Leila Guerriero y el Periodismo Narrativo
Leila Guerriero y el Periodismo Narrativo
Resumen
Según la autora, la mirada previa, aquella que es capaz de ver lo que otros miran sin ver,
es parte del oficio, como lo es la curiosidad y la necesidad de entender el mundo y al otro.
Estas singularidades - junto a otros rasgos más específicos de su escritura- y el análisis
detallado de sus publicaciones son foco y objeto de este trabajo.
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Leila Guerriero: the art of telling real stories
Abstract
The following work constitutes an academic approach to the figure of the Argentine
journalist Leila Guerriero through the analysis of her publications. Guerriero is an
important name in the so-called narrative journalism, that is to say, the one that uses
techniques of literature and cinema to narrate real histories.
In the approach to this author, you will see how her inception in this work was and how
she comes to it just by chance, even if her baggage – she was fond of cinema and a
voracious reader of fiction books since her childhood – seemed to lead her more
towards literary creation than to journalism.
Her conception of journalism leads her to specialize in two specific genres: the profile
and the chronicle. In these extensive formats, not conditioned by the immediacy that news
requires, she finds the ideal space to develop her way of understanding journalism: it
matters both, what is told and how it is told. For Leila Guerriero the architecture of prose
has to be attractive and, especially, fluid and clear; although neat and careful writing is
not enough if it is not clear what is being told, if there is not a solid, rigorous and
contrasted content.
According to the author, the previous look, the one that is able to see what others see
without seeing, is part of the trade, the same as curiosity and the need to understand the
world and each other. These singularities - along with other more specific features of her
writing - and the detailed analysis of her publications are the focus and object of this
work.
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Sumario
0. Introducción
0.1 Metodología
1. Tratar de entender a Leila Guerriero
1.1 Nacimiento periodístico
1.2 Cómo, por qué y para qué
2. Publicaciones: ver oír y contar
2.1 El rastro en los huesos
2.2 Libros: no ficción
- Los suicidas del fin del mundo (2005)
- Una historia sencilla (2013)
2.3 Trabajo como editora
3. Lo particular de sus textos. Rasgos distintivos
3.1 La forma: arquitectura de la prosa
- Primera persona
- Silencios
- Escenas y diálogos
- Licencias de la ficción
3.2 El contenido: algo para decir
- Historias
- Datos y contexto
- Testimonio y equilibrio de voces
- Lugar común
4. Conclusiones
5. Bibliografía
6. Notas
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Summary
0. Introduction
0.1 Methodology
1. Trying to understand Leila Guerriero
1.1 Journalistic inception
1.2 How, why, and what for
2. Publications: see, hear and tell
2.1 The trace in the bones
2.2 Books: non fiction
- The suicides at the end of the world (2005)
- A simple story (2013)
2.3 Working as a publisher
3. The characteristics of her texts. Distinctive features
3.1 The form: architecture of her prose
- First person
- Silences
- Scenes and dialogues
- Artistic license
3.2 The content: something to say
- Stories
- Data and context
- The balance of testimony and voices
- Common place
4. Conclusions
5. Bibliography
6. Notes
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0. Introducción
Estas palabras pertenecen al discurso Leila Guerriero (1967). Esta cronista argentina,
sujeto del siguiente estudio, decía no saber nada de periodismo pero es una de las mayores
exponentes actuales del arte de contar historias reales1 en Latinoamérica. La cita anterior,
extraída de un discurso que pronunció en 2006 en un festival colombiano sobre
periodismo, es un buen punto de partida para acercarse a varias de sus singularidades.
Como se deduce de la cita, aquel día a Guerriero le importaba dejar claro dos cosas en su
discurso: no tenía ningún tipo formación académica ni universitaria relacionada con el
oficio y su inclinación hacia los libros de ficción, el cine y las novelas gráficas era más
fuerte que su gusto por leer artículos. La relación entre este hecho y esta característica
forma la base sobre la que ha construido una escuela propia de acción y pensamiento
sobre el periodismo.
Antes de iniciar el desarrollo del trabajo, para tomar contacto con el contexto de la autora,
hay que hacer mención del llamado periodismo literario o, como definió Gay Talese junto
a Tom Wolfe, del nuevo periodismo. Desde sus inicios en los años sesenta, esta corriente
ha ejercido una vasta influencia, tanto en el norte como en el sur de América -de hecho,
el libro Operación Masacre (1957) del argentino Rodolfo Walsh está considerado por
7
muchos como el precursor de este movimiento- y Latinoamérica lo sigue viviendo con
intensidad en la actualidad.
Si bien no podemos nombrar, como declara la autora, a Hunter Tompson como uno de
sus exponentes preferidos sí lo podemos hacer con, por ejemplo, Tomás Eloy Martínez,
Roberto Arlt, el mencionado Rodolfo Walsh y, en especial, con el periodista argentino
Martín Caparrós. Este último autor, a quién cita continuamente en sus textos, ha ejercido
sobre Guerriero una clara influencia y ella misma lo considera el mayor referente actual
del periodismo literario latinoamericano2.
Para valorar la relevancia de Leila Guerriero y la calidad de sus artículos hay que empezar
por conocer cómo, por qué y para qué ejerce el periodismo literario, cuáles son los frutos
-las publicaciones- de su trabajo y qué particularidades, formales y de contenido, la hacen
merecedora de un espacio en la investigación académica.
8
0.1 Metodología
Los resultados de este trabajo se han obtenido gracias al análisis cualitativo de fuentes
primarias documentales, artículos periodísticos y material audiovisual.
Para exponer las ideas sobre sus libros y artículos se han tenido en cuenta textos de
terceros sobre la autora. Tras un estudio pormenorizado se ha obtenido la información
relevante de todos ellos, dando prioridad a las firmas reconocidas. De igual modo se ha
procedido con las entrevistas en profundidad de periodistas a Guerriero.
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1. Tratar de entender a Leila Guerriero
De su infancia y juventud ha dado a conocer su especial afición por los libros de ficción
y las películas. Conocer este interés temprano por la literatura y el cine tiene importancia.
Guerriero describía así la influencia del cine en su ejercicio del periodismo: “La cosa más
importante que sé acerca de cómo contar historias me la enseñó una película llamada
Lawrence de Arabia, que vi más de siete veces, a lo largo de un invierno helado, en la
ciudad donde nací.” (Guerriero, 2014: 71)
Sabemos que aprendió a leer con seis años pero antes de eso su padre ya le leía autores
como Horacio Quiroga, Ray Bradbury y Edgard Allan Poe3. Su temprano vínculo con la
literatura ha ejercido sobre Guerriero una gran influencia personal y profesional, como se
detallará más adelante, y esto queda plasmado en sus textos con continuas referencias a
libros y escritores. Aunque empezó leyendo cuentos, novelas y poesía, su fascinación se
fue ampliando a lo largo de los años por otros géneros como las crónicas periodísticas.
Pero, por encima de estos dos intereses, Leila Guerriero era una persona a la que le
gustaba escribir. La pasión por la escritura, asegura la autora, la acompañó desde pequeña.
Esta tendencia a contar historias -en ese momento historias de ficción- fue tomando
envergadura hasta convertirse en una opción de futuro.
10
idea de cómo hacer para, literalmente, sacarla de allí: cómo hacer para,
literalmente, ganarme la vida con eso.” (Guerriero, 2014: 29)
Ante la sin respuesta de cómo encajar su vocación con su futuro laboral decide estudiar
en la universidad. En ese momento la autora no sopesaba la licenciatura de Periodismo
como una opción académica ni el oficio de periodista como una opción de trabajo, así
que, como deseaba viajar por el mundo, se decantó por una carrera que nunca ejercería,
la de Turismo.
La etapa universitaria no parece ser un tema inspirador para Guerriero. Apenas suele
recurrir a esta época de su vida en sus textos y, aunque es sabido, ni siquiera suele
especificar que estudió Turismo. De hecho, lo más relevante de su etapa universitaria -
además de dotarla de un bagaje importante de cultura general- ocurrió, paradójicamente,
cuando la terminó.
Tras acabar la carrera la autora entregó a la redacción de Página/12 -uno de los diarios
de cabecera de Argentina- un cuento titulado Kilómetro cero. El periódico tenía un
suplemento llamado Verano/12 donde aparecían algunos textos de ficción que enviaban
los lectores y Guerriero no tenía más pretensión que la de aparecer en este espacio. El
cofundador y por aquel entonces director del diario, Jorge Lanata, leyó el relato, le gustó
y decidió publicarlo en la contraportada. Un espacio que había estado reservado hasta
entonces para firmas de escritores y periodistas de renombre -Juan Gelman, Osvaldo
Soriano, Rodrigo Fresán, Juan Forn- y del propio director del diario.
Pocos meses después de la publicación, y con motivo de esta, Jorge Lanata sembró la
semilla del destino profesional de Leila Guerriero: le ofreció un puesto como redactora
en la revista Página/30. Ella lo aceptó. “Así, de un día para otro, en 1991, me hice
periodista y entendí que eso era lo que siempre había querido ser, y ya nunca quise ser
otra cosa” (Guerriero, 2014: 32)
11
“El mismo día de mi desembarco, el editor de la revista me encargó una
nota: una investigación de diez páginas sobre el caos del tránsito en la
ciudad de Buenos Aires. Yo jamás había escrito un artículo, pero había
leído toneladas de periodismo y de literatura, y había estado haciendo un
saqueo cabal de todo eso, preparándome, sin saberlo, para cuando llegara
la ocasión. […] De modo que, si bien yo no era periodista, creía saber
cómo contar esa historia del caos de tránsito en la ciudad de Buenos Aires.”
(Guerriero, 2014: 120)
Ese primer artículo, por el que recibió las felicitaciones de su editor, fue el nacimiento de
su carrera periodística. A pesar de su inexperiencia, nunca le encargaron tareas menores.
Nunca estuvo allí para encargarse de la agenda o realizar trabajos que se alejaran del
oficio. Entró como una redactora más y fue aprendiendo a ser algo que no sabía:
periodista.
“Como no sabía hacer perfiles –como no sabía siquiera que esos textos se
llamaran así– me inventé un método que me pareció prudente: leí todo lo
que pude acerca de la vida y obra del sujeto a entrevistar, hablé con un par
de amigos suyos, miré tres películas, lo entrevisté dos veces, lo acompañé
durante un día de trabajo y entregué un texto al que llamé, en la intimidad,
un «texto integrado». Lo de integrado venía, como es notorio, de la
integración de varios recursos: material de archivo, cierta polifonía de
voces, diversidad de recursos.” (Guerriero, 2014: 204)
12
Durante varios años, Leila mantuvo su firma junto con la del resto de la plantilla de
Página/30 y más tarde pasó a redactar para la revista del diario La Nación. No obstante,
siempre ha creído que “el aburguesamiento es lo peor que le puede pasar a un periodista”4
y eso le ha llevado, paralelamente, a mantener colaboraciones constantes con cantidad de
periódicos y revistas.
Actualmente destaca su labor como editora para América Latina y Cono Sur de la
prestigiosa revista mexicana Gatopardo y, desde 2014, su columna de opinión quincenal
que publica en la contraportada de El País.
13
primero: periodista. La confusión viene dada porque sus crónicas y perfiles se clasifican
como piezas de periodismo narrativo o periodismo literario.
El periodismo narrativo es aquel que utiliza las técnicas propias de una novela -las
técnicas de ficción- para contar una historia auténtica. El suceso y los involucrados en él
siempre son reales, no se alteran ni se modifican, pero la narración se apoya en recursos
literarios para contarlo. Esta forma de comunicar tiene que ver, según la autora, con la
capacidad de observación del periodista: “El periodismo narrativo es muchas cosas pero
es, ante todo, una mirada –ver, en lo que todos miran, algo que no todos ven– y una
certeza: la certeza de creer que no da igual contar la historia de cualquier manera.”
(Guerriero, 2014: 42)
En ese proceso de ver, oír y contar5 que es el periodismo, todas las partes deben estar en
equilibrio para lograr un buen texto. Las operaciones de observación y escucha -el
llamado trabajo de campo- deben ir acompañadas de un trabajo de recopilación de
información. Esto es imprescindible para comprender la dimensión y el contexto de lo
que, honestamente, se quiere contar.
Es solo cuando se tiene algo para decir cuando se puede plasmar lo que uno cree entender.
“La forma adecuada para contar una historia nunca será la de un exhibicionismo vacuo
de la prosa. Una andanada de sinécdoques, metonimias y metáforas no logrará disimular
el hecho de que un periodista no sabe de qué habla, no ha investigado lo suficiente o no
encontró un buen punto de vista” (Guerriero, 2014: 46). Por tanto, de nada sirve poner la
atención en cómo contar algo formalmente si no hay un contenido sólido.
Según la autora la cuestión formal dependerá del talento del periodista, él deberá
descubrir cuál es la mejor forma de contar su historia. “Cada pausa, cada silencio, cada
imagen, cada descripción, tiene un sentido que es, con mucho, opuesto al de un adorno”
14
(Guerriero, 2014: 47) Para lograr escribir como un buen periodista literario no hay
ninguna fórmula exacta pero sí un requisito indispensable y es, de nuevo, leer. La
condición para ejercitar la mirada sirve también para desarrollar la prosa. Para esto último,
la autora hace especial hincapié en las lecturas de ficción:
“Leer ficción, entre otras cosas, adiestra el oído, desarrolla el sentido del
ritmo, ayuda a encontrar un estilo propio, produce humildad y
omnipotencia –y, por tanto, ganas de escribir–, y un etcétera largo en el
que no es menor el hecho de que fortalece el buen gusto y sirve para no
creer que uno ha inventado el paraguas cuando el paraguas lo han
inventado otros cien años ha. […] Querer escribir y no querer leer no sólo
es un contrasentido. Querer escribir y no querer leer es una aberración. Es,
sin salvar ninguna distancia, como ser periodista y no tener curiosidad”.
(Guerriero, 2014: 105)
El por qué escogió dedicarse en concreto al periodismo literario tiene que ver con una
cuestión de capacidades pero también de incapacidades. Guerriero se ha manifestado sin
talento para las noticias de actualidad porque se considera lenta redactando6 y dice no ser
capaz de escribir sobre algo si no tiene el tiempo para el trabajo de campo ni el espacio
para contar de manera justa y equilibrada la historia. Estas características hacen que
necesite trabajar los temas con paciencia, semanas y extensión de caracteres, y son la
excusa para no tener que renunciar a la identidad de su prosa literaria.
Su libro Zona de Obras -en el cual se apoya la totalidad de este capítulo- está compuesto
por más de treinta textos que exponen con generosidad el sentir de la periodista sobre su
oficio. El libro es una invitación a conocer lo que hay detrás de su firma. A través de sus
reflexiones -y las de otros referentes citados- la autora busca dar respuesta a cómo, por
qué y para qué se dedica al periodismo narrativo.
15
Esta última pregunta, para qué dedicarse a este oficio, tiene relación con la decisión de
Guerriero de tratar de entender la complejidad de un hecho o de una persona para después
poder contarlo sin reducirlo a lo plano, a lo monolítico.
Esta tesis, la de tratar entender que no existe una única mirada sobre los hechos, recorre
casi todos los textos de Zona de Obras y habita en los cimientos de cada crónica, cada
perfil y cada labor periodística de Leila Guerriero.
16
2. Publicaciones: ver, oír y contar
Una de las crónicas más reconocida en la carrera de Leila Guerriero es El rastro en los
huesos. Este reportaje, publicado por El País Semanal (España) en diciembre de 2007 y
meses después en la revista Gatopardo (Colombia, México), ganó en 2010 la novena
edición del premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano por relatar con
maestría el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense.
El rastro en los huesos narra la historia de los miembros que conforman el Equipo
Argentino de Antropología Forense dedicado a recuperar los restos de personas
desaparecidas en casos de violencia de Estado y crímenes contra la humanidad. La
organización, compuesto mayoritariamente por jóvenes estudiantes de antropología,
surge en 1984 bajo condiciones precarias con el objetivo de localizar personas
desaparecidas durante la dictadura militar en Argentina.
Con el paso del tiempo esta organización va consiguiendo subvenciones y sus acciones
acaban por internacionalizarse. “De Argentina a Kosovo, de Guatemala a Timor Oriental,
el equipo va por el mundo desenterrando huesos perdidos, reconstituyendo cuerpos y por
lo tanto identidades, y permitiendo a los familiares de las víctimas tener esa terrible,
necesaria certeza: dónde están sus muertos”. El escritor colombiano Juan Gabriel
Vásquez describía así el texto galardonado y añadía:
17
Además de por ser su crónica más laureada, este reportaje contiene un detalle relevante
en la vida y trayectoria de Guerriero. En la parte final del texto, durante una de las
conversaciones con uno de los miembros del equipo forense, Carlos Somigliana
pronuncia las siguientes palabras: “No hay nada bueno sin malo. Lo cual te lleva a la otra
posibilidad mucho más perturbadora: no hay nada malo sin bueno” (Guerriero, 2005: 95)
Como explicaremos más adelante -en el análisis del contenido-, la impronta que deja esta
idea se irá apreciando en sus artículos y publicaciones posteriores.
Los suicidas del fin del mundo es el primer libro escrito por Leila Guerriero. El ejemplar,
publicado en 2006, es una extensa crónica sobre la ola de suicidios que asoló en la década
de los noventa el pueblo de Las Heras, provincia de Santa Cruz (Argentina). Un periodista
de la revista Rolling Stone de Argentina reseñó su impresión del libro de esta manera:
“Guerriero viajó a Las Heras y ahí quedó, un poco atrapada por los
caminos cortados, otro poco por la historia de muertes en el sitio más
autoflagelante de la Argentina. En las 230 páginas del texto, la autora va
recorriendo de casa en casa, literalmente a contraviento, preguntando por
qué, por qué allí los jóvenes se matan”. 8
A través de las conversaciones de la periodista con los vivos acabamos conociendo a los
muertos. Pero el libro no se convierte en una investigación periodística, ya que no existe
respuesta a la mayoría de las preguntas, sino en un relato de episodios que retrata la vida
cotidiana de esa comunidad.
“Durante un tiempo viajé a ese pueblo, hablé con peluqueros y con putas,
con madres y con novios, con hermanas y amigos de los muertos, y, cuando
creí que había terminado, empecé a buscar un editor para eso que, pensé,
podía ser un libro. Muchos retrocedieron espantados ante tanto muerto
joven, pero uno de ellos, con ojos luminosos de entusiasmo, me preguntó:
18
« ¿Por qué mejor no lo escribís como si fuera una novela?»”. (Guerriero,
2014:75)
Como todo lo que escribe Guerriero, los hechos y conversaciones plasmadas en el texto
son estrictamente reales. Así que, como expresa en la cita anterior, siempre rechazó a
cualquier editor que quisiera volver ficción la realidad: “Cuando doce personas deciden
suicidarse en un año y medio en plena calle o en casa de su mejor amigo, en fechas tan
significativas como el día de cambio de milenio, en un pueblo petrolero con más putas
que automóviles, no siento que mi imaginación pueda agregar, a eso, mucho.” (Guerriero,
2014: 75)
La segunda crónica de Leila Guerriero que acabó convertida en libro lleva por título Una
historia sencilla. Este relato fue publicado en 2013 y cuenta la historia de una
competencia de baile folklórico argentino: el Festival Nacional de Malambo de Laborde.
La idea de la plasmar esta historia surgió en 2009 tras haber leído un artículo en el
periódico La Nación que decía: “Los atletas del folklore se preparan para competir”. Este
artículo interesó en especial a Guerriero que no entendía cómo un bailarín tradicional
podía llegar a ser considerado un atleta. Tras investigar sobre este fenómeno supo que el
baile requería de un grandísimo esfuerzo físico y aeróbico y que ganar el mencionado
festival te invalidaba para seguir compitiendo. En el libro lo explica de esta manera:
Este requisito indispensable, este pacto tácito, fue lo que llamó la atención de la periodista
e hizo que se trasladara hasta el pueblo de Laborde, en la provincia de Córdoba
19
(Argentina), para entender por qué todos esos aspirantes, en su mayoría de familias
humildes, hacían lo que hacían. Al tercer día viviendo el festival, Leila Guerriero
presencia la puesta en escena de Rodolfo González Alcántara y queda impactada.
Cuando ella lo vio bailar, le atravesó un rayo. Normal. Hasta ahí, normal.
La suerte a veces se alía con el espíritu de las historias que decides contar.
Y en esa ocasión, González Alcántara quedó subcampeón. Así es como la
escritora pudo aprovechar ese año de desvelos en su protagonista, de
ahorro para comprar lo necesario y gastar en clases, de entrenamiento
salvaje, para contar, sin renunciar nunca a la sencillez del relato, la
impresionante aventura de su camino a esa gloria nacida para evaporarse.
Como escribe el periodista Jesús Ruiz Mantilla en el artículo de El País, el encuentro con
este bailarín, que además queda subcampeón esa edición, sirvió para modificar el hilo
narrativo. Lo que en un principio iba a ser la historia sobre el Festival Nacional de
Malambo de Laborde pasa a ser la historia de este hombre y su participación en la
siguiente edición del festival.
La periodista lo deja claro en el inicio del libro: “Esta es la historia de un hombre que
participó en un festival de baile” (Guerriero, 2013: 9). Más tarde, tras su publicación,
Guerriero cambiaría la definición en una entrevista: “Esta es la historia de un esfuerzo
ético por no tener una vida gris”. 9
Ante la pregunta del periodista Ramón Lobo, en una entrevista publicada en Jotdown, de
cómo vivía la experiencia como editora, la periodista declaraba que le estaba siendo grata
y no había tenido gente que se hubiera ofendido:
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“Creo que tiene que ver con cómo uno dice las cosas. Si pido un texto a un
periodista es porque me interesa, me parece bueno y supongo que va a
entregar un trabajo de calidad. Cuando me entrega el texto asumo que no
me ha entregado cualquier cosa. Así que trato de que mi primera respuesta
sea sumamente respetuosa, a la altura de su esfuerzo. Intento no ser
demoledora”10
En su libro Los malos, publicado por Ediciones UDP en 2011, la editora recopila varios
perfiles de periodistas que han rastreado la vida de varios criminales latinoamericanos.
Esta serie artículos, dotados de una crudeza extrema, se encuentran tras un prólogo que
dice así: “Los hechos son fáciles. Lo difícil es entender la minucia: las inevitables
contradicciones que hacen que nadie sea, del todo, un demonio o un ángel encendido”.
En un reportaje de El País titulado Las fronteras movedizas del mal, el periodista Wiston
Manrique reflexiona sobre el contenido y la idea del libro:
El último libro editado por Leila Guerriero, sin embargo, no tiene nada que ver con el
mal. La periodista se aleja de la crudeza para dejar paso a lo esperanzador. Publicado por
Planeta, Un mundo lleno de futuro: diez crónicas de América Latina recopila crónicas de
ciencia, tecnología, innovación o educación para narrar una faceta poco mostrada de
Latinoamérica.
21
3. Rasgos destacables: lo particular de sus textos
Primera persona
Y así ha sido; el uso del yo en los artículos de Guerriero se rige por este principio. La
autora defiende que el ejercicio del periodismo está basado en la invisibilidad del que
cuenta la historia. Lo importante es el otro. En los casos en los que su voz aparece lo hace
con el objetivo exclusivo de retratar al otro o describir una experiencia propia que aporte
valor al contenido del texto.
Podemos observar, por ejemplo, de qué manera aparece la autora en el perfil sobre Jorge
González “El Gigante” publicado por El País Semanal en 2007. En uno de los diálogos
de este artículo, “El Gigante” le pregunta a Guerriero, sin obtener respuesta, dónde había
estado la noche anterior: “¿Dónde estabas ayer, que te llamé al hotel y me dijeron que no
estabas?”. Hasta ese momento el lector obviaba la presencia de la periodista pero, tras
estas palabras del protagonista, se materializa por un instante. La transcripción de esta
alusión no es baladí. Si Jorge Gonzalez pronuncia este enunciado es porque se cree con
potestad de controlar los movimientos de la periodista y esto sirve para aportar
información sobre su personalidad.
22
El artículo Sueños de realidad publicado en La Nación (Argentina) en 2008 sirve como
otro ejemplo del tratamiento del yo. En este perfil sí se advierte la discreta presencia de
la periodista a lo largo del texto porque está basado en un formato más parecido a la
entrevista, en el que los diálogos con la protagonista, Romina Tejerina -una joven de
veinticuatro años condenada a catorce años de prisión por apuñar a su bebé concebido en
una violación-, son más frecuentes. Sin embargo, en ningún instante la periodista se
propone por delante de la historia. En un momento determinado de la conversación la
joven le dice: “Qué flaca que sos vos, ¿Qué talle tenés? Si tenés alguna ropita, ya sabés.
A mí me encanta la ropa. ¿Vos ya desayunaste?”. Ante estas preguntas Guerriero se limita
a responder con un “sí”. No sabemos si esta fue la respuesta o la recortó cuando redactaba,
pero ante la posibilidad de tomar protagonismo en la historia decide invisibilizarse.
Además de que el comentario de Romina Tejerina aporta información sobre cómo se
relaciona con la periodista -y por tanto, con los demás-, la autora está lanzando un
mensaje: ella no importa.
Tanto en el libro Los suicidas del fin del mundo como en Una historia sencilla la autora
adopta la primera persona. En una conversación de 2011 entre Ramón Lobo y Leila
Guerriero publicada por la revista Jot Down, la periodista declara que es prudente a la
hora de decidirse por la primera persona porque se siente más confortable en la tercera,
pero que en el caso de los libros lo consideró necesario para narrar determinadas
experiencias y reflexiones12.
23
Silencios
Como veremos a lo largo del capítulo, los textos de Leila Guerriero están plagados de
ejercicios sutiles de complicidad con el lector. En sus textos tiene tanta importancia lo
que se dice como lo que no se dice como lo que afirma sin decir. Este modo de trabajar
con los silencios invita a cuestionarse las ideas que parecen formalmente inacabadas en
los textos.
“Cosas que no hace Samid: no lava platos, no juega por dinero, no fuma,
no llora, no se angustia. Cosas que no tiene Samid: autos último modelo,
muebles caros, casa de cinco mil metros, asesor de imagen, manicura,
trajes de Armani, yate, gemelos de oro, mocasines de cuero italiano. Por
cosas como estas, podría pensarse que Samid es un hombre modesto”.
En la conversación con motivo de la presentación del libro Frutos extraños entre Alfonso
Armada y Leila Guerriero de 2012, la periodista confirma lo que el lector pudo intuir al
leer ese párrafo: no, Samid no es un hombre modesto. Es un multimillonario que, al igual
que los demás, ostenta lujos. Otros lujos. La decisión de no ser explícita devine porque
lo fastuoso de Samid no es algo que se puede apreciar con facilidad cuando lo conoces.
“Me gusta pensar en que el texto se termina de armar en la cabeza del que lo lee. Me gusta
pensar que sale con más preguntas que respuestas”.13
La significación del silencio -de lo se dice sin decir- tiene protagonismo en el primer libro
de Guerriero, Los suicidas del fin del mundo. Como se explica en el epígrafe 2.2,
Guerriero cuenta la historia de una ola de suicidios de personas muy jóvenes que se había
producido en el pueblo de Las Heras durante un periodo de tiempo muy corto. En un
momento determinado del libro la periodista escribe esto:
24
“Había escuchado tantas teorías para explicarlo todo. Porque sí, porque
no había nada para hacer, porque estaban aburridos, porque no se
llevaban bien con sus padres, porque no tenían padres o porque tenían
demasiados, porque les pegaban, porque los hacían abortar, porque
tomaban tanto alcohol y tantas drogas, […] porque los habían violado,
porque eran solteros, porque tenían amores pero desgraciados, porque
habían dejado de ir a misa, porque eran católicos, satánicos, evangelistas,
[…] porque tenían problemas, porque no los tenían en absoluto. Teorías.
Y las cosas, que se empeñaban en no tener respuesta.” (Guerriero, 2006)
Con el silencio tras este párrafo la periodista le está diciendo al lector que el enigma -¿por
qué tantos jóvenes deciden quitarse la vida uno tras otro?- no se va a resolver. “Creí que
no hacía falta decir más para decir que la respuesta no estaba entre los vivos. Que los
vivos, en todo caso, sólo podían ofrecer respuestas miserables”. (Guerriero, 2014: 237)
Escenas y diálogos
Uno de los recursos más importantes que utiliza Leila Guerriero para hacer avanzar el
relato de manera fluida pero manteniendo el suspense es la recreación de escenas y su
relación entre ellas.
Cada parte o secuencia está separada por un símbolo gráfico -normalmente tres asteriscos-
que determina el paso de una a otra. Esto permite avisar al lector de saltos entre distintos
ejes: temporales, argumentales, descriptivos, etc. Guerriero puede intercalar, por ejemplo,
diálogos del presente con recreaciones del pasado, escenas de acción con párrafos
informativos -que ayudan al contexto argumental- o escenas panorámicas con
descripciones minuciosas. Pero dentro de este puzzle siempre hay un cable conductor -
cronológico o no- que permite entender la historia.
Este recurso está, como es obvio, sacado de la literatura y del cine. Especialmente de este
último. La periodista hablaba así de la aplicación de esta técnica en su libro Zona de
Obras: “Las películas, como las crónicas, no se construyen sólo con planos generales y
ritmos lentos, sino con primeros planos, planos americanos, monólogos, flashbacks,
25
escenas de tiros, escenas de sexo y escenas de violencia. En las crónicas, como en el cine,
hay voces en off, travellings, paneos.” (Guerriero, 2014: 237)
Uno de esos flashback, por ejemplo, lo podemos encontrar en el perfil El clon de Freddie
Mercury publicada en la revista SoHo (Colombia) en 2007. Una de las escenas acaba con
un diálogo entre la periodista que pregunta y el protagonista, Jorge Busetto, que responde.
Lo que continúa tras los asteriscos es una imagen de su pasado:
***
Jorge Busetto tenía 5 años y no era esto que es sino el primer hijo de
Norma y Jorge -nieto de la abuela Ema y sobrino del tío Osvaldo. […]
[…]
-Yo estoy habituada a desenterrar guanajos, no personas- dijo Patricia
Bernadi, 27 años, estudiante de antropología, huérfana de padres,
empleada en la empresa de transporte de su tío.
-A mí los cementerios no me gustan- puede haber dicho Luis
Fondebrider, estudiante de primer año de antropología, empleado de una
empresa de fulminación de edificios.
En este fragmento del diálogo entre ellos se aprecia una diferencia: el dijo y el puede
haber dicho. La afirmación de una y la duda del otro puede responder a que, durante las
entrevistas, Fonderbrider le diría a la periodista que creía haber comentado algo parecido.
En cambio, Bernardi sí le confirmaría que esas fueron sus palabras.
26
Como se ha señalado al inicio del capítulo, en los diálogos de tiempo presente puede o no
aparecer la intervención de la periodista. Aunque intenta mantenerse invisible al lector,
la colocación en el texto de algunas de sus preguntas sirve para hacer avanzar el relato.
Licencias de la ficción
En el perfil a la artista Felisa Pinto Retrato de una dama, publicado también por El
Malpensante, Guerriero inicia el texto así: “Suave es la noche”. Esta frase es el título
exacto de la famosa obra de Francis Scott Fitzgerald de 1932. Si se continúa buscando se
puede seguir encontrado referencias: el libro Una historia sencilla se titula igual que el
título traducido en Argentina de la película de David Lynch The Straight Story (1991).
Estas tres referencias son solo un ejemplo de las influencias explícitas literarias y
cinematográficas que tiene el trabajo de Leila Guerriero.
Los artículos de Guerriero están inundados por recursos de la ficción: metáforas, tonos,
climas. Un ejemplo de clima sería el que crea en Los suicidas del fin del mundo con el
recurso del viento. La continua alusión a este fenómeno -casi como si fuera un personaje
más de la historia- impregna la lectura de una sensación de molestia y enajenación.
Otra de sus prácticas significativas -nada ortodoxas con el periodismo tradicional- tiene
que ver con la licencia para transcribir fonética y morfosintácticamente los diálogos de
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ciertos protagonistas de sus perfiles. En el artículo El amigo chino de 2005 publicado en
la revista Lateral (España) la periodista escribe de esta manera los comentarios del
protagonista, un joven chino dueño del supermercado de su barrio: “Acá aire mejor.
Porque se llame Buenos Aire. En mi país, no tan bueno el aire, mucho auto. Antes no,
antes meno auto. Antes, cuando yo chico, dormía al aire libre en una silla. Y Argentina,
cuando vino, veía estrella. Ahora, poco poco. Cielo me parece más sucio que ante.”
Esta transcripción literal de la forma de hablar del entrevistado, con fidelidad total aun en
sus error lingüísticos, sirve tanto para la carecterización del personaje como para
transmitir una especie de cadencia, de ritmo que se hace presente en la cabeza del lector
y que lo induce a pensar en un determinado acento o rasgo dialectal.
Una forma más sutil de licencia en la transcripción aparece en el artículo El gigante que
quiso ser grande antes mencionado. Este fragmento pertenece a una escena descriptiva
que incluye un intercambio de palabras entre “El gigante” y su sobrino Carlitos:
[…] Desde el cuarto de Carlitos llegan los ruidos ahogados del televisor.
- Carlitoooo.
- ¿Queeeé?
- Traéme agua, papi. Con hielo
En este corto diálogo esas vocales que se prolongan y repiten en el papel, imitando –casi
onomatopéyicamente- el sonido en el aire, nos dicen tanto o más de la relación entre esos
dos personajes.
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Conclusiones
Cada crónica y cada perfil de Leila Guerriero demuestran que esta periodista es una
exponente del arte de contar historias reales.
Su talento, pero sobre todo su bagaje literario –obtenido por su obsesión por la lectura y
el cine – hicieron posible que desde el primer momento la periodista pudiera ejercer como
tal, aun sin tener ninguna experiencia ni base académica a su favor
Aunque demuestra que entre su vida personal y su oficio existe un estrecho vínculo, en
sus perfiles y crónicas siempre marca una distancia que le permite ser justa con sus textos.
Estos desprenden característica como la rigurosidad, el compromiso, el respeto y la
honestidad. Y sus lecturas son fluidas, atractivas, crudas y reveladoras.
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Bibliografía
Guerriero, L (2005) Los suicidas del fin del mundo. Argentina y España. Tusquets
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Notas
1
Guerriero, L. (27/02/2010) Del arte de contar historias reales. Babelia (El País)
2
Lobo, R (11/2013) Leila Guerriero: «El periodismo objetivo es la gran mentira del
universo, todo es subjetivo». Jotdown
3
Guerriero, L (2014) Zona de obras. España. Círculo de Tiza
4
Lee por gusto. (1/03/2016) Leila Guerriero “El aburguesamiento es lo peor que le
puede pasar a un periodista” Obtenido de:
https://www.youtube.com/watch?v=LJgDYv_K8nM
5
Guerriero, L (2014) Zona de obras. España. Círculo de Tiza
6
Lee por gusto. (1/03/2016) Leila Guerriero “El aburguesamiento es lo peor que le
puede pasar a un periodista” Obtenido de:
https://www.youtube.com/watch?v=LJgDYv_K8nM
7
Gabriel Vázquez, J (22/07/2010) Leila Guerriero no parpadea. El espectador
8
http://www.rollingstone.com.ar/769324-los-suicidas-del-fin-del-mundo
9
Casamerica. (24/10/2013) Leila Guerriero, una historia sencilla. Obtenido de:
https://www.youtube.com/watch?v=1Dmgt5SXLr8
10
Lobo, R (11/2013) Leila Guerriero: «El periodismo objetivo es la gran mentira del
universo, todo es subjetivo». Jotdown
11
Mánrique Sabogal, W. (26/09/2015) Las fronteras movedizas del mal. El País
12
Lobo, R (11/2013) Leila Guerriero: «El periodismo objetivo es la gran mentira del
universo, todo es subjetivo». Jotdown
13
Casamerica. (2012/09/25). Frutos extraños: Conversación entre Leila Guerriero
(Argentina) y Alfonso Armada. Obtenido de
https://www.youtube.com/watch?v=5AWk3vmZI0k
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