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Cuento

El dinosaurio Dino tenía miedo de viajar de vacaciones con su dueño Diego. Sus amigos juguetes lo animaron a ir para superar sus miedos. Aunque Dino tuvo miedo al principio, disfrutó de las experiencias como volar en avión y bañarse en el mar. Regresó sin tanto miedo y decidido a vivir más aventuras.

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Cuento

El dinosaurio Dino tenía miedo de viajar de vacaciones con su dueño Diego. Sus amigos juguetes lo animaron a ir para superar sus miedos. Aunque Dino tuvo miedo al principio, disfrutó de las experiencias como volar en avión y bañarse en el mar. Regresó sin tanto miedo y decidido a vivir más aventuras.

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El primer viaje de Dino

Marta Nonide Robles

– ¡Nos vamos de vacaciones!, gritó


Diego.

Y todos sus juguetes comenzaron a


empujarse para quedar en la parte de
arriba del baúl. Menos Dino, el
pequeño dinosaurio verde y amarillo
que, como siempre, se escondió en la
esquina, debajo del tren de madera. Y
es que cada vez que Diego se iba de
vacaciones, metía la mano en el baúl de
los juguetes y sacaba uno al azar. Y lo
llevaba con él de viaje, a vivir
aventuras estupendas.
Pero Dino tenía miedo de todo. De los
trenes y de los aviones, del agua y de
los animales, de los ruidos y de las
personas. Y pocas veces se atrevía a
salir del baúl y mucho menos a
arriesgarse a ser elegido para
acompañar a Diego en sus vacaciones.
Los padres de Dino estaban muy
preocupados. Y los demás juguetes
estuvieron de acuerdo en ayudarles a
solucionar el problema.

– Dino, no se puede vivir con miedo a


todo cuando no hay razón para ello. Te
pierdes experiencias maravillosas y
lecciones importantes. Y como el
miedo solo se supera enfrentándose a
él, este año vas a ir tú de vacaciones.
De nada sirvieron los gritos y lloros de
Dino. Todos los juguetes le empujaron
hacia arriba y se apartaron, así que
cuando Diego metió la mano en el baúl
solo tocó un dinosaurio tembloroso.

– ¡Qué alegría, Dino, con las ganas que


tenía de que te tocara a ti!, gritó
Diego, feliz–. Este año vamos a la
playa. ¡Verás lo bien que lo vamos a
pasar!
Dino se pasó el viaje en el coche
temblando y con los ojos cerrados.
Cuando subieron al avión estaba
asustadísimo, pero se atrevió a mirar
por la ventanilla ante los gritos de
entusiasmo de Diego. ¡Qué maravilla!
Según iban subiendo, más pequeñitos
se veían los coches, las casas, los
árboles. Parecía que estuvieran
volando sobre la bola del mundo de su
habitación. ¡Y pasaban entre las nubes!
Viajar en avión no daba miedo, sino que
era emocionante. Tampoco el tren que
cogieron después daba miedo: ¡qué
divertido era intentar no perder el
equilibrio con el traqueteo! Ni la
habitación del hotel, con aquella cama
tan grande y cómoda, estupenda para
saltar y dar volteretas.
A Dino le gustó tanto la playa que no le
importó llenarse de arena, ni pasar de
mano en mano cuando los demás niños
quisieron jugar con él. Pero lo mejor
fue bañarse con Diego en el mar.
Aunque al principio se asustó al ver las
olas, ¡cuánto disfrutó después
nadando, buceando, viendo los peces,
saltando las olas! Fue una semana llena
de experiencias fantásticas. Cada día
era una aventura.

Y cuando volvieron a casa, todos los


juguetes le rodearon, ansiosos por
escuchar nuevas historias. Pero lo
primero que hizo Dino fue abrazarse a
sus padres y decirles, emocionado:

– ¡He pasado los mejores días de mi


vida! Y ya no tengo tanto miedo a las
situaciones nuevas. Muchas gracias,
papi, mami, por obligarme a ir. ¡Nunca
hubiera perdido el miedo si no me
hubiera visto obligado a enfrentarlo!
Ahora me doy cuenta de lo tonto que
era, ¡la de cosas maravillosas y
divertidas que me he perdido hasta
ahora! ¡Yo quiero volver a viajar el año
que viene!
Los padres de Dino estaban muy
contentos. A partir de aquellas
vacaciones, Dino se transformó en un
dinosaurio feliz, valiente, orgulloso y
seguro de sí mismo. Y no volvió a dejar
pasar ninguna oportunidad de correr
nuevas aventuras. ¡No tengáis miedo a
vivir cosas nuevas! Y si lo tenéis,
enfrentaos a vuestro miedo y vividlas
a pesar de él. ¡La recompensa será
maravillosa!

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