TIEMPO DIARIO CON DIOS
Salmo 44
Orando en tiempo de Coronavirus
Oh Dios, lo oímos con nuestros propios oídos, nuestros padres nos lo contaron: la obra que
realizaste en sus días, en los días de antaño. Tú mismo, con tu mano, expulsaste naciones para
plantarlos a ellos. Maltrataste pueblos, para hacerlos crecer. No fue su espada la que conquistó la
tierra, ni su brazo el que les dio la victoria; sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro, porque tú
los amabas. Eras tú, mi Rey y mi Dios, quien decidía las victorias de Jacob. Contigo atacamos a
nuestros opresores, en tu nombre aplastamos a nuestros agresores. No confiaba yo en mi arco, ni
mi espada me daba la victoria. Eras tú quien nos salvaba de nuestros opresores, y abochornaba a
cuantos nos odiaban. Nos enorgullecíamos de Dios todo el día, celebrando tu nombre sin cesar.
Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas, y ya no sales con nuestros ejércitos. Nos haces
retroceder ante el opresor, y nuestros adversarios nos saquean a placer. Nos entregas como
ovejas al matadero, nos has dispersado entre las naciones. Vendes a tu pueblo por nada, y no
ganas con su precio. Nos conviertes en escarnio de nuestros vecinos, en diversión y burla de
cuantos nos rodean. Nos has convertido en refrán de las naciones, sacuden por nosotros la cabeza
los pueblos. Tengo siempre delante mi deshonra, y la vergüenza me cubre la cara, con los gritos de
ultraje y de blasfemia en presencia del enemigo que se venga de mí.
Todo esto nos sucedió sin haberte olvidado, sin haber traicionado tu alianza, sin que se volviera
atrás nuestro corazón, ni se desviaran de tu camino nuestros pasos. y tú nos aplastaste donde
viven los chacales, y nos cubriste con las sombras de la muerte. Si hubiéramos olvidado el nombre
de nuestro Dios, y extendido las manos a un dios extranjero, ¿no lo habría Dios averiguado, él, que
conoce los secretos del corazón? Por tu causa nos matan cada día, y nos tratan como ovejas para
el matadero.
¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes? ¡Levántate! ¡No nos rechaces más! ¿Por qué escondes tu
rostro y olvidas nuestra opresión y nuestra miseria? Nuestra alma está hundida en el polvo,
nuestro vientre está pegado al suelo. ¡Levántate! ¡Ven a socorrernos! iRescátanos, por tu amor!
Comentario
Abrimos la Biblia y al leer sus páginas se nos narra el testimonio del como Dios se involucra en la
historia de la humanidad. Se involucra con tanto amor que envía a su Hijo amado para revelar, a
través de él, su interés por nosotros. Y a través de los siglos todos los que han creído en el
evangelio han tenido una transformación en sus vidas. De hecho, las congregaciones donde
asistimos han sido formadas por personas que han tenido una experiencia de salvación; si, Jesús
los ha salvado.
Ahora estamos viviendo esta época, donde la humanidad entera espera que estos tiempos oscuros
terminen; sin embargo, sabemos que necesitamos un salvador. Pero ¿Dios puede ser nuestro
salvador una vez más? ¿Por qué razón Dios no está impidiendo que tanta gente muera? ¿por qué
tanto como justos y pecadores estamos ante la incertidumbre? ¿por qué tenemos que cerrar
nuestros templos? Parece ser que Dios mismo nos está invitando a que perdamos la fe en él.
¿Quién podrá, entonces, brindarnos la salvación? ¿A quién tenemos que despertar? A veces
nuestro corazón se alegra cuando las grandes potencias anuncian que están trabajando en la cura
del virus que está afectando la humanidad. Sin embargo, confiar en la humanidad es apostar a al
caballo más débil.
El salmo 44 nos invita a orar volviendo a Dios, aunque parezca que nos está abandonando, a
descubrirle que esta despierto, que está con nosotros. Pero para despertar a Dios o que
despertemos en Dios tenemos que necesitarlo, tenemos que anhelar que nos rescate. Desde el
corazón tiene que fluir una oración similar a esta:
¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes? ¡Levántate! ¡No nos rechaces más! ¿Por qué escondes tu
rostro y olvidas nuestra opresión y nuestra miseria? Nuestra alma está hundida en el polvo,
nuestro vientre está pegado al suelo. ¡Levántate! ¡Ven a socorrernos! ¡rescátanos, por tu amor!
Reflexiona
1. El salmo 44 es una suplica de una comunidad que ha permanecido fiel a Dios, sin
embargo, está experimentando la ira de Dios en conjunto con aquellos que si fueron
infieles al pacto. ¿De qué lado estás enfrentando esta situación de la pandemia?
¿Cómo justo o como pecador?
2. En estos tiempos de pandemia ¿cómo estás experimentando la presencia de Dios?
¿Un Dios despierto o tus propias ideas, tus propias conclusiones de cómo debe actuar
Dios son las que están despiertas?
Oración:
Señor tu nos conoces. Tú sabes bien quienes hemos permanecido fieles a tus mandamientos, pero
también conoces quienes nos hemos inclinado a los dioses de este mundo.
Padre, tu has permitido que estemos en tiempo de aflicción. El pensamiento de este siglo se ha
inclinado a su propia destrucción. Las enfermedades nos han agobiado desde que el hombre ha
pecado.
Señor, nuestro Salvador, hemos oído de ti en tu palabra que siempre has ido en rescate de los
desprotegidos, de los que claman a ti; envía de tu Espíritu, que haya esa necesidad en todos los
habitantes del mundo de buscarte, de compartir su aflicción contigo.
Padre, ayúdanos a experimentar tu presencia, ayúdanos a adormecer nuestras propias creencias
basadas en nuestra vanidad, y que tu Dios mío, estés despierto en nuestras vidas.
Muéstranos tu rostro y ven a socorrernos, rescátanos por el amor que nos tienes.
Amén