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Fonseca-Pedrero, Eduardo Pérez de Albéniz, Alicia

Este documento presenta la Escala Paykel de Suicidio como una herramienta para evaluar la conducta suicida en adolescentes españoles. Primero, define brevemente el concepto de conducta suicida y menciona datos epidemiológicos y factores de riesgo. Segundo, explica que la evaluación de la conducta suicida es crucial para la detección temprana y prevención del suicidio. Tercero, introduce la Escala Paykel de Suicidio y discute sus propiedades psicométricas y su validación para adolescentes espa

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Fonseca-Pedrero, Eduardo Pérez de Albéniz, Alicia

Este documento presenta la Escala Paykel de Suicidio como una herramienta para evaluar la conducta suicida en adolescentes españoles. Primero, define brevemente el concepto de conducta suicida y menciona datos epidemiológicos y factores de riesgo. Segundo, explica que la evaluación de la conducta suicida es crucial para la detección temprana y prevención del suicidio. Tercero, introduce la Escala Paykel de Suicidio y discute sus propiedades psicométricas y su validación para adolescentes espa

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Papeles del Psicólogo

ISSN: 0214-7823
ISSN: 1886-1415
[email protected]
Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos
España

Evaluación de la conducta suicida en


adolescentes: A propósito de la Escala
Paykel de Suicidio
Fonseca-Pedrero, Eduardo; Pérez de Albéniz, Alicia
Evaluación de la conducta suicida en adolescentes: A propósito de la Escala Paykel de Suicidio
Papeles del Psicólogo, vol. 41, núm. 2, 2020
Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos, España
Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=77865485004
DOI: https://doi.org/10.23923/pap.psicol2020.2928

PDF generado a partir de XML-JATS4R por Redalyc


Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto
Papeles del Psicólogo, 2020, vol. 41, núm. 2, Mayo-Agosto, ISSN: 0214-7823 1886-1415

Evaluación de la conducta suicida en adolescentes: A propósito de la Escala Paykel de


Suicidio
Evaluation of suicidal behavior in adolescents: the Paykel Suicide Scale
Eduardo Fonseca-Pedrero DOI: https://doi.org/10.23923/pap.psicol2020.2928
Universidad de La Rioja., España Redalyc: https://www.redalyc.org/articulo.oa?
[email protected] id=77865485004

Alicia Pérez de Albéniz


Universidad de La Rioja, España
Recepción: 10 Enero 2020
Aprobación: 12 Febrero 2020

Resumen:
La conducta suicida es un problema socio-sanitario a nivel mundial; no obstante, en el contexto de la psicología española existen
escasos instrumentos de medida debidamente validados y baremados en muestras representativas de la población adolescente. Por
lo tanto, el propósito de este trabajo es presentar la Escala Paykel de Suicido como herramienta de evaluación de la conducta
suicida en jóvenes españoles. En primer lugar, se realiza una breve delimitación conceptual de la conducta suicida, se mencionan
datos epidemiológicos, modelos psicológicos y factores de riesgo y protección. En segundo lugar, se aborda la evaluación de la
conducta suicida como eje nuclear en la detección, identificación, prevención e intervención, así como en la comprensión de este
fenómeno. En tercer lugar, se introduce la Escala Paykel de Suicidio, de la mano de sus propiedades psicométricas y, en concreto,
de su baremación en adolescentes españoles. Finalmente, se concluye a modo de recapitulación. La Escala Paykel parece ser un
instrumento de medida breve, sencillo, útil y con adecuadas propiedades psicométricas para la valoración y/o el cribado de la
conducta suicida en adolescentes. Puede ser utilizada en la evaluación general de la salud mental o exploración psicopatológica, así
como en contextos educativos, sanitarios y/o sociales. Es transcendental que el profesional de la psicología disponga de adecuadas
herramientas de evaluación de la conducta suicida de cara a tomar decisiones fundamentadas y optimizar la gestión de recursos
educativos y socio-sanitarios.
Palabras clave: Suicidio, Conducta suicida, Adolescentes, Jóvenes, Validación, Baremación..

Abstract:
Suicidal behavior a serious public health concern worldwide. Nevertheless, in the context of Spanish psychology few measuring
instruments exist that have been validated with norm scores from representative samples of the adolescent population. erefore,
the main goal of this work is to present the Paykel Suicide Scale as a tool for assessing suicidal behavior in Spanish youth.
First, a brief conceptual delimitation of suicidal behavior is made, and epidemiological data, psychological models, and risk
and protection factors are mentioned. Second, the suicide assessment is presented as a nuclear axis for detection, identification,
prevention, and intervention as well as in order to advance in our understanding of this phenomenon. irdly, the Paykel
Suicide Scale is introduced, along with its psychometric properties, and specifically, its scale norms in the Spanish adolescent
population. Finally, we conclude with a recapitulation. e Paykel Scale seems to be a brief, simple, useful instrument, with
adequate psychometric properties to measure or screen suicidal behavior in adolescents. It can be used to assess mental health
status in general examinations, as well as in educational, health, and social contexts. It is crucial for the professional psychologist
to have adequate tools for assessing suicidal behavior in order to make informed decisions and to manage educational and socio-
health resources effectively.
Keywords: Suicide, Suicidal behavior, Adolescents, Youth, Validation, Norms..

La conducta suicida es un problema de salud público que se encuentra rodeado de estigma y tabú. Se sitúa
entre una de las causas principales de años de vida perdidos por muerte prematura y representa, a nivel
mundial, el 1,4% de la carga de morbilidad de años de vida ajustados a la discapacidad (Catalá-López, Gènova-
Maleras, Álvarez-Martín, de Larrea-Baz, y Morant-Ginestar, 2013; Murray et al., 2012; OMS, 2014). El
suicidio consumado es la primera causa de muerte externa en muchos países del mundo y una de las primeras

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causas de muerte en adolescentes y personas en edad productiva. Por ejemplo, entre la población de 15 a
24 años el suicidio consumado, a nivel mundial, se situa en la segunda causa de muerte (Gore et al., 2011).
En España, cada año mueren por suicidio entre 3500 y 3700 personas. Concretamente, el último informe
sobre causas de muerte en España del Instituto Nacional de Estadística (INE) del año 2017, reveló que 3.679
personas perdieron la vida por suicidio. A nivel mundial, más de 800.000 personas se suicidan cada año, lo que
representa, por término medio, una muerte cada 40 segundos. Según las estimaciones de la OMS en el año
2020, aproximadamente 1,53 millones de personas morirán por suicidio (OMS, 2014). A parte de estas cifras,
que el lector sabrá valorar y ponderar en su medida, el suicidio y cualquiera de sus manifestaciones genera un
impacto a nivel personal, familiar, escolar, social, y sanitario, tanto en la sociedad presente como futura.
En este sentido, y dado el calado del problema, es un imperativo la realización de actuaciones para su
prevención. De hecho, la OMS, ya ha hecho un llamamiento para que los diferentes países del mundo
introduzcan la prevención del suicidio en sus “agendas” sanitarias. Entre las acciones que se pueden
implementar está la formación, información, sensibilización y concienciación de la sociedad en general
(Fonseca-Pedrero y Díez, 2018), y de los profesionales de la psicología en particular. También se pueden
implantar estrategias de prevención de la conducta suicida en contextos sociales, sanitarios y/o educativos,
por mencionar algunos (O’Connor y Pirkis, 2016). De hecho, las medidas de prevención en el campo del
suicidio han mostrado su eficacia, poniendo de manifiesto que el suicidio es prevenible (Fonseca-Pedrero et
al., 2019; O’Connor y Pirkis, 2016, Zalsman et al., 2016). Una de las formas de prevención es la detección
e identificación precoz de un posible caso de riesgo suicida o el cribado de participantes en muestras de la
población general que pueden estar en condición de riesgo (p.ej., presentan una clara planificación suicida
o han realizado tentativas de suicidio previas). Una vez detectado e identificado el posible caso, se podrían
implementar tratamientos profilácticos basados en evidencias científicas, con los consabidos beneficios a
múltiples niveles; seamos claros, cuando antes se detecte e identifique y se intervenga de forma eficaz, mejor.
No obstante, no deja de ser curioso que en el contexto de la psicología española existen escasos instrumentos
de medida debidamente validados y baremados en muestras representativas de la población adolescente. Más
aún, los instrumentos de medida para la evaluación de la conducta suicida son escasamente utilizados por los
psicólogos españoles (Muñiz, Hernández, y Fernández-Hermida, 2020) y su uso en profesionales de la salud
mental, es más la excepción que la regla (Xifró, Suelves, Martin-Fumadó, y Gómez-Durán, 2015).
El propósito de este trabajo es, por lo tanto, presentar la Escala Paykel de Suicido (Paykel Suicide Scale,
PSS) (Paykel, Myers, Lindenthal, y Tanner, 1974) como herramienta de evaluación de la conducta suicida
en jóvenes españoles. En primer lugar, se realiza una breve delimitación conceptual de la conducta suicida, se
mencionan datos epidemiológicos, modelos psicológicos y factores de riesgo y protección. En segundo lugar,
se aborda la evaluación de la conducta suicida como eje nuclear en la detección, identificación, prevención
e intervención, así como en la comprensión de este fenómeno. En tercer lugar, se introduce la Escala Paykel
(Paykel et al., 1974), de la mano de sus propiedades psicométricas y, en concreto, de su baremación en
población adolescente. Finalmente, se concluye a modo de recapitulación.

DELIMITACIÓN CONCEPTUAL DE LA CONDUCTA SUICIDA

La conducta suicida es un fenómeno complejo, multidimensional y multicausal cuya delimitación,


evaluación, tratamiento y prevención, requiere de un enfoque holístico, focalizado en la persona y en su
contexto (familias, centros educativos, medidas legales, etc.), que incluya variables biológicas, psicológicas y
sociales. Su solución, obviamente, no tiene una fácil respuesta.
Etimológicamente suicidio (sui: “si mismo”; caedere: “matar”) es el acto de provocarse a sí mismo la muerte
de forma intencional. La conducta suicida abarca muchas más manifestaciones que el suicidio consumado,
siendo un concepto para el que todavía en el siglo XXI no se ha llegado a un consenso (Goodfellow, Kõlves, y
de Leo, 2018). De hecho, algunos autores prefieren hablar de penacidio (matar la pena o matar el sufrimiento)

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o psicalgia (dolor psicológico, sufrimiento importante a nivel vital que afecta a la persona como un todo, y
que puede conducir a que la persona se plantee el suicidio).
La conducta suicida tiene diferentes manifestaciones, las cuales oscilan en un gradiente de gravedad que
va desde la ideación hasta el suicidio consumado (véase Figura 1). En este sentido, diversos autores plantean
la conducta suicida desde un punto de vista dimensional (Anseán, 2014; O’Connor y Pirkis, 2016), que se
encuentra acotada por dos polos, bienestar-suicidio consumado. En función de la expresión (ideas de muerte,
tentativa, etc.) dentro de este continuum, así como de su intensidad, frecuencia y malestar asociado, el nivel
de riesgo de suicidio consumado para una persona concreto será, teóricamente, mayor.

FIGURA 1
EXPRESIONES, SEGÚN SU NATURALEZA, DE LA CONDUCTA SUICIDA
(MODIFICADO DE ANSEÁN, 2014 Y FONSECA-PEDRERO ET AL., 2019)

PREVALENCIA DE LA CONDUCTA SUICIDA

Según el INE y el Observatorio del Suicidio, en el año 2017, 3.679 personas perdieron la vida por suicidio,
que suponen un aumento de 110 defunciones respecto a 2016 (un 3,1% más). En esencia, implica el doble
de muertes que los accidentes de tráfico, 13 veces más que los homicidios y 80 veces más que la violencia de
género, siendo también, después de los tumores, la principal causa de muerte en la juventud española (de 15
a 34 años). La tasa media estatal fue de 7,9 por cada 100.000 habitantes. En el año 2018, de acuerdo con las
cifras disponibles en la página web del INE, un total de 3.539 personas fallecieron en España por suicidio. En
población adolescente y joven los datos epidemiológicos también hablan por sí solos. Concretamente, en el
año 2018, 268 personas de 15 a 29 años se quitaron la vida en España por suicidio.
La conducta suicida es un concepto poliédrico que se refiere no solo al suicidio consumado, sino también a
la ideación suicida, a la comunicación suicida y a la tentativa suicida. Es interesante analizar las tasas también
en las diferentes manifestaciones pues se ha visto que, por ejemplo, la ideación suicida es un factor de riesgo de
suicidio posterior (Castellvi-Obiols y Piqueras, 2018). En un meta-análisis (Lim et al., 2019) se encontró que
en adolescentes la prevalencia vital y anual de intento de suicidio fue del 6% (95% CI: 4,7-7,7%) y del 4,5%
(95% CI: 3,4-5,9%), respectivamente. Por su parte, la prevalencia vital y anual de ideación suicida fue del 18%
(95% CI: 14.2-22.7%) y del 14,2% (95% CI: 11.6-17.3%), respectivamente. En España la prevalencia vital
de ideación suicida en población adolescente es en torno al 30%, mientras que la prevalencia de intentos de
suicidio es aproximadamente del 4% (Bousoño et al., 2017; Carli et al., 2014; Fonseca-Pedrero et al., 2018).
Haciendo referencia a las diferencias existentes en relación a la conducta suicida entre hombres y mujeres,
los hombres muestran un mayor número de suicidios consumados respecto a las mujeres (ratio de 3:1), en

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cambio, las tentativas de suicidio sitúan a las mujeres en una ratio de 3:1 respecto a los hombres. En muestras
de adolescentes y adultos jóvenes, las mujeres presentan mayor riesgo de intento de suicidio (OR 1,96; IC
95% 1,54-2,50), y los hombres de suicidio consumado (HR 2,50; IC 95% 1,8-3,6) (Miranda-Mendizabal et
al., 2019). En general, la literatura previa indica que por cada persona que se suicida hay, aproximadamente,
unas 20 tentativas de suicidio al año en el mundo.

MODELOS PSICOLÓGICOS DE CONDUCTA SUICIDA

A lo largo de los años se han propuesto diversos modelos etiológicos para explicar el suicidio. Aquí no
se pretende realizar una revisión exhaustiva por lo que remetimos al lector a excelentes trabajos previos
(O’Connor y Nock, 2014; O’Connor y Pirkis, 2016). No cabe duda que analizar y comprender la conducta
humana, en este caso el suicidio, es un asunto harto complejo. Una difícil empresa que cuenta con
innumerables vericuetos, donde muchas cuestiones siguen aún sin respuesta y permanecen en la penumbra.
Posiblemente, en la compleja interacción dinámica que se establece entre los factores biológicos, psicológicos
y sociales, experimentados (vivenciados) por una persona concreta con una biografía particular y unas
circunstancias determinadas, esté la respuesta. Es sabido que la conducta humana por su enorme complejidad
y diversidad, se ajusta mal a lo lineal, a lo estático y a lo unicausal, y reclama una perspectiva individual,
propositiva, multidimensional, multifactorial, adaptativa, dinámica y contextual (Fonseca-Pedrero, 2018;
Pérez-Álvarez, 2018). A este respecto, se desean hacer algunas puntualizaciones.
Primera, no se debe perder de vista que el saber psicológico mora en una banda epistemológica estrecha,
con entidad propia, que hinca sus raíces en el hardware neurobiológico y expande sus ramas en el contexto
sociocultural. Por eso, el estudio de la conducta humana camina con cautela, siempre amenazado por dos
tiranías, por dos reduccionismos, el neurobiológico y el sociocultural.
Segunda, la conducta humana es multicausal, no monocausal. Nunca se podrá explicar una experiencia
psicológica, como la conducta suicida, analizando un cambio neuroquímico a nivel cerebral (Pérez-Álvarez,
2018; Pérez-Álvarez, 2011). El fenómeno suicida está multideterminado, esto es, causado por múltiples
factores. Por tanto, las explicaciones simplistas o unicausales deben ser rechazadas. En esencia, para
comprender la conducta humana, y concretamente en el caso que aquí nos ocupa, el profesional de la
psicología tiene que poner más cabeza, y menos cerebro.
Tercero, se asume que dos personas pueden desarrollar la misma conducta suicida mediante mecanismos
etiológicos diferentes (denominado equifinalidad). Del mismo modo, los mismos mecanismos causales
pueden dar lugar a diferentes tipos de conductas suicidas (denominado multifinalidad). La heterogeneidad
en la explicación de la conducta suicida es la regla, no la excepción. De hecho, los mecanismos causales por
los que una persona, en este caso un joven, realiza una tentativa suicida o acaba en suicidio consumado son,
por el momento, escasamente comprendidos (Cha et al., 2018).
Cuarto, como se ha comentado, existen multitud de modelos etiológicos que pretenden dar buena cuenta
de las posibles causas que subyacen a la conducta suicida. Dentro de esta área de estudio han tenido una
gran aceptación el Modelo Integrado Motivacional/Volitivo (O’Connor, Platt, y Gordon, 2011) y la Teoría
Interpersonal (Van Orden et al., 2010). No obstante, cada uno de ellos de forma explícita o implícita se
fundamentan, en esencia, en el modelo clásico de vulnerabilidad-estrés.
Quinto, nuevas aproximaciones tratan de concebir la conducta suicida como un sistema complejo
dinámico. Desde este punto de vista, los modelos de redes (Borsboom, 2017; Borsboom y Cramer, 2013),
permiten entender estos fenómenos psicológicos como constelaciones dinámicas de estados mentales (o
síntomas, signos, rasgos, experiencias, etc.) que se encuentran interrelacionados de forma causal, esto es,
conectados a través de sistemas de relaciones causales. Este acercamiento se presenta como una forma
novedosa y diferente a partir de la cual analizar y modelar los fenómenos psicológicos como, por ejemplo, el
suicidio. Se aleja de la visión tradicional biomédica que considera los síntomas como manifestaciones de un

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trastorno subyacente o una causa latente común (Fonseca-Pedrero, 2017; 2018) (razonamiento tautológico
que conduce, entre otros aspectos, a la reificación), siendo además congruente con los modelos más actuales
de conducta suicida (O’Connor y Portzky, 2018). Desde el modelo de red se entiende que cada persona tiene
su propia red que puede conducir o no a un determinado tipo de comportamiento suicida, en función de la
propia interacción intra e inter-estados mentales, la carga de estrés ambiental (impactos ambientales, eventos
diarios, etc.) y la predisposición existente (grado de resiliencia). En consecuencia, por ejemplo, los mismos
niveles de rumiación y alteraciones del sueño, darían como resultado un acto suicida en una persona, mientras
que podrían, en otra persona diferente, no derivar en tentativa suicida. En la Figura 2 se presenta un modelo
de red de conducta suicida, salud mental y bienestar emocional en adolescentes. En esencia, este acercamiento
permite una apreciación más detallada de la conducta suicida y, por lo tanto, podría contribuir de manera
útil al refinamiento de los modelos explicativos existentes en este campo.
Sexta, la comprensión de la conducta suicida implica reconocer la existencia de factores de riesgo y de
protección, así como factores precipitantes. En la literatura previa se han propuesto una amplia amalgama de
factores de riesgo y protección (Castellvi-Obiols y Piqueras, 2018; Franklin et al., 2017; Hawton, Saunders, y
O’Connor, 2012; O’Connor y Nock, 2014; O’Connor y Pirkis, 2016; Turecki y Brent, 2016). No obstante,
el lector tiene que conocer que un reciente meta-análisis parece cuestionar la validez científica de muchas
de estas taxonomías de factores de riesgo (Franklin et al., 2017). Según Franklin et al. (2017) la capacidad
pronóstica y predictiva de los factores de riesgo de conducta e ideación suicida es muy limitada. Además,
argumentan que, aunque es probable que las guías sean útiles de alguna manera, hay mucho margen de mejora,
pues la mayoría de ellas son listas extensas de factores relativamente inespecíficos, que podrían estar presentes
en cualquier otro tipo de persona de la población general o en cualquier individuo con un problema de salud
mental. En otros trabajos de revisión (Castellví, Lucas-Romero, et al., 2017; Castellví, Miranda-Mendizábal,
et al., 2017), se ha observado que en población juvenil los factores que se asociaban con mayor riesgo fueron
por orden de relevancia (aquí solo se mencionan algunos de ellos): tener un trastorno afectivo previo, intento
de suicidio previo, abandono escolar, tener un trastorno relacionado con el consumo de alcohol u otras
sustancias, ideación suicida, absentismo escolar, tener un antecedente familiar de intento de suicidio previo,
presencia de un trastorno de ansiedad y ser víctima de bullying. Todos y cada uno de ellos son factores de
riesgo potencialmente modificables. Esto indica que con una correcta identificación e intervención se podrían
reducir sustancialmente los casos de suicidio.

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Eduardo Fonseca-Pedrero, et al. Evaluación de la conducta suicida en adolescentes: A propósito de ...

FIGURA 2
EJEMPLO DE RED PSICOLÓGICA ESTIMADA DE SALUD MENTAL
Y CONDUCTA SUICIDA EN UNA MUESTRA DE ADOLESCENTES

EVALUACIÓN DE LA CONDUCTA SUICIDA

La evaluación psicológica de la conducta suicida es nuclear de cara a la toma de decisiones. Sin una correcta
evaluación dificilmente se podrá realizar un diagnóstico e intervención acertados. Una adecuada evaluación es
fundamental, por lo tanto, para dar una atención de calidad a las personas y sus familias. La evaluación trata de
identificar y detectar el riesgo suicida con la finalidad de implementar medidas de intervención eficaces (si así
lo requiere el caso). Obviamente, una correcta evaluación reclama no sólo que el psicólogo tenga una adecuada
formación (p.ej., competencias), sino que también disponga de instrumentos con adecuadas propiedades
psicométricas, construidos y adaptados siguiendo los estándares internacionales, validados para un uso,
población y contexto específico y que estén adecuadamente baremados (Hernández, Ponsoda, Muñiz, Prieto,
y Elosua, 2016; Muñiz y Fonseca-Pedrero, 2019). En la literatura previa se pueden encontrar excelentes
revisiones de los instrumentos disponibles en el mercado para la evaluación de la conducta suicida (Anseán,
2014; Batterham et al., 2015; Ministerio de Sanidad Política Social e Igualdad, 2011; O’Connor y Pirkis,
2016; Runeson et al., 2017).

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Huelga decir que el proceso de evaluación se encuentra intrínsecamente unido a los modelos psicológicos
de conducta suicida. La evaluación ha de ser holística y centrada en la persona, y tiene que recabar
información de diversas fuentes (p.ej., objetivas y subjetivas), informantes (p.ej., persona, compañeros,
familiares, profesores, etc.) y mediante diferentes métodos (p.ej., autoinformes, entrevistas). Se deberá tener
en cuenta asimismo posibles factores de riesgo, de protección y precipitantes, así como del estado de salud
mental (exploración psicopatológica) ya que son piezas fundamentales para guiar la posterior intervención.
El profesional deberá realizar una evaluación de dichos factores seleccionando los instrumentos en función de
las variables implicadas en cada caso (p. ej., acoso escolar, trastornos depresivos, consumo de sustancias, etc.).
No se debe perder de vista que una adecuada evaluación es importante en las fases iniciales, pero lo es aún más,
si cabe, en las fases de monitorización y seguimiento del caso. De acuerdo con el Zero Model es un proceso
cíclico de evaluación, intervención y monitorización (Brodsky, Spruch-Feiner, y Stanley, 2018; Labouliere
et al., 2018). Para profundizar en el proceso de evaluación, factores a considerar, forma de proceder, etc.
remitimos al lector a la Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida
(Ministerio de Sanidad Política Social e Igualdad, 2011).
De entre los instrumentos existentes, puede ser de gran ayuda para el psicólogo la Escala Columbia para
evaluar la gravedad de la ideación suicida (Columbia-Suicide Severity Rating Scale, C-SSRS) (Posner et
al., 2011). La C-SSRS, que está disponible online1, es una entrevista semiestructurada, bastante sencilla de
aplicar, que recoge la aparición, la gravedad y la frecuencia de la conducta y los pensamientos relacionados con
el suicidio durante el período de evaluación. Mide cuatro constructos: gravedad de la ideación, intensidad
de la ideación, conducta suicida y letalidad de la conducta suicida. La evaluación de estos aspectos con
esta entrevista supone una guía muy útil para los psicólogos con el objetivo de recabar información clave
en la toma de decisiones sobre la pertinencia de la derivación de los casos a servicios de salud mental
especializados, de realizar una exploración psicológica más exhaustiva y/o de establecer los objetivos de
tratamiento en una intervención. La C-SSRS se encuentra validada al español (Al-Halabí et al., 2016). Los
resultados psicométricos parecen indicar que es un instrumento adecuado para la evaluación y la supervisión
de la conducta suicida en la práctica clínica e investigación. Bajo nuestro punto de vista, es también una
herramienta de sumo interés para su uso en otros contextos como, por ejemplo, el ámbito educativo.
En suma, es de vital importancia realizar una evaluación comprehensiva de la conducta suicida,
entendiendo la función que cumple en el contexto particular de la persona, las barreras particulares de cada
individuo para pasar al acto y los trigger points que la desencadenan.
1. https://cssrs.columbia.edu/wp-content/uploads/C-SSRS-SinceLastVisit-US-Spanish-5.1-2.pdf

ESCALA PAYKEL DE SUICIDIO

Adicionalmente, de entre todos los instrumentos existentes para la evaluación de la conducta suicida -o el
riesgo suicida- cabe destacar la Escala Paykel de Suicidio. La PSS es una herramienta diseñada originalmente
para la evaluación de las diferentes manifestaciones de la conducta suicida en población clínica (p.ej.,
pensamientos de muerte, ideación e intentos de suicidio). Consta de un total de cinco ítems con un sistema
de respuesta dicotómico Sí/No (puntuación 1 y 0, respectivamente) (ver Tabla 1). A nivel teórico mayores
puntuaciones indican mayor gravedad. El marco temporal se refiere al último año. La PSS ha sido validada
en adolescentes españoles (Fonseca-Pedrero et al., 2018). Como se puede observar, tiene como ventaja su
sencillez y brevedad, aspecto sumamente interesante si se considera las limitaciones de tiempo en los ámbitos
aplicados. Básicamente, la PSS se pueden utilizar como instrumento de evaluación o como herramienta de
cribado de conducta suicida en diferentes entornos de evaluación (p. ej., educativo, sanitario, social).
La versión española de la Paykel ha sido analizada en dos muestras representativas de adolescentes de La
Rioja, seleccionados mediante un muestreo estratificado por conglomerados. El muestreo se realizó en los
años 2016 y 2019. Participaron en total 3.454 adolescentes, 46,3% hombres (n=1.598) y 53,4% (n=1843)

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mujeres, con edades comprendidas entre los 14 y 19 años (M=15,91 años, DT=1,33 años). Un total de
13 participantes (0,4%) se identificaron dentro de otra categoría de diversidad afectivo-sexual. En cada
año de administración participaron más de 35 centros educativos y casi 100 aulas. En la primera muestra
participaron 1.664 participantes (M = 16,12 años; DT = 1,36 años), siendo el 53% mujeres. En la segunda
muestra participaron 1.790 estudiantes, (M = 15,70 años; DT = 1,26 años), siendo el 53,7% mujeres. Para
garantizar la validez del proceso de repuesta, se eliminaron aquellos participantes que presentaban un patrón
de respuesta azaroso o pseudoazaroso, utilizando la Escala Oviedo de Infrecuencia de Respuesta (Fonseca-
Pedrero, Lemos-Giráldez, Paino, Villazón-García, y Muñiz, 2009).
Los resultados de prevalencia de conducta suicida para la muestra total y en función del género se recogen
en la Tabla 2. Las mujeres mostraron puntuaciones medias significativamente más altas que los varones en la
puntuación total de la Escala Paykel (M hombre=0,56, DT hombre=1,10; M mujer=0,86, DT mujer=1,13;
p<0,011, d=0,26). El tamaño del efecto, según la d de Cohen, fue pequeño. No se encontraron diferencias
estadísticamente significativas en la puntuación total de la PSS en función de los grupos de edad. En la Figura
3 se presenta la distribución de la puntuación total en la PSS para la muestra total. Como se puede observar,
un 2,1% de la muestra puntuó cinco puntos en la PSS (n= 72 participantes) y un 5,3% presentó puntuaciones
igual o superior a 4 puntos (n= 183 participantes).
Respecto a las propiedades psicométricas, los análisis factoriales exploratorios y confirmatorios arrojaron
una estructura esencialmente unidimensional. Todas las cargas factoriales estimadas fueron superiores a 0,30.
Utilizando el procedimiento SIBTEST con el paquete de R difR, el ítem 4 mostró funcionamiento diferencial
(tipo uniforme) en función del género, aspecto que garantiza, en cierta medida, la equidad en el proceso de
medición con esta escala. Las puntuaciones de la PSS mostraron adecuados niveles de fiabilidad. El valor
de Omega para la muestra total fue de 0,82. La fiabilidad test-retest, con un intervalo de 3 meses, en la
puntuación total de la PSS fue de 0,61 (n= 386 adolescentes, 51,1% mujeres; rango de edad= 13-19 años, M=
14,03 años; DT= 0,57 años). Todos los índices de discriminación fueron superiores a 0,30. La precisión de
las puntuaciones se estimó desde la óptica de la Teoría de Respuesta al Ítem (Muñiz, 2018). En la Figura 4, se
presenta la Función de Información del Test. Como se puede observar, el mayor grado de precisión a la hora
de estimar la conducta suicida en esta muestra fue para los valores que oscilaron entre 1 y 2 del rasgo latente.
En este sentido para los valores extremos del rasgo latente (véase conducta suicida) los niveles de precisión
fueron óptimos y, por lo tanto, se estima la puntuación con menor error de medición.
También se obtuvieron evidencias de validez de relación con variables externas. Para la evaluación
de las dificultades emocionales y comportamentales se utilizó la versión autoinformada del Cuestionario
de Capacidades y Dificultades (Goodman, 1997). Los síntomas depresivos se evaluaron a través de la
Escala para la Evaluación de la Depresión en Adolescentes de Reynolds-Breve (Reynolds, 2002). Se utilizó
asimismo el Índice de Bienestar Personal-versión escolar (Cummins y Lau, 2005), la Escala de Autoestima
de Rosenberg (Rosenberg, 1965) y el Cuestionario MDS3 para valorar el sentido de pertenencia al centro
(Bradshaw, Waasdorp, Debnam, y Johnson, 2014). Finalmente, para la evaluación de las experiencias
psicóticas atenuadas se utilizó el Cuestionario de Pródromos de Psicosis-Breve (Loewy, Pearson, Vinogradov,
Bearden, y Cannon, 2011). Utilizando la segunda submuestra de participantes, las puntuaciones de la
PSS se asociaron positivamente con síntomas de depresión, problemas emocionales y comportamentales
y experiencias psicóticas atenuadas. Por su parte, las puntuaciones de la PSS correlacionaron de forma
negativa con las escalas que valoraban autoestima, bienestar emocional, sentimiento de pertenencia al centro
y comportamiento prosocial. Los resultados se presentan en la Tabla 3.
Para la elaboración de los baremos de la Escala Paykel se han tenido en cuenta las diferencias
estadísticamente significativas encontradas en función del género. En la Tabla 4 se presentan la baremación
en percentiles para la muestra total, así como para mujeres y hombres.

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TABLA 1
ESCALA PAYKEL DE SUICIDIO

TABLA 2
PREVALENCIA (%) DE CONDUCTA SUICIDA EN LA MUESTRA TOTAL DE ADOLESCENTES

FIGURA 3
DISTRIBUCIÓN DE LA PUNTUACIÓN TOTAL EN LA ESCALA
PAYKEL PARA LA MUESTRA TOTAL DE ADOLESCENTES

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FIGURA 4
FUNCIÓN DE INFORMACIÓN DE LA ESCALA PAYKEL DE
SUICIDIO PARA LA MUESTRA TOTAL DE ADOLESCENTES

TABLA 3
CORRELACIÓN DE PEARSON ENTRE LA ESCALA PAYKEL Y OTROS INDICADORES
PSICOMÉTRICOS EN LA SEGUNDA SUBMUESTRA DE ADOLESCENTES

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TABLA 4
BAREMOS DE LA ESCALA PAYKEL DE SUICIDO EN LA MUESTRA TOTAL DE ADOLESCENTES

RECAPITULACIÓN

La conducta suicida es un problema de salud pública tanto por su prevalencia como por las consecuencias
personales, familiares, educativas y socio-sanitarias que conlleva. Para prevenir semejante problema es
necesario informar, formar, sensibilizar y concienciar a los diferentes agentes de la sociedad (jóvenes, familias,
docentes, periodistas, psicólogos, etc.). En particular, en el caso de la psicología, se hace necesario disponer
de adecuadas herramientas de evaluación que permitan la toma de decisiones fundamentada que afectará,
en último término, a la calidad de vida de las personas. Frente a esta situación, no existen en España
muchas herramientas de medición que permitan la evaluación de la conducta suicida en adolescentes, y
que se encuentren construidas (o adaptadas), validadas y baremadas siguiendo los estándares nacionales e
internacionales propuestos por las comisiones de test.
Es bien sabido que si el profesional de la psicología dispone de herramientas con adecuadas propiedades
psicométricas (fiabilidad, evidencias de validez, baremación, etc.) actuará con mayor en las labores de
evaluación, detección e identificación, diagnóstico, tratamiento y seguimiento, entre otros aspectos. Es
transcendental también que el profesional de la psicología disponga de adecuadas herramientas de medición
de cara a una mejor gestión de recursos educativos y socio-sanitarios. Por consiguiente, en el presente trabajo
se ha presentado, tras una revisión conceptual, la Escala Paykel de Suicidio (Paykel et al., 1974) para su uso
en adolescentes españoles.
La Escala Paykel parece ser un instrumento de medida breve, sencillo, útil y con adecuadas propiedades
psicométricas para la valoración y/o el cribado de la conducta suicida en población adolescente. Su reducido
número de ítems hace que sea una escala interesante para utilizar como screening en la población general o
en circunstancias donde escasean los recursos temporales y/o materiales (p. ej., ámbito aplicado). La Escala
Paykel se puede utilizar en combinación con otros instrumentos de medida, aspecto que permite recoger
información de la conducta suicida, aunque este no sea el objetivo nuclear de la evaluación. Esta herramienta
también puede ser empleada en la exploración psicopatológica general. No se debe perder de vista que
los ítems de los test que miden conducta suicida suelen estar asociados a estigma y pueden generar cierto
malestar en los jóvenes. Por esta razón, la brevedad y el contenido de los ítems hace también que la Escala

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Paykel sea un instrumento interesante. Esta herramienta asimismo se puede utilizar en contextos educativos,
socio-sanitarios y/o sociales. Básicamente, trata de recoger información fiable y válida de las diferentes
manifestaciones de la conducta suicida de cara a la toma de decisiones, tales como diseñar intervenciones
psicológicas y/o educativas o detectar el riesgo suicida con la finalidad de realizar una evaluación psicológica
más exhaustiva.
Los profesionales de la psicología y los diferentes agentes tienen la responsabilidad de prevenir el suicidio.
En población juvenil, el papel de los que trabajan con este sector de la población es especialmente importante;
no obstante, dicha responsabilidad está limitada por nuestros conocimientos, competencias y herramientas.
Aprender a evaluar la conducta suicida supone, entre otros aspectos, conocer el fenómeno suicida, los factores
de riesgo y protección, las posibles causas, las señales de alarma, así como estar preparados para iniciar una
valoración o el tratamiento y conocer las vías para su derivación en caso necesario. La psicología dispone de
medidas de intervención y recursos eficaces para su prevención, si bien hay que seguir trabajando. La respuesta
debe ser integral, inclusiva, accesible, holística, multicomponente y multidisciplinar y, sobre todo, basada en
la persona y su biografía.
Se debe poner atención y dar respuesta a este problema prevenible. La implicación de todos los agentes de
la sociedad es esencial. La psicología no puede estar ajena a esta realidad, tiene que asumir su papel prioritario
en esta responsabilidad.

AGRADECIMIENTOS

Los autores quieren expresar su sincero agradecimiento a la profesora Susana Al-Halabí por los excelentes
comentarios realizados a una versión preliminar de este trabajo.
Esta investigación ha sido financiada por las «Ayudas Fundación BBVA a Equipos de Investigación
Científica 2017» y cofinanciado con fondos FEDER en el PO FEDER de La Rioja 2014-2020 (SRS
6FRSABC026).

CONFLICTO DE INTERESES

No existe conflicto de intereses.

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