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Thomas Alva Edison

Thomas Alva Edison nació en 1847 en Ohio y creció en Michigan, donde demostró gran curiosidad e inventiva a una edad temprana. A los 16 años abandonó su hogar para trabajar como telegrafista y continuó desarrollando sus habilidades técnicas. En 1869 se estableció en Menlo Park, Nueva Jersey, donde construyó el primer laboratorio de investigación dedicado a la invención y desarrolló inventos revolucionarios como el fonógrafo y la lámpara incandescente.
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Thomas Alva Edison

Thomas Alva Edison nació en 1847 en Ohio y creció en Michigan, donde demostró gran curiosidad e inventiva a una edad temprana. A los 16 años abandonó su hogar para trabajar como telegrafista y continuó desarrollando sus habilidades técnicas. En 1869 se estableció en Menlo Park, Nueva Jersey, donde construyó el primer laboratorio de investigación dedicado a la invención y desarrolló inventos revolucionarios como el fonógrafo y la lámpara incandescente.
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Thomas Alva Edison, el menor de cuatro hermanos, nació el 11 de febrero de 1847, en Milán, una

pequeña población de Ohio en la que se había establecido su padre, Samuel Edison, seis años
antes. Su padre tuvo que abandonar precipitadamente Canadá a consecuencia de una rebelión
contra los ingleses en la que tomó parte y que terminó en fracaso. Marginada por el ferrocarril, la
actividad en Milan fue disminuyendo poco a poco, y la crisis afectó a la familia Edison, que tuvo
que emigrar de nuevo a un lugar más próspero cuando su hijo Thomas ya había cumplido la edad
de siete años.

Thomas Alva Edison

El nuevo lugar de residencia fue Port Huron, en Michigan, donde el futuro inventor asistió por
primera vez a la escuela. Fue ésa una experiencia muy breve: duró sólo tres meses, al cabo de los
cuales fue expulsado de las aulas, alegando su maestro la falta absoluta de interés y una torpeza
más que manifiesta, comportamientos éstos a los que no era ajena una sordera parcial que
contrajo como secuela de un ataque de escarlatina.

Su madre, Nancy Elliot, que había ejercido como maestra antes de casarse, asumió en lo sucesivo
la educación del joven benjamín de la familia, tarea que desempeñó con no poco talento, ya que
consiguió inspirar en él aquella curiosidad sin límites que sería la característica más destacable de
su carrera a lo largo de toda su vida.

Cumplidos los diez años, el pequeño Thomas instaló su primer laboratorio en los sótanos de la
casa de sus padres y aprendió él solo los rudimentos de la química y la electricidad. Pero a los doce
años, Edison se percató además de que podía explotar no sólo su capacidad creadora, sino
también su agudo sentido práctico. Así que, sin olvidar su pasión por los experimentos, consideró
que estaba en su mano ganar dinero contante y sonante materializando alguna de sus buenas
ocurrencias.

Su primera iniciativa fue vender periódicos y chucherías en el tren que hacía el trayecto de Port
Huron a Detroit. Había estallado la Guerra de Secesión y los viajeros estaban ávidos de noticias.
Edison convenció a los telegrafistas de la línea férrea para que expusieran en los tablones de
anuncios de las estaciones breves titulares sobre el desarrollo de la contienda, sin olvidar añadir al
pie que los detalles completos aparecían en los periódicos; esos periódicos los vendía el propio
Edison en el tren y no hay que decir que se los quitaban de las manos.
Al mismo tiempo, compraba sin cesar revistas científicas, libros y aparatos, y llegó a convertir el
vagón de equipajes del convoy en un nuevo laboratorio. Aprendió a telegrafiar y, tras conseguir a
bajo precio y de segunda mano una prensa de imprimir, comenzó a publicar un periódico por su
cuenta, el Weekly Herald. Una noche, mientras se encontraba trabajando en sus experimentos, un
poco de fósforo derramado provocó un incendio en el vagón. El conductor del tren y el revisor
consiguieron apagar el fuego y seguidamente arrojaron por las ventanas los útiles de imprimir, las
botellas y los mil cacharros que abarrotaban el furgón. Todo el laboratorio y hasta el propio
inventor fueron a parar a la vía. Así terminó el primer negocio de Thomas Alva Edison.

El joven Edison tenía sólo dieciséis años cuando decidió abandonar el hogar de sus padres. La
población en que vivía le resultaba ya demasiado pequeña. No faltándole iniciativa, se lanzó a la
búsqueda de nuevos horizontes. Por suerte, dominaba a la perfección el oficio de telegrafista, y la
guerra civil había dejado muchas plazas vacantes, por lo que, fuese donde fuese, le sería fácil
encontrar trabajo.

Edison en 1878

Durante los siguientes cinco años Edison llevó una vida errante, de pueblo en pueblo, con empleos
ocasionales. Se alojaba en sórdidas pensiones e invertía todo cuanto ganaba en la adquisición de
libros y de aparatos para experimentar, desatendiendo totalmente su aspecto personal. De
Michigan a Ohio, de allí a Indianápolis, luego Cincinnati, y unos meses después Memphis,
habiendo pasado antes por Tennessee.

Su siguiente trabajo fue en Boston, como telegrafista en el turno de noche. Llegó allí en 1868, y
poco después de cumplir veintiún años pudo hacerse con la obra del científico británico Michael
Faraday Experimental Researches in Electricity, cuya lectura le influyó muy positivamente. Hasta
entonces, sólo había merecido la fama de tener cierto don mágico que le permitía arreglar
fácilmente cualquier aparato averiado. Ahora, Faraday le proporcionaba el método para canalizar
todo su genio inventivo. Se hizo más ordenado y disciplinado, y desde entonces adquirió la
costumbre de llevar encima un cuaderno de notas, siempre a punto para apuntar cualquier idea o
hecho que reclamara su atención.

Convencido de que su meta profesional era la invención, Edison abandonó el puesto de trabajo
que ocupaba y decidió hacerse inventor autónomo, registrando su primera patente en 1868. Se
trataba de un contador eléctrico de votos que ofreció al Congreso, pero los miembros de la
cámara calificaron el aparato de superfluo. Jamás olvidó el inventor estadounidense esta lección:
un invento, por encima de todo, debía ser necesario.
Sin un real en el bolsillo, Edison llegó a Nueva York en 1869. Un amigo le proporcionó alojamiento
en los sótanos de la Gold Indicator Co., oficina que transmitía telegráficamente a sus abonados las
cotizaciones de la bolsa neoyorquina. Al poco de su llegada, el aparato transmisor se averió, lo que
provocó no poco revuelo, y él se ofreció voluntariamente a repararlo, lográndolo con asombrosa
facilidad. En recompensa, se le confió el mantenimiento técnico de todos los servicios de la
compañía.

Pero como no le interesaban los empleos sedentarios, aprovechó la primera ocasión que se le
presentó para trabajar de nuevo por su cuenta. Muy pronto recibió un encargo de la Western
Union, la más importante compañía telegráfica de entonces. Se le instaba a construir una
impresora efectiva de la cotización de valores en bolsa. Su respuesta a este reto fue su primer gran
invento: el Edison Universal Stock Printer. Le ofrecieron por el aparato 40.000 dólares, cantidad
que le permitió por fin sentar la cabeza. Se casó en 1871 con Mary Stilwell, con la que tuvo dos
hijos y una hija, e instaló un taller pequeño pero bien equipado en Newark, Nueva York, en el que
continuó experimentando en el telégrafo en busca de nuevos perfeccionamientos y aplicaciones.
Su mayor contribución en ese campo fue el sistema cuádruple, que permitía transmitir cuatro
mensajes telegráficos simultáneamente por una misma línea, dos en un sentido y dos en otro.

El laboratorio de Menlo Park

Bien pronto se planteó Edison la construcción de un verdadero centro de investigación, una


«fábrica de inventos», como él lo llamó, con laboratorio, biblioteca, talleres y viviendas para él y
sus colaboradores, con el fin de realizar no importa qué investigaciones, mientras fuesen prácticas,
ya fueran por encargo o por puro interés personal. Los recursos económicos no le faltaban y las
proporciones de sus proyectos se lo exigían. Buscó un lugar tranquilo en las afueras de Nueva York
hasta que encontró una granja deshabitada en el pueblecito de Menlo Park. Fue el lugar elegido
para construir su nuevo cuartel general, el primer laboratorio de investigaciones del mundo, de
donde habrían de salir inventos que cambiarían las costumbres de buena parte de los habitantes
del planeta.

Se instaló allí en 1876 (tenía entonces veintiocho años), e inmediatamente se puso a trabajar. La
búsqueda de un transmisor telefónico satisfactorio reclamó su atención. El inventado por
Alexander Graham Bell, aunque teóricamente bien concebido, generaba una corriente tan débil
que no servía para aplicaciones generales. Sabía que las partículas de grafito, según se
mantuvieran más o menos apretadas, influían sobre la resistencia eléctrica, y aplicó esta
propiedad para crear un dispositivo que amplificaba considerablemente los sonidos más débiles: el
micrófono de gránulos de carbón, que patentó en 1876.
Edison con su dictáfono, una de las

aplicaciones derivadas del fonógrafo

Era habitual en Edison que un trabajo le llevase a otro, y el caso anterior no fue una excepción.
Mientras trataba de perfeccionar el teléfono de Bell observó un hecho que se apresuró a describir
en su cuaderno de notas: «Acabo de hacer una experiencia con un diafragma que tiene una punta
embotada apoyada sobre un papel de parafina que se mueve rápidamente. Las vibraciones de la
voz humana quedan impresas limpiamente, y no hay duda alguna que podré recoger y reproducir
automáticamente cualquier sonido audible cuando me ponga a trabajar en ello». Liberado, pues,
del teléfono, había llegado el momento de ocuparse del asunto. Un cilindro, un diafragma, una
aguja y otros útiles menores le bastaron para construir en menos de un año el fonógrafo, el más
original de sus inventos, un aparato que reunía bajo un mismo principio la grabación y la
reproducción sonora.

El propio Edison quedó sorprendido por la sencillez de su invento, pero pronto se olvidó de él y
pasó a ocuparse del problema del alumbrado eléctrico, cuya solución le pareció más interesante.
«Yo proporcionaré luz tan barata -afirmó Edison en 1879- que no sólo los ricos podrán hacer arder
sus bujías.» La respuesta se encontraba en la lámpara de incandescencia. Se sabía que ciertos
materiales podían convertirse en incandescentes cuando en un globo privado de aire se les
aplicaba corriente eléctrica. Sólo restaba encontrar el filamento más adecuado. Es decir, un
conductor metálico que se pudiera calentar hasta la incandescencia sin fundirse, manteniéndose
en este estado el mayor tiempo posible.

Antes que Edison, muchos otros investigadores trabajaron en esta dirección, pero cuando él se
incorporó lo hizo sin regatear esfuerzo alguno. Trabajó con filamentos de las más distintas
especies: platino, que desestimó por caro, carbón, hollín y otros materiales, e incluso envió a sus
colaboradores al Japón, a América del Sur y a Sumatra para reunir distintas variedades de fibras
vegetales antes de escoger el material que juzgó más conveniente. La primera de sus lámparas
estuvo lista el 21 de octubre de 1879. Se trataba de una bombilla de filamento de bambú
carbonizado, que superó las cuarenta horas de funcionamiento ininterrumpido. La noticia del
hecho hizo caer en picado las acciones de las compañías de alumbrado de gas.

Con la invención que le dio celebridad (c. 1918)


En años sucesivos, Edison se ocupó en mejorar su bombilla, y fue esta actividad la que le llevó
hacia el único de sus descubrimientos que pertenece a una área estrictamente científica. Ocurrió
en 1883, mientras trataba de averiguar por qué su lámpara de incandescencia se ennegrecía con el
uso. En el transcurso de tales investigaciones, el prolífico inventor presenció la manifestación de
un fenómeno curioso: la lámpara emitía un resplandor azulado cuando era sometida a ciertas
condiciones de vacío y se le aplicaban determinados voltajes. Edison averiguó que tal emisión
luminosa estaba provocada por la inexplicable presencia de una corriente eléctrica que se
establecía entre las dos varillas que sostenían el filamento de la lámpara, y utilizó dicho fenómeno,
que recibió su nombre, para concebir un contador eléctrico cuya patente registró en 1886.

De hecho, Edison pudo haber dado aquí el paso de la electrotecnia a la electrónica. No supo, sin
embargo calibrar la importancia del descubrimiento Su método, más próximo al «ensayo y error»
que a la deducción científica, se lo impidió. Hubo que esperar a que el ingeniero británico John
Ambrose Fleming, un tecnólogo de sólida formación científica, diera el paso en 1897 cuando logró,
tras discretas modificaciones, transformar el contador eléctrico de Edison en la válvula de vacío, el
primero de una larga serie de dispositivos eléctricos que dieron origen a una nueva era
tecnológica.

Más de un millar de inventos

En 1886, dos años después de que falleciera su esposa, Edison se casó con Mina Miller, mujer de
carácter fuerte, hija de un rico industrial de Akran, Ohio, cuya influencia sobre su excéntrico
marido se hizo notar, ya que consiguió hacer de él una persona más sociable. El matrimonio tuvo
tres hijos, uno de los cuales, Charles, se dedicó a la política, llegando a convertirse en gobernador
del estado de Nueva Jersey.

Al año de casarse, Edison trasladó su laboratorio de Menlo Park, a la sazón pequeño, a West
Orange, Nueva Jersey. Creó allí un gran centro tecnológico, el Edison Laboratory (hoy monumento
nacional), en torno al cual levantó numerosos talleres, que daban trabajo a más de cinco mil
personas.

Uno de los talleres de West Orange

La electricidad continuó absorbiendo la mayor parte de su tiempo, pues se ocupaba de todos los
aspectos relativos a su producción y distribución. No con mucha suerte, sin embargo, ya que
cometió un grave error al insistir en el sistema de corriente continua cuando existían razones de
peso en favor de la corriente alterna. Edison se interesó también por muchos otros sectores
industriales: la producción de cemento y de materias químicas, la separación electromagnética del
hierro y la fabricación de baterías y acumuladores para automóviles fueron algunos de sus
preferidos.

Su último gran invento fue el Kinetograph, cuya patente registró en 1891. Se trataba de una
rudimentaria cámara de cine que incluía, sin embargo, un ingenioso mecanismo para asegurar el
movimiento intermitente de la película. En 1894 Edison abrió el Kinetoscope Parlor en Broadway,
Nueva York, donde un solo espectador se sentaba frente a una mirilla en una cabina de madera
para ver la película, que se iluminaba desde atrás por una lámpara eléctrica. Aunque el
Kinetoscope Parlor despertó inmediatamente la atención como atracción de feria, Edison no creyó
nunca que fuese importante encontrar algún sistema de proyección para mayores auditorios, lo
que le impidió dar el paso definitivo al cinematógrafo de los hermanos Lumière.

El Kinetoscope Parlor

La actividad de este genial inventor se prolongó más allá de cumplidos los ochenta años,
completando la lista de sus realizaciones tecnológicas hasta totalizar las 1.093 patentes que llegó a
registrar en vida. La arteriosclerosis, sin embargo, fue minando la salud de este inquieto anciano,
cuyo fallecimiento tuvo lugar el 18 de octubre de 1931, en West Orange, Nueva Jersey.

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