“¿Cómo hacernos un
cuerpo?” Entrevista
con Suely Rolnik //
Marie Bardet
Publicada en 8 de mayo de 2018
Esta entrevista es un adelanto del libro “8 M | Constelación Feminista”,
editado por Tinta Limón.
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Suely Rolnik es una máquina de intervenciones en múltiples direcciones o por
lo menos en las dos que se alían fuertemente en su trabajo: crítica y clínica,
alianza que genera el campo de la micropolítica. Cada una de sus
conferencias, textos, aquelarres con artistas, montaje de redes, conversación,
es un modo de intervención situada. Pero que el feminismo y los saberes-del-
cuerpo (con todos los nombres mutantes que inventan: “la cuerpa”,
“acuerparnos”) sean las experiencias fundamentales de insurrección y
reconfiguración micropolítica del momento, parecen ser desplazamientos que
tienen en vilo a Rolnik en los últimos tiempos. Narra estos desplazamientos
actuales con fuerza y detalles en una conversación de verano.
Cuenta aquí que las Asambleas Públicas de la Escuela de Técnicas Colectivas
organizadas en Buenos Aires en abril 2017 por Verónica Gago y Silvio Lang en
el marco del Coloquio “Cerca de la Revolución” en la UNSAM fueron decisivas
para encontrar su feminismo en las moléculas más ínfimas de su cuerpo;
explica cómo el momento actual de violencia y destrucción en América Latina y
en el mundo que surge del nuevo pliegue del “inconsciente colonial-
capitalistico” en el marco del capitalismo financiero y globalizado también es un
momento muy importante de alianzas e insurrecciones, en particular del
movimiento feminista; y propone que la brújula ética de los saberes-del-cuerpo
oriente la micropolítica de estas reconfiguraciones de y por las mujeres, en el
sentido más amplio y abigarrado que le dan el grito y el movimiento a la
palabra.
La entrevista empieza con la presentación de las dos palmeras Pindó, que
viven con ella, desde el patio de su departamento. Chamanas de su cotidiano,
se vuelven interlocutoras clave a lo largo de esta conversación poco lineal, que
salta de la evocación del territorio pre-colonial de Pindorama a la
“transverberación” de Santa Teresa de Ávila, pasando por las brujas que, como
aquel río Doce de Amazonía, se transfiguran y crean nuevas maneras de vivir
frente a las fuerzas que producen su casi destrucción…
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Saberes-del-cuerpo
En su conferencia “Sobre el inconsciente colonial-capitalístico”[1], Rolnik
apela a los “saberes-del-cuerpo” para socavar individual y colectivamente
el régimen dominante, e invita a “hacernos un cuerpo”. Quisimos saber
qué cuerpos y qué saberes se movilizan para ella.
“A la vuelta de mi última temporada en el hospital, hablando con mi Pindó más
cercana, porque hablo mucho con ella, es una especie de chamana para mí,
me di cuenta que mi enfermedad, esta colitis crónica, empieza cuando mi
intensidad se vuelve muy acelerada, cuando hay una especie de aceleración
insoportable de todo mi cuerpo. Hablando con ella me di cuenta que mi
pensamiento tiene una velocidad incesante, que no obedece a nada. Puedo
estar muy cansada soy capaz de quedarme tres noches sin dormir escribiendo;
cuando ocurren ciertas experiencias, me pongo en estado de urgencia y entro
en una aceleración total, que no cesa mientras no encuentre palabras para
decirlas. Me di cuenta que mi pensamiento no tiene ritmo y que el ritmo del
pensamiento viene del ritmo vital, que nos indica el cuerpo en su inspiración y
expiración de toda la biosfera. El cuerpo baila con la biosfera. Entonces me di
cuenta que esta capacidad, que es un elemento esencial del saber-del-cuerpo,
viene… ¡del cuerpo! y que yo estaba totalmente disociada de mi cuerpo desde
este punto de vista. Por supuesto, hace mucho que hablo de los afectos, pero
sobre los ritmos del cuerpo, era totalmente ignorante. Pensé: “me paso la vida
trabajando sobre esto y ¡no tenía la menor idea! Mi “espíritu”, que busco desde
siempre llevar a la inmanencia con la biosfera, está todavía enteramente en la
transcendencia, como si fuera una cosa abstracta, que nada tiene que ver con
mi cuerpo, una suerte de objeto que me pertenecería o no sé qué…”. Entonces
ahora estoy intentando conquistar esto. Atención: habitualmente no uso la
palabra “espíritu” porque está demasiado cargada de tradiciones religiosas
monoteístas, de las iglesias y sus sistemas morales que lo cafishean y de todas
esas cosas new age; si lo utilizo acá es para traerlo de vuelta al cuerpo; el
espíritu es el saber-del-cuerpo. Y es el cuerpo el que da al espíritu el ritmo, la
batida, el pulso, ¿no? Entonces, el ritmo es un elemento esencial del saber-del-
cuerpo, ¿no?”
Por ejemplo, la palmera, cuando hay viento, baila, las hojas bailan, si hay otra
al lado se acercan… y después se apartan. Todas las fuerzas de todos los
cuerpos están en relación, y esas relaciones producen efectos en cada cuerpo.
Es nuestra experiencia del mundo no en sus formas que desciframos con la
percepción, sino en sus fuerzas, que desciframos con el saber-del-cuerpo por
medio de los afectos que son los efectos en el cuerpo de las fuerzas de la
biosfera (ese gran cuerpo viviente que incluye los humanos junto con todos los
demás elementos del cosmos).”
“En este sentido, cuando hablaba de saber-del-cuerpo, lo que me interesaba
era tomarlo como nuestra brújula básica. Además está nuestra brújula moral
que nos sirve para nuestra existencia social. Lo que me interesa, es cómo la
resistencia hoy consiste en reconectar lo más posible con nuestra condición de
viviente, activar nuestro saber-de-viviente, saber-del-cuerpo, y que este saber
es nuestra brújula. Pero una brújula ética, porque su norte (o más bien, su sur)
no tiene imagen, ni gestos, ni palabras. Es diferente en esto de la brújula moral,
cuyo norte es un sistema de valores, imágenes, palabras, etc. que funciona con
el sujeto y su manejo de las formas sociales, y es importante también porque,
desde luego, no vivimos sin situarnos en las formas sociales. Es importante no
como referencia absoluta universal, sino como algo que se va a transfigurar
cuando nos dejemos orientar por la brújula ética. Se tiene que transfigurar las
formas sociales y transvalorar sus valores cada vez que la vida nos indica que
ya no se puede seguir así, porque la sofoca. Y esto va desde la cosa más
macropolítica hasta nuestra sexualidad.”
Destino ético de la pulsión [o #Nosmueveeldeseo.]
“Voy a dar un ejemplo maravilloso que me contó Aitón Krenak, activista
intelectual indígena brasileiro, que pertenece a la comunidad Krenak. En
Amazonia, hay un río llamado Rio Doce (río dulce), un río enorme como lo son
los ríos amazónicos, y en una de sus orillas, vive una comunidad indígena.
Como bien se sabe, las comunidades indígenas tienen una relación de
conversación continua con los ríos y los demás elementos de la biosfera que
hace parte de la construcción de su modo de existir. En esta región, hay una
poderosísima minera llamada Valle de Río Doce, que pertenecía al Estado y
hace un tiempo fue privatizada. Esta misma minera fue responsable de la
catástrofe de Minas Gerais en 2015 donde una instalación explotó y varias
ciudades de la región con miles de personas fueron totalmente destruidas y
hasta ahora nada ha sido hecho para que la gente se reinstale. Esta empresa
minera contaminó tanto el río que no solo estaban sus aguas contaminadas,
sino que parecía haberse secado por completo. Si solo mirábamos la situación
con nuestra percepción, hubiéramos dicho que el río estaba muerto. Pero dos
años más tarde, los habitantes de esa comunidad indígena descubrieron que el
río había encontrado una manera de seguir muy fuerte y muy limpio bajo la
tierra. ¿Qué pasa ahí? El río, cuando es afectado por las fuerzas del abuso por
parte de la minera y se seca, no va a hacer como nosotros en una situación
similar. Nuestra parte “sujeto” piensa “¡Estoy destruida! ¿Qué voy a hacer? ¡No
puedo vivir de otra manera! ¿Qué van a decir de mí? ¡No soy más nada, no
pertenezco más a nada! ¡No lograré más existir! Es la muerte, es el fin…”. O
proyectamos la causa de nuestro malestar en el otro “¡Mirá lo que hicieron!” y lo
demonizamos furiosamente: nos quedamos con “¡Abajo Lula! ¡Abajo Dilma!”. El
río, él, no tiene sujeto. Cuando la vida se encuentra amenazada, cuando el río
siente los efectos de esas fuerzas destructivas en su vitalidad, inmediatamente
inventa su manera de seguir, bajo otra forma, transfigurándose, creando otro
lugar, de otra manera; el río cumple así el destino de la vida, que en su esencia
es un proceso continuo de transfiguración para seguir perseverando. Es esa
fuerza de perseveración que define la vida, lo que Spinoza llama conatus”.
Esa transfiguracion Suely Rolnik propone pensarla en el mundo de la
subjetividad humana. Los saberes-del-cuerpo, que llama también saberes-eco-
etológicos, son los que permiten seguir cuando dos tipos de experiencias de
nuestra subjetividad entran en tensión: la del sujeto que descifra el mundo por
medio de la percepción, y la del viviente que somos, uno entre tantos otros en
la biosfera, en la que aprehendemos el mundo por los afectos. “Afectos”, “no en
el sentido de cariño, sino en el sentido de ser afectadx, perturbadx, tocadx”,
precisa Rolnik, es decir los efectos de las fuerzas de la biosfera sobre nuestros
cuerpos. Es lo que Rolnik llamaba “cuerpo vibrátil” en “Geopolítica del Rufián”,
y que ella retoma también en su diálogo con el bailarín y pensador de la danza,
Hubert Godard.
“Estas dos experiencias, la del sujeto que percibe para existir socialmente y la
del cuerpo viviente que es afectado, no son opuestas; la relación entre ellas no
es dialéctica, sino paradójica. Cuando entran en tensión una con la otra, la
subjetividad se encuentra desestabilizada, desterritorializada. Deja de funcionar
su brújula moral, ya no nos sirven nuestras referencias, nuestras imágenes del
mundo y de nosotros mismos, nuestro modo de vida; es una especie de vacío
de sentido. Pero si la subjetividad logra soportar este momento de vacío (que
no está, precisamente, “vacío” porque hay un embrión de mundo que espera
las condiciones y la temporalidad para germinar, para que la vida tome una
nueva forma, en un nuevo modo de existencia), sigue el camino del destino
ético de la pulsión (nombre que Freud ha dado a la fuerza vital en el humano)
que es convocar el deseo para crear algo que logre dar forma y materializar lo
que la vida nos pide cuando está amenazada, para recobrar su equilibrio.
Puede ser una obra de arte, otra manera de vivir, otra manera de alimentarse,
hacer estallar la noción de género, inventar otras sexualidades, etc. En cambio,
cuando la subjetividad se reduce a su experiencia como sujeto, es el ego, el yo,
que desde sus referencias interpreta la situación y, por eso, la ve como peligro
de desagregación. Nos sentimos entonces totalmente amenazadxs,
angustiadxs. Lo que era solo un malestar de vacío-lleno se vuelve angustia del
yo, y el deseo se ve forzado a encontrar un equilibrio inmediato consumiendo
algo ya existente: un discurso, un lenguaje, un modo de vida, etc. Va a hacer
algo reactivo para mantener una imagen de sí mismo y del mundo,
reacomodando el status quo. Y lo que se hace reactivamente puede ser muy
creativo, pero no creador. Eso es antiético, porque implica interrumpir un
proceso de germinación que es esencial para que la vida pueda respirar y
perseverar. En eso consiste el efecto del abuso de la pulsión vital que la desvía
de su destino ético; dicho abuso es la matriz micropolítica del régimen colonial-
capitalístico.”
Política de las palabras: de la empatía a la transverberación
“De la misma manera que mientras el sujeto aprehende por medio de
la percepción, nuestro cuerpo vivo aprehende por medio de los afectos,
mientras que el sujeto se relaciona con lxs otrxs por medio de la comunicación,
nuestro cuerpo vivo se relaciona con lxs otrxs por medio de algo cuyo nombre
estoy buscando en este preciso momento para un texto nuevo[2]. Porque antes
lo llamaba empatía, pero empatía no va. No va porque la publicidad lo usó
mucho, la cosa new age y los libros de autoayuda también. A su vez, muchos
militantes negros por ejemplo nos dicen “gracias, estamos hartxs de su
empatía”; es que la empatía deniega la tensión. La palabra que creo que voy a
poner, lo estoy trabajando en estos días, es transverberación. Transverberar
alude a reverberar, traslucir, diseminar… Es un término que encontramos en
Santa Teresa de Ávila. Voy a contar primero la descripción que ella hace de
esa experiencia desde su idioma católico, después sacamos la Iglesia, Dios,
etc., para transcribir su experiencia en nuestro idioma desde lo que esa
experiencia aporta. Para Santa Teresa, existen seis etapas para volverse
Santa, la sexta es la transverberación. Describe un sueño que tuvo: vino un
ángel hacia ella y le traspasó el corazón. Sintió un dolor gigantesco en su
cuerpo, su cuerpo quemaba pero decía todo el tiempo que ese dolor no era
solo corporal, sino también espiritual. Y ahí, dice, habitaba totalmente el
espíritu, es decir Dios en su idioma católico. Si traduzco esto en mi idioma lo
que ella sentía habitar plenamente es el saber-del-cuerpo, nuestra condición de
viviente, lo que podemos llamar “el espíritu”, si lo liberamos en nuestro idioma
de su cafisheo por el poder colonial de la Iglesia, que ha sido fundamental e
indisociable del poder de Europa sobre el resto del mundo así como del poder
colonial del capitalismo globalizado, (ambos poderes van de la mano). Diríamos
entonces que la ética de una vida consiste precisamente en habitar cada vez
más nuestra condición de viviente. Desde esta perspectiva, la sexta etapa, en
nuestro idioma, no es un devenir-santa, sino cumplir con el destino ético de una
vida, honrándola; la vida es lo “sagrado”, si queremos preservar ese término.
Honrar la vida es habitarla lo más plenamente posible. Esto es la
transverberación. El “trans-” remite a trans-versalidad, pero también a trans-
sexualidad, y por supuesto a trans-cendencia, cuando esa no es lo más allá del
mundo, sino su inmanencia misma. También es una especie de “reverberación”
pero de “espíritu” con “espíritu”, de lo viviente con lo viviente, y no una
comunicación entre identidades o sistemas morales. Es una especie de
resonancia intensiva, o resonancia entre afectos. En este caso el conocimiento
no es el de la cognición, sino el del saber-del-cuerpo, de lo viviente, del saber-
eco-etológico. A partir de esto podemos pensar la resistencia, en particular del
movimiento de mujeres.”
Macro y micro-política actuales: el feminismo como transfiguración de las
mujeres (y no solo de ellas)
“Pienso que estamos en un momento muy interesante: las fuerzas brutas,
ignorantes, confinadas en el inconsciente colonial-capitalístico, tomaron el
poder en todas partes. Ya no tienen vergüenza, no se disfrazan, se manifiestan
como quieren, hacen lo que quieren. En Brasil es espantoso lo que están
haciendo en todos los niveles, incluso con el arte, con la cultura… ¡con todo! La
vida se siente amenazada, y es siempre un momento en el cual estallan
insurrecciones. Siento que hay en este momento una insurrección que se
disemina por todas partes, en todos los dominios de la vida social, algo
irreversible. Bueno, en general soy optimista… lo que es tan idiota como ser
pesimista… porque en ambos casos se hace referencia a la imagen de un final
fijo y definitivo, sea un final feliz o infeliz, sea la imagen de un porvenir
maravilloso como la de la revolución, heredera de la idea de paraíso, sea su
opuesto, la imagen de un colapso total, heredera de la idea de apocalipsis.
Tener optimismo y esperanza es distinto de creer en la vida en su potencia de
perseveración que involucra un proceso continuo de creación de otras formas
en las que se performatiza lo que la vida anuncia.
Hasta ahora la insurrección era básicamente macropolítica, aun si en el 68,
empezaron insurrecciones micropolíticas… Bueno, incluso podríamos decir que
había empezado antes con, las vanguardias de fin del siglo XIX y principio del
XX, pero en cuanto movimiento político de masa, empezó en los años 70, en
muchas partes, de distintas maneras. Creo que París fue el único lugar donde
las esferas micro y macro estaban reunidas en la insurrección. Cosa que no
pasaba en América Latina, ni en Checoslovaquia, ni en Italia, alrededor del 68,
donde las insurrecciones en esas esferas no solo estaban separadas, sino que
incluso había conflicto entre los que actuaban en una y otra lucha. Lxs
activistas micro consideraban “caretas” a lxs activistas macros, porque su
subjetividad era como la de los burgueses. Al revés, lxs macro lxs
despreciaban porque había una tendencia a la despolitización (en el sentido
macro) en los agentes de la insurrección micropolítica. A su vez, lxs activistas
macro consideraban que la lucha en el campo de la subjetividad y de la cultura
(en el sentido amplio) era propia del individualismo burgués, porque tenían una
imagen de la subjetividad reducida al sujeto ya que así era su propia
subjetividad. Creo que lo nuevo en este momento, y el desafío para nosotrxs,
es que la lucha micropolítica está mucho más presente ahora, sin tener algo
que tenía en el 68 que es creer en un porvenir maravilloso, algo como una
sociedad hecha de comunidades entre hermanitxs, eternamente armoniosas y
sin conflictos. Se trata hoy más bien de darse cuenta que la vida es una lucha
constante entre fuerzas activas y fuerzas reactivas, entre fuerzas que quieren
destruir la vida y fuerzas que quieren que el conatus transverbere, fuerzas no
solo en la sociedad sino en nuestra propia subjetividad y en las redes
relacionales en las cuales está ubicada. Esto es algo que está cada vez más
claro y presente en muchas luchas, en particular las luchas de lxs negrxs, de
lxs indígenxs, de las mujeres y de lxs LGBTQI. Lo nuevo es también que se
tiende a no oponer más micro- y macro-política.
Las dos luchas, micro y macro, son absolutamente importantes y ambas se dan
en el ámbito de las relaciones de poder, pero en distintas esferas de las
mismas, lo que involucra distintas metas, distintos modos de operación y
cooperación, distintos agentes de la insurrección, etc. La lucha macropolítica
tiene como meta la distribución más igualitaria de los derechos civiles etc. Por
ejemplo, la lucha de las mujeres contra el machismo, en esta esfera, es la
lucha contra el poder de los hombres. Lo que nos pone juntas para esto es una
misma posición identitaria, y ahí la noción de identidad tiene sentido y sirve
para la lucha macropolítica contra la opresión. Puede ser identidad de mujer,
de negrx, de LGBTQI… y también de obrero. Aun si ya no es únicamente el
obrero el agente de la lucha contra la explotación y la opresión, ya que se
incluyen agentes que ocupan otros lugares y cede subalternidad (lo que es sin
duda un avance), su lucha sigue siendo pensada y actuada desde una
perspectiva macropolítica. En esta esfera el modo de cooperación parte de un
programa y una meta pre-definidos, o sea es un movimiento programático y
depende de la construcción de movimientos organizados, partidos, porque la
meta es una redistribución de los derechos que sea más igualitaria, lo que
involucra un cambio de leyes en el Estado que necesita de ese tipo de presión
de la sociedad para (quizá) ser logrado. Mientras que en la lucha micropolítica
intervenimos en la relación de poder pero ya no con la meta de combatir el
poder del dominador: el varón si tomemos el ejemplo de las luchas de mujeres
contra el machismo. La meta es conocer cada vez más cuál es nuestro
personaje en ese teatro de la escena machista, y cuál es el personaje del varón
en esa escena. Porque desde un punto de vista micropolítico esta escena no
está hecha solo por los varones, está hecha, vivenciada, por dos personajes:
mujer y varón, en una dinámica que involucra a ambos. Hace parte del
personaje de mujer en la escena machista que se sienta muy mal si no tiene un
varón, como si no existiera, y entonces para salir de ese estado, acepta
vincularse con cualquier mierda de varón, y sobretodo acepta la relación de
abuso porque solo se reconoce por medio del deseo de un varón, y todo lo
demás que compone el personaje femenino y la dinámica de su relación con el
personaje masculino, y que sigue vigente. Entonces, ¿cómo se produce la
insurrección en las relaciones de poder desde este punto de vista? No es una
lucha por oposición. La lucha macro sí es una lucha por oposición, es
dialéctica, porque tenemos intereses opuestos. En la esfera micropolítica, se
trata de deshacer nuestro personaje en la escena de las relaciones de poder,
por medio de un trabajo de creación de otro personaje, o más bien de otros
personajes, un proceso en el cual a medida que va tomando cuerpo otro
personaje se deshace el personaje anterior y la escena misma no tiene como
mantenerse. A medida que lo vamos haciendo (porque es una lucha de toda la
vida), el otro personaje, el macho en este caso, no tiene más con quien hablar
en aquella escena teatral. Entonces existen dos posibilidades: o bien tendrá la
fuerza, él también, de empezar a inventar otro personaje, otros personajes, mil
personajes, a partir de los afectos de lo que está viviendo en cada momento, o
bien va a quedar atrapado en una fantasía de que afuera de esa escena y de
su personaje en ella no hay nada, es el colapso de sí mismo y de su mundo. En
ese caso su respuesta es reactiva para mantener la escena a cualquier costo;
es eso lo que produce el aumento exponencial de los femicidios, como es el
caso en Argentina actualmente y también en Brasil.
Se trata entonces de inventar otros personajes, disolviendo los personajes que
en nosotros sostienen las relaciones de poder, en este caso, las relaciones
machistas. Voy a retomar una idea de un estudiante mío, que es gay y que
escribió un texto a raíz de mi ensayo “Esferas de la insurrección” donde dice
que solemos pensar solo dos figuras de mujer en nuestra cultura: la “reservada
y del hogar”, o la puta, vagabunda. “Reservada y del hogar” es lo que dice
Temer, el presidente de Brasil, de su mujer. Ella ha sido Miss de su ciudad en
la provincia de São Paulo y ha conocido a Temer en una convención de su
partido, el PMDB, donde ella estaba trabajando en la función de mujer-adorno,
común en ese tipo de evento. No solo Temer la presenta públicamente como
una mujer “reservada y del hogar”, sino que sus consejeros en marketing
sustituyeron sus ropas sexys de Miss o de mujer-adorno por ropitas de mujer
“pura” y asexuada. Este estudiante mío dice no, hay otra figura, que es algo
que sabemos muy bien pero está bueno recordarlo, es la bruja. La mujer que
no soportó ser ni la pura, reservada y del hogar, ni la vagabunda, y empezó a
construirse otro personaje de mujer. Un personaje conectado con los saberes-
del-cuerpo, brújula ética que orientaba sus prácticas de cura, de alimentación,
etc. Es esa figura de mujer que ha sido demonizada, llamada de manera
peyorativa “bruja”, porque es portadora de lo más subversivo en relación al
inconsciente colonial-capitalístico. La reconexión con los afectos y la
reapropiación de la pulsión para que cumpla su destino ético es una verdadera
revolución de la subjetividad sometida a este régimen de inconsciente y que
amenaza a todo el resto. Entonces más allá de la santa y la vagabunda,
siempre ha habido una resistencia micropolítica de las mujeres que deshacía
esos personajes en sí mismas. Hoy cuando me dicen bruja, incluso en el mejor
de los sentidos, yo siempre contesto: “soy aquello que el occidente colonial-
capitalista llamó bruja, para demonizarlo y con eso justificar la prisión de un
número espantoso de mujeres, torturarlas y quemarlas vivas en hogueras en la
plaza pública”.
Resistencia e insurrección
“La creación de otras formas de vivir, distintas de las escenas dominantes, sus
personajes y sus valores es la meta de la lucha micropolítica, distinta de la
redistribución de los derechos, meta de la lucha macropolítica. Un personaje es
un modo de existencia que se trata de transfigurar y transvalorar sus valores,
como lo designaba Nietzsche; construirse de otra manera, otras relaciones con
el/la otrx. En esta esfera de la insurrección, micropolítica, la estrategia de lucha
no es programática, como lo es en la esfera macropolítica donde lo que se
quiere obtener está previamente definido, sino que el resultado de la lucha, se
define a lo largo de un proceso de creación. Su modo de cooperación no
consiste en construir un movimiento organizado o un partido desde una
identificación entre lugares de subalternidad como lo es en la resistencia
macropolítica, sino en componer colectivos efímeros desde una
transverberación de una misma frecuencia de afectos; efectos de las fuerzas
que agitan un cierto mundo en cada uno de los cuerpos que allí se juntan, y
que se encuentran habitados por los mismos embriones de mundo que fueran
fecundados en el encuentro con dichas fuerzas (las asambleas de la Escuela
de Técnica Colectiva en Argentina del año pasado son un ejemplo de ese tipo
de cooperación micropolítica). Tales embriones quieren germinar y, para eso,
nos piden acciones para darles una forma. Dichas acciones no es posible
hacerlas solx, sino en un cierto campo relacional; es en esa experimentación
colectiva que la germinación se produce. Y siempre estamos conectadxs a
varios colectivos, entonces cuando uno de ellos llega a su fin, no hay que llorar
diciendo “¡se volvió una mierda!”, “¡ha sido un fracaso”! No, cumplió su meta,
que era producir una práctica en la cual la germinación se vuelve posible y
cuyo efecto es la transfiguración de la realidad. Lo novedoso hoy no son
solamente las indispensables prácticas de resistencia micropolítica, sino
también que en los nuevos movimientos se articulan con la resistencia
macropolítica. No hay descolonización efectiva sin transformación de la política
de subjetivación y del deseo que resulta del inconsciente colonial-capitalístico,
foco de la resistencia en la esfera micropolítica; pero la descolonización de la
subjetividad y, más fundamentalmente de la pulsión, depende de su
articulación con la descolonización en la esfera macropolítica. Si, por un lado,
la lucha de lxs militantes de las izquierdas tiende a ser limitada
micropoliticamente por su modo de subjetivación y su política de deseo, al final
también sometidos al inconsciente colonial-capitalistico y, por lo tanto,
disociados de sus saberes en tanto que vivientes, por otro lado, la posición de
las izquierdas en la esfera macropolítica que consiste en resistir al interior
mismo de la democracia burguesa para obtener más justicia es la mejor en el
marco de ese régimen que atraviesa toda la historia moderna del Occidente.
Entonces la lucha micropolítica no se posiciona en contra de la militancia
macropolítica, sino que la amplía y la complejiza. Cuando decimos que los
políticos de izquierda no hicieron tal o cual cosa, incluso Lula y todxs lxs
presidentes de izquierda de América Latina post-dictaduras, somos como niños
regañando a sus padres por no haber hecho eso o aquello. Con todos sus
equívocos y limitaciones, esos gobiernos hicieron mucho más en la esfera
macropolítica de lo que había sido hecho en toda la historia de la república en
esos países. Es nuestra responsabilidad llevar la insurrección más allá de la
macropolítica, lo que probablemente puede incluso ampliar la osadía de las
acciones en esa esfera misma.”
¿Seguimos hablando de vulnerabilidad?
En este momento de la conversación, surge una inquietud: en los contextos de
violencia neoliberal y repliegue ultraconservador actuales, ¿sigue siendo la
vulnerabilidad un camino para conectarse con esos saberes-del-cuerpo, como
lo sugería Rolnik en “Geopolítica del Rufián”? Y en este sentido, cuando lanzó
la idea, en las Asambleas de abril, de “hacernos un cuerpo”, ¿cómo nos
hacemos ese cuerpo? ¿Volviendo la piel más porosa? ¿Ejercitando los
músculos para fortalecernos? ¿Cómo nos hacemos una corporeidad
resistente? ¿Buscando ese ritmo? ¿Es una vibración, o cierto tono muscular
que pueda estar en frecuencia con otrxs? ¿Esto lo seguimos pensando como
vulnerabilidad?[3]
“Tenemos que pensarlo juntas, porque este cuestionamiento de la
vulnerabilidad en relación a los músculos y la piel, lo introducís vos. Lo que
puedo decir de pronto es que la palabra vulnerabilidad está tan problemática
como la palabra empatía. Si ese es un término que nombra una actitud frente a
la alteridad, en general se lo usa entendido como una actitud del sujeto (y
además con connotación políticamente correcta o new age), y no como una
actitud del viviente, del afuera-del-sujeto; además muchas veces se lo
confunde con debilidad, lo que es peor aún. Cuando tenemos palabras así de
tomadas, o continuamos usándolas pero arrastrándolas en otra dirección, o
cambiamos de palabra. Creo entonces que si nos parece fecundo mantener el
término de vulnerabilidad, hay que describir la experiencia que ese término
nombra para nosotras y agregarle adjetivos que lo califiquen. Vulnerabilidad ¿a
qué? A las fuerzas, vulnerabilidad a los ritmos, vulnerabilidad a posturas
corporales… Pero es también una vulnerabilidad al otrx por transverberación,
frecuencia de afectos. Si decimos todo esto, podemos mantener la palabra
vulnerabilidad, sino tenemos que encontrar otra palabra capaz de decir mejor y
más sucintamente todo esto.
En todo caso, no había pensado la vulnerabilidad al nivel de músculos o piel,
como proponés. Apenas empiezo a conocer mis músculos, soy muy ignorante
en ese ámbito. En ese aspecto soy una intelectual judía; como yo decía cuando
empezamos nuestra conversación, ¡el cuerpo en su fisicalidad pasó a existir
para mí muy recientemente! Lo que sí existe para mí desde hace mucho es el
cuerpo como experiencia de lo vivo, y descubrí hace un par de años que,
paradójicamente, eso también me viene en parte de mi formación judía por la
vía del hasidismo de mis ancestros polacos, obviamente vaciado de su
misticismo y más aún de su religiosidad, mezclada con las perspectivas de las
culturas indígenas y africanas que me habitan fuertemente. Te hablé de esa
necesidad de conectarnos con el ritmo vital que nos da nuestro cuerpo, por
transverberación con la biosfera, pero introducís una otra dimensión muy
importante,y es que hay que conectarse con nuestro cuerpo concreto, nuestros
músculos, piel, huesos, etc. Es verdad que cuando se crean esos nuevos
personajes, se produce un nuevo cuerpo, lo que incluye los músculos, sus
tonos y sus formas, los huesos y sus posturas, la piel y su porosidad; son la
materia misma de lo que expresa un cuerpo. Pero eso tienes tu que investigar
y aguardo con mucha curiosidad lo que me dirás a respecto en nuestro próximo
encuentro.
La vulnerabilidad se vuelve herramienta micropolítica, para hacernos un
cuerpo, inventar modos de vida y saberes corporales. No remite a un estatus
establecido de fragilidad, una asignación a una victimización, o un repliegue.
En la densidad del término así tomado, escapa a una alternativa errónea
impuesta que opondría fragilidad a empoderamiento, víctima a
superwoman, looser a winner, pasiva a activa… La experiencia de la
insurrección feminista por ejemplo convierte la vulnerabilidad en un arma
potente para leer, conectar, y desarmar situaciones de las violencias:
“Mi colitis crónica, por las que estuve internada varias veces, surgían cuando
había situaciones de violencia política que yo asociaba inconscientemente a la
memoria de la violencia que sufrí en la dictadura militar. Eso lo sé desde hace
mucho tiempo. Pero hace algunos años descubrí que las crisis de colitis eran
provocadas en esas situaciones por el daño que le quedó a la glándula adrenal
desde que estuve en la cárcel cuando tuve mi imagen pública destruida en la
narrativa ficcional que el gobierno militar inventó para justificar mi prisión y
usarla en su estrategia política, divulgándola masivamente por todos los
medios de información y comunicación. En mi última internación, gracias a un
sueño, descubrí algo más: me di cuenta que mis crisis de colitis también vienen
de situaciones que me recuerdan la violencia machista que sufrí con los
varones desde muy temprano en mi vida y que incluso la imagen ficcional que
militares, policías y periodistas han construido de mí en aquel inicio de los años
1970 dictatoriales, eran también extremamente machistas. Y si ya lo sabía
(inconscientemente) sin saberlo (conscientemente), pasé a entender en mis
más ínfimas células que los dos tipos de violencia son indisociables, y es más,
que la violencia macropolitica se sostiene por la violencia micropolítica contra la
vida, centrada en el campo de la subjectividad, del deseo y del erotismo. Tuve
la consciencia visceral de eso a fines del 2016 en algunos grupos de trabajo
con activistas negros que llevan una resistencia micro y macropolítica y luego
después con ustedes en Argentina el año pasado. Es la presencia de esa
violencia más allá de lo tolerable que me perturba el intestino y lo hace entrar
en una aceleración totalmente loca, fuera de sus goznes. Saberlo agrega una
nueva arma en la lucha por la construcción de un otro cuerpo.
Termina la conversación con una receta de
remedio casero, poción de bruja para la
tensión arterial. Como si el reconocimiento
de las situaciones de violencia machista y la
movilización de los saberes-del-cuerpo, con
todo lo aun no sabido, nos autorizan a saber
que no estamos solas. Que la tarea de
pensamiento y la lucha micropolítica,
feminista, también es una cocina de recetas
colectivas, en los tiempos y los espacios que
nos hacemos. Algo que vamos sabiendo.
#Nosotrasparamos. #Estamosparanosotras.
[1] [Link]
[Link].
[2] Titulado “Esferas de resistencia”, de próxima publicación en Tinta Limón
Ediciones.
[3] Una serie de preguntas e inquietudes que compartieron lxs participantes del
segundo encuentro de la Casa de Bajo Estudios – en la Cazona de Flores, en
Buenos Aires, el domingo 3 diciembre 2017, “Cuerpos, potencias, resistencias”,
coordinada por Silvio Lang con Marie Bardet, Nicolás Cuello, Verónica Gago,
Amparo González, Alejandra Rodriguez, con una parte de práctica corporal y
otra de conversación. Cf. [Link]
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