Esquema y Leyes de la Narración
Esquema y Leyes de la Narración
• Esquema de la Narración
“Narrar –dice González Ruiz- es “escribir para contar hechos en los que
intervienen personas. Narrar el desarrollo de una tempestad, sin aludir más
que le espectáculo de las fuerzas movilizadas, es describir una tempestad.
La narración necesita al hombre, aunque en algunos casos pueda pasarse
sin él cuando personifica individuos del reino animal o vegetal y nos cuenta
las aventuras de un perro de una rosa, a los que en realidad se humaniza.”
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ESQUEMA DE LA NARRACIÓN
NARRAR es contar una o varias acciones. La narración es una escena compleja, y, también, un
encadenamiento de escenas. La diferencia fundamental entre descripción y narración reside,
esencialmente, en el juego de un factor que se resume en dos palabras: vida interior. Mientras la
descripción -según Hanlet- se contenta con fijar el aspecto externo de los hechos percibidos por
nuestros sentidos, la narración intenta averiguar o conocer, además de las acciones, sus causas
morales; los sentimientos, el carácter, en suma, que impulsa a actuar a los personajes en un sentido
determinado.
Según Schoekel, "lo primero que hacemos con la descripción para convertirla en narración, es
ampliarla... Antes, era describir un parque con surtidor, árboles y yedra; ahora, me toca narrar toda la
escena que se desenvuelve en aquel marco natural; antes describía un patio de butacas y ahora
narro las escenas que allí suceden; antes, describía un barco que navega en noche serena; ahora
narro cómo José y el hidalgo navegan para arrojar al mar el escudo señorial".
Narrar -dice González Ruiz- es "escribir para contar hechos en los que intervienen personas. Narrar
el desarrollo de una tempestad, sin aludir más que al espectáculo de las fuerzas movilizadas, es
describir una tempestad. La narración necesita al hombre, aunque en algunos casos pueda pasarse
sin él cuando personifica individuos del reino animal o vegetal y nos cuenta las aventuras de un perro
o de una rosa, a los que en realidad se humaniza".
Lógicamente, en toda' narración hay también descripción. Por tanto, se puede aplicar aquí la técnica
descriptiva, sobre todo en lo que se refiere a la observación y selección de datos.
UTILIDAD E INTERÉS
Leyes de la narración
Según Hanlet, la unidad y el movimiento son las leyes fundamentales de la narración de las que
se derivan todas las demás
1) La unidad de la narración se consigue con la búsqueda del punto de vista, es decir, el centro
de interés de las ideas y de los hechos. Al igual que en la descripción, el punto de vista nos servirá
de guía para seleccionar ideas: las útiles serán conservadas; las inútiles, rechazadas. Esta es, en
esencia, la ley de la utilidad.
Unas veces, el centro de interés de la narración será el personaje; otras, lo será la acción
central; en ocasiones atraerá nuestra atención un objeto del mundo material; otras veces, será un
problema moral el nudo fundamental de la narración.
Los detalles útiles, es decir, conformes con el punto de vista, habrá que buscarlos entre los
elementos de la narración; éste es el trabajo que los autores llaman invención o búsqueda de ideas.
No se olvide que una narración consta de actores, acción, circunstancias de lugar y tiempo, causas o
móviles de los hechos, modo o manera de ejecución, resultado y juicio (implícito o explícito) de tales
hechos. (Recuérdese lo dicho en la lección 54 al referirnos a las seis preguntas-clave de la
información).
2) Pero la narración no es una construcción fija, sino algo que se mueve, que camina, que se
desarrolla y transforma. Este movimiento progresivo está regulado por la ley del interés. Porque
narrar es contar una cosa (un hecho o un suceso) con habilidad, de tal modo que se mantenga
constantemente la atención del lector.
Ahora bien, ¿cómo se logra el interés?, ¿cómo se mantiene la atención? He aquí un pequeño
"intríngulis" que descansa en tres principios fundamentales: arrancar bien, no explicar demasiado y
terminar... sin terminar rotundamente.
a) Arrancar bien significa que el principio -el buen comienzo- es esencial en toda narración.
Evítense los principios blandos, explicativos, lentos. Búsquese, desde la primera linea, un hecho, una
idea, una escena o un dato significativos, que atraigan la atención del lector.
b) No explicar demasiado, porque una narración no debe confundirse nunca con una información ni
con un comentario. En el reportaje informativo se- debe descubrir todo; en la narración -según
Schoeckel- hay que "descubrir a medias un objeto nuevo". No lo descubramos del todo porque
muere la curiosidad. Narrar, pues, no es explicar, sino sugerir, es decir, explicar a medias para que el
lector colabore con el autor en la comprensión de la tesis que se le muestra en el relato.
c) Terminar sin terminar rotundamente; es decir, que la buena narración no debe tener un final
definitivo, seco, matemático. Es más bello, más artístico, el final indeterminado, impreciso, un tanto
vago. En nuestra vida nada acaba de golpe y porrazo; todos los episodios de nuestra existencia
acaban sin acabar, y en ocasiones, esos finales son el principio de otro episodio. La vida, en suma,
es una cadena, cuyos episodios o trances, son a modo de eslabones. Ni siquiera la muerte es un
final definitivo.
Además, conviene dejar al lector un tanto en suspenso para que él, con su imaginación, colabore
con el autor en la construcción definitiva del final inconcuso.
-¿Qué es eso? -gritó su mujer-. ¡Un perro muerto! ¡Dios Santo! ¿De dónde lo has sacado?... ¿Qué
has hecho? ¿Dónde has estado? ¿De dónde vienes? ¡Díme en seguida de dónde vienes!
Pero dejemos en este punto a nuestro héroe... Algún día reanudaremos y daremos cima al relato de
sus desventuras. Pero convendrán ustedes; queridos lectores, en que los celos son una pasión
imperdonable; más aún: una desgracia, una verdadera desdicha..."
Maestro indiscutible en el arte de terminar es también Antón Chejov. Señalamos aquí, como finales
ejemplares, los de sus novelas cortas: Ionitch, Una historia anónima y La señora del perro.
He aquí los párrafos finales de "La señora del perro", de Antón Chejov:
"El amor de Anna Sergueevna y el suyo eran semejantes al de dos seres cercanos, al de familiares,
al de marido y mujer, al de dos entrañables amigos. Parecíales que la suerte misma les había
destinado el uno al otro, resultándoles incomprensible que él pudiera estar casado y ella casada.
Eran como el macho y la hembra de esos pájaros errabundos a los que, una vez apresados, se
obliga a vivir en distinta jaula. Uno y otro se habían perdonado cuanto de vergonzoso hubiera en su
pasado, se perdonaban todo en el presente y se sentían ambos transformados por su amor.
Antes, en momentos de tristeza, intentaba tranquilizarse con cuantas reflexiones le pasaban por la
cabeza. Ahora no hacía estas reflexiones. Lleno de compasión, quería ser sincero y cariñoso:
-¡Basta ya, pobre mía! -le decía a ella-. ¡Ya has llorado bastante! ¡Hablemos ahora y veamos sise
nos ocurre alguna idea!...
Después invertían largo rato en discutir, en consultarse sobre la manera de librarse de aquella
indispensabilidad de engañar, de esconderse, de vivir en distintas ciudades y de pasar largas
temporadas sin verse...
"¿ Cómo liberarse, en efecto, de tan insoportables tormentos?... ¿ Cómo.?... -se preguntaba él,
cogiéndose la cabeza entre las manos-. ¿Cómo?..."
Y les parecía que pasado algún tiempo más, la solución podría encontrarse... Que empezaría
entonces una nueva vida maravillosa...
Ambos veían, sin embargo, claramente, que el final estaba todavía muy lejos y que lo más
complicado y difícil no había hecho más que empezar."
El interés humano
La ley del interés, cuyos recovecos vamos descubriendo, encierra otro problema: el de la curiosidad.
Y para despertar la curiosidad del lector, es preciso que haya novedad.
"Si logramos hacer verdaderamente real el objeto dice Schoeckel-, tenemos esperanzas de novedad,
porque todo lo real es individual y, por lo tanto, nuevo, distinto de todo lo demás. El argumento
descarnado: Se enamoran, tienen dificultades, se casan' , es cosa viejísima... Pero el
enamoramiento de estos dos individuos concretos, en su ambiente concreto, su época concreta,
etcétera, es un singular, tiene valor de novedad o al menos posibilidad de tal valor."
En suma -y volviendo a repetir-, lo nuevo es lo humano, si el que narra sabe calar en el fondo y sacar
a relucir lo que de "novedoso" late siempre en todo lo que acontece a los hombres.
Ejemplo
"Su aspecto es triste. Lanza el anzuelo al agua con gesto cansado, infinitamente cansado, como si
ya no pudiera hacer otra cosa en el mundo. Sus manos, huesudas y delgadas, tiemblan ligeramente
con el propio temblor de la caña. Sus ojos diríase que no miran, están como hipnotizados por el
agua. Y allí, en la superficie tersa de este remanso del río, se refleja un rostro de hombre de unos
cuarenta años: los ojos hundidos en las cuencas, marcadas arrugas y un pelo prematuramente
canoso... Este hombre no está pendiente de los peces, no parece estar pescando, sino dejándose
llevar por la pesca...
Estoy a unos metros de él y no se ha dado cuenta de mi presencia, tan absorto está, tan
ensimismado, tan apartado de todo... Me acerco y toso ligeramente para despertarlo de su letargo.
-¿Qué?... ¿Pican?
Y entonces él, con una mirada dura, acerada (tiene los ojos grises); una mirada en la que se mezclan
la dureza y el sarcasmo, me contesta:
Escribimos para que se nos lea. Y se nos leerá si conseguimos ganarnos, atraer la atención del
lector.
Los psicólogos -según recuerda Schoeckel- suelen señalar como cualidades de la atención: la
intensidad, la extensión o número de objetos abarcados y la constancia o duración.
Lo dicho podría resumirse en el siguiente principio físico, aplicable a lo literario: Lo que se gana en
extensión, se pierde en intensidad.
También se relaja la atención si versa sobre un mismo objeto. Por ello, conviene ir variando la acción
única en escenas, incidentes, episodios, etcétera.
"Un cielo siempre despejado cansaría dice Guyau-; hacen falta nubes. De las nubes provienen los
innumerables tintes, las infinitas coloraciones del cielo; sin el prisma de la nube, ¿qué sería un
crepúsculo, un amanecer? La sombra es, pues, una amiga de la luz."
... La huerta de Pepita ha dejado de ser huerta, y es un jardín amenísimo con sus araucarias, con
sus higueras de la India, que crecen aquí al aire libre, y con su bien dispuesta, aunque pequeña
estufa, llena de plantas raras.
El merendero o cenador, donde comimos las fresas aquella tarde, que fue la segunda vez que Pepita
y Luis se vieron y se hablaron, se ha transformado en un airoso templete, con pórtico y columnas de
mármol blanco. Dentro hay una espaciosa sala con muy cómodos muebles", etc., etc.
Verdad y verosimilitud en la narración
"La narración viva y verdadera -dice Hanlet- saca su interés, su movimiento, de la realidad, es decir,
del recuerdo de unos hechos directamente observados: es la ley de la verdad."
Este principio conviene comprenderlo en su exacto sentido. La ley de la verdad, bien entendida, no
significa que la verdadera narración tenga que ser una reproducción, lo más exacta posible, de la
realidad. El realismo puro sería el del reportaje filmado: en arte no se da nunca. Nadie copia la
realidad exactamente, sino que todos las interpretamos, cada uno a nuestro modo o manera, según
nuestra personal "estimativa". Ni siquiera el documental cinematográfico es realismo puro; lo que
tales documentales nos ofrecen, por muy fieles a la realidad que sean, siempre estará limitado por el
enfoque personal del "cameraman".
La famosa actriz de la Comedia francesa, Raquel, allá por el año de 1843, escribió la siguiente frase
en el álbum del escritor danés H. C. Andersen: "El arte de la verdad. Espero que este aforismo no
parecerá paradójico a un escritor tan distinguido como el señor Andersen".
Pero ¿qué es la Verdad en arte?... Sencillamente: nuestra verdad (ahora con minúscula), nuestro
modo especial y específico de enfocar el mundo. y la vida, es decir, la verdad subjetiva. La verdad
objetiva pertenece al mundo de la Ciencia, no al del Arte.
El principio enunciado quiere decir que no se debe escribir sobre temas, ideas, asuntos, hechos,
paisajes o personas que no se conozcan personalmente. Esta es la realidad que hay que respetar.
Es lo que los filósofos llaman "la vivencia". Tener vivencia de algo es requisito esencial para escribir
sobre ese "algo ".
Narrar, en suma, es evocar lo conocido, aquello de que tenemos experiencia propia. Incluso los más
fantásticos relatos tienen que apoyarse en esa ley de la verdad, sostén y cimiento de los mismos.
No obstante lo dicho, podemos vernos en la situación de tener que narrar un suceso del que no
hemos sido testigos presenciales. En este caso, lo mejor es contar el asunto tal y como nos lo hayan
narrado quienes lo vivieron y lo vieron. Como ayuda, la imaginación puede servirnos, siempre que
tengamos en cuenta situaciones análogas a la narrada.
Un ejemplo: se nos plantea el caso de narrar lo que ha sucedido a una señora que, al subir al
autobús y al arrancar éste súbitamente, quedó apresada por la puerta automática, con el
consiguiente alboroto y protestas de los demás viajeros del autobús.
Aunque no hayamos sido testigos presenciales de tal escena podemos narrarla con visos de
realidad, siempre que hayamos presenciado alguna vez, en el autobús, estos repentinos arranques
con el consiguiente bamboleo de los viajeros.
La ley de la verosimilitud, según Hanlet, se expresa así: "No basta con que los hechos sean
verdaderos, es preciso que lo parezcan para ser bien comprendidos; hay que presentarlos como
verosímiles, indicando causas y motivos de las acciones y el modo como tales hechos se han
producido.
Lo verosímil, en esencia, es lo que impresiona por su verdad aunque no haya sucedido nunca. O
como dice el conocido adagio italiano: "Se non é vero é ben trovato".
Cuando una narración no responde a estos principios de verdad y verosimilitud, se dice que es falsa.
Pero la falsedad no depende ni está en relación directa con la exactitud realista. Un relato puede ser
de una exactitud ejemplar y, sin embargo, sonar a falso. Se cae en falsedad porque no se vio el
hecho narrado, es decir, porque no se comprendió su íntima y esencial realidad.
Tampoco quiere decir la verosimilitud que, para convencer al lector, sea preciso razonar los hechos
como lo haría un filósofo: basta con presentarlos de tal modo que el lector asista a tales hechos
como espectador convencido de su verdad, por muy fantásticos que tales relatos sean. Un ejemplo:
las narraciones de Edgar Allan Poe.
He aquí, finalmente, lo que, al referirse a la verosimilitud, decía Quintiliano: "En primer lugar,
tenemos que interrogarnos atentamente a nosotros mismos para no decir nada que no esté de
acuerdo con lo natural; después hay que dar causas y antecedentes, no de todos los hechos, sino de
los importantes. Finalmente, hay que poner a los personajes y su carácter en armonía con los
acontecimientos, hacer que concuerden con el lugar, tiempo y otras circunstancias semejantes".
"Lo que suele llamarse inverosimilitud, no es un inconveniente en el género novela. Basta con que
haya congruencia. La verosimilitud estética es la congruencia interna del microcosmos creado por el
autor, no la coincidencia del libro con el detalle del mundo que hay fuera ". (José Ortega y Gasset.
Notas sobre "El obispo leproso", de Gabriel Miró.)
"Las almas de la novela no tienen para qué ser como las reales; basta con que sean posibles." (J.
Ortega y Gasset. "Espíritu de la letra".)
"Ningún drama puede empezar a vivir en mi espíritu, si no lo sitúo en los sitios en que he vivido
siempre."
"¿Por qué condenarse a la descripción de un medio que se conoce mal?... Que cada uno explote su
campo, por pequeño que sea, sin buscar la evasión."
"Cada vez que en un libro describimos un suceso tal como lo observamos en la vida, entonces, casi
siempre, es cuando la crítica y el público lo juzgan inverosímil e imposible. Lo que demuestra que la
lógica humana que regula el destino de los héroes de la novela apenas si tiene que ver con las leyes
oscuras de la verdadera vida..." (Francois Mauriac. "Le romancier et ses personnages".)
"Antes de escribir un cuento, se debe prestar el juramento sagrado de no escribir sobre personajes o
lugares que no se conozcan perfectamente. "
"De todos mis mil cuentos, no escribí ni uno realmente cierto..., pero tampoco escribí nunca. sobre
una persona o lugar que no hubiera quedado impreso en mi memoria por mi propio conocimiento y
observación. " (Consejos que da Jack Sait, según articulo publicado en la revista "Meridiano", de
Madrid, en febrero de 1947.)
"En todo caso, más vale elegir cosas naturalmente imposibles, con tal que parezcan verosímiles, que
no las posibles, si parecen increíbles." (Aristóteles, "El arte poética'', cap. IV.).
EJERCICIOS
Júzguense los siguientes principios de relatos, y dígase si atraen o no la atención del lector y por
qué:
1."Los hechos que voy a relatar ocurrieron hace mucho tiempo: dos mil quinientos años.
En una nublada tarde de otoño, llegó un forastero a la ciudad Santa de Buda. Llamó a la puerta del
Brahmán Shishupal y pidió albergue para pasar allí la noche..:"
("El juez ", del escritor hindú Sadarshan.)
2. Hará cosa de un siglo que cierta mañana de marzo, a eso de las once, el sol, tan alegre y
amoroso en aquel tiempo como hoy que principia la primavera de 1868, y como lo verán nuestros
bisnietos dentro de otro siglo (si para entonces no se ha acabado el mundo), entraba por los
balcones de la sala principal de una gran casa solariega, sita en la carrera del Darro, de Granada,
bañando de esplendorosa luz y grato color aquel vasto y señorial aposento, animando las ascéticas
figuras que cubrían sus paredes..." etc.
("La comendadora", de Pedro Antonio de Alarcón.)
3. "Toda grandeza acaba: las montañas se desmoronan, y hechas polvo van al fondo del mar; los
Imperios se derriban, y hechos pedazos se van al fondo de la Historia; las glorias se apagan, y
apenas dejan chispas en la lejanía de lo pasado; el sol se apaga también, todo es cuestión de
tiempo, y no dejará más que la osamenta fría rodando por el espacio."
"¡Que mucho que el león, rey de las selvas, agonizara en el hueco de su caverna!"
("Los consejos de un padre'; de José Echegaray.)
4. "El pueblo de B, formado sólo por dos o tres callejuelas retorcidas, está sumido en un sueño
profundo. En el aire inmóvil reina el silencio. Sólo se oye, allá a lo lejos, por los arrabales del pueblo,
ladrar a un perro con voz ronca y apagada. Pronto va a amanecer. "
"Todo, desde hace tiempo, duerme en un sueño profundo. Unicamente permanece despierta la joven
esposa del boticario Chernomordik, el dueño de la botica del pueblo B. Por tres veces se ha
acostado, pero no ha logrado conciliar el sueño, y no sabe por qué. "
"Está sentada junto a la ventana abierta, en camisa, mirando a la calle. La agobia el calor,; está
triste, aburrida... "
("La boticaria", de Antón Chejov.)
5. "El campesino estaba de pie frente al médico, ante el lecho de la agonizante. La vieja, tranquila,
resignada, lúcida, miraba a los dos hombres y les escuchaba hablar. Ella iba a morir; pero no se
rebelaba. Le había llegado su hora: tenía noventa y dos años."
"Por la ventana y la puerta, abiertas, el sol de julio entraba a raudales, lanzando su llama cálida
sobre el suelo de tierra marrón, ondulante y marcado por los zuecos de cuatro generaciones de
gente rústica. Llegaban también, traídos, por la brisa ardorosa, los olores de los campos, de las
hierbas, de los trigos, de las hojas secas quemadas por el calor del mediodía."
("El diablo ", de Guy de Maupassant.)
6. "Cuando uno bebe dos copas de más se vuelve muy fino, y todo son disculpas y explicaciones:
-Estoy borracho, borrachísimo. Y no me importa. Sí, se lo digo a usted, no se haga el desentendido.
¿Que no le interesa? Tampoco a mí me agrada verlo y, sin embargo, me tengo que aguantar. Yo,
cuando estoy borracho, soy amigo de todo el mundo: de los camareros, de la cajera, del gato, de
aquel señor de luto, de los guardias de la circulación... Y ahora, soy amigo de todo el mundo, menos
de usted. Porque usted me ha ofendido, porque sé lo que está pensando. Está pensando: "¡ Uf, qué
asco, un borracho! " Sí. ¿Qué pasa? ¿ Usted no se ha emborrachado nunca? No, no se vaya.
Espere un momento. Ha de saber que está hablando con un caballero. Y a mí nadie me deja con la
palabra en la boca. ¿Se entera?..."
("Un borracho'', por Julio Penedo. Publicado en el diario Pueblo, de Madrid, el día 19 de
abril de 1958.)
7. "Nuestro presidio está situado en el extremo de la ciudadela, dentro de las murallas. Si se mira por
las rendijas de la empalizada con la esperanza de ver algo, sólo se divisa un jirón de cielo y una
elevada muralla de tierra cubierta por las altas hierbas de la estepa. Noche y día, constantemente,
pasean por ella los centinelas, y el que mira se dice a sí mismo que transcurrirán así años, mirando
siempre por la misma rendija y viendo siempre la misma muralla, los mismos centinelas y el mismo
jirón de cielo; no el que está sobre el presidio, sino otro lejano y libre..."
("La casa de los muertos", de Fedor Dostoiewski. Capítulo I).