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Apego Sexual: Deseo y Dependencia

El documento habla sobre el apego sexual y cómo difiere del amor. Explica que el apego sexual genera atracción y repulsión dependiendo de si la persona está presente o no, y cómo el deseo sexual une fuertemente a las personas pero una vez satisfecho genera fastidio. Relata el caso de una mujer que describe su pasión por su amante enfocándose en aspectos físicos y sensoriales como su olor, músculos y placer sexual. Esto sugiere que lo que siente es dependencia sexual y no amor, pues solo echa de

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Apego Sexual: Deseo y Dependencia

El documento habla sobre el apego sexual y cómo difiere del amor. Explica que el apego sexual genera atracción y repulsión dependiendo de si la persona está presente o no, y cómo el deseo sexual une fuertemente a las personas pero una vez satisfecho genera fastidio. Relata el caso de una mujer que describe su pasión por su amante enfocándose en aspectos físicos y sensoriales como su olor, músculos y placer sexual. Esto sugiere que lo que siente es dependencia sexual y no amor, pues solo echa de

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APEGO SEXUAL

El apego sexual, cuando es lo único que existe, genera una forma de


atracción/
repulsión. Su funcionamiento es más o menos como sigue: «Cuando no
estás conmigo,
el deseo me impulsa a buscarte a
cualquier precio, pero luego, una
vez me sacio,
quiero escapar de tu lado porque tu
sola presencia me genera fastidio».
¡Qué fácilmente confundimos el
amor con el sexo! Además de que
el orgasmo
parece tener cualidades místicas,
una de las principales razones de la
confusión es que
el deseo sexual une fuertemente a
las personas. Todo enamorado desea «devorar» al
ser amado. Un hombre me decía: «¿Por qué quiero casarme? ¡La amo! ¡La
necesito!
¡La deseo!». La semántica del amor y la del sexo superpuestas:
sentimiento, posesión/
apego y sexualidad. ¿Cómo dudar, si hay de todo? Pero si lo único que te
une son las
ganas sexuales, cada vez que Eros se va o acaba, el otro se hace
insoportable.
El apego sexual a una persona es similar a cualquier adicción en cuanto a
sus
consecuencias y características. No hablo de la dependencia «del sexo por
el sexo»,
sino de la dependencia sexual a alguien, a un cuerpo, a una anatomía
específica, a una
aproximación que encaja a las mil maravillas con uno y se hace
extremadamente placentera.
En cierta ocasión le pregunté a una mujer qué era lo que más le atraía de su
amante. La respuesta duró varios minutos: «Su olor... ¡Dios mío, su olor!
Huele a almendras
tostadas... Y sus brazos, la forma de sus bíceps... tan desarrollados... Las
venas
de su frente cuando se excita... Sus hombros en el momento de la
eyaculación,
que se inclinan para atrás... lo veo como un egipcio, como un faraón. Siento
como si su
pene me perteneciera y me completara en cada orgasmo... Puedo tener
cuantos quiera
y cuantos más tenga, más sigo teniendo. Y otra cosa, el calor que emana de
su cuerpo
nunca cambia, esa tibieza me vuelve loca... Antes nunca había reparado en
los glúteos
de un hombre (mi marido casi no tiene) pero los de él, tan bien puestos y
tan redondos,
¡me excitan y quiero mordérselos! ¡Es demasiado amor!». ¿Es amor lo que
experimenta?
Lo dudo, más bien sentía una pasión irrefrenable al placer que le
proporcionaba
un cuerpo; dependencia sexual a la enésima potencia. ¿Qué echaba de
menos de
él cuando no lo tenía a su lado? Lo fisiológico, sus recovecos, su piel, su
temperatura
corporal, sus venas, sus músculos... En fin, la apetencia de la que no era
capaz de prescindir.
Me pregunto ¿qué habría hecho esta mujer si su amante hubiera tenido un
accidente
que lo hubiera dejado inválido? ¿Habría amado (en sus términos) igual a
ese
hombre con unos diez kilos de más y un abultado abdomen? Después de
escuchar su
descripción «sensorial» le pregunté qué otro atributo admiraba de su
amante, y señaló
dos cualidades, para ella determinantes: «Va al gimnasio y levanta pesas».

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