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Sabado

1) El Sábado Santo se caracteriza por la ausencia de Cristo después de su muerte, lo que impide celebrar la Eucaristía. Es un día de meditación sobre este misterio. 2) Desde el siglo II, el Sábado Santo ha sido un día de ayuno y abstinencia de la misa hasta la vigilia pascual nocturna. 3) La vigilia pascual celebra la resurrección de Cristo a través de la liturgia del fuego nuevo, las lecturas bíblicas y el ritual bautismal para re
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Sabado

1) El Sábado Santo se caracteriza por la ausencia de Cristo después de su muerte, lo que impide celebrar la Eucaristía. Es un día de meditación sobre este misterio. 2) Desde el siglo II, el Sábado Santo ha sido un día de ayuno y abstinencia de la misa hasta la vigilia pascual nocturna. 3) La vigilia pascual celebra la resurrección de Cristo a través de la liturgia del fuego nuevo, las lecturas bíblicas y el ritual bautismal para re
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La iglesia ante el sábado santo

El misterio específico del Sábado Santo es la ausencia del Señor. El Señor ha


ocultado su rostro, se ha marchado, está muerto, “descendió a los infiernos”. Esto es lo
absolutamente singular de este día misterioso. Esta ausencia del Señor se traduce en la
privación de la Eucaristía; es imposible celebrarla, pues el Señor “no está”. A la vez que
esta ausencia del Señor está el modo de expresar todo lo dicho en clave meditativa. El
sentido de este día es la quietud, la meditación en este misterio que está ahí.

Datos históricos.

El Sábado Santo fue siempre, desde el siglo II, día de ayuno pleno, y por lo tanto,
día alitúrgico. Se terminaba con una función vigilar que desembocaba en la
madrugada del domingo con la celebración de la Eucaristía. Esta Eucaristía aparece ya en
la primera mitad del siglo II.

la mañana del sábado era consagrada a preparar al grupo de los que se iban a
bautizar. Estos catecúmenos eran sometidos a nuevos ritos; el effetá y la triple renuncia a
Satanás.

Además, debían expresar públicamente su adhesión a la fe con la recitación del Credo, que
se les había enseñado el sábado anterior.

El Sábado Santo será presentado como día en que la Iglesia permanece junto al sepulcro
del Señor, meditando su pasión y muerte, absteniéndose de la misa hasta la solemne
Vigilia nocturna de la Resurrección.

Las virtudes de la esperanza y la Fe presentes en la espera de la resurrección

La fe

1814 La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho
y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma. Por la fe “el
hombre se entrega entera y libremente a Dios” (DV 5). Por eso el creyente se esfuerza por
conocer y hacer la voluntad de Dios. “El justo [...] vivirá por la fe” (Rm 1, 17). La fe viva
“actúa por la caridad” (Ga 5, 6).

La esperanza

1817. La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la
vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y
apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo.
“Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la promesa” (Hb
10,23).  “El Espíritu Santo que Él derramó sobre nosotros con largueza por medio de
Jesucristo nuestro Salvador para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos
herederos, en esperanza, de vida eterna” (Tt 3, 6-7).
1818 La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el
corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres;
las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo
desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de
la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad.

La celebración Liturgica del sábado santo


La Vigilia Pascual

Es la preparación para la celebración de la Vigilia Pascual

Por la noche se lleva a cabo la celebración de la Vigilia Pascual. Dicha celebración tiene tres partes
importantes que terminan con la Liturgia Eucarística:

1. Celebración del fuego nuevo.


2. Liturgia de la Palabra.
3. Liturgia Bautismal.

Era costumbre, durante los primeros siglos de la Iglesia, bautizar por la noche del Sábado Santo, a
los que querían ser cristianos. Ellos se preparaban durante los cuarenta días de Cuaresma y
acompañados por sus padrinos, ese día se presentaban para recibir el Bautismo.

También, ese día los que hacían penitencia pública por sus faltas y pecados eran admitidos como
miembros de la asamblea.
Actualmente, la Vigilia Pascual conserva ese sentido y nos permite renovar nuestras promesas
bautismales y acercarnos a la Iglesia con un espíritu renovado.
a) Celebración del fuego nuevo:

Al iniciar la celebración, la iglesia permanece en tinieblas, en esa ausencia de Cristo, así se


enciende un fuego nuevo y con el que prende el cirio pascual, que representa a Jesús. Sobre el cirio,
marca el año y las letras griegas "Alfa" y "Omega", que significan que Jesús es el principio y el fin
del tiempo y que este año le pertenece.

El sacerdote llevará a cabo la bendición del fuego. Luego de la procesión, en la que se van
encendiendo las velas y las luces de la Iglesia, el sacerdote canta el Pregón Pascual.

El Pregón Pascual es un poema muy antiguo (escrito alrededor del año 300) que proclama a Jesús
como el fuego nuevo.

b) Liturgia de la Palabra:

Después de la Celebración del fuego nuevo, se sigue con la lectura de la Palabra de Dios. Se
acostumbra leer siete lecturas, empezando con la Creación hasta llegar a la Resurrección.

Una las lecturas más importantes es la del libro del Éxodo, en la que se relata el paso por el Mar
Rojo, cómo Dios salvó a los israelitas de las tropas egipcias que los perseguían. Se recuerda que
esta noche Dios nos salva por Jesús.
c) Liturgia Bautismal:

Suelen haber bautizos este día, pero aunque no los haya, se bendice la Pila bautismal o un recipiente
que la represente y se recita la Letanía de los Santos. Esta letanía nos recuerda la comunión de
intercesión que existe entre toda la familia de Dios. Las letanías nos permiten unirnos a la oración
de toda la Iglesia en la tierra y la Iglesia triunfante, de los ángeles y santos del Cielo.

El agua bendita es el símbolo que nos recuerda nuestro Bautismo, y que con el pasamos a formar
parte de la familia de Dios.

Se nos invita a renovar nuestras promesas y compromisos bautismales: renunciar a Satanás, a sus
seducciones y a sus obras. También, de confirmar nuestra entrega a Jesucristo.

AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS

638 La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y


vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como
fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento,
predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz:

"¡Qué noche tan dichosa —canta el Exultet de Pascua—, sólo ella conoció el momento en
que Cristo resucitó de entre los muertos!".

I. El acontecimiento histórico y transcendente

639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo


manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya
san Pablo, hacia el año 56, "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí:
que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que
resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1
Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió
después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).

El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-
6).

El primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa.


La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn
20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo
esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento
del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24,
3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2)
afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6)
"vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20,
5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no
había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11,
44).

Las apariciones del Resucitado

641 las mujeres se convierten en las primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo para
los propios Apóstoles (cf. Lc 24, 9-10). Jesús se apareció en seguida a ellos, primero a
Pedro, después a los Doce (cf. 1 Co 15, 5)

642 Una nueva creación comienza en la mañana de pascua y como cimiento de la


construcción se encuentran los testigos del resucitado, así pedro y los apóstoles se
convierten en la piedra en la que se erige la iglesia. La fe de la primera comunidad de
creyentes se funda en el testimonio de hombres, Pedro y los Doce, pero no solamente ellos:
Pablo habla claramente de más de quinientas personas a las que se apareció Jesús en una
sola vez, además de Santiago y de todos los Apóstoles (cf. 1 Co 15, 4-8).

643 Ante estos testimonios es imposible interpretar la Resurrección de Cristo fuera del
orden físico, y no reconocerlo como un hecho histórico. Sabemos por los hechos que la fe
de los discípulos fue sometida a la prueba radical de la pasión y de la muerte en cruz de su
Maestro, anunciada por Él de antemano (cf. Lc 22, 31-32). La sacudida provocada por la
pasión fue tan grande que los discípulos (por lo menos, algunos de ellos) no creyeron tan
pronto en la noticia de la resurrección. Se nos presentan a los discípulos abatidos ("la cara
sombría": Lc 24, 17) y asustados (cf. Jn 20, 19). Por eso no creyeron a las santas mujeres
que regresaban del sepulcro y "sus palabras les parecían como desatinos" (Lc 24, 11; cf. Mc
16, 11. 13). Cuando Jesús se manifiesta a los once en la tarde de Pascua "les echó en cara
su incredulidad y su dureza de cabeza por no haber creído a quienes le habían visto
resucitado" (Mc 16, 14).

Por esto la hipótesis según la cual la resurrección habría sido un "producto" de la fe (o de la


credulidad) de los apóstoles no tiene consistencia. Muy al contrario, su fe en la
Resurrección nació —bajo la acción de la gracia divina— de la experiencia directa de la
realidad de Jesús resucitado.

El estado de la humanidad resucitada de Cristo

645 Jesús resucitado establece con sus discípulos relaciones directas mediante el tacto (cf.
Lc 24, 39; Jn 20, 27) y el compartir la comida (cf. Lc 24, 30. 41-43; Jn 21, 9. 13-15). Les
invita así a reconocer que él no es un espíritu (cf. Lc 24, 39), pero sobre todo a que
comprueben que el cuerpo resucitado con el que se presenta ante ellos es el mismo que ha
sido martirizado y crucificado, ya que sigue llevando las huellas de su pasión (cf Lc 24, 40;
Jn 20, 20. 27). Este cuerpo auténtico y real posee sin embargo al mismo tiempo, las
propiedades nuevas de un cuerpo glorioso: no está situado en el espacio ni en el tiempo,
pero puede hacerse presente a su voluntad donde quiere y cuando quiere (cf. Mt 28, 9. 16-
17; Lc 24, 15. 36; Jn 20, 14. 19. 26; 21, 4) porque su humanidad ya no puede ser retenida
en la tierra y no pertenece ya más que al dominio divino del Padre (cf. Jn 20, 17).

646 La Resurrección de Cristo no fue un retorno a la vida terrena como en el caso de las
resurrecciones que él había realizado antes de Pascua: la hija de Jairo, el joven de Naím,
Lázaro, las personas afectadas por el milagro volvían a tener, por el poder de Jesús, una
vida terrena "ordinaria". En cierto momento, volverán a morir. La Resurrección de Cristo es
esencialmente diferente. En su cuerpo resucitado, pasa del estado de muerte a otra vida más
allá del tiempo y del espacio. En la Resurrección, el cuerpo de Jesús se llena del poder del
Espíritu Santo; participa de la vida divina en el estado de su gloria, tanto que san Pablo
puede decir de Cristo que es "el hombre celestial" (cf. 1 Co 15, 35-50).

III. Sentido y alcance salvífico de la Resurrección

651 "Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe"(1 Co 15,
14). La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y
enseñó. Todas las verdades, incluso las más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su
justificación si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina según
lo había prometido.

652 La Resurrección de Cristo es cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento

653 La verdad de la divinidad de Jesús es confirmada por su Resurrección.

654 Hay un doble aspecto en el misterio pascual: por su muerte nos libera del pecado, por
su Resurrección nos abre el acceso a una nueva vida. Esta es, en primer lugar, la
justificación que nos devuelve a la gracia de Dios (cf. Rm 4, 25) "a fin de que, al igual que
Cristo fue resucitado de entre los muertos [...] así también nosotros vivamos una nueva
vida" (Rm 6, 4). Consiste en la victoria sobre la muerte y el pecado y en la nueva
participación en la gracia (cf. Ef 2, 4-5; 1 P 1, 3). Realiza la adopción filial porque los
hombres se convierten en hermanos de Cristo, como Jesús mismo llama a sus discípulos
después de su Resurrección

655 Es principio y fuente de nuestra resurrección futura: "Cristo resucitó de entre los
muertos como primicias de los que durmieron [...] del mismo modo que en Adán mueren
todos, así también todos revivirán en Cristo" (1 Co 15, 20-22). En Él los cristianos
"saborean [...] los prodigios del mundo futuro" (Hb 6,5) y su vida es arrastrada por Cristo al
seno de la vida divina (cf. Col 3, 1-3) para que ya no vivan para sí los que viven, sino para
aquel que murió y resucitó por ellos" (2 Co 5, 15).

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