Economía:
La agricultura de secano en grandes latifundios, que permitió el auto abastecimiento de trigo y la
exportación de aceite y de regadío en huertas cerca de las ciudades, con sistemas traídos de Oriente
Próximo, como la noria, las acequias, las albercas o los molinos de agua, además de nuevos cultivos
como la caña de azúcar, el algodón, el arroz o árboles frutales como el naranjo, la palmera o el banano.
Desarrollaron la ganadería bovina, la cría caballar y la de ovejas.
Los conquistadores musulmanes no cambiaron el sistema anterior de latifundios y los grandes
propietarios hispano visigodos que se sometieron conservaron sus propiedades. De todas formas un
quinto de las tierras de los nobles hispano visigodos no sometidos pasaron al Estado, como establecía la
ley coránica, mientras que las otras cuatro quintas partes pasaron a manos de los conquistadores, los
cuales crearon latifundios que explotaron en régimen de aparcería.
También la pesca experimentó un gran auge en las ciudades costeras, así como otros sectores como la
apicultura y la cría de gusanos de seda para la industria textil.
La industria estaba basada en la pequeña producción artesanal para consumo local y manufacturas del
Estado para las exportaciones. La fabricación se realizaba en barrios céntricos, y al frente de cada oficio
había un amin que vigilaba producción, calidad y condiciones de trabajo. Destaca la industria textil de la
lana, el lino y sobre todo la seda. Además de la pedrería, orfebrería, trabajo del cuero, alfarería, vidrio (la
técnica del soplado fue desarrollada por un cordobés en el siglo IX), así como la decoración constructiva
con azulejos, yeserías, albañilería y carpintería.
Las ciudades de Al-Andalus adquirieron un nuevo impulso sobre todo en la Bética (Córdoba, Sevilla,
Granada, Almería), valle del Ebro (Zaragoza) y costa Mediterránea (Valencia). Se convirtieron en
mercados de productos agrícolas, centros de producción manufacturera para el mercado local, focos del
comercio exterior a larga distancia (seda, cordobanes, armas, esclavos, etc.) y centros de atracción de
inmigrantes campesinos.
Además se continuó con la explotación de los recursos mineros, hierro, cobre, plomo, así como salinas y
canteras.
El comercio tenía como centro las ciudades donde los zocos (suq) y los bazares de lujo (qaysariya) dentro
de la medinas, recintos amurallados, contaban con almacenes y posadas (funduk) para los comerciantes
árabes, sirios y judíos. En los arrabales vivían grupos de artesanos y diversos grupos étnicos (bereberes,
mozárabes, etc.) Un funcionario sahib al suk o muhtasib se encargaba de vigilar pesos y medidas, la
calidad de los productos y ejercía funciones de persecución del fraude y de control de la vía pública.
Al-Andalus se convirtió en un extremo del importante circuito comercial del mundo árabe-musulmán.
Hasta allí llegaban productos traídos por la ruta de la seda, de la ruta del Mediterráneo o del Imperio
bizantino o persa. Además se convirtió en centro de la ruta del oro de Sudán, desde Tombuctú hasta
Tánger o Tremecén, y las rutas hacia Europa, por tierra a través de Pamplona o Barcelona o por mar,
destacando la que unía Almería con el sur de Francia.
El sistema monetario tenía como base el dirham, moneda de plata, hasta que en el siglo X se introdujo el
dinar, de oro. Los impuestos afectaban en teoría sólo a los no musulmanes, pero pronto se estableció un
sistema fiscal que afectaba a toda la población.
Sociedad:
Dos aspectos esenciales definen la naturaleza de la sociedad propiamente musulmana en Al-Andalus. La
rápida aceptación por parte del sustrato romano-visigodo y la gran variedad étnico-social que aportan
los invasores extranjeros.
En general la nueva élite se asentó en las ciudades, bien en las viejas ciudades hispano romanas como
dominadores militares o encargados de la burocracia. Poco a poco, la élite árabe y la de origen hispano
visigodo se fueron fusionando. Los muladíes, nuevos conversos, constituyen la base de la sociedad su
conversión fue masiva y en un corto periodo de tiempo afectando a todos los grupos sociales. Entraron a
formar parte de las tribus árabes al trasformarse en mawlas, además el uso de nombres árabes hacia el
siglo X no era posible saber el origen étnico de una familia aristocrática andalusí.
Favorecida por las ventajas fiscales y económicas que suponía la entrada en la Unma, la renovación del
Islam frente a un cristianismo decadente y agotado y por último el deslumbramiento económico y
cultural de la civilización musulmana que se genera en el renacimiento de las ciudades.
La variedad étnica y social de los musulmanes llegados a España será el principal foco de tensiones
internas a las que se sumarán en ocasiones mozárabes y muladíes.
Los árabes procedentes de Siria y Arabia forman una reducida élite social. Controlan la administración, el
ejército y reciben grandes latifundios territoriales pero también aparecen divididos en clanes familiares.
Árabes (que se quedaron con las mejores tierras de Andalucía), sirios (se asentaron en las tierras
granadinas), egipcios (en las tierras murcianas)
Los bereberes constituían el grupo más numeroso y son marginados por la élite dirigente árabe que les
apartan del acceso a posiciones privilegiadas y provocan continuas revueltas tanto en el Magreb como
en Al-Andalus. Se asentaron en las dos Mesetas, especialmente en la Meseta Norte.
Africanos y eslavos son el tercer grupo extranjero. Procedentes del Sudán y el este de Europa entran
como esclavos formando parte de los ejércitos califales. Con el tiempo son manumitidos y en el caso de
los eslavos llegan a ocupar altos cargos de la administración, asentándose en la zona de Levante.
Artesanía
El primer renglón de la producción artesanal de al-Andalus fue el del textil. En primera fila se encontraba
el tiraz cordobés, nombre que se aplicaba a las manufacturas textiles controladas por el poder público.
Como productos principales cabe señalar los tejidos de seda, de los cuales los más conocidos eran los
brocados cordobeses, o los tejidos de lino, que se fabricaban en Zaragoza. Pero no fueron menos
importantes actividades como la marroquinería (el trabajo de las pieles y los cueros), la producción de
vidrio, la fabricación de papel (localizada básicamente en Játiva), los objetos cerámicos, las armas (se
fabricaban sobre todo en Córdoba, Málaga y Toledo), pero sobre todo la orfebrería( el trabajo del oro, la
plata, el marfil y las piedras preciosas).
El Comercio
El comercio era una actividad bien vista en el mundo islámico. El desarrollo de la actividad mercantil en
al-Andalus contaba con la existencia de dos tipos de moneda: una de oro, el dinar, y otra de plata, el
dirhem.
En las ciudades el comercio se realizaba en el zoco, constituido por un laberinto de callejuelas, cada una
de las cuales solía tener tiendas de un determinado producto. Dentro del zoco se hallaban las alcaicerías,
zonas protegidas en donde se vendían los objetos de mayor calidad, y las alhóndigas, que servían para el
almacenamiento de mercancías de menor valor.
La actividad del zoco era inspeccionada por el almotacén, que se encargaba del estricto cumplimiento de
la ley.
Pero al-Andalus mantuvo, asimismo, un floreciente comercio exterior, ante todo con los restantes países
islámicos, aunque también con la Europa cristiana. Fueron los que conectaron Oriente con Occidente a
través del mediterráneo.
Al-Andalus importaba de África oro sudanés y esclavos negros, y del Próximo Oriente, especias y
productos de lujo, pieles, metales, e incluso armas del mundo cristiano.
En cambio, exportaba productos agrícolas, determinados minerales y tejidos, recibiendo, a cambio,