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Filosofía y Humanismo Renacentista

1) El documento describe el periodo del Renacimiento y su impacto en la filosofía, liberando la filosofía de la Iglesia y las universidades y dando paso a un pensamiento más libre. 2) Explica que el humanismo del Renacimiento se centró en temas como la retórica, la política y la historia. 3) Resume brevemente las ideas de tres filósofos renacentistas influyentes: Nicolás de Cusa, Giordano Bruno y Nicolás Maquiavelo.

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Filosofía y Humanismo Renacentista

1) El documento describe el periodo del Renacimiento y su impacto en la filosofía, liberando la filosofía de la Iglesia y las universidades y dando paso a un pensamiento más libre. 2) Explica que el humanismo del Renacimiento se centró en temas como la retórica, la política y la historia. 3) Resume brevemente las ideas de tres filósofos renacentistas influyentes: Nicolás de Cusa, Giordano Bruno y Nicolás Maquiavelo.

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9.

Filosofía renacentista

Introducción

El periodo que va de la segunda mitad del siglo xiv a los a os finales del XVI, el paso de la
Edad Media a la Edad Moderna se llama—no sin ciertas reservas—Renacimiento. El término
alude a una renovación del ideal formativo de la Antigüedad, la educación de una personalidad
libre. Al liberarse de los poderes dominantes hasta entonces—la Iglesia, la sociedad feudal y
sus jerarquía as, as  como las universidades y, en especial, la ascesis monacal—, el
renacentista pretende recuperar aquella grandeza humana  originaria  representada, por
ejemplo, en la poesía y la estatuaria romanas. Lorenzo Valla rehabilita el concepto de  placer 
(De voluptate, 1431), y los discursos de Pico della Mirandola Sobre la dignidad del hombre
(De hominis dignitate, 1486) ensalzan al ser humano como un gran prodigio . En virtud de su
ideal formativo, el Renacimiento es también la época de un genio universal (uomo universale)
como Leonardo da Vinci (1452-1519).

El movimiento, propagado desde Italia por toda Europa, libera a la filosofía sacándola no solo
del ámbito de la Iglesia, sino también del de las universidades, cuya creatividad se había
agotado. La contraposición entre creyentes y herejes y entre clérigos y laicos da paso a otra
entre cultos e incultos. La escolástica (tardía), intelectualmente anquilosada, cede su lugar a
un pensamiento desembarazado; lugares como Padua, Florencia y Londres pasan a ser más
importantes que París y Oxford. Aunque el movimiento se cultiva en las cortes de los príncipes
e, incluso, de los Papas, está sustentado sobre todo por la burguesía apoyada por el patriciado
urbano, en especial por escritores como Petrarca (1304-1374) y Boccaccio (1313-1375) y
estadistas como Salutati (1331-1406) y Leonardo Bruni (1369-1444). El invento de la
imprenta por Gutenberg incrementar enormemente su influencia.

Humanismo

El componente filosófico-literario del Renacimiento se denomina también humanismo, pues


se ocupa del campo de estudio de la humanidad (en latín, humanitas): la retórica, la política,
la historia, la filosofía moral y la política. Aquí es donde el grupo inferior de las artes liberales
se desarrolla hasta convertirse en las ciencias humanas, designadas hasta hoy en inglés con el
término humanities. Bajo la influencia del latín, los humanistas contribuyen a configurar las
lenguas vulgares hasta hacerlas idóneas para producir una prosa científica. Al mismo tiempo,
la escisión de los conocimientos se consolida en dos culturas: el estudio de la lengua, la
literatura y la historia, por un lado, y el de las matemáticas, las ciencias de la naturaleza y la
medicina, por otro. Y aunque el  verdadero  humanista pretende sentirse cómodo en ambos
terrenos, un humanista tan importante como Petrarca opone a la soberbia de los estudiosos de
la naturaleza una filosofía temerosa de Dios (pia philosophia), que, a diferencia de la
investigación naturalista, coloca al ser humano frente a la verdad de sí mismo.

Durante un tiempo destacan dos escuelas mutuamente hostiles: la Academia de Padua y la de


Florencia. La de Padua influye de manera decisiva desde finales del siglo XIII en el
nacimiento de las ciencias modernas de la naturaleza; en concreto, en su método empírico. Su
teoría de la ciencia, marcada por la impronta aristotélica, contribuye paradójicamente a que
las ciencias naturales se emancipen de la filosofía. En Padua enseñará alguien tan importante
como Galileo, que ya había estudiado anteriormente en Pisa con los aristotélicos. La rival de
Padua, la Academia de Florencia (1459-1522), fundada por Cosme de Médicis según el
modelo de la escuela de Platón, es precursora de la  nueva ciencia  con personajes como Pico

1
della Mirandola (1463-1494), que desacraliza el mundo en sus escritos. El hecho de que Dios
no influya en el mundo sino que sea tan solo su constructor lleva a una emancipación de la
naturaleza y de su estudio desconocida en su radicalismo incluso por Alberto Magno y Tomás
de Aquino.

Filósofos renacentistas

1. Nicolás de Cusa (Bernkastel-Kues, Alemania 1401 – Todi, Italia 1464)


La obra de San Agustín de Hipona (fundador de la Orden agustina) supone la primera
gran síntesis entre el cristianismo y la filosofía platónica. Aunque inspirado por la fe,
que contará con el instrumento de la razón, el pensamiento de San Agustín dominará
el panorama filosófico cristiano hasta la aparición de la filosofía tomista, ejerciendo
un influjo considerable en la práctica totalidad de pensadores cristianos durante
siglos.
Ideas principales:
En cuanto filósofo, Nicolás de Cusa se interesa sobre todo por el encuentro de lo
finito con lo infinito. Este encuentro constituye el núcleo de una metafísica
extraordinariamente rica. Como la escolástica de corte aristotélico habla de lo infinito
como si fuera finito, el Cusano, al igual que la mayoría de los filósofos renacentistas,
prefiere el neoplatonismo cristiano. Y en una trilogía de diálogos de alto nivel
especulativo, considera mejor ceder la palabra al lego (idiota)—a pesar de que él
mismo era un erudito de alta categoría, además de cardenal y príncipe obispo de
Bressanone (Brixen)—, pues la sabiduría da voces por las calles (Proverbios, 1, 20).
Sus tres diálogos, escritos a imitación de los platónicos, Idiota de sapientia, de mente,
de staticis experimentis (1450), constituyen la enciclopedia del saber de Nicolás de
Cusa, cuyos temas son Dios, el hombre y el mundo. Sus otros dos escritos principales,
Sobre la docta ignorancia (De docta ignorantia, 1440) y Sobre las conjeturas (De
coniecturís, 1440-1444), se muestran escépticos respecto a la filosofía tradicional.

2. Giordano Bruno (Nola, Italia 1548 – 1600 Roma)


Con el paso del tiempo, el Renacimiento y el humanismo se abren a la especulación sobre
la naturaleza, que se remontaba a los presocráticos. Dicha especulación evoluciona en los
pensadores reunidos por Cosme de Médicis en su Academia hacia una concepción del
mundo que ya no es racional sino visionaria. Esa concepción aparece especialmente
caracterizada en un pensador que conoce todavía la tradición escolástica pero se siente
mucho m s impresionado por el neoplatonismo y por el divino Cusano: Giordano Bruno,
aquel napolitano irónico, tan ingenioso como escéptico, celebrado más tarde como mártir
de la libertad intelectual. Sin embargo, Bruno no muere en la hoguera debido a su
entusiasmo por la nueva imagen copernicana del mundo sino, sobre todo, por negar la
encarnación de Dios. Sospechoso de herejía desde muy pronto, se ve obligado a llevar una
vida de viajero cosmopolita por media Europa y marcha, por ejemplo, a Ginebra,
Toulouse, París, Oxford y Londres, pero también a Praga, Tubinga y Wittenberg. Al final
es quemado en Roma por hereje tras un largo proceso desarrollado con suficiente
imparcialidad según los criterios de la  poca. Bruno se declara partidario de la nueva
concepción heliocéntrica del mundo propuesta por Nicolás Copérnico (1473-1543) antes
incluso que Galileo. Giordano Bruno sustituye el concepto de infinitud de Dios por el de
infinitud de la naturaleza. En un universo espacialmente infinito, con un n mero también
infinito de sistemas solares, los astros trazan sus círculos de la misma manera como los
siete planetas giran en torno al sol. No hay límites en ninguna parte, y el centro está en
todas ellas. Los movimientos se explican mediante la hipótesis expuesta en otros tiempos

2
por Platón en su diálogo Timeo según la cual las estrellas poseen un alma en el sentido de
un principio interno de movimiento, lo mismo que todos los cuerpos naturales. De acuerdo
con esa concepción, los movimientos de los astros no están causados desde fuera sino que
son autónomos. El universo infinito, penetrado por la omnipotencia de Dios y por el alma
del mundo, idéntico en definitiva a Dios, se considera una única sustancia en la que las
cosas corrientes son meros atributos accidentales.

3. Nicolás Maquiavelo (Florencia 1469 – Florencia 1527)


La teoría política de Maquiavelo (Niccola Machiavelli) muestra los rasgos de aquella poca
de cambio radical. El eco del pensamiento antiguo y medieval se mezcla con los sonidos
de la modernidad; una imagen medieval y pesimista del hombre aparece asociada a un
pensamiento pragmático y a una técnica política. En opinión de sus adversarios filosóficos,
Maquiavelo justifica el maquiavelismo (convertido desde entonces en expresión
proverbial), una política de poder carente de escrúpulos y desvinculada de cualquier norma
moral, contra la que Federico el Grande escribe todavía un Antimaquiavelo (1740). En
realidad, su obra El príncipe (II principe, 1513, impresa en 1532), desacreditada tan a
menudo, formula reglas para una política amoral, pero solo en el sentido de una
amoralidad provisional. En efecto, las reglas solo son v lidas bajo dos condiciones: en la
hipótesis no deducida empíricamente sino presupuesta antropológicamente de que el ser
humano es malo, desagradecido, veleidoso, falaz, hipócrita y codicioso, y en la hipótesis
empírica, pero no siempre cierta, de que el arma humana para combatir esa maldad, la
ley, carece de eficacia. Solo en los casos en que el poder de la ley no sea suficiente se
habrá de recurrir a la violencia de las fieras y unir la fuerza del león con la astucia del
zorro, practicando, por ejemplo, la crueldad en vez de la clemencia y faltando a la palabra
dada en vez de mantenerla.

El príncipe habla de un soberano que, a pesar de encontrarse en situaciones reales—lo que


en Maquiavelo significa siempre en las peores condiciones—, desempeña, sin embargo,
su función relativamente bien. La contradicción con la moral se produce en nombre de un
propósito de rango moral: la salvaguarda y prosperidad de la comunidad, del bien del
Estado. El soberano debe buscar también, no obstante, su propio bienestar asegurando su
poder y aspirando a la fama, ya que, a diferencia de la distinción aristotélica entre
constituciones orientadas al bien común o al bien del soberano, Maquiavelo supone—de
forma completamente irreal—que el bien del soberano coincide siempre con el del Estado
y, en definitiva, incluso con el de cada ciudadano particular. Por lo demás, Maquiavelo no
separa en absoluto la política de la moral, sino que diagnostica la posibilidad de un
problema estructural consistente en la contradicción mutua entre dos morales diferentes:
las demandas del bien del Estado y las de la moral personal (la honradez y la clemencia).
El soberano está autorizado a pasar por alto la moral personal solo en caso de necesidad,
pero entonces lo debe hacer sin escrúpulo alguno, dando precedencia a la  moral política
y sirviendo a cualquier precio a las funciones de su cargo: la lucha por el bienestar y el
mantenimiento de la comunidad. Maquiavelo no defiende, pues, la gran emancipación que
exime a la política de cualquier moralidad, sino solo la peque a emancipación que aboga
por liberar la moral política de las exigencias de la  tica personal. Además, esa liberación
es lo es válida en casos de necesidad, por ejemplo cuando se da por descontado que el
enemigo va a faltar a su palabra. En ese sentido, la moral personal no pierde tampoco
propiamente vigencia en la política, sino que su reconocimiento real queda vinculado, m s
bien, a una reciprocidad. Maquiavelo no deja de tener razón cuando constata que un
soberano claudica de su responsabilidad ante la comunidad si, por motivos de moral

3
personal, se entrega como  presa a un adversario que incumple su palabra cuando el
soberano en cuestión podía haber esperado ese incumplimiento.

4. Tomás Moro (Londres, 1478 – Londres 1535)


Miembro del Parlamento y juez y subprefecto de la ciudad de Londres, se opuso a
algunas de las medidas del rey Enrique VIII, de quien fue su maestro, tomando partido
por el catolicismo frente a las ideas reformistas protestantes, defendiendo al Papa de
Roma y criticando las intenciones de Enrique VIII de nulidad matrimonial con
Catalina de Aragón, pagando con su vida, pues fue decapitado. Enrique VIII reniega
del catolicismo fundando la Iglesia anglicana, que permitía el divorcio y el matrimonio
de los sacerdotes, para casarse con Ana Bolena.
La "Utopía" de Moro, presentada en forma de diálogo, se divide en dos libros. Uno de
los grandes temas de Moro en Utopía es el de la paz, aunque tratado negativamente a
través de su análisis y rechazo de la guerra. En el Libro I, a lo largo del diálogo sobre
los consejeros de los príncipes y del episodio del cardenal Morton, en relación con la
ambición de las Cortes europeas. En el segundo, casi hacia el final del relato sobre
Utopía, para explicar en qué condiciones acuden a la guerra los utopianos que, pese
a todo, la abominan: es decir, cuándo podríamos hablar de una guerra justa.
La abolición de la propiedad privada en Utopía iguala en derechos a todos los
ciudadanos y permite desarrollar una forma de gobierno democrática. El príncipe es
elegido entre los nominados por el pueblo y ostenta un poder vitalicio, siempre que
respete las leyes y actúe en conformidad con ellas; en caso contrario, será destituido.

Todas las decisiones son tomadas por el Consejo, formado por el príncipe y los
representantes elegidos democráticamente (Traniboros); a los Sifograntes (otra clase
de representantes entre los que son elegidos los Traniboros) se les invita a asistir
también a las reuniones del Consejo a fin de estar informados. Dado que los Traniboros
pertenecen a la clase intelectual, observamos aquí una conjunción de sabiduría y
gobierno, distinta a la que nos ofrece Platón en "La República", pero inspirada en ella.

En última instancia, todas las decisiones políticas deben estar inspiradas por principios
éticos o filosóficos, destacando el de "vivir según la naturaleza", lo que equivale a
decir: buscar la felicidad, y no sólo para nosotros, sino también para los demás
(principio de solidaridad).

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