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Nefertiti: Reina y Culto a Atón en Egipto

Nefertiti fue la esposa del faraón Akhenatón en el siglo XIV a.C. Jugó un papel importante en la reforma religiosa que estableció el culto al dios Atón. Se cree que después de la muerte de Akhenatón gobernó Egipto durante tres años antes de desaparecer de los registros históricos. Su legado incluye famosos bustos que se exhiben en museos de Berlín y El Cairo.
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Nefertiti: Reina y Culto a Atón en Egipto

Nefertiti fue la esposa del faraón Akhenatón en el siglo XIV a.C. Jugó un papel importante en la reforma religiosa que estableció el culto al dios Atón. Se cree que después de la muerte de Akhenatón gobernó Egipto durante tres años antes de desaparecer de los registros históricos. Su legado incluye famosos bustos que se exhiben en museos de Berlín y El Cairo.
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Nefertiti, la mujer más bella del Egipto faraónico

Nacida a mediados del siglo XIV a. C., su nombre significa “la bella que ha
llegado”. Casada con Amenofis IV, desempeñó un importante papel político y
religioso, ya que durante su reinado se instauró el culto al dios único Atón. La
pareja, que se proclamó divina, tuvo seis hijas.

Esposa de Amenofis IV (el faraón hereje que reinó entre 1353 y 1337 antes de Cristo),
fue una de las impulsoras del culto monoteísta en el antiguo Egipto. Su incomparable
carisma brilló con luz propia en la XVIII dinastía, una de las épocas más fascinantes
del enigmático país del Nilo.

Este icono del mundo antiguo nació a


mediados del siglo XIV antes de Cristo.
Mucho se ha elucubrado sobre sus orígenes.
Algunos expertos afirman que era hija de Ay,
un militar proveniente de la baja nobleza de
Akhmim que ascendió a la dignidad de
escriba real, siendo con el paso de los años
el sucesor del faraón Tutankamón. Sobre su
madre, ignoramos incluso cómo se llamaba,
aunque se supone que murió de forma
prematura, por lo que la pequeña Nefertiti fue
criada por Tiy, la segunda esposa de Ay.

El nombre Nefertiti significa "la bella ha llegado", asunto que hizo sospechar a
diferentes egiptólogos sobre su procedencia foránea. En ese sentido se la llegó a
identificar con la princesa Tadu-Khepa —hija del rey de Mitanni Tushratta— que fue
enviada a Egipto ante la petición de Amenofis III, pero que finalmente habría contraído
matrimonio con el hijo de éste, Amenofis IV (Akhenatón). Hoy se sabe que con esa
expresión —"la bella que ha llegado"— se aludía a la diosa Hathor, y que se aplicaba
a la esposa real con ocasión de las Fiestas Sed [en estas celebraciones el faraón era
regenerado espiritual y físicamente por la energía de las divinidades].

Se ignora por qué Amenofis IV la tomó por esposa cuando debía haberse unido con
Satamón II, la princesa heredera. En cualquier caso, el faraón compartió con ella no
sólo la reforma religiosa que instauró el culto al dios único Atón (del que fue adicta
incondicional), sino también diversos actos oficiales y, posiblemente, la corregencia.
Nefertiti le dio a su esposo seis hijas (tres nacieron en Tebas y otras tres, en la nueva
capital, Akhetatón (Tell el-Amarna). Una de ellas se casaría con su hermanastro
Tutankamón, primogénito de Amenofis IV y de su segunda esposa, Kiya.

A partir del cuarto año del reinado, Nefertiti —cuyo nombre había sido complementado
desde tiempo atrás con el de Neferneferuatón o "perfecta es la perfección de Atón"—
cambió la estética característica de las reinas pertenecientes a la XVIII dinastía. Así,
dejó el clásico tocado, compuesto por dos plumas, cuernos de vaca y disco solar, para
utilizar un casco azul y aplanado en su parte superior por el que hoy la conocemos.

En la actualidad, los especialistas suelen coincidir en que estos drásticos cambios


manifiestan el paso de la pareja real a la esfera divina. Sea como fuere, parece
comprobado que Nefertiti jugó un papel fundamental en el culto al dios Atón, tanto en
el santuario de Karnak como en la nueva capital, Akhetatón.
Es muy probable que en esta nueva ciudad dirigiera personalmente parte de los
rituales religiosos en honor a la deidad única, encabezando un selecto grupo de
sacerdotisas. Sin embargo, este aparente protagonismo se esfumó en el año 12 del
reinado de Akhenatón. A partir de ese momento, la figura de la bella Nefertiti
desaparece de los vestigios arqueológicos o de las crónicas escritas, por lo que su
biografía quedó cubierta por la bruma del enigma, dando paso a múltiples
interpretaciones de los eruditos.

Unos piensan que fue repudiada por el faraón instalándose en el palacio septentrional
de Tell el-Amarna, llamado Het Iten (Castillo de Atón). Otros aseguran que al morir su
esposo, Nefertiti asumió —bajo el nombre de Ankheperura Neferneruatón— la
regencia de Egipto durante tres años, tiempo en el que regresó a la ortodoxia de
Amón.

Hoy ignoramos todo sobre su muerte, aunque se


estima que cuando se produjo no contaba más de
30 años. En 1912 una expedición arqueológica
alemana descubrió, en el yacimiento de Tell el-
Amarna, los restos de un taller artesano
perteneciente al maestro escultor Tutmés, donde
hallaron los famosísimos bustos de Nefertiti. Uno
de ellos, creado en piedra caliza policromada, de
50 centímetros de alzada, se encuentra en el
Museo Egipcio de Berlín. Otro de cuarcita no
menos interesante, aunque de sólo 33
centímetros de altura, se ofrece en las vitrinas del
Museo de El Cairo.

En 2003 una expedición de Discovery Channel,


dirigida por la arqueóloga Joan Fletcher,
descubrió en la tumba KV35 del Valle de los
Reyes, una momia de hermoso cuello largo y con
signos en su cabeza de haber ceñido una corona
alta y apretada, características que, junto a otras
pruebas, la experta asoció a la célebre reina
egipcia. Bien pudiera ser este descubrimiento el
último testimonio dejado por esta misteriosa
belleza faraónica.

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