El Neobarroquismo de Roberto Bolaño
El Neobarroquismo de Roberto Bolaño
Samuel Arriarán
Universidad Pedagógica Nacional (México)
Roberto Bolaño es uno de los escritores posborgeanos que en los últimos años ha
desarrollado una portentosa obra literaria. Por su filosofía nihilista implícita se asemeja a Juan
Carlos Onetti, aunque en un nuevo contexto histórico. Bolaño combina géneros literarios como la
novela filosófica con la novela detectivesca, o la novela épica con el reportaje periodístico.
Maneja a través de estos géneros el tema del mestizaje lingüístico y cultural. En sus obras
aparecen chilenos, argentinos, españoles, mexicanos y de muchas otras nacionalidades. No sólo
presenta un mestizaje de lenguajes sino también de visiones del mundo. Esto significa que
tematiza algunas situaciones interculturales de la sociedad latinoamericana contemporánea. Sus
personajes parecen siempre apátridas: insatisfechos en su propio país o en el extranjero ¿cómo se
adaptan los emigrantes?, ¿cómo sobrevive un chileno en México o en España?, ¿o un mexicano o
un argentino en Rusia?, ¿cómo sobreviven las trabajadoras mexicanas en las maquiladoras de la
frontera con Estados Unidos? El primer mérito de este autor es que no intenta escribir una
literatura de tesis. Con un talento innegable para el trabajo artístico sabe expresar los ilimitados
callejones sin salida de la convivencia en la modernidad.
Al narrar estas situaciones, Bolaño muestra las grandes dificultades por adaptarse a la
sociedad y sus códigos. En la medida en que su literatura intenta captar esos códigos, también se
orienta por una configuración multicultural de la realidad. No es casual que sus dos principales
novelas Los detectives salvajes y 2666 sean búsquedas de personajes simbólicos; en el primer
caso búsqueda de Cesárea Tinajero, alguien que jamás se vendió al sistema, renunció a la
literatura prefiriendo irse a vivir a un pueblo perdido de Sonora, en México, como una mujer
común y corriente, y en el segundo, la búsqueda de Archimboldi, alguien que renunciando al
premio Nobel prefiere marcharse de Europa para acabar sus días también en México. Estos
personajes, que parecen fundadores de sentido o signos esperanzadores de otra forma de vida más
auténtica, contrastan con otros que son mayoría (como los del siglo XVII), desencantados o
trepadores sociales que sólo piensan en cómo acomodarse a la vida normal: “su ejercicio más
usual de la escritura es una forma de escalar posiciones en la pirámide social, una forma de
asentarse cuidándose mucho de no transgredir nada”.
Aunque las determinaciones sociales y económicas son muy fuertes, Bolaño se orienta por
la recuperación de la memoria y de la identidad. En la novela Amuleto, por ejemplo, una
uruguaya durante 15 días repasa como un mal sueño su vida en México y todo su pasado
latinoamericano, lo interpreta y busca una salida.
En todas las novelas de este autor el empleo de capítulos cortos recuerda los ritmos
narrativos barrocos (ritmos del ingenio). Hay abundantes parloteos obsesivos y repetitivos, que
no son más que viejos recursos de la comedia barroca. Joyce la usó con espíritu rabelesiano,
Bolaño la usa con el espíritu de Borges y de Macedonio Fernández. Así, la obra del chileno puede
situarse dentro de una nueva narrativa neobarroca burlesca. La locuacidad de los personajes
hablando en primera persona trata de reconciliarse con los lectores. Son narradores jocosos,
absortos en sí mismos, reclaman de los lectores expectativas de diferentes tipos. Como el
narrador de El lazarillo de Tormes, Bolaño interpela al lector obligándolo a ser otro personaje de
sus aventuras ¿porqué el lector no habría de hacerlo si el propio autor lo hace con la mayor
desfachatez? Roberto Bolaño aparece numerosas veces bajo el nombre de Arturo Belano. Su vida
real y sus desventuras como pobre poeta zarandeado por el neoliberalismo le sirven como un rico
material para imaginar situaciones surrealistas.
La falta de argumento puede ser intrínseca al género, la novela como monólogo
autobiográfico, el aislamiento de la voz narrativa; en este sentido el antihéroe de Bolaño (Arturo
Belano) es siempre revolucionario por las circunstancias. Sus historias son microviajes literarios.
Un día está en Barcelona, otro en Jerusalén, en Amberes, en Santiago de Chile, en Londres, en
París, en Berlín o en Nueva York. Da la impresión de que el autor ha vivido largas temporadas en
esas ciudades. Pero más que hacer literatura documental, quizá únicamente le interesa
contextualizar bien sus historias con la mayor precisión posible. Lo que parece preocuparle más
es la psicología de sus personajes. Sospecho entonces que la clave de la lectura de la obra de
Bolaño es que los numerosísimos viajes del narrador no son reales sino que obedecen a la
necesidad de huir a través de la imaginación, y es a través de esta escritura que transforma y
configura sus aspiraciones. Los viajes son una forma de evasión y la única aventura verdadera es
la aventura de la imaginación. Sin embargo, esos viajes siempre tienen un referente histórico. No
son por tanto puras fantasías sin contacto con la realidad social. Sus historias se desarrollan en
contextos sociales muy precisos: París de 1940; Chile después de la derrota de Allende, México
bajo el gobierno del PAN, ciudad Juárez en la época contemporánea, etcétera. Los viajes
imaginarios por estos lugares son estrategias narrativas para hablar sobre problemas importantes
de los latinoamericanos en la posmodernidad.
En principio, la historia era un relato entre otros de su libro La literatura nazi en América
y que después adquirió la forma de una novela independiente. Trata de la memoria, de la
fascinación por lo siniestro y de la atracción inevitable por la práctica del mal. El 1992 el nombre
del impostor Ruiz Tagle (Carlos Wieder) sale a relucir en una investigación judicial sobre
torturas y desapariciones, ligado por primera vez a temas extraliterarios. En 1993, se le asocia
con grupos de extrema derecha que mataron a estudiantes en Concepción y en Santiago. Esta
historia parece una parte de la historia universal de la infamia. Una persona común, normal, y
hasta con sensibilidad artística es el autor de la muerte de las hermanas Garmendia y de muchos
otros. Lo curioso es que parecía tener una personalidad sin ninguna relación con la política.
Bolaño dice que lo conoció en 1971 durante el gobierno de Allende, en los talleres literarios.
Posteriormente, durante el gobierno de Pinochet, se transformó en un aviador que escribía
versículos de la Biblia en el aire haciendo compatible el “arte de vanguardia con el fascismo”.
Así escribe los siguientes versos con el humo del avión en el cielo de Santiago:
La muerte es Chile
La muerte es responsabilidad
La muerte es amistad
Es amor
La muerte es crecimiento
La muerte es comunión
La muerte es limpieza
Es mi corazón, es resurrección.
Carlos Wieder es el símbolo de lo siniestro, de la muerte. Ante estos casos de la vida real,
el escritor Bolaño percibe una realidad frustrante y se declara decepcionado de la literatura:
Esta es la última transmisión desde el planeta de los monstruos. No me sumergiré nunca más en
el mar de la mierda de la literatura. En adelante escribiré mis poemas con humildad y trabajaré
para no morirme de hambre y no intentaré publicar.
Este volumen trata de los artistas como personajes marginados y fracasados. Son relatos
de otros relatos que remiten a películas o fábulas sobre la vida de literatos frustrados por la
envidia y la mediocridad, como aquel escritor inseguro que tiene terror a la crítica de Otro, o el
poeta que un día se da cuenta de que no tiene talento. La vida de estos personajes es la vida de los
típicos bohemios, pobres diablos, vanguardistas latinoamericanos buscando desesperadamente la
fama, pero que chocan con la realidad. Se creen genios incomprendidos pero sólo llevan vidas
absurdas.
“Sensini”, es la historia de un viejo escritor exiliado sudamericano que enseña a un
escritor joven a participar en todos los concursos donde haya premios en dinero, como si el
objetivo de un escritor fuera simplemente no morirse de hambre. Hay algo cómico en esta
historia ya que con tal de ganar el joven aprendiz envía el mismo cuento a todos los concursos
(únicamente cambiando el título). También tiene algo de tragedia ya que ejemplifica la cruel
mercantilización de la práctica literaria.
“Henri Simon Leprince”, es la historia de un escritor sin talento pero obsesionado al
extremo con la literatura (como si fuera el sexo o una droga). La historia sucede en Francia en los
años de 1940. Este individuo acepta su condición de mal escritor, y acepta que se puede servir a
los buenos (escribiendo secretamente) sin pretender figurar. Así satisface su obsesión por la
literatura como un adicto a la droga.
“Enrique Martin” es la historia de dos escritores o de uno mismo (el otro es su doble). El
narrador cuenta la mediocridad de un tipo que cree ser poeta y le revela sus poemas esperando
reconocimiento, pero él lo desprecia (lo considera un vulgar imitador de León Felipe), pero al
final el imitador se suicida y el otro se da cuenta de que en realidad era bueno (él mismo es el
malo), por eso es que el relato acaba de manera borgeana “ahora era a mí al que le tocaba huir”.
El tema de los malos escritores aparece en varios libros de Bolaño. Parece que fue una
obsesión del autor hasta su última novela:
Su miedo era el miedo que sufren la mayor parte de aquellos ciudadanos que un buen (o mal)
día deciden convertir el ejercicio de las letras, y sobre todo el ejercicio de la ficción en parte
integrante de sus vidas. Miedo a ser malos. También miedo a no ser reconocidos. Pero, sobre
todo, miedo a ser malos. Miedo a que sus esfuerzos y afanes caigan en el olvido. Miedo a la
pisada que no deja huella. Miedo a los elementos del azar y de la naturaleza que borran las
huellas poco profundas. Miedo a cenar solos y a que nadie repare en su presencia. Miedo a no
ser apreciados. Miedo al fracaso y al ridículo.
Y Nadia Yurenieva vio a Ansky y se levantó discretamente y salió del paraninfo en donde el
mal poeta soviético (tan inconsciente y necio y remilgado y timorato y melindroso como un
poeta lírico mexicano, en realidad como un poeta lírico latinoamericano, esos pobres
fenómenos raquíticos e hinchados) desgranaba sus rimas sobre la producción de acero (con la
misma supina ignorancia arrogante con que los poetas latinoamericanos hablan de su yo, de su
edad, de su otredad).
Amuleto (1998)
Es un relato que estaba inicialmente en la trama de Los detectives salvajes y que se vuelve
novela independiente. Narra la historia de Auxilio Lacouture, una joven uruguaya que se quedó
atrapada en los baños de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma
de México, durante la intervención del ejército en 1968. Mientras los soldados violaban la
autonomía universitaria, ella prefirió quedarse encerrada imaginando que su actitud equivalía a
un acto de resistencia (en aquel momento fue la única que lo hizo, por lo menos simbólicamente).
Su resistencia duró 15 días. En este tiempo y en aquellas condiciones recordó su vida como ante
un aleph:
Yo era la que veía el pasado y las que ven el pasado nunca pagan. También veía el futuro y ésas
sí que pagan un precio elevado, en ocasiones el precio es la vida o la cordura, y para mí que en
aquellas noches olvidadas yo estaba pagando sin que nadie se diera cuenta las rondas de todos,
los que iban a ser poetas y los que nunca serían poetas. También veía el futuro desde mi
caverna abolida desde el lavabo de mujeres de la cuarta planta y por aquello estaba pagando con
mi vida. O sea que me iba y pagaba ¡aunque nadie se diera cuenta!
Auxilio Lacouture recuerda a su amiga Lilian Serpas que hizo el amor con el Che, a León
Felipe y Pedro Garfias (sus profesores en la Facultad), a Remedios Varo, a Arturo Belano y al
“rey de los putos” de la colonia Guerrero. Es interesante cómo relata la vida de las colonias de la
ciudad de México en tanto lugares de la muerte o donde acecha la muerte como una sombra. Y
esto se amplifica a la idea de Latinoamérica como el reino de las sombras:
[…] tal vez este valle solitario sea la figuración del valle de la muerte, porque la muerte es el
báculo de Latinoamérica y Latinoamérica no puede caminar sin su báculo […] es un cementerio
pero no de 1974 ni del 68 ni de 1975, sino un cementerio del año 2666, un cementerio olvidado
debajo de un párpado muerto o nonato, las acuosidades desapasionadas de un ojo por querer
olvidar algo ha terminado por olvidarlo todo.
Esta idea del cementerio terrible donde termina todo, es lo que anuncia su última novela
2666. Es la casa latinoamericana como antimateria: esa casa que se sostiene: “en la no vida, en la
antimateria, en los agujeros negros mexicanos y latinoamericanos, en todo aquello que una vez
quiso conducir a la vida pero que ahora sólo conduce a la muerte”.
Pese a este punto de vista desgarrado, de un universo donde no parece haber ninguna
salida, el final de la novela es esperanzador:
Y aunque el canto que escuché hablaba de la guerra, de las hazañas heroicas de una generación
entera de jóvenes latinoamericanos sacrificados, yo supe que por encima de todo hablaba del
valor y de los espejos, del deseo y del placer. Y ese canto es nuestro amuleto.
Los detectives salvajes es su primera novela como utopía de la obra total (la última será
2666). El escritor ha decidido llevar al límite sus posibilidades narrativas y crear un mundo
imaginario que abarque todos los mundos narrativos anteriores y los desborde: una obra total o
un todo que borre esa impresión de fragmentos. El contrapunto hábilmente desarrollado por el
autor le permite abarcar todas las clases sociales y casi todas las regiones de la geografía europea
y latinoamericana. Los datos históricos son abundantes. Tanto se habla de Pinochet como de los
gobiernos sucesivos en México o en España. Estos datos son imprescindibles para conocer el
contexto y el mundo interior de los personajes (la mayoría de ellos desilusionados de todo). Estos
personajes viven en la derrota y en el eterno desencanto. ¿Que les ha ocurrido? Algunos, después
de la derrota de Salvador Allende, viven la época de las dictaduras hasta llegar a la actualidad de
los gobiernos socialdemócratas neoliberales. Arturo Belano (el personaje que encarna la vida real
de Roberto Bolaño) llegó a México a finales de 1960. Volvió a Chile para apoyar la lucha de
Salvador Allende. Fue encarcelado y cuando lo liberaron se exilió en México. Aquí pasó muchos
años recorriendo las colonias del D.F. y muchos estados del país. Los detectives salvajes
sorprende por el modo familiar con que Bolaño describe las costumbres y los rituales más
profundos de los mexicanos, especialmente los de la clase media y los artistas. Estos últimos
siguen siendo la materia prima de la obra. La segunda parte de Los detectives salvajes, la más
extensa, es un conjunto de historias del grupo de los “Infrarrealistas” (un imaginario grupo de
poetas vanguardistas que existió en México durante la época de los “Estridentistas”). Algunos se
fueron vivir a Barcelona o Jerusalén. Otros se quedaron en México. Lo común entre ellos es que
recuerdan cómo conocieron y convivieron con Ulises Lima y Arturo Belano.
La trama gira en torno a la búsqueda de Cesárea Tinajero, la fundadora del grupo de los
“Infrarrealistas”. Casi al final de la novela entendemos que la búsqueda de Cesárea parece un
mito. Es alguien que no existe más que en la imaginación de Ulises y Arturo, quienes creen que
ella vive y por eso la buscan en muchos pueblos perdidos de Sonora. Efectivamente, en las
últimas cinco páginas de la novela, sabemos que por fin la encuentran, pero a raíz de un incidente
confuso (una pelea con los policías que seguían a la Lupe) Cesárea cae herida inesperadamente y
muere. Como lectores nos sentimos frustrados pues esperábamos que ella nos revelara alguna
verdad importante. Pero ella muere sin decir nada. La novela termina con garabatos, como si no
quedara otra cosa que signos ininteligibles o el puro silencio. La novela nos presenta muchas
historias (casi todas son historias paródicas de los miembros del grupo vanguardista y sus
familiares). Aunque los principales personajes sean Ulises Lima y Arturo Belano, la mayoría
parecen personajes anónimos, frustrados, poetas vagos, desencantados ante la modernidad. Son
antihéroes que tienen una filosofía de la vida absurda:
¿Y donde queremos llegar? Dijo ella. A la modernidad, Cesárea, le dije, a la pinche
modernidad” ¿El eterno retorno? ¡Aquí y ahora! Cualquier pinche lugar, ponle el nombre que
quieras, México, Israel, el planeta Tierra.
Igual que para los personajes de Juan Carlos Onetti, para Arturo Belano todo es
equivalente; da lo mismo vivir aquí que allá, hacer una u otra cosa. Todo es lo mismo. Esta
concepción nihilista de la vida, tiene su complemento en la concepción de la vida como puro
azar:
Supe entonces, con humildad, con perplejidad, en un arranque de mexicanidad absoluta, que
estábamos gobernados por el azar y que en esa tormenta todos nos ahogaríamos, supe que sólo
los más astutos, no yo ciertamente, iban a mantenerse a flote un poco más de tiempo.
2666 (2004)
Novela dentro de otras novelas (como Los detectives salvajes), combina la novela
detectivesca con la novela épica, la novela de artistas y la novela filosófica con el reportaje
periodístico. Reflexión devastadora sobre el mal y la muerte, la memoria y el olvido. Se trata de
la búsqueda de Archimboldi, un escritor alemán (supuestamente “el mejor escritor vivo”,
candidato a premio Nobel). En realidad la trama es un pretexto para retratar el infierno
contemporáneo latinoamericano:
En este infierno donde uno acepta las cosas fatal y resignadamente, no hay ninguna
posibilidad de cambio, ni desde adentro ni desde afuera:
Uno cree que desde adentro puede mejorar algunas cosas. Primero tratas de mejorarla desde
afuera, luego crees que si estuvieras dentro las posibilidades reales de cambio serían mayores.
Al menos uno cree que desde el interior va a tener más libertad de acción. Falso. Hay cosas que
no cambian ni desde dentro ni desde afuera. Cuando uno comete errores desde adentro, los
errores pierden su significado. Los errores dejan de ser errores. Los errores, los cabezazos en el
muro, se convierten en virtudes políticas, en contingencias políticas, en presencia política, en
puntos mediáticos a tu favor. No importa que no hagas nada, no importa que la riegues.
Este infierno está simbolizado en la novela por la ciudad de Santa Teresa, equivalente a
ciudad Juárez. Aquí el infierno se representa de manera documentada como las condiciones
laborales impuestas por el modelo económico del neoliberalismo. Una de esas condiciones es la
del acceso al trabajo con el salario mínimo. De tal manera, la ciudad de Juárez (o de Santa
Teresa) aparece con el “índice de desempleo más bajo de México”. Aquí, “todas las mujeres
tienen trabajo”, un trabajo mal pagado, por supuesto sin garantías sindicales pero que para los
emigrantes de otras regiones del país o de América Latina es como una bendición:
Durante un rato, el cura habló y habló: de la ciudad, del goteo de emigrantes centroamericanos,
de los cientos de mexicanos que cada día llegaban en busca de trabajo en las maquiladoras o
intentando pasar al lado norteamericano, del tráfico de los polleros y coyotes, de los sueldos de
hambre que se pagaban en las fábricas, de cómo esos sueldos, sin embargo, eran codiciados por
los desesperados que llegaban de Querétaro o de Zacatecas o de Oaxaca.
Esta última novela de Bolaño (que verdaderamente es una obra maestra) está dividida en
cinco partes: a. La parte de los críticos; b. La parte de Amalfitano; c. La parte de Fate; d. La parte
de los crímenes y e. La parte de Archimboldi.
Vale la pena referirnos a cada parte y ver cómo está estructurada la novela:
Jean Claude Pelletier (francés), Manuel Espinoza (español), y Liz Norton (inglesa), llegan
a Santa Teresa donde en los últimos años (1990-2005) han sucedido horribles e inexplicables
asesinatos de mujeres, generalmente adolescentes violadas. En esta parte de la novela hay un
primer agujero negro donde caen y descubren otra realidad (donde están los crímenes que revelan
el “secreto del mundo”). Antes Bolaño, nos describe la vida de los críticos alrededor de la vida
literaria europea, la decepción de los congresos, la insignificancia de la literatura. Estos críticos
tenían en común su profunda admiración por un escritor alemán llamado Archimboldi. Pero
pronto se cansan de los debates entre académicos. Además Bolaño describe en esta parte la vida
afectiva de estos personajes (Pelletier y Manuel aman a Liz pero al final ésta se queda con otro,
Piero, el italiano). Tal parece que, en esta primera parte, el objetivo de Bolaño es mostrar el
hastío y la frivolidad de la vida artística y cultural en Europa. Nada significativo ocurre hasta que
por casualidad los críticos viajan a México en busca de su ídolo Archimboldi. Después de
buscarlo hasta el cansancio, no lo encuentran y se dedican entonces a investigar los asesinatos de
mujeres (de los cuales no sabían antes nada).
b. La parte de Amalfitano
televisivo. De la boca de la mina siguen saliendo ruidos y los intelectuales los siguen
malinterpretando.
c. La parte de Fate
e. La parte de Archimboldi
Vivir en ese desierto es como vivir en el mar. La frontera entre Sonora y Arizona es un grupo
de islas fantasmales o encantadas. Las ciudades y los pueblos son barcos. El desierto es un mar
interminable. Este es un buen sitio para los peces, sobre todo para los peces que viven en las
fosas más profundas, no para los hombres.
Conclusión