100% encontró este documento útil (1 voto)
136 vistas11 páginas

Ponencia Daniel Palacios Gómez.

Este documento analiza el surgimiento de la medicina moderna en el siglo XIX y su impacto en las formas de entender y controlar los cuerpos. La medicina moderna se basó en la anatomía patológica y clínica y llevó a una medicalización de la sociedad enfocada en aumentar la productividad. Esto reconfiguró la relación entre médico y paciente y llevó a nuevas formas de controlar los cuerpos, especialmente los femeninos, durante el parto y más allá.

Cargado por

Daniel Palacios
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
136 vistas11 páginas

Ponencia Daniel Palacios Gómez.

Este documento analiza el surgimiento de la medicina moderna en el siglo XIX y su impacto en las formas de entender y controlar los cuerpos. La medicina moderna se basó en la anatomía patológica y clínica y llevó a una medicalización de la sociedad enfocada en aumentar la productividad. Esto reconfiguró la relación entre médico y paciente y llevó a nuevas formas de controlar los cuerpos, especialmente los femeninos, durante el parto y más allá.

Cargado por

Daniel Palacios
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Daniel Palacios Gómez.

Universidad Nacional de Colombia.

De parteras a médicos de bata y enfermeras: nuevas formas de subjetivación y sujeción


de los cuerpos. Una breve mirada a la profesionalización del saber médico en Antioquia,
Colombia, con relación a saberes y prácticas tradicionales.

1. El nacimiento de la medicina moderna.

El cuerpo humano, a lo largo de la historia, ha sido el espacio de origen y repartición de la


enfermedad; ha sido concebido de múltiples maneras y atravesado por un sinnúmero de
representaciones y discursos; en él, y siguiendo a Nietzsche en este punto, se han inscrito -y
espacializado- diversos acontecimientos sociohistóricos; no obstante, “para nuestros ojos ya
gastados”, el cuerpo humano se configura como un espacio cuyas líneas, cuyos volúmenes,
superficies y caminos están fijados por una geometría ahora familiar, a saber: por el atlas
anatómico1. Pero el conocimiento y la conciencia de sí, la relación con nuestro cuerpo y con
el cuerpo social, la relación con el dolor y la enfermedad, son aspectos que han cobrado
diferentes matices en la medida en que se han insertado en distintos giros discursivos a lo
largo tiempo; giros que, por lo demás, permearon y configuraron las formas de existencia.

Desde el momento en que se formaron las sociedades humanas los sujetos han tenido que
enfrentarse al dolor y a la muerte; es decir, han tenido que hacer medicina, y, por tanto, “la
medicina, o mejor, las medicinas tienen una larga historia que se confunde con las
sociedades y se pierde en la noche de los tiempos”2. No obstante, y para efectos prácticos,
la medicina en la que haremos énfasis en la presente investigación es la de tipo

1
FOUCAULT, M. El nacimiento de la clínica. Buenos Aires: Siglo Veintiuno, 2004, p.16.
2
MIRANDA CANAL, N. “La medicina colombiana de la Regeneración a los años de la Segunda Guerra
Mundial” en: Tirado Mejía, Á, (direc). Nueva Historia de Colombia. Bogotá: Planeta, 1989, p. 257.
universitario o científico3, la cual, valga decirlo, configurará nuestro horizonte analítico y
nuestro coeficiente explicativo en relación con el oficio4 de la partería.

Ahora bien, dicho tipo de medicina encuentra su momento originario en la Grecia de los
siglos V y IV a.C, cuando los médicos hipocráticos traslaparon al estudio de la salud y la
enfermedad el método que los filósofos presocráticos habían aplicado al estudio de la
naturaleza. Desde aquel momento la medicina adquirió un nivel técnico, trascendió a una
teckné, e iniciaría su derrotero por la historia de Occidente, mutando, transformando su
episteme, sus postulados y paradigmas a cada paso5, hasta llegar al siglo XIX cuando se
efectuó la transformación que ocupa nuestra atención: el surgimiento de las tres grandes
mentalidades médicas modernas: la anatomoclínica, la fisiopatológica y la etiopatológica.

Sin duda alguna, en aquel momento hubo una transformación en el discurso debido a sus
pretensiones de racionalidad, y, en consecuencia, hubo una reconfiguración del lenguaje
que, en últimas, desembocaría en una nueva postura y relación entre el que hablaba (en este
caso el médico) y aquello de lo cual se hablaba (en este caso enfermedad), haciendo
emerger una renovada percepción sobre su objeto de estudio: el hombre, en quien se
espacializaba tanto discurso médico como enfermedad. Este rejuvenecimiento de la
percepción médica en el siglo XIX, a juicio de Michel Foucault, se debió a la fuerza que se
le otorgó a los signos visibles, es decir, a lo somático observable o lo anatomopatológico,
así “a finales del siglo XVIII, ver consiste en dejar a la experiencia su mayor opacidad
corporal; lo sólido, lo oscuro, la densidad de las cosas encerradas en ellas mismas, tienen
3
Entendemos por medicina científica/universitaria “la certificada por cursos, exámenes y diplomas, basada
en una gestión regulada e institucional de la enseñanza médica y de la validación de títulos. La misma que se
convirtió en Occidente en monopolio de instituciones refrendadas por los estados y legitimadas
internacionalmente a través de la producción colectiva y de la sanción social de conocimientos científicos y
técnicos y sus aplicaciones” Ver: MÁRQUEZ, J; GARCÍA, V y DEL VALLE MONTOYA, P, “La profesión médica y
el oficio del charlatanismo en Colombia en el cambio del siglo XIX al siglo XX”, Quipu, vol. 14, núm. 3
septiembre-diciembre de 2012, p.336.
4
Es importante hacer la diferenciación entre oficio y profesión; según las definiciones sociológicas oficio
hace referencia a acciones, gestos, técnicas, saberes y prácticas especificas realizadas por individuos
capacitados, quienes consideran que poseen conocimientos especiales, y que ejercen dicho oficio con
regularidad, del cual obtienen su subsistencia. Por otra parte, profesión abarca las ocupaciones de tiempo
completo, a las cuales se les reconoce prestigio social, además de ser configuradoras de identidad individual
y colectiva entre los sujetos que la practican; un rasgo importante de las profesiones es la agrupación de sus
miembros en asociaciones que propugnan por el reconocimiento por parte del cuerpo social y del Estado.
Ver: MÁRQUEZ, J; GARCÍA, V; y DEL VALLE MONTOYA, P., La profesión médica y el oficio del charlatanismo
en Colombia…p.338.
5
MIRANDA CANAL, N. “La medicina colombiana de la Regeneración a los años de la Segunda Guerra
Mundial” … p. 257.
poderes de verdad que no toman de la luz, sino de la lentitud de la mirada que las recorre,
las rodea y poco a poco las penetra, no aportándoles jamás sino su propia claridad”6

La percepción clínica moderna, en consecuencia, apareció como un nuevo perfil de lo


perceptible y de lo enunciable: nuevas distribuciones de los elementos del espacio corporal
y reorganizaciones de los elementos que constituían los fenómenos patológicos (el signo
sustituyó el síntoma); a partir de este punto se trastocó la relación del significado con el
significante en todos los niveles de la experiencia médica: “entre los síntomas que
significan y la enfermedad que significa, entre la descripción y lo que ella describe, entre
la lesión y el mal que señala”7. En este sentido el individuo cobró un estatuto positivo en la
medida en que en él se gestaba la síntesis espacial de la enfermedad, pues precisamente en
él convergía el plano nosológico de los parentescos con el volumen anatómico de los
signos. Así pues, lo esencial era la alteración anatómica y la mirada que descubría dicha
alteración, generando la relación biunívoca entre signo y significante. Para poder descubrir
las enfermedades, el médico, en este primer momento de la medicina moderna, debía
detectar los cambios visibles que se producían en los órganos, los tejidos y las células; para
poder diagnosticar el médico tenía que reconocer las manifestaciones exteriores para poder
llegar a inferir los males interiores.

Se podría argüir que lo que sucedió en los albores del siglo XIX fueron dos fenómenos sin
precedentes: en primer lugar, nace la medicina moderna con la introducción de la anatomía
patológica y clínica por parte de Morgagni y Bichat, y, en segundo lugar, hubo una
socialización del cuerpo en función de su fuerza productiva 8. El espacio médico empezó a
coincidir con el espacio social, y comenzó a darse lugar a una medicalización “rigurosa,
dogmática y militante” de la sociedad en general por parte de los Estados, estrategia que
tenía como punto de partida el incremento de la tasa de natalidad, la reducción de la
mortandad y la vigilancia del índice de salud de la población; aspectos que, en suma,
apuntaban a la creación de sujetos productivos y sanos para la nación. De ahí que el cuerpo
empezase a ser concebido como una realidad biopolítica y la medicina como una estrategia,
de igual forma, biopolítica, pues “la medicina no debería ser solo el corpus de las técnicas
6
FOUCAULT, M. El nacimiento de la clínica, p.7.
7
FOUCAULT, M. El nacimiento de la clínica, p. 14.
8
FOUCAULT, M. Historia de la medicalización, p. 5, en:
[Link]
de curación y del saber que estas requieren; también debía desarrollar un conocimiento
del hombre saludable (…) un hombre modelo”9.

Desde luego, lo que nos interesa en esta investigación, más allá de establecer una
genealogía del nacimiento de la medicina moderna, es analizar las resistencias frente a
dicha medicina y su saber legitimado institucional y estatalmente. Dirigimos nuestros
focales hacía las formas de enfermarse, curarse, morirse y, especialmente, nacer, que
escapan a la racionalidad médica moderna. Nos interesa, por tanto, el saber, la verdad y las
estrategias de poder en torno a la medicina promulgada como científica.

2. Hacer vivir, dejar morir: una nueva forma de control y sujeción de los cuerpos
femeninos.

Siguiendo a Roberto Esposito, entendemos que la modernidad es el espacio de tiempo en


que la relación entre política y vida por fin se plantea de manera directa; entrando la vida,
como consecuencia de ello, en mecanismos y dispositivos del gobierno de los hombres, y,
de esta manera, “la vida es aferrada, desafiada y penetrada por la política” 10. Los cuerpos
comenzaron a ser controlados como estrategia política, y el viejo derecho soberano de
“hacer morir, dejar vivir” fue reemplazado en los Estados modernos por el poder de “hacer
vivir”; así, tenemos una reafirmación de la vida en el centro de la política que es regulada
por aparatos disciplinarios y dispositivos de control, ya que “para potenciarse a sí mismo,
el poder está obligado a potenciar, a la vez, el objeto sobre el cual se descarga; y no sólo
esto, sino incluso, a tornarlo sujeto de su propio sometimiento”11. De esta forma, la
medicina respecto a la gestión de la existencia humana tomó una postura normativa, pues
más allá de distribuir consejos para una vida prudente, se arrogó el poder -amparada por el
Estado- de regir las relaciones físicas y morales del individuo y la sociedad.

Como se mencionó anteriormente, el surgimiento de los Estados-Nación, a partir del siglo


XVIII, trajo consigo la idea de que el futuro político y la prosperidad económica de los
gobiernos estaban en profunda concordancia con el fenómeno de la población: una
población sana, fuerte y virtuosa. De esta manera se centró la atención no solo en la salud

9
FOUCAULT, M. El nacimiento de la clínica, p. 61.
10
ESPOSITO, R. “El enigma de la biopolítica “en: Bíos. Biopolítica y filosofía. Buenos Aires: Amorrortu, 2004, p.
47.
11
ESPOSITO, R. “El enigma de la biopolítica”, p.62.
de los individuos, sus casas de habitación, las aguas y los alimentos, sino también en la
procreación; se debía registrar, mediar y analizar los índices de natalidad. El cuerpo de la
mujer, como gestora de vida y sostenedora del gran cuerpo social, pasó a ser parte de un
proceso de tecnologías del cuerpo, las cuales buscaban mediante la tekné, asegurar que
procrearan como era debido, y, sobre todo, que se eliminaran y vigilaran prácticas como el
aborto y el infanticidio; de manera que el cuerpo femenino empezó a ser patologizado en el
marco de gobiernos que propugnaban por ejercer políticas sobre la vida de la población, es
decir, estrategias bipolíticas12.

3. Vituperio femenino como un continuum.

Ahora bien, como herencia de la antigüedad griega, se tuvo que, en Europa hasta el siglo
XVIII y en América hasta comienzos del siglo XIX, se legitimaran discursos sobre las
mujeres y su naturaleza “débil”; puntualmente gracias a las corrientes aristotélicas y
galénicas se redujo lo femenino a lo incompleto y débil, y se concibió el útero como fuente
de infinitas enfermedades; sin embargo, con el advenimiento de la medicina científica, y la
medicalización del cuerpo femenino, si bien la concepción que se tenía sobre las
enfermedades cambió enteramente -tal como se mencionó anteriormente- aún los conceptos
de “inferioridad” , “fuente de enfermedad” y “objeto de pudor”, se siguieron utilizando,
“para justificar y legitimar secularmente el encadenamiento de la matriz a normatividades y
disposiciones de ordenes sociales establecidos”13, y lo que hizo, en suma, la medicina
promulgada como científica fue reforzar el estatus patogenésico de la mujer desde posturas
anatomoclínicas.

En las sociedades hispanoamericanas de herencia católica, señala la historiadora Libia


Josefa Restrepo, -y puntualmente en la antioqueña del siglo XIX- se aseguraba que a los
niños los traía la virgen maría, que eran comprados, o que los regalaba una comadrona 14,
pues el sexo y la procreación eran temas altamente vedados. En general, desde finales del
siglo XVIII hasta principios del siglo XX, las concepciones e ideas acerca de la inferioridad
de la mujer apenas mutaron. El discurso médico en Antioquia fue copia del europeo, y

12
RESTREPO, L. Médicos y comadronas o el arte de los partos. La Obstetricia y Ginecología en Antioquia
1870-1930. Medellín: Premio IDEA a la investigación histórica, 2004, p. 29.
13
RESTREPO, L. Médicos y comadronas o el arte de los partos, p. 20.
14
RESTREPO, L. Médicos y comadronas o el arte de los partos, p. 22.
ambos convenían en convertir a la mujer en objeto de estudio, o, en otras palabras, en
objeto de técnicas de la racionalidad médica moderna.

No obstante, y para tener en cuenta las particularidades locales, es menester esbozar las
condiciones de posibilidad que existieron en Medellín-Antioquia para la medicalización de
las mujeres, y cómo esto entro en directa contradicción con oficios que otrora muchas de
ellas desempeñaban, a saber: el de comadronas, saber popular de orden oral.

4. El saber médico en Antioquia en oposición a ofertas terapéuticas tradicionales.

La línea que conduce a la medicina científica del siglo XIX en nuestro país fue introducida
en las postrimerías del siglo XVIII por José Celestino Mutis, pues hasta la llegada de este
último, la medicina que se practicaba correspondía a una mezcla de saberes provenientes de
mestizos, indígenas y conquistadores. Mutis, debido a su formación como médico privado y
salubrista, creo las condiciones para la entronización de la medicina científica en Colombia.
Sin embargo, habría que entender la llegada de dicho tipo de medicina como un proceso
gradual; en primer lugar, en los albores de la independencia se obligaron a los pocos
médicos formados según la nueva corriente mutisiana a desplazarse hacía el campo de
batalla, en calidad de médicos militantes, y en algunos casos, como combatientes. En este
sentido, la medicina de esta época centró sus esfuerzos en el campo de batalla, dejando a las
poblaciones del naciente estado desprotegidas frente a la enfermedad15.

Más tarde, con la creación de la Gran Colombia, se fundó 1826 la Universidad Central de
Santafé, en Bogotá, a la vez que se reorganizaron los estudios médicos tomando como
punto de partida los avances logrados en la materia tanto en Francia como en Inglaterra.
Paulatinamente la mentalidad anatomoclínica fue permeando los planes de estudios en
medicina que se empezaban a estructurar en el país. En Antioquia se dio un proceso
semejante al de la capital toda vez que su principal influencia a la hora de configurar el
saber médico provino directamente de Europa; y de este modo, en la capital antioqueña,
Medellín, se fueron dando las condiciones de posibilidad para que apareciese la Facultad de
Medicina de la Universidad de Antioquia en 187116.

15
MIRANDA CANAL, N. “La medicina colombiana de la Regeneración a los años de la segunda guerra
Mundial”, p. 258.
16
MIRANDA CANAL, N. “La medicina colombiana de la Regeneración a los años de la segunda guerra
Mundial”, p. 258.
En consecuencia, para la década de 1870 funcionaban con regularidad al menos tres
facultades de medicina ligadas a universidades, estas eran: la Universidad de Antioquia, la
Universidad Nacional y la Universidad de Cartagena. De esta manera, comenzaron a
emerger programas para la profesionalización de médicos, respaldados, por un lado, por el
Estado y las universidades, y, por otro, por sociedades científico-médicas, a saber: la
Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogotá (1872) y la Academia de Medicina
de Medellín (1877). De ahí que a partir de la década del 70 existiese la posibilidad de
distinguir entre quienes practicaban -y oficiaban- la medicina sin diploma, y quienes, por el
contrario, sí estaban avalados por cursos, exámenes y certificados universitarios17.

Por su parte, la Academia de Medicina de Medellín en sus inicios exponía como una de sus
principales preocupaciones la creación de comisiones permanentes de higiene, medicina,
cirugía, obstetricia, medicina legal, terapéutica y farmacia 18, pues la ciudad debía ser
controlada y los sujetos vigilados, esto último con el fin de alcanzar el ideal de hombre
sano y productivo tan en boga por aquella época. Todo lo que amenazara el correcto
funcionamiento del cuerpo social debía ser erradicado, tal como las epidemias, los malos
hábitos de higiene, y, en especial, las malas prácticas.

Como se señaló con anterioridad, las mujeres constituyeron uno de los objetivos
primordiales de la medicalización y el centro de dispositivos estatales cada vez más
acabados; se debía cuidar de su salud, especialmente la de las madres durante la preñez o
gestación, las condiciones del puerperio, y, sobre todo, las circunstancias del parto 19,
porque, para efectos prácticos del Estado, era imprescindible ejercer una acción positiva
sobre los índices de natalidad del país. En este contexto, emerge la figura de la mujer
medicalizada, normatizada y regulada, no solo por la institución médica, o por instancias
gubernamentales, sino también por discursos de orden moral y religioso que apelaban al
ideal de madre y esposa ejemplar. Así es como en 1926, si bien una época tardía, aún la
triada: Medicina-Religión-Estado, seguía vigente, tal como se constata en la acusación a
Carolina Agudelo, por un supuesto aborto que tuvo:

17
MÁRQUEZ, J; GARCÍA, V; y DEL VALLE MONTOYA, P, La profesión médica y el oficio del charlatanismo en
Colombia en el cambio del siglo XIX al siglo XX, p.340.
18
ECHÉVERRI ÁLVAREZ, T. “La Academia de Medicina y el desarrollo de la salud”, en: MELO, J (ed). Historia
de Medellín. Bogotá: Compañía Suramericana de seguros, 1996, p. 276.
19
RESTREPO, L. Médicos y comadronas o el arte de los partos, p.25.
“Por algún conducto ha sido informado el suscrito alcalde de que la señora Carolina Agudelo,
mujer viuda dizque estuvo aplicándose remedios dizque para un tumor que tenía en el estómago y
que tal tumor ha desparecido de un momento a otro, y que ello no puede ser otra cosa que un aborto
obligado y que para ocultar su delito haya hecho ocultación de que lo haya podido dar a luz”20

Para la época, la mayoría de mujeres se encontraban recluidas en su hogar, y cuando podían


ejercer un oficio remunerado era el de nodriza o el de comadrona. Sin embargo, con el
advenimiento de la medicina científica en el país, y específicamente su profesionalización
en la ciudad de Medellín, los conocimientos que las comadronas habían acumulado
mereced de la observación y la experiencia fueron tachados como prácticas ignorantes, y
sumado a esto, se les acusaba a dichas comadronas, en algunos casos, de ser las culpables
de abortos e infanticidios, una situación que para el Estado moderno se habían convertido
en un problema biopolítico. En Antioquia, según la historiadora Restrepo, los nacimientos
se medicalizaron a mediados del siglo XIX y en el transcurso de unos cuantos años se
configuraron las medidas que habrían de abarcar a las familias, los matrimonios, los
embarazos y las comadronas21.

En consecuencia, y precisamente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, solo eran
tenidas en buen concepto las parteras, a diferencia de las comadronas, pues las primeras
debían de recibir instrucción teórica y algún tipo de licencia para ejercer la profesión. Así
pues, podemos constatar una escisión importante en el oficio de las comadronas: en la
tradición europea anterior al siglo XVIII, por ejemplo, era menester la presencia de la
comadrona en los partos reales; sin embargo, con la llegada de la medicina moderna, dicha
profesión se fue negativizando paulatinamente, y solo fue aceptada en la medida en que era
normatizada a la luz de un paradigma científico y a la luz de un saber lógico-racional. En
otras palabras, las comadronas solo eran tenidas en cuenta en tanto se insertaban
eficazmente en las nuevas maneras decir propuestas por la medicina moderna; no es
fortuito que, como consecuencia de esto último, en 1905 se expidiese un decreto que
estipulada la “reglamentación de los servicios de obstetricia y parteras”, y a partir de este
punto, en cualquier proceso judicial contra una comadrona, siempre iba a estar en el centro
de la discusión sobre si la comadrona sindicada tenía algún título médico que validase su
conocimiento.
20
Archivo Judicial de Medellín, Documento 10536, Ubicación: caja 492439, f.1.
21
RESTREPO, L. Médicos y comadronas o el arte de los partos, p. 144.
En 1906, por ejemplo, se sindicaba a la comadrona Segunda Rincón, por la muerte de
Margarita Obando, debido a los malos oficios de su práctica, y, seguidamente, se le
señalaba ser “una mujer ignorante” 22. Así reza el sumario instaurado en contra de dicha
comadrona: “Margarita Obando, mujer casada, murió a causa de los malos oficios de
cirugía que en el parto practicó Segunda Rincón, mujer ignorante y sin títulos algunos en
materia de obstetricia”23.

Y, seguidamente, en la indagatoria a testigos, se hacían preguntas tales como: “sabe usted


quién fue la mujer que sin títulos de cirujano se presentó en el paraje de Mayamiento en
esta jurisdicción, en casa de Margarita Obando, mujer casada, con el fin de ayudarla en
un parto?”24. De igual manera, uno de los médicos que ayudó en el peritaje del caso, argüía
que:

“El señor alcalde municipal de Abejorral inició la presente averiguación sumaria del 18 de febrero
del año en curso [1906], con motivo de la muerte de Margarita Obando, mujer casada con Luis
Chalarca, la cual sufrió una operación efectuada por Segunda Rincón, mujer ignorante en
obstetricia. La Rincón cortó o amputó con un cuchillo un brazo al feto, y probablemente lesionó
órganos importantes que produjeron la muerte” 25

Así pues, el viejo oficio de las comadronas, que tenía como base saberes de tipo oral,
mágico y misterioso, sin duda alguna entró en pugna con los postulados científicos, pues su
saber, básico en el lenguaje, era múltiple en sus técnicas y empírico en su estructura, a
diferencia de la pretendida cientificidad de un campo de saber como lo era la obstetricia. En
la ciudad de Medellín, en la medida en que entró por las sendas modernizantes, potenciadas
estas últimas por la idea de progreso, se propugnó por prestar servicios de salud propios de
una sociedad “civilizada”, y, posteriormente, durante el siglo XX se terminó por
transformar de manera profunda las condiciones de los nacimientos, a saber: ya las mujeres
no daban a luz en sus propios hogares ayudadas por parteras, sino en hospitales, bajo los
cuidados de médicos y enfermeras.

Lo que llama la atención, no obstante, es que aún en la actualidad existan comadronas


ejerciendo su oficio pese a las imposiciones de la medicina moderna; sin duda alguna, se
22
Archivo Judicial de Medellín, documento 9734, Ubicación: caja 439, f.1.
23
Archivo Judicial de Medellín, documento 9734, Ubicación: caja 439, f.1.
24
Archivo Judicial de Medellín, documento 9734, Ubicación: caja 439, f. 5.
25
Archivo Judicial de Medellín, documento 9734, Ubicación: caja 439, f.7.
trata de formas de resistencia en medio de la objetivación racional de su saber empírico;
formas que, por lo demás, han mutado y luchado respecto a las relaciones de poder
hegemónicas en el saber científico.

Conclusiones.

Finalmente, resta decir que se trató de señalar cómo la partería comenzó a ser relegada del
régimen de veridicción médico en el marco de un discurso higienista que tenía como fin
salvaguardar la salud mediante una normalización del cuerpo. El anhelo de una sociedad
civilizada, desde el imaginario moderno occidental, conllevó inexorablemente a que la
Medicina se erigiera como el monopolio de las artes de curar, y de esta manera, su saber
científico y técnico se autolegitimó con relación a otras ofertas terapéuticas, como las
comadronas.

Desde luego, no se pretende desconocer los avances que ha tenido la medicina moderna,
puntualmente en lo tocante a la obstetricia, como el desarrollo de las teorías de la antisepsia
o el mejoramiento del manejo de complicaciones en el parto; por el contrario, se quiso
estudiar cómo aquellos oficios y saberes que no se situaron en la línea del discurso
científico médico -como en el caso de la partería- que, pese a ser señalados como prácticas
“atrasadas”, lograron sobrevivir en el seno del ideal progresista civilizatorio. Se trató, en
otras palabras, de arrojar luz sobre aquellas prácticas y saberes de tipo tradicional en
Colombia, sus resemantizaciones, permanencias, y extinciones en el tiempo; y, de igual
forma, sobre sus luchas, pero también convergencias, con relación a una medicalización
políticamente autoritaria.

Bibliografía.

Fuente primaria:

1. Archivo Judicial de Medellín, Documento 10536, Ubicación: caja 492439.


2. Archivo Judicial de Medellín, Documento 9734, Ubicación: caja 439.

Fuente secundaria:

1. ECHÉVERRI ÁLVAREZ, T. “La Academia de Medicina y el desarrollo de la salud”, en:


MELO, J (ed). Bogotá: Suramericana de seguros, Historia de Medellín, 1996.

2. ESPOSITO, R. “El enigma de la biopolítica “en: Bíos. Biopolítica y filosofía. Buenos


Aires: Amorrortu, 2004.

3. FOUCAULT, M. El nacimiento de la clínica. Buenos Aires: Siglo Veintiuno, 2004

4. FOUCAULT, M. Historia de la medicalización,


[Link]
df.

5. MÁRQUEZ, J; GARCÍA, V y DEL VALLE MONTOYA, P. “La profesión médica y el


oficio del charlatanismo en Colombia en el cambio del siglo XIX al siglo XX”, Quipu, vol.
14, núm. 3 septiembre-diciembre de 2012.

6. MIRANDA CANAL, N. “La medicina colombiana de la Regeneración a los años de la


Según da Guerra Mundial” en: Tirado Mejía, Á, (direc). Bogotá: Planeta, Nueva Historia
de Colombia, 1989.

7. RESTREPO, L. Médicos y comadronas o el arte de los partos. La Obstetricia y


Ginecología en Antioquia 1870-1930. Medellín: Premio IDEA a la investigación histórica,
2004.

También podría gustarte