Clima escolar
El clima escolar está definido como la cualidad del ambiente escolar experimentado
por los estudiantes, docentes y directivos, que al basarse en la percepción que poseen
sobre el contexto escolar, determina sus conductas (Hoy y Miskel, 1996). Desde
la investigación educativa, indagar acerca de los procesos de interacción escolar
implica involucrarnos en una esfera subjetiva, caracterizada por la búsqueda de
elementos que le dan sentido a la realidad vivida en la cotidianidad de la escuela;
razón por la que se realiza la presente investigación, que tuvo como objetivo
fundamental caracterizar el clima escolar en la Institución Educativa Distrital (IED),
como base para el mejoramiento de la convivencia en las escuelas del Distrito de
Barranquilla. Para lograr tal fin se diseñó una metodología de tipo descriptivo-
analítico de corte transversal, en la que se tomó una muestra de 152 estudiantes e
igual número de docentes y directivos de las instituciones educativas oficiales de la
ciudad de Barranquilla, a quienes se les aplicó una adaptación del “Protocolo para la
Medición de la convivencia en los Centros Educativos no Universitarios de la
Comunidad Autónoma de Aragón” (Gómez, Puyal, Sanz, Elboj y Sanagustin, 2006). Los
resultados indican que se percibe un clima escolar bueno (68,7% estudiantes y 70%
docentes y directivos). Un 97.1% de los estudiantes considera que lo que los motiva a
ir a la escuela es su deseo de aprender y que se trata de un escenario para obtener un
mejor futuro (86%). El 78% de la muestra considera que la escuela le proporciona
tranquilidad y un 78% la concibe como un lugar para compartir entre pares. La
información cualitativa obtenida de observaciones y entrevistas indica que la
interacción presenta escenarios de irrespeto que conducen a la generación de
conflicto escolar, tales como irrespeto, enfrentamiento entre pares, egoísmo, ofensas
verbales, apodos, burlas y agresiones físicas, hurto, extorsión, amenaza y daño en el
bien ajeno.
Tipos de clima escolar
La tipología de este término depende del punto de vista de cada autor y aunque dificulta el
trato del problema, obstaculizando su distinción y comprensión, es importante abordar en
ellos.
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Nora Molina de Colmenares e Isabel Pérez de Maldonado en su trabajo titulado “El
clima de relaciones interpersonales en el aula”, refieren que numerosos autores han
propuesto diferentes clasificaciones para tipificar el clima escolar y del aula; sin
embargo, todos los autores coinciden en que tanto el clima escolar como el de aula
se desarrollan entre dos extremos: uno favorable, que representa un clima abierto,
participativo, ideal, coherente, en el cual existiría mayor posibilidad para la
formación integral del educando desde el punto de vista académico, social y
emocional, puesto que existirían más oportunidades para la convivencia armónica.
El otro extremo sería desfavorable y estaría representado por el clima cerrado,
autoritario, controlado y no coherente, donde imperan las relaciones de poder, de
dominación y de control, porque no se estimulan los procesos interpersonales, ni la
participación libre y democrática, por lo cual, se producen comportamientos
individuales y sociales hostiles, que inciden negativamente en la convivencia y el
aprendizaje (Molina de Colmenares, 2017).
Jaime Tejeda Navarrete, indica los siguientes tipos (Tejeda Navarrete J. , 2017):
Clima de clase: "percepción del estudiante de los aspectos psicosociales del grupo de
clase que influye en el aprendizaje"
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Clima escolar: "percepciones de los estudiantes o del profesor sobre el ambiente
sociológico que facilita al aprendizaje"
Clima abierto: Decisiones conjuntas profesor-estudiantes respecto a metas, medios y
ritmo de aprendizaje, en lugar de solo control por parte del profesor o estudiante.
Clima docente: tipo de clima-autoritario que controla el proceso de aprendizaje.
Clima de hogar: conductas y procesos desarrollados por parte de los padres que
proporcionan estimulación intelectual y emocional para el desarrollo general de sus niños y
del aprendizaje escolar.
Los tipos enunciados nos llevan a discernir que no existe una tipificación estándar. Si bien
los autores mencionados coinciden en algún tipo; sin embargo, debe aceptarse que los
tipos de climas obedecen a la concepción que tienen sobre el tema.
Numerosos autores han propuesto diferentes clasificaciones para tipificar el clima escolar y
del aula; sin embargo, todos los autores coinciden en que tanto el clima escolar como el de
aula se desarrollan entre dos extremos: uno favorable, que representa un clima abierto,
participativo, ideal, coherente, en el cual existiría mayor posibilidad para la
formación integral del educando desde el punto de vista académico, social
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y emocional, puesto que existirían más oportunidades para la convivencia
armónica. El otro extremo sería desfavorable y estaría representado por el clima
cerrado, autoritario, controlado y no coherente, donde imperan las relaciones
de poder, de dominación y de control, porque no se estimulan los procesos
interpersonales, ni la participación libre y democrática, por lo cual, se producen
comportamientos individuales y sociales hostiles, que inciden negativamente en
la convivencia y el aprendizaje (Molina y Pérez, 2006f).
2.1.6. Dimensiones del clima escolar y de aula
El clima social escolar está condicionado por una serie de factores que,
mediatizados por los procesos de enseñanza y aprendizaje, podrían clasificarse
en cuatro grandes categorías: el medio ambiente, los comportamientos y
actitudes personales, los aspectos organizativos y de funcionamiento y la
dinámica interna que se da en el aula (Villa Sánchez y Villar Angulo, 1992 citado
en Molina y Pérez, 2006).
Por otra parte, se puede considerar para el estudio del clima escolar y de aula,
un conjunto de variables agrupadas en lo que denomina contextos del clima. A
continuación se presenta una breve descripción de cada contexto: (a) El
contexto interpersonal, referido a la percepción que tienen los alumnos de la
cercanía de las relaciones que mantienen con los profesores y de la
preocupación que estos muestran ante sus problemas;
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(b) El contexto regulativo: que se refiere a la percepción de los alumnos de las
reglas y las relaciones de autoridad en la escuela; (c) El contexto instruccional:
que abarca las percepciones de los alumnos respecto al interés o desinterés que
muestran los profesores por el aprendizaje de sus alumnos; (c) El contexto
imaginativo y creativo que se refiere a los aspectos ambientales que estimula a
recrear y experimentar (Bernstein, 1989 citado en Molina y Pérez, 2006).
Diversos estudios, realizados en diferentes contextos y con distintos
instrumentos, hablan de una relación directa entre un clima escolar positivo y
variables como: variables académicas: rendimiento, adquisición de habilidades
cognitivas, aprendizaje efectivo y desarrollo de actitudes positivas hacia el
estudio, citados en Cornejo y Redondo (2001).
El mismo autor manifiesta que la calidad de vida escolar estaría asociada a:
sensación de bienestar general, sensación de confianza en las propias
habilidades para realizar el trabajo escolar, creencia en la relevancia de lo que se
aprende en la escuela, identificación con la Institución Educativa, interacciones
con pares, interacciones con los profesores.
Según Blanco Bosco, (2007) El clima del aula puede conceptuarse a través de
tres dimensiones:
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Una dimensión cultural: que comprende las definiciones de alumnos/as y
maestro/a sobre el sentido de la situación de aula y las posibilidades de
aprendizaje, así como el rol que le corresponde a cada uno de los actores
dentro del aula.
Una dimensión grupal: referida al tipo de relaciones que se establecen entre
los alumnos, y entre estos y el maestro. Este tipo de relaciones, que implican
percepciones compartidas en términos de confianza y afecto, dependen de
factores tanto normativos como afectivos.
Una dimensión motivacional: que comprende el grado de satisfacción que
alumnos/as y maestros/as tienen respecto de la situación de aprendizaje, así
como el entusiasmo compartido por aprender y enseñar.
Partiendo de lo expuesto, se puede deducir que, es el clima de aula el invitado
especial en el quehacer pedagógico. El clima escolar y de aula es un factor que
está siendo motivo de estudio y dedicación al plantear los desafíos de
aprendizajes en los alumnos y alumnas. Pues, no solo considera las relaciones
interpersonales que se generan en el interior de los colegios o aulas, las que
pueden ayudar o perjudicar un ambiente de compañerismo y de buena
convivencia en las relaciones interpersonales,
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sino que también como el clima está en relación con los aprendizajes de
alumnos.
El clima escolar como el de aula se desarrolla entre dos extremos: uno favorable,
que representa un clima abierto, participativo, ideal, coherente, en el cual
existiría mayor posibilidad para la formación integral del educando desde el
punto de vista académico, social y emocional, puesto que existirían más
oportunidades para la convivencia armónica.
El otro extremo sería desfavorable y estaría representado por el clima cerrado,
autoritario, controlado y no coherente, donde imperan las relaciones de poder,
de dominación y de control, porque no se estimulan los procesos
interpersonales, ni la participación libre y democrática. Por lo cual, se producen
comportamientos individuales y sociales hostiles, que inciden negativamente en
la convivencia y el aprendizaje. De esta manera, se destaca que el aula como
medio escolar es un factor activo en la configuración de oportunidades
educativas. Por lo que, los ambientes creados dentro del aula deben ofrecer las
mismas oportunidades educativas a todos/as los alumnos/as, de modo que,
dependiendo de este ambiente, habrá alumnos y alumnas que tengan las
mismas probabilidades de recibir una respuesta educativa adecuada para todos
y todas.
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Sin embargo, es en las aulas de clase, donde se reproducen actitudes y
comportamientos que se observan a diario en las personas que se desenvuelven
en la vida pública. Entre ellas, las actitudes de discriminación e intolerancia,
indisciplina, conflictos, disrupciones, violencia etc.
De acuerdo a Thapa, A. (2017), existen cinco dimensiones relacionadas con el
clima escolar:
Seguridad: Sentirse seguro emocional y físicamente es una condición
básica para que las y los estudiantes puedan aprender, no se ausenten
de la escuela y no desarrollen ansiedad, angustia y depresión. Aquellos
estudiantes que habitan en ambientes hostiles y violentos y en los
cuales el acoso escolar es el común denominador tienden a tener un
desempeño académico bajo y más grave aún, sus capacidades de
aprendizaje se ven amenazadas.
Sentirse seguro en la escuela promueve poderosamente al estudiante
aprendizaje y desarrollo saludable (Devine, 2007). En las escuelas sin
normas de apoyo, estructuras y relaciones, los estudiantes son más
propensos a experimentar violencia, victimización y medidas
disciplinarias punitivas, a menudo acompañadas de altos niveles de
ausentismo y rendimiento académico reducido.
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b) Relaciones: En aquellas escuelas en las cuales los estudiantes se
sienten más conectados con la institución y al mismo tiempo perciben
una relación positiva con sus docentes, la probabilidad de que se
presenten problemas de comportamiento es mucho menor.
El proceso de enseñanza y aprendizaje es fundamentalmente
relacional, los patrones de normas, metas, valores e interacciones que
dan forma a las relaciones en las instituciones educativas. Uno de los
aspectos más importantes de las relaciones, son las formas en que las
personas se sienten conectadas unas con otras.
Los climas escolares comprensivos y receptivos tienden a fomentar un
mayor apego. a la escuela y brinda la base óptima para la vida social,
emocional y académica de estudiantes de escuela media y secundaria.
Si la relación profesor-alumno es negativa y conflictiva en el jardín de
infantes, es más probable que el alumno tenga problemas de conducta
y académicos en el futuro.
Además, según E. Skinner y Belmont las interacciones de los profesores
con los estudiantes pueden afectar directamente el compromiso
conductual y emocional de los estudiantes en el aula (Skinner, 1993).
Los mismos autores afirman que cuando los maestros apoyan e
interactúan positivamente con estudiantes,
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entonces los estudiantes son más propensos a participar y comportarse
de manera apropiada.
c) Enseñanza y aprendizaje: La enseñanza y el aprendizaje
representan uno de los aspectos más importantes del clima escolar.
Los maestros deben esforzarse en definir estrategias pedagógicas que
den forma al ambiente de enseñanza y aprendizaje donde la
participación y el trabajo cooperativo son elementos fundamentales.
Un clima escolar favorable promueve en los estudiantes habilidades
para aprender. Además, contribuye a un aprendizaje cooperativo, a la
cohesión de los grupos, el respeto y la confianza entre ellos. Un clima
escolar favorable está también asociado con las creencias que tienen
los docentes sobre la capacidad de influir de manera positiva en el
aprendizaje de los estudiantes. En esta dimensión es posible situar los
dos factores que se tienen en cuenta en el componente de ambiente
escolar del I.E.: seguimiento al aprendizaje y ambientes propicios para
el aprendizaje en el aula.
La investigación apoya la idea de que un clima escolar positivo
promueve las habilidades para aprender Un clima escolar positivo
promueve el aprendizaje cooperativo, grupo cohesión, respeto y
confianza mutua. Se ha demostrado que estos aspectos particulares
mejorar directamente el entorno de aprendizaje.
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Una serie de estudios correlaciónales demuestran que el clima escolar
está directamente relacionado con el rendimiento académico. Además,
también hay evidencia de que el efecto del clima escolar positivo no
sólo contribuye al logro del estudiante en forma inmediata, su efecto
parece persistir durante años
d) Ambiente institucional: Se refiere al nivel de conexión que tienen
los estudiantes con la escuela. El nivel de conexión es un poderoso
predictor que está asociado a la salud de los estudiantes y sus logros
académicos, e igualmente, con la prevención de la violencia, la
satisfacción de los estudiantes, el manejo de los problemas y los
espacios físicos como una dimensión que impacta el sentimiento de
seguridad y conexión que tienen los estudiantes con sus instituciones
educativas.
e) Procesos de mejoramiento institucional: Los cambios que buscan
mejorar diferentes aspectos de la vida institucional - desde el
mejoramiento de los aprendizajes hasta la adopción de nuevos
modelos de enseñanza- dependen en gran parte de un clima escolar
que favorezca el cambio. Un clima escolar positivo, contribuye a que
los diferentes miembros de la comunidad educativa trabajen en
función de alcanzar unas metas determinadas no solo porque ellos se
sienten seguros sino porque han desarrollado un nivel importante de
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conexión. Significa entonces, que una institución educativa interesada
en hacer transformaciones de alto impacto podrá llevarlas a cabo
siempre y cuando goce de un clima escolar favorable. De otra manera,
las transformaciones serán limitadas
Se considera que un clima adecuado es aquel en el que la dinámica de
las relaciones que se establecen entre los diversos actores propicia la
comunicación y el trabajo colaborativo; existe cierto nivel de armonía;
el nivel de conflictividad es mínimo; existen canales adecuados de
comunicación y reconocimiento y estímulo a los distintos actores por
su desempeño. Se da, además, un alto grado de satisfacción de los
distintos agentes con el desempeño general de la escuela, el propio y
el del resto de los agentes educativos; se generan altas expectativas
que se ven cumplidas con los logros alcanzados. De igual forma, el
nivel de motivación y compromiso para el trabajo escolar de todos los
actores es alto
Para el presente estudio, desprendiendo los diferentes temas, se
considerará como dimensiones del clima escolar los siguientes:
convivencia escolar, satisfacción y cumplimiento de expectativas y
conflictos en la institución educativa.
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a) Convivencia escolar
Cuando se habla de clima escolar necesariamente se aborda la
convivencia vista como el respeto y diversidad de pensamiento y
cultura. La convivencia entre estudiantes, entre estos y los docentes y
entre docentes en espacios intra institucionales como el aula y otras
prácticas escolares-recreo, que hacen parte decisiva en el gusto por
vida en la escuela, la convivencia ha sido considerada como
fundamental en la mayoría de las Instituciones Educativas.
Norberto Boggino, apunta que la convivencia escolar supone
reconocer y aceptar la normativa con la que cada alumno llega, y
generar los espacios necesarios para que éste logre una inserción
activa y constructiva (Boggino, 2017). Agrega que, la normativa
institucional será valorada de diferentes formas por los alumnos y por
los docentes, y cada uno lo expresará a través de determinadas
actitudes y juicios valorativos que le son propios, lo cual genera una
situación realmente controvertida. Se trata de una controversia que
abre algunos interrogantes: ¿Es justo y constructivo que los docentes y
la escuela transmitan sus propias normas y valores? Y,
paradójicamente, ¿es posible que la escuela sea neutra o el docente
imparcial?
Es preciso reconocer que el proceso educativo está garantizado, entre
otras cosas por supuestos acuerdos previos acerca de lo que “se
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debe hacer” y lo que “no se debe hacer”, lo que se puede y lo que no
se puede hacer, las maneras como se toman las decisiones, las
modalidades de resolución de conflicto que se adoptan, las relaciones
jerárquicas que se establecen entre los miembros de la institución
escolar, y los deberes y derechos de cada uno de ellos.
En síntesis, comprender que los alumnos construyen esta invisible red
de relaciones y comprender que el lugar en que se posicionan dentro
de dicha red, incide directamente en sus aprendizajes, ayudaría a
actuar de manera diferente frente al fracaso; a la vez que a buscar
maneras más adecuadas que faciliten al alumno la participación en la
vida escolar, como un modo de favorecer la construcción de
conocimientos socialmente significativos y construirse como sujeto
social según una concepción pluralista y democrática de vida
institucional.
La convivencia escolar es un aspecto fundamental en el fortalecimiento
del clima escolar porque establece las relaciones sociales armónicas y
saludables en los miembros de la comunidad educativa.
El Ministerio de Educación del Perú (2009), define la convivencia
escolar democrática como el "conjunto de acciones organizadas
caracterizadas por relaciones interpersonales democráticas entre todos
los miembros de la comunidad educativa que favorecen la existencia
de un estilo de vida ético y la formación integral”.
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En tal sentido el MINEDU, dio a conocer una publicación de la
Dirección de Tutoría y Orientación Educativa (DITOE), donde menciona
las características fundamentales de la convivencia y disciplina escolar
democrática de la educación peruana las cuales son:
Fortalece y promueve un modelo democrático de organización de las
instituciones educativas. La autoridad de los docentes se sostiene en su
calidad como personas, en su capacidad profesional, en su
conocimiento y comprensión del comportamiento de niños y
adolescentes, y en sus habilidades para relacionarse horizontalmente
con los estudiantes, sin perder su condición de adulto.
Está relacionada con la educación en valores, especialmente con la
formación de valores éticos, nutriéndose de los que proponen el
currículo (Justicia, Libertad, Respeto y Solidaridad); y colabora en la
formación ética de los estudiantes.
Es un proceso que debe darse en cada institución educativa de
acuerdo con la diversidad cultural, los contextos sociales y la propia
realidad. Más que un presupuesto de partida se trata de una
construcción que se renueva permanentemente. (p.10).
Se desprende del documento que se promueven un modelo
democrático, dando mayor énfasis a la formación de los estudiantes en
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valores que le permitan una convivencia asertiva a fin de ir
disminuyendo las situaciones de conflicto y violencia, para ello es
importante tener conocimiento acerca de las normas de convivencia y
su implicancia en la disciplina escolar que por ende contribuye con un
adecuado clima escolar.
Según Norberto Daniel Lanni, la convivencia no se puede separar del
conflicto (institucional, grupal, singular). La convivencia escolar es
entonces, una construcción y es sinónimo de prevención de conflictos
que, al incidir directamente sobre la convivencia institucional, afectan
los vínculos interpersonales que se establecen, repercuten en las
interrelaciones entre los actores de la escuela, e influyen en los
procesos de socialización de los alumnos. La convivencia se manifiesta
en un entrecruzamiento de planos constituidos por la institución
misma, con su propio modo organizacional, su historia, sus rasgos y
redes de interrelación: los protagonistas del proceso educativo y el
quehacer propio de la escuela, es decir, el enseñar/aprender.
Evidentemente, los conflictos interpersonales se presentan como
elementos de convivencia que existen y a los que hay que dar salida.
Precisamente la forma de hacerlo será la que nos proporcionará un
aprendizaje positivo o no (lo que haría de las consecuencias del
conflicto, algo positivo) (Ianni, 2017).
La convivencia, entonces, puede entenderse como un medio para que
se generen tipos de relaciones instituidas por la cultura escolar, lo
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cual permite la coexistencia con el otro. En este sentido, la educación
opera bajo el supuesto que debe ser reproductora o innovadora de la
estructura social imperante, y a quienes se les atribuye esta misión es al
estamento docente, los cuales viven esto como una carga constante.
Ellos tendrían, por ejemplo, la facultad de promover a los alumnos a
una mejor situación económico-social, ya que la escuela sigue
asumiendo el rol formador homogeneizante (OCDE, 2003) y los
profesores se culpabilizan por no lograr este ideal, pero es el sistema el
que no asegura una participación real en la sociedad, por perpetuar las
desigualdades. Si bien los programas que derivan del Informe de la
UNESCO, integran la mirada política y cívica del hombre, esta
perspectiva no es asumida localmente, porque no hay sensibilidad
previa de los problemas sociales, sino sugestión de lo pertinente y
adecuado para los centros escolares.
b) Satisfacción y cumplimiento de expectativa
El clima escolar repercute en los resultados de los estudiantes con
respecto al logro escolar y este es uno de los principales factores
incidentes en la calidad de la educación, por lo tanto, el clima escolar
es clave; es donde se realiza el acto educativo, el cual no puede
desarrollarse y consolidarse aisladamente de la cultura escolar que se
genere en la institución; de tal modo, crear un clima escolar afectuoso.