FÁBULA DE ESOPO: EL LOBO Y LA GRULLA
A un lobo que comía un hueso, se le atragantó el hueso
en la garganta, y corría por todas partes en busca de
auxilio.
Encontró en su correr a una grulla y le pidió que le
salvara de aquella situación, y que enseguida le pagaría
por ello. Aceptó la grulla e introdujo su cabeza en la
boca del lobo, sacando de la garganta el hueso
atravesado. Pidió entonces la cancelación de la paga
convenida.
- Oye amiga - dijo el lobo - ¿ No crees que es suficiente
paga con haber sacado tu cabeza sana y salva de mi boca
?.
Moraleja: Nunca hagas favores a malvados, traficantes o corruptos, pues mucha paga
tendrías si te dejan sano y salvo.
FÁBULA DE LA BRUJA
Érase una vez una bruja que se ganaba la vida vendiendo encantamientos y fórmulas para
calmar la cólera de los dioses.
Con esta promesa a la bruja no le faltaban clientes y
conseguía grandes cantidades de dinero de este modo de
vida.
Pero un día fue acusada de ir contra las leyes y la llevaron
ante los jueces supremos del país.
Así, tras un juicio muy corto, la culparon y la hicieron
condenar a muerte.
Viéndola salir de la sala del juicio, una de las personas
presentes le dijo:
- Bruja , tú que decías poder desviar la cólera de los dioses,
¿Cómo no has podido persuadir a los hombres?
Moraleja: hay que ser precavido con quienes prometen
solucionar todo problema que tengas a cambio de dinero pero son incapaces de arreglar los
suyos.
LAS RANITAS Y EL TRONCO TALLADO
Una familia de ranitas que vivía en un lago, sentía
mucho temor por un tronco tallado que se veía desde
la orilla. Estas ranitas amaban las fiestas y la
diversión, pero sentían gran respeto por el tronco,
así que en muchas oportunidades trataban de no
hacer tanto ruido para no molestar al tronco.
Seguramente este personaje al que tanto le temían,
era un monumento de alguna tribu que ya no
habitaba en el lugar, pero como no se animaban a
acercarse para ver bien de que se trataba, solo
podían divisar un rostro serio y que inspiraba mucha
autoridad.
Un cierto día, en que se desató una terrible tormenta, el tronco cayo al lago y en ese
momento las ranitas pudieron ver con claridad, que era solo un tronco tallado que ningún
daño podía hacerles. Se rieron mucho de los temores por los que habían pasado y
comenzaron a jugar con él y usarlo de trampolín para sus zambullidas en el lago.
Moraleja: Lo que por ignorancia atemoriza, a veces es sólo digno de risa.
EL GATO Y EL RATÓN
Un búho, una comadreja, un gato y un
ratoncito, vivían en distintos lugares de un
tronco seco. Aunque eran enemigos naturales, y
desconfiaban uno del otro, ninguno dejaba su
refugio. El dueño del campo, un día decidió
eliminarlos, colocó trampas y una red en la base
del tronco.
El primero en caer, fue el gato, que al verse en
peligro comenzó a gritar. Al escuchar el ratón
se alegró, porque de esta manera se libraba de
su enemigo, pero el gato le dijo:
-Si yo muero quedaras a merced del búho y de
la comadreja, que quieren más que yo que seas
su alimento, pero si me ayudas, en gratitud te
compensare protegiéndote.
El ratoncito libero al gato, y huyeron del lugar. Pasado el tiempo el gato, se dio cuenta que
el ratón aun le temía, así que le dijo:
-¿Piensas que he olvidado mi promesa, cuando me salvaste de la trampa?
-¡No! - dijo el ratoncito-, pero tampoco olvido tu instinto, ni en qué circunstancias has
hecho la promesa.
Moraleja: Jamás confiemos en alianzas que hizo el miedo, en pasando el temor, valen un
bledo.
EL CERDO Y LOS CARNEROS
Había una vez una granja con todos sus animales.
El ella estaba las vacas, los caballos, los pollitos, los
carneros y los cerditos.
Un día, se metió un cerdo dentro de un rebaño de carneros,
y pastaba con ellos a diario.
Pero un día lo capturó el pastor y el cerdo se puso a gruñir y
forcejar. Los carneros lo regañaban por gritón, diciéndole:
- A nosotros también nos echa mano constantemente y nunca nos quejamos.
- ¿Ah si?- replicó el cerdo- ¡Pero no es con el mismo fin! A ustedes les echan mano por la
lana, pero a mí es por mi carne.
Moraleja:: Perder lo reponible no nos debe preocupar, pero sí el perder lo que es
irreparable.
Si conoces alguna otra fábula para niños y quieres compartirla con nosotros y los demás
padres, estaremos encantados de recibirla.
EL MONO Y EL LEOPARDO.
El mono y el leopardo trabajaban en un
circo, cada uno a su manera trataba de
atraer a la gente y así conseguir la mayor
cantidad de monedas diarias, que le
aseguraban una ración importante de
comida.
-¡Señoras y señores, hermoso público! -
decía el leopardo -, ¡pasen y vean que
bella piel que tengo, armónica en forma y
colores, admiren mis delicadas manchas,
mis perfectas líneas, es algo nunca visto!.
El público pasaba y miraba unos segundos
pero seguía su camino, sin sentirse muy
atraído por el animal. Por otro lado, el mono decía:
-¡Señoras y señores, los invito a ver algo realmente único, bailo, canto, hablo, entiendo su
idioma, juego con pelotas y aros; hago muchas cosas divertidas! La diversidad de la piel de
leopardo yo la poseo en mi imaginación, que es inagotable y si no se divierten lo suficiente
les regresaré su dinero.
Al público le resultaba imposible evadir una invitación tan prometedora, así que el mono
gracias a su inventiva conseguía todos los días muchas monedas.
Moraleja: ¡Cuantas personas, iguales al leopardo, no poseen mas talentos que sus
vestiduras!
EL HOMBRE Y LA CULEBRA
Un hombre, pasando por un monte, encontró una culebra
que ciertos pastores habían atado al tronco de un árbol, y,
compadeciéndose de ella, la soltó y calentó. Recobrada su
fuerza y libertad, la culebra se volvió contra el hombre y se
enroscó fuertemente en su cuello.
El hombre, sorprendido, le dijo:
– ¿Qué haces? ¿Por qué me pagas tan mal?
Y ella respondió: – No hago sino obedecer las leyes de mi
instinto.
Entretanto pasó una raposa, a la que los litigantes eligieron
por juez de la contienda.
– Mal podría juzgar – exclamó la zorra -, lo que mis ojos no vieron desde el comienzo. Hay
que reconstruir los hechos. Entonces el hombre ató a la serpiente, y la zorra, después de
comprobar lo sucedido, pronunció su fallo.
– Ahora tú – dirigiéndose al hombre, le dijo -: no te dejes llevar por corazonadas, y tú –
añadió, dirigiéndose a la serpiente -, si puedes escapar, vete.
Moraleja: Atajar al principio el mal, procura; si llega a echar raíz, tarde se cura.
LA LECHERA
Llevaba en la cabeza una lechera el cántaro al mercado con
aquella presteza, aquel aire sencillo, aquel agrado, que va
diciendo a todo que lo advierte: ¡Yo si que estoy contenta con
mi suerte! Porque no apetecía más compañía que su
pensamiento, que alegre la ofrecía inocentes ideas de
contento, marchaba sola la feliz lechera,
Y decía entre sí de esta manera:
“Esta leche vendida, en limpio me dará tanto dinero, y con
esta partida un canasto de huevos comprar quiero, para sacar
cien pollos, que al estío me rodeen cantando el pío, pío. Del
importe logrado de tanto pollo mercaré un cochino; Con
bellota salvado, berza, castaña, engordará sin tino; Tanto, que puede ser que yo consiga ver
como se le arrastra la barriga. LLevarelo al mercado; sacaré de él sin duda buen dinero:
Compraré de contado una robusta vaca y un ternero que salte y corra toda la campaña, hasta
el monte cercano a la cabaña.”
Con este pensamiento enajenada, brinca de manera, que a su salto violento el cántaro cayó.
¡Pobre lechera! ¡Qué compasión! Adiós leche, dinero, huevos, pollos, lechón, vaca y
ternero. ¡Oh loca fantasía, que palacios fábricas en el viento! Modera tu alegría; no sea que
saltando de contento, al contemplar dichosa tu mudanza, quiebre su cantarillo su esperanza.
No seas ambiciosa de mejor o más próspera fortuna; que vivirás ansiosa sin que pueda
saciarte cosa alguna.
Moraleja: No anheles impaciente el bien futuro; mira que ni el presente está seguro
LA LIEBRE Y LA TORTUGA
Una vez, una Liebre, se burlaba de las patas cortas y de la
lentitud al caminar de una Tortuga, sin embargo, esta no se
quedó callada, y se defendió lanzando una risa, y dijo a la
Liebre:
-“Puede que seas muy veloz amiga Liebre, pero, estoy más
que segura poderte ganar una carrera.”
La Liebre, sorprendida por tal decir, aceptó el reto sin
pensarlo dos veces, ya que ella, estaba muy segura de que
ganaría a la Tortuga a ojos cerrados. Entonces, ambos
propusieron a la Zorra, que señale el camino y la meta.
Días después, llegó el esperado momento de la carrera, y al sonar la cuenta de tres, inició la
carrera de estos dos contendientes. La Tortuga no dejaba de caminar y caminar, pero a su
lento paso, avanzaba tranquila hacia la meta. En cambio la Liebre, corrió ta n rápido que
dejó muy atrás a la Tortuga. Al voltearse y ya no ver a la Tortuga, la Liebre vio segura su
éxito sobre la carrera, y deicidio echarse una siesta.
Poco después, la Liebre despertó y vio si por atrás seguía sin llegar la Tortuga, pero al ver
hacia la meta, vio a la Tortuga muy cerca de la Final, y en un intento desesperado por correr
lo más veloz que pudo, la Tortuga llegó y ganó.
Moraleja: Con seguridad, constancia, y paciencia, aunque parezcamos lentos, siempre
lograremos el éxito. Recuerden, poco a poco, se llega muy lejos.
LAS RANAS Y LOS TOROS
Una rana, posada al borde de un estanque,
contemplaba a dos toros que se embestían
mutuamente en un prado cercano.
– ¡Mirad que riña tan tremenda! – dijo a una
compañera -. ¿Qué sería de nosotras si
animales tan corpulentos vinieran por aquí?
– No os asustéis -respondió la otra -.
¿Qué nos importan las riñas de esas bestias?
Además, esos animales no son de nuestra
clase.
– Cierto es – replicó la primera -, pero yo
pienso que el vencedor buscará refugio por estos lugares, y entonces podría aplastarnos con
su enorme peso si no tomamos las debidas precauciones. Ya ves, amiga mía, que no sin
razón me preocupa la contienda.
Moraleja: Cuando los poderosos riñen entre sí, los débiles sufren las consecuencias.
LA CIGARRA Y LA HORMIGA
Era un día de verano y una hormiga caminaba por el
campo recogiendo granos de trigo y otros cereales para
tener algo que comer en invierno. Una cigarra la vio y
se sorprendió de que fuera tan laboriosa y de que
trabajara cuando los demás animales, sin fatigarse, se
daban al descanso.
La hormiga, de momento, no dijo nada; pero, cuando
llegó el invierno y la lluvia deshizo el heno, la cigarra,
hambrienta, fue al encuentro de la hormiga para pedirle
que le diera parte de su comida. Entonces, ella
respondió: “Cigarra, si hubieras trabajado entonces, cuando yo me afanaba y tú me
criticabas, ahora no te faltaría comida.”
Moraleja: Cada uno debe aprender a responder de su propia conducta.
LA ZORRA Y LAS UVAS
Había una vez una zorra que llevaba casi una semana sin
comer, había tenido muy mala suerte, le robaban las
presas y el gallinero que encontró tenía un perro
guardián muy atento y un amo rápido en acudir con la
escopeta.
Ciertamente estaba muertecita de hambre cuando
encontró unas parras silvestres de las que colgaban unos
suculentos racimos de doradas uvas, debajo de la parra
había unas piedras, como protegiéndolas.
—Al fin va a cambiar mi suerte, —pensó relamiéndose
—, parecen muy dulces.
Se puso a brincar, intentando alcanzarlos, pero se sentía muy débil, sus saltos se quedaban
cortos los racimos estaban muy altos y no llegaba.
Así que se dijo:
—Para que perder el tiempo y esforzarme, no las quiero, no están maduras.
Pero resulta que si la zorra hubiese trepado por las piedras parándose en dos patas hubiese
alcanzado los racimos, esta vez le faltó algo de astucia a doña zorra, parece ser que el
hambre no la deja pensar.
Moraleja: Hay que esforzarse para conseguir lo que se desea pero pensando primero que es
lo que queremos y como conseguirlo, no sea que nos pongamos a dar brincos cuando lo que
necesitamos es estirarnos, y perdamos el tiempo y el esfuerzo.
EL BURRO FLAUTISTA
Esta fábula, salga bien o mal, me ha ocurrido ahora por casualidad.
Cerca de unos prados que hay en mi lugar, pasaba un borrico por
casualidad. Una flauta en ellos halló, que un zagal se dejó olvidada
por casualidad. Acercóse a olerla el dicho animal y dio un
resoplido por casualidad.
En la flauta el aire se hubo de colar, y sonó la flauta por
casualidad.
«¡Oh!», dijo el borrico. «¡Qué bien sé tocar! ¡Y dirán que es mala
la música asnal!»
Sin reglas del arte borriquitos hay que una vez aciertan por casualidad.
Moraleja: Sin reglas del arte, el que en algo acierta, acierta por casualidad.
LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO
Un buen día, un hombre paseaba por el bosque y se encontró una
hermosa gallina. Se la llevó a su casa y a los pocos días se dio
cuenta de que cada día ponía un huevo de oro . Se creyó que dentro
del estómago de la gallina habría mucho oro y se haría rico y la
mató.
Pero cual fue su sorpresa cuando al abrirla vio que por dentro era
igual que las demás gallinas.
Resulta que la gallina ponía huevos de oro pero ella no era de oro.
De modo que como la había matado se quedó sin la riqueza que la
madre naturaleza le había otorgado al dejarle en el bosque la gallina
de los huevos de oro.
Moraleja: Estad contentos con lo que tenéis y huid de la insaciable codicia
EL LEÓN Y EL RATÓN
Unos ratoncitos, jugando sin cuidado en un prado,
despertaron a un león que dormía plácidamente al pie de un
árbol. La fiera, levantándose de pronto, atrapó entre sus
garras al más atrevido de la pandilla.
El ratoncillo, preso de terror, prometió al león que si le
perdonaba la vida la emplearía en servirlo; y aunque esta
promesa lo hizo reír, el león terminó por soltarlo.
Tiempo después, la fiera cayó en las redes que un cazador
le había tendido y como, a pesar de su fuerza, no podía
librarse, atronó la selva con sus furiosos rugidos. El
ratoncillo, al oírlo, acudió presuroso y rompió las redes con
sus afilados dientes. De esta manera el pequeño ex
prisionero cumplió su promesa, y salvó la vida del rey de
los animales. El león meditó seriamente en el favor que acababa de recibir y prometió ser
en adelante más generoso.
Moraleja: En los cambios de fortuna, los poderosos necesitan la ayuda de los débiles.
EL ZORRO Y EL CUERVO
Cierto cuervo, de los feos el primero, robó un queso y,
llevando su botín fue a saborearlo en la copa de un árbol. En
estas circunstancias lo vio un zorro muy astuto, y comenzó a
adularlo con la intención de arrebatárselo.
– Ciertamente, hermosa ave, no existe entre todos los pájaros
quien tenga la brillantez de tus plumas, ni tu gallardía y
belleza.Si tu voz tan melodiosa como deslumbrante tu
plumaje, creo, y con razón, que no habrá entre las aves quien
te iguale en perfección.
Envanecido el cuervo por este elogio, quiso demostrar al
galante zorro la armonía de su voz. Al comenzar a graznar,
dejó caer el queso de su negro pico. El astuto zorro, que no deseaba otra cosa, cogió entre
sus dientes la suculenta presa y, dejando burlado al cuervo, se puso a devorarla bajo la
sombra de un árbol.
Moraleja: Quien a los aduladores oye, nada bueno espere de ellos.
EL AVARIENTO
Cierto hombre ávaro vendió cuanto poseía y convirtió su
precio en oro, el cual enterró en un lugar oculto; y
teniendo todo su ánimo y su pensamiento puesto puesto en
el tesoro, iba diariamente a visitarlo, lo que observado por
otro hombre fue a aquel sitio, desenterró el oro y se lo
llevó.
C uando el ávaro vino según costumbre a visitar su tesoro,
vió desenvuelta la tierra, y que lo habían robado, se puso a
llorar y a arrancarse los cabellos. Uno que pasaba viendo
los extremos que hacía aquel hombre, se llegó a él, y
después de informarse de la causa de su dolor, le dijo:
¿Por qué te entristeces tanto por haber perdído un oro que
tenías como si no lo poseyeras? Toma una piedra y entiérrala, figurandote que es oro, una
vez que tanto te servirá ella como te servía ese oro que nunca hacías uso.
Moraleja: De nada sirve poseer una cosa, si no se disfruta.
EL CAZADOR Y LA PERDIZ
Hace mucho, un Cazador que revisaba sus trampas que dejó en el
Bosque, descubrió en una de ellas una Perdiz. La Ave en suplica le
dijo: “Por favor buen Hombre, si usted me libera, le prometo que no se
arrepentirá.”
El Cazador confundido le dijo: “No te entiendo… ¿De qué estás
hablando?”
“Libéreme por favor, y le prometo que traeré a mis amigas Perdices
hacia su trampa y tendrá más a cambio de una.” – Respondió la Perdiz.
El Cazador pensó y respondió: “Si crees que por traicionar a tus amigas
lograrás convencerme y dejarte libre, te equivocas Ave. Alguien traidora como tu merece
un castigo.”
Moraleja: Debemos ser leales con nuestros amigos, por más que estemos en situaciones
riesgosas.
EL JOVEN Y EL ESCORPIÓN
Un día, un Joven andaba cazando saltamontes hasta que
se topo accidentalmente con un Escorpión. El Escorpión
notando las intenciones del Joven, le dijo muy molesto:
"Si me hubieras tocado, no solo hubieras salido muy
afectado, si no también hubieras perdido a todos tus
Saltamontes recolectados." Moraleja Cuida tus ahorros y
trata de tomar lo que no debes.
Moraleja Cuida tus ahorros y trata de tomar lo que no
debes.
FABULA EL ASTRÓNOMO
En un país muy lejano, donde la ciencia es muy
importante para sus habitantes, había un anciano
astrónomo, le gustaba realizar el mismo recorrido
todas las noches para observar las estrellas.
Un día, uno de sus viejos colegas le dijo que había
aparecido un extraño astro en el cielo, el anciano
salió de la ciudad para poder verlo con sus propios
ojos. Muy emocionado estaba el astrónomo mirando
al cielo, no se dio cuenta que a pocos pasos de él había un agujero. Cuando se cayó al
agujero comenzó a gritar pidiendo ayuda.
Cerca del agujero pasaba un hombre, el cual se acercó hasta el agujero para ver lo que
sucedía; ya informado de lo que había ocurrido, le dijo al anciano:
"Te ayudaré a salir de ahí, pero ten mucho cuidado la próxima vez que salgas por un lugar
que desconoces, tienes que estar muy atento por donde caminas ya que te puedes encontrar
con cualquier cosa en el suelo."
Moraleja: Antes de lanzarse a la aventura, hay que conocer el lugar por el que se transita.