Bustelo, P. (1999). Cap.
9 El nacimiento de
la economía del desarrollo. En Teorías
contemporáneas del desarrollo económico.
(pp. 103-113). Madrid, España: Síntesis.
,:. . , . . . ,
:.. .s . ,: . :'.. i. . .• !f../ -
\ l'is,:i11::: •¿1:;?1,1.1.1.41.
.. .09- - • - :- , -..... ..• , I.,- . 100000.154°..." .. • • .• . `',„.-.2.,:••••:".'". iiiiI,,,,„--,
'1 — .. " , . • . - %.1.1‘•
.. .. .......;;.:',.' ./. .. , iillY 4N,
../ . .•
d
e%,%`-
,
ir
i0
- -
1
---------INL-EN in ma -wor:Awir-An=imEs:11
,
i.
0
1.
i La teoria económica del desarrollo, que los anglosajo- s
nes llaman development economics, ha conocido una I
i
ii. larga evolución pareja a la de la evolución real del
1 desanollo, no exenta de controversias. Estas páginas 7
1 1 ponen de manifiesto los diversos carnbios y vaivenes •1
1
de esta teoria en la que conviven enfoques y sensibi- I
1
,I lidades diferentes.
I
I Pablo Bustelo es Profesor Titular de Economia aplicada il
1 en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales 1
i de la Universidad Complutense de Madrid.
1
! 1,
•- - -- - - - - - -- — - -
....... I. 1111F 1111 INI 11E 1111F MI IIIII 111F MI W 1E Mt 1111 11•1 111
•
J
, 1
)ITORIAL
1NTESIS !, i,i
Parte III
La Economía del desarrollo
desde 1945: las teorías ortodoxas
El nacimiento
de la 1-41,conomia
del desarrollo
En los afios treinta y cuarenta se produjo lo que Karl
Polanyi denomino la "gran transformación", esto es, el paso,
en la politica, del liberalism° al activismo estatal y, en la Eco-
nomia, aunque en mucha menor medida, del pensamiento
neoclasico (el andlisis economic° teórico y formalizado y
anclado en la btisqueda del beneficio individual) a la hete-
rodoxia keynesiana y post-keynesiana (la diversidad de and-
lisis económicos aplicados y las preocupaciones sociales). En
efecto, en su obra La gran transformación (1944), Polanyi
escribió, sobre la excepcionalidad del liberalismo politico y
del neoclasicismo económico, las lineas siguientes:
Todos los tipos de sociedad están limitados por los facto-
res económicos. La civilizaciOn del siglo xix solo era econó-
mica en un sentido diferente y distintivo, puesto que decidiO
basarse en un motivo escasamente aceptado como válido en
la historia de las sociedades humanas, y con seguridad nunca
103
Parte III. La Economía del desarrollo desde 1945...
antes elevado a la categoría de justificación de la acción y el
comportamiento de todos los días: el beneficio. El sistema de
mercado autorregulado se creó únicamente sobre la base de
ese principio. El mecanismo que la prosecución del beneficio
puso en marcha tuvo una eficacia comparable sólo a los más
violentos estallidos de fervor religioso en la historia.
La pérdida de fe en la idea neoclásica de que el libre mer-
cado conducía a la economía al equilibrio y la toma de
conciencia de los desastres provocados por la gran depresión
de los años treinta y por la Segunda Guerra Mundial cam-
biaron sustancialmente el pensamiento social. Una ¿e las
manifestaciones de ese cambio fue una cada vez mayor pre-
ocupación por lo que en esos años se empezaron a llamar
"economías subdesarrolladas".
La Economía del desarrollo se constituyó formalmente en
los años cuarenta. Antes, como ya se ha señalado, los eco-
nomistas se interesaron poco por las áreas atrasadas. Los clá-
sicos (excepto Marx) apenas se preocuparon por los proble-
mas del atraso en las sociedades pobres de su tiempo, si bien
es verdad que principalmente por falta de información. El
paréntesis neoclásico desplazó el interés hacia los problemas
de equilibrio (asignación de recursos e intercambio) y sus
representantes no tuvieron ni siquiera una teoría del creci-
miento. Incluso el keynesianismo inicial, hasta la llegada de
los modelos de crecimiento de Harrod-Domar, Kaldor, Good-
win, Duesenberry, etc., se interesó sólo por los problemas de
inestabilidad y de desempleo a corto plazo en las economías
desarrolladas.
En realidad, la expresión moderna "desarrollo económico"
(referida a países pobres o del Tercer Mundo) no alcanzó car-
ta de naturaleza hasta después de la Segunda Guerra Mun-
dial. Como ha señalado Arndt (1981), los clásicos (de nuevo
con la excepción, en este caso parcial, de Marx) hablaban de
104
Capítulo 9: El nacimiento de la Economía del desarrollo
"progreso material". Sólo Schumpeter, en los primeros dece-
nios del siglo xx, escribió sobre la teoría del desarrollo econó-
mico, pero con una visión preanalítica y referida únicamente a
los países ricos. En los arios veinte y treinta, la literatura colo-
nial entendía el desarrollo en sentido transitivo: el desarrollo
de los recursos minerales y agrícolas de las colonias.
9.1. La evolución del mundo real
La Economía del desarrollo destacó en esos primeros años
por dedicarse especialmente a obtener medidas de política
para aliviar la situación de subdesarrollo. Ello se debió a que
sus practicantes iniciales (los llamados "pioneros del desa-
rrollo") se distinguieron por un notable compromiso moral
para cambiar las cosas y vivieron una época de fuerte agita-
ción intelectual. Esa dimensión prescriptiva de la Economía
primigenia del desarrollo hizo que su propio alumbramien-
to se viera determinado por los cambios registrados en el
mundo real.
Varios acontecimientos y fenómenos merecen ser desta-
cados a este respecto.
— La Gran depresión en el mundo desarrollado (1929-
1939) provocó en los países pobres una merma de su
capacidad para importar (el comercio mundial dismi-
nuyó, en volumen, una cuarta parte tan sólo entre 1929
y 1932), mientras que el conflicto bélico mundial con-
llevó una quiebra de suministros. Ambos fenómenos con-
fluyeron en la necesaria adaptación a un entorno rece-
sivo, mediante políticas de industrialización por
sustitución de importaciones (ISI), esto es, de remplazo
de las compras de manufacturas por producción nacional.
La ISI hacía necesaria la intervención del Estado, bien
105
Parte III. La Economia del desarrollo desde 1945...
para provocar el impulso necesario a la industrializa-
ción, bien para proteger a los mercados interiores. La
mayor parte de las economias subdesarrolladas, espe-
cialmente en America Latina, cambiaron pues su estra-
tegia de desarrollo, abandonando las practicas liberales.
— La descolonización de Asia meridional y de Oriente
Medio, que se produjo inmediatamente después de la
guerra mundial, y que fue posible por el cambio en la
correlación mundial de fuerzas que el propio conflic-
to habia generado, se manifesto en una autoafirma-
ciOn nacionalista en los nuevos territorios indepen-
dientes (Filipinas y Jordania en 1946; India, Pakistan,
Jordania y Libano en 1947; Ceilan y Birmania en 1948;
Indonesia e Israel en 1949, etc.). Sus gobiernos bus-
caron legitimarse politica y socialmente mediante estra-
tegias de desarrollo económico y empezaron a solici-
tar especialistas que les asesorasen en ese emperio.
Estados Unidos se convirtió en la nueva potencia hege-
mónica tras la guerra, y sus intereses politicos y econó-
micos de estrategia externa (la contenciOn del comu-
nismo y la apertura de mercados donde colocar los
excedentes de capital y mercancias acumulados duran-
te el conflicto) hicieron que el desarrollo econOmico se
convirtiese, por vez primera, en una faceta de la politi-
ca exterior. Para hacer frente al ascenso de la Union
Sovietica, cuya economia habia resistido brillantemen-
te la incidencia de la crisis de los gios treinta, y conte-
ner la extension de su influencia internacional, asi como
para promover la paz y la estabilidad econOmica mun-
diales, los Estados Unidos empezaron a contemplar el
desarrollo de sus aliados en el Tercer Mundo como una
necesidad estrategica. W. W. Rostow, en un libro publi-
cado en 1955 sobre la politica estadounidense en Asia,
expresó perfectamente tal cambio:
io6
Capítulo 9: El nacimiento de la Economía del desarrollo
Hemos descartado claramente una posible solución a nues-
tros problemas internacionales: un ataque militar a la Unión
Soviética y a la China comunista por los Estados Unidos [...]
Esa decisión tiene una importante consecuencia puesto que
significa que el pueblo americano debe encontrar otras vías
para proteger sus intereses. La alternativa a la guerra total
iniciada por los Estados Unidos no es la paz. Hasta que se
impongan nuevos criterios y políticas en Moscú y Pekín, la
alternativa para los Estados Unidos es una mezcla de medi-
das militares, políticas y económicas.
— El éxito de la planificación indicativa durante los pri-
meros años cuarenta en los países desarrollados deter-
minó que se contemplase con buenos ojos su eventual
aplicación a los países subdesarrollados. Como ha des-
crito Singer (1992: 59-60).
La experiencia en tiempo de guerra de los países indus-
triales había demostrado la capacidad de la planificación
macroeconómica y de la acción gubernamental para maxi-
mizar la producción, movilizar recursos ociosos, alcanzar el
pleno empleo, así como, igualmente, para controlar la infla-
ción y conseguir una distribución más igualitaria de la ren-
ta. Esa experiencia fue particularmente llamativa en el Rei-
no Unido, país que, en la persona de Keynes, cumplió una
función esencial en la creación del sistema de Bretton Woods.
Se creía firmemente que los mismos principios de planifica-
ción, gestión macroeconómica de la economía por los gobier-
nos y movilización de los recursos ociosos, basados en los
principios keynesianos, eran también aplicables a las preo-
cupaciones de los países en desarrollo, que se habían con-
vertido en foco de interés mundial a raíz de la independen-
cia del subcontinente indio y de los cambios de la política
colonial en África para preparar la independencia.
La buena marcha de los planes estadounidenses de recons-
trucción europea (el Plan Marshall) y japonesa (el Plan
107
Parte HI. La Economia del desarrollo desde 1945...
MacArthur), que demostraron, ademds, la eficacia de las
transferencias internacionales de recursos a gran escala.
— La preocupaciOn de las Naciones Unidas pot los pro-
blemas del desarrollo, a diferencia de su antecesora, la
Liga de las Naciones. En la Asamblea General destac6
enseguida el bloque formado por paises asidticos y ofri-
canos. La propia Carta de San Francisco establecia corno
uno de los objetivos principales de la ONU fomentar
mayores niveles de vida, el pleno empleo y las condiciones
para el progreso economic° y social y el desarrollo.
La creaci6n de organismos económicos internacionales,
como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mun-
dial (ambos en la conferencia de Bretton Woods de 1944),
la Organización de Naciones Unidas para la Alimenta-
ción y la Agricultura (FAO) en 1945, y las Comisiones
Económicas para las diversas regiones: Comisión Eco-
nómica para Asia y Extremo Oriente (CEAEO) en 1947,
Comisión Económica para America Latina (CEPAL) en
1948, etc. En particular, el Banco Mundial, en realidad
un aspecto secundario en las intenciones de los repre-
sentantes de los paises ricos en la conferencia de Bretton
Woods, se denominaba oficialmente Banco Internacional
de Reconstrucción y Desarrollo (BIRD) y empez6 a sumi-
nistrar prestamos a algunos 'Daises de America Latina a
finales de los aiios cuarenta.
9.2. Los cambios ideológicos y teóricos
Las modificaciones hasta ahora descritas en la economia
y las instituciones internacionales se reflejaron rápidamente
en el pensamiento politico y social.
1°8
Capítulo 9: El nacimiento de la Economía del desarrollo
Los economistas y políticos de la posguerra se distinguían por
un notable afán reformista. Sus ideas de habían visto marcadas
profundamente por los traumas de la gran depresión de los arios
treinta y de la Segunda Guerra Mundial. Esa oleada de idealis-
mo se manifestó, por ejemplo, en los siguientes eventos:
— Las Cuatro Libertades que el presidente estadouni-
dense Roosevelt planteó como derechos universales a
principios de 1941, incluida la libertad de no pasar
necesidad.
— La Carta Atlántica, firmada por Churchill y Roose-
velt en agosto de ese ario, se proponía, en otros aspec-
tos, promover el libre acceso de todos los países al
comercio exterior y al aprovisionamiento de materias
primas, así como garantizar que todos los seres huma-
nos en todos los países pudieran vivir sin sentir mie-
do o sufrir necesidad.
— El famoso Punto Cuatro de la declaración del presi-
dente Truman en 1949 se convirtió en el primer pro-
grama estadounidense de ayuda al desarrollo, espe-
cialmente en el terreno técnico.
En otro orden de cosas, el sentimiento igualitarista que
despertó la solidaridad de las trincheras en la guerra mun-
dial, así como la toma de conciencia de los inconvenientes
del hecho colonial en los países pobres, provocaron en Occi-
dente una fuerte reacción contra el colonialismo. La opinión
pública y los gobiernos empezaron, justo después del final
de la contienda, a prepararse para la independencia de sus
colonias.
Además, la creciente afluencia de datos y los progresos de
la estadística permitieron a los especialistas y a sus lectores
darse cuenta de la enorme disparidad de rentas a escala mun-
dial. Ya antes de la guerra, la Liga de las Naciones elaboró
109
Parte III. La Economia del desarrollo desde 1945...
un informe sobre la situación de la alimentación en el pla-
neta, que se publicó en 1935. La Oficina Internacional del
Trabajo (OIT) se sumo tambien a esa tendencia, con estudios
que vieron la luz en 1939 y 1944. Ademis, en 1940 se publi-
có The conditions of economic progress, del economista bri-
tanico C. Clark, que, al recoger datos de contabilidad nacional
para varios 'Daises, puso de manifiesto la enorme desigual-
dad en la distribución de la renta y de la riqueza a nivel mun-
dial.
Por añadidura, los economistas empezaron a darse cuen-
ta de la falta de adecuación de las teorfas explicativas del
atraso (culturales o sociológicas) que eran moneda comUn
antes de la guerra. En palabras de Singer (1975, trad. esp.,
p. 25),
[...] no podia escapar a la atenciOn de los economistas el
hecho de que la marcha del progreso parecia ser un poco
selectiva y, en particular, parecia vacilante en los 'Daises tro-
picales y en los 'Daises no habitados por hombres blancos.
Esto se explicaba generalmente por razones no económicas:
el efecto del clima tropical sobre la inclinaciOn o la capaci-
dad de los hombres para esforzarse, la influencia de reljgio-
nes o filosofias fatalistas, etc. [Surgieron ash] las famosas teo-
rias acerca de que la iniciativa del progreso económico solo
podia corresponder a los protestantes (Weber), a los puri-
tanos, calvinistas, judios o minorias religiosas en general
(Sombart), a los prusianos (Sombart de nuevo).
Los nuevos especialistas en desarrollo consideraban poco
convincentes tales explicaciones, desarrolladas en obras, ante-
riores a la Segunda Guerra Mundial, como La ética pro tes-
tante y el espiritu del capitalismo ( M. Weber, 1905), El capi-
talism° moderno ( W. Sombart, 1916), El instinto del trabajo
human° (T. Veblen, 1914), o La estructura de la accion social
(T. Parsons, 1937).
II0
Capítulo 9: El nacimiento de la Economía del desarrollo
Por último, fue determinante la aportación metodológi-
ca de la revolución keynesiana, surgida, como ya vimos, de
la crisis del pensamiento neoclásico, y debida, a su vez, a la
incapacidad de éste para explicar y dar respuesta a la gran
depresión. En palabras de Hirschman (1980, trad. esp., pp.
17-18):
La Economía del desarrollo aprovechó el descrédito sin
precedentes en que había caído la Economía ortodoxa como
resultado de la depresión de los arios treinta y del éxito, tam-
bién sin precedente, de un ataque a la ortodoxia provenien-
te del interior del establishment de la ciencia económica. Por
supuesto, me refiero a la Revolución keynesiana de los años
treinta, que se convirtió en la nueva economía y casi en la
nueva ortodoxia en los arios cuarenta y cincuenta. Keynes
había establecido firmemente la idea de la existencia de dos
clases de ciencia económica: la tradición ortodoxa o clási-
ca, que se aplica, como gustaba de subrayar Keynes, al caso
especial en que la economía se encuentra plenamente emplea-
da; y un otro sistema muy diferente de proposiciones analí-
ticas y de prescripciones de política (reformadas por Key-
nes) que se aplica cuando hay un gran desempleo de recursos
humanos y materiales. El paso keynesiano de una a dos cien-
cias económicas fue decisivo: se había roto el hielo de la
monoeconomía y de pronto resultaba verosímil la idea de la
posible existencia de otra ciencia económica, sobre todo
entre el grupo de economistas keynesianos, muy influyente
a la sazón.
Si bien es verdad que la crítica keynesiana a la Economía
neoclásica y la defensa de la intervención del Estado por par-
te de los keynesianos contribuyó mucho al nacimiento de la
Economía del desarrollo, no conviene, sin embargo, exagerar
su importancia. En efecto, la contribución del keynesianismo
fue sobre todo metodológica, y sólo en escasa medida teórica.
III
Parte III. La Economia del desarrollo desde 1945...
El desempleo de los 'Daises desarrollados no era equiparable al
subempleo existente en los subdesarrollados. La estabilización
a corto plazo era suficiente para generar un crecimiento sos-
tenido en los primeros, mientras que el Tercer Mundo necesi-
taba planificaciOn estatal y ayuda extranjera para provocar el
impulso mismo de industrialización. El problema principal en
los 'Daises ricos, decia Keynes, era el desempleo de los recursos
existentes, por causa de la insuficiencia de la demanda efecti-
va. En los 'Daises pobres, por el contrario, el obstdculo más
i mportante era la falta de capital.
En suma, la contribución de la revoluciOn keynesiana al
nacimiento de la Economia del desarrollo puede resumirse
de la siguiente manera:
— Al romper con la monoeconomia, Keynes abrió la puer-
ta a la existencia de varios andlisis económicos para
estudiar realidades diferentes. Los economistas del
desarrollo se ampararon en tal ruptura para defender
que las estructuras tecnológicas, geopoliticas e insti-
tucionales de los 'Daises subdesarrollados eran distin-
tas de las existentes en los paises ricos y que, ademds,
eran lo suficientemente diferentes como para justifi-
car la creación de un enfoque alejado del paradigma
(neoclasico o keynesiano) utilizado para estudiar la
realidad de los paises desarrollados.
— Keynes y, sobre todo, sus seguidores hicieron posible
que los economistas volvieran a interesarse por el cre-
cimiento a largo plazo: las recetas keynesianas habian
solucionado (aunque luego se vio que solo temporal-
mente) la inestabilidad y el desempleo a corto plazo
en los paises desarrollados; la dinamización de la
macroeconomia agregada keynesiana, con los mode-
los de Harrod-Domar o Kaldor, permitio a los eco-
nomistas combinar andlisis keynesiano y teorias del
112
Capítulo 9: El nacimiento de la Economía del desarrollo
crecimiento y, sobre todo, elevar el grado de formali-
zación y de atractivo académico de su análisis; la teo-
ría keynesiana fomentó el desarrollo de la Economía
aplicada, y la recogida de datos estadísticos a escala
internacional hizo que los economistas tomasen concien-
cia de la disparidad de los niveles de desarrollo.
Con todo, el análisis keynesiano era un enfoque desarrolla-
do desde y para los países desarrollados, de manera que su
extrapolación al mundo en desarrollo resultaba casi imposible.
En general, el escepticismo de los economistas del desa-
rrollo respecto del pensamiento neoclásico se extendió tam-
bién, por esas razones, a la teoría keynesiana. Se produjo un
retorno a la gran tradición clásica, cuya visión del crecimiento
económico y del cambio social, aunada a su análisis de la dis-
tribución de la renta entre clases sociales y de la producción
entre sectores, a sus funciones de ahorro e inversión y a su
insistencia en la acumulación de capital, parecía más apro-
piada para el estudio de los países subdesarrollados.
En ese sentido, la aportación de economistas procedentes de
Europa central y oriental, así como la de especialistas origi-
narios de países del propio Tercer Mundo, fue fundamental.
Los primeros, que en buen número se instalaron en el Reino
Unido antes de la guerra, estaban muy influidos por el debate
sobre la industrialización soviética de los arios 20 y 30, así como
por el análisis marxista, al menos en la importancia otorgada
a las relaciones intersectoriales. Los segundos se declararon par-
tidarios de un retorno a Smith, Mill, o Ricardo. En el primer
grupo, cabe destacar los nombres de P. N. Rosenstein-Rodan,
K. Mandelbaum (luego K. Martin), N. Kaldor, M. Kalecki,
T. Balogh, e incluso H. W. Singer, A. O. Hirschman y A. Gers-
chenkron. En el segundo, los principales fueron W. A. Lewis,
R. Prebisch o P. Ch. Mahalanobis. De todos ellos hablare-
mos en el capítulo siguiente.
il3