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Evolución del lenguaje sobre discapacidad

El documento resume la evolución de la terminología utilizada para referirse a las personas con discapacidad a lo largo de la historia. Comenzando en el siglo XVII cuando solo se utilizaba el término "Retardo Mental" sin distinciones, hasta la actualidad donde se ha avanzado en la comprensión e inclusión de las personas con discapacidad. También explica brevemente la conceptualización histórica del término "Retardo Mental" y los cambios en su definición a medida que avanzaban los estudios científicos sobre la discap

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Evolución del lenguaje sobre discapacidad

El documento resume la evolución de la terminología utilizada para referirse a las personas con discapacidad a lo largo de la historia. Comenzando en el siglo XVII cuando solo se utilizaba el término "Retardo Mental" sin distinciones, hasta la actualidad donde se ha avanzado en la comprensión e inclusión de las personas con discapacidad. También explica brevemente la conceptualización histórica del término "Retardo Mental" y los cambios en su definición a medida que avanzaban los estudios científicos sobre la discap

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UNIVERSIDAD DE MORON

Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales

Materia: SEMINARIO DE METODOLOGIA DE LA INVESTIGACION

Código de la Asignatura: 15074

Titular: Dr. Francisco Espinoza

Alumno: Marone Natalia Matrícula: 47670071

Sede: San Martín Cuatrimestre: Sexto

Año: 2020
Area de conocimiento: DERECHOS HUMANOS.

Tema: Avance en la evolución sobre la comunicación en personas con discapacidad.

Discapacidad: es un término general que abarca las deficiencias, las limitaciones de la actividad y las
restricciones de la participación. Las deficiencias son problemas que afectan a una estructura o función
corporal; las limitaciones de la actividad son dificultades para ejecutar acciones o tareas, y las
restricciones de la participación son problemas para participar en situaciones vitales.
Por consiguiente, la discapacidad es un fenómeno complejo que refleja una interacción entre las
características del organismo humano y las características de la sociedad en la que vive.

Tema acotado:
En el siglo XVII las personas que presentaban alguna deficiencia eran señalados con un sólo
término "Retardo Mental" y no existía distinción. En el siglo XXI la sociedad en la que vivimos
ha dado grandes pasos en la comprensión e inclusión de personas con discapacidad y su relación
con el entorno. La superación de los viejos prejuicios en relación con la discapacidad, facilita
nuestras intervenciones sociales, amplía nuestras concepciones sobre las personas que tienen
mayores limitaciones, modifica nuestra visión del ser humano valorando la diferencia y la
diversidad, determina una convivencia en la que nadie viva en exclusión, porque se procura
la igualdad de oportunidades con independencia de nuestra edad, sexo, ideología, capacidad, e
intereses.
La evolución social lleva consigo un cambio en el lenguaje , que es reflejo de la sociedad del
momento. Si bien, la sociedad está cada vez más informada sobre la discapacidad no se debe
olvidar que todavía existe un lenguaje poco respetuoso y discriminatorio.

Objetivos generales:
La evolución de la terminología para dirigirse a las personas con discapacidad, como lo ha
asimilado la sociedad.

Objetivos específicos:
Conocer la visión que tiene la sociedad de los términos utilizados para dirigirse a personas con
discapacidad antiguamente y hoy en la actualidad. Y como el término personas con discapacidad
a contribuido a la dignificación de las personas con dichas deficiencias.

Situación problemática:
La lengua es un sistema de signos. Recordemos el marco teórico de Ferdinand de Saussure fue
un lingüista suizo, cuyas ideas sirvieron para el inicio y posterior desarrollo del estudio de la
lingüística moderna en el siglo XX. Se lo conoce como el padre de la "lingüística estructural"
del siglo XX..

Este inició el Estructuralismo desde el punto de vista lingüístico, debido a esta definición. Los
elementos que estructuran la Lengua son definibles por las relaciones que mantienen entre sí. El
habla es el uso de ese sistema. Esta es la diferencia esencial entre ambas realidades.

La lengua es un producto social. Es un amplio repertorio de signos que una soci edad va


elaborando a través del tiempo y que le pertenece. En definitiva, puede decirse que es una
creación social. El habla en cambio, es una acción y producto individual. Cada persona en
particular realiza actos de habla, utilizando la lengua que conoce.

la lengua perdura prolongadamente en el tiempo. (La lengua castellana por ejemplo, tiene
quince siglos de existencia).
En este sentido, Los términos para referirse a personas con discapacidades han tenido una
constante evolución Scheerenberger (1987) señala que la evolución de las distintas
concepciones y tratamiento de las personas con Retraso Mental en las últimas décadas
pueden entenderse como un cuarto de siglo prometedor. Sin embargo, las definiciones y
concepciones actuales del Retraso Mental todavía muestran influencias
del pensamiento desarrollado durante varios siglos (wodrich, 1986 citado en Bertugo 1985).
En esta línea podemos hablar de tres tendencias históricas en la definición de Retraso
Mental
* En primer lugar el Retraso Mental se identificó con la incompetencia para satisfacer las
demandas de la vida. El concepto surge como una necesidad social, cuya finalidad era la de
proteger el derecho de propiedad de los ricos. En 1324 se promulgó la ley "King"Act (Ley de
integración social de los minusválidos) en la que los denominados "idiotas" se les
consideraba incapaces de manejar sus propios negocios por los que sus propiedades
pasaban a su corona.
Fitzherbert en el siglo XVI, realizó uno de los primeros intentos en definición de Retardo
Mental: "... es idiota de nacimiento una persona que no puede contar o numerar hasta 20,
ni puede decir quién es su padre o su madre, ni decir su edad, entre otros... con lo que
puede parecer que no tuviere entendimiento de lo que es provechoso o nocivo para él".
* Además de estas habilidades funcionales, la habilidad mental requería una evaluación y
su importancia diagnóstica se vio consolidada con el trabajo de Binet que comienza a
investigar sobre la relación entre el desarrollo físico y el intelectual,  a comienzos del siglo
XX. Es por tanto la falta de habilidad cognitiva general lo que viene a reconocerse como una
segunda tendencia histórica de la definición de Retraso Mental.
* La tercera tendencia provino de los médicos que fueron quienes primero se ocuparon de
la evaluación de Retraso Mental, a través del análisis del origen de la enfermedad asumían
que la condición de Retrasado era causada por una patología orgánica, pero fueron
incapaces de ubicar signos objetivos distintivos del Retraso Mental.
Después de una ardua investigación este tema no tenía una conceptualización definida, y es
en el siglo XIX cuando Esquirol (Jean-Étienne Dominique Esquirol fue un psiquiatra
francés). plantea por primera vez la definió de idiota, diferenciándola de la demencia y de la
confusión mental, como fue considerado a menudo. Según éste se caracteriza por un déficit
intelectual constatable, de origen orgánico e incurable en la que la inteligencia nunca a
llegado a desarrollarse.
En los últimos años de éste siglo y principios del siglo XX el estudio científico de la
deficiencia mental comienza a aportar claves importantes para la comprensión de
la naturaleza de ésta, además de distinguirse la enfermedad mental se toma conciencia de
las múltiples causas y niveles de retraso y gracias al desarrollo de los tests de inteligencia se
unifica el criterio diagnóstico.
Leo Kanner fue un psiquiatra austríaco, de origen judío, considerado el padre del síndrome
conocido como autismo, en 1957 estableció que el grado de debilidad mental estaba
relacionado con el grado de dependencia del sujeto. Sin embargo, la adopción del criterio de
inadaptación entendida como consecuencia de un bajo Coeficiente Intelectual, como único
requisito, fue objeto de numerosas críticas referidas a la dificultad de medir con fiabilidad
el fracaso de la adaptación social, y que apuntaban la posibilidad de que los déficits en esa
adaptación social pudieran deberse a causas diferentes a las habilidades mentales
deficitarias. Se indicó por ejemplo que un sujeto podía ser considerado como retrasado en
un ambiente y en otro no.
Paralelamente a los cambios en concepción del Retardo mental se van produciendo
cambios positivistas en el tratamiento del mismo, planteamientos normalizadores e
integradores, desarrollo de métodos más eficaces, consideración de la modificabilidad
cognitiva en distintas edades y la emergencia de movimientos revindicadores de
los derechos de las personas con Retardo Mental. Sin embargo, continuaba sin darse
respuesta a la pregunta de si la deficiencia mental podía ser considerada como una
categoría diagnóstica única con sub. categorías diferenciadas a lo largo de un continuo
(ligero, medio, severo y profundo) dado que el constructor no ha demostrado nunca una
adecuada utilidad predictiva. Por ello, Landesman y Ramey (1989) y algunos autores y
profesionales recomiendan la desaparición como categoría diagnóstica clínica, para ser
reemplazado por evaluaciones y descripciones que reflejan una visión mas integrada de
la historia ambiental, biosocial y de las competencias ordinarias de cognición, adaptación
social y estatus emocional de estas personas. Se plantea adoptar un nuevo sistema que
consiste en la construcción de perfiles de desarrollo de las competencias del sujeto y de las
dificultades funcionales, relacionándolo con la evaluación de sus ambientes biosociales.
Segunda mitad del siglo XIX
En este siglo los puntos de vista sobre el Retraso Mental se caracterizan por una
transformación del enfoque categorial, comenzándose a establecer puentes cuantitativos
entre niños normales y niños con retraso leve. Esto supuso un cambio fundamental en
la teoría con la aportación de Sollier, Binet y Simon sobre la introducción del primer
concepto factible del cociente intelectual.
El primer problema que encontró Sollier, fue que la idiocia no es una entidad clínica, el
idiota es un ser anormal pero, su anormalidad varia en muchas dimensiones, por otro lado,
este no pertenece a una categoría diferente sino que se solapa con las formas mas leves del
trastorno. Para solucionar esto Sollier sugiere la posibilidad de medir su estado mental
buscando una comparación del mismo como una edad determinada en el niño normal. El
obstáculo en este caso que para que este principio fuese aplicable se requería que la causa
de la idiocia fuera idéntica en cada caso, pero esto, desafortunadamente no es así. Tanto los
principios como las conclusiones de Sollier son perspectivas modernas y rompen con el
pensamiento categorial hasta el punto que Binet y Simon no necesitaron buscar una
justificación para su obra, estos últimos se limitaron a repetir el punto de vista de Sollier,
según el cual se necesitaba establecer un diagnostico científico (cuantitativo) de los estados
de independencia.
Estos investigadores desarrollaron test psicológicos a comienzos de este siglo para
identificar a aquellos niños en edad escolar con riesgo de fracasar el programa educativo
estándar. Con esto se llegó a la conclusión de que el Coeficiente Intelectual era una medida
adecuada que se consideraba constante del individuo, esto llevó posteriormente a la
introducción del concepto de incurabilidad en la definición del retardo mental,
considerándose que el rendimiento en el test de Coeficiente Intelectual reflejaba un nivel
permanente y constitucional de capacidad mental y cerebral.
Hipótesis:
Cuando se ve a las personas desde lo humano, y se comienza después de muchas
investigaciones. Las organizaciones que se ocupan del tema, buscan un valor al
lenguaje, ya que influye sobre la manera de relacionarnos con las personas, con los
problemas y las vivencias de los mismos. Con el lenguaje se puede determinar la
inclusión-exclusión de un individuo en la sociedad y su pertenencia como ciudadano de
pleno derecho en la misma.
La presente investigación se concibe dentro de la normalidad de campo, de tipo descriptivo,
está en conseguir una situación lo mas real posible, utilizando para ello, tanto
la metodología cuantitativa como cualitativa", dadas las características del problema
planteado y de los objetivos a lograr que consiste en estudiar la evolución de la terminología
para dirigirse a personas con discapacidad

MARCO TEORICO:
Después de muchas investigaciones tratando de buscarle una definición a los problemas de
las personas que presentaban deficiencias, El uso y la intencionalidad, dan a muchas
palabras contenidos distintos a los que se les asigna teóricamente.
La organización mundial de la salud, conciente de ello, hizo referencia a la necesidad de
usar una terminología precisa y respetuosa, y ya en el año 1990 señaló: "el nombre que
damos a las cosas se relaciona íntimamente con nuestro modo de afrontarlas, sobre todo
cuando el nombre repercute en nuestra felicidad e infelicidad cotidiana y en forma de
organizar lo social y abordar igualdades o desigualdades entre los humanos".
Es aconsejable utilizar el sustantivo persona: persona con discapacidad en lugar de
discapacitado. Persona en situación de dependencia en lugar de dependiente.

El lenguaje constituye un medio a través del cual las personas se comunican entre sí. No
obstante, el lenguaje no está exento de prejuicios y muchas veces reproduce un discurso
estigmatizante que encuentra sus fundamentos en el paradigma de “normalidad” hegemónico.
El INADI trabaja desde sus diferentes áreas en la visibilización y desarticulación de este
discurso discriminatorio con el objetivo de contribuir, desde la comunicación, en la inclusión
de los distintos grupos en situación de vulnerabilidad. En el caso particular de las personas con
discapacidad, la discriminación en el lenguaje se evidencia en la utilización de ciertos términos
y la predominancia de la perspectiva de la discapacidad propia del modelo médico o
rehabilitador, que adopta una concepción reduccionista y asistencialista de las personas con
discapacidad. A continuación se desarrollan las recomendaciones sobre ciertos términos y
conceptos no discriminatorios presentes en el capítulo sobre “Discapacidad” de la publicación
de Buenas prácticas en la comunicación pública (INADI, 2012):

Como consecuencia de la carga negativa que conlleva la palabra discapacidad, ésta se ha


querido reemplazar con expresiones como persona excepcional, persona con capacidades
diferentes, persona con necesidades especiales, etc. Esta terminología resulta eufemística y se
recomienda no utilizar, ya que invisibiliza a la persona con discapacidad al emplear vocablos
alejados de la realidad. Hablar de capacidades diferentes puede llevar a pensar en
determinadas características sobresalientes, no habituales, incluso sorprendentes, a la vez que
subraya la diferencia partiendo de un criterio de normalidad en cuanto al uso de las
capacidades humanas. Por ello, aun queriendo ser inclusiva, resulta ser una expresión que no
ayuda a pensar en la diversidad como algo propio del ser humano. Tampoco el concepto de
necesidades especiales nos ayuda a pensar en términos inclusivos, ya que, en uno u otro
sentido, todos los individuos tenemos necesidades particulares que hacen a nuestra
singularidad. Priorizar el concepto de persona

Es habitual que se aluda a discapacitado/a, dándole un sentido de totalidad a algo que es


solamente una característica o cualidad. Por esto es necesario referir a persona con
discapacidad, terminología que permite cuidar la individualidad del sujeto y ubicar a la
discapacidad en su rol de cualidad, que no agota ni define todo lo que un sujeto es o pueda
llegar a ser. Es necesario que la terminología utilizada comunique que las personas con
discapacidad son, ante todo, personas que viven, sueñan, estudian, piensan, trabajan, tienen
familia y son parte de un todo. No son solo su silla de ruedas, su audífono, su bastón, su forma
diferente de expresarse. Se recomienda entonces utilizar la denominación persona con
discapacidad en lugar de discapacitado/a, así como también mencionar la deficiencia: persona
con problemas de visión o discapacidad visual, persona con problemas de audición, persona
con discapacidad intelectual, etc. En el caso de hablar de una persona con discapacidad visual,
no se recomienda referir a un/a no vidente, ya que evoca a una persona que no puede
predecir el futuro antes que a alguien con dificultad en la visión. Tampoco utilizar términos
como incapacidad o invalidez, ya que conllevan una carga peyorativa al implicar la idea de una
persona que no es capaz o que no es válida. . Es habitual, en la vida cotidiana y en los medios
de comunicación encontrar la actitud compasiva (“pobrecitos”) o el posicionamiento en una
actitud de dádiva o benefactora. Es frecuente escuchar en los medios expresiones como “¡Mirá
qué ejemplo: se recibió de abogada/o y es ciega/o!” o “¡se animó a venir a cantar y es
paralítico/a!”. Esta actitud niega la condición de sujeto que tiene derecho a tener la mayor
autonomía posible, a recibir el mismo trato respetuoso y ser reconocido en sus derechos,
cualesquiera sean sus cualidades. En este sentido, es necesario ver la problemática desde una
perspectiva de derechos y actuar conforme a ella. No estigmatizar a las personas que tienen
alguna deficiencia como personas que sufren o padecen. Sugerimos utilizar el verbo tener; por
ejemplo: tiene discapacidad visual. No deberían utilizarse términos negativos como padecer,
sufrir, estar afectado/a por, ser víctima de. Estos términos proceden de la presunción de que
una persona con una deficiencia de hecho sufre o experimenta una disminución en su calidad
de vida. Cuando se describe a una persona que tiene una deficiencia, se debe usar un lenguaje
neutral. No todas las personas con una discapacidad sufren; tampoco se encuentran en
posición pasiva de víctima o de ser/estar afectado/a.

Se recomienda no utilizar en sentido descalificatorio –ni siquiera en chiste– aquellas palabras


que refieren alguna deficiencia. Por ejemplo, términos como autista o esquizofrénico/a son
usados a menudo con el objetivo de descalificar. Se sugiere descartar de llano términos como
“mogólico/a” o “retrasado/a”.
MARCO NORMATIVO:
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad En 2008, a través de la
Ley N° 26.378, la República Argentina incorporó a su ordenamiento interno la Convención
Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad que tiene como propósito
según lo establece su Artículo 1° “promover y asegurar el goce pleno y en condiciones de
igualdad de todos los derechos humanos y libertades fundamentales para todas las personas
con discapacidad, y promover el respeto de su dignidad inherente”. El Artículo 2° de la
mencionada Convención define a la discriminación por motivos de discapacidad como
“cualquier distinción, exclusión o restricción por motivos de discapacidad que tenga el
propósito o el efecto de obstaculizar o dejar sin efecto el reconocimiento, goce o ejercicio, en
igualdad de condiciones, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales en los
ámbitos político, económico, social, cultural, civil o de otro tipo. Incluye todas las formas de
discriminación, entre ellas, la denegación de ajustes razonables”. La inclusión de principios
generales en su Artículo 3° como el respeto de la dignidad inherente, la autonomía individual,
la no discriminación, la participación e inclusión plenas y efectivas en la sociedad, el respeto
por la diferencia y la aceptación de las personas con discapacidad como parte de la diversidad
y la condición humana, la igualdad de oportunidades, la accesibilidad, entre otros, constituye
una prueba fehaciente del cambio de paradigma hacia el modelo social de discapacidad. La
Convención determina que los Estados deben adoptar todas las medidas necesarias para
garantizar la participación efectiva de las PCD en cada una de las actividades de la vida en
comunidad. El Artículo 12° reconoce el derecho de las PCD al “Igual reconocimiento como
persona ante la ley” y alude a su capacidad jurídica en tanto y en cuanto menciona que: “1. Los
Estados Partes reafirman que las personas con discapacidad tienen derecho en todas partes al
reconocimiento de su personalidad jurídica, 2. Los Estados Partes reconocerán que las
personas con discapacidad tienen capacidad jurídica en igualdad de condiciones con las demás
en todos los aspectos de la vida, 3. Los Estados Partes adoptarán las medidas pertinentes para
proporcionar acceso a las personas con discapacidad al apoyo que puedan necesitar en el
ejercicio de su capacidad jurídica”. En suma, la referida Convención a través de sus distintos
artículos pretende que la discapacidad sea abordada a nivel internacional desde una
perspectiva de derechos humanos y no discriminación, cuestionando de esa manera el
enfoque reduccionista e individualista que concibe la discapacidad como un problema médico
y propio de la esfera privada.

Censo 2010: inclusión de la temática de la discapacidad 1 En 2001, la Organización Mundial de


la Salud (OMS) publicó un documento titulado “Clasificación Internacional del Funcionamiento,
de la Discapacidad y de la Salud” (CIF) en el que se definió a la discapacidad como las
deficiencias en las funciones y estructuras corporales, las limitaciones en la capacidad de llevar
a cabo actividades y las restricciones en la participación social para el ejercicio de una
ciudadanía plena.

Asimismo, en el citado documento se mencionó por primera vez la medición de la


discapacidad, que establece cuatro dominios de referencia para determinar la condición de
discapacidad que pueden ser relevados en un Censo: capacidad de caminar, capacidad de ver,
capacidad de oír y capacidades cognitivas.
El Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas de 2010 revela que el 12,9 por ciento de
la población tiene una dificultad o limitación permanente para realizar una o más actividades
de la vida cotidiana. Cabe destacar que este porcentaje incluye a las personas que cuentan con
certificado de discapacidad y aquellas que no lo poseen pero declaran tener alguna/s
dificultad/es o limitación/es permanente/s para ver, oír, moverse, entender o aprender.
Asimismo, si sumamos al núcleo familiar de cada una de estas personas que, de una u otra
manera, están directamente relacionadas con esta problemática social de exclusión, el número
asciende considerablemente. Tomando en cuenta el tipo de dificultad o limitación
permanente, los datos del Censo arrojan que existe una mayor cantidad de personas con
discapacidad visual, seguida de la motora, auditiva y en último lugar la cognitiva. A su vez, el
Censo informa que, del total de la población a partir de los 3 años de edad viviendo con una
dificultad o limitación permanente, sólo el 14% asiste a un establecimiento educativo, del cual
más del 90% lo hace en una institución de educación “común” mientras que el resto opta por
la educación “especial”. La incorporación de la temática de la discapacidad al Censo Nacional
constituye un avance en materia estadística en relación a la Encuesta Nacional de Personas con
Discapacidad (ENDI) que se desarrolló entre 2002 y 2003. Asimismo, ubica a nuestro país a la
vanguardia de Estados que se han comprometido y cumplido con el desarrollo de políticas
públicas a favor de este colectivo, en particular aquellas relativas a las operaciones
estadísticas. La inclusión de la pregunta de personas con discapacidad permite ampliar el
abanico de conocimientos existentes acerca de este grupo, incor17 porando otras variables al
análisis como la demográfica, educativa, de seguridad social, entre otras. Los datos obtenidos
por el Censo en materia de discapacidad permitirán profundizar las políticas públicas
tendientes a garantizar el pleno goce y ejercicio de los derechos de las personas con
discapacidad.

La Constitución Nacional en su artículo 75, inciso 23 señala que: “Corresponde al Congreso


legislar y promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de
oportunidades y de trato y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por esta
Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos, en particular
respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad.” Los derechos
de las personas con discapacidad se encuentran consagrados en normas internacionales a las
cuales la República Argentina ha adherido, tales como la Convención Americana de Derechos
Humanos en materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y su Protocolo Adicional
(Ley N° 24.658), la Convención Interamericana para la Eliminación de todas las Formas de
Discriminación contra las Personas con Discapacidad (Ley N° 25.280) y la Convención sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad (Ley N° 26.378). El Artículo 18° del Protocolo
Adicional de la Convención Americana de Derechos Humanos indica que: “Toda persona
afectada por una disminución de sus capacidades físicas o mentales tiene derecho a recibir una
atención especial con el fin de alcanzar el máximo desarrollo de su personalidad”. En esta
línea, los Estados Parte se comprometen a adoptar diferentes medidas tales como: “a. Ejecutar
programas específicos destinados a proporcionar a los minusválidos los recursos (…) incluidos
programas laborales adecuados a sus posibilidades (…); b. Proporcionar formación especial a
18 los familiares de los minusválidos (…); c. Incluir de manera prioritaria en sus planes de
desarrollo urbano la consideración de soluciones a los requerimientos específicos generados
por las necesidades de este grupo; d. Estimular la formación de organizaciones sociales en las
que los minusválidos puedan desarrollar una vida plena”. En 2000, a través de la Ley N° 25.280,
la República Argentina incorporó a su legislación interna la Convención Interamericana para la
eliminación de todas las formas de discriminación contra las personas con discapacidad. Esta
Convención constituye el primer marco normativo regional que refiere específicamente a la
prevención y eliminación de todas las formas y situaciones de discriminación contra las PCD.
Conforme el Artículo 1° de la mencionada ley, se entiende por discriminación contra las
personas con discapacidad a “toda distinción, exclusión o restricción basada en una
discapacidad, antecedente de discapacidad, consecuencia de discapacidad anterior o
percepción de una discapacidad presente o pasada, que tenga el efecto o propósito de impedir
o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por parte de las personas con discapacidad, de sus
derechos humanos y libertades fundamentales”. Asimismo, la norma define que no constituye
discriminación por motivos de discapacidad “la distinción o preferencia adoptada por un
Estado parte a fin de promover la integración social o el desarrollo personal de las personas
con discapacidad, siempre que la distinción o preferencia no limite en sí misma el derecho a la
igualdad de las personas con discapacidad y que los individuos con discapacidad no se vean
obligados a aceptar tal distinción o preferencia. En los casos en que la legislación interna
prevea la figura de la declaratoria de interdicción, cuando sea necesaria y apropiada para su
bienestar, ésta no constituirá discriminación”. Cabe resaltar que los derechos de las personas
con discapacidad se encuentran consagrados también en los principios que emanan de la
Declaración Universal de Derechos Humanos (ONU, 1948), Declaración de los Derechos de los
Impedidos (ONU, 1975), 19 los Pactos Internacionales de Derechos Humanos, en especial el
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966) y el Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales (1966), la Convención Americana sobre Derechos Humanos
(1969) y el Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en
materia de derechos económicos, sociales y culturales (Protocolo de San Salvador, 1988), el
Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades
Fundamentales (1950), la Convención de los Derechos del Niño (ONU, 1989), de las Normas
Uniformes sobre la Igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad, de los
informes de la Comisión de Desarrollo Social (ONU, 1993), así como de las recomendaciones y
resoluciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 1983), de la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, de la Organización Mundial de la
Salud (OMS) y del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Puede mencionarse también
el Programa de Acción Mundial para las Personas con Discapacidad, Resolución 37/52 de la
ONU (1982). Asimismo, en nuestro país se encuentran en vigencia numerosas leyes y decretos
que regulan sobre la temática y refieren a ámbitos específicos de la misma. A modo de
ejemplo, cabe destacar las siguientes: Como ha quedado demostrado en estas líneas, la
normativa en materia de protección de los derechos de las personas con discapacidad es
extensa y constituye un gran avance en el reconocimiento de los derechos del colectivo. Sin
perjuicio de ello, se debe seguir trabajando en la plena implementación de estas normas y en
el reconocimiento y visibilización por parte de todos los componentes del tejido social de que
la discapacidad constituye un concepto dinámico que resulta de la interacción entre las
personas con deficiencias y las barreras sociales que evitan la participación plena y efectiva de
las personas con discapacidad en la sociedad. En este sentido, resulta fundamental que, desde
el lugar que cada uno/a ocupa en la sociedad. La Comisión Nacional Asesora para la
Integración de las Personas con Discapacidad (CONADIS): se reflexione acerca del modo en que
se puede contribuir a la modificación de estas barreras y a la idea de que la discapacidad es
parte constitutiva de la diversidad social.

CONCLUSIÓN:
La sociedad en la que vivimos ha dado grandes pasos en la comprensión de la discapacidad
y su relación con el entorno. La superación de los viejos prejuicios en relación con la
discapacidad facilita nuestras intervenciones sociales, amplia nuestras concepciones sobre
las personas que tienen mayores limitaciones, modifica nuestra visión del ser humano,
valorando la diferencia y la diversidad, ayuda a la normalización, determina una
convivencia en la que nadie viva excluido porque hay leyes que intervienen por la igualdad
de oportunidades, independientemente de nuestras diferencias.
El lenguaje es un factor básico en la construcción del pensamiento de una cultura. La forma
de relacionarse una persona en su medio viene determinada por el lenguaje utilizado y a la
inversa. Estamos conciente de que el lenguaje no es neutral e influye sobre la manera de
percibir y relacionarnos con las personas. Por tanto, el uso y la intencionalidad, dan a
muchas palabras contenidos a los que se les asigna teóricamente. En consecuencia, con el
lenguaje se puede determinar la inclusión o exclusión de un individuo en la sociedad y su
pertenencia como ciudadano de pleno derecho en la misma. Es por ello que es de gran
importancia la evolución de términos al dirigirnos a personas con discapacidad, ya que
estas merecen ser valoradas y tratadas como un ciudadano mas, sin embargo, la sociedad
ha aceptado estas diferencias pero, aun no las ha asumido, ya que, la diversidad humana no
esta solo en la discapacidad sino, el tener personalidades distintas, y que solo son valoradas
cuando se comprende que estas personas son biológicas, psicológicas y también social.

Bigliografía: Organización Mundial de la Salud (OMS); INADI; Convención Internacional sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad;  Verdugo, Miguel Angel. (Primer catedrático español de
Universidad que dirige una cátedra específicamente dedicada y circunscripta al campo de la
Discapacidad; SALVADOR CARULLA, L. (1995) Retraso Mental y Enfermedad Psiquiátrica:
Evaluación, Tratamiento y Servicios; www.conadis.gov.ar

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