LAS FUNCIONES SOCIALES DE LA ESCUELA
CONCEPTO DE FUNCIÓN. FUNCIONES MANIFIESTAS Y LATENTES
Concepto de función
Rocher, 1983. Concepto en sociología:
- Primer sentido: designa las tareas, los deberes o las responsabilidades de una
persona que ocupa un puesto o practica una profesión.
- Sentido matemático cuando inferimos relaciones de dependencia. (el valor de x
depende del valor de y).
- Concepto que usaremos: Una función social es la contribución que aporta un
elemento dado en el seno de un sistema social, la cual mantiene o aumenta su
grado de integración.
Funciones manifiestas y funciones latentes
Robert K. Merton. Las manifiestas son aquellas conocidas o intencionadas por los participantes
de un tipo específico de actividad social. Las latentes son consecuencias de dicha actividad
desconocidas por los participantes.
La escuela como institución
Las instituciones acogen las funciones más amplias del sistema social, que se diluyen en
funciones subordinadas o supraordinadas, que determinan o condicionan las funciones
sociales específicas de otras instituciones, que contradicen o entran en conflicto con funciones
de una misma institución o de otras instituciones.
A la escuela se le atribuye como una de sus funciones más importantes la de formar a las
nuevas generaciones como ciudadanos libres, críticos, imaginativos, participativos, solidarios,
cívicos, capacitados para desempeñar trabajos cada vez más complejos, etc.
Se pueden tener objeciones a los medios y procedimientos para conseguirlo.
La trayectoria histórica de la institución (social, cultural y política) nos muestra que la fijación
de contenidos es el resultado de la resolución temporal o provisional de un conflicto, en
términos ideológicos, entre grupos sociales que quieren decidir lo que se enseña en la escuela.
También están los intereses económicos de los sectores productivos (editoriales, comedores
escolares, etc.) Los presupuestos en España han sido de los más altos en los últimos años.
Funciones manifiestas y funciones latentes de la escuela
- Manifiestas: Socializadoras: educo-formativas y académicas. Son funciones de
carácter técnico-instrumental y científico, cuyo control requiere de conocimiento
experto, fundamentalmente pedagogos y psicólogos.
- Latentes: No interesa mostrar por servir a los grupos preeminentes de la sociedad.
Se desvelan por su carácter histórico y social (político) Una parte relevante del
conocimiento experto las considera funciones espurias, ideológicas, que se prestan
a la manipulación política y quedan lejos de la ciencia.
Ambos tipos de funciones están relacionadas con otras instituciones sociales a las que sirve la
escuela. Todo influye en la escuela, que se impregna de las normas, valores, creencias, la
ciencia, la religión o el arte de la sociedad a la que sirve. Se inunda de todos los elementos que
constituyen la sociedad.
Dimensión de reproducción y cambio, aparentemente contradictoria.
- Reproducción: Mantener sus funciones básicas en relación con el sistema social
global.
- Cambio: Favorecer las condiciones para su renovación y transformación.
- (resistencia, oposición y cambio) Esta tensión entre reproducción y cambio es lo
que asegura su permanencia histórica.
La escuela entre la reproducción y el cambio
Distintos actores sociales en un contexto histórico determinado y la correlación de fuerzas
existentes entre ellos condicionarán la naturaleza e intensidad de las funciones asignadas a la
escuela en las diferentes partes de los subsistemas sociales sobre los que actúa. El escenario
puede ser sumamente complejo y precisa de perspectivas multidisciplinares para su
comprensión. La escuela forma parte del entramado social en su totalidad.
Los contenidos formales y manifiestos el currículo escolar, considerados formativos o
instrumentales, “conviven” sin aparentes contradicciones con el modelo ideológico dominante.
(Ejemplo: La historia es la de los hombres, no el ser humano)
Las reformas educativas se hacen atendiendo a las funciones manifiestas del sistema educativo,
desde despertar la conciencia cívica hasta actualizar los contenidos para satisfacer las
necesidades de la sociedad. Esta última es una función que sobrevive a cualquier reforma.
Actualmente se trata de una sociedad de la información o “ciberglobalizada”. Una reforma
educativa tendrá una incidencia más o menos directa en la estructura social.
Si una reforma es de calidad, contando con personal motivado, formado y bien pagado, y
buenos medios técnicos y de infraestructura, habrá resultados. Pero debe acompañarse de
acceso en igualdad de condiciones para la población, con incentivos económicos suficientes,
disminuyendo las diferencias sociales entre grupos o clases.
La reforma tendría que incidir más directamente en la estructura de la propiedad o en el diseño
de políticas fiscales que aseguren una mejor distribución de la riqueza, suficiente como para
producir cambios importantes en la distribución de las posiciones sociales.
De lo contrario, si los resultados obtenidos, al margen de las condiciones de vida, se miden
como referente de esfuerzo, inteligencia, capacidad, sacrificio y trabajo, solo reproducirá y
legitimará las desigualdades.
LAS FUNCIONES SOCIALES DE LA ESCUELA
Es una institución relativamente reciente. Aun no es generalizada en todas las sociedades
humanas. En la mayoría de países europeos, la escuela tal como la conocemos empieza a
formarse en los años sesenta. Para los españoles a partir de los setenta, con la aprobación de la
LGE (Ley General de Educación) de 1970.
Es la culminación de un largo proceso de construcción de un modelo de sociedad que comienza
en el Renacimiento. Los ilustrados europeos y la revolución americana y la francesa socavarán
los cimientos del antiguo régimen. La escuela será una de las instituciones más importantes de
los siglos XIX y XX.
Función de guardia y custodia de los más jóvenes
Al principio era un entramado de instituciones inconexas y dispersas que atendían con fines
diversos las distintas infancias de las sociedades europeas.
Modo en que ha desempeñado la función de guardia y custodia a lo largo de la historia
europea.
- SXV y SXVI. Nueva forma de organización sociopolítica, centralizada y burocratizada
en lo social, en lo administrativo y en lo político. Los modelos de organización
parten de referentes filosóficos, políticos, y económicos cada vez más
secularizados. El Estado secularizado pretende hacer del ciudadano un ser libre,
sujeto a derecho y responsable de sus actos. Normas de comportamiento juzgadas
por el Estado.
El proceso requiere tiempo educación, además de uniformización. Imposición de
una única cultura al resto, con control, vigilancia, represión conversión y
asimilación, a través de violencia física para adultos y violencia simbólica para
menores.
La influencia de humanistas y reformadores, a veces reforzada por moralistas
religiosos, se hace notar por medio de escritos con definiciones de Dios y del César.
Los modelos-guía apuntan a diferentes públicos con posiciones sociales diferentes.
- Antes de la revolución francesa, la mayoría de la población no sabe leer y carece de
los recursos para subsistir. Pretenden uniformar, ordenar y controlar a la población
en lo moral y material. Actúan sobre las condiciones materiales a cambio de la
aceptar la moralidad del trabajo, de familia, disciplina y obediencia al Estado.
Mezclan concepto de pobreza con vagancia y mendicidad. Los pobres son
formalmente libres, pero sirven de mano de obra barata al servicio de la nueva
sociedad industrial y laboriosa.
Julia Varela: tres infncias según estrato social.
- Primer tipo: clase alta. Gentileza, belleza y gracia.
- Segundo tipo: Pobreza enriquecida. Obediencia, moral, laboriosidad.
- Tercer tipo: Nueva nobleza. Burguesía comerciante, industriosa, urbana y fabril.
Virtud, buenas letras, honestidad, discreción, aplicación al estudio…
Los ilustrados diseñan un sistema de educación nacional, intervencionista, uniformizador y
centralizador. Se deben fundir en el modelo de la infancia burguesa.
El podr económico y político recae sobre la burguesía. Sustituyen el aparato eclesiástico por sus
centros de acogida, la escuela. En España la infancia continúa en la tutela religiosa en
organizaciones caritativas un siglo y medio más.
El Estado tarda en asumir el papel civilizador que le corresponde en la sociedad burguesa. A
pesar de la Constitución de 1812 y de la Ley Moyano de 1857, la escuela no es gratuita y existe
un 52% de analfabetismo en 1920. La Segunda república sí tuvo educación gratuita. Hasta 1970
no permaneció gratuita de 6 a 14 años, ampliándose posteriormente a los 16.
Construyen una institución que asegura al gobierno, el control, la vigilancia y el cuidado de la
infancia y adolescencia, para asegurarse el gobierno y control de todo el cuerpo social.
En la actualidad, la educación gratuita obligatoria, unida a la uniformidad burocrática,
académica y administrativa, el grado de uniformización, y de centralismo impide la formación
diferenciada de las distintas infancias. En teoría, la igualdad de oportunidades está asegurada.
Pero existen diferencias de partida, además de la coexistencia de una red privada cuya
titularidad es mayormente católica. La clientela de las redes tiene características diferenciadas
de socialización, de modos y medios de vida, de expectativas, redes sociales… Proyectos de
vida diferentes para unos y otros.
Ahora se expande la función de guardia y custodia con la incorporación de la mujer al mercado
laboral, ampliándose de 0 a 6 años, mayormente privado.
También se une la función de contención y retención de la juventud frente al mercado de
trabajo, alargando la educación hasta los 16 años, edad con la que pueden trabajar.
Función de cohesión social y de construcción de identidades nacionales.
Las instituciones se van configurando desde la Edad Media en un aparato para instruir e
inculcar la norma para asegurar una política de Estado cuyo objetivo es el orden, la disciplina,
la santificación de los lazos familiares, el respeto a las jerarquías y la aceptación del puesto
social asignado. (Castel 1980). Así se produce la institucionalización del sistema educativo. La
práctica educativa se automatiza, los profesores se especializan y son remunerados, se
homogeneizan los procedimientos y el aprendizaje es continuado y acumulativo.
La expansión del sistema educativo contribuye a la construcción y mantenimiento de
identidades de base nacional o nacionalistas. La función de la escuela: facilitar la comunicación
al unificar la lengua, inventar un pasado a través de la historia, borrar fronteras interiores y
subrayar las exteriores en geografía, unificar el mercado con un sistema único de medidas y
pesas, y adoctrinamiento político e ideológico.
La institucionalización del sistema educativo y la constitución de las naciones tratan de
homogeneizar, uniformizar y centralizar las prácticas educativas (agentes, contenidos y
procedimientos) bajo un modelo de organización política cada vez más centralizado,
burocratizado y secularizado, que establece derechos y deberes educativos para el ciudadano,
garantizando a su vez la igualdad de acceso al sistema educativo.
SXVIII La comunicación entre personas para el intercambio de bienes y servicios y la movilidad
geográfica de los ciudadanos implicarán la necesidad de usos de sistemas de comunicación
transmitidos en una lengua estándar, y en ocasiones por escrito. Será importante la
alfabetización de un número cada vez mayor de personas para acceder a los registros, archivos
datos y documentos
Una función esencial del sistema educativo será imponer un consenso que posibilite y legitime
el orden social diseñado por la burguesía emergente, a través de un proceso sistemático de
inculcación de hábitos de pensamiento y de comportamiento. Este se asentaría sobre las
diferencias (desigualdades) inherentes a la “condición humana”. Los primeros sociólogos las
consideraron funcionalmente útiles para una sociedad “orgánicamente diversa”.
El sistema educativo se ha dividido históricamente en dos partes
- Parte 1. Educación básica que apenas ha cambiado. Base común de la instrucción
de todo ciudadano. (lengua estándar, lectura y escritura, cálculo y aritmética,
literatura, geografía e historia y buenas costumbres)
- Parte 2. Conocimiento especializado en ramas y niveles, para asegurar la división
social del trabajo. Los niveles más altos representan un pequeño porcentaje de la
estructura social, lo que necesita la sociedad para renovarse, reequilibrarse y
dinamizarse. Permanece inalterable desde la institucionalización de la educación.
Por tanto, Aun teniendo objetivos opuestos, el proceso de homogeneización cultural y el de
diferenciación social actúan complementariamente, y no parecen afectar a la función de crear
consenso, cohesión e identidades comunes, base de la nación e imprescindible para asegurar
un determinado orden social.
Vivimos en un mundo globalizado, y en el currículo escolar se ha impuesto un enfoque
etnocentrista o particularista. La idea de Estado-nación se diluye en entidades supranacionales
(UE) o por el contrario, se reivindican las entidades integradas en otras (País Vasco).
Aunque el modelo político sigue siendo de organización territorial, sería imposible establecer
un currículo para toda la Unión Europea. En España, las comunidades autónomas pueden
definir contenidos curriculares para la configuración de identidades culturales. También aplican
los modelos identitarios tradicionalmente para el Estado-nación, creando conflictos con el
poder central y los poderes autonómicos que se identifican como nación.
Formación para el trabajo y distribución de las posiciones sociales
En la Edad Media solo una minoría de la población accedía a la educación en instituciones
especializadas como conventos o universidades, el resto se instruía en la familia o con
maestros. En la sociedad industrial el aprendizaje se desplaza a la escuela, produciéndose la
separación entre la educación y el trabajo.
La institución escolar asume la función de proporcionar al individuo los conocimientos y
habilidades que lo integren laboral y socialmente en la civilización industrial, debido al interés
en la cohesión, la homogeneización cultural o la disponibilidad de mano de obra domesticada.
Estas competencias formativas son sancionadas por medio de títulos, credenciales o
certificaciones que se distribuyen de manera desigual, reproduciendo en mayor o menor
medida la estratificación social vigente.
Son dos funciones diferenciadas, la primera remite a las rutinas de socialización para el mundo
del trabajo, la segunda a la escuela como mecanismo de distribución de las posiciones sociales.
La escuela es imperfecta. El análisis sobre el grado de correspondencia y disfuncionalidad de la
escuela no puede hacer abstracción del contexto histórico, de la economía, de la política, de las
fuerzas sociales que pugnan por utilizar la escuela en beneficio propio y de la capacidad de
resistencia que oponen los agentes implicados en su acción.
Lo que subyace a ambas funciones es el carácter legitimador que ha asumido la escuela como
instrumento meritocrático que asegura la igualdad de oportunidades mediante la movilidad
social o como instrumento de reproducción de la estructura social en beneficio de los que
poseen más ventajas sociales de partida.
Capacitación para el trabajo
Actualmente, es la función manifiesta más importante, y sus usuarios no están dispuestos a
renunciar a ella ni su reconocimiento. La organización y el funcionamiento de la escuela están
determinados por sus funciones de capacitación y socialización para el trabajo. Existe consenso
generalizado entre los actores sociales (padres, políticos, empresarios, sindicatos, etc.) sobre
esta función.
Los usuarios, jóvenes y sus padres, toman decisiones sobre su utilidad pensando en la vida
activa y las oportunidades laborales. Asimismo, los contribuyentes creen que sus impuestos
deben invertirse en ciudadanos trabajadores que asuman las competencias necesarias para
acceder a puestos cada vez más cualificados, bajo la creencia de que esto supondrá mayor
riqueza y progreso para el conjunto de la sociedad. Cuanta mayor riqueza en circulación haya
en un país, más beneficios derivados de la misma habrá para los ciudadanos. Cuanto más rico
es un país, más se consume, y más impuestos se recaudan. Estos a su vez se pueden reinvertir
en educación.
Los distintos sectores productivos precisan de trabajadores más y mejor cualificados. Cada
puesto de trabajo exigirá y requerirá otra serie de saberes y capacidades específicas para
quienes los ocupen en su momento.
Para ello, se reclama a la escuela que por un lado mantenga un tronco común y obligatorio
como mínimo denominador común, y de otro lado, siente las bases necesarias para emprender
aprendizajes específicos en ramas especializadas de la enseñanza reglada o no reglada. En
términos de organización del sistema educativo, esto se traduce a los niveles obligatorios y
gratuitos:
- En una enseñanza básica, infantil y primaria, común a toda la población.
- En una enseñanza Secundaria Obligatoria (E.S.O.) con especificidades curriculares
opcionales, con salida laboral a los 16 años, formación profesional o formación
propedéutica de Bachillerato.
El relanzamiento económico en los años 50 y 60 propició teorías sobre el papel de la educación
en el desarrollo económico de un país. Una de ellas es la teoría del capital humano, que
establece una relación positiva entre el nivel educativo y el acceso a los niveles de la estructura
ocupacional. La clase media reaccionó considerando la escuela como instrumento de
promoción social. Esto fue previo a la Ley General de Educación de 1970 y el 100% de
escolarización en primaria de la década de los 80.
Sin embargo, el análisis sociológico ha puesto de manifiesto que el nivel de estudios alcanzado
no se adecúa al puesto de trabajo. Para el 70% de las encuestas realizadas entre 1975 y 1979,
su trabajo se podría desempeñar sin sus estudios.
A partir de la recesión económica de los años 70, ya se observaba que la escuela no era el
elemento propulsor de la movilidad social al servicio del progreso de la sociedad ni la
institución llamada a compensar las desigualdades sociales. Una mejor preparación tampoco
significaba un incremento en la producción.
En respuesta surgieron las teorías: Teoría de la correspondencia y teoría credencialista.
La teoría de la correspondencia, de orientación marxiana, sostiene que los sistemas educativos
se expandieron y generalizaron para poner remedio a los problemas de control social
generados por la industrialización y la urbanización, además de reconducir los valores
laborales, familiares y comunitarios que ponían en peligro la autoridad del Estado y el orden
instituido por el capitalismo. Esto se logra a través de los rasgos no cognitivos, como la
obediencia, la disciplina y el respeto a la autoridad.
El trabajo enajenado se refleja en la falta de control que tiene el estudiante en su educación, y
la motivación mediante calificaciones y recompensas externas en lugar de mediante la
integración del estudiante en el proceso o el resultado del “proceso de producción” de la
educación.
La teoría credencialista, de orientación neo-weberiana, sostiene que los títulos académicos
sirven de moneda de cambio en el mercado laboral, y por extensión, en el mercado de las
posiciones sociales. Los títulos no reflejan tanto los conocimientos adquiridos como los
elementos de carácter y personales de su poseedor, tales como la predisposición a aprender y
desempeñar en el menor tiempo posible el puesto a ocupar.
Asimismo, en la lucha de poder (estatus, recursos, riqueza, prestigio) los títulos son un billete a
determinados espacios sociales que controlan el acceso a profesiones privilegiadas y empleos
clave.
Estas teorías querían demostrar que la educación y el mercado laboral van por sendas
diferentes. Esto ocurre por varias razones (Fernández Enguita, 1995)
- La innovación tecnológica no conlleva necesariamente tareas más complejas y de
mayor formación y cualificación.
- Un gran número de trabajos son desempeñados por personas cuya formación
escolar no es necesaria para el puesto que ocupan.
- Los aprendizajes de la escuela tienen que ponerse en práctica durante un largo
periodo para que resulten útiles.
- La estructura social sigue determinando el acceso a ciertos niveles de la estructura
ocupacional.
Distribución de las posiciones sociales
Tras la Segunda Guerra Mundial, la teoría del Estado de Bienestar se fue imponiendo. Bajo la
influencia de EE.UU., con régimen político de base democrática y capitalismo. Se buscan
mecanismos de distribución de las clases sociales diferentes al mercado y la propiedad, siendo
la escuela escogida por su generalización, gratuidad y obligatoriedad, que podría igualar las
oportunidades.
La ideología meritocrática establece que los méritos adscritos prevalecen sobre el estatus
adquirido por nacimiento. Julio Carabaña la desmenuza en proposiciones:
- Las posiciones sociales se distribuyen de acuerdo con el mérito y la cualificación,
no según la filiación hereditaria.
- La educación formal es el medio principal de adquirir estas cualificaciones.
- Para todo individuo la posibilidad de acceso a la educación formal depende solo de
sus preferencias y capacidades.
- Estas capacidades intelectuales se distribuyen al azar entre los diferentes grupos de
población.
La dialéctica reproducción-cambio ha servido para explicar las diferentes funciones del sistema
educativo. En definitiva, el consenso y el conflicto, la conformidad y la contradicción son las
líneas fuerza que definen las sociedades formalmente abiertas y democráticas. La institución
escolar legitima la desigualdad social y con ello el mantenimiento de la estructura social
fuertemente jerarquizada. La tensión entre reproducción y cambio tiene un objetivo: asegurar
que la desigualdad social sea percibida, asumida e interiorizada como un hecho natural,
inherente a la condición humana. “Los únicos privilegios legítimos son los que concede la
naturaleza. Todos los demás pueden considerarse como injusticias” Diderot en La Enciclopedia.
La institución escolar reproduce la sociedad cuando hace suya la ideología de los grupos social,
cultural y económicamente dominantes, poniéndose al servicio de una estructura social
“ideológicamente” desigualitaria. Por el contrario, contribuye al cambio social cuando se hace
eco de las diferentes culturas presentes en toda la sociedad y atiende a los grupos sociales
desfavorecidos desde el punto de vista social, cultural, económico y político. En este caso, la
institución escolar se pone al servicio de una estructura social “ideológicamente” igualitaria.
Aun así, la institución escolar se apoya en un sistema meritocrático, dado que las posiciones
sociales más deseables son escasas y se reparten al margen de la institución escolar. Apenas
una pequeña parte las ocupan quienes hacen méritos académicos, los justos para legitimar su
carácter meritocrático.