Tema 5
Tema 5
Evaluación e intervención
psicológica en problemas
depresivos
Índice
Esquema 3
Material de estudio 6
5.1. Introducción y objetivos 6
5.2. Relevancia del problema 7
5.3. Manifestación clínica de los problemas
depresivos en la tercera edad 11
5.4. Factores protectores y factores de riesgo de la
depresión de las personas mayores 16
5.5. La evaluación psicológica de los problemas
depresivos 23
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A fondo 44
Test 45
Esquema
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Problemas depresivos
Cuando le preguntamos a Adriana por los problemas médicos nos comenta que a ella
no le resultan llamativos y que se trata de «cosas de la edad». «Todas mis amigas
están igual, todo el día de médicos. De hecho, es donde nos vemos todas
últimamente, en la consulta de los especialistas. No entiendo por qué mi marido y mi
hija se preocupan, si cuando eres mayor empiezan a aparecer achaques de salud».
Al preguntarle por los despistes, nos indica que es cierto que a veces se le olvidan las
cosas, pero que no tiene mayor importancia ya que no pasan de olvidos en los
alimentos que tiene que comprar, despistes en los ingredientes que echa en la
comida u olvidos de llamadas a su hija y amigas. En relación con esto, Adriana nos
manifiesta su malestar ya que el que su marido y su hija se hayan dado cuenta de
estos despistes ha provocado que la acompañen a todas partes o que cuando vaya a
salir sola de casa, no se lo permitan por miedo a que se pierda. También ha tenido
que dejar de acudir al centro de mayores y a las clases de manualidades, «no me
gusta que mi marido tenga que acompañarme a todos los sitios donde yo quiero ir».
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Adriana comenta que todos estos hechos le están provocando bastante agitación,
tristeza, frustración y sentimientos de inutilidad.
Cuando pedimos a los familiares de Adriana que nos expliquen sus principales
preocupaciones, nos dicen que desde hace un par de años Adriana no se encuentra
Respecto a los despistes de Adriana, su marido y su hija nos explican que tenía
despistes como olvidar recados, hacer la comida con los ingredientes necesarios,
repetir mensajes reiteradamente y se le olvidaba llamar por teléfono a amigas y a su
hija. Su marido nos comenta: «el detectar estos despistes hizo que nos asustáramos
mucho ya que tememos que pueda tener Alzheimer, por eso la hemos traído al
psicólogo». «Nosotros estamos intentando ayudarla en todo lo posible, tratamos de
supervisar las actividades que hace para asegurarnos de que las hace bien. No le
permitimos salir fuera de casa sola, por miedo a que se pierda o le pase algo».
Detectamos bastante malestar por parte de los familiares, quienes indican que
«estamos desesperados, no sabemos cómo actuar porque vemos que algo está
ocurriendo y no sabemos qué puede ser. Los médicos nos dicen que no detectan
nada, sin embargo, Adriana cada vez tiene peor la memoria y se encuentra peor
físicamente. Sabemos que no le gusta que la acompañemos a la calle, que eso le
entristece y la frustra, por eso ha dejado de salir con sus amigas. Pero el hecho de
que se quede en casa tampoco le ayuda, porque la notamos mucho más agitada y
despistada». «Tampoco quiere que vengan sus amigas a verla a casa, dice que ella no
está enferma y que sus amigas no tienen por qué venir a hacerle visitas de enferma,
así que se conforma con verlas cuando acudimos al médico».
Una vez expuesto el caso de Adriana, el objetivo es tratar de dar respuesta a las
siguientes cuestiones:
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En este tema se abordan los principales contenidos teóricos que el psicólogo debe de
conocer en torno a los problemas depresivos de las personas mayores.
Partiendo de las evidencias científicas que sostienen que las prevalencias de los
trastornos depresivos en las personas mayores son elevadas, incluso la sospecha de
que estos elevados datos puedan estar enmascarados por el efecto de algunas
variables como, por ejemplo, las dificultades que pueden presentar las personas
mayores para informar de su sintomatología depresiva, todo apunta a que estamos
ante una problemática realmente importante a nivel sanitario y socioeconómico.
El hecho de que los trastornos depresivos en la vejez tengan una manifestación clínica
diferente respecto a otros grupos poblacionales con depresión hace que la
evaluación, el diagnóstico y el tratamiento de la depresión en personas mayores
resulten más complejos. Por todo ello, resulta fundamental que el psicólogo esté
formado en las características específicas de los trastornos depresivos en la vejez, en
su manifestación clínica y variables asociadas, así como en los instrumentos de
evaluación adecuados y las intervenciones psicológicas que han demostrado ser
eficaces. En este tema, se tratará de profundizar en todos estos aspectos.
Problemas
Sintomatología Trastorno Depresión
Distimia depresivos en
depresiva depresivo mayor menor
residencias
A estos datos hay que añadir que la población que se muestra más vulnerable y, por
tanto, con mayor predisposición para padecer depresión son las mujeres, las
personas mayores más mayores, personas con menor nivel socioeconómico, con
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Dentro del grupo de las personas mayores, los problemas depresivos son más
frecuentes entre los mayores-mayores. Los motivos por los que se observan más
Son varios los aspectos llamativos a resaltar relacionados con las prevalencias de los
trastornos depresivos en la vejez:
Menor prevalencia como grupo poblacional: las estadísticas sugieren que los
síntomas y problemas depresivos son menos frecuentes en las personas mayores
que en otros grupos de edad (Blazer, 2003), por lo que, a pesar de encontrarse
cifras altas de prevalencia, se trata de uno de los grupos poblacionales con menor
afectación de este tipo de trastorno afectivo.
Mientras que los dos primeros aspectos fueron analizados en el tema «Habilidades
terapéuticas para la evaluación y la intervención con personas mayores», el último
de ellos se describirá con mayor profundidad en los próximos apartados de este
tema.
Todos los datos anteriores son especialmente preocupantes dado que la depresión
en la vejez puede tener efectos relevantes en la ejecución cognitiva de las personas,
la satisfacción con la vida y el funcionamiento social y físico. A su vez, se asocia con
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Los factores a los que se asocia la depresión en la vejez, bien porque puedan
generarla o bien porque puedan ser consecuencia de esta, se muestran de manera
esquemática en la tabla 2.
No asociada a suicidios.
Mortalidad
Asociada a suicidios.
Tabla 2. Ejemplos de factores asociados a la depresión en la vejez. Fuente: adaptación a partir de Blazer
(2003).
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Una de las dificultades más importantes que se presentan para poder hacer un
diagnóstico correcto de un problema depresivo en una persona mayor está
relacionada con su propia manifestación clínica. En este sentido, los trastornos
depresivos en las personas mayores están caracterizados por una sintomatología
diferente respecto a otros grupos de edad con sintomatología depresiva. Por ello, es
fundamental que el psicólogo conozca esta manifestación clínica característica ya
que, de lo contrario, no podrá detectar y diagnosticar correctamente un trastorno
depresivo en personas mayores.
El primer paso, que generalmente llevaría a cabo todo psicólogo para diagnosticar
depresión, sería servirse de los criterios diagnósticos de un manual diagnóstico de
referencia, como puede ser el DSM-5 (2014). Si acudimos por ejemplo al DMS-5
(2014), los criterios para diagnosticar un «Trastorno depresivo mayor» serían los
siguientes (tabla 3):
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Cinco (o más) durante 2 semanas, por lo menos uno de los síntomas debe ser el 1 o el 2:
4. Insomnio e hipersomnia.
Asimismo, el DSM-5 (2014) nos indica que el trastorno debe generar un importante
sufrimiento emocional y físico a las personas que lo padecen. Y que estos síntomas
deben causar malestar clínicamente significativo o problemas en áreas importantes
para la persona (social, ocupacional, familiar, etc.).
Sin embargo, a pesar de que los manuales diagnósticos al uso plantean criterios como
los comentados en el párrafo anterior, los problemas depresivos en la vejez no
suelen reconocerse y tratarse. Junto a los comentados en el apartado anterior, son
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Existe poca formación especializada para el trabajo con personas mayores con
problemas emocionales.
Aunque, como se verá a continuación, son múltiples los factores que pueden
contribuir al origen o mantenimiento de los problemas depresivos en la vejez, no hay
que perder de vista el enfoque del ciclo vital a la hora de entender el problema.
Como se describió en el tema «La Psicogerontología: conceptos fundamentales», el
envejecimiento es un proceso que se ve afectado por circunstancias que han ocurrido
a lo largo de todo el ciclo vital de las personas. En este sentido, de acuerdo con Fiske
y colaboradores (2009), a lo largo de la vida se producen factores de riesgo y
factores protectores que contribuirán a la probabilidad de que aparezcan los
problemas depresivos.
Según lo comentado, Fiske y colaboradores (2009) proponen que en cada etapa vital
(diferenciando entre infancia/adolescencia, etapa adulta y vejez) van a tener un
mayor peso determinados factores y no otros en la probabilidad de desarrollar
problemas depresivos. En la tabla 6 se enumeran estos factores.
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Etapa adulta: los principales factores de riesgo para padecer depresión en la edad
adulta son los problemas de ansiedad y problemas cardiovasculares. Por el
contrario, la implicación en actividades y la percepción que tenga la propia
persona sobre su maestría parecen actuar como factores protectores de
sintomatología depresiva en esta etapa vital.
Insomnio.
Riesgo genético. Problemas de Sucesos vitales
Sucesos vitales estresantes. ansiedad. estresantes.
RIESGO
Neuroticismo. Problemas Interrupción de
Depresión previa. cardiovasculares. actividades.
Deterioro cognitivo.
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El modelo biopsicosocial
Siguiendo esta última idea de Fiske y colaboradores (2009), que sostiene que los
trastornos depresivos en la vejez suelen ser el resultado de la interacción de diversos
factores, resulta pertinente retornar al modelo biopsicosocial que estudiamos en los
primeros temas de la asignatura. En este sentido, el modelo biopsicosocial sería el
marco en el cual se integrarían los diferentes factores que pueden influir y estar
interaccionando entre sí para dar lugar a la sintomatología depresiva característica
de las personas mayores. A continuación, para profundizar más en el análisis de los
diferentes factores que contribuyen a predecir los trastornos depresivos en las
personas mayores, se describen algunos de ellos:
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Los factores biológicos pueden ser la causa (por ejemplo, aumentan el estrés al que
está sometida la persona o reducen recursos como la autoestima o la autoeficacia) o
la consecuencia de problemas depresivos (por ejemplo, limitan la adherencia a
tratamientos).
Factores psicológicos
Sin embargo, a pesar de que gran parte de las personas mayores se enfrenta a
problemas o estresores, la mayoría no tiene problemas de depresión. Desde el
enfoque de los modelos de estrés, existen variables moduladoras que pueden influir
en que los estresores no afecten a las personas. Así, el apoyo social, un locus de
Por otra parte, desde un punto de vista conductual, las personas mayores se
enfrentan a una importante reducción de reforzadores. La jubilación (en muchos
casos no deseada) recorta los contactos sociales y la sensación de valía de las
personas y, a su vez, se asocia con una importante reducción de ingresos económicos.
Por último, no hay que perder de vista que, tal y como demostraron los estudios de
Margaret Baltes (Baltes y Wahl, 1992), existe una tendencia generalizada (tanto en
contextos residenciales o de salud como en domicilios) de reforzar conductas
dependientes y no prestar atención o castigar conductas independientes, lo que
podría contribuir al mantenimiento de la sintomatología depresiva de las personas
mayores.
Por ejemplo, es posible que una persona mayor no reciba atención cuando realiza
actividades adaptativas o sea recriminada por realizar actividades independientes (ir
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sola en autobús) pero, sin embargo, sí que reciba sistemáticamente atención cuando
manifiesta conductas dependientes o de llamadas de atención (llanto). Si las personas
comprueban (consciente o inconscientemente) que solo se les hace caso cuando
están mal, tenderán a mantener ese estilo de comportamiento, limitando y poniendo
Factores sociales
Al igual que se señaló para los factores anteriores, muchas de estas actividades
actúan como fuentes restrictoras de la implicación de las personas en actividades
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significativas.
Como ocurre ante la mayoría de los problemas de salud (tanto mentales como
físicos), resulta necesario un abordaje que permita captar la naturaleza
Procedimientos
Entrevistas diagnósticas
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Entrevista general
Registros de conducta
Con el objetivo de realizar y confirmar el análisis funcional del problema, así como
con el de obtener información clave para la terapia, se diseñan a lo largo del proceso
terapéutico diferentes registros que serán completados por los pacientes en el
contexto natural de su día a día. Si bien el diseño de cada registro dependerá de las
variables que se consideren relevantes para el caso, es frecuente solicitar registros
sobre la actividad que realiza la persona a lo largo de la semana o sobre situaciones
que les generan malestar (qué piensan y sienten en tales situaciones).
La utilidad de las escalas que se comentan en este apartado tiene que ver con que
permiten cuantificar la gravedad del problema. Esto puede facilitar el contar con
puntuaciones a lo largo del proceso terapéutico que permitan conocer si se está
teniendo éxito o no y en qué medida este éxito es clínicamente significativo. A
continuación, se describen algunas de las escalas más utilizadas para la evaluación
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Esta escala se diseñó específicamente para su uso con personas mayores. Si bien la
escala consta de 30 ítems con opciones de respuesta sí o no, existen versiones más
breves.
Hay una versión adaptada al castellano por Izal y Montorio (1993) que tiene puntos
de corte que permiten valorar la gravedad de la sintomatología en términos de
depresión moderada y severa. Una limitación de esta escala es que la evidencia para
su uso con personas con deterioro cognitivo es cuestionable.
Esta escala se diseñó para ser utilizada en estudios epidemiológicos con la población
general y mostró alta consistencia interna en diferentes grupos de edad. Consta de
20 ítems con cuatro opciones de respuesta. Tiene un punto de corte que permite
discriminar entre personas con riesgo de depresión clínica y sin riesgo. Se han
realizado validaciones al español de la escala (por ejemplo, Losada et al., 2012) y
existe también una versión breve.
Esta escala mide, a través de 19 ítems con tres opciones de respuesta, el estado de
ánimo y signos relacionados, alteraciones de conducta o de ideas, etc. en personas
con deterioro cognitivo. Se administra tanto al paciente como a una persona cercana,
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normalmente un familiar. Al igual que las anteriores escalas, tiene un punto de corte
y también ha sido validada al castellano (Pujol, Azpiazu, Salamero, Cuevas, 2001).
Así, por ejemplo, existen factores de riesgo agudos, como puede ser el
enviudamiento, o factores más generales, como tener más de 80 años de edad, una
historia de problemas psicopatológicos (incluidos intentos previos de suicidio),
desesperanza, soledad o aislamiento social, problemas financieros o familiares y
contar con un plan o método de suicidio. Existen, a su vez, factores protectores
como, por ejemplo, las creencias religiosas o preocupaciones por la familia.
Sin duda alguna, una de las dimensiones más relevantes para las personas. Existen
escalas que permiten obtener información de interés sobre la existencia de
problemas asociados a las relaciones familiares de las personas. Una escala breve
validada al castellano para evaluar esta dimensión es la escala APGAR (Bellón,
Delgado, Luna y Lardelli, 1996), que evalúa la satisfacción de la persona con las
relaciones familiares, proporcionando una puntuación que indica funcionalidad o
disfuncionalidad en tales relaciones.
Tal y como señalan Laidlaw y Kishita (2015), en el contexto de las terapias cognitivo-
conductuales, existe un importante debate sobre si los terapeutas deben modificar
o adaptar técnicas de intervención para el trabajo con personas mayores. Estos
autores revisan diferentes trabajos que concluyen que las intervenciones estándar
no modificadas para personas mayores son eficaces, no existiendo diferencias
significativas entre los efectos de las terapias con personas mayores y personas
adultas. Sin embargo, dado que los estudios que se han realizado incluyen muestras
de personas de unos 60-70 años de edad media, señalan que esta cuestión no está
resuelta para los grupos de personas mayores de 80 o 90 años.
Según las aportaciones de los diferentes autores, parece ser que no siempre va a
resultar necesario adaptar las terapias psicológicas a las personas mayores con
problemas depresivos. En este sentido, parece que algunas intervenciones dirigidas
al tratamiento de la sintomatología depresiva son igual de eficaces en personas
mayores que en personas más jóvenes, no requiriendo ningún tipo de adaptación.
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Sin embargo, es importante tener presente que algunas personas mayores sí que van
a necesitar de determinadas adaptaciones de las terapias psicológicas a sus
características específicas. En esta línea, podría decirse que la adaptación no va a
venir determinada por formar parte del grupo poblacional de personas mayores,
Son diversas las terapias psicológicas que han demostrado ser eficaces en población
mayor con depresión. Diferentes metanálisis muestran que las intervenciones
psicológicas son eficaces para la depresión en la vejez (Cuijpers, Karyotaki, Pot, Park
y Reynolds, 2014). Scogin y colaboradores (2005) realizaron un trabajo a través del
cual identificaron terapias psicológicas que cumplían los criterios para ser
catalogadas como basadas en la evidencia. A continuación, se describen estas
intervenciones.
Terapia cognitivo-conductual
Terapia conductual
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Biblioterapia
Se entrena a los participantes para que puedan definir los problemas y plantear
objetivos razonables, generar tareas alternativas que ayuden a reducir las
consecuencias negativas de los mismos, tomar decisiones para elegir una estrategia
que permita solucionarlos y evaluar los resultados del proceso.
Reminiscencia
La terapia de reminiscencia es, comparada con las anteriores, la única que ha sido
desarrollada específicamente para su uso con personas mayores. Pretende ayudar
5.7. Conclusiones
A modo de síntesis, las principales conclusiones que se pueden extraer de este tema
son:
Los trastornos depresivos en las personas mayores están caracterizados por una
sintomatología diferente respecto a otros grupos de edad con sintomatología
depresiva. Resulta fundamental que el psicólogo sepa detectar correctamente la
sintomatología para poder hacer un diagnóstico correcto y un tratamiento adecuado.
Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F. y Emery, G. (1979). Cognitive Therapy of Depression.
Nueva York: John Wiley & Sons.
Bellón, J. A., Delgado, A., Luna, J. D. y Lardelli, P. (1996). Validity and reliability of the
family Apgar family function test. Atención Primaria, 18, pp. 289-296.
Cuijpers, P., Karyotaki, E., Pot, A. M., Park, M. y Reynolds, C. F. (2014). Managing
depression in older age: psychological interventions. Maturitas, 79, pp. 160-169.
Fernández, V., Márquez, M., Losada, A., García, P. E. y Romero, R. (2013). Diseño y
validación de las Escalas de evaluación del impacto psicológico de sucesos vitales
pasados: el papel del pensamiento rumiativo y el crecimiento personal. Revista
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Fiske, A., Wetherell, J. L. y Gatz, M. (2009). Depression in Older Adults. Annual Review
of Clinical Psychology, 5, pp. 363-389. Recuperado de:
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2852580/pdf/nihms-192082.pdf
Gázquez, J. J., Pérez, M. C., Lucas, F. y Yuste, N. (2008). Prevalencia de los trastornos
mentales en la población mayor. Anales de Psicología, 24, pp. 327-333.
Levy, B. R., Ferrucci, L., Zonderman, A. B., Slade, M. D., Troncoso, J. y Resnick, S.M.
(2016). A culture-brain link: Negative age stereotypes predict Alzheimer's disease
biomarkers. Psychology & Aging, 31, pp. 82-88.
Radloff, L. S. (1977). The CES-D scale: A self-report depression scale for research in
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Schaie K. W. y Willis S. L. (Eds.). (2010). Handbook of the Psychology of Aging (7ª ed.).
Nueva York: Academic Press.
Scogin, F., Welsh, D., Hanson, A., Stump, J. y Coates, A. (2005). Evidence-based
psychotherapies for depression in older adults. Clinical Psychology: Science and
Practice, 12, pp. 222-237.
Zarit, S. H. y Zarit, J. M. (2011). Mental Disorders in Older Adults. Nueva York: Guilford.
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Depresión
¿Qué otras problemáticas tendrías que analizar en el caso para poder hacer un
diagnóstico diferencial correcto?
En este documento se analizan los obstáculos existentes para una exitosa evaluación
de la sintomatología depresiva en personas mayores y se ofrecen estrategias para
resolverlos.
Scogin, F., Welsh, D., Hanson, A., Stump, J. y Coates, A. (2005). Evidence-Based
Psychotherapies for Depression in Older Adults. Clinical Psychology:Science and Practice,
12, pp. 222-237.
5. Tras una primera entrevista con Paco (70 años), sospechas que puede tener
depresión, por lo que te planteas diseñar el protocolo de evaluación adecuado que
te permita hacer un correcto diagnóstico de Paco. ¿Cuál de los siguientes
instrumentos de evaluación va a ser más adecuado incluir en tu evaluación?
A. CES-D.
B. STAI
C. GDS.
D. BDI.
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D. Hay que tomarlos con cautela porque no han sido elaborados con población
mayor.