.
416, 420 y 424 respectivamente). Son interesantes todos estos pasajes por las referencias a los abusos
cometidos tras la comunión mediante golosinas y comilonas a costa de los mismos días como los de
Natividad, Pascua y Pentecostés.
28
1539, marzo, 3, Villarubia, Iglesia de Santa María, AHN, Leg. 6079, núm. 26, fols. 479v-480r.
Recogido por la tesis doctoral de TORRES JIMÉNEZ, Raquel, op. cit., p. 799, nota 250. Resulta muy
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
interesante en su conjunto al recoger las noticias de inventarios y visitas realizadas por calatravos en un
espacio geográfico y temporal lo suficientemente dilatado como para que las conclusiones extraídas
puedan ser extrapoladas a otras zonas de las cuales no se conserva tal cantidad de información. Para los
treintenarios, pueden consultarse los diferentes volúmenes del Synodicon Hispanum.
29
RUBIN, Miri, op. cit., p. 42. La alusión dada por Rubin, que no cita por otra parte texto algu-
no, es la de las Constituciones de Lanfranco (c.1005- c.1089), que recoge los rituales seguidos por los
monjes cluniacenses (vid. KNOWLESS, D., The monastic constitutions of Lanfranc, London, Nelson
Medieval Texts, 1951). Sí podemos suponer, por ejemplo, que se rezara el Salmo 77, 25 de la Vulgata
(Salmo 78, 25 de la Biblia de Jerusalén) en el que se hace alusión al pan de los ángeles.
30
Mayor atención han recibido, por ejemplo, las manifestaciones paralitúrgicas que implican la
participación de una comunidad. A menudo se ha señalado cómo dentro de la devoción y el folklore
popular, no sólo pinturas o esculturas para retablos o portadas representaron la Entrada en Jerusalén.
También las procesiones litúrgicas del Domingo de Ramos quisieron hacerlo. Existen testimonios de las
procesiones en la Francia e Inglaterra Medieval en los que se señala la tradición de llevar una hostia
consagrada o un evangelio en peregrinación hasta la puerta del templo, como símbolo del propio Cristo.
El origen de esta tradición es antigua, pues ya la monja Egeria que hizo la peregrinación a Tierra Santa
en el s. IV cuenta cómo la Entrada en Jerusalén era celebrada por medio de grandes procesiones que
copiaban en muchos casos los ceremoniales de entrada de los emperadores romanos (Vid. SCHILLER,
Gertrud, Iconography of Christian Art, London, Lund Humphries, 1977, vol. II, p. 14). Para la peregri-
nación de Egeria, vid. ARCE, Agustín (ed.), Itinerarium Egeriae. Español-Latín, Madrid, Biblioteca de
Autores Cristianos, 1996.
31
Además, y con respecto a las funciones del sacerdote, diversas noticias aparecen en otras fuen-
tes, tales como constituciones de hospitales. Es el caso de las escritas en 1398 para la fundación del
Hospital de San Antolín de Palencia (AHCP, armario III, leg. 15, Hosp. Nº 68, fols. 17r/31v.). En ellas
se describen las obligaciones y trabajos a realizar para la asistencia a los enfermos en dicha fundación,
ocupando las labores propias del capellán un total de diecisiete puntos, ente los que destacan el 12, 13
y 14 en los que se alude explícitamente a la necesidad de que […] probea que los hornamentos y cor-
porales de la capilla esten limpios…probeyendo la zera, vino y hostias…[…]. Vid. SANTO TOMÁS
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
Tres son los detalles significativos que se contienen en las breves pero elo-
cuentes referencias que aparecían en los cánones. Por un lado, la necesidad de
que las hostias se hagan de pan ácimo, por otro, de que éstas sean hechas de hari-
na blanca y pura y, ya por último pero no menos importante, el deseo explícito,
o más bien la orden, de que su ejecución se realice, como se ha visto ya, con
extraordinario esmero. Conviene por lo tanto hacer referencia a la importancia
de la consecución material del pan eucarístico para proseguir su estudio.
Son muchos los textos en los que se hace hincapié sobre la importancia de
que este pan no lleve levadura. Las consecuencias de esta opción suponen, desde
época temprana, una distinción de base entre las iglesias de Oriente y Occidente
que se manifiesta también en el modo de realizar el pan eucarístico por una y
otra.
En los primeros siglos del Cristianismo, al contrario de lo que se generaliza-
rá durante la Edad Media Occidental, el pan empleado a diario era el mismo que
el empleado en el oficio litúrgico. Ello supuso una diferenciación precisa entre lo
que era un molde para la fabricación del pan y un sello para estampar en el mismo
determinados símbolos. En el origen de estos sellos, normalmente de barro coci-
do, estaría la necesidad de distinguir visualmente por parte los cristianos el pan
empleado en dichos servicios que, por otra parte era un pan con levadura32.
Al contrario que la iglesia de Oriente, la Iglesia Occidental optó desde época
temprana por la fabricación del pan ácimo, enzarzándose en enormes discusiones
para justificar su postura enlazándola con los textos veterotestamentarios33.
PÉREZ, Magdalena, La asistencia a los enfermos en Castilla en la Baja Edad Media, Universidad de
Valladolid, 2001, p. 30, nota 54.
32
Parece que estos primeros instrumentos podrían haber sido empleados también con otros fines.
Generalmente realizados en barro cocido, lo que ha hecho que no mereciesen atención por parte de la
historiografía, eran usados también para ornar ánforas de vino o lámparas hechas en terracota, entre
otros objetos. Del mismo modo, el pan empleado en estos servicios no tenía por qué responder a la
forma circular que corresponde a la Iglesia Latina, antes bien se elaboran complicadas explicaciones
que refuercen la importancia de la forma rectangular del mismo para hacerlo semejante a un cordero,
aunque el sello empleado se admite como circular en muchos casos. Destacan los textos de Simeón de
Tesalónica, arzobispo ortodoxo (†1430). La introducción del pan ácimo en Oriente es muy posterior a
su uso en Occidente. Un caso especial lo constituye Armenia que, hasta el s. VII, siguió empleando el
pan con levadura, al igual que los Maronitas hasta su unión con Roma en el s. XII (vid. GALAVARIS,
George, Bread and the Liturgy. The symbolism of Early Christian and Byzantine Bread Stamps,
Madison, Milwakee & London, The University of Wisconsin Press, 1970, pp. 13, 19 y 86-87).
33
Vid. Levítico 3, 1-4. Este tema se convirtió a partir del cisma de Miguel Cerulario en el s. XI en
verdadero tema de discusión entre latinos y griegos. No es momento éste para invocar la problemática,
bien recogida ya por CABROL, F., «Azymes», en Dictionnaire D´Archeologie Chretienne et de
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
Liturgie, Paris, Letouzey et Ané, 1924-1953 (15 tomos en 30 volúmenes). Vol. I/2. En cualquier caso,
no puede evidenciarse en los Evangelios ni a través de los Hechos de los Apóstoles el empleo de uno y
otro pan en la institución de la eucaristía y primeras ceremonias apostólicas. En los primeros documen-
tos sobre esta discusión se hace provenir la costumbre de los ácimos del propio San Pedro (vid. Carta
de Pedro de Antioquía a Miguel Cerulario, Patrología Griega, tomo CXX, cols. 777-780, 807 y 810).
Extraordinario estudio del tema es el clásico de MABILLON, «Disquisitio de azymo et fermentato», en
Vetera analecta, Paris, 1723, pp. 522-547.
34
de pane azymo debet fieri. Vid. DAVRIL, Anselme y THIBODEAU, Timothy (eds.), op. cit.,
liber IV, 41, 113/157. La edición empleada es la más completa, las referencias siguientes a este texto
siguen por lo tanto esta edición.
35
RUBIN, Miri, op. cit., p. 38. Una edición crítica de este texto es la de GOERING, J. y
MANTELLO, F.A.C., Templum Dei, Toronto, Pontifical Institute of Mediaeval Studies, 1984, col.
Toronto Medieval Latin Texts, 14. Sobre la forma circular de las hostias, vid. más adelante.
36
Vid. TEJADA Y RAMIRO, Juan, op. cit., tomo III, vol. 1.
37
Non in fermento ueteri, set in azymis sinceritatis et veritatis, vid. Constitución XXX, 5-6 del
Sínodo de Cuéllar de 1325, en GARCÍA Y GARCÍA, Antonio, Synodicon Hispanum VI. Ávila y
Segovia, Madrid, BAC, 1993, p. 303.
38
Retablo de la Vida de Cristo, hecho en metro por el devoto Padre Don Juan de Padilla, monje
cartuxo, impreso con licencia en Toledo por Francisco Guzmán, Toledo, 1570. Recogida por la tesis iné-
dita de FRANCISCO, Julia de, Poesía lírica eucarística española: siglos XVI y XVII, Colección
Universidad de Madrid, Facultad de Filosofía y Letras, 1953, p. 39.
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
39
A pesar de que este estudio se centra en la producción de moldes en Occidente, para el estudio
de la fabricación del pan eucarístico de la iglesia oriental, ha de señalarse el ya mencionado extraordi-
nario estudio monográfico realizado por George Galavaris (op. cit.), que dio a conocer numerosos sellos
encontrados gracias a excavaciones arqueológicas realizadas por diferentes puntos del Mediterráneo.
40
Vid., entre otros, BARBIER DE MONTAULT, X., «Description iconographique de quelques
fers à hosties de l´Anjou», Revue de l´Anjou, Angers, 1880; Ídem, «Les fers à hosties du musée
d’Orléans», Ancienne série du Bulletin, Tome IX, 1887, nº 132, pp. 187-193 ; BARBIER DE MON-
TAULT, X., et REVEREND DU MESNIL, E., «Un atelier forézien de fers à hosties avec notice géné-
alogique sur les Jourjon », Journal de Roanne, Roanne, Imprimerie du Journal de Roanne, 1893.
41
Con el transcurso del tiempo, estas piezas pasaron a engrosar las colecciones de museos provin-
ciales, donde hoy por hoy se conservan. Es el caso por ejemplo del Musée Sainte-Croix de Poitiers.
42
Paris, Letouzey et Ané, 1924-1953 (15 tomos en 30 volúmenes). Para la voz «fer à hosties», vid.
tomo V, volumen 2, cols. 1366-1368. Para el estudio del pan eucarístico, vid dentro del mismo diccionario
las voces «azyme» (tomo I, volumen 2) y «pain eucharistique» (tomo XIII, volumen 1). Recientemente, los
inventarios por medio de bases de datos informatizadas del gobiernos francés, garantizan la conservación
de estas piezas que otrora fueron objeto de abandono en las parroquias y, cada vez más, suscitan la curiosi-
dad de aquellos que intentan arrojar algo de luz sobre el origen de las iconografías pasionales que contie-
nen. La base de datos Palissy depende del Ministerio de Cultura del Gobierno Francés e inventaría el patri-
monio mobiliario nacional según diferentes categorías (muebles, objetos religiosos y domésticos, científi-
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
En España los estudios al respecto son también parcos, a pesar de que fue en
el s. XIX cuando se produjo un primer intento de fijar la atención en ellos gra-
cias a una breve mención hecha en la obra histórica de J. Balari43. A comienzos
de siglo, un molde de hostias perteneciente al Museo de Tarragona fue expuesto
en Madrid dentro de una muestra de hierros antiguos españoles, sin ofrecer por
otra parte, dato alguno referido a su iconografía o dimensiones44. Referencias a
moldes de hostias catalanes aparecen también, a título ilustrativo, en publicacio-
nes de M. Trens, sin ofrecer estudio alguno al respecto, pero llamando ya la aten-
ción sobre estas piezas en tanto que soporte iconográfico45. La historiografía
catalana de la segunda mitad del s. XX se ha referido a estas piezas en alguna
ocasión, aunque fuese parcialmente, mediante pequeñas publicaciones en ocasio-
nes exentas de rigor científico, que los tratan más como curiosidades dentro de
las sombras que aún fecundan el Medievo46. Pero es sin duda a través de los tex-
tos de J. Gudiol y, posteriormente en los de M. Sunyol donde se observa un ver-
dadero deseo por sacarlos a la luz, estudiándolos como objetos interesantes para
comprender una parcela más del arte sacro47.
Faltan, sin embargo, estudio de conjunto de los mismos. La única publica-
ción más reciente que estudia estos moldes en tanto que soportes de una icono-
grafía determinada estableciendo una breve reseña acerca de las publicaciones y
exposiciones de los mismos, aparece en el primer número de la revista del Museo
Episcopal del Vic, tras haber sido publicadas algunas de estas piezas en el catá-
logo de dicho museo48. Así, Ll. Amenós realiza una breve aproximación a los
cos e industriales, etc). Hasta la fecha, contiene cerca de 260 000 noticias, de las cuales permite ver la foto
de casi 15 000 objetos (vid. [Link]
43
BALARI, J., Orígenes históricos de Cataluña, vol. II, 1899. Reeditado en San Cugat del Vallés
en 1964, p. 620.
44
ARTIÑANO Y GALDÁCANO, Pedro Miguel, Exposición de Hierros Antiguos Españoles.
Catálogo, Madrid, SEAM, 1919, pp. 53, nº 210. Dentro de esta misma exposición se recogieron tam-
bién sendos moldes para hacer barquillos del s. XIV pertenecientes a la antigua colección privada cata-
lana de D. Domingo Torrent y Garriga, de Manlleu, con los nº 208 y 209. Ambos resultan interesantes
tanto iconográfica como epigráficamente. Es tal vez el segundo el que más puede interesar en relación
al estudio que aquí se lleva a cabo, ya que contiene en una de las caras al Cordero victorioso con ban-
derola rodeado por una inscripción que versa «AGNUS DEI QUI TOLLIS PECATA», mientras que en
el verso aparece cincelado un caballero con escudo y lanza rodeado por la inscripción en catalán «IO
SON DEN BERNAT CUGOT» («yo soy de Bernat Cugot»). Dada su iconografía, no sería extraño pen-
sar que quizá se emplease más bien para el rito de pan bendito que sabemos sustituía también a la comu-
nión eucarística.
45
TRENS, Manuel, La Eucaristía en el Arte Español, Barcelona, Aymá, 1952, pp. 88-89, figs. 69
y 70.
46
Vid. MAS, J., «Colección de Hostias», Ilustración Católica «la Hormiga de Oro», año XXII, nº
24 (17 de junio de 1905), pp. 373-364. SEGURA, J., «Hosties», Bulletí del Centre Excursionista de
Catalunya, nº 16 (enero-marzo de 1895), pp. 11-19 .
47
En cuanto a Gudiol, vid. GUDIOL I CUNILL, J., El mobiliari litúrgich, Vic, 1920, pp. 33- 34;
Ídem, Nocions d´archeologia sagrada, Vic, 1931-1933, vol. I, pp. 274- 275, vol. II, pp. 458-459 y 485.
En lo que respecta a Sunyol, más moderno, vid. SUNYOL I BUSQUETS, M., «Estudi d´un hostier
medieval del 1339», Acta Medievalia, nº 9, 1988, pp. 472- 493.
48
Museu Episcopal de Vic. Guia de les colleccions, Ed. Museu Episcopal de Vic, 2003.
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
49
AMENÓS, Lluïsa, «Hostiers i neulers medievals del Museu Episcopal de Vic», Quaderns del
Museu Episcopal de Vic, I, 2005, pp. 91-113.
50
Recientemente, fueron expuestos en el claustro bajo de la Catedral de Burgos, con motivo de
una exposición temporal acaecida del 10 de septiembre al 16 de octubre de 2005, sendos ejemplares
pertenecientes al Museo Diocesano Regional de Burgos (s. XV) y a la parroquia de Rubena, s. XVI
(Burgos), sin que haya constancia de que hayan sido incorporados a ningún catálogo.
51
Vid. BALARI, J., op. cit., p. 620.
52
Se acompañan con frecuencia de tijeras para recortar las formas. Vid. TORRES JIMÉNEZ,
Raquel, op. cit., pp. 1039-1040.
53
Uno de los grandes problemas que aparece dentro de la documentación castellana es la cantidad
de harina que se empleaba para realizar estas hostias, pues se consideraba que, en ocasiones, los sacer-
dotes empleaban demasiada enajenando tal vez para su propio bien una parte, ante los cual responden
de manera diligente que la harina se malgastaba en ocasiones por no ser los hierros con que se hazen
buenos. (Vid. TORRES JIMÉNEZ, Raquel, op. cit., p. 2728, nota 27).
54
Ello no exime de la existencia de alguno circulares, aunque sean menos frecuentes. En el Museo
Episcopal de Vic se conserva algún ejemplar.
55
Así, en el inventarios de Aldea del Rey se dice en 1491 que hay dos pares de estos hierros, y en
1493 se dice que unos de estos son viejos y de poco provecho. Lo mismo ocurre con Carrión en 1493,
que aparte de los de uso frecuente tiene otros viejos, o en Pozuelo, donde en 1495 tuvieron que desha-
cerse de unos. Vid. TORRES JIMÉNEZ, Raquel, op. cit., p. 1039, nota 12.
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
56
Vid. ejemplares conservados en el Museo de Vic, con los números de inventario MEV 8117,
MEV 3400 y MEV 1978. Son algo más grandes que los ejemplares franceses contemporáneos, a excep-
ción eso sí, del molde Cl. 2067 del Museo de Cluny, que aún siendo del s. XIII, es excepcionalmente
grande, con 26 cm de diámetro.
57
TORRES JIMÉNEZ, Raquel, op. cit., p. 1068.
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
nas ocasiones, junto con los hierros normales, se mencionan un tipo de hierros
específicos para hacer hostias en Pascua58.
En las representaciones plásticas de misas conservadas, se opta en la mayo-
ría de los casos por representar estas hostias de mayor tamaño que iban destina-
das a los sacerdotes. El empleo de las mismas durante la Elevación favorecía sin
duda la contemplación y adoración de las mismas por parte de los fieles, matiz
que debía completarse, sin duda, con el simbolismo asociado a su forma y a la
iconografía que portaban.
58
1549, noviembre 15, EL Moral, AHN, [Link]., Cjo, Leg. 6080, nº 10, fol 2 [bis]v. El testimonio
que se recoge es tardío, de 1549, y se justifica diciendo que, como era en Pascua cuando los fieles podían
comulgar, sería para hacer unas hostias más pequeñas que la grande que se usaba habitualmente en la
Consagración, para que la vieran todos los fieles. Vid. TORRES JIMÉNEZ, Raquel, op. cit., p. 1040.
59
Por ejemplo, de Amalario de Metz (775-850), que puede ser considerado como el primer histo-
riador de la liturgia, que retoma las ideas de San Isidoro de Sevilla en las Etimologías y dota a esta mate-
ria de cierta «historicidad» acudiendo a las fuentes veterotestamentarias para explicar de manera sim-
bólica todo lo que concierne a la misma; sus teorías, junto con las de muchos otros, son aportaciones
para Durando (Vid. HANSSENS, J.-M. (ed.), Amalarii Episcopi Opera. Liturgica Omnia, 3 vols.
Ciudad del Vaticano, Biblioteca Apostolica Vaticana, 1948). Por su parte, el Rationale de Guillermo
Durando es la fuente litúrgica más difundida por Europa a lo largo de la Edad Media y en los comien-
zos de la Edad Moderna, conociéndose de él numerosas ediciones manuscritas y al menos cuarenta y
cuatro ediciones incunables, siendo la más antigua de 1459. Esta edición se considera además el primer
libro impreso en Maguncia con la imprenta de caracteres metálicos. La edición más completa del
Rationale es la mencionada anteriormente y debida a DAVRIL, Anselme y THIBODEAU, Timothy
(eds.), op. cit. Sobre la labor de Guillermo como liturgista puede consultarse el clásico de BATTIFOL,
P, Études de liturgie et d´archéologie chrétienne, Paris, 1919, pp. 1-29.
60
Aunque no parece probable que el obispo de Segovia hubiese copiado de manera directa este
libro, ya que cambia elementos y reduce la complejidad del mismo, sí debía conocerlo cuando trata la
liturgia de la misa. Vid. LINAGE CONDE, Antonio, «La liturgia de la Misa en el Sínodo del obispo de
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
Esta noción, que aparecía en los cánones sólo como una particularidad for-
mal y que se evidencia a través de los moldes y las representaciones plásticas, la
recogen los comentaristas de la liturgia como Durando, enlazando con el simbo-
lismo que ello supone. El obispo de Mende la relaciona con la forma circular de
la tierra en consonancia con el universo, creados ambos por Dios, que no tiene
principio ni fin y que enlaza con las palabras de los Salmos 24, 1 y 89, 862.
Pero el Rationale va a tratar el aspecto simbólico de las hostias desde dife-
rentes puntos de vista. Entre ellos, interesa subrayar la importancia de que éstas
sean circulares, a semejanza de denarios, nos dice, como aquellos por los cuales
Cristo fue vendido por Judas, idea que ya había recogido, años antes, Honorio de
Autun (†1125) al señalar:
El pan recibe la forma de un denario, porque el pan de la vida, que es Cristo, fue
vendido por cierto número de denarios, él, el verdadero denario que será dado a los
obreros de la viña63.
Segovia Pedro de Cuéllar, 1325», en Anuario de Estudios Medievales, 16, Barcelona, CSIC, 1986, pp.
126-145. Un trabajo monográfico del mismo fue realizado al año siguiente por MARTÍN, José Luis y
LINAGE CONDE, Antonio, Religión y Sociedad Medieval. El Catecismo de Pedro de Cuéllar (1325),
Salamanca, 1987.
61
Se trata de un manuscrito conservado en la Biblioteca Vaticana con sign. Ottoboni lat. 337,
redactado en España y datado en 1331 por un colofón: anno domini MCCCXXXI die festi post festum
beaito Michaelis.
62
Salmo 23, 1 (Del Señor es la Tierra y los seres que la llenan, el orbe de la Tierra y los que en
él habitan) y Salmo 88, 9 de la Vulgata (Poderoso eres, señor, y tu fidelidad te circunda;. el texto de
Durando identificado con este salmo coincide expresamente con el texto latino de la Vulgata: Veritas
tua in circuitu tuo (cfr HERTZENAUER, Michael, Biblia Sacra Vulgatae Editionis, 1914 y DURAN-
DO, op. cit., liber IV, 30, 70/79).
63
Traducción al castellano de Honorius Augustodunensis, De Gemma Animae, liber I, cap. XXXV.
Patrología Latina, tomo CLXXII, col. 555. Aunque Durando no reconozca la fuente, parece evidente al
leer: panis autem hic formatur in modum denarii, que copia a Honorio (panis in modum denarii forma-
tur), vid. Rationale, op. cit, liber IV, caput 41, 103/112. Años antes, en 1124, Ernulfo, obispo de
Rochester, comentaba que el pan eucarístico debía tener forma de moneda (in formam nummi), vid.
BARBIER DE MONTAULT, X, « Description iconographique de quelques fers à hosties de l´Anjou
», Extrait de la Revue de l´Anjou, Angers, 1880, pp. 3-20, esp. p. 4 nota 2.
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
64
Sobre este aspecto, vid. YARZA LUACES, Joaquín, «El retablo mayor de la Cartuja de
Miraflores», en Actas del Congreso Internacional sobre Gil Siloe y la Escultura de su época, Burgos,
13-16 octubre de 1999, Centro Cultural «Casa del Cordón», 2001, pp. 207-238. Para una aproximación
certera a la obra literaria del escritor, vid. RODRÍGUEZ PUÉRTOLAS, Julio, Cancionero de Fray
Ambrosio Montesino, Cuenca, 1987.
65
El empleo de estas telas está documentado para el caso hispano durante la Cuaresma. Parece
que era especialmente utilizado el negro, y en varios lugares consta el empleo de velos de este color,
pero también otros blancos o blancos con cintas negras para colgar delante del altar. Son citados en oca-
siones como cortinas de lienzo en muchos de los inventarios de las iglesias calatravas (Vid. TORRES
JIMÉNEZ, Raquel, op. cit., p. 800). Sobre el empleo de estas telas sobre todo en España, Inglaterra y
Francia, vid. SNOEK, G. J. C., op. cit., pp. 59 y ss.
66
La representación de un asno con una hostia en la boca es un tema recurrente dentro de la escul-
tura románica, relacionado tal vez con celebraciones burlescas como la de la «misa absurda» o la «fies-
ta asnaria». Un ejemplo claro de ello puede verse en la iglesia de Saint Nicolas de Civray, recogida por
KEENAN- KEDAR, Nurith, Marginal Sculpture in Medieval france. Vermont Scolar Press, 1995, p. 32.
Para una revisión de este tipo de escultura vid. el reciente estudio de MONTEIRA ARIAS, Inés, La
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
dencia pervive a lo largo de toda la Edad Media y diferentes entornos han servi-
do también como abrigo a plasmaciones menos devotas, llegando incluso a
mofarse de la naturaleza sagrada de las hostias asimilándolas a los excrementos67.
En Aragón y Cataluña, la aparición de las especies consagradas en obras
artísticas ha sido recientemente puesta en relieve por Ll. Amenós. La investiga-
dora señala cómo en la plástica catalana la representación más antigua de una
hostia se encuentra en las pinturas murales de la iglesia de Santa María de Clusa,
de mediados del s. XII68. Su presencia resulta especialmente relevante a partir de
los siglos XIII-XV, encontrándose, por ejemplo, en obras de la talla de los dos
retablos de Corporales de Daroca69. Pero estas suelen mostrar siempre iconogra-
fías muy sencillas que bien muestran una hostia desnuda70 bien se limitan a la
cruz latina o a las formas contraídas de «IHS» (o «JHS») o «DHS»71. Son sin
embargo más escasas aquellas obras en las que la propia hostia contiene una ico-
nografía más completa, pero cuando aparece suele ser dentro de escenas de misas
milagrosas de santos, tales como una Misa de San Martín de Tours de J. Reixach
o en las escenas relativas a la vida de Santa Clara en el retablo de Santa Clara y
Santa Eulalia, conservadas ambas en Segorbe (Castellón)72.
influencia islámica en la escultura románica de Soria. Una nueva vía para el estudio de la iconografía
en el Románico, Cuadernos de Arte e Iconografía, nº 27, Seminario de Arte Marques de Lozoya, Madrid
2005.
67
Algunas de estas manifestaciones fueron recogidas por GAIGNEBET, C. y LAJOUX, J-D., Art
Profane et religion populaire au Moyen Âge, Paris, Presses Universitaires de France, 1985, pp. 54-57.
Sobre excesos y parodias asociadas a elementos de devoción o prácticas litúrgicas, puede consultarse el
interesantísimo y reciente artículo de KOLDEWEIJ, Jos, «Shameless and naked images: obscene bad-
gets as parodies of popular devotion», en Art and Architecture of Late Medieval Pilgrimage in Northern
Europe and the British Isles, Boston-Leiden, 2005, pp. 493-512.
68
AMENÓS, Lluïsa, op cit., pp. 91-111.
69
Frente al conocido de época de los Reyes Católicos que ya estudió Post (POST, Ch. R., A
History of Spanish Painting. Vol. III. The Aragonese School in Late Middle Ages, Oxford University
Press, 1941, pp. 393 y ss.), existe otro anterior del s. XIV restaurado recientemente por el IPHE, vid.
FÚSTER, María Dolores, «El Retablo de los Santos Corporales de Daroca. Nueva visión después de su
restauración», Aragonia Sacra, XV, Zaragoza, 2000, pp.153-172.
70
Por ejemplo, en el Frontal de la Vida de San Martín del MNAC, en Barcelona, de mediados del
s. XIII.
71
Muchas de ellas formando parte de escenas de Última Cena. Vid. el amplio repertorio ofrecido
por BAGUÉ, Enrique y PETIT, Juan, La Eucaristía. El tema eucarístico en el arte de España,
Barcelona, 1952. Un ejemplo extraordinario por su peculiaridad iconográfica lo constituye el frontal de
altar de Mosoll, de c. 1200-1250 (MNAC/MAC 15788). Éste consta de una disposición en cuatro cuar-
teles, con figuras bajo grupos de tres arcos formando escenas. La que corresponde a la Presentación de
Cristo en el Templo coloca junto al Niño, sobre el altar, una hostia estampillada. Para obtener más infor-
mación de este frontal y de la bibliografía al respecto vid., entre otros, el clásico de SUREDA, Joan, La
pintura románica en Cataluña, Madrid, Alianza, 1995 (1ª ed. 1981), nº 157, pp. 385-386. En escultura,
existen ejemplos bastante hermosos, como un Cristo Juez del s. XIV conservado en el MNAC.
Realizado en piedra, alberga en su regazo una Sagrada Forma, al tiempo que muestra sus llagas confor-
me al pasaje de Mateo, 24.
72
Vid. TRENS, Manuel, op. cit., p. 135 y BAGUÉ, Enrique y PETIT, Juan, op. cit., nº 42, p.24.
No estamos de acuerdo por lo tanto con la aserción de Luïsa Amenós, que encuentra sólo dos. Una de
ellas es el retablo de la Santísima Trinidad y Corpus Christi de Vallbona de los Monjes, c. 1340-1350,
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
atribuido a Guillem Seguer (MNAC). La hostia, colocada dentro de un tabernáculo, contiene dentro una
Crucifixión, flanqueada por la contracción «IHUS» y se acompaña de roleos vegetales. Es, según Ll.
Amenós, la representación más fiel a modelos de moldes conservados. La otra sería una Misa de Áni-
mas del Retablo de San Miguel y San Pedro de la Seu d´Urgell, c. 1432-1433, de Jaume Cirera y Bernat
des Puig. Contiene al Crucificado sobre fondo reticulado. Vid. AMENÓS, Lluïsa, op. cit.
73
Las Cantigas en las que aparece la representación de hostias son las CIV, CXXVI y CXLIX del
Códice Rico (Ms T. I. 1. de la Biblioteca de El Escorial, Madrid). Para aproximarse al conocimiento de
los milagros eucarísticos peninsulares vid. UGARTE DE ERCILLA, Eustaquio, España Eucarística
(Tradiciones eucarísticas españolas), Madrid, 1911. Una revisión menos completa pero interesante es
la ya citada de TRENS, Manuel, op. cit., a imitación del francés VLOBERG, Maurice, L´Eucharistie
dans l´Art, Grenoble-Paris, 1946. Para el estudio de los exempla medievales en general, con referencias
en concreto a milagros eucarísticos, vid. el clásico de TUBACH, Frederic C., Index exemplorum: a
handbook of medieval religious tales, Helsinki, Suomalainen Tiedeakatemia, 1981.
74
Para Vetter, la aparición de las hostias estampilladas en obras de arte se generaliza a partir del
s. XIII, vid. VETTER, E. M., «Iconografía del Varón de Dolores. Su significado y origen», Archivo
Español de Arte, 143. Madrid, CSIC, 1963, pp. 197-232, esp. p. 223, nt. 160.
75
La práctica de las hostias estampilladas fue tal que aparece incluso en los grabados de la época.
Sin duda uno de los más significativos es el que muestra dentro de un ostensorio flanqueado por ánge-
les la Sagrada Forma con la representación de la Crucifixión. Se corresponde con un Plenarium de la
imprenta de Martin Schott, fechado en Estrasburgo en 1483. Reproducido por The Illustrated Barstch.
Part II: Anonymous artists 1478-1480, vol. LXXXII, New York, 1981, p. 191.
76
El canon LXXXII en TEJADA Y RAMIRO, Juan, op. cit., tomo III, vol. 3, p. 801. La referen-
cia a la prohibición del cordero en las hostias en GALAVARIS, George; op. cit, p. 26 y ss.
Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana
Los motivos iconográficos que pueden aparecer dentro de los moldes para
hacer hostias manifiestan gran variedad desde época temprana77. El anagrama de
Cristo, la cruz latina y escenas de Crucifixión se combinan con representaciones
del Cordero, pero también con representaciones de la Anunciación78, del Varón
de Dolores o de Cristo Resucitado79. Más extraños y casi únicos son otros ejem-
plares documentados en diversos museos europeos. Quizá el más conocido sea
uno de los conservados en el Musee National du Moyen Age de Paris, cuyas caras
reproducen, por un lado, escenas relativas a la vida de Jesús, rodeando a Cristo
entronizado y, por otro, a los doce apóstoles rodeando a su vez al Cristo Juez80.
Junto a este, otros más extraños muestran representaciones de pelícanos81, rosas82
o ángeles.
Sin embargo, dentro de las obras de arte, lo más frecuente dentro de la ico-
nografía de las hostias estampilladas es encontrar la representación de la cruz
latina, la Crucifixión o el anagrama de Cristo. La miniatura suele ser un buen
exponente de esta peculiaridad, y formas con iconografía impresa aparecen aso-
ciadas a algunas composiciones en obras del s. XV83. Más excepcionalmente,
dentro de algunas obras iluminadas pueden aparecer representaciones de hostias
que contiene otro tipo de iconografía, como es el caso de la representación del
Cristo Juez (Fig. 3)84.
77
Jungmann señalaba que lo normal era la aparición de la cruz, del anagrama de Cristo y, a partir
del s. XII, la escena de la Crucifixión o el cordero de Dios (vid. JUNGMANN, J. A., El sacrificio de la
Misa. Tratado histórico-litúrgico,Madrid, 1963.)
78
Vid. Los reproducidos en la obra de TRENS, Manuel, op. cit., figs. 69 y 70.
79
Ejemplares de estos dos últimos tipos han sido localizados en el Museo Episcopal de Vic (MEV
8117), existiendo paralelismos con ejemplares franceses.
80
Cl. 2067. El Museo conserva otros dos ejemplares más, mucho más sencillos
81
En el Musée de la Thiérache de Vervins, en Picardia, se conserva de forma excepcional un sello
datado en el s. XIV y realizado en piedra para la fabricación del pan eucarístico. Su iconografía es igual-
mente sorprendente: un pelícano alimentando sus polluelos y la inscripción «PAR AMOURS SUI
DONNES». El dossier de la obra puede consultarse en el Service Régional de l’Inventaire de Picardie
o sobre la referencia IM02002669 de la base de datos Palissy del gobierno galo.
82
L. Charbonneau señaló en una breve nota de la revista Regnabit (enero de 1925), un hierro para
hostias, del siglo XII, donde se ve la sangre de las llagas del Crucificado caer en gotitas que se trans-
forman en rosas.
83
Es el caso de una hoja de pergamino perteneciente al Breviario de Gérard de Montaigu, minia-
da entre 1410-1412 y conservada en el Musée National du Moyen Age de Paris (Cl. 11315). El tema
central es la representación de Dios Padre y los cuatro evangelistas.
84
Se corresponde con un Libro de Horas al uso de Roma, realizado en Poitiers y fechado c. 1475
(New York, Pierpont Morgan Library, MSM, 1001, fol. 17v). Éste recoge una imagen de la Hostia
Milagrosa de Dijon. Se trata de una de tantas hostias milagrosas que sangró para demostrar el milagro
de la Transustanciación. La representación plástica de la misma atiende con realismo a este suceso, y
aparece salpicada de pequeñas gotas (Vid. WIECK, Roger S., Painted Prayers. The Book of Hours in
Medieval and Reinassance Art, New York, 1997, p. 104, cat. 79.
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Fig. 3. Libro de Horas, MSM. 1001, fol. 17v, Pierpont Morgan Library, New York.
El origen de este motivo derivaría casi con seguridad del uso pagano del
panis quadratus, es decir, de las partes en las que debía dividirse el pan. En un
primer momento, por lo tanto, parece que la posible iconografía o motivos estam-
pillados en las mismas obedecerían, tanto en Oriente como en Occidente, a la
necesidad de marcar los lugares por los cuales el pan debía ser fragmentado.
Serían pues marcas que facilitaran en origen la fractio panis que pasarían al
ámbito cristiano cobrando una nueva significación simbólica85. La cruz se impu-
so rápidamente y las cuatro partes en que el pan eucarístico debía dividirse pasa-
ron, con el tiempo, a configurar piezas independientes que llevaban cada una el
símbolo de la Pasión de Cristo, mostrando también de esa manera los que la pala-
bra de Pablo refería en I Corintios 10, 17: Porque aún siendo muchos, un solo
pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan86.
85
GALAVARIS, George, op. cit, pp. 29-31. También en los primeros tiempos del cristianismo
parece que, según otra costumbre de cortar el pan en tres pedazos (panis trifidus), estas tres divisiones
comenzaron a ser símbolo de la Trinidad, asociándose también a este concepto la representación de dos
triángulos imbricados o una roseta de nueve puntas.
86
Sin embargo, y de manera excepcional, sabemos que en la liturgia mozárabe existe la práctica
de dividir la Hostia en nueve partes: profesando en ellas los nueve misterios de propios de la fe del
cuerpo del Redentor, que tiene presente en realidad; a cada una pronuncia una palabra expresiva de
su significación: en la primera la Encarnación, en la segunda el Nacimiento, en la tercera la
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Elevación por la que penetra la luz y su asociación habitual con la cruz, ya desde
la leyenda de Santa Helena89.
Dentro del mundo bizantino pero con posible incidencia ya en Occidente
dada su cronología, los escritos de Nicolas Cabasilas (c. 1300) resultan de gran
interés, llegando incluso a dedicar un epígrafe entero a las razones por las cuales
el sacerdote ha de marcar el pan con los símbolos de la Pasión de Cristo90. Un
poco más tardío pero interesante igualmente por la información que nos ofrece,
Simeón de Tesalónica (†1430) vuelve a subrayar la presencia de la cruz en el pan
eucarístico, incidiendo además en una nota importante ya vista, el círculo en que
necesariamente se ve inscrita. Para éste, será símbolo inequívoco entre la huma-
nidad (muerte en la cruz y cuatro partes en que queda dividido el pan) y la divi-
nidad de Cristo, asumiendo por lo tanto la forma geométrica circular como sím-
bolo de eternidad y perfección91.
Así, la imagen de la cruz latina, muy simple, aparece en muchas de las hos-
tias de las Misas de San Gregorio conservadas. Entre ellas, puede señalarse la
predela del retablo de nuestra Señora de los Milagros en Ágreda (Soria), fecha-
ble en el último cuarto del s. XV, pues siendo una obra de marcado carácter popu-
lar, no reniega de este elemento significativo dentro de la composición (Fig. 4).
La cruz, inserta dentro de la orla simple de la hostia, quedaría además, dada su
localización en el banco, bien visible a los ojos del celebrante, que se identifica-
ría con la figura del propio santo celebrando la misa92.
4.3.2. La Crucifixión
89
La asociación literal de ambos elementos deriva probablemente de la leyenda del descubrimien-
to de Santa Helena de las tres cruces sobre el monte Calvario, de entre las cuales la de Cristo irradiaba
milagrosamente luz para señalar que era la verdadera (vid. GALAVARIS, George, op. cit, p. 37).
90
CABASILAS, Nicolas, Explication de la divine liturgie, Paris, Editions du Cerf, 1967, colec-
ción «Sources chrétiennes», 4bis. Resultan también de capital importancia las referencias que ofrece en
relación a las ceremonias litúrgicas asociadas al pan eucarístico, las oraciones y los gestos del celebran-
te.
91
Vid. GALAVARIS, George, op. cit., p. 87.
92
Otros ejemplos de fines del s. XV o principios del s. XVI los ofrecen otra Misa de San Gregorio
conservada en el Museo de Arte Sacro de Ágreda (Soria) procedente de la iglesia de la Magaña, una de
las tablas de escuela burgalesa del Museo Diocesano de Palencia o la conservada en la iglesia parro-
quial de El Barco de Ávila, por citar algunas.
93
MEV 4989, MEV 15473, MEV 8117, MEV 3400, MEV 1978, MEV 1734, MEV 4620, MEV
4437, MEV 7838, MEV 8350, MEV 16352. Con Calvario completo el MEV 16356.
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Fig. 4. Predela del retablo de Nuestra Señora de los Milagros, Ágreda, Soria.
94
Esta obra fue estudiada por MORENA BARTOLOMÉ, Áurea de la, «Pinturas murales en el
presbiterio: la Misa de San Gregorio», Revista de investigación «Cuadernos de Estudios» de Colmenar
Viejo, Año V, nº 6, Madrid, 1994, pp. 117-126.
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95
Hoy en el Museo de Burgos (nº inv 4959-67).
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Pues el alçar la ostia representa el subir y crucificar a jesu xpo en la cruz: claro
es que tu contemplación ha de ser contemplar la passion y muerte de nuestro jesu xpo:
y debes quando el sacerdote acaba el praefaecio: o acabando de decir los santos:
començar a contemplar y trae en tu memoria la passion…como si verdaderamente allí
pasase delante de tus ojos aquella muy preciosa muerte y passion suya: que aquel mis-
terio representa.96
Uno de los motivos estampillados que aparecen con más frecuencia en las
hostias es el monograma de Cristo en su contracción más habitual «JHS»97.
Como viene siendo habitual, nada se deja al azar, encontrando respaldo en los
propios textos de los liturgistas para justificar este hecho. Así, el propio Honorio
de Autun al que hacíamos referencia anteriormente para señalar el simbolismo
existente entre la forma circular de las hostias y los denarios, retoma de nuevo
esta imagen plástica para justificar la iconografía que llevan y nos dice:
La imagen del señor se representa con letras sobre este pan, porque sobre
el denario se graba la imagen y el nombre del emperador y porque gracias a
este pan la imagen de Dios entra en nosotros y nuestro nombre inscribe en el
libro de la vida98.
96
Fragmentos de esta edición, impresa en Nüremberg, son recogidos por VETTER, Edwald M.,
op. cit., p. 226, nt. 173.
97
En ejemplos de moldes de los siglos XII o XIII puede observarse como motivo la presencia de
un crismón, algo que no ha podido localizarse, por otra parte, en ninguna representación pictórica o
escultórica de las misas estudiadas que, siendo mucho más tardías, responden a los motivos más en uso
a partir de los ss. XIV y XV. Con respecto al molde con crismón del Museo Episcopal de Vic (MEV
9722), vid. AMENÓS, Lluïsa, op. cit., p. 100.
98
HONORIUS AUGUSTODUNENSIS, op. cit., liber I, cap. XXXV. Patrología Latina, tomo
CLXXII, col. 555. Guillermo Durando lo recoge también en su Rationale, en el que especifica el sen-
tido de las contracciones de Ihesus y Christus (Vid. DURANDO, op. cit., Liber II, cap. I).
99
Por ejemplo, en una tabla perteneciente a la colección Simonsen de Sao Paulo, en Brasil, de la
segunda mitad del s. XV.
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100
Sobre el titulus de Cristo, puede consultarse el clásico de THOBY, Paul, Le crucifix des origi-
nes au Concile de Trente: étude iconographique, Nantes, Bellanger, 1959, o las referencias aportadas,
más recientemente, por MORRIS, Colin, The Sepulchre of Christ and the Medieval West. From the
Begining to the 1600, Oxford University Press, 2005, p. 32. Se conservan algunos moldes para la fabri-
cación de hostias, sobre todo franceses, en los que la contracción «INRI» aparece, pero nunca confor-
me a la disposición de la mencionada tabla del retablo Sancho de Rojas que opta por contraer cada una
de las palabras del titulus.
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Vid. las disposiciones sinodales del obispo Sancho de Rojas del 4 de mayo de 1411, recogidas
a través del sínodo de Juan Sánchez (vicario general del obispo), el 3 de mayo de 1412. Bajo el epígra-
fe 13 titulado «Reverentia», en GARCÍA Y GARCÍA, Antonio, Synodicon Hispanum VIII. Burgos y
Palencia, Madrid, BAC, 1997, p. 412.
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5. Conclusión
102
Sobre los diversos niveles de realidad, vid. MARTENS, Didier, «Espace et niveaux de réalité
dans une messe de Saint Grégoire due au maître de Saint Barthélemy», Wallraf- Richartz- Jarbuch, V,
nº 48/49, 1987/8, pp. 45- 64.
103
El propio Gregorio Magno, en una de sus homilías, había hecho hincapié además en la idea del
«grano de la carne de Cristo», vid. Homilia 8, in die natalis Domini, vid. MIGNE, Patrología Latina,
LXXVI, col. 1104. No es éste momento para analizar la iconografía del Varón de Dolores; puede con-
sultarse en clásico de PANOFSKY, Erwin, «Imago Pietatis. Contribution à l´histoire des types du «
Christ de Pitié/Homme de Doleurs» et de la «Maria Mediatrix», en Peinture et dévotion en Europe du
Nord à la fin de la Moyen Âge, Paris, 1997, pp. 13-28 (1ª ed. Alemán 1927).
104
Sobre el rezo de las Indulgentiae, vid. CORBIN, Solange, La déposition liturgique du Christ
au Vendredi Saint, Paris-Lisboa, 1960, pp. 120 y ss. Ya a finales del s. XIV y en especial durante todo
el s. XV, el mecanismo de las indulgencias se pone en funcionamiento, condicionado por las circuns-
tancias económicas e históricas por las que atraviesa la mayor parte de Europa. La cantidad de años de
indulgencia plenaria que podían ser obtenidos rezando ante las imágenes de la Misa de San Gregorio,
acaba por superar cualquier interpretación simbólica y conduce a lo que algún especialista ha califica-
do como los más bellos ejemplos de piedad aritmética (vid. CHIFFOLEAU, J.: «Sur l´usage obsession-
nel de la messe pour les morts à la fin de la Moyen Âge». Faire Croire. Modalités de la diffusion et de
la réception des messages religieux du XIIe au XVe siècle. École Française de Rome, 1981, pp. 235-256.
esp. 242). Tienen entonces lugar las oraciones a Cristo, pretendidamente compuestas por San Gregorio,
que le invocan mediante los diferentes episodios de la Pasión. Las más frecuentes son las series de siete
oraciones que comienzan siempre de modo similar O Domine Ihesu Christe adorote in crucem penden-
tem…. A través de las mismas podían obtenerse hasta 14.000 años de perdón.
105
En España se conservan sendos ejemplos espléndidos de factura flamenca, como son una tabla
perteneciente a la Antigua Colección Roda de Madrid y el tapiz del Palacio Real. Este último, de fac-
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tura bruselense, fue regalado por Juana de Castilla a su madre, la reina Isabel la Católica. Se trata de
una manufactura de Pierre Van Aelst realizada a partir de modelo del pintor Colijn de Coter. El cartón
original encargado por la familia Holschuher de Nuremberg se encuentra hoy en el Germanisches
Museum de la ciudad (vid. HERRERO CARRETERO, Concepción, «La Misa de San Gregorio». A la
manera de Flandes: tapices ricos de la corona de España. Cat. Expo., Madrid, 2002).
106
Según el misal preconciliar (vid. de MOLINA, Vicente, op. cit) las lecturas del oficio eran:
Oseas 6 (al comenzar), Habacuc 3 (como Tracto), Éxodo 12, 1-11 (como Lección), Salmo 139 (Tracto),
Juan 18, 1-40, 19, 1-42. Habría que añadir además toda una serie de oraciones sobre los improperios y
la exaltación de la cruz, entre ellas el Vexilla Regis, que tan acorde resulta con la iconografía de la Misa
de San Gregorio. El Viernes Santo se eleva la hostia después del embolismo ut videri possit a populo,
vid. JUNGMANN, J. A., op. cit., p. 981. Vid. también RIGHETTI, Mario, Historia de la Liturgia,
Madrid, BAC, 1956-1957 (2 vols.).
107
En el folio 158v del libro de horas austriaco de Johann Siebenhirter (c. 1470) aparecen repre-
sentadas las tres maneras de comulgar, la del que cree en la Transustanciación, que consume una hostia
estampillada, la del que duda, que toma simplemente el pan y la del que niega el dogma, que experimen-
ta una transformación demoniaca del pan en sapo (vid. PALAZZO, Eric, op. cit., pp. 174-175, fig. 7).