Silvia Federici
CONCEPTO:
Mucho se ha dicho y discutido sobre la problemática relación que hay entre
feminismo y los movimientos de izquierda. Heidi Hartmann, por ejemplo, en
su ensayo El infeliz matrimonio entre marxismo y feminismo: hacia una
unión más progresista (1981) escribe que, si bien las categorías marxistas
nos permiten entender leyes generales de la historia y la economía, son
ciegas al sexo; del mismo modo que el análisis feminista en sí mismo
también resulta insuficiente, porque aun cuando revela la naturaleza de la
relación entre varones y mujeres, es ciego a la historia y “no es lo
suficientemente materialista” (Heidi Hartmann, 1981:1). Por lo tanto, la
autora sugiere que “entre marxismo y feminismo debería existir una alianza
más progresista, que requiere no solo un entendimiento más profundo de
las relaciones entre clase y sexo, sino también prácticas igualitarias en las
políticas de izquierda” (Hartmann, 1981:2).
Consideramos que existen algunas autoras dentro de los feminismos de la
segunda ola italiana, entre ellas Silvia Federici, Mariarosa Dalla Costa, Carla
Lonzi y Leopoldina Fortunati, que son capaces de conciliar los aportes de
ambas tradiciones. Ellas utilizan conceptos marxistas, así como una visión
materialista de la historia, para abordar la relación entre capitalismo y
patriarcado, buscando superar las dificultades que, siguiendo a Heidi
Hartmann, “han acompañado al infeliz matrimonio entre marxismo y
feminismo”. Las autoras intentan, ante todo, desenmascarar las formas de
explotación y subordinación de las mujeres que hacen posible la
perpetuación de la violencia patriarcal y capitalista en un orden estructural
de la sociedad. El aporte novedoso que ellas hacen es, precisamente,
reconocer que es en la esfera privada donde las mujeres producen valor de
uso y reproducen la vida de los trabajadores sin recibir ningún salario, lo que
invisibiliza su trabajo y la explotación capitalista.
DESARROLLO
El libro Calibán y la bruja fue escrito en 2004, con tres décadas de
distancia con respecto al texto de Mariarosa Dalla Costa El poder de
las mujeres y la subversión de la comunidad (ensayo que sirvió de
inspiración para Federici al momento de pensar el trabajo doméstico),
y veinte años más tarde del libro El Gran Calibán (del cual es
coautora junto a Leopoldina Fortunati, y que busca explicar la
opresión de las mujeres atendiendo a las relaciones de producción y
de clase). Esta distancia temporal le dio a Federici una mirada más
amplia respecto de los sucesos de los años 70, así como le permitió
vislumbrar los cambios neoliberales que empezaron a sucederse con
más notoriedad a inicios de los 80.
La autora se propone en diversas ocasiones “comprender la
arquitectura del nuevo orden económico” y ataca a instituciones
como el FMI o el Banco Mundial, a las que ve como instrumentos de
recolonización y de ataque contra los/as trabajadores a nivel mundial.
También hace una “crítica a la institucionalización del feminismo y a
la reducción de las políticas feministas a meros instrumentos de la
agenda neoliberal de las Naciones Unidas” ; quiere demostrar los
límites de un feminismo que “únicamente se [preocupa] por la
discriminación sexual y que no [acierta] a situar la feminización de la
pobreza en el contexto del avance de las relaciones capitalistas”.
Escribe, además, sobre los riesgos de la nueva división internacional
del trabajo y de la privatización de las relaciones territoriales en un
mundo en que nada debe escapar a la lógica del beneficio, y donde
hay una continua reducción de los gastos estatales para servicios
sociales . Las olas migratorias del sur al norte son un indicador claro
de que las políticas que llevan a cabo instituciones como la ONU en
países del Tercer Mundo, lejos de favorecer el progreso y la
industrialización, condenan a los/as pobres a trabajos precarios y les
empujan a situaciones desesperadas.
Como señala Federici, todos los casos mencionados en el párrafo
anterior contribuyen a la acumulación de la riqueza capitalista y crean
brechas cada vez más amplias entre ricos y pobres (categorías
atravesadas, claro, por el género, la raza, el país de proveniencia,
otras). Federici cree:
El feminismo debe ser anticapitalista, pues si la destrucción de [los]
modos de subsistencia es indispensable para la supervivencia de las
relaciones capitalistas, este debe convertirse en nuestro campo de
batalla..
Así como en Calibán y la bruja Federici intenta examinar a partir del
concepto marxista de acumulación primitiva el paso del feudalismo al
capitalismo, en otros textos más recientes, busca entender las
políticas neoliberales y de globalización que también producen
crecimiento desigual de las riquezas y acumulación capitalista. El
marco de estudio es el mismo y sigue haciendo uso de categorías
marxistas, así como se nutre de la lectura particular que hizo el
autonomismo del marxismo5.
La globalización tiene por objetivo “proporcionar al capital el control
total sobre el trabajo y los recursos naturales y para ello debe
expropiar a los trabajadores de cualquier medio de subsistencia” Esto
es logrado a través de un “ataque sistemático sobre las condiciones
materiales de la reproducción social”, y, por lo tanto, afecta
especialmente a las mujeres. Tal y como sucedió durante la baja
Edad Media, las mujeres son ahora también las principales opositoras
al uso capitalista de la naturaleza (transformada en un recurso
natural), a la devaluación del trabajo de sus comunidades, y a la
destrucción de los comunes aún existentes Los Programas de Ajuste
Estructural, por ejemplo, tienen por objetivo modernizar la agricultura
y organizarla en base al comercio y la exportación, lo que hace que
las mujeres, “las principales agricultoras de subsistencia del mundo,
se vean desplazadas”
También en la crítica al neoliberalismo aparece la crítica feminista a
Marx (desarrollada en Calibán y la bruja), por su “incapacidad de
concebir el trabajo productor de valor de ningún otro modo que no
sea la producción de mercancías” . Esto limitó la capacidad del
filósofo alemán para comprender el verdadero alcance del capitalismo
y la función que desempeña el salario, que divide a la clase
trabajadora). Tal como escribe Federici:
Si Marx hubiera reconocido que el capitalismo debe apoyarse tanto
en una ingente cantidad de trabajo doméstico no remunerado
efectuado en la reproducción de la fuerza de trabajo, como en la
devaluación que estas actividades reproductivas deben sufrir para
rebajar el coste de la mano de obra, puede que se hubiese sentido
menos inclinado a considerar el desarrollo del capitalismo como
inevitable y progresista
Federici encuentra al menos tres razones para desafiar la asunción
de la necesidad y progresía del capitalismo:
Primero, porque los cinco siglos de desarrollo capitalista han
esquilmado los recursos del planeta más que creado las condiciones
materiales para la transición al comunismo (…) La carestía mundial
es hoy en día directamente un producto del capitalismo.
Segundo, el capitalismo separa a los trabajadores mediante una
división desigual del trabajo y del salario (que proporciona poder a los
asalariados sobre los no asalariados). Es decir, el capitalismo logra
dividir a la clase proletaria, ocultando mediante el salario de
algunos/as trabajadores/as, el trabajo llevado a cabo por los no
asalariados (entre ellos, las mujeres).
El tercer motivo es que las luchas antisistémicas del último siglo no
provinieron de los sujetos revolucionarios previstos por Marx, “sino
que batallaron desde los movimientos campesinos, indígenas,
anticoloniales, antiaparthied y feministas”6 (2013:155) –un obstáculo
clave para la revolución son las divisiones dentro de la clase
trabajadora que el capitalismo ocasiona
Si el marxismo ha de influir en la “lucha anticapitalista del siglo XXI
tiene que replantearse la cuestión de la reproducción”, y se debe
disipar la “ilusión de que la automatización de la producción pueda
crear las condiciones materiales para una sociedad no fundamentada
en la explotación” (2013:155). Como explica Federici (2013), Marx
minimizó la reproducción “al consumo de mercancías que los
trabajadores podían comprar con sus salarios y al trabajo productivo
que esas mercancías requieren” (2013:156). No se establece
diferencia alguna, por lo tanto, entre la producción de mercancías y la
producción de fuerza de trabajo. Federici cuestiona la visión
tecnologicista de la revolución, en la que “la libertad se consigue a
través de la maquinaria y se asume que el aumento de la
productividad laboral supone el cimiento material para el comunismo”,
pues desde esta perspectiva “la organización capitalista del trabajo se
contempla como el más alto estadio de la racionalidad humana”.
RESUMEN
Escritora, profesora y activista feminista italo-estadounidense. En sus
trabajos concluye que el trabajo reproductivo y de cuidados que
hacen las mujeres sin remuneración eses la base sobre la que se
sostiene el sistema capitalista. En los setenta fue una de las
impulsoras de las campañas que empezaban a reivindicar un salario
para el trabajo doméstico realizado por las mujeres. En la década de
1980 trabajó durante varios años como profesora en Nigeria. Ambas
trayectorias convergen en dos de sus obras más conocidas: Calibán y
la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria y Revolución en
punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Se
sitúa en el movimiento autónomo dentro de la tradición marxista. En
la actualidad es profesora emérita de la Universidad Hofstra en Nueva
York.
MAYRA ALEJANDRA DE LUNA MONTES.
LICENCIATURA EN DERECHO.
TEMA : EXPOSICION EQUIPO “1”
Silvia Federici
GRUPO: 2.A
AGUASCALIENTES, AGS,