Byung-Chul Han
CONCEPTO:
La tesis principal de Han parte de la diferencia entre una sociedad
basada en el lenguaje de la inmunología, denominada, por referencia
a Michel Foucault, la “sociedad disciplinaria”, y otra basada en el
lenguaje neurológico, la “sociedad del rendimiento”. El surcoreano
explica este cambio de paradigma a través del concepto de
inmunidad. En el siglo XX, existía una cultura que distinguía entre lo
de afuera y lo de adentro, entre el yo y el extraño. Fue un siglo
caracterizado por la noción del enemigo externo, donde el extraño
aparecía como objeto posible de ser atacado, aun cuando no
resultaba peligroso, simplemente por ser otro.
DESARROLLO
Durante los primeros años del siglo XXI, la sociedad ha traído consigo
una amenaza a nuestras formas de vida. Ya no externa, sino desde
adentro, en el sentido de que está integrada en el tejido de nuestra
sociedad. Ya no existe el otro viral que amenaza, sino un yo
totalmente positivo que todo lo abarca y todo lo puede lograr. Si en el
pasado los estilos de vida se centraron en prohibiciones,
mandamientos y leyes, hoy han sido reemplazados por proyectos,
iniciativas y motivaciones.
El problema con este cambio es que, si bien aparentemente nos
libera, en realidad solo cambia el énfasis de control de lo externo a lo
interno. Nuestro sistema inmunológico no tiene nada que paliar, pues
el daño viene desde adentro. Esto explica por qué la sociedad
paradigmática del siglo XXI ya no es considerada una infección
causada por bacterias o virus, pero sí por enfermedades neurológicas:
depresión, déficit de atención e hiperactividad, trastorno de
personalidad límite, el síndrome de burnout, entre otros. Estas
enfermedades definen el nuevo panorama patológico. Acontece la
depresión en el momento en que el ser humano ya no puede más. El
sujeto del rendimiento se somete a la culpa de no poder en una
sociedad del “sí puedo”. En otras palabras, se enferma de positividad.
Cuando ya no nos sentimos a la altura del desafío del “progreso”
continuo, nos agotamos, y recaemos en crisis emocionales severas.
Aquella sociedad disciplinaria del siglo XX era una sociedad de la
negatividad. Su factor dialéctico sustancial era “no deber”; es decir, no
hacer lo que podemos, sino lo que la norma nos indica que debemos
hacer. En cambio, la sociedad del rendimiento tiene un factor base
positivo, que es ” yo puedo”, porque yo “debo poder”. Solo existe la
noción de poder. De la disciplina hemos pasado a la autodisciplina. El
nuevo tipo humano, expuesto al exceso de positividad, es el “animal
de trabajo” (animal laborans) que se explota voluntariamente, sin
coerción. Hoy, las frases “yo soy mi jefe” o “yo soy mi propio amo” son
hartamente repetitivas. Somos tanto culpables como víctimas.
Cualquiera que se encuentre atrapado en un ambiente de trabajo
estará familiarizado con la sensación de estar en una carrera sin final
a la vista, donde la única posibilidad de descansar es colapsar,
exhausto.
RESUMEN
Estudió filosofía en la Universidad de Friburgo y literatura alemana y
teología en la Universidad de Múnich. En 1994 se doctoró en Friburgo con
una disertación sobre Martin Heidegger. En 2000, se incorporó al
Departamento de Filosofía de la Universidad de Basilea, donde completó su
habilitación. En 2010 se convirtió en miembro de la facultad Staatliche
Hochschule für Gestaltung Karlsruhe, donde sus áreas de interés fueron la
filosofía de los siglos XVIII, XIX y XX, la ética, la filosofía social, la
fenomenología, la antropología cultural, la estética, la religión, la teoría de
los medios, y la filosofía intercultural. Desde 2012, es profesor de estudios
de filosofía y estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín
(UdK), donde dirige el Studium Generale, o programa de estudios generales,
de reciente creación.
Han es autor de dieciséis libros, de los cuales los más recientes son tratados
acerca de lo que él denomina la «sociedad del cansancio»
(Müdigkeitsgesellschaft), y la «sociedad de la transparencia»
(Transparenzgesellschaft), y sobre su concepto de shanzhai, neologismo que
busca identificar los modos de la deconstrucción en las prácticas
contemporáneas del capitalismo chino.
El trabajo actual de Han se centra en la «transparencia» como norma
cultural creada por las fuerzas del mercado neoliberal, que él entiende como
el insaciable impulso hacia la divulgación voluntaria de todo tipo de
información que raya en lo pornográfico. Según Han, los dictados de la
transparencia imponen un sistema totalitario de apertura a expensas de
otros valores sociales como la vergüenza, el secreto y la confidencialidad.6
Hasta hace poco, Han se negaba a dar entrevistas de radio y televisión y
raramente divulga en público sus detalles biográficos o personales,
incluyendo su fecha de nacimiento.7 Para rebelarse ante el capitalismo
digital ha desarrollado una fórmula propia de resistencia política: no tiene
smartphone, no hace turismo, solo escucha música analógica, no trata a su
alumnado como clientes y dedica tiempo a cultivar su jardín.
El autor prevé qué será nuestra sociedad en el futuro, a partir de los signos
que encuentra en la actualidad: la transición de la “sociedad del logro” a la
“sociedad del dopaje”. Ya no existe más esa dialéctica de la explotación
externa. El obrero explotado ahora es el emprendedor que sueña con ser
millonario. Dentro de este contexto, Han propone su particular comprensión
del cansancio —reflexivo y potencialmente creativo— como contrapunto (y
salvación) del estéril y agotador cansancio de la producción del dopaje.
Existe el peligro de una rutina y fatiga que conduce a lo que él llama un
“infarto del alma”, y lo que es peor, esto es una aflicción individual que
separa a las personas. En este punto, Han utiliza el Ensayo sobre el
cansancio de Peter Handke para explicar cómo cree que deberíamos
abordar el problema. Para ambos, es necesario hacer un espacio en el
mundo para cambiar el agotamiento individual por un agotamiento
colectivo, uno que realmente promueva la necesidad de negar los excesos
de la positividad.
El imperativo de vivir en una sociedad del rendimiento conduce a una
paradoja: producir sin ser productivo. Cada vez más somos parte de la
sociedad del dopaje, que permite a los individuos seguir rindiendo, y nunca
parar. Seguimos construyendo una sociedad de la fatiga, un cansancio que
aísla y que fragmenta. Si todos soñamos lo mismo, no tendremos la
posibilidad física ni mental para alcanzar metas tan iguales. Estamos
inmersos en un ruido incesante, que no calla, que no nos permite cansarnos,
pero tampoco descansar. Eso provoca en nosotros una fatiga crónica.
Siempre tenemos a nuestro alrededor estímulos, y eso impide un silencio
necesario a nivel mental.
Nuestras vidas se reducen a tratar de ejercerlo todo, y seguir creyendo con
gran vehemencia que todo lo podemos. Nos dañamos de una manera que
nos agotamos. Y lo peor: la violencia de lo positivo no necesita hostilidad.
No tiene que ser hostil para dañarnos. Prolifera en una sociedad permisiva,
por eso es más difícil identificarla y verla. Han la denomina “invisible”. Se ha
convertido en una ideología masiva, está en todas partes. Y no podemos
escapar de ella. Nos sentimos culpables al no poder hacerlo. Instauramos en
nuestra determinación que, aunque estemos deprimidos, debemos trabajar.
Aunque estemos triste, debemos sonreír. Aunque estemos desvelados,
debemos terminar nuestra rutina. Porque somos posibles de todo y nada a
la vez.
MAYRA ALEJANDRA DE LUNA MONTES.
LICENCIATURA EN DERECHO.
TEMA : EXPOSICION EQUIPO “1”
Byung-Chul Han
GRUPO: 2.A
AGUASCALIENTES, AGS,