Valoración de Puestos de Trabajo: Métodos y Aplicaciones
Valoración de Puestos de Trabajo: Métodos y Aplicaciones
las personas que forman parte de la misma, va a determinar aspectos tales como las funcio-
nes, tareas, responsabilidades, condiciones laborales, etc. del empleado que lo desempeña.
Asimismo, determinará, en gran parte, las ventajas sociales, el salario, el status personal y
profesional del ocupante. Por ello, se puede decir que los puestos de trabajo tienen un valor
Como consecuencia, una de las funciones que se deben llevar a cabo dentro de la ges-
tión de recursos humanos es determinar el valor que cada puesto de trabajo de la organización
tiene para la misma. Para conocer dicho valor, se utilizan las técnicas de valoración puestos,
cuyo objetivo fundamental es distinguir cualitativa y cuantitativamente entre los puestos que
conforman la organización (Ariza et al., 2004; Pereda y Berrocal, 1993), con el fin de deter-
minar el valor relativo que cada uno de ellos tienen para la misma (Armstrong, 2007; Arms-
trong y Taylor, 2014; Muchinsky, 2000; Pandey y Leelashree, 2012; Scholl y Cooper, 1991)
Una vez conocido el contenido de los puestos de trabajo, a través del APT, será preciso
tomar una serie de decisiones referidas al valor relativo de cada dato, lo que permitirá, poste-
es conocer el valor absoluto de cada puesto (Chaneta, 2014), sino las diferencias en valor que
ganización, aunque lo más habitual es emplearlos como punto de partida para la elaboración
de planes salariales.
sus aplicaciones y los distintos métodos que se pueden utilizar para llevarla a cabo.
Tal y como afirman Fernández- Ríos y Sánchez (1997), al abordar el tema de la VP, el
primer aspecto que hay que abordar es su definición. Así, aunque no existen dudas con res-
pecto a su significado, no es menos cierto que hay una gran variedad de denominaciones y
minológicas para la VP, como “valoración de tareas”, “calificación del trabajo”, “evaluación
de puestos”, “valoración de cargos”, “clasificación de puestos” etc., que, a pesar de que algu-
nos autores traten de indicar que se refieren a temas diferentes, cuando se analizan las distin-
tas definiciones, en general, puede considerarse que se está hablando de lo mismo, utilizando
términos diferentes.
del tiempo.
permite analizar el contenido de cada trabajo, con el fin de determinar su importancia” (p.
14).
bajo como “un procedimiento sistemático utilizado para el estudio de los trabajos y la deter-
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minación de la importancia de cada uno de ellos y su mérito, en relación con los demás traba-
De Lucas Ortueta (1963) considera que la evaluación de tareas es “un método sistemá-
tico de valorar en forma comparativa las dificultades que se presentan en una tarea con res-
pecto a las que tienen otras actividades dentro de la misma organización. Imponiendo dicho
tareas, la cual permite adjudicar a cada una un pago justo y proporcional a su nivel e impor-
Fertonani y Actis (1978), por su parte, la definen la valoración de tareas como “el pro-
ceso operativo que permite determinar y atribuir al terminar la fase de análisis, definición y
lor relativo (expresado en términos no monetarios) de cada tarea, en relación con todas las
Henderson (1988), más que una definición de la VP, presenta una descripción de la
misma al afirmar: “el término valoración de puestos se ha aplicado a una gran variedad de
tecnologías utilizadas por las organizaciones para obtener una ordenación de los trabajos en
de una ordenación de todos los trabajos (desde el más valorado por la organización hasta el
menos valorado) hasta una valoración numérica muy precisa que proporciona no sólo la or-
denación de los puestos, sino, también, información muy concreta sobre las diferencias en va-
lor desde el más alto al más bajo. En términos de medida, la valoración de puestos puede
de un valor (e.g., salario) a los puestos de trabajo en las organizaciones” (p. 313).
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valor relativo de los puestos de trabajo dentro de una organización” (p. 13).
Fernández- Ríos y Sánchez (1997), proporcionan una definición según sus propias pa-
labras “breve, sencilla y clara” (p. 92) y definen la VP como “una metodología que permite
Gómez-Mejía, Balkin y Cardy (1998) definen la clasificación del puesto de trabajo co-
mo “proceso mediante el cual se determina el valor o la contribución relativa que los diferen-
contenidos de cada puesto y define, en función de éstos, de una forma racionalmente justifi-
cada puesto con respecto a los restantes, es decir, su orden a efectos de jerarquía” (p. 230).
Martínez (2004), indica que la VP es “un proceso a través del cual se puede conocer la
una técnica que permite establecer datos comparativos entre los distintos puestos de trabajo,
Puchol (2012), define la VP a partir de las definiciones más utilizadas en los manuales
españoles y lo hace como “procedimiento sistemático para determinar el valor relativo de los
puestos de trabajo en una organización sin considerar al ocupante del mismo, con el fin de
conseguir una estratificación justa y aceptada por los mismos” (p. 265).
determinar el valor relativo de los puestos para crear una estructura de puestos para la organi-
zación. La valoración se basa en una combinación del contenido del puesto, habilidades re-
queridas, valor para la organización, cultura organizacional y el mercado externo. Este poten-
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cial de combinar fuerzas organizativas y del mercado externo es a la vez una fortaleza y un
Recogiendo las ideas aportadas por los diferentes autores y la propia experiencia profe-
sional en el tema, se define la VP como: el proceso sistemático, a través del cual se definen y
se aplican una serie de procedimientos de análisis y toma de decisiones, que permiten deter-
la VP:
objetivas y más o menos cuantitativas, para obtener una ordenación final de los
Taylor, 2014; El-Hajji, 2011a) dividido en fases, en cada una de las cuales es preci-
so tomar una serie de decisiones y llevar a cabo un conjunto de acciones muy con-
estos datos en una ordenación o puntuación final de cada uno de los puestos.
claras de los niveles en las que las demandas están presentes en un trabajo, o los
creto; por tanto, durante el proceso de VP será necesario tomar decisiones, en fun-
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ción de los criterios definidos previamente (Dogan, Onder y Demir, 2014; Pereda y
Berrocal, 2011), sobre la importancia o nivel de los puestos de trabajo, con el fin de
maximizar la objetividad del proceso. Pero es difícil (por no decir imposible) elimi-
mente subjetiva. Tal y como indica Madigan (1985) “el valor real de los puestos es
un concepto sobre el que las partes están de acuerdo” (p. 139); o, en palabras de
239). Por lo tanto, puede decirse que una medida del trabajo verdaderamente objeti-
va o no sesgada es imposible.
disponible sobre los objetivos, características, requerimientos, etc. que han sido
ción; sin embargo, Armstrong y Baron (1995) indican que el término de importan-
cia no es muy apropiado porque implica un juicio de valor que caracteriza a algunos
puestos y, por tanto, a las personas que los ocupan de una forma despectiva, cuando
todos los trabajadores son importantes para la organización. Los mismos autores in-
pueden ser evaluadas con respecto a ello, a través de los oportunos programas de
evaluación del rendimiento y del desempeño, pero al estar referido a personas, sería
cada uno de ellos tiene con respecto a los demás; es decir, tal y como señalan Pereda y Berro-
cal (1993), distinguir cualitativa y cuantitativamente entre los puestos que conforman la or-
ganización.
ción con otros, información que podrá ser utilizada con distintos propósitos.
Históricamente, la VP ha sido realizada como paso previo para el tratamiento más or-
Lehto y Landry, 2013; Madigan, 1985; Milkovich et al., 2014; Schwab y Heneman, 1986), ya
que ayuda a desarrollar y mantener una estructura salarial equitativa mediante la comparación
de las similitudes y las diferencias en el contenido y el valor de los puestos de trabajo (Gupta
y Chakraborty, 1998; Kahya, 2006; Spyridakos, Siskos, Yannacopoulos y Skouris, 2001). Pe-
ro su utilidad, va más allá de los temas salariales (De Nieves, García y Ros, 2008; Fernán-
dez-Ríos y Sánchez, 1997; HayGroup / SAP, 2006; Lanham, 1962; OIT, 1983; Pereda et al.,
2014; Puchol, 2012; Spyridakos et al., 2001), facilitando y ayudando al desarrollo de las ac-
particular. Sin embargo, cuando se acude a la bibliografía relacionada con el tema, son muy
puntos de vista:
Cooper y Rothmann, 2013; Dogan et al., 2014; El-Hajji, 2012; Landy y Conte,
definir los ajustes con base a la diferenciación relativa de los puestos (Orue-
car la estructura de los mismos (Tiffin y McCormick, 1974). En este punto es im-
81
(Quijano, 2006).
(Milkovich et al., 2014), los cuales se establecen y son conocidos a través de las
chinsky, 2000).
d. Proporciona una base racional de retribuciones (Sȋrbu y Pintea, 2014) que permite
comparativos (K. R. Davis y Sauser, 1993), lo que puede redundar en una reduc-
ción de las quejas y rotación del personal y, por consiguiente, una mejora del cli-
rios para los nuevos puestos de trabajo (K. R. Davis y Sauser, 1993).
personal, así como proporcionar una estructura para la revisión periódica de suel-
una herramienta que ofrece los medios para lograrlo (Gilbert, 2005). Se considera
en estos momentos que es el instrumento más fiable de que se dispone para detec-
de trabajo y no a las personas que los desempeñan (Figart, 2001). Esta es una de
las razones por la que en las décadas de 1970 a 1990 uno de los temas más estu-
diados fuera el tema del valor comparable, lo que implica dar a las personas el
mismo salario por desarrollar un trabajo comparable (Landy y Conte, 2010; Mu-
Aguinis, 2008).
Ya Charles Walter Lytle en 1946 decía que la VP permite “valorar de forma im-
personal los puestos, sin tener en cuenta la raza, el credo, color, edad o sexo del
trabajador, a menos que estas variaciones personales sean pertinentes a los puestos
i. Sirve de base para la negociación colectiva (Lanham, 1962), facilitando que se al-
Esta es una de las razones por la que los representantes de los trabajadores solici-
tan que sean realizados procesos de VP como medio para diseñar y definir la polí-
ciones, es importante volver a señalar que la VP, no permite determinar de forma di-
recta el salario total de un puesto (El-Hajji, 2012), pero sí ayuda a la empresa a decidir
cómo deben agruparse los puestos de trabajo (Cushway, 2015). Por tanto, la determi-
nación de la retribución de los puestos es un proceso distinto y que se realiza con pos-
terioridad a la valoración.
2. A nivel de organización puede ser un instrumento muy útil, según HayGroup / SAP
los existentes y delimitar las responsabilidades entre los mismos a todos los ni-
veles de la organización.
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2014; Fernández-Ríos y Sánchez, 1997; HayGroup / SAP, 2006; Jiménez, 2011; Pereda et
al., 2014):
“Se entiende por grupo profesional el que agrupe unitariamente las aptitudes
eficacia y con todo su potencial, es una valiosa herramienta que va más a allá de su utiliza-
ción para determinar las retribuciones, permitiendo hacer crecer el talento internamente, op-
de los objetivos que se pretendan conseguir y/o el método que se vaya a utilizar para llevarla
cabo (Roig, 1996). En general, las etapas que se presentan a continuación deberán formar
Aunque pueda parecer que esta etapa en principio no forma parte de las fases del desa-
la organización, así como la comprensión y aceptación del mismo por parte de los trabajado-
res.
Por tanto, en primer lugar habrá que determinar la necesidad, es decir, por qué es nece-
persigue con este análisis de la viabilidad del programa es su justificación y aprobación por
parte de la dirección.
Durante esta fase igualmente habrá que determinar el ámbito de aplicación del plan, en
en particular, debido a que esta decisión marcará las siguientes fases, influyendo directamente
se van a valorar.
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En principio, es conveniente aplicar los sistemas de valoración a todos los puestos, so-
bre todo si sus resultados van a ser utilizados para la racionalización de salarios. Sin embar-
go, en ocasiones si las reticencias a su utilización son muy altas en determinados ámbitos o
por no alterar bruscamente el sistema organizativo, puede resultar beneficioso comenzar por
En realidad, se trata de definir las aplicaciones que se van a dar los resultados de la VP,
debido a que éstas marcarán la decisiones a adoptar a la hora de diseñar y aplicar el proceso a
seguir.
Lehto y Landry, 2013; Lewis y Stevens, 1990; Schwab, 1985; Schwab y Grams, 1985), el
cual tiene como misiones fundamentales velar por la claridad y objetividad de todo el proce-
so, dar el visto bueno a todas las decisiones que se vayan tomando a lo largo del mismo, y
elaborar el manual de valoración. Por tanto, el papel del comité será el de actuar como meca-
En el comité de valoración deben estar representados tanto la dirección como los repre-
sentantes de los trabajadores (Alfaro, Alfaro F. J. y Alfaro S., 2002; Orue-Echevarría, 2004;
Vitet, 1976), siendo la única condición que deben cumplir los miembros, que conozcan per-
fectamente la organización y los puestos a valorar. Lo más adecuado es una composición pa-
ritaria del mismo (Lapierre, 1962), aunque, en realidad, esto no sea tan importante debido a
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que las decisiones habitualmente se toman por consenso entre todos los miembros (Arvey,
1986; Benson y Hornsby, 1988; Kahya, 2006; Scholl y Cooper, 1991; Schwab y Heneman,
1986). Sin embargo, los acuerdos por consenso están sujetos a una serie de problemas poten-
ciales que incluyen: diferencias en el poder jerárquico de los miembros, la formación de coa-
liciones, las presiones de conformidad y el pensamiento grupal (Taylor, 1984), entre otros,
1988). Tales problemas pueden conducir a valoraciones diferentes de las obtenidas a través
problemas expuestos puede resultar muy útil la participación de un consultor externo que
consenso para la toma de decisiones del comité de valoración (técnica de consenso tradicio-
concreto, el sistema FES (Factor Evaluation System). En su estudio evaluaron las diferencias
entre las puntuaciones iniciales de los miembros del comité y las puntuaciones finales, encon-
trando que el método utilizado afectaba a la valoración final. Por ejemplo, la utilización del
grupo evaluaciones más bajas y en la técnica Delphi no se produjeron cambios. Además, eva-
luaron el grado de satisfacción de los sujetos con respecto a los distintos procesos de toma de
decisiones, encontrando que la mayor satisfacción se obtuvo con la técnica Delphi, y con el
que menor satisfacción mostraron fue con la técnica nominal de grupo. A raíz de estos resul-
tados se podría pensar que la metodología más adecuada es la técnica Delphi o el método tra-
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ción habrá que sopesar los pros y contra de cada una de las metodologías.
b. En cuanto al resto de miembros del comité se pueden distinguir dos tipos (Eargle,
sonas que rotarán en función de los puestos que en cada momento sean objeto de
puestos estén siendo valorados, ya que es una persona que posee conocimientos
profundos de los puestos y, por tanto, su intervención será muy apreciada en el ca-
determinar a priori un número ideal, debido a que dependerá, entre otros factores, de las par-
tes implicadas en el proceso o del número y naturaleza de los puestos a valorar. Pese a estas
dificultades, se han hecho algunos intentos para establecerlo. Por ejemplo, Alfaro et al.
(2002) y Dessler (2001) y sugieren cinco miembros; Eargle (2013) da un intervalo entre cua-
tro y siete personas; Olney (1987) establecen un número entre seis y diez, con el fin de que
y Cummins (2008) indican que la experiencia sugiere que comités con más de diez personas
pueden dificultar la participación de todos sus miembros, pero que en ocasiones se necesitan
equipos mayores para asegurar la plena representación en el caso de que haya varios sindica-
tos y quieran participar, asimismo, indican que equipos de menos de seis o siete personas es
mismo (El-Hajji, 2011c; Taber y Peters, 1991), facilitando con su creación la aceptación de
los resultados por parte de los trabajadores (G. Martínez, 2004; Risher, 1996), al mismo
tiempo que permite reducir las inconsistencias de evaluadores individuales (Lawshe y Wil-
son, 1947).
debe participar o únicamente ser informada de los resultados de la valoración. Desde nuestro
desde el principio del proceso, es más probable que se logre la aceptación de los resultados
90
finales (Daniels, 1953; Lehto y Landry, 2013; G. Martínez, 2004; Milkovich et al., 2014;
Mulcahy y Anderson, 1986), garantizándose una mayor transparencia formal del proceso
(Armstrong et al., 2003; HayGroup / SAP, 2006), lo que evitará que se produzcan considera-
ciones erróneas (Tiffin y McCormick, 1974) y sean aceptados como justos y equitativos.
En concreto las funciones básicas del comité de valoración son (Roig, 1996):
los puestos, sin que se omita ninguna actividad fundamental y requisito básico (Co-
esté adecuadamente formado (Heneman, 2003) con respecto a las tareas que tendrán que
desempeñar, al no ser suficiente con que conozcan la organización y los puestos a valorar.
Por ejemplo, se ha encontrado que los sujetos entrenados tienden a mostrar menor indulgen-
cia y mayor dispersión en sus valoraciones (Hahn y Dipboye, 1988) que los que no lo están y
que una adecuada formación mejora la fiabilidad y validez de las calificaciones (Hahn y
Dipboye, 1988).
91
asumir y las dificultades que tendrán que afrontar (Vitet, 1976); así como ser formados en el
Durante la formación se deberá prestar especial atención a los posibles sesgos que pue-
den afectar durante la valoración, tanto a los que se puedan producir de forma involuntaria
como a los que se producen de forma intencionada (Martin, 2011), debido a que cuando las
personas están correctamente formadas y motivadas para la toma de decisiones que implica
– El efecto halo, consiste en guiarse sólo por la impresión dominante o un único rasgo
puesto de trabajo. Este efecto puede llevar a contaminar las valoraciones en función
sobre alguna característica del trabajo. Lo que en VP se traduce en ser muy exigente
proceder a sumar o restar dicho valor de cada una de las puntuaciones individuales
de los miembros del comité (Roig, 1996), también, se minimiza si el comité adopta
– Error de tendencia central, que consiste en dar calificaciones medias a todos por in-
miembros del comité tienden a dar puntuaciones promedio, no utilizando los extre-
92
mos. Se considera que este error se produce por un insuficiente conocimiento del
puesto de trabajo. Para evitar este error, será necesario definir de forma clara, preci-
ran.
puestos, los ocupantes de los puestos o en función de la retribución salarial que re-
cibe el puesto.
aquella que se considere que permitirá alcanzar de forma óptima los resultados esperados.
Aunque desde principios del siglo pasado, han sido múltiples los métodos o sistemas
que se han utilizado para la VP, éstos se pueden clasificar en función de las siguientes carac-
terísticas:
alguna escala.
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suelen clasificar en métodos globales y/o cualitativos y métodos analíticos y/o cuantitativos
(e.g., De Nieves et al. 2008; Fernández-Ríos y Sánchez, 1997; Fertonani y Actis, 1978; Orue-
Echevarría, 2004; Peña, 1987; Pereda y Berrocal, 1993; Roig, 1996; Vitet, 1976).
Tabla 2.1
Sistema de comparación
Otros puestos Escala de medida
Naturaleza Cualitativo Jerarquización Clasificación
del resultado
Cuantitativo Comparación de factores Puntuación
Dentro de los cuatro métodos básicos se pueden englobar las diversas variantes y com-
descripción de los puestos, que dependiendo del sistema elegido, será general y se realizará
en términos amplios, o específica; y que todo proceso de VP debe ser realizado por un comité
de valoración, el cual puede estar constituido por personal interno, consultores externos, o
denominados cualitativos, sistemas que tenían por finalidad clasificar jerárquicamente los
puestos se realiza comparando de forma completa o global cada puesto con el resto de pues-
tos, o con respecto a una escala previamente definida (Gilbert, 2012), para decidir su mayor o
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menor importancia, sin que medien criterios explícitos de comparación y con la finalidad de
producir una única escala o lista ordinal. Esto no quiere decir que no se tengan en cuenta las
características básicas de los puestos, sino que se las considera conjuntamente. Estos métodos
aunque son fáciles y rápidos de aplicar y permiten ordenar los puestos según su importancia,
no permiten expresar cuantitativamente las diferencias en valor relativo existente entre ellos.
de clasificación.
reciben debido al hecho de que se atribuyen valores a los puestos a través del análisis de un
tendiéndose por tales, aquellas características de los puestos que aportan valor a la organiza-
ción y que, por tanto, ayudan a desarrollar su estrategia y alcanzar sus objetivos (Milkovich et
al., 2014), y en función de los cuales los empresarios pagan una compensación (Muchinsky,
2000; Tompkins, Brown y McEwen, 1990), si esta es la finalidad perseguida. Por tanto, los
factores de valoración representan las diferentes demandas que plantean los puestos de traba-
jo a sus ocupantes (Gilbert, 2012), para que éstos alcancen los objetivos previamente defini-
dos.
Los criterios utilizados en esos planes son típicamente conocidos como factores y éstos
representan diferentes "demandas" que se colocan sobre los titulares del trabajo por parte de
sus puestos (e.g., el esfuerzo, la habilidad y la toma de decisiones). Los criterios pueden ser
Estos factores están presentes en todos o casi todos los puestos pero con distinta inten-
sidad. Las distintas intensidades pueden cuantificarse y, de esta forma, determinar las dife-
rencias relativas entre los puestos. Los factores más habituales son habilidad, responsabilidad,
95
2010).
Estos métodos permiten ordenar según su importancia a los distintos puestos de la or-
ganización y conocer las diferencias existentes entre el valor de los mismos. Presentan dos
características fundamentales: los evaluadores tienen que considerar cada una de las caracte-
rísticas del puesto por separado, de forma previa a tomar la decisión sobre su valor relativo; y
los evaluadores disponen de escalas de medida que ayudan a aumentar la objetividad y cohe-
Los métodos analíticos han sido los más utilizados a lo largo de la historia y práctica-
mente los únicos empleados en la actualidad, debido a las ventajas que presentan (Armstrong
et al., 2003):
– Y una cuestión muy importante en estos días, los sistemas analíticos permiten lograr
La decisión del método a elegir estará mediatizada por los objetivos que se persigan
con el programa de valoración, por las características concretas de la organización y por los
tema debe ser construido cuidadosamente con el fin de asegurar que su metodología
es sólida y adecuada para todos los puestos incluidos en el programa. Debe también
haber sido puesto a prueba y comprobado que se puede aplicar con imparcialidad a
– Adecuado, ya que debe poder atender a las demandas particulares de todos los pues-
– Integral, el sistema debería ser aplicable a todos los puestos de trabajo en la organi-
zación, y los factores, si se usan, deben ser comunes a todos los puestos de trabajo.
– Transparente, el proceso utilizado en el sistema debe ser claro para todos los intere-
sados.
car posibles discriminaciones, así como superar cualquier demanda por no cumplir
de elegir un método u otro, podrían quedar fuera los sistemas cualitativos o no ana-
De lo anteriormente explicado, se puede extraer que en función del método que se utili-
ce, el resultado de la valoración podrá proporcionar una ordenación de los puestos de trabajo,
desde el de mayor importancia hasta el de menor importancia; o un valor numérico para cada
puesto que identifique su orden y las diferencias en valor relativo entre los mismos.
va a aplicar a todos los puestos con un único manual o, por el contrario, se empleará uno dis-
tinto por grupos profesionales o unidades funciones, cuestión técnica que habrá que decidir
Con respecto a este punto, las opiniones de los diversos autores han cambiado a lo largo
del tiempo. Mientras que hasta aproximadamente la década de 1980, la mayor parte de los au-
tores consideraban conveniente utilizar sistemas distintos para cada sector empresarial o gru-
po profesional (Fertonani y Actis, 1978; Roig, 1996), haciendo las comparaciones de los
puestos dentro de cada sistema y de forma independiente (Taber y Peters, 1991). La razón de
este punto de vista era porque se consideraba que era improbable encontrar un único instru-
mento de VP que pudiera proporcionar valoraciones uniformes y precisas para todos los
puestos de trabajo (Collins y Muchinsky, 1993), lo que implica que se utilicen diferentes fac-
tores en función, por ejemplo, del tipo de puesto (e.g., administración u oficios, también co-
también sea necesario introducir factores comunes a todas ellas (Corral, 2001).
Sin embargo, en los últimos años se considera mucho más adecuado la utilización de un
único manual que permita el establecimiento del valor relativo de todos los puestos según
unos mismos factores y niveles. En definitiva, se trata de utilizar unos mismos criterios de va-
loración para todos los puestos (Fernández-Ríos y Sánchez, 1997), permitiendo clasificar en
una misma escala a todos, desde el de menor importancia al de mayor. Esto permitiría elimi-
vos (Fertonani y Actis, 1978) y comparar todos los puestos de trabajo con base a los mismos
criterios, premisa básica del valor comparable, facilitando asegurar la igualdad de remunera-
Sin embargo, con el empleo de un único manual, también se corre el riesgo de elegir
factores que no se adapten a las especificaciones de todos los puestos, pudiendo resultar insu-
presentan éstos en las empresas (Chiavenato, 1994). A este problema, una posible solución
sería combinar todas las dimensiones utilizadas en los distintos sistemas en uno único. Aun-
98
que esta solución pueda parecer sencilla, tal y como indica Taber y Peters (1991), “podría en-
contrarse con gran cantidad de resistencia, ya que cada grupo ocupacional podría oponerse a
la inclusión de un gran número de dimensiones del trabajo que no son relevantes para su pro-
rio decidir sobre el empleo de un manual genérico aplicable a cualquier tipo de organización;
utilizar un método híbrido, adaptando un sistema comercial diseñado por una consultora o
Con respecto a este último aspecto, se debe tener en cuenta que cada empresa es distin-
ta, aunque pertenezcan al mismo sector, se encuentren en el mismo área geográfica e incluso
tenga una misma cuota de mercado, cada una tiene su propia cultura y valores y estos aspec-
tos únicos van a influir en las exigencias y especiaciones de los puestos de trabajo, así como
diseñados con la finalidad de que puedan ser utilizados por cualquier tipo de organización y
tipo de puesto de trabajo (e.g., Hay Group (Sistema Hay o de Escalas y Perfiles), Inbucon
(Inbucon Job Evaluation IJE), Mercer Human Resource Consulting (IPE, International Posi-
tion Evaluation), Watson Wyatt (GGS Global Grading System)). Estos sistemas se basan en
su aplicación “universal” a partir de haber sido probados en muy numerosos tipos de organi-
zaciones y valorado multitud de puestos de los más diversos sectores de actividad. Si bien, la
mayor parte de ellos permiten ser adaptados a las características y necesidades específicas de
las organizaciones cliente. Es importante tener en cuenta que las especificaciones o requeri-
99
mientos de los puestos no son igual de importantes en todas las organizaciones. Aunque tam-
poco se pueden negar las ventajas de utilizar este tipo de sistemas, ya que evitan una de las
fases más complejas del diseño de sistemas propios como es identificar, definir y ponderar
los factores (Madigan, 1985), lo que supone un considerable ahorro de tiempo y esfuerzo, así
como poder comparar los resultados de una determinada organización con los obtenidos por
otras de similares características en las que haya sido aplicado el mismo sistema.
Con respecto al punto que se está abordando, los responsables del programa de VP de-
berían decidir la mejor solución en función de las ventajas e inconvenientes que presenta cada
Tabla 2.2
5. Informar al personal
aceptación y adhesión al mismo (EL-Hajji, 2014; Vitet, 1976), si se quiere facilitar la aplica-
ción posterior de los resultados. Con respecto a este aspecto, es importante tener en cuenta las
demandas de los trabajadores con respecto a una mayor comunicación sobre los aspectos téc-
101
hasta los puestos base, siendo conveniente dar la oportunidad a los trabajadores y sus repre-
sentantes de revisar y exponer sus opiniones sobre el plan propuesto (Taber y Peters, 1991;
ciso llevar a cabo su análisis y descripción, paso previo imprescindible para la VP.
En el caso de que la organización disponga de las descripciones de los puestos, será ne-
cesario hacer una revisión minuciosa de las mismas para confirmar y asegurar que están ac-
tualizadas y que incluyen la información necesaria para llevar a cabo la valoración, de no ser
7. Realizar la valoración.
y es clave que los responsables técnicos de la VP se aseguren que el resto de miembros del
comité de valoración disponen de los conocimientos necesarios para cumplir con sus cometi-
dos.
código que recoge, por una parte, la definición de los factores o aspectos a valorar en los
puestos de trabajo y, por otra, las escalas cuantitativas de estos factores que permiten estable-
102
cer la intensidad de cada factor en el puesto de trabajo” (Porret, 2014). Por tanto, en él se re-
cogen todas las acciones que se hayan llevado a cabo y las decisiones que se han ido tomando
a lo largo del proceso de valoración, así como los criterios que se consideran necesarios para
llevar a cabo una valoración válida y sistemática de todos los puestos (Das y García-Díaz,
2001).
sistema los puestos de nueva creación o la de los ya existentes que sufran modificaciones. Por
tanto, debe permitir la actualización en todo momento de las valoraciones, sin que exista la
te aquellos que son considerados más relevantes y/o serán empleados en la parte empírica de
esta tesis.
lugar se abordan los métodos no analíticos o globales, a continuación los analíticos y, en úl-
timo lugar otros métodos de valoración, los cuales fundamentalmente son variantes del méto-
y de clasificación.
103
debido a las múltiples variantes que se han desarrollado del mismo. Es el método más antiguo
y sencillo de los sistemas tradicionales de VP. Las primeras aplicaciones de las que existen
constancia son de 1909, fecha en la que E.O. Griffenhagen desarrolló un proyecto en los Ser-
los puestos de trabajo, sin entrar a identificar y analizar en qué radican las diferencias entre
forma global al puesto, con el fin de ordenar y clasificar los puestos según su importancia pa-
– No se dejen influir por circunstancias ajenas al trabajo, como pueden ser las carac-
terísticas personales del trabajador que lo desempeña o por la retribución del puesto
104
Industrial, 1963).
tos entre los cuales destacan: ordenamiento ascendente-descendente; columnas alternas; utili-
Una de las técnicas más utilizadas es la comparación por pares, en ella cada puesto se
compara de forma global con el resto de puestos incluidos en la valoración. Aunque esta for-
solamente tienen que determinar para cada par de puestos cuál es más importante para la or-
te simple y que en muestras muy pequeñas de puestos puede producir resultados similares a
los obtenidos cuando se utilizan métodos más minuciosos para la clasificación de puestos en
función de sus similitudes (Sackett, Cornelius y Carron, 1981). Sin embargo, tal y como indi-
ca Harvey (2012) los juicios globales sobre las similitudes generales de los puestos son por
definición muy subjetivos, no ofrecen pruebas documentales que permitan defender la com-
pensación final obtenida por un puesto y presentan propiedades psicométricas pobres (e.g.,
baja fiabililidad), y con frecuencia convergencia cercana a cero con los resultados obtenidos
Este método de valoración, presenta como principales ventajas que es un método senci-
llo, fácil y rápido de aplicar, así como relativamente económico (Comisión Nacional de Pro-
105
ductividad Industrial, 1963; Heneman, 2003; Lanham, 1962; Lucas Ortueta, 1963; OIT, 1976;
de los evaluadores, por tanto, las valoraciones pueden estar sesgadas por criterios
subjetivos de éstos, por el nombre del puesto, su retribución o las personas que lo
desempeñan.
los pares de comparación (Milkovich et al., 2014; Peña, 1987; Tyson, 2015), aun-
– Los resultados obtenidos son cualitativos, por lo que el resultado final indica que un
puesto es más importante que otro, pero no cuantifica la diferencia (Peña, 1987) a
– Debido a que las valoraciones de los puestos son globales, presenta el problema de
tancia.
106
– Es un método poco flexible. Cuando se crea algún puesto nuevo o se modifica al-
guno de los ya existentes, es preciso revisar y repetir todo del proceso de valora-
ción. Con respecto a las técnicas expuestas esto sucede en todas sus variantes me-
ción global de los puestos y no haber atendido a los distintos aspectos que los con-
– Difícil de justificar ante una demanda de valor comparable (Nistor, 2012; Pandey y
Leelashree, 2012).
Los inconvenientes mencionados hacen que sea un método difícilmente defendible ante
los trabajadores y que en la actualidad su aplicación sea prácticamente nula en las organiza-
ciones, salvo cuando se quiere utilizar como paso previo a la utilización de otros métodos de
valoración y de forma global analizar si la clasificación actual de los puestos de trabajo es co-
rrecta.
1922 por el Bureau of Personnel Research del Carnegie Institute of Technology. Este método
surge con el fin de eliminar uno de los problemas que planteaba el método de la jerarquiza-
ción y es que aunque proporcionaba información sobre el orden de importancia de los pues-
tos, no permitía medir la diferencia entre los mismos, al no utilizar una escala de medida con-
creta.
El principio básico sobre el que se apoya este sistema considera que “dentro de una ca-
tegoría de puestos dada, existen diferencias en los niveles de responsabilidad, funciones y ha-
107
bilidades ejercidas en cada puesto. Cuando estas diferencias son identificadas, pueden ser ex-
presadas en términos de grados definidos, ordenados a partir de los requisitos mínimos dentro
de la categoría que se califica y aumentando hacia los requisitos máximos. No se intenta iden-
tificar los detalles específicos de los diferentes elementos de los puestos, la definición de cada
grado toma la forma de una descripción general de los niveles de requisitos que representa;
en esta forma, la escala puede medir una cierta categoría de puestos con una variedad de fun-
Por tanto, el método de la clasificación consiste, básicamente, en agrupar los distintos pues-
tos, considerando globalmente cada uno de ellos, en una serie de grados, previamente definidos y
clasificados en una escala de importancia. La escala está formada por una serie de grados que se
definen en función del tipo de puestos a valorar y redactadas de tal forma que permitan establecer
se consideran los puestos como un todo, la diferencia estriba en que en este caso el puesto no
se compara con respecto a otros, sino con respecto a una escala, con el fin de determinar su
Este método por sus características de ser global y no analítico, presenta similares ven-
que permite clasificar los trabajos en grados en función de sus similitudes, así como su facili-
dad para asignar nuevos puestos a los grados definidos (Fisher, Schoenfeldt y Shaw, 2008).
variedad que puestos que se podrían clasificar fácilmente (Milkovich et al., 2014).
108
– Difícil de justificar ante una demanda de valor comparable (Nistor, 2012; Pandey y
Leelashree, 2012).
Es un sistema de valoración utilizado con frecuencia para elaborar las escalas de fun-
Los dos principales representantes de este tipo de métodos son el de puntuación y com-
paración de factores. Ambos sistemas son analíticos y cuantitativos y están basados en la uti-
trabajo y que tiene una importancia distinta en cada uno de ellos (Pereda et al., 2014), lo que
permite compararlos entre sí y establecer el valor relativo de los distintos puestos en esa ca-
racterística o propiedad particular (Armstrong, 2007). Los factores son los criterios en fun-
ción de los cuales los distintos puestos son susceptibles de ser comparados entre sí y, por
Los factores son aspectos referidos al trabajo, no a la persona que lo realiza y al elegir-
los, habrá que tener en cuenta una serie de criterios (Pereda et al., 2014):
– Comunalidad. Los factores elegidos deben ser comunes a todos los puestos estudia-
– Variabilidad. Deben permitir discriminar entre los puestos; esto es, aunque deben
estar presentes en la mayor parte de los puestos, no deben hacerlo en la misma pro-
109
porción, intensidad o importancia, sino que deberán estar presentes en distinto gra-
do o nivel.
entre los puestos de trabajo (Armstrong, 2007). Los factores deben estar referidos a
– Gradualidad. Cada factor debe ser susceptible de poderse dividir en distintos gra-
cada factor.
A estos cuatro criterios básicos, sería necesario añadir que sean independientes (Coro-
minas et al., 2008; Shunkun y Hong, 2011); es decir, cada factor debe considerar aspectos di-
ferentes del trabajo y aceptables por los trabajadores que puedan ser afectados por los resul-
tados de la valoración (Taber y Peters, 1991), sobre todo si uno de estos resultados puede
que los resultados vayan a utilizarse con fines de equidad externa y sea necesario hacer com-
paraciones con los salarios de mercado, los puestos deben poderse encontrar fácilmente en las
El método de la Puntuación diseñado por Merril R. Lott en 1925 (Lott, 1926) y aplicado
en Sperry Gyroscope Co. Inc., ha sido y continúa siendo el método de valoración más utiliza-
1987; Nistor, 2012; OIT, 1983; Spector et al., 1989), tanto en Estados Unidos como en Euro-
pa, por distintos tipos de organizaciones (públicas y privadas) y para puestos de trabajos de la
más diversa índole, al ser considerado como uno de los mejores sistemas diseñados al efecto
(Eraslan, Atalay, Dagdeviren y Aksakal, 2013; Gómez-Mejía, Page y Tornow, 1982) y ser
considerado como más objetivo y fiable que otros métodos (Cascio, 1987; Kahya, 2006).
loración, los factores están graduados en una escala numérica y los pesos reflejan la impor-
El puesto a valorar es medido factor por factor con respecto a la escala elaborada. Se
elige el grado o nivel de la escala del factor que se considera que mejor describe la caracterís-
tica del puesto, se asigna al puesto el valor en puntos señalado para el grado y cuando se ha
elegido el nivel y se han determinados los puntos correspondientes, se suman los valores. Es-
Para aplicar el método se puede optar por la utilización de sistemas ya elaborados y que
tener en cuenta durante su diseño y aplicación las siguientes etapas o fases (Kilgour, 2008;
Uno de los aspectos previos a la aplicación del método es contar con descripciones
La primera dificultad del método se encuentra en esta fase; esto es, en determinar los
factores en función de los cuales se van a valorar los distintos puestos y cuál es el número óp-
111
timo de factores a emplear (Tiffin y McCormick, 1974), debido a que es un proceso abierto a
juicios subjetivos.
En esta etapa, el método de forma tradicional señala que los factores se pueden obtener
la organización, y para ser considerados como tales deben cumplir los siguientes requisitos
Se considera que como mínimo los puestos elegidos deben cumplir los requisitos uno,
dos, tres y seis. Pero si se analizan dichos requisitos, es difícil que en estos momentos se pue-
da encontrar dentro de las organizaciones puestos que cumplan con todos ellos, debido a la
situación cambiante como la actual, encontrar puestos que sean estables en el tiempo; o debi-
descripciones que los acoten claramente, siendo esta dificultad mayor cuanto más complejos
son los puestos; o los problemas para llegar a acuerdos sobre que un puesto está siendo, por
La dificultad de esta fase, y que no siempre haya puestos clave suficientes dentro de la
organización, ha llevado a que en la práctica de suelan elegir los factores en función de las
preexistentes como por ejemplo, las propuestas por Eargle (2013), Fernández-Ríos y Sánchez
(1997), Fertonani y Actis (1978), Lanham (1962), Orue-Echevarría (2004), Otis y Leukart
(1954), Vargas Muñoz (1994), etc. así como los factores establecidos y definidos de forma
específica por multitud de organizaciones y consultoras como, por ejemplo, los del sistema
NEMA (National Electrical Manufacturers Assoc.), NMTA (National Metal Trades Assoc.),
AME (Association for Management Excellence), FES (Factor Evaluation Sistem), sistema
En relación con el número idóneo de factores, las opiniones de los expertos a lo largo
del tiempo han ido cambiando. En un principio se consideraba que la utilización de un gran
número de factores permitiría realizar valoraciones más precisas y completas, por ejemplo,
Las razones esgrimidas por los que consideran que es más adecuado un número amplio
eran que proporcionaban una mayor precisión al sistema, compensaban los errores de juicio,
permitían incluir las especificaciones concretas y únicas de todos los puestos y permitían sa-
tisfacer las opiniones de los representantes de los distintos departamentos que defienden que
los puestos dentro del mismo tienen características o requisitos distintos a los de otros.
Sin embargo, esta idea fue cambiando y se comenzó a considerar que en realidad úni-
camente existían de tres a cinco factores entre los cuales su correlación era prácticamente nu-
la. Considerando que con la inclusión de un número amplio de factores se podría producir el
factores (Fertonani y Actis, 1978; Pandey y Leelashree, 2012). Siendo los factores o grupos
(Heneman, 2003; Lawler, 1986; Milkovich et al., 2014; Muchinsky, 2000), estos cuatro facto-
res fueron utilizados durante más de sesenta años en el plan NEMA y fueron incluidos en Es-
tados Unidos en el Equal Pay Act de 1963 que define a igual trabajo, igual salario, lo que hi-
113
zo que su uso haya sido muy extendido a nivel mundial, con pequeñas variaciones de unos
países y otros. Así, por ejemplo, a partir de las convenciones desarrolladas en China los facto-
Además de estas razones, en la década de 1940 y 1950 se llevaron a cabo diversos estu-
dios con el fin de analizar si se producían los mismos resultados en la VP empleando diferen-
te número de factores (Lawshe, 1945; Lawshe y Maleski, 1946; Lawshe y Wilson, 1947;
Lawshe, Dudek y Wilson, 1948; Rogers, 1946). Los resultados finales que se obtienen con un
número reducido de factores generales (de dos a cinco), difieren muy poco de los alcanzados
con un número de elevado de factores (de 10 a 12). Por ejemplo, Lawshe (1945), encontró
que las correlaciones obtenidas por tres factores (experiencia, iniciativa y riesgos) y los pun-
tos obtenidos con los 11 factores utilizados en el sistema NEMA superaba el .93. Posterior-
mente, en 1950, Davis y Tiffin (M. K. Davis y Tiffin, 1950) aplicaron los mismos tres facto-
res que había encontrado Lawshe (1945) a ocho industrias donde se aplicaban distintas varia-
ciones del método de la puntuación, las cuales utilizaban entre 10 y 23 factores. Las correla-
ciones halladas en siete de las industrias empleando el sistema abreviado y el sistema comple-
to eran iguales o superiores a .91, únicamente en una de las industrias se situó en .69, esta
empresa que era pública había adoptado un sistema de valoración en el cual se empleaban
factores sustancialmente distintos a los utilizados por el plan NEMA. Después de su estudio
M. K. Davis y Tiffin (1950) concluyen que un sistema abreviado produce resultados muy si-
milares que uno en el que se emplee un número mayor de factores y que no sería necesario
realizar uno específica para cada empresa. También en la década de 1950, Grant (1951), en-
contró, utilizando la regresión múltiple que los seis primeros factores que entraban en la
En la década de 1980, Arthur Young y Company (1981) (citado por Madigan, 1985)
responsabilidad por supervisión y ritmo de trabajo), muy similares a los llamados “factores
lisis de un plan de 15 factores; Madigan y Hoover (1986) con otro plan de 15 factores obtuvo
también cuatro factores que permitían explicar el 99% de la varianza; K. R. Davis y Sauser
(1991) obtuvieron con un sistema de ocho factores, dos componentes que explicaban el 90%
de la varianza y con otro de 12 factores, extrajeron tres componentes principales que explica-
ban el 94% de la varianza; y K. R. Davis y Sauser (1993) obtuvieron con un sistema de ocho
forma más reciente, Chi, Chang, Hsia y Song (2007) con un plan de 23 factores obtuvieron
una solución de cuatro factores, aunque en este caso solamente explicaba el 43.8% de la va-
principales, obtuvo con un sistema de 15 factores, cinco componentes que permiten explicar
el 82.8% de la varianza.
entre los factores utilizados en la VP, la falta de relación entre algunos de los factores y la
puntuación total, así como que la utilización de un bajo número de factores puede predecir
Las principales ventajas de los sistemas abreviados es que aumenta la rapidez de la va-
loración y pueden considerarse más fáciles de comprender por parte de los miembros del co-
Aunque se hayan citado algunos estudios de la década de 1980, 1990 e incluso algunos
más recientes, y en la década de 1960 y 1970, Jaques (1964) y Paterson (1972) desarrollaran
de 1963 en Estados Unidos, así como que las empresas prefieren utilizar un mayor número de
factores por una razón “psicológica”, que es tener en cuenta, aunque no influya en los resul-
tados, aquellas características respecto a los que son más sensibles los trabajadores (Ramos,
1981), lo que permite aumentar la validez aparente y la aceptabilidad del sistema (Taber y Pe-
ters, 1991).
trabajo pueden ser apropiados en muchos entornos y a su vez pueden ser el paraguas que dé
cobertura a subfactores más específicos (Brannick et al., 2007), no deben adoptarse de forma
automática, al deberse poder adaptar a los objetivos, la cultura y los valores de la organiza-
ción (Kilgour, 2008; Milkovich et al., 2014; Sîrbu et al., 2014), por lo que podría ser necesa-
rio incluir nuevos factores como, por ejemplo, las exigencias emocionales (Gilbert, 2012;
Guy y Newman, 2004; Steinberg y Figart, 1999; Steinberg, 1999), gestión del cambio, ges-
tión de proyectos, trabajo en equipo, etc. que reflejen las competencias exigidas en la actuali-
dad (Gill, 2001), o eliminar, por ejemplo, las condiciones de trabajo, si todos los puestos
Es importante resaltar que el proceso de VP debe ser flexible y capaz de hacer frente a
los cambios (El-Hajji, 2011b) que se están produciendo a nivel organizativo y, por consi-
guiente, en los puestos de trabajo, si realmente se desea que siga siendo un proceso útil para
las organizaciones, esto pasa por adaptar los factores a las nuevas necesidades.
Normalmente los programas de VP incluyen un número de factores que oscila entre sie-
factores generales enumerados anteriormente. Sin embargo, debido a los cambios que se es-
116
tán produciendo en las organizaciones, los factores clásicos están cambiando para adaptarse a
Con respecto a la definición de los factores, su redacción debe ser clara y precisa, em-
pleando un vocabulario fácil de comprender y que en ningún momento permita que se pro-
duzcan errores en su interpretación (Orue-Echevarría, 2004), de tal forma que los miembros
del comité puedan fácilmente determinar y precisar los aspectos a valorar en cada factor.
Una vez determinados y definidos los factores, el paso siguiente es determinar y definir
la escala de grados o niveles en los cuales se puede dividir cada uno de ellos.
Para la determinación de los grados se deben tener en cuenta los siguientes criterios
(Armstrong, 2007):
– Los niveles deben ser definidos de forma clara, concisa y precisa, para que, poste-
riormente, cada puesto pueda ser asignado, sin dudas, sólo a uno de los niveles de
cada factor. El objetivo principal es que las distintas valoraciones de los puestos
a cada factor. Por ello, es fundamental, que permitan determinar con precisión el
– Los niveles deben abarcar todos los posibles valores que pueda adoptar el factor.
Los grados deben definirse de forma que cada uno refleje un nivel de dificultad,
importancia o presencia mayor que el anterior, haciendo que el primer grado coin-
más alto grado con los puesto en que está presentes en mayor medida (Orue-
Echevarría, 2004).
– Las definiciones de los niveles deben estar relacionadas directamente con la defini-
– Los niveles del factor deben representar pasos claros y fácilmente reconocibles. En
ción de términos como bajo, medio, alto, etc. Para clarificar el contenido de los dis-
tintos grados se pueden incluir ejemplos de tareas o de puestos donde el nivel defi-
variar en función de la naturaleza de éste (Gan y Triginé, 2006). Por ello, el número de gra-
dos por factor no tiene por qué ser el mismo, sino que puede variar de uno a otro (Kilgour,
2008), debiendo ser los suficientes como para que permitan claramente incluir a todos los
puestos objeto de la valoración. Por tanto, el número de grados debería ser el necesario como
La mayor parte de las escalas empleadas incluyen un número que oscilan entre los tres
y los ocho grados por factor (Milkovich et al., 2014), siendo las más habituales las de cinco o
seis (Armstrong y Taylor, 2014). Sin embargo, algunos sistemas utilizan grados adicionales,
estableciéndo valores de más y menos en torno al número de la escala (-1, 1, +1; -2, 2, +2…),
por lo que una escala de cinco grados, se convierte en una escala de 15 grados. La justifica-
ción para utilizar el más y el menos, es porque se considera que la utilización de un mayor
número de grados facilita diferenciar entre los puestos, así como que si se va a diseñar una
estructura salarial o de trabajo con 15 niveles, no sería correcto utilizar factores con sólo tres
Una vez definidos los factores y establecidos los grados para cada uno de ellos, se lle-
van a cabo una serie de comprobaciones con el fin de analizar si presentan algún tipo de error
o dificultad. Para ello, lo más habitual es tomar una muestra representativa de puestos a valo-
rar y calcular las distribuciones y desviaciones típicas de cada factor y los índices de correla-
ción entre factores (Orue-Echevarría, 2004). Estos análisis permiten analizar en qué medida
hay factores que tienen una alta correlación con otros factores o cuáles pueden tener una baja
capacidad de discriminación entre los distintos puestos, lo que podría implicar la necesidad
de modificar o eliminar determinados grados y/o factores. De los resultados de este análisis
se obtienen los factores y grados definitivos que van a utilizarse en la VP (González, 1995).
Para el análisis de los factores y grados habitualmente se llevan a cabo los siguientes ti-
de los distintos factores para discriminar entre los distintos puestos de trabajo. En el
caso de que todos los puestos se valoraran en el mismo grado en un factor, éste no
aportaría ninguna diferencia entre los puestos. Por tanto, factores con desviaciones
– La correlación entre factores, ya que podría suceder que bajo distintas denomina-
ja actual del puesto o los salarios de mercado. Su finalidad es comprobar si los fac-
tores elegidos influyen en el criterio y cómo lo hacen. En este sentido, será impor-
– Diferencia entre las medias del nivel promedio observado y el punto medio de la
escala, que mide la consistencia de los grados por factor, siendo importante que di-
En general, resumiendo lo expuesto, son aceptables aquellos factores con mayor poder
de discriminación (Kahya, 2006), baja correlación entre ellos, menor diferencia entre las me-
del manual, su mantenimiento puede estar justificado por las siguientes razones (Fernández-
– Que un factor no aporte valor para diferenciar los distintos puestos no significa que
no sean importantes para la organización, sino que son igualmente importantes para
– Pueden tener una alta validez aparente y su inclusión puede contribuir al éxito del
– Desde un punto de vista técnico, aunque no puedan tener una gran utilidad en la va-
rrelación entre los factores y el criterio es interesante conocerla, pero no debe ser motivo de
medida aproximada de la influencia que estos ejercerán sobre la determinación de los salarios
Los factores pueden recibir una ponderación o peso específico distinto según las carac-
importancia relativa que le otorgue cada una (Kilgour, 2008). Por consiguiente, en esta fase
se debe atribuir un determinado peso a cada factor según su importancia relativa en el conjun-
(Tompkins et al., 1990), al no existir ningún método que se pueda considerar totalmente cien-
tífico u objetivo para hacerlo. Además los pesos que se pueden considerar adecuados para
una organización pueden no serlos para otra (Corominas et al., 2008). Aunque en principio
esto pueda ser un gran inconveniente, a su vez constituye una de las grandes ventajas del mé-
todo, como es la flexibilidad que permite adaptar el instrumento a las necesidades y caracte-
rísticas de la organización donde se va a aplicar y la importancia relativa que puede tener ca-
ponderar los factores en un intento de objetivar su determinación y asegurar que los resulta-
dos se ajusten a los objetivos previamente marcados. Si bien el tipo de ponderación más utili-
zado ha sido la realizada por el comité de valoración (Armstrong y Cummins, 2008), esta
mas de ponderación de factores. Por ejemplo, Orue-Echevarría (2004), señala como formas
(1963) y Vargas (1994) añaden la ponderación óptima. Por su parte, K. R. Davis y Sauser
(1991) señalan tres tipos generales de ponderación, como son las racionales o realizadas por
un comité, los pesos iguales, y los pesos obtenidos a través de procedimientos estadísticos; a
121
estas tres formas Armstrong y Cummins (2008) añaden los pesos predeterminados, normal-
discriminativo.
de niveles o grados.
Por tanto, los factores con baja desviación estándar apenas contribuirán a dife-
puestos de otro con respecto a su valoración no tiene por qué implicar que sean eli-
minados, ya que si bien su peso puede ser muy bajo, pueden tener una gran validez
aparente para los trabajadores y hacer que contribuyan al éxito “psicológico” del
ponderación refleja la importancia que tiene cada factor para la organización. Este
forma de ponderación puede ser beneficiosa debido a que, tal y como indican Bel-
por el comité de valoración presenta importantes ventajas, tiene como principal in-
conveniente que son susceptibles a sesgos personales que podrían invalidar el pro-
natorias (Schwab y Grams, 1985). Por ejemplo, factores que favorezcan a un deter-
minado tipo de puestos, normalmente desempeñados por hombres, como pueden ser
los de mantenimiento, frente a otro tipo de puestos desempeñados con mayor pro-
Existen distintos procedimientos para que los miembros del comité estimen
las ponderaciones de los factores. Uno de los más habituales es la técnica del con-
123
senso en la que normalmente se solicita a los miembros del comité que repartan 100
puntos porcentuales entre los factores para definir su importancia relativa (e.g., De
Nieves et al., 2008; Dogan et al., 2014; Doyle, Green y Bottomley, 1997; Kilgour,
que a través de la discusión lleguen a un acuerdo sobre el peso que tendrá finalmen-
te cada factor. Vargas (1994) cita otras dos formas: técnica de jerarquización para
en la VP (Chen y Jiang, 2011; Dogan et al. 2014; Eraslan et al., 2013; Kahya, 2006;
malmente empleados, éstos se suelen situar entre los siguientes intervalos: habilida-
que se está trabajando (Lawshe y Satter, 1944), ya que la importancia relativa puede
comité actúe sobre la valoración tal y como el comité desea establecer. Para ello, se
debe determinar la ponderación denominada óptima y que tiene por finalidad con-
trarrestar el peso propio de cada factor, por lo que todos los factores influirán por
igual en todos los puestos. Este método se utiliza cuando el comité de valoración
desea tener un mismo punto de partida para todos los factores, independientemente
124
que todos los factores tengan el mismo número de grados, de forma que la influen-
cia de cada factor dependa exclusivamente del peso que el comité de valoración le
esté asignando (Fernández-Ríos y Sánchez, 1997). De esta forma todos los factores
loración.
d. Pesos iguales, implica que los distintos factores no son ponderados en función de su
todos los factores tienen el mismo peso. Aunque puede ser un sistema de pondera-
2007 e-reward (citada por Armstrong y Cummings, 2008), el diecinueve por ciento
de las empresas encuestadas indican que lo utilizan y por ejemplo, Elizur (1987) in-
dicaba que “no está claro si el uso de ponderación es totalmente necesario" (p. 90).
Tal vez esta sea una de las razones por las que, aunque de forma muy escasa, se ha-
quier método que permita obtener pesos en relación a las propiedades psicométricas
del conjunto predictor (K. R. Davis y Sauser, 1993), siendo los pesos obtenidos a
terios tales como los salarios de mercado, uno de los sistemas de ponderación más
Sauser, 1991, 1993; Gómez-Mejía et al., 1982; Madigan y Hoover, 1986; Robinson;
Wahlstrom; Mecham, 1974; Schwab y Wichern, 1983; Tompkins et al., 1990). Una
de las razones de su amplio empleo es que en comparación con los enfoques de pe-
del puesto y la variable criterio, siendo la más habitualmente utilizada los salarios
mercado laboral.
ple, se han utilizado otros métodos como es el análisis de los componentes principa-
Por otra parte, junto a los distintos tipos de ponderaciones enumerados, en los últimos
años se han aplicado modelos matemáticos de lógica difusa o borrosa. Puesto que, en la prác-
tica, se considera que los pesos de los factores normalmente son definidos de forma vaga e
imprecisa y la teoría de la lógica difusa proporciona un marco adecuado para describir la in-
trabajos de Eraslan y Atalay (2013), Eraslan et al. (2013), Gupta y Chakraborty (1998) o
conocer las diferencias entre los modelos de ponderación. Sin embargo, la investigación se ha
ración y determinar su grado de correlación o ajuste con los salarios de mercado, consideran-
do que si la correlación entre puntuación total de cada puesto y el salario es alta, el sistema es
adecuado; esto es, comprobando su validez de criterio. Por otro lado, destacan aquellas inves-
tigaciones en las que se desarrollan nuevos sistemas de ponderación como son los basados en
Con respecto a la comparación de los distintos sistemas de ponderación destacan los es-
tudios desarrollados por K. R. Davis y Sauser (1991, 1993), en los que comparan los resulta-
dos de distintos sistemas de ponderación (estadísticos, pesos iguales, realizados por el comité
de valoración) habiendo encontrado una alta correlación entre los distintos sistemas, lo que
implica que los puestos de trabajo se ordenan de una forma similar, independientemente del
entre los sistemas cuando se colocaban los puestos de trabajo en clases discretas de pago. Sin
embargo, aunque a nivel general los puestos se ordenen de una forma similar, los puestos es-
al., 1990), informar a los miembros del comité sobre las distintas metodologías y las posibles
diferencias en los resultados, y elegir el más adecuado en función de los objetivos estableci-
Los puntos asignados a los grados de cada factor pueden adoptar distintos tipos de pro-
gresión: aritmética, función lineal, progresión geométrica, exponencial, etc. Las más habitua-
les son la progresión aritmética, en la que el tipo de progresión prevé que el intervalo de dife-
rencia de un grado y otro consecutivo de un mismo factor sea fijo, y la progresión geométri-
ca, en el que el valor de cada grado se obtiene multiplicando el grado anterior por una cons-
geométrica con punto 0. Es un tipo de progresión donde los puntos que recibe el primer grado
es igual a 0. El valor 0 sólo se asigna a un nivel cuando es de esperar que ese factor no está
La decisión sobre el tipo de progresión más adecuada debería ser adoptada por consen-
so por el comité de valoración, pudiéndose adoptar progresiones distintas para los diferentes
factores. Esta es una decisión importante, debido a que si los resultados de la valoración van a
salarial.
Echevarría, 2004), porque tiene una apariencia de mayor neutralidad (Ramos, 1981) y es fácil
pero presupone que los grados han sido definidos con la suficiente precisión como para repre-
128
sentar saltos iguales a lo largo de la escala, aspecto que desde nuestro punto de vista es prác-
6. Puntuar los puestos en cada factor y obtener la valoración final de cada puesto
Los niveles asignados a cada puesto en los factores de valoración se transforman en los
puntos correspondientes y la valoración final de cada puesto será la suma de los puntos obte-
El método de la puntuación ha sido y continua siendo uno de los más empleados para la
valoración de los puestos, por las ventajas que presenta con respecto a otros métodos, debido
a que al asignar puntos a factores, da al sistema una apariencia de ser mucho más “objetivo” y
“exacto”, y más adaptable que los sistemas globales y de comparación de factores, lo que
puede justificar su amplia aceptación entre empresarios y representantes legales de los traba-
– Es un sistema estable en el tiempo, debido a que los factores y grados definidos son
Leelashree, 2012).
– El tipo de escalas utilizadas son gráficas y descriptivas en cada uno de sus anclajes,
consideradas por muchos autores como más fiables y válidas que otros procedi-
mos que pueda ser realizada con total rotundidad, lo que sí parece claro es que los
acuerdos interjueces se ven facilitados cuando las escalas utilizadas son descriptivas
llos factores que están directamente relacionados con su cultura, valores y objetivos.
– Es fácil volver a valorar un trabajo que haya sufrido modificaciones y valorar uno
nuevo (Corral, 2001; Sibson, 1990), mediante la aplicación de los criterios estable-
sonales de quienes lo aplican es menor que en otros sistemas (OIT, 1983), siendo,
por lo que aunque no se pueda considerar que el método sea verdaderamente objeti-
2001).
En relación con este último aspecto, Tiffin y McCormick (1974) indican que
porque esto puede influir en la imparcialidad de los miembros del comité, mientras
que si la valoración sea hace en base a puntos y; por tanto, los aspectos económicos
Aunque el método presenta importantes ventajas, también cuenta con una serie de in-
conveniente que habrá que sopesar y que se pueden extraer del proceso de diseño descrito:
cada uno de ellos, así como para definirlos de una forma clara, concreta y fácilmen-
te comprensible.
– Dificultad para determinar los pesos de los factores y la asignación de puntos a cada
nivel (Lanham, 1962; Spyridakos et al., 2001). Fase fácilmente vulnerable a que se
los trata como un todo, como sucede en los sistemas no analíticos, y es cuantitativo, en el sen-
tido de que los resultados de la valoración vienen expresados en términos cuantitativos, en es-
te caso en salarios. Este método incluye aspectos del método de la puntuación y de la jerar-
El sistema de comparación por factores fue diseñado por Benge en 1926, en un intento
por Lott. Sin embargo, fue posteriormente en la década de los años cuarenta del siglo pasado
131
cuando Benge, Burk y Hay (Benge, Burk y Hay, 1941) diseñaron una nueva metodología,
que unía los principios del sistema de puntos y de jerarquizción, con el objeto de minimizar
sus inconvenientes y maximizar sus ventajas. Puede decirse que es el método que menos di-
según las escalas de los distintos factores considerados, mediante la comparación de unos
puestos con otros. Es característico del sistema que las escalas utilizadas estén expresadas en
valores monetarios y, por tanto, el resultado final de su aplicación sean los salarios de los
Lanham (1962) indica que para desarrollar este método “se seleccionan y definen los
nan puestos claves que representen cada nivel importante de funciones, responsabilidades y
habilidades dentro de la categoría de puestos por calificarse. Estos puestos claves se compa-
ran unos con otros, factor por factor, ordenando los puestos con respecto a cada factor en el
orden de su importancia relativa. Una vez que los puestos han sido comparados y ordenados,
según los distintos factores, se asignan valores a cada uno, repartiendo el salario normal pa-
gado en el puesto entre los factores empleados para calificarlo. Se califican entonces otros
puestos, comparándolos factor por factor con los puestos calificados en el paso precedente. El
valor total de cada puesto, se determina sumando los valores individuales asignados a cada
parte y los puestos son ordenados en el orden de su importancia para la compañía, de acuerdo
Para describir el proceso de diseño y aplicación pueden establecerse dos grandes eta-
pas: establecimiento de las escalas de comparación y valoración de los puestos (Pereda et al.,
2014):
132
dad de esta etapa es seleccionar, definir los factores que se van a emplear en la valo-
tos, se pueden utilizar otros factores. Estos factores se corresponden más con el
puntuación.
En primer lugar se eligen los puestos clave, que en general, y dependiendo del
tamaño y estructura de la organización, suelen ser, entre 15 y 25. Los puestos clave
han sido identificados como aquellos que están claramente definidos con respecto a
Seleccionados los puestos clave, se comparan unos con otros, factor por fac-
que el mismo tiene en cada uno de ellos. A este proceso se le denomina ordenación
vertical.
El paso siguiente es desglosar el salario de cada puesto entre los distintos fac-
tores, en función de la importancia que cada uno de ellos tiene en el trabajo. Esta
de forma que, se otorga un uno al salario más alto, un dos al segundo y, así sucesi-
de trabajo; la segunda, en función del valor monetario que, a partir del salario del
pasar al paso siguiente. Si, por el contrario, aparecen órdenes diferentes en algún
caso, habrá que volver atrás y revisar todo el proceso. Mientras no se eliminen las
té de valoración dispone de una tabla en la que los órdenes de los factores se co-
el de abscisas los factores. En el cuadro se incluye para cada factor, los puestos cla-
Si se observa que en el cuadro quedan zonas para algún factor en el que no está re-
presentado ningún puesto clave, sería necesario introducir nuevos puestos que ocu-
pen dichas zonas, con el fin de facilitar posteriormente introducir el resto de puestos
para la comparación.
b. Valoración de los puestos de trabajo. Para ello, cada puesto se intercala, por com-
paración, entre dos puestos clave, en cada factor, estimándose de esta forma la im-
portancia relativa en cada uno, en función de si está por encima o por debajo del
134
a cada uno de los factores será la valoración definitiva del puesto y, por tanto, el sa-
– Permite establecer, de una forma bastante acertada, los salarios de una organiza-
ción, respetando la equidad interna de los mismos; esto es, estableciendo unas dife-
rencias salariales entre los puestos que se corresponderán con las existentes en la
que se haga ninguna conversión posterior para determinar los salarios (Fernández-
Sin embargo, estas ventajas van acompañadas de algunos inconvenientes que han hecho
que se emplee mucho menos que, por ejemplo, el método de la puntuación, o que una de sus
– El hecho de utilizar los puestos clave y sus salarios para ponderar los factores puede
entraña encontrar puestos cuya retribución sea considera justa, entendida por justa,
como equitativa.
135
ción de factores, sino de todos aquellos que utilizan los puestos clave o de referen-
cia para realizar la valoración de los puestos restantes por comparación con ellos,
dos de al menos aquellos puestos que han sido comparados con él o ellos.
– Las rápidas variaciones que hoy día se producen en los salarios y en el mercado la-
boral hacen que, en muchos casos, la valoración pueda quedar obsoleta en un breve
espacio de tiempo.
ja y laboriosa.
Dados los inconvenientes del método y con el fin de superarlos, se desarrollaron algu-
Hay, desarrollado en sus inicios por Edwards N. Hay y Dales Purves (Hay y Purves, 1951;
Hay y Purves, 1954) quienes desarrollaron dos modificaciones del método el “profile method
of high level job evaluation” y el “guide chart profile method”, el primero diseñado funda-
mentalmente para puestos administrativos y el segundo para poder ser aplicado a todos los
En este apartado se incluyen otros métodos de VP, la mayor parte de ellos variantes de
los métodos básicos o que por su grado de utilización o relevancia en determinados momen-
También se incluyen el sistema Hay y el método DEPYET, debido a que junto con el
Los sistemas cuantitativos multicriterio han sido y continúan siendo los más utilizados,
pero a partir de la crítica de considerar como valor del puesto, la suma de las valoraciones de
cada factor, así como los resultados de algunos estudios en los que se indica que un número
muy reducido de factores explican los resultados de la valoración (Lawshe, 1945; Lawshe y
Maleski, 1946; Lawshe y Wilson, 1947; Lawshe et al., 1948; Rogers, 1946), llevaron a auto-
res como Jaques (1964) y Paterson (1972) a proponer sistemas analíticos monocriterio, en los
que solamente se considera un criterio de valoración. De esta forma, según sus autores se evi-
ta el problema de tener que sumar puntuaciones de factores que no son homogéneos o el pro-
a. Sistema del periodo de autonomía, elaborado por Elliot Jaques (Jaques, 1964) se
como “el periodo máximo durante el cual el subordinado puede actuar sin que su
tad de acción que le ha sido otorgada conjugando el ritmo del trabajo y la calidad
El margen de libertad que posee el puesto de trabajo y que se mide por el pe-
bilidad, factores que suelen estar incluidos en la mayor parte de sistemas de valora-
ción.
explica tanto el procedimiento para valorar el factor y cómo hacer frente a los erro-
res más habituales como, por ejemplo, que el superior proporcione información
inexacta o errónea, que éste delegue tareas que debería desempeñar el mismo, que
en las descripciones de los puestos con relación a las tareas principales y secunda-
rias que se llevan a cabo y mediante entrevistas con el superior jerárquico del pues-
to a valorar, quien es ayudado por el analista para que determine el periodo de auto-
Aunque Jaques dice que el método se puede aplicar a cualquier tipo de puesto,
punto de vista por falta de validez aparente para los miembros del comité de valora-
superior inmediato del ocupante del puesto, pudiendo suceder que si cambia el
Otra variable a tener en cuenta sería la dificultad de separar las exigencias del pues-
to con las necesidades concretas del ocupante, debido a que en un mismo puesto
b. Sistema Paterson (Paterson, 1972), el autor propone utilizar como único factor de
los cinco niveles más altos, a su vez se pueden subdividir en dos grados. Los niveles
políticas.
programas.
mático.
ble tanto por los empleados como por la dirección y, de esta forma, lograr su parti-
ta, 2014). Sin embargo, presenta una serie inconvenientes como es la rigidez de las
es un sistema adecuado para determinar de forma precisa los salarios (Tyson, 2015).
mente. Sin embargo, hay autores que consideran que se puede incluir dentro de los métodos
globales (Harvey, 2012), o lo clasifican en vez de como un método como una aproximación
no analítica, que puede ser utilizada de forma conjunta con los distintos sistemas de valora-
ción (Armstrong y Murlis, 2007), considerando que los salarios de mercado pueden asociarse
con la valoración formal de los puestos, que establece las relatividades internas y la estructura
En la actualidad son cada vez más el número de empresas que lo utilizan como princi-
pal sistema para determinar el valor de los puestos, en las últimas encuestas realizadas y pu-
blicadas por WorldatWork más del 67% de las organizaciones indican que lo están utilizando
(Scott, Sperling, McMullen y Wallace, 2003; WorldatWork, 2009; WorldatWork, 2013), por
ello, se ha considerado oportuno incluir un breve apartado sobre el método. Esto está suce-
diendo fundamentalmente en Estados Unidos, donde la investigación muestra que en los úl-
timos años parece que la VP como tal, ha caído en desgracia frente a la utilización de los sa-
larios de mercado como principal herramienta para la determinación de los niveles salariales
Los salarios de mercado se utilizan como referencia para fijar los salarios de los puestos
de la empresa, sin tener en cuenta la importancia relativa de los puestos de forma interna y
sólo por comparación externa. Este enfoque está siendo muy utilizado en Estados Unidos de-
bido a la consideración de que los sistemas clásicos de VP son demasiado burocráticos y po-
(Armstrong, 2007), así como por permitir proporcionar salarios competitivos que favorezcan
la atracción del talento (Armstrong y Murlis, 2007), sobre todo a nivel directivo, y por ser
publicadas, normalmente por consultoras, a partir del asesoramiento realizado por empresas
de los datos necesarios para ello, lo que implica poder comparar con puestos semejantes en
solamente en cuanto al nombre que recibe el puesto, si realmente se quiere conseguir una
dad de nombres que puede recibir una misma ocupación en las distintas organizaciones.
Asimismo, algunas encuestas salariales solamente incluyen datos sobre puestos claves
y/o de referencia, esto implicaría tener que tomar decisiones con respecto a los puestos no in-
cluidos en las encuestas. Una posibilidad sería utilizar algún otro método global, por ejemplo,
el método de clasificación que permitiera determinar en qué grados se incluirían estos puestos
y de esta forma asimilarlos a los puestos de referencia. Sin embargo, esta forma de actuar lle-
141
varía aparejado que además de las desventajas del método de los salarios de mercado se aña-
lo hacen en número adecuado y de manera representativa (Harvey, 2012). Autores como Ry-
nes y Milkovich (1986) consideran que el proceso para desarrollar encuestas de salarios hace
que éstas sean potencialmente problemáticas y subjetivas, lo que puede producir resultados
Como con cualquier procedimiento de encuesta, pueden surgir preocupaciones con res-
pecto al grado en que se ha seleccionado una población de comparación apropiada de las or-
ganizaciones, así como si las organizaciones que se muestrean responden en número adecua-
do y de manera representativa.
Aunque Armstrong (2007) indique que la fijación de salarios de mercado puede dar in-
dicaciones sobre el valor relativo de los puestos internamente, también plantea el inconve-
niente de que esta práctica pueda ser considerada discriminatoria, ya que si los salarios del
mercado lo son, fundamentalmente en contra de la mujer, ésta fórmula lo que haría sería per-
petuar la situación (Harvey, 2012; Schwab y Wichern, 1983), esta es la razón por la que en
algunos países como Reino Unido, esta práctica no cumple con la legislación sobre igualdad
Entre las principales ventajas que se pueden extraer del método, Heneman (2003) des-
taca: su validez aparente para los empleados, parece ser más objetivo que otros enfoques de
valoración; la disponibilidad cada vez mayor de datos sobre el mercado de trabajo para los
empleadores y para algunos trabajos es un procedimiento rápido; así como que en términos
bles” (p. 42), debido a que una vez que se ha acordado el criterio, el procedimiento para de-
terminar los pesos y comprobar en qué medida se ajusta el modelo resultante se puede hacer
estadísticamente. Sin embargo, no se puede olvidar que los datos de mercado son susceptibles
tos momentos pequeñas muestras de empresas para tomar decisiones sobre el valor de merca-
do.
Desde nuestro punto de vista, si bien los salarios de mercado son un referente a tener en
poder proporcionar una evidencia empírica clara que las organizaciones pueden utilizar para
explicar las razones por las que un determinado puesto de trabajo recibe un salario en concre-
to, en estos momentos, por sí solo no es suficiente para cumplir con el objetivo de equidad en
los sistemas de compensación, ya que es necesario abordar también la equidad interna (He-
neman y LeBlanc, 2002) y ésta solamente la proporciona la VP. No consideramos que sea
una cuestión de tener que elegir entre una metodología u otra, ya que ambas pueden ser com-
plementarias, aunque haya autores que consideren que el futuro está en la capacidad de desa-
rrollar e implementar sistemas de salario base que estén basados solamente en el mercado
(Zingheim y Schuster, 2002). En cualquier caso, no puede obviarse que a la hora de definir
las retribuciones de los puestos se debe tener en cuenta el mercado laboral, ya que de otra
forma sería muy difícil atraer y retener a los trabajadores si las organizaciones competidoras
están ofreciendo salarios más elevados (Kareem, Oke, Atetedaye y Lawal, 2011).
Harvey (2012) describe como método de valoración una variante del método de la pun-
tuación que conjuga las características del mismo y el enfoque de la política capturada, lo que
143
permite incorporar los beneficios de ambos para la cuantificación de los factores, así como un
método para deducir el peso que sería deseable de los factores para mejorar la equidad exter-
na. Si bien, autores como K. R. Davis y Sauser (1991), indican que no se debería considerar
como un sistema de VP, aunque sea utilizado por los métodos de VP.
relación entre las decisiones de los jueces y el uso de datos cuantificables utilizados para lle-
gar a las mismas (Robinson et al., 1974). Este enfoque se ha utilizado en una variedad de con-
textos, como por ejemplo, la búsqueda de empleo (Cable y Judge, 1994; Rynes, Schwab y
(Sánchez y Levine, 1989) o entrevistas de trabajo (Graves y Karren, 1992), además se su uso
para la VP (K. R. Davis y Sauser, 1991, 1993; Gómez-Mejía et al., 1982; Madigan y Hoover,
Una de las primeras descripciones del método fue la realizado por McCormick et al.
(1972), quienes utilizando las puntuaciones de las dimensiones del trabajo obtenidas a través
de la aplicación del PAQ, emplearon la política de captura, en este caso, un modelo de regre-
sión múltiple en el que los salarios de mercado de cada puesto era el criterio y las puntuacio-
nes de las dimensiones del trabajo, los predictores, y una vez desarrollado el modelo para una
captura de la puntuación del factor distintas ventajas que, según el autor, reducen los proble-
– Facilita responder a las críticas que puedan surgir en relación a la calidad o exacti-
tud de los datos subyacentes del APT en el que se basa el sistema de valoración y,
del puesto se utilizan para puntuar las dimensiones abstractas del mismo que defi-
144
nen los factores de valoración. Esto permite que la calificación de cada elemento
del APT pueda ser auditada de forma independiente por las personas conocedoras
del puesto y verificada su precisión. Por tanto, todos los datos utilizados en el pro-
les que buscan cómo documentar la relación del contenido del puesto y la objetivi-
Pero para que esto se produzca es necesario que: los elementos del cuestiona-
utilicen escalas de clasificación adecuadas para calificar los elementos del cuestio-
permitiendo valorar a los puestos que no son clave en los factores o dimensiones del
las retribuciones, al utilizar los salarios de los precios del mercado como criterio en
nes de los factores para determinar el valor total de los puestos se optimiza al hacer
las predicciones con respecto a las condiciones reales del mercado laboral, lo que
permite maximizar la equidad externa. Por otro lado, el hecho que los puntos de la
plica que éstos pueden ser pronosticados a partir de la descripción de los aspectos
al., 1972) o el CMQ (Harvey y Lozada-Larsen, 1988) dan muestra de estos adecua-
dos niveles de predicción. Así, el propio Harvey (1993) obtuvo en cinco organiza-
ciones diferentes estimaciones de validez cruzada que van desde .67 a .98 en la pre-
fuera de convenio.
– Permite ser utilizado para mejorar la equidad interna, si en lugar de utilizar los sala-
rios externos como criterio, se utilizan los internos, lo que implicaría capturar y
Se han expuesto las ventajas del método, sin embargo, desde nuestro punto de vista, al-
gunas de sus propias ventajas son también sus principales inconvenientes, señalados con an-
terioridad con respecto a las encuestas salariales, los cuales son aplicables a la captura de la
política de los salarios de mercado, debido a que lo que estaría haciendo es perpetuar los po-
sibles errores y sesgos que éstas contengan. De la misma manera, si se utiliza para equidad
interna se debería poder determinar por anticipado que la actual clasificación de puestos y ni-
veles retributivos son adecuados y que se desean mantener, ya que el sistema lo que facilita
es reproducir la política que se ha aplicado en el pasado. Por tanto, con su utilización se po-
dría estar justificando las estructuras salariales existentes, institucionalizando los prejuicios
El método de los porcentajes es una variante del método de comparación por factores, y
surge con la finalidad de solucionar una de las dificultades del método que es conseguir la
adecuación retributiva de los puestos clave que se utilizan para crear la estructura escalar, lo
que con cierta frecuencia resulta imposible (Corominas, Coves, Lusa, Martínez y Ortega,
1999). Para salvar esta dificultad Turner (1948a, 1948b) trata de determinar los valores de
cada puesto de trabajo en cada factor teniendo en cuenta; por un lado, el grado de requeri-
miento de cada factor en cada puesto clave y; por otro, la importancia de los factores respecto
a cada puesto clave. A través de este proceso se llega a una tabla de comparación con valores
contrastados siguiendo dos enfoques diferentes. Con esta información, y por comparación, se
Los puestos clave utilizados por Turner solamente tienen que cumplir las siguientes
cuatro condiciones (Comisión Nacional de Productividad Industrial, 1963): estables, bien de-
Vargas (1994) considera que es un buen método porque califica primero los puestos de
trabajo con respecto a cada factor y, posteriormente, los factores respecto a cada puesto clave;
es decir, exige una doble jerarquización (Jiménez, 2011). Aunque el método implica un pro-
ceso minucioso y detallado, es sencillo de entender, si bien para determinadas empresas pue-
de resultar complejo.