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Refutación del Milenarismo en la Fe Católica

Este documento resume la doctrina católica sobre el milenarismo, una creencia herética que Jesucristo regresará a la tierra para reinar durante mil años antes del Juicio Final. Explica que aunque algunos Padres primitivos sostuvieron esta creencia, fue rechazada por la Iglesia desde el siglo IV en adelante. También condena formas suavizadas de milenarismo, y enfatiza que la esperanza cristiana debe estar en el Reino celestial, no en especulaciones sobre el futuro.

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Refutación del Milenarismo en la Fe Católica

Este documento resume la doctrina católica sobre el milenarismo, una creencia herética que Jesucristo regresará a la tierra para reinar durante mil años antes del Juicio Final. Explica que aunque algunos Padres primitivos sostuvieron esta creencia, fue rechazada por la Iglesia desde el siglo IV en adelante. También condena formas suavizadas de milenarismo, y enfatiza que la esperanza cristiana debe estar en el Reino celestial, no en especulaciones sobre el futuro.

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El Milenarismo

Hervé Belmont

La colección Magnificat (maletín que contiene fichas consagradas a la doctrina y a la cultura católica al que


Ud. siempre puede suscribir) prosigue sus pasos tranquilos; aborda a veces temas que revisten una
importancia particular en cuanto se refieren a errores que se incuban más o menos bajo la ceniza de gente
deseosa de conservar la fe católica, pero poco esclarecida sobre la enseñanza precisa de la Iglesia Católica.

He aquí un buen ejemplo en la ficha consagrada al milenarismo, cuyo texto adelantamos a continuación.

I. El milenarismo «duro»

El milenarismo es una transposición «bautizada» del mesianismo temporal que los judíos se pusieron a
profesar a partir del exilio de Babilonia: mesianismo que impidió a la mayoría de ellos reconocer en Jesucristo
al Mesías y al Hijo de Dios. El milenarismo es el mismo error, relacionado a la segunda venida de Jesucristo
━aquélla en la cuál Él debe volver en poder y majestad para juzgar a los vivos y los muertos━.

He aquí un extracto muy instructivo del Sentido místico del Apocalipsis de Dom Jean de Monléon (págs. 324-
327) con respecto al capítulo XX del libro de San Juan.

«Todos estos siervos que permanecieron fieles a Dios a pesar de las persecuciones [en el tiempo del
Anticristo] murieron, es verdad, a los ojos de los hombres: pero, en realidad, inmediatamente franqueadas las
puertas del otro mundo, encontraron, en la unión de su alma con su Creador, una nueva vida mucho más
perfecta que la de aquí abajo. Y reinaron mil años con Cristo».

«Estas últimas palabras piden algunas explicaciones, ya que es sobre ellas que se injertó la doctrina llamada
del milenarismo; doctrina rechazada por la Iglesia desde siglos, y que sin embargo ve de vez en cuando a
nuevos campeones levantarse en su favor, bajo el engañoso pretexto de que tiene a su favor la opinión de
varios Padres auténticamente ortodoxos. Sus propugnadores, los milenaristas, llamados también quiliastas,
sostienen que mucho antes del día de la resurrección general, los justos retomarán sus cuerpos, y así
resucitados, reinarán mil años sobre esta tierra, en la Jerusalén restaurada, con Cristo. Luego vendrá la última
rebelión de Satanás, el combate supremo entablado contra la Iglesia por Gog y Magog, el aplastamiento de
los rebeldes por Dios, y por fin la resurrección universal seguida del Juicio Final. Habría así dos
resurrecciones sucesivas, separadas por un intervalo de mil años: la de los mártires en primer lugar, luego la
del resto de la humanidad».

«La teoría del milenarismo tenía raíces en la literatura judía, atormentada siempre por la idea de un Mesías
que reinará gloriosamente en la tierra. Retomada en tiempos de San Juan por el heresiarca Cerinto, es exacto
que en los siglos II y III de la era cristiana, algunos Padres, y no de los menores, la adoptaron, bajo distintas
formas más o menos atenuadas. Se puede citar entre ellos a San Justino, San Ireneo, Tertuliano et alii…».

«Pero de ninguna manera puede considerarse que el parecer de estos escritores representara la creencia de
la Iglesia: en efecto, para que el testimonio de varios Padres pueda considerarse la expresión de la Tradición
católica, dicen los teólogos que hace falta «que no sea impugnado por otros». Ahora bien, esta condición no
existe de ninguna manera en este caso: ya San Justino reconocía que la teoría milenarista distaba mucho de
ser admitida por todos; Orígenes la rechazaba y la trataba de inepcia judaica. San Jerónimo rompe
deliberadamente con ella: «En cuanto a nosotros, no esperamos ━escribe━ según las fábulas que los judíos
decoran con el nombre de tradiciones, que una Jerusalén de perlas y oro descienda del cielo (…). Sólo hay
demasiados de los nuestros que han tomado seriamente estas promesas (…)».

«San Agustín se pronuncia en el mismo sentido: si señala en primer lugar algunas vacilaciones, a
continuación, en la Ciudad de Dios, se lo ve condenar claramente el quiliasmo, y esta opinión es la que
prevalece en adelante, tanto en Oriente como en Occidente, en la Iglesia. A partir del siglo IV, no se encuentra
a ningún nuevo escritor católico digno de consideración que defienda el milenarismo, y el parecer unánime de
los teólogos, en cuyo primer plano hay que citar a Santo Tomás y a San Buenaventura, lo descarta con
determinación».

«Así pues, como ya lo hemos indicado, la expresión: Y han reinado mil años con Cristo debe entenderse en
un sentido místico. Los mil años designan todo el período que se extiende entre el día en que Cristo, por Su
Resurrección, abrió de nuevo el Reino de los Cielos, franqueando sus puertas con su Santísima Humanidad, y
el día en el cuál, gracias a la resurrección general, los cuerpos entrarán allí a su vez. Pero en cuanto a las
almas de los bienaventurados, ellas ya están allí, estrechamente unidas a Aquél que es su verdadera vida;
participan en la gloria de Cristo, constituyen su corte, reinan con Él».

El estudio y la refutación del milenarismo son el objeto de una tesis de la clásica obra del Cardenal Jean-
Baptiste Franzelin, Tractatus de divina Traditione et Scriptura, S.C. de Propaganda fide, Roma 1882, tesis
XVI, págs. 186-201.

A lo largo de un apretado discurso, él invoca especialmente el testimonio de Santo Tomás de Aquino (en IV
Sent. dist. XLIII q. 1 a. 3 sol. 1 ad 4): «Con motivo de las palabras del Apocalipsis (cap. XX), como relata San
Agustín (Ciudad de Dios, libro XX), algunos herejes afirmaron que los muertos resucitarían una primera vez
para reinar con Cristo en la tierra durante mil años: de ahí se les llama quiliastas o milenaristas. San Agustín
muestra que hay que entender las palabras del Apocalipsis de la resurrección espiritual, por la cuál los
hombres resucitan del pecado por el don de la gracia. La segunda resurrección es la de los cuerpos. Es la
Iglesia que se llama el Reino de Cristo…».

El milenarismo es entonces el ejemplo de una teoría explorada por algunos Padres, pero que no es tradicional
porque no se transmitió. Al contrario, sufrió un definitivo freno por parte de Padres principales de la Iglesia
(San Jerónimo, San Agustín) y fue rechazada del cuerpo de la doctrina católica. Resurgió de vez en cuando,
pero fue en los medios heterodoxos y en las sectas protestantes.

II.  El milenarismo «mitigado»

Junto al milenarismo francamente heterodoxo y multiforme (y ridículo, según dice San Agustín), a veces se
profesa un milenarismo ablandado (ese es el verdadero sentido de mitigado) que se esfuerza por evitar las
oposiciones demasiado escandalosas con la doctrina de la Iglesia.

El Papa Pío XII, el 21 de julio de 1944, mandó emitir por el Santo Oficio un decreto que reza así:

«En estos últimos tiempos, más de una vez se preguntó a esta Suprema Congregación del Santo Oficio qué
hay que pensar del sistema del milenarismo mitigado, que enseña que antes del Juicio Final, precedido o no
de la resurrección de varios justos, Cristo Nuestro Señor vendrá visiblemente a nuestra tierra para reinar».

«Respuesta: El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad».

La sentencia emitida por el Santo Oficio es la extensión a la Iglesia universal de una condena notificada tres
años antes (11 de julio de 1941) en una respuesta dirigida al Arzobispo de Santiago de Chile. Esta carta,
redactada en los mismos términos que los antedichos, precisa por otro lado dos cosas que permiten entender
bien el alcance del acto.

1. Lo que es contemplado por la condena es el milenarismo tal como se profesa en el libro de Manuel
Lacunza (publicación póstuma bajo el pseudónimo de Ben Ezra), La Venida del Mesías en gloria y majestad,
obra ya condenada (Index del 6 de septiembre de 1824).

2. El deber del Arzobispo es velar ━por medios eficaces━ para que esta falsa doctrina no sea, bajo ningún
pretexto, ni enseñada, ni propagada, ni justificada ni recomendada, sea de viva voz como por escritos.

Sabemos así de qué doctrina se trata: aquélla propagada por Ben Ezra; y lo que hay que entender por ━tuto
doceri non posse━ no puede enseñarse con seguridad: ni enseñanza, ni apología.

Además, dado que la obra de Ben Ezra está inscripta en el catálogo del Index (y todavía presente en la última
edición), no puede poseerse, ni leerse, ni comprarse ni venderse. ¡La elección es entre el fuego y el cesto!

Si se traduce a lenguaje corriente la respuesta del Santo Oficio, da esto: hay que desconfiar del milenarismo
mitigado; y si se añaden las precisiones aportadas por la carta, se completa: como de la peste.

La Iglesia nos ordena entonces firmemente desconfiar del milenarismo mitigado como de la peste. ¿Pero por
qué?
‒ Desde el punto de vista de la verdad (punto de vista fundamental del Santo Oficio), este milenarismo no es
enseñado por la Divina Revelación pública, que es sin embargo la única que puede darnos a conocer un
futuro que sólo depende de la voluntad de Dios.

‒ Nuestra esperanza tiene como objeto el Reino de Gloria en el Cielo: el cuál ya existe, lo esperamos
activamente y podemos ser llamados a él en cualquier momento.

‒ El combate por la Realeza Social de Jesucristo es un combate presente, en la sociedad contemporánea, por


la Iglesia Católica, que es desde ahora el Reino de Jesucristo sobre la tierra, y un reino que es principalmente
espiritual.

‒ La vida cristiana no es la espera de una especie de nueva redención: hoy es cuando hay que vivir en estado
de gracia para agradar a Dios, en la oración y el deber de estado, en el espíritu filial y el amor del prójimo. El
resto no es más que mítico e imaginario.

Fuente: [Link]

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