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Devoción a la Hostia en la Baja Edad Media

Este documento trata sobre la devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana. Analiza las fuentes textuales, materiales e iconográficas para estudiar este tema. Explica cómo la preocupación por demostrar el milagro de la Transustanciación durante la misa llevó a una compleja ritualización de la ceremonia y los momentos previos. También describe la creciente importancia que adquirió la hostia consagrada durante este periodo.
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Devoción a la Hostia en la Baja Edad Media

Este documento trata sobre la devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana. Analiza las fuentes textuales, materiales e iconográficas para estudiar este tema. Explica cómo la preocupación por demostrar el milagro de la Transustanciación durante la misa llevó a una compleja ritualización de la ceremonia y los momentos previos. También describe la creciente importancia que adquirió la hostia consagrada durante este periodo.
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03.

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La devoción a la hostia consagrada


en la Baja Edad Media castellana:
Fuentes textuales, materiales e
iconográficas para su estudio
Patricia Sela DEL POZO COLL
Universidad Complutense de Madrid.
Departamento de Historia del Arte I (Medieval)
seladelpozo@[Link]

Recibido: 18-enero-2006
Aprobado: 19-abril-2006

RESUMEN
Inscrita dentro del contexto de las diversas polémicas acerca de la presencia real de Cristo a través de
las especies del pan y vino, la Eucaristía halló en la expresión de la misa durante la Edad Media el modo
de presentar al pueblo las posiciones de la Iglesia con respecto al dogma. La preocupación por eviden-
ciar el milagro de la Transustanciación que se lleva a cabo en el altar, implicó un complicado proceso
de ritualización no sólo de la ceremonia como tal, sino también de los momentos previos a la misma.
Las fuentes para su estudio pueden ser de tipo documental, material o iconográfico y, analizadas en pro-
fundidad, evidencian la creciente importancia que adquirió la hostia consagrada durante la Baja Edad
Media. Al mismo tiempo, las imágenes implican la noción medieval de praesentia y su relación con la
liturgia de la misa queda evidenciada.

Palabras clave: Transustanciación, hostia, Elevación, canon, misa, Eucaristía, liturgia.

The devotion to the consecrated host in the Castilian Middle Ages:


Textual, material and iconographical sources for its study.
ABSTRACT
Deeply inserted in the context of the diverse polemics about the real presence of Christ in the species,
the Eucharist found in the ritual of the mass during the Middle Ages the way to present the positions of
the Church with respect to the dogma. The interest to demonstrate the miracle of the Transubstantiation
occurred in the altar, implied a complicated process of ritualization, not exclusively of the ceremony,
but also of the previous moments, as demonstrated by the different sources. These sources can be of
documentary, material or iconographical type and, carefully analyzed, demonstrate the increasing
importance acquired by the consecrated host during the Gothic Period. At the same time, the images
implied the medieval notion of praesentia and its relation to the liturgy was established during the mass.

Key words: Transubstantiation, host, Elevation, canon, mass, Eucharist, liturgy.

SUMARIO: 1. La dimensión litúrgica de la hostia en la Misa: Transustanciación y Elevación. 2. La


hostia en relación con el sacerdote. 3. Dimensión material de las Hostias: el pan ácimo y los moldes. 4.
Dimensión simbólica e iconográfica de las hostias. 5. Conclusión.

Anales de Historia del Arte ISSN: 0214-6452


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Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana

1. LA DIMENSIÓN LITÚRGICA DE LA HOSTIA EN LA MISA:


TRANSUSTANCIACIÓN Y ELEVACIÓN

1.1. La Transustanciación de las especies eucarísticas

La presencia real del cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía había sido


durante la Alta Edad Media largamente debatida1. A pesar de la contundencia de
las respuestas teológicas de la Iglesia oficial durante el s. XIII, estas discusiones
habían ido en aumento durante el s. XIV y no hacían sino acrecentarse desde la
época del pontificado en Aviñón (1309-1377) y, posteriormente, el Gran Cisma
(1378-1441)2. En los Países Bajos y Alemania las teorías herejes de Wyclif (c.
1324-1384) y Jean Hus (1370-1415) en torno a la presencia real de Cristo en el
pan y el vino habían tenido numerosos seguidores3. El s. XV hereda esta proble-
mática y rápidamente las herejías acerca de la Transustanciación se extienden
como la pólvora por toda Europa, por lo que la tendencia a sobrevalorar la rup-
tura protestante iniciada entre 1517-1520 no debe hacernos olvidar las numero-
sas escisiones que se producen en la Iglesia a lo largo de la Edad Media4. Éstas
llegan a España con menos fuerza, sobre todo los coletazos de la vertiente husi-

1
Para ampliar este aspecto, vid. PALAZZO, Eric, Liturgie et societé au Moyen Age, Paris,
Aubier, 2000, pp.152 y ss.
2
La teología católica ha construido una base sólida para afianzar estos conceptos, recurriendo por
un lado los evangelios, con la Última Cena y mediante milagros como los de Caná o la multiplicación
de los panes y los peces. En ambos Cristo demuestra su poder sobre las sustancias. Destaca también
dentro de la doctrina de Pablo la I Carta a los Corintios (11, 23-27), en la que Jesús instaura la
Eucaristía ante sus apóstoles instándoles a que la repitan. Además el propio Cristo llega a decir que es
el pan de la vida (Juan 6, 47-51 y Juan 6, 53-58). También Mateo lo narra, aunque de manera más breve
(Mateo 26, 26-28). En los textos citados se encuentran sin duda las primeras bases sobre la teología tra-
dicional de la Eucaristía. En el s. IX en el Monasterio de Corbie los escritos de Pascasius Radbert (785-
860) entran ya en conflicto con los de otro monje, Ratramnus (+868), que veía en la hostia tan sólo una
imagen espiritual de Cristo, cuya presencia real estaba en otra parte. Esto será retomado por Berengario
de Tours (999-1087) cuya exégesis bíblica y comentarios acerca de la Eucaristía en De sacra coena
alcanzan gran difusión durante todo el s. XII, al tiempo que son condenados con virulencia por la Iglesia
oficial llegando la contrarrespuesta al s. XIII con las doctrinas de Alberto Magno (c.1200-1274), Tomás
de Aquino (c.1225-1274) e incluso San Buenaventura (1221-1274). Para un análisis más detallado del
tema vid. RUBIN, Miri, Corpus Christi. The Eucharist in Late Medieval Culture, Cambridge, 2002,
(1ºed. 1991), pp. 14-34.
3
De ellos da buena cuenta el estudio clásico de RAPP, F., L´Eglise et la vie religieuse en Occident
à la fin du Moyen- Age, Paris, 1980. Conviene recordar aquí como para Ockham (1300-1347), por ejem-
plo, no existía la Transustanciación, sino la «Consustanciación» (el pan conservaba su naturaleza como
pan). Esta doctrina la recupera el inglés John Wycliff (1324-1384) que habla de la «remanencia».
Oriundo de Bohemia, Jean Hus (1370-1415) por su parte se esfuerza en conseguir la comunión bajo las
dos especies para los fieles, eliminando así el aura mistérica del sacerdote cuando consumía únicamen-
te el vino. Las ideas de J. Gerson (1362-1429), ya en pleno s. XV, se estudiarán para explicar la
Eucaristía y la Transustanciación como garante del poder de Dios más allá de la naturaleza de las dos
especies. Para ampliar el tema vid. RUBIN, Miri, op. cit., pp. 14-35.
4
MITRE, Emilio, Las herejías medievales de Oriente y Occidente, Madrid, 2000, pp. 62 y ss.

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ta, materializándose a través de movimientos tan destacados como el de los


Herejes de Durango de 1442 o la Herejía de Briviesca de 14875.
En este contexto, se hace necesario reforzar para hacer llegar al fiel los prin-
cipios dogmáticos sobre la Transustanciación de las especies establecidos ya en
el IV Concilio de Letrán de 1215 a través de diversos canales6. La gestualidad va
a ocupar una parte esencial dentro de la percepción del rito por parte del fiel, ya
que en función del momento de la liturgia del canon que se represente se incidi-
rá en un aspecto u otro del mensaje pasional y salvífico ofrecido en la misa7. Del
mismo modo, la piedad popular influyó de manera notable sobre el desarrollo de
las ceremonias de la consagración.

1.2. La devoción a la Elevación de la hostia en la Edad Media

Desde finales del s. XIII el grueso de los fieles había empezado a sentir un
fervor por la misa, generalizándose un fenómeno basado en la necesidad de ver
la hostia consagrada8. Este deseo sustituye en muchos casos la comunión en espe-

5
Con respecto a la primera, cabe señalar surgió durante el reinado de Juan II en la villa vizcaína del
mismo nombre y que sus adeptos promulgaban, entre otras cosas, la libertad moral y el desprecio a los
sacramentos. La enérgica intervención del obispo de Calahorra y del propio rey, que acabó con la quema
de herejes en Durango, Valladolid y Santo Domingo de la Calzada, no paso desapercibida a la población
castellana. Figura clave de esta herejía fue el franciscano Fray Alfonso de Mella (o Alonso de Mela), que
consiguió escapar del primer ajusticiamiento junto con otros compañeros, pereciendo finalmente en las lla-
mas de las ciudades de Granada y Sevilla. Pueden consultarse las obras de ARCE, J.B., Los herejes de
Durango,Madrid, 1974; y BAZÁN, Iñaki, «Herejía: Los herejes de Durango», Delincuencia y criminali-
dad en el País Vasco en la transición de la Edad Media a la Moderna, Vitoria-Gasteiz, Departamento de
Interior del Gobierno Vasco, 1995, pp. 386-420 o, más general, la publicación de FERNÁNDEZ MAYO-
RALES, Juan, La España de los herejes, fanáticos y exaltados, Madrid, 2001. La segunda, menos estu-
diada, parece que tuvo una incidencia menor, relacionada en todo caso con la comarca de Briviesca y la
Bureba, en Burgos, extendiéndose tal vez por el área geográfica de la diócesis de Burgos-Palencia. El fun-
damento de la misma fue poner en tela de juicio el dogma eucarístico, y para su extinción se recabó por
parte de las autoridades la ayuda del prior de la Cartuja de Miraflores. Breve noticia de ello da la obra de
SAGREDO FERNÁNDEZ, Félix, La Cartuja de Miraflores, León, 1973, p. 49.
6
Presidido por Inocencio III, da los cinco preceptos fundamentales de la Iglesia, junto con el seña-
lado. Los otros cuatro son: 1) honrar los domingos y días de fiesta, 2) abstenerse de comer carne los
viernes y días de penitencias, 3) celebrar las fiestas, 4) confesarse al menos una vez al año y 5) comul-
gar en Pascua. En lo que respecta a la necesidad de comulgar en Pascua, vid. Constituciones XXI y
XXII recogidas por FOREVILLE, Raimunda, Lateranense IV, Vitoria, Eset, 1973.
7
El esfuerzo de racionalización del rito eucarístico viene desde antiguo, habiendo sido tratado por
los principales comentaristas de la liturgia, sobre todo a partir de Amalario de Metz en el s. IX. En el s.
XII es tratado, entre otros, por Hugo de Saint Victor en su obra De Sacramentis, donde distinguía entre
las cosas (res), las palabras (verba) y las acciones (facta), siendo retomado por Inocencio III en De
sacro altaris mysterio a finales de la centuria siguiente, donde ya distinguía entre personas (celebran-
tes, ministros y asistentes), cosas (ornamentos, instrumentos y elementos), palabras (rezos, cantos y lec-
turas) y acciones (gestos, movimientos y actos). Vid. SCHMITT, Jean-Claude, La raison des gestes
dans l´Occident Médiéval, Paris, 1990, pp. 336-343.
8
Un estudio monográfico del tema lo ofrece DUMOTET, Edouard, Le desir de voir l´Hostie,
Paris, 1926. Para una revision más moderna del tema vid. CASPERS, Charles, «The western church

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cie, que había quedado reducida para aquellos, desde el Laterano IV, exclusiva-
mente al día de Pascua, dando lugar a lo que se ha llamado la «comunión espiri-
tual». Los textos refrendaban desde hacía tiempo esta práctica, que, por otra parte
,pretendía ser una medida para reducir los abusos cometidos producto en muchas
ocasiones de creencias supersticiosas9. Los diferentes teólogos se esfuerzan en
remarcar cómo el alimento que proporciona la Eucaristía es un alimento espiri-
tual, simbólico, y se incide en el hecho de que la comunión tiene sentido en tanto
que el fiel participa de una unión espiritual con Cristo, de modo que la comunión
resulta independiente incluso de la consumición de la propia hostia. Consumirla
es secundario y no tiene nada que hacer a la hora de la verdadera «comunión espi-
ritual» que se produce de modo inmaterial por medio de su contemplación10.
La generalización de esta práctica parece darse a partir de la segunda mitad
del siglo XIII, convirtiéndose en algo común para todos los creyentes y difun-
diéndose con rapidez, primero entre las diócesis de los Países Bajos y luego por
toda la Iglesia Occidental11. Así, frente a la comunión sacramental, la «comunión
espiritual» podía practicarse con libertad por los fieles tantas veces como desea-
sen. Como consecuencia, la misa va, poco a poco, reduciéndose en importancia
al momento del canon y a las palabras de la consagración, hasta el punto de que
los fieles acudan a la iglesia sólo y exclusivamente para participar de este
momento12.

during the late Middle Ages: Augenkommunion or popular misticism?» en CASPERS, Ch. et alius,
Bread of Heaven. Customs and practices surronding Holy Comunion. Essays in the History of Liturgy
and Cultura. Nijmegen, 1995, Col. Liturgia Condenda, 3, pp. 83-97. A este hecho que en alemán reci-
be el nombre de Augenkomunnion (comunión ocular) empiezan a imputarse toda suerte de efectos mági-
cos, como la remisión de los pecados sin pasar por el purgatorio y la seguridad de que uno no morirá
sin salvación. Entre otros estudios que se refieren al tema destacan los de FOWLEY, Edward, From Age
to Age. How Christians have celebrated the Eucharist, Chicago, 1991, pp. 91-111; DUFFY, Edmond,
The Stripping of the Altars. Tradicional Religión in England c. 1400-1580, London, 1992, pp. 95-107,
espec. p. 102.
9
En relación con las prácticas supersticiosas que llevaban a muchos fieles a conservar y llevar
consigo las hostias consagradas durante la Eucarístía a modo de amuleto, puede consultarse el magní-
fico estudio de SNOEK, G. J. C., Medieval Piety from Relics to the Eucharist. A process of mutual inte-
raction, Leiden- New York- Köln, 1995.
10
Guillermo de Saint Thierry (c. 1075-1148) es un buen punto de partida para explicar este con-
cepto. En su libro De Sacramento Altaris Liber trata de manera extensa este sacramento. Recogido por
MIGNE, J. P., Patrología Latina…. CLXXX, cols. 341-366, espec. 355. Según Ch. Caspers, muchos de
los escritos tradicionalmente atribuidos a Bernardo de Claraval pertenecerían a este autor (vid. CAS-
PERS, Ch, op. cit., p. 86). Para más información: BÉRUBÉ, Camille, «Guillaume de Saint-Thierry,
source de la pensée franciscaine», Collectanea Franciscana, 61, 1991, pp. 117-148.
11
CASPERS, Charles, op. cit., p. 88. Para más información acudir al estudio del mismo autor titu-
lado De eucharistiche vroomheid…, Miscellanea Neerlandica, 5, Louvain, 1992, pp. 84-86 y 95-97.
Puede localizarse a través de testimonios incluso de la documentación conciliar, pues en el sínodo dio-
cesano celebrado por el obispo Guiard de Laon entre 1238 y 1247 quedó establecido que aquellos enfer-
mos que pudieran vomitar la hostia recibieran, como sustituto, la comunión espiritual de la misma. (Vid.
BOEREN, P.C., «Les plus anciens statuts du diocèse de Cambrai (13e siècle)», Revue de droit canoni-
que, 3, 1953-1954).
12
Dio lugar también a ciertos abusos al respecto, como el que en determinadas zonas la Elevación
se hacía incluso antes de la consagración, cayendo por lo tanto en la idolatría. Para ver las discusiones

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Teniendo en cuenta la importancia de la representación artística en tanto que


el fiel piensa en imágenes y medita con ellas, es lógico que se vierta a través de
la iconografía todo el significado del sacramento. Por lo tanto, en este contexto
se entiende perfectamente la codificación gestual de las representaciones plásti-
cas pues, adecuándose siempre a la liturgia, excitan en la memoria la Pasión del
Señor13.
Por ello, en la mayoría de las representaciones de misa de entre las conser-
vadas en España, se observa precisamente el momento de la gran Elevación de la
hostia correspondiente a la doxología final del canon, cuando las palabras de la
consagración han sido pronunciadas, a fin de mostrar al pueblo lo que ahora se
ha convertido en el verdadero cuerpo de Cristo14. Además, en determinadas oca-
siones, estas elevaciones son exageradas, y llegan a realizarse por encima de la
cabeza del sacerdote, tal y como puede apreciarse, por ejemplo, en la tabla
correspondiente al centro de la predela del retablo de la catedral de Tarazona, en
la que además no sólo se observa que la hostia es portadora de iconografía, aspec-
to que se analizará en páginas siguientes, sino que explicita perfectamente la ten-
dencia de acudir a misa en el instante preciso de la Elevación, asomándose por
las puertas para asistir al momento de gracia concedido, tal y como recogen algu-
nos documentos hispanos de la Baja Edad Media (Fig. 1)15.

generadas en torno a la conveniencia de la Elevación son interesantes también los artículos de KEN-
NEDY, V.L., «The moment of Consecration and Elevation of the Host», Medieval Studies, VI, 1944, pp.
121-150; y «The Date of Decree on the Elevation of the Host», Medieval Studies, VIII, 1946, pp. 87-
96. Para ampliar el conocimiento de la devoción a la propia hostia durante el s. XV y los abusos en torno
a ello vid. ZIKA, Charles, «Host, Processions and Pilgrimages: Controlling the Sacred in Fifteenth-
Century Germany», Past & Present, 118, 1998, pp. 25-64. La asociación entre los conceptos de idola-
tría y Elevación la mencionó también, de forma sucinta, en su interesante libro CAMILLE, Michael, El
ídolo gótico: ideología y creación de imágenes en el arte medieval, Madrid, Akal, 2000, p. 235.
13
VITRY, Jacques de, De Historia Occidentalis. Friburgo, 1972, pp. 179-180. Tomado de SCH-
MITT, Jean-Claude, op. cit., p. 343.
14
Antes de las palabras de la consagración, el sacerdote hacía otras elevaciones más pequeñas, no
obstante en el tema que se estudia es ésta la representada. En lo que respecta a la Elevación del cáliz,
tanto en Europa como en España no es frecuente su representación plástica. Desde el s. XII el vino con-
sagrado se fue eliminando de la comunión de los laicos. Ésta no era un hecho habitual, pues en los libros
pastorales y manuales de misa de la época se dan indicaciones a los sacerdotes del peligro que podría
ocasionar que durante la comunión de los fieles cayese algún pedazo de las hostias consagradas o se
derramara un poco de vino. Finalmente el Concilio de Constanza (1414-1418) terminó por prohibir a
los fieles comulgar con vino, amenazando con excomulgar al clero que lo ofreciese. En ocasiones a los
laicos se les ofrecía vino sin consagrar junto con la hostia, mostrando así simetría sobre el altar al tiem-
po que les facilitaba tragar las migajas de la forma (vid. RUBIN, Miri, op. cit., p. 71).
15
Parece que era frecuente quedarse charlando a las puertas de la iglesia, que permanecían abier-
tas, y sólo entrar cuando se oía la campanilla de la Elevación. Ello causaba gran barullo. Vid. TORRES
JIMÉNEZ, Raquel, Formas de organización y práctica religiosa en Castilla la Nueva. Siglos XIII-XVI,
Madrid, U.C.M., 2002. (Tesis doctoral inédita dirigida por M. A. Ladero Quesada), p. 981. Otras repre-
sentaciones en las que la Elevación de la hostia aparece por encima incluso de la cabeza del sacerdote
se encuentran en pinturas del Maestro de Alfajarín localizadas en la propia iglesia de Alfajarín
(Zaragoza) y en la predela del retablo procedente de la iglesia de Pallaruelo de Monegro (Huesca). Una
pintura castellana conservada en la Colección Johnson de Philadelphia correspondiente a finales del s.
XV reproduce también esta actitud, que se traduce en ejemplos escultóricos tan dispares como el frag-

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Fig. 1.- Predela del Retablo de la Catedral de Tarazona.

Pero junto al hecho de la citada «comunión espiritual», que puede entenderse


como uno de los condicionantes para que en las representaciones plásticas inclu-
yan el momento de la Elevación, hay que destacar otro aspecto que se relaciona
directamente con la abundancia de representaciones plásticas de la misa durante
toda la Baja Edad Media, esto es, la progresiva clericalización de la celebración
eucarística y, más en concreto, la sacralización de la figura del sacerdote.

mento de relieve conservado en las vallisoletanas iglesias parroquiales de Villabáñez y Cabreros del
Montes, de fines del s. XV o principios del s. XVI, y el posterior ejemplar de la parroquial de
Torrelaguna, en Madrid. La excepcional Misa de San Gregorio de Berruguete conservada en el Museo
de Burgos es también un buen exponente de ello.

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2. LA HOSTIA EN RELACIÓN CON EL SACERDOTE

Si de la exposición anterior se deduce la importancia de ver el misterio que


se estaba celebrando en el altar, es necesario hacer hincapié también sobre la rela-
ción existente entre los sacerdotes y las propias hostias. Si el IV Concilio de
Letrán había establecido el dogma de la Transustanciación de las especies, ésto
lleva aparejado un cambio fundamental que consiste en el paso de identificación
de la misa como ceremonia en la que participa la comunidad, a la asimilación de
la misa al momento preciso de la consagración16. Es lo que según algunos auto-
res supone un paso del mysterium depopulatum inicial, al mysterium tremen-
dum17. Ésto redunda en la importancia que adquiere el sacerdote, que llega a
identificarse con el propio Cristo, y la progresiva sacralización de su figura, que
en el Laterano IV aparece ya recogida en la constitución I, titulada De la Fe
Católica:
Y una sola es la Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie absolutamen-
te se salva, y en ella el mismo sacerdote es sacrificio, Jesucristo, cuyo cuerpo y sangre
se contiene verdaderamente en el sacramento del altar bajo las especies de pan y vino,
después de transustanciados, por virtud divina, el pan en el cuerpo y el vino en la san-
gre, a fin de que, para acabar el misterio de la unidad, recibamos nosotros de lo suyo
lo que Él recibió de lo nuestro. Y este sacramento nadie ciertamente puede realizarlo
sino el sacerdote que hubiere sido debidamente ordenado, según las llaves de la Iglesia,
que el mismo Jesucristo concedió a los Apóstoles y a sus sucesores18.

El sacerdote cobra importancia en tanto que, tal y como señala el Laterano IV,
él mismo es sacrificio, de modo que a partir del s. XIII se intenta reglar todo lo
relacionado con las labores que ha de realizar, de entre las cuales sobresale la de
ser el encargado de realizar las hostias que serán consagradas en las ceremonias19.

Los testimonios documentales hispanos se hacen eco de ello y así lo señalan.


Desde el s. XIII, pueden rastrearse en la literatura conciliar de las diferentes dió-
cesis, especificaciones relativas a la manera en la que los sacerdotes deben hacer
las hostias20. Entre las primeras referencias conocidas destacan las Constituciones

16
LUBAC, Henri de, Corpus Mysticum. L´Eucharistie et l´Eglise au Moyen Âge, Paris, 1949.
17
SNOEK, G. J. C., op. cit. p. 54.
18
vid. FOREVILLE, Raimunda, op. cit, Constitución I.
19
Testimonios de ello aparecían ya en el Rationale divinorum officiorum de Guillermo Durando,
fuente a la que se aludirá en sucesivos epígrafes. En este momento interesa un pasaje del libro en el que
establece quod sacerdotes debeant hostias facere per seipsos vid. DAVRIL, Anselme y THIBODEAU,
Timothy (eds.), Guillelmi Duranti Rationale divinorum officiorum. Turnholt, Brepols, 1995-2000, liber
IV, 30, 6 (60).
20
En el resto de Europa encontramos disposiciones paralelas. Para Francia, dada la gran cantidad
de fuentes conservadas de esta naturaleza, puede consultarse por ejemplo la recopilación de PONTAL,
O. (ed.), Les Status Synodaux Français du XIIIème siècle, (3 vols.), Paris, 1971-1988. Encontramos
referencias como las que siguen Quod hostia sit integra et integrum habeat circulum, (vid. vol. I, c. 6,
p. 142). En Inglaterra, William Russell, obispo de Sodor, dice en 1350: La Hostia de Cristo ha de ser

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del Legado Juan, cardenal y obispo sabinense, que habían sido ratificadas en el
Concilio de Lérida de 1229 y fueron confirmadas en el Concilio de Tarragona del
año 1239. El canon VIII del mismo, titulado de manera singular Como deben
hacerse las hostias dice así.
[…] también establecemos que el sacerdote haga por sí mismo las hostias para
consagrar el Cuerpo del Señor de harina de trigo pulcra y blanca, sin ponerlas sal ni
levadura; y elabórense con extraordinario esmero»21.

Si bien es un ejemplo propio del caso catalán, interesa en tanto que el Legado
Juan no es otro que Juan de Abbeville, enviado por Gregorio IX a España en 1228
con la intención de que los presupuestos del IV Concilio Laterano, que hasta el
momento no habían sido asumidos por algunos lugares, entre ellos las diócesis
hispanas en su conjunto, fuesen respetados22.

limpia, de harina, fina, no grande, sin levadura. Ésta ha de estar grabada, no cocida en agua pero coci-
nada en el fuego ([…] candida, triticea, tenuis, non magna, rotunda, expers fermenti non mista, sit hos-
tia [Link] aqua, non cocta sed igne sit assa), vid. WILKINS, D., Concilia Magnae
Britanniae et Hiberniae ad 446-1718, London, 1737. Consultada esta última referencia a través de
RUBIN, Miri, Op. cit, p. 39.
21
Es cierto que no conservamos los textos de los cánones de todos los concilios celebrados y que,
además, dentro de los que conservamos, no siempre tratan este aspecto, pero sí se encuentra, al menos,
en algunos de capital importancia como los de Peñafiel (1302), Toledo (1323), Cuéllar (1325) o
Tarragona (1329). Los textos completos de estos concilios pueden leerse en latín y castellano en el clá-
sico de TEJADA Y RAMIRO, Juan, Colección de Cánones y de todos los Concilios de la Iglesia de
España y América (en latín y castellano) con notas e ilustraciones. Madrid, 1859, Tomo III, vol. 2. Para
el texto del Sínodo de Cuéllar de 1325, consúltese la constitución XXX del mismo, titulada Que hará
el sacerdote si sólo puso agua en el cáliz, vid. GARCÍA Y GARCÍA, Antonio, Synodicon Hispanum VI.
Ávila y Segovia, Madrid, BAC, 1993, p. 303.
22
Parece ser que El clero español, tal como lo encontró Juan de Abbeville, era incontinente, en
gran parte iletrado y totalmente ajeno a la disciplina de los concilios y sínodos (vid. LINEHAM, La
Iglesia española y el papado en el siglo XIII, Salamanca, Universidad Pontificia, 1975, p. 22). Para
poner orden insta a los obispos a la convocatoria de sínodos, y durante la estancia del legado (1228-
1229) se convocan en casi todas las diócesis. Los presupuestos de aplicación de las normas del Laterano
IV comienzan en este momento en nuestro país, irradiando años más tarde y fijándose a través de suce-
sivos concilios en los que se van a ir tratando también aspectos más prácticos relacionados en muchas
ocasiones con la vida diaria de las comunidades. Como ha señalado Pedro M. Cátedra al estudiar la
posible influencia del IV Laterano en la obra de Berceo, aunque hubo comentaristas hispanos que escri-
bieron en fechas relativamente cercanas a la propia celebración del concilio ecuménico (como
Vincentius Hispanus y Laurentius Hispanus) sólo se conserva en España un códice de las constitucio-
nes del lateranense IV (vid. GARCÍA Y GARCÍA, Antonio, Iglesia, sociedad y derecho, Salamanca,
Universidad Pontificia, 1985, pp. 484-503). y, además, los textos canonísticos de Letrán citados en una
obra tan importante como la Summa septem sacramentorum de Pedro de Albalat no se recogen con la
terminología de 1215, sino con la que Juan de Abbeville transmitió en el concilio de Lérida 1229. En
cambio, fueron muchos los sínodos que, a partir de 1228, recogieron y adaptaron estas constituciones.
La repercusión de la legación alcanzó, sin duda, hasta bien entrado el siglo XIV, más allá, por ejem-
plo, del sínodo de Cuéllar de 1325. Vid. CÁTEDRA, Pedro M., «Del sacrificio de la misa» de Gonzalo
de Berceo. Edición y Comentario», en Isabel Uría (coord.), Obra completa, Madrid: Espasa-Calpe,
1992, pp. 933-1033. Coincide con él LINEHAN, Peter, op. cit., p. 66.

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Dicho esto, en lo que respecta al ámbito castellano, y siempre teniendo en


cuenta los documentos que nos han llegado, hay que esperar al menos hasta prin-
cipios del s. XIV para encontrar referencias a la fabricación de las hostias por
parte de los sacerdotes. En Peñafiel (Valladolid), en 1302, el canon VIII conden-
sa las mismas ordenanzas que se recalcaban en Tarragona años antes bajo el títu-
lo Que los sacerdotes amasen por sí por ministros idóneos y de harina de trigo
las hostias.

Y como que nuestro Seño Jesucristo, que es el pan vivo, que bajó del cielo, se com-
paró con un grano de trigo cuando dijo: «Si el grano de trigo que cae en la tierra no
muriere, permanece él sólo»; por lo tanto, enseñan los decretos de los Santos Padres,
que el pan que haya de consagrarse en el altar sea de harina blanca sacada de granos
de frumento, esto es, de trigo, y amasada con agua limpia y pura. Y como que por la
sencillez de los hombres y por la ignorancia del derecho podría amenazar peligro al
hacer la masa, cuyo pan se convierte en Dios, establecemos y ordenamos, que los sacer-
dotes por sí mismos, si cómodamente pueden y si no por otros ministros idóneos de la
iglesia, pero en presencia de ellos, confeccionen la masa de sola harina de trigo y agua
pura, (sin) levadura, sin mezcla de ninguna otra cosa; y con ella hagan la hostia, que
debe consagrarse en Cuerpo del Señor23.

El fragmento citado al comienzo como palabra de Cristo está tomado fiel-


mente del texto latino de la Vulgata y pertenece al Evangelio de Juan 12, 24.
Corresponde al comienzo del Ciclo de la Pasión, justo al momento de la Entrada
en Jerusalén cuando, tras la noticia por parte de Felipe y Andrés de que, tras
conocer la noticia de la resurrección de Lázaro, unos griegos querían acercarse a
él y Cristo les responde:
Venida es la hora en que debe ser glorificado el hijo del hombre. En verdad, en ver-
dad os digo que si el grano de trigo, después de echado en la tierra, no muere, queda
infecundo; pero si muere produce mucho fruto24.

Llama poderosamente la atención en el texto castellano citado la alusión


clara a un pasaje bíblico para reforzar, por medio de la palabra divina, la necesi-
dad y conveniencia de cumplir los preceptos estipulados que, para reforzar su
valía, se hacen emanar de los Santos Padres, sobre todo si se tiene en cuenta que
era uno de los argumentos que esgrimían los teólogos ya en tratados eucarísticos
del s. XII. Éstos, que solían llevar el título de De Sacramentis, acudían al pasaje
evangélico de Juan del mismo modo que queda plasmado en el Concilio de
Peñafiel, lo que sugiere, tal vez, un conocimiento de estos textos en la Península

23
Cfr. Texto en latín de TEJADA Y RAMIRO, Juan, op. cit., Tomo III, vol. 2, p. 440.
24
Juan 12, 23-25. Para intentar una mayor fidelidad con los textos originales, se ha optado por la
traducción española del s. XVIII de la Vulgata realizada por J. M. Petisco (1724-1800) y publicada por
TORRES AMAT, Félix, Sagrada Biblia traducida de la Vulgata Latina teniendo a la vista los textos
originales, Madrid, Apostolado de la Prensa, 1950.

Anales de Historia del Arte 33


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desde antes de lo que tradicionalmente se admitía25. Además, y en relación pre-


cisamente con las lecturas que se llevaban a cabo dentro del Triduum Paschal, se
trata del capítulo evangélico anterior al leído el Viernes Santo26. Nota que, si bien
de momento nos parece accesoria, hemos de retener para un análisis ulterior de
la Misa de San Gregorio.
La importancia del sacerdote en las representaciones plásticas que reprodu-
cen una escena de misa resulta evidente entonces. Más allá del progresivo enri-
quecimiento que pueda observarse en su indumentaria o el tamaño del mismo en
relación al resto de los asistentes a la celebración, puede quizá intuirse esa sacra-
lización de su figura que deviene de la confección de estas hostias que focalizan
la mirada del fiel, para cuya realización el sacerdote se envuelve en cierto aura
de misticismo no exenta de notas mistéricas. Leer más allá de las imágenes para
comprender las actitudes de un pueblo expectante ante la visión de la hostia, tal
y como ilustran pinturas como las anteriormente mencionadas, nos conduce a
anotar algunas particularidades sobre los lugares en los que estas formas eran
confeccionadas. Las fuentes nos dan noticias relativas a la existencia tanto de
graneros en las iglesias como de pozos para agua e incluso hornos en los que se
cocía el pan, señalando incluso cómo los sacerdotes no debían comerciar con este
grano27. Aunque algo tardía, resulta útil para corroborar una práctica que sin duda
debía ser anterior a la noticia recogida, la visita realizada en 1539 a la iglesia de
Santa María de Villarubia. En ella, el visitador dejó constancia de la existencia
de chimeneas en las cámaras que se habilitaban para los sacerdotes, normalmen-
te en los pisos altos de las sacristías. El testimonio subraya cómo el cometido de
aquellas era el de ser lugares donde se puedan fazer las hostias… o para que
sirva a los capellanes e clerigos quando estovieren ençerrados en treyntena-
rios28. Aunque hasta el momento no se han localizado en la documentación cas-

25
Siempre se señala la influencia del Rationale de Durando en obras como el Catecismo de Pedro
de Cuéllar, de 1325, pero sin duda los clérigos cultivados manejaban manuales y tratados sobre liturgia
y sacramentos en latín desde mucho antes. Este texto de Juan fue localizado por Boeren en un tratado
eucarístico anónimo del s. XII en el que se describe cómo deben hacerse las hostias y es repetido, a
mediados del mismo siglo, en De sacramentis, del Maestro Simón (c. 1145-60). Para consultar ambos
textos en latín vid. RUBIN, Miri, op. cit, p. 38, en lo que respecta al estudio del manuscrito anónimo,
vid. BOEREN, P., «Un traité eucharistique inédit du XII siècle. Convenientibus vobis in unum (I Cor.
11, 20 », en Archives d´histoire doctrinale et littéraire du moyen âge, nº 45, pp. 181-214. Para los tex-
tos de Durando y Pedro de Cuéllar, vid. más adelante.
26
Existen ciertas disensiones acerca de las lecturas evangélicas de ese día, pues aunque MARTI-
MORT, A. G., La Iglesia en Oración. Introducción a la Liturgia, Barcelona, Herder, 1967, p. 762 hace
referencia a Juan 13, 1, este pasaje no aparece recogido en la edición consultada del misal preconciliar
de MOLINA, Vicente, Misal completo para los fieles, Valencia, Ed. Hispania, 1947.
27
Canon XI del concilio de Tarragona de 1291-129, canon II del Concilio de Lérida de 1293 y
canon IV del Concilio de Lérida de 1294 (vid. TEJADA Y RAMIRO, Juan, op. cit., tomo III, vol. 2, pp.
416, 420 y 424 respectivamente). Son interesantes todos estos pasajes por las referencias a los abusos
cometidos tras la comunión mediante golosinas y comilonas a costa de los mismos días como los de
Natividad, Pascua y Pentecostés.
28
1539, marzo, 3, Villarubia, Iglesia de Santa María, AHN, Leg. 6079, núm. 26, fols. 479v-480r.
Recogido por la tesis doctoral de TORRES JIMÉNEZ, Raquel, op. cit., p. 799, nota 250. Resulta muy

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tellana alusiones específicas a las oraciones que estos sacerdotes encerrados en


treintenarios proferían mientras elaboraban las formas, tras este testimonio han
de suponerse prácticas similares a las realizadas en otros lugares, en los que a la
elaboración de estas hostias acompañaba el canto de salmos e himnos que favo-
recen, como se señaló anteriormente, ese aspecto de sacralización extrema de su
figura29.

Por tanto, no debe subestimarse la importancia de los momentos previos a las


celebraciones eucarísticas, pues la noción de rito supone una amplitud de signi-
ficación hasta ahora poco valorada. Los momentos en los que tenían lugar la con-
fección de las formas pueden, por lo tanto, relacionarse con los pasajes previos a
la Pasión de Cristo, conmemorada en el canon de la misa, y no son en modo algu-
no elegidos al azar para justificar la labor realizada por el sacerdote, antes bien
resultan en consonancia con el mensaje transmitido y la presencia del mismo
dentro de las representaciones plásticas30.
Una vez señalada la importancia de la figura del sacerdote en tanto que fabri-
cante de las hostias y ministro de la iglesia que hace posible mediante sus pala-
bras la transformación del pan en cuerpo y sangre de Cristo, conviene atender,
para proseguir el análisis de la importancia de las hostias en la Baja Edad Media,
la dimensión material de las mismas31.

interesante en su conjunto al recoger las noticias de inventarios y visitas realizadas por calatravos en un
espacio geográfico y temporal lo suficientemente dilatado como para que las conclusiones extraídas
puedan ser extrapoladas a otras zonas de las cuales no se conserva tal cantidad de información. Para los
treintenarios, pueden consultarse los diferentes volúmenes del Synodicon Hispanum.
29
RUBIN, Miri, op. cit., p. 42. La alusión dada por Rubin, que no cita por otra parte texto algu-
no, es la de las Constituciones de Lanfranco (c.1005- c.1089), que recoge los rituales seguidos por los
monjes cluniacenses (vid. KNOWLESS, D., The monastic constitutions of Lanfranc, London, Nelson
Medieval Texts, 1951). Sí podemos suponer, por ejemplo, que se rezara el Salmo 77, 25 de la Vulgata
(Salmo 78, 25 de la Biblia de Jerusalén) en el que se hace alusión al pan de los ángeles.
30
Mayor atención han recibido, por ejemplo, las manifestaciones paralitúrgicas que implican la
participación de una comunidad. A menudo se ha señalado cómo dentro de la devoción y el folklore
popular, no sólo pinturas o esculturas para retablos o portadas representaron la Entrada en Jerusalén.
También las procesiones litúrgicas del Domingo de Ramos quisieron hacerlo. Existen testimonios de las
procesiones en la Francia e Inglaterra Medieval en los que se señala la tradición de llevar una hostia
consagrada o un evangelio en peregrinación hasta la puerta del templo, como símbolo del propio Cristo.
El origen de esta tradición es antigua, pues ya la monja Egeria que hizo la peregrinación a Tierra Santa
en el s. IV cuenta cómo la Entrada en Jerusalén era celebrada por medio de grandes procesiones que
copiaban en muchos casos los ceremoniales de entrada de los emperadores romanos (Vid. SCHILLER,
Gertrud, Iconography of Christian Art, London, Lund Humphries, 1977, vol. II, p. 14). Para la peregri-
nación de Egeria, vid. ARCE, Agustín (ed.), Itinerarium Egeriae. Español-Latín, Madrid, Biblioteca de
Autores Cristianos, 1996.
31
Además, y con respecto a las funciones del sacerdote, diversas noticias aparecen en otras fuen-
tes, tales como constituciones de hospitales. Es el caso de las escritas en 1398 para la fundación del
Hospital de San Antolín de Palencia (AHCP, armario III, leg. 15, Hosp. Nº 68, fols. 17r/31v.). En ellas
se describen las obligaciones y trabajos a realizar para la asistencia a los enfermos en dicha fundación,
ocupando las labores propias del capellán un total de diecisiete puntos, ente los que destacan el 12, 13
y 14 en los que se alude explícitamente a la necesidad de que […] probea que los hornamentos y cor-
porales de la capilla esten limpios…probeyendo la zera, vino y hostias…[…]. Vid. SANTO TOMÁS

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3. DIMENSIÓN MATERIAL DE LAS HOSTIAS: EL PAN ÁCIMO Y LOS


MOLDES

Tres son los detalles significativos que se contienen en las breves pero elo-
cuentes referencias que aparecían en los cánones. Por un lado, la necesidad de
que las hostias se hagan de pan ácimo, por otro, de que éstas sean hechas de hari-
na blanca y pura y, ya por último pero no menos importante, el deseo explícito,
o más bien la orden, de que su ejecución se realice, como se ha visto ya, con
extraordinario esmero. Conviene por lo tanto hacer referencia a la importancia
de la consecución material del pan eucarístico para proseguir su estudio.

3.1. La discusión del ácimo

Son muchos los textos en los que se hace hincapié sobre la importancia de
que este pan no lleve levadura. Las consecuencias de esta opción suponen, desde
época temprana, una distinción de base entre las iglesias de Oriente y Occidente
que se manifiesta también en el modo de realizar el pan eucarístico por una y
otra.
En los primeros siglos del Cristianismo, al contrario de lo que se generaliza-
rá durante la Edad Media Occidental, el pan empleado a diario era el mismo que
el empleado en el oficio litúrgico. Ello supuso una diferenciación precisa entre lo
que era un molde para la fabricación del pan y un sello para estampar en el mismo
determinados símbolos. En el origen de estos sellos, normalmente de barro coci-
do, estaría la necesidad de distinguir visualmente por parte los cristianos el pan
empleado en dichos servicios que, por otra parte era un pan con levadura32.
Al contrario que la iglesia de Oriente, la Iglesia Occidental optó desde época
temprana por la fabricación del pan ácimo, enzarzándose en enormes discusiones
para justificar su postura enlazándola con los textos veterotestamentarios33.

PÉREZ, Magdalena, La asistencia a los enfermos en Castilla en la Baja Edad Media, Universidad de
Valladolid, 2001, p. 30, nota 54.
32
Parece que estos primeros instrumentos podrían haber sido empleados también con otros fines.
Generalmente realizados en barro cocido, lo que ha hecho que no mereciesen atención por parte de la
historiografía, eran usados también para ornar ánforas de vino o lámparas hechas en terracota, entre
otros objetos. Del mismo modo, el pan empleado en estos servicios no tenía por qué responder a la
forma circular que corresponde a la Iglesia Latina, antes bien se elaboran complicadas explicaciones
que refuercen la importancia de la forma rectangular del mismo para hacerlo semejante a un cordero,
aunque el sello empleado se admite como circular en muchos casos. Destacan los textos de Simeón de
Tesalónica, arzobispo ortodoxo (†1430). La introducción del pan ácimo en Oriente es muy posterior a
su uso en Occidente. Un caso especial lo constituye Armenia que, hasta el s. VII, siguió empleando el
pan con levadura, al igual que los Maronitas hasta su unión con Roma en el s. XII (vid. GALAVARIS,
George, Bread and the Liturgy. The symbolism of Early Christian and Byzantine Bread Stamps,
Madison, Milwakee & London, The University of Wisconsin Press, 1970, pp. 13, 19 y 86-87).
33
Vid. Levítico 3, 1-4. Este tema se convirtió a partir del cisma de Miguel Cerulario en el s. XI en
verdadero tema de discusión entre latinos y griegos. No es momento éste para invocar la problemática,
bien recogida ya por CABROL, F., «Azymes», en Dictionnaire D´Archeologie Chretienne et de

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Éste principio no tardó en ser defendido por liturgistas como Guillermo


Durando en su Rationale34 y por teólogos como el obispo de Lincoln, Robert
Grosseteste (1175- 1253), que en su Templum Dei (c.1220-1235) decía que para
garantizar la eficacia eucarística era necesario que el pan fuera de trigo, basándo-
se en el citado pasaje de Juan 12, 24, llegando incluso a legislar a través de los
diferentes sínodos que preside sobre la forma circular que ha de tener la hostia35.
La primera referencia sobre la fabricación de las hostias en la Península es
temprana. La encontramos en el canon XVI del concilio celebrado en Toledo en
el año 693, en el que se defiende el empleo del pan ácimo36. Los textos castella-
nos bajomedievales entran también a valorar la importancia del ácimo. Aparecía
en concilios ya señalados, en los que incluso se recurre al evangelio para reivin-
dicar la confección de un pan sin levadura, llegando a citar el pasaje de I
Corintios 5, 8 como justificación precisa para ello37, pero también la literatura de
devoción va a ahondar en el mismo concepto para recordar, de forma popular, la
importancia de este elemento. Juan de Padilla, el cartujano (1467?-1520) en su
Retablo de la Vida de Cristo aporta matices interesantes al relacionarlo incluso
con las herejías, algo no demasiado corriente en la poesía española medieval. Lo
más curioso a la hora de hablar del pan ácimo es que, según él, es garante de
incontaminación con lo judío:
Los ácimos panes que son amasados
Sin levaduras y otras mistiones
Porque huyamos las conversaciones
De los judíos herejes damnados38.

Liturgie, Paris, Letouzey et Ané, 1924-1953 (15 tomos en 30 volúmenes). Vol. I/2. En cualquier caso,
no puede evidenciarse en los Evangelios ni a través de los Hechos de los Apóstoles el empleo de uno y
otro pan en la institución de la eucaristía y primeras ceremonias apostólicas. En los primeros documen-
tos sobre esta discusión se hace provenir la costumbre de los ácimos del propio San Pedro (vid. Carta
de Pedro de Antioquía a Miguel Cerulario, Patrología Griega, tomo CXX, cols. 777-780, 807 y 810).
Extraordinario estudio del tema es el clásico de MABILLON, «Disquisitio de azymo et fermentato», en
Vetera analecta, Paris, 1723, pp. 522-547.
34
de pane azymo debet fieri. Vid. DAVRIL, Anselme y THIBODEAU, Timothy (eds.), op. cit.,
liber IV, 41, 113/157. La edición empleada es la más completa, las referencias siguientes a este texto
siguen por lo tanto esta edición.
35
RUBIN, Miri, op. cit., p. 38. Una edición crítica de este texto es la de GOERING, J. y
MANTELLO, F.A.C., Templum Dei, Toronto, Pontifical Institute of Mediaeval Studies, 1984, col.
Toronto Medieval Latin Texts, 14. Sobre la forma circular de las hostias, vid. más adelante.
36
Vid. TEJADA Y RAMIRO, Juan, op. cit., tomo III, vol. 1.
37
Non in fermento ueteri, set in azymis sinceritatis et veritatis, vid. Constitución XXX, 5-6 del
Sínodo de Cuéllar de 1325, en GARCÍA Y GARCÍA, Antonio, Synodicon Hispanum VI. Ávila y
Segovia, Madrid, BAC, 1993, p. 303.
38
Retablo de la Vida de Cristo, hecho en metro por el devoto Padre Don Juan de Padilla, monje
cartuxo, impreso con licencia en Toledo por Francisco Guzmán, Toledo, 1570. Recogida por la tesis iné-
dita de FRANCISCO, Julia de, Poesía lírica eucarística española: siglos XVI y XVII, Colección
Universidad de Madrid, Facultad de Filosofía y Letras, 1953, p. 39.

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Así, la opción de la Iglesia Occidental por el ácimo derivó, necesariamente,


en el empleo de un nuevo tipo de instrumentos para la fabricación de las hostias,
moldes realizados en hierro que facilitaban su producción. La importancia de
estos elementos, desatendidos por los estudios especializados, resulta de capital
importancia en tanto que de éstos depende el aspecto del pan eucarístico y su per-
cepción por parte de los fieles. No parece por lo tanto accesorio realizar un breve
estado de la cuestión sobre este asunto.

3.2. Los moldes para fabricar hostias: estado de la cuestión39

En Occidente, el estudio de los moldes eucarísticos ha sido tratado de mane-


ra parcial a través de ciertas publicaciones, la mayoría de ellas francesas, de fines
del s. XIX. Respondiendo a cierto rigor arqueologiscista del estudioso francés X.
Barbier de Montault, este tipo de objetos fueron objeto de su atención mediante
la publicación de diversos artículos en boletines locales40. Así, y con vocación de
inventariar éstos, surgieron numerosas separatas que, de manera monográfica,
inventariaban estas obras, compradas con frecuencia por el propio Barbier de
Montault a los anticuarios de la zona para luego cederlas a su vez a sociedades
de anticuarios41.
La siguiente referencia al estudio de los moldes aparecen en la gran obra de
F.. Cabrol y H. Leclercq titulada Dictionnaire d’Archéologie Chrétienne et de
Liturgie. Como voz dentro del propio diccionario se recoge el término «fer à hos-
ties», haciendo especial hincapié en la necesidad de distinguir su estudio del con-
cerniente al pan eucarístico. Así, estas piezas son tratadas en tanto que objetos
empleados para fabricar las hostias y para imprimir en las mismas un motivo sim-
bólico o, dicen los autores, simplemente decorativo42.

39
A pesar de que este estudio se centra en la producción de moldes en Occidente, para el estudio
de la fabricación del pan eucarístico de la iglesia oriental, ha de señalarse el ya mencionado extraordi-
nario estudio monográfico realizado por George Galavaris (op. cit.), que dio a conocer numerosos sellos
encontrados gracias a excavaciones arqueológicas realizadas por diferentes puntos del Mediterráneo.
40
Vid., entre otros, BARBIER DE MONTAULT, X., «Description iconographique de quelques
fers à hosties de l´Anjou», Revue de l´Anjou, Angers, 1880; Ídem, «Les fers à hosties du musée
d’Orléans», Ancienne série du Bulletin, Tome IX, 1887, nº 132, pp. 187-193 ; BARBIER DE MON-
TAULT, X., et REVEREND DU MESNIL, E., «Un atelier forézien de fers à hosties avec notice géné-
alogique sur les Jourjon », Journal de Roanne, Roanne, Imprimerie du Journal de Roanne, 1893.
41
Con el transcurso del tiempo, estas piezas pasaron a engrosar las colecciones de museos provin-
ciales, donde hoy por hoy se conservan. Es el caso por ejemplo del Musée Sainte-Croix de Poitiers.
42
Paris, Letouzey et Ané, 1924-1953 (15 tomos en 30 volúmenes). Para la voz «fer à hosties», vid.
tomo V, volumen 2, cols. 1366-1368. Para el estudio del pan eucarístico, vid dentro del mismo diccionario
las voces «azyme» (tomo I, volumen 2) y «pain eucharistique» (tomo XIII, volumen 1). Recientemente, los
inventarios por medio de bases de datos informatizadas del gobiernos francés, garantizan la conservación
de estas piezas que otrora fueron objeto de abandono en las parroquias y, cada vez más, suscitan la curiosi-
dad de aquellos que intentan arrojar algo de luz sobre el origen de las iconografías pasionales que contie-
nen. La base de datos Palissy depende del Ministerio de Cultura del Gobierno Francés e inventaría el patri-
monio mobiliario nacional según diferentes categorías (muebles, objetos religiosos y domésticos, científi-

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En España los estudios al respecto son también parcos, a pesar de que fue en
el s. XIX cuando se produjo un primer intento de fijar la atención en ellos gra-
cias a una breve mención hecha en la obra histórica de J. Balari43. A comienzos
de siglo, un molde de hostias perteneciente al Museo de Tarragona fue expuesto
en Madrid dentro de una muestra de hierros antiguos españoles, sin ofrecer por
otra parte, dato alguno referido a su iconografía o dimensiones44. Referencias a
moldes de hostias catalanes aparecen también, a título ilustrativo, en publicacio-
nes de M. Trens, sin ofrecer estudio alguno al respecto, pero llamando ya la aten-
ción sobre estas piezas en tanto que soporte iconográfico45. La historiografía
catalana de la segunda mitad del s. XX se ha referido a estas piezas en alguna
ocasión, aunque fuese parcialmente, mediante pequeñas publicaciones en ocasio-
nes exentas de rigor científico, que los tratan más como curiosidades dentro de
las sombras que aún fecundan el Medievo46. Pero es sin duda a través de los tex-
tos de J. Gudiol y, posteriormente en los de M. Sunyol donde se observa un ver-
dadero deseo por sacarlos a la luz, estudiándolos como objetos interesantes para
comprender una parcela más del arte sacro47.
Faltan, sin embargo, estudio de conjunto de los mismos. La única publica-
ción más reciente que estudia estos moldes en tanto que soportes de una icono-
grafía determinada estableciendo una breve reseña acerca de las publicaciones y
exposiciones de los mismos, aparece en el primer número de la revista del Museo
Episcopal del Vic, tras haber sido publicadas algunas de estas piezas en el catá-
logo de dicho museo48. Así, Ll. Amenós realiza una breve aproximación a los

cos e industriales, etc). Hasta la fecha, contiene cerca de 260 000 noticias, de las cuales permite ver la foto
de casi 15 000 objetos (vid. [Link]
43
BALARI, J., Orígenes históricos de Cataluña, vol. II, 1899. Reeditado en San Cugat del Vallés
en 1964, p. 620.
44
ARTIÑANO Y GALDÁCANO, Pedro Miguel, Exposición de Hierros Antiguos Españoles.
Catálogo, Madrid, SEAM, 1919, pp. 53, nº 210. Dentro de esta misma exposición se recogieron tam-
bién sendos moldes para hacer barquillos del s. XIV pertenecientes a la antigua colección privada cata-
lana de D. Domingo Torrent y Garriga, de Manlleu, con los nº 208 y 209. Ambos resultan interesantes
tanto iconográfica como epigráficamente. Es tal vez el segundo el que más puede interesar en relación
al estudio que aquí se lleva a cabo, ya que contiene en una de las caras al Cordero victorioso con ban-
derola rodeado por una inscripción que versa «AGNUS DEI QUI TOLLIS PECATA», mientras que en
el verso aparece cincelado un caballero con escudo y lanza rodeado por la inscripción en catalán «IO
SON DEN BERNAT CUGOT» («yo soy de Bernat Cugot»). Dada su iconografía, no sería extraño pen-
sar que quizá se emplease más bien para el rito de pan bendito que sabemos sustituía también a la comu-
nión eucarística.
45
TRENS, Manuel, La Eucaristía en el Arte Español, Barcelona, Aymá, 1952, pp. 88-89, figs. 69
y 70.
46
Vid. MAS, J., «Colección de Hostias», Ilustración Católica «la Hormiga de Oro», año XXII, nº
24 (17 de junio de 1905), pp. 373-364. SEGURA, J., «Hosties», Bulletí del Centre Excursionista de
Catalunya, nº 16 (enero-marzo de 1895), pp. 11-19 .
47
En cuanto a Gudiol, vid. GUDIOL I CUNILL, J., El mobiliari litúrgich, Vic, 1920, pp. 33- 34;
Ídem, Nocions d´archeologia sagrada, Vic, 1931-1933, vol. I, pp. 274- 275, vol. II, pp. 458-459 y 485.
En lo que respecta a Sunyol, más moderno, vid. SUNYOL I BUSQUETS, M., «Estudi d´un hostier
medieval del 1339», Acta Medievalia, nº 9, 1988, pp. 472- 493.
48
Museu Episcopal de Vic. Guia de les colleccions, Ed. Museu Episcopal de Vic, 2003.

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mismos elaborando después el breve inventario de los conservados en el Museo,


volviendo a hacer hincapié en la necesidad de ofrecer una visión más global en
relación a otros ejemplos conservados en los Museos Episcopal de Tarragona,
Diocesano y Comarcal de Solsona, Diocesano de Lleida y colecciones particula-
res como la de Massana, en Andorra49. En lo que respecta al ámbito castellano,
no existe hasta el momento publicación alguna referida al tema50.

3.3. Testimonio de moldes para hacer hostias en la Península

El primer testimonio documental sobre los moldes para su fabricación en la


Península es catalán, del s. XI51. Sucesivamente, los moldes para hacer hostias son
referidos en numerosas ocasiones durante la Baja Edad Media en los documentos
hispanos de los visitadores como ostario con que fasen ostias o bien, más común-
mente, fierros para faser ostias52. Estos elementos no podían faltar nunca de las
parroquias y los visitadores informaban puntualmente de la necesidad de cambiar
aquellos que estaban gastados por otros nuevos, consignando cualquier detalle53.
Pocas noticias ofrecen las fuentes de la época, sin embargo, sobre aspectos
formales de estos moldes. Gracias a los ejemplos conservados, puede apreciarse
cómo en su mayoría, durante los siglos XIV y XV, se trata de planchas de hierro
con forma rectangular que contienen en su interior grabados para la estampación
de más de una forma eucarística, siendo entre ellas de diferente diámetro
(Fig. 2)54. Las fuentes tampoco especifican el tamaño que debían tener las hos-
tias. Los propios inventarios o los visitadores señalan, eso sí, cuándo estaban vie-
jos y pequeños, lo que indica una tendencia progresiva a hacer las hostias más
grandes55. Esta noticia coincide con los ejemplares de moldes conservados en la

49
AMENÓS, Lluïsa, «Hostiers i neulers medievals del Museu Episcopal de Vic», Quaderns del
Museu Episcopal de Vic, I, 2005, pp. 91-113.
50
Recientemente, fueron expuestos en el claustro bajo de la Catedral de Burgos, con motivo de
una exposición temporal acaecida del 10 de septiembre al 16 de octubre de 2005, sendos ejemplares
pertenecientes al Museo Diocesano Regional de Burgos (s. XV) y a la parroquia de Rubena, s. XVI
(Burgos), sin que haya constancia de que hayan sido incorporados a ningún catálogo.
51
Vid. BALARI, J., op. cit., p. 620.
52
Se acompañan con frecuencia de tijeras para recortar las formas. Vid. TORRES JIMÉNEZ,
Raquel, op. cit., pp. 1039-1040.
53
Uno de los grandes problemas que aparece dentro de la documentación castellana es la cantidad
de harina que se empleaba para realizar estas hostias, pues se consideraba que, en ocasiones, los sacer-
dotes empleaban demasiada enajenando tal vez para su propio bien una parte, ante los cual responden
de manera diligente que la harina se malgastaba en ocasiones por no ser los hierros con que se hazen
buenos. (Vid. TORRES JIMÉNEZ, Raquel, op. cit., p. 2728, nota 27).
54
Ello no exime de la existencia de alguno circulares, aunque sean menos frecuentes. En el Museo
Episcopal de Vic se conserva algún ejemplar.
55
Así, en el inventarios de Aldea del Rey se dice en 1491 que hay dos pares de estos hierros, y en
1493 se dice que unos de estos son viejos y de poco provecho. Lo mismo ocurre con Carrión en 1493,
que aparte de los de uso frecuente tiene otros viejos, o en Pozuelo, donde en 1495 tuvieron que desha-
cerse de unos. Vid. TORRES JIMÉNEZ, Raquel, op. cit., p. 1039, nota 12.

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Fig. 2. Molde para la realización de Hostias, Francia, s. XV.

Península. Aunque la variación de tamaño es sustancial según la época, yendo


desde los ocho centímetros de diámetro los más grandes hasta los escasos tres
centímetros los más pequeños, las hostias de mayor envergadura se corresponden
con los momentos finales de la Baja Edad Media56. Las hostias más grandes serí-
an, además, las destinadas para la comunión del sacerdote, mientras que las más
pequeñas se destinarían a la comunión de los fieles, que se hacía, tal y como se
expuso anteriormente, solamente en Pascua.
Junto a esto, sabemos que los moldes aparecían en numerosas ocasiones en
las parroquias a pares57. Aunque en ocasiones la duplicación de los objetos obe-
deciese más bien a la tendencia a conservar los viejos un tiempo, puede pensar-
se más bien que la distinción obedece a los propios usos litúrgicos, pues en algu-

56
Vid. ejemplares conservados en el Museo de Vic, con los números de inventario MEV 8117,
MEV 3400 y MEV 1978. Son algo más grandes que los ejemplares franceses contemporáneos, a excep-
ción eso sí, del molde Cl. 2067 del Museo de Cluny, que aún siendo del s. XIII, es excepcionalmente
grande, con 26 cm de diámetro.
57
TORRES JIMÉNEZ, Raquel, op. cit., p. 1068.

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nas ocasiones, junto con los hierros normales, se mencionan un tipo de hierros
específicos para hacer hostias en Pascua58.
En las representaciones plásticas de misas conservadas, se opta en la mayo-
ría de los casos por representar estas hostias de mayor tamaño que iban destina-
das a los sacerdotes. El empleo de las mismas durante la Elevación favorecía sin
duda la contemplación y adoración de las mismas por parte de los fieles, matiz
que debía completarse, sin duda, con el simbolismo asociado a su forma y a la
iconografía que portaban.

4. DIMENSIÓN SIMBÓLICA E ICONOGRÁFICA DE LAS HOSTIAS

Del estudio de los moldes para su fabricación se infieren varios aspectos,


muchos de los cuales pueden sin duda alguna corroborarse a través de las dife-
rentes representaciones plásticas de la misa y sustentarse gracias a los textos que
subrayan los valores simbólicos de las mismas, resultando en ocasiones causa y
en otras como consecuencia de su apariencia formal y trasunto iconográfico.
Si para analizar la manera de confeccionar las hostias la fuente fundamental
resultaba ser la documentación conciliar, para conocer el simbolismo de las mis-
mas es necesario acudir a los comentaristas de la liturgia. Para la Baja Edad
Media destaca sobre todo la labor llevada a cabo por Guillermo Durando (†1296)
con la redacción de su Rationale divinorum officiorum, tanto por la difusión de
su libro como por ser un buen recopilatorio de las teorías de liturgistas anterio-
res59. Se sabe que este texto llegó a España con cierta rapidez si tenemos en cuen-
ta que el Rationale debió completarse en torno a 1291, pues su influencia se deja
sentir en el Catecismo de Pedro de Cuéllar, escrito en el año 132560. Además, uno

58
1549, noviembre 15, EL Moral, AHN, [Link]., Cjo, Leg. 6080, nº 10, fol 2 [bis]v. El testimonio
que se recoge es tardío, de 1549, y se justifica diciendo que, como era en Pascua cuando los fieles podían
comulgar, sería para hacer unas hostias más pequeñas que la grande que se usaba habitualmente en la
Consagración, para que la vieran todos los fieles. Vid. TORRES JIMÉNEZ, Raquel, op. cit., p. 1040.
59
Por ejemplo, de Amalario de Metz (775-850), que puede ser considerado como el primer histo-
riador de la liturgia, que retoma las ideas de San Isidoro de Sevilla en las Etimologías y dota a esta mate-
ria de cierta «historicidad» acudiendo a las fuentes veterotestamentarias para explicar de manera sim-
bólica todo lo que concierne a la misma; sus teorías, junto con las de muchos otros, son aportaciones
para Durando (Vid. HANSSENS, J.-M. (ed.), Amalarii Episcopi Opera. Liturgica Omnia, 3 vols.
Ciudad del Vaticano, Biblioteca Apostolica Vaticana, 1948). Por su parte, el Rationale de Guillermo
Durando es la fuente litúrgica más difundida por Europa a lo largo de la Edad Media y en los comien-
zos de la Edad Moderna, conociéndose de él numerosas ediciones manuscritas y al menos cuarenta y
cuatro ediciones incunables, siendo la más antigua de 1459. Esta edición se considera además el primer
libro impreso en Maguncia con la imprenta de caracteres metálicos. La edición más completa del
Rationale es la mencionada anteriormente y debida a DAVRIL, Anselme y THIBODEAU, Timothy
(eds.), op. cit. Sobre la labor de Guillermo como liturgista puede consultarse el clásico de BATTIFOL,
P, Études de liturgie et d´archéologie chrétienne, Paris, 1919, pp. 1-29.
60
Aunque no parece probable que el obispo de Segovia hubiese copiado de manera directa este
libro, ya que cambia elementos y reduce la complejidad del mismo, sí debía conocerlo cuando trata la
liturgia de la misa. Vid. LINAGE CONDE, Antonio, «La liturgia de la Misa en el Sínodo del obispo de

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de los ejemplares manuscritos más antiguos conocidos es de origen hispano,


pudiendo fecharse en 133061.

4.1. La forma circular de las hostias

Esta noción, que aparecía en los cánones sólo como una particularidad for-
mal y que se evidencia a través de los moldes y las representaciones plásticas, la
recogen los comentaristas de la liturgia como Durando, enlazando con el simbo-
lismo que ello supone. El obispo de Mende la relaciona con la forma circular de
la tierra en consonancia con el universo, creados ambos por Dios, que no tiene
principio ni fin y que enlaza con las palabras de los Salmos 24, 1 y 89, 862.
Pero el Rationale va a tratar el aspecto simbólico de las hostias desde dife-
rentes puntos de vista. Entre ellos, interesa subrayar la importancia de que éstas
sean circulares, a semejanza de denarios, nos dice, como aquellos por los cuales
Cristo fue vendido por Judas, idea que ya había recogido, años antes, Honorio de
Autun (†1125) al señalar:
El pan recibe la forma de un denario, porque el pan de la vida, que es Cristo, fue
vendido por cierto número de denarios, él, el verdadero denario que será dado a los
obreros de la viña63.

Por lo tanto, la característica forma circular de las hostias a la que ya se había


aludido en la documentación sinodal y conciliar, adquiere también su dimensión
simbólica gracias a estos textos. En España, los poetas castellanos del s. XV
aprovechan también para cantarle. Es el caso de Fray Ambrosio de Montesino,

Segovia Pedro de Cuéllar, 1325», en Anuario de Estudios Medievales, 16, Barcelona, CSIC, 1986, pp.
126-145. Un trabajo monográfico del mismo fue realizado al año siguiente por MARTÍN, José Luis y
LINAGE CONDE, Antonio, Religión y Sociedad Medieval. El Catecismo de Pedro de Cuéllar (1325),
Salamanca, 1987.
61
Se trata de un manuscrito conservado en la Biblioteca Vaticana con sign. Ottoboni lat. 337,
redactado en España y datado en 1331 por un colofón: anno domini MCCCXXXI die festi post festum
beaito Michaelis.
62
Salmo 23, 1 (Del Señor es la Tierra y los seres que la llenan, el orbe de la Tierra y los que en
él habitan) y Salmo 88, 9 de la Vulgata (Poderoso eres, señor, y tu fidelidad te circunda;. el texto de
Durando identificado con este salmo coincide expresamente con el texto latino de la Vulgata: Veritas
tua in circuitu tuo (cfr HERTZENAUER, Michael, Biblia Sacra Vulgatae Editionis, 1914 y DURAN-
DO, op. cit., liber IV, 30, 70/79).
63
Traducción al castellano de Honorius Augustodunensis, De Gemma Animae, liber I, cap. XXXV.
Patrología Latina, tomo CLXXII, col. 555. Aunque Durando no reconozca la fuente, parece evidente al
leer: panis autem hic formatur in modum denarii, que copia a Honorio (panis in modum denarii forma-
tur), vid. Rationale, op. cit, liber IV, caput 41, 103/112. Años antes, en 1124, Ernulfo, obispo de
Rochester, comentaba que el pan eucarístico debía tener forma de moneda (in formam nummi), vid.
BARBIER DE MONTAULT, X, « Description iconographique de quelques fers à hosties de l´Anjou
», Extrait de la Revue de l´Anjou, Angers, 1880, pp. 3-20, esp. p. 4 nota 2.

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Patricia Sela Del Pozo Coll La devoción a la hostia consagrada en la Baja Edad Media castellana

cuyo poema a la Consagración ha servido como justificación para interpretar en


clave eucarística el Retablo de la Cartuja de Miraflores cuando decía:

¡Oh, Hostia de hermosura!


Cuán cercada es tu figura
De los ángeles en rueda64.

La idea de inmaterialidad y eternidad que deviene de su aspecto formal enla-


za también con una preocupación constante durante la Baja Edad Media, tal y
como se expuso al comienzo del artículo. Ésta es, la necesidad de que sea vista
por los fieles. Al hacer la hostia más grande y más delgada, la luz penetra a tra-
vés de ella durante la Elevación, resaltando la iconografía que contiene y dotán-
dola de un aspecto de inmaterialidad que se ve reforzado por otra parte gracias al
empleo de cortinajes oscuros que se extendían tras el altar para ofrecer un aspec-
to escenográfico y simbólico avivando la piedad del fiel65.

4.2. La representación de las hostias en las obras de arte

La representación de sagradas formas dentro del arte medieval ha gozado,


desde época temprana, de gran desarrollo. Los diferentes canales de difusión
artística, más populares y más cultos según el medio y el público al que estuvie-
sen dirigidos, hablan de una importancia creciente de este tipo de imágenes que,
como se ha señalado al comienzo, culmina en el s. XV mediante la inclusión de
las mismas con sus propias particularidades iconográficas dentro de las represen-
taciones de misas milagrosas.
Desde época románica, elementos de cierta ambigüedad plástica y significa-
tiva podían ser localizados en espacios menos visibles, tales como los canecillos
de las iglesias, lugares marginales pero llenos de significación que albergan
representaciones un tanto heterodoxas relacionadas con la Eucaristía66. Esta ten-

64
Sobre este aspecto, vid. YARZA LUACES, Joaquín, «El retablo mayor de la Cartuja de
Miraflores», en Actas del Congreso Internacional sobre Gil Siloe y la Escultura de su época, Burgos,
13-16 octubre de 1999, Centro Cultural «Casa del Cordón», 2001, pp. 207-238. Para una aproximación
certera a la obra literaria del escritor, vid. RODRÍGUEZ PUÉRTOLAS, Julio, Cancionero de Fray
Ambrosio Montesino, Cuenca, 1987.
65
El empleo de estas telas está documentado para el caso hispano durante la Cuaresma. Parece
que era especialmente utilizado el negro, y en varios lugares consta el empleo de velos de este color,
pero también otros blancos o blancos con cintas negras para colgar delante del altar. Son citados en oca-
siones como cortinas de lienzo en muchos de los inventarios de las iglesias calatravas (Vid. TORRES
JIMÉNEZ, Raquel, op. cit., p. 800). Sobre el empleo de estas telas sobre todo en España, Inglaterra y
Francia, vid. SNOEK, G. J. C., op. cit., pp. 59 y ss.
66
La representación de un asno con una hostia en la boca es un tema recurrente dentro de la escul-
tura románica, relacionado tal vez con celebraciones burlescas como la de la «misa absurda» o la «fies-
ta asnaria». Un ejemplo claro de ello puede verse en la iglesia de Saint Nicolas de Civray, recogida por
KEENAN- KEDAR, Nurith, Marginal Sculpture in Medieval france. Vermont Scolar Press, 1995, p. 32.
Para una revisión de este tipo de escultura vid. el reciente estudio de MONTEIRA ARIAS, Inés, La

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dencia pervive a lo largo de toda la Edad Media y diferentes entornos han servi-
do también como abrigo a plasmaciones menos devotas, llegando incluso a
mofarse de la naturaleza sagrada de las hostias asimilándolas a los excrementos67.
En Aragón y Cataluña, la aparición de las especies consagradas en obras
artísticas ha sido recientemente puesta en relieve por Ll. Amenós. La investiga-
dora señala cómo en la plástica catalana la representación más antigua de una
hostia se encuentra en las pinturas murales de la iglesia de Santa María de Clusa,
de mediados del s. XII68. Su presencia resulta especialmente relevante a partir de
los siglos XIII-XV, encontrándose, por ejemplo, en obras de la talla de los dos
retablos de Corporales de Daroca69. Pero estas suelen mostrar siempre iconogra-
fías muy sencillas que bien muestran una hostia desnuda70 bien se limitan a la
cruz latina o a las formas contraídas de «IHS» (o «JHS») o «DHS»71. Son sin
embargo más escasas aquellas obras en las que la propia hostia contiene una ico-
nografía más completa, pero cuando aparece suele ser dentro de escenas de misas
milagrosas de santos, tales como una Misa de San Martín de Tours de J. Reixach
o en las escenas relativas a la vida de Santa Clara en el retablo de Santa Clara y
Santa Eulalia, conservadas ambas en Segorbe (Castellón)72.

influencia islámica en la escultura románica de Soria. Una nueva vía para el estudio de la iconografía
en el Románico, Cuadernos de Arte e Iconografía, nº 27, Seminario de Arte Marques de Lozoya, Madrid
2005.
67
Algunas de estas manifestaciones fueron recogidas por GAIGNEBET, C. y LAJOUX, J-D., Art
Profane et religion populaire au Moyen Âge, Paris, Presses Universitaires de France, 1985, pp. 54-57.
Sobre excesos y parodias asociadas a elementos de devoción o prácticas litúrgicas, puede consultarse el
interesantísimo y reciente artículo de KOLDEWEIJ, Jos, «Shameless and naked images: obscene bad-
gets as parodies of popular devotion», en Art and Architecture of Late Medieval Pilgrimage in Northern
Europe and the British Isles, Boston-Leiden, 2005, pp. 493-512.
68
AMENÓS, Lluïsa, op cit., pp. 91-111.
69
Frente al conocido de época de los Reyes Católicos que ya estudió Post (POST, Ch. R., A
History of Spanish Painting. Vol. III. The Aragonese School in Late Middle Ages, Oxford University
Press, 1941, pp. 393 y ss.), existe otro anterior del s. XIV restaurado recientemente por el IPHE, vid.
FÚSTER, María Dolores, «El Retablo de los Santos Corporales de Daroca. Nueva visión después de su
restauración», Aragonia Sacra, XV, Zaragoza, 2000, pp.153-172.
70
Por ejemplo, en el Frontal de la Vida de San Martín del MNAC, en Barcelona, de mediados del
s. XIII.
71
Muchas de ellas formando parte de escenas de Última Cena. Vid. el amplio repertorio ofrecido
por BAGUÉ, Enrique y PETIT, Juan, La Eucaristía. El tema eucarístico en el arte de España,
Barcelona, 1952. Un ejemplo extraordinario por su peculiaridad iconográfica lo constituye el frontal de
altar de Mosoll, de c. 1200-1250 (MNAC/MAC 15788). Éste consta de una disposición en cuatro cuar-
teles, con figuras bajo grupos de tres arcos formando escenas. La que corresponde a la Presentación de
Cristo en el Templo coloca junto al Niño, sobre el altar, una hostia estampillada. Para obtener más infor-
mación de este frontal y de la bibliografía al respecto vid., entre otros, el clásico de SUREDA, Joan, La
pintura románica en Cataluña, Madrid, Alianza, 1995 (1ª ed. 1981), nº 157, pp. 385-386. En escultura,
existen ejemplos bastante hermosos, como un Cristo Juez del s. XIV conservado en el MNAC.
Realizado en piedra, alberga en su regazo una Sagrada Forma, al tiempo que muestra sus llagas confor-
me al pasaje de Mateo, 24.
72
Vid. TRENS, Manuel, op. cit., p. 135 y BAGUÉ, Enrique y PETIT, Juan, op. cit., nº 42, p.24.
No estamos de acuerdo por lo tanto con la aserción de Luïsa Amenós, que encuentra sólo dos. Una de
ellas es el retablo de la Santísima Trinidad y Corpus Christi de Vallbona de los Monjes, c. 1340-1350,

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En Castilla, durante el s. XIII, las Cantigas de Santa María ofrecen varias


representaciones de las mismas, aunque se trate, eso sí, de pequeñas y blancas
formas sin decoración alguna, inscritas dentro de las representaciones de mila-
gros eucarísticos que confirman el valor de la Transustanciación, en clara rela-
ción a otros prodigios eucarísticos o exempla muy similares a los narrados por
Pedro el Venerable y que, por otra parte, responden tan bien a la abundancia de
milagros de hostias sangrantes que empiezan a sucederse por toda la geografía
peninsular73. Hay que esperar sin embargo al s. XV para encontrar representacio-
nes más elaboradas74.
Señalábamos al comienzo de este estudio que, dentro de Castilla, es precisa-
mente en las Misas de San Gregorio en las que observa una mayor cantidad de
hostias estampilladas. A partir de este momento el análisis de la iconografía de
las propias hostias se pondrá en relación con este tema75.

4.3. La iconografía de las hostias estampilladas en las obras castellanas

La primera referencia sobre la iconografía de las hostias es temprana.


Corresponde al canon LXXXII del Concilio de Quinisexto, en el que se estipula
la idoneidad de representar en las pinturas a Cristo como cordero pero también la
prohibición de que este motivo se añadiese a las hostias que no fuesen a ser
empleadas el día litúrgico correspondiente, con lo que nos ofrece un dato impor-
tante acerca de la presencia de iconografía en las mismas desde época tempra-
na76.

atribuido a Guillem Seguer (MNAC). La hostia, colocada dentro de un tabernáculo, contiene dentro una
Crucifixión, flanqueada por la contracción «IHUS» y se acompaña de roleos vegetales. Es, según Ll.
Amenós, la representación más fiel a modelos de moldes conservados. La otra sería una Misa de Áni-
mas del Retablo de San Miguel y San Pedro de la Seu d´Urgell, c. 1432-1433, de Jaume Cirera y Bernat
des Puig. Contiene al Crucificado sobre fondo reticulado. Vid. AMENÓS, Lluïsa, op. cit.
73
Las Cantigas en las que aparece la representación de hostias son las CIV, CXXVI y CXLIX del
Códice Rico (Ms T. I. 1. de la Biblioteca de El Escorial, Madrid). Para aproximarse al conocimiento de
los milagros eucarísticos peninsulares vid. UGARTE DE ERCILLA, Eustaquio, España Eucarística
(Tradiciones eucarísticas españolas), Madrid, 1911. Una revisión menos completa pero interesante es
la ya citada de TRENS, Manuel, op. cit., a imitación del francés VLOBERG, Maurice, L´Eucharistie
dans l´Art, Grenoble-Paris, 1946. Para el estudio de los exempla medievales en general, con referencias
en concreto a milagros eucarísticos, vid. el clásico de TUBACH, Frederic C., Index exemplorum: a
handbook of medieval religious tales, Helsinki, Suomalainen Tiedeakatemia, 1981.
74
Para Vetter, la aparición de las hostias estampilladas en obras de arte se generaliza a partir del
s. XIII, vid. VETTER, E. M., «Iconografía del Varón de Dolores. Su significado y origen», Archivo
Español de Arte, 143. Madrid, CSIC, 1963, pp. 197-232, esp. p. 223, nt. 160.
75
La práctica de las hostias estampilladas fue tal que aparece incluso en los grabados de la época.
Sin duda uno de los más significativos es el que muestra dentro de un ostensorio flanqueado por ánge-
les la Sagrada Forma con la representación de la Crucifixión. Se corresponde con un Plenarium de la
imprenta de Martin Schott, fechado en Estrasburgo en 1483. Reproducido por The Illustrated Barstch.
Part II: Anonymous artists 1478-1480, vol. LXXXII, New York, 1981, p. 191.
76
El canon LXXXII en TEJADA Y RAMIRO, Juan, op. cit., tomo III, vol. 3, p. 801. La referen-
cia a la prohibición del cordero en las hostias en GALAVARIS, George; op. cit, p. 26 y ss.

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Los motivos iconográficos que pueden aparecer dentro de los moldes para
hacer hostias manifiestan gran variedad desde época temprana77. El anagrama de
Cristo, la cruz latina y escenas de Crucifixión se combinan con representaciones
del Cordero, pero también con representaciones de la Anunciación78, del Varón
de Dolores o de Cristo Resucitado79. Más extraños y casi únicos son otros ejem-
plares documentados en diversos museos europeos. Quizá el más conocido sea
uno de los conservados en el Musee National du Moyen Age de Paris, cuyas caras
reproducen, por un lado, escenas relativas a la vida de Jesús, rodeando a Cristo
entronizado y, por otro, a los doce apóstoles rodeando a su vez al Cristo Juez80.
Junto a este, otros más extraños muestran representaciones de pelícanos81, rosas82
o ángeles.
Sin embargo, dentro de las obras de arte, lo más frecuente dentro de la ico-
nografía de las hostias estampilladas es encontrar la representación de la cruz
latina, la Crucifixión o el anagrama de Cristo. La miniatura suele ser un buen
exponente de esta peculiaridad, y formas con iconografía impresa aparecen aso-
ciadas a algunas composiciones en obras del s. XV83. Más excepcionalmente,
dentro de algunas obras iluminadas pueden aparecer representaciones de hostias
que contiene otro tipo de iconografía, como es el caso de la representación del
Cristo Juez (Fig. 3)84.

77
Jungmann señalaba que lo normal era la aparición de la cruz, del anagrama de Cristo y, a partir
del s. XII, la escena de la Crucifixión o el cordero de Dios (vid. JUNGMANN, J. A., El sacrificio de la
Misa. Tratado histórico-litúrgico,Madrid, 1963.)
78
Vid. Los reproducidos en la obra de TRENS, Manuel, op. cit., figs. 69 y 70.
79
Ejemplares de estos dos últimos tipos han sido localizados en el Museo Episcopal de Vic (MEV
8117), existiendo paralelismos con ejemplares franceses.
80
Cl. 2067. El Museo conserva otros dos ejemplares más, mucho más sencillos
81
En el Musée de la Thiérache de Vervins, en Picardia, se conserva de forma excepcional un sello
datado en el s. XIV y realizado en piedra para la fabricación del pan eucarístico. Su iconografía es igual-
mente sorprendente: un pelícano alimentando sus polluelos y la inscripción «PAR AMOURS SUI
DONNES». El dossier de la obra puede consultarse en el Service Régional de l’Inventaire de Picardie
o sobre la referencia IM02002669 de la base de datos Palissy del gobierno galo.
82
L. Charbonneau señaló en una breve nota de la revista Regnabit (enero de 1925), un hierro para
hostias, del siglo XII, donde se ve la sangre de las llagas del Crucificado caer en gotitas que se trans-
forman en rosas.
83
Es el caso de una hoja de pergamino perteneciente al Breviario de Gérard de Montaigu, minia-
da entre 1410-1412 y conservada en el Musée National du Moyen Age de Paris (Cl. 11315). El tema
central es la representación de Dios Padre y los cuatro evangelistas.
84
Se corresponde con un Libro de Horas al uso de Roma, realizado en Poitiers y fechado c. 1475
(New York, Pierpont Morgan Library, MSM, 1001, fol. 17v). Éste recoge una imagen de la Hostia
Milagrosa de Dijon. Se trata de una de tantas hostias milagrosas que sangró para demostrar el milagro
de la Transustanciación. La representación plástica de la misma atiende con realismo a este suceso, y
aparece salpicada de pequeñas gotas (Vid. WIECK, Roger S., Painted Prayers. The Book of Hours in
Medieval and Reinassance Art, New York, 1997, p. 104, cat. 79.

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Fig. 3. Libro de Horas, MSM. 1001, fol. 17v, Pierpont Morgan Library, New York.

4.3.1. La cruz latina

El origen de este motivo derivaría casi con seguridad del uso pagano del
panis quadratus, es decir, de las partes en las que debía dividirse el pan. En un
primer momento, por lo tanto, parece que la posible iconografía o motivos estam-
pillados en las mismas obedecerían, tanto en Oriente como en Occidente, a la
necesidad de marcar los lugares por los cuales el pan debía ser fragmentado.
Serían pues marcas que facilitaran en origen la fractio panis que pasarían al
ámbito cristiano cobrando una nueva significación simbólica85. La cruz se impu-
so rápidamente y las cuatro partes en que el pan eucarístico debía dividirse pasa-
ron, con el tiempo, a configurar piezas independientes que llevaban cada una el
símbolo de la Pasión de Cristo, mostrando también de esa manera los que la pala-
bra de Pablo refería en I Corintios 10, 17: Porque aún siendo muchos, un solo
pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan86.

85
GALAVARIS, George, op. cit, pp. 29-31. También en los primeros tiempos del cristianismo
parece que, según otra costumbre de cortar el pan en tres pedazos (panis trifidus), estas tres divisiones
comenzaron a ser símbolo de la Trinidad, asociándose también a este concepto la representación de dos
triángulos imbricados o una roseta de nueve puntas.
86
Sin embargo, y de manera excepcional, sabemos que en la liturgia mozárabe existe la práctica
de dividir la Hostia en nueve partes: profesando en ellas los nueve misterios de propios de la fe del
cuerpo del Redentor, que tiene presente en realidad; a cada una pronuncia una palabra expresiva de
su significación: en la primera la Encarnación, en la segunda el Nacimiento, en la tercera la

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En el s. XV castellano se sucederá, por influencia de las distintas fuentes alu-


didas, el simbolismo de tipo moral aplicado a las distintas partes de la misa y sus
elementos87. La literatura de tipo devocional se impregna de estas ideas, ensal-
zando con gran misticismo los valores de la contemplación de la hostia durante
la misa, ofreciendo en ocasiones notas que se relacionan directamente con la ico-
nografía de las mismas. De nuevo la obra del franciscano Fray Ambrosio de
Montesino es la que resulta más interesante, pues tiene tres composiciones dedi-
cadas a la Eucaristía, de entre las que destaca su Tratado del Santísimo
Sacramento. En éste, llega ofrecer explicaciones de por qué la hostia es lisa por
un lado y ha de estar impresa con la cruz por otro:
No tocó en Dios eternal
mas que hizo su impresión
en sola su complesión corporal.
Y como la Hostia no sólo es memorial,
sino prenda de que Dios nos da seguro,
que aquí nos será paves
y que nos dará después
por ella el cielo de juro
si estamos vigilantes aquí,
tendremos gracia y lumbre
y después el reino y cumbre
que esperamos88.

Además, a través de sus versos, se consigue evidenciar de manera visual la


relación entre inmaterialidad de la hostia contemplada en el momento de la

Circuncisión, en la cuarta la Manifestación a los Reyes, en la quinta la Pasión, en la sexta la Muerte,


en la séptima la Resurrección, en la octava la Gloria, en la novena la Eternidad del Reino. Vid. TEJA-
DA Y RAMIRO, op. cit., tomo III, vol. 1, pp. 204-207. Además, todo el capítulo que lleva por nombre
«Disertación histórico-cronológica de la Misa Antigua en España, concilios y sucesos sobre su estable-
cimiento y mutación» (pp. 140 y ss.), resulta interesante por cuanto va haciendo una revisión de la litur-
gia y de la historia de este sacramento en España a partir de los diversos concilios y hechos históricos,
habiéndose citado muy poco en obras posteriores. Sobre la tradición de partir la hostia en diversas par-
tes y darles un simbolismo a cada una, disponiéndolas incluso en forma de cruz en otras liturgias, vid.
JUNGMANN, J. A., op. cit., p. 995.
87
No es objeto de nuestro estudio el referirnos a estas fuentes, numerosas aunque poco estudia-
das. Baste citar entre 1421 y 1423 la redacción del Sacramental por Clemente Sánchez de Vercial, autor
del famoso Libro de los ejemplos por A.B.C. Su difusión fue extraordinaria por toda la Península. A
pesar se su título se trata de una catecismo en toda regla y bajo en epígrafe de «Doctrina cristiana» se
conserva un incunable sevillano de 1477 en la Biblioteca Nacional de Madrid (BNE, sign., 1282).
88
Ésta es la más extensa y constituye una exposición teológica dedicada a la duquesa del
Infantado, Doña María de Pimentel. Las otras dos son mucho más breves: un romance y una cantilena
para cantar en la misa. Tiene también un tratado breve dedicado a la abadesa de Santo Domingo, Leonor
Ribera, con título en latín, y es una preparación para comulgar (vid. FRANCISCO, Julia de, op. cit., pp.
34-35). Puede consultarse también, para más datos sobre el autor de la obra y relaciones con otras com-
posiciones, la citada obra de RODRÍGUEZ PUÉRTOLAS, Julio, op. cit.

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Elevación por la que penetra la luz y su asociación habitual con la cruz, ya desde
la leyenda de Santa Helena89.
Dentro del mundo bizantino pero con posible incidencia ya en Occidente
dada su cronología, los escritos de Nicolas Cabasilas (c. 1300) resultan de gran
interés, llegando incluso a dedicar un epígrafe entero a las razones por las cuales
el sacerdote ha de marcar el pan con los símbolos de la Pasión de Cristo90. Un
poco más tardío pero interesante igualmente por la información que nos ofrece,
Simeón de Tesalónica (†1430) vuelve a subrayar la presencia de la cruz en el pan
eucarístico, incidiendo además en una nota importante ya vista, el círculo en que
necesariamente se ve inscrita. Para éste, será símbolo inequívoco entre la huma-
nidad (muerte en la cruz y cuatro partes en que queda dividido el pan) y la divi-
nidad de Cristo, asumiendo por lo tanto la forma geométrica circular como sím-
bolo de eternidad y perfección91.
Así, la imagen de la cruz latina, muy simple, aparece en muchas de las hos-
tias de las Misas de San Gregorio conservadas. Entre ellas, puede señalarse la
predela del retablo de nuestra Señora de los Milagros en Ágreda (Soria), fecha-
ble en el último cuarto del s. XV, pues siendo una obra de marcado carácter popu-
lar, no reniega de este elemento significativo dentro de la composición (Fig. 4).
La cruz, inserta dentro de la orla simple de la hostia, quedaría además, dada su
localización en el banco, bien visible a los ojos del celebrante, que se identifica-
ría con la figura del propio santo celebrando la misa92.

4.3.2. La Crucifixión

Como se ha señalado, dentro de las Misas de San Gregorio castellanas pode-


mos encontrar representaciones de cruces simples, pero también, dentro de deter-
minadas obras verdaderas crucifixiones o, incluso, calvarios completos con
María y San Juan. Esta iconografía responde a la de moldes conservados y fecha-
dos entre los siglos XIV y XV, muchos de ellos franceses, aunque algún ejemplo
peninsular puede localizarse en el Museo Episcopal de Vic93.

89
La asociación literal de ambos elementos deriva probablemente de la leyenda del descubrimien-
to de Santa Helena de las tres cruces sobre el monte Calvario, de entre las cuales la de Cristo irradiaba
milagrosamente luz para señalar que era la verdadera (vid. GALAVARIS, George, op. cit, p. 37).
90
CABASILAS, Nicolas, Explication de la divine liturgie, Paris, Editions du Cerf, 1967, colec-
ción «Sources chrétiennes», 4bis. Resultan también de capital importancia las referencias que ofrece en
relación a las ceremonias litúrgicas asociadas al pan eucarístico, las oraciones y los gestos del celebran-
te.
91
Vid. GALAVARIS, George, op. cit., p. 87.
92
Otros ejemplos de fines del s. XV o principios del s. XVI los ofrecen otra Misa de San Gregorio
conservada en el Museo de Arte Sacro de Ágreda (Soria) procedente de la iglesia de la Magaña, una de
las tablas de escuela burgalesa del Museo Diocesano de Palencia o la conservada en la iglesia parro-
quial de El Barco de Ávila, por citar algunas.
93
MEV 4989, MEV 15473, MEV 8117, MEV 3400, MEV 1978, MEV 1734, MEV 4620, MEV
4437, MEV 7838, MEV 8350, MEV 16352. Con Calvario completo el MEV 16356.

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Fig. 4. Predela del retablo de Nuestra Señora de los Milagros, Ágreda, Soria.

Esta iconografía la encontramos, por ejemplo, en la desaparecida tabla de la


iglesia parroquial de Villodo, en Palencia, así como, aunque muy deteriorada, en
la Misa de San Gregorio descubierta hace unos años tras el retablo mayor de
Colmenar Viejo, que ofrece la representación del crucificado rodeado por una
orla simple, ambas obras de fines del s. XV94. En ambas se observa claramente
la figura de Cristo clavada sobre el madero (Fig. 5).

94
Esta obra fue estudiada por MORENA BARTOLOMÉ, Áurea de la, «Pinturas murales en el
presbiterio: la Misa de San Gregorio», Revista de investigación «Cuadernos de Estudios» de Colmenar
Viejo, Año V, nº 6, Madrid, 1994, pp. 117-126.

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Fig. 5. Presbiterio de la iglesia parroquial del Colmenar Viejo, Madrid.

En lo que respecta a la temática de Calvario, se conserva un gran número de


obras hispanoflamencas de gran calidad que la contiene, como la del Maestro de
Salomón de Fromista, de la Colección Seligmann de Nueva York (Fig. 6). Junto
a esta, podrían citarse entre otras las Misas de San Gregorio de Juan Nalda con-
servada en el Museo Arqueológico Nacional, la de Fray Alonso de Zamora para
el retablo San Pedro de Tejada en Burgos95, la del Maestro de Osma para el reta-
blo de San Ildefonso de la catedral del Burgo de Osma (Fig. 7) o la del Retablo
de San Miguel de la iglesia parroquial de la Haza en Burgos (Fig. 8), en la que
además la presencia de los denarios por los que fue vendido Cristo como parte de
las Arma Christi refuerza la asociación mencionada entre la hostia y las mone-
das, cuyo simbolismo ha sido anteriormente mencionado.
En este punto conviene recordar las palabras de Fray Iñigo de Mendoza en
su Sacerdotales instructio circa missam, de 1499. La meditación durante el canon
está dedicada a la Pasión y como tal expone:

95
Hoy en el Museo de Burgos (nº inv 4959-67).

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Fig. 6. Maestro de Salomón de Fig. 7. Retablo de San Ildefonso,


Fromista, Colección Seligmann de Catedral de Burgo de Osma,
Nueva York. Soria.

Fig. 8. Retablo de San Miguel


de la iglesia parroquial de la
Haza, Burgos.

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Pues el alçar la ostia representa el subir y crucificar a jesu xpo en la cruz: claro
es que tu contemplación ha de ser contemplar la passion y muerte de nuestro jesu xpo:
y debes quando el sacerdote acaba el praefaecio: o acabando de decir los santos:
començar a contemplar y trae en tu memoria la passion…como si verdaderamente allí
pasase delante de tus ojos aquella muy preciosa muerte y passion suya: que aquel mis-
terio representa.96

4.3.3. El monograma de Cristo

Uno de los motivos estampillados que aparecen con más frecuencia en las
hostias es el monograma de Cristo en su contracción más habitual «JHS»97.
Como viene siendo habitual, nada se deja al azar, encontrando respaldo en los
propios textos de los liturgistas para justificar este hecho. Así, el propio Honorio
de Autun al que hacíamos referencia anteriormente para señalar el simbolismo
existente entre la forma circular de las hostias y los denarios, retoma de nuevo
esta imagen plástica para justificar la iconografía que llevan y nos dice:
La imagen del señor se representa con letras sobre este pan, porque sobre
el denario se graba la imagen y el nombre del emperador y porque gracias a
este pan la imagen de Dios entra en nosotros y nuestro nombre inscribe en el
libro de la vida98.

Fechado a fines del s. XIV, se conserva en San Millán de Suso un fragmen-


to de relieve escultórico que en ocasiones se asimila con la temática de la Misa
de San Gregorio por disponer sobre la mesa del altar una tiara, pero que sin
embargo no contiene ningún elemento de la visión milagrosa. Éste constituye uno
de los escasos ejemplos en los que la escultura de una misa se hace eco del estam-
pillage de las hostias, mostrando sobre un fondo simple y rodeado por una coro-
na circular la forma «JHS» (Fig. 9).
Este monograma aparece a menudo. En Castilla se ha localizado, entre otros
lugares, en la representación mural de la Misa de San Gregorio del Convento de
la Concepción Francisca de Toledo, obra trecentista de c. 1420-1425, así como
en otras obras castellanas pertenecientes a colecciones particulares99.

96
Fragmentos de esta edición, impresa en Nüremberg, son recogidos por VETTER, Edwald M.,
op. cit., p. 226, nt. 173.
97
En ejemplos de moldes de los siglos XII o XIII puede observarse como motivo la presencia de
un crismón, algo que no ha podido localizarse, por otra parte, en ninguna representación pictórica o
escultórica de las misas estudiadas que, siendo mucho más tardías, responden a los motivos más en uso
a partir de los ss. XIV y XV. Con respecto al molde con crismón del Museo Episcopal de Vic (MEV
9722), vid. AMENÓS, Lluïsa, op. cit., p. 100.
98
HONORIUS AUGUSTODUNENSIS, op. cit., liber I, cap. XXXV. Patrología Latina, tomo
CLXXII, col. 555. Guillermo Durando lo recoge también en su Rationale, en el que especifica el sen-
tido de las contracciones de Ihesus y Christus (Vid. DURANDO, op. cit., Liber II, cap. I).
99
Por ejemplo, en una tabla perteneciente a la colección Simonsen de Sao Paulo, en Brasil, de la
segunda mitad del s. XV.

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Fig. 9. Fragmento de Relieve conservado en San Millán de Suso (La Rioja).

Un caso especial lo constituye la a veces considerada como primera Misa de


San Gregorio conservada en España, inserta dentro del Retablo de D. Sancho de
Rojas y conservada en el Museo Nacional del Prado. Fechada en torno a 1419-
1420, muestra claramente la hostia en manos del pontífice. En ella, resulta curio-
so comprobar cómo existe una asociación directa entre el titulus de la cruz de
Cristo y el texto de la hostia, peculiaridad que, por otra parte, no ha podido cons-
tatarse en ninguna otra de las representaciones conocidas pero tampoco en nin-
guno de los moldes conservados que, con frecuencia, se limitan a la forma con-
traída «JHS» o «DHS». En ambos, el texto reproducido se corresponde al tradi-
cional Ihesus Nazarenus Rex Iudeorum, estando en el titulus abreviadas las dos
primeras palabras y en la hostia necesariamente contraída cada una por motivos
de adecuación al espacio, de modo que las abreviaturas quedan distribuidas en
cada una de las cuatro parcelas delimitadas por la cruz central100.

100
Sobre el titulus de Cristo, puede consultarse el clásico de THOBY, Paul, Le crucifix des origi-
nes au Concile de Trente: étude iconographique, Nantes, Bellanger, 1959, o las referencias aportadas,
más recientemente, por MORRIS, Colin, The Sepulchre of Christ and the Medieval West. From the
Begining to the 1600, Oxford University Press, 2005, p. 32. Se conservan algunos moldes para la fabri-
cación de hostias, sobre todo franceses, en los que la contracción «INRI» aparece, pero nunca confor-
me a la disposición de la mencionada tabla del retablo Sancho de Rojas que opta por contraer cada una
de las palabras del titulus.

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Parece por lo tanto como si el propio arzobispo al encargar la obra hubiese


querido dejar patente algo que ya recogía en las disposiciones del sínodo que
celebra en Palencia en 1412. Éste señala cómo, durante la misa, los que vienen a
las iglesias deven en ellas alabar o enxalçar el nonbre de nuestro Sennor
Jesuchristo101. (Fig. 10)

Fig. 10. Retablo de D. Sancho de Rojas, Museo del Prado, Madrid.

101
Vid. las disposiciones sinodales del obispo Sancho de Rojas del 4 de mayo de 1411, recogidas
a través del sínodo de Juan Sánchez (vicario general del obispo), el 3 de mayo de 1412. Bajo el epígra-
fe 13 titulado «Reverentia», en GARCÍA Y GARCÍA, Antonio, Synodicon Hispanum VIII. Burgos y
Palencia, Madrid, BAC, 1997, p. 412.

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5. Conclusión

El fiel medieval, al situarse delante de una representación plástica de la misa,


podía comprender y percibir los diversos niveles de realidad que acontecían den-
tro de la misma102. La representación de estas hostias estampilladas se ligaba
necesariamente con el milagro que tenía lugar sobre el altar y, en el caso concre-
to de la Misa de San Gregorio, la aparición del Varón de Dolores acentuaba el
valor de la Transustanciación de las especies103. Además, dentro de este tema ico-
nográfico, se observa cómo en Castilla esta característica es constante, diferen-
ciándose por tanto de sus contemporáneas europeas. Puede pensarse que el enor-
me tamaño de las hostias representadas en el caso castellano no es accesorio,
antes bien responde tanto a usos devocionales, justificados en páginas anteriores,
como litúrgicos. El hecho de que tienda a representarse el momento preciso de la
Elevación del cuerpo de Cristo para que fuese visto por los fieles, puede respon-
der quizá a formas litúrgicas derivadas del propio rito mozárabe que perviven en
el rito romano, tales cómo el rezo de las Indulgentiae, tan acordes por otro lado
con la iconografía representada104.
Junto a esto, se observa en las representaciones conservadas la preferencia
mostrar una iconografía en las hostias que responda a la forma de la cruz, el cru-
cificado o el calvario. Sabemos que la Misa de San Gregorio, cuenta la leyenda,
habría tenido lugar un Viernes Santo, detalle que muestran algunas tablas flamen-
cas muy elaboradas al presentar sobre la mesa del altar un misal abierto por el
Oficio de la Cruz105. De este modo, se hacía hincapié en los oficios litúrgicos de

102
Sobre los diversos niveles de realidad, vid. MARTENS, Didier, «Espace et niveaux de réalité
dans une messe de Saint Grégoire due au maître de Saint Barthélemy», Wallraf- Richartz- Jarbuch, V,
nº 48/49, 1987/8, pp. 45- 64.
103
El propio Gregorio Magno, en una de sus homilías, había hecho hincapié además en la idea del
«grano de la carne de Cristo», vid. Homilia 8, in die natalis Domini, vid. MIGNE, Patrología Latina,
LXXVI, col. 1104. No es éste momento para analizar la iconografía del Varón de Dolores; puede con-
sultarse en clásico de PANOFSKY, Erwin, «Imago Pietatis. Contribution à l´histoire des types du «
Christ de Pitié/Homme de Doleurs» et de la «Maria Mediatrix», en Peinture et dévotion en Europe du
Nord à la fin de la Moyen Âge, Paris, 1997, pp. 13-28 (1ª ed. Alemán 1927).
104
Sobre el rezo de las Indulgentiae, vid. CORBIN, Solange, La déposition liturgique du Christ
au Vendredi Saint, Paris-Lisboa, 1960, pp. 120 y ss. Ya a finales del s. XIV y en especial durante todo
el s. XV, el mecanismo de las indulgencias se pone en funcionamiento, condicionado por las circuns-
tancias económicas e históricas por las que atraviesa la mayor parte de Europa. La cantidad de años de
indulgencia plenaria que podían ser obtenidos rezando ante las imágenes de la Misa de San Gregorio,
acaba por superar cualquier interpretación simbólica y conduce a lo que algún especialista ha califica-
do como los más bellos ejemplos de piedad aritmética (vid. CHIFFOLEAU, J.: «Sur l´usage obsession-
nel de la messe pour les morts à la fin de la Moyen Âge». Faire Croire. Modalités de la diffusion et de
la réception des messages religieux du XIIe au XVe siècle. École Française de Rome, 1981, pp. 235-256.
esp. 242). Tienen entonces lugar las oraciones a Cristo, pretendidamente compuestas por San Gregorio,
que le invocan mediante los diferentes episodios de la Pasión. Las más frecuentes son las series de siete
oraciones que comienzan siempre de modo similar O Domine Ihesu Christe adorote in crucem penden-
tem…. A través de las mismas podían obtenerse hasta 14.000 años de perdón.
105
En España se conservan sendos ejemplos espléndidos de factura flamenca, como son una tabla
perteneciente a la Antigua Colección Roda de Madrid y el tapiz del Palacio Real. Este último, de fac-

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este día106. De hecho, incluso en la tabla de Sancho de Rojas, el deseo expreso de


relacionar la cruz y la hostia es evidente al reproducir ésta el texto del titulus de
aquella.
Dentro de la complicada simbología medieval que jalona el otoño de la Edad
Media, la tendencia a marcar el pan eucarístico cobra un nuevo sentido y empie-
za a utilizarse para aplicar un sentido moral a la verdadera comunión, aquella en
la que creen los fieles que aceptan el milagro de la Transustanciación y que les
ayuda a practicar convenientemente sus obligaciones litúrgicas107. Si durante la
Edad Media nada había quedado al azar a la hora de representar los diversos
temas en el arte, qué mejor manera que esta iconografía y sus detalles para la
transmisión de un mensaje teológico y dogmático que se convierte también en
objeto de devoción.

tura bruselense, fue regalado por Juana de Castilla a su madre, la reina Isabel la Católica. Se trata de
una manufactura de Pierre Van Aelst realizada a partir de modelo del pintor Colijn de Coter. El cartón
original encargado por la familia Holschuher de Nuremberg se encuentra hoy en el Germanisches
Museum de la ciudad (vid. HERRERO CARRETERO, Concepción, «La Misa de San Gregorio». A la
manera de Flandes: tapices ricos de la corona de España. Cat. Expo., Madrid, 2002).
106
Según el misal preconciliar (vid. de MOLINA, Vicente, op. cit) las lecturas del oficio eran:
Oseas 6 (al comenzar), Habacuc 3 (como Tracto), Éxodo 12, 1-11 (como Lección), Salmo 139 (Tracto),
Juan 18, 1-40, 19, 1-42. Habría que añadir además toda una serie de oraciones sobre los improperios y
la exaltación de la cruz, entre ellas el Vexilla Regis, que tan acorde resulta con la iconografía de la Misa
de San Gregorio. El Viernes Santo se eleva la hostia después del embolismo ut videri possit a populo,
vid. JUNGMANN, J. A., op. cit., p. 981. Vid. también RIGHETTI, Mario, Historia de la Liturgia,
Madrid, BAC, 1956-1957 (2 vols.).
107
En el folio 158v del libro de horas austriaco de Johann Siebenhirter (c. 1470) aparecen repre-
sentadas las tres maneras de comulgar, la del que cree en la Transustanciación, que consume una hostia
estampillada, la del que duda, que toma simplemente el pan y la del que niega el dogma, que experimen-
ta una transformación demoniaca del pan en sapo (vid. PALAZZO, Eric, op. cit., pp. 174-175, fig. 7).

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