Liceo Pedagógico
Cundinamarca
Jóvenes constructores
Guía de trabajo
lectura crítica
Docente: Ingrid Laiton
Grado: Séptimo
Correo electrónico docente: ilaiton.lipecun.edu.co
Estudiante:
CONTENIDO / TALLER
RUBRICA
Items Nota Nota Final
Identificación del vocabulario desconocido 2
Subrayar ideas principales y secundarias 3
Desarrollo del taller 5
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
http://literaticsruu.blogspot.com/2012/07/comprension-de-lectura-la-mata-tomas.html
“LA MATA” Tomás Carrasquilla.
Vivía sola, completamente sola, en un cuarto estrecho y sombrío de cabo de barrio.
Sus nexos sociales no pasaban de la compra, no siempre cotidiana, de pan y
combustible, en algún ventorrillo cercano; del trato con su escasa clientela, y de
sus entrevistas con el terrible dueño del tugurio. Este hombre implacable la
amenazaba con arrojarla a la calle, cada vez que le faltase un ochavo siquiera del
semanal arrendamiento. Y, como pocas veces completaba la suma, vivía
pendiente de la amenaza.
Después de ensayar con varios oficios, vino a parar en planchadora de
parroquianos pobres; que para ricos no alcanzaban sus habilidades. Faltaba el
trabajo con frecuencia, y entonces eran los ayunos al traspaso. El hambre, con
todo, no pudo lanzarla a la mendicidad.
Era uno de esos seres a quienes la rueda de la vida va empujando al rodadero, sin
alcanzar a despeñarlos. Más que vieja, estaba maltrecha, averiada por la miseria
y las borrascas juveniles. De aquella hermosura soberana, que vio a sus plantas
tantos adoradores, no le quedaba ni un celaje. De sus haberes y preseas de los
tiempos prósperos, sólo guardaba el recuerdo doloroso. De aquel naufragio no
había salvado más que el cargamento de los desengaños.
Su historia, la de tantas infelices: de cualquier suburbio vino, desde niña, a servir a
la ciudad; pronto se abrió al sol de la mañana aquella rosa incomparable, y.… lo
de siempre. ¡Pobre flor!
Dos hijos tuvieron y fueron su tormento. El varón huyó de ella y se fue lejos, no bien
se sintió hombrecito. Su hija, un ángel del cielo, la recogió el padre, a los primeros
balbuceos, donde nunca supiese de su madre.
Ni un amigo ni una compañera le quedaban en su ocaso, a ella que los tuvo sin
cuento en su cenit; ni una palabra de conmiseración a ella que oyera tantas
lisonjas. Y, las pocas veces que imploró un socorro, de algún bolsillo en otros tiempos
suyo, no obtuvo ni siquiera una respuesta. El desprecio de los unos, el
desconocimiento de los otros, caían sobre ella como la piedra mosaica sobre la
hebrea infiel. La pobre mariposa, ya ciega, sin esmaltes ni tornasoles, se recogió, en
su espanto, para morir entre el polvo abrigado de la gruta.
En su anonadamiento no pensaba en el cielo ni en la tierra; no pensaba en nada
que pudiera redimirla. ¡Qué iba a pensar la infeliz! Sólo sentía el hambre de la bestia
que ya no puede buscarse el alimento; sólo el frío del ave enferma que no
encuentra el nido.
El hambre material... ¡muy horrible, muy espantosa! Pero esta otra del corazón; esta
necesidad de un ser a quién amar, con quién compartir la negra existencia; esta
soledad de la vejez no podía, no era capaz de arrostrarla.
Consiguió un gato, un gato muy hermoso. Pero los gatos, lo mismo que el amigo,
huyen de las casas donde el hogar no arde. Dos veces tuvo loro, y uno y otro
murieron de inanición. Su desgracia les alcanza hasta a los pobres animales. Si ella
consiguiera una compañera que no comiese... pero ¿cuándo?
Un día, al pasar por la calleja un carro con enseres de una familia en mudanza,
cayó junto a su puerta un tiesto con una planta. Como se hiciera trizas, lo dejaron
allí abandonado. Tomó ella la raíz, sembró la en un cacharro desfondado y lo puso
en un rincón, junto a la entrada.
Antes de un año era una planta que llamaba la atención de los transeúntes.
Regarla, quitarle las hojas secas, ponerle abono, era su dicha; una dicha muy
grande y muy extraña. Tan extraña, que siempre recordaba a su hijita, las pocas
veces que pudo peinarla y componerla. Le propusieron comprársela a muy buen
precio. ¿Vender ella su mata? ¡Si le parecía que era persona como ella; que era
algo suyo; que la acompañaba; que sabía lo que pensaba! su cuchitril no se le
hacía ya tan triste ni tan feo. Y la pobre, autosugestionada por esta idea, ya ponía
algún esmero en el aseo y arreglo del cuartucho.
La planta iba creciendo a la sombra, como si Dios la bendijese. Y Dios la bendecía,
porque consolaba a un alma triste. Un día llegó un brazo hasta el dintel, otro levantó
un renuevo, otro se curvó en arco. Su dueña entonces clavó dos varas, amarró el
tallo, y la guirnalda de brillante follaje y de campánulas purpúreas se fue
extendiendo, pomposa y exuberante, hasta formar un dombo. Las gentes se
paraban a contemplar tanta gentileza y galanura. La pobre mujer, menos
cohibida, mandaba entrar a los curiosos para que viesen todo aquello. Hasta una
señora muy lujosa entró un día.
Su mata la iba volviendo al trato con las gentes; le iba dando nombre. Ya no se
sentía tan despreciada ni tan abatida. Como ya podían verla los extraños, no era
tan descuidada en su vestido, y sacudía las paredes y aderezaba sus pobres
trebejos con el primor que en la miseria quepa. Día por día iba aumentando el
aseo. Tanta limpieza le atrajo más clientela y se hizo célebre en el barrio. El cuarto
de María Engracia se citaba como una tacita de plata.
Una mañana entraron dos señoras a contemplar la mata. Admiradas del aspecto
de aquella vivienda mísera, que la pulcritud hacía agradable, se deshicieron en
elogios. Esa noche hizo lo que no hiciera desde sus tiempos de servicio: rezó a la
Virgen el rosario entero. Otro día sacó de un baúl, donde se apolillaba en el olvido,
un cuadrito de la Dolorosa. Colgó lo sobre su cabecera y le puso un ramo, el
primero que cogía de la mata. Un domingo fue a misa de alba.
Aquel espíritu, que parecía muerto, resucitaba. Tal lo entendía ella. Todo era un
milagro, un milagro que le hacía nuestro Padre Jesús de Monserrate, por medio de
la mata. Sí: Él era. Recordó, entonces, que un domingo, en sus tiempos tormentosos,
al bajar del cerro con otras compañeras, le había dejado una tarjeta, en la última
estación. Recordaba todo, punto por punto; su amiga Ana, que era muy instruida
y muy tremenda, tomo un lápiz y puso al pie del nombre de este modo: "Acuérdate
de mí, que soy una triste pecadora". Y todo esto, que tenía olvidado por completo,
¿por qué lo recordaba ahora, como si lo estuviese presenciando? Pues, por
milagro...
Al sábado siguiente se postraba ante un confesor. No fue poco el pasmo de los
vecinos cuando la vieron arrodillada en el comulgatorio para recibir la Santa
Forma. De ahí adelante llevó vida piadosa interior y exteriormente. La mata, más
lozana y florida cada día, llegó a ser para ella un ser sobrenatural, enviado por Jesús
de Monserrate para su enmienda y tutela.
Entre tanto se iba sintiendo muy enferma y quebrantada. Le daban palpitaciones
con frecuencia; con frecuencia se le iba el mundo, y más de un vértigo la
desvaneció en la iglesia. Presentía su fin muy próximo, pero sin pena: antes bien con
una dulce serenidad. ¡Si ella pudiera trasplantar su mata sobre su sepultura!
Un día llegó furioso el dueño del cuartucho. Sólo a una malvada como ella se le
ocurría poner ese matorral, para tumbar el cuarto con la humedad. Si no sacaba
al punto aquella ociosidad la echaba a la calle con todo y sus corotos.
Ella se pone a llorar, sin que piense ni en tocar la mata. Por la tarde torna el hombre
y arremete a bastonazos contra cacharro, flores y follaje. Tira todo a la calle y hace
sacar los muebles enseguida. María Engracia se desploma, presa de un síncope.
De allí la llevan para el hospital. En sus delirios ve su mata frente a su cama, como
el arco de triunfo para entrar al paraíso. Y al amanecer de un domingo, cae para
siempre en la red infinita de la Misericordia.
TALLER
Después de realizar la lectura “La Mata” de Tomás Carrasquilla, trabaja sobre las
siguientes cuestiones:
1. ¿Cómo plantea Carrasquilla su personaje?
2. Crees que el lenguaje que plantea Carrasquilla es Romántico ¿Por qué?
3. ¿Qué significado tiene la Mata tanto para el autor del texto como para su
personaje?
4. Elabora un Epilogo al cuento, trata de escribir en términos reflexivos acerca del tema
que aborda y desarrolla.
5. Los signos de puntuación hacen parte determinante del texto, además de los
términos de unión. Explica cada una de las expresiones que se hallan a
continuación:
a. ¡Si ella pudiera trasplantar su mata sobre su sepultura!
b. "Acuérdate de mí, que soy una triste pecadora". Y todo esto, que tenía olvidado
por completo, ¿por qué lo recordaba ahora, como si lo estuviese presenciando?
Pues, por milagro...
c. ¿Vender ella su mata? ¡Si le parecía que era persona como ella; que era algo suyo;
que la acompañaba; que sabía lo que pensaba!
d. Si ella consiguiera una compañera que no comiese... pero ¿cuándo?
e. ¡Qué iba a pensar la infeliz! Sólo sentía el hambre…
f. pronto se abrió al sol de la mañana aquella rosa incomparable, y.… lo de siempre.
¡Pobre flor!
6. Realiza una argumentación a modo de reflexión sobre el texto: obvia palabras
como: que… el texto…. Esto nos muestra… esto nos enseña.
7. Completa los sinónimos y antónimos para las siguientes palabras.
Celaje – borrasca – preseas – balbuceos – maltrecha – cenit – lisonjas – inanición –
transeúntes - cuchitril – pomposo – exuberancia – dombo – lozano – ociosidad –
síncope.
8. Qué tipo de narrador se halla en el texto y justifica porqué.
Completar a modo de anáfora el párrafo 16 “Todo era un milagro” su estructura debe
constar de 10 versos libres.
9. Realice una caricatura del texto.
10. Escriba su opinión argumentada sobre el texto