PARTE I
DE LOS SACRAMENTOS
840 Los sacramentos del Nuevo Testamento, instituidos por Cristo Nuestro Señor y encomendados a la Iglesia,
en cuanto que son acciones de Cristo y de la Iglesia, son signos y medios con los que se expresa y fortalece la fe,
se rinde culto a Dios y se realiza la santificación de los hombres, y por tanto contribuyen en gran medida a crear,
corroborar y manifestar la comunión eclesiástica; por esta razón, tanto los sagrados ministros como los demás
fieles deben comportarse con grandísima veneración y con la debida diligencia al celebrarlos.
841 Puesto que los sacramentos son los mismos para toda la Iglesia y pertenecen al depósito divino, corresponde
exclusivamente a la autoridad suprema de la Iglesia aprobar o definir lo que se requiere para su validez, y a ella
misma o a otra autoridad competente, de acuerdo con el c. 838 § 3 y 4, corresponde establecer lo que se refiere a
su celebración, administración y recepción lícita, así como también al ritual que debe observarse en su
celebración.
842
§ 1. Quien no ha recibido el bautismo, no puede ser admitido válidamente a los demás sacramentos.
§ 2. Los sacramentos del bautismo, de la confirmación y de la santísima Eucaristía están tan íntimamente unidos
entre sí, que todos son necesarios para la plena iniciación cristiana.
843
§ 1. Los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien
dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos.
§ 2. Los pastores de almas y los demás fieles, cada uno según su función eclesiástica, tienen obligación de
procurar que quienes piden los sacramentos se preparen para recibirlos con la debida evangelización y
formación catequética, atendiendo a las normas dadas por la autoridad eclesiástica competente.
844
§ 1. Los ministros católicos administran los sacramentos lícitamente sólo a los fieles católicos, los cuales, a su
vez, sólo los reciben lícitamente de los ministros católicos, salvo lo establecido en los §§ 2, 3 y 4 de este canon, y
en el c. 861 § 2.
§ 2. En caso de necesidad, o cuando lo aconseje una verdadera utilidad espiritual, y con tal de que se evite el
peligro de error o de indiferentismo, está permitido a los fieles a quienes resulte física o moralmente imposible
acudir a un ministro católico, recibir los sacramentos de la penitencia, Eucaristía y unción de los enfermos de
aquellos ministros no católicos, en cuya Iglesia son válidos esos sacramentos.
§ 3. Los ministros católicos administran lícitamente los sacramentos de la penitencia, Eucaristía y unción de los
enfermos a los miembros de Iglesias orientales que no están en comunión plena con la Iglesia católica, si los
piden espontáneamente y están bien dispuestos; y esta norma vale también respecto a los miembros de otras
Iglesias, que, a juicio de la Sede Apostólica, se encuentran en igual condición que las citadas Iglesias orientales,
por lo que se refiere a los sacramentos.
§ 4. Si hay peligro de muerte o, a juicio del Obispo diocesano o de la Conferencia Episcopal, urge otra necesidad
grave, los ministros católicos pueden administrar lícitamente esos mismos sacramentos también a los demás
cristianos que no están en comunión plena con la Iglesia católica, cuando éstos no puedan acudir a un ministro de
su propia comunidad y lo pidan espontáneamente, con tal de que profesen la fe católica respecto a esos
sacramentos y estén bien dispuestos.
§ 5. Para los casos exceptuados en los §§ 2, 3 y 4, el Obispo diocesano o la Conferencia Episcopal no deben dar
normas generales sin haber consultado a la autoridad, por lo menos local, de la Iglesia o comunidad no católica
de que se trate.
845
§ 1. Los sacramentos del bautismo, de la confirmación y del orden imprimen carácter y, por tanto, no pueden
reiterarse.
§ 2. Si, después de haber realizado una investigación diligente, subsiste duda prudente sobre si los sacramentos
tratados en el § 1 fueron realmente recibidos o lo fueron válidamente, sean administrados bajo condición.
846
§ 1. En la celebración de los sacramentos, deben observarse fielmente los libros litúrgicos aprobados por la
autoridad competente; por consiguiente nadie añada, suprima o cambie nada por propia iniciativa.
§ 2. El ministro ha de celebrar los sacramentos según su propio rito.
847
§ 1. Para administrar los sacramentos en que deben emplearse los santos óleos, el ministro debe utilizar aceite de
oliva o de otras plantas, recientemente consagrado o bendecido por el Obispo, quedando a salvo lo que prescribe
el c. 999, 2; y no deben usarse los antiguos si no hay necesidad.
§ 2. El párroco debe obtener los óleos sagrados del propio Obispo y guardarlos con diligencia en lugar decoroso.
848 Fuera de las oblaciones determinadas por la autoridad competente, el ministro no debe pedir nada por la
administración de los sacramentos, y ha de procurar siempre que los necesitados no queden privados de la ayuda
de los sacramentos por razón de su pobreza.
TÍTULO I
DEL BAUTISMO (Cann. 849 - 878)
849 El bautismo, puerta de los sacramentos, cuya recepción de hecho o al menos de deseo es necesaria para la
salvación, por el cual los hombres son liberados de los pecados, reengendrados como hijos de Dios e
incorporados a la Iglesia, quedando configurados con Cristo por el carácter indeleble, se confiere válidamente
sólo mediante la ablución con agua verdadera acompañada de la debida forma verbal.
CAPÍTULO I
DE LA CELEBRACIÓN DEL BAUTISMO
850 El bautismo se administra según el ritual prescrito en los libros litúrgicos aprobados, excepto en caso de
necesidad urgente, en el cual deben cumplirse sólo aquellas cosas que son necesarias para la validez del
sacramento.
851 Se ha de preparar convenientemente la celebración del bautismo; por tanto:
1 el adulto que desee recibir el bautismo ha de ser admitido al catecumenado y, en la medida de lo
posible, ser llevado por pasos sucesivos a la iniciación sacramental, según el ritual de iniciación adaptado
por la Conferencia Episcopal, y atendiendo a las normas peculiares dictadas por la misma;
2 los padres del niño que va a ser bautizado, y asimismo quienes asumirán la función de padrinos, han de
ser convenientemente ilustrados sobre el significado de este sacramento y las obligaciones que lleva
consigo; y debe procurar el párroco, personalmente o por medio de otras personas, que los padres sean
oportunamente instruidos con exhortaciones pastorales e incluso con la oración en común, reuniendo a
varias familias, y visitándolas donde sea posible hacerlo.
852
§ 1. Las disposiciones de los cánones sobre el bautismo de adultos se aplican a todos aquellos que han pasado de
la infancia y tienen uso de razón.
§ 2. También por lo que se refiere al bautismo, el que no tiene uso de razón se asimila al infante.
853 Fuera del caso de necesidad, el agua que se emplea para administrar el bautismo debe estar bendecida según
las prescripciones de los libros litúrgicos.
854 El bautismo se ha de administrar por inmersión o por infusión, de acuerdo con las normas de la Conferencia
Episcopal.
855 Procuren los padres, los padrinos y el párroco que no se imponga un nombre ajeno al sentir cristiano.
856 Aunque el bautismo puede celebrarse cualquier día, es sin embargo aconsejable que, de ordinario, se
administre el domingo o, si es posible, en la vigilia Pascual.
857
§ 1. Fuera del caso de necesidad, el lugar propio para el bautismo es una iglesia u oratorio.
§ 2. Como norma general, el adulto debe bautizarse en la iglesia parroquial propia, y el niño en la iglesia
parroquial de sus padres, a no ser que una causa justa aconseje otra cosa.
858
§ 1. Toda iglesia parroquial ha de tener pila bautismal, quedando a salvo el derecho cumulativo ya adquirido por
otras iglesias.
§ 2. El Ordinario del lugar, habiendo oído al párroco del lugar del que se trate, puede permitir o mandar que, para
comodidad de los fieles, haya también pila bautismal en otra iglesia u oratorio dentro de los límites de la
parroquia.
859 Si, por la lejanía u otras circunstancias, el que ha de ser bautizado no puede ir o ser llevado sin grave
inconveniente a la iglesia parroquial o a aquella otra iglesia u oratorio de que se trata en el c. 858 § 2, puede y
debe conferirse el bautismo en otra iglesia u oratorio más cercanos, o en otro lugar decente.
860
§ 1. Fuera del caso de necesidad, no debe administrarse el bautismo en casas particulares, a no ser que el
Ordinario del lugar lo hubiera permitido por causa grave.
§ 2. A no ser que el Obispo diocesano establezca otra cosa, el bautismo no debe celebrarse en los hospitales,
exceptuando el caso de necesidad o cuando lo exija otra razón pastoral.
CAPÍTULO II
DEL MINISTRO DEL BAUTISMO
861
§ 1. Quedando en vigor lo que prescribe el c. 530, 1, es ministro ordinario del bautismo el Obispo, el presbítero y
el diácono.
§ 2. Si está ausente o impedido el ministro ordinario, administra lícitamente el bautismo un catequista u otro
destinado para esta función por el Ordinario del lugar, y, en caso de necesidad, cualquier persona que tenga la
debida intención; y han de procurar los pastores de almas, especialmente el párroco, que los fieles sepan bautizar
debidamente.
862 Exceptuando el caso de necesidad, a nadie es lícito bautizar en territorio ajeno sin la debida licencia, ni
siquiera a sus súbditos.
863 Ofrézcase al Obispo el bautismo de los adultos, por lo menos el de aquellos que han cumplido catorce años,
para que lo administre él mismo, si lo considera conveniente.
CAPÍTULO III
DE LOS QUE VAN A SER BAUTIZADOS
864 Es capaz de recibir el bautismo todo ser humano aún no bautizado, y sólo él.
865
§ 1. Para que pueda bautizarse a un adulto, se requiere que haya manifestado su deseo de recibir este sacramento,
esté suficientemente instruido sobre las verdades de la fe y las obligaciones cristianas y haya sido probado en la
vida cristiana mediante el catecumenado; se le ha de exhortar además a que tenga dolor de sus pecados.
§ 2. Puede ser bautizado un adulto que se encuentre en peligro de muerte si, teniendo algún conocimiento sobre
las verdades principales de la fe, manifiesta de cualquier modo su intención de recibir el bautismo y promete que
observará los mandamientos de la religión cristiana.
866 A no ser que obste una causa grave, el adulto que es bautizado debe ser confirmado inmediatamente después
del bautismo y participar en la celebración eucarística, recibiendo también la comunión.
867
§ 1. Los padres tienen obligación de hacer que los hijos sean bautizados en las primeras semanas; cuanto antes
después del nacimiento e incluso antes de él, acudan al párroco para pedir el sacramento para su hijo y prepararse
debidamente.
§ 2. Si el niño se encuentra en peligro de muerte, debe ser bautizado sin demora.
868
§ 1. Para bautizar lícitamente a un niño, se requiere:
1 que den su consentimiento los padres, o al menos uno de los dos, o quienes legítimamente hacen sus
veces;
2 que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica; si falta por
completo esa esperanza debe diferirse el bautismo, según las disposiciones del derecho particular,
haciendo saber la razón a sus padres.
§ 2. El niño de padres católicos, e incluso de no católicos, en peligro de muerte, puede lícitamente ser bautizado,
aun contra la voluntad de sus padres.
869
§ 1. Cuando hay duda sobre si alguien fue bautizado, o si el bautismo fue administrado válidamente, y la duda
persiste después de una investigación cuidadosa, se le ha de bautizar bajo condición.
§ 2. Los bautizados en una comunidad eclesial no católica, no deben ser bautizados bajo condición, a no ser que
haya un motivo serio para dudar de la validez de su bautismo, atendiendo tanto a la materia y a la fórmula
empleadas en su administración, como a la intención del bautizado, si era adulto, y del ministro.
§ 3. Si, en los casos de que tratan los §§ 1 y 2, hay duda sobre la administración del bautismo o sobre su validez,
no se debe administrar el sacramento antes de que se haya enseñado la doctrina sobre el mismo a quien ha de
recibirlo, si es adulto, y se hayan manifestado a él, o a sus padres si se trata de un infante, los motivos por los
cuales es dudosa la validez del bautismo anteriormente celebrado.
870 El niño expósito o que se halló abandonado, debe ser bautizado, a no ser que conste su bautismo después de
una investigación diligente.
871 En la medida de lo posible se deben bautizar los fetos abortivos, si viven.
CAPÍTULO IV
DE LOS PADRINOS
872 En la medida de lo posible, a quien va a recibir el bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es asistir
en su iniciación cristiana al adulto que se bautiza, y, juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir
el bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las
obligaciones inherentes al mismo.
873 Téngase un solo padrino o una sola madrina, o uno y una (pareja).
874
§ 1. Para que alguien sea admitido como padrino, es necesario que:
1 haya sido elegido por quien va a bautizarse o por sus padres o por quienes ocupan su lugar o, faltando
éstos, por el párroco o ministro; y que tenga capacidad para esta misión e intención de desempeñarla;
2 haya cumplido dieciséis años, a no ser que el Obispo diocesano establezca otra edad, o que, por justa
causa, el párroco o el ministro consideren admisible una excepción;
3 sea católico, esté confirmado, haya recibido ya el santísimo sacramento de la Eucaristía y lleve, al
mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir;
4 no esté afectado por una pena canónica, legítimamente impuesta o declarada;
5 no sea el padre o la madre de quien se ha de bautizar.
§ 2. El bautizado que pertenece a una comunidad eclesial no católica sólo puede ser admitido junto con un
padrino católico, y exclusivamente en calidad de testigo del bautismo.