Guía de Adviento y Navidad 2015
Guía de Adviento y Navidad 2015
DICIEMBRE
2015
“BUSQUEN PRIMERO EL
REINO DE DIOS Y SU
JUSTICIA”
Contenido
Presentación……………………………………………………………………... 2
¿Qué es el Adviento?............................................................................................. 3
La corona de Adviento………………………………………………………….. 4
Adviento, camino de conversión ……………………………………………….. 5
Adviento, tiempo y ocasión de testimonio……………………………………… 9
Adviento, puerta de la Navidad…………………………………………………. 13
Navidad, anuncio gozoso del nacimiento del Salvador…………………………. 16
Navidad, fiesta de la familia…………………………………………………….. 20
Jesús de Navidad, es el Evangelio de la Alegría………………………………… 24
El Bautismo, Sacramento de la Fe………………………………………………. 28
UN DIA CON JESÚS (se propone como retiro) ..…………………………….... 33
La Eucaristía…………………………………………………………………….. 33
LAS PARTES DE LA MISA…………………………………………………… 38
Eucaristía don de alabanza……………………………………………………… 44
El amor en familia: conocer…………………………………………………….. 47
El enamoramiento………………………………………………………………. 51
Valor del compañerismo………………………………………………………... 56
Oraciones de Adviento…………………………………………………………. 57
Bendición del pesebre………………………………………………………… 57
Bendición de la corona de Adviento………………………………………….... 62
Oraciones al Espíritu Santo…………………………………………………….. 63
El Adviento con María…………………………………………………………. 65
Meditaciones para completar las posadas……………………………………….66
Visita a los enfermos…………………………………………………………….75
Citas Bíblicas para la visita a hogares ………………………………………… 76
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Presentación
Este manual-folleto que se presenta a continuación tiene como objetivo, servir como herramienta de
apoyo a la pastoral que se realiza en el mes de Diciembre, más específico para el tiempo de Adviento y de
Navidad.
En él encontraran una serie de temas que se proponen para los tiempos litúrgicos ya mencionados, como
también otros temas que serán de mucha ayuda para trabajar en las comunidades cristianas con las cuales
se compartirán. De igual forma hay en el contenido de este folleto distintas oraciones que serán de
utilidad para compartir ese don precioso de la oración con las familias con las cuales conviviremos, como
también con toda la comunidad cristiana.
Hay oraciones para el tiempo de Adviento, para la Navidad, como también para la invocación al Espíritu
Santo, al igual que encontraremos oraciones para la bendición de la corana de Adviento y del pesebre,
hallaremos oraciones para la visita de enfermos, con sus respectivas citas bíblicas para compartir la
palabra de Dios con ellos.
De entre todos los temas que encontraremos, hay uno que se propone como retiro, para tener una rica
experiencia con toda la comunidad o con algún grupo en especial, descubriremos dos o tres temas para
trabajar con los jóvenes y para niños.
Nos toparemos con oraciones para los tiempos de Adviento y de Navidad, como también oraciones para
la invocación del Espíritu Santo, como también unos temas de complemento para las posadas, al igual que
citas bíblicas para la visita de hogares.
Confiado en la providencia del Señor, espero que este material sea de mucha ayuda para compartir la
experiencia de fe con las comunidades cristianas, que la Virgen María nos proteja con su manto maternal,
y que Dios nos derrame abundantes bendiciones.
Les aclaro que el contenido de este folleto es una recopilación que he realizado, tomando de diferentes
partes los respectivos temas y oraciones que aquí se encuentran. Entre esos lugares tome unos temas de
varios libros tanto físicos como digitales, que se encuentran en el internet.
Recopilado por:
Francisco Hernández.
Mario Varela
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¿Qué es el Adviento?
El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo más próximo al 30 de noviembre y
termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la
Navidad y la Epifanía.
El término "Adviento" viene del latín adventus, que significa venida, llegada. El color usado en la liturgia
de la Iglesia durante este tiempo es el morado. Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico en la
Iglesia,
Primera Parte
Desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida
del Señor al final de los tiempos;
Segunda Parte
Las lecturas bíblicas de este tiempo de Adviento están tomadas sobre todo del profeta Isaías (primera
lectura), también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del
Mesías. Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesias ofrece a los
fieles para preparar la venida del Señor Jesús
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La Corona de Adviento
La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas
durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el
invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de
sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:
La forma circular
El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y
también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.
Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y
la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una
unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.
Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios.
Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que
iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que
encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro
mundo.
Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos
de adviento al hacer la oración en familia.
Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que
trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.
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Adviento, camino de conversión
El Adviento es un tiempo de actividad, es un tiempo dinámico, porque no es una esperanza pasiva, es una
esperanza comprometida y comprometedora. Adviento, quiere decir «advenimiento», pero con el sentido
de camino hacia la venida. «Ad – viento» quiere decir «hacia la venida»: nos encaminados, estamos en
camino, hacemos el camino y por eso, haciendo el camino nos preparamos, estamos activos.
Al principio del cristianismo, este término Adviento se refería a la última venida del Señor al final de los
tiempos, en el juicio final, en la consumación final de la historia, como Rey para juzgar a vivos y
muertos. Es la venida de Cristo a tomar la decisión final sobre la historia. Esa venida en un término
técnico se llama la «Parusía».
Pero al fijar la Iglesia, las fiestas de Navidad y la Epifanía se relacionó esta palabra «adviento» también
con la venida de Jesús en la humildad de la carne por la Encarnación en la Navidad.
Entonces estamos ante dos venidas de Cristo: esta venida en la Encarnación, en la Navidad, su nacimiento
en nuestra historia terrena y la venida definitiva al final de los tiempos. Estas dos venidas, la de Belén y
la última venida hacia la cual nos encaminamos en el final de los tiempos, se consideran como una única,
desdoblada en dos etapas. Esta doble dimensión de espera, caracteriza todo el Adviento y con el
Adviento comienza el Año Litúrgico. El pueblo de Israel esperó durante toda su historia, la venida del
Emmanuel, Dios con nosotros. Y llegado el momento culminante, «Dios envió a su Hijo, nacido de
Mujer» (Gál. 4, 4). Es el nacimiento del Hijo de Dios en nuestra historia terrenal. Pero, al final, El vendrá
con gloria y majestad. La venida de Cristo es anunciada por lo profetas, señalada por el Bautista, que es el
Precursor y realizada por la Virgen. Son tres son las figuras que sobresalen en esta etapa de preparación
de la venida del señor en la navidad: Isaías, Juan Bautista y María.
Isaías se destaca con su anuncio, animando la esperanza de ese pueblo que ansía, que anhela, que busca,
porque necesita la Salvación de Dios, que se cumpla la Promesa. Isaías es el profeta del Emmanuel. Juan
Bautista se destaca porque resume toda la voz profética del Antiguo Testamento y se convierte en el que
señala al mundo al Mesías (cfr. Jn. 1, 36). Y sobresale, sobre todo, María, en quien se realiza el misterio
insondable de la Encarnación.
Durante el Adviento, tiempo de esperanza, tiempo de preparación, tiempo de conversión, tiempo de
vigilancia, se lee mucha palabra de Isaías. Los domingos, por ejemplo, segundo y tercero de Adviento, se
centran en la persona del Bautista y al final se centra en la persona de María.
Isaías, el profeta del Emmanuel, anuncia que cambiará la situación cuando nazca ese descendiente de
David. Esa situación de tinieblas, de angustia, de oscuridad, de tinieblas, de miseria, de muerte, la
cambiará ese Niño que nace, cambiará, transformará la historia: «El pueblo que habitaba en tinieblas ha
visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido» (Mt. 4,
16; cfr. Is. 11,19; 60, 1-7). Pero no por arte de magia, por supuesto. La transformación se dará siempre y
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cuando ese pueblo se vuelva, se convierta y reconozca. Para eso tiene que estar preparado, tiene que
vigilar.
Juan Bautista aparecerá en el segundo y el tercer domingo de Adviento y aparece para anunciarnos en
donde está el Mesías y quien es. El precursor exigirá conversión para poder acceder a la transformación
que trae el salvador: «Y todos verán la salvación de Dios. Decía, pues, a la gente que acudía para que les
bautizara: "Raza de víboras, ¿quién les ha enseñado a huir de la ira inminente? Den, pues, frutos dignos
de Conversión y no anden diciendo en su interior: "Tenemos por padre a Abrahán"; porque les digo que
puede Dios de estas piedras dar hijos a Abrahán. Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo
árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego". La gente le preguntaba: "Pues ¿qué debemos
hacer?" Y él les respondía: "El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga
para comer, que haga lo mismo". Vinieron también publicanos a bautizarse, que le dijeron: "Maestro,
¿qué debemos hacer?" Él les dijo: "No exijan más de lo que les está fijado". Preguntáronle también unos
soldados: "Y nosotros ¿qué debemos hacer?" Él les dijo: "No hagan extorsión a nadie, no hagan
denuncias falsas y conténtense con su sueldo"» (cfr. Lc. 2, 614).
Y, al final del Adviento, con María Santísima, la primera creyente del Nuevo Testamento, se hace la
acogida del Hijo de Dios. El final del Adviento desemboca en la Navidad y María vivió intensamente,
durante los nueve meses de gestación de Jesús, ese misterio insondable de «Dios con nosotros». Nosotros
nos preparamos para celebrar esa misma experiencia. Y esta preparación nos pide estar dispuestos, esta
preparación nos pide tener en cuenta las actitudes que disponen el corazón, que disponen la mente, que
nos disponen a nosotros como personas. Y que disponen a la comunidad para llegar realmente a celebrar
el acontecimiento del Dios con nosotros. Hemos insistido mucho, desde el principio de esta preparación
catequética sobre el Adviento, para que lleguemos bien convencidos, para que lleguemos a esta
experiencia de fe que vamos a celebrar en la Navidad. Queremos que lo que tradicionalmente hacemos,
cuando exteriormente expresamos la característica especial de este tiempo (alegría, luces, adornos) tenga
sentido en la medida en que con eso se quiere expresar que estamos convencidos de lo que produce en la
vida esa venida del Hijo de Dios.
El tiempo del Adviento tiene un doble carácter: Es el tiempo de preparación a las solemnidades de
Navidad en las que se renueva la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, pero al mismo tiempo,
el Adviento es el tiempo en el cual, mediante ese memorial de la Navidad, mediante ese recuerdo de esa
primera venida del Señor, las mentes se dirigen a esa expectativa de la segunda venida de Cristo, al final
de los tiempos. El que vino, volverá. Mientras tanto, nos corresponde a nosotros realizar una tarea. Él se
fue como el dueño de la Viña que se fue de viaje y encomendó su viña a unos labradores (cfr. Mt. 21, 33-
45). ¿Qué hacen los labradores con esa viña? De eso tienen que darle cuenta los labradores al dueño
cuando El vuelva. Nosotros estamos esperando y mientras tanto vivimos y en este lapso, desde esta espera
del presente hasta esa venida definitiva, allí se coloca el compromiso de nuestra vida. Y allí es donde se
verifica la autenticidad de nuestra fe y allí es donde nos decimos de qué manera nos preparamos y si vale
o no vale la pena esta experiencia que estamos viviendo. La llegada del Señor, nos pide unas actitudes,
quiere encontrarnos dispuestos en un ambiente de acogida para que suceda en nosotros ese misterio de
«Dios con nosotros». El Adviento es un tiempo de conversión. Por eso, en esta preparación que estamos
haciendo de Adviento para la Navidad, nos sentimos llamados a convertirnos y el primer paso es
reconocer que somos pecadores, que fallamos, que nos equivocamos, que hemos hecho daño, que estamos
provocando angustia. Pero eso lo reconocemos si examinamos nuestra vida. A nuestro alrededor no todo
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es luz; hay muchas sombras. Sombras en nosotros mismos, sombras a nuestro alrededor, como personas,
como familia, como comunidad. No podemos estar satisfechos del todo de lo que hacemos porque hay
muchas cosas que es necesario suspender, dejar de hacer, cambiarlas porque no están derechas.
Necesitamos conversión.
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preocupan y que queremos hacer a cada rato? ¿Dios ocupa un lugar en ese proceso de cambio, en ese
proceso de transformación?
El Adviento es tiempo de Conversión. Por consiguiente, si queremos entrar en este proceso vamos
optando por el cambio, por el cambio no de estructuras, no de sistemas sino de mentalidad; se trata del
cambio de comportamiento, del cambio de actitud.
En el Adviento, tiempo de conversión, escuchamos el llamamiento de los profetas, especialmente de
Isaías a buscar al Señor: «Busquen a Yahvé mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cercano.
Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Yahvé, que tendrá compasión
de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar.
Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos - oráculo
de Yahvé -. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis
pensamientos a los vuestros. Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino
que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para
comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya realizado
lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié» (Is. 55, 6-11).
Palabra de Dios es eficaz, actúa, pero no de manera automática, ni por arte de magia; actúa si encuentra el
ambiente, el escenario, como una semilla que encuentra un terreno bien dispuesto y entonces produce un
fruto y un fruto abundante.
¿Qué significa conversión? Significa «cambio de vida». Es un cambio de conducta, no tanto un cambio de
ideas. Es tránsito de una situación vieja a una situación nueva. Convertirse no es simplemente arrepentirse
de los pecados; ése es un paso, ése es el comienzo. Convertirse es transformar la vida en su totalidad, pero
transformarla a partir del Evangelio. Por eso la confrontación es con el Evangelio. El criterio para
examinar la vida y saber qué es lo que tiene que cambiar es el Evangelio. ¿Qué es lo que quiere Dios de
mí? ¿Qué es lo quiere de mi familia? ¿Qué es lo quiere de mi sector? ¿Qué es lo que Dios está buscando
de nuestra Iglesia Particular, de nuestra parroquia, de la Iglesia Universal? ¿Qué espera Dios de la
sociedad, de nuestra Patria? ¿Qué quiere de mí para esa Patria, para esa Iglesia a las cuales pertenezco?
Conversión es el acto de fe total, sencillamente, el acto de fe mediante el cual una persona reconoce a
Jesucristo como Señor de su vida o acoge el Reino de Dios como respuesta. Por tanto, la Conversión es
un paso de la no-fe a la fe que incluye el salto de la no-justicia a la justicia. Por medio de la conversión, el
pecador se vuelve a Dios, el increyente alcanza la fe, la Iglesia intenta transformar el mundo en Reino de
Dios.
Terminemos diciendo que la conversión es, al mismo tiempo, un don del Espíritu y una tarea humana.
Entremos en este tiempo de conversión y con toda seguridad aprovecharemos la gracia hacia la cual nos
conduce el Adviento
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Adviento, tiempo y ocasión de testimonio
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El Adviento nos está educando, nos está dando pautas, nos está orientando. Somos un pueblo que
avanza buscando, pero con una seguridad bien fundamentada. Así, pues, ya que estamos esperando la
venida de Cristo, en este tiempo del Adviento reconozcamos que estamos necesitados de la misericordia
del Padre para poder rechazar la maldad del pecado y para testimoniar una vida nueva. Pues para eso
queremos el encuentro con Dios, para pregonarlo, para anunciarlo, para relatarlo, para contarlo, para
poder decirles a los demás: «Hemos encontrado...» (Jn. 1, 41.45).
En efecto, ésa era la gran experiencia que compartían los que eran llamados. «Ustedes que buscan?» (Jn.
1, 38a) les dijo a los discípulos. A la pregunta «Maestro, ¿dónde vives?» (Jn. 1, 38b), El les respondió:
«Vengan y Vean» (Jn. 1, 39) y les permitió encontrarlo.
Y luego, cuando ellos se encontraban en su camino a otros, les decían «Hemos encontrado. . .» (Jn. 1,
41.45). Es decir, se hacían testigos.
Con humildad y sinceridad reconocemos que, a veces, nuestro comportamiento no es coherente, porque,
llamándonos cristianos, actuamos en nuestra vida diaria como si fuéramos paganos, de espaldas al
Evangelio. Es decir nos falta testimonio. Somos insolidarios con los marginados, con los enfermos, con
las personas que nos necesitan, indolentes, pasamos como extranjeros al dolor de los demás. Es decir, nos
falta testimonio.
Por nuestra dejadez para revisar nuestro compromiso, por nuestro comportamiento no evangélico,
siempre dando disculpas, siempre justificándonos, sin convertirnos de verdad, no damos testimonio, no
somos testigos. En estas circunstancias, no estamos en Adviento porque no podemos llegar a la
experiencia del encuentro si no estamos en el camino de la búsqueda.
El Adviento, para que podamos llegar al testimonio, es un tiempo de conversión y es un tiempo de revisar
la vida. Hemos querido, desde que iniciamos este camino del Adviento, ir señalando las rutas desde la
Palabra de Dios para que aprovechemos este tiempo de gracia, porque el favor de Dios, su presencia, su
oferta, siempre es una oportunidad. A nosotros nos corresponde decirle que sí o decirle que no.
Esperamos que Dios, el Padre, que es rico en misericordia, no permita que la falta de esperanza paralice
nuestra vida de fe y nuestro compromiso de caridad. Que nos guíe al encuentro con su Hijo Jesucristo
para que nosotros de nuevo podamos participar en las tareas de su Reino. Jesucristo es la piedra angular;
en El hay seguridad. No podemos nosotros temer si la edificación de nuestro proyecto de vida, de nuestro
proyecto de familia, de nuestro proyecto de sociedad, la hacemos sobre esa piedra, porque en Jesucristo
hay seguridad. En nosotros, hay angustia, hay desconfianza, hay miedos, hay muchos miedos, pero en El
hay seguridad: «Todo lo puedo en Aquél que me conforta» (Flp. 4, 13).
Esta piedra ha sido modelada por el viento y por el agua a lo largo del tiempo, pero en esencia permanece
inconmovible porque «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre». Cristo es la piedra verdadera. Cristo
es la piedra angular, la única que es y permanece inalterable. Por eso en El hay seguridad y en El, el
testimonio es sólo, es cierto, es seguro.
Sobre esta piedra nosotros queremos construir una fe sólida, una fe fuerte y que sea tan sólida y que sea
tan fuerte que fundamente, que cimente nuestra vida cristiana. Y queremos sobre esa pedra construir una
comunidad que se distinga más por sus hechos que por sus palabras. Los hechos verifican la autenticidad
de las palabras. Los hechos están transmitiendo la certeza de la fe.
Seremos testigos de los hechos pero sólo si construimos sobre la piedra angular: allí hay veracidad, allí
hay verdad, allí hay seguridad, allí hay firmeza. En esta Piedra, símbolo de Cristo, ponemos nuestros
anhelos, queremos que perdure nuestra fe a lo largo de los años.
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Nosotros queremos que nuestra vida se modele, se construya en el amor y en la justicia, que no
tropecemos en ella por nuestras ansías de poder o de riquezas, que un día se haga realidad en sus
cimientos el Reino de Dios. Por eso tenemos seguridad si ponemos en el Señor nuestra esperanza. Para
que el mundo pueda sonreír, tener esperanza, vivir alegre, necesitamos testimonio. El testimonio de la
presencia de Dios, el testimonio de la verdad y la justicia. Necesitamos testigos.
El Adviento es tiempo de testimonio y uno que da testimonio con la vida es Juan Bautista. Por eso es una
de las figuras que sobresalen en el tiempo del Adviento, entre las figuras que preparan el Advenimiento
del Señor. La liturgia del tiempo del Adviento nos presenta con insistencia, la figura del precursor.
Leamos un pasaje del Evangelio según san Mateo: «Jesús dijo: Sí, Elías tenía que venir a restaurarlo todo
pero les digo, que Elías ha venido ya, y no lo han reconocido sino que han hecho con él lo
que han querido. Del mismo modo van a hacer padecer al Hijo del Hombre. Entonces entendieron los
discípulos que se refería a Juan Bautista» (Mt. 17, 12-13).
En este pasaje la misión de Juan Bautista se ilumina con una comparación con Elías y con su regreso, que
en la vida de Israel se esperaba como una manifestación del cumplimiento de las promesas de Dios,
porque Elías desempeñó un papel trascendental, tanto que llegó a ser como una de las figuras síntesis del
profetismo. Elías llegó a ser una figura tan destacada, que se esperaba que el Mesías de Dios, el Ungido,
vendría como un nuevo Elías. Aquí, hablando del Bautista, se lo compara con Elías, gran testigo.
Jesús acoge en cierto modo, la idea popular que se tenía en ese tiempo sobre el regreso de Elías. Idea que
se basa en los textos del profeta Malaquías o del libro del Eclesiástico. Jesús acoge esa idea popular
haciendo dos aclaraciones: Ante todo, Jesús dice que Elías ya ha regresado y esta creencia popular se
realiza en el Bautista. En segundo lugar, Jesús ve en el modo como murió el Bautista, cuyo martirio es
una prefiguración de lo que el Hijo del Hombre tendrá que sufrir. Por eso les dice: «Elías ha venido ya y
no lo han reconocido sino que han hecho con El cuanto han querido, así también, el Hijo del Hombre ha
de padecer por parte de ellos» (Mt. 17, 12).
De este pasaje del Evangelio, nosotros podemos concluir que la misión del Bautista, la misión del
precursor, no es solamente un anuncio hecho con palabras sino también testimonio encarnado en la vida.
Por eso decimos que alguien que da testimonio con su vida es Juan el Bautista. Es imitación de Jesús y es
preparación a su destino de sufrimiento: hasta en eso fue precursor. Precursor también. no sólo del
nacimiento de Jesús sino también de su muerte. Testigo que selló con su sangre la veracidad y la fidelidad
de su palabra. Por eso sobresale esta figura en el Adviento, una figura extraordinaria pero, al mismo
tiempo, sencilla, porque es el hombre modesto, el hombre austero pero es el hombre fiel. Y esa fidelidad
será indudablemente recompensada, porque nadie ha recibido nunca jamás un elogio como el que recibió
Juan el Bautista. Jesús les dijo un día las gentes: «Yo les aseguró que no hay entre los nacidos de mujer,
nadie mayor que Juan Bautista» (Mt. 11, 11).
¿Qué más elogio podemos imaginar nosotros, si ese elogio a Juan Bautista lo está haciendo Jesús?. No es
cualquier personaje, por importante que sea, de la muchedumbre, el que felicita de esa manera al Bautista;
es Jesús el que se expresa con esas palabras de Juan Bautista. En el bautista encontramos la experiencia
de la fidelidad premiada, recompensada. El, figura en el Adviento, es un testigo fiel, testigo veraz.
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Nosotros, aquí y ahora, somos llamados a preparar el camino del Señor que viene. Cada uno debe
inspirarse en este testimonio con las palabras, con los hechos, con la vida. La vida empleada en la
caridad, a partir de la Eucaristía que celebramos, nos hace verdaderamente precursores de Cristo. Nos
hace capaces, en cierto modo, de preparar su venida en el corazón de los hombres y en las diversas
expresiones de la vida social. Aún en las expresiones de más sufrimiento y de más dificultad podemos
preparar, anunciar la venida del Señor. Pero con una vida comprometida, con una vida encarnada, con un
testimonio.
El testigo es el que anuncia, el que relata, el que cuenta lo que ha visto y ha oído: «Lo que existía desde
el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon
nuestras manos acerca de la Palabra de vida, pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y
damos testimonio y les anunciamos la Vida eterna, que estaba junto al Padre y que se nos manifestó - lo
que hemos visto y oído, se lo anunciamos, para que también ustedes estén en comunión con nosotros. Y
nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Les escribimos esto para que
nuestro gozo sea completo» (1Jn. 1, 1-4).
El Adviento es un tiempo muy propicio para que de nosotros salga esa proclamación, el testimonio de las
maravillas que hace Dios en nuestra vida. Que nosotros podamos encontrarnos en familia, con nuestros
hermanos, con nuestros seres queridos, en el vecindario, en la parroquia, en el sector, en el lugar de
trabajo, en el centro de estudios y podamos decir: «Hemos encontrado. . .» (Jn. 1, 41.45). De esta manera,
nuestra alegría «será completa» (cfr. 1Jn. 1, 4).
Esperamos que la gracia del Adviento nos permita comunicar la Buena Noticia de ese encuentro a
nuestro alrededor para que podemos provocar en otros también, al menos, el deseo de buscarlo. Dejemos
un interrogante a nuestro alrededor por nuestro modo de vivir. Que el Adviento nos sirva para que
dejemos inquietudes en nuestros hermanos, que nos vean vivir de tal manera que ellos nos puedan
preguntar: «Ustedes cómo hacen para mantenerse en paz y alegres en medio de las dificultades comunes,
humanas, de los problemas, de las crisis?... Sin ser de otro planeta, ¿ustedes cómo hacen para tener
esperanza, para mirar al futuro?». Demos testimonio. La acción de Dios en nosotros nos está capacitando
para vivir de esta manera y para «dar razón de nuestra esperanza» (1Pe. 3, 15).
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Adviento, puerta de la Navidad
Al final del Adviento entramos en el inicio de la «Novena de Navidad», y de la última preparación para
que el nacimiento del Salvador sea un encuentro de Fe, un encuentro de Esperanza, para que este caminar
en la fe haya servido para reencontrarnos con nosotros mismos, para reencontrarnos con la comunidad y
para llegar juntos a vivir la experiencia de Cristo Salvador. Con el comienzo de la Novena de Navidad
iniciaos ya el último tramo de la peregrinación de Fe hacia el pesebre. Entramos en el ambiente de la
Navidad hacia el cual nos condujo el Adviento. Al terminar el Adviento queremos entrar en el ambiente
del anuncio de la Navidad. La Navidad, fiesta popular. Es la fiesta que se centra en el Niño Jesús y,
alrededor de El, en el pesebre, en el árbol, en los villancicos. Pero es también una fiesta familiar que
reúne a todos los miembros de la familia para vivir la experiencia de lo que significa la vida de hogar. Y,
además, es una fiesta fraternal: es la oportunidad para que los amigos intercambien buenos deseos,
intercambien detalles, obsequios, regalos.
Pero la Navidad también ha adquirido un sentido comercial, porque en estos días tiene relieve lo que hace
con la navidad la sociedad de consumo: se decoran las casas, se iluminan las calles, los locales. Incluso la
Navidad sirve de ocasión, de oportunidad, para los discursos de los mandatarios de turno. No se puede
abarcar con una sola palabra toda la resonancia de lo que es la Navidad. En medio de esta múltiple
diversidad de orientaciones, de significados, de sentidos, es necesario que nos preguntemos por el sentido
cristiano de la Navidad.
Y precisamente este es el objetivo del pregón de la Navidad que seguirá al pregón del Adviento. Este es el
objetivo de esta palabra final que queremos hacer llegar y compartir. Navidad es el acontecimiento que da
un rumbo distinto a la Historia. Debemos llegar a celebrarlo bien, a celebrarlo con ganas, a celebrarlo
preparados. Es fundamental que descubramos este sentido cristiano de la Navidad.
En la Navidad, conmemoramos el Nacimiento histórico de Jesús, es decir, celebramos el Misterio de Dios
hecho Hombre, la manifestación del Señor en la Historia. El Verbo, la Segunda Persona de la Trinidad
adquiere la experiencia humana, asume la condición humana. Nos asume en serio porque se hace
verdaderamente hombre. La Encarnación de Jesús es abajamiento que terminara en la muerte (cfr. Flp. 2,
6-11).
Con la muerte y la resurrección de Jesús se inicia el retorno al Padre, pero ese retorno se realiza después
de haber venido a compartir lo nuestro, después de haber entrado en nuestra historia, después de haberse
hecho Dios con Nosotros. La Navidad conmemora esa primera venida del Hijo de Dios en la Encarnación
y su Nacimiento para darle sentido nuevo, para recuperar la historia, para recuperar la vida, para recuperar
la persona humana.
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La Navidad, para la cual nos ha preparado el Adviento y nos sigue preparando todavía en este último
tramo de la peregrinación, a través de la novena, nos descubre quién es Jesús, cuál es la Buena Noticia de
Jesús, nos muestra la pobreza en la que se encarna Dios y nos invita a celebrarla en paz, con alegría, con
sobriedad. Manifiesta que Dios se ha hecho «en todo semejante a nosotros en todo menos en el pecado».
La navidad da a conocer la benignidad, el amor, la ternura de Dios con nosotros. La Navidad es la fiesta
de la ternura de Dios, de su condescendencia, de su cercanía absoluta, de su amor, que es misericordia,
que es tomarnos en serio, es invitarnos a compartir su vida.
Ante la grandeza del Misterio de Dios encarnado, la actitud de la Iglesia y de los cristianos es de
admiración, de alabanza, de contemplación, de agradecimiento. Esas son las actitudes con las que
queremos entrar nosotros en la Navidad, como fruto del Adviento.
El Adviento nos enseñó a esperar, a tener paciencia, a rectificar los senderos, a prepararnos para la
acogida. Entonces entramos de una manera muy especial en el ambiente de la Navidad. Entramos de una
manera muy especial en el ambiente de este encuentro salvador que nos tiene que cambiar, que nos está
proponiendo hacer una civilización distinta, construir la «civilización del amor», construir familias que se
fundamenten en el amor, en el respeto mutuo, en la tolerancia, en la práctica de las virtudes, en la
experiencia de la Fe. Alegrémonos en este Señor que viene. Que el gozo de nuestros corazones nos
disponga a celebrar dentro de pocos días la Navidad, la memoria de la Encarnación de Jesús, el Hijo de
Dios, la aparición de su amor en nuestra historia. Celebrar el Misterio nos permite recuperar la esperanza.
Que la alegría nos una, que la paz llegué al mundo entero. Que nos preparemos para decir de todo
corazón: ¡Feliz Navidad! a quienes nos rodean. Si los hemos engañado, si hemos fallado, si hemos
pecado, recuperemos, en esta oportunidad que el Señor nos brinda, la paz, la tranquilidad. Es que la
Navidad es la cima más alta de la entrega del compromiso de Dios para con nosotros y de nuestro
compromiso con nuestros hermanos. Porque «tanto amó Dios al mundo - nos dice la Sagrada Escritura-
que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn. 3,
16). Por eso la Navidad es fiesta de la vida, es fiesta de la vida de la familia humana, es fiesta de la vida
del Universo, es reconciliación con la vida.
Los compromisos de Dios se llevan a cabo de la manera más plena en la Encarnación. Ahora sabemos lo
que encierra esa extraordinaria promesa de fecundidad que Dios le hizo a Abraham (Gn. 12, 2), la
promesa de la descendencia que Dios le hizo a David (2Sm. 7, 12-14). De esa Alianza que Dios propone
por pura iniciativa de Amor (Ex. 19, 4-6).
Ahora comprendemos lo que eso significa en la vida del Dios hecho Niño, en la Vida de Dios que nos
toma en serio, en la vida de Dios que se hace «Dios con nosotros» Ahí comprendemos el alcance de toda
esa promesa que animó el Adviento, que animó la esperanza del Pueblo que deseaba que llegará el
Salvador.
Del árbol frondoso de generaciones y generaciones que se mantuvieron con Dios, viviendo de la
esperanza, de allí va a brotar el retoño de David (Is. 11, 1-8), el retoño que es el Mesías, el retoño que es
Jesús, el Hijo de Dios vivo. Primogénito de una humanidad nueva, cabeza de una humanidad recreada. A
ese anuncio los Pastores, los Magos respondieron con fe y por supuesto María respondió con fe (cfr. Lc.
2, 8-18; 1, 26-38; Mt. 2, 1-12). También nosotros estamos respondiendo con fe. Tenemos que reconocer
en el Niño al Hijo de Dios, El que nos trae la Salvación y llegamos a adorarlo, llegamos a proclamar que
somos creyentes, llegamos a celebrar la fiesta de la fe. El es el Cristo, el Hijo de Dios vivo. A El lo
esperamos; por eso le damos gracias, por eso nos disponemos de la mejor manera para que toda la
preparación para la Navidad sea una experiencia de gracia, una experiencia de una fe que quiere madurar
más, una fe que quiere crecer, una fe que quiere comprometerse más.
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Todas las Navidades son iguales, sin embargo, cada Navidad es única. No pudo ser la misma Navidad, la
de tus tres años, cuando apenas descubriste, traveseando, el pesebre. Ni tampoco la de tus años de escuela
cuando empezabas a descubrir el Misterio de Jesús, a través de la formación cristiana. Para cada persona,
cada Navidad trae una gracia única e irrepetible. Si dejamos perder esa gracia, ya no volverá nunca.
La Novena de Navidad es una preparación para nuestro encuentro con Jesús. Las reflexiones que
presentaremos en la Novena de Navidad, son una orientación encaminada a ayudarnos a crear el ambiente
propicio, personal, familiar y comunitario, de acogida para esperar y recibir a Dios que viene.
Y ¿cómo esperamos a Dios que viene hacia nosotros? Yendo hacia El. Por eso estamos invitando a que a
nos reunamos, en la etapa final del Adviento, en torno al Pesebre para orar, para crear el ambiente, para
disponernos, para tratar de llegar a Dios. «Ir donde El» (Mc. 3, 13b) es la manera de esperarlo porque
viene hacia nosotros.
La Navidad, exige preparación. La Navidad nos pide estar dispuestos, nos pide querer que El venga.
Navidad es una fiesta realmente hermosa del calendario cristiano. Es una fiesta que estremece tan
profundamente el corazón humano, hasta llegar a ser el único tiempo del año en que hay treguas en los
campos de batalla, en que los adultos olvidan sus problemas y disfrutan ingenuamente como si fueran
niños.
A la palabra Navidad, está ligado todo un universo de símbolos: la estrella, las velas, las bombas
resplandecientes, el pino, el pesebre, el buey y el asno, los pastores y, sobre todo, José, la Virgen, el Niño
que reposa sobre pajas. Ellos constituyen el eco del mayor acontecimiento de la historia, la Encarnación
de Dios.
Esos símbolos nacieron de la fe y hablan al corazón. Hoy sin embargo, estos símbolos han sido
recuperados por el comercio y son una llamada a nuestro bolsillo. A pesar de toda la Navidad guarda aún
su sacralidad inviolable. Toda vida es sagrada y nos remite a un misterio sacrosanto. Por eso todo
atentando contra la vida es una agresión a Dios mismo. En el Niño de Belén, la fe celebra la
manifestación de la vida y la comunicación del Misterio. La intuición de esta profundidad no se ha
perdido de nuestra sociedad a pesar de la secularización, a pesar de que se han perdido muchos valores, a
pesar del materialismo, porque, gracias a Dios, todavía sigue habiendo disponibilidad para la fe.
Navidad es más que todos sus símbolos, sobre todo más que todos sus símbolos manipulados. Navidad es
una fiesta más rica que todos los mecanismos de consumo. Digamos una palabra sobre cada uno de esos
Símbolos que constituyen el Universo de la Navidad.
- El Pesebre: con él revivimos la escena del nacimiento del Niño Dios. San Francisco de Asís fue el
primero que armó un pesebre, en 1223, para mostrar a los campesinos cómo había sido el nacimiento de
Jesús. Lo mismo queremos mostrar nosotros ahora. Y, sobre todo, al hacerlo en el hogar, queremos
expresar que en la familia hay un sitio para Dios. Por eso seguimos teniendo esperanza.
- El Arbolito de Navidad, esta es una bella costumbre que nació en Europa pero que hoy esta generalizada
en América Latina. El pino es el árbol comúnmente usado en Navidad porque permanece verde, a pesar
del rigor del invierno europeo. Es el árbol que en cualquier estación del año conserva su follaje verde de
primavera. Así, lo tomamos como símbolo de esperanza, a pesar de las dificultades y en todo tiempo,
especialmente en los momentos de prueba. Queremos esperar en Dios y esperar a Dios. Queremos esperar
en la convicción de que, a pesar de la situación difícil por la que atraviesa Colombia, si Dios encuentra un
ambiente en nuestras familias y en el corazón de cada uno, la paz será posible porque Dios es Esperanza.
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- ¿Por qué regalos en Navidad? Es la forma de agradecer a Dios, el habernos enviado a su Único Hijo
para salvarnos. Ese es el Regalo por excelencia, ese es el Don. La Navidad es la celebración del Don de
Dios. Por eso el ambiente de la Navidad es ambiente de regalo, de gracia. Con los regalos también damos
gracias por todos los beneficios recibidos durante el año; es la forma de compartir con los demás. El Niño
Dios quiere que en esta Navidad llevemos regalos a los niños de escasos recursos para que se sientan
alegres y contentos, que seamos capaces de alegrar la vida de los demás, especialmente de los que sufren
los rigores de la pobreza, del desplazamiento, del abandono. Que la Navidad nos enseñe a compartir en el
nombre de Dios por el bien de los demás. Busquemos ser fraternos, ser solidarios, ser generosos y
entonces estaremos con gozo celebrando la Navidad. Porque la Navidad es el comienzo de un Amor que
debe perpetuarse.
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acogerla, nosotros empezaremos a construir un mundo distinto, empezaremos a mirar con ojos nuevos,
nuestra realidad, nuestro futuro, pero si nos comprometemos con esta tarea de reconstrucción.
Nos ha nacido el Salvador del Mundo, es la gran noticia, es la proclamación gozosa que hacemos llegar a
las familias, a los sectores, a las parroquias, a los grupos apostólicos, a toda la sociedad comprometida en
la construcción de un mundo que sea vivible, un mundo en donde la vida humana sea tesoro que todos
defendemos y que todos respetamos.
La gran noticia, no nos cansamos de divulgarla, para eso estamos aquí, para hacer llegar a todos los
areópagos modernos, como los llamó el Papa, a los sitios donde hay vida humana, a todos los escenarios
donde se desarrolla la historia humana, hacer llegar este mensaje, esta palabra, esta proclama, este
Pregón: “Nos ha nacido un Salvador”.
Nos comprometemos con la construcción de una sociedad, de un mundo nuevo, de la civilización del
Amor, por la participación de todos, para lograr la comunión que es característica, del pueblo que se
adhiere a Jesucristo, del pueblo que lo confiesa como verdaderamente Hombre y verdaderamente Dios,
comunión por la participación de todos para construir unidad, para combatir toda clase de violencia, para
defender la vida en todo momento y en todos los niveles, nos ha nacido un Salvador, es el Pregón que
hacemos llegar, es el que proclamamos, es el que nos tiene aquí con esperanza renovada porque nos ha
nacido el Salvador, que es Cristo el Señor.
Con ocasión de la Navidad, es necesario que la Palabra nos encuentre bien dispuestos, que la Palabra nos
encuentre atentos, que la Palabra resuene en el interior de cada uno de nosotros, en el interior de la
familia, que resuene en el corazón de la parroquia, del grupo apostólico, de todas las Unidades Pastorales.
En aquellos días, dice el Evangelio de Lucas en el capítulo segundo, salió un decreto de Emperador
Augusto, ordenando hacer un censo en el mundo entero, este fue el primer censo que se hizo siendo
Cirilo, gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.
El censo que llevan a cabo los gobiernos en sus Imperios o en sus países es un reconocimiento de los
derechos de los ciudadanos. Se trata de saber, quien es cada cual. Jesús de Nazaret fue registrado en el
censo del Emperador Augusto sin que nadie, salvo José y María supiesen quien era. Nosotros lo
conocemos, nosotros lo tenemos registrado en nuestra vida, nosotros conocemos a nuestros hermanos
sencillos, de condición modesta, con los que se identifica Jesús? La Palabra nos invita a reconocerlo, la
Palabra nos invita a identificarlo, la Palabra nos invita a tenerlo en la lista porque Él es la clave, porque en
Él está el sentido.
También José, que era de la casa y familia de David, continua diciendo el Evangelio, subió desde la
ciudad de Nazareth en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén para inscribirse con su esposa
María que estaba en cinta. Y mientras estaban allí, le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su Hijo
Primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no tenían sitio en la posada.
Nosotros sabemos que no todos los niños que nacen hoy son alumbrados por sus madres en un hogar
confortable, en una clínica bien equipada, la mayor parte de los nacimientos en el mundo se hacen en
condiciones parecidas a las de Jesús en chozas miserables, en casas de latas y de cartones.
Nosotros nos hemos habituado con demasiada facilidad, a lo que es pesebre y es un adorno que hacemos
en Navidad, pero todo eso nos invita a pensar en lo que significa. Jesús nació en el desamparo, Jesús
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nació en la pobreza, y compartió desde el primer momento, la vida del pueblo sencillo. Nosotros con
quién compartimos nuestra vida?
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turnos su rebaños.
El Ángel del Señor, se les presentó, la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran
temor. El Ángel les dijo: “No teman, les traigo la Buena Noticia, la gran Alegría para todo el pueblo,
Hoy en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tienen la señal,
encontraran a un Niño envuelto en pañales y acostado en un Pesebre.”
Lejos de las grandes mansiones humanas, la Gloria de Dios brilla en la oscuridad, en el dolor, en la
pobreza, con una doble condición estar abiertos a la confianza del Padre y compartir con los hermanos
más necesitados. Dos puntos de referencia, Dios y los demás. Abiertos a la confianza en Dios, pero
atentos a la solidaridad con los hermanos.
El oficio de los pastores, en los tiempos de Jesús, como el oficio de los publicanos y el oficio de las
prostitutas, era mal visto, rechazado. Sin embargo, de pronto allí, cuando llegue la luz, encontrará mejor
disposición.
Nosotros tenemos que tomarlo muy en serio, porque no tenemos asegurada la Salvación si no hacemos de
verdad la conversión a Dios. Porque todos ellos eran miserables, eran despreciados (hoy los llamamos
«desechables»), pero deseosos de la llegada del Mesías, deseosos del Reino de Dios y cuando escucharon
la Palabra de Conversión que les predicaba el Bautista, acogieron, recibieron y por eso Dios colma la
Esperanza porque dejan una vida de oscuridad, porque aceptan la llegada de la Luz, por eso supieron
reconocer al Señor y supieron adorarlo.
De pronto en torno al Ángel apareció una Legión del Ejercito Celestial que alababa a Dios diciendo:
“Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra paz a los hombres que Dios ama.” Nos disponemos ahora todos a
reconocer a Jesús, Recién Nacido a entonar con los Ángeles la gloria de Dios y la mejor manera de
glorificar a Dios es respetando al ser humano, porque el respeto a la Persona Humana es el mejor
reconocimiento de la Gloria de Dios, porque si en alguien resplandece la Gloria de Dios es en la dignidad
de la persona Humana.
No podemos celebrar esta presencia de Dios que invade con su Gloria el Universo, si seguimos
discriminando, si seguimos causando tanto daño, si seguimos irrespetando la vida, si seguimos
burlándonos del amor. Es imposible celebrar la Verdad si seguimos del lado de la mentira, es imposible
celebrar la Paz, la Justicia y el Amor si seguimos nosotros de parte de la corrupción.
La mejor manera de celebrar esta gloria que invade el Universo es reconciliándonos con la vida, es
respetando a los demás, siendo solidarios, entonces habremos recibido este anuncio gozoso y habremos
llegado verdaderamente a celebrar el encuentro del Dios con nosotros.
Si tenemos el corazón y la mente abierto podremos realmente unirnos al canto de los Ángeles en la
Navidad.
El Pregón de la Navidad, el anuncio gozoso, el pregón de esperanza. Todo esto nos une, todo esto es lo
que nos hace Pueblo de Dios que tiene derecho a proclamar su fe, Pueblo de Dios que debe proclamar la
fe, debe proclamar el gozo de ser creyente.
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Nos hace mucha falta darle esta característica a nuestra vida, la característica de la dicha por la fe, porque
la fe hay que proclamarla y debemos sentir satisfacción de tener fe y hacer notar que para nosotros es una
dicha tener fe.
Hermanas y Hermanos los que creemos en Cristo nos reunimos durante estos días alrededor de
Jesucristo, que está en medio de nosotros, nos reunimos en comunidad.
En el día de la Navidad, desde la Medianoche, comenzamos a sentir la alegría de tener la presencia
redentora de Jesús, la presencia del Señor que salva, como en tantos millares de Templos en el mundo,
esparcidos por todo el Universo, también en nuestras pequeñas capillas, en los Templos de nuestras
parroquias, en nuestras casas, en la oración confiada nos hemos reunidos siempre en estos días y de
manera especial en la Navidad, porque Dios nos ha convocado.
No olvidemos, Él nos ha reunido y para qué nos ha convocado, para qué nos ha reunido? Para que
celebremos con gozo el Nacimiento de Jesús, el Mesías, el Señor. No somos nosotros los que nos
reunimos, nosotros respondemos con los hermanos en comunidad, a una convocación que recibimos, nos
convoca Dios, nos reúne Dios por la acción del Espíritu Santo, alrededor del Emmanuel, alrededor del
Hijo de Dios que se hace Hombre.
Entonces debemos alegrarnos, debemos estar de fiesta, debemos hacer la fiesta. Celebremos entonces,
desde ahora y siempre con nuestras actitudes, con nuestros comportamientos, con nuestra vida cambiada,
celebremos la Buena Noticia, celebremos la mejor noticia de toda la Historia, de toda la Historia, la mejor
noticia del Mundo, la mejor noticia de la Humanidad. “Dios con nosotros”, así se llama esa Noticia, el
Nacimiento de Jesús, el que todavía estamos festejando, porque el día de la Navidad se prolonga durante
muchos días.
No es cualquier acontecimiento, ese acontecimiento: Nacimiento de Jesús, muestra que Dios es un Dios
cercano, un Dios que ama, un Dios que salva, que quiere comunicar su vida a todos. También a los que
poblamos la Tierra, a los que habitamos en esta ciudad, a los de este barrio, a los de este sector, a los de
este hogar, a los de esta comunidad de trabajo, a los de este grupo, a todos los que poblamos el Universo,
nos quiere amar, nos quiere salvar, somos importantes para El.
Por eso, Hermanos, digamos de todo corazón, sintiendo lo que decimos, con contenido en nuestras
palabras: Feliz Navidad! Hermanas y Hermanos que la Gracia del Señor los acompañe, los bendiga, los
aliente y los comprometa para construir un mundo justo, un mundo de hermanos
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Navidad, fiesta de la familia
En el ambiente de la Navidad que todavía estamos celebrando se hace memoria de la familia modelo, de
la Sagrada Familia. En uno de los días, exactamente en el domingo siguiente a la celebración de la
Navidad, se recuerda a la Sagrada Familia.
Es importante, ya que hemos preparado en familia y celebrado en familia, la fiesta de la Navidad, que
dediquemos unos minutos a la reflexión sobre la Familia. El Vaticano II llamó a la Familia, la escuela del
más rico humanismo y eso es muy significativo, es una definición hermosa y muy profunda de lo que es
la familia.
Escuela del más rico humanismo. ¿Qué es una escuela? Es un ambiente de aprendizaje, ¿A qué va uno a
la Escuela? A recibir la educación fundamental para la vida. La Familia es escuela. ¿Qué es lo que se
aprende en la familia? Escuela del más rico humanismo, aprendemos a ser persona, aprendemos a
adquirir la capacidad de poseernos a nosotros mismos y de entrar en auténtica relación con las cosas, con
los demás y con Dios.
Porque eso es la persona, alguien que tiene posesión de sí mismo y vive en auténtica relación y
comunicación. Ni se encierra en sí mismo para aislarse, ni se pierde en el montón. La persona vive el
equilibrio entre posesión de sí mismo y la relación fuera de sí mismo.
A ser persona se aprende en familia, quiere decir que la familia es ambiente de dialogo, ambiente de
comunicación, ambiente de acogida, ese ambiente donde se aprende a vivir en relación con los demás, a
tener las propias opiniones pero a compartirlas, a respetar a los demás y a exigir de ellos respeto. A
cumplir deberes para exigir derechos.
Es fundamental la familia, es la célula de la sociedad. Aunque cambien las mentalidades, las costumbres,
aunque estemos viviendo en tiempos modernos, con otras concepciones sobre la vida, la familia es
decisiva para la persona humana.
Una familia desintegrada, una familia sin bases, una familia donde no hay respeto, donde no hay
comunicación, una familia donde no se afirma la persona, qué le va a brindar a la sociedad? Cómo
pretendemos llegar a la sociedad, a vivir como personas, a intercambiar, a convivir si en la comunidad
fundamental, original, primera que es la familia no hemos aprendido a ser personas?
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La Sagrada Familia, centrada en Jesús, por supuesto y al servicio de El, María, la Madre, José, el que hace
las veces de padre. Pero el Centro es Jesús, es modelo de Acogida, es modelo de relaciones recíprocas de
respeto, de afecto, es modelo de armonía. Nuestras familias están llamadas a ser ambiente de armonía,
ambiente de respeto, ambiente de diálogo, escuela del más rico humanismo. La Familia es escuela del
más rico humanismo.
En esta escuela que es la Familia, estamos hablando de la Familia, a propósito de la fiesta de la Sagrada
Familia que se celebra en el ambiente de la Navidad. Este tiempo es propicio para pensar en la familia,
para vivir en familia, para compartir en familia, para necesitar la familia. A lo largo de la novena de la
Navidad, en uno de los días dedicábamos la reflexión a la familia, hay que esperar a Dios en familia.
De todo pudo prescindir Dios para su Nacimiento en medio de nosotros, de lo único de lo cual no pudo
prescindir fue de la familia, porque quiso nacer en el corazón de una familia, en el seno de un hogar, en el
calor de un hogar. Cómo será de imprescindible la familia, para que nos vayamos examinando, para que
rescatemos el valor de la familia, para que nos reconciliemos con el valor de la familia, para que
defendamos y respetemos, para la garantía de seguridad que necesita nuestra sociedad, respetemos la
familia. Conservemos la familia unida, familias que sean escuelas del más rico humanismo.
Y en esa escuela es fundamental aprender algo indispensable para la vida de familia y en familia y
después para la vida en sociedad, en comunidad: La comprensión en la familia, no podrá ser ese un regalo
de Navidad, no podrá se un Aguinaldo, que en nuestra familia aprendamos a tener y a recibir y a
compartir y a distribuir comprensión. Es posible que podamos decir que el bien más anhelado de las
familias, más que el pan cotidiano, más que la casa, más que el trabajo, que la salud, más que el éxito en
los estudios y en la profesión, el bien más anhelado de las familias, es el anhelo del buen acuerdo, del
entendimiento, de la armonía, de la reciproca serenidad, de la comprensión porque es base para la paz.
Y la paz es fundamental en la familia y desde la familia habrá para la sociedad, si en la familia hay
violencia, si en la familia hay desconocimiento del derecho del hombre, si en la familia hay maltrato,
porque en la sociedad vivimos y reflejamos lo que somos, tenemos y vivimos en la familia.
El gran anhelo de la familia es la capacidad de comprenderse mutuamente, comprendernos mutuamente,
sujetos de comprensión en sentido activo y en sentido pasivo, dar comprensión y recibir comprensión. Es
decir, compartir comprensión. Porque nos quejamos a menudo de que no nos comprenden y deberíamos
preguntarnos también comprendemos a los demás? Porque igual que nosotros necesitamos y esperamos
ser comprendidos, los otros también en nuestra propia familia, esperan ser comprendidos, necesitan ser
comprendidos.
Es que todos necesitamos, no puede ser unilateral el anhelo, es comprendernos mutuamente, ese es el
Aguinaldo para la familia, la comprensión en la familia. Este bien no siempre se pide expresamente,
porque pedir este bien de la mutua comprensión, supone ya la confesión de que no tenemos comprensión
y esto no es fácil admitirlo.
Si nosotros pedimos que haya dialogo, si nosotros pedimos que haya comprensión es porque estamos
reconociendo que nos falta y nos fácil, pero es necesario porque solo reconociendo nos ponemos en
búsqueda y buscando, pedimos y encontramos y recibimos.
Es el tema de la Reconciliación, es otro aspecto de la Reconciliación. Este tema de la Reconciliación,
exige a menudo pacientes y repetidas reconciliaciones en casa. Reconciliaciones entre Esposo y Esposa,
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entre Padre y Madre, entre Padre e Hijos, entre Hermanos y Hermanas, son permanentes, son repetidas
reconciliaciones en la familia y esto es indispensable para la reconciliación en la sociedad.
Por otra parte una presencia difundida del Bien, del buen entendimiento, de un entendimiento tranquilo,
confiado, permanente, atento, previsor, es algo muy raro en las familias. Tan raro que como bien
permanente y habitualmente poseído puede parecer hasta imposible.
Como momentos de comprensión nos puede parecer normal pero como un bien que tenemos siempre y
que es característicos de la familia, no es tan fácil, porque hay desavenencia, hay peleas, hay maltrato
intrafamiliar, hay violencia, hay rencores, hay envidias, hay distanciamientos cuantos hogares se
quedaron sin Navidad porque están divididos.
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necesitan proponerse algo a propósito de haberse celebrado la Navidad. Cuáles serían? Señalemos
algunos de esos propósitos para que la familia cumpla su papel.
El Primer Propósito: tender constantemente al bien del buen entendimiento, que haya comprensión en la
familia, que haya diálogo, que nos respetemos, que nos tratemos bien, sin darnos por vencidos. El error
que hay que evitar, el pecado que hay que detestar es la resignación a la falta de buen entendimiento: No
es que no podemos, no nos soportamos, es mejor evitar problemas, no es posible el diálogo, es mejor así,
ahí nos vamos tolerando. Hay que tender todos los días con nueva esperanza al buen entendimiento.
Yo puedo cambiar mejorándome, el otro puede cambiar, pueden surgir circunstancias que aclaren los
malos entendimientos, pueden surgir las luces que iluminan las sombras. Este bien perfecto que ilumina la
Familia está reservado en su máximo esplendor a la plenitud del Reino de Dios. Pero a nosotros no se nos
preguntará si lo hemos logrado o lo hemos mantenido. Seremos interrogados si hemos tendido hacia ese
bien, si hemos caminado hacia él continuamente, con la certeza de que el Señor está cerca de nosotros,
nos está llamando y está cada vez más junto a nosotros. Hagamos el esfuerzo, primer propósito, que haya
concordia, que haya buen entendimiento en la familia
El Segundo Propósito: Mirar a nuestro interior, mirar los dones que hemos recibido, los míos personales,
los de los otros, los de mis hermanos, los de mis padres, los dones de quien me esta cerca, de los que el
Señor ha colocado a mi lado. Mis padres, mis hermanos, mi familia. Mirar esos dones, mirarnos
interiormente.
Qué quiere decir mirar hacia adentro? mirar las buenas cualidades nuestras, las buenas cualidades de los
demás también, los gestos de bondad, de paciencia, de valentía, los dones profundos de la Gracia
Sacramental del Matrimonio. Es una Gracia que permanece, que crece, que sostiene.
Entonces, cada uno lleva dentro de sí mismo un tesoro, que Dios le ha dado. Es importante ayudar a
brillar el tesoro, tal vez un poco opaco, para ayudar los rayos de la Gracia y hacer resplandecer el tesoro
que el otro lleva en sí mismo. Hagamos propaganda a las cualidades, reconozcamos que tenemos
cualidades y que los demás tienen cualidades. Entonces mirar los tesoros, mirar hacia adentro, reconocer
las cualidades.
El Tercer Propósito: es el de complementar el anterior. Mirar fuera de nosotros. Mirar hacia afuera
significa, superar la propia familia, abrirnos a esa familiaridad que nos ha dado la Gracia, el amor de
Dios, la escucha de la Palabra, los vecinos, creyentes que forman con nosotros la gran familia de la
iglesia.
Mirar hacia afuera significa no encerrarnos en nuestros problemas como si fueran los únicos y los
decisivos problemas de la convivencia, tal vez bloqueada, no feliz, sino abrirnos a la convivencia más
amplia de la comunidad cristiana. Mirar las otras familias que tienen necesidad de nosotros. Hay
problemas que se pueden solucionar, precisamente por medio de la acción de las familias.
Pensemos por ejemplo, en los problemas de vigilancia, en los problemas de muchachos y jóvenes en
dificultad, en los problemas del apoyo mutuo entre parejas. Miremos hacia afuera también, los demás nos
necesitan y a los demás los necesitamos.
Y un último Propósito: confiarle a María todas nuestras dificultades, María la Virgen de la Navidad, la
mujer auténtica, la Madre sencilla y buena, la que nos indica el camino, la que nos dice por dónde ir para
encontrar a Jesús. .
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Jesús de Navidad, es el Evangelio de la Alegría
Jesús, el de la Navidad, “Dios con nosotros” que nace en nuestra historia que nos abre hacia un futuro
mejor, Él es Evangelio de la Alegría. En la Sagrada Escritura especialmente, los textos de los evangelios
se expresa una realidad que nos debe gustar muchísimo, «les he dicho esto para que mi alegría este en
ustedes y su alegría sea completa»; así les hablaba Jesús a los discípulos.
La finalidad del Evangelio es llenarnos el corazón de alegría y el mismo Evangelio nos dice, hablando de
las manifestaciones del Resucitado a sus discípulos, que la Alegría es junto con la Paz, fruto de la Pascua.
“La paz sea con ustedes” fue el saludo del Resucitado. Ellos se alegraron al ver al Señor, fue la reacción
de los discípulos. Paz y Alegría van juntas.
¿Cómo no va a haber alegría si el corazón se ha hecho nuevo? ¿Cómo no va a haber alegría si los demás
dejan de ser rivales? Se convierten en hermanos y en amigos. ¿Cómo no va a haber alegría si la creación
se convierte en escenario de la vida, de la amistad, de la familia y no en escenario del conflicto? Paz y
Alegría, frutos de la Navidad para todos no solamente para una raza, no solo para un pueblo, sino para
los hombres y mujeres de buena voluntad que quieran decirle que si a esta Luz resplandeciente que se ha
manifestado.
Dentro del ambiente de la Navidad, de la manifestación del Amor de Dios en su Hijo Jesucristo para
todos los pueblos de la Tierra tiene un especial significado el recuerdo, la conmemoración del pasaje
evangélico que nos cuenta que unos personajes del Oriente vienen a Belén a adorar atraídos por la Luz,
se dejan iluminar por la Luz, desde sus diversas culturas, desde sus diversas costumbres y experiencias
vienen a postrarse en reconocimiento del que sí es Rey, del que sí es Soberano y tienen ese gesto
característico, que solo tiene sentido ante Dios, postrarse para adorar.
Esa era la fiesta y esa es la fiesta y esa será la fiesta de la Epifanía en el ambiente de todo este tiempo de
la Navidad. Ya que estamos reflexionando sobre el sentido de los acontecimientos que celebramos en este
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tiempo, debemos pensar también en esa, la manifestación del Salvador del Mundo a todas las culturas de
la tierra.
Es que la Palabra hecha Carne, el Hijo de Dios es la Luz verdadera, el Sol que ilumina a todo ser humano
que viene a este mundo y al iluminar, despeja las oscuridades y todo eso produce seguridad y da alegría.
Dios difunde su Luz en el Universo sin límites, sin fronteras, difunde su Luz en el corazón del Hombre y
de la Mujer, en sus Alegrías y en sus Tristezas, todos nosotros reconocemos que junto a los días hay
noches, junto a luz hay sombras, junto a esperanzas hay desesperaciones pero en lo más profundo de
todos los seres se haya Dios.
El, nuestro Dios, nuestro Padre que nos ha dado la máxima prueba de su amor, al entregarnos al Hijo, Luz
del mundo que atrae a todos los seres de la Tierra, que atrae a todos los hombres y mujeres del mundo, de
todas las razas, de todas las culturas, de todos los idiomas, de todas las costumbres, de todas las regiones.
La Navidad se hace fiesta del Amor Universal, fiesta del Amor sin límites, sin condiciones, sin fronteras.
En una palabra el Amor Divino, porque el Amor Divino es el que no tiene fronteras, el que no tiene
condiciones, el que abarca todo, el que llega hasta todos.
Dios es Amor, así lo define la Sagrada Escritura, y ese amor de Dios se hace realidad, se hace realidad en
nosotros, se hace realidad en nuestro mundo, se hace realidad en quienes quieran aceptarlo, se hace
realidad en los que aceptan seguir el Camino, porque de eso se trata en la fe, seguir el Camino, seguirlo
por el Camino, aceptarlo por la vida, reconocerlo, ver su Luz y querer aceptar ser guiados por esa Luz.
Esos personajes de los cuales nos habla la Sagrada Escritura en su vida, vivieron la experiencia de la Luz,
se dejaron orientar por la Luz, buscaron, preguntaron y llegaron al conocimiento de la Verdad. Y al
conocer la Verdad se postraron ante la Verdad. Descubrieron, encontraron la Verdad de su vida, la verdad
de su cultura, la verdad de su historia encarnada en un Niño y en ese Niño reconocieron a Dios y lo
adoraron.
Y lo adoraron y le expresaron su reconocimiento con dones humanos, tradicionalmente hablamos de Oro,
Incienso y Mirra. Lo importante es que con la realidad humana, con sentimientos humanos, con recursos
humanos, le quisieron decir con lenguaje humano, todo ese reconocimiento. Lo adoraron, así
simplemente, vinieron a adorarle.
“Hemos visto su estrella y venimos a adorar”. En cambio el que tiene el corazón cerrado, el que no busca,
no encuentra por eso contrasta por ejemplo, la actitud de esos personajes paganos, no son del pueblo de
Israel, se supone que no conocen al Dios Vivo y Verdadero y sin embargo son buscadores y llegan a
encontrar.
En cambio, la actitud de las autoridades judías, de Herodes, de los que si conocen se cierran. Mientras
esos desconocidos vienen a adorar, guiados por la Luz, los otros se encierran en su oscuridad. En nosotros
se repite también esas actitudes por eso reconocemos que hay días y hay noches, hay esperanzas y hay
desesperaciones.
Nosotros queremos que la Luz de Dios, la que se manifestó al Universo, representado en los personajes
de Oriente, que encarnan y representan todas las culturas y razas de la Tierra, que esa Luz entre al
corazón de cada uno, entre en el corazón de nuestros hogares para que nos ilumine, nos caliente, nos
anime, nos transforme, nos de ese corazón que necesitamos para producir Paz, para trabajar por la Paz.
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Que el Padre Dios se muestre de una o de otra forma a los que lo buscan porque quien lo busca, lo
encuentra. Ese Padre Dios, Dios de Amor, buscó hacer Alianza con el Ser Humano, por puro Amor, por
Generosidad, gratuitamente.
Se mostró a los Profetas de Israel, al mismo tiempo Trascendente, Inaccesible pero también Próximo,
Cercano; Misterioso pero también Real, Insondable pero Conocido, es el Dios de los Profetas, esos
Hombres de Dios que llenos del Espíritu, supieron interpretar el sentido de Dios y de la Historia. Se ha
mostrado especialmente en Jesús de Nazareth, hacia Jesús caminan todos los pueblos de la Tierra, aunque
no lo sepan.
Los Magos no conocen al Dios Vivo y Verdadero, sin embargo están en el Camino de la Búsqueda y
llegan a encontrar. Jesús, Luz porque es Aurora, Luz del Mundo que se encarna en silencio de la noche
para disipar la tiniebla.
Nos acordamos hoy de María, de José, de los Pastores, de los Magos, de todos los que lo reconocieron sin
comprender, los que llegaron a encontrarlo después de muchas idas y venidas, de búsquedas, de
incertidumbres, de sobresaltos, de alegrías, repasemos la Historia del Pueblo de Israel, durante toda la
peregrinación de Esperanza hasta llegar a la plenitud de los tiempos, al momento culminante, todos los
que lo buscaron y encontraron, los Pastores y los Magos porque dejaron sus egoísmos, porque se pusieron
en camino, con los dones de sí mismos, siguiendo la voz de los Ángeles o siguiendo la ruta de la Estrella.
Y llegaron a encontrar, no pidieron muchas explicaciones simplemente aceptaron que esa voz de los
Ángeles o el camino de la Estrella los llevara y llegaron a la experiencia feliz del encuentro, a la
experiencia feliz de tener a Dios frente a ellos para adorarlo, para postrarse, para reconocer en Dios el
sentido de la vida.
Nos acordamos de Jesús, para darnos a entender su voluntad, para aquietar nuestras dudas, nuestros
temores, nos partió el Pan de su Sabiduría y que era la Sabiduría de Dios.
Recordamos la Encarnación del Hijo. También recordamos todo su Misterio, su Sacrificio, su Muerte, su
Resurrección, su Ascensión a los Cielos. Lo recordamos a Él como el Señor, claro que todavía somos
débiles, claro que todavía nuestra fe sigue siendo frágil, y nuestros compromisos todavía no son del todo
irrevocables pero así es como Él quiere que seamos sus testigos, con nuestra debilidad humana pero
puestos en sus manos, confiados en su acción, seguros de su presencia.
Por eso le pedimos que nos permita no confundirnos en nuestras necesidades, en nuestras falsas
seguridades, que El haga que nuestra responsabilidad no paralice nuestra búsqueda, que nuestras
convicciones no flaqueen, que escuchándonos mutuamente, con diálogo entre nosotros, en espíritu y en
verdad podamos hacer del dominio del mundo y del progreso de la Humanidad la verdadera obra de su
Reino.
Que lo reconozcamos, que nos dejemos llevar por su Luz, por su Estrella, para que lleguemos al
Encuentro, para que lleguemos a postrarnos con nuestros dones humanos para decirle que Él es el Dios de
la Vida Nuestra, para decirle Padre, para unirnos al Hijo, para ser Iglesia, para ser Iglesia, para ser Pueblo
de Dios, testigo de su amor en el mundo, para construir la Paz.
Que tengamos la actitud humilde, generosa de los Magos para que le digamos a Dios que sí, y que
aceptemos su luz en nuestra vida y nos comprometemos a seguirla y a dejarnos orientar por ella.
26
En Belén se dio el Amor. Ha bajado Dios a Belén, en un Portal se ha manifestado a todos los pueblos de
la Tierra, los que con un corazón abierto a esa Misericordia, a esa Bondad de Dios se han puesto en el
Camino, han llegado a la experiencia del Encuentro .
El Evangelio nos dice que el Camino de los Magos, lo señalaba una estrella, esa estrella es el signo de la
esperanza, el camino de la esperanza es el que abrió Jesús con la seguridad que descansa en el poder de
Dios. La Estrella que guío a esos personajes que desde lejanías venían al portal a encontrarse con el Dios
Vivo y Verdadero, esa estrella es símbolo de la Esperanza.
Los signos de la Esperanza en el mundo, los signos que todos pueden ver, pero que no son unificadores,
todos los ven pero no todos se encaminan, no todos abren los ojos y los oídos para interpretar el
significado de esos signos.
Herodes y las autoridades judías no quisieron ver o veían en otra dirección, se cerraban a la iluminación
de esa Luz, en cambio esos personajes desconocidos y desconocedores del Dios Vivo y Verdadero si
quisieron verlo, aceptaron verlo, están a nuestro alrededor los signos.
Los signos son luminosos pero se necesita tener un corazón abierto, nuevo, capaz de comprender los
signos, capaz de comprender el camino que esos signos nos señalan. No basta que esos signos iluminen,
se necesita que nos dejemos iluminar.
Son todos los signos que Jesús nos dio de su misión divina, repasemos los Evangelios. ¿Cuáles son los
signos que el Señor nos dio de su misión? ¿De qué era Enviado por el Padre? Sus acciones prodigiosas,
pero por encima de todo su Muerte y Resurrección, la predicación de la Iglesia, la venida del Espíritu
Santo, la presencia del Espíritu de Dios en la Iglesia de hoy, en tantos hermanos nuestros que trabajan
por la Paz, que sirven a la comunidad, que son testigos del Amor de Dios, son signos que están ahí, como
la Estrella estuvo, para el servicio de quienes quieran dejarse iluminar y los que aceptan dejarse iluminar
por esa Estrella llegaron al Encuentro.
Los signos están aquí, son luminosos pero queremos dejarnos iluminar? Todos los signos de apertura,
todos los signos de gracia que nos señalan en el mundo el camino justo hasta nuestros días, la gran
generosidad de tantos Hermanos y Hermanas nuestras que dedican su vida al servicio de la comunidad, en
cualquier campo de la vida.
Esos son signos luminosos, son signos de la esperanza, la gran fe de los familiares de las víctimas de la
familia, son signos de la Esperanza, una fe profunda, una fe noble, llena de apertura hacia el poder de
Dios, a pesar de lo sufrimientos del momento presente, tantos Hermanos nuestros que son admirables
testigos de la presencia de Dios, a pesar de sufrimientos, a pesar de calamidades y nos dan ejemplo de
fortaleza en el Espíritu, son signos luminosos del camino de la Esperanza, son estrellas que nos pueden
indicar por donde caminara para llegar al encuentro del Salvador. Nos dejamos guiar por esas estrellas?
Aceptamos esa Luz en nuestras vidas? Aceptamos que de esa manera Dios se nos manifieste para
atraernos a su encuentro.
Los personajes de Oriente a quienes recordamos en este ambiente de la Navidad y que nos permiten
celebrar la Epifanía, esos personajes si aceptaron, se dejaron guiar por la Estrella y llegaron al encuentro
luminoso. Todos son signos de Esperanza, signos de esperanza que cada uno ve desde el lugar en donde
27
se encuentre y que se multiplican, cada uno de ustedes está invitado a descubrirlo en su vida. Cada uno
de nosotros estamos invitados a descubrirlo en nuestra vida.
Entonces esos personajes del Oriente a quienes hemos recordado porque dentro de las festividades de
Navidad, está la festividad de Epifanía, esos comúnmente conocidos con el nombre de los Reyes Magos,
se encaminan siguiendo los signos a lo largo de un camino, ese camino que como dice el texto evangélico
no siempre es fácil, no siempre es evidente, presenta muchos momentos oscuros, inciertos. Entonces,
hay que preguntar, hay que pedir orientación a otros, porque no se puede seguir adelante solos,
necesitamos preguntar como hicieron los Magos, “Queremos que ustedes nos digan en donde podemos
encontrar al Rey Esperado” y otros nos pueden decir el lugar, basándose en la Sagrada Escritura, porque
los signos están allí pero a veces es necesario preguntar, pedir orientación, y ese pedir orientación es señal
de que queremos encontrarlo.
Es el camino fatigoso, es el camino difícil pero maravilloso del hombre en busca de la Esperanza, el
camino del Hombre hacia Dios. Esto nos corresponde vivirlo a lo largo del Año, el Año que ha
comenzado ya y es el camino que nos conduce a Dios, por la vida, sin salirnos de la vida, que
aprovechemos toda la Gracia que ha acontecido en favor nuestro, en estas conmemoraciones de
Misterios fundamentales de nuestra fe. Que sigamos adelante, que nos dejemos guiar por esa luz que se ha
manifestado.
El Bautismo, Sacramento de la Fe
En el ambiente de la Navidad, la fe cristiana también hace memoria del Bautismo de Jesús. Por eso es
importante que a la luz de los acontecimientos que celebramos, nosotros dejemos que la Palabra, que nos
permite hacer memoria de todos estos hechos, episodios fundamentales de nuestra experiencia de fe nos
ilumine para entender la actualidad de nuestra fe.
El Bautismo de Jesús nos invita a reflexionar en nuestro Bautismo, en ese Sacramento por el cual hemos
nacido a la fe, por el cual pertenecemos a la Iglesia, por el cual somos el pueblo de Dios, nos
incorporamos a ese Misterio Pascual de Jesucristo, hacemos que la Alianza se realice en nuestra vida.
Por supuesto que es la oportunidad para que le demos gracias a Dios porque con el aliento de su Espíritu
brota la vida de la naturaleza, surgen de la nada los seres humanos, surgimos nosotros llegamos al ser,
llegamos a la vida. Le agradecemos a Dios, el agua de la lluvia, el agua de las fuentes, de los ríos, porque
apagan la sed, porque fecundan la tierra, porque limpian nuestros cuerpos, porque nos dan vida y por eso
nos unimos al cántico de la naturaleza, cantamos a Dios, lo alabamos, lo reconocemos con el murmullo
de las aguas en las cascadas, en la fuentes.
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En el agua en la Sagrada Escritura ha sido siempre signo de Vida Nueva, signo de vida refrescada,
renovada, purificada. La purificación claro que comporta también, la destrucción de todo lo que mancha,
de todo lo que destruye, de todo lo que sobra, de todo lo que es obstáculo.
Las aguas pascuales del Éxodo se conmemoran en el sacramento del Bautismo. Se hacen realidad en cada
vida, se hacen realidad en cada persona. Cantamos a Dios, en nuestro mundo moderno, con el ruido de
las turbinas, que convierten el agua embalsada en energía creadora. Todo esto es posible pensarlo cuando
recordamos lo que es el agua. Es que estamos conmemorando el Sacramento del Agua, del agua
santificada por Cristo, por el Espíritu, del agua que nos regeneró que nos hizo creaturas nuevas, que nos
hace cristianos, el agua bautismal.
Le damos gracias a Dios porque su Hijo que es el Amado, el Predilecto descendió a las aguas del Jordán.
Y qué significa ese episodio, ese hecho del Bautismo de Jesús? Significa que Él se solidarizó con los
pecadores, que él se unió realmente al pequeño resto de los pobres, que el compartió con ellos la
esperanza del Reino de Dios.
Eso significa que El, ante la sorpresa del mismo Juan Bautista. Juan Bautista se negaba a bautizarlo y le
decía: “Eres Tú, quien tienes que bautizarme a mí”. Y Jesús le dijo: “Deja que se cumpla toda Justicia”.
Porque Jesús viene a darle cumplimiento al proyecto de Dios, vino a darle sentido a toda la aspiración de
los hombres vino a solidarizarse, no porque El necesitara pasar por ese rito, porque Él es el Hijo de Dios,
pero El asumió lo nuestro y quiso sacarlo adelante.
Bautismo de Jesús, se celebra la conmemoración de ese episodio en el ambiente de la Navidad, por todo
eso cantamos con los Ángeles, con los Santos, le damos gracias a Dios. El ilumina por su Hijo a todos los
que quieran dejarse iluminar, tantos signos que hacen que este tiempo de la Navidad tenga un contenido
riquísimo.
Hemos hablado de la Luz, hemos hablado de lo que significó el corazón de los Pastores y el Corazón de
María para recibir a Dios, hemos hablado de lo que es el Árbol de la Navidad, de lo que es el Pesebre, de
lo que son las Velas, de lo que son los adornos si quieren tener sentido. Hablamos del agua, el agua que
purifica, el agua que renueva, el agua que recrea.
Jesús, Luz del Mundo, El ilumina la Vida, el Bautismo es Iluminación, porque nos hace pasar de las
tinieblas a la Luz Admirable. El ilumina a sus Hermanos, somos nosotros, nos sirve para que todos
podamos vernos libres del mal, la acción de Jesús es iluminación liberadora, es que su nombre lo define
todo: El es Jesús, El salva. Por eso bendecimos al Padre, porque Jesucristo vive y Jesucristo vive en todo
deseo de vida y de amor, en todo pan que se parte, en toda fraternidad humana, en toda lucha por la
libertad, allí vive Jesús.
A lo largo de la Historia han aparecido siempre Hombres Justos, Mujeres admirables que han defendido
la justicia, que han dicho la Verdad, que han hecho la Verdad. También hay entre nosotros personas
sinceras, hay muchas personas entregadas que creen en Dios, en Dios que es Amor. Personas que son
testigos de su Amor en el Mundo. Le damos gracias al Padre por los profetas valientes, también entre
nosotros hay, también los tenemos cerca, son portadores del Amor de Dios para nosotros.
Le damos gracias por los testigos del nombre de Dios, por los encarcelados, a causa de la Justicia, porque
ellos nos están diciendo que el poder de Dios vence, que la Verdad es Dios y que esa Verdad es la Luz.
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Para que la muerte no tuviese reinado absoluto sobre el mundo, para que la libertad no fuese una
aspiración inalcanzable, para que se cumpliera toda justicia, se reunió en la Ultima Cena con los
Apóstoles y nos ofreció el banquete de su Amor, para que se cumpliera toda Justicia.
Es decir, para que se llevara a cabo la acción salvadora de Dios, su voluntad de salvar, para eso El se
solidariza con nosotros, un gesto del Señor, que es gesto de Bondad, es gesto de Solidaridad, es gesto de
su amor. Nosotros, llamados a incorporarnos, llamados a participar, llamados a pertenecer. El Bautismo
es pertenencia.
Nos incorporamos a Cristo, se realiza la Alianza, somos su Pueblo, por eso aceptamos la vocación que el
Padre nos regala y aceptamos la misión que él nos encomienda. Porque es un Don, nos regala la
Vocación; es una tarea, nos encomienda una misión. Ser cristianos es Don y es Tarea. El Bautismo nos
favorece con el Don y nos compromete con la Tarea.
Nosotros sabemos que en torno nuestro hay ciegos, cautivos, cojos, necesitados, desplazados,
desempleados, desesperados, equivocados que cogen otro camino, creyendo que los lleva a la Felicidad y
es frustración.
Hay mujeres y hombres manipulados por la sociedad de consumo, por gobernantes que imponen la paz
externa, con toda clase de poderes coercitivos. Sabemos todo eso, le pedimos al Padre que disipe los
nubarrones, esos nubarrones que amontonamos en nuestra vida y que nos impiden ver con ojos de fe, que
nos impiden aceptar responsabilidades con esperanza cristiana.
Renovemos las promesas bautismales, renovemos nuestra adhesión, digámosle que Si a Cristo, El Señor.
El Bautismo es ese compromiso. Al conmemorar, en el ambiente de la Navidad, ese Bautismo de Jesús,
estamos nosotros llamados a revivir nuestro Bautismo, a actualizar el compromiso de esa Alianza. Que
Dios haga resonar en nuestros oídos la voz de su Hijo para que podamos recordar que somos servidores e
hijos amados, porque esa fue la Voz que se escuchó en el escenario del Bautismo: “Este es mi Hijo
Amado, escúchenlo”. Que Él les haga tomar consciencia que nosotros a partir del Sacramento del
Bautismo somos hijos y somos amados, somos servidores, que sepamos cumplir así todo lo que Dios
quiere.
Porque la Voluntad de Dios es el Camino, es su Proyecto, para hacer esa Voluntad nos incorporamos al
Misterio de Cristo y le decimos, aquí estamos Padre para hacer su voluntad. Con alegría manifestemos la
fe, con alegría hagamos profesión de esa fe, digámosle a Dios una vez más que cuenta con nosotros, que
si queremos ser cristiano ahora en nuestro mundo, que queremos que la Gracia Bautismal sea vida, que
queremos decirle que nosotros no queremos el mal, no queremos hacer daño, que no queremos destruir
nada.
Que queremos creer en El, en su Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo, en la Iglesia y que queremos
trabajar en la construcción de un mundo nuevo. Nosotros bautizados tenemos una responsabilidad, con la
transformación de nuestro mundo y tenemos que renovar permanentemente ese compromiso de la fe.
Todo lo que expresamos, el ambiente de la Navidad, que todavía nos sigue dominando en este tiempo, es
el deseo de corresponder con buena voluntad a esa acción de Dios en nosotros.
A propósito de la conmemoración que hacemos del Bautismo de Jesús, en el ambiente de la Navidad, nos
preguntamos: «¿Qué hace de nosotros el Bautismo?»: la entrega al designio de Amor del Padre, la
pertenencia a la Iglesia, la esperanza para el Mundo.
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Esto es el Bautismo, esto y mucho más. No podemos en una sola frase o con una sola palabra describir la
riqueza, el alcance, el contenido, el significado del Bautismo. Si miramos la Sagrada Escritura, en la
enseñanza del Nuevo Testamento, por supuesto, el Bautismo no se describe con una sola palabra.
El Bautismo es renacimiento, así le decía Jesús a Nicodemo: «es necesario nacer de nuevo, nacer de lo
alto» (Jn. 3, 1-7). El Bautismo es creación nueva, nacimiento nuevo, renacimiento. Pero todavía más nos
enseña la Sagrada Escritura, ese renacer tiene un término: la «Vida Nueva». Ese Renacer desemboca en la
Vida Nueva (Ro. 6, 1-9). Por el sacramento del Bautismo, nosotros hemos sido sepultados con Cristo en
su muerte, pero no para quedar sepultados, sino para resucitar con El a una Vida Nueva.
Pablo se vale de la comparación de la sepultura (porque la palabra «bautismo» significa «inmersión» =
sumergirse en el agua, para salir de allí renovados), para decirnos que el bautismo nos hace entrar a
participar del Misterio Pascual de Jesucristo: sumergirnos en su Muerte para salir victoriosos por la
participación en su Resurrección: «Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él»
(Ro. 6, 8).
Esa «Vida Nueva» se tiene que expresar en un comportamiento nuevo, en una conducta nueva,
renacimiento para una Vida Nueva: nos enseñó Juan, nos enseñó Pablo.
En su Primera Carta, San Pedro nos enseña que somos «piedras vivas» de ese edificio vivo que es la
Iglesia al cual nos hemos incorporado para participar de la naturaleza divina y que nosotros estamos
llamados a ser esas piedras vivas de la construcción que es la Iglesia (cfr. 1Pe. 2, 45; Ef. 2, 19-22). A la
Iglesia pertenecemos por el Bautismo y la pertenencia nos hace ser de la Iglesia, nos hace sentir a la
Iglesia nuestra. Por el bautismo, le interesamos y la interesamos a la Iglesia: le interesamos, porque somos
de ella; la interesamos, porque la comprometemos.
El Bautismo también es «Iluminación», porque hemos sido trasladados «de las tinieblas a su Luz
Admirable» (1Pe. 2, 9). En la antigüedad al bautismo también se lo llamó «fotismos» (fwtismoj =
iluminación). El Bautismo también es «Regeneración» verdadera porque nos hace despojar del Hombre
Viejo para revestirnos del Hombre Nuevo, es una regeneración que transforma nuestro ser (Ef. 4, 22-24).
Todo eso hace el Bautismo en nosotros: es renacimiento, Vida Nueva, nos hace «piedras vivas» de la
construcción que es la iglesia, es «iluminación» y «regeneración».
La marca para cada uno de nosotros es el abrazo del Padre y ese abrazo del Padre lo realiza el Bautismo:
es signo eficaz de las relaciones vitales que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo establecen con nosotros.
La Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, habitan en nosotros de manera viva por el
Sacramento del Bautismo.
El Bautismo nos da un corazón nuevo. Ya habíamos dicho que del corazón brota la Paz. Se necesita un
corazón nuevo para la Paz; el Bautismo nos da el corazón nuevo. Nos hace capaces de obediencia filial,
no de sometimiento ni de sumisión, sino de obediencia y el que obedece es el hijo, no el esclavo. El
cristiano, con la conciencia filial que recibe en el bautismo, obedece al designio de Amor de Dios como
Jesús, el «Hijo predilecto» (Mt. 3, 17; Mc.1, 11; Lc. 3, 22 ).
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El Bautismo marca también para nosotros, el ingreso en la gran familia de la Iglesia. Esa incorporación
eclesial, nos capacita para celebrar la Eucaristía, para escuchar y testimoniar la Palabra de Jesús, para
vivir la caridad fraterna, para poner nuestros dones al servicio de todos, es decir para crear Comunidad.
El Bautismo nos hace comunitarios, y con una espiritualidad de comunión podremos construir un mundo
nuevo, podemos renovar la familia, renovar la Iglesia, porque nos renovamos nosotros mismos por
dentro. El Espíritu de comunión nos transforma y a esa comunión entramos por el Sacramento del
Bautismo.
El Bautismo nos convierte en signo de Esperanza para toda la Humanidad, porque crea en nosotros una
humanidad nueva, libre del pecado, lista a entrar en los varios ámbitos de la convivencia humana. Pero no
con el egoísmo agresivo de quien lleva todo y todos hacia sí mismo, sino con la firme disponibilidad de
quien, dejándose atraer por Cristo, está dispuesto a ayudar, a colaborar, a servir, a amar, en comunión,
con la participación de todos.
Esta meditación que estamos haciendo sobre nuestro Bautismo, es siempre profundamente consoladora,
es una meditación que tranquiliza nuestra mirada sobre el mundo. Tenemos problemas, ¡y son muy
graves!, no podemos cerrar ingenuamente los ojos para desconocer las crisis por las cuales atravesamos.
Pero, aunque los problemas que tengamos ante nosotros sean enormes, el Bautismo, mientras sigue
reviviendo en nosotros y generando siempre nuevos hijos para la Iglesia, nos llena de confianza, nos llena
de amor, de esperanza, porque en los Bautizados, Cristo sigue venciendo con amor, el mal que hay en el
mundo.
El Bautismo nos hace creaturas nuevas, nos da mentalidad nueva y nos compromete a vivir de una
manera nueva, a ser testigos del amor de Dios, a poner actos de convivencia, a construir comunión,
porque somos constructores de Iglesia y la Iglesia es experiencia de comunión. Y la comunión la hacemos
participando todos.
Todos pertenecemos a la Iglesia por el Sacramento del Bautismo y esa pertenencia nos compromete a
todos en la Misión de la Iglesia. Nadie está excluido de la Misión de la Iglesia. Todos, grandes y
pequeños, ricos y pobres, sabios e ignorantes, hombres y mujeres, mayores y jóvenes y niños, tenemos la
responsabilidad bautismal de ser evangelizadores, porque, al convertirnos en Iglesia, el Bautismo nos
compromete con la Misión de la Iglesia y la Iglesia solo existe para evangelizar.
¿Qué estamos haciendo?¿Cómo se nota? ¿Qué proyección tiene nuestro ser de bautizados en el mundo, en
el ambiente, en el sector, en la parroquia, en el hogar, en la fábrica, en la oficina, en el taller, en la
universidad? Porque son los ámbitos de la vida (los «areópagos modernos», según palabras de Juan Pablo
II) en donde estamos llamados a testimoniar la Fe en Jesucristo Salvador, esa Fe a la cual hemos sido
consagrados y en la cual hemos sido consagrados por el Sacramento de Bautismo.
Tenemos una oportunidad maravillosa de reflexionar en esa condición de bautizados. Somos, por el
Sacramento del Bautismo, el Pueblo de la Nueva Alianza, la Iglesia.
Ojalá este don nos comprometa con la tarea de ser misioneros, evangelizadores, servidores del Evangelio
de la Verdad, del Evangelio de la libertad, del Evangelio de la honestidad y honradez.... En una palabra,
32
que nos comprometa con el Evangelio que es Jesucristo, quien, una vez más, llega a nosotros como
«Emmanuel».
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A. EN LA SINAGOGA (Mc 1,21-28)
Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Jesús comienza el, shabbat en "la casa de la
asamblea", lugar de oración de la comunidad de Israel. La sinagoga no era un templo, ni se ofrecía
sacrificio alguno en ella. Cada semana, el pueblo religioso acudía a meditar los grandes acontecimientos
que habían tejido la historia de la salvación.
Toda sinagoga, siempre estaba orientada hacia Jerusalén y el centro de atención del local, era el lugar
donde se encontraban los sagrados rollos que contenían la Ley, los Escritos y los Profetas. Sin embargo,
en cuanto Jesús llega, todo se centra en él, y la sinagoga entera se orienta a su persona. Marcos repite dos
veces que Jesús enseñaba, pero nunca precisa el contenido de su mensaje, porque para él lo más
importante no es lo que Jesús dice (como para Mateo), sino lo que el Maestro hace. Él es la Palabra hecha
carne. Por eso el evangelista concluye: y quedaron asombrados de su doctrina. Les enseñaba como quien
tiene autoridad, y no como los escribas. Cuando Marcos aclara que la autoridad de Jesús no era como la
de los escribas y fariseos, quiere subrayar que no se trataba de un hombre de la institución, sino un profeta
levantado por el viento sorpresivo del Espíritu. En otras palabras, el evangelista, antes de comenzar a
esbozar el perfil de Jesús, quiere quitar todo prejuicio o preconcepto. Primero, nos quiere manifestar
quién no es Jesús: no es un profesional de la religión, ni se identifica con lo ya existente. No lleva título o
autorización externa.
Más que descubrirnos quién es Jesús, quiere alimentar la expectativa de que nos encontramos frente a un
personaje fuera de serie. Los escribas eran los intérpretes autorizados de la Ley, que se atrincheraban en la
tradición de los antepasados. Los fariseos representaban la fidelidad a los mandamientos, de manera
especial en cuanto a la observancia del sábado. Jesús va no sólo a contrastar, sino hasta a oponerse a ellos.
Había precisamente en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar:
Se trata del primer milagro del Evangelio, y esto le da una plusvalía al hecho: Jesús vence al enemigo más
poderoso. Por tanto, al hacer lo más difícil, tiene ganadas todas las demás batallas. San Marcos lo escogió
como prototipo de la misión mesiánica: no condenar al hombre ni recriminarle su pecado, sino al
contrario, liberarlo de todos sus males.
Jesús es el gran solidario de la miseria de los hombres, que viene a liberarlo de toda esclavitud.
Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros:
¿Qué es esto?
\,;
La primera parte del día la pasó en la sinagoga. Las actitudes de Jesús suscitan preguntas. Quiere que
cada uno vaya despejando la incógnita de su identidad mesiánica.
En estos momentos sólo se perfila una nueva doctrina. Notemos que la palabra doctrina no se refiere a
leyes, conceptos o dogmas, sino a todo el conjunto. Por tanto, dice referencia a la vida y no se limita sólo
a la conducta o la moral de las personas.
En Jesús existe algo que no se encontraba antes en nadie. Se trata de un personaje especial que nos invita
a ir desvelando el misterio de su persona.
¿En qué consiste su diferencia con los escribas y . Fariseos?
34
En primer lugar, expone "su doctrina" con poder: signos y prodigios son parte del mensaje. Como los
grandes profetas, está acreditado por el poder de Dios. En segundo, él sí vive lo que predica, a diferencia
de los fariseos, que imponen pesadas cargas a las espaldas de sus discípulos pero ellos no las sobrellevan
ni con un dedo de la mano.
En la sinagoga, Jesús ocupa el lugar de la Ley y los Profetas. Él es la Ley y el Profeta por excelencia. Lo
que él hace o dice, está por encima de la antigua legislación. Su vida es un signo profético: viene a liberar
a todo oprimido.
Salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. El evangelista destaca
intencional mente de dónde sale Jesús y a dónde va, porque este tránsito le es muy trascendente. Por otro
lado, precisa el nombre de los
Acompañantes: Santiago y Juan. Es tan importante el itinerario, como con quiénes se recorre. Va a la casa
de sus amigos en compañía de otros amigos.
El Maestro al igual que meditaba los grandes acontecimientos salvíficos en los Escritos y los Profetas,
leía la historia de la salvación en el corazón de sus amigos íntimos. Tan importante era estar en la
sinagoga con la gente piadosa, como el clima de confianza y amistad con sus más allegados. El estar con
ellos, era una de sus prioridades. De ninguna manera era una pérdida de tiempo, sino acercarse a la fuente
de la amistad íntima para oxigenar su corazón con el aire puro del amor de sus amigos.
El alma del joven Maestro de Galilea no se satisfacía con los elogios y la admiración de las multitudes.
Precisaba del calor de la confianza que brota de la amistad.
La segunda parte del día la pasó con sus amigos Había tanto trabajo, a veces tantas oposiciones de las
autoridades religiosas y ataques de los espíritus inmundos, que Jesús necesitaba cargar baterías para poder
enfrentar todas las batallas. Por tanto, no había día en la vida de Jesús en que él no tuviera tiempo para sus
amigos más cercanos. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre.
Este milagro es muy significativo, ya que intenta describir gráficamente en qué consiste el paso de la
sinagoga a la casa de Pedro; es decir, del Antiguo al Nuevo Testamento.
El Evangelio nos presenta una persona con todos los agravantes: mujer, enferma y suegra. Las mujeres no
eran consideradas sujetos de credibilidad. Además, estaba enferma: no servía para nada y era un peso para
todos. Por si eso fuera poco, era suegra. Lo primero que debemos entender es que la fiebre no es una
enfermedad en sí, sino síntoma de otro trastorno más grave. Por tanto, no la va a curar principalmente de
los síntomas, sino de la raíz que provoca su alta temperatura. Lo que quiere mostrarnos el evangelista, es
que Jesús sana la persona íntegra: lo exterior como lo interior. Su fiebre era el síntoma de la enfermedad,
y la enfermedad es un anticipo de la muerte, Jesús viene a Iiberarnos de la muerte que es consecuencia del
pecado.
La fiebre de miedo, inseguridad, tristeza y soledad, desaparecen cuando se sana la raíz del problema:
pecado.
Ella, en cuanto se levantó, comenzó a servirles. Cuando Mateo narra este mismo episodio (Mt 8,14-15),
nota que la mujer restablecida "servía" al maravilloso taumaturgo que la había curado. Sin embargo,
Marcos precisa que' "les servía", tanto a Jesús como a sus discípulos, porque no se puede asistir a Jesús
sin atender a sus discípulos, y servir a los discípulos es lo mismo que hacerlo con Jesús.
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El maestro no es un superhombre autosuficiente, sino que acepta el servicio. No ocu1ta sus necesidades,
sino que a través de ellas ofrece a los demás la oportunidad de sentirse útiles y valiosos. Ella, la inútil, que
no era capaz de prestar servicio alguno, ayuda a toda la comunidad. Su vida tiene sentido sirviendo a los
demás. Se trata de una resurrección verdadera, pues restablece a quien estaba postrada en la cama de la
inutilidad. El mensaje de este milagro, no es que Jesús sea como el agua fría que baja la temperatura, sino
que ha venido a resucitar a todo aquel que no ha descubierto para qué sirve su vida.
Si la sinagoga representa en cierta forma el Antiguo Testamento, la casa de Simón (domus ecclesiae)
simboliza el Nuevo Testamento.
Pasar al Nuevo Testamento es levantarse de la inutilidad y encontrar el sentido de servicio que tiene la
vida.
Sólo en Jesús se realiza este tránsito. Jesús capacita a sus amigos para el servicio, dándole así sentido a su
vida.
*Algunos comentaristas piensan que se trata de la puerta de la casa de Pedro. Otros, basados en que como
se afirma que toda la ciudad estaba congregada, consideran más lógico que se refiera a la puerta de la
ciudad, punto de convergencia de la gente al caer la tarde. Nosotros compartimos la segunda opinión.
La tercera parte del día la pasó en la puerta El Evangelio llegaba también a la vida comercial y a los
tribunales de justicia. No se limitaba a los cuatro muros de la sinagoga, ni a la intimidad de los amigos:
debía transformar la sociedad. Jesús no encerró la Buena Noticia en una estructura, mucho menos a un
local, sino que él mismo la hizo presente en las relaciones más comunes de los hombres. Perdió el olor a
incienso y se revistió del sudor de los trabajadores, enfrentándose a quienes venden al pobre o se
aprovechan de la viuda desprotegida (Am 5,10-15). El Evangelio abarca tanto a los hombres piadosos
como a los interesados en las realidades temporales, pues es un Reino de justicia, gozo y paz en el
Espíritu Santo: Rom 14,17. La Buena Nueva de la salvación no se reduce a la intimidad, aunque ésta se
revista de religión o prácticas piadosas. Tampoco puede ser contenida por un templo ni está reservada a
un tipo de personas. No tiene fronteras. Jesús curó a muchos... y expulsó muchos demonios.
Se supone que en el mundo de los negocios y la vida comercial, están los mejor dotados y preparados, por
lo que hemos de deducir que Jesús curó de otro tipo de dolencias: las enfermedades del medio político y
comercial:
la injusticia y la rapiña, el soborno y la calumnia. Estas son precisamente las terribles enfermedades que
Jesús viene a sanar. Por otro lado, expulsa a los demonios que suplantan a Dios en los comercios y la
economía: el dios dinero. Libera al hombre de la codicia, que es el origen de todos los males.
De madrugada, cuando todavía estaba oscuro, se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, y allí se puso
a hacer oración.
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Un hombre con tanta popularidad y trato con todo mundo, necesitaba intimidad consigo mismo. De otra
manera, se desgastaría y se vaciaría. Precisaba reencontrarse cada día con el misterio de su propio ser: el
Verbo encarnado, Dios reducido a los parámetros de las limitaciones humanas. Por su naturaleza humana,
ante el continuo contacto con el dolor y la miseria de los hombres, era susceptible de despeñarse en el
pesimismo; o, mareado por el incienso de los aplausos y la fama, podría sucumbir ante el camino de la
gloria mundana.
Era verdadero Dios sin dejar de ser verdadero hombre, sometido a las tentaciones del Demonio. No se
podía anular ninguna parte de este binomio indivisible. El equilibrio en esta cuerda floja, sólo se podría
obtener mediante la continua y permanente oración. Ni la amargura por el dolor, donde se pierde la
brújula de la esperanza, ni el camino fácil de convertir piedras en pan. Por encima de todo, debía estar el
tenue testimonio del Espíritu que lo lanzaba al final de su misión.
En este silencio, donde enmudecen los gritos de los sentidos, se encuentra al mismo tiempo con su Padre
amado. Jesús, que ha estado con la gente religiosa en la sinagoga, con sus amigos en la casa de Pedro y
con todo mundo en la puerta de la ciudad, ahora va al santuario de su propio ser, donde se encuentra el
Padre que le ha enviado y le ama como al hijo de las complacencias.
La cuarta parte del día la pasó en la soledad del desierto Cada día el Maestro reservaba un período de
tiempo, especialmente durante las noches, para la intimidad con su Padre amado. Se podrían omitir otros
puntos de la agenda, pero nunca el dejar la oración.
Así como los discípulos son los que están con el Maestro,' el Maestro a su vez permanece en la unión y
comunión permanente con su Padre. Era allí donde se alimentaba para amar sin límites y ser capaz de dar
la prueba máxima del amor. En la comunión con su Abbá, se fortificaba para subir la cuesta de la misión
confiada. He aquí el secreto de la fecundidad y eficacia de su ministerio. Si comunicaba a los demás la
Buena Nueva del amor de Dios, era porque él continuamente lo experimentaba.
En ese silencio se gestaba la Palabra que siendo viva y eficaz, es capaz de transformar los corazones y
cambiar el mundo. Simón y sus compañeros fueron en su busca.
Al encontrarle, le dicen: Todos te buscan. Jesús contestó: Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para
que allí también predique; pues para eso he salido. San Marcos es muy 'sutil cuando nos descubre dos
frutos complementarios de' la oración:
- La gente sigue al que ora, más que al taumaturgo. La multitud siente un imán de atracción por los
hombres y mujeres de oración.
- Por otro lado, la oración de Jesús no lo aparta de los demás. Al contrario, lo lanza hasta los más
apartados y lo capacita para quitar toda barrera y límite a su. Misión. Algunos interpretan el ''para esto
he salido", como si' Jesús quisiera decir: Si me he apartado de la multitud y de todo mundo para venir a
esta soledad, ha sido para ser capaz de llegar a muchos más. He salido del activismo por Fortalecerme,
para recorrer todo monte y valle. El pescador de Cafarnaúm estaba engolosinado con los aplausos de sus
compatriotas y propone regresar al éxito y donde lo rodea la aureola de la popularidad. Jesús no sucumbe
ante la tentación de volver a lo mismo de siempre. Jesús no acepta. Más bien prefiere lugares inéditos y
caminos vírgenes. No detenerse, sino traspasar todas las fronteras y llegar hasta los confines de la tierra.
Como buen pastor, va a buscar a las ovejas que ni siquiera se han dado cuenta de que están pérdidas: y
recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas, y expulsando los demonios. Si Jesús había
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comenzado "su día" en la sinagoga de Cafarnaúm, cierra el ciclo en las sinagogas de Galilea. Otra vez va
a comenzar el mismo programa.
Este es el círculo continuo de los principales intereses del Maestro. San Marcos nos ha descrito de manera
gráfica la jerarquía de valores de Jesús.
CONCLUSIÓN
Jesús es el Maestro que enseña una nueva doctrina, pero no con palabras y grandes discursos, sino con su
propia vida.
Es más, en estos pasajes casi ni abre la boca, porque su estilo de vida es ya elocuente.
Su persona es la enseñanza. Él es el mensaje. Basta observar un día de su vida para encontrar sus
opciones preferenciales:
- La sinagoga, con el pueblo de Dios, para liberar a los oprimidos por el diablo.
- La casa de sus amigos, donde restablece a la persona más necesitada.
- La puerta, donde se administra la justicia y se sana de la injusticia.
- El desierto, donde se encuentra consigo y con su Padre, para fortalecerse en su misión evangelizadora.
Muy bien podríamos concluir que Jesús supo armonizar todos los elementos de la historia, de los
hombres. Hizo de su vida realmente una obra de arte, sabiendo conjugar sin extremos ni omisiones, los
aspectos más importantes de la existencia. En fin, marcó una jerarquía de valores.
La Eucaristía
La Misa consta de dos partes, a saber, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística. Consta además
de algunos ritos que inician y concluyen la celebración.
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RITOS INICIALES
Los ritos que preceden a la Liturgia de la Palabra, es decir, la entrada, el saludo, el acto penitencial,
el Señor, ten piedad, el Gloria y la colecta, tienen el carácter de exordio, de introducción y de
preparación. La finalidad de ellos es hacer que los fieles reunidos en la unidad construyan la comunión y
se dispongan debidamente a escuchar la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.
Entrada
Estando el pueblo reunido, cuando avanza el sacerdote con el diácono y con los ministros, se da comienzo
al canto de entrada. La finalidad de este canto es abrir la celebración, promover la unión de quienes se
están congregados e introducir su espíritu en el misterio del tiempo litúrgico o de la festividad, así como
acompañar la procesión del sacerdote y los ministros.
Saludo
Cuando llegan al presbiterio, el sacerdote, el diácono y los ministros saludan al altar con una inclinación
profunda. Sin embargo, como signo de veneración, el sacerdote y el diácono besan el altar; y el sacerdote,
según las circunstancias, inciensa la cruz y el altar. Concluido el canto de entrada, el sacerdote de pie, en
la sede, se signa juntamente con toda la asamblea con la señal de la cruz; después, por medio del saludo,
expresa a la comunidad reunida la presencia del Señor. Con este saludo y con la respuesta del pueblo se
manifiesta el misterio de la Iglesia congregada.
Acto penitencial
Después el sacerdote invita al acto penitencial que, tras una breve pausa de silencio, se lleva a cabo por
medio de la fórmula de la confesión general de toda la comunidad, y se concluye con la absolución del
sacerdote que, no obstante, carece de la eficacia del sacramento de la Penitencia.
Después del acto penitencial, se tiene siempre el Señor, ten piedad, a no ser que quizás haya tenido lugar
ya en el mismo acto penitencial.
Gloria
El Gloria es un himno antiquísimo y venerable con el que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo,
glorifica a Dios Padre y glorifica y le suplica al Cordero.
Colecta
En seguida, el sacerdote invita al pueblo a orar, y todos, juntamente con el sacerdote, guardan un
momento de silencio para hacerse conscientes de que están en la presencia de Dios y puedan formular en
su espíritu sus deseos. Entonces el sacerdote dice la oración que suele llamarse «colecta» y por la cual se
expresa el carácter de la celebración.
LITURGIA DE LA PALABRA
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La parte principal de la Liturgia de la Palabra la constituyen las lecturas tomadas de la Sagrada Escritura,
junto con los cánticos que se intercalan entre ellas; y la homilía, la profesión de fe y la oración universal u
oración de los fieles, la desarrollan y la concluyen.
Lecturas bíblicas
Por las lecturas se prepara para los fieles la mesa de la Palabra de Dios y abren para ellos los tesoros de la
Biblia. La lectura del Evangelio constituye la cumbre de la Liturgia de la Palabra. La Liturgia misma
enseña que debe tributársele suma veneración, cuando la distingue entre las otras lecturas con especial
honor, sea por parte del ministro delegado para anunciarlo y por la bendición o la oración con que se
prepara; sea por parte de los fieles, que con sus aclamaciones reconocen y profesan la presencia de Cristo
que les habla, y escuchan de pie la lectura misma; sea por los mismos signos de veneración que se
tributan al Evangeliario.
Después de la primera lectura, sigue el salmo responsorial, que es parte integral de la Liturgia de la
Palabra y en sí mismo tiene gran importancia litúrgica y pastoral, ya que favorece la meditación de la
Palabra de Dios. Después de la lectura, que precede inmediatamente al Evangelio, se canta el Aleluya u
otro canto determinado por las rúbricas, según lo pida el tiempo litúrgico. Esta aclamación constituye por
sí misma un rito, o bien un acto, por el que la asamblea de los fieles acoge y saluda al Señor, quien le
hablará en el Evangelio, y en la cual profesa su fe con el canto.
Homilía
La homilía es parte de la Liturgia y es muy recomendada, pues es necesaria para alimentar la vida
cristiana. Conviene que sea una explicación o de algún aspecto de las lecturas de la Sagrada Escritura, o
de otro texto del Ordinario, o del Propio de la Misa del día, teniendo en cuenta, sea el misterio que se
celebra, sean las necesidades particulares de los oyentes. (Los domingos y las fiestas del precepto debe
tenerse la homilía en todas las Misas que se celebran con asistencia del pueblo y no puede omitirse sin
causa grave, por otra parte, se recomienda tenerla todos días especialmente en las ferias de Adviento,
Cuaresma y durante el tiempo pascual, así como también en otras fiestas y ocasiones en que el pueblo
acude numeroso a la Iglesia).
Profesión de fe
El Símbolo o Profesión de Fe, se orienta a que todo el pueblo reunido responda a la Palabra de Dios
anunciada en las lecturas de la Sagrada Escritura y explicada por la homilía. Y para que sea proclamado
como regla de fe, mediante una fórmula aprobada para el uso litúrgico, que recuerde, confiese y
manifieste los grandes misterios de la fe, antes de comenzar su celebración en la Eucaristía.
Oración universal
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En la oración universal, u oración de los fieles, el pueblo responde en cierto modo a la Palabra de Dios
recibida en la fe y, ejercitando el oficio de su sacerdocio bautismal, ofrece súplicas a Dios por la
salvación de todos.
LITURGIA EUCARÍSTICA
En la última Cena, Cristo instituyó el sacrificio y el banquete pascuales. Por estos misterios el sacrificio
de la cruz se hace continuamente presente en la Iglesia, cuando el sacerdote, representando a Cristo
Señor, realiza lo mismo que el Señor hizo y encomendó a sus discípulos que hicieran en memoria de Él.
Cristo, pues, tomó el pan y el cáliz, dio gracias, partió el pan, y los dio a sus discípulos, diciendo: Tomad,
comed, bebed; esto es mi Cuerpo; éste es el cáliz de mi Sangre. Haced esto en conmemoración mía. Por
eso, la Iglesia ha ordenado toda la celebración de la Liturgia Eucarística con estas partes que responden a
las palabras y a las acciones de Cristo, a saber:
1) En la preparación de los dones se llevan al altar el pan y el vino con agua, es decir, los mismos
elementos que Cristo tomó en sus manos.
2) En la Plegaria Eucarística se dan gracias a Dios por toda la obra de la salvación y las ofrendas se
convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo.
3) Por la fracción del pan y por la Comunión, los fieles, aunque sean muchos, reciben de un único pan el
Cuerpo, y de un único cáliz la Sangre del Señor, del mismo modo como los Apóstoles lo recibieron de las
manos del mismo Cristo.
Al comienzo de la Liturgia Eucarística se llevan al altar los dones que se convertirán en el Cuerpo y en la
Sangre de Cristo. En primer lugar se prepara el altar, o mesa del Señor, que es el centro de toda la
Liturgia Eucarística, y en él se colocan el corporal, el purificador, el misal y el cáliz, cuando éste no se
prepara en la credencia. En seguida se traen las ofrendas: el pan y el vino, que es laudable que sean
presentados por los fieles. Cuando las ofrendas son traídas por los fieles, el sacerdote o el diácono las
reciben en un lugar apropiado y son ellos quienes las llevan al altar. Aunque los fieles ya no traigan, de
los suyos, el pan y el vino destinados para la liturgia, como se hacía antiguamente, sin embargo el rito de
presentarlos conserva su fuerza y su significado espiritual.
Depositadas las ofrendas y concluidos los ritos que las acompañan, con la invitación a orar junto con el
sacerdote, y con la oración sobre las ofrendas, se concluye la preparación de los dones y se prepara la
Plegaria Eucarística.
Plegaria Eucarística
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En este momento comienza el centro y la cumbre de toda la celebración, esto es, la Plegaria Eucarística,
que ciertamente es una oración de acción de gracias y de santificación. La Plegaria Eucarística exige que
todos la escuchen con reverencia y con silencio.
Los principales elementos de que consta la Plegaria Eucarística pueden distinguirse de esta manera:
b) Aclamación: con la cual toda la asamblea, uniéndose a los coros celestiales, canta el Santo. Esta
aclamación, que es parte de la misma Plegaria Eucarística, es proclamada por todo el pueblo juntamente
con el sacerdote.
c) Epíclesis: con la cual la Iglesia, por medio de invocaciones especiales, implora la fuerza del Espíritu
Santo para que los dones ofrecidos por los hombres sean consagrados, es decir, se conviertan en el
Cuerpo y en la Sangre de Cristo, y para que la víctima inmaculada que se va a recibir en la Comunión
sirva para la salvación de quienes van a participar en ella.
d) Narración de la institución y consagración: por las palabras y por las acciones de Cristo se lleva a cabo
el sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena, cuando ofreció su Cuerpo y su Sangre bajo
las especies de pan y vino, y los dio a los Apóstoles para que comieran y bebieran, dejándoles el mandato
de perpetuar el mismo misterio.
e) Anámnesis: por la cual la Iglesia, al cumplir el mandato que recibió de Cristo por medio de los
Apóstoles, realiza el memorial del mismo Cristo, renovando principalmente su bienaventurada pasión, su
gloriosa resurrección y su ascensión al cielo.
f) Oblación: por la cual, en este mismo memorial, la Iglesia, principalmente la que se encuentra
congregada aquí y ahora, ofrece al Padre en el Espíritu Santo la víctima inmaculada. La Iglesia, por su
parte, pretende que los fieles, no sólo ofrezcan la víctima inmaculada, sino que también aprendan a
ofrecerse a sí mismos, y día a día se perfeccionen, por la mediación de Cristo, en la unidad con Dios y
entre ellos, para que finalmente, Dios sea todo en todos.
g) Intercesiones: por las cuales se expresa que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia,
tanto con la del cielo, como con la de la tierra; y que la oblación se ofrece por ella misma y por todos sus
miembros, vivos y difuntos, llamados a participar de la redención y de la salvación adquiridas por el
Cuerpo y la Sangre de Cristo.
h) Doxología final: por la cual se expresa la glorificación de Dios, que es afirmada y concluida con la
aclamación Amén del pueblo.
Rito de la comunión
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Puesto que la celebración eucarística es el banquete pascual, conviene que, según el mandato del Señor,
su Cuerpo y su Sangre sean recibidos como alimento espiritual por los fieles debidamente dispuestos. A
esto tienden la fracción y los demás ritos preparatorios, con los que los fieles son conducidos
inmediatamente a la Comunión.
En la Oración del Señor se pide el pan de cada día, que para los cristianos indica principalmente el pan
eucarístico, y se implora la purificación de los pecados, de modo que, en realidad, las cosas santas se den
a los santos.
Rito de la paz
Sigue el rito de la paz, con el que la Iglesia implora la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia
humana, y con el que los fieles se expresan la comunión eclesial y la mutua caridad, antes de la comunión
sacramental.
El sacerdote parte el pan eucarístico, con la ayuda, si es del caso, del diácono o de un concelebrante. El
gesto de la fracción del Pan realizado por Cristo en la Última Cena, que en el tiempo apostólico designó a
toda la acción eucarística, significa que los fieles siendo muchos, en la Comunión de un solo Pan de vida,
que es Cristo muerto y resucitado para la salvación del mundo, forman un solo cuerpo (1Co 10, 17).
Comunión
El sacerdote se prepara para recibir fructuosamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo con una oración en
secreto. Los fieles hacen lo mismo orando en silencio. Después el sacerdote muestra a los fieles el Pan
Eucarístico sobre la patena o sobre el cáliz y los invita al banquete de Cristo; además, juntamente con los
fieles, pronuncia un acto de humildad, usando las palabras evangélicas prescritas.
Es muy de desear que los fieles, como está obligado a hacerlo también el mismo sacerdote, reciban el
Cuerpo del Señor de las hostias consagradas en esa misma Misa, y en los casos previstos, participen del
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cáliz, para que aún por los signos aparezca mejor que la Comunión es una participación en el sacrificio
que entonces mismo se está celebrando.
Mientras el sacerdote toma el Sacramento, se inicia el canto de Comunión, que debe expresar, por la
unión de las voces, la unión espiritual de quienes comulgan, manifestar el gozo del corazón y esclarecer
mejor la índole «comunitaria» de la procesión para recibir la Eucaristía.
Terminada la distribución de la Comunión, si resulta oportuno, el sacerdote y los fieles oran en silencio
por algún intervalo de tiempo. Si se quiere, la asamblea entera también puede cantar un salmo u otro
canto de alabanza o un himno.
Para terminar la súplica del pueblo de Dios y también para concluir todo el rito de la Comunión, el
sacerdote dice la oración después de la Comunión, en la que se suplican los frutos del misterio celebrado.
RITO DE CONCLUSIÓN
b) El saludo y la bendición del sacerdote, que en algunos días y ocasiones se enriquece y se expresa con la
oración sobre el pueblo o con otra fórmula más solemne.
c) La despedida del pueblo, por parte del diácono o del sacerdote, para que cada uno regrese a su bien
obrar, alabando y bendiciendo a Dios.
d) El beso del altar por parte del sacerdote y del diácono y después la inclinación profunda al altar de
parte del sacerdote, del diácono y de los demás ministros
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1. "Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y
toda gloria". Con esta proclamación de alabanza a la Trinidad se concluye en toda celebración eucarística
la plegaria del Canon. En efecto, la Eucaristía es el perfecto "sacrificio de alabanza", la glorificación más
elevada que sube de la tierra al cielo, "la fuente y cima de toda la vida cristiana, en la que los hijos de
Dios ofrecen al Padre la víctima divina y a sí mismos con ella" (cf. Lumen gentium, 11). En el Nuevo
Testamento la carta a los Hebreos nos enseña que la liturgia cristiana es ofrecida por un "sumo sacerdote
santo, inocente, incontaminado, apartado de los pecadores y encumbrado por encima de los cielos", que
ha realizado de una vez para siempre un único sacrificio "ofreciéndose a sí mismo" (cf. Hb 7, 26-27). "Por
medio de él -dice la carta-, ofrecemos a Dios sin cesar un sacrificio de alabanza" (Hb 13, 15). Así
queremos evocar brevemente los temas del sacrificio y de la alabanza, que confluyen en la Eucaristía,
sacrificium laudis.
2. En la Eucaristía se actualiza, ante todo, el sacrificio de Cristo. Jesús está realmente presente bajo las
especies del pan y del vino, como él mismo nos asegura: "Esto es mi cuerpo... Esta es mi sangre" (Mt 26,
26. 28). Pero el Cristo presente en la Eucaristía es el Cristo ya glorificado, que en el Viernes santo se
ofreció a sí mismo en la cruz. Es lo que subrayan las palabras que pronunció sobre el cáliz del vino: "Esta
es mi sangre de la Alianza, derramada por muchos" (Mt 26, 28; cf. Mc 14, 24; Lc 22, 20). Si se analizan
estas palabras a la luz de su filigrana bíblica, afloran dos referencias significativas. La primera es la
expresión "sangre derramada", que, como atestigua el lenguaje bíblico (cf. Gn 9, 6), es sinónimo de
muerte violenta. La segunda consiste en la precisión "por muchos", que alude a los destinatarios de esa
sangre derramada. Esta alusión nos remite a un texto fundamental para la relectura cristiana de las
Escrituras, el cuarto canto de Isaías: con su sacrificio, "entregándose a la muerte", el Siervo del Señor
"llevó el pecado de muchos" (Is 53, 12; cf. Hb 9, 28; 1 P 2, 24).
3. Esa misma dimensión sacrificial y redentora de la Eucaristía se halla expresada en las palabras de Jesús
sobre el pan en la última Cena, tal como las refiere la tradición de san Lucas y san Pablo: "Esto es mi
cuerpo, entregado por vosotros" (Lc 22, 19; cf. 1 Co 11, 24). También en este caso se hace una referencia
a la entrega sacrificial del Siervo del Señor según el pasaje ya evocado de Isaías: "Se entregó a la muerte
(...), llevó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores" (Is 53, 12). "La Eucaristía es, por encima
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de todo, un sacrificio: sacrificio de la Redención y al mismo tiempo sacrificio de la nueva alianza, como
creemos y como claramente profesan también las Iglesias orientales: "El sacrificio actual -afirmó hace
siglos la Iglesia griega (en el Sínodo Constantinopolitano contra Soterico, celebrado en los años 1156-
1157)- es como aquel que un día ofreció el unigénito Verbo de Dios encarnado, es ofrecido, hoy como
entonces, por él, siendo el mismo y único sacrificio"" (carta apostólica Dominicae Coenae, 9).
5. Al llegar a este punto, podemos ilustrar otra afirmación: la Eucaristía es un sacrificio de alabanza.
Esencialmente orientado a la comunión plena entre Dios y el hombre, "el sacrificio eucarístico es la
fuente y la cima de todo el culto de la Iglesia y de toda la vida cristiana. En este sacrificio de acción de
gracias, de propiciación, de impetración y de alabanza los fieles participan con mayor plenitud cuando no
sólo ofrecen al Padre con todo su corazón, en unión con el sacerdote, la sagrada víctima y, en ella, se
ofrecen a sí mismos, sino que también reciben la misma víctima en el sacramento" (Sagrada
Congregación de Ritos, Eucharisticum Mysterium, 3).
Como dice el término mismo en su etimología griega, la Eucaristía es "acción de gracias"; en ella el Hijo
de Dios une a sí mismo a la humanidad redimida en un cántico de acción de gracias y de alabanza.
Recordemos que la palabra hebrea todah, traducida por "alabanza", significa también "acción de gracias".
El sacrificio de alabanza era un sacrificio de acción de gracias (cf. Sal 50, 14. 23). En la última Cena, para
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instituir la Eucaristía, Jesús dio gracias a su Padre (cf. Mt 26, 26-27 y paralelos); este es el origen del
nombre de ese sacramento.
6. "En el sacrificio eucarístico, toda la creación amada por Dios es presentada al Padre a través de la
muerte y resurrección de Cristo" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1359). Uniéndose al sacrificio de
Cristo, la Iglesia en la Eucaristía da voz a la alabanza de la creación entera. A eso debe corresponder el
compromiso de cada fiel de ofrecer su existencia, su "cuerpo" -como dice san Pablo- "como una víctima
viva, santa, agradable a Dios" (Rm 12, 1), en una comunión plena con Cristo. De este modo una sola vida
une a Dios y al hombre, a Cristo crucificado y resucitado por todos y al discípulo llamado a entregarse
totalmente a él.
Esta íntima comunión de amor es lo que canta el poeta francés Paul Claudel, el cual pone en labios de
Cristo estas palabras: "Ven conmigo, a donde yo estoy, en ti mismo, y te daré la clave de la existencia.
Donde yo estoy, está eternamente el secreto de tu origen (...). ¿Dónde están tus manos, que no estén las
mías? ¿Y tus pies, que no estén clavados en la misma cruz? ¡Yo he muerto y he resucitado una vez para
siempre! Estamos muy cerca el uno del otro (...). ¿Cómo puedes separarte de mí sin arrancarme el
corazón?" (La Messe là-bas).
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LA FAMILIA
"La familia es una íntima comunidad de vida y amor" cuya misión es "custodiar, revelar y comunicar el
amor" con cuatro cometidos generales (Familiaris Consortio):
Aprender a Amar
La capacidad de amar es resultado del desarrollo afectivo del ser humano durante los primeros
años de su vida. El desarrollo afectivo es un proceso continuo y secuencial, desde la infancia hasta la
edad adulta.
La madurez afectiva es un largo proceso por el que el ser humano se prepara para la comunicación íntima
y personal con sus semejantes como un Yo único e irrepetible; y que debe desencadenarse al primer
contacto del niño con el adulto perpetuándose a lo largo de su existencia.
A pesar de que el hombre fue creado por Dios con una capacidad innata para amar, el crecimiento
y la vivencia del amor se realizan a través de la experiencia que el hombre va adquiriendo a lo largo
de toda su vida. En el contexto individual de cada persona, esta experiencia se ubica en su familia.
En la familia es donde se hace posible el amor, el amor sin condiciones; los padres que inician la
familia con una promesa de amor quieren a sus hijos porque son sus hijos, no en razón de sus cualidades.
"La familia es un centro de intimidad y apertura".
Es en el seno familiar donde cultivamos lo humano del hombre, que es el enseñarlo a pensar, a
profundizar, a reflexionar. Es en el ámbito de la familia donde el hombre aprende el cultivo de las
virtudes, el respeto que es el guardián del amor, la honradez, la generosidad, la responsabilidad, el amor
al trabajo, la gratitud, etc. La familia nos invita a ser creativos en el cultivo de la inteligencia, la voluntad
y el corazón, para poder contribuir y abrirnos a la sociedad preparada e íntegra. El amor de la familia
debe trasmitirse a la sociedad.
La familia es el primer ambiente vital que encuentra el hombre al venir a este mundo y su
experiencia es decisiva para siempre.
"La familia, dice Juan Pablo II, es la primera y más importante escuela de amor". "La grandeza y la
responsabilidad de la familia están en ser la primera comunidad de vida y amor, el primer
ambiente en donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras
personas, sino también y ante todo por Dios".
Todo se relaciona con el misterio del Padre que nos ha creado por amor y para que amemos. Nos ha
hecho a su imagen y semejanza, todos somos hijos suyos iguales en dignidad. Para revelarnos su
paternidad de amor "nos hace nacer del amor" de un hombre y de una mujer e instituye la familia; ella es
el lugar del amor y de la vida, o dicho de una mejor manera: "el lugar donde el amor engendra la vida".
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"La familia es la primera y fundamental escuela de sociabilidad, como comunidad de amor encuentra en
el don de sí misma la ley que le rige y le hace crecer. El don de sí que inspira el amor mutuo de los
esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y
hermanas y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La comunión y la participación
vivida cotidianamente en la casa, en los momentos de alegría y de dificultad representan la pedagogía más
concreta y eficaz para la inserción activa, responsable y fecunda de los hijos en el horizonte más amplio
de la sociedad"(Familiaris Consortio)
Alguien dijo que "se puede procrear fuera de la familia, pero sólo en familia se puede educar", y
educar para amar sólo se puede en el ámbito de la familia: amando. El ejemplo es el mejor método
para educar; hay una frase que dice "Lo que eres habla tan fuerte, que no oigo lo que me dices".
Qué nos ganamos con decir, o pretender demostrar, amor a nuestros hijos, lo que importa es lo que
ellos ven en la forma como tratamos a nuestro cónyuge.
Tenemos que entender claramente que no hay nada que eduque más y mejor a los hijos que el ejemplo de
amor que ven en sus padres como pareja. Para realmente poder amar a nuestros hijos tenemos primero
que amar a nuestro cónyuge.
Cada familia, aun sin pretenderlo crea un ambiente (de amor o de despego y egoísmo, de rigidez o de
ternura, de orden o de anarquía, de trabajo o de pereza, de ostentación o de sencillez, etc.) que influye en
todos sus miembros, pero especialmente en los niños y en los más jóvenes.
CONOCER
Amar es buscar el bien integral del otro. El que ama y sólo el que ama, conoce bien a la persona
amada, porque la conoce no sólo como aparece sino como es por dentro, y más aún conoce "su
posible", aquello que puede y "debe" llegar a ser. Como dice Paul Valéry "lo que es más verdadero
de un individuo, lo más de él mismo, es su posible, lo que puede llegar a ser".
Partiendo del hecho de que el hombre "es un ser en proceso" pensemos que es en la familia donde más va
a avanzar dentro de este proceso. Así podremos valorar la trascendencia de nuestro amor a los hijos.
Nuestro amor será responsable de que ellos alcancen la estatura que deben llegar a tener, en todos los
aspectos de su persona.
El que ama no sólo conoce lo que la persona amada puede llegar a ser, sino que "le ayuda a ello", le
ayuda a que desarrolle todas las potencialidades que tiene y que muchas veces ignora, le ayuda a
que sea lo que puede llegar a ser.
CONFIAR
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La persona humana que está siempre en proceso de irse haciendo, es un ser con cierta dosis de
inseguridad. El que se siente amado experimenta dentro de sí una fuerza que incrementa su
seguridad.
Sentir la confianza de las personas queridas es, no sólo de gran ayuda, sino en muchas ocasiones
"vital".
Confiar no significa hacerse de la vista gorda, consentir, ceder. Confiar significa creer en la persona
a pesar de que los hechos estén en su contra.
¿Cómo podemos infundir confianza en nuestros hijos?. Ayudándoles a que descubran sus cualidades,
limitaciones y defectos. Ayudándoles a que desarrollen cualidades, animándoles y aplaudiendo sus logros
por pequeños que sean, ayudándoles a que descubran a dónde pueden llevarles sus inclinaciones si no las
dominan y sobre todo, haciéndoles sentir nuestro cariño. Para esto necesitamos no sólo paciencia, sino
también tiempo.
Lo contrario de la confianza es descargar sobre nuestros hijos nuestro coraje e impaciencia, echar
en cara sus torpezas, fallas y malas acciones, sin transmitirles la seguridad que tenemos de que
pueden cambiar. El decirles "eres malo" en lugar de "lo que hiciste" es una acción mala.
EXIGIR.
El amor, al que San Pablo dedicó un himno en la Carta a los Corintios, es ciertamente exigente "amor
paciente, servicial, comprensivo...".
Amar a los hijos no significa evitarles todo sufrimiento. Amar es buscar el bien para el ser amado en
última instancia y no la complacencia momentánea. Es posible que algunas veces por amor a un hijo le
generemos una frustración momentánea que en realidad lo prepara para un bien más grande.
El amor necesita disciplina.
El amor auténtico vivido en la familia debe alcanzar a la sociedad, la familia debe salir de sí misma
y compartir esta vivencia profunda del amor entre ellos que es un reflejo del amor de Dios Padre.
Los Apóstoles comprendieron que el matrimonio y la familia es una verdadera vocación que proviene de
Dios, un apostolado, el apostolado de los laicos. Estos ayudan a la transformación de la tierra y a la
renovación del mundo, de la creación y de toda la humanidad.
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A este respecto el Papa Juan Pablo II en la Carta a las Familias nos dice: "Queridas Familias:
vosotras debéis ser también valientes, dispuestas siempre a ser testimonio de la esperanza que tenéis
por que ha sido depositada en vuestro corazón por el Buen Pastor mediante el Evangelio. Debéis
estar dispuestas a seguir a Cristo hacia aquellos pastos que dan la vida y que Él mismo ha
preparado con el misterio pascual de su muerte y resurrección."
2. Ayudar a cada uno de sus miembros, especialmente a los hijos, a que desarrollen todas
sus potencialidades, que lleguen lo más cerca posible, a lo que deben llegar a ser, que alcancen la
vocación a la que han sido llamados por su Creador.
El enamoramiento
¿Cómo puedo saber si estoy realmente enamorado?” le preguntó un lector al columnista de un
periódico. La respuesta fue: “Si tienes que preguntarlo es porque no lo estás”.
La insuficiencia de esa respuesta es tremenda; hay muchos que todavía siguen pensando que cuando el
amor golpea se darán cuenta instantáneamente. En verdad eso no es tan fácil.
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Una encuesta reveló que en promedio la gente siente enamoramientos pasajeros seis o siete veces y sólo
una o dos veces amor real. Posiblemente ya lo hayas experimentado en los romances que has vivido. Pero
la gran pregunta es:
El amor y este tipo de enamoramiento tienen algo en común: fuertes sentimientos de afecto por alguien,
lo que complica el intento de establecer las diferencias, ya que muchos de los síntomas se parecen entre
sí. El enamoramiento más apasionado y ciego puede tener algunas de las características del verdadero
amor y viceversa. Las diferencias entre el amor y el enamoramiento caprichoso son más bien de grado.
En consecuencia, se deben examinar todas las evidencias con mucho cuidado. El amor y el
enamoramiento comparten tres síntomas: pasión, deseo de cercanía, y emociones fuertes.
Pasión:
La pasión puede surgir sin verdadero amor. En el caso del hombre, particularmente, le es posible sentir
pasión o fuertes sentimientos sexuales por una mujer que nunca conoció. Los besos y las caricias audaces
aumentan la urgencia de las sensaciones eróticas hasta que el sexo comanda la relación. La pasión por sí
sola no es un indicador de verdadero amor. La atracción sexual puede ser tan urgente en estos casos como
en el amor verdadero, y en ocasiones puede llegar a ser dominante. El amor debe estar basado en algo
más que una atracción sexual o pasional.
Además, nadie puede mantener tal pasión impetuosa durante un tiempo prolongado, aunque asegure lo
contrario. Si todo lo que una pareja comparte es pasión, probablemente esa relación concluirá en unos
pocos meses. Si una pareja decide casarse sobre la base de esa vorágine de motivación sexual, pronto
aprenderá que cuando la pasión muere ya no queda nada que los mantenga juntos.
Deseo de cercanía:
El deseo continuo de estar cerca del otro puede ser tan abrumador en la pasión como en el amor
verdadero. Las ganas de estar juntos todo el tiempo provocan ansiedad ante la separación y puede
producir una sensación de vacío y soledad ante la ausencia del ser amado, pero esto no es necesariamente
un indicador de amor verdadero. El deseo de estar cerca puede tener la misma intensidad en la pasión y en
el amor verdadero.
Emociones fuertes:
Los estudios han confirmado que al comienzo de un simple enamoramiento se experimentan síntomas
físicos distintivos. Así por ejemplo, sentirse sobre nubes cuando todo va bien o sentirse enfermo cuando
las cosas andan mal; una corriente helada que corre por la espalda, falta de concentración, malestar
estomacal o inapetencia. Pero tales emociones se manifiestan tanto en el enamoramiento caprichoso como
en el amor real, si bien son más indicativas del primero El verdadero amor incluye algo más que una
mezcla de sentimientos frívolos y se extiende más allá del agotamiento de las emociones fuertes.
Si sientes soledad, aburrimiento, o estás en el proceso de olvidar un romance roto, tendrás mayor
disposición a interpretar como amor real otro romance que surja, aun cuando sólo se trate de un poco más
que enamoramiento. Si te sientes inseguro/a o tienes una baja autoestima, debes ejercer mucha cautela.
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Las personas maduras y las de autoestima normal también pueden ser atrapadas por la pasión, aunque son
más capaces de reconocerla.
No creas que la pasión es algo totalmente negativo. Puede ser una experiencia placentera siempre que la
reconozcas por lo que es, un breve interludio de fantasía romántica. Dándole suficiente tiempo pasará o
desembocará en una relación real que implica mucho más que un aluvión de emociones. Recuerda
asimismo que algunas relaciones que comienzan en pasión se transforman en amor verdadero cuando son
probadas a lo largo del tiempo.
El verdadero amor difiere del enamoramiento caprichoso porque otorga tiempo y espacio para reconocer
tanto las buenas cualidades como las imperfecciones de una persona. El establecer un compromiso, y
tener relaciones sexuales, irse a vivir, o casarse con alguien sobre la base de esos sentimientos prematuros
es una necedad y sin duda producirá resultados negativos.
En 1820, durante la fiebre del oro, los buscadores lo confundían a veces con la pirita. La pirita, o el oro
del tonto, como se da en llamar a este mineral, es detectada en una cacerola sobre el fuego. Mientras se
chamusca y humea produce un olor muy desagradable. Por el contrario, el calor no daña el oro verdadero
ni tampoco produce mal olor. Desafortunadamente, no podrás poner tu relación amorosa en una cacerola
sobre el fuego para saber si produce mal olor, pero puedes analizarla a través de estos nueve factores:
La mayoría de la gente piensa que enamorarse es una emoción repentina e intensa. Carlos dijo: “Me
emocioné el minuto en que la vi. Era como siempre me la imaginé. Siento como si la hubiese conocido
toda la vida”.
La evaluación de Carlos no es válida hasta después de un año de noviazgo. ¿Por qué? Porque el amor
crece y ese crecimiento requiere tiempo. Es imposible conocer a la persona real en sólo unos pocos
encuentros. Al comienzo de una relación, todos mostramos la mejor conducta. Ocultamos o reprimimos
los rasgos desagradables. Lleva meses observar a una persona en diversas situaciones como para
conocerla bien. Muchos saben ocultar los rasgos negativos de su personalidad incluso hasta después de
casarse.
No te apresures a sacar conclusiones. Deja que tu relación crezca. Inicia la amistad y no trates de
apresurarte durante la etapa del conocimiento. Los comienzos apacibles son parte de los noviazgos
agradables. Tales amistades pueden llevar al verdadero amor, que se asemeja a la pasión en intensidad
pero está arraigado en la realidad.
Esteban siente “buena onda” cuando conoce a una chica linda. Cree que eso es “química” instantánea.
“Lo sientes o no lo sientes. Yo lo sentí en el minuto en que la vi”. ¿De dónde sacó Esteban eso de que
química y amor son la misma cosa? ¡Del cine, quizás!
Confiar en la “química” para que te lleve al amor es torpe y peligroso. La química está basada
mayormente en la atracción física o sexual. Tiene que existir esa chispa que te hace sentir más vital que
nunca, pero basar un matrimonio sólo en eso es absurdo.
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Es posible sentir una fuerte atracción por alguien que acabas de conocer y que te agrade en todo, pero hay
un largo camino por recorrer antes de amar a esa persona. El verdadero amor incluye química, pero se
nutre de otros factores tales como el carácter, la personalidad, las emociones, las ideas y las actitudes. El
que está enamorado se interesa en la manera en que la otra persona piensa y responde en diversas
situaciones, o en los valores que ambos comparten. Deberás observar sus actitudes hacia temas tales como
la religión, la familia, el sexo, el dinero y las amistades así como los intereses mutuos, su pasado y sus
modales. Cuanto más tengan en común, mejores serán las posibilidades del amor real.
Un apasionado puede pensar en “amar” a dos o más personas a la vez. Esas personas con frecuencia
difieren marcadamente en personalidad. Ana reconoce estar enamorada de dos muchachos y no poder
decidirse por uno de los dos. Esteban es maduro, estable y responsable; mientras que Sergio es
irresponsable, amante de las diversiones y gastador. En verdad Ana no está enamorada de ninguno. Algo
la impulsa hacia el gastador divertido, mientras que sus instintos maduros le dicen que las cualidades de
Esteban son más importantes. Al fin combina las cualidades de ambos y piensa que está enamorada de los
dos. El verdadero amor se concentra en una persona cuyo carácter y personalidad exhiben cualidades
esenciales, pero nunca combina varios individuos para formar uno ideal.
El verdadero amor ve los problemas en perspectiva, sin minimizar su seriedad, mientras que el
enamoramiento pasa por alto las diferencias sociales, étnicas, educativas o religiosas. Algunas veces hasta
se enreda con alguien ya casado y asume que tales aspectos no son importantes. Por el contrario, una
pareja relacionada por amor verdadero enfrenta sus problemas con franqueza y cuando un problema
amenaza su relación lo discuten abiertamente y lo resuelven con inteligencia. Negocian las soluciones por
anticipado.
6. El amor motiva una conducta positiva; el enamoramiento caprichoso tiene un efecto destructivo.
El amor es constructivo y estimula lo mejor de ti, te provee de nueva energía, ambición e interés en la
vida. Estimula la creatividad y motiva al desarrollo personal, la superación y todo lo que sea positivo.
Esto naturalmente engendra sentimientos de autoestima, confianza y seguridad en uno mismo y nos
motiva a triunfar. Estudias con interés, planificas con más eficacia y ahorras con más diligencia. A tu vida
se le agrega propósito y sentido. Aunque sueñes despierto, te mantienes dentro de los límites de la
realidad y funcionas a tu mayor nivel.
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7. El amor reconoce defectos; el enamoramiento caprichoso prefiere no verlos.
El amor reconoce las buenas cualidades del otro y hasta cierto punto las idealiza, pero no considera que la
otra persona sea perfecta. Admite los errores, aunque prevalece el respeto y la admiración por las buenas
cualidades de la otra persona. La pasión te enceguece para no ver lo que está errado e idealiza a tal punto,
que rehúsa admitir las faltas y defiende al amado contra todas las críticas. Admira en exceso una o dos
cualidades, al punto que minimiza los defectos. El amor real habilita para amar a pesar de los defectos y
no cierra los ojos ante la realidad.
El verdadero amor ayuda a la pareja a controlarse en la intimidad romántica, ya que ambos se respetan
tanto que voluntariamente ponen límite a esos impulsos. La pasión, en cambio, demanda intimidad con
mucha más anticipación. En contraste con la pareja apasionada, una pareja que experimenta amor real ve
en la intimidad sólo una parte de la relación. Esto se debe a que los apasionados dependen en gran medida
de la atracción física, y la excitación lleva al besuqueo y las caricias avanzadas. Los que lo experimentan
por primera vez sienten que es algo especial y asumen que están amando. Ignoran que sus valores,
objetivos y creencias podrían no coincidir. Si se casan solamente sobre la base de la atracción física,
descubrirán luego que el interés sexual declina y los desacuerdos aumentan.
Aunque el verdadero amor incluye la atracción física, éste brota asimismo de otros factores y el contacto
físico tiene un significado más profundo que el puro placer. Para el apasionado, frecuentemente se vuelve
un fin en sí mismo. El placer domina a la experiencia.
Si los parientes o los amigos no aprueban la relación, ¡cuidado! Si están convencidos de que es una mala
elección, probablemente tengan razón. Los matrimonios que no cuentan con la bendición de los padres
tienen una alta probabilidad de fracasar. Un investigador comparó las quejas de los casados felices con las
de los divorciados, y descubrió que estos últimos eran casi cuatro veces más proclives a quejarse de que
sus cónyuges no tenían nada en común con sus amigos. También se halló que las parejas casadas y felices
tendían mucho menos a estar en dificultades con sus suegros. Si los padres y los amigos tienen
objeciones, ¡cuidado! Si dan su aprobación, anímate.
Tiempo al tiempo
Si has analizado tu relación, pero todavía no puedes decidir si es verdadero amor, date tiempo. El
enamoramiento caprichoso quiere acelerar la relación. Las emociones no dan lugar al sentido común y
tratan de empujarte a asumir compromisos que más tarde lamentarás. El amor real puede sobrevivir el
examen del tiempo, unos dos años de noviazgo, para asegurarte de que estás bien preparado/a para el
casamiento. El tiempo brinda experiencia y objetividad.
Cada año miles de parejas se presentan ante al altar con los ojos radiantes y se prometen amor y
fidelidad eternas, sin imaginarse que están cometiendo el error más grande de su vida. ¿Qué pasó
con sus diálogos apasionados, promesas tiernas, miradas prolongadas, besos enardecidos y susurros
amorosos?
Muchos fracasan al no comprender que uno no se enamora por accidente. Eres tú quien decides amar, esto
es, pensar, dedicar tiempo y experimentar sentimientos firmes por alguien. Enamorarse es la parte fácil y
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divertida del amor. La parte que sigue es más difícil, ya que implica asumir el serio compromiso de amar
incondicionalmente a una persona imperfecta. El amor genuino dice “Te amaré aun cuando no satisfagas
todas mis necesidades, me rechaces o me ignores, te conduzcas insensatamente, tomes decisiones que yo
no tomaría, o estés en desacuerdo conmigo y me trates injustamente. Te amaré tal como eres y para
siempre”.
Este tipo de amor responde al don creativo de Dios hacia nosotros y puede ser plenamente
disfrutado sólo dentro de la protección y seguridad del matrimonio. Somos capaces de amar
solamente porque Dios nos amó primero. Amístate con él; entonces serás menos proclive a sufrir
decepciones amorosas y tendrás la oportunidad de encontrarte con un amor mutuamente
satisfactorio mientras vivas en la tierra.
Es considerado como el aprecio que tiene uno por otra persona, o la capacidad de poder dar la mano a
otros y no retirarla hasta haber logrado ayudado alcanzar o cumplir una meta en común, aunque existe
muchas formas de ser compañeros como por ejemplo de un salón de clase, de viaje o de un equipo de
futbol, el ser compañero va más allá de los intereses personales, en realidad es compartir los propósitos o
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logros, es aportar los mejor de uno mismo para que el camino sea agradable y eficiente.
La escuela es uno de los principales lugares en donde podemos aplicarlo, porque en ella encontramos a
nuestros primeros compañeros, si logramos comprender bien este valor podremos ponerlo en práctica
todos los días, mejorando así nuestra relación con los demás.
Importancia
Este valor es muy importante para la educación en valores ya que está presente en muchos ámbitos de
nuestra vida, desde que iniciamos la etapa de la formación educativa, empezando en la guardería, la
escuela, el colegio, el instituto hasta que llegamos a la universidad, sin duda en compañerismo juega un
rol de suma importancia en el campo de la educación.
Ventajas
- El valor del compañerismos nos permite compartir la tarea encomendada ya sea en el aula de clase,
trabajo o en la sociedad.
- Al trabajar en grupos se hace más fácil tomar una decisión para dar solución de diferente tipo de
vista.
- El compañerismo nos permite trabajar en equipo, él nos hace brindar una trabajo o tarea
gratificante a los demás.
- Nos permite ayudarnos los unos a los otros, tanto en lo emocional, económico, profesional.
- Cuando se realiza una actividad o trabajo en equipo mediante el compañerismo la toma de
decisiones se hace mayor aceptable, que la decisión tomada por uno solo.
-El compañerismo nos permite intercambiar opiniones respetando las ideas de los demás
- Este valor nos ayuda a integrarnos con otras personas cuando se trabaja en grupo permitiéndonos
conocer las actitudes de todos los integrantes.
Oraciones de adviento
Bendición del pesebre
Para ambientar la Novena de Navidad que celebramos en la etapa final del Adviento, a partir del 16 de
Diciembre, vamos a hacer la bendición del Pesebre Navideño. Unámonos todos alrededor del Pesebre que
está señalando y que está expresando el ambiente que nosotros le queremos hacer al Dios que llega. El
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Pesebre es un símbolo: con él estamos expresando que queremos que llegue, que llegue a la familia, que
llegue a cada hogar a la ciudad, a Colombia y al mundo entero.
Que ese pedazo de nuestra casa, que ocupa hoy el Pesebre, sea bendecido por Dios y desde allí irradie En
la bendición a todos los miembros de la familia.
- En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Alabemos y demos gracias a Dios Padre que tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo. En este
momento de reunión de toda la familia para iniciar las fiestas de Navidad, dirijamos nuestra oración a
Cristo, Hijo de Dios vivo, que quiso ser también Hijo de una familia humana, y digámosle:
R/. Por tu Nacimiento Señor, protege a esta familia.
- Oh Cristo por el Misterio de tu sumisión a María y a José, enséñanos el respeto y la obediencia a
quienes dirigen esta familia.
R/. Por tu Nacimiento Señor, protege a esta familia.
- Tú que amaste y fuiste amado por tus padres, afianza a nuestra familia en el Amor y la Concordia.
R/. Por tu Nacimiento Señor, protege a esta familia. - Tu que estuviste siempre atento a las cosas de tu
Padre, haz que en nuestra familia Dios sea aceptado, creído y adorado y reciba el homenaje de nuestra
actitud filial.
R/. Por tu Nacimiento Señor, protege a esta familia.
- Tú que has dado parte de tu gloria a María y a José, admite en tu Familia Eterna a nuestros familiares
que ya no están celebrando con nosotros la Navidad porque Dios Padre los ha llamado a su presencia.
R/. Por tu Nacimiento Señor, protege a esta familia.
- Señor, Dios Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos entregaste a tu Único Hijo, nacido de
María la Virgen, dígnate bendecir (+) este Pesebre y a la comunidad cristiana aquí presente, para que las
imágenes de este Belén ayuden a los adultos y a los niños a profundizar en la fe. Te lo pedimos por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo Amado, que vive y reina Contigo en la Unidad del Espíritu Santo y es
Dios por los siglos de los Siglos.
R/. Amén.
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I
De luz nueva se viste la tierra,
porque el sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido. El amor hizo nuevas las cosas,
el Espíritu ha descendido
y la sombra del que es poderoso
en la Virgen su luz ha encendido. Ya la tierra reclama su fruto
y de bodas se anuncia la alegría,
el Señor que en los cielos moraba
se hizo carne en la Virgen María. Gloria a Dios, el Señor poderoso,
a su Hijo y Espíritu Santo,
que en su gracia y su amor nos bendijo
y a su reino nos ha destinado.
Amén
II
Preparemos los caminos
ya se acerca el Salvador
y salgamos, peregrinos,
al encuentro del Señor. Ven, Señor, a libertarnos,
ven, tu pueblo a redimir;
purifica nuestras vidas
y no tardes en venir. El rocío de los cielos
sobre el mundo va a caer,
el Mesías prometido,
hecho niño, va a nacer. De los montes la dulzura,
de los ríos leche y miel,
de la noche será aurora
la venida de Emmanuel. Te esperamos anhelantes
ya sabemos que vendrás;
deseamos ver tu rostro
y que vengas a reinar. Consolaos y alegraos,
desterrados de Sión,
que ya viene, ya está cerca,
él es nuestra salvación.
Amen
III
Ya muy cercano, Emmanuel,
hoy te presiente Israel,
que en triste exilio vive ahora
y redención de ti implora. Ven ya, del cielo resplandor,
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Sabiduría del Señor,
pues con tu luz, que el mundo ansía,
nos llegará nueva alegría. Llegando estás, Dios y Señor,
del Sinaí legislador,
que la ley santa promulgaste
y tu poder allí mostraste. Ven, vara santa de Jesé,
contigo el pueblo a lo que fue
volver espera, pues aún gime
bajo el cruel yugo que lo oprime. Ven, llave de David, que al fin
el cielo abriste al hombre ruin
que hoy puede andar, libre su vía,
con la esperanza del gran día. Aurora tú eres que, al nacer,
nos trae nuevo amanecer,
y, con tu luz, viva esperanza
el corazón del hombre alcanza. Rey de la gloria, tu poder
al enemigo ha de vencer,
y, al ayudar nuestra flaqueza,
se manifiesta tu grandeza.
Amén.
V
María, Virgen del Adviento,
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta. Madre de los hombres,
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de la mar estrella,
llévanos a Cristo,
danos sus promesas .Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina. Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna.
Amen
I
Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven y escucha la súplica ardiente,
ven, Señor, porque ya se hace tarde. Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo. Ya madura la historia en promesas,
sólo anhela tu propio regreso;
si el silencio madura la espera,
el amor no soporta el silencio .Con María, la Iglesia te aguarda
con anhelos de esposa y madre,
y reúne a sus hijos en vela,
para juntos poder esperarte. Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino.
Amén.
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Los ángeles santos, que vienen y van, vendría a colmarla el Dios del Amor,
preparan caminos por donde vendrá su Vida en su vida, su Amor en su amor
el Hijo del Padre, el Verbo eternal, serían un día su gracia y su don. Ven pronto,
al mundo del hombre en carne mortal. Abrid Mesías, ven pronto, Señor,
vuestras puertas, ciudades de paz, los hombres hermanos esperan tu voz,
que el rey de la gloria ya pronto vendrá; tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
abrid corazones, hermanos, cantad Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador.
que vuestra esperanza cumplida será. Los justos
sabían que el hambre de Dios Amén.
III
Alegría de nieve
por los caminos.
Todo espera la gracia
del Bien nacido. En desgracia los hombres,
dura la tierra.
Cuanta más nieve cae,
más cielo cerca. La tierra tan dormida
ya se despierta.
Y hasta el hombre más muerto
se despereza. Ya los montes se allanan
y las colinas,
y el corazón del hombre
vuelve a la vida.
Amén.
IV Amen
Ven, ven, Señor, no tardes.
Ven, ven, que te esperamos.
Ven, ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor. El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos,
el mundo no tiene amor. Envuelto en sombría
noche,
el mundo, sin paz, no ve;
buscando va una esperanza,
buscando, Señor, tu fe. Al mundo les falta vida,
al mundo le falta luz,
al mundo le falta el cielo,
al mundo le faltas tú.
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La pena que la tierra soportaba,
a causa del pecado, se ha trocado
en el canto que brota jubiloso,
en labios de María pronunciado. El sí de las promesas ha llegado,
la alianza se cumple, poderosa,
el Verbo eterno baja de los cielos,
con nuestra débil carne se desposa. Oh misterio que sólo la fe alcanza
María es nuevo templo de la gloria,
rocío matinal, nube que pasa,
luz nueva en su presencia misteriosa. A Dios sea la gloria eternamente,
y al Hijo suyo amado, Jesucristo,
el que quiso nacer para vosotros
para darnos su Espíritu divino.
Amén.
Señor Dios
bendice con tu poder nuestra Corona de Adviento para que, al encenderla,
despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo
practicando las buenas obras, y para que así,
cuando Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
R/ Amén.
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Oraciones al Espíritu Santo
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Ven, Creador, Espíritu amoroso
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El adviento con María
Cristo continúa viviendo en la Palabra, en los Sacramentos, en cada hombre, en cada acontecimiento, en
el amor de los hermanos, Él nos conducirá a la casa del Padre, donde María nos ha precedido en gloria.
Con ella cantamos nuestro himno de bendición y de alabanza a Dios diciendo: "Ven, Señor Jesús!".
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Meditaciones para completar las posadas.
16 de diciembre
PRIMER DIA: LA NOCHE
1. Canto de entrada
2. Meditación:
La noche fue el momento en que Dios quiso nacer; ante todo la noche es SILENCIO, y
en el silencio Dios se hace presente, nos habla, se hace presente en nuestras vidas y en la
historia de nuestro pueblo; la noche además está llena de OSCURIDAD de la cual Cristo es
la antítesis, “Yo soy la luz del mundo” dirá más tarde proclamándose el mismo como aquel
que viene a dar la vista a los ciegos y la liberación a los cautivos.
La noche encierra toda la mística de la CALMA, esa calma que nos invita a la oración,
que nos llama a mirarnos hacia adentro y encontrarnos a nosotros mismos y a reconocernos
como hijos de Dios.
La noche de navidad tiene que ser para nosotros el momento justo para encontrarnos con
Jesús, con ese Jesús que nace en mi corazón y en el de mi hermano.
3. Pedido de perdón:
Porque muchas veces no sabemos hacer SILENCIO para escuchar a Dios
en su Palabra y en los hermanos. Señor ten piedad de nosotros.
Porque muchas veces preferimos la OSCURIDAD a la luz para
disimular nuestras fallas. Cristo ten piedad de nosotros.
Porque muchas veces perdemos la CALMA y nos alejamos de la presencia
de Dios que quiere escucharnos. Señor ten piedad de nosotros.
4. Saludo de la paz
5. Oración:
Dios Padre, tu que en la noche de Belén nos entregaste a tu hijo nacido de María,
concédenos descubrirlo vivo y presente en cada uno de nosotros. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
6. Despedida (señal de la cruz)
7. Canto final
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17 de diciembre
SEGUNDO DIA: EL ESTABLO
1. Canto de entrada
2. Meditación
Lo primero que resalta en el establo es la POBREZA, esta pobreza extrema donde Dios
quiso nacer, realzando así a esta condición de vida y haciendo luego de los pobres sus
privilegiados, sus bienaventurados. Además de pobre el establo es MARGINAL, siempre se
encuentra alejado de las casas, alejado de nosotros, ese es el lugar que le dimos para nacer,
alejado de nuestro corazón y de nuestros hermanos. También podemos decir que el establo
es CALIDO, los habitantes de la pobreza y de la marginalidad le ofrecen su calor al niño de
Belén y le prestan un lugar para nacer.
La noche de navidad tiene que ser el momento justo para acercarme a mi hermano pobre
y marginado y así enriquecerme con su calor y brindarle mi amor.
3. Pedido de perdón:
Porque muchas veces no vivimos la POBREZA que el mismo Cristo vino
a predicar. Señor ten piedad de nosotros.
Porque muchas veces nuestros criterios dejan en la MARGINALIDAD a
muchos hermanos por los que Cristo nació, murió y resucitó. Cristo ten piedad de
nosotros.
Porque muchas veces no sabemos brindar a los demás el CALOR que
necesitan para sentirse animados. Señor ten piedad de nosotros.
4. Saludo de la paz
5. Oración:
Señor Jesús, tu que elegiste nacer en el pesebre de Belén, pobre y marginado, ayudamos
a hacer sentir a todos nuestro hermanos desamparados, verdaderos hijos del Padre y
predilectos tuyos. A Ti que viven y reinas por los siglos de los siglos.
Amén
6. Despedida (señal de la cruz)
7. Canto final
68
18 de diciembre
TERCER DIA: LA ESTRELLA
1. Canto de entrada
2. Meditación:
Una vieja tradición de familia hace que en la punta del “árbol” navideño o sobre el pesebre
este una estrella, es la estrella de Belén, la que GUIÓ a los reyes a encontrarse con el niño
Dios recién nacido, los magos tuvieron que seguirla, sin saber a dónde iban a parar, pero con
la inmensa seguridad de que los conducía a algo grande, muy grande; que los conducía
hacia un Rey que tenía mucho más poder que ellos. Y vinieron de muy lejos, desde allá,
desde Oriente a encontrarse con un establo sobre el cual la estrella se detuvo e ILUMIÓ,
mucha gente más habrá visto su luz, algunos se habrán acercado, otros no, y es que muchas
veces preferimos las tinieblas a la luz, preferimos que nuestras obras no sean conocidas.
Pero luego de iluminar el pesebre de Belén la estrella DESAPARECIÓ, se esfumó, como si
nunca hubiera existido, cedió su lugar de iluminaria a una luz más potente, a una luz
inextinguible, a la luz de Cristo a la cual vino anunciando en su largo camino.
Nosotros debemos ser como la estrella: guiar, iluminar a los hermanos para que lleguen a
Cristo y una vez allí desaparecer.
3. Pedido de perdón:
Porque muchas veces no hemos sabido GUIAR con nuestro ejemplo a los
más pequeños, preferidos del Señor. Señor ten piedad de nosotros.
Porque muchas veces no hemos sabido ILUMINAR la realidad con la luz
del evangelio. Cristo ten piedad de nosotros.
Porque muchas veces no DESAPARECEMOS nosotros quitándole a
Cristo la centralidad en la vida de los demás. Señor ten piedad de nosotros.
4. Saludo de la paz
5. Oración:
Padre Bueno y Justo, enséñanos a ser como la estrella de Belén que al igual que Juen el
Bautista, señaló al Mesías, al Salvador y disminuyó para que Él crezca. Por Cristo Nuestro
Señor. Amén
6. Despedida (señal de la cruz)
7. Canto final
69
19 de diciembre
CUARTO DIA: LOS ANIMALES
1. Canto de entrada
2. Meditación
Los animales son ante todo CREATURAS de Dios, Él los creó para que sirvieran al
hombre, su misión es involucrarse en la vida del hombre, por eso el hombre debe tenerlos
como hermanos. El hombre es quien da sentido a la existencia de los animales, sin él, ellos
no tendrían razón de ser.
En aquella noche de Belén los animales brindaron al niño el CALOR que los hombres no
supimos brindarle, en esa noche en que Jesús pedía otro si al hombre, no lo encontró.
El evangelio no nos relata cómo se comportaron los animales, pero seguramente
pusieron en práctica su MANSEDUMBRE para poder brindar un mejor lugar a este niño
que nacía, a este redentor que venía, a este Cristo que se entregaba.
3. Pedido de perdón:
Porque muchas veces nos olvidamos de nuestro ser CREATURAS y a la
vez nos olvidamos de nuestro creador. Señor ten piedad de nosotros.
Porque muchas veces no supimos brindar el CALOR necesario a nuestros
hermanos, en nuestra familia, en el trabajo, en el estudio. Cristo ten piedad de
nosotros.
Porque muchas veces no fuimos MANSOS y nos revelamos contra Dios y
sus enseñanzas. Señor ten piedad de nosotros.
4. Saludo de la paz
5. Oración:
Señor Dios Todopoderoso, concédenos un amor profundo por todas las creaturas del
universo, para que podamos así respetarlas y respetarnos a nosotros mismos. Por Cristo
Nuestro Señor. Amén
6. Despedida (señal de la cruz)
7. Canto final
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20 de diciembre
QUINTO DIA: LOS REYES MAGOS
1. Canto de entrada
2. Meditación:
Podemos detenernos en tres actitudes de los reyes que nosotros debemos imitar; primero
ellos SALIERON de sus castillos en Oriente, abandonaron sus comodidades para encontrar
y ver al Rey de Reyes, ellos, que podían enviar a sus siervos a buscar al niño, se pusieron en
camino, reconociendo que su reinado es de este mundo y el de Cristo no. Una segunda
actitud es la CONFIANZA, confiaron en la estrella que los iba guiando, era su único punto
de referencia, confiaron plenamente en que era el mismo Dios que los guiaba. Al llegar
tuvieron una tercera actitud digna de imitar: la ADORACIÓN al niñito, quieto en los brazos
de su madre, fue hostia viva dispuesta a ser adorada, a ser contemplada... y los magos lo
hicieron.
Intentemos en esta navidad salir de nosotros mismos y confiar en que Dios nos llama a
su Adoración.
3. Pedido de perdón:
Porque muchas veces no supimos SALIR de nosotros mismos para ir al
hermano que sufre. Señor ten piedad de nosotros.
Porque muchas veces no depositamos toda nuestra CONFIANZA en Dios
y si en otras cosas. Cristo ten piedad de nosotros.
Porque muchas veces nos falta el espíritu de ADORACIÓN propio de los
hijos de Dios. Señor ten piedad de nosotros.
4. Saludo de la paz
5. Oración:
Padre Bueno, tu que nos das motivos para confiar en Ti y para adorarte, regálanos la
fuerza necesaria para salir al encuentro de los que más sufren. Por Cristo Nuestro Señor.
Amén
6. Despedida (señal de la cruz)
7. Canto final
71
21 de diciembre
SEXTO DIA: LOS PASTORES
1. Canto de entrada
2. Meditación:
Los pastores fueron también partícipes de este glorioso nacimiento, ante todo debemos
destacar que al momento de que el ángel le anunciara, ellos se encontraban
TRABAJANDO, estaban cumpliendo su tarea, cuidando al rebaño, es decir, hacían lo de
todos los días, y desde allí el Señor los llama a adorar a Cristo y ellos, respondiendo al
llamado, se acercaron a él con HUMILDAD, algo que caracteriza la tarea pastoril, por su
condición de siervos no de dueños del rebaño; son los que tienen la misión de cuidar del
rebaño, protegerlo de cualquier peligro, por esto tienen que estar VIGILANTES, y
justamente por esto pudieron darse cuenta del llamado del Señor e ir a su encuentro con
prontitud y alegría.
3. Pedido de perdón:
Porque muchas veces le damos a nuestro TRABAJO todo el tiempo del
día olvidándonos así de nuestra familia. Señor ten piedad de nosotros.
Porque muchas veces no sabemos acercarnos al Señor con HUMILDAD
reconociéndonos pecadores ente él. Cristo ten piedad de nosotros.
Porque muchas veces no nos mantuvimos VIGILANTES a la venida de
Cristo que se presenta en cada uno de nuestros hermanos. Señor ten piedad de
nosotros.
4. Saludo de la paz
5. Oración:
Padre Bueno, regálanos la gracia de ser trabajadores del Reino y de presentarnos ante Ti
humildes, como lo hicieron los pastores en Belén. Por Cristo Nuestro Señor.
Amén
6. Despedida (señal de la cruz)
7. Canto final
72
22 de diciembre
SEPTIMO DIA: SAN JOSÉ
1. Canto de entrada
2. Meditación:
73
23 de diciembre
OCTAVO DIA: MARIA
1. Canto de entrada
2. Meditación:
En la Sagrada Familia tenemos una figura muy querida por todos nosotros, ella en María, la
Madre de Nuestro Señor; ella ante todo es la mujer del SÍ, es la mujer que acepta el proyecto
de Dios en su vida y lo plenifica viviéndolo dia a dia.
Además es la mujer del SILENCIO, la mujer de la escucha, pues solo en el silencio se
puede escuchar, y ella supo escuchar la Palabra de Dios y realmente hacerla Carne, hacerla
hombre. María es la mujer de la ESPERANZA, la mujer que siempre esperó la liberación de
su pueblo y que fue portadora de ella, la mujer que esperó al pie de la cruz, esperó la
resurrección y el Espíritu Santo y llena de Él anunció la salvación del mundo.
3. Pedido de perdón:
Porque muchas veces no supimos decir SÍ a tu proyecto y nos basamos en
los nuestros para construir nuestra vida. Señor ten piedad de nosotros.
Porque muchas veces no supimos hacer SILENCIO para escuchar al
hermano que viene a nosotros en busca de consuelo. Cristo ten piedad de nosotros.
Porque muchas veces perdimos la ESPERANZA en la providencia de
Dios. Señor ten piedad de nosotros.
4. Saludo de la paz
5. Oración:
Te pedimos Padre, por intercesión de María, que nos ayudes a crecer en la fe, la
esperanza y la caridad, poniéndolas al servicio de nuestros hermanos. Por Cristo Nuestro
Señor.
Amén
6. Despedida (señal de la cruz)
7. Canto final
74
24 de diciembre
NOVENO DIA: JESÚS
1. Canto de entrada
2. Meditación:
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Visita a los enfermos
Ritos iniciales
Reunidos en el lugar con el enfermo.
+ La señal de la cruz
Comentarios del presidente
Invitación a la lectura bíblica
2 corintios 1, 3 – 7
Mateo 11, 28 – 30
Mateo 8, 14 - 17
Marcos 6, 53 – 56
Hechos 3, 1 – 10
Después de la lectura se puede hacer un breve comentario.
También se puede incluir peticiones
Oración final y bendición
Padre nuestro,
Tu hijo aceptó nuestros sufrimientos
Para enseñarnos la virtud de la paciencia
En el dolor humano,
Escucha las oraciones que te ofrecemos
Por nuestro (a) hermano (a) enferma.
Que todos los que sufren dolores, enfermedades
O males, se den cuenta que han
Sido escogidos para ser santos
Y para conocer que están unidos a Cristo,
Que sufre por la salvación del mundo.
Te lo pedimos por tu amado hijo Jesús.
R/ Amen
R/ Amen
76
Citas bíblicas para la visita de hogares
Estas citas son sugerencias para utilizar en la visita de los hogares. Con ellas se puede compartir la
palabra de Dios a los hermanos y hermanas que se visiten. Estas no son para visita de enfermos, si se
visita un hogar donde hay un enfermo, se le sugiere que utilice las citas bíblicas de la visita a los
enfermos.
Efesios 1, 11 – 12 Filipenses 2, 6 – 7
Efesios 5, 8 – 9 Filipenses 2, 14 – 15
Colosenses 1, 9 – 11 Santiago 1, 2 - 4
Romanos 13, 11 – 14 Santiago 2, 12 – 13
Romanos 12, 11 – 12 2 Corintios 1, 3 – 7
Romanos 8, 35 – 37 1 Tesalonicenses 5, 4 - 5
Romanos 5, 20 – 21 Lucas 15, 8 – 10
Salmo 138 Lucas 18, 1 – 8
Eclesiástico 3, 1 – 9 Mateo 20, 30 – 34
Apocalipsis 3, 19 – 20 Mateo 9, 27 – 31
1 Pedro 5, 5 – 7 Mateo 7, 7 - 11
1 Pedro 2, 9 Mateo 10, 46 – 51
1 Pedro 1, 6 - 9 1 Juan 4, 11 – 13
Hebreos 13, 15 – 16 1 Juan 3, 1 – 2
Hebreos 11, 1 – 3
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