Día uno
La víspera de año nuevo
Había terminado ya la víspera de noche vieja, estuve con la familia cantando y bailando alrededor del árbol
navideño, comiendo ensaladas que prepararon mi madre y mis hermanas, bebiendo wiski con miel, comiendo
castañas y nueces silvestres, creo que había sido una de las mejores noches para despedir el año viejo.
Recuerdo aun, que con mi hermano habíamos tomado la citara y el laúd, cantamos una vieja canción de amor
irlandesa; cuando empezamos a cantar la familia se puso frente a nosotros y seguían el ritmo de la melodía con
las manos…ámame pequeño amor, creo que eres la reina de un jardín de jacintos azules…esa canción bien sabes
que era para ti, y aunque no la escucharas sabes que estaría en tu mente por un instante…y que quizá por un
breve momento mi imagen andaría rondando cerca, muy cerca de tu corazón.
Aún era muy temprano, cuando el mensajero del pueblo toco la puerta de la casa, traía consigo un mensaje tuyo,
donde me deseabas lo mejor para el año nuevo, de inmediato tu imagen llego a mi cabeza, recordándote tal cual
la última vez que te vi en el instituto de ciencias de Sadi, donde nos conocimos.
Esa sonrisa tuya que ilumina tu rostro, y esos colmillitos que me enloquecen y hacen brillar esos ojos cafés claro
como el ámbar cristalino que adquirió su belleza con la paciencia de los años.
¡Y qué decir de ese corte de pelo que refleja en ti esa alma rebelde pero noble y de gentil actuar, esos labios en
forma de beso que hacen soniditos que me transportan a otro lugar cuando se unen con los míos, si!!!, sí, así te
recuerdo, con esa pañoleta asida a tu cuello, con la que vuela mi imaginación al mismo cielo donde sé que siempre
habrá una bella oportunidad para entregarte mi corazón, mi cuerpo y mi alma.
Y anqué hayan pasado muchos días de no verte, o el no escuchar esa voz alegre; y simplemente recibir noticias
tuyas casi a diario, son lo mejor de algo maravilloso que está por venir.
Hoy para mí el amanecer llego casi con el sol en el meridiano, después de una garrafa de wiski con miel, la resaca
estaba haciendo sus efectos, me levanté de la cama y me puse ropa ligera para caminar un par de horas por el
bosque del pueblo y exorcizarme de los demonios que danzan entre las notas amarillas de la miel y el wiski. - ¡Te
juro!!! que todo mi pensamiento estaba en tu esencia y en ese aroma que dejaste impregnado en mis sentidos
desde la última vez que nos vimos.
¡Oh por dios!!!, cuando llegaba de la caminata por el bosque, un nuevo mensaje tuyo, creo que el mensajero del
pueblo no quiso esperar, y simplemente dejo el mensaje sobre el piso en la entrada a la casa y se marchó.
Inmediatamente desdoble el pedazo de papel de ligero y claro amarillo, mis dedos se enredaban entre ellos
queriendo desdoblar el papel, que impaciencia te lo aseguro; me decías que la habías pasado también muy bien
y que estabas algo cansada, también me preguntabas sobre mi noche de año viejo, agradeciendo por mis buenos
deseos hacia a ti y el cómo poco a poco te había descrito sobre mi familia.
Te aseguro que lo más hermoso del mensaje fue recibir la respuesta a mi pregunta. - ¿Extrañas mis besos? -Te
había preguntado en un mensaje anterior, y te pedía que tu respuesta fuera sincera…Tu respuesta fue un rotundo
¡siiii!. ¡Cuánto se ilumino mi corazón en ese momento!. Dentro de mí también se respondía; como también
extraño tus besos y el dulce sabor de tu boca, mi bello y dulce poema de invierno.
Al final del mensaje decía: - ¡No sé qué signifique la suma de todos los números de la fecha de hoy…!, pero también
te extraño. Que ganas de salir corriendo a buscarte, y gritar que te quiero, sí te quiero, te quiero y que mi corazón
también te quiere, te llora…y te extraña.
Por último, tu mensaje decía: - Descansa, nos vemos por aquí mañana.