Mi Amante Vampiro
Mi Amante Vampiro
Jean-Claude Lepeltier
Artista
1876-1906
R.I.P.
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Sus labios se abrieron en una pequeña sonrisa, mientras unos copos de nieve caían
alrededor de su cara. Tiró su gran abrigo sobre él, en un gesto nacido de la costumbre,
pero que pronto sería olvidado, porque ya no sentiría más el frío.
—Ya me encargué de eso —se detuvieron ante las puertas del cementerio donde su
carruaje de caballos los esperaba—. La venta de tus pinturas en subasta proporcionará
una buena cantidad de dinero —Henri se rió sin alegría—. Qué ironía, pero será
mucho más que si siguieras vivo. Creé un fondo fiduciario a nombre de tu madre y el
resto se invertirá a tu nombre en un banco en Hamburg.
—Sólo por un corto tiempo, Jean-Claude. Después, encontrará a otro que cuide de
él. Una persona como Paul vive de su ingenio y de su belleza.
Henri suspiró impaciente. —Muy bien. Cuidaré de que reciba una pequeña
cantidad de dinero para “los tiempos difíciles”.
La sonrisa de Henri se tensó. —Que ha usado sin vergüenza para obtener lo que
quiere, y al parecer aún lo hace.
—Sí. No he conocido otro hogar en casi treinta años —suspiró y encogió sus 3
delgados hombros—. Además, no puedo ser visto por aquí. Tu sugerencia de que
vaya a América me parece bien. América sostiene una promesa que siento que puede
cumplir. ¿Y tú, Henri? ¿Qué vas a hacer?.
Jean-Claude parpadeó para evitar las lágrimas que habían brotado de sus ojos. —
Gracias, Henri. Eres mi amigo más asombroso. ¿Cómo puedo retribuirte?.
Los ojos de Jean-Claude brillaban cuando tomó la mano de su amigo entre las
suyas. —¿Harías eso por mí?.
—Como una muestra de mi amor y admiración por ti; sí, lo haría —se acercó a
Jean-Claude y soltó el almidonado cuello de su camisa—. Ven, mi amado amigo,
toma lo suficiente para mantener tu fuerza.
—Esto puede dolerte —murmuró Jean-Claude con los labios en el cuello de Henri.
—Oh, Dios mío —murmuró, sintiendo su cuerpo llenarse con una sensual
necesidad. Estrechó firmemente a Jean-Claude, sosteniendo su cabeza y empujándolo
fuerte contra su cuello.
—¡Suficiente!.
Henri abrió los ojos para ver la cara de preocupación de su amigo. —Suficiente,
Henri. Un poco más y podrías morir.
—Gracias, mi amigo —los dos hombres se miraron, Henri podía ver su propio
reflejo en los ojos azul oscuro de Jean-Claude—. Nunca te olvidaré, no con lo que has
hecho por mí —Jean-Claude besó a su amigo suavemente en los labios, antes de abrir
la puerta del carruaje y salir al aire frío de la noche.
Con sonrisas tristes, los dos amigos se separaron. Uno regresó a la vida que
siempre había conocido, mientras el otro comenzaba un viaje que lo llevaría a una
tierra distante y comenzaría una nueva vida que, si el destino lo decretaba, no cesaría.
Capi
Capití ulo Uno
Mi hermano es dos años mayor que yo y, a los treinta, lleva cinco años de relación
con Ted. Ellos viven en Portland, pero vienen a los Ángeles un par de veces al año.
Suelen avisarme con poca antelación, igual que esta vez que les estoy contando. Eso
estaba bien, porque, hasta que lo conocí a él, realmente no tenía vida. Oh, tenía
amigos, tuve novios en un par de ocasiones, y tenía un trabajo medianamente decente
como encargado de un pequeño restaurante italiano.
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Es sólo que, en ocasiones, todo carecía de sentido; era un callejón sin salida, si me
entienden. Me impacientaba o desganaba cuando pensaba demasiado en ello, así que,
trataba de no hacerlo.
Jonas estaba siempre insistiendo en que me mudara a Portland; la cual era una
ciudad mucho más saludable que Los Ángeles, en su opinión. Quizás tenía razón,
pero me gustaba Los Ángeles con su ruido, sus multitudes y sus embotellamientos de
tráfico. Era una ciudad viva y vibrante y, para mí, mi hogar.
Después de colgar el teléfono tras una larga conversación con mi hermano, empecé
a prepararme para el trabajo. Era afortunado, ya que podía ir caminando desde mi
apartamento en Rugby. Sin atascos de tráfico con los que lidiar. La Fortuna, el
pequeño restaurante en el que era el gerente justo en las afueras de Santa Mónica, era
un bullicioso lugar y en ocasiones nos quedábamos abiertos un poco más para atender
a algunos de nuestros clientes más lentos. Siempre odié que me apuraran cuando
disfrutaba una buena comida; por lo que yo no les haría eso a mis clientes.
Sin embargo, esa noche en particular no había mucho movimiento; así que, les dije
a los camareros y al chef que podían irse temprano y que yo cerraría. Después de
contar el depósito bancario del día siguiente y guardarlo en la caja de seguridad, me
dirigí a la puerta y entonces lo vi.
Asintió. —Entiendo, tienen una interesante lista de vinos —dijo, con rasgos de un
acento… francés, quizás.
Sonreí. —Los propietarios están orgullosos de eso. Quizás otra noche pueda probar
alguna de sus especialidades.
Sin que lo hubiera visto moverse, él sorpresivamente estaba muy cerca de mí. Al
ver sus ojos azul medianoche, mi mandíbula se sentía un poco tensa.
—Gracias —su brazo desnudo rozó el mío cuando entró y sentí como un
hormigueo eléctrico recorrer mi piel.
Él vestía una ajustada camiseta negra, pantalones vaqueros color negro que
realzaban su cuerpo delgado, y botas negras de vaquero.
—Agradable lugar —dijo—. Siempre que paso por aquí, se ve muy lleno.
—¿Verme? —tragué saliva ligeramente—. Oh, ¿buscas trabajo o algo así?. Por el
momento, no estamos contratando, pero...
El se rió ligeramente. —No, no necesito trabajo. Sólo quería conocerte. Desde hace
algún tiempo, te he estado admirando desde lejos.
—¿Por qué actúas tan sorprendido? —preguntó, sentándose en una de las mesas y
devolviéndome la mirada con una sonrisa que sólo podría describir como
emocionante.
—Creo que no estoy acostumbrado a que la gente diga cosas como esa —me moví
hacia la barra—. ¿Puedo ofrecerte una copa del especial de la casa?.
—¿Por qué no te sientas conmigo? —sus oscuros ojos estaban fijos en los míos,
cuando me incliné a dejar la copa de vino en la mesa.
—Esto, seguro —me serví una copa y me senté frente a él en la mesa—. Por cierto,
soy Ron —dije, extendiendo la mano.
—Es asombroso cómo se queda aferrado el acento, incluso después de tantos años
fuera del hogar.
—¿Cuántos años pueden ser? Aún eres joven. ¿Estás aquí por tus estudios?.
—No. Estoy aquí por necesidad. Fui exiliado de Francia hace muchos años.
—¿Exiliado?.
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—Bueno, digamos que auto exiliado.
—Oh, sí. Tenemos mucho de eso en los Estados Unidos —dije sin saber bien de
qué estaba hablando.
—No, no, para nada —levanté mi copa de vino—. Cheers1. Espero que sea de tu
agrado.
—Salud —levantó la copa en el brindis y dio un largo trago, cerrando los ojos y
saboreándolo en su boca antes de tragarlo.
—Caramba —sonreí—. Temía tener que decirle al propietario que su vino apesta.
Nos reímos juntos, entonces él colocó su mano sobre la mía. —Ron —mi nombre
se escuchó diferente cuando él lo pronunció—, me alegra haberte conocido.
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Salud en inglés, pero como él contesta en español lo deje así.
—A mí, también —dije, terminándome mi vino—. ¿Otra copa?.
«Él, por supuesto, no tenía idea de lo que yo era. En su mente, quizás estaba un
poco extrañado de mi manera de hablar, un extranjero; por lo que, esa rareza podía
ser disculpada. Él tampoco sabía que lo había visto en varias ocasiones, al pasar
frente a mi condominio2 cuando corría temprano por las mañanas.
Lo veía desde mi balcón antes de que el sol se levantara. Su ágil y flexible cuerpo
cubierto de una fina capa de sudor mientras él trotaba con esa fácil fluidez y gracia.
Cada vez que lo veía, quería mucho más que encontrármelo cara a cara, quería
hablar con él, escuchar su voz, oírle hablar de sus esperanzas y sueños.
Él parecía desconocer su propio encanto y eso era aún más cautivador para mí.
Detrás de esa humilde sonrisa, sentía al real hombre; uno cuya tranquila fuerza
desmentía su modesta conducta. De inmediato, fui cálido con él y esperaba no tener
que usar mi “poder de persuasión” para conquistarlo. Deseaba que este anhelado
primer encuentro fuera uno que él quisiera repetir una y otra vez.»
Su suave y melodiosa voz actuaba como un bálsamo, calmando el furor interno que
rugía en mi interior. De una zancada, cerré el espacio que se había formado entre
nosotros y volví a tomarlo en mis brazos. Había algo mágico acerca de su presencia,
algo intangible que no podía definir. Él era real, un ser vital, pero había algo más,
etéreo quizás, cuando aplasté su boca con la mía.
—¡Cerraste temprano! —un disgustado y colérico grito provino del otro lado de la
puerta.
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(edificio de viviendas administrado en régimen de propiedad de propietarios NdeC.)
Abrí la puerta. —Lo siento —dije—. No teníamos clientes; así que, cerramos.
—¡No puedes cerrar! —el tipo, un hombre con sobrepeso que debería de dejar de
comer por lo menos durante un mes, me miraba con sus ojos de cerdo.
—Sí, él tiene razón —me ladró la mujer a su lado, igualmente gorda—. Nosotros
venimos aquí todo el tiempo y queremos que nos atienda ¡ahora!.
—No y si vienen aquí todo el tiempo, como dicen, deberían de saber que este joven
es el gerente. Ahora sugiero que se vayan, antes de que los haga rebotar sobre sus
gordos traseros.
Me tragué la risa que subió a mis labios. El gordo parecía que iba a explotar,
cuando de repente Jean-Claude levantó la mano y la movió diciéndoles adiós enfrente
de sus caras. Igual que globos que repentinamente se desinflan, flaquearon frente a
mis ojos, dejaron caer los hombros derrotados y caminaron encorvados calle abajo.
—Oh, sí. Me agradas mucho. Es sólo que, he estado trabajando. Estoy acalorado y
sudoroso. Necesito quitarme esta ropa y darme un baño.
—Bien, estoy totalmente de acuerdo en que te quites esa ropa —dijo con una
sonrisa pícara—. Pero si estás incómodo aquí, quizás, ¿puedo acompañarte a casa?.
—Ponte cómodo —le dije señalando el sofá—. ¿Quieres tomar algo mientras me
baño? ¿Una cerveza? También tengo vino.
—Esperaré a que termines de bañarte —dijo con una sonrisa, mientras se sentaba
en el sofá. Felicia, mi gata, de inmediato saltó a su regazo.
—¿Estás celoso? —preguntó, con un toque de diversión en sus ojos azul media
noche.
Oh, sí, pensé, moviéndome a su ritmo, dame todo ese semen que sé que está a
punto de explotar dentro de mi boca. Sé que va a saber tan dulce como luces, tan
dulce como la miel. Tragué cuando sentí el primer chorro de semen golpear en la
parte de atrás de mi garganta, entonces me retiré un poco para permitir que el resto
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cubriera mi lengua. Mmm, agradable.
Rodeé sus caderas con mis brazos, sosteniéndolo mientras su cuerpo se estremecía
contra mí en su éxtasis. Mi cara seguía enterrada en su ingle, el olor de su vello
púbico era un afrodisíaco. Mi propio orgasmo se agitó dentro de mí y me corrí como
un géiser, cubriendo el interior de sus muslos con mi cremosa descarga.
—Espera, no te vas a ir, ¿verdad? —levanté la vista hacia él, con la decepción
pintada en mi estúpida cara.
—Quizás.
—Está bien —lo acompañé hasta la puerta. Él se giró y me rodeó con sus brazos,
acarició con su nariz mi cuello de nuevo y volví a estremecerme, sintiendo algo que
no podía entender, un anhelo, quizás, de sentir sus dientes presionando mi piel.
Él alejó su cabeza y me miró a los ojos. Mientras me miraba, sentí que podía
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hundirme en la profundidad de esos profundos ojos azul oscuro.
Entonces se alejó y escuché la puerta cerrarse detrás de él. Por largo rato, me quedé
en el vestíbulo, mirando la puerta cerrada. ¿Qué había sucedido? Me preguntaba. ¿Por
qué me había sentido así? ¿Por qué había querido que me mordiera?. ¡Odiaba los
chupones!.
«Por un momento, dudé al salir, después haber cerrado la puerta detrás de mí. El
aroma de su sangre casi me había superado. La había escuchado recorrer su vena
yugular mientras presionaba mis labios en su cuello. Era como si dentro de él
hubiera percibido mi necesidad y hubiera anticipado el movimiento que yo no me
permití completar.
El deseo de la sangre, esa amenaza presente para cualquier mortal en mis brazos,
nunca había sido tan fuerte como cuando inhalaba el dulce aroma de su sangre bajo
su piel. Me estremecí mientras me alejaba rápidamente de la puerta de su
apartamento, ansiando poner la mayor distancia posible entre la tentación que él
había conjurado en mí y yo.
Sabía instintivamente que ese hombre era especial. Lo supe desde la primera vez
que lo vi, desde que había entrado en su mente y había sentido su soledad y la
desconocida profundidad de amor y deseo que él mantenía a raya.
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Capi
Capití ulo Dos
Aun así, compré una copia de la revista “Tu apartamento” de camino a casa, y tras
recorrer sus coloridas páginas, salí de nuevo a comprar un par de plantas para el
interior, algunas flores y una variedad de cojines.
A las seis, tomé un baño de veinte minutos, asegurándome de que cada rincón y
grieta estuviera excepcionalmente limpia y fragrante. Repasando mi limitado 14
guardarropa, acabé decidiéndome por una camiseta tipo polo de algodón blanco, y
unos bermudas de color caqui. Cuando sonó el timbre a la siete, tuve que controlarme
para no chocar contra la puerta y tirar todo en mi camino. Abrí la puerta, con mi cara
dividida en dos por la sonrisa de bienvenida más grande que pude esbozar.
—Bueno, hola, ¡que bienvenida! —mi hermano, Jonas, me sonrió de vuelta antes
de darme uno de sus famosos abrazos de oso.
—Hola, Ron —Ted pasó rápido por nuestro lado, dirigiéndose a la cocina con lo
que sin duda, era la comida que había preparado en su casa para nosotros tres.
Oh, Dios mío. Había olvidado completamente que ellos llegaban esta noche, de
entre todas las noches posibles.
—¿Esperas compañía? —preguntó Jonas con los ojos abiertos como si lo más
inusual en el mundo fuera que yo tuviera compañía.
Mientras la abría, escuché a Ted decir—: Bueno, podemos hacer que alcance para
cuatro.
Jean-Claude me sonreía, y más que nada en el mundo yo quería atraerlo hacia mis
brazos y cubrirlo de besos. Se veía tan adorable. Vestía una camisa color rojo oscuro,
pantalones vaqueros color azul y las mismas botas de la noche anterior. 15
Me empapé de él, saboreando la vista de su delgado cuerpo, su pálida y hermosa
cara y esos increíbles ojos azul-oscuro.
Se inclinó y me besó ambas mejillas, ¡eso era tan francés!. —Hola —murmuró en
mi oído. Tenía un olor picante, agradable—. Tienes compañía.
—Sí, lo siento —lo dejé entrar—. Es mi hermano y su pareja, Ted. Olvidé que
vendrían a quedarse por un par de noches.
—¡Hola! —Jonas nos miraba con una copa de champagne en cada mano—. Llegas
justo a tiempo para la celebración. Por cierto, soy Jonas, el hermano mayor de Ron.
¡Fenomenal!. Había esperado todo el día para estar de nuevo con Jean-Claude,
conocerlo mejor, tener algo de sexo y ahora estábamos aquí, jugando a adivina quién
3
Platillo hecho a base de milanesa de pollo con jamón y queso, empanado, cubierto de gravy
generalmente de champiñones.
viene a cenar. Estaba molesto, pero traté de no mostrarlo, aún cuando podía decir que
Jean-Claude sabía exactamente cómo me sentía al respecto. Estuvo regalándome
coquetas sonrisas, mientras Jonas y Ted le relataban historias del fabuloso Portland y
le preguntaban si había pensado mudarse al norte.
—Hemos estado intentando que Ron se mude más cerca de nosotros durante
mucho tiempo —dijo Jonas—. Las cosas son más baratas que en Los Ángeles.
Ambos podrían alquilar un apartamento realmente bonito por mucho menos que aquí.
Oh, vaya, ¡eso es realmente insistente!. Gruñí, pero me sentí aliviado al ver que
Jean-Claude me guiñaba un ojo. Gracias a Dios, él no estaba tomando nada de esto en
serio. ¿Acaso una parte de mí sentía que no lo hiciera?.
Él puso su mano sobre la mía y estuve a punto de caer frente a él. —Gracias, Ron
—murmuró, dándome su copa de champaña sin tocar. Me apresuré hacia la cocina,
tomé una botella de cabernet y vertí una considerable cantidad en una de mis mejores
copas.
—Él es agradable —dijo entre dientes Jonas en mi oído al pasar por mi lado para ir
a ayudar a Ted—. Cuida de no fastidiarlo demasiado pronto.
—Ellos suelen irse a la cama después de cenar —dije, llevando su mano a mis
labios—. Por favor, no te vayas enseguida.
—Soy una persona nocturna —dijo—. Pero ¿no tienes que trabajar mañana?.
—¡Ta-da! —dijo Ted, colocando una floreada bandeja con el pollo a la cordon bleu
en la mesa—. Vamos a comer, niños. Jean-Claude, preparé una pizca para ti. Espero
que no te moleste, pero, como eres francés, me encantaría conocer tu opinión.
Miré a Jonas y puse los ojos en blanco, pero este sólo se encogió de hombros.
Tenía que admitir que Ted era un buen cocinero y que sus cenas eran geniales, pero
no podía evitar notar que mi nuevo amigo tomó sólo una minúscula porción, antes de
palmear su plano abdomen y declarar que estaba muy bueno, pero que él realmente
estaba demasiado lleno para poder disfrutarlo. Ted tenía muchas preguntas sobre
cocina francesa para Jean-Claude, lo cual hizo que la conversación progresara durante
la cena, pero yo anhelaba el momento en que Jonas bostezara y dijera: “Vaya, este ha
sido un día largo. Que dices si nos acostamos, Ted”.
Sólo que él no dijo eso. Mientras limpiábamos la mesa, Jonas parecía haber tomado
su segundo aire y charlaba con Jean-Claude sobre la última vez que me visitaron y
cuán solo lucía y lo feliz que estaba de poder conocer finalmente a uno de mis muy
evasivos novios. Después de cerca de una hora de eso, yo estaba a punto de cometer
fratricidio con cualquier cuchillo que llegara a mis manos. Y entonces sucedió. Jonas
bostezó y Ted también, casi al mismo tiempo. ¿Había sido mi imaginación o había
visto a Jean-Claude hacer un pequeño movimiento con su mano justo antes de que
ambos nos mostraran su trabajo dental? Como sea. Ambos se pusieron de pie,
murmurando cuán cansados acababan de sentirse. Gloria a Dios. Nos abrazaron y
luego se dirigieron al cuarto de huéspedes, pero no antes de que Jonas me diera un 17
lujurioso guiño. Oh, por Dios.
—Ellos son una gigantesca molestia —dije, dejándome caer en el sofá al lado de
él—. Pero son mi familia y los amo. ¿Puedo ofrecerte algo?.
Estaba listo para eso. Me incliné y rocé sus labios con los míos entreteniéndome un
momento antes de empujar la punta de mi lengua contra sus dientes, pasando la punta
por el borde de su encía. Él hizo un sonido como mmf y separó los labios, dejándome
entrar. Sus brazos rodearon mi cuello, atrayéndome sobre él según se recostaba en el
sofá. Yo estaba instantáneamente duro, igual que él, porque podía sentir su erección
contra mi entrepierna a través de las capas de nuestros pantalones.
—Espera —jadeé.
Él se apartó, quitándose la camisa, luego tirando de la mía. Levanté las manos para
que la sacara por encima de mi cabeza. Acarició con su nariz mi axila, casi
incapacitándome de cualquier movimiento, casi. Nuestros pechos desnudos se
golpearon cuando nos abrazábamos. Su piel pálida como el mármol, era suave al
tacto. Él frotó con sus dedos el vello de mi pecho y luego se inclinó a chupar mi
pezón izquierdo. Intenté torpemente desabrochar su cinturón, abriéndolo, tirando de
sus pantalones vaqueros hasta que cayeron a sus tobillos. Me bajé las bermudas.
Ninguno de nosotros llevaba ropa interior y al mezclarse su presemen con el mío
cuando nuestros penes se frotaron juntos, ocasionó un momento con gran carga
erótica.
—¡Jódeme! ¡Jódeme!.
Oh, sí, este era el sexo más genial de toda mi vida. Sentía que flotábamos,
envueltos uno en brazos del otro, por encima de las nubes. Todas las cosas terrenales
estaban lejos. Ya no estábamos en mi habitación. Ascendíamos, volábamos,
uniéndonos cósmicamente, un cuerpo, un alma.
Abrí los ojos y él levantó la cabeza, plantando sus hermosos labios en los míos,
forzando su lengua al interior de mi boca y causando que explotara dentro de él con
un empujón electrificante que arrancó un grito asfixiante de mi garganta, se aferró a
mí cuando su propio orgasmo salió a borbotones de su pene, inundando su torso con
grandes chorros de semen blanco. Colapsé sobre él, murmurando dios sabe qué
inanidad4. Creo que incluso le dije que lo amaba y lo quería decir. De verdad, quería
decir eso.
—¿Otra cita?.
Él asintió. 19
—Eres un hombre ocupado —dije con algo de amargura.
—Estás molesto.
—Yo también sentí eso, Ron —levantó la cabeza y me miró y sentí que mi corazón
daba un vuelco—. Conocerme a fondo involucra algunas... dificultades.
—Mi tiempo para ocasiones como esta se limita al tiempo nocturno. No puedo salir
a la luz del día. Tengo una fuerte aversión a la luz del sol.
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Cualidad de lo que carece de valor o importancia
—Oh, lo siento. Pero si no puedes salir durante el día, quizás pueda ir a verte a tu
casa. Trabajo casi todas las noches y tengo la mayor parte del día libre —sabía que
estaba siendo insistente, pero quería que comprendiera que lo deseaba sinceramente
en mi vida.
Tomé sus manos en las mías y lo acerqué más a mí. Su cara descansó en el hueco
de mi garganta, sus labios rozaron la incipiente barba en mi piel. De nuevo, tuve esa
extraña sensación de desear algo más. El toque de sus labios erizó el vello de mi nuca
y me estremecí involuntariamente.
—No, no. Hiciste hormiguear mi piel —besé sus labios y el los separó, mordiendo
suavemente la punta de mi lengua—. Mmm —murmuré, abrazándolo con fuerza—.
Deseo que puedas quedarte toda la noche.
Él me sonrió. —No toda la noche, pero tenemos tiempo para hacer el amor de
nuevo, si lo deseas.
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No iba a desperdiciar más tiempo hablando. De repente, cada momento se había
vuelto valioso.
Alguien como Ron, tan ansiosamente atento, tan deseoso de ser bueno en todo y
con todos, era como un respiro de aire fresco en mi demasiado larga existencia.
Deseaba que mi amigo Marcus estuviera aquí para que me guiara. Hacía poco, él
había entrado en una relación con su joven amante mortal, a quien aún no conocía,
pero él parecía muy feliz con esa relación.
Marcus...
Sonreí, recordando nuestra larga y sincera amistad que inundaba mi mente. Le
debía mi propia vida y mi cordura a él y le deseaba toda la felicidad que pudiera
tener con su joven mortal.
—Y tú eres muy hermoso —contesté y eso fue todo lo que necesité. Pronto estaba
en mis brazos en el oscuro umbral, sus labios en los míos, su aliento olía a la dulce
bebida que había estado bebiendo. Su cuerpo se tensó por un momento cuando mis
colmillos perforaron su piel sobre la vena yugular. Entonces, se pegó a mí mientras
yo bebía; sus manos se aferraron a mí mientras murmuraba en mi oído lo
maravilloso que se sentía.
La siguiente mañana, Ted tenía preparadas cientos de cosas para que hiciéramos
juntos.
—Pero necesitamos que nos lleves —dijo Ted, arqueando sus cejas. No se podía
discutir con él cuando sus cejas adoptaban esa forma—. Regresaremos después del
almuerzo, con tiempo de sobra para que te prepares para ir a trabajar, si nos vamos
inmediatamente después de que termines tu café.
—Jonas, puedes dejar de lanzarme esos sucios guiños. Si quieres preguntar si tuve 22
o no sexo con él, la respuesta es sí, lo hicimos. Sexo completamente alucinante y
¡varias veces!.
Lo miré con mi cara encendida. —Bueno, si lo sabíais, ¿por qué preguntáis? ¿Sólo
para avergonzarme?.
—Oh sí, he oído hablar sobre eso —dijo Ted—. ¿No se llama alopecia o algo así?.
—Uf, imagina eso. Pero hay una palabra para la cosa de la piel.
—De cualquier manera —interrumpí sus diagnósticos—, él tiene que ser muy
cuidadoso y no exponerse a la luz del sol.
—¡Oh! —gritó Ted, alterándome—. Pero podría serlo. Tiene cara pálida, cabello
oscuro, ojos sexy e hipnóticos; además, no comió en la cena.
—Te dijo que ya había cenado —grité, completamente enojado con ellos.
—Sí, él dijo que había comido —Ted entrecerró sus ojos al mirarme—. Quizás,
quiso decir que acababa de alimentarse.
Ted quiso visitar cada tienda del centro de Beverly. Yo odiaba las compras y las
limitaba en lo posible, para los cumpleaños y la época de Navidad. Caminaba con los 23
hombros caídos, mientras Ted y Jonas agarraban cada prenda que veían, con los ooh
y los aah, para luego volverlas a dejar donde estaban. ¡Dios!.
A la hora del almuerzo, Ted me dio su horario para el resto del día.
—Por supuesto, terminaremos exhaustos después de todas estas compras; así que,
probablemente tomemos una siesta cuando regresemos a tu apartamento. Lamento
que tengas que trabajar, Ron. Creemos que más tarde pasaremos por el restaurante
para cenar; así podemos esperarte para ir a tomar unos tragos, cuando termines. ¿Te
gusta la idea?.
—No. Sólo pensaba en Jean-Claude. Espero que pueda pasar por el restaurante esta
noche.
—Oh.
—Bueno, si lo hace —dijo Ted dijo, alegremente—. ¡Podemos ir los cuatro por
unos tragos!.
Los viernes por la noche es noche de gala en La Fortuna, un gran evento siempre.
Teníamos todas las mesas reservadas para la noche entera. Pero había logrado
conseguir una mesa para las nueve de la noche para Jonas y Ted, cuando el teléfono
sonó.
—Ron.
—Por supuesto. Trabajo hasta las diez, luego tengo que limpiar. Mi hermano y Ted
tienen una mesa reservada para las nueve. ¿Te gustaría unírteles?.
—No, gracias, pero puedo pasar después de que cierres, Si estás de acuerdo con
eso.
«El teléfono había sonado temprano esa noche. La misma insidiosa voz
transmitiendo el mensaje que amenazaba mi vida. Había escapado a sus asesinos
antes, pero parecía que no estaría contento hasta que estuviera muerto. Me estremecí
ante los pasos que me vería forzado a tomar. Asesinar no era parte de mi credo. Mi
amigo y mentor, Marcus, me había mostrado una manera de vida más gentil,
recordándome que matar debería dejarse sólo para circunstancias extremas, como
último recurso.
Si podía evitar a los asesinos como lo había hecho antes, todo estaría bien, pero un
nuevo factor se agregaba a mi necesidad de vigilar un ataque sorpresa, Ron. No
podía, honradamente, involucrarlo en algo que pudiera lastimarlo. Esa era mi
batalla, causada por mis propias acciones antes de que lo conociera. Lo correcto era
protegerlo de esos villanos y la única manera de hacerlo era romper nuestra breve
pero dulce asociación.
—Pensé que cuando terminaba con fobia significaba miedo a algo —señalé.
—¡Ajá! —exclamó Ted, mirándome con los ojos entrecerrados. Siempre hacía eso
cuando sentía que iba a decir algo profundo—. Rehusando otra comida. ¿Qué te dijo
esta vez?.
—No empieces de nuevo con las hipótesis de vampiros, Ted —se quejó Jonas,
mirando el menú.
—Tú empezaste con eso —le recordó Ted—. Bueno, de cualquier manera,
queremos una botella de Chianti. Gracias, Ron.
A las diez y media, cuando el último cliente salió y Jean-Claude aún no había
aparecido, comencé a preocuparme. ¿Me estaba dejando plantado? Pero, ¿por qué?,
razoné, después de todo él fue quien llamó e hizo la cita.
Mierda. Odiaba esto, en especial cuando veía a Jonas y Ted mirándome sombría y
compasivamente. Quizás estaba atado cenando, no literalmente, claro. No imaginaba
que fuera del tipo pervertido, sólo era un tipo fantástico. Gruñí mentalmente. No era
justo que tuviera ese tipo de experiencias con un tipo fabuloso, sólo para que me
fuera arrebatado.
Para las once, sabía que no llegaría. El último de los ayudantes se había ido, y yo
estaba sentado a la mesa con Ted y Jonas, girando el tallo de mi copa de vino y
sintiéndome deprimido.
—Ron —Jonas tomó mi mano—. Vamos, chico, no vayas a casa a deprimirte más.
—No, no lo haré. Tengo que hacer la contabilidad de aquí; así que, supongo que
ahora es un buen momento para hacerlo. Los veré en el apartamento después. Vayan
y diviértanse.
—¿Seguro?.
Después de cerrar la puerta detrás de ellos, me serví otra copa de vino. Entré en la
oficina a hacerle frente a la papelería pendiente, que había dejado que se amontonara
en los últimos días. Después de diez minutos de eso, tuve un extraño presentimiento
de que algo terriblemente malo sucedía. Creí oír una voz llamándome.
—¿Jean-Claude?.
Cerré la puerta del restaurante y eché a caminar hacia el bulevar de Santa Mónica.
Cuando pasaba por un callejón que llevaba a la avenida principal, escuché un gemido.
Mierda. Miré con los ojos entornados la oscuridad y apenas distinguí la silueta de
alguien tirado en el suelo en la mitad del callejón. Me apresuré a llegar a su lado.
Ahora podía ver que era un hombre y entonces el corazón por poco se me sale por la
boca.
—¡No! —su mano agarró la mía, tirando el teléfono de mi mano—. No, por favor,
no hagas eso, Ron —su voz se debilitó de nuevo—. ¿Quieres salvarme?.
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—Por supuesto —las lágrimas me quemaban los ojos mientras lo miraba. De
repente, se veía tan joven, tan frágil.
—Está bien. Sostente. Esto va a dolerte —sujeté el pedazo de madera con ambas
manos y tiré con fuerza. Salió con un repugnante sonido de desgarramiento, pero no
surgió la fuente de sangre que esperaba como consecuencia. Arrojando la estaca a un
lado, abrí la camisa para revisar los daños.
—Dios mío —un gemido de shock escapó de mis labios al ver con mis propios ojos
cómo la terrible y enorme herida de su pecho se cerraba lentamente y desaparecía, sin
dejar siquiera una cicatriz visible.
Pero, ¿quién carajo tiene poderes regenerativos que funcionan tan rápido?, me
preguntaba. Nadie que yo sepa. Lo ayudé a ponerse de pie y él se hundió en mis
brazos mientras lo sujetaba contra mí.
—¿Quién te hizo esto? —pregunté, mis labios tocando su cabello.
—No, ellos se fueron ante mi insistencia. Creía que no ibas a llegar; así que, les
dije que tenía trabajo que hacer.
—Bien. No quiero que me vean de esta manera. Ya es malo que te haya expuesto a
este lío.
Una vez dentro del restaurante, lo cargué hasta la oficina del fondo y lo senté en mi
silla. A la luz, se veía aún peor. Su cara tenía una palidez fantasmal y sus ojos estaban
misteriosamente sombreados.
Pero ya sabía lo que iba a decir. Ningún cuerpo humano se hubiera recuperado de
una herida como la que le habían infligido a Jean-Claude. Ni siquiera los poderes
regenerativos que había dicho que poseía, hubieran funcionado tan rápido. Y ahora
todos los detalles acerca de él encajaban en su sitio en mi mente. Su incapacidad de
salir a la luz del sol, el hecho de que ni una sola vez lo había visto comer, su delicada
palidez, todo me llevaba a creer, que aquello sobre lo que Ted y Jonas habían estado
bromeando, era de hecho verdad. Pero, ¿cómo podía ser cierto? Jean-Claude no era
un monstruo. Era dulce, amable, amoroso, y yo lo amaba. A pesar de que me daba
cuenta de lo que era, no podía huir de él.
—Pero, ¿por qué? —protesté—. Nunca me he sentido tan conectado con alguien en
tan corto tiempo. Somos el uno para el otro.
—Ron, mírame. Soy un vampiro. Es peligroso que estés conmigo. ¿Aún piensas
que somos el uno para el otro?.
Él esbozó una pequeña sonrisa. —Eres adorable, Ron. Pero escúchame ahora. Nací
en 1876. Morí en 1906 y ese mismo año volví a renacer. Durante los últimos cien
años, he vivido y sobrevivido con mi ingenio y tomando sangre humana. No puedo
vivir sin eso, sin eso podría desvanecerme en la nada. Esa es mi maldición, pero
también mi fuerza y mi salvación, por más grotesco que pueda ser para ti y para los
demás.
—No sabes lo que dices. No tienes idea de lo que significa —intentó levantarse de
la silla, pero estaba exhausto—. Nunca debí haber entrado en tu vida.
—No digas eso, por favor —llevé su mano a mis labios—. ¿Si bebes mi sangre me 29
convertirías en vampiro?.
—No —esbozó otra pequeña sonrisa—. Eso es un mito, perpetuado por los libros y
las películas. Más con el fin de que sea un cuento espeluznante. No, convertirte en
alguien como yo, lleva tiempo. Tu sangre debe ser reemplazada completamente con
sangre de vampiro. Pero no hablemos más de este tema. No beberé de tu sangre, a
pesar de lo dulce que estoy seguro que es. Verás, Ron, también te amo y no quiero
pensar que seas desechado y perseguido por el género humano.
Me reí sin alegría. —Oye, ¿no sabes que ser gay significa ser perseguido por el
género humano, Jean-Claude? Pero ahora que admites que me amas, creo que puedo
invocar el privilegio de amante y demandar que bebas de mí.
—Sólo bromeaba, acabo de inventarlo. Pero, vamos, necesitas sangre esta noche,
de inmediato y aquí estoy yo, lleno del tipo AB negativo. Todo para ti.
—Entiendo lo suficiente como para saber que si no haces lo que te pido, puedes
morir —dije—. Sigues vivo sólo porque ellos no alcanzaron tu corazón. No tienes la
fuerza suficiente como para ir a buscar otro donante y no me dejas llevarte al hospital.
Así que, ¿qué alternativa nos queda?.
Él gruñó, cuando lo golpeó la verdad de mis palabras. —Ron, ¿estás seguro de
esto?.
Sus oscuros ojos se llenaron de lágrimas mientras me miraba y podía sentir cómo
yo mismo me atragantaba. Sabía que este era un momento decisivo para ambos; lo
que sucediera ahora cambiaría nuestras vidas para siempre. Se inclinó y besó mis
labios con tanta ternura, que sentí que mi corazón dejaría de latir.
—También te amo.
Me acerqué tanto que estaba de rodillas entre sus muslos. Me quité la camisa
acerqué mi cara a la suya, dejándole acceso a mi cuello.
—Mira a otro lado —murmuró—. No quiero que veas mis colmillos —sus labios
se movieron hacia mi yugular, donde mi sangre latía con fuerza. Entonces, sus dientes
se clavaron profundamente atravesando mi piel, haciendo que la sangre fluyera hacia
su lengua.
Eso dolió, no puedo negarlo, pero al mismo tiempo, sostenerlo en mis brazos
mientras me chupaba, llenó mi cuerpo con una sensualidad increíble. Según sus 30
labios sorbían mi piel, sentí endurecerse mi pene y mi mano, que se dirigió hacia su
entrepierna, se topó con su floreciente erección. Parecía que mi sangre estaba
haciendo efecto. Sus muslos se tensaron alrededor de mi torso, aprisionándome en un
abrazo que deseaba que nunca terminara.
«Su sangre en mi lengua incendió mis venas. El grueso y dulce fluido que salía de
él daba calor y fuerza a mi cuerpo. Su aroma llenaba mi boca y mis fosas nasales,
mientras bebía de él. Inhalé su aroma, el del hombre mortal que me amaba lo
suficiente como para darme su sangre vital, quien confiaba en mí lo suficiente como
para que no tomara su vida en el proceso.
Una oleada de emoción me inundó y tensé mis brazos alrededor de él, deseando
que este momento nunca terminara, que nunca tuviera que soltarlo de este abrazo.
Pero cuidado, me dije a mí mismo, no sea que el deseo de sangre nuble tu visión y tu
mente.»
Él se separó y sentí que lamía mi cuello. —Esto cerrará la herida —dijo, besando
mis labios suavemente—. Gracias.
Él se veía mejor. La debilidad se había ido de su cara y sus ojos habían recobrado
la luminosa cualidad que recordaba. Arrodillado a sus pies, lo observaba, realmente
conmovido por lo que había pasado entre nosotros.
—Te estoy mirando —dije—, y no puedo crees que tengas ciento treinta años.
¿Cómo es eso posible?.
—Sólo lo que he visto en las películas —admití—. Me temo que no leo mucho.
Sonrió. —Las películas por lo general nos muestran como asesinos sangrientos sin
compasión hacia quienes les quitamos la vida. Por supuesto, algunos son como esos,
igual que existen buenos y malos entre los mortales, pero no tenemos que asesinar
cuando tomamos sangre.
—Fui trasformado hace cien años por un hombre a quien le tenía una gran
admiración —su mirada se perdió en la lejanía mientras recordaba—. Su nombre era
Augustine LePlante. Nos presentó un amigo en común, Henri Renoir. Henri era un
amigo cercano y había traído a Augustine porque pensaba que al ser una persona con
grandes conexiones en el mundo del arte, podría ayudarme —hizo una pausa y
sonrió—. No creo que haya mencionado que soy un artista. En mi juventud, fui
bastante exitoso. Si pudieras preguntarle a Henri te diría que muy exitoso. Él atendía 31
mis asuntos de negocios y es por eso que tengo, todavía, suficiente dinero para vivir
cómodamente.
—No. Henri murió hace muchos años. Aún lo extraño. Claro, él no conocía la
verdadera identidad de LePlante. ¿Por qué habría de hacerlo él o cualquier otro? En
esa época, yo tenía un amante, Paul, quien estaba celoso de cualquiera que formara
parte de mi vida; en especial, LePlante, a quien consideraba una amenaza para la
posición que ocupaba en ella. Henri detestaba a Paul y creo que alentó sus miedos de
ser reemplazado. Él no consideraba a Paul mejor que a una puta, una sanguijuela que
se aferraba a mí sólo por sus propias necesidades. No quiero entrar en detalles, ya que
al final no tuvieron consecuencia.
—Henri me salvó. Cuando le dije lo que LePlante había hecho, y que sólo podía
sobrevivir bebiendo sangre, me dio la suya, igual que tú ahora. Pobre Henri. En ese
momento, no sabía cómo controlar el deseo por la sangre que puede abrumar los
sentidos de los vampiros. Creo que lo hubiera drenado, pero él, siendo el hombre
sensible que era, luchó por liberarse y al hacerlo, hizo que reaccionara sobre lo que
estaba haciendo.
—Por mucho tiempo, me escondió en su casa, donde continué mi trabajo, hasta que
comprendimos que era conveniente que “muriera” y desapareciera de París. Me
enterraron en el cementerio de St. Germain, o mejor dicho, mi ataúd fue enterrado ahí
y yo salí del país. Henri vendió todas mis pinturas por exorbitantes sumas de dinero.
Una vez “muerto”, su valor se triplicó. Además, invirtió todo el dinero en un banco
de Suiza, a mi nombre.
—Él notó un cambio en mí, pero no adivinó lo que era. Pensó que estaba enfermo y
sugirió que fuéramos al campo para que recuperara mis fuerzas —sonrió tristemente
al recordarlo—. Fue muy dulce los primeros dos días, pero cuando no pude unirme a
él en sus salidas diurnas y pasaba todo el día en un cuarto oscuro, se aburrió y exigió 32
que regresáramos a París.
—Un hermoso chico, Ron, pero no muy lindo. Acudió a mi funeral y lloró, pero
sólo un poco —apretó mi mano—. Él no tenía para nada tu clase.
—Sí, a Nueva York, donde fui muy afortunado de encontrarme con Marcus
Verano, un vampiro que se convirtió en mi mejor amigo y me dio el valor que
necesitaba para atravesar esos oscuros primeros días. Él es al que recurriría por ayuda
si estuviera en los Ángeles.
—Ese tipo Marcus —dije, sintiendo una punzada de celos—. ¿Son amigos
cercanos?.
—Muy cercanos. Él era, y aún sigue siendo, mi mentor. Si no hubiera sido por él,
dudo que hubiera sobrevivido tanto tiempo como vampiro. Estaba lleno de amargura
ante el estado de mi existencia. Él me hizo entender que luchar contra aquello en lo
que me había convertido era inútil. No había marcha atrás ni redención en esta media
vida, pero podía, desde la perspectiva correcta, ser más de lo que había pensado al
principio.
—Sí. Él y su amante mortal tenían asuntos que tratar en Roma. No me dijo de qué
naturaleza, pero se veía alterado. Mi talento para leer la mente es primitivo al lado del
de él; incluso si estuviera a su nivel, él puede bloquear sus pensamientos de mí. Es
muy poderoso.
—Esta persona me dijo que era un vil veneno en esta tierra y que yo y los que eran
como yo, deberíamos ser erradicados por todos los medios disponibles. Tomé su
amenaza seriamente, Ron, y estaba siendo cuidadoso y cauteloso al salir. Pero esta
noche, camino a verte, bajé la guardia. Me atacaron desde la oscuridad, antes de que
pudiera defenderme. Me arrastraron hasta el callejón para liquidarme, pero entraron
en pánico y fueron torpes cuando me clavaron la estaca. Sabía que no habían atinado
a mi corazón, pero fingí estar muerto y ellos escaparon, pensando que su trabajo
estaba hecho.
—Uno de los atacantes mencionó un nombre, dijo que tenían que llamarlo tan
pronto como estuviera muerto.
Dudó un momento. —No estoy completamente seguro, pero creo que era algo así
como Delaney.
—¿Conoces a alguien con ese nombre?.
—Hmm, quizás.
—Sí, tienes razón. No podemos tenerlos rondando —me puse de pie y le tendí la
mano—. Debería revisar tu casa, asegurarme que sea segura y que estés bien, antes de
dejarte solo —tomó mi mano y se puso de pie, colocando mis brazos alrededor de él,
sosteniéndolo cerca—. A menos, claro, que quieras que me quede.
Sus labios se encontraron con los míos en un beso duro. Entonces, se separó y me
dirigió una pícara sonrisa. —Ven a casa —dijo— y ya veremos.
34
Capíitulo Cuatro
—Te he visto correr por aquí casi todas las mañanas —dijo, mientras me guiaba al
interior—. Así fue como quedé intrigado por primera vez; tú en esos ¡pequeños
shorts! —tomó el control remoto de la mesa de centro y apuntó hacia el reproductor
de CD. El sensual sonido de música instrumental llenó el cuarto.
Abrí la boca para decir sí, cuando mi teléfono móvil vibró en mi bolsillo. —Lo
siento —murmuré, sacándolo y viendo el identificador. Jonas.
—Bien, pudiste habernos llamado y avisarnos. Entonces —se oía más relajado—,
apareció, después de todo.
—Mi hermano te envía saludos —dije con mi voz forzada por el placer—. Dios,
eso se siente bien.
—¿Sabes? —dije—. Jonas y Ted dijeron que había una posibilidad de que fueras
un vampiro.
—Sí, estaban bromeando, por supuesto. Les dije que no podías tomar el sol. Eso y
el hecho de que no comieras la cena de Ted, hizo que formularan todo tipo de
suposiciones locas.
—Resultaron no ser tan locas —dijo. Me miró con ternura—. Ron, si te quieres ir
porque es demasiado para manejarlo, lo comprenderé.
—No, no lo es. Claro que hay algunas cosas que aún no entiendo. Tendrás que
decirme qué necesitas de mí, qué puedo hacer y qué no, cuando esté contigo. Ese tipo
de cosas.
Asintió. —Sólo quiero estar del todo seguro de que puedas aceptar lo que soy y en
realidad se trata de lo que yo puedo hacer o no hacer alrededor tuyo. Por ejemplo, 36
sabes que debo alimentarme ocasionalmente de humanos vivos. No puedes ser tú todo
el tiempo, por las razones obvias.
—Ron, sé sensible —dijo, riéndose de mi expresión tan seria—. ¿No crees que en
el hospital podrán encontrar un poco sospechoso que vayas cada pocos días a
rellenarte?.
Me reí con él —Sí, es una idea tonta. Sólo me preocupa que te expongas a más
peligro.
—Eso es muy dulce, pero lo he estado haciendo durante muchos años. Y, confía en
mí cuando digo que no he lastimado a las personas de las cuales bebo. Al principio de
esta vida, había cosas que no comprendía del todo, pero mi amigo, Marcus, me
explicó que la mordida de un vampiro en realidad agrega algunos años a la vida de un
mortal.
—¿Lo hace? —lo abracé—. Muérdeme de nuevo, entonces tendremos más años
juntos.
El besó mi cuello. —Eres realmente maravilloso, Ron, pero debemos tomar esto
con calma. Quiero que comprendas completamente en lo que te estás metiendo.
Su sonrisa era tan dulce. —No te había dicho esto antes, Ron, pero ahora que nos
conocemos mejor, nosotros no lo necesitamos. La sangre de los vampiros es inmune a
todas las enfermedades.
Sus besos eran los mejores que hubiera experimentado. Él había hecho del besar
un arte, pensé, mientras su lengua acariciaba el interior de mi boca, sin dejar una
parte sin besar. Lo abracé con fuerza, no quería dejarlo ir nunca, deseaba que estos
preciosos momentos juntos, pudieran transformarse en una eternidad y llevarnos a un
plano en donde sólo existiéramos él y yo, a salvo de aquellos que querían lastimarlo.
—Sólo quiero saber quién es ese Delaney —dije a la defensiva—. Demostró ser un
peligro real para ti. ¿Qué sucederá si lo intenta de nuevo cuando descubra que sus
asesinos contratados fallaron? Sin mencionar que dijo que tú y todos los de tu clase o
algo así. Puede ir por tu amigo Marcus también.
—Él necesitaría un ejército de asesinos para enfrentar a Marcus, e incluso así, creo
que fallaría. Marcus es quizás el vampiro más poderoso. Es un ser legendario entre
nosotros.
—Quizás lo sea, pero aún así, creo que necesitamos seguirle la pista al loco y
detener sus tácticas.
—Bien —me regaló una de esas sonrisas que desarman—. Ahora, antes de que te
vayas, hay algo que quiero que hagas.
Oh, sí.
38
Luego, con Jean-Claude aún acostado tranquilamente entre mis brazos, no podía
evitar seguir asombrado por todo lo que había sucedido esa noche. En un periodo tan
corto de tiempo, mi vida había cambiado de monótona, a ¡asombrosa!.
Un vampiro...
Cuando miraba su pálida y serena cara, ahora en reposo, me era difícil creer que
fuera cierto. Él parecía tan... normal en muchos aspectos. Sí, tenía una extraña
cualidad mágica en él y poseía poderes que ningún mortal tendría ni de cerca, pero
había una vulnerabilidad en él, que era extraña a la imagen que uno podría tener de un
vampiro. Claro que sólo me dejaba llevar por las tenebrosas imágenes de Nosferatu,
Vlad el empalador y todos esos tipos. Jean-Claude no se acercaba ni remotamente a
esos asquerosos personajes. Él era hermoso, gentil, tierno y cariñoso.
El se movió entre mis brazos y me sonrió. —Te preguntas cómo sucedió todo esto
—dijo, después de besar mi mejilla.
—Hace poco me preguntaste que si conocía algo acerca del vampirismo y tengo
que admitir mi ignorancia en el tema. Todo lo que sé es que todo comenzó en
Transilvana.
—Supongo —dije—. Aunque, ¿no es asombroso que hayas tenido que esperar cien
años para conocerme? Imagínate, si hubiera vivido en tu tiempo, nos hubiéramos
encontrado y enamorado.
—Y me hubieras salvado de esta existencia —murmuró con sus labios cerca de los
míos.
—Y ambos estaríamos muertos —dije con cara de póquer. Nos miramos durante un
largo momento y luego soltamos una carcajada. Lo acerqué a mis brazos y cubrí su
cara con besos.
—Puedo verlo, y sentirlo también —dije, tomando su duro pene—. Oh, bueno,
tendré que encargarme de esto, de inmediato.
La mañana siguiente, mientras entraba tambaleándome a mi apartamento, justo
antes de las siete, Jonas y Ted estaban recogiendo, listos para irse y llenos de
preguntas. Pero no podía darles mucha información.
—¿Esto es serio?.
—Puede ser.
—Quizás.
—Es un artista.
40
Ellos no formularon la gran pregunta. ¿Por qué habrían de hacerlo? Jamás en sus
más locas conjeturas adivinarían que sobre lo que habían estado bromeando, era
cierto.
—Está bien —mi hermano mayor me dio un fuerte abrazo—. Tenemos que irnos.
Trata de conservar a este, ¿lo harás, por favor?.
—Jonas...
—En serio, Jonas —Ted lo apartó para poder abrazarme—.No le prestes atención,
pero intenta conservar este, ¿lo harás?.
¿Problemas? ¿Yo?.
—Hola, Barney. Soy Ron —dije cuando contestó el teléfono—. ¿Cómo estás?.
—Bien. ¿Y tú?.
—Sí, bien —podía imaginarlo sentado frente a su escritorio, un machote rubio, con
sus anchos hombros encorvados y las mangas de la camisa enrolladas exponiendo
esos velludos antebrazos—. Escucha —dije, sacudiendo esa visión—. Un amigo mío
me dijo que un amigo suyo ha estado recibiendo amenazas de un idiota cuyo apellido
es Delaney. ¿Tendrás a alguien en los expedientes?.
—Bueno déjame encender mi fiel ordenador y veremos. Esto, mira hay algunos
Delaneys aquí. Un Tom, un Jack, un Justine y un William, aunque pequeños delitos.
Pequeños robos, fraudes, ese tipo de cosas.
—¿Nada de amenazas?.
—La gente no suele ser multado por amenazas, Ron. Primero, tienen que llevarlas
a cabo. Si el amigo de tu amigo se siente en peligro, debería denunciarlo.
Delane, Delaney, Delani, Delano... Delano... Rev. Jerry Delano. ¿Por qué me
sonaba familiar ese nombre? ¡Claro!, era ese idiota conservador que siempre
pontificaba acerca de que los homosexuales irían derechos al infierno. Encendí mí
ordenador y realicé una búsqueda rápida en Googlee. Y ahí estaba. El Reverendo
Jerry Delano, fiel defensor de encarcelar a todos los homosexuales y, en algunos
casos, ejecutarlos. Comparaba a los homosexuales con los vampiros, que se
beneficiaban de los inocentes del mundo.
Nos compara con los vampiros, pensé. Qué tal si Delano había querido hacer de
Jean-Claude un ejemplo, alguien que él creía que era gay, clavándole una estaca
como si fuera un vampiro. Sólo que él no sabía que Jean-Claude realmente era un de
estos y le había dicho a los matones que le clavaran una estaca. Claro que eso hubiera
sido suficiente para matar a un hombre ordinario. Pero, ¿por qué atacar a Jean-
Claude? ¿Dónde estaba la conexión ahí? Si es que había una conexión.
—No, quiero decir, estaría bien, pero tengo otra pregunta. El Reverendo Jerry
Delano. ¿Has oído algo de él?.
—Uh, sí, bueno, como te dije, nada con lo que podamos actuar. ¿Por qué
preguntas?.
Media hora más tarde, estaba frente a la puerta de Jean-Claude. Esperaba que no se
molestara porque llegara sin anunciar, pero esto era una emergencia. Él abrió casi tan
pronto llamé a la puerta. No estaba para nada sorprendido, se hizo a un lado y me
42
dejó entrar.
—No deberías abrir así la puerta a cualquiera —le dije con una reprobadora
mirada, después de que me besara para saludarme, haciendo que entrara en calor.
—Sabía que eras tú —dijo, besándome de nuevo. Llevaba una bata de cachemira
azul oscuro que se sentía malditamente sexy al toque.
—Sólo lo sabía.
—Te ves maravilloso —dije—. ¿Tú... esto... saliste después de que me fui esta
mañana?.
—¿Tienes café?.
—Ese mismo.
Él me dio una taza de humeante café, junto con una dura mirada en esos ojos azul
oscuro.
Asentí. —Dijiste que necesitábamos trazar un plan de acción con la mente clara y
este es el momento de hacerlo.
—¿Quieres que no haga nada respecto a que el hombre que amo fuera herido y casi
asesinado?. 43
—Sí, eso es exactamente lo que quiero que hagas.
Tan calmado como pude, llevé la taza de café al mostrador y lo atraje a mis brazos.
—Jean-Claude, por favor, no hagas eso. Sé que puedes, pero te ruego que no me dejes
afuera. Esto es demasiado importante; tú eres demasiado importante.
Él acarició mi garganta con sus labios, causando que me recorrieran grandes ondas
de placer. Apreté mis brazos alrededor de él.
—Está bien.
—Sí, pero está completamente dentro del clóset. Para hacer este cuento corto, lo
que el joven no sabía era que su padre había hecho que lo siguieran. No porque
sospechara que su hijo fuera gay, sino que pensaba que tenía algún amorío
clandestino con alguna mujer. Delano quería asegurarse de que su hijo no se
involucrara con ninguna mujer que él no aprobara. 44
—Cuando sus espías le informaron que Jerry Delano hijo, de hecho se había visto,
no con una mujer, si no con un hombre, el resultado era predecible. A menudo, deseo
tener los extraordinarios poderes de percepción de mi amigo Marcus. Él hubiera
sabido que algo no andaba bien. Sin embargo, yo aún tengo mucho que aprender; por
lo que, caminé directo a la trampa que me tendió Delano.
—Una noche que fui a reunirme con su hijo, él apareció con dos de sus matones.
Me llamó con todo tipo de nombres asquerosos que pudo encontrar en su asquerosa
alma, luego me lanzó encima a sus hombres. Por fortuna, estaba preparado para eso y
ellos no estaban preparados para mi fuerza sobrehumana. Los golpeé y escapé, el
sonido de la furia de Delano todavía retumba en mis oídos. Sabía que lo intentaría de
nuevo.
—Pero él no sabe que eres un vampiro. Sólo piensa que eres gay, ¿verdad?.
—Exacto.
—Sí, esa es su analogía. Los gays son como vampiros y deben morir como
vampiros. Por suerte para mí, sus hombres eran torpes.
—Pero no son diferentes. Ellos son lo que son. Tú estás aquí conmigo y te amo.
¿No es eso suficiente?.
—Más que suficiente —dije, regresándolo a mis brazos—. Pero, ¿qué crees que
sucederá si Delano descubre que sus hombres no terminaron el trabajo?.
—Pero ellos encajaron una estaca en tu pecho, Jean-Claude. ¿No crees que
encuentren difícil de creer que sobreviviste a eso?.
—La última cosa que sospecharían es lo que realmente soy. Se sorprenderán de que
haya sobrevivido, pero eso es todo.
—Mi amigo, Barney, el policía del que te hablé, dice que reciben quejas acerca de
Delano todo el tiempo.
Sus brazos rodearon mi cuello, sus piernas, mi cintura. Se deslizó del mostrador,
colgándose de mí, sus labios en los míos, mis manos en su trasero desnudo,
sujetándolo mientras lo llevaba a la habitación. Lo acosté sobre su espalda y continué
lamiéndolo como le había prometido. Me enterré entre sus muslos, enganchando sus
piernas sobre mis hombros, mi lengua explorando la apertura de su lugar más
sensible. Inhalé su olor a almizcle, probé su dulzura, saboreé la textura de su arrugada
piel, mi lengua abriéndose paso hacia su centro a sorbos. Él se contoneaba, sus
gemidos eran música para mis oídos, llenándome de deseo de brindarle sensaciones
que quizás nunca había experimentado. Mis manos acariciaban sus muslos, su cadera
delgada, su firme y musculoso torso. Su cuerpo se arqueaba en éxtasis bajo el ataque
de mi lengua, que se empujaba a su interior. Tomé su erección, dura como una roca, y
comencé a bombearla lentamente, amando los gemidos de placer que se escapaban de
sus labios. Dejé que mi lengua se deslizara a sus bolas, hacia la parte inferior de su
pene, tomando la sedosa humedad de la cabeza del mismo en mi boca, devorándola
completamente.
46
Él me rodeó con sus brazos, besándome con hambrienta pasión. Sus piernas
abrazando mi cintura, mientras yo guiaba mi ansioso pene dentro de sus
profundidades calientes. Sentí sus manos en mi culo, separando mis nalgas,
explorando mi agujero con un humedecido dedo y causando que mi cuerpo entero se
contrajera incontrolable cuando masajeó mi próstata. Mi orgasmo crecía dentro de mí,
pero luchaba por controlarlo. Quería que esta sensación durara, sentirme unido a él
por más de sólo unos cuantos minutos de placer. Sus labios en los míos era la mejor
experiencia de toda mi vida. El dulce fuego que encendían en mí, incrementaba mi
necesidad de satisfacerlo por completo. Nada me parecía más importante que
brindarle el máximo placer.
Sus brazos se apretaron alrededor de mí. Sus labios sellaban los míos con un largo
y embriagador beso, cuando su duro pene, presionado entre nuestros cuerpos,
repentinamente expulsó chorros de su caliente semen, cubriendo nuestros torsos con
su cremosa carga. Gemí cuando mi propio orgasmo tomó el control, mi cuerpo
tembló con la furia del éxtasis, mientras me corría dentro de él con una fuerza que
casi me dejó inconsciente.
Por largo rato, permanecimos en los brazos del otro, su cabeza sobre mi pecho,
permitiendo que nuestra respiración regresara a la normalidad. Cuando encontré que
podía hablar de nuevo, levanté su cara hacia la mía.
—No. Antes de dar un paso tan extremo, quiero que conozcas todas las
consecuencias. Por ahora, es suficiente con compartir nuestra sangre —colocó sus
labios en mi cuello—. Esto te dolerá un poco.
—Ahora —dijo—. Bebe de mí, Ron. Toma este regalo de vida que te doy con todo 47
mi amor.
Cubriendo su boca para que no pudiera ver sus colmillos, él mordió profundamente
su muñeca hasta que la sangre fluyó, entonces, con una sonrisa, llevó su muñeca a
mis labios. Mi lengua probó tentativamente la sangre. Sabía bien, pensé con sorpresa.
En realidad, no sabía qué esperaba. La única sangre que había probado antes era la
mía, cuando chupaba una herida hecha con una hoja de papel o algo así.
Coloqué mis labios sobre la herida que él se había infligido por mí. Lamí la sangre
que se derramaba con mi lengua. Era rica y dulce, y calentaba mi interior mientras
bajaba por mi garganta. Casi podía sentir cuando era absorbida por mis tejidos,
quemándome al entrar en mi ser, cambiándome y brindándome inmortalidad.
—Gracias —jadeé.
48
Capi
Capití ulo Cinco
Ahora que sabía que su hijo era gay, imaginé que podía encontrar la manera de
atravesar la barrera de matones que protegían a Delano. No me tomó mucho tiempo
descubrir que el hombre predicaba su letanía de intolerancia en la Iglesia de la Verdad
Perdurable en Pasadena, y siendo domingo en la mañana, ¿qué mejor manera de pasar
mi tiempo que escuchando un sermón sobre el fuego y azufre del infierno dirigido a
eliminar del mundo a los gays? Sabía que lo que planeaba enojaría realmente a Jean-
Claude, pero lo que no sabía no iba a matarlo, ¿verdad?.
Me pareció una buena idea vestir informalmente; así que, rebusqué en mi armario.
Ataviado con una camisa blanca, una corbata gris y pantalones negros, tomé mi fiel y 49
confiable Honda Civic y me dirigí a la iglesia de Pasadena.
Delano y su hijo se pararon al lado de las puertas abiertas mientras salíamos en fila
al brillante sol californiano. Estoy seguro de que todos estaban aliviados de ver que el
mundo no se había terminado, a pesar de las predicciones de Delano de que Dios nos
castigaría a todos por permitir que los homosexuales siguieran libres entre la gente
ordinaria, decente.
Evité al fanático de cabello blanco, le tendí mi mano al joven, quien la tomó entre
las dos suyas y pasó su dedo medio por mi palma. Sonrió y murmuró—: Diez
minutos..., espera por mí..., entrada lateral.
Eso fue fácil, pensé, moviéndome con cuidado, rodeé la esquina. No se veían los
hombres de mano dura, pero supuse que el Reverendo no los necesitaba mientras
estuviera rodeado por sus fieles feligreses. Exactamente diez minutos después, la
puerta lateral se abrió y Jerry me hizo señas para que entrara.
50
—Hola —dijo, respirando con dificultad. Me lanzó a sus brazos y me dio un beso
calcinante en la boca, que estaba ligeramente abierta por la sorpresa. No había
esperado que él fuera tan agresivo. Su lengua estuvo en el interior de mi boca y a
medio camino de mi garganta, en un instante.
—Tenemos que ser rápidos —dijo con voz rasposa—. Mi padre notará que me fui
y enviará a uno de sus matones a buscarme.
—Espera —murmuré—. No quiero que sea así. ¿Podemos vernos más tarde en otro
lugar?.
Estaba comenzando a sentir lástima por el pobre hijo de perra. Qué vida, seguido a
todas partes por espías, sin permitírsele que compartiera con sus amigos. Él cayó de
rodillas frente a mí y yo me congelé cuando oí una puerta abrirse detrás de nosotros.
—¡Jerry! ¿Qué carajo crees que estás haciendo? —un hombre alto de cabello
oscuro nos miró a través del cuarto—. ¡Tú! —me señaló con un dedo—. ¡Aléjate de
él!.
Jerry parecía estar pegado a ese lugar; así que, me incliné para ayudarlo a ponerse
de pie. Él lanzó sus brazos alrededor de mí. —¡Por favor! Ayúdame a salir de aquí,
por favor —sollozó—. Mi padre me matará cuando se entere.
—Detente —le dije. Intentó sujetar a Jerry y empujé su brazo, apartándolo. No soy
un héroe, pero estoy en buena forma y no iba a dejar que lastimara al chico.
—¿A dónde vamos? —me preguntó Jerry con la cara blanca por el miedo.
—Oh, Dios, ¿Qué he hecho? —gimió—. Seguro que va a matarme esta vez.
—No entiendes —gritó con los ojos llenos de lágrimas—. Él me golpeó la última
vez que hice esto —sacó la camisa de sus pantalones—. Mira.
—Oh, vamos, él no quiso decir eso. —pero conociendo de lo que Delano era capaz,
ya no estaba tan seguro de lo que acababa de decir. El hombre estaba loco. Lo que
intentó que sus matones hicieran a Jean-Claude era suficiente evidencia. Ahora, saber
que deliberadamente había golpeado y amenazado de muerte a su único hijo sólo
porque era gay, me dijo que el hombre tenía de ser detenido.
—Llamaré a la policía —dije, mirando por el espejo retrovisor. No parecía que nos
estuvieran siguiendo—. Tengo un amigo en el Departamento de Policía de Los
Ángeles. Él nos ayudará.
—No..., quiero decir, puede ser. Pero hay alguien aquí que quiero que ayudes. Su
vida está siendo amenazada.
—Jesús, Ron. ¿Cuánta gente que conoces está siendo amenazada ahora?.
Un fuerte suspiro fue seguido por—: Oh, está bien. Nos veremos en un rato.
Miré a Jerry, quien estaba sentado en el sofá, con Felicia frotándose contra él. Él la
tomó en sus brazos. Oí su ronroneo claramente a través del cuarto.
Traidora, pensé.
—Amo los gatos —dijo Jerry suavemente, besando las orejas de Felicia. Sus ojos
brillaban cuando me miró—. Gracias por ayudarme a salir de ahí.
—Mi amigo Barney estará aquí pronto —le dije—. Sólo dile todo por lo que has
pasado y muéstrale la evidencia; es decir, todos esos hematomas. ¿Por qué te hizo
eso?.
Jean-Claude.
—¿Y tu madre?.
—Ella lo dejó hace años. ¿Puedes culparla?.
Sí. Puedo culparla por dejar a su hijo con un maniaco; pero no dije nada, sólo
asentí.
—Entonces, él me dijo que iría tras el hombre al que había estado viendo. Dios
mío, Ron. Nosotros no habíamos hecho nada. Le pregunté si podía ir a mi casa
cuando mi papá estaba afuera. Nosotros sólo hablábamos. Él me dio un abrazo de
buenas noches. Era realmente agradable.
Lo sé, pensé.
Así que, él no sabía que su padre casi había asesinado a Jean-Claude. —Eso es
bueno —dije, carraspeando—. ¿Quieres un refresco o algo?.
—Sólo agua. Me gustaría algo fuerte, pero mejor no, con un policía viniendo a
hacer la ronda.
—Así que, Felicia te deja de nuevo por otro tipo, Ron —Barney se reía, mientras se
sentaba en el sofá al lado de Jerry. Él se veía enorme sentado en el sofá. Juro que
jamás había visto a alguien con hombros tan anchos como esos. Jerry parecía
fascinado por los brazos de Barney ¿o por su pecho? ¿o quizás por Barney en
general? Los ojos del chico estaban pegados a los movimientos de mi ex novio.
Escondí una sonrisita mientras me dirigía a la cocina por el vaso de agua.
—No, estoy bien —estudió la cara de Jerry por un momento, entonces carraspeó
ruidosamente—. Así que, Ron dice que estás siendo amenazado.
—Por su padre, el Reverendo Jerry Delano —grité desde la cocina—. Muéstrale los
hematomas, Jerry.
—¿Tu padre te hizo esto? —la voz de Barney estaba extrañamente gruesa.
Me sentía como que estaba de más. Esa era una situación que no había previsto.
¡Estos chicos se estaban enamorando justo frente mis ojos!.
Jean-Claude. Oh, vaya. ¿Cómo le voy explicar a él esto, o hablarles a ellos sobre
él? ¡Dios!.
—Esto, ¿Barney?. 54
Él se giró y me miró como si hubiera olvidado de que yo estaba en el cuarto.
Entonces, su mirada pareció enfocarse de nuevo. —Oh, cierto. Esto, ponte la camisa,
Jerry y dime todo lo que te ha sucedido. Quiero tomar algunas notas.
Por largo rato, Jerry estuvo sentado, contestando tranquilamente las preguntas de
Barney. Parecía que el viejo Delano había sospechado que su hijo era un homo desde
hacía algún tiempo.
—Él vociferaba que los homosexuales eran una plaga para la tierra —dijo Jerry—,
mirándome a mí, todo el tiempo. Una vez, me armé de valor para argumentar el
asunto y él entró en una diatriba que le tomó días terminar.
—Bueno, solía darme un golpe o dos, pero después de que mi mamá se marchara,
volcó toda su ira en mí. Me culpaba por su abandono.
Barney levantó la vista de sus notas y miró a Jerry con gentil compasión en su
mirada. —¿Cuál fue la razón de esta última paliza?.
—Él descubrió que tenía una cita con un chico. Me encerró en mi cuarto, entonces
fue con sus matones al lugar en el que me encontraría con él. Dijo que ellos le darían
una paliza al marica, pero cuando regresaron a casa, capté que las cosas no salieron
del todo bien. El chico había logrado huir, por lo que papa y Brett, el peor de sus
matones, me golpearon a mí en su lugar.
Jerry hizo una mueca. —Él me tiene sin cuidado, no importa lo que me aseguren.
De ninguna manera, regresaré. No se preocupen, encontraré dónde quedarme.
—¿Qué?.
Noté divertido, que la cara de Barney había adquirido un tono rojizo. —Esto, de
esa manera, puedo brindarte... esto... protección si alguno de los matones de tu
padre... esto... tratan de hacer algo.
—Eso me parece una gran idea —dije con entusiasmo—. ¿Por qué no pensé en
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eso? ¿Qué piensas, Jerry?.
Por el brillo en sus ojos, podía decir que el joven Jerry pensaba que era una
extraordinaria idea. Suspiré. ¿Quién iba a decir que podía jugar al casamentero?.
Él contestó.
—Jean-Claude.
—Hola, Ron. Pensé que serías tú —su sexy acento en mi oído, me excitó.
¿Cómo lo había sabido? —¿Lo tengo? Espera, creo que dijiste que no podías leer
los pensamientos.
Su baja risa hizo que las puntas de mis pies se curvaran. —¿Quieres venir y
contarme acerca de tu día?.
Cantaba suavemente una feliz y animada tonada, mientras el agua caliente caía
sobre mí. No escuché cuando abrieron con una palanqueta la puerta del frente, ni vi la
sombra de los dos hombres cuando entraron en mi baño. Aullé asustado cuando la
cortina de la ducha fue sorpresivamente echada al lado y fui sacado a la fuerza de la
ducha. Un golpe en mi estómago hizo que me doblara de dolor.
—Esto es por lo de antes —gruñó una voz, entonces algo golpeó mi cabeza y el 56
mundo desapareció.
Capi
Capití ulo Seis
Escuché un arrastrar de pie al otro lado de la puerta y entonces una voz. —Aléjate
de la puerta. 57
Me alejé. El tipo alto que me golpeó en el estómago se detuvo en el marco con una
expresión desdeñosa en la cara y una pistola en la mano. Qué lástima que el tipo fuera
un imbécil, era lindo. Sus ojos brillaban mientras me miraba.
—Sabía que me resultabas familiar —dije—. Qué malo que no somos más
exigentes sobre a quienes servimos.
Flexioné los músculos de mi pecho. —Me deseas, ¿no es así? —lo provoqué—.
Puedo verlo a través de esa expresión de disgusto, ¿sabes?.
—¿Bien?.
—Sí, llamé a la policía después de que me mostró lo que le habías hecho —no 58
pude evitar sonreír ante la cara horrorizada de Delano—. Él está haciendo una
declaración acerca de la paliza que le disteis tú y Largo6 aquí, usando una manopla de
hierro.
—Llama a Bob Sanders, ahora, Brett —dijo Delano, tensando los labios—.
Traeremos a Jerry a casa y entonces nos aseguraremos de que no vuelva a hacer una
maniobra como esta.
—¿Qué?, ¿lo vas a golpear aún más? —dije con ira, viendo a Largo/Brett tomar el
teléfono y hablar con urgencia—. ¿Tu propio hijo? Creo que incluso tu grey de
imbéciles seguidores encontraría eso demasiado excesivo. ¿Cómo se vería eso en los
periódicos y la televisión? En las noticias de las diez, “Predicador Evangélico abusa
de su hijo gay”.
—Oh, ¿sí? Creo que la policía te verá como el cerdo hipócrita que eres, cuando le
diga que la otra noche tú atacaste y casi asesinaste a un amigo mío.
5
Decorador de interiores de un programa televisivo.
6
Personaje de la Familia Addams, programa televisivo
—Suficiente para enviarte a la cárcel. Lo encontré malherido, cerca de mi
restaurante. Él iba a verme, cuando tus matones le clavaron una estaca en el pecho.
Sólo que él es más duro de lo que piensas. Sobrevivió y está listo para dar su
declaración a los policías, tan pronto salga del hospital —disfruté al ver la cara de
Delano cuando le conté este exageradísimo cuento. Jean-Claude se sorprendería al
saber que estaba en el hospital, esperando hablar con la policía.
Delano dio una iracunda mirada rápida al matón Brett, quien seguía al teléfono,
supuse que con el abogado de Delano.
—Sí —dije satisfecho—. Brett falló. Dejó con vida un testigo que oyó que
mencionaban tu nombre en conexión con el ataque.
Brett me sujetó y me golpeó en la espalda tan fuerte que caí de rodillas. Entonces,
me levantó para que me pusiera de pie y me sacó a empujones del cuarto, su pistola
presionando mis costillas. Justo antes de que la puerta se cerrara, escuché que Delano
decía—: Oh, sólo alguien divirtiéndose.
—No podéis mantenerme aquí para siempre, lo sabes —dije—. Estáis en un gran
problema. La policía llegará de un momento a otro.
Maldición. ¿Qué diablos iba a hacer? Claro que la policía no iba a llegar. Lo más
probable era que Barney y Jerry estuvieran besuqueándose en el sillón del
apartamento del policía, desconociendo totalmente mi situación, y Jean-Claude se
estaría preguntando por qué diablos no llegaba. El abogado de Delano podría estar
llamando a la comisaría de policía y preguntando si alguien llamado Jerry Delano
había hecho algún tipo de declaración.
Cuando Delano descubriera que no, él vendrá a darme una paliza, hasta que le
dijera dónde estaba Jerry realmente. Hmm, es tiempo de un plan serio de escape. Pero
¿cuál?.
Giré la cabeza hacia la ventana cuando escuché que tocaban el vidrio. Me apresuré
hacia ella, y levanté la cortina.
—Confía en mí, Ron —dijo, tendiéndome los brazos abiertos—. Sal a través de la
ventana y sostente de mí. Yo me encargo de tu seguridad.
—Pero...
—Está bien —salí a través de la ventana, buscando lo que tenía que ser una
escalera muy alta sobre la que él estuviera. Pedro ahí no había escalera. ¿En dónde
carajo estaba parado?.
Sí, pero repitiendo las palabras de Lois Lane7, ¿Quién te tiene a ti?.
Cerré los ojos, esperando caer a la tierra en cualquier segundo, pero entonces sentí
que subíamos. Abrí los ojos. Nosotros estábamos subiendo. ¡Nosotros estábamos
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volando! Cielos, ¡qué emocionante!.
—Una aguda observación —dijo con una risa seca. Lo abracé con más fuerza,
presionando la cara en su cuello, con los ojos a punto de salírseme mientras
planeábamos sobre la mansión de Delano—. Tengo algo que hacer antes de irnos —
dijo, cuando nuestros pies tocaron el suelo del balcón de la oficina del hombre.
Delano gritó de terror, y después aún más fuerte, cuando Jean-Claude se aproximó
a él. Arrastrándolo sobre el escritorio, Jean-Claude alzó a Delano en el aire como si
pesara lo que un niño de tres años.
En mis más locos pensamientos, jamás hubiera podido conjurar una visión de Jean-
Claude como la que veía en esos momentos. Justo frente a mis ojos, mi gentil amante
se había transformado en un monstruo que sostenía a Delano con un mortal agarre,
sus colmillos afilados a sólo pocos centímetros de la yugular de Delano.
Aún temblando por la escena que había presenciado, lo dejé guiarme al balcón.
Con una sonrisa gentil, rodeó mi cuerpo con sus brazos y me aferré a él cuando
remontó el vuelo en el frío cielo nocturno.
61
—Te debo una disculpa por dejar que vieras mi lado oscuro —dijo suavemente—.
Tengo más poderes de los que he dejado que sepas.
Lo apreté contra mí. —Creo que valió la pena sólo por ver a Delano así. Por
cierto... —de repente, tuve un repentino pensamiento—. ¿Cómo lograste entrar a la
oficina de Delano? Pensé que habías dicho que necesitabas ser invitado.
—Ya había sido invitado a la casa de Delano. El joven Jerry me invitó durante
nuestro primer encuentro.
—Oh, cierto —asentí, entonces hice un gesto de dolor cuando sus manos tocaron el
lugar en donde Brett me había golpeado.
—Te lastimaron.
—No es nada que no puedas arreglar.
Lo seguí a la sala, donde una bola de pelo blanco estaba acostada, cómodamente
como en el hogar, en su sofá. —Felicia, ¿cómo...?
—Cuando no llegaste después de que dijiste que venías para acá —explicó—, fui a
tu apartamento y descubrí que habías sido secuestrado. Había signos de lucha,
charcos de agua en el suelo y la pobre Felicia estaba aterrorizada. La calmé y la traje
aquí.
—Gracias. Pero, ¿cómo sabías en dónde estaba? Pensé que dijiste que no leías los
pensamientos.
—Tu mente estaba llena de eso cuando te buscaba —me besó con ternura—. ¿Qué
voy a hacer contigo? —murmuró contra mis labios.
Hubiera estado feliz con sólo sostenerlo por toda la eternidad, mis brazos alrededor
de él, mis manos acariciando la sedosa piel que cubría su flexible y ágil cuerpo. Cada
parte de mí, gritaba de deseo por él. Él era todo lo que quería y más. Y lo mejor era,
que sentía que todas las sensaciones que él creaba en mí, también se manifestaban en
él. No quería nada más; bueno, quizás un poco más.
Que esto jamás termine, pensé. Que este momento dure para siempre. Que nada se
interponga entre esta fusión de nuestros cuerpos, mentes y espíritus. Gemía y me
empujaba duro contra él, presionando mi trasero contra su entrepierna, tratando de
tomar cada centímetro de su largo y duro miembro.
—Oh, Dios —murmuré, colapsando contra él, mientras él cubría con sus dulces,
dulces besos, mi cuello y mi cara, —. Creo que acabo de ver el cielo.
Permanecimos un rato aún unidos, felices de estar de esa manera, dejando que el
agua caliente de la ducha cayera como una cascada suavemente sobre nosotros.
Después de todo, no teníamos prisa. Lo que sea que fuera a suceder, bueno, malo o
simplemente indiferente, podía esperar.
Epí
Epíiílogo
Les alegrará saber que esta historia tiene un final feliz; en realidad, dos finales
felices, como verán.
—No olvides ver las noticias de esta noche —dijo con un tono de alivio—. Los
medios se enteraron. No puedo imaginarme cómo...
Me reí. —Sí, ¿no es eso asombroso?. Por cierto, ¿cómo estáis Jerry y tú?.
—Aw, él es genial, Ron. Sé que es una locura, la manera en que nos conocimos y 64
todo eso, pero no puedo decirte lo conectados que nos sentimos en tan poco tiempo.
No creía que fuera posible sentirse tan..., tan...
—Bien. Supongo que es eso. Estoy enamorado de él, Ron. Realmente enamorado
de él. Loco, ¿no?.
—Está bien, Barney —lo interrumpí al sentir que me iba a dar demasiada
información—. Dile eso a él, no a mí. Te hablaré pronto. Adiós —colgué el teléfono
y le sonreí a Felicia, quien se hallaba al otro lado del cuarto—. Tu tío Barney
enloqueció —le dije y ella ronroneó feliz.
Habría obstáculos que superar, por supuesto, como la aversión a la luz del día de
Jean-Claude y su necesidad de sangre humana, pero estaba seguro de que lo
lograríamos. Después de todo, él no era el único vampiro alrededor. Los Ángeles
tiene una comunidad grande de chupasangres; sin contar a la gente como Delano y su
grupo.
—Lo que se siente incluso mejor es que tú estás aquí, conmigo —dijo, llevando mi
mano a sus labios. Me miró con esos ojos azul oscuro y me estremecí como siempre
que me miraba de esa manera.
—¿Qué? —murmuré.
—Tenemos compañía.
—Lo sé.
La puerta se abrió y gemí cuando vi a los dos hombres, lado a lado, en el marco de
la puerta.
Uno era alto, con ojos tan verdes como esmeraldas y cabello oscuro rizado,
enmarcando su cara que podía causar envidia en muchas estrellas masculinas de
Hollywood. El otro era más bajo, rubio, con cara dulce y sonriente. No, ellos no
llevaban capas forradas de rojo ni nada por estilo; de hecho vestían casualmente
pantalones vaqueros y camisetas, pero supe de inmediato lo que ellos eran.
—Marcus —dijo Jean-Claude, abrazando a su amigo— y Roger. No nos habíamos
visto, pero siento que ya te conozco —se giró hacia mí—. Él es Ron. Mi amante.
Durante largo rato, los miré como un tonto; de repente terriblemente consciente de
que era el único mortal en el cuarto, solo con tres vampiros. Tres muy atractivos y
amistosos vampiros, por supuesto; pero sólo por un momento, me sentí inseguro.
Roger dio un paso hacia mí con una gran sonrisa en su linda cara. —No estés
nervioso. ¡No mordemos!.
Me reí, sintiéndome tonto, y estreché la mano que me ofrecía. —Lo siento, creo
que tardaré un poco en acostumbrarme.
—Sí, pero aún en crecimiento. Este tipo grande —tomó la mano de Marcus y le
sonrió—, está siendo el Señor Paciencia, mientras hago un lío de las cosas.
—Jean-Claude —dijo con una profunda y melodiosa voz que tenía un tono ronco,
tan sexy que imaginaba había seducido a hombres y mujeres durante años—, tu
amante tiene muchas preguntas para ti; algunas que sólo tú puedes contestar —atrajo
a Roger a su lado y besó la parte superior de su cabeza.
Roger se rió. —Es cierto, pero una cosa que nunca has sido ni serás, Marcus, es
aburrido. ¿Cómo podría aburrirme escuchando todas esas grandes historias?. Y, en
caso de que no lo hayas notado, mi cambio no ha logrado que deje de cuestionar todo.
Y así fue como imaginé que sería nuestro futuro juntos, el de mi amante vampiro y
yo. Visualicé una vida en la que podríamos permanecer juntos bajo la luz de la luna, y
después hacer el amor en la fresca y limpia hierba, Jean-Claude me hablaría de la vida
que había vivido y la vida que veía para nosotros. ¿Quién podía pedir más?.
FIN
Acerca el autor
J.P. Bowie nació en Escocia y viajó por los teatros británicos en numerosos
musicales, incluida la compañía de Stephen Sondheim.
Emigró a los Estados Unidos y trabajó en Las Vegas, Nevada, para los magos
Siegfried y Roy como la encargada del vestuario del hotel Mirage. En la actualidad,
vive en Henderson, Nevada.
Email: jpbowie@[Link]
Coordinación de Proyecto
ZICARUTH
Traducción
TRADUCTORES TH 68
Corrección
ISOLDE
Formato y Diseño
PERVERSA
Portada
TH
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TRADUCCIONES HOMOEROTICAS 2012
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