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Era de Trujillo: Control y Dictadura

Este documento resume la era de Trujillo en la República Dominicana, que duró 31 años desde 1930 hasta 1961. Describe cómo Trujillo ascendió al poder a través de su carrera militar y alianzas políticas. Una vez en el poder, estableció un régimen despótico y unipersonal, y monopolizó industrias clave como la azucarera para su propio beneficio económico. También expandió la educación, aunque la utilizó para propagar su ideología.

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Era de Trujillo: Control y Dictadura

Este documento resume la era de Trujillo en la República Dominicana, que duró 31 años desde 1930 hasta 1961. Describe cómo Trujillo ascendió al poder a través de su carrera militar y alianzas políticas. Una vez en el poder, estableció un régimen despótico y unipersonal, y monopolizó industrias clave como la azucarera para su propio beneficio económico. También expandió la educación, aunque la utilizó para propagar su ideología.

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UNIVESIDAD TECNOLOGICA DEL CIBAO ORIENTAL.

PRESENTADO POR:

HECTOR LUIS DIAZ MEDINA.

MATRICULA:

2016-1890.

ASIGNATURA:

HISTORIA DE LAS IDEAS POLITICAS II.

PROFESOR:

RAFAEL AUGUSTO GUZMÁN MARÍA.

TEMA:

ACTIVIDAD #2, UNIDAD III.


Introducción

En esta nueva fase de la historia dominicana somos afortunados de poder escribir y expresar
nuestros criterios sin el temor de ser asesinados como sucedía en la época de 1930 a 1961.
La Era de Trujillo es el caso en su totalidad de la mayor distribución de encierro verbal por
la que ha cursado la historia dominicana. Hablar de la era de Trujillo es tratar de imponer la
verdad sobre la mentira a lo cual ameritamos el trabajo en sí, ya que trataremos puntos claves
en el desarrollo del trabajo que nos mostraran brevemente como era el gobierno en ese
entonces y como maneja al pueblo que con temor asumía todo lo que decía el tirano.
Esperamos cubrir algunos de los puntos más importantes en esta amplía época y más que
todo sea de su agrado.

Desarrollo.

La era de Trujillo es el largo periodo de 31 años que sigue al hora cismo a partir de 1930.
Se caracteriza por el militarismo, el unipersonal ismo y el despotismo de su máximo caudillo
y exponente: Rafael Leónidas Trujillo Molina. Su aparición y ascenso político se vincula a
una serie de factores como fueron:

 La ocupación estadounidense.
 El ejército policiaco que creo dicha ocupación.
 El favoritismo horacaste que permitió su ascenso militar.
 El acaudillamiento que consiguió en las filas del ejército nacional.
 Sus características personales.
 Su vinculación con el movimiento cívico que, planteando la necesidad de un
“hombre nuevo”, produjo el derrocamiento del “viejo político” Horacio Vázquez.

Cuando se produjo la ocupación de 1916, las tropas invasoras se dieron la tarea de


neutralizar las luchas armadas del país. El gobierno ocupante creó por ordenanza un cuerpo
militar destinado a mantener el orden posteriormente, dicho cuerpo fue llamado Policía
Nacional, y para el entrenamiento de los soldados se estableció la Escuela Militar en Haina.
La relación de Trujillo con la ocupación estadounidense no solo tiene que ver con la
formación militar que consigue sino también con los vínculos que establece con los altos
oficiales de la Guardia Nacional. Estos al parecer vieron en el “teniente Trujillo” al “hombre
nuevo” que necesitaba el país, y por tal razón lo recomendaban, lo alababan y lo ascendían.
Este ascenso se efectúo durante el gobierno provisional de Vicini Burgos.

A partir del juramento del nuevo presidente, ocurrido el 3 de marzo de 1930, se produjo una
coalición de banderas políticas que originó la confederación de partidos bajo la fórmula
“Trujillo, Presidente; Estrella Ureña, vicepresidente.” El único partido Nacional Horacista,
que movilizó su poderosa militancia y buscó la postulación de Vicini Burgos. Pero al
negarse éste, buscó entonces la alianza del partido progresista y lanzó la fórmula
“Velázquez, Presidente; Angel Morales, Vicepresidente”. Al convocarse las elecciones para
mayo de 1930, Rafael Leónidas Trujillo dirigió su manifiesto público aceptando
definitivamente su postulación y señalando entre otras cosas: “no hay peligro en seguirme,
porque en ningún momento la investidura con que pueda favorecerme el resultado de los
comicios de mayo servirá para tiranizar la voluntad popular a la cual yo sirvo en este
momento y a la que serviré lealmente en el porvenir”.

Para su campaña Trujillo realizó un recorrido por todo el país comenzó por Montecristi. Le
acompañaba Rafael Estrella Ureña y el cacique Desiderio Arias. Mientras la confederación
de los partidos que auspiciaban su postulación se movía libremente en campaña, la Alianza
Progresiva era la coartada por grupos de militares. Tanto Velázquez como Morales tuvieron
que desistir de sus propósitos eleccionarios, al ser víctimas de un atentado de muerte que
los obligó a tomar el exilio. De esta manera, quedó abierto el camino para la “Confederación
de Partidos”, para sus candidatos, y especialmente para Trujillo. El 24 de mayo la Junta
Central Electoral legalizó el proceso declarando triunfadores a Trujillo y a Estrella Ureña.
El 16 de agosto se juramentaron ambos, constituyendo esa fecha el punto de partida de la
Era.

Cuando Trujillo asumió el poder, la situación económica era pésima en todos sus aspectos.
Por un lado las aduanas, las entidades bancarias y las empresas importantes eran controladas
por los inversionistas de Estados Unidos. Por otro lado el Estado no contaba con reservas
monetarias, a lo que se añadieron los efectos económicos que produjeron el ciclón de San
Zenón y la depresión económica mundial de 1929. La situación dio lugar a que
el gobierno promulgara una ley de emergencia en 1933, a través de la cual procuró negociar
en 1934 el reajuste de la deuda externa. Con ambas medidas comenzó a delinearse
la política económica del gobierno, explicada como “un sistema capitalista particularizado”
que descendió al nivel de propiedad personal, pues Trujillo fue convirtiéndose en el gran
propietario territorial al mismo tiempo que hacía de la dictadura el instrumento para llevar
a cabo su empresa económica dentro de un marco jurídico.

El plan trazado por el gobierno de Trujillo para el desarrollo económico abarcó el sector
industrial que fue nacionalizado, ampliado y particularizado. Del sector industrial, el área
azucarera estaba manejada casi exclusivamente por empresas extranjeras. Trujillo decidió
tener el control de los ingenios mi creó la ley de defensa del azúcar que le permitía adquirir
la mayoría de las centrales azucareros, lo cual logró a base de fuertes impuestos y de una
inmensa campaña de presión. “La culminación de la campaña de Trujillo adivinó la compra
del emporio West Indian Sugar a fines de 1956 y la ratificación de esa operación en enero
del 57”. Fueron cinco ingenios comprados por Trujillo, más la Santa Fe, de la South Porto
Rico Sugar. Las empresas de Trujillo, Azucarera Haina, Azucarera Nacional y Azucarera
Yaque, pasaban a controlar desde entonces catorce de los dieciséis ingenios existentes.

El incremento de las zonas cañeras en el área de Santo Domingo produjo un efecto contrario
al programa de “dominicanización”, ya que conllevó la contratación de miles de braceros
haitianos para ser utilizados durante el corte de la caña. Muchos de esos braceros no
regresaban a su país, y al quedarse en el territorio nacional provocaban el aumento
demográfico. La utilización de haitianos en la industria azucarera demuestra que el
“nacionalismo” de Trujillo estaba condicionado a sus intereses particulares.

Paralelo a la monopolización del azúcar, se tendió a cubrir otros aspectos industriales de


gran significado, pues se procuraba siempre sustituir la importación, auspiciando las
necesidades internas. Para los últimos años de la década del 40, y durante la década del
1950, los establecimientos industriales no solo se triplicaron en comparación con otros
períodos, sino que cubrieron renglones variados: alimentos, bebidas, cigarros, textiles,
impresos, muebles, calzados, máquinas, vidrio, corcho, productos minerales, artículos
eléctricos, construcción y reparación de materiales de transportes, etc. la mayoría de estas
industrias operaban ya como compañías privadas (cuyos gerentes o propietarios
representaban casi siempre los intereses de los Trujillo) o bien compañías del estatales. De
todas maneras la industrialización permitió el que desarrollo capitalista se moviera en dos
direcciones. Por un lado aumentó la fortuna del tirano y de sus familiares, y por otro lado
amplió algunos niveles sociales polarizados en dos grupos: el proletariado y la burguesía.
Ambos determinaron una correlación entre las relaciones de producción y el aglutinamiento
social de diferentes grupos, cuya estructura real se percibió con mayor claridad luego de
derrocado el régimen del trujillato. La industrialización también provocó un aumento
poblacional desproporcionado en Santo Domingo, al propiciar el éxodo de habitantes de
diferentes lugares del país a dicha cuidad, por concentrarse en ella la mayoría de las
industrias.

Hay que destacar que dos aspectos del desarrollo educativo producidos durante la Era de
Trujillo. Apreciar la estructura del sistema de enseñanza, y tomar en cuenta que al lado de
la instrucción o formación académica se desarrollaba una orientación o formación de
variados matices. La educación fue ampliamente expandida y sus mejores logros se
relacionaban al interés que mostró el gobierno para dotarla de los mejores medios y recursos,
empezando por el humano. En un principio, la superintendencia general de la enseñanza
estuvo bajo la dirección del humanista dominicano Pedro Henríquez Ureña, y llegó a contar
con equipos técnicos de planificación que como la misión chilena dotó a
la organización y programación educativa nacional de la filosofía más avanzada en América.
La expansión educativa y sus mayores logros tuvieron que ver con la edificación de recintos
escolares, y con una amplia campaña de alfabetización. Aunque los resultados de dicha
campaña fueron exagerados por la propaganda, puede pensarse que mejoraron el nivel de la
sociedad.
Estructuralmente, el sistema educativo comprendía los niveles primarios, intermedios y
secundarios. El planeamiento respondía al modelo creado durante el período de la
intervención de 1916–1942, pero con algunas variantes como lo fue la enseñanza especial
que mereció la atención y el interés gubernamental en conformidad con el planteo de algunas
demandas acrecentadas durante la Era. Entre los tipos de enseñanza especial estaba la
vocacional que respondía a la necesidad de obreros técnicos; la educación dirigida hacia la
formación diplomática; y la educación en oficios y bellas artes. Otra variante fue la
enseñanza para la formación de maestros, ampliada cuantitativamente para complementar
el crecimiento de la escolaridad, cuyos resultados no fueron tan buenos desde el punto de
vista cualitativo. Innovaciones significativas fueron las academias militares, en especial la
de cadetes, para las cuales se escogieron los mejores maestros de todo el país; y
la escuela para trabajadores, denominadas “Universidades Libres” y cuyo planeamiento
obedecía a un horario nocturno. En líneas generales, la enseñanza conlleva un régimen
disciplinario riguroso que envolvía tanto a escuelas públicas como privadas.

El aseo, la uniformidad y la puntualidad eran reglas disciplinarias como el canto escolar al


izar la bandera, las marchas, los concursos literarios, y la celebración de efemérides. En la
dirección de cada plantel escolar, en las entradas, en los pasillos y los salones de clases, el
retrato de Trujillo era parte primordial de lo trujillizante, que por lo regular también se
fomentaba constantemente en clases. Cada maestro al iniciar la enseñanza solía escribir una
idea alusiva a Trujillo o a su Era conjuntamente con la fecha, mientras que en el patio grupos
de estudiantes ejercitaban marchas militares. Por otra parte, en algunos salones el tema del
día era la lectura de composiciones al Benefactor, como parte del nacionalismo chauvinista
que se fomentaba, y que siempre tendió al cultivo sistemático del odio contra el
revolucionario o el opositor exiliado, pero en especial “dirigido a crear un estado psicológico
de guerra contra la vecina república de Haití”, lo que servía al régimen “para justificar la
existencia de un ejército de más de 20,000 hombres como para mantener explotadas las
masas trabajadoras negras”. La contraparte al antihaitianismo fomentado por la vía de la
enseñanza lo era la propaganda unilateral de la hispanidad, respecto de la cual opinaba el
mismo Trujillo: “En nuestra asociación íntima con España, fuente de donde brotan las
energías espirituales y el vigor inexhausto que nos permitirían construir un bloque
invulnerable a toda filtración foránea, reside no solo en nuestra propia salvación sino
también, en parte esencialísima, la de todo el Occidente cristiano. De ahí la necesidad de
que no haya ese frente fisuras por donde pueda el comunismo, y de ahí también el deber que
tenemos de eliminar todas las diferencias que puedan existir entre nuestros países y la Madre
Patria, como consecuencia de discrepancias ideológicas o situaciones forzosamente
pasajeras”. Estos criterios explican en parte la insistencia en blanquear los caracteres de la
negritud dominicana mediante programas donde el hispanismo no solamente quedo en la
propaganda ideológica y en nexos estrechados con el régimen del franquismo español, sino
en el fortalecimiento de los valores hispánicos a base de atraer refugiados y emigrantes
procedente de la Madre Patria. Los refugiados influyeron notablemente en la enseñanza
universitaria.

La educación universitaria mereció durante la Era una atención prioritaria dentro de la


programación cultural y el planeamiento educativo. El gobierno no solo se empeñó en
restituirle históricamente el rango de universidad primada, sino que la edificó como recinto,
dotándola tanto de un conjunto de modernos edificios como de buenos recursos didácticos.
Bajo la orientación del educador Julio Ortega Frier la universidad alcanzó una
reorganización académica notable, aunque no escapó de la manipulación trujillizante. Una
asociación de estudiantes universitarios (ANEU), surgida en 1928, fue convertida para los
años 1940 en una Guardia Universitaria: un cuerpo militarizado que debía pertenecer todo
estudiante que ingresara al recinto.

La universidad le otorgó a Trujillo el doctorado en honoris causa, aparte de que poseía el


nombramiento de catedrático en economía, el cual nunca ejerció. Con su impulso o
desarrollo, la Universidad de Santo Domingo era una institución que tenía
“ritmo seminario conventual” y donde la enseñanza estaba “anquilosada por la mordaza
política que impedía toda discusión de temas que pudieran despertar inquietudes”.

El gobierno de Trujillo se convirtió en un auspiciador cultural al buscar a través del fomento


de los diversos medios socioculturales en una adecuación trujillizante. Aparte del medio
educativo, el trujillismo ideológico se valió de la iglesia, a la cual manipulaba mediante el
patrocinio de edificaciones eclesiásticas y del respaldo que le dio a la clerecía trayendo
misiones de religiosos extranjeros con las cuales reforzaba el catolicismo dominicano, la
dominicanización de la frontera y la hispanidad, ya que los misioneros, en su gran mayoría,
procedían de España. Lo religioso quedo al solidificar el culto a Trujillo, amén de que el
laicismo escolar introducido por Hostos fue sustituido por la obligatoriedad de la
catequización en el sistema educativo. Puede señalarse que la manipulación trujillista tendió
a estrechar “los elementos religiosos y políticos hasta la confusión”, y que representantes
eclesiásticos se subordinaron al rejuego político del régimen, hasta que fueron surgiendo las
discrepancias que enfrentaron la función pastoral de la iglesia y los requerimientos cada vez
más exigentes del Estado. Pero esta discrepancia hay que entenderla en el cauce de
la crisis que en los últimos años fue socavando aceleradamente al trujillismo.

La situación se tornó mucho más delicada para la tiranía cuando el clero cambió su
oposición a partir de la llegada del nuevo Nuncio Papal, Arzobispo Lino Sanani, quien se
había destacado en Argentina por su lucha contra el régimen de Domingo Perón. La iglesia
enfrentó la tiranía el 31 de enero con una famosa pastoral, leída en todos los templos en que
se manifestaba su oposición a las represiones políticas y el rompimiento de la alianza que
habían mantenido con el tirano. El dictador reaccionó airado, Trujillo profirió insultos en
contra de los religiosos y organizó turbas que se dieron la tarea de agredir verbal y hasta
físicamente a los sacerdotes y a templos religiosos.

En el año que Trujillo asciende al poder uso los medios de comunicación existentes para
difundir su poder por medios eficaces como lo fue la radio la prensa escrita, la televisión,
etc. como medio de comunicación la prensa estaba en poder directo del Estado y era un
mecanismo efectivo de propaganda que enaltecía el personalismo de Trujillo. A través
del periodismo se trazaban pautas, se lanzaban consignas y toda información era ajustada
cuidadosamente al programa ideológico trujillista. Los tres periódicos de circulación
nacional eran El Listín, La Información y La opinión. Pero también la prensa escrita asumía
una política requisitoria frente a los ciudadanos vistos como desleales y funcionarios caídos
en desgracia frente al régimen, o se cerraba todo tipo de información que pusiera en
entredicho al Estado.
Como los periódicos, parecida era la función radial introducida antes de la Era y cuyos
programas asumían mucho mejor la ofensiva propagandista y doctrinera. En
la radio la música laudatoria era constante y como la danza era Gloriosa y los merengues
Salve San Cristóbal y déjenlos que lleguen hablaban del tirano, de sus logros como estadista
y de su ideología política.

En República Dominicana un grupo de ensayistas trabaja en la deconstrucción de los íconos


tradicionales de la identidad heredados del pensamiento imperial eurocéntrico/colonizador
que incidió en las élites criollas, así como en el análisis de la ideología trujillista, cuyos
expositores se apropiaron de dicho imaginario. Las discusiones sobre la historia en el
ensayo de esta Antillas giran en torno al antihaitianismo, la hispanofilia, el nacionalismo
esencialista y el racismo, elementos que han sido centrales para una buena parte
del género desde el siglo XIX y que continúan siéndolo desde nuevas perspectivas y re
conceptualizaciones.

En unión a esta visión patriarcal, el etnocentrismo atravesó tanto la obra pública de Trujillo
como las prácticas discursivas de Joaquín Balaguer. “Haití ha dejado de constituir para
Santo Domingo un peligro por razones de orden político. Pero el imperialismo haitiano
continúa siendo una amenaza para nuestro país, en mayor grado que antes, por razones de
carácter biológico”, declaró en La isla al revés: Haití y el destino dominicano, obra
publicada en el año1983, justificando el nacionalismo excluyente del dictador. “Toda la
filosofía de la historia de que se acompañó para su legitimación la “Era de Trujillo”,
enarbolaba el nacionalismo, y clasificó en gestas concretas (…) una cierta ética del poder
que lo presuponía”, destacó Andrés Mateo. Arturo Peña Batlle, el más importante intelectual
orgánico del régimen después de Balaguer, por ejemplo, alabó el dominicanismo en la gesta
gubernamental de Trujillo al hablar de la deuda externa. El historiador Roberto Cassá ha
validado las distintas gestiones que desde esta postura realizó el dictador, aunque no con
interés de rendirle tributo sino de definir su dominio como paternalista.

Los archivos históricos de la nación, las memorias y lo identitario se nutren de estos ejes:
antihaitianismo, hispanofilia y racismo, concuerda Néstor Rodríguez, escritor de
la diáspora, en su obra La isla y su envés (2003), título que parafrasea el nombrado texto de
Balaguer y en el que nos recuerda que éste no fue sólo intelectual, sino hombre de acción que
validó la matanza de haitianos de 1937. Basándose en escritos de Jacques Derrida, Hommi
Bhabha y Etienne Balibar, éste asevera que la ciudad trujillista está desierta, pues sus
arcontes están “incapacitados para dominar como antes el debate en torno a la identidad
dominicana”. Ya es imposible sostener la celebración de un mestizaje entre el elemento
ibérico y el indígena, excluyente del africano, como el que se aprecia en la retórica empleada
en la poesía “Anacaona” de Salomé Ureña, poeta fundadora de lo nacional, afirma
adscribiéndose al análisis de Doris Sommer en su libro Ficciones fundacionales.

Silvio Torres Saillant, defensor de una epistemología caribeña opuesta a


los discursos eurocentristas, y sostenida en las figuras de Franz Fanon, José Martí y
Fernández Retamar, entre otros teóricos de la zona, critica el discurso de Manuel Núnez
expuesto en el libro El ocaso de la nación dominicana. Reconocido intelectual de la diáspora
radicada en los Estados Unidos, ataca severamente estas posiciones que entiende valida
Núñez y coincide con la postura de Odalis Pérez, autor residente en la Isla, quien en su libro
La ideología rota también hace un extenso análisis de esta obra. Torres Saillant denomina
vandalismo epistemológico al pensamiento elaborado por Balaguer y sus seguidores
intelectuales. “El trujillato”, dice nos puso a todos a creer que descendíamos directamente
de los conquistadores aunque la evidencia de la piel nos vinculara a los esclavos”.

Lo racial, como vemos, conforma el factor más importante de la discusión de estos


ensayistas en torno a la historia, la gesta de Trujillo y el nacionalismo. Se intersecta, además,
con la masculinidad, es decir, con el género, con el sexismo, que es la más difícil de
desarraigar de todas las formas del esencialismo, asevera el sociólogo francés Pierre Bordieu
en su trabajo sobre la dominación masculina.

La igualdad de los hombres y las mujeres ante la ley, independientemente de su origen


o color; el concepto de que los seres humanos somos todos iguales, parece que no está muy
claro, no sólo en las clases altas de los países ricos, sino también en las clases altas, medianas
y bajas de los países pobres: es un fenómeno socio-jurídico, que parece ocurrir en la
República Dominicana, donde históricamente hay un sentimiento de xenofobia contra los
haitianos, los cuales son considerados por muchos como seres inferiores y tratados como
tales.

Para Adolfo Hitler y sus teóricos de la genética(eugenesia), la presencia de razas inferiores


en la nación llamada a ser la metrópolis del mundo, era un riesgo inaceptable. Por esa razón
se procedió a la eliminación de los elementos “contaminantes de la raza aria”: los judíos.
Para los supremacistas blancos norteamericanos de los años 60, el aumento de
la población afro americana y la proliferación de activistas de derechos civiles que
pregonaban la igualdad de derechos entre negros y blancos eran un peligro para la sociedad,
por ello procedieron a formar el Ku Klux Klan, una organización secreta destinada a
intimidar y eliminar físicamente a negros y activistas blancos.

Aunque es un elemento común a todos los regímenes totalitarios, en el caso de Rafael


Leonidas Trujillo, este envilecimiento llegó hasta el paroxismo, su culto a la personalidad
por motu proprio y por los lambiscones que siempre rodean el poder, fue exacerbado en
demasía. Para ejemplo, basta con mencionar el hecho de que en 1935, Mario Fermín Cabral
propone que se le cambie el nombre a la capital del país y en su lugar se llame “Ciudad
Trujillo”.

Sus muchos nombres y decenas de títulos hechos a la medida de su ego, fueron recitados
de memoria en eucaristías, cultos religiosos, liceos, actos públicos, pancartas, programas de
radio y televisión, acrósticos por su natalicio, canciones de moda, merengues ripiaos y en
epístolas al hombre mesiánico que encarnaba la primera magistratura del estado.

Todavía quedan como recuerdo de ese pasado de ignominia sus muchos obeliscos
levantados al honor fálico del Jefe, al patriarca que podía con todos los apetitos de la carne,
al macho cabrío, al berraco que cubría a todas las hembras, a ese mismo que un degenerado
por el servilismo tenía que mojarle “accidentalmente” con la copa los pantalones, pues en
los cócteles su próstata enferma delataba su incontinencia y ausencia definitiva de la
virilidad.
Él, el primer maestro decían algunos; él, el primer constructor decían otros a coro; el primer
soldado, el primer médico, el primer ingeniero, el primer gobernante, el mejor hijo, el
invaluable esposo, el solidario compañero, el generalísimo de 5 estrellas, porque no había
espacio para más en su hombro y en sus charreteras, el primer oficial, el primer marino, el
varón insigne, el benefactor de la patria, el padre de la patria nueva, y para el Lic. Peynado
“Una coartada de Dios para estar en el mundo”.

Conclusión

La era de Trujillo constituye un periodo de caracteres económicos y políticos, implantando


30 años de violencia y sangre en nuestro país. Supo manejar todos los puntos cardinales de
nuestro país y administrar todas las empresas del Estado.

De Trujillo podemos decir que era una hombre ambicioso, sin escrúpulos ni sentimientos
que solo buscaba su bien particular a costa del pueblo que gobernó con puño de hierro.

Podemos concluir diciendo que la Era de Trujillo es como una cicatriz que vivirá por
siempre en el recuerdo de todos los dominicanos aun en los que no la vivieron porque su
herida fue tan profunda que en las generaciones venideras seguirá presente, el recuerdo de
Trujillo es historia que debemos de conocer y nunca olvidar. “Después de muchos años de
desgracia, terminada la fatalidad y el desorden, es tiempo de que pensemos mejor y de que
busquemos hacer la felicidad del pueblo dominicano por medio de la Rectitud, la Libertad y
el Trabajo”.

La participación de Trujillo en asuntos públicos empieza en este período de su vida


autodenominados “Horacista”, se vinculó a los partidarios de Horacio Vázquez oportunidad
que aprovecho para dar rienda suelta a sus ambiciones. Varias veces presidente de la
República Dominicana gobernó el país directamente o través de hombres de confianza.
Coartó las libertades y toda oposición política. Murió asesinado el 30 de noviembre de 1961
en la avenida George Washington cuando éste se dirigía hacia San Cristóbal.
Bibliografía

Peguero, Valentina; De Los Santos, Danilo: Vision General De Historia Dominicana.


Impreso en Rep. Dom. Editora Corripio 1983.Martinez Almanzar, Juan Fco: Manual De
Historia Critica Dominicana. Impreso en la Rep. Dom. Centro
de Adiestramiento de Investigación Social (CASI) 1996; Antonio Benítez Rojo: La Isla que
se repite. Editorial Casiopea, USA, 1998; Francklin Franco Pichardo: Los Negros, Los
Mulatos y la Nación Dominicana.

Joaquín Balaguer: La Isla Alreves; Manuel Arturo Peña Batlle: La Patria Nueva; Manuel
Núñez: El Acoso a la Nación Dominicana.

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