0% encontró este documento útil (0 votos)
136 vistas10 páginas

Arte: Conciencia y Sociedad

El documento discute las relaciones entre el arte y la sociedad. Señala que el arte observa, analiza y representa aspectos importantes de la sociedad, y que los artistas han creado cosmogonías colectivas e individuales que reflejan la evolución de las identidades sociales a lo largo de la historia. También explica que el arte de Marc Chagall integró cuentos y relatos de su pueblo natal en su obra pictórica, mostrando cómo el arte puede incorporar elementos de la realidad y lo irreal.

Cargado por

Ahinoa Campos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
136 vistas10 páginas

Arte: Conciencia y Sociedad

El documento discute las relaciones entre el arte y la sociedad. Señala que el arte observa, analiza y representa aspectos importantes de la sociedad, y que los artistas han creado cosmogonías colectivas e individuales que reflejan la evolución de las identidades sociales a lo largo de la historia. También explica que el arte de Marc Chagall integró cuentos y relatos de su pueblo natal en su obra pictórica, mostrando cómo el arte puede incorporar elementos de la realidad y lo irreal.

Cargado por

Ahinoa Campos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Arte y Realidad

El arte ejerce un papel preponderante en la sociedad actual como agitador de conciencias, dado
que actúa de tal manera que, aunque posee un mercado pautado y concreto, también influencia en
otros sectores, desde la política, pasando por la empresa, psicología, psiquiatría, universidad, la
religión, las creencias espirituales, la actividad cotidiana de millones de personas en el mundo y en
la conciencia del ser humano.

El arte es una actividad creativa, pero también artística en sí misma, espiritual y social. El arte incide
de manera directa en la mente, corazón, alma, espíritu y conciencia de las personas de forma
directa, indirecta, psicológica, subliminal o irónica.

El mercado del arte trata de temas económicos, publicidad, promoción, cotización, ventas, etc.
Pero, además, la obra y el artista son parte de la realidad espiritual, es decir que forman la dinámica
de lo que hoy denominamos la fuerza y la determinación de la energía y la transformación constante
de la materia.
El arte es parte de esta fuerza, dado que es inmaterial, aunque se lleve a cabo su representación a
través de la materia.

El arte como parte de la esencia del individuo

El arte es parte de la esencia misma del individuo como ente pensante libre, al margen de normas,
en todo caso superando limitaciones, aunque se mueva a través de las circunstancias limitadoras,
debido a la aplicación de las leyes. Posee leyes que todos sus integrantes cumplen, mientras que la
actuación puntual fuera de lo normal ante los acontecimientos es algo variable pero previsto en las
leyes.

Las leyes nos conducen dentro de la actividad artística por la pléyade de caminos del laberinto, en
los que, el verdadero artista se separa de lo comercial, es decir del arte concebido como concesión
al mercado, para adentrarse en el terreno de la auténtica libertad, es decir en la disposición de
agradarse, en primer lugar, a sí mismo, como punto número uno. Después, una vez consolidada su
actitud frente a la sociedad y el mercado, el artista deja de seguir los parámetros del mercado para
sumergirse en el verdadero estudio de la vida. Y la vida es plástica pura.

El arte es expresión sensible y la realidad es parte de esta expresión. Es una parte importante pero
no la definitiva.
El arte es libre porque no obedece a leyes terrenales, sino que surge de la parte espiritual y de la
conciencia de la persona, pero también del cosmos, de otras dimensiones, de estratos que no están
aquí pero que existen. El artista actúa de transmisor, es decir que nos comunica lo que existe pero
no se ve tamizado por su manera de ver las cosas.
El artista es un creador que conecta con el inconsciente.

El artista es un creador que conecta con el inconsciente, con la psicología de la evidencia de la


realidad que nos influencia. Hay una conexión evidente entre obra, artista y fuente inicial de
inspiración. En este caso está claro que la obra del artista es determinante, delimitando la dinámica
creativa, la exuberancia plástica, la evidenciación de la transformación de la creación.
Todo es movimiento, la plástica es actividad y concierto. La obra de arte está en movimiento, no es
hierática. Posee independencia con respecto a su creador, pero, a la vez, es el alma del mismo.

No hay nada al margen del artista, aunque la obra, posteriormente, pueda independizarse del
mismo. Siempre se encuentra en línea con una actividad calculada o no, que viaja a través de la
conceptuación de la idea, de la evidencia de la formulación plástica, en la dinámica social y creativa.
El arte va más allá de la estética

El arte en la actualidad cumple una función que va más allá de la estética. Es una función espiritual
y plástica, que supera los parámetros de entendidos y especialistas, conectando con la gran masa,
aunque sea a través de exposiciones de gran formato, importantes, bien promocionadas, con apoyo
institucional, convertidas en hit parade. Es la comercialización de la espiritualización del arte.
Pero el arte es algo más que ser producto y objeto de recibimiento masivo. De hecho el auténtico
arte no tiene dueño, tampoco destinatario, pero sí autor, que es canalizador, es decir, ejecutante de
la voluntad energética que lo sustenta.
Es la creatividad, energía que se expande por el universo que llena a todos. Por esta razón el arte
no puede ser para minorías, porque su origen es social, universal, cósmico, sin fronteras.

El arte mercado, el arte puro creativo y el arte producto son partes de un mismo todo, pero el arte
de verdad es algo más, es la consecuencia del artista, de su trabajo e interés, de su voluntad de
conectar con el espectador para comunicarle sus secretos y sus enigmas. Le abre la puerta, le
permite entrar, le facilita el trabajo, pero, luego, es el propio espectador quien debe decidir por sí
mismo, guiarse por su instinto, conocimientos, sensibilidad, conciencia, formación e interés.
El espectador no manda en el arte, tampoco el mismo arte, mientras que el creador, es decir, el
artista plástico, actúa de intermediario.

ARTE Y SOCIEDAD
El Arte se relaciona con la sociedad en cuanto la observa, analiza y construye para ella unos
lenguajes que la muestran en sus aspectos constitutivos relevantes incorporando en este quehacer
necesidades funcionales: arquitectura, objetualidad de uso, relaciones con el espacio habitado
amalgamables y relacionadas con quienes lo habitan. El trabajo de los artistas en suma ha
construido cosmogonías colectivas e individuales que con el correr del tiempo, la información y
opciones culturales han trasuntado en obras artísticas .

La relación Arte y sociedad, viene dada desde el principio de la vida. Medio ambiente, el entorno,
contenedores de la existencia dotan al Arte de significados, pero también construyen herramientas,
estructuras y eventos que se establecen como relevantes para los grupos humanos presentes del
mismo modo, los seres humanos en comunidad, generan una pertenencia y representatividades.

La sociedad con estas cargas y distribuciones de roles, que muchas veces determinan a los
géneros, construye formas de representación a lo largo de la historia, mostrándonos
la evolución de la misma posibilitando, el observar las identidades que habitan geografías,
influenciando a las estéticas y otras manifestaciones que al día de hoy, más estilizadas, siguen y
continúan con una gran carga mística, en las identidades personales y colectivas. La corporalidad
acoge y desplaza a estas identidades, surge en los grupos, casi sin exclusión, la necesidad de
diferenciarse, para lo cual, los símbolos, colores, diseños y adornos significativos juegan un rol
relevante. En casos relevantes guardan, una profunda relación con el entorno propenden a
reunificarse con el medio que los rodea.

Dicho proceso origina una parte de la identidad cultural, que estaría constituida por un desarrollo
más complejo de la existencia, planteamientos filosóficos y psicológicos, incluso de las mismas que
el folclor consignaría de manera más anecdótica adicionándoles elementos que conjugan lo real con
lo irreal.
Esta mirada conjugada (lo real e irreal), es lo que hace en parte la obra de Marc Chagall, un aporte
a la lectura del Arte contemporáneo, cuando integra relatos campesinos de su aldea natal a la
creación pictórica. El artista ha incorporado el concepto, la idea, el relato, el cuento (que se han
mantenido en el lenguaje y ha sido distribuido con el mismo) a su obra, ocupando materiales y
soportes que se venían utilizando desde hace siglos, o sea, el aporte radicaría en cómo el artista ha
traducido ese lenguaje-relato al construirlo desde su conocimiento y articulación de elementos
compositivos que ha considerado pertinentes, a una plástica bidimensional cromáticamente singular
con una lectura surreal, del sueño o lo lúdico con formas que pertenecen al mundo de lo real pero
habitando el lúdico. Esta propuesta en un ambiente que observaba el Arte como una fotografía de
lo real y de lo real usualmente lo más conservador, vino en establecer que la sociedad y el Arte,
lleva, traslada, adiciona e integra a todas las existencias, aún las más estigmatizadas por lo oficial y
lo políticamente correcto demandando que la sociedad sea capaz de observar en la producción
de Arte una actitud que discierne sobre cómo los fenómenos significativos, no se conviertan en
modos productivos con fines claramente económicos y de consumo, al respecto la postura de los
movimientos estudiantiles de los años sesenta y más tarde, de los setenta y ochenta (Hippie, Punk),
han terminado en modas, evolucionando a una estética ecléctica que no habla ni mantiene la idea
original, a la inversa, la descompone en un aparataje visual.

La capacidad analítica de estos fenómenos estéticos y sociales invertirá la actitud reduccionista del
caricaturista – decorador.

Es la sociedad quien construye espacios físicos donde establece habitabilidad, recreación, ocio,
salud y trabajo, entre otros. El Arte proporciona la oportunidad de indagar dichas espacialidades de
modo de reconocer qué está ocurriendo con los grupos humanos que allí habitan.

¿Cuáles son estas coordenadas significativas para la juventud, los ancianos los niños?, ¿Cómo
encontrar una arquitectura que los represente y presente a la sociedad toda? Se observa en este
ejercicio lo relevante del Arte no sólo en el ámbito creativo, al cual la enseñanza del Arte
tradicional direcciona casi todos sus esfuerzos sino como dialogo con lo real, lo diario y funcional.

La habitabilidad permanente se caracteriza por el uso de objetos para fines y ocasiones.


Reconocerlos como parte del acervo cultural, de la influencia y las necesidades, desarrolla el criterio
en cuanto a su cantidad y real necesidad. De la misma manera unas formas representativas de
quienes las manipulan, en este sentido el análisis estético viene en proveernos de las necesarias
normas compositivas para una objetualidad y habitación que mantenga una unidad y retenga, en
caso de ser pertinente, nexos con el antecedente originario (étnico, emigrante), constituyéndose en
un lugar vitalizado y de resguardo de una historia y unos sucesos relevantes para quienes lo
habitan.

El Arte valora los aportes que hace la vida en sociedad, haciendo de esta práctica una situación
inclusiva debido a la importancia que da a los grupos específicos. Eisner (1998), en su lúcida
percepción del Arte, facilita el arribo al tercer nivel de la enseñanza media (Arte, entorno y
cotidianeidad). En este estadio comprende el universo juvenil y sus características como la del
valorar y reflexionar acerca de los procesos y productos artísticos.

El trayecto sin fin que Eisner plantea, se encuentra concatenado con la sociedad y las personas. Al
observar el siglo XX podemos ver con claridad que las juventudes se han manifestado, encontrado
y desarrollado diversas modalidades expresivas interviniendo el mundo medial y social.

El Arte concede una visión de la sociedad, aún sin que estos constructos sean de importancia y sólo
reflejen grupos fácticos de interés reducido. La experiencia que brinda el reconocer este fenómeno
posibilitará la construcción de espacios que contengan una mirada diversa y trascendente basada
en la percepción colectiva.

• Arte como creación de la realidad


El arte está presente en todas partes donde hay hombres. Es un
fenómeno tan íntimamente ligado a la humanidad que parece imposible
pasarlo por alto por poco que planteemos la pregunta por saber
quiénes somos.

¿Cómo pensar este fenómeno?

Uno de los caminos más simples consiste en escuchar a un artista. En


nuestro siglo, Proust está entre aquellos que han reflexionado más
intensamente sobre su arte y el arte en general. En las notas crítica que
datan de 1909, en que toma cuerpo -a medida que se precisa su visión
del arte- el futuro En busca del tiempo perdido, escribe:

esta recreación de la realidad que es todo el arte

El arte es esencialmente “recreación de la realidad”. Esto nos parece


obvio, hasta el punto mismo en que suponemos en ello una concepción
perfectamente banal del arte.

La oposición entre el arte y la realidad es, en efecto, completamente


clásica. El arte es ficción. Cuando Goethe titula su biografía Verdad y
Poesía, indica claramente que la poesía es otra cosas que la verdad -
entendamos exactamente: otra cosa que las cosas tal como son
realmente. Entre el arte y la realidad hay toda la diferencia que va de lo
imaginario a lo real, de lo que se puede inventar libremente respecto a
la “aridez de los hechos”.

Si se ve el arte en esta oposición, lo que adviene como problema es el


sentido en el que es preciso entender la recreación de que habla
Proust. En efecto, no podría consistir en una reconstitución. “¿Podría
haber algo más absurdo que el esfuerzo por rehacer (Proust, en una
carta a Robert Dreyfus, escribe: para «contrahacer») aquello de lo cual
se busca evadirse? “¿Es preciso, pues, entender recreación como
volver a empezar, o, inclusive, como mejoramiento? En su primer libro,
El nacimiento de la tragedia, Nietzsche comprende así el arte apolíneo.
Todo el arte apolíneo, explica Nietzsche, se propone transformar el
devenir en forma. El devenir es la vida misma, con su fluidez
aterradora, su dramática movilidad, donde lo que era felicidad deviene
sufrimiento, donde la vida concluye necesariamente en la muerte. La
forma eterniza. Ella inclusive fija, si se lo ve bien. Pero mírese una
estatua de Apolo: lo que está fijado allá es la vida misma, de tal suerte
que la forma no es la muerte del devenir, sino su elevación hasta el
Ideal. En este sentido, el arte apolíneo es, justamente, recreación de la
realidad, o inclusive idealización donde la realidad adquiere el aspecto
de la belleza. Recrear la realidad, en la actualidad significa embellecer
la realidad, como se lo puede verificar a propósito de todo aquello que
se llama “arte académico”. Él se define por la posesión de reglas o de
cánones cuya función es precisamente servir en la recreación de la
realidad. Un paisaje académico no consiste en tal o cual visión del
campo, sino, con ocasión de un campo, componer un cuadro
armonioso obedeciendo a las leyes de la simetría, del orden y de la
medida. ¿Es Proust un artista académico? De ninguna manera. En
consecuencia, “recrear la realidad” no puede querer decir idealizar o
embellecer. La declaración, perdiendo su banalidad, se torna
enigmática.

Hasta aquí, hemos comprendido banalmente la realidad como todo lo


que nos rodea y nos está sucediendo, tanto lo cotidiano como lo
extraordinario, tanto el medio donde vivimos como el conjunto del
universo. Creemos obstinadamente que esta realidad -a la cual, como
se dice, nada escapa- constituye la realidad del arte. Y parece que a
propósito de eso podemos dar mil ejemplos: a la estación Saint-Lazare,
que ha pintado Monet, vamos ocasionalmente a tomar el tren; en
cuanto al león que pinta Rubens, su congénere ruge en el circo o caza
en África; la familia real de Goya ha reinado, efectivamente, en España
hacia fines del siglo XVIII.

Un solo hecho debe llevarnos a dudar que la relación de la realidad con


el arte sea ésa: la existencia del arte “abstracto”. La condición
necesaria y suficiente para imponer la duda es que en él haya arte. Hoy
día nadie tiene derecho a impugnarlo. Mondrian es un pintor en todo el
sentido de la palabra, al igual que Kandinsky o, más cerca de nosotros,
Jackson Pollock. Afirmarlo no significa nada. Es preciso probarlo. Ahora
bien, la prueba no puede ser sino una indicación para ir a verificarlo en
la pintura. Que un pintor sea un pintor significa que es capaz de
“constituir un hecho pictórico” como dice Braque. Digamos: que é da
lugar a un espacio pictórico. El espacio pictórico de Kandinsky es casi
tan original como el de Cézanne. Pero ni el uno ni el otro son espacios
reales, en el sentido de un espacio “natural”; el de la habitación donde
descansamos, por ejemplo. El espacio cezanniano es aín más real,
pero de una realidad que no se mide para nada con la realidad en su
sentido habitual.

Ver un cuadro es ser capaz de percibir su espacio específico, su


picturalidad, su ser-cuadro. Hay, así, un espacio propio de Mondrian.
Pero, el muy sorprendente fenómeno de la picturalidad presenta esta
característica esencial: el espacio tan particular de cada pintor es al
mismo tiempo una de las facetas de un espacio aún más original -que
es la unidad primera de todos los espacios pictóricos-, del que ninguno
es su realización [del que ninguno es la realización; es decir, del que
cada uno no es sino una realización]. La realización -“realizar, todo está
ahí”, decía Cézanne-, es, pues, la constitución de un espacio
verdaderamente pictórico que, a partir de este solo hecho, llega a
corroborar las otras realizaciones, llega a confirmarlas, en el sentido en
que, de época en época, las obras de los grandes artistas forman una
constelación muy libre, en la que, según el decir de Braque, “el eco
responde al eco, todo se repercute”.

Realidad, pues, ya no significa la realidad ”de todos los días”, sino lo


que el arte pone en obra [met en oeuvre], en el sentido más estricto de
la palabra -de tal modo que únicamente gracias al arte puede ser
alcanzada esta realización. Proust, en El Tiempo recobrado, dice:

La verdadera vida, la vida por fin descubierta y aclarada, la única vida,


por consiguiente, plenamente vivida, es la literatura.

Henos aquí en las antípodas de la banalidad, en plena paradoja: en


efecto, Proust acaba de decir que la realidad es el arte. Si retomamos
nuestro punto de partida -el arte como recreación de la realidad-
constatamos ahora una confrontación. En efecto, si la realidad es la
literatura, y la literatura, la recreación de la realidad, ¿no nos movemos
en círculo?, y la fórmula de Proust ¿no es, en resumidas cuentas, sino
una absurdidad?

El arte recrea la realidad, dice Proust: sabemos que la realidad designa


lo real mismo; de alguna manera, lo admitido como real. Lo que importa
comprender bien, en última instancia, es que sea preciso recrear la
realidad. Aquí, recrear no puede tener más que un sentido: el de
reconstituir lo que se deshace. Que el arte recree la realidad implica
que la realidad, lejos de darse, no cesa de escaparse, de
desvanecerse, de desaparecer. Hay, por decirlo así, dos formas de
realidad: la realidad bruta e inmediata, tal como la cruzamos por
momentos en la vida cotidiana, y la realidad creada por el arte. El arte
es, de hecho, el paso de una a otra. En una nota sobre Rembrandt,
Proust escribe:

Primero, las obras de un hombre pueden parecerse más a la naturaleza


que a él mismo. Pero más tarde, esa esencia de él mismo que cada
contacto con la naturaleza ha estimulado más, las impregna ya
completamente. Y hacia el fin, es visible que ya no es sino eso lo que
para él es la realidad, y que lucha cada vez más para darla por entero.

La realidad -es preciso que, por fin, la captemos-, no es ni el mundo


objetivo ni la pura subjetividad, sino la relación entre un hombre y el
mundo, “el contacto genial con la naturaleza”, dice Proust, cuidando de
no ir en la dirección equivocada que propone el adjetivo genial. En
efecto, todo contacto con la naturaleza percibido con toda lucidez como
ese contacto -dicho de otra manera, todos los instantes de sensibilidad
lúcida (Proust los llama “breves fogonazos”)-, es ipso facto genial, es
decir, según el sentido latino de la palabra genialis, relativo al
nacimiento; entendamos: naturalmente apto para la generación del arte.
En la página 889 del Tiempo recobrado, Proust señala:

¿Acaso no me había puesto la propia naturaleza […] en la vía del arte?


¿Acaso no era un comienzo de arte ella misma, que sólo me había
permitido conocer, con frecuencia mucho tiempo después, la belleza de
una cosa en otra: el mediodía en Combray sólo en el ruido de sus
campanas, las reuniones vespertinas en Doncières sólo en los
espasmos del calorífero de agua?

La realidad es la relación de un ser humano con la naturaleza. En esta


relación enríza, como posibilidad del arte, la posibilidad de una relación
explícita. Cuando esta estructura de relación ha llegado a ser el centro
de la vida, cuando no se trata ya sino de recrear constantemente la
realidad gracias a y en juego de relación.

• FUNCION SOCIAL DEL ARTE


Este video nos presenta una síntesis de la función que el arte cumple en la
sociedad

• Teoría del arte


La teoría del arte (también teoría de las artes) es una disciplina académica que
engloba toda descripción de las manifestaciones artísticas (fenómenos artísticos
u obras de arte), empezando por su consideración o aceptación como tales, en
todos los géneros del arte, pero especialmente de las llamadas bellas artes (que
incluyen tanto las artes visuales -pintura, escultura y arquitectura- como la
literatura, la música u otras artes escénicas).

En cambio, las llamadas artes aplicadas (también denominadas artes menores,


artes decorativas o artes y oficios) han merecido históricamente un aprecio
menor (junto al de otras artesanías y por oposición a las mejor valoradas artes
liberales), aunque desde finales del siglo XIX se han reivindicado (movimiento de
Arts and Crafts) y desde el siglo XX han alcanzado la etiqueta de diseño, cuya
generalización a cualquier ámbito de la creación y la producción o incluso de los
servicios corre el peligro de aplicarse sin criterio de forma abusiva e incluso
ridícula, desvirtuando su contenido.

Las teorías del arte analizan este desde un punto de vista teórico y normativo,
proporcionando una metodología para desvelar el significado de sus obras. El
marco filosófico en el que puede situarse cada versión de la teoría del arte está
estrechamente vinculado a diferentes interpretaciones de la estética, dado que la
reflexión en torno a la esencia y función del arte mismo se encontraría en la
frontera entre ambas disciplinas, de difícil deslinde.

Desde un punto de vista valorativo, la aplicación individual o social de una teoría


del arte se denomina gusto artístico.

La teoría del arte es el estudio crítico de las obras de arte en cualquiera de sus
campos. Por ello se divide en teoría literaria, teoría musical, etc. Dado que se ha
entendido a lo largo de la historia que las obras de arte pueden poseer
diferentes interpretaciones de acuerdo al espectador, la teoría del arte ha
querido brindar marcos de interpretación de acuerdo a la biografía del autor, al
contexto sociocultural en el que se gestó la obra, de acuerdo a su aspecto
formal, de acuerdo a su relación con otras obras, de acuerdo a la impresión que
puede dejar en el observador, etc.

La teoría del arte ha estado ligada al desarrollo de las teorías de otros campos,
siendo un ejemplo muy representativo el de la psicología. El pensamiento de
Freud y Jung dio nuevos marcos de referencia con los cuales entender las obras
existentes y venideras.
Incluso la misma definición de arte ha cambiado con el tiempo, jerarquizando
unas sobre otras o incluyendo y excluyendo aquellas que hoy consideramos
como arte. Por ejemplo, en la Edad Media creían que sólo importaban las siete
artes liberales (gramática, retórica, dialéctica, música, aritmética, geometría y
astronomía), muchas de las cuales ahora son ramas de las ciencias naturales,
considerando a la escultura, la pintura y la arquitectura como manualidades.

Esto cambiaría durante el Renacimiento, en donde se destacaría el papel del


autor y se distanciarían las artes de las ciencias y los oficios. Luego de esto,
surgirían la historiografía y la crítica del arte, al mismo tiempo que las
exposiciones y los premios. No obstante, las categorías de arte entrarían en
crisis durante el siglo XX debido a las vanguardias y más tarde con el arte
contemporáneo, pues se desarrollaría el arte serializado y obras en otros
formatos como el happening o el performance.

¿Cuáles son las principales teorías del arte?

Algunas de las principales teorías del arte son:

• Teoría biográfica: mediante la cual se estudia una obra de arte a partir de


la biografía de su autor.
• Teoría formalista: mediante la cual se estudia una obra de arte a partir de
sus elementos formales, como la los colores, la estructura, la luz, etc.
• Teoría iconográfica: también llamada iconología, es la teoría mediante la
cual se estudia una obra de arte a partir de los emblemas, las alegorías o
las imágenes que representen vicios, virtudes y demás cuestiones
naturales o morales.
• Teoría sociológica: mediante la cual se estudia una obra de arte como
producto de una determinada sociedad.
• Teoría psicológica: mediante la cual se estudia una obra de arte desde la
teoría psicológica.
• Teoría estructuralista: mediante la cual se estudia una obra de arte a
partir de la relación de sus propias partes o de sus propios componentes.

¿Quiénes son los principales teóricos del arte?

Algunos de los principales teóricos del arte son:

Aristóteles, Rudolf Arnheim, Ana Mae Barbosa, Nicolas Bourriaud, Cesare


Brandi, Charles Le Brun, Jacob Burckhardt, Titus Burckhardt, Luis Camnitzer,
Max Dvořák, Umberto Eco, Konrad Fiedler, Leon Battista Alberti, Pierre
Francastel, Roland Fréart de Chambray, Michael Fried, Claudia Giannetti, Ernst
Gombrich, Clement Greenberg, José Iranzo Almonacid, José Jiménez Jiménez,
Laurent Jiménez Balaguer, Rosalind E. Krauss, Marian López Fernández-Cao,
ana Martínez Collado, August L. Mayer, Erwin Panofsky, Meyer Schapiro,
Konstantín Stanislavski, Leo Steinberg, Antonio Tàpies, Aby Warbug, Heinrich
Wölfflin, Wilhelm Worringer y Joanna Żylińska, entre otros.

También podría gustarte