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Reseña histórica
Antes de la popularidad del Western, el género cinematográfico más popular en
Italia a fines de la década de 1950 y principios de la década de 1960, fueron los
péplums o denominados también películas de “sandalias y espadas” (películas de
romanos). En ellas se trataban pasajes bíblicos, epopeyas o historias de la antigua
roma. Para aumentar el atractivo internacional de estas películas, los cineastas
italianos contrataron actores estadounidenses para protagonizar las películas.
El Western es el género clásico americano por excelencia y su marco histórico se
sitúa en el Oeste Norteamericano del siglo XIX, durante el periodo que abarca desde el
comienzo de la Guerra Civil en 1860 hasta el final de las llamadas Guerras Indias en
1890. El Western ha sido usado por el cine estadounidense para escribir la épica de su
propio país, una narración legendaria del proceso de fundación de los Estados Unidos,
protagonizada por héroes que encarnan algunos de los valores más arraigados de su
cultura. Acá se hace una distinción clara entre buenos y malos. Los buenos defendían
su tierra y su libertad, los malos buscaban una vida fácil a través del crimen.
Algunos Westerns posteriores a la Segunda Guerra Mundial comenzaron a
cuestionarse los ideales y el estilo del Western tradicional. Buscando nuevos horizontes
se descubren elementos narrativos y estilísticos que transformaron el lenguaje: un tono
más oscuro generalizado, un sentido más real del antihéroe, un retrato más sincero de
los nativos americanos, una visión crítica sobre los grandes negociados, el gobierno
americano, la milicia y su política de acción. Al remontarnos a la Segunda Guerra
Mundial, con la dictadura de Mussolini, vemos que se había censurado el cine que
venía de Estados Unidos y muchos directores italianos decidieron rodar sus propios
Westerns.
La industria del viejo continente estaba ansiosa por aprovechar la popularidad y los
bajos costos del Western, pero no deseaba contribuir a la expansión de la ideología
yanqui, ni desarrollar historias que aludieran a la conquista o el exterminio de culturas,
temas suficientemente polémicos por el pasado colonizador de estos países y cuyas
heridas se reabrieron con las ocupaciones suscitadas durante la Segunda Guerra
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Mundial. Al final, con el Spaghetti se dio una reinvención europea desde una
perspectiva analítica, crítica y desmitificadora, en lo que algunos consideraron un
ataque directo a la vieja Doctrina Monroe y su “América para los americanos”.
Conceptualización del Spaghetti Western
Debe su nombre al hecho de que la mayoría de ellos fueron dirigidos y producidos
por italianos, a menudo en colaboración con otros países europeos. El término empezó
siendo algo despectivo, dado por los críticos americanos, ya que las consideraban de
menor calidad que las películas de Westerns estadounidenses. Pese a contar con
presupuestos bajos en sus inicios, estas cintas desarrollaron su propio lenguaje visual,
bandas sonoras, personajes, temas e iconografía, que se diferenciaba claramente de
las cintas americanas.
Por más que en los Westerns clásicos veamos pueblos o ciudades, siempre hay
clima de convulsión continua, creada ya sea por la guerra civil, los ataques de los
enemigos o por la propia geografía de la soledad y el desamparo, la inmensidad vacía
de un país que está en pleno proceso de formación y constitución.
Estos ofrecían al espectador “antihéroes” que reflejaran la cruda dureza del Viejo
Oeste. La violencia excesiva, las balas, la sangre y la dinamita, eran fundamentales
para este. Los personajes de este nuevo estilo no se movían por ideales, sino por
motivaciones propias. Por lo general son cazarrecompensas que se venden al mejor
postor. El protagonista idealizado del Western tradicional, ahora al natural es un
personaje oscuro, solitario, rudo, violento, sin demasiados principios, individualista,
codicioso, mezquino, desaliñado, quemado por el sol, sudoroso y seguramente apesta.
Las escenas al aire libre, especialmente las de alto presupuesto, fueron rodadas en
España, en el desierto de Tabernas de Almería, en Colmenar Viejo y Hoyo de
Manzanares.
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Secuencia del desarrollo y popularidad del Spaghetti Western
A modo de resumen el Western se puede dividir en tres apartados, en el Clásico,
que se ve la defensa, el rescate y la ocupación. En el spaghetti, que tenemos la
venganza, el robo y la justicia. Finalmente, el Western revisionista quien tomaba los dos
Western anteriores para recrear nuevos Western, pero que estaban alejados de la
esencia original.
Los Años de Gloria: 1966-1968
Los primeros Western rodados en España fueron “El sheriff de la mandíbula rota”
(1958) de Raoul Walsh y en 1961 “Tierra brutal” de Michael Carreras. Esto marcó el
inicio de España como lugar de rodaje adecuado para el Western europeo. Sin
embargo, no fue hasta 1964 con “Por un puñado de dólares”, de Sergio Leone, que se
convirtió en un género de masas y se puso en el punto de mira internacional. La trilogía
de Leone y las innovaciones en estilo cinematográfico, música, interpretación e historias
de Leone fueron las que determinaron que los Spaghetti Westerns se convirtieran en un
subgénero distinto y no en solo una serie de películas que se parecían a los Westerns
americanos.
En los años posteriores a su trilogía, hubo otros directores italianos que alcanzaron
también la fama por sus películas del oeste. Uno de los más destacados, es el gran
cineasta italiano Sergio Corbucci (a menudo llamado "el otro Sergio"). Este rodó en la
década de los 60 una de las obras cumbres del género, Django (1966), que se
convirtieron en el prototipo de las historias de venganzas. Otro director que obtuvo gran
aclamación de la crítica, fue Sergio Sollima (el tercer Sergio). Su obra se llegó a
considerar como más madura y más comprometida con los movimientos políticos y
sociales de la época, con El halcón y la presa (1966) y Cara a cara (1967). Yo soy la
Revolución (1966) de Damiano Damiani, fue una película que marcó la pauta para una
serie de Westerns políticos.
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Período de la comedia
En 1970 el género ya empezaba a decaer debido al hartazgo del público por el uso
abusivo e irracional de la violencia; fue entonces cuando el director italiano Enzo
Barboni reinventó el género con la película “Le llamaban Trinidad”, donde los actores lo
dotaron de un carácter cómico y picaresco totalmente desconocido hasta entonces. La
comedia exagerada en la película se convirtió en un éxito rotundo en todo el mundo,
pero en los años venideros la excesiva recurrencia al humor abocó al género a la
desaparición.
“Mi nombre es Ninguno” (1973), dirigida por Tonino Valerii, entre serio y cómico, nos
describe el fin del Western. Algunos Western más serios se produjeron también en la
primera mitad de los años 70, por ejemplo “Los Compañeros” (1970) de Corbucci, una
especie de secuela de su Salario para matar (1968), mientras que Leone hizo
“¡Agáchate maldito!” (1971), que fue una propuesta algo diferente del Spaghetti
Westerns políticos. Entre 1961 y 1976 se produjeron en Italia y España unos 500
Spaghetti Westerns, una cifra que demuestra la existencia de una importante demanda
por parte del público.
Crepúsculo
Cuando todo parecía terminado, el género tuvo su auge con la última llamada del
Spaghetti "crepuscular", ya realmente muerto, pero más elegante y melancólico que
nunca, glorificando tanto el fin del Spaghetti, como la decadencia de la industria italiana
de las películas de género. Dos de los mejores Spaghetti de esa época son California
(1977) de Michele Lupo y Keoma (1976), realizado por el prolífico director Enzo G.
Castellari, y protagonizada por Franco Nero (había protagonizado Django).
Keoma es el último gran exponente de ese subgénero, era una visión alejada de la
narrativa perfeccionista hollywoodiense, una visión que se acercaba más a la verdad,
una realidad sucia donde los buenos no son tan buenos ni los malos unos cabrones sin
remedio, donde la porquería llegaba a ser poesía; donde la muerte, violencia y el sexo
estaban a la orden del día, porque esto último es lo que nos hace humanos. Con este
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Western se da al cierre de una larga trayectoria con gran desarrollo y evolución del
cine.
Ultima época del Western
El público cambió y la industria cinematográfica europea y yanqui apuntaron hacia
otros géneros más rentables. Este es un género híbrido conformado por elementos
tomados del Western clásico y del Spaghetti Western. Adoptó una gran cantidad de
variaciones con el fin de preservar frescura, aunque al final no quedara mucho de lo
que era inicialmente.
Una nueva generación de cineastas, encabezada por Quentin Tarantino y Robert
Rodríguez, son los que han vuelto a descubrir y abrazar el género, introduciendo
elementos de la historia del Spaghetti en sus propios guiones y el desarrollo de un estilo
visual. La película de animación Rango (2011) de Gore Verbinski, incorpora elementos
del spaghetti Western, incluso un personaje creado a partir del Hombre sin nombre de
la Trilogía del dólar.
Relevancia del Spaguetti Western en el mundo
Los Spaghetti Western influenciaron tanto a Hollywood que cambiaron la forma de
hacer cine y su legado radica principalmente en dos puntos: los personajes y la música.
Al alejarse del arquetipo del héroe clásico, hace que sus personajes sean mucho más
humanos y agradables a pesar de todos sus defectos, se crearon humanos sin
estereotipos, seres reales y entornos de mayor autenticidad. El Spaghetti Western
ofrece seres más complejos, que deja mucha más libertad a la psicología de los
personajes. Además, se busca dar un mensaje de moralidad y consciencia, desvestir el
romanticismo de la venganza, y mostrar las consecuencias devastadoras que puede
traerle al vengador seguir el camino del plomo y la sangre.
El género sigue influyendo en generaciones de cineastas actuales como Quentin
Tarantino, Álex de la Iglesia, Christopher McQuarrie, Gore Verbinski, etc. El género
también ha dejado su huella en el mundo de los videojuegos. El juego Outlaws of Lucas
Arts, lanzado en 1997, es un excelente ejemplo, con una banda sonora digna de los
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mejores Spaghetti Western. También ha influido en los cómics. Series como Mac Coy,
Durango, Bouncer, Colt Walker (cuyo héroe toma sus rasgos de Clint Eastwood). Y así,
a lo largo de distintos escenarios, las personas siguen tomando de una u otra manera,
los personajes y música del Spaghetti Western en sus cometidos para representar y
concientizar hechos.
Personajes más importantes del subgénero
Sergio Leone (1929-1989): Es el director pionero por excelencia del Spaghetti
Western con el éxito de su trilogía del dólar: Por un puñado de dólares (1964), La
Muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el malo y el feo (1966). Desde su muerte en
1989, la figura de Leone se ha convertido en una especie de “maestro”, para todos
aquellos directores que se han visto influenciados por las películas del viejo oeste.
Sergio Corbucci (1927-1990): Fue un director italiano muchas veces conocido
como el “Otro Sergio”, que realizó magníficos Spaghetti Westerns, destacando “El gran
silencio” (1968) y “Django” (1966). Sus Spaghetti Westerns destacaban por su
atmósfera sombría, la fotografía, el humor negro, y la presentación excesiva y a
menudo sádica de la violencia.
Sergio Sollima (1921-2015) : La popularidad de este director llegaría con el estreno
de “El halcón y la presa” (1966). En los años siguientes, se consagro como uno de los
directores más importantes del género, con películas como “Cara a Cara” (1967) o
“Corre, cuchillo, corre” (1968). Sus películas se destacaban por su gran carga política y
social. A diferencia de otros directores del género, Sollima apostaba por una trama más
seria y contestataria.
Giulio Petroni (1917-2010): Fue el director italiano del género que más se
diferenció del resto. Sin duda su película más emblemática fue “De hombre a hombre”
(1967). El cine de Petroni, se caracterizaba por tener un estilo discontinuo ya que cada
película era muy distinta, la una de la otra. Algunos críticos han considerado esta falta
de continuidad como algo negativo de él, pero puede que sea su mayor virtud como
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realizador. En cada cinta, Petroni era capaz de trasmitir un tono y estilo distinto, que le
diferenciaba de los demás compañeros de la profesión.
Tonino Valerii (1934-2016): Comenzó como asistente de Sergio Leone, en “Por un
puñado de dólares”. Años más tarde, pasó a dirigir varios Spaghetti Westerns, en los
que destacan “El día de la ira” (1967), “La muerte de un presidente” (1969), “Una razón
para vivir y una para morir” (1972) o “Mi nombre es ninguno” (1973). Su obra pese a ser
no muy extensa, dejó clásicos atemporales del género. También fue reconocido, por
llevar a cabo varias cintas para la televisión italiana, que tuvieron bastante
reconocimiento.
Enzo G. Castellari (1938): Su debut cinematográfico se produjo en 1967, con la
película “Voy... lo mato y vuelvo”, un spaghetti western que seguía el camino marcado
por “El bueno, el feo y el malo”. Un año después, repitió fórmula con “Mátalos y vuelve”
(1968), luego con “Keoma” (1976), ideó una de las mejores películas del género. Un
dato es que en sus películas suele recurrir a la técnica de la cámara lenta para dar más
espectacularidad a las escenas de acción.
Vinculación del Spaghetti Western con los Estudios Culturales
Algunos Westerns posteriores a la Segunda Guerra Mundial comenzaron a
cuestionarse los ideales y el estilo del Western tradicional. Buscando nuevos
horizontes, dando un sentido más real del antihéroe, un retrato más sincero de los
nativos americanos, una visión crítica sobre los grandes negociados, el gobierno
americano, la milicia y su política de acción.
Entonces, el Spaghetti Western presenta connotaciones humanas, sociales,
económicas y políticas de la época. Los escenarios solos y desamparados muestran
que hay un proceso de formación y constitución. El género nos presenta historias
protagonizadas por antihéroes que encarnan algunos de los valores más arraigados de
su cultura. Protagonistas que aportan ideales y una influencia moral para la sociedad. El
Spaghetti Western es como una reinvención europea desde una perspectiva analítica,
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crítica y desmitificadora, en lo que algunos consideraron un ataque directo a la vieja
Doctrina Monroe y su “América para los americanos”.
Un género tan querido por los estadounidenses, tan de ellos, tan de su cultura, fue
ensuciado desde Italia para no tener que volver a escuchar la vieja mentira de que en el
ser humano lo “común” o “natural” es el orden y la paz. Como todo lo que está vivo, el
ser humano cambia constantemente, se mueve, el día de ayer nunca será el de hoy o el
de mañana, el conflicto está por todos lados, puede haber calma transitoria pero
siempre vuelve el movimiento, la transformación, el choque.
El Spaghetti Western refleja los conflictos que hay detrás de las construcciones,
grandes o pequeñas, que emprendemos cada día. Lo inerte, lo inmóvil es lo muerto,
sólo la muerte se parece siempre a sí misma, la lucha, por el contrario, es un
movimiento de todos los días.