Hinchas y Barras Bravas en Uruguay
Hinchas y Barras Bravas en Uruguay
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Líder de la masa ………………………………………... Pág. 46
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Resumen
Mediante este TFG pretendo dar cuenta en primer lugar del devenir histórico del sujeto como
hincha acompasando la evolución del fútbol como deporte rey en el Río de la Plata.
Comenzando con un recuento histórico, intente descubrir la génesis de clubes que formarían
los primeros hinchas, la influencia extranjera y nuestra apropiación del deporte que
acompañaría nuestro desarrollo como nación. Por otro lado, intentar describir el fútbol como
fenómeno cultural y psicosocial, siendo este capaz de incidir en la construcción y
reafirmación de identidades.
En segunda instancia hacer hincapié en el sujeto como hincha, como siente y piensa el
fútbol, como este deporte influye en su subjetividad y cotidianeidad de su vida. Trataré de
dar cuenta sobre sus características; el porqué de su afición, que lo hace ser hincha, de qué
manera influye el contexto social, cultural, político, económico. Como juegan estas
referencias para tal elección o condicionamiento de su identidad como sujeto. Por otro lado,
señalar las primeras formaciones en cuanto a grupos de hinchas. Como tema central, hacer
una descripción de los grupos radicales llamados barras bravas, su estructura jerárquica,
características, organización, funcionamiento y motivaciones, que los vuelve violentos,
quienes las integran, de dónde vienen, cuáles son sus objetivos e intereses principales.
Abordar su organización como una masa compuesta de individuos unidos por ligazón, que
reverencia al club como un tótem que los une, en presencia de un líder.
Palabras clave: Fútbol. Hinchas. Identidad. Barras bravas. Masa.
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Introducción
El fútbol tal y como lo conocemos, representa mucho más que un deporte para los
uruguayos. Somos un país que respira fútbol, lo vive como una pasión singular e irrepetible.
Refleja nuestra idiosincrasia, está presente en nuestro imaginario colectivo, en nuestro ADN.
En lo psicosocial, fundamental para entendernos y reconocernos en lo cotidiano.
El fútbol ha ido acompasando nuestra constitución como nación, con su vasta historia e
inolvidables gestas y porque no, fracaso, involucrándose en la construcción y afirmación de
la identidad, de generación en generación. Es un fenómenos social y cultural que habla
mucho de cómo pensamos, sentimos y vivimos los uruguayos. Es una pasión, por lo tanto,
algo irracional, que va más allá de las clases sociales, que no entiende de razas, ideologías
políticas, de géneros a la hora de habitar una tribuna como hincha y brindar el aliento al
equipo, en especial nuestra selección, otorgándole un matiz patriótico.
Tal vez, junto al tango sea el primero motivo por el cual el mundo posó su mirada sobre
nuestro pequeño y discreto país en los albores del siglo XX.
Nuestros jugadores, el orgullo popular, brindándonos el reconocimiento del mundo por
practicar, el deporte como un arte, de forma inédita, innovadora en su técnica, según la
opinión británica y rioplatense especializada. Destacan la raza del jugador criollo, para las
cualidades del deporte. Desde aquel entonces, a nuestros días, nuestros mejores
representantes, sus triunfos, los hacemos propios como hinchas.
El uruguayo vive el fútbol de una manera única, muy difícil de denotar en otro deporte, así
sea por su legado (herencia-mandato) histórico y por la gran difusión que invade y
sugestiona manteniendo vivas glorias pasadas. Un clásico, un partido eliminatorio, o un
mundial son capaces de detener un país y sacar a las calles multitudes en caso de victoria.
Capaz de influir en el ánimo y emociones de las masas, compuestas de hinchas que
acompañan incondicionalmente a su combinado cada fin de semana sin importar el clima,
distancia o el contexto económico.
Hoy este deporte, no es el mismo que a principios de siglo, ha evolucionado al igual que sus
espectadores, el hincha de entonces, no es el mismo que en nuestros días, pero sigue
siendo dueño de sus colores, llevándolo a cometer hechos de violencia volviéndose
cotidianos en nuestras latitudes.
Un sujeto puede ser Hincha a un club por un número indeterminado de circunstancias, como
pueden ser, endógenas, exógenas, siendo producto de un medio social, cultural, político y
geográfico en el que resida, fundamentales para construir su identidad, con la necesidad de
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alinearse con sus pares para reforzar dicha identidad y sentirse seguro, siendo protagonista
de algo que hable de él.
Mediante esta elaboración pretendo dar cuenta del hincha como una producción social,
haciendo énfasis en el concepto de masa tomado por Freud, para aludir a grupos
organizados radicalizados llamados barras bravas. Analizar sus diferentes características
tales como Omnipotencia, Sugestión y contagio, Identificación, moralidad, lazos libidinosos,
descenso intelectual y moral, Ideal del yo. Considerándolos una masa organizada,
comandada por un líder, dar cuenta de sus rituales, códigos internos, motivaciones,
incluyendo el porqué de sus hechos de violencia a sus rivales o símbolos de autoridad.
Los sujetos que conforman esta sociedad, a la cual evidentemente incluimos al hincha,
siempre son influenciados al igual que todos, por factores económicos, políticos y sociales,
condicionantes en la formación de su aparato psíquicos. Es imposible entender al hincha
concretamente desde solo una disciplina concreta, ni analizarlo como un sujeto aislado, ya
que éste está en un juego constante de relaciones entre sí y su entorno, entre lo individual y
sobre todo lo grupal, tal vez logremos entenderlo mejor desde la perspectiva freudiana de
las masas (1921). “No puede entenderse al hincha solamente como un sujeto pasivo,
marioneta de los intereses económicos y políticos que se mueven detrás del futbol; solo
estos pueden ser eficaces cuando se basan en profundos deseos inconscientes de las
masas” (Sebreli J.J, 1998, p.16).
El hincha como un actor social, dentro y fuera del espectáculo deportivo. Trataré de
responder ciertas interrogantes tales como: ¿Qué es y cómo nace un hincha? ¿Cuál es su
relación con el fútbol o con su institución deportiva? ¿Por qué es hincha de un cuadro y no
de otro?, ¿Qué circunstancias externas o internas lo condicionan?, ¿Es un producto de un
medio social determinado?, ¿Por qué es incondicional?, ¿Por qué daría la vida por los
colores?, ¿Por qué siente la necesidad de agruparse con otros para alentar o repudiar a los
que no comparten su ideología deportiva (o de vida)?, ¿Cómo funciona una barra brava?
¿Por qué las barras bravas gozan de tanto poder?, ¿Que los lleva a ser violentos?, ¿ Por
qué un país de 200 mil kilómetros cuadrados, 3 millones y pico de habitantes da tanta
relevancia al deporte ?.
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Fundamentación
Este deporte, un fenómeno social tan importante en nuestro país, entra en contraste con la
escasa producción académica que se puede brindar al lector, denotando un discreto interés
en cuanto a investigación y contenido bibliográfico, comparado con nuestro vecino país. Tal
vez, los intelectuales de nuestra época, o épocas pasadas, no den la relevancia que este
deporte implica en lo psicosocial, o lo consideren un tema superfluo que no arroje
contenidos de importancia para las ciencias sociales.
Esta cuestión fue una motivación extra para tomar el hincha como tema central, a su vez, el
indagar en otros TFG denotando la escasa temática deportiva, e inexistente, en cuanto a sus
aficionados.
Por medio de este TFG, pretendo describir este fenómeno social tan cotidiano como el
hincha y la barra organizada en masas, bajo el mando de un líder.
Tratar de dar sentidos a sus comportamientos, rituales y funcionamientos, intentando
explicar los estigmas y prejuicios que rodean la opinión pública en cuanto a hinchas
radicales.
Considero por lo tanto, un tema por demás pertinente para comprenderlo desde la psicología
social, que sea capaz de ofrecer respuestas, alternativas, y por qué no...elaborar a la postre
estrategias (políticas) de intervención multireferencial, que sirvan de prevención dentro y
fuera de los espectáculos deportivos, volviendolos más seguros para la mayor concurrencia
(La Familia).
Entender al fútbol (y lo que se desarrolla a su alrededor) es también entender la sociedad,
ya que el fútbol y sus protagonistas pueden ser pensados como analizadores de lo que
sucede en la misma.
Otros de los factores que pienso relevantes es analizar por qué la barra capta en sus filas
cada vez más adolescentes en nuestro país.
A la hora de elegir la temática de TFG, la premisa fundamental es el interés, sumado a la
necesidad de pensar más allá de lo evidente, temas dentro de mis pasiones, (Psicología y
Fútbol) y por qué no, contribuir como un insumo de interés social, y por supuesto académico
como forma retributiva a mis años de estudios en la UDELAR.
Por último, en lo personal, responder mis interrogantes, hijo de extranjeros identificado con 2
instituciones deportivas muy diferentes entre sí, entonces… ¿cómo es posible que un sujeto
sea hincha con la misma intensidad de un equipo a más de 9900 km del Uruguay y otro con
su estadio a 15 minutos a su casa?, ¿Globalización del fútbol ?,¿Herencia?,¿Identidad?.
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Antecedentes
El fútbol según Sebreli, (1998) es considerado el deporte de las masas populares, el hijo de
la miseria en el Río de la Plata, deporte de los pobres y niños lumpen, es un producto inglés,
inventado por la clase alta, aristócratas, nobles a mediados del siglo XIX. “No sólo el fútbol
sino todos los deportes tuvieron un origen netamente oligárquico: fue una distracción de
Dandis (...)” (Sebreli J.J, 1998, p.25). Sus primeros practicantes fueron jóvenes universitarios
los cuales impusieron sus primeras reglas oficiales en 1846 (Cambridge University).
Refinados, adinerados, ociosos, con mucho tiempo para gastar en actividades demostrando
(Presumir) sus habilidades y carácter atlético, pero también ciertos rasgos de ferocidad y
violencia en sus conductas, dentro y fuera de los establecimientos deportivos. El practicante
de esa época, quería demostrar su destreza, su virilidad, el culto del cuerpo, antes de lo
intelectual como premisa epocal de la nobleza y así tomar distancia de las clases a las que
consideraba inferior, empleando el tiempo para el ocio y no para el trabajo. El deporte en
ese entonces fue creado con el propósito de la selectividad de su práctica, de brindar la
intimidad del mismo para la práctica de cierto estrato social. A medida que el fútbol se volvia
más popular, las clases altas tuvieron que encontrar otras alternativas deportivas más
exclusivas y costosas para que les brindaran determinada privacidad entre sus pares y
círculos sociales; a medida que los campos de fútbol se volvían más concurridos de masas
desconocidas y anónimas, la clase alta se iba diluyendo entre sus tribunas. El fútbol de esta
época fue perdiendo plebeyismo y el hedonismo de sus practicantes, el glamur en sus
tribunas sintiendo la necesidad de emigrar a la práctica y afición de otros deportes como
críquet, polo, automovilismo, rugby.
El estadio de fútbol dejaba de ser el círculo exclusivo, cerrado donde todos se conocían; año
a año sus tribunas se volvían más anónimas e impersonales, se llenaba de caras extrañas.
Acorralados por las más populares que invaden el fútbol, las clases burguesas buscaban
nuevos deportes que por sus elevados costos otorgaran el aislamiento y la intimidad
necesaria para seguir estando entre nos. (Sebreli J.J, 1998, p.30).
Al igual que el fútbol creado por las clases altas, estas son a su vez las primeras precursoras
en establecer los primeros antecedentes de conductas violentas grupales en forma de
pandillas mucho antes que existieran los términos hoy en día tan mediatizados como
hinchadas y barras bravas. “La depredación y vandalismo fueron practicados por las patotas
de los niños bien antes que por las barras futboleras” (Sebreli J.J, 1998, p.20).
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Según el autor los hechos de violencia y vandalismo referentes al deporte, existen desde los
comienzos del mismo, registrándose mucho antes de volverse popular y masivo.
Los ingleses irrumpen en el Río de la Plata con una industrialización y tráfico comercial sin
precedentes para la época, causando una evolución social, económica política y sobre todo,
cultural, trayendo consigo el deporte de las elites. “Los reinos británicos constituidos en
imperios penetraron con su cultura a los cinco continentes difundiendo el deporte; y según el
estado de industrialización la organización política social del país receptor, logró mayor o
menor aceptación” (Reich.M, 2012, p.19).
“El año 1860 marca el punto de inflexión en el juego de los Orientales que pasan de jugar a
la española, a jugar a la inglesa” (Reich.M, 2012, p.20).
En la llegada a las orillas del Río de la Plata, fueron empleados, funcionarios y marineros de
empresas extranjeros los responsables de exhibir el deporte ante la mirada de los locales. A
la postre los nativos adoptaron el juego, construyendo un estilo propio.“La viveza criolla
apuesta al frío cálculo ingles una contraposición entre las clases populares simples, el
instinto de los humildes la sabiduría natural a la técnica de las clases educadas“
(Sebreli.J.J, 1998, p.32).
Con la llegada de empresas y su expansión industrial el criollo aprendió la práctica del
deporte inédito hasta entonces, entre burlas, asombro y curiosidad, el nativo rioplatense, fue
adoptando el juego entre sus tiempos de ocio. Las masas populares con gran rapidez fueron
interesándose por el deporte como practicantes y espectadores, más aún con una relación
muy estrecha con las clases sociales más bajas y pobres. Sin embargo, esta disciplina de
élite, jamás fue dirigida hacia las masas populares, sin vaticinar que interpretarían con tanta
originalidad, (Fútbol-arte) astucia y estrategia el deporte sajón (futbol-fuerza).
Por lo tanto, las principales ciudades en el mundo industrializadas por el imperio británico
evolucionaron en el deporte simultáneamente.“La expansión del fútbol como deporte popular
está directamente relacionada con el crecimiento de las principales ciudades
latinoamericanas esto ocurre a partir del flujo inmigratorio europeo entre 1870 y 1920
aproximadamente (…)”(Faccio.F, 2012, p.50).
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Según Sebreli (1998) la invasión de la industrialización capitalista, condiciona al futbolista
salvaje que practicaba en campos desiertos y terrenos baldíos, éste debía emigrar a la
ciudad en busca de oportunidades de empleo para abandonar la práctica furtiva y enrolarse
en el horario disciplinante factorial. Los terrenos habían cedido el espacio a la urbanización
fabril, posicionando en vías de extinción al practicante amateur e incrementando el trabajo
como empleado de la máquina capitalizada, transformando a este proyecto trunco de
jugador profesional, como el primer ferviente aficionado del deporte. Las empresas
extranjeras permitían la práctica del deporte a los empleados como un modo de
esparcimiento para producir lazos afines entre sus pares y alejarlos de pensamientos en
cuanto a conflictos laborales, sobre todo huelgas, tan comunes en esos tiempos
sindicalizados.
El fútbol es tomado como estrategia de esparcimiento, entretenimiento, distracción,
camaradería, control de masas, volviéndo al sujeto un ejecutante, pero a su vez espectador
incondicional de un deporte que seguía creciendo influenciado, indirectamente por las
empresas residentes por entonces, las pasiones, comenzaba a aumentar en el común
social.
Este deporte está asociado a la pobreza, padeciendo falta de fuentes de empleo y
abundante tiempo de ocio promociona la práctica deportiva. El deporte evoluciona en masa,
los pies de los humildes, llevarían el fervor a las tribunas partido a partido. La clase
acomodada mantendrá en el correr del tiempo su lugar en el fútbol desde la dirigencia,
gestión, capitalización o usándolo como una herramienta de fines políticos. Todas las clases
sociales comparten la pasión, en cada recinto del club por el cual sientan identificación,
volviendo el deporte cada vez más popular, más homogéneo y capitalizado en el devenir
histórico.
A fines del siglo XIX se incrementa notoriamente la llegada de ingleses a nuestro país
creando los primeros clubes Cricket club y Montevideo Rowling siendo los primeros en la
práctica del fútbol dentro de otras actividades recreativas, los socios en su mayoría ingleses
aristócratas.
Las prácticas del fútbol eran difundidas en todos los colegios y secundarias de origen
británico con el fin de promover mediante su práctica y entrenamiento el trabajo en equipo,
liderazgo y disciplina. Este esquema de educación sajón llegó a cada puerto donde
desembarcan naves inglesas entre ellas Montevideo.
El origen y la expansión del fútbol se produjo en paralelo con la ola de globalización que
marcó el final del siglo XIX, que implicó para Latinoamérica una inmigración creciente en el
mercado mundial, con la consecuente organización e inmigración; es así que el imperialismo
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comercial decimonónico de deporte y la globalización están inseparablemente unidos.
(Faccio.F, 2012, p.52).
En 1874 The English High School comienza a funcionar en Buenos Aires y al poco tiempo lo
mismo su sucursal en nuestro país. Alumnos y ex alumnos de esta institución, comienzan
con la formación del primer club en nuestro territorio que practicara el fútbol en exclusividad.
El Albion Football Club; en el vecino rioplatense sería el Alumni.
Otros de los grandes precursores del fútbol oriental fueron las empresas instaladas y sus
respectivos funcionarios asociados con el ferrocarril, dando lugar al CURCC. Por lo tanto,
estudiantes de instituciones educativas y empleados de empresas ferroviarias fueron los
fundantes de las primeras instituciones que practicarán en exclusividad el fútbol en nuestro
país. Tanto el Albion como el CURCC serán responsables de la exhibición del deporte e
incremento de aficionados partido a partido.
La influencia inglesa denota en especial los términos del juego que invaden los medios, (off
side, fixture, foul, gol, reply, score) posiciones de los practicantes, tal vez éstas más
castellanizadas cada día (referee, goalkeeper, lineman). Como principal evidencia nombres
de los clubes que hoy en día existen tanto en primera, segunda división A y B como River
Plate (1932), Racing Club (1919), Montevideo Wanderers Fútbol Club (1902), Rampla
Juniors (1914), Liverpool (1915), el propio Albion (1891, refundación (1953), que resurge
para militar en divisiones amateurs . Y las denominaciones de sus campos de juego,
comenzando con “Parque” (Park), al igual que los equipos británicos. Highbury Park,
Goodison Park, St James' Park, Selhurst Park, Villa Park, Griffin Park, Pride Park, Ewood
Park. En recintos uruguayos “Parque Alfredo Víctor Viera”, “Parque Central”,” Parque
Saroldi”, “Parque Osvaldo Roberto” entre otros.
Primero fueron curiosos espectadores; luego se hizo costumbre verlo y algunos empezaron a
jugarlo. Los primeros hinchas fueron consuetudinarios espectadores que a su vez eran
jugadores ocasionales de fútbol. Posiblemente la primera hinchada surgió semana a semana
entre los vecinos del CURCC que alentaban a su club contra los marineros británicos y
particularmente contra el Albion; aquellos antiguos estudiantes de clase media y alta que
habían formado un club de fútbol siguiendo la costumbre de los exalumnos de los colegios
británicos. (Luzuriaga.J.C, 2014, p.195).
Por otro lado, para que existiera mayor participación de las masas en los estadios, debía
existir una rivalidad, por la cual, los criollos se sintieran identificados con los equipos que los
representaban, sobre todo que los integraran jugadores nativos. Motivo por el cual el Albion
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entre otras instituciones con arraigadas raíces británicas tuvieron corta vida deportiva, dentro
del naciente fútbol uruguayo. Sus jugadores emigraron y fundaron otros equipos tales como
Nacional y Wanderers. A la postre el Club Nacional de Football y CURCC (a partir 1913 Club
Atlético Peñarol) se transformarán en las instituciones con un gran crecimiento de sus
seguidores en nuestro país, volviéndose populares por su fútbol, glorias, en compañía
incondicional del calor que brindan sus parcialidades en las tribunas, década tras década.
La primera masa crítica la logró el CURCC alrededor de 1896 y 1897 con una consistencia
que podemos estimar en unas cien personas entre aficionados y jugadores y quinientos
espectadores. Estos quinientos espectadores empleados del ferrocarril que trabajaban en
Villa Peñarol lo que permitió empezar a ser hegemónico en un deporte aún restringido.
(Luzuriaga.J.C, 2014, p.195).
Por otro lado, los jóvenes estudiantes acicateados por fuertes sentimientos nacionalistas se
sintieron atraídos por lo Nacional y constituyeron la cantera inicial de simpatizantes y
jugadores, que podemos estimar, analizando la juventud universitaria de la época, en unos
quinientos a seiscientos universitarios y unos cuatrocientos secundarios. Al principio sus
adeptos eran estudiantes, pero al poco tiempo se nutrieron de sectores populares criollos
convocados por los colores de la patria. (Luzuriaga.J.C, 2014, p.195).
Osaba (2012) afirma que nuestro fútbol, a partir de la independencia de las que serán
nuestras principales instituciones deportivas, el Club Nacional de Football y el Club Atlético
Peñarol, sumando las gestas que llegaron en 1924 y 1928 Ámsterdam y Colombes,
comienza a construir la nación. “el fútbol uruguayo nace no como fruto del proceso de
apropiación social e hibridación cultural, sino como necesidad histórica, y representativa de
la síntesis del choque dialéctico entre el inglés y lo nacional criollo”. (Osaba.J, 2012, p.61).
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“El fútbol uruguayo tiene su primer ciclo exitoso internacional en la década del 1920, cuando
construye una imagen ganadora que opera como tarjeta de presentación en el concierto de
las naciones”. (Osaba.J, 2012, p.61).
Siguiendo con Osaba (2012), este nos da entender que este deporte para los uruguayos nos
hace especiales y únicos, nos separa del resto por nuestras características propias tanto del
juego, como de sus hinchas, de los cuales me extenderé más adelante. En primer lugar,
tendríamos que diferenciarnos de algún modo de los británicos, a la postre, sería con
nuestros vecinos rioplatenses. En el futuro, también entre hinchas de clubes locales con
influencia extranjera. “el fútbol nos define más inmediatamente como uruguayos que nuestra
mejor tradición épica, real, ilusoria” (Osaba.J, 2012, p.85).
El fútbol nos brinda esa identidad ante el mundo, nos hace reconocidos, pero es
fundamental para el uruguayo, saber reconocerse en esa identidad, reafirmarse ante sí
mismo. Cuando los resultados no son los deseados esa identidad sufre, tambalea, nos deja
mal parados, nos cuestionamos, sentimos esa “vergüenza deportiva”; en la actualidad esos
magros resultados, llevan a la memoria a tiempos pasados de gloria, para no olvidarnos de
dónde venimos y que fuimos alguna vez los mejores. “Es posible afirmar que con la derrota
deportiva entra en crisis esa presentación de lo nacional”. (Osaba.J, 2012, p.61).
Estrechar lazos con el pasado, evocar héroes, ponerlos como modelo en un contexto que
nada tiene que ver con el de aquellos años, (1924, 1928, 1930, 1950) habla mucho de lo que
alguna vez fuimos, y aún sentimos que somos porque la historia popular lo dicta como un
deber patrio. “Negociación y renegociación de los recuerdos y olvidos (…) la sociedad
construye lazos de continuidad con el pasado (Cercano y lejano). (Osaba.J, 2012, p.58).
Por ende, el recuerdo de éxitos sigue vigente, formando parte de nuestra identidad, nos
brinda status, orgullo, nos gratifica, pero a su vez frustra, porque tan solo son eso, recuerdos
Durante la primera mitad de los años ochenta, cada partido era vivido como un espectáculo
de disfrute, en donde la familia podía participar sin más recaudos, a su vez, mezclarse entre
los aficionados de diferentes parcialidades. No se evidenciaban incidentes antes del partido,
en los momentos de retirar las localidades en boletería (no existían una venta previa en
otros espacios físicos), ni a la postre; todo se realizaba en líneas generales con armonía.
Evidentemente los partidos de mayor concurrencia, involucraron a las instituciones más
grandes de nuestro país. Ambos parciales de dichas instituciones en ese entonces,
compartían tribunas en el gran espacio que ofrecía el estadio Centenario en su tribuna
popular Ámsterdam. Durante esta primera mitad de la década se vislumbra el crecimiento de
grupos de aficionados con el objetivo de brindar apoyo a su club preferido, denominándose
por aquel entonces como barras de aliento. Estas animaban todo el partido dándole calor,
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música, y colorido al encuentro, acompañadas cada una con los símbolos que representan
la institución de preferencia.
Hasta el momento, no había una denominación concreta en cuanto a los grupos de
aficionados; las “barras de aliento” fue un término empleado por los medios de prensa para
hacer alusión a este nuevo tipo de agrupación, acusándolo de burda imitación del país
vecino, cargándose de connotaciones negativas.
Estas barras de aliento, darán que hablar a medida del incremento de sus miembros
asociándolo al aumento de hechos problemáticos, antes, durante y finalizado los encuentros,
creando un precedente en el Uruguay, hasta entonces inédito.
Durante los partidos clásicos jugados en la segunda mitad de la década de los ochenta, se
denota un incremento considerable de hechos conflictivos que deriva en un altercado mayor
entre ambas parcialidades el dia 18 de diciembre de 1986. Por este motivo a modo de
preservar el espectáculo y controlar este nuevo fenómeno de cerca para evitar mayores
sucesos de violencia, se toma la iniciativa improvisada de separar a las parcialidades de
ambas instituciones para jugar la final que consagre al nuevo campeón uruguayo.
“básicamente la justificación de la separación de hinchadas tiene su sustento en el control
de tales prácticas” (Osaba.J, 2014, p.156).
Esta separación de hinchadas es una medida que hasta hoy permanece vigente, sería la
primera medida de control y prevención entre otras tan comunes en nuestros días, como la
sectorización de la tribuna Olímpica mediante vallado o cordón policial, ordenamientos en
cuanto a recorrido, para llegada y abandono del estadio, eliminación definitiva de los taludes,
que prive a los violentos facilidad de proyectiles. “El discurso de la prensa recala la
concurrencia familiar a las canchas y cómo esa forma tradicional de socialización era puesta
en peligro por los hinchas de nuevo tipo” (Osaba.J, 2014, p.156).
Durante el partido clásico del 6 de enero 1987 (desenlace final del Campeonato Uruguayo)
marcaría el primer precedente de separación de hinchadas, siendo el detonante el clásico
anterior (18 de diciembre 1986), con la presencia de repetidos desmanes, robo y quema de
banderas como estrategia de violencia simbólica por parte de integrantes de la parcialidad
aurinegra, provocando a posteriori la inevitable confrontación física entre hinchas
pertenecientes a las barras de aliento, finalizando con un hincha tricolor arrojado al foso del
talud.
Esta separación fue articulada, por el Ministerio del Interior, Asociación Uruguaya de Fútbol
y el Club Atlético Peñarol, que oficiaba de local. Con este tipo de medida, cada parcialidad
se apropiaba de alguna manera de los sectores del estadio; en el caso de Peñarol, esta
apropiación dará nombre principal a la mayor fracción de aliento del club “Barra Ámsterdam”.
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Al no tener recinto deportivo propio en ese momento, adoptaría dicho club este espacio del
estadio centenario como propio hogar deportivo cada fin de semana.
Los hinchas tienden a apropiarse de los espacios, por lo cual la camiseta, la caminata y el
graffitti son marcas claves del dominio logrado (...) el estadio donde juega el local es el centro
simbólico espacial por excelencia. Sus inmediaciones son parte del territorio demarcado.
(Carrión.M.F, 2011, p.48).
Más significativo es el caso de los estadios que están enclaustrados en su barrio, porque eso
implica una defensa aún más significativa del territorio porque el estadio es marca de la
memoria, de simbología y de afirmación del conjunto del barrio. (Carrión.M.F, 2011, p.48).
Esta separación no sólo puso el foco de los medios en estos subgrupos culturales, sino que
les brindó mayor protagonismo, notoriedad en el espectáculo, jugando su partido. ”tengo la
firme hipótesis de que la separación de hinchadas potenció el surgimiento de nuevas
subjetividades en las tribunas” (Osaba.J, 2015, párr.8). A su vez, esta separación no sólo
les otorgó un lugar para habitar y apropiarse de un espacio físico, sino también la identidad
asociada con ese espacio en particular, un lugar de arraigo e incremento de sus lazos
sociales entre sus pares, creciendo año a año.
Hoy en día el Club Atlético Peñarol realiza sus juegos en su nuevo estadio “Campeón del
Siglo” habitando la tribuna Cataldi; sin embargo, el nombre que denomina a su mayor
facción sigue siendo “Barra Ámsterdam”
Por lo tanto, los ochenta fue una década donde se comenzó a notar un nuevo tipo de hincha
en el fútbol uruguayo, un nuevo tipo de sujeto, influenciado por el estereotipo que proviene
del vecino país, la “barra brava”, como se lo comenzó a denominar volviéndose popular, a la
postre híper mediatizado.
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Se confirma que, hacia mediados de los ochentas, la aparición de un grupo de hinchas de
nuevo tipo en la tribuna diferenciado del hincha tradicional. Ese nuevo hincha se caracteriza
por lucir los emblemas de su equipo (Camisetas, gorros, banderas, Etc.) por entonar
canciones de aliento, en forma constante, lo que implica una gestualidad determinada, y
sobre todo por el ejercicio físico de violencia. Esta aparición, en un contexto de emergencia
social puede tener puntos de contactos con otros emergentes sociales de los ochentas.
(Osaba.J, 2014, p.162).
Para la prensa uruguaya de entonces un modelo nefasto que nada tiene que ver con
nuestras costumbres.
A modo provisorio se puede decir que la primera mitad de las ochenta marcas el nacimiento
de grupos de espectadores de un nuevo tipo que se asemeja al fenómeno argentino de las
barras bravas, esto es, grupos de hinchas que entonan canciones para alentar a su equipo y
para los cuales la práctica corporal de la violencia es central en tanto rasgo identitario.
(Osaba.J, 2014, p.156).
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Hinchas
A diferencia del hincha, la barra brava es configurada por una grupalidad de hinchas
fanáticos, que no sólo brinda aliento y papel picado en las tribunas, sino que son capaces de
alterar el orden y efectuar incidentes de violencia con cualquiera que no comparta su
ideología deportiva, incluyendo parcialidad rival, o autoridades del orden.
El término hincha, es empleado como un aficionado al club, muchas veces cayendo en la
confusión del término, o mal empleo del mismo. Esta denominación por lo tanto puede cae
en la ambigüedad o empleo confuso del término hincha como un barra brava; porque no
todos los hinchas presentan un comportamiento violento, simbólico, verbal o físicamente. Es
común entonces para cualquiera la confusión a la hora de diferenciar las características de
un hincha de un barra ya que éstos, a su vez, también se consideran hinchas. “Por un lado
estaría el hincha promedio y por el otro las barras, estas últimas caracterizadas por la
práctica corporal violenta” (Osaba.J, 2014, p.159).
Es para muchos el fútbol una necesidad de disfrute individual, también de vivirla en grupos,
ocupar momentos de ocio, o anteponer el deporte ante obligaciones cotidianas. El fútbol ha
sido algo más que un simple disfrute o entretenimiento, una alternativa de escape a lo
cotidiano, que renueva y alimenta la ilusión cada fin de semana. El club ha sido
históricamente un lugar de pertenencia, de identidad, de encuentro con sus pares, por lo
tanto, un medio histórico de estrechar lazos sociales.
Por lo tanto, el club de pertenencia ha sido y es un lugar de encuentros, cualquiera sea el
vínculo que el sujeto tenga con él, cada institución cualquiera sea su fin, deportivo
institucional cultural u otro; todos representan algo para el individuo implicado, el barrio, una
empresa, corporación, colectividades. Implica un componente afectivo, simbólico, que los
integra entre sus miembros. Muchas veces cumpliendo la función de agentes de
socialización, fundamentales para la integración, y paliar efectos adversos de la
marginalidad social. “podría hablarse de colapso social en caso de desaparición abrupta de
estas entidades” (Reich.M, 2012, p.31).
Es muy difícil definir concretamente a un hincha desde ciertas características que podamos
establecer como únicas o esenciales, estas involucran un gran repertorio de particularidades
que tienen que ver con su contexto social, cultural, económico, geográfico, y por supuesto
desde su subjetividad, en articulación con su historia de vida. Lo que sí podemos afirmar
mediante revisión bibliográfica en la cual, todos los autores dan a entender que cuando un
sujeto adhiere a los colores de un club, jamás deja de sentirse parte de él como hincha.
17
Un hincha puede ser socio de su club, dejar de serlo, (o no haber sido nunca) pude ser
asiduo concurrente a la cancha, elegir verlo desde la comodidad de su casa por televisión,
seguirlo por radio, internet, por diferentes circunstancias, en este caso deportivas, o por su
propia salud emocional, pero siempre puede identificarse afirmando en mayor o menor
medida de intensidad, la preferencia de un club en particular; esa elección como hincha lo
une a otros definiéndose y a la vez separándose de otros. Por lo tanto, en líneas generales,
el considerarse hincha involucra un sin fin de relaciones que el sujeto establece con su club
ya sea de forma activa o pasiva. Siempre se es hincha de un club al decir “Yo soy de…”
“pertenezco a tal club” algunas veces, con orgullo y lealtad desmesurada, y otras con
algunas reservas para prevenir resquemores.
Somos sujetos sujetados a cambio permanentes, eventualidades o circunstancias de la vida,
tal vez la suma de nuestros yo, que de alguna manera nos define habitando un medio social
que nos afecta condiciona y modifica lo que somos y vamos siendo en nuestro devenir; sin
embargo, hay algo en nosotros que es inmutable, ese sentido de pertenencia a un club (“Yo
soy de Fénix”). El hincha es capaz de modificar un sinfín de aspectos y elecciones en el
correr de la vida, puede cambiar de pareja, país, religión, partido político, estilos musicales,
profesiones, de sexo, hasta su nombre si lo desea. Sin embargo, hay pocas probabilidades
que el sujeto cambie el equipo del cual le tocó ser hincha.
Todos sabemos que uno puede, a lo largo de su vida, mudarse de barrio o de ciudad,
cambiar sus opiniones políticas y hasta de pertenencia social; pero, sobre todo en nuestra
sociedad, es mucho más raro, casi una patología, encontrar a alguien que haya cambiado de
colores, de equipo, de esa lealtad elemental que constituye nuestra futbolera pasión personal
(…) Esa lealtad puede ser un emblema de orgullo, o un karma personal e intransferible.
(Ferreiro.J.P, 2003, p.57).
18
El término “aficionado” difiere en determinados contextos geográficos de nuestro planeta. En
Italia se lo denomina “Tifosi, “Torcedor” en Brasil, “Supporter” en Francia “aficionado” en
España. Por nuestras latitudes (Río de la Plata) es “el Hincha”.
Esta denominación de “Hincha” referida al fútbol se emplea por primera vez en Montevideo.
Se le adjudica como adjetivo, Hincha, a un trabajador de la manufactura referida al cuero,
que a su vez cumplía el rol de utilero y ayudante del Club Nacional de Fútbol. Su trabajo
trataba de inflar (hinchar) los balones con los cuales se disputaba el match, así también el
fiel y constante aliento que promulgaba a sus jugadores durante lo que perduraban el
encuentro, de una manera notoriamente efusiva. El término comienza a volverse popular
emigrando a la vecina orilla como también a la península ibérica. Gracias a Don Prudencio
Miguel Reyes (“El hincha balones”) este término comenzó a volverse asiduo para definir a
los aficionados más fervorosos, apasionados y exaltados de los equipos locales y
nacionales.
El verbo “hinchar” significa vibrar, gritar, gesticular, doblar, duplicar, enroscar, etc. El
sustantivo “hincha” designa, por lo tanto, la condición por la cual se gesticula por un tiempo y
se retuerce todos los miembros en la apasionada esperanza de la victoria. Con esta actitud,
se reproduce más plásticamente la participación de espectador que co-actúa dinámicamente,
de forma intensa, como si con esta conducta desesperada pudiese contribuir al éxito de su
equipo.(Rosenfeld en Alves de Souza, 1994: 27. Cita por Ramírez. J.P, 2003, p.110).
El hincha no elige su equipo, o por ahí, es una elección condicionada por elementos
subjetivos contingentes a su racionalidad: esto puede darse por su núcleo familiar, más aún
en una figura referente o antagónica, también siendo el lugar de residencia por ejemplo la
ciudad o el barrio mismo de donde provenga o resida el sujeto.
Se puede apreciar que el equipo de mejor performance a nivel local o internacional, se
vuelve generador de muchos aficionados.
“El hincha no elige el club, como no elige el estilo de la ropa que usa, sino que simplemente
sigue la corriente, la moda vigente en el grupo al que pertenece tampoco elige sus opiniones
políticas o religiosas” (Sebreli.J.J, 1998, p.p 38-39).
Según Sebreli (1998) el hincha es un sujeto en busca de identidad, busca algo que lo defina,
que le pueda ser permanente, algo estructurado, que lo reafirma de forma repetitiva como el
fútbol, dándole posibilidades cada fin de semana de relacionarse con su pasión. Siguiendo al
autor, el hincha presenta un yo débil, no posee una organización definida en cuanto a su
personalidad, buscando ser reconocido por otro. En consecuencia, intenta un equilibrio con
el objeto que provenga del afuera, en este caso la institución deportiva.
19
Este objeto que el sujeto ha tomado desde el mundo externo, en este caso su club, se
vuelven inseparables con su yo, pasa a ser uno solo, su equipo y él, un hincha. El equipo,
para el hincha, hace la función de llenar un vacío en el sujeto, tanto en el plano individual
como en la construcción del vínculo social.
El club logra la acción compensatoria ante un mundo que presenta una fractura social
importante en cuanto a valores y referentes que puedan brindarle. El deporte se vuelve una
fuente de ilusión acorde a sus necesidades, fundamentales para la autoestima y logro
identitario. Ser hincha de un club, brinda al sujeto vivir por momentos en un mundo alterno,
imaginario, su propia creación en relación a su club, un mundo de fantasías, que lo ilusiona,
lo apasiona, en contraste con su realidad cotidiana.¿Tal vez se vuelva imposible para el
sujeto encontrar esta clase de emociones en otras circunstancias de su vida?. Por lo tanto,
su club y sus logros, en solitario o compartido con su grupo de pares, lo hacen sentirse
importante, ganador, que forma parte de algo con grandes dimensiones, haciendo las
victorias de su cuadro tal cual fueran propias en el sujeto. El hincha necesita sentir la
sensación de éxito, un papel protagónico, que tal vez nunca le ofrezca su realidad de vida.
Los hinchas recorren diferentes obstáculos para llegar al recinto deportivo, inclemencias
climáticas, económicas, geográficas, disponibilidad temporal, estos no van a ver un
espectáculo, como si fuese una obra teatral, una película, asisten con el único objetivo de
ver ganar a su club, no les importa como juegue o se desarrolle el encuentro o si hay o no
fair play (juego limpio).
Porque el hincha, o la hinchada, en un encuentro, no quiere ni se limita a ser solo un
espectador: es un actor más de reparto. “La necesidad de triunfos por sobretodo lleva a la
inmensa mayoría de los hinchas a apoyar a los clubes más poderosos, ser partidario de un
club pequeño es casi un signo de extravagancia requiere un yo más
estructurado”.(Sebreli.J.J, 1998, p.p. 40-41).
La búsqueda de conseguir la victoria y por lo tanto una alegría que perdure la semana
entera, hasta la próxima contienda, no se encuentra de antemano garantizada, eso el hincha
lo sabe; puede ser una experiencia de plenas alegrías, disfrute, o lo contrario, de frustración
y decepción.
Las alegrías, las angustias, el saber, el tener, el poder, la derrota, la victoria, las frustraciones,
hasta los deseos y los más utópicos sueños, se han cimentado y tienen un profundo
fundamento en esta relación del fútbol y la vida cotidiana. (Agudelo.J, 2012, p.9).
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Un partido es su ritual intenso de ansiedades, con un desenlace siempre incierto, de goce o
sufrimiento, muchos no disfrutan el partido, debido a los diferentes climas que siente el
hincha en el transcurso de los noventa minutos, lo mantienen en una constante alerta. La
suerte de su club, será su suerte, de esta depende su estado emocional. Según Dante
Panzeri “Más que concurrentes al fútbol, son enfermos, aun no reclutados como tales dentro
de los servicios médicos y farmacéuticos” (cita de Sebreli.J.J, 1998, p.37).
Sufren durante todo el partido, su ser y sentir se transforman, dependiendo las incidencias
del partido, fundamentalmente de su marcador final. El autor los considera masoquistas de
consideración, ya que padecen todo el encuentro, sobre todo en los que se juega algo
importante.“El sufrimiento es muy grande antes de llegar al goce” (Sebreli.J.J, 1998, p.36).
El hincha, vive el fútbol por medio de su verbalización, habla mucho de fútbol durante su
vida volviéndose su práctica, también como forma de extender la emoción, controversia y los
estados anímicos que el deporte genera. “El ánimo es más importante que la realidad
material” (Carlos Maggi, 2011, Manyas, La Pelicula)
El sujeto vive en “modo” hincha la mayor parte de su tiempo, contribuye a su pasión,
escuchando diferentes programas de radio, siguiendo programas de tv, o recurriendo a la
prensa en la sección deportiva. Muchos compran los periódicos exclusivamente por esta
sección.
21
Por lo tanto, el hincha es hincha, porque encuentra en el fútbol la repetición, lo seguro, lo
estructurado. Semana a semana, espera el partido con ansiedad, subiendo intensidades
cargándose de connotaciones simbólicas, dramatismo, discusiones interminables.
Un partido es la excusa para liberar una cantidad de emociones y frustraciones contenidas
durante toda la semana, podría decirse que hasta cierto punto es terapéutico. El hincha lo
necesita, es un bálsamo para resistir los embates de un mundo en donde cada mañana la
mayoría, despierta perdiendo 1 a 0. Por lo tanto, “La pasión, nunca pierde” porque siempre
está, el sujeto puede quedarse sin trabajo, lo puede dejar la pareja, puede sufrir la muerte
alguien cercano, una innumerable serie de hechos catastróficos, sin embargo, su pasión
está intacta. “podemos perder...de atrás, por goleada, una final, una semifinal, pero vos
perdes un partido de fútbol, pero la pasión siempre va estar, nunca va a morir, la pasión
nunca pierde” (El chavo, Hincha de Peñarol, 2011, Manyas la pelicula)
No hay hinchas arrepentidos, afirma Sebreli (1998). Es vital para el hincha su pasión, porque
de alguna manera habla de él, le da prestigio, honor, autoestima que necesita para seguir.
El hincha asiduo al deporte es en su mayoría asalariado, de clase baja y media baja, por lo
tanto, sin una incidencia importante dentro de las decisiones de poder, tanto político,
económico, además de escasa capacidad entorno a toma de decisiones en su vida, sin
embargo, la pertenencia a su club implica ser parte de algo en lo cual sea capaz de
trascender como protagonista, esto le otorga el poder y prestigio que necesita, como
compensación. “Yo no soy nada, soy en realidad mucho porque pertenezco a un poderoso
club que llaman las muchedumbres” (Sebreli.J.J, 1998, p.41).
Al sujeto hincha le hace sentir pleno saber que algo que significa tanto para él está en la
órbita de sus posibilidades como actor, en una trama que se desarrolla en la tribuna. Dentro
de las clases altas no se encuentra tanta participación en las gradas que agrupe las
características del hincha promedio, tal vez estos puedan conseguir la gratificación en otras
actividades de ocio o eventos que implique mayor enriquecimiento cultural, intelectual, o
gracias a su economía más estable, dirijan su acción al consumo. Por otra parte,
simplemente no sientan necesario reafirmar aspectos personales mediante esta actividad
popular.
En clases más bajas se encuentra la necesidad de reafirmar las identidades en el deporte.
En un entorno donde se vuelve imposible acceder a una educación, pérdida de valores
individuales, grupales y valores familiares como referencia para el sujeto, sumados el
individualismo exacerbado como una de las tantas cosmovisiones capitalistas de la híper
modernidad predominante, se sienten aún más la urgencia de búsqueda identitaria.
22
Los hinchas con peores situaciones económicas, sienten que el fútbol no los margina, no los
desprecia como el resto del ámbito social, cultural, económico, o político.
Es por esto que se puede afirmar que el espectáculo deportivo cumple un doble papel:
paradójicamente integra y divide, por un lado, vincula, con un renovado sentido de
pertenencia, a personas de las más diferentes condiciones (económicas, sociales, culturales,
intelectuales, raciales). El individuo al pertenecer a un mismo grupo de seguidores renueva su
condición de ser social y asimila si individualidad al ser colectivo. (Ramírez.J.P, 2003, p.111).
Hinchas adolescentes
Para el hincha más joven (adolescente) es esencial este sentido de arraigo a una institución
deportiva. “Remoción de las identificaciones para poder acceder al reordenamiento
identificatorio y la confirmación de la identidad” (Kancyper.L 2007 p.19).
Esta etapa tan crítica en los adolescentes coincide muchas veces con la elección propia de
su rol y el papel que jugaran en sus vidas dentro de una sociedad, alejándose de sus
progenitores como modelos identitarios. “Permite al adolescente escribir su propia historia”
(Kancyper.L, 2007, p.21).
23
Por primera vez, sienten la libertad de poder elegir por ellos mismos y definir sus
preferencias y pasiones, dentro de todas ellas y en un entorno tan futbolero como el
uruguayo, sería una de las primeras en la lista. “La crisis de identidad característica del
adolescente es una causa del fanatismo futbolero” (Sebreli.J.J, 1998, p.51). En jóvenes
muchachos, el deporte marca una tendencia machista y formadora de identidad masculina,
(“El fútbol es para hombres”) quizás esto explique, por qué cada vez más jóvenes se suman
como hinchas. Estos sujetos se encuentran en plena búsqueda de identidad por medio de la
vinculación entre pares; se puede pensar que intentan maquillar su edad con la hombría que
en las tribunas se pregona, en una sociedad con marcadas tendencias machistas.
Estas pasiones vividas con grandes cargas de intensidad, merman a medida que el sujeto
va transitando las etapas y obligaciones que conlleva ser adulto responsable como mandato
social.
Los hinchas adultos, dentro de la tribuna, seguirán siendo o sintiéndose esos adolescentes
que nunca irán a madurar, su rol y significancia como hincha se torna perpetuo, o tal vez no
esté dentro de sus objetivos acceder a un mundo de compromisos.¿Puede su arraigo con
club, ser lo único que necesitan para sentirse completos? Quizás estos hinchas, más
entrados en años, continúen buscando reafirmar su identidad, como un adolescente,
luchando por establecerse. Según Sebreli (1998), no logran establecer un yo maduro, se
fijan a una identidad de un joven asociado justamente con el club que siguieron desde su
condición como hincha.
El fútbol según Quintana (2014) comienza a perder ese interés en el sujeto asiduo a la
cancha, considerando una franja etaria entre los 24 y 26 años. Este pasará a ser un hincha
pendiente principalmente, de una esporádica visita al estadio, prefiriendo la comodidad de
los medios radiales y televisivos para vivir su pasión.
Un partido de selección puede unir o dividir un país. El uruguayo, en su mayoría, tiene una
fuerte impronta como hincha de su selección de forma prácticamente unánime.
24
El atributo que nos había sido asignado por argentinos (Garra charrúa) lo hemos ido
incorporando, no solo como característica futbolística, sino como aspecto propio del pueblo
hincha. Según Bayce (2014) como una autoimagen que fuimos generando durante el
devenir de las épocas. Cuando los resultados comienzan a ser escasos, repercute
directamente en autoestima del hincha, este clama la necesidad de ser reafirmada de alguna
manera, exigiendo resultados en la tribuna. Según Menotti (D.T) cada país juega de acuerdo
a su idiosincrasia, podemos deducir que el hincha, al igual que el jugador uruguayo, vive y
siente el fútbol de una forma muy singular, condicionado en el imaginario, simbólico, auto
imágenes, hetero imágenes y autoestima futbolística que sigue el fútbol de una manera casi
obsesiva, asumido termómetro social.
Cada país juega como vive, el jugador uruguayo, al igual que el hincha, se obsesiona por el
triunfo, no por pasarlo bien en la tribuna o el césped.
La prensa deportiva en el Uruguay, es responsable de mantener la historia intacta y que ésta
contribuya a definirnos, a auto identificarse con glorias pasadas que persisten como una
llama que jamás se apaga, pero que cada vez ofrece menos luz. El hincha uruguayo vive
continuamente en renegociación del pasado, esto que en algún momento brindó prestigio,
ya no posee la eficacia de antes, a pesar que los medios la reproduzcan hasta el cansancio,
crean sentimientos de frustración y desesperanza palpables al recordar una y otra vez
glorias de antaño.
Este factor coincide sobretodo en el ambiente de los clubes en su actualidad con magros
resultados internacionales. Por lo tanto, la prensa condiciona de manera radical el imaginario
colectivo de los hinchas, que si bien se sienten ganadores por épocas pasadas hoy exigen
consagraciones actuales.
Mientras tanto, el hincha produce y reproduce cada fin de semana un proceso de
reafirmación de identidad, sentimientos colectivos acompañándolo como si fuesen rito,
siendo casi una religión, la cancha será su templo, el rival su enemigo, creyente de otro
culto, el juez y policía símbolos de autoridad y reglamento que le impiden su libre comunión
con su pasión.“los estadios son sumideros de pasiones” (Ramírez.J.P, 2003, p.111).
Hoy la realidad es diferente, los buenos resultados cosechados por nuestra selección,
clasificaciones continuas a mundiales, copa américa (2011), ha logrado generar una nueva
autoimagen en el hincha. Este hincha de a poco ha podido desprenderse de identificaciones
con el pasado, para mejorar la autoestima deteriorada por resultados discretos.
25
Estos éxitos acompañan la creación de nuevas subjetividades ajustadas a nuevo tiempo. “el
orgullo, honor y autoestima nacional se depositan neuróticamente en los triunfos
futbolísticos” (Bayce.R, 2003, p.175).
Para Bayce (2012) el pueblo uruguayo posee ciertas características con ciertos elementos
mitológicos. El autor nos propone al pueblo uruguayo, discreto, subordinado, tranquilo
inmerso en su pequeñez. Emparentando con la leyenda de David. Un país pequeño rodeado
de gigantes con la promesa incierta de sobreponerse a estos Goliat, siempre con un
pronóstico desfavorable, con el fracaso garantizado. Si hay algo que nos ha demostrado el
fútbol uruguayo, es la capacidad de sobreponerse en instancias desfavorables y esto lo
incorpora el hincha. El no rendirse, el albergar siempre una esperanza para hacerse fuerte
en las más difíciles. Esta metáfora logra un fuerte estereotipo bajo el cual el Uruguayo siente
el fútbol y por qué no la cotidianeidad en las actividades de su vida. Gracias al fútbol
mitológico en David, el uruguayo, busca el pretexto (Garra) para volver a probar en las
instancias más complicadas sorteadas en su mayoría con éxito.
“Se mira en el espejo de David, el mejor espejo en que mirarse para pueblos subordinados y
más pequeños o menos poderosos a priori” (Bayce.R, 2014, p.50).
La leyenda de David y Goliat se presenta en cada jugador e hincha, por eso al hincha
uruguayo le fascinan las más difíciles, sabiendo que debemos estar al nivel de la historia
para probar que todos podemos ser David derrotando a Goliat. Por eso el hincha uruguayo
de fútbol apoya con devoción a su equipo en los momentos más crueles en lo deportivo, es
algo que también está en nuestra idiosincrasia.
26
Estos fenómenos globales, hace más frecuente que la identidad de los hinchas de
determinados equipos repartidos en el mundo se pierda o modifique de forma sustancial. Por
otro lado, los equipos más capitalizados en el mundo, extienden sus fronteras de alcance
publicitandose y invadiendo en los mercados más remotos en busca de producir un
fenómeno cada vez más común, la explotación del hincha como consumidor.
Acompañando este fenómeno los medios de difusión masivos adquieren los derechos de
explotación de futbol local de cada nación. “América Latina responde también alguna forma
a un posible sentimiento de pérdida de identidad y comunidad, de seguridad ontológica,
derivado de las transformaciones que están sufriendo los deportes sobre todo el fútbol ante
el embate globalizador” (Villena.S, 2003, p.25). Las empresas que gestionan al fútbol
implementan una suba considerable de precios en las entradas, condicionando a varios
sectores de hinchas de otra clase social. La disposición de días, horarios, que impiden que
el hincha habitual asista (Días entre semana y horarios laborales o nocturnos). Estas
empresas priorizan al espectador doméstico antes que la tribuna, más que nada por motivos
publicitarios. La globalización no solo afecta al hincha, sino que lo transforma en un nuevo
consumidor en la comodidad en HD. A todo esto, la continua difusión, transmite valores de
modelos de un mundo hipermoderno, preponderando instituciones que pregonan éxito,
publicitandose alrededor del mundo para acaparar, vender y sustituir identidades locales,
condicionando nuevas generaciones de hinchas de equipos que nada tienen que ver con su
entorno, perdiendo y confundiendo ese arraigo con sus raíces culturales y por supuesto
futboleras. En nuestro medio, aún no hay una presencia concreta en cuanto a inversores
dedicados a la explotación de los recursos del futbol local, tal vez el discreto nivel
futbolístico, o escasos réditos económicos que puedan interesar al inversor sean los
motivos, sin embargo, la globalización llega a todos los rincones del planeta en algún
momento.
A mi entender, no es un hecho casual que se modelen en las calles de cualquier ciudad
oriental, camisetas de instituciones exitosas que funcionan como grandes corporaciones,
dedicadas a imponernos ideales de identidades de clubes que gozan de prestigio acordes a
modelos capitalistas. Publicitan sus productos, y venden estereotipos de pertenencias a
clubes que irrumpen en el imaginario colectivo de nuestros futuros hinchas.
La motivación de estas corporaciones, es generar hinchas a nivel mundial, emitidos con una
señal de cable que relata partidos entre dos equipos a miles de kilómetros distantes.
Su articulación en los medios de comunicación masivos es tal que hoy en día, por ejemplo,
uno puede pasarse días enteros viendo fútbol por tv no solo ya innumerables ligas (inter)
27
nacionales sino también múltiples campeonatos continentales, justas intercontinentales, por
supuesto, una serie de noticieros y programas relativos (…). (Antezana.L.H, 2003, p.86).
Mediante el fútbol se pretende lograr esa identidad de un país que siempre estuvo
históricamente controlado por agentes externos ya sea portugueses, españoles, o ingleses.
Tal vez otros países tengan otro tipo de elementos para sostener su identidad, en el uruguay
esa identidad se logra mediante el Fútbol. El hincha lo que busca en cada encuentro es
reafirmar su identidad, negando la identidad de su rival. Mediante esta identidad, el sujeto
genera una autoimagen para ser reconocido por el mismo y los demás. Toma el fútbol como
espejo en donde refleja su persona, y pertenencia colectiva social. Cada encuentro, es una
oportunidad de elaborar su vínculo social y personal con su club. Afirmar la identidad hoy en
día se ha vuelto un problema debido a cierta fractura social, pérdida de modelos y valores en
los cuales se refleja dicha fractura. “Desde el punto de vista sociocultural el fútbol es una
práctica festiva que genera en las personas procesos de identidad y mecanismos de
reconocimiento” (Ramírez.J.P, 2003, p.106)
Hoy en día se vuelve más habitual preguntarnos, ¿quiénes somos?, ¿Qué hacemos?,
¿hacia dónde vamos? El hincha puede construir fuertes lazos identitarios dentro del fútbol.
Ser parte de una hinchada es una nueva forma de representarse a sí mismo, el sujeto
adquiere normas y valores como imaginarios reproducibles y articulables en un mundo real.
“Ser hincha es un estilo de vida” (Hincha anónimo, 2011, Manyas, la pelicula.)
Cualquier individuo sea hincha, barra o dirigente se identifica con determinados colores.
¿Qué queremos decir con esto? Que brinda identidad, algo que habla de él, que lo puede
describir. La identidad, es un elemento crucial para el hincha, es un concepto que puede
articular muchos elementos, encontrándose en varios pasajes de este trabajo. Para Freud
28
(1921) “La identificación es concebida en el psicoanálisis como la manifestación más
temprana de enlace afectivo a otra persona (…) la identificación, además, desde el principio,
ambivalente, y puede concretarse tanto en la exteriorización cariñosa como en el deseo de
supresión” (p 2585). Según Laplanche & Pontalis (1996) la identidad es un:
Proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo
de otro y se transforma, total o parcial, sobre el modelo de este. La personalidad se
constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones. (p.184).
¿Qué podemos decir entonces de la identificación del hincha? Que se vuelve un elemento
esencial para la conformación del yo del sujeto, basándose en el otro como modelo,
pudiendo ser la misma institución, los compañeros, un jugador. “La identificación ha ocupado
el lugar de la elección de objeto, transformándose esta, por regresión, en una identificación”
(Freud.S, 1921, p.2586). Siguiendo a Freud (1921), el yo del hincha adquiere o trata de
tomar las características del objeto valorado para sí mismo. Este hincha o barra, asimila total
o parcialmente las cualidades del objeto con las pretensiones o necesidades del yo. Busca
algo que lo complete, que le de prestigio, que forme parte de él.
(…) Las exigencias que este plantea al yo y que el mismo no siempre podía satisfacer, de
manera que cuando el hombre llegaba a hallarse descontento de sí mismo podría encontrar
su satisfacción en el ideal del yo, diferenciado del yo. (Freud.S, 1921, p.2588).
¿Por qué daría la vida por los colores? Para el hincha, su club se vuelve merecedor de su
amor, y este a su vez, le retribuye con el mismo amor, con el solo hecho de existir. Para
cada sujeto su club siempre es el mejor, es perfecto; el hincha como sujeto pretende adquirir
esa perfección que siente hacia su club para sí mismo, idealiza al objeto. “amamos al objeto
a causa de sus perfecciones a las que hemos aspirado para nuestro propio yo y que
quisiéramos ahora preocuparnos por este rodeo para satisfacción de nuestro narcisismo”
(Freud.S, 1921, p.2590). La cantidad de amor que dispone el hincha para dar, lo vuelca en
su gran mayoría a su club, antes que en otros objetos, actividades o relaciones en su vida, a
veces enriqueciendo su vida otras empobreciendo, en este último caso “el objeto ha
ocupado el ideal del yo” (Freud.S, 1921, p.2590). Dependerá de cada hincha como se
identifica con el objeto. El hincha al seguir a su club, se desprende de una gran parte de su
libido narcisista al punto de considerar el club como parte vital de sí mismo.
29
El yo se hace cada vez menos exigente y más modesto, y, en cambio el objeto deviene cada
vez más magnífico y precioso, hasta apoderarse de todo el amor que él yo sentía por sí
mismo (…) proceso que lleva, naturalmente, al sacrificio voluntario y complejo del yo, puede
decirse que el objeto ha devorado al yo. (Freud.S, 1921, p.2590).
Proceso psíquico en virtud del cual se llevan a perfección las cualidades y el valor del objeto,
la identificación con el objeto idealizado contribuye a las formaciones y al enriquecimiento de
las instancias llamadas ideales de la persona (yo ideal) (ideal del yo). (Laplanche.J &
Pontalis.J, 1996, p.182).
30
Barras Bravas
31
“Los barras se dan el lujo de amenazar a los dirigentes, echar a los técnicos e intimidar a los
jugadores, periodistas a veces intervienen en la elección de dirigentes” (Sebreli.J.J, 1998,
p.62).
Siguiendo a Sebreli (1998) dentro de sus actividades se encuentran la reventa de entradas
exigidas al club, la intención de manejo de las plazas de estacionamientos aledañas al
recinto deportivo, venta de mercadería no oficial del club, o tráfico de sustancias. Entre otros
ingresos, beneficios directamente provenientes de dirigentes, jugadores o cuerpo técnico,
inclusive algún dinero proveniente de sponsors.
Su accionar se vuelve cada vez más lucrativo, algunos forman parte del club como
empleados con la función de mantener la fiesta sin incidentes. Por lo tanto, garantizar la paz,
antes, durante y después del partido, se vuelve un negocio redituable. Para Sebreli (1998)
estos grupos no tendrían el poder ni las dimensiones que hoy en día gozan si no fuese por el
apoyo y auspicio de los dirigentes de los clubes. “Además del apoyo de los dirigentes, las
barras obtienen ganancias de los jugadores y directores técnicos que pagan para que los
dejen tranquilos o para que las apoyen con los dirigentes” (Sebreli.J.J, 1998, p.61).
32
Los sujetos que la componen, son en su mayoría hombres (con un incremento de mujeres
en los últimos años) jóvenes de clase baja, media baja. Por lo general el hincha que
compone la barra, ronda los 18 a 25 años de edad, los altos mandos se encuentran
promediando los 30 a 40 años. Como otras características del hincha promedio, son
desocupados, solteros y con un pobre currículo educativo. Rodeados de un ambiente
inhóspito en donde la violencia forma parte de su cotidiano, sumadas al fácil alcance a
drogas, alcohol y estrecha vinculación de precedentes y antecedentes criminales, son
capaces de volverse masas peligrosas en cualquier recinto.
Los procesos que contribuyen a la violencia están asociados a procesos de exclusión social,
cultural y política a las que se ven sometidos los jóvenes urbanos que ven en estos espacios
la oportunidad de descargar sus rencores producto de esta realidad se presenta un efectivo
catalizador y de catarsis en estos colectivos. (Gómez.G, 2011, p.60).
El perfil del sujeto integrante de la barra en su mayoría habita en un hogar en plena crisis,
precariedad afectiva y con un concepto en cuanto a la violencia más aceptado que en otros
sectores sociales, denota un nivel intelectual ínfimo producto de un “universo mental
enormemente reducido” (Cabello.M, & García.A, 2011, p.80).
Según Cabello y García (2011) el sujeto busca obtener en el grupo, elementos que en su
entorno habitual no le han sido correspondidos, por lo tanto de alguna manera la considera
como su familia adoptiva en muchos casos, o refugio de la misma. Provienen en su mayoría
según el autor de una familia problemática.
Muchos de los que integran la barra brava viven bajo condiciones de precariedad y exclusión
social, vive y sienten la desigualdad e imposibilidad de acceder a bienes educativos,
servicios aceptables de salud, vivienda y trabajo dignos. Una barra de aliento en su mayoría
se encuentra poblado por sujetos que crecieron bajo estas circunstancias.
La barra por lo tanto se les presenta como un elemento o condición compensatoria que otros
espacios más institucionalizados no les ha brindado. Estos jóvenes son conscientes que, al
no haber podido acceder a los beneficios culturales, económicos, les resulta imposible llegar
a los objetivos de un trabajo u otro tipo de bienes materiales que el capitalismo exhibe.
33
Esto genera frustración. Dan cuenta de no tener oportunidades en un mundo real, por eso
eligen otra realidad más acorde a ellos, donde se los considere cumpliendo el rol que esté
más a su alcance.
34
vuelta dentro de la barra y en su mayoría son menores de edad, no entran directamente en
la organización de las actividades de la barra. Se dedican a alentar y no son devotos de los
dictámenes de los mandos superiores. Desde este grupo se reclutan miembros futuros para
el recambio generacional siempre cuando pasen los desafíos y pruebas para demostrar
tener “aguante”. “Son agrupaciones compuestas mayoritariamente por jóvenes, pero
dirigidas por adultos, que contaban con el decidido apoyo de sus respectivos clubes”
(Adán.T, 2012, p.89).
Cada sujeto que compone la barra brava tiene muy claro rol y función dentro del grupo a su
vez también el cumplimiento de códigos morales implícitos. Todos respetan y obedecen al
líder o superiores de la barra tal cual fuese un alto mando militar y ellos soldados rasos. Los
líderes son los dueños de la tribuna.
El ingreso a la barra incluye una serie de condiciones: tener cierta antigüedad o ser asiduo,
no abandonar a los compañeros, no huir de los enfrentamientos, no abandonar al equipo a
pesar de los malos resultados deportivos o institucionales, y absoluta reserva en cuanto a
las actividades que esta realiza, y por supuesto tener “aguante”. Integrar la barra, no es
trabajo de un fin de semana, sino que consume mucho tiempo para la preparación del
partido. Son frecuentes las reuniones durante los días de semana no solo para hacer
sociables, también para preparar aspectos organizativos de los eventos próximos, entre
ellos ensayos de canciones, diseño y confección de banderas a lucir.
Cada barra brava tiene su funcionamiento en particular sin embargo se torna predecible en
su accionar. Por lo general tienen grupos declarados como enemigos principales siendo el
tradicional rival, el antagónico, o de la misma ciudad o barrio.
A su vez son capaces de establecer alianzas y pactos de no agresión con barras de otros
clubes que compartan enemistad con una institución en común “el enemigo de mi enemigo,
es mi amigo”
La barra al igual que la iglesia, es capaz de profesar amor, afecto y ser solidaria con sus
feligreses. Sucediendo lo contrario para aquellos que no son devotos a sus creencias. Por lo
tanto, se torna una relación de amor entre los suyos y de odio con respecto aquellos que no
reconocen su creencia y su fe.
El “Aguante”
¿Por qué se considera “el aguante” como una condición tan importante dentro de las barras
bravas?
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El “aguante” según Alabarces (2007) es una condición fundamental y valorada para los
integrantes de las barras bravas, un intento de demostrar virilidad ante otros hombres.
Siguiendo las palabras del autor, la barra brava tiene una concepción y uso del cuerpo que
lo diferencia de los demás más aún sobre los sectores más refinados. El estereotipo ideal de
barra brava, posee grandes dimensiones, grueso, gordo, pero no musculosos, ni trabajados
físicamente. Un cuerpo con heridas, con cicatrices de guerra para presumir. Nos
preguntamos ¿Tal vez sea otra manera de separarse del común social? Para Alabarces
(2007) el cuerpo del hincha se presenta como una posición ante lo social, estos, están
constituidos en tamaños y formatos que difieren lo hegemónico. El hincha cuanto más
corpulento y curtido posee su cuerpo, más resistencia tiene ante el dolor a agresiones de
enfrentamientos. “El aguante constituye una identidad de género que conjuga, cuerpo,
practica y experiencia” (Alabarces.A, 2007, p.146). La barra en su mayoría la integran
hombres, estos deberán probar ante el resto, quién es más “macho”.
El aguante se convierte en una característica con un valor simbólico trascendente para el
sujeto, no solo demostrar su virilidad, si no también ser capaz de soportar cualquier clase de
golpes ante un combate. El aguante del cuerpo, también significa soportar el exceso de
bebidas, drogas, mala alimentación, trabajo pesado y por supuesto el combate, del cual
jamás debe huir, esto sería un signo de cobardía y dentro del grupo es inaceptable. Para la
hinchada los que no se encuentran dentro de los parámetros del aguante, son catalogados
poco hombre, o afeminados, incluyendo en estos términos a todo los que se encuentran por
fuera de su círculo. Para estar en una barra, se debe tener “aguante”. El aguante brinda
respeto, prestigio, reconocimiento entre los miembros. Es un requisito fundamental para
ingresar como barra, pero también generar status.
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aproximadamente según Quintana (2014). Existen otras barras del fútbol Uruguayo de
menor número de integrantes como son: La danu Stone, de Danubio, los Villeros de Cerro,
la Banda Marley de Defensor, los negros de la Cuchilla de Liverpool, la 14 de River Plate, los
Vagabundos de Wanderers, los Inmundos de Central Español, la Banda de la Estación de
Racing, la Banda del Camión de Rampla entre las más destacadas en nuestro medio.
En este tipo de agrupación podemos encontrar varias facciones, algo así como subgrupos
dentro del grupo, o las llamadas peñas que se encuentran por lo general varios kilómetros
alejados. Muchas veces estos grupos entran en conflicto por la lucha del poder de la tribuna
y todos los beneficios que esta conlleva.
Siguiendo a Quintana (2014) la barra la componen sujetos que van en el rango de 14 a 50
años, en su mayoría promedian los 18 a 25 años. Estas barras las integran hinchas de
diferentes barrios de Montevideo y su periferia. Es muy común ver en los partidos las
banderas con el nombre del barrio impreso o pintado asociándolo a su equipo.
Ahora, ¿Qué es lo que lleva a un sujeto a integrar este tipo de grupos? Quintana (2014)
afirma como primer motivo, destacar el amor por determinada institución, después el estilo o
la forma de vida que promulga la barra al participar en un entorno de fiesta. Generar
vínculos, compañerismo, amistad y camaradería con sus integrantes y su líder promoviendo
la solidaridad. Un lugar donde encuentren afinidades de pensar, sentir y vivir el club entre
sus miembros. Una fraterna comunión con sus pasiones. Entre otras cosas el
reconocimiento, respeto ante los espectadores, dirigentes, jugadores, medios y por supuesto
otras hinchadas. Sobretodo diferenciarse del resto de la sociedad. Como privilegios
personales, las barras son generadoras de autoestima y autoimagen valorada que el ser
parte del colectivo le hace sentir de forma gratuita. El sujeto encuentra en la barra un
espacio donde estrechar lazos sociales y solidarios, siendo el primer mandato la protección
del compañero y el resto de los integrantes ante cualquier situación extrema.
Según Quintana (2014) estos sujetos se unen en pos de un tótem que los liga a unos y a
otros para consolidar una posición grupal. Los une un lenguaje en común, un sentimiento, el
cual intentan defender y proteger como grupo que los representa.
Un tótem al cual rendirle tributo y lealtad. “Estos se rigen por el efecto entre pares, ligándose
a un tótem común, agrupados alrededor de algún producto de la industria cultural como
puede ser el equipo de fútbol”. (Quintana.M, 2014, p.140).
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La barra como Masa
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definidos, no posee tendencias o intenciones de maximizar su numerosidad, ni a disolverse
a menos que exista un factor externo que la obligue.
Podemos señalar la finalización del encuentro que las convoque como motivo de separación
momentáneo, o diferentes altercados con otra masa rival o efectivos de autoridad. Por otro
lado, en cuanto a factores internos de sus integrantes puedan llegar a producir un quiebre
del lazo que los une. Como otro factor, por ejemplo, disolución o desafiliación de la
institución en el ámbito futbolístico. Como muestra de este fenómeno en nuestro país,
podemos indicar lo sucedido en instituciones históricas, Huracán Buceo (2009-2010), y Bella
Vista (2013-2014) como las desafiliaciones más conocidas.
Una barra brava entonces la podemos denominar como una masa cerrada; no tiende al
aumento exponencial de sus integrantes de forma desmesurada, sino controlada, ya que se
perdería el control, organización, ganancias, tal vez la esencia misma de la agrupación. Las
masas cerradas tienden a la perdurabilidad. No se torna fácil el acceso a una barra brava,
no cualquiera puede pertenecer a ella, por lo tanto al igual que una masa cerrada la barra
pone requisitos fundamentales que establecen sus límites. Una barra intenta aumentar la
calidad de los sujetos que la conforman, no siendo su objetivo, el aumento en numerosidad.
“Su unidad es mucho más importante que su tamaño” (Canetti.E, 1983, p.83). Su deseo es
formar un solo cuerpo con sus integrantes, que funcionen como uno, protejan y defiendan
intereses e ideales establecidos de antemano. Como masa cerrada es perdurable en el
tiempo, por su funcionalidad, compromiso, constancia, repetición, perduran y luchan contra
la disolución y su reconocimiento.
Siguiendo a Canetti (1983) podemos considerar el fenómeno barra brava partiendo de las
características de “Cristales de masa”: un grupo mediano de sujetos donde predomina el
sentido de la unidad ante la numerosidad. Estos sujetos se agrupan por una razón: la
similitud de ideales para encontrarse y alentar al equipo, ya sea en un lugar estático o móvil.
Poseen objetivos definidos y tratan de no pasar desapercibidos, por medio de prendas
coloridas, estandartes, u otros símbolos. Estos sujetos se destacan como pertenecientes a
una masa que quiere ser reconocida por los demás. “Los cristales de masa se presentan
como un grupo de hombres que llaman la atención por su cohesión y su unidad. Se les
concibe y se les vive como y unidad” (Canetti.E, 1983, p.83).
Podemos destacar tanto los “cristales de masa” como las masas cerradas, funcionalidades
características de una barra brava; elementos como su organización establecida, la
limitación, y repetición que la conduce a perpetuidad en el paso del tiempo. Sus integrantes
tienen muy definido su participación, rol y compromiso actuando en unidad. Canetti (1983)
los destaca como “una orquesta”; estas formaciones grupales tan sólidas históricamente han
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probado que difícilmente puedan desintegrarse. “El cristal de masa es duradero, no varía de
tamaño, sus integrantes han sido enseñados para su quehacer o convicción (…) pueden
tener funciones repartidas como en una orquesta, pero es importante que se manifiesten
como una totalidad” (Canetti.E, 1983, p.83). Los sujetos que integran los cristales de masa,
promulgan la prioridad de funciones y objetivos del grupo ante que las individuales; fuera del
grupo, en su cotidianidad, son sujetos diferentes, cuando el sujeto vuelve a su entorno, a su
actividad particular individual, se encuentra nuevamente desprotegido con la sociedad. “Esta
soledad en su forma más rigurosa es aquí el castigo extremo: la separación del grupo de
pertenencia que, especialmente en relaciones primitivas, sólo muy pocos son capaces de
soportar” (Canetti.E, 1983, p.53). “Su vida fuera del cristal no cuenta” (p.83). Tal vez
podemos dar cuenta de estos sujetos como un grupo de soldados en cuanto a sus
características organizacionales, distribución de roles específicos, durabilidad, sentido de
pertenencia y nada menos que la presencia de un o varios líderes al mando de una variación
de subjetividades. La masa comienza a existir partiendo con la descarga, donde los sujetos
dejan de lado sus diferencias, identidades personales, para lograr una identidad a partir de
lo grupal, para ser uno solo. “Así se consigue un enorme alivio, en busca de este instante
feliz, en el que ninguno, es más, ninguno mejor que otro, los hombres se convierten en
masa” (Canetti.E, 1983, p.12). En la masa, la descarga es un fenómeno esencial para la
unión del grupo, esto les permite sentirse iguales. La repetición, crea una fortaleza de lazos
constantes cada fin de semana llevándolos a la durabilidad.
Siguiendo al autor, podemos considerar la barra en cuanto a su disposición de un entorno
espacial como masa anillo. Las barras se disponen de manera escalonada donde se pueden
ver y proteger a sí mismo y a su líder. Esta masa quiere conformar un solo cuerpo, un
cuerpo homogéneo ante los demás y ante sí mismo, una suma de emociones para un solo
sentir.
La meta de la barra nunca es alcanzada, esto se vuelve un factor esencial para su
perdurabilidad. La meta de una barra es seguir a su equipo todos los partidos. A menos que
su equipo dejará de existir, la barra brava como masa difícilmente se desintegre. Una barra
se caracteriza por actuar de forma unilateral en sus movimientos, posee un ritmo que las
diferencia con respecto a otras masas.
Cada uno agita los brazos cada uno menea la cabeza la equivalencia de sus participantes se
ramifica en la equivalencia de sus miembros. Lo que siempre sea móvil en un hombre
adquiere su vida propia, cada pierna, cada brazo vive por sí solo. Los miembros respectivos
se hacen coincidir todos. Están muy próximos, con frecuencia descansan unos sobre otros. A
su equivalencia se agrega así su densidad e igualdad se hacen uno y lo mismo. Finalmente,
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ante uno danza una sola criatura, puesto que todos actúan exactamente de la misma manera
o con una intención. En su excitación extrema estos hombres se sienten realmente como uno,
y solo el agotamiento físico los derriba. (Canetti.E, 1983, p.30).
Partiendo de la obra de Canetti (1983) tal vez podamos considerarlas dentro de las masas
de acoso cuando se presentan violentas. Cuando esto sucede, es muy difícil que su objetivo
no se concrete. Su meta en este caso es prioridad, no desisten, todos quieren participar. “La
meta lo es todo. La víctima es la meta, pero también es el punto de la máxima densidad:
reúne las acciones de todos en sí misma. Meta y densidad coinciden” (Canetti.E, 1983,
p.51). Atacan sin temor, la masa compuesta de sujetos funcionando como uno solo les
permite a sus integrantes su anonimato, además la falta de responsabilidad de sus actos los
vuelve más peligrosos. El cuerpo funcionando como uno solo le impide dar cuenta de los
potenciales riesgos a los que estos sujetos se exponen con sus conductas, el valor, coraje y
acción se magnifican modificándose en el contagiando de sus miembros. Este fenómeno es
muy común divisar en hechos violentos entre otras barras y efectivos policiales. En palabras
de Canetti (1983) “El estallido de una guerra es antes que nada el estallido de dos masas”
(p. 82). El pánico ante una amenaza puede trasladarse a cada integrante produciendo la
huida, siendo capaz de volverse mediante este comportamiento una masa de fuga; su meta
es jamás ser alcanzado por el peligro, “Mientras estén juntos, perciben el peligro como
repartido” (Canetti.E, 1983, p.57).
Freud (1921) siguiendo su crítica a Le Bon considera las masas como “un alma colectiva”
con un estado de ánimo propio. Según Agudelo (2013) estas poseen un aparato psíquico
grupal. Podemos considerar la barra, como un conjunto de sujetos impulsados agruparse
por motivos que tienen en común, a pesar de ser entre estos muy diferentes, funcionan
como iguales cuando se asocian. Este tipo de masas pueden tener una organización simple
o compleja dependiendo intereses y objetivos que prioricen. El autor, afirma que todo tipo de
agrupación de sujetos por más rudimentaria que sea, siempre involucra una organización,
pero por sobre todas las cosas que tengan algo en común, funcionando como un lazo
fundamental. En el caso de las barras un enlace afectivo, el amor por una institución
deportiva que les brinda sentimiento de pertenencia. Cuanto más fuerte sea la función de
elemento que los une, más fuerte será el lazo emotivo que los integra, por lo tanto, mayor la
efusividad demostrativa de su alma colectiva.
Estas masas producen y reproducen la transmisión de pasiones en los individuos de las
barras, intensificando el sentimiento de pertenecer, haciéndolo fuerte, volviéndolo perdurable
en el tiempo.
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Por más que sucedan las décadas, siempre está presente una barra de fútbol, renovándose
a sí misma en un recambio generacional inagotable. Como características en una masa
Freud (1921) las considera “excitables, impulsivas, apasionadas, versátil, inconsecuentes”
(p.2573) fáciles de sugestionar. No poseen obligaciones, no presentan respeto la autoridad,
ni se hacen responsables. Las masas según el autor al igual que las que encontramos en el
fútbol son perdurables, homogéneas, diferenciadas a otras por cierto tipo de organización
interna. Podemos ubicar a la barra como masa artificial, tal como lo plantea el autor antes
mencionado cuando analiza la iglesia y el ejército. Con estas premisas, nos preguntamos,
¿es posible establecer algún tipo de relación o similitud en estos tipos de masa con la barra
brava? Partiendo de la bibliografía consultada consideramos que es posible establecer
conexiones con este tipo de masas enunciadas anteriormente. Las barras al igual que las
masas tanto religiosas como pertenecientes al ejército, presentan una distribución en orden
jerárquico y una ligazón entre sus miembros que los mantiene en comunión. En este tipo de
masas es fundamental la presencia de un líder, en el caso de la iglesia un líder invisible que
todo lo ve, en el resto un líder físico omnipresente. “El hecho de que preste atención a todos
en conjunto le confiere prestigio de la omnipotencia” (Canetti.E, 1983, p.467). El líder se
vuelve el referente, el guardián emotivo de su ideología, del elemento totémico que los
convoca cada fin de semana.
Los grupos funcionan como sociedad totémica, en la que el tótem puede ser un animal,
planta, equipo de fútbol o cualquier otra presentación significativa del grupo, considerando a
sus miembros descendientes y unidos por lazos de sangre con el tótem y entre sí, celebrando
esta unión por medio de los cánticos, bailes y vestuarios pertenecientes al tótem, pasando
por la ética que los hace uno solo. (Agudelo.J, 2012, p.12).
La masa según Freud (1921) al igual que la barra dependen no solo del líder, o de un
elemento totémico, sino de los lazos libidinosos entre sus miembros incluyendo al propio
líder.
En todas las relaciones que involucran a los individuos, encontramos habitual que se hagan
presentes diferencias o se generen conflicto. El ser humano no está exento de hostilidad o
malos entendidos entre sus vínculos, ya sea familiares, barriales, laborales, etc. que los
lleven a romper o poner en disputa sus relaciones. El sujeto integrado a la barra, cambia su
forma de vincularse con el otro, su hostilidad queda a un lado debido a el lazo afectivo
libidinoso que lo une a otro miembros. Estos hinchas se predisponen en función del grupo,
se vuelven obedientes, tolerantes, y solidarios entre sí, identificándose con su compañero,
su semejante con el cual los une algo más que un tótem, o un líder. Estos hinchas en
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soledad o aislamiento, se comportan de manera distinta a cuando están en la barra. Según
Freud (1921) esto puede generarse cuando se da una “restricción del narcisismo” (p.2583) a
causa de un fuerte lazo afectivo entre sus miembros. El autor alude al instinto Gregario para
intentar explicar mejor la unión de los sujetos en masa, donde son tratados de manera justa
e igualitaria bajo el poder director del jefe siempre que cumplan sus órdenes.
Los sujetos que integran una barra brava presentan una transformación considerable, dentro
de esta se tornan sujetos totalmente distintos. “Esta alma les hace sentir, pensar y obrar de
una manera por completo distinta de como sentiría, pensaría y obraría cada uno de ellos
aisladamente” (Freud.S, 1921, p.2565). El sujeto se vuelve capaz de realizar los actos más
llamativos e inesperados influenciados por el colectivo. Su conducta y personalidad difieren
de manera considerable con respecto a su actividad privada. La numerosidad en la cual se
integran les permite sentirse poderosos, omnipotentes, irresponsables, los desinhibe.
¿Puede ser que muestren su verdadera naturaleza primitiva? ¿Tal vez sea realmente ésta
su personalidad?, ¿Son unos “inconscientes”1 como se los denomina por su conducta?
El sujeto se encuentra liberado cuando pertenece a la barra, todo lo que reprimía se
exterioriza, presentando según Freud (1921) “tendencias inconscientes” (p.2566)
“Los caracteres aparentemente nuevos que entonces manifiestan son precisamente
exteriorizaciones de lo inconsciente individual, sistema en el que se halla contenido en
germen todo lo malo existente en el alma humana” (Freud.S, 1921, p.2566). Las conductas
que presentan los individuos en masa tienden a ramificarse; Freud (1921) las llamó contagio.
Estos sujetos bajo el efecto sugestivo de las masas, son capaces de actuar de manera
inédita y contradictoria, pudiendo incluso poner en riesgo su integridad o intereses propios,
por lo tanto, bajo influencia de las masas se comportan de forma opuesta a su naturalidad.
El sujeto en una barra se torna fácil de caer en estado hipnótico, lo lleva a perder toda
iniciativa, consciencia, voluntad. Bajo los efectos de la barra por medio del contagio y
sugestionabilidad, pueden llegar a volver al hincha más culto y refinado intelectualmente, en
un ser desprovisto de estas facultades o características, un primitivo.
El sujeto al integrar una masa se iguala al resto de los sujetos poniéndose a su nivel, ya
sean estos intolerantes, incivilizados, infantiles, destructivos. Freud (1921) consultando a Mc
Dougall “opina que las inteligencias inferiores atraen a su propio nivel a las superiores”
(p.2573). El sujeto siendo parte de la masa, se abandona a la emoción y al placer de sentir
la libertad e irresponsabilidad de comportarse como sus instintos lo permitan, sin la menor
culpa o remordimiento. El sentido moral del individuo deja de funcionar. Pasa a actuar bajo
las leyes y normas morales del grupo. La conducta del hincha puede ser reprochada desde
1
Usamos “inconsciente” aquí en un sentido coloquial.
43
la opinión popular, no necesariamente repudiada dentro de la barra. “en la reunión de los
individuos integrados en una masa desaparecen todas las inhibiciones individuales, mientras
que todos los instintos crueles, brutales y destructores residuo de épocas primitivas latentes
en el individuo, despiertan y buscan su libre satisfacción” (Freud.S, 1921, p.2569).
Para el, tal masa es sobremanera excitable, impulsiva, apasionada, versátil, inconsecuente,
indecisa y, al mismo tiempo inclinada a llegar a su acción a los mayores extremos, accesible
sólo a las pasiones violentas y a los sentimientos elementales, extraordinariamente fácil de
sugestionar, superficial en sus reflexiones, violenta en sus juicios, capaz de asimilarse tan
solo a los argumentos y conclusiones más simples e imperfectas, fácil de conducir y
conmover. (Freud.S, 1921, p.2575).
¿Por qué estos sujetos se unen entre sí?, ¿Que los lleva a seguir a un líder hasta las últimas
consecuencias?, ¿Por qué estos lazos que los unen son tan fuertes?
La unión de estos sujetos entre sí según Freud (1921) es causada por instintos sexuales
desviados del objetivo sexual; según el autor las masas son unidas por vínculos amorosos,
sexualmente coartados, permitiendo la producción particular de lazos, que logran una fuerte
unión llevándolos a dejar de lado intereses personales, priorizando la actividad o
funcionamiento grupal. Esta atracción entre los cuerpos se transmite por sugestión, de esta
forma los individuos se mantienen ligados entre sí por vínculos libidinosos dándole
durabilidad, solidaridad, camaradería, y amistad. “El enamoramiento reposa en la
coexistencia de tendencias sexuales directas y tendencias sexuales coartadas en su fin,
atrayendo así el objeto una parte de la libido narcisista del yo.” (Freud.S, 1921, p.2609).
Estos hinchas no solo están unidos por un tótem, sino por algo más significante que les da
perdurabilidad y es la unión afectiva entre sus miembros, la ligazón, el elemento libidinoso
para lograr una convivencia armoniosa entre ellos cumpliendo un papel de importancia el rol
que juegue su líder. “La libido se apoya en la satisfacción de las grandes necesidades del
individuo” (Freud.S, 1921, p.2584).
“Nos encontramos aquí ante instintos eróticos que, sin perder nada de su energía, aparecen
desviados de sus fines primitivos” (Freud.S, 1921, p.2584).
Por lo tanto las masas en este caso las barras, transitan por un enamoramiento entre sus
miembros como elemento fundamental que les permite solidez, fijados a un objeto simbólico
y totémico, la institución. “parece indiscutible que el amor homosexual se adapta mejor a los
44
lazos colectivos, incluso allí donde aparece como una tendencia sexual no coartada (…)”
(Freud.S, 1921, p.2608).
Una ligazón afectiva entre sí y el resto de los miembros, también contribuyen a la necesidad
narcisista. Partiendo de estas premisas, el hincha busca en los colores o símbolos de su
club, apropiarse de elementos de compensación y enriquecimiento. En este caso es el
hincha que deposita en el objeto toda la carga narcisista, despojándose de sí su amor
propio, ahora esta carga pulsional narcisista pasara al club, siendo este sujeto y el club un
solo objeto.
En la barra brava los sujetos depositan en un objeto en común su ideal del yo, llevándolos a
identificarse con cada uno de los miembros con los que comparte el grupo. “La masa
primaria es una reunión de individuos que han reemplazado su ideal del yo por un mismo
objeto, a consecuencias de lo cual se ha establecido entre ellos una general y recíproca
identificación del yo” (Freud,S, 1921, p.2592).
Podemos afirmar que el sujeto que integra la barra brava toma como estereotipo o modelo
de aspiración al sujeto que tiene aguante, ese pasará a ser su ideal del yo, tal vez una figura
a imitar reconocida en los círculos que de prestigio.
“La coincidencia del yo con el ideal del yo produce siempre una sensación de triunfo”
(Freud.S, 1921, p.2601).
Por lo tanto, la figura del líder, el club como elemento totémico, y componentes de la barra
unidos mediante ligazón, se vuelven fuentes elementales de idealización, contribuyen con el
sujeto en su formación de identidad mediante la apropiación total o parcial de modelos que
ofrezcan prestigio dentro del ambiente. Un modelo de sujeto que lo revista nuevamente del
narcisismo perdido.
El hincha sacrifica su vida por el club, es capaz de despojarse de todo amor por sí mismo
para ofrecerlo al club. “La masa multiplica este proceso, coincide con la hipnosis en la
naturaleza de los instintos que mantienen su cohesión y en la sustitución del ideal del yo por
el objeto” (Freud.S, 1921, p.2609).
Tal vez en hincha más pasivo encuentra en su club cierta idealización con el mismo porque
de cierta manera el club lo enriquece. Por parte del grupo de barras vemos que el club es
tratado como una parte de sí mismo, se identifica con todo lo que tenga que ver su club,
forma parte de su vida, está en todas partes.
45
El líder de la masa
Al líder Canetti (1983) lo llamara el “director de orquesta” “No hay expresión más vívida del
poder que la actividad del director de orquesta. Cada detalle de su conducta pública es
característico, haga lo que haga arroja luz sobre la naturaleza del poder” (p.p.465-464)
El líder de la barra o como lo nombra Canetti (1983) “el hombre orquesta” cumple el rol de
autoridad, capaz controlar a los miembros del grupo, deseosos de ser dominados,
sometidos, sugestionados, hipnotizados. “La masa quiere siempre ser dominada por un
poder limitado. Ávida de autoridad, tiene, según las palabras de Gustavo Le Bon, una
inagotable sed de sometimiento” (Freud.S, 1921, p.2599).
Debe presentar una personalidad sólida y avasallante, encargado de transmitir emociones y
voluntades a una masa carente de iniciativa por sí sola. Él será el guardián y protector de la
fe de la masa. El líder impone respecto, su deber es despertar admiraciones en el espíritu de
los sujetos para que estos le den su devoción e idolatría. El líder de la masa, para serlo,
debe poseer un prestigio personal que muy pocos son capaces de lograr, se vuelve jefe y
señor del grupo, este poder, dependerá por supuesto del éxito en cuanto a su gestión y
manejo de la barra; de esto dependerá su continuidad al frente de la masa llamada barra.
Muchas veces la presencia de un líder es lo que mantiene a la masa unida, en su ausencia,
esta caería en el riesgo de desintegrarse, ya que los sujetos que integran la masa tienen la
ilusión y compromiso que los liga por medio del líder a su institución de una manera
emocional. También es muy común encontrar en la barra, disidentes conformando otras
facciones por la fractura en cuanto a ligazón con el líder, de esta forma producirán nuevos
lazos con otros hinchas en mismas condiciones bajo el mismo símbolo totémico, tal vez con
un nuevo líder.
Es posible notar disgregaciones o separaciones del núcleo oficial por motivos de falta de
autoridad o pérdida de prestigio o considerar que no se encuentra a la altura de su rol como
líder. Como primeros síntomas, se encuentran pérdida de respeto, desobediencia, pérdida
de afectividad, denotando la falta de ligazón amorosa entre sus miembros. Cuando el líder
no es capaz de unir al grupo de una manera libidinosa, es posible que la relación entre sus
miembros corra peligro de desmantelarse.
Para el hincha, el líder puede cumplir sus ideales del yo, puede idealizarse o identificarse
con el mismo, es posible también que el sujeto encuentre su ideal del yo en la masa misma.
“El individuo renuncia a su ideal del yo, trocando por el ideal de la masa, encarnado en el
caudillo” (Freud.S, 1921, p.2600).
46
Fin del partido
Es así como este grupo de hinchas fragmentado vive momentos de desamparo, en donde las
ansiedades persecutorias se aumentan y hacen un retroceso a nivel de organización primaria
con las características agresivas y aparece la salida de la hostilidad que implica no sentir la
angustia de muerte y desamparo. (Agudelo.J, 2012, p.19).
El fin del partido coincide con el inicio del duelo que el hincha debe recorrer en la semana,
enfrentarse a una sociedad que no lo comprende. Para el hincha es la soledad, el
aburrimiento, tristeza, el fin de la ilusión, el principio del vacío. Según Agudelo (2012) se
desintegra el aparato psíquico grupal, y contra el miedo, la falta de esperanza, la vuelta a lo
real, surge la pulsión de muerte.
Por eso el grupo de hinchas, al fragmentarse el cuerpo y romper el vínculo con el tótem,
vivenciando de nuevo los temores que produce el mundo externo recurre máscaras y a la
violencia como una forma de eliminar a la posibilidad de pensar, deprimirse, de sentir el
desvalimiento, el vacío, la soledad y mantener la identidad de hincha posibilitando
pertenencia a ese algo, en el que se han conjugando los ideales del yo (…). (Agudelo.J,
2012, p.20).
47
Reflexiones finales
Hablar de fútbol es hablar de pasiones, de un sinfín de cuestiones que giran alrededor de él,
y que día a día, están presentes en nuestra vida de forma silenciosa. Tal vez, podamos
responder muchas preguntas acerca de nosotros o los demás, si nos detenemos un
momento reflexionar cómo las pasiones hablan de nosotros. El fútbol es considerado por
muchos como uno de los tantos analizadores2 sociales; muchas veces podemos encontrar
en este deporte un espejo en donde reflejar un común social; otras tantas olvidamos que el
deporte es una actividad que promueve emociones y sentimientos muy difíciles de explicar
racionalmente, donde dominan las tensiones y ansiedades, que a veces pueden volverse
agresivas. Sin embargo dramatizar el ámbito social en su totalidad, por hechos producidos
por minorías, se torna una visión empobrecida, reduccionista, generadora de perjuicios.
Desde pequeños los padres enseñan a sus hijos que deben ser los mejores, mostrarles que
es un juego solo para hombres, que viven en un mundo donde los segundos no importan,
donde perder un partido es un fracaso, donde a partir de este error es imposible aprender o
sacar algo positivo. Lo único que importa es ganar, y nunca hemos aprendido a digerir las
derrotas, entonces…¿Podemos considerar estos factores que vivimos día a día en los
hogares, en las escuelas, en los equipos del barrio como posibles condicionantes de los
futuros hinchas? ¿Tal vez sean factores que inciden en la falta de tolerancia a la frustración
de los jóvenes en otros espacios? Creemos que el deporte es cultura, identidad, un
fenómeno social que envuelve un país entero, pero también, recreación, entretenimiento,
goce, y factor que contribuye a las alegrías y tristezas más grandes ya sea para vivirlas en
soledad o acompañado de colectivos. Por otro lado será fundamental intentar abordarla
como una actividad lúdica mediante la cual se puedan transmitir y enseñar valores, tales
como respeto, tolerancia, aprender del otro, ser solidarios, fomentar la amistad entre propios
a ajenos. Pero, sobre todo, aprender que no todo en la vida es ganar. Por lo tanto, partiendo
de los autores consultados, me parece fundamental el promover el cambio de valores en
cuanto a la cosmovisión actual de un deporte que cada vez está más lejos del disfrute y
esparcimiento, donde hoy acorde a un mundo hiper moderno se juega solo para competir.
Estos valores por supuesto no se enseñan sólo en el ámbito del fútbol, se promueven en el
hogar, escuela, club, barrio, entre otros ámbitos, siendo fundamental la promoción referentes
2
Usamos analizador en el sentido propuesto por Lapassade, cuando plantea que un analizador
permite una lectura, y por ende una comprensión, de la realidad.
48
profesionales de distintas disciplinas incluidas por supuesto referentes del deporte como
modelos y ejemplos a seguir. Por ahí, tal vez sería una opción para comenzar.
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