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CUENTOS

El documento presenta varios cuentos populares con moralejas. En el primer cuento, un mosquito jactancioso desafía a un león pero termina atrapado en una telaraña. En el segundo, un conejo astuto engaña a un tigre haciéndolo rodar por una colina. En el tercero, un ratón salva a un león que lo había dejado ir antes. Los cuentos enseñan lecciones como no subestimar a otros y la importancia de la astucia.

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CUENTOS

El documento presenta varios cuentos populares con moralejas. En el primer cuento, un mosquito jactancioso desafía a un león pero termina atrapado en una telaraña. En el segundo, un conejo astuto engaña a un tigre haciéndolo rodar por una colina. En el tercero, un ratón salva a un león que lo había dejado ir antes. Los cuentos enseñan lecciones como no subestimar a otros y la importancia de la astucia.

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El león y el mosquito

Un león descansaba bajo la sombra de un frondoso árbol cuando


un mosquito pasó zumbando a su alrededor. Enfurecido, el león le
dijo al mosquito:
— ¿Cómo te atreves a acercarte tanto? Vete, o te destruiré con mis
garras.
Sin embargo, el mosquito era muy jactancioso y conocía bien sus
propias habilidades y las ventajas de su diminuto tamaño.
— ¡No te tengo miedo! — Exclamó el mosquito—. Puedes ser
mucho más fuerte que yo, pero tus afilados dientes y garras no me
harán el menor daño. Para comprobarlo, te desafío a un combate.
En ese momento, el mosquito atacó al león picándolo en la nariz,
las orejas y la cola. El león, aún más enfurecido a causa del dolor,
intentó atrapar al mosquito, pero terminó lastimándose gravemente
con sus garras.
Lleno de orgullo, el mosquito comenzó a volar sin mirar hacia a
donde iba. Fue de esta manera que tropezó con una telaraña y
quedó atrapado entre los hilos de seda. Entonces, se dijo entre
lamentos:
– Qué triste es mi final; vencer al rey de todas las bestias y acabar
devorado por una insignificante araña.
Moraleja: Ninguna victoria dura para siempre.
Tío Tigre y Tío Conejo
Una calurosa mañana, se encontraba Tío Conejo recolectando
zanahorias para el almuerzo. De repente, escuchó un rugido
aterrador: ¡era Tío Tigre!
—¡Ajá, Tío Conejo! —dijo el felino—. No tienes escapatoria, pronto
te convertirás en un delicioso bocadillo.
En ese instante, Tío Conejo notó unas piedras muy grandes en lo
alto de la colina e ideó un plan.
—Puede que yo sea un delicioso bocadillo, pero estoy muy flaquito
—dijo Tío Conejo—. Mira hacia la cima de la colina, ahí tengo mis
vacas y te puedo traer una. ¿Por qué conformarte con un pequeño
bocadillo, cuando puedes darte un gran banquete?
Como Tío Tigre se encontraba de cara al sol, no podía ver con
claridad y aceptó la propuesta. Entonces le permitió a Tío Conejo ir
colina arriba mientras él esperaba abajo.
Al llegar a la cima de la colina, Tío Conejo gritó:
—Abre bien los brazos Tío Tigre, estoy arreando la vaca más
gordita.
Entonces, Tío Conejo se acercó a la piedra más grande y la
empujó con todas sus fuerzas. La piedra rodó rápidamente.
Tío Tigre estaba tan emocionado que no vio la enorme piedra que
lo aplastó, dejándolo adolorido por meses.
Tío Conejo huyó saltando de alegría.
Moraleja: Más vale ser astuto que fuerte.
El león y el ratón
En un día muy soleado, dormía plácidamente un león cuando un
pequeño ratón pasó por su lado y lo despertó. Iracundo, el león
tomó al ratón con sus enormes garras y cuando estaba a punto de
aplastarlo, escuchó al ratoncito decirle:
—Déjame ir, puede que algún día llegues a necesitarme.
Fue tanta la risa que estas palabras le causaron, que el león
decidió soltarlo.
Al cabo de unas pocas horas, el león quedó atrapado en las redes
de unos cazadores. El ratón, fiel a su promesa, acudió en su
ayuda. Sin tiempo que perder, comenzó a morder la red hasta dejar
al león en libertad.
El león agradeció al ratón por haberlo salvado y desde ese día
comprendió que todos los seres son importantes.
Moraleja: No menosprecies a los demás, todos tenemos las
cualidades que nos hacen muy especiales.
La cigarra y la hormiga
Durante todo un verano, una cigarra se dedicó a cantar y a jugar
sin preocuparse por nada. Un día, vio pasar a una hormiga con un
enorme grano de trigo para almacenarlo en su hormiguero.
La cigarra, no contenta con cantar y jugar, decidió burlarse de la
hormiga y le dijo:
—¡Qué aburrida eres!, deja de trabajar y dedícate a disfrutar.
La hormiga, que siempre veía a la cigarra descansando, respondió:
—Estoy guardando provisiones para cuando llegue el invierno, te
aconsejo que hagas lo mismo.
—Pues yo no voy a preocuparme por nada —dijo la cigarra—, por
ahora tengo todo lo que necesito.
Y continuó cantando y jugando.
El invierno no tardó en llegar y la cigarra no encontraba comida por
ningún lado. Desesperada, fue a tocar la puerta de la hormiga y le
pidió algo de comer:
—¿Qué hiciste tú en el verano mientras yo trabajaba? —preguntó
la hormiga.
—Andaba cantando y jugando —contestó la cigarra.
—Pues si cantabas y jugabas en verano —repuso la hormiga—,
sigue cantando y jugando en el invierno.
Dicho esto, cerró la puerta.
La cigarra aprendió a no burlarse de los demás y a trabajar con
disciplina.
Moraleja: Para disfrutar, primero tienes que trabajar.
El burro con piel de león
Érase una vez un burro que encontró una piel de león en medio del
campo:

“Con esta piel podré disfrazarme de león y asustar a los demás


animales”, pensó entre risas.

El burro se puso la piel del león y recorrió el campo disfrazado. Al


verlo, las personas y los animales corrían aterrorizados. ¡Pensaban
que el burro era en realidad un león!

Un día, el burro estaba tan orgulloso de su hazaña que dejó


escapar un fuerte rebuzno.

Cerca, había un astuto zorro que no podía ser engañado.

—Quítate ese disfraz, burro descocado —dijo el zorro—. Pareces


un león, pero por la forma en que rebuznas, solo puedes ser un
burro.

Moraleja: Sé tú mismo, no pretendas ser lo que no eres.


El gallo y la joya
En la granja, un gallo muy hambriento escarbaba la tierra buscando

algo de comer para él y las gallinas con las que compartía su

gallinero, cuando descubrió un diamante que la esposa del granjero

había perdido.

—¡Qué desilusión! —dijo el gallo—. Sin duda eres una prenda muy

costosa y quien te perdió daría mucho por encontrarte. Pero yo

prefiero un solo grano de maíz o de trigo antes que todas las joyas

del mundo.

Moraleja: Aquello que no es útil no tiene valor.


El murciélago y las
comadrejas
Un murciélago cayó al suelo y de inmediato fue atrapado por una
comadreja que detestaba las aves. Viéndose a punto de perecer, le
suplicó a la comadreja que lo dejara vivir. La comadreja se negó,
diciendo que era su naturaleza ser enemiga de todas las aves.
Resuelto a no darse por vencido, el murciélago le aseguró que no
era un ave sino un ratón. Dudosa, la comadreja se acercó al
murciélago y al notar que este no tenía plumas, lo dejó en libertad.
A los pocos días, el murciélago volvió a caer al suelo y fue
atrapado por otra comadreja. Sin embargo, esta comadreja sentía
una gran hostilidad hacia los ratones. Nuevamente, el murciélago
rogó por su vida. La comadreja se negó, afirmando que desde el
día de su nacimiento es enemiga de todos los ratones. El
murciélago le aseguró que no era un ratón sino un ave. La
comadreja se acercó al murciélago y al observar sus alas, lo dejó
volar. Fue así como el murciélago escapó dos veces.
Moraleja: Es de sabios adaptarse a las circunstancias.

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