0% encontró este documento útil (0 votos)
414 vistas43 páginas

Inmarcesible

La obra presenta una conversación entre Amaranta, su madre y su amiga Consuelo en el departamento de Amaranta. Amaranta parece haber matado a su amante Ernesto disparándole. Ella habla de su relación tormentosa con él y su incapacidad para cocinar sin su ayuda. Consuelo llega fingiendo haber visto a Rodrigo, otro ex amante de Amaranta, para convencerla de abrir la puerta.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
414 vistas43 páginas

Inmarcesible

La obra presenta una conversación entre Amaranta, su madre y su amiga Consuelo en el departamento de Amaranta. Amaranta parece haber matado a su amante Ernesto disparándole. Ella habla de su relación tormentosa con él y su incapacidad para cocinar sin su ayuda. Consuelo llega fingiendo haber visto a Rodrigo, otro ex amante de Amaranta, para convencerla de abrir la puerta.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

qwertyuiopasdfghjklzxcvbnmqwerty

uiopasdfghjklzxcvbnmqwertyuiopasd
 
 
 

fghjklzxcvbnmqwertyuiopasdfghjklzx
 
   

cvbnmqwertyuiopasdfghjklzxcvbnm
INMARCESIBLE  
qwertyuiopasdfghjklzxcvbnmqwerty
 
 
 
 
 

uiopasdfghjklzxcvbnmqwertyuiopasd
Laura  García
 
 

fghjklzxcvbnmqwertyuiopasdfghjklzx
cvbnmqwertyuiopasdfghjklzxcvbnm
qwertyuiopasdfghjklzxcvbnmqwerty
uiopasdfghjklzxcvbnmqwertyuiopasd
fghjklzxcvbnmqwertyuiopasdfghjklzx
cvbnmqwertyuiopasdfghjklzxcvbnm
INMARCESIBLE

(Pieza para tres mujeres abandonadas; y un hombre alto, gordo y de buenos

sentimientos)

...viver tá me deixando louca,

não sei mais do que sou capaz.

...mas lembre-se que tudo

que começa com muito

pode acabar muito pior.

PAULINHO MOSKA

Tu amor abrió una herida

porque todo lo que te hace bien

siempre te hace mal.

FITO PAEZ

Recuerden, todo es ficción,

es una reconstrucción,

pero incluso así, duele.

CRISTOFFER BOE.

[2]  
 
PERSONAJES:

AMARANTA

CONSUELO

MADRE DE AMARANTA

ERNESTO

[3]  
 
I

Departamento de Amaranta. Sonido de disparo. Luz. Ernesto está tirado en el

piso. Amaranta sostiene una pistola en su mano.

MADRE: Vendrán más historias para ti… él diría más pretextos y tú…

AMARANTA: ¡No!

CONSUELO: ¿Por qué?

AMARANTA: Es… es… y tú…

MADRE: Es el fin, se terminó.

AMARANTA: ¿Así, nada más? Adiós a aquellas frases… “Se acabó, kaputt.”1

MADRE: ¿Qué fue lo que dijo antes de…?

CONSUELO: Te curarás…

AMARANTA: “… te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te

quiero. Claro que te curarás porque vivís en la salud, después de mí será

cualquier otro, eso se cambia como los corpiños.”2 Capítulo 93. Y pensar que

ya no lo escucharé de sus labios nunca más. No puedo creer que haya

pasado…

Amaranta, su madre y Consuelo sueltan una carcajada.

¿Por qué?

CONSUELO: Locura, eso se llama locura… o pasión, o algo similar.

MADRE: ¿De verdad quieren saberlo?

Oscuro.

                                                                                                                       
1
 Julio  Cortázar.  Rayuela.  México,  Punto  de  lectura,  2006.  Pág.  176.  
2
 Ibídem.  Pág.  561.  

[4]  
 
II

Departamento de Amaranta. El departamento está en desorden; ropa por todas

partes, flores secas, restos de comida instantánea por el piso. Amaranta patea la

puerta y entra con dificultad arrastrando a Ernesto hasta la cocina. Sobre la barra

de la cocina hay verduras y un cuchillo. Amaranta coloca a Ernesto a un costado

de la barra, cierra la puerta del departamento y se dispone a picar verduras. Corta

las verduras de forma desesperada y torpe.

AMARANTA: No puedo. No puedo. No puedo. No puedo. No sé cómo. Y tú, ahí sin

decirme cómo ni por qué. Para ti todo es tan fácil…y no me refiero a las

verduras sabes perfectamente que no me refiero a eso…

Silencio. Amaranta deja de picar las verduras.

¡Nunca te los presenté! ¿Y sabes por qué? Porque cuando llego a casa con

algún muchacho, mi madre siempre comienza a hablar —pero qué nariz tan

grande tiene ese muchacho, mira nada más qué ojos tan raros. ¿Pero con

qué clase de adefesio te fuiste a meter, Mani?—, y basta que ella diga eso,

para que a la siguiente semana yo no tenga novio. Y luego sale con sus

preguntas idiotas —¿Por qué no tienes novio, Mani? ¿No te sientes sola?—,

entonces, a mí sólo me vienen las ganas de gritar: ¡Cómo carajos quieres

que tenga novio! ¡Cómo carajos voy a conseguir un novio, si los chicos de mi

edad no me gustan! Si cada vez que encuentro uno más o menos decente,

mi abuelo acaba corriéndolo con una simple frase —Mani, ni me lo presentes

ahora, no tengo ganas de perder el tiempo—. ¡Y tú no eres un chico más o

menos decente! Tienes ojeras, dieciocho años más que yo y estás gordo…

[5]  
 
Amaranta continúa en su labor de picar verduras, con cada corte, intenta

tranquilizarse.

Pero sabes cocinar y, a veces, me haces sentir mejor. A veces… me haces

sentir mejor, sólo a veces. Cuando no estás lejos, cuando cocinas para mí; o

cuando lees al azar un capítulo y parece que lo escogiste un día antes para

saber qué decirme. ¿Sabes? Tú no tienes la culpa de estar tan gordo, de eso

estoy completamente segura. Eres así porque estás casado y la gente que

se casa se pone gorda. ¿Te has dado cuenta? Claro… tú deberías saberlo

mejor que yo. Si te hubieras casado conmigo, quizás yo estaría muy gorda.

Por las noches, esperaría a que llegaras para recibirte con la cena lista.

Quizás sólo me darías un beso en la mejilla, y sin ánimo, nos iríamos a la

cama… pero tal vez sabría lo que es pasar una noche a tu lado. No te pedí

eso, Ernesto. Nunca te pedí ser siquiera de esas parejas tontas que se

toman de la mano y caminan cursimente por la calle o que se besan en cada

semáforo, echándoles en cara su felicidad a los demás. ¡¿A mí qué carajos

me importa que esas parejas sean gordas y felices?! ¡Yo no tengo por qué

ver sus cuerpos replegándose cada que hay un alto! ¿Sabes qué pienso

cada vez que veo eso? Horror. Horror y asco. Además, pienso, después de

que se casan, ¿cómo pueden ser “felices” cuando tienen un montón de bolas

con patas girando alrededor suyo? Pero ahí va la gente, engañándose,

creyendo que son felices juntos; engordando cada año y teniendo por lo

menos, dos bolas con patas. “Un niño y una niña son la felicidad entera”,

dicen algunas personas.

Pausa larga. Amaranta comienza a desesperarse conforme pica las verduras.


[6]  
 
Tú caminabas de un lado, yo del otro, y apenas nuestras manos se rozaban.

Eso sí es la felicidad. Era. Eso sí era la felicidad; no tener que demostrarlo,

saber que existía y ya. No necesitábamos etiquetas. No creas que no te las

pedí por el miedo a engordar, la verdad es que no me importaría hacerlo por

ti, pero…

Amaranta arroja la tabla con la que pica verduras.

¡No puedo! ¡No sé cómo! ¡No entiendo cómo debo picar las malditas

verduras! No sé cómo hacerlo sin ti… Hoy deberíamos estar juntos,

celebrando. En mi cama tendría que estar un regalo enorme, ¿y sabes que

hay en su lugar? Una pistola. Hoy decidí regalarme una cena, una pistola y

un hombre que ya no quiere estar junto a mí. Antes de festejar pienso

divertirme con unos cuantos cortes, y sabes perfectamente que no me refiero

al pollo. ¿Qué te parece?

Amaranta se acerca a Ernesto lentamente. En el momento en el que decide a

hacer algo, suena el timbre. Amaranta se sobresalta y esconde a Ernesto detrás

de la barra.

CONSUELO: ¡Amaranta! ¡Amaranta, abre la puerta! ¡Sé que estás ahí!

El timbre suena una y otra vez.

¡Amaranta, abre esa maldita puerta antes de que la derribe! Voy a contar

hasta diez. Uno… dos… tres… cuatro… Amaranta, si no abres, le voy a

contar todo a tu mamá y a tu abuelo. ¡Todo! ¡Amaranta, abre la puerta por

favor, quiero platicar! ¡Ayer, ayer vi a Rodrigo! ¡Sé que estás ahí!

AMARANTA: No, no estoy.

CONSUELO: ¿Hasta cuándo seguirás así?


[7]  
 
AMARANTA: Hasta que se me dé la gana. (Pausa) ¿Qué pasó? ¿Qué te dijo el muy

cabrón?

CONSUELO: No es algo que me gustaría platicar así. Abre la maldita puerta por

favor, necesito hablar.

Amaranta duda antes de abrir la puerta. Consuelo entra cabizbaja y una vez que

logra entrar por completo, suelta una carcajada.

AMARANTA: ¡Eres una maldita mentirosa!

CONSUELO: Qué ingenua eres, como si no me conocieras, cariño. Ni me mires así,

tú tienes la culpa. No debes creerle a la gente todo lo que te dice…

AMARANTA: Mucho menos a ti…

CONSUELO: No le creas a nadie, tampoco a mí si quieres, pero mucho menos a un

hombre, porque no sabes lo doloroso que podría ser. ¡Ay sí! ya sé… lo de tu

papá; pero eso no se compara con lo de Rodrigo. No… el muy cabrón me

dejó después de cuatro años de vivir juntos. ¡Y no me dejó por otra! ¡No! Me

dejó por “sus sueños” y de una forma preciosa, cariño. Con una nota a la

entrada del departamento: “Consuelo, entorpeces mis sueños. Me voy con

los muebles que yo pagué. Ahora somos libres. Mucha suerte en todo.”

¿Suerte? ¿Suerte, cabrón? ¿Qué no ves que me cambiaste por unas

vacaciones pagadas cada seis meses? ¿”Mucha suerte en todo”, pendejo?

AMARANTA: Consuelo…

CONSUELO: ¿Qué, vas a decirlo de nuevo?

AMARANTA: No fueron unas vacaciones…

[8]  
 
CONSUELO: ¿No le bastó con que las vecinas vieran la mudanza? ¡No! ¡Tenía que

pegar la nota en la puerta para que todos se enteraran! Mucha suerte en

todo, pero ¡mírame, lo he superado!

AMARANTA: ¿Aún lo extrañas verdad?

CONSUELO: No te confundas, cariño. Hablo de él para no perder la costumbre,

nada más.

AMARANTA: …

CONSUELO: ¡Lo superé! Ya no lo odio. Es más, si pudiera tenerlo delante de mí, le

diría algo así como: “deseo que seas feliz, que te vaya muy bien en tu trabajo

con las vacaciones pagadas y un buen sueldo.” ¡Deseo que la vida se te

vaya trabajando, pedazo de mierda! ¡Y que no tengas tiempo para la

piernudota esa! Deseo que ella te deje en cuanto se te acabe el dinero. Que

un día, tu jefe vacíe tu maldita oficina y te diga: estás despedido, ¡pero

mucha suerte en todo!

AMARANTA: La piernudota…

CONSUELO: No fueron las vacaciones ni el sueldo. Nada más de pensar que

duerme con ella, me vienen unas ganas enormes de vomitar.

AMARANTA: Por lo menos pasaste muchas noches a su lado. Supiste lo que era.

CONSUELO: Ni que lo digas, cariño. No te imaginas lo que “era”. Cuatro años,

Amaranta… Cuando dormíamos, dejaba toda babeada la almohada y

roncaba que daba miedo. Lo peor era que de la almohada se pasaba a mi

piyama. Y hablo de él por costumbre, cariño, no creas que lo extraño. No,

¿cómo podría extrañarse a alguien que ronca y babea por las noches?

AMARANTA: En ese caso, quizás lo mejor sería comprar un perro…


[9]  
 
CONSUELO: Sí, es lo mismo. Sólo que los perros son fieles; los hombres no

entienden ni un carajo y a la menor provocación se largan con cualquier

gata… ay, perdóname cariño, no lo dije por ti.

AMARANTA: Sí claro, lo dices por Rodrigo, ¿no? Ocho años de conocerte y aún no

puedo creer que te llames Consuelo, eres todo menos eso.

CONSUELO: ¿Y tú? ¿Has sabido algo del imbécil ese? ¿Te ha buscado? ¿Ha

dejado mensajes? ¿Lo has visto?

AMARANTA: Nada.

CONSUELO: ¡Siempre es lo mismo! Se desaparecen los muy cobardes y una, como

imbécil, llega a creer en las cosas más absurdas… (Pausa) Vi la nota, abrí la

puerta del departamento y todo estaba vacío. No quedaba casi nada: mi

piyama, mi ropa, algunas cosas y lo demás… vacío. Apenas una noche

antes él había babeado mi piyama y ahora… nada. Aun sin muebles, quise

tener una esperanza. ¿Sabes qué hice? Fue absurdo, algo así como lo que

tú haces con ese libro. Comencé a caminar hacia atrás.

AMARANTA: Yo no camino hacia atrás, yo abro el libro y busco…

CONSUELO: ¡Yo también! Pero buscaba la respuesta en el pasado, no en líneas al

azar… Los vecinos miraban morbosamente. En ese momento no me importó

nada, ni siquiera las miradas… Quería que el tiempo regresara, nada más.

Caminé hacia atrás. Caminé y caminé. Caminé y caminé. Caminé y caminé,

y caminé; y caminé y caminé y caminé, ¡y caminé pensando, que así, el

maldito tiempo podría retroceder! Choqué con alguien, me volví lentamente.

Tenía que ser él… pero no sucedió, no era él, y el tiempo tampoco había

[10]  
 
regresado. No sucede, Amaranta. Cuanto te das cuenta, le has dedicado

cuatro años de tu vida a alguien y eso no importa.

AMARANTA: Yo le dediqué tres, y no pedía mucho, Consuelo…

CONSUELO: Lo sé… (Sonríe) Te curarás…

AMARANTA: “Claro que te curarás porque vivís en la salud, después de mí será

cualquier otro, eso se cambia como los corpiños.”3 Lo que más odio es

extrañar aquellas citas, —a mí, que no me gustaba leer—, y ahora…

CONSUELO: Por lo menos algo bueno sacaste de aquél, ya no eres tan ignorante,

cariño.

AMARANTA: Sí, y tú eres más “fuerte”.

CONSUELO: No te pongas cursi, cariño. Tu problema es que siempre creíste que

esto terminaría en una historia de amor.

AMARANTA: ¿Y tú, alguna vez has visto de nuevo a Rodrigo?

CONSUELO: ¿A qué viene esa pregunta?

AMARANTA: …

CONSUELO: Sí.

AMARANTA: …

CONSUELO: Hoy… qué curioso, ¿no?

AMARANTA: ¿Y qué hiciste?

CONSUELO: Nada.

AMARANTA: …

CONSUELO: ¿Qué podía hacer?

AMARANTA: …
                                                                                                                       
3
 Loc.  cit.  

[11]  
 
CONSUELO: Me escondí entre los lácteos…

AMARANTA: ¡¿Cómo?! ¡Y siempre dices que yo soy la idiota!

CONSUELO: ¡Qué más podía hacer, Amaranta! ¡Qué más, si no esconderme!

AMARANTA: ¡Pudiste…! ¡Pero qué tonta, pudiste…!

CONSUELO: ¡¿Qué?! ¡¿Agarrarlo a patadas y matarlo a taconazos?!

AMARANTA: ¡Sí! ¡Pudiste agarrarlo a taconazos hasta desfigurarlo!

CONSUELO: ¡Pues con lo de los taconazos me habría conformado! (Pausa larga)

Créeme…

AMARANTA: ¿Quieres que lo mate? Porque si tú dices: Amaranta, ¡mátalo!… ya

está eh, sin ningún problema…

CONSUELO: (Sonríe) Sí, anda. Ve y mátalo por mí…

AMARANTA: Y ya que andamos en esas… si siempre dices que todos los hombres

son iguales, ¿no da igual que mates a quien sea? Digo, quizás podríamos

encontrar a uno que odies tanto como a Rodrigo, porque quizás lastimó a tu

mejor amiga y…

CONSUELO: ¿De qué carajos hablas?

AMARANTA: ¿Quieres una copa?

CONSUELO: Tú no bebes…

AMARANTA: Hoy era nuestro aniversario de tres años…

CONSUELO: ¿Y? No me digas que te pusiste nostálgica. Supéralo, cariño. Ya

pasaron ocho meses.

AMARANTA: Siento…

CONSUELO: ¡Ay ya, cariño! La gente normal sigue con su vida y lo supera. “A otra

cosa mariposa” y ya…


[12]  
 
AMARANTA: Eso intento, Consuelo. Me levanto todos los días, como por inercia.

Salgo a correr por las mañanas y busco por ahí algo para desayunar —

hambre no tengo, pero aun así, hay que comer—, voy al trabajo y por las

tardes… por las tardes, ¡ash!, ¡por las tardes leo hasta quedarme dormida!

Le-o, Consuelo, ¿puedes creer que yo haga eso? ¡Leo!, pero el dolor sigue

ahí, no para. Eso intento, Consuelo. Intento que no duela, pero…

CONSUELO: Pues no se nota que busques algo con qué entretenerte, cariño. Por lo

menos intenta hacer algo que te entretenga, y no te recuerde a él. Por

ejemplo: limpia tu departamento, mira nada más cómo está.

AMARANTA: ¿Sabes?, hoy decidí recuperar mi vida: me bañé, me depilé las

piernas… también fui a comprar unas cuántas cosas y decidí hacerme un

regalo.

CONSUELO: Qué bueno, cariño, porque eso de no depilarte las piernas desde que

se fue, más que tristeza, daba asco y pena ajena. Lo del regalo está bien

aunque tú no bebes.

AMARANTA: Me miré en el espejo y dije: es hora de dejarlo ir…

CONSUELO: ¿Y luego?

AMARANTA: Y luego grité: ¡Claro! ¡Es hora de dejarte ir!

CONSUELO: Muy bien, cariño. Vas mejorando…

AMARANTA: ¡Después de que te mate, maldito imbécil!

CONSUELO: ¡¿Sigues con esa estupidez?! Ya basta, ¿no?

AMARANTA: ¡Es en serio! ¡Quiero matarlo! ¡Quiero matarlo porque hoy cumplíamos

tres años juntos! Y tengo ganas de hacer una sopa de verduras y no puedo.

No puedo porque yo no sé cocinar. Era él quien siempre cocinaba, y yo


[13]  
 
tengo ganas de hacer una sopa de verduras, y no puedo. No puedo porque

yo no sé hacerla y él no está. No está para decirme cuánta sal hay qué

ponerle, ni cómo picar las cosas y yo, y yo…

CONSUELO: ¡Tranquila, cariño! Yo la hago, nos tomamos una copa, olvidas tus

estupideces y ya después veremos qué pasa. Olvidar a un hombre es más

fácil si…

Consuelo se dirige hacia la cocina.

AMARANTA: ¡No! ¡No Consuelo! ¡No puedes entrar a la cocina!

CONSUELO: ¿Por qué no?

AMARANTA: ¡Porque no! ¡Si entras…!

CONSUELO: ¿Qué? ¿También vas a matarme?

Consuelo entra a la cocina y descubre a Ernesto.

¡¿Pero qué es esto?! ¿Te has vuelto loca?

AMARANTA: Yo… yo…

CONSUELO: ¿Es Ernesto?

AMARANTA: ¿Tú qué crees, le ves cara de Rodrigo?

Consuelo arrastra a Ernesto hacia el sillón.

CONSUELO: ¡Carajo, está muy pesado!

AMARANTA: Te dije que era gordo.

CONSUELO: Sólo conocía su voz y se escuchaba como un hombre delgado. Esto

no puede ser. ¿Qué le hiciste?

AMARANTA: Por ahora, nada. Sólo le di unas pastillas de las que yo tomaba antes,

pero creo que no funcionó, ni siquiera se durmió por completo, míralo, está

como atontado, ¿no crees?


[14]  
 
CONSUELO: ¿Cómo que no funcionó? ¿Cómo que por ahora?

AMARANTA: ¡Ay Consuelo, ya lo secuestré, que no le de pastillas para atontarlo!

CONSUELO: ¡¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?!

AMARANTA: Tienes dos opciones Consuelo: te vas o te quedas. No te entiendo,

¿no dijiste que odiabas a los hombres?

CONSUELO: Pero es un decir… la gente normal…

AMARANTA: ¡La gente normal! ¡La gente normal! ¡Pero ni él, ni Rodrigo, ni mi papá

fueron normales! La gente normal no se va sin dar explicaciones, o dejando

una nota. La gente normal, por lo menos, dice adiós. ¡¿Quién no es normal?!

Tienes dos opciones Consuelo: te quedas o te vas… tú decides.

III

El teléfono suena repetidas veces. Nadie contesta. Amaranta se pasea

nerviosamente por la habitación con un cuchillo en la mano. Consuelo comienza a

darle pequeños golpes a Ernesto en la mejilla para que reaccione por completo.

AMARANTA: Es mi mamá, de seguro es mi mamá…

CONSUELO: Contesta. Podría irte peor, podría ser tu abuelo.

El teléfono sigue sonando.

¡Contesta carajo! ¡Me pone nerviosa esa cosa!

Amaranta aprieta un botón y activa la contestadora.

CONTESTADORA: Hola, por el momento no estoy en casa. Deja tu mensaje y… a

ver si yo te marco luego. Gracias.

MADRE: ¿Mani? ¿Mani? ¡Sé que estás ahí! ¿Me escuchas? Chiquita, me

preocupas… En realidad, le preocupas más a tu abuelo. Está decidido a

visitarte. Pasó algo por acá y necesitamos hablar contigo. Ya le dije que no
[15]  
 
es necesario ir a verte, pero como no contestas, será lo mejor… Así

podríamos saber qué demonios te sucede esta vez, porque con eso de que

te encierras y uno pasa días sin saber de ti. (Pausa) ¡Ya basta, ¿me

escuchas?! Si no respondes en este momento, no quiero ni decirte de lo que

soy capaz y sabes que hablo enserio, Mani…

Amaranta contesta por el altavoz.

AMARANTA: ¡Perdón, mamá!

MADRE: ¿Qué te sucede esta vez? ¡¿Por qué demonios no me contestabas?!

AMARANTA: Porque… porque… ¡Porque me estaba bañando mamá!

MADRE: ¿Sigues triste por lo de tu novio ese?

AMARANTA: ¡Ernesto, mamá! Se llama Ernesto y ya no estoy triste… creo que lo

voy superando. Ayer hablamos y parece que todo se solucionará de

maravilla…

Amaranta sonríe. Va hacia el sillón e intenta darle una patada a Ernesto. Se pega

en la punta del pie con la esquina del sillón. Intenta ahogar un grito de dolor.

MADRE: Amaranta, ¿qué pasa? ¿Te encuentras bien?

AMARANTA: Sí, mamá, es sólo que me pegué…

MADRE: Ajá… Mani, no me lo tomes a mal pero… ¿sigues escuchando voces por

las noches?

AMARANTA: ¡¿Qué?!

MADRE: Hay cosas que no me explico. Siempre te comportas de una forma tan…

rara. ¿Por qué no lo hemos conocido? ¿Qué escondes? ¿Por qué tu novio

nunca ha venido a la casa?

AMARANTA: ¡Porque no tiene tiempo, mamá!


[16]  
 
MADRE: Sí, hija, pero tres años y no saber nada de él. Mani… creo que no estás

bien. Las voces, ¿las sigues escuchando?

AMARANTA: ¿Adónde quieres llegar?

MADRE: He pensado en dos probabilidades, ¿sabes? Es que… Mani, o ese

hombre es casado o…

AMARANTA: ¡No es casado, mamá! ¡Y no me llames Mani!

MADRE: O es… imaginario.

AMARANTA: ¡¿Cómo?!

MADRE: ¡Es que contigo ya no se sabe! Mani… perdón: Amaranta. Me preocupas,

y a tu abuelo más. Todo el tiempo me pide que te llame. Pero claro, tú eres

una egoísta. ¡Nunca, pero nunca piensas en nosotros! Nunca llamas, pero

eso sí, luego hay que llevarte al hospital en plena crisis y…

AMARANTA: ¡Sólo fue una vez!

MADRE: Pues con esa basta, ¿querías más?

AMARANTA: Fuiste tú quién me hizo vivir sola.

MADRE: Porque pensé que por lo menos así darías menos problemas, pero es lo

mismo… Sólo que ahora, aparte de todo, hay que mantenerte. Mani, yo te

quiero, y me preocupas aunque no lo creas. Todo lo que hago es por tu

bien…

AMARANTA: Sí, mamá… lo sé.

MADRE: Chiquita, dime la verdad. A tu novio ese, ¿lo inventaste, cierto?

Amaranta mira a Consuelo y a Ernesto que comienza a despertar.

Mani, tienes que ir al médico…

AMARANTA: ¿Dejarás de llamar si lo prometo?


[17]  
 
MADRE: No, pero tal vez, llame sólo los lunes. Depende de cómo te portes. Esta

vez, hablaré yo al hospital para cerciorarme de que seguiste el tratamiento.

Bueno, Mani, es un trato. Ya veré qué hago con tu abuelo. Mani, si estás

llorando… ¡Límpiate la nariz! Es asqueroso que se te escurran los mocos…

AMARANTA: Sí, mamá…

IV

Ernesto está amarrado en el sillón. Consuelo recoge compulsivamente el

departamento, limpia para distraerse. Amaranta pica las verduras de nuevo, una y

otra vez. Mira que Ernesto ya se ha despertado.

AMARANTA: (A ERNESTO) Hola, amor…

ERNESTO: …

AMARANTA: (A CONSUELO) ¿Qué haces?

CONSUELO: Limpio. Si tu mamá viera esto, se volvería loca y comenzaría a

regañarnos.

AMARANTA: ¡Mi mamá, no vendrá! ¡No está! ¡Y mi mamá, se puede ir mucho al

carajo!

CONSUELO: No es mala persona, sólo que no sabe cómo acercarse a ti.

AMARANTA: ¡Tú cállate! Siempre te pones de su lado.

CONSUELO: Es una buena persona. Soportó que todos los días fuera a gritar a su

casa insultos contra Rodrigo; ni siquiera preguntó qué había pasado. Lo

aceptó y ya, sin juzgarme…

AMARANTA: Ay, mira nada más qué ternura… a ti te acepta, y a mí me trata como

demente; y me insinúa que mi novio es imaginario.

ERNESTO: ¿Por qué dijo eso?


[18]  
 
CONSUELO: Durante estos tres años, nunca conoció al “famoso novio de

Amaranta”, acabó por pensar que era imaginario.

AMARANTA: Y tú nunca lo desmentiste.

CONSUELO: ¿Qué querías que hiciera? No puedo mentirle…

AMARANTA: No es tu mamá, no entiendo por qué le tienes tanto miedo…

ERNESTO: ¿Por qué no me pediste que te acompañara?

Amaranta y Consuelo detienen sus actividades al mismo tiempo y miran perplejas

a Ernesto.

AMARANTA: Cabrón.

CONSUELO: Pendejo.

ERNESTO: …

CONSUELO: De Amaranta a veces lo entiendo, pero tú… no seas idiota.

ERNESTO: Ella es cruel contigo…

AMARANTA: Es Consuelo, así nos hablamos…

ERNESTO: Tu mamá, no ella.

AMARANTA: Ah…

ERNESTO: ¿Por qué?

AMARANTA: Si te llevaba… ¿Qué iba a decirle? Hola mamá, te presento a mi

novio. ¿Ves su anillo? Es casado. ¡Sí! ¡Tiene dos hijas! No… no las conozco,

pero supongo que son igual de bellas que su madre…

ERNESTO: Pude haberme quitado el anillo…

CONSUELO: Ahora lo entiendo todo; préstame el cuchillo, cariño, que a éste lo mato

por idiota. A ver, analízalo bien, ¿luego de conocer a la madre de Amaranta,

[19]  
 
qué? Si algún día la encontrabas en el supermercado, en el parque o en un

domingo familiar. ¿Qué ibas a decirle?

AMARANTA: Prefiero que piense que estoy loca, a darle el gusto de verme

compartiendo el amor de un hombre, tomando sus migajas…

ERNESTO: No tenías problemas con eso, no al principio…

AMARANTA: No, porque todo era parte del plan…

Consuelo recoge un calcetín del piso.

CONSUELO: No puede ser. ¡De verdad que no puede ser! Siempre creí que eso del

plan era una broma.

AMARANTA: Pues no lo era, y falló…

ERNESTO: ¿El plan?

CONSUELO: Cuando Amaranta tenía quince años, hizo un plan.

AMARANTA: Y fallé…

CONSUELO: Ahí va de nuevo, siempre la misma historia.

Amaranta mira fijamente el calcetín que Consuelo sostiene entre sus manos,

recuerda que es de Ernesto.

AMARANTA: Cinco años. Yo tenía cinco años y mi padre se fue.

Amaranta le quita delicadamente el calcetín a Consuelo, lo huele.

CONSUELO: Lo que le duele no es el que se haya ido, sino la forma en que se

fue…

Ernesto mira desconcertado. Amaranta se aferra al calcetín.

AMARANTA: ¡Mamá! ¡Mamá! No encuentro las camisas de papá, no están por

ningún lado.

Amaranta camina hacia Ernesto, rasga la camisa con el cuchillo.


[20]  
 
CONSUELO: ¡Busca bien en el bote de la ropa sucia, Amaranta!

AMARANTA: ¡No están, mamá!

CONSUELO: ¡Busca los pantalones grises!

AMARANTA: ¡No están por ningún lado!

Amaranta rasga el pantalón.

CONSUELO: ¡Busca bien! ¿Jorge? ¿Jorge? ¿En dónde están tus camisas?, ¿y tus

pantalones?

AMARANTA: ¿Y tus zapatos? ¿Y tus libros? ¿Y tus cuadernos? ¿Y las botellas de

vino?... Papá, ¿en dónde están todas tus corbatas? ¿Y tus portafolios? ¿En

dónde quedaron todos tus sacos? ¿Y tus discos? ¿Y tus películas? Papá,

¿por qué está desapareciendo todo en la casa?

CONSUELO: (Con voz grave, como de hombre) Las cosas andan por ahí perdidas,

son imaginaciones suyas…

Consuelo se acerca a Amaranta, intenta quitarle el calcetín de manera sutil.

AMARANTA: Papá… Quedan sólo los calcetines. En la casa, no hay más que

calcetines. ¿Por qué desapareció todo, mamá?

Consuelo logra quitarle el calcetín a Amaranta. Intenta quitarle el cuchillo de la

misma forma.

¿Y mi papá adónde se fue? ¿Por qué se llevó todo?

Por instinto Amaranta retrocede lentamente, Consuelo la sigue con pasos

precavidos.

CONSUELO: Mani… no regresará.

AMARANTA: No, mamá… eso no pasa. ¡Dejó sus calcetines! ¡Tiene que regresar

por sus calcetines!


[21]  
 
CONSUELO: No, hija… Chiquita, no vendrá, deja de esperar.

AMARANTA: ¡No!

Amaranta apunta a Consuelo con el cuchillo. Consuelo retrocede hasta quedar en

una zona segura.

¡Él tiene que regresar por sus calcetines! ¡Olvidó sus calcetines! Mamá,

¿adónde se fue? ¿Por qué se fue?

CONSUELO: Nos robaron a tu padre, Mani.

AMARANTA: ¿Quién?

CONSUELO: Una mujer.

AMARANTA: ¿Y por qué no llamamos a la policía? ¡¿Por qué no acusamos a la

mujer que se lo robó?!

CONSUELO: Porque tu padre se dejó robar.

Consuelo se resigna al intento de quitarle el cuchillo a Amaranta. Se sienta en el

sillón un poco fatigada.

AMARANTA: Nunca lo entendí. ¿Papá se dejó robar? A los quince años pensé:

bueno, cuando yo crezca me voy a robar un hombre. Un día, encontraré un

hombre y lo robaré para mí. Sí, quiero un hombre robado. Quiero un hombre

como mi papá, que se deje robar, que sea capaz de dejarlo todo por mí, que

olvide a su esposa y a sus bolas con patas. ¿En dónde se busca eso?

CONSUELO: Qué estupidez, cariño, por favor… hasta contarlo debería de

avergonzarte.

AMARANTA: A los veinte años encontré la respuesta. ¡Claro, en la radio! Todos los

viernes, las mujeres llaman a un programa de radio estúpido, en donde

pueden pedir el tipo de hombres que ellas deseen… Hola. Soy Amaranta,
[22]  
 
tengo veinte años. Morena clara, delgada, mido uno sesenta, cabello largo y

castaño. Busco hombre casado con ganas de divertirse; de preferencia que

tenga hijos para tener tema de conversación. No importa la situación

económica, de preferencia gordo, alto y de buenos sentimientos.

Ernesto parece no entender nada, Consuelo da cuenta de su expresión.

CONSUELO: (A ERNESTO) Su padre era gordo y alto…

AMARANTA: Lo de los buenos sentimientos era por placer. Creí que llegado un

tiempo, se sentiría mal por citarse con una muchacha de veinte y engañar a

su familia, y el placer de robarlo sería aún mayor.

ERNESTO: Nunca escuché el programa.

AMARANTA: ¿Qué?

ERNESTO: Nunca lo escuché. Yo no era tu cita...

Amaranta muestra el rostro desencajado, intenta seguir con su historia. Consuelo

saca discretamente su celular y marca. Se esconde detrás de la cocina y susurra.

En ese momento Amaranta y Consuelo hablan al mismo tiempo.

CONSUELO: Señora, necesito que venga lo más pronto posible… es… es…

Amaranta.

AMARANTA: La mujer que buscaba robar un hombre, encontró un hombre que la

robó. Me quitaste el sueño.

Consuelo cierra el celular.

Me llenabas la cabeza de citas extrañas de libros que comencé a leer —yo,

que odiaba leer—.

CONSUELO: Sí, una ignorante hecha y derecha…

AMARANTA: Memoricé cada capítulo, cada palabra, los contaba llena de emoción…
[23]  
 
CONSUELO: (Reprochando) Yo acabé por sabérmelos de memoria…

AMARANTA: Me esforzaba para robarte, pero no podía. Tú me robaste. Bastaba

que dijeras: “te extraño”, y ahí estaba yo. Comencé a suplicar migajas.

Soporté dejar de verte semanas enteras; jamás pasé una noche a tu lado. Mi

alegría se convirtió en unas líneas que salían de tus labios… “Amor mío, no

te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre

me llame a quererte, te quiero porque no sos mía…”4 Y ese hombre, ¡ese

maldito hombre que me había propuesto robar, un día me dejó! Sin frases,

sin migajas, sin nada. ¡Y lo único que quiero es matarlo! ¡Matarte! Yo no

pedía más que compartir un momento en tu vida. Olvidé mi plan, me

entregué por completo y aun así, te fuiste… Tal como lo hizo mi padre, sin

decir cómo ni por qué. Simplemente, un día ya no supe nada de ti. No sabía

si estabas vivo o muerto, si me habías terminado o no. No contestabas el

teléfono… Todos estos meses compré verduras los sábados, esperando que

vinieras y me dieras una explicación absurda que acabaría por aceptar. Pero

eso no pasó, seguramente otra mujer te robó y no fui yo…

Amaranta se acerca a Ernesto de forma amenazante.

CONSUELO: Esto no va en serio. Déjalo ir, Amaranta. ¡Ya basta! Ya lo espantaste y

pudiste reclamarle todo… ¡Suéltalo, por favor!

AMARANTA: Tengo un arma y voy a matarte.

                                                                                                                       
4
 Ibídem.  Pág.  561.  
 

[24]  
 
Suena el timbre. Amaranta mira furiosa a Consuelo. La persigue con el cuchillo.

Consuelo da vueltas por el departamento, usa el sillón y la barra de la cocina

como escudo, del sillón a la barra y de la barra al sillón.

CONSUELO: No hice nada, todo el tiempo he estado aquí.

El timbre suena de manera molesta una y otra vez.

CONSUELO: Si no preguntas quién es, todo el edificio se va enterar antes de tiempo

y no podrás matarlo.

Amaranta duda un momento. Se coloca detrás de la puerta.

AMARANTA: ¿Quién?

MADRE: ¡Mani, soy yo!

AMARANTA: ¡No molestes, mamá! ¡Lárgate! Tengo asuntos importantes qué

atender…

MADRE: Mani, o abres la puerta o llamo al portero para que la derribe. Y de paso

traigo a los del hospital, tú decides…

Amaranta abre la puerta. Señala con el cuchillo que entre.

¿Pero qué pasa? ¿Por qué no abrías? Consuelo me puedes decir…

La madre de Amaranta descubre a Ernesto.

¡¿Qué hace ese hombre ahí?!

Amaranta cierra la puerta con llave.

CONSUELO: Señora, yo llegué cuando ella lo tenía amarrado. Yo no sabía, ella

insinuó cosas extrañas y sí… dije algunas fantasías que he tenido, pero no

sería capaz de hacerlo porque yo…

MADRE: ¡Está bien, Consuelo! Sé que no tuviste nada qué ver…

[25]  
 
AMARANTA: (A CONSUELO) Cobarde… (A SU MADRE) Tengo un arma y voy a

matarlo…

La madre de Amaranta se acerca a ella y le da una bofetada.

MADRE: Nunca debimos dejarte que vivieras sola. ¡Ya me imagino que habría

pasado si no hubiera venido! Tarde o temprano, tenías que salir con alguna

de tus estupideces. No te bastó con salirte de la escuela, y luego las crisis…

AMARANTA: Sólo fue una.

MADRE: Ya te he dicho que con esa es más que suficiente, ¿querías más? Mira lo

que estás haciendo, ¿crees que esto normal? Sólo vas a matar un hombre

una vez y ya, ¿no? Eres una egoísta, tu abuelo y yo no dormimos bien, todo

el tiempo estamos preocupados por ver qué idiotez se le ocurrirá a la niña…

AMARANTA: Hablo en serio, mamá. Nadie sale de aquí hasta que él esté muerto…

MADRE: ¿Esta es la cosa que llamas novio?

AMARANTA: Sí.

MADRE: ¿Y por este adefesio piensas arruinar toda tu vida?

AMARANTA: (Intentando con toda su fuerza contener el llanto.) Me dejó…

MADRE: ¡Pero qué ridícula eres! ¡Ya ni Consuelo hace ese tipo de cosas! Mucho

menos yo. Tu padre se fue de la casa y no de la mejor manera, ¿y tú sales

con estas niñerías sólo porque un hombre te dejó? Yo te creía loca, pero

tener un hombre encerrado en tu casa… rebasa todos los límites. ¿Qué

quieres que haga, que te felicite? Es que no puedo creer que seas tan infantil

como para matar a un hombre sólo porque te dejó. La gente se cansa, eso

es normal… Dime algo, Mani, ¿sabes lo que es vivir con alguien?

AMARANTA: ...
[26]  
 
MADRE: ¿Tienes la menor idea de lo que es compartir una cama?

AMARANTA: No.

MADRE: ¿Interesarte en el otro, entregarle tu vida?

AMARANTA: …

MADRE: ¡Contesta, Mani, te estoy hablando!

AMARANTA: No, no sé…

MADRE: Bueno, pues ahí sí sientes que te mueres cuando te deja…

AMARANTA: ¡Nunca le pedí nada! Esperaba que él mismo un día quisiera compartir

su vida conmigo, pero es un cobarde. Un co-bar-de. ¡Y yo quiero hacer una

sopa de verduras y no puedo! ¡No puedo!

MADRE: ¿No que ya cocinabas sola? Además de sucia, eres una inútil. Mira nada

más cómo tienes el departamento; es una porquería. ¿No eres ni siquiera

capaz de prepararte una sopa…?

CONSUELO: Bueno, quizás éste sea el momento para que las tres comamos una

sopa tranquilamente y dejemos ir a este hombre…

AMARANTA Y SU MADRE: ¡Cállate, Consuelo!

MADRE: Definitivamente, creo que tu novio es imaginario; seguramente a éste,

tienes unos días de conocerlo y ya sientes que lo amas. ¿En qué momento

te convertiste en esto, Amaranta?

AMARANTA: ¡Tú qué puedes decirme si dejaste que robaran a papá! El hombre que

ves ahí no es imaginario y es la prueba más real de que hay hombres que no

se dejan robar. Si fuera por él, en este momento estaría cenando con su

bella mujer y sus dos hijas…

MADRE: ¡¿Es casado?!


[27]  
 
Amaranta cae en cuenta de lo que acaba de decir. Consuelo no sabe qué hacer y

le suelta un golpe a Ernesto.

CONSUELO: (A ERNESTO) A ver, idiota. Di algo, por favor…

ERNESTO: ¿Pero qué?

CONSUELO: Pues… pues… no sé… Te va a matar, ¿no te das cuenta?

MADRE: Consuelo, no seas tonta, nadie matará a nadie aquí.

AMARANTA: ¡Cómo de que no!

CONSUELO: El tarado este, tiene derecho a defenderse...

AMARANTA: ¡¿Ahora lo defiendes?! ¡¿No que los hombres son unos cabrones?!

CONSUELO: ¿Quieres que muera sin que sepas qué pasó? Quizás si lo escuchas,

puedan terminar de forma civilizada, y tú volverás a ser la chica linda que

besa hombres a la menor provocación.

MADRE: ¡¿Tampoco se te ha quitado esa maña, verdad?!

AMARANTA: ¡Desde que estoy con él no he besado a nadie más!

CONSUELO: (A ERNESTO) ¿Por qué un hombre se casa? ¿Por qué dejar a una

familia o por qué no dejarla? ¿Por qué de pronto un hombre busca mujeres

por la radio?

ERNESTO: …

CONSUELO: A ver, imbécil. ¿Puedes contestar siquiera eso? Estoy tratando de

darte una oportunidad…

AMARANTA: ¡Aquí la única que da oportunidades, soy yo!

ERNESTO: Yo no hice eso… yo no escuché el programa de radio. Encontrar a

Amaranta, fue la más grande casualidad…

[28]  
 
AMARANTA: ¿Qué? Pero, pero… eres gordo y de buenos sentimientos. Te

acercaste a mí… tuviste que haber escuchado la radio.

MADRE: ¿Cuál programa de radio?, ¿de qué hablan?

AMARANTA: ¡Ay mamá, ya conté la historia!

ERNESTO: ¿Ella no sabe lo del plan?

MADRE: ¿Cuál plan? Consuelo, ¿podrías explicarme de qué hablan?

CONSUELO: Ahí va, la misma historia…Cuando Amaranta tenía quince años hizo

un plan…

AMARANTA: ¡No! No vamos a contar la misma historia… (A ERNESTO) No entiendo

nada, ¿qué hacías en el parque entonces?

ERNESTO: Yo… en realidad… no lo sé… Te repito, yo no era tu cita…

CONSUELO: ¡Cariño, no puede ser! ¿Te das cuenta de lo que hiciste? Ahora que lo

recuerdo, su voz no suena a la de Ernesto, ¿hace cuánto tiempo no ves a

Ernesto?

AMARANTA: Ocho meses… quizás más…

CONSUELO: ¡Raptaste al hombre equivocado!

AMARANTA: No seas idiota; no podría hacer eso.

CONSUELO: Yo hablé con él una vez por teléfono, largo tiempo, cariño… No es su

voz. Estoy segura de que raptaste al hombre equivocado, míralo bien, ¿es

él?

AMARANTA: Pues… se parece. No sé… es gordo…

CONSUELO: Déjalo ir, cariño. Qué culpa tiene este pobre hombre que encontraste

por ahí…

AMARANTA: Pero…
[29]  
 
MADRE: ¡Pero nada! Acepta de una vez que Ernesto es imaginario.

AMARANTA: ¡No es imaginario, mamá, nunca lo fue!

MADRE: ¿Verdad que usted no es Ernesto?

ERNESTO: Yo…

AMARANTA: Sé sincero, ¿eres tú?

ERNESTO: Yo…

CONSUELO: No es él. Se acabó. Sé que estás enojada, furiosa, destrozada… Lo

sé, cariño. Te entiendo, pero no puedes desquitar tu odio con otro hombre;

es difícil, pero un día lo logras. Mírame, yo lo he superado…

AMARANTA: …

CONSUELO: Aunque todos los hombres sean igual de cabrones que Ernesto,

Rodrigo y tu papá; no puedes hacer eso…

AMARANTA: ¡Cómo de que no! Si no es Ernesto, lo mato con el cuchillo, así, a

sangre fría. Matar a Ernesto sería más complicado porque hay cosas que no

logramos cerrar pero…

ERNESTO: ¡Amaranta, soy yo!

AMARANTA: ¡Por supuesto que eres tú, maldito cobarde! ¡¿De verdad creyeron que

me tragaría eso?! De cualquier forma, sólo para confirmar haremos algo: si

no eres Ernesto, te mato con el cuchillo. Si eres Ernesto, con la pistola. Ten

en cuenta que la segunda es menos dolorosa que la primera… Si eres

Ernesto, lo mereces por el simple hecho de haberme abandonado ocho

meses y no saber nada de ti. Si no lo eres, lo mereces por pendejo

CONSUELO: Y dejarte raptar por una niña de veintitrés años.

[30]  
 
AMARANTA: ¿Cómo la ves? Tienes tres oportunidades para convencerme. Primera,

¿qué hacías en el parque si no eras mi cita?

ERNESTO: Pensaba en muchas cosas…Uno a veces se sienta para pensar, ¿no

crees? (Pausa) ¡¿Qué hacías tú ahí?! ¡¿Por qué de pronto me mirabas así?!

¡¿Qué había hecho yo, para que una chica de veinte me mirara de de esa

forma?!

CONSUELO: ¿De qué forma? Yo creo que más bien, tienes mirada de loca, sin

ofender, cariño. Déjalo ir y volverás a mirar dulcemente…

AMARANTA: Buen intento, Consuelo… (A ERNESTO) Y tú, ¿ahora resulta que yo soy

responsable en todo esto?

ERNESTO: ¡No! No es eso, es sólo que… ¡Mi vida era como la de todos! Una

esposa cariñosa, que además, era una gran amiga. Dos lindas hijas y… un

gran vacío. ¡Por qué me mirabas así! ¡¿Quieres saber qué hacía ese día?!

Intentaba analizar el por qué del vacío… y de pronto te vi… y me mirabas…

de esa forma… ¿Por qué, conforme me mirabas, se quitaba ese vacío?

MADRE: Siempre te dije que no miraras así a los hombres, que dejaras de

provocarlos…

AMARANTA: Tú hacías lo mismo, que me miraran a mí y no a ti, es lo que siempre

te molestó… (A ERNESTO) Buen intento, pero eso no demuestra nada,

cualquiera podría inventar todo eso…

ERNESTO: Nunca te lo dije, pero ese día me sentí un tonto… No sabía qué hacer.

¿Recuerdas? ¿Recuerdas lo que pasó, Amaranta?

AMARANTA: No.

[31]  
 
ERNESTO: ¿Estudias?, ¿qué haces aquí? Deberías estar en la escuela con tus

amigos…

AMARANTA: Sólo tengo una amiga que se llama Consuelo, pero no lo es, ella

nunca es un consuelo… y no me gusta la escuela. (Pausa) Sí, ahora

recuerdo. Abriste el libro al azar. Seguramente sabías el capítulo de

memoria, porque señalaste unas líneas que leíste en voz alta para mí, y eran

preciosas… ¿Cuáles eran?

CONSUELO: “Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te

parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.”5

AMARANTA: Gracias, Consuelo, van dos cuchillos a favor, no dejaste que él dijera

la frase. Ahora no sabré si es Ernesto o un farsante.

MADRE: ¡Basta, Amaranta! ¿Es o no es Ernesto?

AMARANTA: No lo sé, pero según las reglas, toca cuchillo.

ERNESTO: ¡Antes de que terminara me besaste! ¿Recuerdas, recuerdas aquel

beso?

AMARANTA: Cómo olvidarlo… ese beso destrozó mi vida.

ERNESTO: Fue hermoso, a veces sueño con eso…

Amaranta se acerca a él. Consuelo y la madre de Amaranta se alejan.

AMARANTA: Bésame.

ERNESTO: ¿Qué?

AMARANTA: Tú besabas como ningún otro hombre gordo y de buenos sentimientos

me había besado antes. Bésame y ya veremos si toca cuchillo o pistola.

Ernesto la besa, Amaranta se aferra a él apasionadamente. Se separa.


                                                                                                                       
5
 Ibídem.  Pág.  562.  

[32]  
 
AMARANTA: Eres tú…

ERNESTO: Después vino el sexo…

AMARANTA: La sopa de verduras el sábado por la tarde. Las llamadas

incómodas… Tus llamadas, tus ocupaciones, tus ausencias, tus regresos. Un

día… ya no hubo sopa de verduras los sábados por la tarde; fueron muchos

sábados sin ti. A pesar de todo, ¿sabes qué fue lo que hice? Memoricé un

capítulo por cada semana en que no estuviste —yo, que odiaba leer—.

CONSUELO: Cómo olvidarlo. Cómo olvidarlo, cariño, si los recitabas a diario en el

trabajo…

ERNESTO: Eras mi felicidad, me hacías sentir vivo, llenabas mis vacíos…

AMARANTA: ¡¿Y entonces por qué carajos te fuiste?! ¡Por qué te fuiste, si según tú,

yo era importante!

ERNESTO: Eres. Aún eres importante en mi vida…

MADRE: Te está mintiendo, es claro.

AMARANTA: ¡Cállate, mamá! (A ERNESTO) ¿Por qué te fuiste? No pedí que lo

dejaras todo por mí. ¡Por qué me dejaste entonces!

ERNESTO: …

AMARANTA: ¡Me abandonaste sin decir por qué! ¡Nunca te pedí nada!

ERNESTO: Eso no es cierto, y lo sabes. No hacía falta que lo dijeras. El teléfono

sonaba y tus ojos parecían suplicarme: no contestes, por favor, no contestes.

En el tono de tu voz, en tus comentarios… no podías disimular el hecho de

que deseabas otra cosa que no era yo… Deseabas que cambiara mi vida…

AMARANTA: ¡Y cómo no hacerlo! ¡Cómo no desearlo después de tres años!

[33]  
 
ERNESTO: Mi vida cambió bastante, pero no lo ves… Capítulo 27, ¿lo recuerdas?

El día en que te conocí, al llegar a mi casa, abrí el libro y señaló el 27.

¿Recuerdas la descripción que la Maga hace de Pola?

AMARANTA: “Horacio la traía metida en el pelo, en el sobretodo, temblaba de ella,

se lavaba de ella.”6

ERNESTO: ¿Qué más?

AMARANTA: No recuerdo…

ERNESTO: ¿No recuerdas?, ¿en serio no puedes recordar o no quieres? “Pola es

muy hermosa, lo sé por los ojos con que me miraba Horacio cuando volvía

de estar con ella...”7

Amaranta niega con la cabeza. Busca debajo del cojín del sillón y encuentra el

libro. Localiza el capítulo y comienza a leer, su expresión cambia conforme lee.

Ernesto recita el fragmento exactamente como está en el libro, pero duda al

enunciar algunas líneas.

ERNESTO: “… volvía como un fósforo cuando se lo prende y le crece de golpe todo

el pelo, apenas dura un segundo pero es maravilloso, una especie de

chirrido, un olor a fósforo muy fuerte y esa llama enorme que después se

estropea. Él volvía así y era porque Pola lo llenaba de hermosura.”8 De

alguna forma, Amaranta… ella lo supo desde el primer día. Mi vida cambió,

aunque tú no lo vieras… Sobre todo, me fui por tu bien, entiéndeme, por

favor…

                                                                                                                       
6
 Ibídem.  Pág.  187.  
7
 Ibídem.  Pág.  188.  
8
 Loc.    cit.    

[34]  
 
AMARANTA: ¿Por mi bien? Ella siempre dice eso… Por mi bien hizo que tomara

pastillas y me mandó a vivir sola.

MADRE: ¡Por Dios, no seas ridícula!

ERNESTO: No quise lastimarte, lo siento mucho…

AMARANTA: ¡Lo sentirás más después de que te vuele la cabeza con un tiro!

¿Lastimarme? Me destrozaste, pero tampoco te das cuenta. ¡Basta de

cursilerías! ¡No te creo nada! Ni lo del parque, ni lo de la frase, mucho menos

eso de “eres importante en mi vida”. ¿Por mi bien me dejaste? ¡Qué sabes tú

de lo que yo necesito!

ERNESTO: Lo suficiente para saber que no estás bien conmigo.

AMARANTA: ¡Eres un pendejo! ¡Ahora sí te mato!

MADRE: ¡Amaranta, por favor!

AMARANTA: ¡Tú cállate, hablo en serio! Tengo una pistola que muero por estrenar,

y también tengo un cuchillo que pienso usar si alguna de las dos intenta

hacer algo. Cuidadito y se me acerquen porque les rebano un dedo…

MADRE: ¡¿Pero qué te dio este hombre para que te pongas así?!

AMARANTA: Si tú supieras… tampoco soportarías que te haya abandonado.

Amaranta se dirige a su habitación. Busca la pistola. La madre de Amaranta se

acerca a Ernesto y lo besa. Consuelo la aparta bruscamente.

CONSUELO: ¡Señora, por favor! Ya bastante tenemos con Amaranta desquiciada,

como para que usted…

MADRE: Entiéndeme, estoy muy nerviosa… Desde que su padre se fue yo no sé lo

que es besar a nadie más. Me conservé siempre para el día en que

regresara. No creo que este hombre sea tan maravilloso como ella cree. Yo
[35]  
 
tenía que comprobar que no es el hombre que ella piensa. Es todo,

curiosidad, simple curiosidad…

Amaranta entra con la pistola en la mano, alcanza a ver que su madre se separa

de Ernesto.

MADRE: Quería verlo de cerca. ¡¿Por qué le suplicas amor, Amaranta?! Míralo: es

gordo, tiene ojeras y ni siquiera es atractivo…

AMARANTA: ¡Tiene buenos sentimientos! No, corrijo. Tenía, ¡tenía buenos

sentimientos!

MADRE: Muchos chicos de tu edad tienen buenos sentimientos. Él tiene canas y la

edad no le ayuda en nada. Mani, ¿qué tiene este hombre de diferente?

AMARANTA: ¡Que no me llames Mani! ¡Detesto que me llames Mani! (A ERNESTO)

Amaranta suena a amante. Amante… que ama. ¡Y me hacía tan feliz

escuchar eso, que hasta soportaba mi nombre! ¡Y ahora lo detesto tanto! (A

SU MADRE) ¡Y lo que más detesto es que tú me llames Mani! Mani… como si

fuera un animal.

MADRE: Aparte de todas las cosas que eres, no sabes ser agradecida. Y ustedes

dos son unos idiotas. Amaranta no tiene qué ver con esa tontería de amar.

Yo quería darte fortaleza en tu nombre, Amaranta significa inmarcesible.

AMARANTA: ¿Qué?

ERNESTO: Inmarcesible… como si fueras una flor. Inmarcesible… que no se puede

marchitar.

AMARANTA: ¿Cómo?

MADRE: Idiota… quería protegerte. Amaranta significa: la que no se marchita. Yo

quería que fueras alguien fuerte, capaz de soportarlo todo…


[36]  
 
AMARANTA: ¡Qué cursi eres, mamá! Además, te tengo una revelación… Hace

mucho que estoy marchita.

CONSUELO: (A ERNESTO) ¿Ves lo que hiciste, idiota? Sólo le llenaste la cabeza de

tonterías. Ahora tienes que decirle algo antes de que enloquezca.

ERNESTO: Lo lamento, lamento que te enamorarás de esta forma…

AMARANTA: ¡Pendejo, ya te dije que lo lamentarás más después de cada tiro!

Amaranta sostiene la pistola, apunta a Ernesto. El departamento está más limpio.

La madre de Amaranta recoge la poca ropa que queda en el piso. Consuelo está

detrás de la barra de la cocina, duda varias veces antes de hablar.

AMARANTA: ¡¿Tú qué me ves?!

CONSUELO: Cariño, llevas una hora así…

AMARANTA: Lo haré, y cuidadito alguna de las dos intente algo, porque ahí sí que

no respondo…

Míralo bien, su piel es tersa. Me acariciaba como si fuera una mujer hermosa;

hizo que por lo menos me gustara un libro. Acércate, ¿hueles? Su aliento es

tibio y no sabe a pasta de dientes cuando me besa. Me hace reír, ¿hace

cuánto que no había podido reír, mamá? Me abrazaba muy fuerte como si

tuviera miedo a perderme. Nadie me había abrazado nunca de esa forma.

Cada vez que me miraba, parecía desnudarme, pero no como los demás

chicos de mi edad o como otros señores gordos. Me desnudaba con deseo,

me hacía sentir la mujer más deseada en el mundo y la más bella. Su mirada

es intensa, sus labios son suaves y su cuerpo es generoso conmigo. Era. Su

cuerpo era generoso conmigo, pero eso ya no importa…


[37]  
 
Se dirige a Ernesto, camina hacia él lentamente; sus pasos al principio parecen

titubeantes, pero conforme habla y avanza, su actitud se vuelve cada vez más

amenazante y segura. La madre de Amaranta, recoge tranquilamente la ropa,

conforme Amaranta habla, su actitud cambia; ya no hay incredulidad de su parte.

Detiene su labor de recoger ropa y mira furiosa a Amaranta.

(A ERNESTO) Voy a darte un tiro en cada pierna por aquellos meses en que

no supe nada de ti. Uno en el estómago, por aquellas lágrimas que no

paraban pensando en que habías muerto. Y el tiro de gracia, será en la boca,

por aquellas cínicas palabras… No mientas, te alejaste por otra cosa. Morirás

con la verdad, pero dormiré tranquila, sabiendo que ya no estarás, ni para

ella, ni para mí…

MADRE: ¡No lo harás, ¿y sabes por qué?! (Pausa) ¿Recuerdas la vez que te

llevamos al hospital? No te gustó, ¿cierto? ¡Pues no lo hagas si no quieres

regresar!

AMARANTA: Uno… dos… tres… cuatro… cinco…

ERNESTO: ¡No! ¡Sólo déjame hacer algo antes de que me mates!

AMARANTA: ¿Qué, llamar a tu familia? No te preocupes, yo llamo y les aviso…

ERNESTO: Déjame reparar el daño que te hice…

AMARANTA: Demasiado tarde…

ERNESTO: Entonces, sólo pídeme algo, en este momento. Lo que siempre hayas

querido y que me sea posible ahora…

AMARANTA: No hay nada… Cinco, seis…

[38]  
 
MADRE: Cuánto más rápido te des cuenta de lo idiota que fue armar este numerito,

de lo ridícula y patética que eres, más pronto podremos irnos a casa. ¡Baja el

arma de una vez!

AMARANTA: (A ERNESTO) Quizás sí hay algo que puedes hacer… quisiera…

Quisiera presentarte a mi mamá. Ella no cree que yo tenga un novio, no cree

que me quieras. Dile… dile que no eres imaginario y todo lo que sientes por

mí.

Consuelo mira desconcertada la escena, intenta decir algo, pero la mirada de la

madre la detiene. Toma un vaso, avienta agua a la cara de Ernesto.

CONSUELO: Más te vale que hables con la verdad, cabrón. Es lo menos que se

merece Amaranta de ti. Mira todo lo que desencadenaste… odio a todos los

hombres que son como tú…

MADRE: ¡Basta, Consuelo! Amaranta permitió todo esto…

Ernesto habla con voz trémula.

ERNESTO: Me llamo Ernesto, tengo cuarenta y un años. Sé que soy algo mayor

para su hija, pero la quiero. No me gusta la forma en la que le habla a

Amaranta. Señora, disculpe usted, pero no me gusta los comentarios que

hace acerca de ella. Amaranta es muy fuerte porque estuvo mucho tiempo

conmigo, a pesar de que no podía darle todo lo que cualquier joven de su

edad merece; llora sólo cuando tiene mucho frío o cuando se moja los pies.

Sabe cuidar plantas, creo que de haber estudiado algo, sería excelente en

botánica. Es muy bella, es irreverente… pero no creo que esté loca. Un día la

encontré en un parque y… me enamoré… Esa es la verdad, Consuelo. La

quiero.
[39]  
 
Amaranta comienza a llorar.

AMARANTA: ¿Podrías hacer una sopa de verduras mientras hablas con ella?

Quiero que pruebe tu sopa de verduras…

Ernesto asiente.

¡Consuelo, desamárralo!

Consuelo va con Ernesto y lo desamarra. Ernesto va hacia la cocina y comienza a

preparar la sopa de verduras.

ERNESTO: Su hija no sabe cocinar porque no tiene tiempo, y porque nadie tuvo la

paciencia de enseñarle, ni siquiera yo… Suele desesperarse con facilidad;

cree que no entiende cosas o que no las conoce, pero a mí me ha dado

muchas lecciones. Yo me alejé, señora, porque un día la vi recostada en el

sillón y pensé que le estaba quitando su vida… Yo no quería hacerle eso a

ella. Hay cosas que tiene que vivir a su edad, cosas que no puedo darle,

porque ya tengo no la misma vitalidad de antes. Tengo miedo de que un día

se dé cuenta de que estoy muy gordo para ella, y que no tengo tan buenos

sentimientos como piensa… Tengo miedo de pasar muchos años a su lado y

que un día me reclame su vida. No es justo que yo le quite su juventud…

Además, tengo una familia, esa es la verdad…

AMARANTA: “De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo

que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con

ella. La eligen, te lo juro, los he visto...” 9

ERNESTO: No puedo, Amaranta. Por mucho que lo anhele…

                                                                                                                       
9
 Julio  Cortázar.  Rayuela.  México,  Punto  de  Lectura,  2006.  Pág.  562  

[40]  
 
AMARANTA: “Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te

parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.”10

ERNESTO: “Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A

Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige.”11 Tengo una esposa. Sé que

puedo vivir con ella porque lo hemos hecho durante mucho tiempo…

AMARANTA: (Grita y apunta hacia Ernesto) “Vos no elegís la lluvia que te va a calar

hasta los huesos cuando salís de un concierto.”12

ERNESTO: ¡Tú nunca podría vivir conmigo, Amaranta! ¡Acabarías por reprocharme

cosas un día! Yo no podría con eso… con el tiempo yo sería un estorbo para

ti.

Amaranta conforme habla, baja lentamente el arma y la coloca en el sillón.

AMARANTA: Vete.

ERNESTO: …

AMARANTA: ¡Vete antes de que quiera matarte otra vez! ¡Y no vuelvas a buscarme!

Te dejo ir…

Amaranta le da las llaves a Ernesto. Consuelo la abraza. La madre de Amaranta

se acerca despacio al sillón y toma el arma. Ernesto camina hacia la puerta, se

detiene unos segundos antes de abrirla por completo e intentar irse.

ERNESTO: “…te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero.

Claro que te curarás porque vivís en la salud, después de mí será cualquier

otro, eso se cambia como los corpiños.”13

                                                                                                                       
10
 Loc.  cit.    
11
 Loc.  cit.    
12
 Loc.  cit.  
13
 Loc.  cit.      

[41]  
 
AMARANTA: ¡Idiota!

CONSUELO: ¡Cabrón, ni se te ocurra regresar! Porque si no… soy capaz, capaz

de… ¡pendejo!

La madre de Amaranta apunta a Ernesto, dispara. Ernesto cae al piso. Amaranta

le quita la pistola a su madre.

MADRE: Vendrán más historias para ti… él diría más pretextos y tú…

AMARANTA: ¡No!

CONSUELO: ¿Por qué?

AMARANTA: Es… es… y tú…

MADRE: Es el fin, se terminó.

AMARANTA: ¿Así, nada más? Adiós a aquellas frases… “Se acabó, kaputt.”14

MADRE: ¿Qué fue lo que dijo antes de…?

CONSUELO: Te curarás…

AMARANTA: “…te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero.

Claro que te curarás porque vivís en la salud, después de mí será cualquier

otro, eso se cambia como los corpiños.”15 Capítulo 93. Y pensar que ya no lo

escucharé de sus labios nunca más.

AMARANTA: No puedo creer que haya pasado…

Amaranta, su madre y Consuelo sueltan una carcajada.

¿Por qué?

CONSUELO: Locura, eso se llama locura… o pasión, o algo similar.

MADRE: ¿De verdad quieren saberlo?

                                                                                                                       
14
   óp.  cit.  Pág.  176.    
15
 óp.  cit.  Pág.  561.  

[42]  
 
CONSUELO: Ella lo dejó libre, y usted…

MADRE: Inmarcesible, eres inmarcesible, Amaranta. Y de mí depende que lo seas.

Ese hombre mentía, todos mienten. El novio de Consuelo mintió, tu padre

también mintió, Ernesto mintió. Tu padre… tu padre regresó ayer. Me habló

de amor, de lo que no pudo vivir conmigo, de los años tristes junto a su

amante… Ibas a esperarlo, Amaranta. En el fondo ibas a esperar que

regresara mañana o el próximo año… Esperar es horrible. Todos los años

mirando una puerta, esperando a que el hombre que se fue, regrese por sus

calcetines… y un día… regresa. Adentro, el terror de que se vaya de nuevo,

otra vez más no lo soportarías… Hay que olvidarlo todo. Hay que dejar de

esperar, porque la espera marchita. No volverás a esperarlo. Al final de todo,

Amaranta, uno siempre está solo. Pero sé que si este hombre viviera,

seguirías esperando una sopa de verduras el sábado por la tarde…

AMARANTA: No volveré a esperar… ¿Soy libre? Soy… li-bre. No volveré a… es-

pe-rar…

MADRE: Ahora tendré que liberarme yo…

CONSUELO: Yo también. (Pausa larga) Yo también necesito hacerlo…

AMARANTA: Ya está. Mañana Consuelo y después mamá…

[43]  
 

También podría gustarte