100% encontró este documento útil (2 votos)
91 vistas17 páginas

Causas y síntomas de la depresión

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por síntomas como tristeza patológica, decaimiento e irritabilidad. Puede ser causada por factores genéticos, biológicos como alteraciones en los neurotransmisores, y psicosociales como estrés o pérdida. Aunque no existe un marcador biológico único, algunos estudios muestran correlaciones con el sistema inmune y el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal. La depresión puede tener orígenes tanto orgá

Cargado por

Maria A. Lugo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (2 votos)
91 vistas17 páginas

Causas y síntomas de la depresión

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por síntomas como tristeza patológica, decaimiento e irritabilidad. Puede ser causada por factores genéticos, biológicos como alteraciones en los neurotransmisores, y psicosociales como estrés o pérdida. Aunque no existe un marcador biológico único, algunos estudios muestran correlaciones con el sistema inmune y el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal. La depresión puede tener orígenes tanto orgá

Cargado por

Maria A. Lugo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La depresión (del latín depressio, que significa «opresión», «encogimiento» o «abatimiento») es un

trastorno del estado de ánimo, ya sea desde el punto de vista de la psicología o desde el punto de vista de
la psiquiatría, pero siempre dentro del ámbito de la psicopatología. Según el modelo médico, la
psiquiatría la describe como un trastorno del estado de ánimo y su síntoma habitual es un estado de
abatimiento e infelicidad que puede ser transitorio o permanente.

El término médico hace referencia a un síndrome o conjunto de síntomas que afectan principalmente a la
esfera afectiva: la tristeza patológica, el decaimiento, la irritabilidad o un trastorno del humor que puede
disminuir el rendimiento en el trabajo o limitar la actividad vital habitual, independientemente de que su
causa sea conocida o desconocida. Aunque ése es el núcleo principal de síntomas, la depresión también
puede expresarse a través de afecciones de tipo cognitivo, volitivo o incluso somático. En la mayor parte
de los casos, el diagnóstico es clínico, aunque debe diferenciarse de cuadros de expresión parecida, como
los trastornos de ansiedad. La persona aquejada de depresión puede no vivenciar tristeza, sino pérdida de
interés e incapacidad para disfrutar las actividades lúdicas habituales, así como una vivencia poco
motivadora y más lenta del transcurso del tiempo. Su origen es multifactorial, aunque hay que destacar
factores desencadenantes tales como el estrés y sentimientos (derivados de una decepción sentimental, la
contemplación o vivencia de un accidente, asesinato o tragedia, el trastorno por malas noticias, pena, y el
haber atravesado una experiencia cercana a la muerte). También hay otros orígenes, como una
elaboración inadecuada del duelo (por la muerte de un ser querido) o incluso el consumo de determinadas
sustancias (abuso de alcohol o de otras sustancias tóxicas) y factores de predisposición como la genética o
un condicionamiento educativo. La depresión puede tener importantes consecuencias sociales y
personales, desde la incapacidad laboral hasta el suicidio. Desde la biopsiquiatría, a través de un enfoque
farmacológico, se propone el uso de antidepresivos. Sin embargo, los antidepresivos sólo han demostrado
ser especialmente eficaces en depresión mayor/grave (en el sentido clínico del término, no coloquial).[1]

El término en psicología de conducta (ver terapia de conducta o modificación de conducta) hace


referencia a la descripción de una situación individual mediante síntomas. La diferencia radica en que la
suma de estos síntomas no implica en este caso un síndrome, sino conductas aisladas que pudieran si
acaso establecer relaciones entre sí (pero no cualidades emergentes e independientes a estas respuestas).
Así, la depresión no sería causa de la tristeza ni del suicidio, sino una mera descripción de la situación del
sujeto. Pudiera acaso establecerse una relación con el suicidio en un sentido estadístico, pero tan sólo
como una relación entre conductas (la del suicidio y las que compongan el cuadro clínico de la
depresión). Es decir, en este sentido la depresión tiene una explicación basada en el ambiente o contexto,
como un aprendizaje desadaptativo.

ETIOLOGIA

El origen de la depresión es complejo, ya que en su aparición influyen factores genéticos, biológicos y


psicosociales.

Hay evidencias de alteraciones de los neurotransmisores, citoquinas y hormonas que parecen modular o
influir de forma importante sobre la aparición y el curso de la enfermedad.[3] [4] La psiconeuroinmunología
ha evidenciado trastornos en el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal relacionados con los
neurotransmisores, así como alteraciones inmunológicas asociadas a citoquinas en el trastorno depresivo
mayor (por ejemplo, se reducen el número de transportadores de serotonina en linfocitos de sangre
periférica de pacientes deprimidos).[5] Esto parece apuntar a una fuerte relación entre la serotonina y el
sistema inmune en esta psicopatología.

Sin embargo, es destacable que aún no se ha descubierto ninguna alteración biológica estable y común a
todas las personas con depresión, es decir, ningún marcador biológico, por lo que no podemos hablar de
enfermedad en su sentido literal. Por esta razón se establecen otros términos que no implican
"enfermedad" en su sentido más clásico, sino hablamos de un trastorno mental, enfermedad mental o una
psicopatología.

Por ejemplo, la alteración en el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal puede ser interpretada como un


correlato biológico (correlación), pero no implica necesariamente una explicación del hipotético
síndrome. La alteración funcional en el eje puede o no aparecer en una persona deprimida; antes, durante
o después. La relación correlacional supone que "tener depresión" es más probable durante la alteración
en dicho eje, pero esta diferencia orgánica es estadística y no sirve para diagnosticar. Es decir, no puede
ser considerada un marcador biológico de enfermedad.

Algunos tipos de depresión tienden a afectar a miembros de la misma familia, lo cual sugeriría que se
puede heredar una predisposición biológica.[6] [7] En algunas familias la depresión severa se presenta
generación tras generación. Sin embargo, la depresión severa también puede afectar a personas que no
tienen una historia familiar de depresión.

Las personas con poca autoestima se perciben a sí mismas y perciben al mundo en forma pesimista. Las
personas con poca autoestima y que se abruman fácilmente por el estrés están predispuestas a la
depresión. No se sabe con certeza si esto representa una predisposición psicológica o una etapa temprana
de la enfermedad.

Desde la psicología de conducta, se entendería que la autoestima y la depresión suponen ambas


descripciones de aprendizajes adquiridos, siendo la causa de la depresión principalmente social, es decir,
aprendida. Por ejemplo, la evitación y el condicionamiento han demostrado tener un papel fundamental
en la adquisición y mantenimiento de este problema.

En los últimos años, la investigación científica ha demostrado que algunas enfermedades físicas pueden
acarrear problemas mentales. Enfermedades tales como los accidentes cerebro-vasculares, los ataques del
corazón, el cáncer, la enfermedad de Parkinson y los trastornos hormonales pueden llevar a una
enfermedad depresiva. La persona enferma y deprimida se siente apática y sin deseos de atender sus
propias necesidades físicas, lo cual prolonga el periodo de recuperación. La pérdida de un ser querido, los
problemas en una o en muchas de sus relaciones interpersonales, los problemas económicos o cualquier
situación estresante en la vida (situaciones deseadas o no deseadas) también pueden precipitar un episodio
depresivo. Las causas de los trastornos depresivos generalmente incluyen una combinación de factores
genéticos, psicológicos y ambientales. Después del episodio inicial, otros episodios depresivos casi
siempre son desencadenados por un estrés leve, e incluso pueden ocurrir sin que haya una situación de
estrés.

En todo caso, la depresión es descrita desde la medicina con una serie de síntomas. Así, cualquier
problema psicológico que cumpla esos criterios pudiera ser diagnosticable como depresión. Ya sea un
problema de neurodegeneración, ya sea aprendida, en todos los casos hablaríamos del síndrome. Si bien,
el diagnóstico médico debe indicar si es de origen neuroanatómico, hormonal o psicológico. Debe
aclararse a este aspecto que las hipótesis biológicas anteriormente mencionadas se referían al psicológico;
muy distinto al párrafo anterior, que se refería a problemas neuroanatómicos o endocrinos mejor
conocidos, como por ejemplo alteraciones en la glándula tiroides.

Es decir, aún no se ha encontrado ningún marcador biológico de la depresión, de modo que ninguna de las
alteraciones biológicas atribuidas a la depresión puede ser usada para el diagnóstico de enfermedad. Se
habla por tanto de psicopatología, que puede ser descrita en un cuadro clínico (nosología).
ALIMENTACION

Algunos estudios y teóricos tanto de la medicina convencional como la alternativa sugieren que las
deficiencias nutricionales en determinados oligoelementos y vitaminas pueden provocar depresión o
predisponer a ella. La carencia o exceso de minerales como el cobre, zinc,[8] litio, cobalto, magnesio,
hierro y vitaminas tales como la C, B1, B6, B12, niacina y ácido fólico.[9] [10] [11]

Una alimentación equilibrada que cubra las necesidades diarias recomendadas en estos nutrientes, incluso
a altas dosis en determinados nutrientes sería eficaz para tratar la depresión.

EPIDEMIOLOGIA

Las cifras de prevalencia de la depresión varían dependiendo de los estudios, en función de la inclusión
tan sólo de trastornos depresivos mayores o de otros tipos de trastornos depresivos. En general, se suelen
recoger cifras de prevalencia en países occidentales de aproximadamente 3 por ciento en la población
general, y para el trastorno depresivo mayor, una incidencia anual del 1 al 2 por mil.[12]

Todos los estudios coinciden en que la prevalencia es casi el doble en la mujer que en el hombre, y que
algunos factores estresantes vitales, como el nacimiento de un hijo, las crisis de pareja, el abuso de
sustancias tóxicas (principalmente alcohol) o la presencia de una enfermedad orgánica crónica se asocian
con un riesgo incrementado de desarrollar un trastorno depresivo mayor. En cuanto a la asociación
familiar debida a factores genéticos, la existencia de un pariente de primer grado con antecedentes de
trastorno depresivo mayor aumenta el riesgo entre 1,5 y 3 veces frente a la población general.[13]

DEP`RESION EN LAS MUJERES

depresión se da en la mujer con una frecuencia que es casi el doble de la del varón.[16] [17]

Quizás factores hormonales podrían contribuir a la tasa más alta de depresión en la mujer. Otra
explicación posible se basa en el contexto social que viven las mujeres, relativas al sexismo (género).

En particular, en relación con los cambios del ciclo menstrual, el embarazo, el aborto, el periodo de
posparto, la premenopausia y la menopausia. Las hormonas sexuales femeninas (estrógenos y
progesterona), debido a una existencia de menores niveles de estrógenos, parecen desempeñar por tanto
un cierto papel en la etiopatogenia de la depresión.[18]

Por otro lado, el sexismo con su consecuente estrés, falta de recursos económicos y determinados valores
socio-culturales se relacionan con menos autoestima en las mujeres, así como más problemas
psicológicos.

Un estudio reciente del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos (NIMH) demostró que
las mujeres que presentaban predisposición a padecer el síndrome premenstrual (SPM) grave se alivian de
sus síntomas físicos y anímicos (por ejemplo, de la depresión) cuando se les suprimen sus hormonas
sexuales a través de un tratamiento farmacológico. Si ese tratamiento se interrumpe, las hormonas se
reactivan y, al poco tiempo, los síntomas vuelven. Por otro lado, a las mujeres sin SPM, la supresión
temporal de las hormonas no les produce ningún efecto.[19] [20]

La depresión posparto es un trastorno depresivo que puede afectar a las mujeres después del nacimiento
de un hijo. Está ampliamente considerada como tratable. Los estudios muestran entre un 5 y un 25 por
ciento de prevalencia, pero las diferencias metodológicas de esos estudios hacen que la verdadera tasa de
prevalencia no esté clara.[21]

En recientes estudios se ha demostrado una asociación entre la aparición de depresión en mujeres de edad
avanzada y un aumento de la mortalidad (por diferentes causas, principalmente por accidentes vasculares
cerebrales).[22]

DEPRESION EN LOS VARONES

Aunque la prevalencia global es inferior entre los varones, la tasa de suicidio consumado en ellos es
cuatro veces más alta que en las mujeres. Sin embargo, los intentos de suicidio son más comunes en la
mujer que en el hombre. A partir de los 70 años de edad, la tasa de suicidio en el hombre aumenta,
alcanzando el nivel máximo después de los 85 años.[23] [24] [25]

La depresión también puede afectar la salud física del hombre, aunque en una forma diferente a la de la
mujer. Algunos estudios indican que la depresión se asocia con un riesgo elevado de enfermedad
coronaria en ambos sexos. Sin embargo, sólo en el varón se eleva la tasa de mortalidad debida a una
enfermedad coronaria que se da junto con un trastorno depresivo.[26]

DEPRESION EN LOS VARONES

Aunque la prevalencia global es inferior entre los varones, la tasa de suicidio consumado en ellos es
cuatro veces más alta que en las mujeres. Sin embargo, los intentos de suicidio son más comunes en la
mujer que en el hombre. A partir de los 70 años de edad, la tasa de suicidio en el hombre aumenta,
alcanzando el nivel máximo después de los 85 años.[23] [24] [25]

La depresión también puede afectar la salud física del hombre, aunque en una forma diferente a la de la
mujer. Algunos estudios indican que la depresión se asocia con un riesgo elevado de enfermedad
coronaria en ambos sexos. Sin embargo, sólo en el varón se eleva la tasa de mortalidad debida a una
enfermedad coronaria que se da junto con un trastorno depresivo.[26]

DEPRESION EN LA VEJEZ

El inicio clínico de la depresión en el anciano puede cursar con una pobre alteración del estado de ánimo.
Incluso puede aparecer enmascarada con otros síntomas principales, tales como la pérdida de apetito,
alteraciones de la memoria, insomnio, síntomas somáticos, ansiedad o irascibilidad. Puede simular un
cuadro de demencia senil, hablándose entonces de pseudodemencia depresiva.

Cuando un anciano se deprime, a veces su depresión se considera erróneamente un aspecto natural de esa
etapa de la vida. La depresión en los ancianos, si no se diagnostica ni se trata, provoca un sufrimiento
innecesario para el anciano y para su familia. Cuando la persona de edad avanzada acude con el médico,
puede describir únicamente síntomas físicos. Esto ocurre porque el anciano puede mostrarse reacio a
hablar de su desesperanza y tristeza. La persona anciana puede no querer hablar de su falta de interés en
las actividades normalmente placenteras, o de su pena después de la muerte de un ser querido, incluso
cuando el duelo se prolonga por mucho tiempo.

Las depresiones subyacentes en los ancianos son cada vez más identificadas y tratadas por los
profesionales de la salud. Los profesionales van reconociendo que los síntomas depresivos en los
ancianos se pueden pasar por alto fácilmente. También los profesionales detectan mejor los síntomas
depresivos que se deben a efectos secundarios de medicamentos que el anciano está tomando, o debido a
una enfermedad física concomitante. Si se elabora el diagnóstico de depresión, el tratamiento con
medicamentos o psicoterapia ayuda a que la persona deprimida recupere su capacidad para tener una vida
feliz y satisfactoria. La investigación científica reciente indica que la psicoterapia breve (terapia a través
de charlas que ayudan a la persona en sus relaciones cotidianas, y ayudan a aprender a combatir los
pensamientos distorsionados negativamente que generalmente acompañan a la depresión) es efectiva para
reducir a corto plazo los síntomas de la depresión en personas mayores. La psicoterapia también es útil
cuando los pacientes ancianos no pueden o no quieren tomar medicamentos. Estudios realizados acerca de
la eficacia de la psicoterapia demuestran que la depresión en la vejez puede tratarse eficazmente con
psicoterapia

DEPRESION EN LA NIÑEZ

La depresión en la niñez se empezó a reconocer sólo en los años 70. El diagnóstico se acoge a los mismos
criterios que en el caso de los adultos, aunque la sintomatología puede ser algo más confusa. Su
prevalencia en la infancia es del 1-2 por ciento y, en la adolescencia, del 4-5 por ciento.[28] El niño
deprimido puede simular estar enfermo, rehusar a ir a la escuela, juega menos o deja de hacerlo, expresa
el deseo de no querer separarse de los padres o tiene miedo de que uno de los padres se muera. En la
primera infancia pueden desarrollar síntomas atípicos como somatizaciones difusas, trastornos
alimenticios, enuresis, etc. El adolescente puede expresar mal humor, disminuir el rendimiento escolar,
presentar conductas desafiantes o presentar brotes de irritabilidad. En ocasiones expresa el trastorno
anímico con el desarrollo de conductas de riesgo (consumo de sustancias psicotrópicas, comportamientos
parasuicidas, etc.). Dado que los comportamientos normales varían de una etapa de la niñez a la otra, es a
veces difícil establecer si un niño está simplemente pasando por una fase de su desarrollo o si está
verdaderamente padeciendo de depresión. A veces, el niño tiene un cambio de comportamiento notorio
que preocupa a los padres, o el maestro menciona que el "niño no parece ser el mismo". En esos casos
puede sospecharse un trastorno depresivo.

El Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos (NIMH) ha identificado el uso de
medicamentos para la depresión en niños como un área importante de investigación. Las Unidades de
Investigación en Psicofarmacología Pediátrica (Research Units on Pediatric Psychopharmacology,
RUPP), respaldadas y financiadas por el NIMH, conforman una red de siete centros de investigación
donde se llevan a cabo estudios clínicos. Estos investigan la eficacia de medicamentos usados para tratar
varios trastornos mentales en niños y adolescentes. Entre los medicamentos en estudio, se cuentan
algunos antidepresivos que han demostrado ser efectivos en el tratamiento de niños con depresión.[29] No
obstante, los estudios controlados referidos al tratamiento farmacológico de la depresión infantil son
escasos y sus resultados, en general, ambiguos y, en muchos casos, polémicos.[30]

ORIGEN POR MOTIVOS GENETICOS O CAUSAS AMBIENTALES

Un informe de Psychology Today sobre la búsqueda del origen genético de la depresión afirma: “Los
datos epidemiológicos disponibles sobre las principales enfermedades mentales dejan claro que las causas
no son únicamente genéticas”. El informe da el siguiente ejemplo: “De los estadounidenses nacidos antes
de 1905, el 1% padecía depresión a los 75 años de edad. De los que nacieron medio siglo después, un 6%
padecía depresión a los 24 años de edad”. De ahí que el estudio concluya que un cambio tan espectacular
en un espacio de tiempo tan breve solo puede deberse a factores externos o sociales.[31]

En 2012 fue publicado un estudio capitaneado por neurocientíficos de la Ohio State University Medical
Center, financiado parcialmente por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, que sugiere que
exponerse por la noche a fuentes lumínicas, como pantallas de ordenador o televisión, alteraría el ciclo
luz-oscuridad provocando desajustes que serían causa de depresión, además de modificacones en el
hipocampo. El informe dice además que el incremento de la trastornos del humor guarda relación con el
incremento de la contaminación lumínica nocturna en las ciudades durante los últimos 50 años.[32] [33]

TRATAMIENTO

Independientemente de que se llegue a un diagnóstico fino del tipo de trastorno depresivo, si la situación
anímica supone una limitación en las actividades habituales del paciente, o una disminución de su
capacidad funcional en cualquiera de sus esferas (social, laboral, etc.) se considera adecuada la
instauración de un tratamiento. El fin del tratamiento es el de mejorar la situación anímica, así como
restaurar un adecuado funcionamiento de las capacidades socio-laborales y mejorar, en general, la calidad
de vida del paciente, disminuyendo la morbilidad y mortalidad, y evitando en lo posible las recaídas.

La selección del tratamiento dependerá del resultado de la evaluación. Existe una gran variedad de
medicamentos antidepresivos y psicoterapias que se pueden utilizar para tratar los trastornos depresivos.

Los psiquiatras tienen competencias en recetar medicamentos. Los psicólogos (y la persona


específicamente formada en ello, por ejemplo mediante un máster) tienen competencias en psicoterapia u
otras formas de intervención psicoterapeuta desde la modificación de conducta y terapia de
conducta(véase psiquiatría y psicología). En ámbos casos, dependiendo del diagnóstico del paciente
(según el modelo médico)y de la gravedad de los síntomas (muy especialmente el la terapia de conducta)

Según la revista científica Psicothema, que realizó una revisión en el año 2001, concluyó que tan sólo en
el trastorno bipolar y esquizofrenia resultaba mejor tratamiento el farmacológico que el psicológico. Es
decir, para el resto de trastornos revisados en este artículo algunas psicoterapias muestran
experimentalmente mejores resultados que el psicofarmacológico.[1] No hay datos tan claros sobre la
combinación de ambos tratamientos.

Historia

Sharon (un seudónimo ) tenía 75 años cuando murió su esposo. Después de su muerte, ella desarrolló
síntomas similares a los que había experimentado me-dio siglo antes, cuando dio a luz a su hija y sufrió
depresión pospar-to. Además de una profunda tristeza, ella se quejó de no tener energía ni apetito y de no
ser capaz de obtener una buena noche de sueño. Comenzó a sentir que ya no podía manejar las tareas de
antes, y el pensamiento de aña-dir a su carga los asuntos por los que su marido había sido responsable –ir al
Banco, los seguros, el mantenimiento de su automóvil– la abrumaban. Además, aunque su religión siempre
había sido importante para ella, ya no quería orar. Sharon sabía que necesitaba medicación para aliviar el
terrible dolor de la depresión que experimentaba, y no tenía objeciones a ponerse bajo el cuidado de un
médico para conseguirla. Pero también sabía que las drogas psi-quiátricas no eran la respuesta total a su
problema y que también necesitaba aconsejamiento. El médico al que vio le ayudó con la clase correcta de
medicamento, y le recomendó una buena consejera que había trabajado mucho con personas mayores. Esta
consejera, una mujer de mediana edad, era tan cálida y simpática que Sharon pronto gustó de sus
entrevistas semanales. Allí podía hablar acerca de su pasado y de su vida actual, y de todos los sentimientos
y emociones que experimentaba. La terapeuta era una buena oyente y sabía cómo hacer preguntas que
animaban a Sharon a hablar más.

Sólo hablar con la seguridad de que la persona que la escuchaba estaba inte-resada en ella y que su
conversación era estrictamente confidencial ayudó a Sharon a comenzar a sentirse mejor. Su confianza
propia creció, y sintió el deseo de aprender nuevas tareas que su viudez demandaba. Una vez más encontró
gozo en salir, relacionarse con gente y en comer, y se recuperó de su insomnio. La consejera también envió
una voluntaria para ayudarle a comprender los papeles que solía atender su esposo, y la siguió visitando
regularmente para asegurarse de que dominaba las cosas. Y tan pronto co-mo Sharon se sintió un poco
mejor, volvió a orar y a leer la Biblia, lo que le ayudó muchísimo.
La cantidad de personas que experimentan depresión ha estado creciendo dramáticamente desde la
Segunda Guerra Mundial. La depresión es ahora el desorden mental más común. La Organización Mundial
de la Salud (WHO, por sus siglas en inglés) estima que para el año 2020 llegará a ser la segun-da
enfermedad global más común (después de las enfermedades del co-razón), y que afectará a 121 millones
de personas en el mundo entero. Sólo en Estados Unidos afecta a entre el 10 y el 25% de las mujeres, y
entre el 5 y el 12% de los hombres. 2 Este problema afecta a gente de todas las eda-des, clases sociales,
razas y trasfondos, así como a miles de miembros de las familias y amigos que viven cerca de las personas
afectadas. Los síntomas de depresiones grandes incluyen: humor depresivo, ausencia de interés en las
cosas favoritas o placer en ellas, falta de energía y de apeti-to, perturbaciones del sueño, retardos
psicomotores, sentimientos de baja estima o culpa, limitaciones cognitivas, y pensamientos o conductas
suici-das (de un 10 a un 15% de las personas con depresiones grandes logró qui-tarse la vida). Un
diagnóstico firme puede hacerse sólo cuando alguien ex-perimenta cinco o más de esos síntomas
persistentemente durante más de dos semanas. Sólo tres o cuatro de los síntomas pueden hacer que la
persona se sienta miserable sin estar oficialmente deprimida. La religión y la depresión
2 Diagnostic and Statistical Manual for Mental Disorders (American Psychiatric Association, 19944). Estas
estimaciones se refieren sólo a los casos que han resultado en un diagnóstico definido de gran depresión.
Muchos psicoterapeutas seculares solían acusar a la religión como la causa de la depresión. Alegaban que
los creyentes inclinados a la culpa sufrían de la depresión porque la religión les imponía reglas que las
personas no pod-ían guardar, y porque la religión minimiza la bondad interior de la gente y arruina totalmente
su estima propia. Esta perspectiva ha cambiado conside-rablemente. En las dos últimas décadas han llegado
a estar disponibles una gran cantidad de investigaciones sobre los efectos positivos de la religión sobre la
salud física y mental (incluida la depresión), por lo que ahora están aceptablemente establecidos los
beneficios de la religión.

Por ejemplo, un número reciente de Geriatrics, una revista para médicos, gerontólogos y enfermeras
geriátricas, contenía un artículo titulado "Incor-porating Religión and Spirituality to Improve Care for Anxiety
and Depres-sion in Older Adults" [Incorporación de la religión y la espiritualidad para mejorar el cuidado por
ansiedad y depresión en adultos mayores]. 4 Los au-tores analizaban evidencias que muestran los beneficios
de realizar activi-dades religioso/espirituales con pacientes mayores, y sugerían maneras es-pecíficas para
integrar la religión/espiritualidad en el tratamiento prescrito. Entre ellas, el promover pensamientos de
gratitud, el estimular el perdón, el pedir a los pacientes que abandonen agravios y enojos, el invitarlos a rea-
nudar la asistencia religiosa si la depresión los había hecho interrumpir tales prácticas, etc. La revista
inclusive publicaba un aviso que invitaba a los médicos a asistir a un curso de educación continua sobre
oración y espiri-tualidad ofrecido por el Colegio Norteamericano de Médicos.
3 Ver Harold G. Koenig, Michael E. McCullough y David B. Larson, Handbook of Religión and Health (Ox-
ford: Oxford University Press, 2001). Ver también Michael E. McCullough y Timothy Smith. “Religion and
Health: Depressive Symptoms and Mortality as Case Studies", Handbook of the Socíology of Religion, Mi-
chele Dillon, ed. (Cambridge: Cambridge University Press, 2003). 4 Laura L. Phillips et al, “Incorporating
Religion and Spirituality to Improve Care for Anxiety and Depression in Older Adults", Geriatrics 64 (2009);
pp. 15-18. Aunque la religión es útil para prevenir la depresión y otros problemas, puede hacerlo sólo bajo
ciertas circunstancias. Cuando vivía en Inglaterra escuché de una investigación sobre la salud y la religión
dirigida por el Dr. Montagu Barker de la Universidad de Bristol. Siendo que esa universidad estaba a sólo dos
o tres horas de distancia de mi casa en auto, un colega y yo fuimos allí un día para escuchar un par de
conferencias del Dr. Barker. Él informó de los resultados de muchos estudios que se hicieron en ese tiempo,
los cuales mostraban la conexión entre las prácticas religiosas y la salud física (vida más larga, riesgo
reducido de arterioesclerosis y enferme-dades del corazón, recuperación más rápida de enfermedades, etc.)
y emo-cional-mental-conductual (incidencia menor de depresión y de ansiedad, una visión esperanzada, y
bajo riesgo de conducta criminal y de dependen-cia de sustancias). Sin embargo, el Dr. Barker señaló que
quienes recibían estos beneficios eran las personas con un firme compromiso con su religión, no los
miembros nominales. En realidad, los que iban ocasionalmente a la iglesia y no tenían un firme compromiso
obtenían menos beneficios de sa-lud que los que no asistían nunca.
Personas deprimidas en la Biblia
La Biblia no contiene suficientes detalles acerca de los síntomas y su inci-dencia para saber con certeza si
las personas en las historias bíblicas sufrían de depresión. Pero nos dice lo suficiente acerca de los síntomas
de algunas de ellas como para permitirnos suponer que tal vez hayan reunido las carac-terísticas que hoy se
entienden por depresión. La Biblia ha conservado estos ejemplos para que podamos obtener vislumbres de
cómo Dios puede ayudar a los quebrantados de corazón actuales, así como lo hizo con los del pasado.
Consideremos unos pocos ejemplos: Ana.

Primero de Samuel 1 ofrece un buen cuadro de la condición emocio-nal de Ana. Se nos dicen varias cosas
que revelan su profundo desánimo:
Dios había cerrado la matriz de Ana

(versículo 5). En el contexto cultural, la maternidad era una clara señal de la bendición divina, y su ausencia
era la señal de una maldición. La condición de Ana pudo haberle dado un sentimiento de culpa y de
inferioridad; ambos senti-mientos están presentes típicamente en pacientes depresivos.
La diferencia maternal entre Ana y Penina debió haber mortificado a Ana. Para colmo, Penina
intencionalmente provocaba a Ana

(versículo 6), aun cuando ella sabía que por ley su primer hijo recibir-ía una doble porción de la herencia (ver
Deuteronomio 21:15-17). Pa-ra comprender la conducta de Penina plenamente debemos recordar que
Elcana, el esposo de ambas, amaba más a Ana que a Penina, una complicación típica de las familias
polígamas.
Ana lloraba amargamente su esterilidad

(versículo 7, 10). En parte lloraba por causa de las provocaciones de Penina, pero –como lo indi-ca su
oración en el templo– su tristeza estaba arraigada también en otros asuntos. Llorar es uno de los síntomas
más comunes de la de-presión.
Ella no quería comer

(versículo 7). La pérdida del apetito es una se-ñal común de depresión, y Ana debe de haberla mostrado más
de una vez, pues Elcana le preguntó, frustrado:"¿Por qué no comes?".
Ana experimentaba amargura del alma (versículo 10). Su profunda tristeza pudo haber sido lo que hoy se
llama disposición depresiva, que puede haber empeorado cuando Elcana mostraba que no la com-prendía
cuando preguntaba: "¿Por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?" (versículo 8).
• Ana habló de "la aflicción de tu sierva" (versículo 11), de estar "atri-bulada de espíritu" (versículo 15) y de la
"magnitud de mis congojas y de mi aflicción"

(versículo 16). Es probable que estas expresiones se refieran a la profunda tristeza que caracteriza a la
depresión clínica.
El rostro de Ana había estado triste (versículo 18). Debe de haber es-tado muy perturbada. El brillo de sus
ojos había desaparecido.
La solución de la condición de Ana comenzó con las palabras consoladoras de Elí: "Ve en paz, y el Dios de
Israel te otorgue la petición que le has hecho" (versículo 17). La Escritura dice que su rostro triste cambió y
comió. Nota que la curación mental de Ana vino aun antes de que su pedido le fue-ra otorgado. Finalmente
su oración profundamente sentida fue respondida: se le dio el privilegio de ser la madre de uno de los
profetas más grandes que existieron. Y además tuvo otros tres hijos y dos hijas (1 Samuel 2:21). Elías.

Por intervención divina, por medio de grandes milagros que sucedie-ron en medio de la adversidad, Elías
tuvo una espectacular serie de victorias (1 Reyes 16-18). Pero luego vemos al profeta teniendo un descenso
emo-cional (ver el capítulo 19).

Habiendo vencido en la importante batalla contra Baal, Elías podría haber seguido peleando la batalla final.
En cambio experimentó un temor intenso (versículo 3) y escapó. Pudo haber pensado que Dios, después de
su larga batalla contra el mal, no lo estaba tratando con justicia al permitir que pusieran una condena de
muerte sobre su cabeza.

Él oró que Dios le quitara la vida (versículo 4). Los pensamientos de muerte son bastante comunes en las
personas depresivas. Algunos tra-tan de quitarse la vida, pero él pensó que la muerte era preferible al dolor
emocional que seguía molestándolo.
En dos ocasiones Elías habló de cuan desanimado se sentía porque Is-rael rechazaba los pactos de Dios,
destruía sus altares y mataba a sus profetas (versículos 10, 18). Esto debe de haber sido una fuente im-
portante de depresión después de la experiencia del Carmelo.
El tratamiento que el cielo le dio a los síntomas de Elías comenzaron con la preparación de una comida para
él que le hizo un ángel, y luego lo envió a hacer ejercicio físico intensivo. Fue sanado por medio del
encuentro con Dios que terminó en un silbo suave. La seguridad que le dio Dios de que había en "Israel siete
mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal" (1 Reyes19:18) debió haber sido terapéutico para Elías, quien
había creído que era el único que seguía siendo fiel a Dios. David. El pastor-rey de Israel murió a la edad de
70 años. Aunque su vida no fue especialmente larga según las normas actuales, estuvo llena de ac-ción y
emociones. Desde sus días tempranos, David enfrentó mucha agita-ción emocional porque era el menor de
su familia y, más tarde, fue el objeto de la persecución obsesiva del rey Saúl. Cuando David llegó a ser el rey
so-bre Judá siguió experimentando mucha agonía mental, en ese momento por sus propios errores, el acoso
de sus enemigos y los problemas en su familia. El libro de Salmos contiene muchos pasajes que son joyas
preciosas para los quebrantados de corazón. En parte son atrayentes por causa de su rico lenguaje, pero
una razón mayor es la experiencia de quebrantos del corazón del autor. En estos salmos David escribió de
un Dios amante que es el bálsamo necesario para los que sufren.
David mismo reconoció que su experiencia en la vida y con Dios sería útil para otros pecadores. Cuando el
profeta Natán vino a él después de su adul-terio con Betsabé, David escribió un salmo en el que admite
plenamente su transgresión y pide perdón a Dios. Oró: "Vuélveme el gozo de tu salva-ción", y añade:
"Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti" (Salmo 51:12, 13).
Consideremos unos pocos estados mentales de David como lo expresó en el Salmo 42. 5

Las lágrimas de David fueron copiosas

(versículo 3). Nos dice que fueron su "pan de día y de noche". Por el contexto parece obvio que fueron
lágrimas de tristeza.
Los eventos pasados lo perturbaban

(versículo 4). En esta ocasión David estaba probablemente en el exilio y extrañaba los servicios del templo.
Los recuerdos del pasado tienden a perturbar –de un modo u otro– a quienes sufren de depresión.
Estaba experimentando agitación interior

(versículo 5). Dice que su alma está "abatida" y "derramo mi alma dentro de mí", revelando el dolor espiritual
que tenía en su interior, que es comparable con al-guien que pasa por aflicciones físicas.
Barreras insalvables lo rodeaban
5 Aunque el encabezamiento lo identifica con los hijos de Coré, algunos eruditos consideran que el autor fue
David. El Editor.
(versículo 7). David usa las caídas de agua como una metáfora para expresar el clamor en sus
circunstancias. Estas aguas no hacían sólo ruido; contenían un poder impara-ble, las olas se quebraban
sobre él.
• Tenía la impresión de que Dios lo había abandonado

(versículo 9). La tensión interna y la presión de sus enemigos hizo que David se lamentara. La prueba era de
tal intensidad que él se pregunta, como muchos en medio de la depresión, dónde está Dios.
Su dolor emocional le producía síntomas físicos

(versículo 10). "Co-mo quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan".
No recibió el apoyo social que necesitaba (versículos 3, 10). Personas amantes son una buena fuente de
sanidad para los quebrantados de corazón. Sin embargo, la gente que rodeaba a David no sólo no lo
apoyaban, sino que positivamente eran venenosos al preguntar: "¿Dónde está tu Dios?"
La solución del problema de David vino de Dios, pero David necesitaba tomar la iniciativa. Decidió recordar a
Dios aun desde una tierra distante, poner su esperanza en él y alabarlo a pesar de sus dificultades. Como
resul-tado, Dios dirigió su amor hacia él durante el día, y de noche enviaba un canto a su corazón. Y como
respuesta, David elevó una oración al Dios de su vida (versículo 8). Ezequías. Este rey presenció una
cantidad de eventos y victorias notables atribuibles sólo a Dios. Entonces se enfermó de muerte, una suerte
confir-mada por las terribles palabras de Isaías: "Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás" (Isaías 38:1).
Pero Ezequías oró pidiendo un milagro, y Dios respondió su oración, otorgándole 15 años más a su vida.
Más tarde Ezequ-ías escribió el emocionante viaje que él experimentó cuando pensó que su muerte era
segura. Sus palabras de desesperanza están registradas en Isaías 38. La agonía de Ezequías no fue
silenciosa. Lloró amargamente (versículo 3), comparando el dolor que sentía con el que hubiera
experimentado si un león le hubiera quebrado todos los huesos (versículo 13). Dijo que se queja-ba como la
grulla o como la golondrina, gemía como una paloma, y sus ojos se debilitaron, pero en su agonía se volvió a
Dios y oró:"Jehová, violencia padezco" (versículo 14).Y Dios respondió su oración.
Jeremías. Este profeta presenció el caos que sufrió su nación cuando Nabu-codonosor devastó Jerusalén.
Cuando Jeremías era "un niño", Dios lo llamó para ser profeta (Jeremías 1:7). Sin embargo, su apelación a
sus conciuda-danos parecía inútil; nadie quería seguir las instrucciones de Dios. Así que fue un testigo
cuando Israel, en vez de ganar victorias, se desintegró mo-ralmente y sufrió la destrucción física. Él vio
cuando Nabucodonosor sitió

Otro articulo

Creer en Dios ayuda a curar la depresión, sugiere un estudio reciente realizado por investigadores del
Rush University Medical Center de Chicago, en Estados Unidos.

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que se presenta como abatimiento e infelicidad
transitorios o permanentes.

Los síntomas de esta enfermedad afectan principalmente a la esfera afectiva: la tristeza patológica, el
decaimiento, la irritabilidad o un trastorno del humor que puede disminuir el rendimiento en el trabajo o
limitar la actividad vital habitual, independientemente de que su causa sea conocida o desconocida.

Asimismo, la depresión también puede expresarse a través de afecciones de tipo cognitivo, volitivo e
incluso somático.

Evaluación de la enfermedad

El estudio realizado ha revelado que las creencias religiosas protegen contra estos síntomas, y también
que mejoran la respuesta de las personas depresivas a los tratamientos médicos contra la enfermedad.

La investigación fue realizada con pacientes diagnosticados de depresión clínica, es decir, con personas
que padecían un estado extremo de la depresión, caracterizado por una tristeza, una melancolía y un
sentimiento de vacío tan intensos que pueden llegar a ser destructivos para el enfermo.

Según publica el Rush University Medical Center en un comunicado, en total fueron estudiados 136
adultos. Algunos de ellos estaban recibiendo atención psiquiátrica externa, mientras que otros
permanecían ingresados en el hospital para su cuidado.

Estos pacientes fueron evaluados poco después de ser admitidos para su tratamiento y ocho semanas
después de que dicho tratamiento empezase.

Para esta evaluación se emplearon el Inventario de Depresión de Beck (cuestionario que calcula el grado
de depresión que pueda tener una persona), la Escala de Desesperanza de Beck (con el que se valora el
grado de desesperanza de los individuos, es decir, su actitud hacia las expectativas futuras) y una Escala
de Bienestar Religioso.

Estas tres pruebas son herramientas estándar de las ciencias sociales para evaluar la intensidad, la
severidad y la profundidad de la depresión y los sentimientos de desesperanza y de satisfacción espiritual.

Grado de esperanza

La respuesta de los pacientes a la medicación que se utiliza para tratar la depresión, definida como la
reducción en un 50% de los síntomas iniciales, puede variar en los pacientes psiquiátricos.

Algunos de éstos no responden en absoluto a los medicamentos. Sin embargo, el estudio realizado
demostró que, entre los sujetos estudiados, aquéllos que creían con más fuerza en un Dios personal y
atento a sus necesidades tendieron a mejorar más que los demás participantes en las ocho semanas de
tratamiento analizadas.

Concretamente, los participantes en el estudio cuya puntuación en la Escala de Bienestar Religioso estuvo
entre las tres primeras fueron un 75% más propicios que el resto a mejorar, a partir del momento en que
empezaron a tomar sus medicinas.

Los investigadores analizaron si la explicación para semejante mejora podía relacionarse con el
sentimiento de esperanza que caracteriza a la fe religiosa. Pero el grado de esperanza, definido por los
sentimientos y las expectativas en el futuro y el nivel de motivación de cada individuo, no sirvió para
predecir la mejora que los pacientes sufrieron.

Ser supremo compasivo

Según declaró la investigadora Patricia Murphy, una de las autoras del estudio, la respuesta positiva a los
medicamentos para la depresión tiene poco que ver con el sentimiento de esperanza asociado típicamente
a las creencias religiosas.

En realidad, para la superación de esta enfermedad, lo que parece ayudar realmente es la fe en un ser
supremo compasivo, asegura Murphy.

La investigadora añade que, aunque para la gente diagnosticada con depresión clínica, la medicación
juega un papel clave en la reducción de los síntomas, los especialistas deben tener en cuenta el papel de la
religión en las vidas de sus pacientes.

Los resultados de este estudio, que han sido publicados en la revista Journal of Clinical Psychology
sugieren que las creencias religiosas podrían resultar de gran importancia como recurso en la
planificación de una atención más efectiva de la depresión.

Religión y psicología

Éste no es el primer estudio que analiza la relación entre la religiosidad y ciertos aspectos de la psicología
humana.

A principios de 2009, otra investigación, realizada por científicos de la Universidad de Miami, reveló que
las personas religiosas tienen mayor capacidad de autocontrol que las no religiosas y regulan de manera
más eficiente sus actitudes y emociones, con la finalidad de conseguir objetivos para ellos valiosos.

Según los científicos, esto se debe a que ciertos rituales religiosos –como la oración o la meditación-
afectan a partes de la corteza del cerebro humano que resultan claves en la autorregulación y el
autocontrol. Por otro lado, las religiones contribuyen al autocontrol porque proporcionan a los individuos
modelos claros de comportamiento.

Otras investigaciones realizadas en distintas partes del mundo han demostrado que las personas más
devotas tienden a tener un mejor rendimiento escolar, a vivir durante más tiempo y, en general, a ser más
felices.

Articulo religión depresión


"¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía

y Dios mío". Salmos 42:5

¿Quién no quisiera ser feliz?, pero la verdad es que la vida tiene muchos altos y bajos. Por una parte podemos experimentar

de las bendiciones que Dios tiene preparadas para nosotros.

Por otra parte también están las trampas que el Enemigo nos pone para no alcanzar la felicidad.

Una de esas trampas se llama DEPRESIÓN.

Pero la realidad es que la depresión no respeta genero, nacionalidad, ni creencia, siempre y cuando una persona permita que

sentimientos de depresión se aniden en su vida, esta cobrara vida en ella y posiblemente la llevara al fracaso en todo sentido,

incluyendo el espiritual.

Es necesario que como hijos de Dios estemos al tanto de este obstáculo que se nos puede presentar en cualquier momento,

ya sea que nos llegue a nosotros o alguna persona que conozcamos, para que de esta forma podamos ayudarle y hacerle

entender que tenemos un Dios que es especialista en vencer la depresión en nosotros los humanos.

¿A QUE SE LE LLAMA DEPRESIÓN?

Para entender este tema es necesario que también tengamos claro lo que significa la palabra “Depresión”, es por eso que a

continuación te cito algunos significados de esta palabra:

 Es una tendencia excesiva a encontrarse en un estado de ánimo bajo.

 Sentimientos de impotencia, desesperanza, ineficiencia y tristeza.

 Es un estado de abatimiento e infelicidad, que puede ser transitorio o permanente.

ALGUNAS CAUSAS DE LA DEPRESIÓN.

No voy a profundizar mucho en cada una de las causas, sino que al citarlas rápidamente entenderemos del porque se le puede

llamar que es una causa de la Depresión, entre ellas tenemos:

 Fracaso en los estudios.

 Una Ruptura Sentimental.

 Conflictos con los Padres.

 Crisis Financiera o situaciones de País.

 Enfermedades Repentinas.

 Perdida de Trabajo.

 Muerte de un ser querido.


 Un embarazo no deseado.

 Etc.

¿QUE REACCIONES PRESENTA LA DEPRESIÓN?

Quizá alguien a tenido algunas de las siguientes reacciones y no se ha dado cuenta que a caído en depresión y que poco a

poco esta lo llevara a la derrota en todo ámbito. Es necesario saber que reacciones se pueden tener para saber si se esta en

depresión o no. A continuación te citare algunas de los síntomas de estar en depresión:

 Estado de ánimo triste, ansioso o "vacío" en forma persistente: Una persona con depresión presentara una tristeza o

vacío persistente, es decir que nada lo hará reír y se sentirá como que si le faltara algo.

 Disminución de energía, fatiga, agotamiento: en pocas palabras habrá un cansancio en su vida provocado por el

mismo estrés de la depresión.

 Sentimientos de culpa, inutilidad y desamparo: también la culpa de su situación caerá en el o ella, según “sus propias

conclusiones”, además del sentirse inútil y desamparado, definitivamente va camino a la derrota.

 Pérdida de interés en pasatiempos y actividades que antes se disfrutaban: si antes le gustaba practicar algún deporte,

salir con sus amigos, etc, ahora ya no le interesa, no querrá ni salir de su casa y ahora todo le parecerá aburrido.

 Sentimientos de desesperanza y pesimismo: sin duda una persona que ha caído en la depresión es una persona

extremadamente pesimista, no ve nada bueno por venir y todo “según el o ella” estará mal para su persona.

 Dificultad para concentrarse, recordar y tomar decisiones: el mismo sentimiento de depresión no le permite

concentrarse ni mucho menos ser sabio(a) a la hora de tomar decisiones.

Otros síntomas serian:

 Insomnio, despertarse más temprano o dormir más de la cuenta.

 Inquietud, irritabilidad.

 Pérdida de peso, apetito o ambos, o por el contrario comer más de la cuenta y aumento de peso.

 Sensación de estar en un "hoyo" o un "callejón sin salida".

 Pensamientos de muerte o suicidio; intentos de suicidio: En esta parte si me quiero detener un momento y es por el

motivo de que el 70% de las personas que se suicidan han pasado por periodos de depresión antes de cometer esa

enorme equivocación como lo es quitarse la vida. Definitivamente el Diablo como calumniador mete en la mente de

las personas que su vida no merece existir y que el único camino para solucionar sus problemas o la depresión es el

suicidio, MENTIRA numero uno de Satanás, puesto que el suicidio nunca será una respuesta a tus problemas, al

contrario es un problema añadido para tu familia y para las personas que te aman.

¿Crees que el suicidio es la solución a la depresión? Personalmente y respetando a familiares de personas que se ha

suicidado creo que el suicidio es una acción con falta de valor de parte de la persona que la comete, puesto que aquel que

comete dicho acto no tuvo el valor de luchar por salir adelante, además de que no deposito su problema en las manos de Dios.
Hay que darse cuenta que tenemos un Jehová Shaddai y que esta dispuesto a ayudarnos y sacarnos adelante, si tu nunca

permites que Dios actué en tu vida, difícilmente saldrás adelante en tu depresión, ¿Por qué huir de los problemas, cuando Dios

te ha dado el suficiente valor para afrontarlos?, ¿No te das cuenta que vales la sangre de Cristo y que tu no puedes quitarte la

vida solo porque te plazca?, Entonces quiere decir que: ¿La sangre de Cristo no vale nada para ti?.

Una persona con pensamientos de suicidio es una persona que aun no se ha encontrado con mi Dios, porque mi Dios es

Poderoso para sacarme de los problemas mas graves, además que mi Dios es quien me da fortaleza cada día para luchar en

medio de cualquier enemigo, llámese este desanimo, problemas o depresión.

En momento de depresión la mejor decisión o mejor dicho la decisión mas valiente que puedes tomar es entregarle tu corazón

a Dios y permitir que El sea quien actué a partir de ese momento en tu vida, entrégale todas tus cargas al Señor y el te sacara

adelante, no por nada dice su palabra en San Mateo 11: 28 “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo

os haré descansar”, si realmente tienes valor como para quitarte la vida, ¿Por qué no mejor tienes el valor para entregarle tu

corazón a Dios?, te aseguro que cuando te encuentre con El, tu vida JAMÁS volverá a ser la misma.

LA SOLUCIÓN A LA DEPRESIÓN.

Puedes ponerte en el tratamiento que quieras, puedes tomar el medicamento que quiera, pero esas soluciones se compararan

a la única y eficaz solución, esa solución que no tiene precio en oro ni plata, pues esta solución es el Dueño de todo eso, la

única y eficaz solución a la depresión se llama: JESÚS.

No hay ninguna otra forma de poder salir de la depresión que permitiendo a Jesús que entre a tu corazón. A lo mejor y una

persona que ya entrego su vida a Jesús este en depresión y diga: “yo, ya entregue mi vida a Dios y aun no logro salir de la

depresión”. En ese caso en necesario que evalúes tu relación con Dios y te hagas un auto análisis de cómo estas viviendo la

vida Cristiana, porque una cosa es decir “soy cristiano”, pero otra cosa es realmente vivir como cristiano y tener una constante

comunión con Dios.

Para poder vencer la depresión es necesario:

1. Ir a la casa de JEHOVÁ en pocas palabras Congregarnos. ( Salmos 84: 1-7)

2. Mantener un hábito de Oración. (Salmos 69:13)

3. Echar sobre Dios mí depresión. ( Salmos 55: 22)

4. Practicar la ALABANZA. ( Salmos 69: 30-35)

5. Servir a Dios. “Cuando vivimos una vida activa en Dios esto nos ayuda a avanzar". Ejemplo: Elías ante su depresión.

Descansó, se alimentó y prosiguió


Esta cien por ciento comprobado que la depresión se puede vencer, depende de la disposición que tengas en tu vida que Dios

actué en ella. Recuerda que Dios siempre esta dispuesto a ayudarte cuando tu se lo permites.

Hoy Dios quiere quitar toda depresión de su vida. Quiere cambiar su corazón abatido por un corazón alegre.

¿Cómo te encuentras hoy? ¿Estas deprimido(a)? Ven a Jesús y quebranta en mil pedazos la depresión.

También podría gustarte