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Revisado YO TONYA

Este documento analiza la película I Tonya a través de conceptos freudianos como el ideal del yo, la pulsión de muerte y el ello. Examina cómo los personajes de la madre, el novio y la propia Tonya se ven influenciados por las expectativas de la masa y desean la fama a cualquier costo. También explora cómo la violencia de sus padres y esposo moldean su yo y la llevan a identificarse con ideales inalcanzables. Finalmente, sugiere que el patinaje representa un poder superior que guía sus

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Revisado YO TONYA

Este documento analiza la película I Tonya a través de conceptos freudianos como el ideal del yo, la pulsión de muerte y el ello. Examina cómo los personajes de la madre, el novio y la propia Tonya se ven influenciados por las expectativas de la masa y desean la fama a cualquier costo. También explora cómo la violencia de sus padres y esposo moldean su yo y la llevan a identificarse con ideales inalcanzables. Finalmente, sugiere que el patinaje representa un poder superior que guía sus

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YO…

TONYA

VICTOR MANUEL MEDINA CERVANTES


YO…
TONYA

VÍCTOR MANUEL MEDINA CERVANTES

A propósito del título de la película I Tonya del director australiano Craig


Guillespie, viene a cuento hablar del concepto Freudiano del ideal del yo. Sigmund
Freud, al evidenciar la influencia de la masa en el individuo, por ejemplo, aclara lo
siguiente: “Hemos partido del hecho básico de que en una masa el individuo
experimenta, por influencia de ella, una alteración profunda de su actividad
anímica”.1 Esta influencia condiciona —en opinión del propio doctor vienés— que
el individuo inhiba al menos una parte de su pensamiento particular y reciba una
influencia considerable bajo dos aspectos: sugestión e imitación.2 En este
pequeño ensayo se van a localizar algunos elementos de la teoría freudiana (Yo,
pulsión de muerte, y ello) tomando como referencia algunos pasajes de la película
de Guillespie antes mencionada.

EL IDEAL DEL YO
Sigmund Freud expresa las ideas de algunos teóricos a propósito de la sugestión
y la Libido diciendo:

La explicación alternativa que nos ofrecen los autores que


escriben sobre sociología y psicología de las masas es siempre la
misma, aunque bajo nombres variables: la palabra ensalmadora
<<sugestión>>. Tarde (1890) la llama imitación, pero debemos
coincidir con un autor que nos previene que la imitación cae bajo
el concepto de sugestión y es justamente una consecuencia de
ella (Brugeilles, 1913).3

Precisamente en el desarrollo de los personajes de la película I Tonya, se


puede notar con claridad que —la madre, el novio, el amigo del novio y la propia
Tonya— rigen sus personas, sus expectativas, sus anhelos, por los dictados de la
“masa”, por la necesidad de ser alguien distinto a lo que son (pobres y “basura
blanca”), por medio de la idea generalizada que lo único que vale la pena en ese
1
Freud, S. Obras completas, tomo XVIII, p. 84.
2
Idem.
3
Idem.

2
grupo social es la notoriedad que concede ser “célebres”. Cada uno de los
personajes desea la “excepcionalidad” al precio que sea. Ser una persona normal,
trabajar en una cafetería como mesera, tener una casa “normal” o un automóvil de
ninguna manera es suficiente. El ideal de la masa, el ser “famoso” y —por
supuesto— rico. Esa imagen es la única y principal aspiración a la que se someten
los personajes.
En otro momento de sus reflexiones a propósito de la identificación, Freud
afirma que:

Ya en ocasiones anteriores nos vimos llevados a adoptar el


supuesto de que en nuestro yo se desarrolla una instancia así,
que se separa del resto del yo y puede entrar en conflicto con él.
La llamamos el <<ideal del yo>>, y le atribuimos las funciones de la
observación de sí, la conciencia moral, la censura onírica y el
ejercicio de la principal influencia en la represión. (…) Dijimos que
era la herencia del narcisismo originario, en el que el yo infantil se
contentaba a sí mismo. Poco a poco toma, de los influjos del
medio, las exigencias que este plantea al yo y a las que el yo no
siempre puede allanarse, de manera que el ser humano, toda vez
que no puede contentarse consigo en su yo, diferenciado a partir
de aquel. Establecimos, además, que en el delirio de observación
se vuelve patente la descomposición de esa instancia, y así
descubre su origen, que son las influencias de las autoridades,
sobre todo de los padres.4

Es muy clara, en la película de Gillespie, la violencia que se ejerce sobre el


yo de Tonya, incluso desde la más tierna infancia, por medio de dos polos de
autoridad que presionan para convertirla en un simple objeto de disputa: por un
lado la madre, una mujer devoradora, que usa a su hija como objeto de su pasión
insana por ser “otra” cosa; por otro, el padre que abandona, que destruye el
vínculo con la hija pequeña del mismo modo que acaba con la vida de un conejo
indefenso. El yo de Yonya pareciera sólo impelido a satisfacer el egoísmo
supremo de los progenitores. Asimismo, la relación con Jeff —el marido de Tonya
(interpretado por el actor Sebastian Stan)— esposo golpeador, capaz de
abandonar y traicionar a la esposa que es —según dice el mismo Jeff— el “amor
de su vida”; el vínculo en la pareja ocurre por medio de la repetición de los

4
Ibidem, pp. 103-104.

3
referentes de los padres —e incluso podemos suponer que de los padres no sólo
de Tonya sino también de Jeff, aunque en el guion de la película no tengamos
noticias de ellos—, una repetición que manifiesta una suerte de intención de salir
del círculo del “ideal del yo” para participar al fin de algo propio, de una propia
vida. Sin embargo, ese escape es, en muchos modos, un imposible. A propósito
de lo cual nos dice Freud:

El lenguaje usual es fiel, hasta en sus caprichos, a alguna


realidad. Es así como llama <<amor>> a vínculos afectivos muy
diversos que también nosotros reuniríamos en la teoría bajo el
título sintético de amor; pero después le entra la duda si ese amor
es el genuino, el correcto, el verdadero, y señala entonces toda
una gradación de posibilidades dentro del fenómeno del amor. (…)
En una serie de casos, el enamoramiento no es más que una
investidura de objeto de parte de las pulsiones sexuales con el fin
de alcanzar la satisfacción sexual directa, lograda la cual se
extingue; es lo que se llama amor sensual, común. Pero, como es
sabido, la situación libidinosa rara vez es tan simple. La
certidumbre de que la necesidad que acababa de extinguirse
volvería a despertar tiene que haber sido el motivo inmediato de
que se volcase al objeto sexual una investidura permanente y se
lo <<amase>> aun en los intervalos cuando el apetito estaba
ausente.5

En los lapsos de “ausencia” de deseo sexual, Jeff y Tonya se golpean


salvajemente hasta que el deseo sexual reaparece siempre precedido y procedido
de una nueva agresión física y la incapacidad —especialmente del marido— de
mantenerse alejado de la mujer que lo obsesiona. Y pensando particularmente en
lo que le sucede al personaje de Jeff, a sus contradicciones, deseos incumplidos y
profunda equivocación —a partir de una idealización de su “objeto” amado— hay
que recordar que Tonya representa todo lo que Jeff nunca podrá realizar, y por
esa razón se pueden recordar las palabras de Freud a propósito de que:

Es notorio que con la pubertad se inician nuevas aspiraciones,


muy intensas, dirigidas a metas directamente sexuales. (…) El
hombre se inclina a embelesarse por mujeres a quienes venera,
que empero no le estimulan al intercambio amoroso; y sólo es
potente con otras mujeres, a quienes no <<ama>>, a quienes
5
Ibidem, p. 105.

4
menosprecia o aun desprecia. (…) El afán que aquí falsea al juicio
es el de la idealización. (…) Y aun en muchas formas de la
elección amorosa salta a la vista que el objeto sirve para sustituir
un ideal del yo propio, no alcanzado.6

El ideal del “yo propio no alcanzado” genera también en Jeff una violencia
destructiva hacia Tonya, que terminará por provocar el final de la carrera de la
patinadora a la que tanto “admiraba” el marido y a quien —quizá sin percatarse—
hubiera deseado incluso emular.

En otro orden de ideas, la necesidad casi sobrehumana de Tonya por


conseguir una posición internacionalmente destacada en el patinaje, expresa toda
suerte de identificaciones del yo y de sus implicaciones con la masa. A este
respeto nos explica Freud:

Cada individuo es miembro de muchas masas, tiene múltiples


ligazones de identificación y ha edificado su ideal del yo según los
más diversos modelos. (…) y en estas masas ruidosas, efímeras,
que por así decir se superponen a las otras, se nos presenta el
asombroso fenómeno: desaparecer sin dejar huellas, si bien sólo
temporariamente, justo aquello que hemos reconocido como
desarrollo individual.7

De hecho, parte de la lucha de Tonya por encontrar estabilidad, satisfacción


física y emocional, hay intentos vanos de lograr un lugar propio en el mundo. Sin
embargo, pareciera que cada vez que lo intenta, se aferra más a las imágenes
depredadoras que corroen su persona, su yo: la madre, el padre ausente, el
esposo agresivo, la entrenadora inútil. Y al respecto agrega Freud algo más:
“Comprendimos ese asombroso fenómeno diciendo que el individuo resigna su
ideal del yo y lo permuta por el ideal de la masa corporizado en su conductor.” 8,
conductor que encarna quizá en el acto mismo del patinaje y sus implicaciones
masivas y las de un ideal desproporcionado. En este sentido, para los personajes
de la historia (madre, Tonya, esposo, amigo mentiroso y entrenadoras) el ideal del

6
Ibidem, p. 106.
7
Ibidem, p. 122.
8
Idem.

5
espectáculo del patinaje representa casi un poder superior que los guía y les
determina la historia personal.
Pulsión de muerte
En el texto toral llamado Más allá del principio del placer (1920), Freud
establece que veinticinco años de labor psicoanalítica puede establecer lo
siguiente:

El psicoanálisis era sobre todo un arte de interpretación. Pero


como así no se solucionaba la tarea terapéutica, enseguida se
planteó otro propósito inmediato: instar al enfermo a corroborar la
construcción mediante su propio recuerdo. A raíz de este empeño,
el centro de gravedad recayó en las resistencias de aquel; el arte
consistía ahora en descubrirlas a la brevedad, en mostrárselas y,
por medio de la influencia humana (este era el lugar de la
sugestión, que actuaba como <<transferencia>>), moverlo a que las
resignase.9

De modo que la resistencia o resistencias motivan que el paciente, nos


aclara Freud: “se ve forzado a repetir lo reprimido como vivencia presente, en vez
de recordarlo, como el médico preferiría, en calidad de fragmento del pasado”. (el
subrayado y cursivas son mías) A esta condición en este y en otros textos
[Recordar, repetir y reelaborar (1914), por ejemplo] el médico vienés la llamará
<< compulsión de repetición>>. Y también nos aclara Freud que: “esta reproducción,
que emerge con fidelidad no deseada, tiene siempre por contenido un fragmento
de la vida sexual infantil y, por tanto, el complejo de Edipo y sus ramificaciones; y
regularmente se juega {se escenifica} en el terreno de la transferencia, esto es, de
la relación con el médico.” 10 En la película mencionada, la compulsión a la
repetición se manifiesta claramente en la actitud del personaje Shawn Eckardt, el
guarura falso (personaje interpretado por el actor Paul Walter Hauser), carácter
que no puede parar de mentir acerca de su vida, su trayectoria profesional y su
persona en general. Incluso cuando es evidente que lo que sostiene de sí —que
es un agente reconocido internacionalmente— es claramente desmentido por una
entrevistadora, Shawn mantiene su mentira, repitiendo para sí el convencimiento

9
Ibidem, p. 18.
10
Idem.

6
de su “verdad” creada. Y al respecto agrega Freud: “El florecimiento temprano de
la vida sexual infantil estaba destinado a sepultarse {Untergang} porque sus
deseos eran inconciliables con la realidad y por la insuficiencia de la etapa
evolutiva en que se encontraba el niño.” 11 Con esta explicación precisa queda más
claro por qué Shawn Eckardt, siendo un adulto hecho y derecho, sigue viviendo
como hijo único de familia en la casa de sus padres y bajo la especial protección
de la madre, una obesa mujer —como él mismo— que vive metida en la vida del
vástago pero al mismo tiempo no se entera de las mentiras con las que ha
construido su vida. Por otra parte, Freud agrega también que:
La pérdida del amor y el fracaso dejaron como secuela un daño
permanente del sentimiento de sí, en calidad de cicatriz narcisista,
que, tanto según mis experiencias como según las
puntualizaciones de Marcinowski (1918), es el más poderoso
aporte al frecuente <<sentimiento de inferioridad>> de los
neuróticos.12

En el caso de Tonya sucede algo parecido, su sentimiento de inferioridad la


obliga a repetir y repetir patrones de conducta (descuidos, faltas de disciplina,
insistencia en relaciones con compañeros violentos y destructivos, pérdida general
de control sobre su físico) que le impiden lograr a plenitud —a pesar de poner
siempre en riesgo la integridad de su cuerpo— el sueño de la fama y la celebridad,
sueño que se cumple parcial y paradójicamente a través del escándalo mediático
que genera su expulsión de la competencia olímpica por el atentado contra su
compañera de patinaje. Y agrega Freud que: “el vínculo tierno establecido casi
siempre con el progenitor del otro sexo sucumbió al desengaño, a la vana espera
de una satisfacción.”13 Conviene recordar aquí que el padre de Tonya la abandonó
a su suerte en las garras de la violenta y patológica madre, a pesar de los ruegos
y el dolor evidente de la hija desamparada, lo cual implica también una suerte de
compulsión a la repetición en el terreno preciso de la humillación constante a la
que se ve sometido el personaje. Y como si el propio Freud conociera a la
perfección la historia personal de Tonya, aclara que:

11
Ibidem, p. 20.
12
Idem.
13
Idem.

7
Se conocen individuos en quienes toda relación humana lleva a
idéntico desenlace: benefactores cuyos protegidos (por disímiles
que sean en lo demás) se muestran ingratos pasado cierto tiempo,
y entonces parecen destinados a apurar entera la amargura de la
ingratitud; hombres en quienes toda amistad termina con la
traición del amigo; otros que en su vida repiten incontables veces
el acto de elevar a una persona a la condición de eminente
autoridad para sí mismos o aun para el público, y tras el lapso
señalado la destronan para sustituirla por una nueva; amantes
cuya relación tierna con la mujer recorre siempre las mismas fases
y desemboca en idéntico final, etc. Este <<eterno retorno de lo
igual>> nos asombra poco cuando se trata de una conducta activa
de tales personas y podemos descubrir el rasgo de carácter que
permanece igual en ellas, exteriorizándose forzosamente en la
repetición de idénticas vivencias.14

Freud pareciera definir con su análisis la vida de cada uno de los


personajes de la película: la madre termina por rumiar su malestar y frustración
atada a un tanque de oxígeno que rememora su condición de fumadora
compulsiva; Jeff sometido a la codependencia emocional de la mujer que lo hace
enfurecer siempre: Tonya; y ella —de Tonya se habla— repitiendo una y otra vez
la escena del fracaso, la frustración, el abandono y el amargo recuerdo de lo que
pudo haber sido y simplemente no fue.

Localización del ello (polo pulsional, pulsión sexual)


Cuando Sigmund Freud aborda el problema del yo y del ello se refiere de manera
puntual y especialísima a Georg Groddeck quien, siguiendo a Nietszche —al
menos desde el ángulo del doctor vienés— nombra el ello aplicándolo a lo
impersonal que responde a una necesidad de la naturaleza. Freud afirma que: “me
refiero a Georg Groddeck, quien insiste, una y otra vez, en que lo que llamamos
nuestro << yo>> se comporta en la vida de manera esencialmente pasiva, y —según
su expresión— somos << vividos>> por poderes ignotos {unbekannt}
ingobernables.”15 Y más adelante agrega también que: “Propongo dar razón de
ella llamando << yo>> a la esencia que parte del sistema P y que es primero prcc, y
<< ello>>, en cambio, según uso de Groddeck, a lo otro psíquico en que aquel se

14
Ibidem, pp. 21-22.
15
Freud, S., op.cit., tomo XIX, p. 25.

8
continúa y que se comporta como icc.”16 A partir de esta reflexión de Freud se
puede aproximar otro elemento de la película, el momento en que la madre de
Tonya acompaña a su hija a la primera cita con Jeff en la cafetería y casi a
bocajarro pregunta si ya “cogieron” —así lo expresa literalmente—. La reacción de
desconcierto de la pareja (Tonya y Jeff) no se hace esperar. Y aunque es
conocida para los personajes la rudeza y el descaro de la madre, queda en el
ambiente una especie de intromisión en la pareja, como si Lavona Golden se
apoderara “verbalmente” de los genitales de sus “hijos” y los “masticara” a su
antojo. Y a propósito de ello nos dice Freud que:

el carácter del yo es una sedimentación de las investiduras de


objeto resignadas, contiene la historia de estas elecciones de
objeto. Desde luego, de entrada, es preciso atribuir a una escala
de la capacidad de resistencia {Resistenz} la medida en que el
carácter de una persona adopta estos influjos provenientes de la
historia de las elecciones erótica de objeto o se defiende de
ellos.17

La reflexión de la madre de Tonya —lo que regresa–—, es su pésima y


equivocada experiencia al elegir al objeto que desprecia (en este caso Jeff,
aunque podrían ser cualquiera de sus varios maridos); Jeff, aunque es el novio de
su hija, se convierte también en pasto para las fauces de la madre, repitiendo así
lo que le dice a Tonya el día de su boda (“a los perdedores te los coges, no te
casas con ellos”). Es evidente que, con sus maridos, la madre de Tonya ha
aplicado el mismo principio, pero “sí se casó” con ellos, generando un
resentimiento y un desprecio hacia los hombres que proyecta en Tonya pero
también, y muy especialmente en Jeff.

LOCALIZACIÓN DEL YO: POLO DEFENSIVO, LO INCONSCIENTE EN EL YO.

Es evidente que los principales conflictos de Tonya —su ser yo Tonya—


provienen de las pésimas relaciones con sus padres. Además de la agresión
permanente que la madre ejerce sobre el padre (y al revés también), Tonya
16
Idem.
17
Ibidem, p. 31.

9
enfrenta el abandono y la humillación de ambos. Freud nos propone, a su vez,
que:

Con la demolición del complejo de Edipo tiene que ser resignada


la investidura de objeto de la madre. Puede tener dos diversos
remplazos: o bien una identificación con la madre, o un refuerzo
de identificación-padre. Solemos considerar este último desenlace
como el más normal; permite retener en cierta medida el vínculo
tierno con la madre.18

Sin embargo, y para desgracia de Tonya, la ternura hacia la madre es imposible y


cada vez que ocurre por un extraordinario azar un acercamiento al parecer
cariñoso —como la visita de la madre luego de la desgracia con la competencia
olímpica, (sólo para buscar sacarle una declaración de culpabilidad que le
redituará —a la madre— un beneficio económico)—, la separación y el
resentimiento se agrandan. Por otra parte, Freud agrega también la siguiente idea:

Muy a menudo averiguamos por el análisis que la niña pequeña,


después que se vio obligada a renunciar al padre como objeto de
amor, retoma y destaca su masculinidad y se identifica no con la
madre, sino con el padre, esto es, con el objeto perdido. Ello
depende, manifiestamente, de que sus disposiciones masculinas
(no importa en qué consistan estas) posean la intensidad
suficiente.19

Muy probablemente, ateniéndonos a la reflexión del doctor Freud, la


obsesión de Tonya por el patinaje expresa esa salida física —masculina— que
busca en alguna medida hacer presente la “ausencia” del padre perdido o, al
menos, su fuerza corporal sustituida por el dolor de la humillación, al abandono y
la ausencia.

A manera de conclusión se puede decir que la función del yo y ello en los


personajes de la película de Gullespie adquiere varios matices y que la conclusión
de Freud a propósito de esos mismos tópicos nos ayuda a esclarecer un poco más
todavía el panorama:

18
Ibidem, p. 34.
19
Idem.

10
El ello, a quien nos vemos reconducidos al final, no tiene medio
alguno para testimoniar amor u odio al yo. Ello no puede decir lo
que ello quiere; no ha consumado ninguna voluntad unitaria. Eros
y pulsión de muerte luchan en el ello; dijimos ya con qué medios
cada una de estas pulsiones se defiende de la otra. Podríamos
figurarlo como si el ello estuviera bajo el imperio de las mudas,
pero poderosas pulsiones de muerte, que tienen reposo y querrían
llamar a reposo a Eros, el perturbador de la paz, siguiendo las
señas del principio del placer; no obstante, nos preocupa que así
subestimemos el papel de Eros.20

Pareciera como si el yo y el ello fueran imágenes de la dinámica que se establece


precisamente entre yo —Tonya— y su ello —madre—.

Una última palabra a propósito de la obra Clínica del vacío. Anorexias,


dependencias, psicosis de Massimo Recalcati, que puede ser aplicada literalmente
a la película I Tonya. El autor nos dice que “el devorar de la bulimia psicótica es la
expresión del poder sin límites del superyó materno. El sujeto no puede decir
“no”.21 Es evidente que el gran problema de Tonya, el conflicto profundo de su
persona es que no puede decir no.
Por otra parte, y a propósito de El Libro del ello de Georg Groddeck donde
el autor dice refiriéndose al dolor que:

Observe usted a los hombres en los momentos de la más


profunda tristeza, o de la más profunda alegría: su expresión del
rostro se vuelve infantil, y los movimientos igualmente; la voz
recobra su flexibilidad, el corazón late como en la infancia, los ojos
brillan o se enturbian. En efecto, nosotros tratamos de ocultar todo
esto, pero, sin embargo, está claramente ahí, lo que pasa es que
no lo advertimos sin más, pues estas pequeñas señales, que
hablan tan fuerte, no queremos percibirlas en nosotros mismos, y
por eso tampoco las vemos en los demás. ¿Deja, de hecho, uno
de llorar cuando llega a mayor?”22

¿Acaso podría Yo Tonya dejar alguna vez el dolor y las lágrimas?

20
Ibidem, p. 59.
21
Recalcati, M., La clínica del vacío. Anorexia, dependencia, psicosis, p. 75.
22
Groddeck. G., El libro del ello. Cartas psicoanalíticas a una amiga, p. 44.

11
BIBLIOGRAFÍA

FREUD, S. Obras completas, tomo XVIII. Buenos Aires: Amorrortu, 2017.


_________Obras completas tomo XIX. Buenos Aires: Amorrortu, 2018.

GRODDECK. G. El libro del ello. Cartas psicoanalíticas a una amiga. Madrid:


Taurus, 1973.

RECALCATI, M. La clínica del vacío. Anorexia, dependencia, psicosis. Madrid:


Síntesis, 2003.

12

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